581-2010 Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia

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581-2010
Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. San Salvador, a las once horas con
dos minutos del día ocho de febrero de dos mil trece.
El presente proceso de amparo ha sido promovido por el señor Edwin Ernesto Vaquerano
Molina, por medio de su apoderado, el abogado Marvin de Jesús Colorado Torres, contra
providencias de la Jueza Tercero de lo Mercantil de esta ciudad, que considera lesivas de sus
derechos a la vivienda de los no propietarios, seguridad jurídica, protección jurisdiccional, juez
natural, audiencia y defensa.
Han intervenido en el proceso la parte actora, la autoridad demandada, el tercero beneficiado
y el Fiscal de la Corte Suprema de Justicia—en adelante, "Fiscal de la Corte"—.
Analizado el proceso y considerando:
I. 1. Manifestó el demandante que el 12-V-2008 celebró un contrato de subarrendamiento de
un inmueble ubicado en Urb. Bosques de Santa Teresa, segunda etapa, lote n° 11, block 1, Santa
Tecla, La Libertad, con el señor Julio César Ramos Mancía, cuya vigencia fue acordada para un
plazo de cuatro años. Expresó, además, que en el Juzgado Tercero de lo Mercantil de San
Salvador se siguió el juicio ejecutivo mercantil 16-EM-04, promovido por el Fondo de
Saneamiento y Fortalecimiento Financiero (FOSAFFI), en contra de Paul Alberto Quant Dimas,
propietario del inmueble subarrendado.
Alega el peticionario que, como consecuencia de la tramitación del aludido juicio
ejecutivo mercantil, la autoridad demandada ordenó su desalojo de la citada propiedad sin que se
hubiese promovido en su contra el respectivo juicio de inquilinato y, además, sin que se le
permitiera intervenir en el mencionado proceso mercantil; actuación que ha vulnerado sus
derechos de posesión, de audiencia, a la seguridad jurídica y al "control de la prueba."
2. A. Por medio de la resolución de fecha 21-II-2012 se suplió la deficiencia de la queja
planteada por la parte actora, de conformidad con lo dispuesto en el art. 80 de la Ley de
Procedimientos Constitucionales —en adelante, "L.Pr.Cn."—, en el sentido de que, si bien
aquella alegó como transgredido su derecho de posesión, de las argumentaciones expuestas en su
demanda se entendía que hacía alusión a la presumible vulneración del derecho a la vivienda de
los no propietarios.
Luego de efectuada la referida suplencia, se admitió la demanda planteada,
circunscribiéndose al control de constitucionalidad de la resolución pronunciada por la Jueza
Tercero de lo Mercantil de San Salvador, en virtud de la cual se le concedió veinte días para que
desocupara el inmueble que actualmente habita como consecuencia de un contrato de
subarrendamiento, por supuesta vulneración del derecho antes mencionado, a la protección
jurisdiccional, al juez natural, de audiencia y de defensa.
B. En la misma interlocutoria se decretó la suspensión inmediata y provisional de los
efectos del acto reclamado, en el sentido de que, mientras se tramitara este proceso de amparo, la
Jueza Tercero de lo Mercantil de San Salvador debía abstenerse de desalojar al peticionario del
inmueble que habitaba. Además, se pidió a la autoridad judicial demandada que rindiera el
informe que establece el art. 21 de la L.Pr.Cn.
La Jueza Tercero de lo Mercantil manifestó que no eran ciertos los hechos que se le
atribuyen. En ese sentido, sostuvo que en el juicio ejecutivo mercantil 16-EM-04, que fue
iniciado por FOSAFFI en contra del señor Paul Alberto Quant Dimas, pronunció la resolución de
fecha 1-VII-2010 mediante la cual adjudicó el inmueble embargado a favor de la aludida
institución; señalando, además, que la entrega material del mismo fue llevada a cabo en virtud de
que dicho bien fue desocupado de forma voluntaria, según costa en el acta de fecha 3-XII-2010.
Además, expresó que el fundamento legal utilizado por el peticionario para hacer su
reclamo no era aplicable al caso ventilado en el tribunal que preside, debido a que el art. 28 de la
Ley de Inquilinato surte efectos en la relación jurídica que existe entre arrendante y arrendatario,
relación que era ajena al objeto del juicio mercantil antes citado, lo cual implicaría que la
pretensión planteada por el actor debía ser declarada improcedente.
