El trabajo os hará hombres - Anna Veltfort Illustration

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Cuban Studies, Volume 44, 2016, pp. 309-349 (Article)
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http://muse.jhu.edu/journals/cub/summary/v044/44.madero02.html
Access provided by New York University (1 Apr 2016 15:30 GMT)
ABEL SIERRA MADERO
“El trabajo os hará hombres”:
Masculinización nacional, trabajo
forzado y control social en Cuba
durante los años sesenta
RESUMEN
Este texto indaga sobre los modelos de control social y político que se desplegaron en
Cuba durante los años sesenta del siglo XX, contra aquellos sujetos que no se adecuaban al marco revolucionario. En específico, examinaré la creación y emplazamiento de
campos de trabajo forzado al interior del país y que se conocieron con el nombre de
Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Estas unidades creadas bajo la cobertura
del Servicio Militar Obligatorio se utilizaron para la “rehabilitación” homosexuales,
artistas, religiosos, delincuentes y muchachos de ascendencia burguesa. Estas unidades
van a ser abordadas aquí como parte de un sistema policial dentro de un proyecto más
amplio de “ingeniería social”, basado en la intervención sistemática en todos los niveles de la vida, en el control de la sexualidad y en una pedagogía que descansaba en los
programas de rehabilitación política.
A B S T R AC T
This text explores models of social and political control deployed in Cuba during the
1960s against individuals who did not conform to the revolutionary framework. Specifically, I examine the implementation of labor camps known as Military Units to Aid
Production. These camps were created under the umbrella of compulsory military service, with the goal of “rehabilitating” homosexuals, artists, people of various religious
beliefs, criminals and young men of bourgeois descent. These units will be addressed
here as part of a policing system, within a broader project of social engineering based
on the systematic intervention at all levels of life, the control of sexuality, and a pedagogy that rested on the political rehabilitation programs.
En un pequeño ensayo publicado en 1969 bajo el título de “Revolución y sexo”,
el historiador británico Eric Hobsbawm se burlaba de aquellos que conectaban
a los movimientos revolucionarios con la “permisividad en el comportamiento
sexual público u otras formas de comportamiento personal”.1 Algo similar pensaba Susan Sontag. Para la intelectual estadounidense, el puritanismo estaba
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enraizado en la “naturaleza de la izquierda”,2 y formaba parte de uno de los
vacíos que tenían que tomarse en cuenta para su propia evolución.
Hobsbawm veía con cierto pesar, una “afinidad persistente” entre revolución y puritanismo. “No conozco ningún movimiento o régimen revolucionario, sólido y organizado”, señalaba, “que no haya desarrollado acentuadas
tendencias puritanas”.3 La ecuación establecida por Hobsbawm incluía curiosamente a Cuba.
Sin embargo, las políticas implementadas por el nacionalismo revolucionario cubano durante la década de los sesenta y los setenta con respecto a la
sexualidad, no pueden leerse sólo desde una perspectiva moral puritana, sino
que hay ubicarlas dentro de una lógica más compleja. Un análisis de este tipo
nos llevaría a entender la Revolución cubana no como un modelo “excepcional” y “original” como la historiografía tradicional y el discurso político oficial
han tratado de presentarla recurrentemente, sino como un proyecto transnacional de construcción del socialismo en el que la isla se insertó desde inicios de
la década de los sesenta.
La noción de totalitarismo que ofrece Emilio Gentile, parece ser útil, también, para entender el caso cubano. De acuerdo con este autor, el totalitarismo
más que un régimen, es un experimento de dominación política implementado
por un movimiento revolucionario, que articulado en una disciplina de tipo
militar, trata de destruir o transformar un sistema anterior fundando un nuevo
Estado que se basa en un modelo de partido único.4 Asegura Gentile que el
principal objetivo de este tipo de organización del poder es lograr la homogenización social a través de un proceso que descansa en una ideología institucionalizada y que tiene forma de religión política. De acuerdo con esta lógica, en
la base del totalitarismo subyace la intención de moldear individuos o masas a
través de una revolución antropológica que pretende la regeneración humana y
la creación de un hombre nuevo.5
Lo más interesante de ese argumento es la lectura del totalitarismo como
experimento y no como un régimen establecido, es decir, como proceso continuo que no puede usarse sólo para definir un sistema de poder o un método
de gobierno. Así, el régimen totalitario es entendido como gran laboratorio
que se basa en el “voluntarismo experimental” de un movimiento o un partido,
que persigue la homogenización social y la construcción de una colectividad
moralmente unida por su fe en la religión política.6
Desde esta perspectiva, y a través de una lectura desde la sexualidad, el
proyecto de creación del “hombre nuevo” implementado en los años sesenta va
a ser entendido aquí como un ejercicio “totalitario” de depuración y homogenización social. Dentro de ese proceso, en el que la isla se convierte en un gran
“laboratorio”, me interesa específicamente el análisis del experimento social
conocido como Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).
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Las UMAP fueron un híbrido entre campos de trabajo forzado y unidades
militares adonde fueron enviados miles de sujetos entre 1965 y 1968 bajo la
cobertura del Servicio Militar Obligatorio (SMO). Estas unidades van a ser
abordadas aquí como parte de un sistema policial dentro de un proyecto más
amplio de “ingeniería social”, basado en la intervención sistemática en todos
los niveles de la vida, en el control de la sexualidad y en una pedagogía que
descansaba en los programas de rehabilitación política de sujetos considerados
fuera del canon revolucionario.
Para el análisis de estas unidades resultan útiles dos conceptos elaborados
por Michel Foucault. En cierto sentido las UMAP pueden ser descritas desde la
lógica de los “emplazamientos funcionales” porque al tiempo que servían como
un espacio disciplinario y de vigilancia, tenían una utilidad social productiva y
“reeducativa”.7 Al mismo tiempo, a partir de su descripción de las “instituciones de secuestro”,8 se puede asegurar que las UMAP fueron centros punitivos y
de corrección dentro de una economía política, en la que el cuerpo se inscribió
en un marco de relaciones encaminadas a cercarlo, someterlo, a forzarlo al
trabajo y a la participación en unas ceremonias y rituales políticos.9
Hasta el momento muy pocos son los textos publicados que contemplan a
las Unidades de Ayuda a la Producción como objeto de estudio. El más conocido de ellos es La UMAP: El gulag castrista del historiador autodidacta Enrique Ros (2004), un texto que aunque utiliza valiosos documentos, imágenes y
fuentes orales, opera muchas veces con nociones preestablecidas y no sobre la
base del rigor historiográfico.
Regularmente, los historiadores que estudian Cuba han evitado la investigación sobre las políticas estatales de control social articuladas en el trabajo
forzado, la concentración y el aislamiento de miles de ciudadanos en granjas
creadas durante los años sesenta. Asimismo, han rechazado la utilización de
estos términos, como si no aplicaran al caso del socialismo cubano o su uso no
fuera “políticamente correcto”.
Aunque estas unidades no pueden ser solamente descritas y analizadas a
partir de un simple relato único y universal, el rechazo de estos términos ha
oscurecido también la investigación sobre el papel, la estructura y la función de
las UMAP dentro de un proceso de ingeniería social más amplio. Sin embargo,
una emergente historiografía, casi toda producida desde los Estados Unidos,
parece estar cambiando el modo de pensar y escribir sobre Cuba. En ese sentido se destacan las contribuciones de Lillian Guerra, Visions of Power in Cuba:
Revolution, Redemption, and Resistance (2013), y las recientes tesis doctorales
de Jennifer Lambe, “Psychiatry, the State and Popular Culture in Cuba, 1890s1980s” (2014) y de Rachel Hynson, “Sex and State Making in Revolutionary
Cuba, 1959–1968” (2013). Aunque estos trabajos no se enfocan propiamente
en el estudio de las UMAP, ofrecen nuevos marcos de interpretación y fuentes
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para el análisis y el estudio del control social y político, desestabilizando las
nociones tradicionales que los académicos han estado manejando.
En el origen de la insuficiente producción historiográfica sobre el tema,
influye el hecho de que los discursos sobre las UMAP generalmente han
estado bajo sospecha y sujetos a contestación, dentro y fuera de Cuba, aunque intelectuales de cierto renombre internacional, como Graham Greene,
entre otros, se hayan pronunciado en su contra. Para el autor de Our Man
in Havana (1958) quien visitó la isla en 1966, las UMAP era una “sombra
oscura” sobre Cuba, “peor que el bloqueo norteamericano y la cartilla de
racionamiento”10 que se había implantado debido a la crisis en los abastecimientos. En el texto se lee: “UMAP, una palabra que suena como algo de
ciencia ficción, como si la humanidad fuera enterrada en ella”.11 Más tarde,
Graham Green iniciaría una campaña internacional junto a otros escritores
contra las UMAP.
Sin embargo, otros intelectuales de izquierda como Susan Sontag habían
pasado por alto el pasaje de las UMAP a la hora de valorar la Revolución cubana. En 1969, un año después de desmanteladas las unidades, Sontag escribía
para la revista Ramparts, “Some Thoughts on the Right Way (for Us) to Love
the Cuban Revolution”, un texto en el que animaba a la izquierda estadounidense a pensar la isla a partir de los conceptos y categorías generados por la
propia sociedad cubana y no en Estados Unidos.
Según Sontag, que admitió sentir desconfianza por el “puritanismo radical
de las revoluciones de izquierda”, los estadounidenses “deben ser capaces de
entender que un país conocido fundamentalmente por la música, el baile, los
tabacos, las prostitutas, los abortos, el turismo y los filmes pornográficos, se
muestre un poco preocupado por la moralidad sexual”.12
En otro momento Sontag hace una pequeña referencia a las UMAP y a
los miles de homosexuales que fueron enviados para ser rehabilitados, pero la
escritora rápidamente aclara que eso había sido superado porque “desde hace
mucho tiempo han sido devueltos a casa”.13
Al mismo tiempo, la opinión internacional se mostró un tanto incrédula
con los testimonios sobre las UMAP que empezaron a difundir exiliados cubanos. Así sucedió con los textos que José Mario Rodríguez, fundador de “Ediciones El Puente”, comenzó a publicar en la revista Mundo Nuevo y Exilio,
tras pasar nueve meses en las UMAP y exiliarse. Rodríguez aseguró en el documental Conducta Impropia (1984), de Néstor Almendros y Orlando Jiménez
Leal, que sus primeros artículos sobre este asunto, fueron leídos “con un poco
de escepticismo, con un poco de incredulidad”.14
Asimismo, Carman Cumming de la Agencia Canadiense de Prensa afirmó
en 1967 que “historias horrendas de tortura” sobre las UMAP y en general sobre las prisiones en Cuba que ofrecían esos exiliados, eran “usualmente descartadas y ridiculizadas”.15 La mayoría de los “observadores neutrales”, aseguró,
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creían que “probablemente la situación de las cárceles en Cuba no era peor que
en muchos países de América Latina”.16
A las historias sobre las UMAP se les adjudicó cierta parcialidad y las unidades pasaron a formar parte de una narrativa anticomunista a la que supuestamente los exiliados tenían que acudir para poder sobrevivir fuera de Cuba. Al
menos eso pensaba Ambrosio Fornet, uno de los intelectuales más reconocidos
en el campo cultural cubano, cuando en 1984 fue entrevistado para el Gay
Community News. Aunque Fornet reconoce que las UMAP fueron una suerte
de academia “para producir machos”,17 critica las visiones sobre la represión
que ofrecen escritores y artistas cubanos exiliados en el documental Conducta
impropia. De acuerdo con Fornet, la mayoría de los testigos que aparecen en
el filme mintieron sobre las UMAP y que los escritores estaban diciendo lo
que deben decir, porque estaban viviendo del anticomunismo:18 “La idea de
un estado policial represivo que persigue personas es totalmente absurda y
estúpida”.19
El vacío historiográfico sobre las UMAP se complementa con el “terror de
archivo” manifestado históricamente por el gobierno cubano. El archivo, como
señala Kirsten Weld, representa un espacio peligroso para algunos gobiernos
porque puede convertirse al mismo tiempo en una tecnología para la justicia y
en un componente de la (re)formación del propio Estado.20
Sin embargo, recientemente las UMAP han comenzado a ser asimiladas
dentro de lo que he denominado “travestismo de Estado” que tiene que ver
con un reajuste discursivo orientado fundamentalmente hacia el exterior y que
utiliza la noción de diversidad cultural para ofrecer una imagen de cambio.21 El
travestismo de Estado es una política que ensaya nuevos modos de gestionar el
control político y la transición que la envejecida élite política cubana está llevando a cabo. Al tiempo que ofrece un nuevo marco ideológico a las reformas
económicas del general Raúl Castro, está inscrito también en un proceso de
reconstrucción y de reescritura de la historia. El nuevo escenario de reformas
demanda una política de la memoria, que pueda reacomodar algunos sucesos
históricos que conectan a la revolución con procesos de discriminación y que
erosionan la credibilidad de los discursos de la tolerancia y la diversidad en el
que descansan las reformas.
El “deshielo” de las UMAP en el discurso oficial empezó en 2010 cuando
Fidel Castro “asumió” su responsabilidad en el emplazamiento de esos campos
de trabajo.22 Pocos meses después, era desmentido por su sobrina Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).
Castro Espín prometió que llevaría a cabo una investigación sobre las UMAP
y descartó “pedir perdón”, pues, “sería una gran hipocresía”. Han pasado algunos años y hasta el momento, no ha sido publicado resultado alguno sobre
esa investigación.
