Violencia por razones de género

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Dra. Luisa Ortega Díaz
Fiscal General de la República
Alis Boscán
Vicefiscal General (E)
Mercedes Prieto Serra
Dirección General de Apoyo Jurídico
Zair Mundaray Rodríguez
Dirección General de Actuación Procesal
Yurima Elena Gil Trías
Dirección General Contra la Delincuencia Organizada
Ana Sofía Fernández
Dirección General Administrativa
Raquel del Rocío Gásperi Arellano
Dirección General de Apoyo a la Investigación Penal
Lisbeth Da Costa Rois
Dirección General para la Protección de la Familia y la Mujer
Dossier 1ra Edición Seminario Virtual
“Perspectiva de Género y Violencia Femicida/Feminicida”
República Bolivariana de Venezuela
Ministerio Público
Caracas, 2016
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Presentación
5
Primera Parte: Introducción a la perspectiva de género y
derechos de las mujeres
7
Antecedentes en la defensa de los derechos de la mujer
María Alejandra Mancebo Antúnez
8
Concepciones y teorías para la igualdad de género
Esther Pineda G
14
La igualdad formal y la igualdad real de la mujer
María Alejandra Mancebo Antúnez
21
Segunda Parte: Concepción de la violencia por razones de
género
31
Violencia por razones de género
Pedro José López Vargas
32
Aportes de la jurisdicción venezolana al proceso penal para la
protección de los derechos de las mujeres víctimas de violencia
de género
Sergio Edwin Correia Fernandes
43
Tercera
Parte:
Aproximación
femicida/feminicida
52
a
la
violencia
Naturaleza, contexto y escenarios del femicidio/feminicidio
Maryelith Suárez Bolívar
53
La Jurisdicción sobre el femicidio/feminicidio
Beremig Rodríguez Sojo
66
2
El diseño de la investigación penal de los femicidios/femicidios.
Mirada al protocolo latinoamericano de investigación de las
muertes violentas de mujeres por razones de género
Franciss Josefina Hernández Llovera
73
3
PRESENTACIÓN
El seminario virtual “Perspectiva de género y violencia
femicida/feminicida” es una iniciativa del Ministerio Público de la
República Bolivariana de Venezuela para los Ministerios Públicos de los
países miembros y asociados del MERCOSUR; con el objetivo de
contribuir en el proceso de formación y sensibilización de los/as fiscales y
otros/as profesionales partícipes del sistema de justicia penal en materia
de transversalización de la perspectiva de género, a fin de garantizar de
manera efectiva y oportuna los procesos de prevención, atención y
sanción de la violencia contra la mujer en sus múltiples manifestaciones,
así como, la investigación y aplicación de la justicia ante la ocurrencia del
delito de femicidio/feminicidio.
Este seminario se propuso como un mecanismo de apalancamiento de las
estrategias regionales y los esfuerzos institucionales desarrollados hasta
el momento para la protección de las mujeres; mediante la
profundización de los conocimientos, el intercambio de buenas prácticas
y el estudio de casos desde la perspectiva de género e investigación de la
violencia femicida/feminicida.
Además de ello, este programa formativo bajo la modalidad virtual se
presentó como novedoso al plantear la articulación de los componentes
teóricos, prácticos, audiovisuales e interactivos para proporcionar a los
participantes una experiencia integral, así como, la permanente
disponibilidad de los contenidos lo cual facilitó el proceso de acceso y
aprendizaje.
No obstante, tras su culminación nos propusimos la publicación del
“Dossier Primera Edición del Seminario Virtual Perspectiva de Género y
Violencia Femicida/Feminicida” el cual recopila en el formato de ensayo
4
las clases dictadas por los/as facilitadores/as, con el objetivo de
democratizar los conocimientos producidos en Venezuela y los países
miembros y asociados del MERCOSUR en materia de perspectiva de
género, violencia contra la mujer y el femicidio/feminicidio.
5
PRIMERA PARTE
Introducción a la perspectiva de género
y derecho de las mujeres
6
Antecedentes en la defensa de los derechos de
la mujer
María Alejandra Mancebo Antúnez1
La dominación patriarcal
El patriarcado para diversos autores es el orden social basado en un
modo de discriminación cuyo paradigma es el hombre; por tanto, es un
sistema socio-cultural que perpetúa las desigualdades en perjuicio de las
mujeres, y también de determinados hombres que no responden a sus
designios.
Las definiciones acerca del patriarcado son innumerables, pero
básicamente puede definirse como una forma de organización política,
económica, religiosa y social basada en la autoridad y el liderazgo de unos
pocos varones sobre el resto de la humanidad. Según Alda Facio (2005) se
trata de un sistema que justifica la dominación sobre la base de una
supuesta inferioridad biológica de las mujeres; de allí que para la autora
este tenga su origen histórico en la familia, cuyo mando lo ejecuta el
padre y este lo generaliza a todo el componente social.
Abogada, Especialista en Derecho Mercantil, Especialista en Derecho Procesal, Especialista
en Ciencias Penales y Criminológicas, Magister en Gerencia, Doctora en Gerencia, Doctora en
Educación y Post Doctorada en Gerencia Pública. Docente de pregrado en la Universidad
Católica Santa Rosa de Lima y de postgrado en la Universidad Católica Andrés Bello, la
Universidad Católica del Táchira y la Escuela Nacional de Fiscales del Ministerio Público. Se
desempeña actualmente como Fiscal tercera con competencia para la Defensa para la Mujer
en el Estado Lara.
1
7
Pero si bien es cierto que cuando se habla de patriarcado la palabra evoca
al pasado y a estructuras primitivas, la realidad es que el patriarcado está
más vigente que nunca, al punto de que continúa definiendo la
cotidianidad de hombres y mujeres, al ser el constructo primario sobre el
que se asienta la sociedad.
Así mismo, no podemos obviar que este se mantiene como consecuencia
de la existencia de un conjunto de instituciones en la sociedad que se
articulan para mantener y reforzar el dominio patriarcal; expresado en un
orden social, económico, cultural, religioso y político que sigue
determinando que las mujeres estén subordinadas a los hombres. En
otras palabras, la ideología patriarcal no sólo explica y construye las
diferencias entre mujeres y hombres como biológicamente inherentes y
naturales, sino que mantiene y agudiza otras formas de dominación.
Los movimientos sociales de las mujeres
Para entender y desarticular el patriarcado y su dominio, se hace
necesario aproximarnos al feminismo, entendido como las reflexiones y
actuaciones orientadas a acabar con la subordinación, desigualdad y
opresión de la que son víctimas las mujeres; y lograr, por tanto, su
emancipación y la construcción de una sociedad en la que ya no tengan
cabida las discriminaciones por razón de género.
8
Al respecto, Alda Facio (2002) describe el feminismo como un
movimiento social y político, pero también como una ideología y una
teoría que parte de la toma de conciencia de las mujeres como colectivo
humano subordinado, discriminado y oprimido -por el colectivo de
hombres en el patriarcado- para luchar por la liberación de su sexo y sus
derechos. Es por esta razón, que cuando se habla de feminismo se alude a
profundas transformaciones en la sociedad que afectan necesariamente a
hombres y mujeres.
Siguiendo a Facio, el moderno entendimiento de lo que conforma el
patriarcado y su sistema de dominación, son producto de las teorías
feministas; es decir, de un conjunto de saberes, valores y prácticas
explicativas de las causas, formas, mecanismos, justificaciones y
expresiones
de
la
subordinación
de
las
mujeres
que
buscan
transformarla. Así, el interés por la problemática de género es más que
académico, involucra un deseo de cambio y la emergencia de un orden
social y cultural en el cual el desarrollo de las potencialidades humanas
esté abierto tanto a las mujeres como a los hombres. Se trata, en
definitiva, del cambio de una forma de vida y de la ideología que la ha
sustentado por miles de años.
La consolidación del movimiento feminista en el siglo XX puede situarse
en la década de los 60, época en la cual los movimientos de mujeres
comienzan a demandar no solo el reconocimiento de sus derechos, sino
también, la incorporación de la perspectiva femenina en la concepción de
9
la sociedad moderna. Se demandaba la intervención de la mujer en la
cultura, ya no como un elemento pasivo, sino en un rol protagónico capaz
de
reestructurar
profundamente
la
subjetividad
del
mundo
contemporáneo.
Pero si queremos precisar esos movimientos en América Latina, la
catedrática Lola Luna (1993) señala que desde finales de los setenta en la
región se engendró una brote de movimientos sociales, entre ellos el de
las mujeres. La emergencia de estos movimientos guarda una estrecha
relación con la crisis política de los Estados y la crisis del desarrollo que
conllevo a que se excluyera a un sector de la población, ante lo cual los
movimientos sociales de la mujeres se constituyeron como una expresión
política frente al Estado que no les representaba, al mismo tiempo que se
consolidaron como una crítica al modelo de desarrollo.
Los movimientos sociales de las mujeres se desarrollaron de la mano de
lo político, dado que históricamente su participación fue limitada y en
algunos casos inexistentes. Pero al mismo tiempo que las mujeres eran
excluidas del ámbito público, ese mimo patriarcado las cercaba en el
espacio privado como madres y esposas, como productoras y
reproductoras de la moral social. Por ello, resulta interesante como los
movimientos feministas en América Latina se han expandido hacia otros
movimientos de mujeres. A ello se refiere según Lola Luna (1993) el
concepto de «movimiento social de mujeres» o «movimiento amplio de
10
mujeres» utilizado frecuentemente en la reciente literatura feminista
latinoamericana sobre movimientos sociales.
Alcances de la lucha por los derechos de la mujer
La situación social de las mujeres avanza con los cambios que han
ocurrido en América Latina, como bien lo describe Norma Villareal (1994)
ya son más las mujeres que se desplazan entre las grandes ciudades y las
zonas rurales, es mayor la autonomía personal y la movilidad social;
evidenciamos un mayor índice de mujeres empleadas en la economía
formal, lo cual se encuentra asociado al incremento del acceso de las
jóvenes a la educación. Además de ello, la participación de las mujeres en
la administración política y espacios de toma de decisiones ha crecido
considerablemente, sin embargo, continúa sin ser suficiente.
Es por este motivo que los movimientos sociales se ven redichos por las
fuerzas emergentes que imponen nuevos temas a la agenda de las luchas
sociales; en el caso de los movimientos de mujeres, estos continúan
caracterizándose por la fuerza y heterogeneidad de quienes lo integran,
pero siempre organizándose en torno a un proyecto cultural que exige el
quebrantamiento de la dominación patriarcal.
11
Bibliografía
Luna,
Lola.
(1993)
Feminismo:
encuentro
y
diversidad
en
organizaciones de mujeres latinoamericanas 1985-1990. Homines,
Volumen 17, número 1 y 2, San Juan.
Luna, Lola y Villarreal, Norma. (1994) Movimientos de Mujeres y
Participación Política en Colombia 1930-1991. Universitat de
Barcelona, Barcelona.