C. Finalmente, se confirió audiencia al Fiscal de la Corte de conformidad con lo dispuesto
en el art. 23 de la L.Pr.Cn., pero este no hizo uso de ella.
3. A. Mediante la resolución emitida el 17-III-2011 se confirmaron las circunstancias en
virtud de las cuales se ordenó la suspensión de los efectos del acto reclamado. Asimismo, se
requirió a la Jueza Tercero de lo Mercantil de San Salvador que rindiera el informe justificativo
al que hace referencia el art. 26 de la L.Pr.Cn. y proporcionara el lugar en que podía ser
notificado FOSAFFI, quien fuera señalado como tercero beneficiado.
B. En atención a dicho requerimiento, la autoridad demandada remitió la certificación
íntegra del juicio ejecutivo mercantil 16-EM-04.
4.
Seguidamente se tuvo como tercero beneficiado a FOSAFFI, a través del abogado
José Reynaldo Avelar Rivas, se declaró sin lugar el sobreseimiento solicitado por el referido
profesional y se confirieron los traslados que prescribe el art. 27 de la L.Pr.Cn., respectivamente,
al Fiscal de la Corte, quien expresó que la autoridad demandada debía probar que agotó el
procedimiento previo a la orden de desalojo; a la parte actora, quien reiteró lo expresado en su
demanda; y al tercero beneficiado, quien sostuvo que la queja planteada por el actor constituye
un asunto de mera legalidad, en virtud del cual debe acudir a las instancias judiciales que conocen
de asuntos de inquilinato para que sea reconocido su derecho contra el arrendante.
5. Mediante la resolución del 4-V-2012 se abrió a pruebas este proceso por el plazo de
ocho días, de conformidad con lo dispuesto en el art. 29 de la L.Pr.Cn., lapso en el cual la
autoridad judicial demandada presentó la prueba documental que consideró pertinente.
6. Posteriormente, en virtud del auto de fecha 17-VII-2012 se confirieron los traslados
que prescribe el art. 30 de la L.Pr.Cn., respectivamente, al Fiscal de la Corte, a la parte actora, al
tercero beneficiado y a la autoridad demandada, quienes se limitaron a ratificar los conceptos
vertidos anteriormente, a excepción del demandante, quien sostuvo que se había logrado acreditar
que la autoridad demandada vulneró sus derechos al no seguir un procedimiento que le
garantizara la tutela de su derecho a la vivienda en su condición de no propietario.
7. Concluido el trámite establecido en la L.Pr.Cn., en virtud del auto de fecha 11-I-2013,
el presente amparo quedó en estado de pronunciarse sentencia, la cual debía ser emitida dentro
del plazo de treinta días hábiles contados a partir del 29-I-2013, fecha en la cual se realizó la
última notificación de dicho auto.
II. Establecido lo anterior, se debe exponer el orden lógico con el que se estructurará
esta resolución. Así, en primer lugar, se determinará el objeto de la presente controversia (III); en
segundo lugar, se hará una sucinta exposición sobre el contenido de los derechos a los que se
circunscribió el control de constitucionalidad requerido (IV); en tercer lugar, se analizará el caso
sometido a conocimiento de este Tribunal (V); y, finalmente, se desarrollará lo referente al efecto
restitutorio de esta decisión (VI).
III. En el presente caso, el objeto de la controversia puesta en conocimiento de este
Tribunal estriba en determinar si la Jueza Tercero de lo Mercantil de esta ciudad vulneró los
derechos fundamentales a la seguridad jurídica, a la protección jurisdiccional, al juez natural, de
audiencia y de defensa, en relación con el derecho a la vivienda de los no propietarios, del señor
Edwin Ernesto Vaquerano Molina, en virtud de haber ordenado su desalojo de la vivienda que
habitaba sin que se le hubiese promovido un juicio de inquilinato ante la autoridad
correspondiente y sin que se le haya permitido intervenir en el juicio ejecutivo mercantil 16-EM2004, en el cual se pronunció la orden de desalojo antes relacionada.
IV. En este apartado, se hará una breve exposición sobre los derechos considerados
vulnerados con el acto reclamado.
