2.013: DE LA CRISIS DEL SILICIO AL RENACER CUÁNTICO : DE

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Las primeras computadoras, allá por los años 50 del pasado milenio, ocupaban
estancias enteras, habitaciones invadidas de tubos de vacío y válvulas impresionaban a propios
y extraños anunciando el inexorable avance de las tecnologías.
Superado el estupor inicial, a medida que iban evolucionando los ordenadores (el
término computadora quedó tan obsoleto como aquellos Spectrums de 48 Ks con los que
amenizábamos nuestra infancia) éstos fueron multiplicando su velocidad y reduciendo su
tamaño de manera vertiginosa. Pero toda técnica tiene un límite y, en el caso de la tecnología
éste no era la imaginación, como se pensaba, sino algo más burdo y tangible, el espacio físico.
Cuando la Ley de Moore establecía que el número de transistores disponibles para
construir, o poblar, un circuito integrado de silicio se duplicaba cada dos años, los tecnólogos
de finales del siglo pasado se frotaban las manos, y veían en ese crecimiento exponencial su
futuro asegurado. ¿Que el crecimiento en la densidad de los transistores requería que éstos
fueran cada vez más pequeños? ¡Ningún problema!, no pasaba nada, se reducían más, y, así,
de paso, se conseguían unos costes menores y un mayor rendimiento de los dispositivos
construidos con dichos transistores.
Sin embargo, allá por el año 2002 algunos visionarios comenzaron a vaticinar que el día
en el que dichas tecnologías tocaran techo no se hallaba muy lejano, ya que, cuando los
transistores empezaban a ser más y más pequeños, del orden de unos pocos átomos, perdían
sus propiedades.
Así, una cuestión meramente física sirvió de barrera del avance tecnológico, lo que
desembocó en una crisis a nivel mundial que, a muchos, recordaba el caos bursátil de principios
del siglo pasado. Ingenieros y tecnólogos varios sufrían la impotencia derivada de la
incapacidad de satisfacer de unos usuarios mal acostumbrados que demandaban máquinas
aún más rápidas y pequeñas que procesaran de manera más optima el alubión de información
disponible.
Los nuevos grupos ludditas, que postulaban una nueva vida sin máquinas, sin
tecnología, un “volver a las raíces y a la recuperación de la humanidad perdida” vieron en la,
denominada, Crisis del Silicio (2005) la excusa perfecta para intentar ganar adeptos,
llegando, incluso, a formar un partido político, el RAM (Rage Against the Machines), que sólo
triunfó en algunas zonas del sur estadounidense.
Una vez superado el caos inicial, y mientras los radicales del RAM se dedicaban a
atentar contra la vida de Bill Gates, los nuevos tecnólogos se dividían en diferentes escuelas
y, mientras unos asumían, por primera vez, las limitaciones de las tecnologías y se basaban en
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mejorar las ya existentes, otros investigaban distintos materiales que pudieran reemplazar al,
limitado, silicio.
Entre las líneas de trabajo de los primeros, destacaban las propuestas encaminadas a la
mejora en los filtros de información. Éstos, entre otras cosas, postulaban que, ya que no
se podía aumentar la velocidad de procesamiento de la información, una mejor selección de
ésta contribuiría a cubrir, al menos en parte, las demandas de los usuarios. Ejemplos de dichos
trabajos fueron el Microsoft Office Solution, el Google Premium o el Yahoo BS (Better
Search).
En lo que a la segunda escuela se refiere, los seguidores del Nóbel de Física Richard
Feynman consiguieron, en un tiempo récord de, tan solo, dos años, llevar a la práctica lo que
para la mayoría era ciencia ficción y que ahora, a principios de la segunda década del nuevo
milenio, es la base de la tecnología. Con el nacimiento en febrero de 2008 de los ordenadores
cuánticos se abría un nuevo mundo de posibilidades.