En contraste con el silencio que ha rodeado a este asunto dentro de la
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isla, cubanos exiliados han prestado gran interés en preservar su versión de las
UMAP; pero la mayoría de los textos producidos en el exilio son testimonios
de tipo autobiográfico. Tales son los casos de La mueca de la paloma negra
(1987) de Jorge Ronet y UMAP: Cuatro letras y un motivo, destruirnos (1993)
de Nelson Noa. A esa tradición se suman los textos UMAP: Una muerte a
plazos (2008) de Jorge Caballero y Agua de rosas (2012) de René Cabrera.
A excepción de estos libros, Dios no entra en mi oficina: Luchando contra la
amargura cuando somos víctimas de la injusticia (2003) de Alberto I. González Muñoz, es el único que aunque fue publicado en Estados Unidos, está
escrito por un autor residente en la isla. A este corpus narrativo pertenecen el
cuento “El Stadium” (1970) de José Mario Rodríguez, la obra de teatro El loco
juego de las locas (1995) de Héctor Santiago y la novela Un ciervo herido
(2003) de Félix Luis Viera. Estos son textos de ficción, pero tienen igualmente
un alto componente autobiográfico y testimonial.
Las narrativas de memoria son procesos creativos y no meramente reproducciones de los hechos, y en ellos interviene, siguiendo a Mary Louise Pratt,
un “contrato testimonial”, por el cual los sujetos toman decisiones estratégicas
sobre qué contar y cómo hacerlo.23 En ese sentido —señala—, los testimoniantes pudieran llegar a narrar episodios ajenos y procesos colectivos como si
fueran experiencias personales, para ampliar el espectro referencial, aumentar
la fuerza y garantizar la veracidad de sus narrativas.24
Las UMAP no pueden ser entendidas como una institución aislada, sino
como parte un proyecto de “ingeniería social” orientado al control social y
político. Es decir, una tecnología que involucró al aparato judicial, militar,
educacional, médico y psiquiátrico. Para el emplazamiento de las unidades
se emplearon complejas metodologías encaminadas a la identificación y producción de conocimiento de determinados sujetos, su depuración dentro de las
instituciones y organizaciones políticas y de masas, hasta el reclutamiento e
internamiento.
Para dar cuenta de esta conjunción de discursos y dispositivos, este texto
va a estar dividido en dos partes. La primera analiza los discursos movilizados
para caracterizar a los sujetos de estas políticas de reeducación y justificar las
UMAP. En esta sección se incluye, además, una descripción de las tecnologías
de identificación y producción de los sujetos a reeducar (purgas, depuraciones,
reclutamientos).
La segunda parte se centra en el análisis de la institución y las experiencias
de los sujetos en ella. En esta sección se examina a las UMAP como instituciones de trabajo forzado y centros de experimentación de terapias psicológicas
y producción de “saber” sobre los sujetos homosexuales. También se incluye
un epígrafe sobre las versiones “oficiales” de las unidades en la prensa oficial
cubana.
En ambas secciones se utilizan como fuentes, testimonios y entrevistas
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a exconfinados en estas unidades, pues me interesa, siguiendo a Kirsten
Weld, una concepción de la Historia a partir de dos dimensiones: la “que
pasó” y aquella que “se dice que pasó”.25 Estos discursos participan en la reconstrucción de la memoria, como corpus narrativo del trauma y participan
en lo que Julie Skurski y Fernando Coronil denominaron “geopolítica de la
verdad”.26
La producción de la “otredad” en la justificación de las UMAP
Masculinización y militarización de la sociedad cubana:
El emplazamiento de las UMAP
Desde el inicio, el nacionalismo revolucionario hegemónico estableció una conexión de los discursos de la sexualidad con las nociones sobre la soberanía
y la colonización imperial y la nación comenzó a pensarse como un espacio
femenino, vulnerable y susceptible a la penetración extranjera.27 La idea de la
nación como espacio penetrado empezó a complementarse con la figura del
guerrero que encarnaba el propio Fidel Castro. Como bien señala Frances Negrón, durante el período heroico de la Revolución, el cuerpo físico de Fidel
Castro, “erecto, impenetrable y vestido de verde oliva, militarizado y listo para
la guerra contra el imperialismo yanqui”, se sintonizó con el cuerpo político
cubano.28
De este modo se estableció una conjunción entre nacionalismo y
“heteronormatividad”29 y se instituyeron una serie de nociones que definieron
la ciudadanía, no como un estatus conformado de antemano por un conjunto
de derechos, sino como una obligación, una identidad ideal basada en una serie
de atributos.30 Así, aquellos sujetos con configuraciones de género y prácticas
sexuales no normativas comenzaron a ser percibidos como enemigos políticos
dentro del proyecto revolucionario.
“La Revolución necesita al enemigo, el proletario no rehúye al enemigo,
necesita al enemigo [. . .] El revolucionario para desarrollarse necesita su antítesis que es el contrarrevolucionario”31, había expresado Fidel Castro en marzo
de 1963. En agosto de 1965, tres meses antes de que se emplazaran las UMAP,
el líder de la revolución cubana, en conversación con el periodista estadounidense Lee Lookwood, expresó:
No podemos llegar a creer que un homosexual pudiera reunir las condiciones y los requisitos de conducta que nos permitirían considerarlo un verdadero revolucionario, un
verdadero militante comunista. Una desviación de esta naturaleza está en contradicción
con el concepto que tenemos sobre lo que debe ser un militante comunista [. . .] Bajo las
condiciones en que vivimos, a causa de los problemas con que nuestro país se enfrenta,
debemos inculcar a los jóvenes el espíritu de la disciplina, de lucha y trabajo. En mi
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opinión debe estar promocionando todo lo que tienda a favorecer en nuestra juventud
un espíritu fuerte, actividades relacionadas de algún modo, con la defensa del país, tales
como los deportes.32
Aunque la operación ideológica de insertar a los homosexuales en el terreno de la otredad nacional, sirvió para justificar el emplazamiento de las
UMAP, otros criterios políticos, más allá de la sexualidad, intervinieron en
el reclutamiento. La masculinidad revolucionaria estuvo asociada a un campo
ideológico más abarcador en el que la moda, prácticas de sociabilidad, credos
religiosos, tributaron a lo masculino de una manera más general. Por lo tanto,
la manera de armonizar con la visión normativa oficial fue fundamental en la
distribución de cuotas de masculinidad, hombría y virilidad que se concedieron
desde el poder y las instituciones.
De ese modo la masculinidad, inscrita en una lógica heteronormativa, se
conectaba a la nueva ciudadanía que consistía en la producción y la reproducción del socialismo. De ahí que no resulte extraño que a las UMAP no sean
enviados solamente los homosexuales, sino otros sujetos como delincuentes,
religiosos, intelectuales o simplemente muchachos cautivados por el movimiento hippie norteamericano.33 La más leve pose, el mínimo gesto disonante
de la marcialidad revolucionaria fue leído como un síntoma que ponía en peligro todo el proyecto.
Las UMAP fueron visualizadas como una “forja de ciudadanos útiles a
la sociedad”34 donde el trabajo pasa a formar parte del discurso masculino de
la guerra contra el imperialismo norteamericano y las batallas de la Revolución. La metáfora de la fragua —proveniente de la industria del acero y del
hierro— fue ampliamente utilizada por los líderes de la revolución para recrear
la masculinidad revolucionaria y los procesos de control social. Dentro de esta
lógica, el concepto de “hombre nuevo” funcionó como un molde y los que no
se ajustaran a ese ideal, eran considerados escorias o desechos de la fragua, es
decir, contrarrevolucionarios y “blandengues”.
En abril de 1965, Raúl Castro Ruz aseguró que los objetivos de la revolución sólo se podían alcanzar con “una juventud con un carácter templado”,
con un “carácter firme”, “forjado sobre el sacrificio”, alejado de las “blandenguerías” y que se inspirara “no en los bailadores de twist ni de rock and roll, ni
tampoco en las manifestaciones de alguna seudo intelectualidad”, una juventud
que se alejara “de todo lo que debilita el carácter de los hombres”.35
Para Luis Pavón Tamayo, dirigente político y director de la revista Verde
olivo, órgano oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el SMO
posibilitaba “una educación adecuada y asegura una correcta formación moral y física de nuestros jóvenes. Los prepara para la vida, los hace más firmes; los educa en las heroicas tradiciones de nuestras Fuerzas Armadas
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Revolucionarias”.36 Por otra parte, señalÓ que las UMAP acogieron a “algunos jóvenes que no habían seguido la mejor actitud ante la vida” y que “habían tomado la senda equívoca ante la sociedad”.37 De acuerdo con Pavón, las
UMAP tenía la finalidad de ayudar esos muchachos “a encontrar un camino
acertado, de facilitarles un desarrollo que les permita incorporarse a la sociedad plenamente”.38
Ya en 1964, Fidel Castro se vanagloriaba del impacto que el SMO estaba
teniendo en la juventud cubana y resaltaba el fracaso de instituciones como la
familia y de la escuela en la educación de los jóvenes: “Pues bien, lo que no pudieron enseñarles en la casa lo que no pudieron enseñarles en la escuela, lo que
no pudieron enseñarles en el instituto, lo aprendieron en el ejército, lo aprendieron en una unidad militar”.39 El Estado y sus instituciones armadas participaban del proceso pedagógico masculinizador que he venido describiendo.
Castro detallaba la manera en que el ejército se convirtió en un dispositivo de
control social, corrigiendo gestos y prácticas a partir de la inserción de los jóvenes en un sistema disciplinario. En ese sentido, el máximo líder agregaba:
Y con seguridad que ese soldado, con seguridad que ese joven, habituado a los rigores
de una disciplina militar, a las responsabilidades de la disciplina militar, no se convierte
en un pepillito, no se convierte en un Elvis Presley —¿cómo se llama?—, un “Elvispreslito”. Ese joven comienza porque se pela corto; cuando entra en la unidad militar
adquiere otra figura, adquiere otro porte, adquiere otra estampa, adquiere otro carácter,
adquiere hábitos, adquiere hábitos que son muy distintos de esos hábitos que se pueden
ver en algunas esquinitas, que se pueden ver en algunos parquecitos; tonterías, cosas
peregrinas, fantasías, desaparecen de la mente de ese joven, y se prepara esa mente y se
fortalece contra la influencia de todas esas cosas extravagantes y estrambóticas.40
El proyecto de masculinización nacional va a estar aparejado al mismo
tiempo de un proceso de proletarización de la sociedad; el trabajo intelectual
comenzó a depreciarse simbólicamente y los intelectuales van a estar bajo sospecha no sólo de tipo ideológica sino también de carácter sexual. El mismo
término intelectual va a ser sustituido por el de “trabajador de la cultura” y los
artistas e intelectuales tendrán que participar del trabajo físico para poder ser
reconocidos por las instituciones, y admitidos dentro del terreno de lo masculino. Como se sabe, muchos intelectuales y artistas fueron sacados de sus proyectos o centros de trabajo para ser enviados a las UMAP. En 1964, Carlos Rafael Rodríguez, uno de los ideólogos más importantes de ese momento, llegó
a asegurar que aún cuando el trabajo “productivo” de los jóvenes no resultase
imprescindible a la producción, se continuaría empleando el trabajo juvenil no
sólo como un elemento del proceso formativo y de “responsabilidad social”,
sino para “impedir que caigan en el intelectualismo deformador que ha sido
uno de los saldos negativos de la sociedad occidental”.41
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FIGURA 14.1. Caricatura de Antonio Mariño Souto (Ñico) sobre el Servicio Militar Obligatorio
en la portada del semanario humorístico Palante, no. 24, La Habana, 9 de abril de 1964.
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Nacionalismo, higiene social y heteronormatividad
Podría decirse que a inicios de 1959 el pánico moral fue el encuadre ideológico
en el que se basó la campaña de regeneración nacional a la que fue convocada
toda la nación para liquidar los “vicios” del pasado y consolidar el poder revolucionario. Muy pronto ese marco de tipo religioso fue complementado con los
discursos de higiene y la noción de enfermedad social.
En un artículo publicado en la Revista del Hospital Psiquiátrico de La
Habana, en 1959, el presidente de honor de la Liga Cubana de Higiene Mental,
el doctor Julio Reymondez, señalaba: “La higiene mental tiene la obligación
de reducir estas cifras alarmantes de enfermedades que no matan al individuo, pero que destruyen la sociedad, atentando contra su organización por medio del alcoholismo, de la delincuencia, de los divorcios, de la prostitución y
de tantos otros males que a veces no tiene otro origen que una alteración del
psiquismo”.42
De este modo, prostitutas, alcohólicos, homosexuales pasaban a formar
parte de las agendas de las instituciones psiquiátricas y pedagógicas; porque
eran conceptualizados como enfermos sociales que debían ser rehabilitados o
reeducados. El manejo de esta noción en el discurso político permitió legitimar
una serie de intervenciones en cuerpos y prácticas no normativas de modo
científico y racional. Los que constituían un ruido dentro del proyecto revolucionario, pasaron a considerarse no sólo como sujetos peligrosos sino como
enfermos sociales.
El 15 de abril de 1965, varios meses antes de que se hiciera el primer
reclutamiento de las UMAP, el escritor Samuel Feijóo publicó en el periódico
El Mundo un texto que da cuenta de estas tensiones entre la conjunción del discurso religioso político con el discurso higiénico. El texto hace un inventario
de los “vicios heredados del capitalismo” y aseguraba que el tráfico de drogas,
la prostitución, los juegos de azar, y la “holgazanería” ya habían desaparecido
casi totalmente.