1. A. Acerca del derecho a la vivienda del no propietario (derivado del art. 119 Cn.), es
pertinente citar el Considerando II de la Ley de inquilinato: "[C]onforme al Artículo 136 de la
Constitución Política [de 1950, que equivale al art. 102 de la actual Constitución], que «garantiza
la libertad económica, en lo que no se oponga al interés social», es evidente el deber y el derecho
del Estado, para intervenir por medio de regulaciones especiales, a efecto de balancear, en cuanto
sea posible, los intereses de las partes en el contrato de arrendamiento para viviendas [...]". Es
decir, se hace referencia a la obligación del Estado salvadoreño de proteger el derecho a la
vivienda de los no propietarios, esto es, aquellos que no son los dueños de la vivienda que ellos y
su grupo familiar habitan o que usufructúan un inmueble con un título legítimo, v. gr., en calidad
de arrendatarios. Por ello, y de conformidad con el mencionado art. 102 de la Cn., el derecho a la
propiedad del dueño de la vivienda y el derecho de usufructo de los arrendatarios deben
equilibrarse a fin de resguardar los derechos de ambas partes.
El derecho a la mera tenencia derivado del contrato de arrendamiento debe entenderse
como un derecho a la vivienda del no propietario, esto es, el derecho del arrendatario a usar y a
permanecer en el inmueble que habita, por el lapso convenido y dentro del marco legal, sin que
implique un derecho de posesión (que conlleva el ánimo de convertirse en dueño) sobre el
inmueble.
2. En cuanto al derecho a la seguridad jurídica (art. 2 inc. 1° Cn.), en las Sentencias del
26-VIII-2011, Amps. 253-2009 y 548-2009, y la Sentencia del 31-VIII-2011, Amp. 493-2009, se
reconsideró lo que se entendía por tal derecho, estableciéndose con mayor exactitud las
facultades de sus titulares, las cuales pueden ser tuteladas por la vía del proceso de amparo según
el art. 247 de la Cn.
Así, se precisó que la certeza del Derecho, a la cual la jurisprudencia constitucional venía
haciendo alusión para determinar el contenido del citado derecho fundamental, deriva
principalmente de que los órganos estatales y entes públicos realicen sus atribuciones con plena
observancia de los principios constitucionales, v. gr., de legalidad, de cosa juzgada, de
irretroactividad de las leyes o de supremacía constitucional (arts. 15, 17, 21 y 246 Cn.).
Por lo anterior, cuando se requiere la tutela de la seguridad jurídica por la vía del proceso
de amparo, no debe invocarse la misma como valor o principio, sino que debe alegarse una
vulneración relacionada con una actuación de una autoridad emitida con la inobservancia de un
principio constitucional y que resulte determinante para establecer la existencia de un agravio de
naturaleza jurídica a un individuo. Ello siempre que dicha transgresión no tenga asidero en la
afectación al contenido de un derecho fundamental más específico.
3. Este Tribunal ha sostenido, v. gr., en la Resolución del 19-XI-2010, Amp. 4362006,
que el derecho al juez natural (art. 15 Cn.) implica ser enjuiciado por el juez predeterminado por
la ley y está dirigido a evitar que se juzgue a un individuo por órganos jurisdiccionales de
excepción o comisiones especiales creadas para tal efecto. En otras palabras, se garantiza que
quien juzgue sea un juez o un órgano con potestad jurisdiccional y que nadie será enjuiciado por
un juez excepcional, por una comisión especial creada ex profeso para desarrollar funciones
jurisdiccionales o por comisión o delegación.
4. La Constitución consagra en su art. 2 inc. 1° el derecho a la protección jurisdiccional
y no jurisdiccional de los derechos de toda persona, esto es, un derecho a la protección en la
conservación y defensa de estos.
Así, el proceso, como realizador del derecho a la protección jurisdiccional, es el
mecanismo del que se vale el Estado para satisfacer las pretensiones de los particulares, en
cumplimiento de su función de administrar justicia, o, desde la perspectiva de los sujetos pasivos
de dichas pretensiones, es el instrumento, dentro del Estado de Derecho, por medio del cual se
puede privar a una persona de sus derechos, debiendo realizarse conforme a la Constitución.
En tal sentido, el derecho a la protección jurisdiccional conlleva la posibilidad de que el
supuesto titular de un derecho o de un interés legítimo acceda al órgano jurisdiccional a, entre
otras facultades, plantear una pretensión en todos los grados de conocimiento, oponerse a las
incoadas por otras personas, ejercer todos los actos procesales en defensa de su posición y a que
el proceso se tramite y decida de conformidad con la Constitución y las leyes correspondientes,
obteniendo una respuesta fundada en Derecho.
