Ahora la Luz: Pandillas Transnacionales, Religión y Borrado de

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Ahora la Luz: Pandillas Transnacionales, Religión y Borrado de Tatuajes
Lois Lorentzen y Luis Enrique Bazan
Proyecto de Inmigración y Religión
Universidad De San Francisco
Borrador-Favor no citar sin la autorización de los autores
Sentado en el lobby del Hospital General de San Francisco, Carlos espera el
último tratamiento láser para borrar sus tatuajes el cual se ha prolongado un año- una
lágrima en su ojo izquierdo, nombres en su cuello, varios nombres y símbolos en su
pecho, símbolos de pertenencia a su pandilla en su brazo. Cuando se le preguntó la
diferencia entre su vida anterior y la de ahora, después de haber removido los tatuajes,
Carlos se puso incómodo y volvió su mirada hacia la ventana. Se volteó y dijo: “Mira,
todo lo que te puedo decir es que antes todo era oscuridad y ahora luz”.
Esta presentación explora un programa de borrado de tatuajes en San Francisco; el
fenómeno relativamente reciente de actividad pandillera transnacional, especialmente
aquella entre San Francisco y El Salvador; el atractivo de las pandillas para la juventud
recién inmigrada; y el rol de la religión en motivar a los jóvenes para que dejen las
pandillas. El artículo está basado en más de dos años de trabajo de campo por
investigadores del Proyecto de Inmigración y Religión de la Universidad de San
Francisco, llevado a cabo tanto en San Francisco, California como en San Salvador, El
Salvador. En San Francisco pasamos muchas horas en el lobby del Hospital General de
San Francisco hablando con antiguos miembros de pandillas que estaban quitándose
tatuajes, con doctores y enfermeras que administran los tratamientos láser, con
trabajadores sociales en la cárcel juvenil, con la policía del distrito de la Misión en San
Francisco, con miembros de pandillas en las calles de San Francisco, y con el personal de
un grupo que llamaremos “CASI”, el cual inició y actualmente maneja el programa de
retiro de tatuajes. En El Salvador trabajamos con “Homies Unidos”, un grupo de ex –
pandilleros que han sido deportados de los Estados Unidos a San Salvador, con
investigadores de la Universidad de Centro América, con pandilleros y con varias
organizaciones que trabajan con pandillas. Los investigadores estaban especialmente
interesados en cómo la juventud adopta estrategias de supervivencia para sobrellevar el
estatus de “personas desechables y subcultura en un mundo globalizado”.
Debido al tiempo tan limitado que tenemos hoy, voy a tocar superficie en la
discusión el contexto a nivel macro del trabajo de campo, incluyendo las condiciones
políticas y económicas que constituyen el mundo en el cual tanto CASI como las
pandillas mismas operan; el nuevo carácter transnacional de la actividad pandillera; las
condiciones que forman la vida del inmigrante que hacen la actividad pandillera atractiva
y una opción entendible para la juventud inmigrante de primera y segunda generación.
El Contexto y Atractivo
De 1981 a 1992, El Salvador sufrió una guerra civil, mayormente financiada por
los Estados Unidos en la cual murieron 80,000 personas. Aun cuando este conflicto
parece local, enraizado en un dominio de siglos por parte de élites locales y por la
marginalización económica y política de la mayoría de salvadoreños, la guerra vino a
simbolizar luchas geopolíticas e ideológicas más amplias que precedieron el fallecimiento
de la Guerra Fría. Movimientos internacionales de solidaridad se aliaron a grupos de
izquierda en El Salvador, Nicaragua, Cuba, México y otros países de América Latina,
mientras que los Estados Unidos gastaron literalmente billones de dólares para apoyar al
ejército y gobierno salvadoreño. Este conflicto local globalizado resultó en víctimas
civiles, la desaparición de pueblos enteros, violaciones de derechos humanos, y el
desplazamiento masivo de la población salvadoreña, resultando en el desraizamiento de
una quinta parte de la población. Emigrando a lugares como el distrito de La Misión en
San Francisco, estos inmigrantes provienen de un país en el cual la comunidad y la vida
familiar fueron a menudo destruidas. Inmigrantes mas recientes de El Salvador llegan
para reunirse con sus familias o por razones económicas. Dado que el 75 % de adultos en
San Salvador está desempleado, las motivaciones para migrar son fuertes. Drásticos
cambios económicos, familias y comunidades deshechas, crisis educativas son legados de
la guerra, de siglos de marginalización socioeconómica y fuerzas económicas globales
actuales, representadas en parte en el rápido crecimiento de la industria de maquilas en
los campos que rodean a San Salvador. Los inmigrantes recientes al distrito de la Misión
de San Francisco entran a un barrio predominantemente latino, de bajos recursos
económicos, y clase obrera. El tiempo que tenemos hoy no basta para explorar la historia
del distrito de La Misión, incluyendo el reciente aburguesamiento de la Misión debido a
la explosión del fenómeno del punto-com de 1998-2000, cuando muchos caucásicos se
mudaron a esta área de San Francisco en donde los precios y renta de las casas son
todavía mas bajos que en otros barrios.