Entre los vicios que quedaban por liquidar, el escritor señalaba al alcoholismo y el “homosexualismo campeante y provocativo” con el que había que
acabar porque era uno de los “funestos legados del capitalismo”.43 “No se trata
de perseguir a homosexuales, aseguraba, sino de destruir sus posiciones, sus
procedimientos, su influencia. Higiene social revolucionaria se llama esto”.44
Samuel Feijóo recupera una tradición insular de escritura nacionalista insertada en procesos de inclusión y exclusión social a partir de la crítica a la
sexualidad no normativa. En ese sentido, recicla algunos discursos que vienen
del siglo XIX y principios del XX para asimilarlos al marco revolucionario.
Asimismo, su discurso se encuentra en el epicentro de una lucha, la de la representación de la nación/revolución: “Porque ningún homosexual representa
la Revolución que es asunto de varones, de puños y no de plumas, de coraje
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y no de temblequeras, de entereza y no de intrigas, de valor creador, y no de
sorpresas merengosas”.45
En otra parte del texto el escritor parece sintonizar con los preceptos
del líder de la revolución cubana sobre estas cuestiones. “En una ocasión—
recordaba Feijoó— Fidel [Castro] nos advirtió que en el campo no se producen
homosexuales, que allí no crece este vicio abominable. Cierto. Las condiciones
virilidad del campesinado cubano no lo permiten. Pero en algunas ciudades
nuestras aún prolifera. Allí se unen, se apiñan, se protegen, se infiltran”.46 El
discurso de Fidel Castro al que Feijóo hace referencia, tuvo lugar en la escalinata de la Universidad de La Habana, el 13 de marzo de 1963. En esa ocasión
Castro señalaba:
Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos [risas]; algunos de ellos con una guitarrita en actitudes
“elvispreslianas”, y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos
sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre. Que no
confundan la serenidad de la Revolución y la ecuanimidad de la Revolución con debilidades de la Revolución. Porque nuestra sociedad no puede darles cabida a esas degeneraciones [aplausos]. La sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones. ¿Jovencitos aspirantes a eso? ¡No! “Árbol que creció torcido . . .”, ya el remedio
no es tan fácil. No voy a decir que vayamos a aplicar medidas drásticas contra esos
árboles torcidos, pero jovencitos aspirantes, ¡no! Hay unas cuantas teorías, yo no soy
científico, no soy un técnico en esa materia [risas], pero sí observé siempre una cosa:
que el campo no daba ese subproducto. Siempre observé eso, y siempre lo tengo muy
presente. Estoy seguro de que independientemente de cualquier teoría y de las investigaciones de la medicina, entiendo que hay mucho de ambiente, mucho de ambiente y
de reblandecimiento en ese problema. Pero todos son parientes: el lumpencito, el vago,
el elvispresliano, el “pitusa” [risas].47
Con esta arenga, Fidel Castro sentaba un precedente que luego se traduciría
en políticas concretas. Como se sabe, la estructura y el tono de sus largas alocuciones se asemejaban a los sermones de tipo religioso, con altos matices de
adoctrinamiento y alfabetización política. En esa ocasión, el líder establecía una
“cadena de equivalencia”48 negativa apelando al resentimiento de clase como
recurso movilizador, en la que sujetos de ascendencia burguesa o muchachos
con prácticas urbanas de sociabilidad, son etiquetados como escoria, gusanos,
lumpen. Los homosexuales se conjugaron también en esa ecuación.
Al parecer la aversión al músico estadounidense Elvis Presley no fue exclusiva del discurso fidelista, sino de la comunidad comunista internacional. El
3 de noviembre de 1959, el periódico Revolución publicó un cable que aseguraba que en la República Democrática Alemana (RDA) habían sido arrestados
quince admiradores del cantante y que recibieron condenas que iban desde los
seis meses hasta los cuatro años de cárcel.49 Como se sabe, en Cuba, además
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de censurar a Elvis Presley y en general la música en inglés, se desató una
campaña contra la banda británica de rock and roll, The Beatles.50
Por otra parte, en el discurso de Castro hay una alusión a una prenda de
vestir, el “pitusa”, una marca de jeans “Pit” made in USA que circuló en Cuba
por esa época. El uso de esta prenda, así como la afición por la música en inglés
como el rock and roll, se consideró como una tendencia extranjerizante, una
desviación que después sería conceptualizada como “diversionismo ideológico”. Así, el “pitusa” pasó a ser considerado como un artefacto muy peligroso,
por lo que el máximo líder le pareció oportuno censurarlo públicamente. Para
entonces, todos los medios estaban en manos del gobierno y las palabras de Fidel Castro tenían un gran peso en la vida del país y en la política editorial, por
lo que no es de extrañar que el semanario humorístico Palante, emprendiera
también contra el “pitusa”.
¡Señor! ¿De dónde surgió esa palabra “pitusa”?
Creo que de pito y tusa tal palabra se formó.
Por eso pregunto yo, al extraño jovencito
de estrecho pantaloncito:
si no eres por tu labor sereno ni agricultor.
¿Por qué tusa y por qué pito?
Sí; no me puedo explicar
¿por qué tales muchachones usan unos pantalones
que se quieren reventar?
Acaso quieren marcar sus líneas, en mala andanza,
con esos pasos de danza
por peligrosos terrenos . . .
Pueden ser muchachos buenos
pero no inspiran confianza.
¿Por qué el mundo en la copa
Las cosas se han invertido?
Mujer con ancho vestido
y hombre con estrecha ropa.
Yo no formo en esa tropa
Y esa moda no me alcanza,
Pues quien con tal moda tranza
Y usa modo tan ajeno,
Puede ser muchacho bueno,
Pero no inspira confianza.51
El nivel de intervención del Estado en la conducta y la imagen pública
de las personas fue tal en esta época, que en 1966, Carlos Rafael Rodríguez,
quien como dije anteriormente, fue uno de los ideólogos más importantes en
Cuba, sostuvo una conversación con algunos estudiantes en la que expuso la
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conexión de las sandalias con la homosexualidad en el imaginario popular. Era
el pueblo, según Rodríguez, quien rechazaba las sandalias “porque la mayoría
de las sandalias están en los pies de homosexuales que hacen ostentación de su
homosexualismo, y es natural que esas cosas provoquen en la población una
actitud hostil”.52 Estos temas debían llevarse a debate para “que un día todos
vayamos con comodidad con sandalias y ahorremos piel y esos homosexuales
exhibicionistas se tengan que poner otras prendas, tal vez se pongan zapatos
entonces, ¿comprenden?”, recalcó.53
Dispositivos de identificación: El SMO y las “depuraciones”
Aunque el emplazamiento de las UMAP se realizó a fines de 1965, estas unidades se crearon bajo la cobertura de la ley 1129 del 26 de noviembre de 1963
que estableció el Servicio Militar Obligatorio durante un período de tres años
para los hombres comprendidos en las edades entre dieciséis y cuarenta y
cinco años.54
Para camuflar los objetivos reales del reclutamiento, y desligar estas instituciones del marco y la tradición de los campos de trabajo forzado y de un
sistema abiertamente punitivo, el gobierno revolucionario cubano utilizó el
SMO para justificar la organización y el régimen disciplinario a que estaban
sometidos los confinados.
En la fundamentación de la ley, se describía el SMO “como un deber de todos los ciudadanos servir con las armas a la Patria y defender con
ellas a la Revolución cubana”.55 De este modo la trilogía conformada por la
patria-nación-revolución se convertía una sola entidad, cargada de sentido simbólico y político.
El capítulo VI, artículo 23, de la ley 1129 del SMO de 1963 describe las
causas que pudieran aplazar el enrolamiento de un sujeto y de las que pudieran
exceptuarlo del mismo, entre las que se destacan las “enfermedades” y “defectos físicos”. Además, la ley exceptuaba del llamado al SMO a aquellos que
fueran el único sostén económico para sus padres, esposa e hijos. Asimismo, el
inciso C permitía el aplazamiento a los jóvenes que estuvieran terminando el
último año de estudios secundarios, preuniversitarios o universitarios.56
Sin embargo, estos acápites se utilizaron discrecionalmente con un criterio
político por parte de las autoridades cuando se trataba del reclutamiento para
las UMAP. Algunos jóvenes que constituían el único sostén familiar, fueron
reclutados sin importar las consecuencias en esas economías domésticas. Asimismo, muchos estudiantes de diferentes niveles educacionales que estaban
a punto de graduarse, se convirtieron en elegibles para incorporarse al SMO
porque fueron expulsados de sus centros de estudios a través de un proceso de
“depuración”.
Este proceso que comenzó a mediados de 1965, -a unos pocos antes meses del primer llamado a las UMAP-, tuvo un carácter de “purga”, de cruzada
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social. Estas purgas fueron encabezadas por la Unión de Jóvenes Comunistas
(UJC) contra aquellos que no eran percibidos como “revolucionarios”, entre
los que se encontraban los religiosos y los homosexuales.
En un comunicado publicado en la revista Mella, el 31 de mayo de 1965,
la UJC conminaba a los estudiantes de la enseñanza media superior, a expulsar
de los planteles a los “elementos contrarrevolucionarios y homosexuales” en el
último año para impedir su ingreso a las universidades.57 En el texto también se
menciona a aquellos que demuestren “desviaciones” y “algún tipo de blandenguería pequeño burguesa y que sean apáticos a las actividades revolucionarias
que realiza el estudiantado”. Estos debían integrarse al Servicio Militar Obligatorio para “ganarse el derecho” de ingresar a la universidad.58
Resulta interesante el modo en que se distribuyeron cuotas de complicidad
y responsabilidad al interior de la sociedad, no sólo para hacer más eficiente el
control y garantizar las hegemonía de determinados sectores, sino para crear
una opacidad sobre la naturaleza del poder, cómo opera y cómo circula. Así,
el comunicado distribuía la responsabilidad de “aplicar” las medidas: “Ustedes
tienen la palabra, a ustedes corresponde aplicar estas medidas, en su aplicación
nuestra función ha de ser de orientación, de organización de la actividad, pero
deben ser los estudiantes, los que la apliquen”.59 Y se agregaba: “Ustedes saben
quiénes son, los han tenido que combatir muchas veces [. . .] apliquen la fuerza
del poder obrero y campesino, la fuerza de las masas, el derecho de las masas
contra sus enemigos [. . .] ¡Fuera los homosexuales y los contrarrevolucionarios de nuestros planteles!”60
Muy pocos días después de este comunicado, la revista Alma Mater, el órgano oficial de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), se sumaba a esta
política y aseguraba que la depuración era el resultado del momento histórico
y una “necesidad para el desarrollo futuro de la Revolución”. En una parte del
texto se lee: “Los futuros técnicos, científicos e intelectuales deben ser necesariamente revolucionarios, firmes ante el enemigo imperialista, sus variadas
formas de penetración y agresión [. . .] No son ni los elementos desafectos a
la Revolución ni los homosexuales capaces de cumplir esa tarea y por tanto no
debe invertirse en ellos el producto del sudor y la sangre de nuestro pueblo para
darles armas y herramientas para que puedan volver contra la sociedad”.61
El documento insistía en que las depuraciones contra los contrarrevolucionarios y los homosexuales no debían entenderse como dos procesos aislados,
sino como uno solo. “Tan nociva es la influencia y la actividad de unos como
de otros en la formación del profesional revolucionario del futuro”, se sentenciaba. Aunque estos documentos son de mayo de 1965, el 5 de abril, Mella
publicó unas declaraciones de Orlado Rosabal e Ileana Valmaña, dirigentes
de la UJC y la FEU, respectivamente, quienes explicaron que la depuración
consistía en un proceso de saneamiento social y formaba parte de una lucha
ideológica, al tiempo que constituía, según Valmaña, “un perfecto derecho
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revolucionario”62 contra “esa escoria pública que son los homosexuales de escándalo, ya sean nacidos hombres o mujeres”.63 Sobre el método empleado en
las depuraciones Ileana Valmaña señaló:
Las asociaciones de estudiantes valoran aula por aula dentro de las respectivas escuelas. El análisis que se hace resulta sumamente objetivo, sereno y profundo para evitar
errores extremistas; discutiéndose hasta que el resultado sea unánime [. . .] Sino no hay
unanimidad no se toma la decisión al respecto. Por nuestra parte aplaudimos la iniciativa, el método y sus resultados; él nos llevará a lograr buenos técnicos y científicos con
una actitud revolucionaria ante la vida y a forjar y pertrechar ideológicamente nuestro
estudiantado frente a la blandenguería burguesa, las ideas extrañas y el oportunismo, el
homosexualismo y los enemigos del pueblo.64
Una vez que estas purgas finalizaron, esos muchachos quedaron expuestos
y susceptibles para ser intervenidos por el Estado. Su entrada a las UMAP y
a otros programas reeducativos era cuestión de tiempo. Inmediatamente que
FIGURA 14.2. Carnet expedido por el “Centro Nacional de Información” vinculado a los Comités
de Defensa de la Revolución en los años sesenta. Este documento constituye una valiosa fuente
para el estudio de la vigilancia y el control social y político en Cuba. En la esquina superior derecha del carnet se puede leer la palabra “secreto” y también las instrucciones a los informantes.
