El coste de la hegemonía española. La política fiscal. Lo gastos

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El coste de la hegemonía española.
A) La política fiscal. Lo gastos bélicos españoles superaban a los de Inglaterra o Francia en
una relación de 1 a 10 a lo largo de casi todo el siglo XVI. En 1556 Castilla paga 2
millones de ducados y en 1598 superaba los 10. Los RR.CC. consiguieron aumentar los
ingresos casi un 4% anual entre 1481 y 1510.
La política imperial de Carlos V no supuso un serio compromiso para la hacienda
castellana, toda vez que fueron los Países Bajos los que corrieron con la mayor parte
de los gastos de la política imperial, especialmente hasta 1530.
Carlos además había creado en Castilla el Consejo de Hacienda según el modelo de
los Países Bajos, lo que ayudó a triplicar los ingresos, sin que ello provocase
descontento en la población y ello ocurrió a causa del incremento demográfico. Lo
que aumentaron drásticamente fueron los impuestos extraordinarios, en concreto
los servicios aprobados en Cortes. Ello acabaría provocando la bancarrota de 1557.
Para el emperador sus necesidades financieras marcaban sus relaciones con sus
distintos dominios. Hasta 1530 el peso recayó sobre las ciudades flamencas (gremios y
patriciado) que en el periodo 1525-1530 habían hecho donativos por más de 8
millones de ducados. En Nápoles obtendría 1.750.000 ducados entre 1525 y 1529.
Carlos V haría la guerra a crédito. Un crédito que se articularía a través de asientos y
factorías. En el caso de los asientos, los banqueros y hombres de negocios que
prestaban su dinero a la Corona asumían por su cuenta y riesgo los gastos de colocar
donde conviniese – siempre en plazas europeas - el dinero adelantado, que luego
cobrarían en Castilla. En el caso de las factorías, los factores realizan cobros y pagos
por cuenta de la monarquía. La deuda española tuvo un incremento medio del 15,9%
anual, muy superior al crecimiento demográfico, productivo y de precios.
Las monarquías europeas utilizaban el crédito para financiar sus gastos militares. La
deuda pública se convierte en el primer instrumento de la acción política de las
monarquías nacionales durante la edad moderna y se convierte en agente de
transformación política de las instituciones parlamentarias y del sistema financiero.
Mientras España y Francia tenían unas cortes inoperantes, Inglaterra sí que supo
frenar los gastos bélicos de sus monarcas. En España Felipe II absorbió el 10% de la
renta nacional castellana para sus guerras, en Inglaterra no se alcanzó el 3%.
Carlos V dejó al morir una deuda exterior de 20 M. de ducados y un pasivo por los
juros de 50 M. de ducados.  Suspensión del pago de los asientos en 1557.
Felipe II comienza disponiendo que cada uno de los estados integrados en la
monarquía española debía sufragar sus gastos ordinarios, la monarquía sólo
atendería los gastos extraordinarios de guerra. Impone nuevos impuestos (sobre todo
el de las alcabalas) y se establecen barreras aduaneras con Portugal.
También se toman otras medidas como la venta de baldíos y comunales, las ventas de
vasallos y jurisdicciones, la requisa de impuestos eclesiásticos. También la nobleza
aporta entre 1589 a 1593 más de 300.000 ducados.
Felipe II enfrentará en esta situación financiera tan rigurosa conflictos como como la
guerra contra los turcos en el Mediterráneo, las guerras de Flandes contra las
provincias rebeldes holandesas, la guerra con Francia y la Gran Armada contra
Inglaterra.  1575 nueva declaración de quiebra (la deuda con los banqueros era de
37 millones y la práctica totalidad de las rentas estaban comprometidas).  Ruina
de Amberes y Génova, suspensión de las ferias de Medina del Campo y quiebra
financiera en Sevilla (los dos bancos de la ciudad tienen un pasivo de más de 2,5 M.
de ducados)  Quiebra de las plazas operativas de cambio y pago de la monarquía.
Pero Castilla todavía tenía que soportar los llamados servicios de millones, donativos
que se hacían al rey en situaciones de apuro, pero que luego se transformarían casi
en un impuesto regular. El pago debía afectar por igual a pecheros, nobles y
eclesiásticos, pero al final el rey dio a las ciudades la potestad de recaudar estas
cantidades mediante impuestos sobre el consumo, las sisas, lo que provocó que, en
realidad, los millones recayera sobre los sectores populares.