Facio, Alda & Fries, Lorena. (2005) Feminismo, género y patriarcado.
Revista Academia. Año 3, Número 6. Buenos Aires.
Facio, Alda. (2002) Con los lentes de género se ve otra justicia. El otro
derecho, número 28. Bogotá.
12
Concepciones y teorías para la igualdad de
género
Esther Pineda G2
Aun en nuestros días, hablar de género, división sexo/genérica, sexismo,
constituye una fuente de polémica al hacer ruptura con el pensamiento
tradicional mantenido y sedimentado en la conciencia social. Pese a ello,
en las últimas décadas la reflexión sobre el tema cobra cada día más
importancia; este hecho puede explicarse por una lado como
consecuencia directa del mantenimiento, incremento y profundización de
prácticas desiguales, excluyentes, discriminatorias y violentas contra la
mujer, pero también como consecuencia del auge de las reflexiones,
movimientos y acciones con fines vindicativos en cuanto a la igualdad y
dignificación de la mujer en la sociedad respecta.
Desigualdades por razones de género
Las desigualdades entre hombres y mujeres han estado presentes en las
diferentes etapas del proceso histórico social, y en las diversas formas
organizativas de las sociedades constituidas y conocidas alrededor del
mundo. Estas desigualdades como bien afirmase la socióloga Janet
Socióloga, Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer y Doctora en Ciencias Sociales.
Fundadora de EPG Consultora de Género y Equidad. Columnista en La Red 21, Wall Street
International y Contrapunto. Autora de los libros: “Roles de género y sexismo en seis
discursos sobre la familia nuclear”, “Reflexiones sobre Teoría Sociológica Clásica”, “Apuntes
sobre el amor”, “Las mujeres en los dibujos animados de la televisión”, “Racismo,
endorracismo y resistencia”, y “Bellas para morir”.
2
13
Saltman (1992) se hacen manifiestas “en millones de interacciones
diarias entre las personas, las mujeres se encuentran en desventaja y son
infravaloradas repetidas y sistemáticamente con respecto a los hombres,
en una amplia variedad de contextos distintos”.
La consolidación y naturalización de estas desigualdades entre hombres y
mujeres ha sido denominado sexismo, el cual puede ser definido como:
Un innegable hecho social, en el cual se genera una
relación desigual entre los sexos, generalmente
orientada a desfavorecer a las mujeres en el ámbito
político, económico, religioso, bélico, jurídico,
ideológico, educativo, familiar, entre otros; atribuyendo
características y propiedades subordinadas y
peyorativas a la mujer, cuya situación social se ve
condicionada por variables como: la clase social,
herencia étnica o racial, preferencia sexo-afectiva, edad,
estado civil, religión, ubicación geográfica, entre otras;
postura que ha sido legitimada principalmente por
agentes socializadores como la escuela, los medios de
comunicación, la familia; y cuyo modelo se ha
mantenido a lo largo del proceso histórico social
(Pineda, 2011, p. 6).
Desde tiempos inmemorables las mujeres han sido consideradas
inferiores, débiles, incapaces; se ha fomentado la necesidad de la tutela
masculina (padre, esposo o hijo), y se ha justificado la exclusión de la
mujer de lo público considerado espacio de prestigio y de poder, razón
por lo cual se afirma que “los hombres han creado el arte y la industria, la
14
ciencia y el comercio, el estado y la religión” (Simmel, 1999, p. 177). Es
decir, las mujeres se encuentran permanentemente en desventaja y
expuestas a un conglomerado de situaciones a las que los hombres no; en
la actualidad es posible señalar como expresiones de la discriminación
por razones de género:
Las representaciones de
las mujeres en los medios de
comunicación, donde su imagen con frecuencia aparece asociada a
los roles tradicionales, se promueven patrones de belleza irreales e
inalcanzables, y se utiliza constantemente el cuerpo y la imagen de
la mujer como objetos sexuales.
La participación de las mujeres en los medios continúa siendo una
imagen
sexualizada,
objetualizada,
sujeta
a
situaciones
estereotípicas como el tratamiento de temas y noticias vinculadas a
la farándula, la belleza, el amor, el cuidado del hogar y de los/as
hijos/as.
Las mujeres a nivel mundial poseen menor poder adquisitivo, aún
se enfrentan a mayores dificultades en lo que refiere el acceso a la
vivienda y los servicios públicos.
Las mujeres tienen menor acceso a la ciencia y la tecnología.
Las mujeres tienen menores índices educativos.
15
Las mujeres aún se encuentran con barreras de carácter jurídico
que limitan su participación y desarrollo económico, entre ellas
salarios inferiores, techo de cristal, prohibiciones masculinas.
Las mujeres ocupan en menor medida cargos de dirección política y
empresarial.
Las mujeres continúan siendo víctimas de la violencia machista
expresada en la violencia de tipo física, verbal, psicológica y
patrimonial, el acoso y la violencia sexual, la prostitución forzada y
la trata, llegando a formas extremas de violencia como el
femicidio/feminicidio.
Las mujeres continúan siendo víctimas de los crímenes motivados
por el honor, la dote o la viudez de las mujeres, el matrimonio
infantil, el repudio, las violaciones correctivas y la mutilación
genital femenina pero también la violencia experimentada por las
mujeres en el contexto de los conflictos armados donde son
desplazadas, víctimas de violaciones masivas y convertidas en botín
de guerra.
Las desigualdades y consecuente formas de discriminación por razones
de género nos han sido presentadas como normales, pero además como
un estado innato del orden social, inamovible e incuestionable, al
responder de acuerdo a lo transmitido por el pensamiento religioso,
16
filosófico y científico como condiciones otorgadas por la naturaleza. Como
bien afirmaría Pierre Bourdieu en su obra La dominación masculina “la
diferencia entre los sexos masculino y femenino, la diferencia de sus
órganos sexuales, opera como medio de justificación indiscutible de las
diferencias socialmente construidas entre los sexos”.
Es decir, las desigualdades sociales existentes entre hombres y mujeres, el
privilegio del que gozan los hombres y el perjuicio de las mujeres no es un
hecho natural, por el contrario, las desigualdades que han caracterizado a
los sexos son de carácter aprendido, responden a la crianza y a las formas,
contenidos y hábitos diferenciados y diferenciadores introducidos a
través de la socialización y legitimados a través de las instituciones
sociales como la familia, la escuela, la religión, los medios, entre otros.
La perspectiva de género
La perspectiva de género es una corriente de pensamiento que cuestiona
el status quo, que rechaza que la diferencia se convierta en desigualdad y
que las desigualdades sociales sean justificadas con los argumentos de la
biología. La perspectiva de género además de ser una corriente para la
comprensión de la realidad también es una práctica que se propone a
través del conocimiento y visibilización de realidades introducir cambios
en las pautas culturales que permitan trascender a formas relacionales
más equitativas.
17
De acuerdo a Coral Herrera Gómez en su libro La construcción
sociocultural de la realidad, el género y el amor romántico “las raíces
históricas del concepto de género podrían rastrearse en la obra de
Poulain de la Barre, que subrayó que la desigualdad social entre hombres
y mujeres no era consecuencia de la naturaleza, sino que estaba
directamente ligada a factores culturales. Sin embargo, la gestación del
concepto de género como instrumento operativo de análisis científico
tuvo lugar en el siglo XX. La noción de género, según Aurelia Martín
Casares (2006), surgió de la necesidad de romper con el determinismo
biológico implícito en el concepto de sexo, que marcaba simbólica y
efectivamente el destino de hombres y mujeres”.
Si bien ya Olympe de Gouges en “La declaración de los derechos de la
mujer y la ciudadana” y Mary Wollstoncraft en “La vindicación de los
derechos de la mujer” afirmarían que es la sociedad y no la biología quien
incapacita a las mujeres, no es sino hasta la década de los 70 que desde las
ciencias sociales, humanísticas y jurídicas comienza a desarrollarse una
teoría de género orientada a profundizar y explicar el proceso de
construcción de la identidad masculina y femenina, dando paso a la
creación de categorías que permitan dar cuenta del fenómeno, al mismo
tiempo que han favorecieron la emergencia de los estudios de género y la
perspectiva feminista como paradigmas para la transformación social.
18
Bibliografía
Bourdieu, Pierre. (2000) La dominación masculina. Editorial Anagrama,
Barcelona.
Gómez, Herrera. (2009) La construcción sociocultural de la realidad del
género y del amor romántico. Universidad Carlos III, Madrid.
Pineda, Esther. (2011) Roles de género y sexismo en seis discursos
sobre la familia nuclear. Acercándonos Ediciones, Buenos Aires.
Saltman, Janet. (1992) Equidad y género. Universitat de Valencia,
Valencia.
Simmel, George. (1999) Cultura Femenina. Alba Editorial, Barcelona.
19
La igualdad formal y la igualdad real de la
mujer
María Alejandra Mancebo Antúnez3
El principio de igualdad entre hombre y mujer precisa como situación
previa reconocer que desde la religión, la filosofía, la medicina, la
psicología, la literatura, entre otras disciplinas, se ha ido construyendo el
paradigma de que las mujeres son inferiores en relación con los hombres
en todos los sentidos, lo que implica innumerables situaciones de
desigualdad. Dicha afirmación -sobre los roles socialmente establecidos
por razón de género y la falsa creencia que la mujeres son ciudadanas de
segunda categoría- ha sustentado el mantenimiento de una estructura
social jerárquica, lo que ha repercutido en diversos campos como el
educativo, médico, laboral, político, y por supuesto el jurídico. Pero pese a
reconocer los avances en lo que respecta la situación social de la mujer
producida en los últimos años, la igualdad no ha podido alcanzarse. Por
ello, se hace necesario incorporar la perspectiva de género al ámbito
jurídico, es decir, pensar y crear leyes capaces de hacer ruptura con el
esquema patriarcal, con el propósito de garantizar el acceso de las
mujeres a la igualdad formal y real.
Abogada, Especialista en Derecho Mercantil, Especialista en Derecho Procesal, Especialista
en Ciencias Penales y Criminológicas, Magister en Gerencia, Doctora en Gerencia, Doctora en
Educación y Post Doctorada en Gerencia Pública. Docente de pregrado en la Universidad
Católica Santa Rosa de Lima y de postgrado en la Universidad Católica Andrés Bello, la
Universidad Católica del Táchira y la Escuela Nacional de Fiscales del Ministerio Público. Se
desempeña actualmente como Fiscal tercera con competencia para la Defensa para la Mujer
en el Estado Lara.
3
20
La igualdad formal y la igualdad real
Para autores tales como Carlos Bernal (2005) la igualdad se encuentra
orientada al establecimiento de un criterio de lo que históricamente se
pretende razonable para medir la legitimidad o ilegitimidad de una
desigualdad jurídica de trato entre un conjunto de la ciudadanía respecto
de un criterio previamente determinado; es decir, la igualdad sirve para
determinar, de forma no arbitraria y razonablemente, qué grado de
desigualdad jurídica de trato entre dos o más personas es tolerable, por lo
que la igualdad es un criterio que mide el grado de desigualdad
jurídicamente admisible.