De lo anterior se deduce que la protección jurisdiccional se manifiesta, principalmente, a
través de cinco derechos: (i) el derecho de acceso a la jurisdicción, (ii) el derecho a que se siga el
debido proceso o proceso constitucionalmente configurado, (iii) el derecho a una resolución de
fondo, motivada y congruente, (iv) el derecho a la ejecución de las resoluciones y (v) el derecho a
un juez previamente establecido por la ley e imparcial.
5. En virtud del derecho de audiencia (art. 11 inc. 1° Cn.), de acuerdo con la
jurisprudencia de esta Sala (v. gr., las Sentencias del 11-III-2011 y 4-II-2011, Amps. 10-2009 y
228-2007 respectivamente), se exige que a toda persona, antes de limitársele o privársele de uno
de sus derechos, se le oiga y venza en un proceso o procedimiento tramitado de conformidad con
las leyes. En virtud de ello, existe vulneración del derecho de audiencia cuando el afectado no
tuvo la oportunidad real de pronunciarse en un caso concreto, limitándosele o privándosele de un
derecho sin la tramitación del correspondiente juicio.
B. Respecto al derecho de defensa (art. 12 Cn.), se ha sostenido (Sentencias del 4-VI2010 y 19-V-2010, Amps. 1112-2008 y 404-2008 respectivamente) que este presenta una faceta
material y una técnica. La primera faculta a la persona a intervenir en todos los actos del
procedimiento por medio de los cuales se introduzcan elementos de prueba y a realizar todas las
peticiones y argumentos que considere necesarios. La segunda le garantiza a la persona el ser
asistida en el transcurso del proceso por un profesional del Derecho que, en igualdad de
condiciones, enfrente las alegaciones y las pruebas de cargo presentadas por la parte acusadora.
V. Corresponde en este apartado analizar si la actuación de la autoridad demandada que es
objeto de control en el presente amparo se sujetó a la normativa constitucional.
1. A. El actor alegó vulneración de su derecho al juez natural por parte de la Jueza Tercero
de lo Mercantil, en virtud de que ordenó su desalojo del inmueble que habitaba, no teniendo
competencia para ello. En efecto, la tenencia del aludido inmueble derivaba de un contrato de
subarrendamiento, por lo que se encontraba al amparo de la Ley de Inquilinato.
Al respecto, es preciso acotar que la vulneración de tal derecho existirá si la persona ha
sido juzgada por órganos jurisdiccionales de excepción o por comisiones especiales creadas para
tal efecto. Para el caso concreto, el peticionario basó su reclamo en el hecho de que la autoridad
judicial que ordenó 'su desalojo de la vivienda que habitaba no tenía competencia para hacerlo,
pretendiendo con ello que en el proceso de amparo se conozca de conflictos jurisdiccionales, lo
cual no corresponde decidir a este tribunal.
B. Respecto a la supuesta lesión del derecho a la protección jurisdiccional, el pretensor
considera que esta se configuró debido a que la autoridad demandada no le permitió intervenir en
el juicio ejecutivo mercantil tramitado contra el señor Quant Dimas; situación que le habría
impedido exponer su condición de subarrendatario del inmueble que se encontraba en litigio y
presentar el documento respectivo que amparaba su derecho. De sus alegatos resulta evidente que
el actor ha invocado un parámetro de control de carácter general frente a otros más específicos,
utilizando los mismos motivos justificativos para alegar la inconstitucionalidad de la actuación de
la autoridad judicial. De ahí que los argumentos que esgrime sobre la vulneración del derecho a la
protección jurisdiccional encuentran una expresión más concreta en los derechos de audiencia y
de defensa, también invocados en este proceso de amparo.
C. De igual forma, el demandante reclama la vulneración de su derecho a la seguridad
jurídica, en razón de que la orden de desalojo fue girada a pesar de la existencia de un contrato de
subarrendamiento que garantizaba el uso de la vivienda como casa de habitación. En relación con
ello, existirá vulneración del derecho a la seguridad jurídica cuando se verifique una actuación de
una autoridad emitida con la inobservancia de un principio constitucional y que resulte
determinante para establecer la, existencia de un agravio de naturaleza jurídica a un individuo,
siempre que dicha transgresión no tenga asidero en la afectación al contenido de un derecho
fundamental más específico.
