JF K - Caliban. Revista Cubana de Pensamiento e Historia

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ene ro, febre ro- marzo, 2009
J. F. KENNEDY Y LOS TANTEOS HA CIA UN MODUS V IVEN DI CON CUBA
Elier Ramírez Cañedo
Al triunfar la Revolución C ubana e l 1ro de ene ro de 1959, la administración republicana de
Dwight D. Eise nhowe r, aunque re conoció a regañadie ntes e l nue vo gobie rno e l 7 de ene ro de
ese año, se lanzó a e vita r la consolida ción de la Revolución Cubana, tra ta ndo de e vita r que los
inte rese s estadounidenses e n la Isla fue ran lastimados.
En abril de 1959, el vice presidente norteame ricano R ichard Nixon se entre vistó con Fide l
Castro en Washington con el obje tivo de informarse de los rumbos que seguiría C uba bajo su
lide razgo. Al concluir la entre vista, Nixon resum ió sus impresiones en un memorándum , de l
cual envío copia s a Eisenhowe r, a l dire ctor de la CIA, Allen Dulle s, a l Se cre ta rio de Defensa, a l
Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fue rzas Armadas yanquis y a otras figuras de los
círculos de pode r estadounidense s. En dicho documento, Nixon argumentó que e l triunfo de la
Re volución Cubana afe ctaría sustancialmente los inte rese s e conómicos y políticos de los
Estados Unidos al sur del río Bravo y que e l Jefe de la Revolución Cubana e ra, sin duda, un
hombre influido por e l comunismo inte rnacional.[1]
Hay que destacar que el simbolismo que e je rcía la Re volución C ubana, con todas sus medidas
populares, para e l resto de los países de l hem isfe rio, incluso antes de se r de clarado su carácte r
socialista, e ra incompatible con los inte reses hegemónicos de l gobie rno norteame ricano. De
este modo, una vez que Cuba mostró su posibilidad de actuar como nación indepe ndiente
tanto en e l plano inte rno como en política ex te rior,[2] en una re gión que los Estados Unidos
conside raban su traspatio seguro, la e sencia de l conflicto Cuba-Estados Unidos, incólume
desde fines del siglo XVIII, llegó al pináculo de su expresión.[3]
Como ha dicho Noam Chomsk i:
La agresiva e intervencionista política exterior norteamericana de la posguerra, ha tenido
mucho éxito en crear una economía global en la cual las corporaciones ubicadas en Estados
Unidos pueden operar con amplia libertad y altos beneficios. Pero ha habido fracasos, por
ejemplo, en Cuba e Indochina. Cuando algún país tiene éxito e n desembarazarse del sistema
global dominado por Estados Unidos, la respuesta inmediata ha sido (sin excluir el terror y el
sabotaje), evitar lo que, algunas veces, ha sido llamado, en documentos internos, “éxitos
ideológicos”…, el temor de los planificadores ha sido siempre que el éxito de la revolución o de
la reforma social pueda influir en otros para seguir el mismo ejemplo.[4]
Por tales razones, no pasó mucho tiempo para que la administración Eisenhowe r desplegara un
amplio e spe ctro de políticas agre sivas contra la Re volución Cubana como: las campañas
difamatorias, los sabotajes a los bienes e conómicos de la Isla, los ataques piratas, e l apoyo
por medio de ope raciones e ncubie rtas de la CIA a la contrarre volución inte rna en actos de
sabotajes, la incitación y e l apoyo a todo tipo de bandidismo, los inte ntos de asesinato contra
los líde res de la Re volución, la utilización de la O rganización de Estados Unidos (O EA) para
condena r y aisla r diplomá ticamente a Cuba, e ntre otros a ctos de agresión. Sin embargo, muy
pronto la CIA y el Presidente llegaron a la conclusión de que e l único modo de “solucionar” e l
asunto de Cuba, e ra sobre la base de asesinar a Fide l Castro o invadir la Isla. De este modo,
desde marzo de 1960 comenzaron la organización de un e jé rcito de me rcenarios cubanos,
algunos de e llos crim inales batistianos, para invadir C uba. Al año siguie nte, el 3 de ene ro de
1961, e l gobie rno norteame ricano rompió las re laciones diplomáticas con Cuba. A esas alturas,
e l demócrata J.F.Kenne dy había triunfado en las e le ccione s presidenciales de los Estados
Unidos.