Pero la igualdad no es una realidad objetiva, sino que su construcción
implica siempre un juicio de valor, un proceso de abstracción que
depende de la elección de criterios o rasgos considerados como
relevantes entre los que se compara. De esta manera, el concepto de
igualdad es incompleto y remite siempre a un punto de vista desde el que
se realizan las comparaciones, poseyendo un sentido procesal, pues abre
una vía para el argumento racional en relación con qué desigualdades
jurídicas de trato son tolerables y bajo qué circunstancias, por ello la
distinción ente las categorías de igualdad real y formal.
La igualdad es un concepto relacional que muestra la identidad que existe
entre dos o más personas, cosas o hechos en relación tan sólo con algunos
aspectos o elementos, reconociendo las diferencias sustanciales que
existen entre estos; ello sin obviar la óptica jurídica donde esta igualdad
21
entre las personas implica sin excepción, que con independencia de su
identidad son titulares de los mismos derechos y obligaciones, por lo que
la igualdad jurídica es la idéntica titularidad y garantía de los mismos
derechos fundamentales, precisamente por el hecho, de que los titulares
son entre sí diferentes.
Además es preciso entender que el mito de que todas las personas deben
ser tratadas exactamente de la misma forma no permite entender la
igualdad ya que ello desconoce las diferencias de trato social y jurídico
implementadas a favor de ciertos colectivos sociales, acciones específicas
que responden a la desventaja, circunstancias y necesidades específicas
en la que se encuentran dichos grupos como consecuencia de las diversas
manifestaciones de la desigualdad social.
Siguiendo a Bernal (2005) la igualdad formal puede definirse como las
manifestaciones que se originan desde el propio principio de igualdad de
trato, es decir, en la ley, ante la ley, en la aplicación de la ley, en el
contenido de la ley y en el mandato de no discriminación. Este hecho nos
lleva a tener que precisar cuando estamos en presencia de la igualdad en
la ley, la cual consiste en una orden dirigida y de aplicación en los órganos
judiciales, que garantiza el trato de la misma manera a todas las personas
que se encuentran en idéntica situación; pero también a las personas que
se hallan en situaciones distintas.
22
Así mismo, una de las consecuencias que se derivan de la igualdad formal
es la misma capacidad jurídica para toda la ciudadanía y la exigencia de la
generalidad de la ley; es decir, que tal principio es un mandato dirigido a
los órganos del Estado encargados de aplicar el derecho, mediante el cual
se les exige no interpretar y aplicar la norma de manera distinta en casos
en que sean sustancialmente iguales.
Por su parte la igualdad real se expresa en la práctica y se orienta a exigir
a los poderes públicos el combate a los obstáculos a la igualdad en los
hechos, por tanto puede llegar a pretender la implantación de algunas
medidas que compensen diversas diferencias negativas, encontrando su
punto de partida en la propia ley cuya ejecución se deba basar en la
justicia.
Al respecto es necesario recordar la a teoría de la justicia John Rawls
(1971) para quien los dos principios desde los que debe iniciar el proceso
para alcanzar una sociedad justa y equitativa son:
Que cada persona debe tener un derecho igual al esquema más
extenso de libertades básicas iguales compatible con un esquema
semejante de libertades para los demás.
Que las desigualdades sociales y económicas deben resolverse de
modo que resulten en el mayor beneficio de los miembros menos
aventajados de la sociedad (el principio de la diferencia), y que los
23
cargos y puestos deben estar abiertos para todos bajo condiciones
de igualdad de oportunidades (justa igualdad de oportunidades).
Las acciones afirmativas
Las acciones afirmativas pueden definirse como las actuaciones de los
Estados destinadas a combatir las discriminaciones directas, entre ellas es
posible considerar las acciones que sancionan y corrigen las
discriminaciones directas pasadas, así como, las estrategias voluntarias
adoptadas libremente para remediar las discriminaciones directas
actuales.
La doctrina también las define como aquellas medidas que tienen el fin de
conseguir una mayor igualdad real entre grupos sociales con problemas
de discriminación o de desigualdad de oportunidades. Otros autores se
refieren a ellas como el conjunto coherente de medidas de carácter
temporal dirigidas específicamente a remediar la situación de los
miembros del grupo a que están destinadas en un aspecto o varios
aspectos de su vida social para alcanzar la igualdad efectiva.
Algunos autores entienden las acciones afirmativas como las estrategias
temporales dirigidas a establecer la igualdad de oportunidades por medio
de una serie de medidas coherentes que permitan combatir, corregir o
constatar aquellas desigualdades de hecho o discriminaciones que son
resultado de prácticas, comportamientos o sistemas sociales. En otras
reflexiones se les definen como un conjunto de acciones y medidas que
mediante un trato diferenciado buscan que los miembros de un grupo
24
específico
-insuficientemente
representados
y
que
han
sufrido
discriminación- alcancen un nivel de participación más alta.
Sin embargo, las discriminaciones positivas se establecen para
situaciones muy concretas; en el caso que nos atañe estas actúan ante
formas de discriminación directas, como las desigualdades existentes
entre mujeres y hombres y el sexismo institucionalizado y naturalizado
en una sociedad patriarcal.
Instrumentos internacionales garantes de la igualdad real y formal
de la mujer
Son múltiples las convenciones, tratados, pactos, cumbres y declaraciones
que se han sido realizados con el fin de lograr el respeto de los derechos
humanos, que los principios de igualdad y no discriminación se vean
reconocidos, y, en especial, orientados a reconocer y garantizar la
igualdad real y formal de la mujer.
En este orden de ideas, es fundamental hacer referencia a la Carta de las
Naciones Unidas, como el primer instrumento que refleja diversas
medidas dirigidas a procurar la igualdad; así como, la no discriminación
por razones de género. Posteriormente la Declaración Universal de los
Derechos Humanos fue y continúa siendo un referente en relación al
reconocimiento y aplicación del principio de igualdad, explicitado en su
preámbulo donde se considera que la libertad, la justicia y la paz en el
mundo tiene por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los
derechos iguales e inalienables. Por otra parte, tanto el Pacto
25
Internacional de Derechos Civiles y Políticos como el Pacto Internacional
de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, han contribuido al
avance en materia de igualdad y no discriminación.
Así mismo, parece oportuno destacar que la Declaración sobre la
Eliminación de la Discriminación sobre la Mujer ha sido el primer
instrumento específico dirigido a erradicar las desigualdades que
experimentan las mujeres. Aunado a ello, destacan otras iniciativas entre
las que es posible considerar:
La Plataforma de Acción de Beijing, que reflejó novedades
importantes, entre ellos el reconocimiento de los impactos
negativos de la globalización en las mujeres y la propuesta de
asegurar un acceso igualitario a la protección social.
El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, que ha
coadyuvado en el reconocimiento de algunos derechos que hasta
entonces habían sido negados a las mujeres y que generaban
múltiples desigualdades.
La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer, considerada la “carta magna” en
cuanto al reconocimiento de los derechos de las mujeres, y de la
aplicación del principio de igualdad por razón de género. La
CEDAW es uno de los instrumentos más importantes de su tipo y su
adopción en el seno de Naciones Unidas constituye un hito en el
26
proceso del reconocimiento de los derechos humanos de las
mujeres y el proceso instrumentalización de la equidad como eje
previo a la consolidación de la igualdad.
La Convención Interamericana para prevenir, sancionar y Erradicar
la violencia contra mujer (Convención de Belém Do Pará), la cual
procura bajo el principio de igualdad prevenir, sancionar y
erradicar las múltiples formas de violencia contra la mujer.
Pese a ello, y de acuerdo al informe sobre la condición de la mujer en las
Américas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH),
es posible aún evidenciar la falta de igualdad formal de las mujeres;
situación que las coloca en una situación de desprotección frente a la
violencia pues “la mujer aún no alcanza igualdad jurídica plena en todos
los países de la región”. Así mismo, este informe resalta que “en
numerosos códigos penales valores tales como la honra, el pudor social, la
doncellez, la castidad, las buenas costumbres, prevalecen sobre valores
como la integridad psicofísica y la libertad sexual, impidiendo así la
debida protección legal a las víctimas de tales delitos, u obligándolas a
probar que pusieron resistencia en el caso del delito de violación, o
sometiéndolas a procedimientos interminables que producen una
continua victimización”.
Es ante estos hechos que la jurisprudencia de diversos tribunales ha
intentado avanzar en la igualdad material, por lo que ha tenido que
sistematizar algunos conceptos como el de discriminación indirecta o las
27
discriminaciones ocultas, que le permiten llegar a detectar la desigualdad
por encima de igualdades aparentes. En el caso de las mujeres, la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha establecido
que la obligación de garantizar la igualdad y no discriminación está
vinculada con la prevención, la investigación y la sanción de la violencia
contra ellas.
28
Bibliografía
Bernal, Carlos. (2005) El Derecho de los Derechos. Universidad
Externado de Colombia, Bogotá.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (1998) La condición de
la mujer en las Américas. Disponible en:
http://www.cidh.org/countryrep/Mujeres98/Mujeres98.htm
Rawls, John. (2006) Teoría de la justicia. Fondo de Cultura Económica,
Ciudad de México.
29
SEGUNDA PARTE
Concepción de la violencia por razones
de género
30
Violencia por razones de género
Pedro José López Vargas4
La Violencia por razones de género ha estado presente desde las épocas
más remotas de las diferentes culturas, las mujeres desde la antigüedad
han sido sometidas bajo el poder y el control que mediante la fuerza han
ejercido los hombres sobre ellas al ser consideradas débiles y
vulnerables; en la actualidad es un problema de gran calado social y de
difícil abordaje por su invisibilidad.
Los delitos de violencia de género afectan no sólo a la integridad física y
psicológica de las mujeres, sino el reconocimiento de su dignidad, ésta se
ejerce de muchas maneras y sus consecuencias son de diversa índole, está
presente en todas las sociedades del mundo, sea cual sea su sistema
político o económico. No sabe de culturas, clases sociales, ni de etnias y en
las mayoría de los casos en las relaciones de pareja, ésta violencia es
ejercida en nombre del amor, lo que hace en algunos casos mucho más
difícil su intervención por estar la mujer vinculada sentimentalmente con
su agresor.
Abogado, Especialista en Derecho Penal y Especialista en el ejercicio de la Función Fiscal.
Docente de pregrado y postgrado en la Universidad José María Vargas y en la Escuela Nacional
de Fiscales. Fiscal Provisorio Principal 132º del Área Metropolitana de Caracas con
competencia en Defensa para la Mujer en el Ministerio Público Venezolano.