No obstante, estas medidas no restituyeron el crédito de la Corona y los prestamistas
no adelantan dinero con facilidad. En 1596 Felipe II decreta la suspensión de pagos
de los intereses.
Al morir Felipe II la deuda superaba los 100 M. de ducados. Además los juros se
habían depreciado tanto que los tenedores de deuda los vendían en cuanto podían.
De hecho, los títulos de la deuda se utilizan como medio de pago, convirtiéndose en
dinero. Esto genera una espiral inflacionista que, además, provocó que mucho dinero
pasara de la contratación y del comercio a las finanzas del Estado.
Las Cortes intervienen para evitar la ruina del reino. Las Cortes conceden un nuevo
préstamo de 10 M. de ducados con el fin de acabar con la deuda flotante y sanear la
interior de los juros. Corrió el dicho de “Si el Rey no muere, el reino muere”. Felipe II
dejó un agujero de 100 M. de ducados y el país en bancarrota.
B) ¿Cuál fue el peso de la deuda y su repercusión en la marcha general de la economía?.
En 1510 el importe de la deuda, en juros, situados sobre las rentas ordinarias estaba
situado en un 31% de esas rentas. Treinta años más tarde ese porcentaje se había
situado en el 48%. Para mediados del siglo XVI las remesas americanas llegaban al 23%
del total de recaudaciones castellanas, lo que hizo que la Corona pudiera recurrir al
crédito con mayor facilidad.
Los créditos tomados a los Fugger desde 1522 y hasta 1556 – en 1522 fueron 400.000
ducados – llegaron a alcanzar el 91,4% de las remesas americanas.
El mayor peso de la deuda recayó sobre los juros que en 1552 alcanzarían el 60% de las
rentas ordinarias, o ingresos fijos. En 1558 este porcentaje había alcanzado el 102%.
Entre 1552 y 1558 las rentas crecieron un 6% anual, mientras que los juros (deuda pública
interior) creció un 80%.
Pero tan importante como el importe neto de la deuda, fueron también los gastos
financieros que la acompañaban (intereses, giros y cambios). Podemos utilizar las ferias
de Medina del Campo dado que era una de las plazas más importantes de Europa en la
circulación y comercio de letras cambiarias. Las letras de cambio dejan de ser
paulatinamente un instrumento de cambio para pasar a ser uno de crédito. La
monarquía utilizaría las letras de cambio para efectuar sus pagos en Europa, lo que
reportaba pingües beneficios a los cambistas. No se pudo hacer una banca pública – que
es lo que se intentó con la Casa de Contratación – por la complejidad de las finanzas
internacionales.
Las bancarrotas de 1557, 1575 y 1596 no eran sino operaciones de renegociación de la
deuda flotante (asientos) para convertirla en juros y así rebajar los intereses del 10/15%
al 5/7% de los juros. Los asentistas podían pagar con este papel a especuladores,
rentistas, proveedores, etc. En 1598, cuando fallece Felipe II el 46% de los ingresos
anuales de Castilla estaba afectado por los juros.
El endeudamiento lleva a la gestión privada de los asuntos económicos que quedan en
manos de los asentistas, lo que pone en evidencia que la guerra era el primer “negocio”
de la época. Pero esto no llevó a la eficiencia en la gestión de los recursos. Un ejemplo de
esto fue la creación de la Armada Invencible. Bazán propuso un gasto de 3,8 M. de
ducados para ponerla en marcha. Felipe II consideró demasiado caro el proyecto de
Bazán dándoselo a varios asentistas. Finalmente el proyecto llegó a costar 10 M. de
ducados a los que hubo que añadir 8 M. más para hacer frente a los contraataques de los
ingleses.
El déficit – contando sólo los atrasos y la deuda flotante - se instala de manera
permanente en las finanzas españolas llegando a representar en 1560 el 124% de las
rentas anuales.
En Castilla no llegó a cristalizar una banca estrictamente castellana, como la había en
otros países, con capacidad operativa al servicio del imperio sustentada en las remesas
de oro y plata. ¿Por qué ocurrió de esta manera?. Desde mediados del siglo XVI las
remesas americanas se hicieron imprescindibles para el sostenimiento del imperio.