El atractivo de las pandillas no debería sorprendernos dadas las “múltiples
marginalidades” a las que esta juventud se enfrenta. James Vigil describe estas
marginalidades múltiples como “el estrés y ambigüedades socio culturales” generadas por
una variedad de factores sociales, económicos y culturales que operan de forma
acumulativa a niveles macro (historia de grupo), mezo (familia) y micro (historia
personal) para producir formas de exclusión múltiple. (Vigil 1988:11). Dadas estas
múltiples marginalidades, algunos jóvenes salvadoreños pueden irse hacia las pandillas.
De cierta manera, me resisto ha hablar mucho sobre las pandillas, dada la tendencia de
los medios de comunicación a criminalizar a la juventud, especialmente la juventud pobre
y de color. Sin embargo, la vida de pandillero es también una realidad tanto aquí como
en El Salvador. El entender las múltiples presiones que hacen la vida en pandilla
atractiva, ojalá sea una manera de de-satanizar a esta juventud. Aun cuando voy a sugerir
motivos para involucrarse en pandillas, basados en entrevistas con miembros antiguos y
actuales de pandillas, es necesario resistirse a la tendencia de simplificar las razones tan
complejas por las cuales un individuo puede unirse a una de ellas.
Maria, una ex pandillera, dijo que ella no sabía realmente a que grupo étnico
pertenecía pues aun cuando ella había nacido en los Estados Unidos, sus amigas
americanas la consideraban salvadoreña pues ella “pensaba como salvadoreña”, mientras
que su familia pensaba que ella se comportaba como una americana. A los niños/niñas
inmigrantes les es difícil descubrir su identidad apenas llegan a los Estados Unidos. Al
mismo tiempo, mientras están construyen una identidad ya son categorizados por otros.
La historia de Susana es bastante común. Susana llegó a San Francisco y vive
actualmente con un grupo familiar que ha tenido varias permutaciones. Ella dice que por
años la pandilla fue su familia real, dada la desintegración y falta de estabilidad de su
familia biológica.
A Lupita le gustaba pertenecer a una pandilla pues la gente reconocía su poder y
la respetaban. Ella dijo que se sentía bien al caminar por las calles en donde la gente
reconocía a que pandilla pertenecía. En una de sus manos, un tatuaje expone el nombre
de su banda, Natona, el nombre de la calle donde la pandilla vivía.
Muchos de los miembros de las pandillas relatan haber sido reclutados en las
escuelas. César, un antiguo pandillero y hoy día trabajador social que labora con
pandillas, dice: “sabes, ellos reclutan como la armada recluta miembros potenciales. Si
ven a un joven que se vea macho o “cool”, ellos van a tratar de cortejarle, de obtenerlo”
Cada vez más jóvenes sin familia o allegados llegan a los Estados Unidos y
mandan dinero a casa. Estos jóvenes de 14 y 15 años se encuentran frecuentemente sin
trabajo, exhaustos, y dándose cuenta que la cosa más fácil es vender drogas. César
comenta: “cuando uno vende drogas, las vende en áreas donde hay pandillas… uno
necesita protección luego uno tiene que unirse a una pandilla para obtener protección.
Entonces puede vender drogas para hacer dinero y mandar a casa. Es un círculo vicioso”.
Cada vez más inmigrantes jóvenes llegan a San Francisco que tiene una reputación de
tener una policía menos estricta que en otras ciudades, y un departamento de inmigración
que no deporta a adolescentes a El Salvador, por razones de vender droga para hacer
dinero. Los padres ayudan a estos muchachos a pagar los “coyotes” que los ayuden a
pasar la frontera.