4
31
Estructura socio-cultural de la violencia de género
Todo ser humano tiene potencial para ser violento si se educa para ello.
Esto no significa que todas las personas sean igualmente violentas o que
reaccionen igual ante un mismo estímulo. Detrás del ejercicio de la
violencia está la herencia cultural, siglos de civilización, siendo la
violencia doméstica su más común manifestación. El entorno y, en
particular, las relaciones sociales crean las condiciones necesarias que
generan la violencia contra las mujeres, mientras que el abono lo aportan
las creencias construidas sobre lo femenino y lo masculino.
La desigualdad es un terreno fértil para la violencia y, también, el hecho
de que algunas formas de violencia son socialmente toleradas. En
consecuencia, para analizar la relación violenta es importante analizar los
procesos de socialización y de incorporación de las personas a los
espacios en donde aprenden y desarrollan formas de vida, pensamientos,
actitudes, expectativas sociales.
La violencia de género siempre ha estado presente como realidad, sin
embargo, las agresiones de los hombres a las mujeres en lugar de ser
interpretadas como una manifestación de un problema más profundo,
como un problema social de incidencia mundial, han sido presentadas
como hechos aislados, como consecuencia de situaciones y circunstancias
determinadas, o perpetradas por personas perturbadas, víctimas de algún
32
trastorno psicológico o desviación social, lo cual ha contribuido a eximir
de responsabilidad a una estructura social desigual.
Un ejemplo de ello es la violencia doméstica (considerada la
manifestación más común de la violencia de género), y la cual de acuerdo
con algunos autores se desarrolla básicamente por tres factores, entre
ellos: La falta de control de impulsos, la carencia afectiva y la incapacidad
para resolver problemas adecuadamente; y la más común el abuso de
alcohol y drogas.
Definición y formas de violencia contra las mujeres
La violencia de género, de acuerdo al artículo N° 1 de la Convención
Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la
Mujer
“Convención de Belém do Pará”, suscrita en la República
Federativa del Brasil el 9 de junio de 1994, se define como: “Cualquier
acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o
sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito
público como en el privado”.
Esta violencia de género es un modelo de conductas aprendidas,
coercitivas que involucran abuso físico o la amenaza de abuso físico.
También puede incluir abuso psicológico repetido, ataque sexual,
aislamiento social progresivo, castigo, intimidación y/o coerción
económica.
33
Las formas y manifestaciones de la violencia contra la mujer son
moldeadas por las normas sociales y culturales, así como por la dinámica
de cada sistema social, económico y político. Factores tales como la raza,
el origen étnico, la casta, la clase, la condición de migrante o refugiada, la
edad, la religión, la orientación sexual, el estado matrimonial, su
condición de madre o no, la discapacidad o la condición de portadora o no
de VIH de las mujeres ha de influir en las formas de violencia que son
sufridas por estas.
Señalamos a continuación los diferentes ámbitos en que se puede
desarrollar la violencia de género contra de las mujeres en algunas de las
sociedades del mundo:
a) Violencia contra la mujer dentro de la familia
Las formas de violencia que puede experimentar una mujer dentro de la
familia durante su vida comprenden desde la violencia antes del
nacimiento hasta la violencia contra las mujeres ancianas. Entre las
formas de violencia contra la mujer en la familia que se detectan
corrientemente figuran las siguientes: los golpes y otras formas de
violencia en la relación de pareja, la violencia sexual, la violencia
relacionada con la dote, el infanticidio femenino, el abuso sexual de las
niñas en el hogar; la ablación o mutilación genital femenina, el
matrimonio precoz, el matrimonio forzado, entre otras. En este escenario
también ocurre la violencia no proveniente de la pareja, entre estas es
34
posible considerar la violencia cometida contra las trabajadoras
domésticas y otras formas de explotación.
Esta forma de violencia es la más común y silenciosa en las sociedades del
mundo, basada el dominio masculino sobre la mujer; comportamiento
masculino de dominación y control que no es natural y se sostiene a
través de toda una estructura patriarcal que tolera el uso y abuso del
poder. La violencia que éstas viven puede expandirse hacia sus hijas e
hijos. De esta manera también se convierten en víctimas, o en
observadoras u observadores de la violencia que se ejerce sobre la madre.
Este proceso favorece que desde temprana edad, niñas y niños sean
socializados en un ambiente de violencia en el cual se va creando la
“normalización” del fenómeno.
b) Violencia contra la mujer cometida o tolerada por el Estado
El Estado ya sea por conducto de sus agentes o mediante políticas
públicas, puede perpetrar la violencia física, sexual y psicológica contra la
mujer. Se entiende por agentes del Estado todas las personas facultadas
para ejercer elementos de la autoridad del Estado, miembros de los
poderes legislativo, ejecutivo y judicial, así como agentes de la ley,
funcionarios de la seguridad, social, guardias carcelarios, funcionarios de
los lugares de detención, funcionarios de inmigración y miembros de las
fuerzas militares y de seguridad.
35
c) Violencia contra la mujer en los conflictos armados
Durante los conflictos armados, las mujeres experimentan todas las
formas de violencia física, sexual y psicológica, cometidas por actores
estatales y no estatales. Dichas formas comprenden homicidios
(premeditados o no), torturas y otros tratos o penas crueles, inhumanos o
degradantes, raptos, mutilaciones y desfiguraciones, reclutamiento
forzado de mujeres combatientes, violaciones, esclavitud sexual,
explotación sexual, desapariciones involuntarias, prisiones arbitrarias,
matrimonios forzados, prostitución forzada, abortos forzados, embarazos
forzados y esterilización compulsiva.
d) Violencia contra la mujer en la comunidad
Las mujeres también se enfrentan a una violencia generalizada dentro de
la comunidad en general. La violencia física, sexual y psicológica puede
ser algo cotidiano en las interacciones de las mujeres en sus barrios, en el
transporte público, en los lugares de trabajo, las escuelas, los clubes
deportivos, las universidades y los hospitales, así como, en las
instituciones religiosas y otras instituciones sociales. Las formas de
violencia contra las mujeres y las niñas en la comunidad en general
comprenden el feminicidio, la violencia sexual, la violación, el acoso
sexual, la trata de mujeres y la prostitución forzada.
36
En la violencia según Alonso-Fernández (1984) se identifican tres
momentos, entre ellos: La motivación (casi siempre en el pathos de la
pasión), la experiencia vivenciada (como autoafirmación y demostración
de poder), y la manifestación o conducta violenta (una descarga contra el
mundo).
Este mismo autor menciona, además, cinco formas de proyección de la
violencia:
Directa y libre (contra el objeto odiado o el obstáculo frustrador).
Indirecta (dirigida contra el sujeto débil, el marginado).
Inhibida (calumnia, difamación, demanda judicial).
Enmascarada (amor exigente, celoso y tiránico, el chiste, la
manipulación, etcétera).
La negativa (silencio, incomunicación, etc).
Garantías de las mujeres en el ordenamiento jurídico
Ante este problema social los Estados deben adoptar medidas urgentes y
concretas para garantizar la igualdad y proteger los derechos humanos de
la mujer. Los Estados tienen la obligación de respetar, proteger, promover
y facilitar el ejercicio de todos los derechos humanos, incluido el derecho
de la mujer a no ser discriminada. Cuando esto no ocurre se ejerce y se
exacerba la violencia contra la mujer. Por ejemplo, si los Estados permiten
37
que las leyes discriminatorias sigan en vigor, o si en las leyes no se
consideran delito ciertas formas de violencia contra la mujer, estos actos
se cometerán con toda impunidad.
Entre los instrumentos jurídicos más importantes a nivel mundial, en
materia de Violencia contra la Mujer tenemos:
La Convención sobre la eliminación de todas las formas de
discriminación contra la mujer (CEDAW), aprobada el 18 de
diciembre de 1979, por la Asamblea General de las Naciones
Unidas, la cual entró en vigor como tratado internacional el 3 de
septiembre de 1981 tras su ratificación por 20 países; en 1989, casi
100 naciones han declarado que se consideran obligadas por sus
disposiciones. Uno de sus tres principios básicos es el de la
responsabilidad estatal en la protección de víctimas de violencia.
La Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, adoptada por 189
países en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada
en Beijing en 1995. Esta declaración consolidó esos avances al
subrayar que la violencia contra la mujer es a la vez una violación
de los derechos humanos de las mujeres y un obstáculo para el
pleno disfrute de todos los derechos humanos por parte de las
mujeres. El centro de atención pasó a ser la exigencia de
38
responsabilizar a los Estados por las medidas encaminadas
prevenir y eliminar la violencia contra la mujer.
La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar
la Violencia contra la Mujer “Convención de Belém do Pará”;
aprobada en la 24ª Asamblea de la OEA, en junio de 1994, fue
ratificada por el Congreso Nacional en noviembre de 1994. En su
artículo número 7 obliga a los Estados miembros a crear normas
positivas y eficaces para proteger a la mujer de la violencia.
De igual forma consideramos de importancia señalar, por lo abominable
de ésta práctica, la iniciativa planteada por el País de África Occidental,
Burkina Faso, que sancionó la Ley de Burkina Faso para la prohibición de
la mutilación genital femenina en 1996. Esta ley traduce el compromiso
del gobierno de erradicar la mutilación/ablación genital de las mujeres
mediante su criminalización. La implementación efectiva de la Ley en
Burkina Faso se garantiza mediante una serie de medidas que la
acompañan, definidas en un plan de acción nacional, y un conjunto de
iniciativas que se aplican en el campo de la política social, la educación y
la salud pública. El enfoque ha revelado su eficacia a través de la
reducción de la mutilación genital, la detención de los maltratadores y el
cambio de comportamiento.
39
Entre otras garantías legales internacionales sancionadas en contra de
violencia de género podemos señalar el Convenio del Consejo de Europa
sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la
violencia doméstica (Convenio de Estambul) 2011. Este tratado
vinculante sobre derechos humanos compromete a los Estados firmantes
a dar una respuesta integral y multidisciplinaria a la violencia mediante
acciones preventivas a largo plazo y la aplicación de medidas que
aseguren la persecución de los autores y la protección de las
supervivientes. Entró en vigor en agosto de 2014 y es el más exhaustivo
instrumento internacional en materia de violencia ejercida contra las
mujeres y está abierto a la adhesión de cualquier Estado del mundo.
Pero además de estas garantías internacionales en materia de violencia
de género, algunos países ya cuentan con instrumentos especializados
para prevenir y sancionar este tipo de violencia en sus ordenamientos
jurídicos internos.
40
Bibliografía
Alonso, Francisco. (1984) Raíces psicológicas de la violencia. Fundación
Santa María, Madrid.
Instituto Nacional de las Mujeres. (2008) Compilación de los principales
instrumentos internacionales sobre derechos de las mujeres. D.F.