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A inicios de la administración J.F.Ke nnedy (1961-1963), lo que se vislumbraba e ra que nada
cambiaría e n la política hacia Cuba. Durante la campaña e le ctoral, Kenne dy había he cho
alusión a los contrarre volucionarios como “luchadores de la libe rtad”, pidiendo apoyo de ellos y
asumiendo los planes de invasión he redados de Eise nhowe r. Kennedy aportó al dise ño de
política norteame ricana hacia Cuba el llamado “libro blanco”, donde se situaba a C uba como un
saté lite sovié tico y como una amenaza comunista para e l hem isfe rio, continuando junto a e llo
la política de sabotajes, ataques piratas y planes de asesinatos de los líde res de la Re volución.
[5]
La invasión a Cuba por Playa Girón e n abril de 1961 fue un duro re vé s para Ke nnedy, quien
compre ndió hasta que punto había sido mal asesorado, e incluso engañado, por sus
colaboradores más ce rcanos, sobre todo por la CIA.[6]
De la hum illación se maquinó entonces e l desquite. Este quedó compre ndido e n la “Ope ración
Mangosta”, el plan subve rsivo más grande orquestado contra C uba que debía culminar con la
inte rvención en la Isla de las Fue rzas Armadas de los Estados Unidos en octubre de 1962.
Luego, la llamada “C risis de los Misiles”, que puso al mundo al borde del holocausto nuclear,
concluyó con un acue rdo entre los Estados Unidos y la UR SS de re tirar los cohe tes nucleares
sovié ticos instalados en la Isla, sin que se tomara en cuenta los crite rios de la máxima
dire cción de Cuba.[7] A cambio, Estados Unidos desmante laría meses después los que te nían
en Turquía y se comprome tía a no invadir la Isla. Sin embargo, Cuba fue la más a fe ctada con
la solución de la crisis, pues la garantía de la palabra de l pre sidente norteame ricano tenía muy
poco valor, como lo había demostrado la historia de los últimos años. Por eso, Fidel Castro
planteó los conocidos “Cinco Puntos”.[8]
“La ope ración Mangosta” se disolvió inmediatamente despué s de la C risis de O ctubre y se creó
un “Comité Cubano de Coordinación” de ntro del Departamento de Estado de los Estados
Unidos. En las reuniones de este comité participaban dive rsas age ncias e stadounide nses, con
la re sponsabilidad de fomentar proposiciones de accione s clandestinas contra Cuba. Estas
proposiciones e ran analizadas y aprobadas o no por un Grupo Espe cial, pre sidido por e l Ase sor
para Asuntos de Se guridad Nacional, McGeorge Bundy. También e n e l año 1963, la política
hacia Cuba fue formulada por un Grupo Pe rmanente del Conse jo de Seguridad Nacional,
integrado por: Robe rt Ke nnedy, Fiscal Gene ral, Robe rt McNamara, Se cre tario de De fensa, John
McCone , Dire ctor de la CIA, Theodore Sore sen, Ayudante del Preside nte y McGeorge Bundy. Lo
que estaba de trás de todos estos cambios e n la estructura de la toma de de cisiones en re lación
con Cuba, e ra que e l presidente Ke nnedy que ría que el control de la política hacia C uba
queda ra en e l e je cutivo y salie ra un poco de l marco de la C IA, pue s e sta durante mucho
tiempo había actuado con demasiada autonomía en lo re lacionado con Cuba, apoyándose en la
contrarre volución cubana. A partir de e se momento, las de cisiones de la CIA e n torno a C uba
quedaron subordinadas oficialmente al e je cutivo estadounidense , aunque por detrás de los
bastidores continuó realizando acciones por su cuenta.
Sin embargo, despué s de l fracaso de la invasión estadounidense por Playa Girón y de la
te rrible expe riencia de la C risis de O ctubre de 1962, Kennedy, al pare ce r conve ncido de que no
e ra intelige nte a esas alturas utilizar la vía militar dire cta para de rribar al gobie rno
re volucionario cubano, comenzó a pe nsar en un amplio e spe ctro de tácticas donde quedaran
por igual satisfe chos los inte re ses de Estados Unidos. Entre ese amplio abanico de opciones, e l
pre sidente estadounidense aceptó explorar de mane ra pausada y discre ta un posible modus
vivendi con la Isla, pe ro antes, ne cesitaba sabe r que concesiones estaba dispuesta hace r C uba
a los Estados Unidos.
