Los herederos de San Pedro contra los navarros (y II)

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Los herederos de San Pedro contra los navarros (y II)
Iñigo Saldise Alda
El emperador de Roma, Julio II, murió en febrero de 1513. Durante su mandato y gracias a su
complicidad, sus aliados españoles invadieron el Estado de Navarra. El pretexto era recuperar
la Guyena para otro de sus aliados, los ingleses. Dicha invasión y ocupación se sustentó con la
presentación por parte del rey español, Fernando el Falsario, de documentación falsa, donde
se incluían tres Bulas papales contra los reyes de Navarra, Catalina I de Foix y Juan III de
Albret, y aquellos navarros que apoyaran a sus legítimos reyes, sin desatar indignación alguna
en el emperador de Roma, sino todo lo contrario, lo que condenó a los navarros del sur del
Pirineo.
León X, le sustituyó en el emperador de la cristiandad, siendo un leal escudero para los
intereses españoles en el recientemente ocupado reino de Navarra. Catalina I y Juan III de
Albret enviaron innumerables delegaciones al emperador de Roma, que en muchos casos no
fueron ni recibidas por el mayor aliado con que han contado los españoles.
El ascenso al trono del Estado de Navarra de Enrique II el Sangüesino significó una mayor
reivindicación, por parte de los navarros, hacia el emperador cristiano de Roma. León X debía
obligar al España a retirarse de las tierras ocupadas por su ejército, al sur del Pirineo. León X
dio la espalda a los navarros. En diciembre 1521 moría León X sin haber hecho nunca nada en
favor los navarros, después de que las tropas españolas hubieran invadido y ocupado de
nuevo Navarra, tras derrotar y matar a más de 5000 navarros en las campas de Noain-Ezkirotz.
Por primera vez tras la ilegal invasión por parte española del Estado de Navarra, un emperador
de Roma se postulaba a favor de la causa de los navarros. Este fue Adriano VI, pero su
repentina muerte en septiembre de 1523 provocó que en Navarra se celebraran funerales por
su defunción. Esto fue aprovechado por los españoles, que impidieron el nombramiento de
navarros para altos cargos en la jerarquía eclesiástica en la Navarra ocupada. Roma volvía a
ser el mayor aliado de los españoles, principales enemigos de los navarros.
La llegada de Clemente VII al trono de Roma fue mala para los navarros. Enrique II de Albret
fue hecho prisionero en la batalla de Pavía, junto a su amigo el rey de Francia, por las tropas
imperiales de Carlos I de España y V de Alemania. Tras la fuga del navarro, éste se casa con
la hermana de Francisco I de Francia, Margarita de Angulema, quien se encarga de introducir
el humanismo en la corte de Navarra, algo que aborrecía el emperador de Roma, prisionero del
emperador español Carlos I, desde el año 1527 y participando activamente en las decisiones
de éste, incluidas las que iban en contra de los navarros, que soportaron en dicho periodo la
caza de brujas por parte de la inquisición española.
Pablo III, tras la muerte de Clemente VII en 1534, se hace cargo del imperio de la cristiandad.
Se posiciona en un principio con Francia, provocando un ligero enfrentamiento con España.
Pese a ello, los navarros no consiguen ningún avance en sus reclamaciones políticas,
principalmente en las de materia territorial. Sólo se consigue la anulación del primer matrimonio
de la princesa de Viana, Juana. Su política antihumanista le enfrenta de lleno contra el Navarris
mo
incipiente de la corte de la Navarra soberana y a su vez, lo que le lleva a aprobar
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reiteradamente, el voraz apetito colonialista, llevado a cabo por los invasores españoles en las
tierras navarras del sur del Pirineo.
Tras su muerte toma el control del imperio cristiano Julio III. Durante sus cinco años de reinado
no atiende ninguna reclamación navarra, ya que estaba centrado en el concilio de Trento,
impulsado por su predecesor. Marcelo II tampoco tuvo tiempo de atender alguna reclamación
navarra, ya que no ostentó el cargo de emperador de Roma, ni un mes.