Estos debían comunicarse con el Centro al “conocer todo hecho o indicio de actividad enemiga” y
usar una clave para mantener “la clandestinidad”. Foto cortesía de María Antonia Cabrera Arus.
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terminaron las depuraciones a las que se ha hecho referencia, a través de los
Comités de Defensa de la Revolución (CDR), una de las instituciones de vigilancia más efectivas creadas para el control social y político en Cuba, se hicieron censos para identificar a los jóvenes que no trabajaban ni estudiaban.
Esa información se le suministraba al Ministerio del Interior (MININT) y al
Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), las entidades
encargadas del reclutamiento de las UMAP.
Benjamín de la Torre fue uno de los tantos jóvenes enviados a las UMAP
después de haber sido depurado de su centro de estudios. Su reclutamiento se
debe a una delación de la presidenta del CDR, según cuenta su hermana Carolina de la Torre quien es psicóloga y profesora de la Universidad de La Habana.
Benjamín, al igual que Carolina y sus hermanos Salvador y Liz, son descendientes del científico cubano Carlos de la Torre y Huerta. Pero las UMAP se
integraron a esa familia de una manera terrible: poco después de salir de esas
unidades, Benjamín se suicidó el 11 de octubre 1968 con decenas de pastillas
de fenobarbital. La entrada de Benjamín a las UMAP impactó a todos, pero
especialmente a su madre, la poeta Blanca Molina.
El joven había sido maestro en las intrincadas zonas del oriente del país
durante la gran Campaña de Alfabetización de 1961, había estudiado pintura
en la escuela de San Alejandro y música. En cambio, su hermano Salvador con
trece años ya se había estado relacionado con el Directorio Revolucionario,
una de las organizaciones que lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista antes del triunfo revolucionario en 1959. Salvador, además fue artillero,
“niño héroe” durante la invasión militar de Bahía de Cochinos en 1961. Ambos
hermanos tenían biografías distintas, Salvador encajaba en el modelo del hombre nuevo y Benjamín “era exactamente lo opuesto a eso”, señala Carolina y
agrega: “El era débil y de contra asmático, vivía muerto de asma; era débil en el
sentido de que era sensible, yo lo recuerdo así; era un artista, no tenía nada que
ver con el modelo de joven revolucionario, no era ni siquiera ‘elvispresliano’,
él era nietzscheano en todo caso; él estaba en otra cosa más allá”.65
Benjamín de la Torre se vestía de negro, siempre andaba con un libro debajo del brazo y sus amigos eran artistas e intelectuales que después tuvieron
gran impacto en la cultura cubana, entre ellos el pintor Manuel Mendive y el
teatrista Huberto Llamas, aunque ninguno de ellos fue a las UMAP. Carolina
de la Torre no puede recordar el día en que Benjamín fue reclutado, sin embargo, puede describir el viaje y el encuentro con su hermano cuando fue a
visitarlo con su madre al campamento donde se encontraba en la provincia
de Camagüey. Así lo describe: “Después de un viaje infernal en tren, como
todavía son los viaje en tren en Cuba, y de otro viaje infernal para llegar a
esos campos retiradísimos de caña, llegamos a un lugar desolado, soleado,
malo y encontramos a mi hermano esquelético, te lo puedo decir sinceramente,
deprimido”.66 Carolina dice que Benjamín no contaba muchas de las cosas que
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FIGURA 14.3. Benjamín de la Torre, uno de los confinados de las UMAP. Una vez reclutado en
noviembre de 1965, este muchacho perdió su nombre para convertirse en el recluta No. 50, Compañía 4, Batallón 7, Unidad “La Ofelia”, Camagüey. Benjamín de la Torre se suicida en octubre de
1968, poco tiempo después de salir de las UMAP. Foto cortesía de Carolina de la Torre.
pasaban en el campamento para no preocupar a su madre, pero si insistía en el
trato degradante que recibía de parte de los guardias y los oficiales.
Los castigos en las UMAP podían ir desde los insultos verbales hasta el
maltrato físico y la tortura. Varios de mis entrevistados aseguran que una de
las modalidades de castigo empleadas por algunos oficiales, consistía en enterrar al confinado en un hueco y dejarlo con la cabeza fuera durante varias
horas. A algunos los introducían en un tanque de agua hasta que perdieran la
conciencia, a otros los ataban a un palo o a una cerca y los dejaban durante la
noche a la intemperie para que fueran presa de los mosquitos. De acuerdo con
Héctor Santiago, uno de los teatristas vinculados a “Ediciones el Puente” y que
fue enviado a las UMAP, a esa modalidad de castigo se le llamó “El palo”. El
atormentamiento y la mortificación del cuerpo tenía una función de amedrentamiento y formaba parte de una narrativa en la que los castigos recibían nombres como “El trapecio”, “El ladrillo”, “La soga” o “El hoyo”, entre otros.67
Benjamín de la Torre salió de las UMAP con altos niveles de depresión y
de estrés, porque además, fue detenido en la calle por la policía en reiteradas
ocasiones. Su hermana que había estudiado psicología, lo llevó a consultas
psiquiatría para tratar de ayudarlo a salir de la crisis: “Pero todo eso es muy
paradójico porque algunos de esos psiquiatras fueron de los que también pensaron que a los homosexuales había que rehabilitarlos o reeducarlos de alguna
forma muy especial”.68
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Coincidentemente, Héctor Santiago estuvo en “La Ofelia”, la misma unidad que Benjamín de la Torre. Así lo describe Santiago: “Benjamín era un
chico adolescente muy gracioso, muy sensible, él quería ser pintor, escritor,
actor, no estaba muy seguro de lo que quería, estaba en la etapa de la adolescencia, era lo que ellos [los revolucionarios] llamaban los chicos bitongos”.69
Héctor Santiago asegura que Benjamín era atormentado sexualmente por los
guardias y quedó marcado de tal manera que no pudo recuperarse. Una vez en
el exilio, Héctor Santiago escribió una obra de teatro titulada “El loco juego de
las locas” la cual está dedicada a Benjamín. La versión de Santiago concuerda
con la Reynaldo García Reina,70 uno de los que estuvo también en “La Ofelia”
y a quien tuve la oportunidad de entrevistar también para este proyecto.
Pero la intervención del Estado sobre los artistas e intelectuales, no se
produjo de manera uniforme en todas las instituciones. Al parecer, la cercanía
de algunos dirigentes a los círculos de poder, influyó en los modos en que
los dispositivos funcionaron. De acuerdo con Alfredo Guevara, director del
Instituto Cubano de Arte de Industria Cinematográficos (ICAIC), y muy
cercano a Fidel y Raúl Castro, estos procesos sólo ocurrían en determinados espacios. Así lo describe: “El famoso quinquenio gris se produjo en el
Consejo Nacional de Cultura pero sólo en un sector de la intelectualidad, en
el ICAIC no pudieron tocar a nadie, en Casa de las Américas no pudieron
tocar a nadie y en el Ballet de Cuba no pudieron tocar a nadie. ¿Por qué?
Porque Alicia Alonso tenía unos ovarios que le zumbaban, Yeyé [Haydé Santamaría] tenía ovarios y cojones al mismo tiempo y a mí no me podía tocar
nadie”.71
Sin embargo, Guevara reconoció que las UMAP fueron algo trágico, “lo
más horrible que ha pasado en el proceso de la Revolución, porque eso es lo más
horrible en el campo no de la cultura, en el campo global de la sociedad”.72
Las UMAP como instituciones de trabajo forzado
“El trabajo os hará hombres”: Rehabilitación
y utilización económica del cuerpo
A través de los procesos de militarización que se han venido describiendo se
trataba no sólo de corregir gestos y posturas, sino reorientar y reintegrar esas
fuerzas y cuerpos a un aparato económico. De acuerdo con Foucault, una “institución de secuestro” establece un cerco sobre el cuerpo que va aparejado a
su utilización económica por lo que el trabajo se convierte en un instrumento
político. “El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil, señaló, cuando es a la vez
cuerpo productivo y cuerpo sometido”.73 El discurso de la guerra se va a integrar al discurso ideológico y económico en forma de campañas de tipo militar
y los trabajadores serán visualizados como héroes y soldados, no sólo para in-
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sertarlos en una ritualidad política de control social, sino para utilizarlos como
fuerza de trabajo sin tener que compensarlos económicamente.
En un artículo de 1969, el economista Carmelo Mesa-Lago hacía un análisis de las formas de trabajo no pagado durante los años sesenta en Cuba y entre
esos modelos mencionaba a las UMAP. De acuerdo con Mesa-Lago, el gobierno logró ahorrar por concepto de trabajo no pagado, alrededor de $300 millones de pesos, entre 1962 y 1967.74
La noción de trabajo socialmente útil que se manejó a todos los niveles
de la sociedad cubana fue fundamental en ese proceso. Muchos de los ideólogos de la revolución empezaron a reproducir la concepción marxista-leninista
que descansaba en modelos pedagógicos de rehabilitación o de reducación a
partir del uso del concepto de “lumpen proletario”. Esta noción había sido
utilizada en la Unión Soviética, en el Bloque Socialista del Este, así como en
China, para contraponerlo al ideal de esos regímenes: el hombre nuevo representado casi siempre por la figura del obrero y del campesino trabajador. La
doctrina marxista-leninista le otorgaba a la ideología revolucionaria una base
filosófica, científica y racional, necesaria para justificar y legitimar este tipo de
políticas.
En 1961, la Editorial Nacional, un proyecto editorial creado por el gobierno revolucionario para distribuir masivamente materiales políticos y de
propaganda comenzó a publicar y a difundir una serie de textos soviéticos
y chinos, que tienen que haber influido notablemente en la élite política.
Uno de esos textos fue Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo de Mao Tse-Tung, que contó con una tirada de
cincuenta mil ejemplares. En ese texto, Mao señalaba que a “los enemigos
se les obliga a trabajar y a transformarse en hombres nuevos por medio del
trabajo”.75
Esta concepción fue implementada rápidamente en Cuba. El 16 de marzo
de 1962 se emitió la Resolución No. 934 sobre la rehabilitación social y la
reeducación de delincuentes. La ley estipulaba la creación de Granjas Agropecuarias de Rehabilitación Penal, que serían manejadas por el Ministerio del
Interior. Así, el trabajo adquirió un carácter pedagógico y comenzó a ser conceptualizado como un deber de todo ciudadano para “contribuir al desarrollo
de la producción nacional”76 y al abastecimiento del país.
En la argumentación de la ley puede leerse: “Por cuanto: El trabajo es
un medio eficaz para transformar a los sancionados por errores y violaciones
cometidas, propiciando que los mismos reconozcan y rectifiquen dichas faltas
honestamente, adquiriendo el hábito de trabajo y la capacitación para desempeñar debidamente su puesto en la nueva sociedad socialista que surge”.77 A
esas granjas agropecuarias del MININT y también a las UMAP, fueron enviados una serie de sujetos que el gobierno consideraba que debían ser rehabilita-
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dos o que debían hacer contribuciones a la economía nacional. Entre ellos, se
encontraban aquellos que manifestaran un interés explícito por salir del país.
José Mario Rodríguez —fundador de “Ediciones El Puente”, uno de los
más controvertidos proyectos culturales de los sesenta en Cuba—, aseguraba
que en la entrada del campamento al que fue asignado, “había una pancarta
enorme en la que se leía: Unidad Militar 2.269 y un letrero con el lema ‘El trabajo os hará hombres’, una frase de Lenin. Entonces fue cuando yo me acordé
de aquella frase que cita Salvatore Quasimodo y que estaba a la entrada del
campo de concentración de Auschwitz: ‘El trabajo os hará libres’”.78
A mediados de los sesenta, la economía cubana estaba subordinada al
azúcar; pero la mecanización del corte de caña no estaba generalizada, por lo
que el éxito de las zafras dependía del corte manual. En ese período las zafras
azucareras empezaron a formar parte del gran salto ideológico que Fidel Castro
tenía previsto para 1970 y que era una copia de intentos similares en China y
la Unión Soviética. El líder revolucionario pretendía llevar a la isla a una etapa
superior de construcción del socialismo con una zafra de diez millones de toneladas de azúcar. Este proyecto comenzó a planearse desde 1964 y adquirió
tal importancia y envergadura, que la revista ANAP del Ministerio de la Agricultura, lo denominó como la “bomba atómica de azúcar”.79
Para lograr el golpe de efecto, Castro necesitaba movilizar y desplazar
gran cantidad de fuerza de trabajo hacia las zonas donde existían plantaciones
de caña. La provincia de Camagüey, ubicada en la región central del país y
con grandes extensiones de tierra y poca mano de obra, fue escogida de modo
estratégico para el emplazamiento de las UMAP a fines de 1965.