Monarquía e imperio colonial quedaban interrelacionados por las vicisitudes de la
hegemonía española en Europa y acabaron por condicionar la propia formación de un
estado moderno, integrado y nacional en España como sucediera en otras monarquías
dinásticas del siglo XVI.
Todavía en 1530 la cantidad de oro, salvo el oro de Cortés, apenas pesaba en relación
con las necesidades. Pero a partir de 1535 con el oro del Perú se inician algunas
campañas como la de Túnez o la de Marsella, incautándose en muchas ocasiones el oro
de los particulares.
El ejemplo de la Casa de Contratación de Sevilla en 1557 es muy revelador. Se había
dado orden de requisar a los particulares el oro de la flota, pero muchos fueron avisados
y de una “recaudación”
que se esperaba fuera de 7 millones, sólo se “recauadó”
medio millón.
En muchos sectores – sobre todo entre los cargadores y comerciantes con las Indias – se
pedía que cesasen las guerras y que los esfuerzos se centrasen en la defensa de España y
de la mar oceána, que era lo verdaderamente importante para el reino, tal y como los
procuradores de las Cortes de 1593 le expusieron al monarca.
El crédito al servicio de la monarquía fue la principal virtud de los capitales de las
remesas americanas ya que no fue, ni micho menos, la principal fuente de la Corona.
Pero fue un “dinero político” muy conveniente en un momento en que eran escasos el
oro y la plata en la economía europea. No obstante, aunque las aportaciones americanas
a la economía castellana crecieron a un ritmo doble que los ingresos ordinarios, el monto
de las remesas en el conjunto presupuestario nunca superó en el siglo XVI el 20% ni bajó
del 10%.
Pero muchas de las aventuras imperiales y de los conflictos bélicos fueron respaldados por
los recursos procedentes de las Indias:
-
Elección Imperial (fondos de Cortés).
Pavía, conquista de Túnez.
Mühlberg (plata del Potosí)
Créditos de Madrid y de Medina del Campo respaldados por el oro y la plata
americanos  Liga Santa (Lepanto).
Conquista de Portugal.
Cuando las remesas fallan, la solidez del imperio europeo y de la monarquía lo acusan y esto
lo detectan las Cortes de las monarquías en conflicto con España. Las remesas eran
percibidas en aquella época por Francia o por Inglaterra como el más preciado instrumento
de la política hegemónica española. La propia corona española tenía más interés fiscal,
hacendístico y crediticio en las remesas americanas que en promover con el oro y la plata
americanos un desarrollo económico nacional.
Eran unos ingresos que no había que negociar con las Cortes y con las ciudades, ni explicar
cuál era el destino del gasto; en realidad, eran rentas de libre disposición y de fácil
recaudación. La importancia de las remesas no viene tanto de su cantidad como de su
calidad. En realidad, fueron sobrevaloradas por todos: por la Corona, por los extranjeros, por
lo asentistas, etc, pero lo que sí parece claro es que si el aporte monetario de las Indias,
siendo España un país de limitados recursos poblacionales y económicos, jamás hubiera
podido mantenerse tanto tiempo como gran potencia enfrentada a las principales naciones
de Europa.
¿De cuánto estamos hablando?. Entre 1503 y 1600 llegaron a Sevilla, oficialmente, 153.561
kgs. de oro 7.439.138 de plata. El valor del oro y la plata circulante en Europa a finales del
siglo XV equivalía a 1.000 millones de dólares de 1920. Cien años más tarde esta cifra había
aumentado hasta los 5.000 millones. A finales del siglo XVI el oro procedente de América
suponía el 54,5% del total mundial
C) La metrópoli y las colonias quedaron atenazadas al servicio de la hegemonía europea
de la monarquía, ambas – metrópoli y colonias – acabaron por convertirse en rehenes del
imperio europeo sobrevenido. Los gastos consumían las rentas, ordinarias y extraordinarias,
que la economía española generaba.
Los gastos finalmente fueron soportados por todos los sectores de la sociedad. No sólo los
campesinos castellanos, sino que la nobleza y el clero también sucumbieron a la presión
fiscal (subsidios, décimas, lanzas, annatas, etc). Pero la monarquía también recurrió a los
estancos, a las alteraciones de moneda o a las incautaciones. Pero, sobre todo, debe tenerse
en cuenta que fue la burguesía urbana la que soportó el peso principal de los gastos
derivados de la hegemonía española.