En ese sentido, a pesar de que el demandante ha alegado conculcado su derecho a la
seguridad jurídica, del argumento utilizado para hacer su reclamo se deduce que el derecho que
pudo haber resultado vulnerado con la emisión del acto reclamado es el derecho a la vivienda de
los no propietarios, por el cual también se admitió la demanda de amparo planteada.
D. Desde la perspectiva anterior, el control constitucional del acto reclamado debe
circunscribirse a la supuesta transgresión del derecho a la vivienda de los no propietarios, en
relación con los derechos de audiencia y de defensa, por constituir estos derechos un parámetro
de control más concreto; razón por la cual deberá sobreseerse este amparo respecto de los
derechos a la seguridad jurídica, al juez natural y a la protección jurisdiccional de conformidad
al art. 31 ord. 3° de la L.Pr.Cn.
2. A. a. La parte actora aportó corno prueba los siguientes documentos: i) copia simple
con sello original de recibido del escrito de fecha 22-I-2010, mediante el cual el señor Edwin
Ernesto Vaquerano Molina solicitó a la Jueza Tercero de lo Mercantil que autorizara su
intervención en el juicio ejecutivo mercantil 16-EM-04; ii) documento privado autenticado que
contiene el contrato de subarrendamiento del inmueble propiedad del señor Paul Alberto Quant
Dimas de fecha 12-V-2008, otorgado a favor del pretensor por el señor Julio César Ramos
Manda; iii) original de la notificación de la resolución de fecha 11-XI-2010 mediante la cual se le
otorgaron 20 días al señor Quant Dimas o a quienes habitaran el inmueble embargado para que lo
desocuparan de forma pacífica.
b. Por su parte, la autoridad demandada presentó la certificación íntegra del proceso
ejecutivo mercantil 16-EM-04, la cual contiene los siguientes documentos: i) resolución de fecha
16-III-2004, mediante la cual la Jueza Tercero de lo Mercantil admitió la demanda incoada por
FOSAFFI en contra del señor Paul Alberto Quant Dimas y decretó el embargo en bienes propios
del referido señor; ii) sentencia de fecha 3-II-2006, mediante la cual la citada autoridad ordenó al
demandado pagar a FOSAFFI cierta cantidad de dinero en concepto de capital mas intereses; iii)
sentencia de fecha 13-VI-2006 pronunciada por la Cámara Segunda de lo Civil de la Primera
Sección del Centro mediante la cual se reformó parcialmente y confirmó en lo demás la sentencia
apelada; iv) resolución de fecha 25-VIII2006 pronunciada por la Sala de lo Civil de la Corte
Suprema de Justicia, mediante la cual se declaró inadmisible el recurso de casación interpuesto
por el apoderado del señor Quant Dimas; v) resolución de fecha 11-XII-2006, mediante la cual la
Cámara Segunda de lo Civil de la Primera Sección del Centro declaró ejecutoriada la sentencia
pronunciada el 13VI-2006; vi) resolución de fecha 22-XII-2006 mediante la cual la Jueza Tercero
de lo Mercantil ordenó proceder a la venta en pública subasta del bien inmueble embargado; vii)
resolución de fecha 1-II-2010, mediante la cual se declaró sin lugar la petición realizada por el
señor Edwin Ernesto Vaquerano Molina en su escrito de fecha 22-I-2010; viii) resolución de
fecha 1-VII-2010 mediante la cual se adjudicó en pago y se transfirió el dominio del inmueble
embargado a favor de FOSAFFI; ix) resolución de fecha 3-XII-2010 mediante la cual se procedió
a hacer entrega material del inmueble a favor de FOSAFFI; x) resolución de fecha 8-XI-2010
mediante la cual se declaró sin lugar la petición realizada por el señor Vaquerano Molina en su
escrito de fecha 29-X-2010; xi) resolución de fecha 11-XI-2010 por medio de la cual el Juez
Primero de Paz de Santa Tecla concedió al señor Quant Dimas o a quienes habitaran el inmueble
adjudicado en pago a FOSAFFI veinte días para que este fuera desocupado; xii) resolución de
fecha 18-XI-2010 mediante la cual el Juez Primero de Paz de Santa Tecla declaró sin lugar lo
solicitado por el apoderado del señor Vaquerano Molina en su escrito de fecha 17-XI-2010; y
xiii) acta de fecha 3-XII2010 en la que se hizo constar la entrega material del inmueble que le fue
adjudicado a FOSAFFI.