De este modo, estos campamentos se insertaron dentro de la economía
planificada socialista al igual que había sucedido en la Unión Soviética con el
Gulag (Dirección General de Campos de Trabajo). Vladimir Chernavin, uno de
los que logró escapar de un gulag soviético, describe cómo en 1930 esa institución se convirtió en una gran empresa de trabajo forzado con apariencia de
institución correctiva, que permitió establecer planes de desarrollo en lugares
donde hubiera sido muy difícil sin utilizar ese instrumento.80
Señala Chernavin que el gulag presentó una estructura y funciones similares que una empresa estatal, y que estaba organizado en forma de unidades
militares y los detenidos recibían un pago miserable por el trabajo. Los prisioneros que accedieran a trabajar más allá de la norma, se consideraban como
“trabajadores de choque” y se les reducía el tiempo de estancia en la institución. De modo que para estos “entusiastas”, dos meses podían ser considerados
como tres.81
Algo similar sucedió con las UMAP. Los confinados de estas unidades, así
como otros reclutados por el SMO, recibían un pago de sietes pesos mensuales
y eran compelidos a participar dentro de lo que se conoce como “emulación
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socialista”, un especie de competencia para incentivar la producción en la que
los “vanguardias” o “trabajadores de choque”, no recibían compensación económica, sino diplomas o reconocimientos en actos políticos y de masas. En el
caso de las UMAP, a los que se consideraba que habían tenido un buen comportamiento y una buena “actitud ante el trabajo”, se les rebajaban, al menos en
teoría, diez días de cada mes del tiempo reglamentado.82
Intervenciones psicológicas y producción de saber
en los programas de rehabilitación
En la primera parte me referí a los usos del discurso de la higiene social y
la psicología para la justificación de las UMAP y la construcción de sujetos
susceptibles a la reeducación. Pero las unidades se convirtieron, además, en un
espacio de cuarentena que permitía no sólo mantener a los confinados aislados,
sino también la oportunidad de estudiarlos.
Durante los años sesenta, los psicólogos cubanos utilizaron la clasificación internacional de enfermedades que consideraban a la homosexualidad una
patología, y al homosexual un desviado sexual. Múltiples tratamientos clínicos
y terapias se emplearon en Cuba para tratar de incidir en el deseo, las configuraciones y las prácticas de los homosexuales, tales como la ergoterapia, la
reflexoterapia, la conductoterapia, entre otras. En las páginas de la revista del
Hospital Psiquiátrico de La Habana se publicaron desde inicios de los sesenta,
una serie de artículos sobre esta temática, y muchos de ellos tributaron directamente a los intereses del Estado.
Por ejemplo, para el doctor Jesús Dueñas Becerra, el SMO era “un magnífico canal” para encauzar a la juventud. Incluso, llegó a decir que algunos
jóvenes “se han salvado de caer en la más completa degeneración social por
un oportuno reclutamiento militar”.83 Para Edmundo Gutiérrez Agramonte,
uno de los profesionales de más autoridad en esa época, la homosexualidad en
realidad era “una respuesta desadaptativa”.84 Resulta interesante la lectura de
los debates que se sostuvieron al interior de esas disciplinas y ver cómo estas
trataron de ajustar sus marcos interpretativos y de acción al nuevo escenario
revolucionario, a sus exigencias y coyunturas políticas.
La noción de afeminamiento fue ampliamente utilizada por parte de las
instituciones psiquiátricas y pedagógicas. El afeminamiento fue percibido
como un síntoma de debilidad y falta de carácter, y con una proclividad hacia
a la homosexualidad, en un ruido para el ideal masculino revolucionario encarnado en el “hombre nuevo”. Así, se estableció todo un campo de estudios en
Cuba y se crearon grupos de trabajo para intervenir en esos cuerpos “extraños”
y sospechosos.
La narrativa que se producía sobre el afeminamiento en el niño generalmente culpaba a los padres y a la familia. Las hipótesis más recurrentes desplegadas por los psicólogos sugerían que la ausencia del padre era un factor
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fundamental y que el afeminamiento generalmente estaba asociado a la histeria
y la sobreprotección de la madre. El niño afeminado era considerado dentro
de una lógica familiar educativa fallida, así se justificaba la intervención del
Estado y la necesidad de su estudio, su rehabilitación y la corrección de sus
gestos. La idea sobre el deporte, el trabajo rudo y la sociabilidad en ambientes
masculinos para torcer los destinos del niño o sujeto afeminado, tomó mucha
fuerza en ese momento.
Aunque los discursos psicológicos y psiquiátricos se constituyeron en una
herramienta fundamental para la creación de identidades sociales “enfermas”
y “peligrosas” y crearon métodos de estudio e intervención, van a estar subordinadas a otras instancias que tenían una mayor jerarquía política, entre ellas el
Ministerio del Interior (MININT) y las FAR.
En mayo de 1966, a unos meses de emplazadas las UMAP, María Elena
Solé estaba a punto de terminar la carrera de psicología de la Universidad de
La Habana, cuando integró un equipo de psicólogos y médicos que formó
parte una operación secreta organizada por la dirección política del MINFAR,
para diseñar y trabajar en programas de rehabilitación y reeducación de homosexuales en las UMAP. El equipo de trabajo era dirigido por Josette Sarcá, una
francesa de la que se conoce poco y que aunque no estuvo físicamente en las
unidades, trabajaba en el diseño de la metodología y en el procesamiento de la
información. Por la parte cubana estaban además los psicólogos Noemí Pérez
Valdés, Antonio Díaz y Juan Guevara.
De acuerdo con Solé, el trabajo del equipo en esas unidades consistía en
“evaluar desde el punto de vista psicológico a estas personas” y había otro
equipo encargado de la parte pedagógica. Esa fue la primera vez —señaló—,
“que yo tuve que ver con homosexuales”. El trabajo comprendió dos ciclos;
uno de investigación y otro de tipo asistencial. Durante la primera fase, asegura
Solé, el equipo entrevistó un centenar de homosexuales y después se pasó a una
etapa de clasificación. Cuando el equipo de psicólogos regresó en 1967, fueron
entrevistados e investigados alrededor de ochocientos homosexuales.
Con el paso de los años la psicóloga sonríe cuando habla de la ingenuidad
en la que estuvo montado el proceso de investigación en las UMAP. La idea “de
los que nos mandaron, era reincorporarlos a la vida social y que no mostraran
lo que entonces nosotros llamábamos su defecto”,85 es decir que se “comportaran normalmente”. “Nosotros lo que queríamos era que ellos siguieran siendo
homosexuales, porque yo, al menos —ya estaba graduada y había leído mucha
literatura— estaba convencida de que eso no se cura. Yo sabía que ninguno de
los intentos que aquí en Cuba se hicieron con el conductismo, ninguno de los
intentos que se hicieron logró transformar eso”.86
La clasificación no se basó exclusivamente en aspectos relacionados con
la configuración genérico-sexual de los individuos, sino que intervino también
un criterio ideológico. La noción de “afocancia” fue la que utilizó el equipo
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FIGURA 14.4. La psicóloga Liliana Morenza, una de las integrantes del equipo de investigación
de psicólogos en las UMAP, junto a dos homosexuales pertenecientes a la Compañía 4, Batallón 7,
Unidad de Ayuda a la Producción. “La Violeta”, Camagüey, 1967. (Cortesía de la doctora María
Elena Solé).
FIGURA 14.5. La psicóloga Liliana Morenza, una de las especialistas que integró el equipo
investigación de psicólogos de las UMAP, junto a varios homosexuales y cabos. Compañía 4,
Batallón 7, Unidad de Ayuda a la Producción “La Violeta”, Camagüey. 1967. (Cortesía de la doctora María Elena Solé).
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FIGURA 14.6. Foto tomada por el equipo de psicólogos durante una sesión de hormonoterapia a
homosexuales de las UMAP, 1967. (Cortesía de la doctora María Elena Solé).
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de psicólogos para clasificar a los homosexuales en las UMAP. Esta palabra
es un cubanismo que aunque no está recogida por la RAE, viene del término
foco y se ha utilizado para describir de modo negativo a personas que se distinguen públicamente por determinadas características físicas o morales. En
ese sentido, se utilizó para referirse a los homosexuales que exteriorizaban su
identidad sexual en los años sesenta.
Así se diseñó un patrón A, es decir afocante, para distribuir a los homosexuales en esquema de clasificación comprendido en un rango de cuatro escalas: A1, A2, A3 y A4. Como “afocantes” tipo 1 se consideraba a aquellos “que
no hacían ostentación de su problema y eran revolucionarios —en el sentido
de que no se quisieran ir del país—, se comportaran normalmente, y estuvieran
más o menos integrados a la sociedad”. En cambio “el que soltaba las plumas
y que además no tenía ninguna integración revolucionaria ni le interesaba” y
hubiera manifestado un interés por salir del país, era considerado como “afocante” tipo 4. “Allí había revolucionarios, explica María Elena Solé, pero si
hacía ostentación de su problema, nosotros no lo clasificábamos como A1 sino
como A4. Sobre este asunto la psicóloga apuntó:
Clasificar siempre es muy difícil, pero los elementos esenciales de esa clasificación eran
esos: cómo manejaban su problema y cuál era su participación social, esto incluía si
estudiaba o trabajaba; si ni estudiaba ni trabajaba, se iba acercando a la 4; si estudiaba
o trabajaba y tenía una valoración más o menos positiva de la Revolución, era una
persona tranquila, pasaba a la A1. El A2 es un A1, pero que le faltaba algo un poco,
y el A3 era más A4, pero tenía algo bueno que se acercaba a la A1. Eso era un poco
subjetivo, ¿no?87
Al principio, los homosexuales estaban distribuidos en todas las unidades,
pero cuando el equipo de psicólogos decidió separarlos sobre la base de las
categorías que se han descrito más arriba, les crearon un grave problema: “Nos
dimos cuenta que lo que hicimos fue separar las parejas; entonces se robaban
los caballos para ver a los otros, eso fue la debacle”, señaló Solé.
El campo de psiquiatría y la psicología estuvo marcado también por tensiones ideológicas y aunque oficialmente las teorías y enfoques aceptados provenían de la Unión Soviética y de Europa del Este, lo psicólogos escogían sus
propios métodos, aunque en los artículos que publicaran siempre tenían que
predominar un autor del campo socialista.
La doctora Solé aseguró durante la entrevista que la metodología de clasificación empleada en las UMAP fue una invención del equipo de psicólogos
cubanos y que no estaba relacionada en modo alguno a literatura soviética. Sus
lecturas, me comentaba, abarcaban un amplio espectro teórico en el que el psicoanálisis tenía un peso importante, pero su especialidad era la psicopatología,
lo que vendría a explicar su concepción sobre la afocancia.
La psicopatología fue una disciplina que tuvo un papel importante en la
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historia de la psicología revolucionaria.88 Dentro de este enfoque la homosexualidad era considerada como “un trastorno de la necesidad de reproducción”,
mientras que el homosexualismo, ligado a una noción pública de la identidad
homerótica, era considerado “una alteración de la personalidad”89 por lo que
debía ser considerado una psicopatía. De este modo, la homosexualidad se integraba a los discursos de las enfermedades y los homosexuales fueron recreados como sujetos perversos que atentaban contra “el tesoro más preciado”,90
los niños y los jóvenes.
Aunque la psicóloga Solé reconoce el bajo nivel de los guardias y en ocasiones se refirió a ellos en términos de salvajes, me aseguraba que “no todos
estaban tan mal”, porque todo dependía del jefe de la unidad y de los guardias,
“que a veces se sentían “más castigados que los propios reclutas por estar allí.
¿Tú sabes la cuota que ellos tenían de caña? Eran treinta arrobas. Treinta arrobas las corta cualquiera; en las unidades normales treinta arrobas no es nada”.
Del mismo modo, Solé admite que para mucha gente la experiencia de las
UMAP fue traumática pero aseguró “que en ningún momento hubo la intención deliberada de dañarlos a ellos; todo el tiempo era rehabilitarlos, incorporarlos a la sociedad, hacerlos mejores. Yo creo que fue una ingenuidad de las
más grandes, pero nunca hubo un rechazo”.
Felipe Guerra Matos, el oficial que estuvo a cargo del desmantelamiento
de las UMAP, me comentó en una entrevista que la idea del equipo de psicólogos en las unidades había sido suya y que en esos campamentos se llegó a
recluir unos treinta mil sujetos, entre ellos 850 homosexuales, aproximadamente. En un momento de la conversación Guerra Matos apuntó: “Cometimos
errores graves, castigos con los mariconcitos y se hicieron veinte cosas ahí . . .
Los ponían a mirar el sol, a contar hormigas . . . Ponte a mirar el sol fijo pa’
que tú veas. Cualquier barbaridad que se le pudiera ocurrir a un oficial de poco
cerebro. Yo tengo culpa también porque yo firmé reclutamientos”.91
Algunos de los ex confinados de las UMAP insisten en que el equipo de
psicólogos hizo varios experimentos y pruebas de tipo conductista y reflexológico, en las que se llegó a emplear el electroshock. Solé asevera que las pruebas
que se hacían estaban solamente encaminadas a “medir inteligencia” en las
que se le daba frases y los confinados tenían que complementarlas. Esta versión concuerda con la del pintor Jaime Bellechase. Al parecer, los psicólogos
distribuían “unos dibujos, y había que decir la sensación o la imagen que uno
veía en ellos. Además teníamos que dibujar una mujer en un papel y dibujar
un hombre en otro papel. Después había un test de asociación de preguntas y
respuestas”.92
Sin embargo, Héctor Santiago asegura que los tests del equipo de psicólogos tuvieron otro carácter. Si algo destaca Santiago, tanto en conversaciones
telefónicas y electrónicas que hemos sostenido, como en varios de sus papeles
que se conservan en el Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami,
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es el manejo por parte de psicólogos y psiquiatras, de técnicas conductistas
como shocks con electrodos y comas inducidos con insulina. Muchos homosexuales en las UMAP, asegura, fueron objeto de experimentos pavlovianos
que consistían en la aplicación de corriente alterna “mientras nos mostraban
fotos de hombres desnudos para que en el subconsciente los rechazáramos,
volviéndonos a la fuerza heterosexuales”.93
Esta descripción concuerda con varios artículos que describían este procedimiento y que circularon en revistas especializadas cubanas de psicología
y psiquiatría durante los años sesenta. Al parecer, Edmundo Gutiérrez Agramonte, fue uno de los médicos que importó a Cuba el modelo reflexológico.