41
Aportes de la jurisdicción venezolana al
proceso penal para la protección de los
derechos de las mujeres víctimas de violencia
de género
Sergio Edwin Correia Fernandes5
El proceso penal desde la perspectiva de género
El proceso penal desde la perspectiva de gé nero en Venezuela tiene
principios procesales que son fundamentales para la realizació n efectiva
de la justicia de gé nero, entre los que destacan dos principios que se
entrelazan uno con el otro. El primero es la celeridad y el otro es la
protecció n de las vıć timas de violencia de gé nero; visualizando ası́una
marcada diferencia con respecto al procedimiento ordinario.
Existe un ré gimen especial hacia la protecció n de las mujeres que
responde a los compromisos contraı́dos por la Repú blica Bolivariana de
Venezuela como Estado en los pactos y tratados internacionales que
consagran la obligatoriedad de los Estados de proteger a la mujer en casos
de violencia contra su integridad personal, entre los que destacan:
Abogado y Especialista en Derecho Procesal Penal. Docente de pregrado en la Universidad
Experimental de la Seguridad, y facilitador permanente de la Ley Orgánica sobre el Derecho
de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en la Escuela Nacional de Fiscales. Fiscal
Provisorio Principal 131º del Área Metropolitana de Caracas con competencia en Defensa
para la Mujer en el Ministerio Público Venezolano.
5
42
La Declaració n Universal de los Derechos Humanos
La Convenció n sobre los Derechos Polı́ticos de la Mujer
La Convenció n sobre la Eliminació n de todas las Formas de
Discriminació n contra la Mujer CEDAW (Artıć ulos N° 2, 3 y 14)
La Declaració n y Programa de Acció n de Viena (Artıć ulo N° 18)
La Convenció n Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar
la Violencia contra la Mujer “Convenció n de Belé m Do Pará ”
(Artı́culo N° 7)
Declaració n y Plataforma de Acció n de Beijing (Artıć ulos N° 112,
113, 117, 120 y 124)
La Ley Aprobatoria del Protocolo Facultativo
No obstante, entre estas cobra especial importancia la Convenció n sobre
la Eliminació n de todas las formas de Discriminació n contra la Mujer y la
Convenció n Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la
Violencia contra la Mujer “Convenció n de Belé m Do Pará ”, que imponen a
los
Estados
-entre
otras
obligaciones
el
establecimiento
de:
“procedimientos legales justos y eficaces para la mujer que haya sido
sometida a violencia, que incluyan, entre otros, medidas de protecció n, un
juicio oportuno y el acceso efectivo a tales procedimientos”.
43
Estos procedimientos con perspectiva de gé nero, quedan amparados en el
numeral 2 del artıć ulo 21 de la Constitució n de la Repú blica Bolivariana
de Venezuela que hace referencia a la adopció n de medidas positivas a
favor de las personas discriminadas, marginadas o vulnerables, y que se
encuentren en situació n de debilidad frente a los abusos o maltratos. El
referido dispositivo constitucional visualiza un grupo poblacional
tradicionalmente vulnerable como lo es el de las mujeres, tal como lo
establece acertadamente la sentencia de la Sala Constitucional N° 229 del
14 de febrero de 2007.
En este contexto, la jurisprudencia constitucional ha dicho que:
Los jueces y operadores jurı́dicos en general, en materia
de gé nero, deben abandonar los tradicionales esquemas
del sistema social patriarcal y androcé ntrico imperante,
de las creencias, comportamientos, roles, expectativas y
atribuciones que sustentan a dicho sistema, ası́como la
discriminació n y violencia contra las mujeres en
general, y adoptar fielmente el ré gimen especial de
protecció n a favor de las mujeres, en pro de la justicia
social, pues de lo contrario se estarıá vulnerando la
integridad fı́sica y moral de quien demanda esa
protecció n especial (Sentencia de la Sala Constitucional
del Tribunal Supremo de Justicia N" 486 del 24 de mayo
de 2010).
De acuerdo a ello, es indudable que lo fundamental es abandonar los
esquemas tradicionales y evitar que la vı́ctima de violencia de gé nero sea
re-victimizada por el sistema, se aleje del proceso o continú e inmersa en
el ciclo de la violencia donde se encuentra.
44
Por esta razó n, lo especialı́simo del procedimiento establecido en la Ley
Orgá nica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, es
que segú n la naturaleza del delito y el bien jurıd
́ ico protegido que sea
puesto en peligro o vulnerado, el Ministerio Pú blico -como titular de la
acció n penal- pone en marcha una serie de medidas para garantizar la
integridad fı́sica, psicoló gica, laboral, sexual, patrimonial e inclusive
familiar de la vıć tima de violencia de gé nero; con el firme propó sito de
evitar la revictimizació n secundaria y terciaria.
Medidas de protección y seguridad
Una vez interpuesta la denuncia de algú n legitimado de un hecho punible
que pueda subsumirse dentro de algunos de los tipos penales
establecidos en la Ley Orgá nica Sobre el Derecho de las Mujeres a una
Vida Libre de Violencia, el ó rgano receptor de la denuncia debe dictar
inmediatamente medidas de protecció n y seguridad a favor de la vıć tima
de violencia de gé nero; con el objeto de proteger y salvaguardar su
integridad fı́sica, psicoló gica, laboral, sexual, patrimonial e inclusive
familiar.
El mandato Constitucional de garantizar por parte del Estado el goce y
ejercicio irrenunciable e interdependiente de los derechos humanos de las
mujeres, ası́ como, su derecho al libre desenvolvimiento de la
personalidad sin ningú n tipo de limitaciones, queda dispuesto en el
artı́culo N° 5 de la Ley Especial de Gé nero, que señ ala:
45
El Estado tiene la obligació n indeclinable de adoptar
todas las medidas administrativas, legislativas,
judiciales y de cualquier otra ı́ndole que sean necesarias
y apropiadas para asegurar el cumplimiento de esta Ley
y garantizar los derechos humanos de las mujeres
vı́ctimas de violencia (Ley Orgá nica Sobre el Derecho de
las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, 2014).
En este sentido, los ó rganos receptores de la denuncia deben imponer
inmediatamente al presunto agresor las medidas de protecció n y
seguridad que se le otorgó a la vıć tima, con el objeto que estas cumplan
una labor realmente preventiva, de aseguramiento en primer té rmino del
bien jurı́dico protegido o puesto en peligro y la propia dignidad de las
mujeres vıć timas de violencia de gé nero.
Estas medidas de protecció n y seguridad dictadas a favor de la vıć tima de
violencia de gé nero por cualquier ó rgano receptor de la denuncia o por el
propio Ministerio Pú blico -como titular de la acció n penal-, deben ser
proporcionadas con el hecho objeto del proceso; siempre tratando con el
presunto agresor que cese los actos de violencia en contra de la vıć tima y
sensibilizarlo para cumplir el propó sito y fin de la Ley Especial.
En materia de violencia de gé nero, estas medidas tienen aparte un
cará cter instrumental de velar por la regularidad del proceso, el de
garantizar la integridad fı́sica, psicoló gica y sexual de la mujer vıć tima de
violencia de gé nero, atendiendo a la finalidad de la Ley que es prevenir,
sancionar y erradicar toda forma de violencia contra la mujer; siendo una
obligació n de los ó rganos receptores de la denuncia y tribunales
garantizar el disfrute de los derechos de la misma sin que se vean
46
amenazados ante posibles agresiones actuales o probables por parte del
presunto agresor.
Supuestos de la flagrancia
La gran mayorı́a de los hechos punibles donde se encuentren como sujeto
pasivo vıć timas de violencia de gé nero ocurren en el seno del hogar o en
la clandestinidad, es por eso que se debe dar un tratamiento diferente a
los delitos ordinarios. En materia de violencia de gé nero se cuenta en la
mayorı́a de los casos con el testigo ú nico que es la propia vıć tima,
debiendo el verbatum de la mujer vıć tima de violencia de gé nero ser
corroborado con otros actos de investigació n.
Al respecto, la Repú blica Bolivariana de Venezuela, establece supuestos en
los que se estima que un ciudadano o ciudadana ha sido aprehendido en
flagrancia, en virtud del procedimiento especial previsto para el
juzgamiento del catá logo de delitos de violencia gé nero; el cual es
necesario describir, para entender y definitivamente deslastramos de los
supuestos ordinarios que establece el Có digo Orgá nico Procesal Penal, tal
como lo estable el artı́culo 96 de la Ley Orgá nica sobre el Derecho de las
Mujeres a una Vida Libre de Violencia:
1. El que se está cometiendo
2. El que se acaba de cometer
47
a) Se entiende que se acaba de cometer cuando la vıć tima u otra
persona que haya tenido conocimiento del hecho, acuda dentro de
las veinticuatro (24) horas siguientes a la comisió n del hecho
punible al ó rgano receptor o a la autoridad que tenga conocimiento.
b) En este supuesto la autoridad competente debe dirigirse en un
lapso que no debe exceder de doce (12) horas, hasta el lugar donde
ocurrieron los hechos, donde debe recabar los elementos que
acreditan su comisió n, y verificados los supuestos de flagrancia
procede a practicar la aprehensió n en situació n de flagrancia.
c) Cuando el agresor se vea perseguido por la autoridad policial, o por
la mujer agredida, por un particular o por el clamor pú blico.
d) Cuando
se
produzcan
solicitudes
de
ayuda
a
servicios
especializados de atenció n a la violencia contra las mujeres,
realizadas a travé s de llamadas telefó nicas, correos electró nicos o
fax, que permitan establecer su comisió n de manera inequıv́ oca.
e) El que se sorprenda a poco de haberse cometido el hecho, en el
mismo lugar o cerca del lugar donde se cometió , con armas,
instrumentos u objetos que de alguna manera hagan presumir con
fundamento
que
é l
es
el
autor.
48
Ademá s de ello, se hace necesario mencionar que a diferencia del
procedimiento ordinario, en los casos de violencia de gé nero el organismo
policial tiene veinticuatro (24) horas para poder recepcionar la denuncia
a la mujer vıć tima de violencia, y buscar otros elementos de investigació n
que corroboren el dicho de la vıć tima y vinculen directamente al presunto
agresor con el hecho denunciado; para ası́ poder ser detenido en los
supuestos establecidos de flagrancia.
Ası́ mismo, resulta fundamental señ alar la sentencia de la Sala
Constitucional Nº 272 del 15 de febrero de 2007 de la Magistrada Carmen
Zuloeta de Merchan, que establece:
La detenció n judicial del sujeto activo de los delito de
gé nero, má s que ser una medida preventiva privativa de
libertad en el concepto tradicional del derecho penal o
una medida de aseguramiento con fines privativos como
lo establecen la Ley Orgá nica para la Protecció n del
Niñ o y del Adolescente y la nueva normativa agraria, es
una medida positiva de protecció n que incardina a la
Ley que regula la materia dentro de las normas de
Derechos Humanos (Sentencia Sala Constitucional Nº
272, 15 de febrero de 2007).