B. a. Sobre las copias simples presentadas, si bien el Código Procesal Civil y Mercantil —
en adelante, "C.Pr.C.M."— no hace referencia expresa a la apreciación de las copias de
documentos públicos y privados, ello no priva a estas de valor probatorio dentro de un proceso,
toda vez que los medios de prueba no previstos en la ley son admisibles siempre que respeten la
moral y la libertad personal de las partes y de terceros, resultando aplicables a ellos las
disposiciones que se refieren a los mecanismos reglados —art. 330 inc. 2° del C.Pr.C.M.—. Así,
las reglas de los documentos públicos y privados resultan analógicamente aplicables a sus copias,
especialmente por la previsión contenida en el art. 343 del C.Pr.C.M., tomando en consideración
las similitudes que presentan tales duplicados con las fotografías.
En razón de lo anterior, las referidas copias serán admisibles dentro del proceso de
amparo y constituirán prueba de la autenticidad del documento que reproducen, siempre que no
se haya acreditado la falsedad de aquellas o del instrumento original, pudiendo valorarse
conforme a las reglas de la sana crítica. Consecuentemente, mediante la copia presentada se han
acreditado de manera fehaciente los datos contenidos en ella.
b. El art. 331 del Código Procesal Civil y Mercantil —en adelante "C.Pr.C.M."—, de
aplicación supletoria al proceso de amparo, establece que los documentos públicos son aquellos
expedidos por notario, una autoridad o un funcionario en el ejercicio de su cargo y que
constituyen prueba fehaciente de los hechos o actos que documentan, de la fecha, de las personas
que intervienen en ellos y del fedatario o funcionario que los expide, siempre que se aporten en
original o testimonio y no se haya probado su falsedad.
Teniendo en cuenta lo anterior, con la certificación de ciertos pasajes del proceso
ejecutivo mercantil 16-EM-04 —la cual fue expedida por los funcionarios correspondientes en el
ejercicio de sus competencias—, se han comprobado los hechos que en esos documentos se
consignan.
3. A. Con la documentación relacionada supra, se ha establecido que la Jueza Tercero de
lo Mercantil, el 16-III-2002, admitió la demanda incoada por FOSAFFI en contra del señor Paul
Alberto Quant Dimas y ordenó embargar sus bienes. Asimismo, se acreditó que, mediante
resolución de fecha 3-II-2006, la referida autoridad judicial ordenó pagar a la institución
financiera cierta cantidad de dinero mas intereses que adeudaba el señor Quant Dimas. De igual
forma, se logró establecer que el inmueble embargado en el juicio ejecutivo mercantil 16-EM-04
le fue adjudicado en pago a FOSAFFI el 1-VII-2010 y entregado materialmente el 3-XII-2010.
Además, se ha comprobado que el demandante en este amparo, el 12-V-2008, celebró con
el señor Julio César Ramos Mancía un contrato de subarrendamiento del inmueble en cuestión,
estando el segundo facultado para ello según una cláusula de un contrato otorgado a su favor el
10-III-2004, tal como se relacionó en el citado documento. Además, con la documentación antes
relacionada, se acreditó que, durante la tramitación del aludido proceso mercantil, el peticionario
solicitó intervenir en virtud de que la sentencia que se emitiría en dicho proceso podría afectar
sus intereses; petición que fue declarada sin lugar según resolución de fecha 12-VII-2005.
Finalmente, con el acta de fecha 3-XII-2010, se ha logrado establecer que el aludido señor
Vaquerano Molina desocupó el inmueble de forma voluntaria el 2-XII-2010.