Esta terapia que había sido desarrollada en Praga por K. Freund, consistía en
crear reflejos condicionados y se le ponía al sujeto una inyección emética por
vía subcutánea, para que tan pronto este empezara a experimentar náuseas,
se le mostraran diapositivas de hombres vestidos y desvestidos para matar el
deseo y provocar la aversión.94 La segunda fase comenzaba siete horas después
de haberle sido administrado al paciente una inyección de 10 miligramos de
propionato de testosterona. En ese momento, se le mostraban diapositivas de
mujeres desnudas y semidesnudas.95 En Cuba, este tratamiento empleado por
el doctor Edmundo Gutiérrez Agramonte utilizaba estímulos eléctricos dolorosos, en lugar de la mezcla emetizante; y tampoco usaba la inyección de propionato de testosterona.96
Sin embargo, cuenta Santiago, que cuando los homosexuales empezaron
a recibir “corrientazos”, como parte de los experimentos de “reconversión
sexual”, muchos fingían para que los psicólogos, sexólogos y psiquiatras vieran el progreso de los tratamientos para que les acortaran las sesiones a las
suspendieran. Asimismo, señala, una de las estrategias consistía en cambiar
“las maneras y gestualidad de las locas”, a través de la “corrección” de la voz,
del andar y los movimientos formaba en muchos casos de un proceso de representación o de parodia de la masculinidad oficial”.
La “comunidad” homoerótica dentro de las UMAP desarrolló varias estrategias para contrarrestar el proceso de masculinización surgió una especie
teatro de resistencia en las algunas unidades. Las “locas”, dice Santiago,
hacían shows de travestis en los que se representaban películas mejicanas
y algunos imitaban a las vedetes nacionales como Rosa Fornés y las del
ámbito internacional como Tongolele, Ninón Sevilla y Carmen Miranda. La
creatividad era tal que tendían mosquiteros con sustancias médicas como el
mercurocromo, violeta genciana y azul de metileno. De esta manera decoraban el rústico escenario y se auxiliaban de otros materiales como sacos de
yute y sogas para hacer pelucas, manillas hechas de semillas, latas de aceite
en función de tambores y se maquillaban las pestañas con betún negro para
limpiar zapatos y la sombra la recolectaban del hollín de las cazuelas, polvo
de ladrillo.97
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Narrativas en conflicto: La construcción de “la verdad”
sobre las UMAP en la prensa oficial cubana
Cuando los informes sobre el carácter de las UMAP comenzaron a llegar a la
opinión pública internacional, la propaganda revolucionaria lanzó una campaña en la que se hacía ver que a los reclusos se les compensaba con artículos materiales provenientes del campo socialista como electrodomésticos y
motocicletas, y que tenían derecho a vacaciones.98 Además, se enfatizaba en
el carácter humanista de este experimento, para desmentir las versiones que
conectaban a las UMAP con el trabajo forzado y el trato deshumanizado. Estos
artículos presentan una historia del éxito económico y del “milagro” de las
UMAP como modelo educativo a través del uso de varios testimonios.
Alberto Insua, uno de los galanes más populares de la radio y la televisión
cubana en la década de 1950, fue una de las tantas voces que se utilizaron para
legitimar los campos de trabajo. En 1966 se encontraba en uno de los campamentos de las UMAP y en julio de ese año, el periódico Juventud Rebelde
publicó un reportaje con algunas declaraciones de Insua, en las que aseguraba
estar arrepentido de los errores que había cometido. Estas declaraciones están
inscritas en el modelo narrativo de la “autocrítica”, una narrativa binaria que se
mueve entre la culpa y el perdón en la que el sujeto sabe lo que debe decir, lo
que el poder vigilante espera que diga:
Sé que los gusanos y demás elementos indeseables han propagado infinidad de bolas sobre mi persona. Ya ven ustedes donde estoy. Uno como hombre, comete errores; pero considero que solo el estar consciente que los cometió y el arrepentimiento sincero le sirve de
purga. Donde uno encuentra buenos jefes con deseos de ayudar y encuentra comprensión,
se siente estimulado. Para quien jamás ha hecho este tipo de trabajo, es muy duro. Pero
esto no mata a nadie [. . .] He conversado con algunos compañeros y hemos llegado a la
conclusión que muchas veces que los errores que se comenten son producto de la ignorancia política en que vivía uno sumido. Uno se abstraía estudiando libretos y se olvidaba
que había también otras cosas que estudiar [. . .] puedo decir que solo quien estudia la
Revolución y llega a comprenderla, puede evitar fallos que puedan lesionarla.99
A las confesiones del actor Alberto Insua, se sumaron las de Pedro Antonio
González un muchacho de diecisiete años procedente de una familia burguesa.
Sus palabras están precedidas del subtítulo “Donde muere un ‘bitongo’, nace
un combatiente” y el muchacho que había sido ascendido a cabo en las UMAP,
ofrece una pequeña nota biográfica que está articulada también en la narrativa
de la redención y del cambio de actitud ante la vida. Dijo que nunca trabajó y
que antes de entrar en la UMAP “sólo pensaba en la diversión, estar siempre en
la calle, en mi carro, con mujeres mayores que yo, vaya, una especie de ‘dulce
vida’, ¿me entiende? . . . Con esa mentalidad llegué aquí”.100
De acuerdo con este muchacho, las primeras jornadas de trabajo le “resul-
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taron horribles” y estaba muy flaco porque la vida que llevaba era muy diferente. En ese sentido aseguraba: “Ahora lo veo todo distinto. Ya puedo hacer
cualquier trabajo por duro que sea. Y créame, me será difícil no pensar en el
trabajo cuando salga de aquí . . . ¡Cómo no voy a pensar así, si gracias al trabajo
ahora peso 140 libras!”101 El joven terminaba sus declaraciones haciendo una
oda a los oficiales de las UMAP: “Quien no comprende la función de un Jefe
militar, puede, incluso, llegar a odiarlo. Pero el que como yo aprendió a entenderlo, lo admira tanto que quiere llegar a ser como él [. . .] Ese amor a las FAR,
lo debo al haberme puesto a observar a mis Jefes. Todos han sido muy buenos
y sencillos, y a la vez, duros, exigentes”.102
Con el subtítulo “De ‘batiblanco’ a patriota”, fue presentado Florencio
Marín, un joven religioso perteneciente a los Testigos de Jehová que “milagrosamente” había decidido reconvertirse en militante comunista. Los testigos
de Jehová tienen preceptos y creencias que les impide insertarse dentro de la
disciplina militar y rechazan el uso de las armas. Estos religiosos no adoran
imágenes, no rinden tributo a la bandera ni entonan el himno nacional. Por
estas cuestiones, los Testigos de Jehová fueron de los sujetos más violentados
y mortificados dentro de las UMAP, porque constituían un elemento disonante
dentro del aparato disciplinario revolucionario.
Sin embargo, Florencio Marín señaló en el reportaje que he venido describiendo, que a su llegada a las UMAP decidió cambiar de vida. “Comuniqué a
mis Jefes mi decisión. Alegres, me entregaron el uniforme y comencé a marchar como los demás. A hacer todo como ellos. Empecé a tomar conciencia de
que las armas sí eran necesarias y que en un momento determinado, también
servían para luchar por la paz”.103
Esta versión difundida por la prensa oficial, contrasta enormemente
con los testimonios que han sido recogidos en algunos libros y con aquellos que he logrado recuperar en mis entrevistas. Parece haber un consenso
en cuanto a la violencia a que estos religiosos fueron sometidos. Juan Pita
Vento, otro de los ex confinados de las UMAP, describe el modo en que eran
tratados:
Los testigos de Jehová fueron los que peor lo pasaron. Les daban culatazos con las armas para obligarlos a saludar la bandera y a cantar el himno y ellos podían marchar pero
no saludaban la bandera. Eso era increíble, ellos era valientes, se fajaban con nosotros
pero no se le reviraban al guardia, porque decían que Cristo cuando estaba en la cruz no
lo hizo. Había gente de todo tipo, delincuentes, músicos, artistas, religiosos y todo eso
se hizo diciendo que era un llamado al SMO, yo no quiero ni hablar de eso, sólo estoy
hablando contigo porque eso alguien tiene que escribirlo y ya estoy viejo y las cosas se
me van olvidando.104
Esta secta religiosa, junto a los del Bando de Gedeón y los pentecostales
habían sido descritos por el discurso revolucionario como instrumentos del
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FIGURE 14.7. Portada de ¡Sin tregua! Boletín informativo de la sección política de las UMAP,
No. 6, 1967.
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imperialismo y enemigos políticos. Ya en 1963 Fidel Castro descargaba toda
su ira sobre ellos. En esa ocasión, el máximo líder señalaba que no se podía
tolerar a “nadie que predique esa irreverencia contra la patria, esa irreverencia
contra la bandera” 105 y esa falta de patriotismo. Esta sentencia, recibió gran
acogida por la multitud que exclamaba eufóricamente “¡paredón, paredón!”.
Aunque la vanguardia revolucionaria cubana se erigió proclamando una
doctrina ateísta y anti religiosa, manejó una serie de dogmas ideológicos para
lograr el poder absoluto e instaurar su propia religión política. “El partido es
inmortal”, afirmaba una vieja consigna; de este modo se sincretizaba el materialismo científico con el mesianismo de Fidel Castro. La figura del máximo
líder se articuló en la repartición “equitativa” de los panes y los peces, y se
construyó sobre la base de la promesa y el milagro. La reconversión de religiosos y homosexuales en “hombres nuevos”, dentro de las UMAP se manejó
como uno de esos milagros.
Las historias sobre las unidades empezaron a filtrarse dentro y fuera de
Cuba poco tiempo después de su emplazamiento y la prensa cubana empezó a
establecer un control de daños. El 14 de abril de 1966, el periodista Luis Báez
reconocía a través de las páginas del periódico Granma, el órgano oficial del
Partido Comunista, que cuando comenzaron a llegar los primeros grupos a las
UMAP “que no eran nada buenos, algunos oficiales no tuvieron la paciencia
necesaria ni la experiencia requerida y perdieron los estribos. Por esos motivos
fueron sometidos a Consejos de Guerra, en algunos casos se les degradó y en
otros se les expulsó de las fuerzas armadas”.106
Ese mismo día, El Mundo publicaba un artículo en el que mostraba una
imagen idílica de las unidades, pero en uno de los párrafos, casi de pasada, se
hacía una pequeña referencia a los “errores” cometidos por algunos oficiales.
Así lo describe el periodista: “Al principio la situación era tan tirante, que
algunos oficiales cometieron el error de perder los estribos. Por ejemplo, se
registraron varios casos de tenientes que exasperados por lo negativo de la conducta de ciertos muchachos, los abofetearon. Estos oficiales fueron sometidos
a Consejo de Guerra y, en muchos casos sancionados con la separación de las
Fuerzas Armadas inclusive”.107
Resulta curioso el cambio de perspectiva en el discurso oficial respecto
de los oficiales a cargo de las UMAP. Tan sólo un mes antes de ese artículo,
Luis Pavón había asegurado que “los cuadros de mando de las UMAP” eran
“prestigiosos compañeros de las FAR”.108 Así mismo, señalaba que los jefes de
nivel intermedio eran “todos viejos miembros del Ejército Rebelde, esforzados
combatientes casi todos de origen campesino” y que conocían “las dificultades
y características del trabajo agrícola”.109
El 29 de agosto de 1966, el propio Fidel Castro hizo una referencia indirecta a las UMAP y pareció distanciarse de los métodos empleados por los
oficiales, como el uso de cercas de púas propias del campo de concentración y
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del trabajo como un instrumento económico. En esa ocasión Castro expresó:
“¿Acaso van a convertir el país en un campo de concentración? ¿Y cuando van
a hacer un plan de cualquier cosa, presos para allí con una cerca de alambre de
púas? No, que la Revolución no significa el trabajo esclavista [aplausos]. Los
presos trabajan para su rehabilitación y para que, incluso, mejoren sus condiciones de vida, no tengan que vivir metidos en una reja, para que las cárceles
no sean almacenes de hombres, para que el trabajo sirva como instrumento
educador”.110
Lo discursos violentos y excluyentes que los líderes de la revolución habían estado activando previamente al emplazamiento de las UMAP tuvieron
calado en los oficiales, e incidieron en el tratamiento deshumanizado que recibieron miles de reclutas. Esta experiencia estaba teniendo costos políticos para
el proyecto revolucionario que ni el mismo Fidel Castro pudo prever. Como
parte de la estrategia de cambiar la imagen de las UMAP, muchos oficiales
fueron reemplazados, incluso, el Comandante Ernesto Casillas, quien había
estado al mando desde el inicio, fue sustituido por Quintín Pino Machado. De
ahí en adelante los confinados empezaron a ser tratados de un modo menos
violento.