Ya desde e l 11 de abril de 1963, Gordon Chase, quien se desempeñaba como ayudante de
McGeorge Bundy, había se ñalado e n memorándum enviado a este último, que todos estaban
pre ocupados por solucionar e l problema Cuba, pe ro que hasta ese momento Estados Unidos
solo había tra tado de re solve r el problema a tra vés de “maldades abiertas y encubiertas de
diversa magnitud”, obviando la otra cara de la mone da: “atraer suavemente a Castro hacia
nosotros”. Chase enfatizó e n e l documento que si la dulce a prox imación a Cuba tenía
resultado, los beneficio para los Estados Unidos se rían sustanciales. “Probablemente –sostenía
Chase- pudiéramos neutralizar a corto plazo por lo menos dos de nuestras principales
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preocupaciones en relación con Castro: la reintroducción de los misiles ofensivos y la
subversión cubana. A largo plazo, podríamos trabajar en la eliminación de Castro a nuestra
conveniencia y desde una posición de ventaja”.[9] Asimismo, C hase planteó a Bundy que los
dos obstáculos que se divisaban frente a este posible giro político e n re lación a Cuba: e l
re chazo inte rno y la renue ncia de Fidel a de jarse seducir, e ran difíciles, pe ro no insupe rables.
Lo que proponía Chase no e ra más que un cambio de presentar e implementar la política de
Estados Unidos hacia Cuba a través de mé todos más suaves y sutiles. Mas está claro, que la
finalidad de dicha política pe rmane cía inmutable: ce rce nar la postura sobe rana de Cuba en
política ex te rior y de struir a largo plazo la Re volución Cubana, con lo que se satisfacían los
inte rese s fundamentales de Washington. La historia poste rior demostró que Kenne dy e stuvo
de acue rdo con ex plorar e sta posibilidad.
En septiembre de 1963, la pe riodista e stadounide nse de la ABC, Lisa Howard,[10] que había
via jado a Cuba en a bril, le expre só a W illiam Attwood,[11] funcionario de la administración
Kennedy, adscrito a la m isión de Estados Unidos e n las Naciones Unidas, que Fidel Castro, con
e l que se había reunido por varias horas durante su visita a La Habana, le había expresado su
disposición a e stable ce r algún tipo de comunicación con e l gobie rno de los Estados Unidos y
explorar la posibilidad de un modus vivendi. Este crite rio, Atwood lo había escuchado ya de
boca del embajador de Guinea en La Habana, Se ydon Diallo, y leído tambié n en un artículo
publicado por la propia pe riodista.
Attwood, e ntusiasmado con la idea de e stable ce r a lgún tipo de a ce rcamie nto entre Estados
Unidos y Cuba, conve rsó el asunto en Washington e l 12 de septiembre de 1963 con e l
subse cre tario de Estado, Ave rell Harriman, quien le sugirió que escribie ra un memorándum al
respe cto. Attwood no pe rdió tiempo alguno y se is días después te nía listo el documento. Este
comenzaba dicie ndo:
Este memorándum propone un curso de acción que, de alcanzar resultados positivos, podría
eliminar el tema de Cuba de la campaña (presidencial estadounidense) de 1964.
No propone ofrecer un “trato” a Castro –de cía a continuación- , lo que desde un punto de vista
político sería más peligroso que no hacer nada, pero sí una investigación discreta sobre la
posibilidad de neutralizar a Cuba según nuestros propios intereses…
Ya que no pretendemos derribar el régimen de Castro por la fuerza militar, ¿hay algo que
podamos hacer para promover los intereses estadounidenses sin que se nos acuse de
contemporizar?
Según diplomáticos neutrales y otros con los que he hablado en las Naciones Unidas y Guinea,
existen motivos para creer que a Castro no le agrada su actual dependencia del bloque
soviético; que no le agrada ser en realidad un satélite; que el embargo comercial lo daña,
aunque no lo suficiente como para hacer peligrar su posición; y que le gustaría tener algún
contacto oficial con Estados Unidos y haría mucho por obtener una normalización de las
relaciones con nosotros, aunque la mayoría de su séquito comunista a ultranza, como Che
Guevara, no lo acogiera con beneplácito.