Un sentido de pertenencia, una familia sustituta, identidad nacional y étnica, ser
“cool”, una manera de hacer dinero, pasarla bien, cualquiera de estos elementos
fácilmente podría llamar la atención de un inmigrante de 14 años, la edad mas común de
reclutamiento de pandillas. Las pandillas ratifican el ser, la familia (la comunidad
extensa de la pandilla) y el lugar (Vásquez 7). Manuel Vásquez escribe: “las pandillas
ofrecen a jóvenes marginalizados y desplazados de El Salvador, un discurso, prácticas y
maneras de organización que les permite re-territorializar sus vidas, eso quiere decir
reafirmar su localidad en contra de las fuerzas globales que han desarticulado sus
comunidades y familias. Las pandillas también proveen un contexto donde la persona
puede centrarse en una posición de intimidad, en donde la lealtad e identidad colectiva
son centrales”. (Vásquez 1). Nuestras entrevistas, trabajo de campo, y resultados
corroboran el pensamiento de Vásquez. Lo que nos sorprendió fue que prácticamente
ninguno de nuestros encuestados, reportó haber sido intimidado para participar. La
mayoría indica que no fue forzada a unirse a las pandillas, a tatuarse, y no fueron
amenazados al querer salir de las pandillas.
Las pandillas de la Misión pueden auto localizarse por una calle, una esquina, un
parque, etc. A propósito de esto, Vásquez escribe: “las pandillas permiten a jóvenes
salvadoreños responder al desplazamiento y múltiples marginalidades a través de la
reafirmación de territorio…las pandillas reconstruyen geografías locales en respuesta a
los procesos de de-territorialización que enfrentan” (Vásquez 7 & 8). Lo que es
significativo para nuestro estudio es que “estas geografías se encarnan: cicatrices y
tatuajes mara inscriben la localidad en los cuerpos de los miembros de las pandillas,
haciendo del ser una parte del paisaje. (Recuerdan el tatuaje Natona de Lupita?). Así
como los grafitos marcan el territorio que las pandillas controlan, los tatuajes marcan un
cierto estilo de vida y una cierta manera de pertenencia y de control de grupo en el cuerpo
del pandillero” (Vásquez 8). Tiene sentido que el grupo de auto ayuda de El Salvador
“CASI” proporcione el retiro de tatuajes como una manera de marcar la salida de la
pandilla y de un estilo de vida.
Las pandillas operan al margen de procesos nacionales y globales. Son
maneras de re-articular la persona, la localidad y la comunidad en las márgenes (Vásquez
8). Aun en las márgenes de procesos globales, las pandillas proporcionan espacios
transnacionales (9).
Según un estudio patrocinado por UNICEF, las pandillas juveniles
o maras como se conocen en El Salvador son “el problema cultural-generacional más
importante y complejo del país de la década de los 90. El gran número de gente joven
involucrada en este tipo de organización y socialización, y la presencia de pandillas a
través del territorio nacional han hecho de este fenómeno, y las formas de violencia que
lo acompaña, una parte integral de la vida cotidiana de los salvadoreños”. Estas pandillas
tuvieron origen en los Estados Unidos y hoy día operan de manera transnacional
(Vásquez 1). Para los jóvenes salvadoreños, las marginalizaciones múltiples discutidas
anteriormente ocurren no solamente por las presiones endémicas de la migración y la
vida en los Estados Unidos. Estas marginalizaciones múltiples operan de manera
transnacional. Encontrar vehículos convencionales para la construcción de la identidad
es difícil tanto en El Salvador como en Los Estados Unidos. Vásquez escribe: “De hecho
su bi-localidad, el hecho de tener un pie en cada cultura, de ir y venir de padres a abuelos
o tías y tíos a través de fronteras nacionales, es parte del problema, se suma a la
fragmentación y desplazamiento que sienten. Atrapados en un ciclo transnacional de
marginalización, los jóvenes salvadoreños, así como pandillas latinas y afro-americanas,
desarrollan sus propias subculturas, estructuras sociales y localidades. Esto representa un
intento de re-territorializacion de sus vidas, es decir, reducir problemas sociales y
manejar las fuerzas estructurales y sistémicas que arruinaron sus familias y sus vidas.”
(Vásquez 5).
Aun cuando mucho se ha escrito sobre la influencia de pandillas originarias de
Estados Unidos en El Salvador, las pandillas juveniles en El Salvador pueden trazarse a
los años 50 (Vásquez 5). Sin embargo, las pandillas mas influyentes, la Mara
Salvatrucha (MS) y Los de la 18 crecieron al final de los setenta cuando muchos
salvadoreños se trasladaron a Los Angeles, Houston, Washington DC, y tiempo después,
San Francisco. Estas pandillas crecieron alrededor de una identidad nacional y fueron
diseñadas en parte para competir con pandillas mas establecidas de Chicago. A
principios de 1992, el servicio de naturalización e inmigración (INS) comenzó a deportar
miembros de pandillas, aumentando así la influencia transnacional en las pandillas
salvadoreñas. Para 1996, más de 500 miembros de pandillas habrían sido deportados.