El viejo y colérico Pablo IV, tras poner al mando del imperio cristiano de Roma en mayo de
1555, pondera el Reino del Terror, con el cual combatir las reformas protestantes de Lutero y
Calvino. El Navarrismo es un enemigo más al que combatir debido a la "rebeldía" de los
navarros. Su carácter impulsivo le llevó incluso a realizar un boceto donde planteaba entregar
la Navarra soberana del norte del Pirineo a la monarquía española.
En diciembre de 1559, la corona del emperador de Roma recae en Pío IV, el cual comienza
una política de presión sobre Felipe II de España, con la que intentaba la resolución definitiva
sobre la legitimidad de los reyes Privativos de Navarra. Pedro de Albret llevó a Roma la carta
de adhesión al nuevo papa, de los reyes Juana III de Albret y Antonio I de Borbón, siendo el
encargado de llevar las negociaciones con las que se restituirían al reino soberano de Navarra
las tierras ocupadas por las tropas españolas.
En enero de 1561 el emperador de Roma nombra a los reyes de Navarra legítimos soberanos
para toda Navarra, incluida las tierras ocupadas y devastadas por las tropas e inquisición
españolas. Pero España reacciona y se interpone en la resolución del conflicto. Roma rechaza
a todas las delegaciones provenientes del Estado de Navarra. El emperador de Roma traiciona
el juramento navarro, lo que provoca la entrada definitiva del
Navarrismo
religioso en el Reino Pirenaico, con fuentes calvinistas, pero semejante del
Anglicanismo
.
Su sucesor Pío V, fue el gran inquisidor en un momento en el cual, en el Estado Pirenaico se
extendía la tolerancia religiosa y el respeto a las personas y opiniones. Después de él llegó al
trono de Roma, Gregorio XIII. Este emperador tras enterarse del asesinato de la reina Juana III
de Navarra la celebró, y tras la matanza de San Bartolomé, ordenó que se cantara Te Deum en
las iglesias de Roma. Sus aliados españoles, con su rey Felipe II al frente, también lo
celebraron por todo lo alto.
El nuevo emperador católico romano, Sixto V, se alió de nuevo con el reino de España. Por ello
instó a la invasión de Inglaterra y de paso, incentivado por su odio a los navarros, condenó
como hereje a Enrique III de Navarra. Realizó la condenación más clara del estado Pontificio
sobre el Navarrismo, mediante una bula que obligó firmar a 25 cardenales cristianos, católicos,
apostólicos y romanos.
Urbano VII, Gregorio XIV e Inocencio IX, apenas pudieron hacer daño a los navarros, solo
intentaron incluir al Navarrismo con la Reforma, ya que sus mandatos en el imperio católico
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fuero extremadamente cortos, al sumar algo más de un año entre los tres. Su sucesor
Clemente VIII, retiró la excomunión a Enrique de Borbón y Albret, pero sólo como rey de
Francia, nunca como de Navarra, exigiendo la imposición de la doctrina católica, a modo de
única para el Reino Pirenaico, calificando que el edicto de Nantes era obra del diablo. Este
emperador de Roma, llegó a afirmar lo siguiente:
"(…) y del Navarrismo se reirán un día las futuras generaciones."
León XI, nunca llegó a preocuparse de los asuntos de los navarros, algo que si sucedió con
Pablo V, el último emperador católico de Roma, que se inmiscuyó en los asuntos de los
navarros libres y soberanos. Pablo V llegó a mencionar en uno de sus conclaves, que habría
más paz si Enrique III de Navarra y VI de Francia fuera asesinado, algo que llevó a efecto el
ultracatólico y jesuita Ravaillac en el año 1610. Tras la muerte de Margarita de Valois, Luís XIII
de Francia invade y ocupa el Reino Pirenaico, para satisfacción de los españoles y,
principalmente, del emperador de Roma, declarándolo parte de la Francia católica y
completando con ello la destrucción del Estado de los navarros.
BIBLIOGRAFÍA
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WEB: CRONOLOGÍA emperadores de Roma, http://www.cristo.fm/documentos/papas.htm
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