Todo esto puede no ser cierto, pero pare cería que tenemos algo que ganar y nada que perder
averiguando si en realidad Castro desea hablar y qué concesiones estaría dispuesto a hacer…
Por el momento, lo único que desearía es autoridad para hacer contacto con (Carlos) Lechuga
(el jefe de la misión de Cuba en las Naciones Unidas). Veremos entonces que ocurre.[12]
Dudo m ucho de que los líde res cubanos, de sabe r la male volencia de las inte nciones de
Washington e n cuanto a la exploración de un posible acomodo con C uba, hubie ran acce dido a
tene r algún contacto con las autoridades de Estados Unidos, para explorar la posibilidad de
normalizar las re laciones. La finalidad de los tenues ace rcam ientos de Estados Unidos a Cuba,
bajo la aprobación de Kenne dy, quedó bien de finida en e l memorándum que elaboró Attwood:
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ne utralizar a Cuba se gún los inte reses de Estados Unidos, sacándole la mayor cantidad de
concesiones posibles. Por supuesto, esas concesione s traían implícito que C uba cedie ra parte
de su sobe ranía e n política ex te rior y re nunciara a algunos de sus principios, sobre todo, en lo
que respe cta a sus re laciones con la Unión Sovié tica y e l apoyo a los movimie ntos
re volucionarios en Amé rica Latina. De no se r bajo esas condiciones, Estados Unidos no
buscaría un modus vivendi con C uba. C laro, los líde res cubanos no conocían –aunque podían
imaginárse lo como una posibilidad- cuales e ran las intenciones de Estados Unidos, pues estas
se mane jaban muy se cre tamente y no asomarían hasta que no se concretara una agenda de
conve rsación. Esta posición de Estados Unidos, en los pocos momentos e n que ha ex istido
intenciones de normalizar o restable ce r las re laciones entre ambos países, ha sido una
constante . Como también ha sido una constante la posición de Cuba de estar dispuesta a
trabajar en pos de la normalización de las relaciones, e n condicione s de igualdad y sin
im posiciones y condicionam ientos que impliquen la renuncia de C uba a sus más sagrados
principios y e l menoscabo de su sobe ranía. La naturale za del conflicto entre Estados UnidosCuba: hegemonía ve rsus sobe ranía, ha sido un hue so duro de quebrar, pe ro lo cie rto es que en
e lla, de l lado de C uba ha estado siempre la ve rdad y la razón.
Attwood mostró el propio 18 de septiembre el memorándum al entonces embajador de Estados
Unidos ante la O NU, Adlai Ste venson, quie n se comprometió a discutir e l asunto con e l
pre sidente. Al día siguie nte, se reunión de nue vo con Harriman en Ne w York y le mostró e l
memorándum. El subse cretario de Estado, después de lee r el memorándum, le sugirió a
Attwood que lo discutie ra también con e l Fiscal Gene ral, Robe rt Ke nnedy. Mas ya al día
siguie nte de este encuentro, Ste venson había conse guido la aprobación de l presidente para
que Attwood rea liza ra un discreto conta cto con e l embajador cubano en Naciones Unidas,
Carlos Le chuga. Inmediatamente , Attwood habló con Lisa Haword para que preparara e l
contacto con Le chuga. El encuentro se produjo e n la propia casa de la pe riodista e l 23 de
septiembre , de mane ra bastante informal –como lo había pedido e l propio Atwood–,
aprove chando una fiesta que la m isma preparó y a la cual invitó a Le chuga. [13]
Despué s de estable cido e ste prime r conta cto entre Atwood y Le chuga, le siguie ron otros en e l
salón de dele gados de las Naciones Unidas. En esa prime ra reunión, se valoró la posibilidad, a
suge rencia de Le chuga, de que Atwood viajara a C uba a conve rsar con Fide l. La respuesta
lle gó unos días despué s, cuando Atwood le trasmitió a Le chuga que el gobie rno de Estados
Unidos, después de e valuar la propuesta, había de cidido que no e ra conveniente que é l viajara
a C uba en e sas circunstancias, debido al peligro de filtración que denotaba su “condición
oficial”,[14] pe ro que su gobie rno e staba en la me jor disposición de re unirse con Fidel o algún
emisario suyo en Nacione s Unidas. El 28 de octubre , Le chuga le com unicó a Attwood que La
Habana no pe nsaba que envia r a a lguien a las Naciones Unidas fue ra de utilidad e n ese
momento, pe ro que espe raba que pudie ran seguir los contactos entre e llos.[15] Desde la Casa
Blanca, Gordon Chase , designado por Kennedy, controlaba y dirigía los nue vos pasos de
Estados Unidos en re lación con Cuba.
Poste riorme nte, a los contactos de Atwood con Le chuga se le unie ron los que estable cie ron por
vía te lefónica la pe riodista estadounidense Lisa Howard y e l ayudante de Fidel, René Valle jo. El
31 de octubre, en una llamada que Valle jo rea lizó a Lisa Howard, este le tra sladó e l mensa je
de que Fide l estaba dispuesto a envia r un a vión a México a re coge r a un e nviado de
Washington y trasladarlo a un ae ropue rto se cre to ce rca de Varade ro, donde tendría una
re unión a solas con el líde r de la Re volución Cubana. Lisa Howard respondió que dudaba que
eso fue ra posible y que quizás e ra me jor que é l (Valle jo), como voce ro pe rsonal de Fidel,
via ja ra a Nacione s Unidas o a Méx ico a re unirse con un re presentante de l gobie rno de los
Estados Unidos.