Sin embargo, las cercas de púas se mantuvieron hasta el desmantelamiento
de las unidades en octubre de 1968. De acuerdo con el cantautor Pablo Milanés,
quien fue enviado a las UMAP en 1966, los campamentos estaban rodeados
por una cerca compuesta por catorce pelos de alambres de púas, distribuidos
de manera tal que se elevaban a unos seis metros de altura. A esa alambrada
y al encierro está dedicada una breve canción pero muy conmovedora titulada
“14 pelos y un día”.
En comunicación electrónica, Pablo explicó que la canción no fue grabada
en aquellos años sino más tarde en los estudios del ICAIC en los años setenta,
pero no recuerda con exactitud el año. Posteriormente la canción aparece como
bonus track en el disco de Pablo “Canta a Nicolás Guillén” (1974) pero en una
edición de los años ochenta y no de ese año 1974:111
14 pelos y un día me separan de mi amada,
14 pelos y un día me separan de mi madre,
y ahora sé a quién voy a querer
cuando los pelos y el día
los logre dejar.
No obstante, las FAR y sus órganos de prensa seguirán tratando de subvertir la imagen negativa de las unidades. A finales de octubre de 1966, la revista Verde Olivo, publicó una nota sobre un acto de premiación en las UMAP.
El texto, acompañado de fotografías, aseguraba que los “compañeros” destacados en el corte de caña, fueron premiados con motocicletas, refrigeradores,
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radios y relojes.112 En la ceremonia, José Q. Sandino, jefe del Estado Mayor de
las UMAP, hizo un pequeño discurso, en el que señalaba que ese acto de premiación, “desbarataba una vez más la sarta de mentiras echadas a rodar por los
enemigos de la revolución” que trataban de presentarla como una “institución
de sometimiento”.113
Epílogo
Las Unidades Militares de Ayuda a la Producción no pueden verse como un
elemento aislado dentro del aparato estatal, sino como parte de complejos procesos de control social y político que se desarrollaron en Cuba durante los
años sesenta. La historia de esta institución se inscribió en una serie de luchas
ideológicas por la representación de la Revolución —tanto dentro como fuera
de la isla—, por lo que cualquier proyecto de reconstrucción debe enfrentar
varios retos.
Más allá de la imposibilidad de accesos a los archivos oficiales, los historiadores deben analizar rigurosamente las nociones de verdad ofrecidas por
los distintos actores involucrados en este asunto para distinguir lo factual de
la propaganda. Esto no resulta nada fácil si tomamos en cuenta que las UMAP
se politizaron muy rápidamente y que la institución fue utilizada tanto por el
gobierno cubano como por el exilio. Como se sabe, el discurso revolucionario
hegemónico ha negado constantemente el carácter de estos campos de trabajo
forzado y ha tratado de borrar del imaginario colectivo todo lo relacionado con
este tema. Algunas leyendas urbanas aseguran, incluso, que los archivos relativos a esta institución fueron destruidos.
En cambio, para muchos cubanos exiliados, las UMAP han servido para el
reclamo de identidades políticas. Como parte de ese proceso surge en Miami a
mediados de los años noventa, la “Asociación de Ex Confinados de la UMAP”,
una organización encaminada a “divulgar todo lo que aconteció en los campos
de concentración de la UMAP”.114 Entre los logros que se adjudica esta asociación, está el haber logrado “que el Departamento de Estado reconociera a los
ex confinados de la UMAP como presos políticos”.115
En contraste con esta postura, la izquierda internacional ha preferido ver
esta institución como un error propio de los movimientos revolucionarios. En
este ejercicio ideológico ha influido el modo en que la figura de Fidel Castro se
convirtió en una de las representaciones más poderosas de la revolución. Por
lo tanto, una vez que comenzaron las críticas y las campañas internacionales
pidiendo el desmantelamiento de las unidades, se hizo indispensable una narrativa que deslindara al máximo líder de estos procesos, para poder justificar las
UMAP como una excepción que no debía identificarse con la revolución.
Uno de los que contribuyó a este relato es Ernesto Cardenal. En su libro
En Cuba publicado por primera vez en 1972, el poeta y teólogo nicaragüense
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dijo haber sido visitado por dos jóvenes interesados en complementar su visión
oficial de la isla. Uno de ellos se había desempeñado como “carcelero” en las
UMAP, y le aseguró que fue Fidel Castro quien suprimió esos “campos de
concentración”116 aplicando a veces la Ley del Talión. De este modo lo describe el muchacho:
Yo vi los malos tratos pero nosotros sólo hacíamos guardia. A Fidel le contaron
lo que allí había. Una noche asaltó una posta de guardia y la capturó y se metió dentro,
como que fuera preso, para ver qué trato les daban. Se acostó en una hamaca. Los presos
dormían en hamacas. Los despertaban golpeándolos con sables; o si no, les cortaban
las sogas de las hamacas. Cuando el que los despertaba levantó el sable, se encontró
con la cara de Fidel; casi se muere. Después en otro lugar vio a uno que hacía caminar
descalzo a un preso sobre pedazos de vidrio. Ordenó que al hombre le hicieran el mismo
castigo que le estaba haciendo al otro. En otro lugar se presentó cuando desayunaban. Y
así fue viendo cosas. Después hizo castigos. Se dice que hasta hubo un fusilado. Esa es
otra de las hazañas de Fidel. Fidel es el hombre de los asaltos. Es una figura de leyenda
que ha cautivado la imaginación de la gente.117
Esta pintoresca viñeta de Ernesto Cardenal sobre el “asalto” de Fidel Castro a las UMAP, es en realidad la única fuente en la que se hace este tipo de
descripciones. En otra parte del texto, Cardenal reproduce de una de sus libretas de apuntes otro testimonio, esta vez el un “joven revolucionario marxista”
que habla de una investigación secreta en las UMAP. “A cien muchachos de la
Juventud Comunista, aseguró, se les quitó el carnet y toda otra identificación
y fueron entregados como presos al UMAP. A ver cómo los trataban. Fue una
operación secretísima. Ni sus familiares supieron de ese plan de la JC. Ellos
después contaron lo que les hicieron. Eso hizo que el UMAP acabara”.118
Félix Sautié Mederos, uno de los cuadros de la Juventud Comunista más
cercanos al poder durante los sesenta, rebeló algunos detalles sobre esta operación en una conversación que sostuvimos en su casa en La Habana en 2012.
Sautié Mederos había sido enviado a las Unión Soviética en delegaciones diplomáticas cubanas para estudiar los programas de rehabilitación, y había visitado algunos campos de trabajo como el de Novosibirsk, en Siberia. Además,
había estado a cargo de publicaciones como Mella, El Caimán Barbudo y en
el periódico Juventud Rebelde. Al parecer, su labor dentro de esta publicación
no fue mirada con buenos ojos y fue enviado a mediados de 1968 a la granja
de rehabilitación “Juventud Heroica” en Ciego de Ávila a recoger bejucos de
boniato. Durante un año, Félix Sautié supo de los rigores del trabajo agrícola,
los programas que había ayudado a diseñar y a desarrollar, se habían vuelto
también en su contra.
Asegura Sautié que en 1967, el Estado Mayor de las FAR comandado por
Raúl Castro, le ordenó al Buró de la Juventud Comunista que preparara unos
hombres para infiltrarlos en las UMAP. La operación consistía en recoger in-
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formación dentro de las unidades para elaborar un informe que sería evaluado
por la dirección del país. De esta manera lo describe:
A nosotros nos dieron la tarea especial y escogimos un grupo de jóvenes con características especiales y los preparamos en una de las casas que está en “El Laguito,
que cuando aquello era de la Marina de Guerra. Le hicimos una preparación y una caracterización y esos cincuenta tipos se buscaron líos y cayeron presos en distintos campamentos de la UMAP. Esa gente en un momento determinado se mandó a sacar, nos
reunimos en esa misma casa y corroboramos la mayor parte de las cosas que se saben.
La tarea de nosotros fue prepararlos y recoger el impacto. A los tipos los seleccionaron
los aparatos, los seleccionaron, los pusieron allí y después los aparatos se encargaron
de darles palos, complicarlos, castigarlos, sancionarlos y meterlos. Esa parte sí yo no sé
cómo se hizo; el que sí sabía eso era [Carlos] Aldana, porque el responsable militar de
la UJC en aquella época era el secretario de la UJC, que eso era el vínculo directo con
el Estado Mayor General.119
Una vez que el informe es enviado a Raúl Castro, señala Sautié, a Felipe
Guerra Matos se le dio la tarea de desmantelar las unidades. Hasta ese momento, Guerra Matos era el jefe de la Sección de Movilización y Organización
del Ministerio de las Fuerzas Armadas y había trabajado conjuntamente con
la máxima autoridad en las UMAP, Quintín Pino Machado. En junio de 1968
la revista Verde Olivo, órgano oficial de las FAR, publicaba una carta abierta
“destinada” a los jóvenes que iban a ser desmovilizados del SMO. La carta
estaba firmada por el Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y expresaba: “Conocemos que en algunas ocasiones no se han usado los métodos
más correctos y se han presentado dificultades en el transcurso del SMO. La
necesidad de defender al país nos ha obligado a crear un gran ejército donde
no todos los cuadros de mando han podido superarse con igual rapidez. Nos
interesa saber cuáles han sido los problemas que se han presentado, por lo que
te interesamos contestes el cuestionario que acompaña esta carta, con el mayor
interés y sinceridad”.120
Esta sería la última vez que una publicación oficial reconocía que no se habían utilizado los métodos más correctos” por parte de los oficiales. Las UMAP
quedaron oficialmente disueltas a través de la Ley 058–68. Aunque estas unidades habían desaparecido como institución, otros dispositivos e instituciones más
sofisticadas las sustituyeron, manteniéndose intacto, el espíritu y las motivaciones ingenieriles que las crearon. La década del setenta aún estaba por venir.
N O TA S
1. Para Benjamín de la Torre. A todos los que alguna vez estuvieron en las UMAP. Una
versión de este texto fue presentada en la conferencia “New Histories of the Cuban Revolution”
efectuada en la Universidad de Yale el 3 y 4 de octubre de 2014. Agradezco a los profesores Lill-
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ian Guerra y Alejandro de la Fuente por la lectura que hicieron de este trabajo. Sus comentarios
me ayudaron a refinar aún más los argumentos y a incorporar otras fuentes. Un agradecimiento
especial merecen los amigos y colegas Walfrido Dorta y Mirta Suquet. Asimismo agradezco a mi
esposa, Nora Gámez Torres, por su ayuda con la edición y organización del texto.
Eric Hobsbawm, “Revolution and Sex”, en Revolutionaries: Contemporary Essays (Londres: Phoenix, 1994), 216.
2. Reflexiones de Susan Sontag, en Conducta impropia, ed. Néstor Almendros y Orlando
Jiménez Leal (Madrid: Editorial Playor, 1984), 91.
3. Hobsbawm, 218.
4. Gentile Emlio, Politics as Religion (Princeton, NJ: Princeton University Press, 2006), 46.
5. Ibíd.
6. Ibíd., 48.
7. Michel Foucault, Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión (México, DF: Siglo XXI
Editores, 1991), 145–147.
8. Michel Foucault, La verdad y las formas jurídicas (Barcelona: Editorial Gedisa,
1996), 134.
9. Michel Foucault, Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión (México, DF: Siglo XXI
Editores, 1991), 32–33.
10. Graham Greene, “Shadow and Sunlight in Cuba”, Weekend Telegraph (Londres), 9 de
diciembre de 1966, 10. La traducción es mía.
11. Ibíd..
12. Susan Sontag, “Some Thoughts on the Right Way (for Us) to Love the Cuban Revolution”, Ramparts 7, no. 11 (abril de 1969): 14.
13. Ibíd. Dos años más tarde, en 1971, Sontag firmaría una declaración de protesta junto a
otros escritores por la actitud asumida por gobierno revolucionario contra el escritor Heberto Padilla. A partir de ese momento, la autora sería demonizada como una intelectual “anticomunista”.
14. Testimonio de José Mario Rodríguez. Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, eds.,
Conducta impropia (Madrid: Editorial Playor, 1984), 142.
15. Carman Cumming. “Uniform Change in Cuban Jails: Victory for Castro”, Medicine Hat
News (Alberta), 14 de noviembre de 1967, 8.
16. Ibíd.
17. Laura Gotkowitz y Richard Turits, “Fiction or Documentary? Screenwriter Ambrosio
Fornet on UMAP and Improper Conduct”, Gay Community News 12, no 11 (1984), 9.
18. Ibíd.
19. Ibíd.
20. Kirsten Weld, Paper Cadavers: The Archives of Dictatorship in Guatemala (Durham,
NC: Duke University Press, 2014), 29.
21. Abel Sierra, “Del hombre nuevo al travestismo de Estado”, Diario de Cuba (Madrid),
enero de 2014, http:/ /www.diariodecuba.com/cuba/1390513833_6826.html.
22. Carmen Lira, “Soy el responsable de la persecución a homosexuales que hubo en Cuba:
Fidel Castro”, La Jornada, 31 de agosto de 2010, http://www.jornada.unam.mx/2010/08/31/index
.php?section=mundo&article=026e1mun.
23. Mary Louise Pratt, “Lucha-libros: Me llamo Rigoberta Menchú y sus críticos en el contexto norteamericano”, Revista Nueva Sociedad (Buenos Aires) (1999): 193–194.
24. Ibíd., 194.
25. Weld, Paper Cadavers, 28.
26. Julie Skurski y Fernando Coronil, “Country and City in a Colonial Landscape: Double
Discourse and the Geopolitics of Truth in Latin America”, in Views beyond the Border Country: Raymond Williams and Cultural Politics, ed. Leslie G. Roman (New York: Routledge, 1993),
231–259.