Actualmente existen lazos cercanos, así como conflictos entre miembros de pandillas de
Estados Unidos y El Salvador.
Literatura reciente sobre “transnacionalismo desde abajo” aplaude frecuentemente
a los movimientos sociales transnacionales de base por proporcionar prácticas de
oposición en vista de la globalización. Miembros de pandillas transnacionales parecen
representar “el híbrido cultural, identidades multi-posicionales, el cruce de fronteras por
marginados...para escapar del control y el dominio desde arriba por el capital y el
estado”. (Guarnizo y Smith 1998:5). Como Vásquez anota: “Las pandillas salvadoreñas
revelan que el transnacionalismo no siempre resulta en la formación de sujetos
transgresores, contra-hegemónicos”. (9). Nuestra investigación refleja esta paradoja. Al
crear una identidad rebelde en un contexto de marginalización creado por fuerzas
globales, las pandillas paradójicamente promueven un hiper-individualismo y
gratificación inmediata al mismo tiempo que proveen un sentido de pertenencia e
identidad comunitaria. Dado que las pandillas “traicionan los deseos de sus miembros de
ser reconocidos como individuos, y de solidaridad e intimidad frente a la globalización al
re-inscribir los procesos globales en el corazón de la vida pandillera”, tiene sentido que la
religión proveería una vía alterna, aunque no sin problemas, para la juventud salvadoreña
para “negociar las tensiones entre lo local y lo global” (Vásquez 11)
Ahora, luz
En nuestros estudios de iglesias pentecostales hemos encontrado que estas ofrecen
frecuentemente una alternativa para la juventud salvadoreña. Es común encontrar una
participación activa de ex -pandilleros en numerosas reuniones de la Iglesia Pentecostal.
“Promovedores de Victoria” (Victory Outreach), es una clerecía muy conocida en donde
ex-convictos, ex-pandilleros y ex-drogadictos trabajan para convertir gente y sacarla de
las calles. Lina Mira, de quien ustedes escucharon su ensayo, puede hablar más
profundamente acerca de las iglesias pentecostales y su trabajo con los pandilleros. Aun
cuando estos grupos son muy conocidos por su trabajo con las pandillas, no son el
enfoque de nuestro estudio hoy. Hemos estudiado el único “Programa de Borrado de
Tatuajes” (Tatto Removal Program) en San Francisco, patrocinado por “CASI”, un grupo
de auto ayuda en el distrito de La Misión. “CASI” fue fundado en 1981 por refugiados
centroamericanos, con gran apoyo del “Movimiento Santuario” (Sanctuary Movement) de
base religiosa. Varias organizaciones religiosas ayudaron a construir “CASI”, incluyendo
a la Iglesia Católica, y comunidades luterana, metodista, presbiteriana, y judía. “CASI”
proclama que su trabajo lo inspira en la valentía y visión del asesinado arzobispo
salvadoreño Monseñor Oscar Romero. “CASI” es sin duda la organización más
respetada en el trabajo con inmigrantes de San Francisco. En 1998, a “CASI” le fue
entregado el “Programa de Borrado de Tatuajes”, que había sido empezado por otra
agencia en 1996. Junto con El Hospital General de San Francisco, el programa ofrece a
sus participantes la opción de remover los tatuajes relacionados con pandillas. Los
participantes deben tener entre 12 y 23 años, vivir en San Francisco, deben cumplir 10
horas de trabajo comunitario antes de entrar al programa, y 50 horas de servicio
comunitario en el curso del programa, y deben querer cambiar su vida de pandilleros. El
tratamiento láser para retirar el tatuaje, puede durar hasta un año, con citas mensuales. La
meta de “CASI” es tratar a 90 pacientes por mes. De estos, el 25 % son jóvenes recién
inmigrados. Dado que la política de la ciudad hacia las pandillas es de erradicarlas,
motivar a los ciudadanos a llamar a la policía, y poner a pandilleros en la cárcel, “CASI”
juega un rol clave en la comunidad.