El 11 de noviembre, Valle jo se comunicó te le fónicamente con Lisa Haword y le re ite ró e l
inte rés de Fidel de reunirse con algún em isario de Estados Unidos y que, en ese caso, un avión
cubano podía re coge r a la pe rsona designada por e l gobie rno de los Estados Unidos en Ke y
West y trasladarlo a uno de los ae ropue rtos ce rcanos a La Habana donde participaría e n una
re unión con Fide l. C uando Atwood comunicó esto a Bundy, la indicación fue que prime ro debía
realizarse un contacto de él (Atwood) con Valle jo en Naciones Unidas, para sabe r que Fide l
tenía en me nte, particularmente si Fide l estaba inte resado en conve rsar sobre los puntos
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señalados por Ste venson en su discurso en Naciones Unidas e l día 7 de octubre, conside rados
inaceptable s por Estados Unidos:[16] la “sumisión de Cuba a la influencia comunista externa”,
“la campaña cubana dirigida a subvertir al resto del hemisferio” y “el no cumplimiento de las
promesas de la Revolución en relación con los derechos constitucionales”.
Attwood trasm itió e l mensa je a Valle jo por vía te lefónica e l 18 de noviembre , quien le contestó
que no e ra posible que é l via ja ra e n ese momento a Ne w York , pe ro que en cambio, se
enviarían instrucciones a Le chuga para discutir con é l (Attwood) una agenda con vistas a una
poste rior reunión con Fide l. Al día siguiente , Atwood reportó tele fónicamente su conve rsación a
Gordon C hase.[17] El ayudante de l Asesor para Asuntos de Seguridad Nacional le indicó
entonces a Atwood que , luego que re cibie ra la llamada de Le chuga para fijar una cita para e l
análisis de la agenda, se pusie ra rápidamente e n contacto con é l.
Parale lamente, e n esos días, Kennedy se ente ró de que el pe riodista francés Jean Danie l, que
se encontraba en Estados Unidos, iba camino a Cuba a e ntre vistarse con Fidel.
Inmediatamente lo invitó a tene r una reunión con él. En dicho encuentro, el presidente
estadounidense le trasmitió un mensa je ve rba l a Jea n Danie l, para que se lo trasladara a Fidel.
Según re lató poste riormente Jean Daniel, Ke nnedy le había dicho: “La continuación del
bloqueo (e conóm ico) depende de la continuación de las actividades subversivas”.[18] (Se
re fie re a supuestas actividades subve rsivas de Cuba en Amé rica Latina).
Asimismo, e l 18 de noviembre , en un discurso pronunciado en Miam i, Ke nnedy e nvió a través
de sus palabras un mensaje a Cuba. Una cuadrilla de conspiradores, dijo, había he cho de C uba
instrumento de un esfue rzo dirigido por potencias ex te rnas para subve rtir e l orden de las
restantes Repúblicas ame ricanas. “Esto y sólo esto nos divide. Mientras esto siga siendo así,
nada es posible; sin ello, todo es posible. Una vez que se haya suprimido esta barrera,
estaremos dispuestos a trabajar de todo corazón con el pueblo cubano para alcanzar esos
objetivos de progreso, que hace muy pocos años despertaron las esperanzas y las simpatías
del hemisferio”.[19]
Cuatro días después, el 22 de noviembre, se produjo e l asesinato de Kenne dy e n Dallas,
coincidentemente e l mismo día que el pe riodista francés, Jean Danie l, bajo e l e ncargo pe rsonal
de Kennedy, conve rsaba con Fide l Castro sobre la posibilidad de un acomodo entre ambos
países.