B. a. En el presente amparo, el actor ha alegado la vulneración de su derecho a la vivienda
de los no propietarios, en relación con sus derechos de audiencia y de defensa, en virtud de que la
Jueza 'tercero de lo Mercantil, mediante la resolución de fecha 11-XI- 2010, ordenó el desalojo
del inmueble que habitaba en virtud de la ejecución de la sentencia pronunciada en el proceso
ejecutivo mercantil 16-EM-04, sin tomar en consideración el contrato de subarrendamiento
otorgado a su favor y sin brindarle una oportunidad real de defensa dentro del proceso mercantil
tramitado en contra del propietario del citado inmueble. Así, el peticionario alegó que, de
conformidad con el art. 28 de la Ley de Inquilinato, el demandante en el juicio ejecutivo
mercantil 16-EM-04, al habérsele adjudicado en pago el inmueble en cuestión, se convirtió en
arrendante.
b. Al respecto, es preciso señalar que el contrato de subarrendamiento suscrito entre el
pretensor y el señor Ramos Mancía estaba vigente a la fecha en la cual se emitió la orden de
desalojo como consecuencia de la ejecución de la sentencia que declaró la obligación contraída
por el señor Paul Alberto Quant Dimas. Por ello, el pretensor, en ese momento, era titular del
derecho a la vivienda del no propietario con relación al inmueble del cual se ordenó el desalojo,
en vista de haber sido adjudicado en pago por una obligación.
En ese orden, el art. 1750 del Código Civil, precepto que la autoridad demandada utilizó
como base para fundamentar su actuación, prevé: "Estarán obligados a respetar el arriendo: 1°
Todo aquel a quien se transfiere el derecho del arrendador por un título lucrativo; 2° Todo aquel a
quien se transfiere el derecho del arrendador, a título oneroso, si el arrendamiento ha sido
contraído por documento inscrito; exceptuados los acreedores hipotecarios anteriores al
arrendamiento." A partir de dicha regulación, la jueza demandada, según resolución de fecha 1II-2010, le aclaró al peticionario que el contrato de arrendamiento debía ser respetado por
terceros únicamente cuando se diera alguno de los supuestos a los que se refiere la disposición
citada.
Cabe mencionar que la Ley de Inquilinato dispone, en el art. 1, que su régimen será
aplicado al arrendamiento y subarrendamiento de casas y locales que se destinen —entre otros—
a vivienda. De igual forma, establece en su art. 4 que todo contrato de arrendamiento y
subarrendamiento celebrado con posterioridad a la fecha de su entrada en vigencia deberá constar
por escrito, expresar el nombre y generales del arrendador y del arrendatario, los datos necesarios
para la identificación del inmueble o local arrendado, el precio y la forma de su pago.
Ahora bien, existen casos en los cuales se exige la inscripción registral del contrato de
arrendamiento cuando este deba hacerse valer frente a terceros; supuestos que se encuentran
regulados en los arts. 680, 686 ord. 3° y 717 del Código Civil y 61 letra c) del Reglamento de la
Ley de Reestructuración del Registro de la Propiedad Raíz e Hipotecas, los cuales están referidos
a predios rústicos, establecimientos comerciales separados del lugar de habitación del dueño del
negocio, establecimientos industriales cuyo activo exceda de ¢ 15,000, etc.; casos que no se rigen
por la Ley de Inquilinato.
En el caso planteado, con la documentación presentada, se ha determinado que el
peticionario destinó el inmueble subarrendado a vivienda familiar, razón por la cual su situación
jurídica estaba regida por la Ley de Inquilinato, cuya normativa no le exigía la inscripción del
contrato para hacer valer las cláusulas contenidas en este y, además, expresa que los contratos de
esa naturaleza solo expirarán por convención de las partes o sentencia judicial en los casos
previstos en los arts. 24 y 25 de la Ley de Inquilinato.
Además, según la normativa especial y partiendo de que el contrato de subarrendamiento
del peticionario se encontraba aún vigente, el art. 28 de la Ley de Inquilinato prescribe:
"Tampoco se extinguirá el contrato por muerte del arrendador o por traspaso que éste haga del
inmueble, a título oneroso o gratuito. Los adquirientes del inmueble en estos casos se sustituirán
en los derechos y obligaciones del arrendatario [entiéndase "arrendador] debiendo respetar el
arrendamiento aunque el contrato no estuviese inscrito y sólo podrán obtener su terminación en
los casos que indican los Artículos 24 y 25."
En relación con lo anterior, la autoridad judicial demandada sostuvo, en una de sus
intervenciones, que a la transferencia de dominio, en el caso de las ventas forzosas, no le era
aplicable el art. 28 de la Ley de Inquilinato, sino la legislación relacionada con el juicio ejecutivo
mercantil, específicamente el art. 622 del Código de Procedimientos Civiles (Pr.C) —
actualmente derogado, pero aplicable al caso concreto—, el cual regulaba la entrega física del
inmueble adjudicado o rematado, materializando el derecho a la propiedad y, especialmente, el de
posesión, al cual se refería el art. 644 de la normativa citada.