A diferencia de los grupos pentecostales que trabajan con miembros de pandillas,
“CASI” no tiene como requisito ningún tipo de conversión, o práctica espiritual por la
parte de sus clientes. Es suficiente con que el cliente quiera cambiar su estilo de vida por
cualquier razón. Sin embargo, una visita a la oficina clarifica la orientación religiosa, ya
que está llena de símbolos significativos tanto religiosos como nacionales. Fotografías de
Monseñor Romero, visto como un mártir de El Salvador, se encuentran en muchos de los
cuartos. El nombre de la clínica de salud es Centro de Salud Celina Ramos (Celina
Ramos Health Center), el nombre de la ama de llaves de la Universidad Jesuita de El
Salvador que fue asesinada en 1989 con sus hijas y seis jesuitas. “CASI” dice que
Romero provee la inspiración de la fundación y el trabajo. Romero y Celina Ramos
simbolizan tanto religión (Catolicismo, particularmente teología de la liberación), y
martirio religioso acompañado de justicia. Son símbolos religiosos poderosos, que
también tienen significado nacional, en este caso el de El Salvador. Al servicio de
símbolos religiosos y nacionales, otros símbolos religiosos y nacionales son retirados de
los cuerpos de los jóvenes.
La mayoría de los miembros de las pandillas que entrevistamos dijo que los
tatuajes religiosos que tenían, no poseían ningún valor religioso para ellos. No sabían
necesariamente lo que los símbolos significaban, solo que una cruz por ejemplo, quería
decir que pertenecían a los Pachuchos, la virgen de Guadalupe significaba México o
mexico-americano. Lupita se persigna sarcásticamente diciendo, “Usted sabe como
son…la mayoría de cholos tienen una cruz o una virgen de Guadalupe”. César dice, “Yo
molesto con los muchachos miembros de pandillas, tienen a Jesucristo, la Virgen, la cruz
del Sagrado Corazón, muy religioso cabrón, pero andas matando a tu gente, ay si muy
religioso”.
Cómo hacen los clientes del retiro de tatuajes para salir de las pandillas? Iglesias y
programas como “Segunda Oportunidad Programa de Borrado de Tatuaje” (Second
Chance Tatto Renoval Program), proveen vías alternas a la juventud salvadoreña para
negociar su desplazamiento y marginalidades múltiples (Vásquez 11). Esto ocurre de
diferentes maneras. Los ex –pandilleros hablan positivamente del servicio comunitario
que se les exige en “CASI”. Las nuevas relaciones que forman en el programa tanto con
el personal como con otros clientes también proveen lazos estrechos e intensos que se
experimentan en un lugar seguro. Esta re-territorialización da al ex –pandillero un
“nuevo hogar” y una “nueva familia”. La rearticulación de la familia y un lugar al que
pueden llamar hogar esta acompañado por el surgimiento de una nueva persona, limpia,
simbolizada por el retiro de las cicatrices físicas de su participación en la pandilla o la
mara. (Vásquez 13). Grupos religiosos, ya sean “CASI” o iglesias pentecostales,
permiten a los miembros de las pandillas “cortar con su hiper-individualismo comunal y
articular una nueva relación con ellos mismos”. (Vásquez 13). No estamos diciendo que
solo grupos religiosos puedan hacer esto, aunque es interesante que “CASI” sea el único
programa de retiro de tatuajes en la ciudad, y las iglesias pentecostales sean famosas por
el éxito con los miembros de las pandillas.
En conclusión, las pandillas salvadoreñas transnacionales, “ simultáneamente deterritorializan y re-teritorializan, produciendo espacios locales y globales que tienen
consecuencias contradictorias…las pandillas reterritorializan, creando subculturas
híbridas ancladas en espacios geográficos limitados (la calle o el barrio). Aun cuando
estos espacios locales nutren cartografías de resistencia híbridas (estas cartografías
literalmente marcadas en sus cuerpos)… también pueden convertirse en islas aisladas de
expresión, reflejando una cultura globalizada de gratificación inmediata. Además, la
incorporación de las pandillas como soldados del tráfico global de drogas, apunta a la
fragilidad y contradicción de su naturaleza militante particular. (Vásquez 19) Robert Orsi
observa que inmigrantes y habitantes de las ciudades modernas en Estados Unidos
extraen de fuentes religiosas para apropiarse espacios públicos y establecer cartografías
religiosas que revelan coordenadas de mundos alternos para sus practicantes. (Vásquez
21). Los grupos religiosos no solo ayudan a los ex miembros de pandillas a re- imaginar
su espacio en la ciudad, sino que también les ayudan a forjar identidades colectivas en
condiciones de desplazamiento. La religión también puede ayudar a los inmigrantes a
transformar sus viajes entre fronteras nacionales a viajes de moral. (Vásquez 22).
Terminamos donde empezamos. Con Carlos, mirando por la ventana y
diciéndonos, “Mira, todo lo que te puedo decir es que antes todo era oscuridad y ahora,
luz”.
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