Si bie n es cie rto que Kennedy no soslayó la posibilidad de explorar un acomodo con Cuba siempre y cuando en este quedaran cubie rtos los inte re ses fundamentales de los Estados
Unidos-, nunca renunció a la política agresiva contra C uba. Aunque sabía que la invasión
militar dire cta con tropas estadounidenses e ra poco re comendable en esos momentos, dado e l
compromiso e stadounidense con la UR SS de no invadir la Isla, se rese rvaba e sa posibilidad
como última opción. La estrategia de Ke nnedy en relación con Cuba estaba basada en ese
entonces, en jugar todas las cartas posibles para lograr los obje tivos estadounidenses en
re lación a la Isla socialista. El propio 12 de noviembre , Kennedy había aprobado un plan de la
CIA para que “grupos anticastristas” ope raran contra Cuba desde Nicaragua y Costa Rica y
para “operaciones de destrucción…contra una gran refinería de petróleo e instalaciones de
almacenaje, una gran planta eléctrica, refinerías de azúcar, puentes ferroviarios, instalaciones
portuarias y la demolición submarina de muelles y naves”.[20] Asimismo, Ke nnedy continuó su
política de aislam iento diplomático, de re forzam iento de l bloqueo e conómico y de acciones
encubie rtas contra C uba. Por su parte , la CIA tampoco renunció a su inte nción de ate ntar
contra la vida de Fidel Castro. El propio Inspe ctor Gene ral de la CIA durante la administración
Kennedy, escribiría poste riormente: “Es muy probable que en el preciso momento en que se
disparó contra el presidente Kennedy, un funcionario de la CIA estuviera reunido con un
agente cubano en París dándole un dispositivo para asesinar a Castro”.[21]
Solo 3 días después del ase sinato de Ke nnedy, Gordon Chase expre só e n memorándum
dirigido a Bundy sus dudas sobre la posibilidad de un acomodo con Cuba con Johnson al frente
de la Casa Blanca:
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En tanto que pienso que el Presidente Kennedy pudo haber llegado a un acue rdo con Castro y
salirse con la suya con un mínimo de exaltación nacional, no estoy tan seguro con el
Presidente Johnson. Existe un problema, un nuevo Presidente quien no tiene antecedentes de
haber desafiado con éxito a Castro y a los comunistas (como por ejemplo, el Presidente
Kennedy en octubre de 1962) probablemente correría mayor riesgo de ser acusado por el
pueblo estadounidense de “blande ngue ría”. Además, el hecho de que Lee Oswald[22] ha sido
anunciado como típico pro Castro pudiera hacer el reacercamiento a Cuba más difícil, si bien es
difícil decir cuánto más difícil”. No obstante, Chase expresó su punto de vista de que una
conversación preliminar entre Attwood y Lechuga valía la pena para tener “una valiosa lectura
sobre lo que Castro considera negociable (por ejemplo, ¿los vínculos con los soviéticos?) y un
indicio sobre cómo él contempla el efecto del 22 de noviembre en las relaciones cubanoestadounidenses.[23]
Chase no se equivocó en su premonición, pues Johnson no estuvo dispuesto a continuar los
movim ientos tenues dados durante la pre sidencia de Kennedy dirigidos a explorar un posible
modus vivendi entre Estados Unidos y Cuba, todo lo contrario, su política buscaría apre tar a la
Isla en todos los órdenes con la intención de pulve rizar la Re volución Cubana.
Sin embargo, de sde la ribe ra opuesta, Fidel continuó dispuesto al diálogo. El 12 de febre ro de
1964 e l líde r de la Re volución Cubana, le entregó a la pe riodista Lisa Howard un mensaje
ve rbal para el nuevo pre sidente de los Estados Unidos que , entre otras cosas, señalaba:
Dígale al Presidente (y no puedo subrayar esto con demasiada fuerza) que espero seriamente
que Cuba y los Estados Unidos puedan sentarse en su momento en una atmósfera de buena
voluntad y de mutuo respeto a negociar nuestras diferencias. Creo que no existen áreas
polémicas entre nosotros que no puedan discutirse y solucionarse en un ambiente de
comprensión mutua. Pero primero, por supuesto, es necesario analizar nuestras diferencias.
Ahora, considero que esta hostilidad entre Cuba y los Estados Unidos es tanto innatural como
innecesaria y puede ser eliminada.
Dígale al Presidente que no debe interpretar mi actitud conciliadora, mi deseo de conversar
como una señal de debilidad. Una interpretación así sería un grave error de cálculo.[24]
Johnson hizo caso omiso al mensaje de Fide l y continuó con la política hacia C uba centrada en
e l aislamie nto diplomático, el bloqueo e conóm ico, las acciones clandestinas y los planes de la
CIA encam inados a realizar atentados contra los dirige ntes de la Re volución.[25]
De cir que de no habe r ocurrido e l asesinato de Kennedy, se hubie ra logrado un acomodo e ntre
Cuba y Estados Unidos, se ría realmente espe cular, pe ro hay algo que debe tene rse e n cuenta,
habían razones más profundas, más allá de las relaciones de C uba con la Unión Sovié tica y e l
apoyo a los movim ientos re volucionarios e n América Latina, que no de jaban dormir a los
círculos de pode r estadounide nses y que los lle vaba a pensar afe rradamente en destruir e l
proye cto cubano; así lo ilustró claramente un documento de l Departamento de Estado de l 13
de febre ro de 1964:
El hecho es que Castro representa un desafío exitoso a Estados Unidos, una negación de toda
nuestra política hemisférica durante casi siglo y medio. Antes de Castro, ningún
latinoamericano tuvo la certeza de que se saldría con la suya con una revolución de corte
comunista y un vínculo con la Unión Soviética. Mientras Castro perdure, los comunistas de
otros países latinoamericanos pueden, para emplear las palabras de Stalin, “luchar con la
moral muy alta”.[26]
Notas
82
[1] Lorenzo R. Me néndez, “Adm inistración Eisenhowe r”, en: De Eisenhower a Reagan, Editorial
de Cie ncias Sociales, La Habana, 1987, pp. 24.