Sobre dicho aspecto, cabe mencionar que el juicio ejecutivo tiene como finalidad que el
acreedor con un título legal persiga a su deudor moroso y logre de este el cumplimiento de la
obligación contraída. Así, la legislación citada establecía como una forma de cumplimiento la
adjudicación de los bienes inmuebles en pago por la obligación. En ese sentido, según el art. 644
del Pr.C., la resolución mediante la cual se otorgaba la adjudicación del inmueble servía de título
de propiedad y de posesión al adjudicatario, cuyo derecho podía ser garantizado procediendo
incluso al lanzamiento de quienes habitaran el inmueble indebidamente según lo disponía el art.
622 del Pr.C. Ahora bien, tal lanzamiento no es extensivo respecto de los sujetos tenedores de
buena fe, ya que la intención del legislador con tal previsión no es perjudicar a cualquiera que se
encuentre dentro del inmueble, sino lanzar al ejecutado o a quien tenga un vínculo de
dependencia con él.
Y es que, para el caso que nos ocupa, el peticionario no ocupaba indebidamente el
inmueble adjudicado, sino que lo hacía en virtud de un contrato de subarrendamiento vigente, y,
si bien los adquirentes del inmueble por decisión judicial se convirtieron en los titulares de los
derechos y obligaciones que correspondían al anterior arrendante, debían en todo caso respetar
las cláusulas del contrato y, por supuesto, el plazo del mismo.
Por todo lo expuesto, se colige que la Jueza Tercero de lo Mercantil, al ordenar el
desalojo del señor Edwin Ernesto Vaquerano Molina del inmueble que habitaba, vulneró su
derecho a la vivienda del no propietario, en conexión con los derechos de audiencia y de
defensa, en virtud de lo cual debe ampararse al demandante en su pretensión.
VI. Determinada la vulneración constitucional alegada, corresponde establecer el efecto
restitutorio de la presente sentencia.
1. A. De acuerdo con el art. 35 de la L.Pr.Cn., cuando se reconoce la existencia de un
agravio a la parte actora de un proceso de amparo, la consecuencia natural y lógica de la
sentencia es la de reparar el daño causado, ordenando que las cosas vuelvan al estado en que se
encontraban antes de la ejecución del acto reclamado.
2. Así, en el presente caso, se colige que el acto impugnado consumó sus efectos en los
derechos del pretensor, lo que impide una restitución material, por lo que procede únicamente
declarar mediante esta sentencia la infracción constitucional del derecho a la vivienda del no
propietario, en conexión con los derechos de audiencia y defensa, del señor Edwin Ernesto
Vaquerano Molina, quedando expedito el ejercicio de la indemnización por los daños que le
pudieron haber sido ocasionados como consecuencia de la actuación en la que incurrió la
autoridad judicial demandada.
POR TANTO, con base en las razones expuestas y en los arts. 11, 12 y 119 de la
Constitución y 32, 33, 34 y 35 de la Ley de Procedimientos Constitucionales, en nombre de la
República, esta Sala FALLA: (a) Sobreséese la pretensión incoada respecto de la supuesta
vulneración de los derechos a la seguridad jurídica, al juez natural y a la protección jurisdiccional
atribuidas a la Jueza Tercero de lo Mercantil de San Salvador; (b) Declárase que ha lugar el
amparo solicitado por el señor Edwin Ernesto Vaquerano Molina contra actuaciones de la Jueza
Tercero de lo Mercantil, por la vulneración de su derecho constitucional a la vivienda del no
propietario, en conexión con los derechos de audiencia y de defensa; (c) Queda expedita a la
parte actora la vía indemnizatoria, por los daños que le pudieron haber sido ocasionados con la
actuación de la autoridad demandada; y (d) Notifíquese.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------J.S. PADILLA-----F. MELÉNDEZ --------J.B JAIME------- E. S. BLANCO R. ------- R. E.
GONZÁLEZ B-------------------------------------------------------------------------------------------------------------PRONUNCIADO POR LOS SEÑORES MAGISTRADOS QUE LO SUSCRIBEN-------------------------------------------E SOCORRO C.------------------SRIA--------------------------------------------------------------------------------------RUBRICADAS----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
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