49
Bibliografía
Ley Orgánica Sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de
Violencia. (2007, 23 de Abril). Gaceta Oficial de la República Bolivariana
de Venezuela Nº 38668. Reformada parcialmente (20014, 25 de
Noviembre).
Zuleta, Carmen. (2013) Nuevos criterios sobre género en la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia años 2009-2013.
Vadell Hermanos Editores, Caracas.
50
TERCERA PARTE
Aproximación a la violencia
femicida/feminicida
51
Naturaleza,
contexto
y
escenarios
del
femicidio/feminicidio
Maryelith Suárez Bolívar6
Desde el año 2000 diversos países de América Latina han experimentado
un progreso normativo para la tipificación de las muertes de mujeres en
razón de su condición
de mujeres; denominado este hecho como
homicidio agravado en países tales como Colombia, Chile, Argentina y
Bolivia; definiéndolo como femicidio en Costa Rica, Guatemala, Nicaragua,
Honduras y Venezuela, y finalmente considerado feminicidio en El
Salvador, Bolivia y Perú.
Evidentemente los procesos de tipificación de las muertes de mujeres por
razones de género no han sido homogéneos, sin embargo, desde la
perspectiva dogmática jurídico-penal, la mayoría de las legislaciones
consultadas incorporan el tipo penal de Femicidio/Feminicidio en los
capítulos o títulos de los Códigos Penales o leyes especiales relativos a los
delitos contra la vida o la integridad de las personas.
Abogada, Especialista en Ciencias Penales y Criminalística, Especialista y Magister en
Criminalística, y Especialista en el Ejercicio de la Función Fiscal. Actual Directora para la
Defensa de la Mujer en el Ministerio Público de la República Bolivariana de Venezuela.
6
52
Sin duda entonces, el bien jurídico tutelado es la vida; no obstante, existen
algunas posiciones que consideran que los femicidios son delitos
pluriofensivos en la medida en que afectan diversos intereses de la
víctima, como su dignidad, integridad sexual, física, debilitando su
entorno familiar, laboral y social.
Esto refleja que a nivel mundial se ha destacado la muerte de mujeres por
motivos de género constituyendo este acto el último de un continuo
camino de violencia, la complejidad de sus causas, la gravedad de las
consecuencias para las propias víctimas sobrevivientes, familia,
comunidad y la sociedad en global; así como, la alta probabilidad que
tienen las mujeres de morir en el contexto íntimo principalmente causado
por su pareja sentimental.
Pero para lograr que este cambio legislativo tenga un impacto positivo en
el ámbito cultural, se amerita con urgencia un análisis profundo del delito
de femicidio/feminicidio que permita distinguir entre muertes de
mujeres ocurridas en el contexto íntimo y otros hechos violentos donde
también pierde la vida la mujer, pero que no ocurren con ocasión a su
condición de ser mujer, por lo cual, no pueden denominarse
femicidio/feminicidio.
53
El origen del concepto de femicidio
Ha sido claro que aún no existe una definición acordada sobre los
conceptos femicidio y feminicidio, existen amplios debates en el ámbito
de las ciencias sociales y políticos sobre su alcance y contenido. Sus
acepciones son diversas según el enfoque desde el cual sea analizado, sin
embargo, resulta imperioso indagar sobre el surgimiento del término de
femicidio para así precisar la intención del legislador al incorporar este
tipo penal.
En el año 1976 Diana Russell hizo público el término femicidio ante el
Tribunal Internacional sobre los Crímenes contra la Mujer realizado en
Bruselas, para precisar las formas de violencia extrema contra la mujer.
Esta expresión surge como alternativa al término neutral de homicidio
con el objetivo único de visibilizar y reconocer la discriminación, la
desigualdad y violencia sistemática contra la mujer; que en su forma más
extrema, Russell y Radford (2006) lo definen como el asesinato misógino
de mujeres cometidos por hombres.
De acuerdo a esta postura, el femicidio es un tipo de homicidio sexista, es
decir el asesinato cometido por hombres motivado a un sentido de
pertenencia sobre la mujer, derecho a disponer de la vida de éstas y
superioridad sobre las féminas.
Cabe agregar que autores como Carcedo y Sagot (2000), así como,
Monárrez y Lagarde (2006), señalaron que en América Latina la
expresión femicidio ha sido definida de diferentes formas como: asesinato
54
misógino de mujeres por los hombres; el asesinato masivo de mujeres
cometido por hombres desde su superioridad de grupo; o la forma
extrema de violencia de género, entendida como la violencia ejercida por
hombres contra las mujeres en su deseo de obtener poder, dominación y
control.
Las definiciones anteriores, advierten al lector sobre una base
principalmente de sistemas patriarcales donde los derechos de las
mujeres son anulados o inexistentes, siendo comunes estas características
de opresión y dominación sobre el sexo femenino.
En este sentido Russell (2006) en su investigación titulada Definición de
feminicidio y conceptos relacionados, refleja una evidente preocupación e
interés sobre el tema al ser la primera mujer que utilizó la categoría
Femicide directamente relacionada a la violencia de género para
exponerlo ante el Tribunal Internacional de Crímenes contra Mujeres.
Por su parte, Lagarde (2014) en su estudio Antropología, Feminismo y
Política: Violencia feminicida y Derechos Humanos de las mujeres, comenta
aspectos importantes tales como los factores que inciden en el desarrollo
del femicidio, como fenómeno derivado de silencio social.
Igualmente Garita (2013) en su estudio La regulación del delito de
femicidio/feminicidio en América Latina y el Caribe, aborda la controversia
que gira en torno a la acepció n gramatical al momento de castellanizar la
55
palabra Femicide, de un lado femicidio y del otro feminicidio. La autora
señ ala que ambos té rminos no son iguales, ya que el primero se centra
sobre el homicidio de mujeres por razones de gé nero, mientras que el
segundo es mucho má s complejo y se funda en el conjunto de violaciones
a los derechos humanos de las mujeres que contienen los crı́menes y las
desapariciones forzadas de mujeres y que é stos fuesen identificados como
crı́menes de lesa humanidad.
Finalmente los distintos protocolos desarrollados en esta materia, se
dedican a analizar las formas y manifestaciones de ese tipo de violencia
denominada Femicidio/feminicidio; la complejidad de sus causas, el
aumento preocupante de su prevalencia en algunos contextos, y la
gravedad de sus consecuencias para las víctimas, pero también para sus
familias, la comunidad y la sociedad. Además de ello, visibilizan el hecho
de que los femicidios/feminicidios se producen tanto en el hogar como en
la comunidad, ya sea a mano de agentes del Estado o de personas
individuales, lo cual hace determinante el análisis desde la perspectiva de
género como antecedentes centrales para a la investigación penal
criminalística.
Homicidio versus femicidio/feminicidio
El Homicidio es un delito que consiste en matar a otra persona.
Etimológicamente se descompone en Homo (hombre) y Cidium, derivado
de Caedere, matar. Es una conducta típica, antijurídica y por regla general
56
culpable que consiste en atentar contra el bien jurídico de la vida de una
persona.
Dentro del Homicidio se puede encontrar dos tipos de sujetos:
Sujeto Activo: Es aquel que ejecuta la conducta de acción o de
omisión, para producir el resultado muerte, es decir, el homicida.
Sujeto Pasivo: Es el individuo que sufre la acción homicida.
En casi todos los textos jurídicos consultados, se define al homicida como:
“El que intencionalmente haya dado muerte a alguna persona…”. La
conducta aquí establecida es la del Homicidio Intencional el cual puede
ser: simple, agravado, o calificado según la legislación aplicada.
Pero para Grisanti (2007) en su libro Manual de Derecho Penal Parte
Especial, para la configuración del delito de homicidio es necesario el
cumplimiento de los siguientes elementos:
La destrucción de una vida humana
La intención de Matar
Que la muerte del sujeto pasivo sea el resultado, exclusivamente, de
la acción u omisión del agente
57
Que exista una relación de causalidad entre la conducta positiva o
negativa del agente y el resultado típicamente antijurídico.
En este delito, tanto el sujeto activo como el pasivo son indiferentes, no
existe una tipología ni características específicas que definan a los
individuos que en determinado momento puedan ser parte del mismo; no
así en el delito de femicidio.
El objeto jurídico tutelado, es la vida, por ser la que resulta destruida
mediante la perpetración de este delito. El homicidio intencional simple,
puede ser cometido a través de diferentes medios de perpetración, ya
sean directos o indirectos; de acción u omisión; físicos o morales; además,
este tipo de homicidio admite los grados de tentativa y frustración. Siendo
el homicidio el tipo básico, el femicidio es un tipo de homicidio
independiente pero se configura en un contexto distinto al común, siendo
su base principal quitarle la vida a la mujer por el sólo hecho de serlo.
En el plano teórico, se admite que el femicidio es el asesinato de mujeres
como resultado extremo de la violencia de género, que ocurre tanto en el
ámbito privado como público y comprende aquellas muertes de mujeres a
manos de sus parejas o ex parejas o familiares, las asesinadas por sus
acosadores, agresores sexuales y/o violadores; así como, aquellas que
trataron de evitar la muerte de otra mujer y quedaron atrapadas en la
acción femicida.
58
En definitiva, se concluye que el femicidio es la muerte violenta de una
mujer cometida por un hombre por el simple hecho de ser mujer, con
independencia que ésta se cometa en el ámbito público o privado y que
exista o haya existido o no, alguna relación entre agresor y víctima.
Por su parte Marcela Lagarde (2014) definió como el acto de asesinar a
una mujer, sólo por el hecho de su pertenencia al sexo femenino, como
feminicidio, pero intentando dar a este concepto un significado político
para denunciar la inactividad, con claro incumplimiento de las
convenciones internacionales, de los Estados, en una lucha eficaz,
contundente, sería e inflexible contra estos brutales crímenes y sus
autores. Lagarde eligió la voz feminicidio para denominar al conjunto de
hechos que contienen los crímenes y las desapariciones de mujeres
cuando concurra, el silencio, la omisión, la negligencia, la inactividad de
las autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes.
Hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea
condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad, en el hogar, ni
en el lugar de trabajo, en la vía pública o en lugares de ocio. En la misma
línea -pero ampliando aún más el concepto al incluir bajo tal terminología
no sólo la muerte dolosa sino otros actos de violencia previa- Monárrez
(2006) afirma que:
59
El feminicidio comprende toda una progresión de actos
violentos que van desde el maltrato emocional,
psicológico, los golpes, los insultos, la tortura, la
violación, la prostitución, el acoso sexual, el abuso
infantil, el infanticidio de niñas, las mutilaciones
genitales, la violencia doméstica y toda política que
derive en la muerte de las mujeres, tolerada por el
Estado (Monárrez, 2006, p. 43).