[2] C uba inauguró en e l hemisfe rio occide ntal, una nue va e ra en las relaciones
inte rnacionales, a partir de que un peque ño país, subdesarrollado e históricamente bajo e l área
de influencia de la potencia impe rialista más fue rte de l mundo, pudie se te ne r una política
ex te rior propia e inde pendiente .
[3] Gracie la Chailloux, “Las Re lacione s C ubano-Norteame ricanas: ¿Conflicto o Dife rendo?”, en:
El Conflicto Cuba-Estados Unidos, Editorial Félix Varela, La Habana, 1998, pp. 26.
[4] Noam C homski, Cuade rnos Semestrales (CIDE) no 2-3, Estados Unidos, perspectiva
latinoamericana, México, pp. 195.
[5] Este ban Morale s, “El Conflicto C uba-Estados Unidos desde e l Umbral de l siglo XXI”, pp. 6,
(Inédito).
[6] Ibídem , pp. 7. (El dire ctor de la CIA, Allen Dulle s y su vicedire ctor R ichard Bise ll,
convencie ron a Kenne dy de que, una ve z que los invasore s tocaran tie rra y e stable cie ran una
cabe za de playa e n Bahía de C ochinos, una bue na parte de l pueblo cubano apoyaría la invasión
y se lanzaría contra e l pode r revolucionario. Al m ismo tiempo, en las reuniones donde se
discutió e l plan de invasión, Dulles y Bise ll die ron garantías de que en caso de que e l
le vantamie nto detrás de las líneas no se produje ra y de que la ope ración fracasara, los
invasores tendría n e l cam ino a bie rto hacia las montañas del Escambray, lo cua l no e ra cie rto,
pues además de existir una gran distancia desde Bahía de Cochinos al Escambray, el cam ino
estaba lleno de pantanos y zonas cenagosas, lo que hacía casi imposible que los me rce narios
lle garan a las montañas. Kennedy, confiando en la amplísima expe riencia de Dulles, aprobó
finalmente el plan de invasión propue sto por la C IA, aunque e n todo momento expresó su
ne gativa a que las tropas estadounidenses participaran e n la ope ración, insistie ndo e n que la
mano de Estados Unidos detrás de la ope ración no debía apare ce r por ningún lado).
[7] Constituyó un e rror moral, é tico y político estraté gico de la Dire cción Sovié tica, de jar a
Cuba al marge n de la negociación con Estados Unidos, para la re tirada de los cohe tes. De no
habe rlo he cho así, e llo hubie ra se rvido a la UR SS para fortale ce r su posición frente a Estados
Unidos. Además de lograr quedar bien con su aliado e stratégico, aunque fue ra un País
pequeño, tal y como correspondía a las re laciones entre Cuba y la URSS, y a la confianza que
la dire cción cubana había depositado en e llos. Como si fue ra poco, habría sido posible vence r a
Estados Unidos en la confrontación política producida por la crisis. Dado que tanto
políticamente, como moralmente , Cuba tenía el pleno de re cho a contar con las armas
ne ce sarias para su de fensa, aunque se tratara de cohe tes nucleare s, y e stuviesen a noventa
millas de l te rritorio de estados unidos.De habe r pre vale cido la concepción cubana, esgrim ida
desde el principio, por Fide l Castro, tanto respe cto a la instalación de los cohe te s, de no
hace rlo e n se cre to, como sobre los té rm inos y el momento en que debió negociarse su
re tirada, la conclusión de la crisis de octubre hubiese se rvido de base para re sultados de fondo
en e l desenvolvimie nto ulte rior de la confrontación C uba – Estados Unidos. Evitando así que
Kennedy sacara e l mayor prove cho de esa confrontación. Para ampliar Ve r: Esteban Morales,
“C risis de los Misiles o C risis de O ctubre ”, Re vista Contracorriente No. 20, 2004, La Habana,
Cuba, pp. 20-22.