Los CC’s (Cuantic Computers) permitían, a través de programas específicos, buscar
información en una base de datos, solo que, en lugar de indagar verificando uno por uno todos
los elementos de la base, como hacían los Pc’s de antaño, el ordenador cuántico los
comprobaba todos a la vez, almacenando la información en forma de qbits, estados cuánticos
que existen tanto en el estado de uno como de cero simultáneamente. Así, se posibilitaba que
la información se procesara a una velocidad mucho mayor de lo que permitía la tecnología
basada en el obsoleto silicio.
De este modo, la banda de bits cuánticos podía comparar cada posible combinación
uno-cero simultáneamente, aumentando, de forma muy notable, la energía, velocidad y
memoria de los ordenadores.
En un principio, dicha la tecnología cuántica sólo estaba al alcance de unos pocos
privilegiados y, si bien, hoy en día, a finales de 2013, el usuario medio aún no cuenta con CC’s
en su casa, si disfruta de su tecnología a través de sus distintas aplicaciones.
El área de aplicación más accesible de la tecnología cuántica es el de los transportes.
Los nuevos coches con CC de abordo permiten a los usuarios, hoy en día, moverse con
fluidez por el 75% del terreno mundial. El hardware cuántico incorporado a los coches permite
procesar, simultáneamente, la información proveniente de las distintas fuentes. Una vez
seleccionado, en el panel de mandos, el destino deseado (el origen es detectado por los
sensores), el CC central recibe los informes, permanentemente actualizados y en tiempo real,
de los Institutos meteorológicos, la DGT, el Ministerio de Obras Públicas, y un sinfín de fuentes
más, que permiten al navegador seleccionar la ruta más óptima teniendo en cuenta todas las
variables que pudieran interferir.
La incorporación de sensores en las vías de tránsito automovilístico y la transmisión
de datos vía satélite hacen que cualquier modificación en el ambiente, por pequeña que sea,
(un perro que atraviesa la calzada abruptamente, un semáforo que cambia, irregularidades en
el pavimento, condiciones climáticas adversas, atascos, etc.) sea recibida y procesada por el
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ordenador cuántico, lo cual optimiza las decisiones a lo largo de la conducción, así como la
selección original de ruta.
El vertiginoso descenso de los accidentes de tráfico y el aumento de la satisfacción de
los usuarios, hace prever la sensorización del 25% de terreno mundial restante, así como la
desaparición de industrias como autoescuelas y demás, como ya ocurriera, allá por el 2004, con
los fabricantes de material fotográfico clásico debido al dominio digital, ya que, las nuevas
generaciones, no llegarán a conocer el carnet de conducir.
Así, el panorama de, lo que ya se conoce como, la Era Cuántica, rebosa optimismo,
debido a las posibilidades aún por explorar.
De este modo, cabría mencionar, como líneas de investigación incipientes, las,
denominadas S&F (Senses and Fellings) que operan en los campos de Realidad Virtual e
Inteligencia Artificial, respectivamente.
Las tecnologías S pretenden la incorporación sensorial a las CC’s mediante
dispositivos táctiles, olfativos y papilares que complementen los estímulos visuales y auditivos
que el receptor humano obtiene, a priori, de las Tecnologías de la Información y las
Comunicaciones, postulando la creación, a largo plazo, de nuevas cadenas televisivas, así como
una nueva red que incluya dichas mejoras sensoriales.
Por último, el campo de la AI sigue persiguiendo el sueño spilgberiano de dotar a las
creaciones artificialmente inteligentes, no sólo de la presencia física humana, sino, también de
sentimientos equiparables a los del hommo sapiens, aunque, aún, no se han obtenido
resultados dignos de mención.
Así, la algarabía y el optimismo vuelven a dominar el panorama tecnológico, tanto, que,
incluso, parece que la crisis acontecida hace tan solo ocho años se esté olvidando. Solo queda
esperar la funcionalidad de las nuevas aplicaciones de las CC’s, y cruzar los dedos para que no
haya una “Crisis del qbit”, porque, de ocurrir esto ¿cuál sería el paso siguiente?
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