La presión fiscal en Castilla durante el reinado de Carlos I creció un 50%, pero fue
amortiguada por el alza de los precios y por el crecimiento demográfico.
Pero a medida que avanzaba el siglo XVI se profundiza un desfase entre ingresos fiscales y
gastos que sólo el oro de las Indias ayudará a mantener. A medida que avanzaba la centuria, la
primitiva empresa comercial se fue convirtiendo en una actividad colonial de nuevo cuño, en la
que las poblaciones indígenas y los colonos pagarían impuestos a la Corona. Así las
explotaciones mineras, como regalía que eran de la Corona, pagaban impuestos a la Hacienda
Real. Una de las tareas primordiales de la Corona de Castilla fue la implantación de un
monopolio mercantilista con el único provecho fiscal en favor del Estado cuyos objetivos se
centraron en el cálculo, recaudación, administración y gasto de los ingresos fiscales y
extraordinarios obtenidos en las colonias.
Ingresos:
-
-
Quinto (un 20% neto del oro, plata, metales preciosos, perlas, piedras preciosas,… de
las Indias, una vez deducidos los gastos y costos para su obtención).
Almojarifazgo (impuestos sobre la actividad económica: exportación-importación de la
metrópoli con las colonias). Derechos aduaneros sobre el comercio colonial. En el
periodo 1500-1566 este impuesto ascendía al 7,5% del valor de las mercancías. Pero
tras la abdicación de Carlos I este impuesto subió hasta el 15%.
El tributo era un impuesto a los conquistadores por cada indio encomendado. Los
conquistadores derivaban estas cantidades hacia las comunidades indígenas.
Posteriormente, el entramado fiscal se hizo más complejo, hasta acabar siendo muy
parecido al castellano. Así, comenzó a aplicarse la alcabala (2% del valor de cada
compraventa). A partir de 1596 se aprobó la aplicación general de este impuesto, excepto
para el clero y los indios. Si bien en este caso, la alcabala sobre la coca sería del 5%, impuesto
altamente productivo ya que era muy consumido por indígenas criollos y por los colonos
blancos.
Los ingresos procedentes de estos impuestos americanos acabarían siendo controlados desde
el Consejo Hacienda, formando parte de un presupuesto único de la monarquía.
¿Qué supusieron los ingresos fiscales coloniales en las finanzas de la monarquía hispánica?.
En las primeras décadas, de escasa entidad absoluta y relativa. A mediados del siglo XVI
comenzaron a tener verdadera importancia en el conjunto de ingresos y ya hacia finales de
siglo, significaban alrededor del 20% del conjunto de los ingresos fiscales. En 1560 la renta
anual procedente de las Indias, alcanzaba casi los 450 millones de reales – 13,23 millones de
reales anuales – aumentando hasta final de siglo a un ritmo de un 20% anual acumulado, lo
cual justificaría la impresión de que las Indias eran para la política imperial de la monarquía
hispana unos recursos crecientes e inagotables.
Pero las remesas aportaron como daño colateral un aumento de la inflación, al aumentar la
cantidad de dinero circulante. Llegada de las remesas de oro y plata  Revolución de los
precios y política monetaria  Inflacionismo español.
Para algunos autores, la gran inflación española fue una de las causas de la decadencia
española, al tiempo que un poderoso factor de atraso económico.
La inflación creada por la creación continuada de dinero, sólo pudo haberse paliado por el
incremento correlativo de la producción, al no hacerlo, provocó un alza de precios interiores
y un ámbito favorable a las importaciones.
Entre 1505 y 1560 el importe del tesoro llegado de América por vía oficial creció a un
promedio del 352% anual acumulado a causa de la producción creciente y acumulada de oro
y plata, mientras que el nivel de precios lo haría a razón de un 2,26 anual. La inflación se
traduciría en escasa competitividad y en una baja productividad. Pero no sólo hay que
valorar la llegada de metales americanos, sino la manera poco honrada de los gobernantes
en manejarlos, es decir, la manipulación monetaria.
Así, el circulante monetario se habría incrementado en más del cuádruplo la producción
industrial se incrementó sólo en el doble. 
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Encarecimiento del trabajo manual.
Falta de competencia de los productos extranjeros.