[8] Los cinco puntos planteados por Fidel fue ron: Cese de l bloqueo e conómico y de todas las
medidas de presiones come rciales y e conómicas que e je rce n los Estados Unidos en todas las
parte s de l mundo contra C uba, cese de todas las actividades subve rsivas, lanzamie ntos y
desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones me rcenarias,
infiltración de e spías y sabotajes, acciones todas que se lle van a cabo desde e l te rritorio de los
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Estados Unidos y de algunos países cómplice s, cese de los ataques piratas que se lle van a cabo
desde base s ex istentes en los Estados Unidos y en Pue rto R ico, cese de todas las violaciones
de l e spacio aé reo y naval por aviones y navíos de gue rra norteame ricanos y re tirada de la base
naval de Guantánamo y de volución de l te rritorio cubano ocupado por los Estados Unidos.
[9] Memorándum de Gordon Chase a Bundy, 11 de abril de 1963, documentos desclasificados,
www.g wu.edu, (Inte rne t), (traducción de l ESTI) (Véase Anexo 1)
[10] Lisa Howard fue una de las prime ras muje res e n tene r su propio programa de te le visión
en los Estados Unidos. Antes de incursionar e n el pe riodismo había sido actriz. En 1960 realizó
la prime ra gran entre vista Nikita Khrusche v, que fue vista e n los Estados Unidos.
Poste riorme nte fue contratada por la te le visora ABC .
[11] Ante rior a eso, Attwood fue editor de la re vista Look y había realiza do una entre vista a
Fidel Castro en 1959.
[12] Citado por Pie ro Gle ijeses, en: Misiones en Conflicto. La Habana, Washington y África
1959-1976, Editorial de C iencias Sociales, La Habana, 2004, pp. 42-43.
[13] Memorándum de W illiam Attwood a Gordon Chase , 8 de noviembre de 1963,
www.g wu.edu, (Inte rne t), (Traducción de l ESTI) (Véase anexo 2)
[14] Ibídem .
[15] Ibídem .
[16] Memorándum para de jar constancia de McGeorge Bundy, 12 de noviembre de 1963,
www.g wu.edu, (Inte rne t), (Traducción de l ESTI). (Véase anexo 3)
[17] Memorándum de W illiam Attwood a Gordon C hase, 22 de noviembre de 1963,
www.g wu.edu, (Inte rne t) (Traducción del ESTI) (Véase anexo 4)
[18] C itado por Arthur M. Schle singe r, e n: Los mil días de Kennedy, Editorial de Cie ncias
Sociales, La Habana, 1970, pp. 810.
[19] Ibídem .
[20] C itado por Pie ro Gle ijeses e n: Ob.Cit, pp. 44.
[21] C itado por Ibídem, pp. 44-45. (El agente cubano e ra Rolando Cubelas o AM/LASC H, e l
cual había sido re clutado por la C IA. El m ismo 22 de noviembre de 1963, e l agente de la CIA
que atendía a Cube las, le ofre ció una pluma que contenía dentro una aguja hipodé rmica con
veneno, con la intención de que Cubelas la utilizara para asesinar a Fide l Castro).
[22] Acusado de l asesinato de Ke nnedy.
[23] Memorándum de Gordon Chase a Bundy, 25 de noviembre de 1963, www.gwu.edu,
(Inte rnet), (Traducción de l ESTI) (Véase anexo 5)
[24] De l Prime r Ministro Fide l Castro al Presidente Lyndon B. Johnson, Mensaje ve rbal
entre gado a la se ñorita Lisa Howard de la ABC Ne ws, el 12 de febre ro de 1964, en La Habana,
Cuba, www.gwu.edu, (Inte rnet) (Traducción de l ESTI)
[25] Los mayores esfue rzos por estable ce r una vía de comunicación entre Cuba y Estados
Unidos durante la administración Johnson lo protagonizaron un pe queño grupo de industriales
privados que conside raban e rrada la política estadounidense hacia la Isla, entre e llos se
encontraban: Edgard Lamb y C yrus Eaton. No obstante, debe de stacarse que en el mes de
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julio del último año de mandato de Johnson, se produjo un intento por medio de la pe riodista
Arlene Gould, quien trasladó a un funcionario cubano en Ne w York el inte rés de W illiam
Bowle r, en aque llos momentos asesor de Johnson para Amé rica Latina, de e ntra r e n conta cto
con un re presentante de Cuba. De no se r con Bowle r, ofre ció que e l contacto podía se r con
Cove y T. Olive r, subse cre tario de Estado para Asuntos Latinoame ricanos, pe ro finalmente este
intento no prospe ró. Esta información se tomó de Nestor García Iturbe , Diplomacia Sin
Sombra, Editorial de Cie ncias Sociales, La Habana, 2007, pp. 9.
[26] C itado por Pie ro Gle ijeses, Ob.Cit, pp. 47.
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