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346 : Abel Sierra Madero
27. Abel Sierra Madero, Del otro lado del espejo: La sexualidad en la construcción de la
nación cubana (La Habana: Fondo Editorial Casa de las Américas, 2006).
28. Frances Negrón-Muntaner, “Mariconerías de Estado: Mariela Castro, los homosexuales y
la política cubana”, Nueva Sociedad, no. 218 (noviembre-diciembre de 2008): 169.
29. Sobre la noción de heteronormatividad, puede verse Michael Warner y Laurent Berlant,
“Sex in Public”, Critical Inquiry 24, no 2, (1998): 547–566.
30. Para esta discusión sobre la ciudadanía puede consultarse Margot Canaday, The Straight
State: Sexuality and Citizenship in Twentieth-Century America (Princeton, NJ: Princeton University Press, 2009), 8.
31. Fidel Castro, “Del discurso del Comandante en Jefe ante los núcleos del PURS”, Verde
olivo 4, no. 12 (1963): 28.
32. Lee Lockwood, Castro’s Cuba: Cuba’s Fidel (New York: Macmillan, 1967), 124.
33. Al parecer las UMAP fueron instituciones diseñadas exclusivamente para hombres. Sin
embargo, Vicente Baez, quien estuvo a cargo de la propaganda del Movimiento 26 de Julio a fines
de los años cincuenta, le aseguró a la historiadora Lillian Guerra que al menos una de las Unidades
de Ayuda a la Producción en Camagüey fue destinada para mujeres. De acuerdo con Baez, una
amiga fue enviada a esta unidad, aunque su identidad no fue revelada. Esta constituye hasta el momento la única referencia acerca de mujeres en las UMAP y coincide con una nota de la National
Environment Agency publicada el miércoles 10 de mayo de 1967 por el periódico Morning Herald
de Hagerstown, Maryland. En la nota “Castro’s Tough, but Can He Handle His Women?” (¿El
duro de Castro no puede manejar a sus mujeres?), el periodista Ray Cromley dice que uno de sus
contactos en Cuba le aseguró que se estaban instalando campos de concentración para mujeres y
que uno ya había sido completado en Camagüey. Se hablaba incluso de “Unidades Femeninas de
Ayuda a la Producción”. Esta nota fue difundida por varios periódicos norteamericanos; pero hasta
la fecha no he podido encontrar más información ni en Cuba ni en Estados Unidos.
34. Gerardo Rodríguez, “UMAP: Forja de ciudadanos útiles a la sociedad”, El Mundo (La
Habana), 14 de abril de 1966, 4.
35. Raúl Castro Ruz, “Discurso pronunciado en la base aérea de San Antonio de los Baños
el 17 de abril de 1965”, en “La formación del hombre nuevo. Extractos de discursos”, Granma, 9
de julio de 1966, 2.
36. Luis Pavón Tamayo, “¿Qué es la UMAP? El Servicio Militar en las Unidades de Ayuda a
la Producción”, Verde olivo 7, no 12, 27 de marzo de 1966, 8.
37. Ibíd.
38. Ibíd.
39. Fidel Castro, “Discurso en la celebración del IV aniversario de la integración del movimiento juvenil cubano, en la Ciudad Escolar ‘Abel Santamaría’,” Santa Clara, 21 de septiembre de
1964, http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1964/esp/f211064e.html.
40. Ibíd.
41. Carlos Rafael Rodríguez, “Problemas del arte en la Revolución” Conferencia y conversatorio con estudiantes de la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 1964, en Letra con filo (La Habana:
Ediciones Unión, 1987), 3:523.
42. Julio Reymondez, “Higiene mental”, Revista del Hospital Psiquiátrico 1 (1959): 4. Este
texto aunque se publicó en 1959, forma parte de una conferencia que dictó el doctor Reymondez
en el curso de higiene mental ofrecido en 1957 en el Club de Mujeres Profesionales y de Negocios
de La Habana.
43. Samuel Feijóo, “Revolución y vicios”, 4.
44. Ibíd.
45. Ibíd.
46. Ibíd.
47. Fidel Castro Ruz (1963), “Discurso en la clausura del acto conmemorativo del VI aniver-
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“El trabajo os hará hombres”
: 347
sario del asalto al Palacio Presidencial, en la escalinata de la Universidad de La Habana”, http://
www.cuba.cu/gobierno/discursos/1963/esp/f130363e.html.
48. Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista: Hacia una
radicalización de la democracia (Madrid: Siglo XXI, 1987), 152.
49. “Condenaron a admiradores de Elvis”, El Mundo (La Habana), 3 de noviembre de
1959, A-2.
50. Para ver cómo la imagen y la música de este grupo de rock and roll británico formaron
parte de las tensiones dentro de la política cultural de Cuba en los sesenta pueden verse los libros
de Ernesto Juan Castellanos Los Beatles en Cuba: Un viaje mágico y misterioso (La Habana:
Ediciones Unión, 1997) y John Lennon en La Habana: With a Little Help from My Friends (La
Habana: Ediciones Unión, 2005).
51. Miguel Angel Collazo, “Pantalones pitusa”, Palante 4, no 3 (1964): 15.
52. Carlos Rafael Rodríguez, “Problemas del arte en la Revolución”, en Letra con filo (La
Habana: Ediciones Unión, 1987), 3:548.
53. Ibíd.
54. El rango de edad comprendido entre los diecisiete y los cuarenta y cinco años de edad,
superaba a países militaristas como Estados Unidos e Israel. Hasta el año 2006, en Estados Unidos
la edad máxima para ser llamado al servicio militar en era de treinta y cinco años. En 2006 el
Congreso aprobó una ley que aumentaba la edad a cuarenta y dos años. En Israel, el rango de edad
militar es hasta los cuarenta y dos años.
55. “Ley 1129 del 26 de noviembre de 1963 del Servicio Militar Obligatorio (SMO)”, en
Leyes del gobierno revolucionario de Cuba: Folletos de divulgación legislativa, no 50 (1963): 9.
56. “Ley 1129 del 26 de noviembre de 1963 del Servicio Militar Obligatorio (SMO)”, en
Leyes del gobierno revolucionario de Cuba: Folletos de divulgación legislativa, no 50 (1963): 13.
57. UJC-UES, “La gran batalla del estudiantado”, Mella (La Habana), no 326 (31 de mayo
de 1965): 3.
58. Ibíd.
59. Ibíd.
60. Ibíd., 3.
61. “Nuestra opinión”, Alma Mater, no. 49 (5 de junio de 1965): FEU, 2. Este texto es un
editorial y no aparece firmado por una persona en particular; pero en ese momento el director de
esa publicación era Félix Sautié Mederos y Miguel Martín era el Secretario Nacional de la UJC.
Es muy probable que el texto haya siso escrito por ambos.
62. Félix Sautié y Ramón E. Perdomo, “La depuración en la Universidad de La Habana”,
Mella (La Habana), no. 318 (5 de abril de 1965): 2.
63. Ibíd.
64. Ibíd.
65. Entrevista del autor a Carolina de la Torre el 3 de marzo de 2012 en La Habana.
66. Ibíd.
67. Entrevista telefónica del autor con Héctor Santiago el 22 de enero de 2014.
68. Entrevista a Carolina de la Torre.
69. Entrevista a Héctor Santiago.
70. Entrevista del autor a Reynaldo García Reina, el 22 de febrero de 2012 en La Habana.
71. Entrevista del autor a Alfredo Guevara el 29 de febrero de 2012. Este fragmento que
no había sido publicado hasta ahora, forma parte de una entrevista más larga. Una versión de ese
material fue publicada en mayo de 2014. Para más información puede verse Abel Sierra Madero
y Nora Gámez Torres, “No creo que mi pueblo valga la pena: Confesiones de Alfredo Guevara”,
Letras Libres (México, DF), mayo de 2014, 66–71, http://www.letraslibres.com/revista/entrevista/
entrevista-con-alfredo-guevara?page=full.
72. Ibíd., ver audio adjunto a la entrevista.
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348 : Abel Sierra Madero
73. Foucault, Vigilar y castigar, 33.
74. Carmelo Mesa-Lago, “Economic Significance of Unpaid Labor in Socialist Cuba”, Industrial and Labor Relations Review 22, no. 3 (abril 1969), 350.
75. Mao Tse-Tung, Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo
(La Habana: Editorial Nacional, 1961), 15.
76. “Resolución No. 934 sobre la rehabilitación social y la reeducación de delincuentes”,
en Leyes del Gobierno Revolucionario de Cuba 42 (La Habana: Editorial Nacional de Cuba,
1963), 172.
77. Ibíd.
78. Testimonio de José Mario, en Almendros y Jiménez Leal, Conducta impropia, 37.
79. “La ‘bomba atómica azucarera’: 10 millones de toneladas de azúcar para 1970”, ANAP
4, no. 1–2 (enero-febrero), contraportada, tomado de Lillian Guerra, Vision of Power: Revolution, Redemption, and Resistance, 1959–1971 (Chapel Hill: University of North Carolina Press,
2012), 190.
80. V. Chernavin, “Life in Concentration Camps in USSR”, en Slavonic and East European
Review 12, no. 35 (1934): 393.
81. Ibíd., 407.
82. Luis Tamayo Pavón, “¿Qué es la UMAP?”, 9.
83. Jesús Dueñas Becerra, “El homosexualismo y sus implicaciones científicas y sociales”,
Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana 11, no 1 (1970): 60.
84. Edmundo Gutiérrez Agramonte, “La homosexualidad: Contribución al estudio de su etiología”, Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana 9, no 1 (1968): 73.
85. Entrevista del autor a la doctora María Elena Solé Arrondo, 20 de marzo de 2012 en
Guanabacoa, La Habana, Cuba. María Elena Solé murió en noviembre de 2013.
86. Ibíd.
87. Ibíd.
88. Para una descripción más amplia del campo de la psiquiatría y la psicología en la etapa
revolucionaria puede verse Pedro Marquéz de Armas, Ciencia y poder en Cuba: Racismo homofobia, nación (1790–1970) (Madrid: Editorial Verbum, 2014).
89. Francisco Villa Landa, Psicopatología clínica: Introducción semiológica a la psiquiatría
(Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana) 8, número extraordinario (1968): 117.
90. Fidel Castro, “Discurso ofrecido en el centro vocacional para maestros Sierra Maestra,
en Minas del Frío”, el 17 de junio de 1962, http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1962/esp/
f170662e.html.
91. Entrevista del autor a Felipe Guerra Matos en La Habana el 5 de junio de 2014.
92. Testimonio de Jaime Bellechase, en Almendros y Jiménez Leal, Conducta impropia, 147.
93. Héctor Santiago, “José Mario: ‘El Puente’ de una generación perdida”, manuscrito,
Nueva York, 27 de octubre de 2002, 22. En Héctor Santiago Papers, Cuban Heritage Collection,
Universidad de Miami, 5176, caja 3–4.
94. Edmundo Gutiérrez Agramonte, Las personalidades psicopáticas (La Habana: Editorial
Neptuno, 1962), 71.
95. Ibíd., 72.
96. Ibíd.
97. Ibíd.
98. José Armas, “Premios en las UMAP”, Verde Olivo 7, no 43 (1966): 14–16.
99. Alfredo Echarri, “Donde trabajar se hace un hábito: La UMAP”, Juventud Rebelde, 16
de julio de 1966, 8.
100. Ibíd.
101. Ibíd.
102. Ibíd.
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“El trabajo os hará hombres”
: 349
103. Ibíd.
104. Entrevista realizada por el autor a Juan Pita Vento, 11 de marzo de 2012, La Habana.
105. Fidel Castro, “Discurso en la clausura del acto de conmemoración del VI aniversario
del Asalto al Palacio Presidencial”, La Habana, 13 de marzo de 1963, Departamento de Versiones
Taquigráficas del Gobierno Revolucionario, http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1963/esp/
f130363e.html.
106. Luis Báez, “Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP)”, Granma, 14 de
abril de 1966, 6.
107. Gerardo Rodríguez, “UMAP: Forja de ciudadanos útiles a la sociedad”, El Mundo (La
Habana), 14 de abril de 1966, 4.
108. Tamayo, “¿Qué es la UMAP?”, 8.
109. Ibíd.
110. Fidel Castro, “Discurso pronunciado en la clausura del XII Congreso de la CTC-R el
29 de agosto de 1966”, en Versiones Taquigráficas del Consejo de Estado, http://www.cuba.cu/
gobierno/discursos/1966/esp/f290866e.html.
111. Comunicación electrónica con el cantautor Pablo Milanés.
112. José Armas, “Premios en las UMAP”, en Verde Olivo 7, no. 43 (1966): sup. 14. Entrevista a Felipe Guerra Matos.
113. Ibíd., sup. 15.
114. “Asociación de ExConfinados de la UMAP”, http://umapcuba1965.wordpress.com/
asociacion-2/.
115. Ibíd.
116. Ernesto Cardenal, En Cuba (Buenos Aires: Editorial Pomaire, 1977), 30.
117. Ibíd.
118. Ibíd., 278.
119. Entrevista del autor a Félix Sautié Mederos, el 27 de junio de 2012 en La Habana.
120. Raúl Castro Ruz, “Carta a los jóvenes que se desmovilizan”, Verde Olivo 9, no 26
(1968): 3.
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