Las flotas de las Indias fueron abastecidas por europeos
El diferencial de precios entre Castilla y las naciones del entorno permitió remuneradoras
operaciones comerciales – salarios más altos  precios más elevados.
En el caso de las transacciones comerciales entre España y Francia, el beneficio de los
comerciantes galos – por el alto porcentaje de metal precioso en las diferentes monedas –
fluctuaba entre un 18% en el caso de las monedas de plata y el 33,33% en el caso de las de oro.
Muchas monedas españolas se resellaban en los países de destino. Esto ocurría con otros
territorios de la corona española. En el reino de Valencia, la ganancia solía ser del 9%. En
Navarral el beneficio podía ser del 17,64%.
Las salidas de las remesas, se distribuía así:
-
22,2% eran para gastos de la Corona (galeras, guerra, etc.).
12% compensación de letras y otros títulos de crédito y transferencia bancaria.
17% para ser acuñado.
16% para pago de mercaderías y textiles exportados a Indias.
66,8% quedaba en depósito en la Casa de Contratación de Indias.
Según un manuscrito de 1562, depositado en el Archivo de Simancas, la salida de los metales
preciosos hacia el extranjero, era debida a las siguientes circunstancias:
-
-
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La corte, al haber estado el emperador fuera, sacó dinero para sus gastos.
Los gastos de guerra, hechos a cuenta de Castilla.
Por los beneficios o ganancias que obtuvieron los extranjeros que han tratado con Su
Majestad.
Por las pensiones y rentas de los residentes en Roma: por el dinero enviado a otras
provincias del exterior, así como por las soldadas de galeras, defensa de las fronteras y
otras cosas parecidas.
Lo que sacan los naturales de estos reinos cuando viajan fuera de España.
Lo que sale por el déficit comercial, que es la parte mayor.
“Por lo que montaren más las mercaderías que se trujeren que las que sacaren más
los intereses que se paguen por cambios a los mercaderes por traerlas de fuera”. Las
partidas más costosas son las destinadas a la contratación de las Indias.
Por el mayor valor que el oro y la plata tienen fuera en los reinos extranjeros: si se
sacaba numerario de oro o plata es para ganar en ello como en cualquier otra
mercancía.
Era lógico que si la producción industrial y agrícola españolas eran incapaces de abastecer a las
Indias, al ser las mercancías que llegaban a las Indias de procedencia extranjera, era lógico que
las ganancias de los comerciantes en oro o plata se encaminasen al exterior en busca de sus
legítimos dueños.
Así que en las circunstancias reales que se dieron en la primera mitad del siglo XVI fue muy
difícil aplicar otras políticas que se pudieron implementar en relación con los contactos
comerciales con las Indias.
Un ejemplo de esta visión era la diferencia que los reales tenían en la metrópoli y en las
colonias. Mientras en éstas los reales se cotizaban a 44 maravedises, en Castilla mantenían su
valor legal, 34 maravedises. (Ganancia del 24,9%)  Los comerciantes extranjeros “se
pegaban” por comerciar con las colonias.  El estado castellano creaba las condiciones
necesarias para el financiamiento del comercio colonial por parte de los capitales privados. 
Los mercaderes, sólo por el beneficio del cambio monetario, estimularon y mantuvieron
abiertas las relaciones con las Indias. Esto perduraría desde 1505 a 1535, año en que se creó la
Casa de la Moneda de Nueva España, lo que llevaría a reconocer el mismo valor de la moneda
para las colonias y para Castilla. Pero esto no surtió efecto y nunca la paridad de valor de la
moneda sería total entre las dos orillas del Atlántico. E
En la reforma monetaria de 1686 se consagraría esta desigualdad y gracias a ella se pudo
articular el más poderoso de los acicates que salvaguardaron el modelo colonial español
durante los tres siglos de su existencia a costa de hacer, de quienes en él participaban, más
especuladores que mercaderes.