Es evidente entonces que estamos ante términos complementarios,
siendo el femicidio el homicidio o asesinato de la mujer por el simple
hecho de pertenecer al sexo femenino; y feminicidio el conjunto de
femicidios, en una situación de absoluta o patente inactividad de los
Estados para la persecución y evitación de tales crímenes. A este último
concepto se están refiriendo las diferentes organizaciones internacionales
cuando al definir la violencia de género se refieren a la violencia tolerada
o perpetrada por el Estado y sus agentes.
Esta situación de inactividad estatal en clara dejación de sus funciones
para la protección del derecho a la vida, motivó la demanda contra los
Estados Unidos Mejicanos ante la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH) por la impunidad de los femicidios que se producen en
la Ciudad de Juárez (Caso González y otras -"campo algodonero"- vs.
México); el juicio que se celebró entre el 27 y 30 de abril de 2009 en Chile
y finalizó por Sentencia de 16 noviembre 2009 por la que se condenó a
México por feminicidio, imponiéndole diversas obligaciones, entre otras a
conducir el proceso penal en curso por la desaparición de las tres jóvenes
60
a que se refiere el asunto conforme a una perspectiva de género;
investigar y sancionar a los funcionarios implicados en las irregularidades
detectadas; e investigar y sancionar a los responsables de los
hostigamientos de los que fueron objeto los familiares y afines de las
víctimas.
De la lectura de la sentencia se destaca que la demanda se relaciona con la
supuesta responsabilidad internacional del Estado por la desaparición y
ulterior muerte de las jóvenes Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera
Monreal y Laura Berenice Ramos Monárrez, cuyos cuerpos fueron
encontrados en un campo algodonero de Ciudad Juárez el día 6 de
noviembre de 2001. Se acusó al Estado de no adoptar medidas de
protección a las víctimas, dos de las cuales eran menores de edad; la falta
de prevención de estos crímenes, pese al pleno conocimiento de la
existencia de un patrón de violencia de género que había dejado
centenares de mujeres y niñas asesinadas; la falta de respuesta de las
autoridades frente a la desaparición; la falta de debida diligencia en la
investigación de los asesinatos, así como la denegación de justicia y la
falta de reparación adecuada.
Ahora, si bien todos los femicidios pueden ser calificados como
homicidios, no todos los homicidios de mujeres son susceptibles de ser
calificados como femicidios; para ser considerado femicidio es necesario
conocer el móvil del hecho y que este se relacione con su condición de
mujer o estar motivado por razones de género.
61
Aunado a ello, los factores que diferencian el femicidio con un homicidio
común de una mujer, radica en el contexto sobre el cual el agente femicida
comete el hecho; es decir, para este perpetrador la mujer es carente de
derechos, por lo que se coloca en una posición de superioridad, de
desprecio contra ella y su vida, basado en ideas o patrones culturales
machistas que le hacen creer que tiene el poder de disponer de la vida y
el cuerpo de la mujer. Son estas razones las que motorizan la acción del
femicida, escenario que refleja la relación de poder, subordinación,
dominio y sumisión conocido como el espiral de la violencia donde se
sitúa la mujer víctima y el hombre agresor.
62
Bibliografía
Carcedo, Ana y Sagot, Montserrat. (2000) Femicidio en Costa Rica 19901999. Instituto Nacional de las Mujeres, San José.
Garita, Ana. (2013) La regulación del delito de femicidio/feminicidio en
América Latina y El Caribe. Naciones Unidas, Ciudad de Panamá.
Grisanti, Andrés. (2007). Manual de Derecho Penal. Vadell Hermanos
Editores, Caracas.
Lagarde, Marcela. (2008) Antropología, feminismo y política: Violencia
femicida y derechos humanos de las mujeres. En: Retos teóricos y
nuevas prácticas. Asociación Vasca de Antropología, San Sebastián.
Monárrez, Julia. (2006) Femicidio sexual serial en Ciudad Juárez.
Derechos Humanos, Órgano Informativo de la Comisión de Derechos
Humanos del Estado de México. Año 12, Número 73.
Russell, Diana. (2006) Definición del Feminicidio y conceptos
relacionados. Ed. CEICH-UNAM, Ciudad de México.
63
Russell, Diana y Ranford, Jill. (2006) Feminicidio. La Política del
asesinato de mujeres. Ed. CEICH-UNAM, Ciudad de México.
64
La Jurisdicción sobre el femicidio/feminicidio
Beremig Rodríguez Sojo7
Marco normativo del femicidio/feminicidio
La aplicación de una perspectiva de género ha permitido el
reconocimiento de la discriminación que han venido enfrentando las
mujeres en el mundo, y ha puesto de manifiesto las limitaciones que
afectan el goce y ejercicio de sus derechos humanos; situación que les
impide mejorar las condiciones en las que viven en la sociedad actual.
Estas desigualdades existentes en detrimento de la mujer, han motivado
la generación de instrumentos jurídicos internacionales orientados a
actuar ante las formas de violencia y discriminación de las que son
víctimas; reconocer y garantizar sus derechos, así como, lograr su plena y
equitativa incorporación en todos los ámbitos de la sociedad, bien sea
político, económico y cultural.
De acuerdo a ello, los Estados han firmado y ratificado los principales
instrumentos internacionales en materia de los derechos humanos de las
mujeres, entre los que destacan:
Abogada. Fiscal del Ministerio Público Venezolano, actualmente se desempeña en la
institución como Directora encargada para la Defensa de la Mujer.
7
65
La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer CEDAW.
La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar
la Violencia contra la Mujer “Convención de Belém Do Pará”.
Ambas convenciones brindan herramientas fundamentales en lo que
refiere la protección de derechos de las mujeres, exhortan a los Estados a
diseñar e implementar políticas públicas específicas en la materia, al
mismo tiempo que, ante el incumplimiento de ese Estado parte, se abre la
posibilidad a un reclamo internacional.
Sin embargo, en las últimas décadas la situación social de la mujer ha
cobrado
mayor
importancia
debido
a
las
altas
cifras
de
femicidio/feminicidio reportadas, razón por la cual los Estados se han
visto en la necesidad de adoptar políticas de prevención, atención e
investigación de todas aquellas muertes de mujeres con ocasión al género,
que permitan sancionar con la debida diligencia este tipo de delitos que
atenta contra uno de los derechos fundamentales e inherentes al ser
humano, como lo es el derecho a la vida.
Ante esta problemática de la muerte de mujeres por el hecho de ser mujer
se han pronunciado otros instrumentos internacionales, entre los que
destacan:
66
Las Reglas de Brasilia sobre el acceso a la justicia de las personas en
condición de vulnerabilidad, documento resultante de la XIV
edición de la Cumbre Judicial Iberoamericana celebrada en 2008.
En este instrumento jurídico internacional se considera violencia contra
la mujer “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause
muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en
el ámbito público como en el privado, mediante el empleo de la violencia
física o psíquica”. Además de ello, insta a los Estados a impulsar las
medidas necesarias para eliminar la discriminación contra la mujer en el
acceso al sistema de justicia para la tutela de sus derechos e intereses
legítimos, logrando la igualdad efectiva de condiciones; así como, a
prestar una especial atención en los supuestos de violencia contra la
mujer, estableciendo mecanismos eficaces destinados a la protección de
sus bienes jurídicos, al acceso a los procesos judiciales y a su tramitación
ágil y oportuna.
La Declaración final de la Conferencia Viena+20 “Los Derechos
Humanos en Crisis”, adoptada en Viena en el año 2013.
Este instrumento, destaca por ser el primer instrumento de carácter
jurídico internacional en el que se incorpora de forma explícita el término
femicidio, específicamente en el título II relativo a los Derechos de las
Mujeres en el que se afirma:
67
No se deberá tolerar ningún tipo de violencia contra las
mujeres y las niñas, incluido el femicidio y otros
asesinatos relacionados con el género. Los Estados
deben asignar el máximo de los recursos disponibles y
deberán tomar todas las medidas legislativas,
administrativas, sociales, educativas y de otro tipo
apropiadas para prevenir, castigar, dar respuesta a y
erradicar tal violencia, en cualquier entorno o tiempo de
paz, desastres o conflictos armados: la impunidad debe
acabar (Reglas de Brasilia, 2008, p. 5).
El femicidio/feminicidio como un tipo penal en la jurisdicción de la
región
El
aumento
considerable
durante
los
últimos
años
del
femicidio/feminicidio, ha motivado en las diversas legislaciones
adoptadas en Latinoamérica -amparado por los instrumentos jurídicos
internacionales en materia de protección y garantía de los derechos de las
mujeres-, la tipificación de la muerte violenta de mujeres por razones de
género; bien sea a través de leyes especiales o de su inclusión como delito
en el Código Penal.
No obstante, si bien la preocupación por la muerte de mujeres por
razones de género, y las demandas de los movimientos sociales e
instancias
internacionales
vinculadas
a
la
materia
han
sido
universalizadas, como afirma Patricia Laurenzo (2012), la intencionalidad
de la tipificación del delito va a estar estrechamente determinada por las
particularidades culturales y las manifestaciones del delito en cada país.
68
Si bien es posible partir de un fin compartido de dar
visibilidad a la forma más drástica de violencia de
género a través de la creación de un delito específico, lo
cierto es que poco más tienen en común las distintas
leyes que se han sucedido en estos últimos años en
Latinoamérica. Y ello porque los componentes típicos
de las nuevas figuras se han adaptado a la realidad de
cada zona, de modo tal que la concepción del delito en
países como México, Guatemala o El Salvador —donde
la preocupación se centra en la brutalidad de los
crímenes y su alarmante impunidad— es muy distinta a
la que se ha impuesto en Estados como Costa Rica o
Chile, en los que la atención se fija únicamente en el
ámbito doméstico (Laurenzo, 2012, p. 133).
Según Laurenzo (2012), es posible agrupar las distintas propuestas
legislativas a partir de dos aspectos básicos:
1) El contenido del delito (esto es, las concretas conductas que se
sancionan). En ella encontramos dos líneas bien diferenciadas: las
legislaciones que limitan la figura al ámbito privado, en particular a
la relación de pareja (el llamado feminicidio íntimo), y las que la
amplían al contexto público, abarcando todos los casos de muerte
de una mujer en el ejercicio del poder de género.
2) La finalidad perseguida con la tipificación del delito. Bajo esta forma
encontramos legislaciones que acuden a esta figura únicamente con
fines simbólico-comunicativos, sin prever agravación alguna de la
pena en relación a otros tipos penales paralelos; otros códigos, en
69
cambio, persiguen, además, efectos preventivos al endurecer de
forma significativa la respuesta penal.
Ahora bien, más allá de la intencionalidad de la jurisprudencia, la realidad
es que la muerte de mujeres por razones de género ha dejado de
considerarse un hecho aislado y privado, para pasar a formar parte de las
preocupaciones legítimas en las agendas políticas y jurídicas de la región
latinoamericana.