Lo mismo que se hizo con las colonias hubo de hacerse, pero al revés, con las naciones
europeas proveedoras de manufacturas para exportar a Indias. Atraerlas, ofertando un plus de
beneficio conseguido por el cambio monetario con España. El incentivo adicional – aparte del
mercantil, obtenido por la negociación – que con el beneficio del cambio monetario se
otorgaba a los mercaderes castellanos para mantener abastecidas regularmente las colonias,
hubo de aplicarlo a los proveedores internacionales para que a su vez enviasen sus
manufacturas a Sevilla y Cádiz: en su caso, ese beneficio de cambio habría de lograrse – del
mismo modo que con las colonias aunque a la inversa – por el desigual valor monetario gracias
a mantener de forma permanente la subvaloración en el valor del oro y la plata españoles
respecto al de las demás monedas europeas de las naciones proveedoras de manufacturas,
créditos y servicios. De ese modo, los comerciantes extranjeros que aportaban sus
manufacturas – ante la incapacidad productiva nacional para atender la demanda americana –
conseguían un triple beneficio:
-
El mercantil, o específico del negocio comercial de venta con pago diferido o crédito
incorporado (préstamo o riesgo).
El beneficio del cambio monetario por dinero desigual.
El beneficio marginal obtenido por agio monetario o de especulación si luego con la
plata obtenida en España realizaban sus pagos en otros mercados internacionales.
Por esos motivos nunca faltarían manufacturas o mercaderías para llevar a Indias, fuera cual
fuese la situación política internacional, como tampoco faltaron acreedores – banqueros y
hombres de negocios – dispuestos a prestar a la monarquía española: con guerras o con paces,
con crisis demográficas o sin ellas, siempre hubo estímulos más que suficientes para que
flamencos, franceses, ingleses, alemanes, italianos, etc. estuviesen dispuestos a traer sus
mercaderías a Sevilla o Cádiz sabiendo que en ninguna otra plaza europea habrían de
encontrar para ellas, en contravalor, tan sustanciosas recompensas como las remesas de
Indias.
La disponibilidad de los abundantes recursos monetarios de que dispuso España le permitió –
en el cénit de su hegemonía mundial – liderar un auténtico sistema monetario internacional,
cuyo modelo hubo de ser tenido en cuenta por las demás monarquías de la época. Para la
economía castellana – y de rebote, para los demás reinos peninsulares – tuvo efectos
perniciosos, pues a la larga no hay nación capaz de sostener una circulación monetaria interior
tan considerable suma (Entre 1492 y 1740, las disponibilidades españolas excedieron en más
de la mitad de la masa circulante total de Europa.
De hecho, durante la primera mitad del siglo XVI, durante el reinado de Carlos, se intentó
llevar a cabo el sueño del consejero imperial Gattinara de acuñar una moneda áurea universal
y única para el imperio, basada en las remesas americanas de oro, supervisada por la
monarquía española como nación bajo cuya custodia se efectuaría la explotación, acuñación y
redistribución internacional del oro de las Indias.
Aunque no pasaría de mero proyecto, lo qu sí ocurrió fue que todas las naciones europeas
tuvieron que alinear continuamente el valor de sus monedas en función del valor de los
doblones o de los reales castellanos. El real de plata castellano acabaría siendo la moneda más
apreciada y aceptada en los mercados mundiales. Era el inicio de la “silverización” en la
circulación monetaria internacional durante dos siglos, bajo patrocinio de la monarquía de
España, fundamento de lo iba a ser el primer sistema de circulación monetaria a escala
mundial.
A finales del siglo XV y comienzos del XVI, con la unión de las coronas de Castilla y Aragón y la
forja de un imperio colonial de nuevo cuño, confluyeron dos procesos que van a condicionar la
formación del estado moderno en España y su ascenso, como protagonista, en la historia
universal. Una convergencia que no pasó desapercibida para una minoría de coetáneos,
conscientes de los nuevos tiempos que afloraban, que vieron la progresión convergente del
proyecto de integración nacional y del nacimiento del imperio como fenómenos que iban de la
mano, condicionándose mutuamente; al tiempo que se ponían los fundamentos para un
estado nacional, integrado y unitario, se construía un imperio cuyos recursos podrían ser el
motor y sostén de la monarquía en su proyección internacional. El imperio colonial pudo haber
sido dinamizador decisivo en la integración de España. No fue así, pero sucedió, en cambio,
con posterioridad en otros estados nacionales con imperios coloniales; la integración de los
distintos componentes peninsulares de la monarquía española, a partir del núcleo original de
las dos coronas, no acaba por cuajar – ni aún en la centuria siguiente – ni tampoco fue posible
por las circunstancias y características con que se establecieron las relaciones de
subordinación, al servicio de la hegemonía europea, entre la metrópoli castellana y sus
colonias en las Indias.
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