70
Bibliografía
Conferencia Viena+20 OSC (2013) Declaración final de la Conferencia
Viena+20 “Los Derechos Humanos en Crisis”. Centro por los Derechos
Económicos y Sociales (CESR), Madrid. (Parágrafo 2, derechos de las
mujeres)
Laurenzo, Patricia. (2012) Apuntes sobre el feminicidio. Revista de
Derecho Penal y Criminología, Número 8. Universidad Nacional de
Educación a Distancia, UNED. Madrid.
XIV Cumbre Judicial Iberoamericana. (2008) Reglas de Brasilia sobre el
acceso a la justicia de las personas en condición de vulnerabilidad.
71
El diseño de la investigación penal de los
femicidios/feminicidios. Mirada al protocolo
latinoamericano de investigación de las
muertes violentas de mujeres por razones de
género
Franciss Hernández Llovera8
Los esfuerzos de la Oficina Regional para América Central del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
(OACNUDH) y ONU Mujeres -que es la organización de las Naciones
Unidas dedicada a promover la igualdad de género y el empoderamiento
de las mujeres-, han diseñado con el apoyo de un gran equipo de
profesionales e investigadores de distintas áreas, el modelo de protocolo
de investigación para los casos de muertes de mujeres por razones de
género.
Estos hechos constituyen una de las formas más extremas de violencia
contra la mujer, que pueden ocurrir tanto en el ámbito familiar como
también en el ámbito público; y constituyen una grave violación de los
derechos humanos de las mujeres, especialmente del derecho a la vida, a
la integridad física y sexual, y al derecho a la libertad personal.
Abogada y Especialista en Derecho Penal. Docente de postgrado en la Escuela Nacional de
Fiscales. Se desempeña actualmente como Sub Directora para la Defensa de la Mujer en el
Ministerio Público Venezolano.
8
72
El Protocolo tiene como objetivos principales proporcionar lineamientos
generales para mejorar la investigación de muertes violentas de mujeres
bajo la perspectiva de género; por ello, recomienda investigar bajo esta
propuesta metodológica todas las muertes violentas de mujeres ya que
detrás de cada muerte puede existir un femicidio/feminicidio, aunque
este se descarte posteriormente.
Casos a investigar bajo el modelo del protocolo
Inicialmente se deben investigar bajo la metodología del protocolo todas
las muertes violentas de mujeres, con especial atención a los casos de:
Suicidio de mujeres: Se debe descartar que el suicidio no sea
consecuencia de violencia previa hacia la mujer, violencia
psicológica extrema, o inducción/ ayuda al suicidio, pues en algunos
casos el autor puede simular un suicidio para ocultar su
responsabilidad en el hecho.
Muertes aparentemente accidentales: Además de la investigación
general, al incorporar la perspectiva de género en estos casos se
puede descartar un eventual contexto femicida, incluso en presunto
fallecimiento por accidente de tránsito.
Se inicia el abordaje de la metodología de investigación bajo la premisa
que aporta el Modelo de protocolo latinoamericano de investigación de las
muertes violentas de mujeres por razones de género (2014) en el que se
afirma que: “El deber de investigar tiene dos finalidades: prevenir una
73
futura repetición de los hechos y proveer justicia en los casos
individuales”. Bajo este enfoque se comprende que la investigación de
estos hechos permite el enjuiciamiento de los responsables y su sanción,
al mismo tiempo que actúa como acción preventiva de la repetición de
estas violaciones de los Derechos Humanos.
Actuación de las instituciones encargadas de la investigación penal
ante la noticia criminal
Cuando se tenga conocimiento de la muerte violenta de una mujer, ya sea
por medio de denuncia, flagrancia, llamada telefónica u oficio, no es
necesario que exista querella por parte de los familiares dada la
trascendencia del bien jurídico afectado. En estos casos el Ministerio
Público o la Fiscalía -según el país o también los jueces de instrucción
criminal en aquellos países que aún conservan un sistema mixto o
inquisitivo-, con el apoyo de la policía de investigaciones penales, de
violencia de género, femicidio o especializadas, deberán proceder de la
siguiente forma:
Coordinación
intrainstitucional:
Deben
trabajar
de
manera
coordinada y armónica el Ministerio Público y la policía de
investigación criminal para lograr la realización de pruebas
técnicas. Para ello requiere de la participación de los peritos y
especialistas en medicina forense, criminalística, ciencias sociales,
entre otros.
74
Coordinación interinstitucional: Trabajar de forma articulada con las
otras instituciones como bomberos y profesionales de la salud que
a veces participan en el lugar, con quienes se debe coordinar para
evitar pérdida o alteración de las evidencias físicas.
Actos que pueden considerarse como urgentes
La investigación desde su inicio debe hacerse de forma expedita, evitando
en todo momento la pérdida del material de interés criminalístico
derivado del sitio de suceso donde se localizó el cuerpo de la víctima; es
de acuerdo a ello que entre los actos urgentes podemos mencionar:
La protección del sitio de suceso.
La inspección y fijación de carácter general y particular del lugar
del hecho, esta fijación puede ser planimétrica, fotográfica o en
video.
La inspección y fijación fotográfica al cadáver.
La realización de la autopsia de ley por el médico
anatomopatólogo. En estos casos debe realizarse la evaluación
general del cadáver para dejar constancia de las heridas post y
pre mortem que pueda presentar la causa de la muerte, entre
otros.
75
La realización de entrevistas e interrogatorios, los cuales tienen
que ser registradas por escrito o por grabación magnetofónica.
El sometimiento riguroso a la debida cadena de custodia de
todas las evidencias
fijadas, colectadas, embaladas e
identificadas.
La inclusión de la perspectiva de género en la investigación
mediante la consideración de un femicidio en la formulación de
la hipótesis inicial.
La indagación con perspectiva de género en las denuncias
previas, grabaciones de cámaras de seguridad de la residencia
de la víctima o del victimario, hallazgos sobre manipulación o
ejercicio de la fuerza, intromisión arbitraria, afectación a la
libertad o intimidad de la víctima a través de medios
electrónicos, redes sociales, telefonía fija o móvil celular.
La realización de reuniones entre el Ministerio Público/Fiscalía y
el cuerpo de investigaciones:
a) A las 24 horas luego del hecho, para evaluar los avances de la
investigación.
b) A las 72 horas, para definir líneas de investigación y programa
metodológico.
76
c) Al momento de la presentación de resultados, informe ejecutivo
dirigido al o la Fiscal a cargo para la dirección, coordinación y
control de la investigación.
Diseño de la investigación en el caso de presunta violencia
femicida/feminicida
Una vez procesadas y analizadas en conjunto las evidencias físicas y otras
informaciones que han sido obtenidas de las actuaciones previas -incluso
la autopsia de la víctima y la inspección del sitio de suceso-, se procede a
diseñar un plan o programa metodológico de investigación, el cual es una
herramienta que permite organizar y explicar la investigación, que
comprende:
La identificación y aseguramiento de los elementos de convicción
recabados, evidencias físicas, elementos materiales, testigos
presenciales o referenciales, para demostrar más allá de la duda
razonable la ocurrencia del hecho.
El establecimiento del nexo causal entre la acción delictiva y el
resultado de la muerte.
La identificación de presuntos responsables, autores o partícipes.
77
Este programa permite planificar el trabajo del Ministerio Público y la
policía de investigaciones; no obstante, debe contemplar las diligencias a
practicar para acreditar las razones de género, odio o discriminación que
motivaron el femicidio.
Objetivos del plan de investigación del femicidio/feminicidio
El plan de investigación a implementar ante la ocurrencia del delito de
femicidio/feminicidio tiene como objetivo principal demostrar los tres
componentes de la teoría del caso, entre ellos:
1. El componente fáctico: El fiscal deberá establecer las circunstancias
de modo, tiempo y lugar en que ocurrieron los hechos, incluyendo
las circunstancias relevantes que permitan identificar a los
responsables. La importancia de este componente radica en que la
base fáctica del caso determinará el objeto del proceso y limitará el
debate de juicio a los hechos contenidos en la acusación.
a) Circunstancias de modo, tiempo y lugar:
¿Se produjo la muerte de una mujer?, ¿Presenta el cuerpo de la víctima
signos de violencia sexual?, ¿Presenta el cuerpo de la víctima signos de
violencia física que evidencie crueldad?, ¿Los elementos del sitio de
suceso fueron recabados de manera técnica o falta alguno por recabar?
b) Identificación o individualización de los responsables:
¿Se conoce al posible autor o partícipe?, Si se conoce ¿Ha sido identificado
e individualizado?, ¿El sospechoso tenía algún tipo de vínculo afectivo,
78
laboral o social con la víctima?, ¿Qué medios tecnológicos o científicos
podemos emplear para identificar al responsable?, ¿Se ha determinado la
presencia en el presunto agresor de patrones culturales misóginos, de
discriminación o irrespeto, a través de un perfil de personalidad?
c) Naturaleza y grado de vinculación entre el/los sospechoso/s y la
víctima:
¿Existe ente el victimario y la víctima una relación que implique confianza
y superioridad por motivos de género?, ¿Existen registros de amenazas,
violencia o lesiones por parte del presunto responsable hacia la víctima?
d) Determinación de daños ocasionados con el delito, protección de las
víctimas:
¿Quiénes son los testigos del hecho?, ¿Se ha atendido debidamente a las
víctimas indirectas en el caso?, ¿Se ha contemplado ofrecer asistencias
especializada a las víctimas indirectas o familiares?
2. El componente jurídico: En esta etapa se debe otorgar a los hechos
una calificación jurídica provisional, encuadrar la historia fáctica en
las normas penales de cada país según el caso, debe estudiarse si en
razón de los hechos y la evidencia recabada es posible imputar
además un concurso de delitos. Aunado a ello, es importante que el
componente jurídico esté relacionado con la actividad indagatoria
ya que se deben acreditar los supuestos que dan lugar a
determinada calificación jurídica.
79
3. Componente probatorio: En este aspecto se deben tomar en cuenta
los elementos de convicción recabados que permitan corroborar el
hecho que se investiga, y preparar los medios de prueba -que van a
formar parte de la oferta de prueba en la acusación y posterior
juicio oral-. De ser necesario, debe hacerse un estudio de las
manifestaciones de cualquier tipo de violencia hacia la mujer que
hayan precedido a su muerte; así mismo, se debe determinar el
contexto de la violencia, desigualdad o discriminación que denoten
la muerte como presunto femicidio.
Finalmente, con el propósito de garantizar la debida diligencia en el
proceso
de
investigación
ante
la
ocurrencia
del
delito
de
femicidio/feminicidio, se hace necesario plasmar en un informe el
resultado del análisis de los componentes fáctico, jurídico y probatorio,
para permitir al fiscal del Ministerio Público controlar y dirigir la
investigación.
80
Bibliografía
OACNUDH y Onu Mujeres. (2014) Modelo de protocolo latinoamericano
de investigación de las muertes violentas de mujeres por razones de
género (femicidio/feminicidio). Ciudad de Panamá.
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