IX Jornada - Facultad de Psicología

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DOCUMENTOS CONGRESUALES
IX Jornada
Sociedad Española
para la Investigación
de las Diferencias
Individuales
La Laguna
27-28 septiembre 2007
20
IX Jornada
Sociedad Española para la Investigación
de las Diferencias Individuales
IX Jornada
Sociedad Española para la Investigación
de las Diferencias Individuales
Coordinadoras
Adelia DE MIGUEL NEGREDO
Mónica CARBALLEIRA ABELLA
Rosario J. MARRERO QUEVEDO
SERVICIO DE PUBLICACIONES
UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA, 2008
IX J ORNADA S OCIEDAD E SPAÑOLA PARA LA I NVESTIGACIÓN DE LAS D IFERENCIAS
INDIVIDUALES [Recurso electrónico] : [celebradas en La Laguna, 27 y 28 de
septiembre de 2007] / Coordinadores Adelia de Miguel Negredo, Mónica
Carballeira Abello, Rosario J. Marrero Quevedo. — 1ª ed. — La Laguna :
Servicio de Publicaciones, Universidad de La Laguna, 2008. — 1 disco óptico
electrónico.
(CD-ROM) ; 12 cm. — (Documentos congresuales ; 20)
ISBN 978-84-7756-727-1
1. Psicología diferencial-Congresos-CD-ROM 2. Individualidad-CongresosCD-ROM I. Miguel Negredo, Adelia de II. Carballeira Abella, Mónica III.
Marrero Quevedo, Rosario J. IV. Título V. Serie
159.923(063)(0.034)
159.922(063)(0.034)
Colección:
DOCUMENTOS CONGRESUALES/20
Edita:
Servicio de Publicaciones
UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA
Campus Central
38200 La Laguna. Santa Cruz de Tenerife
Teléfono: 34 922 31 91 98
Diseño Editorial:
Jaime H. Vera.
Javier Torres. Cristóbal Ruiz.
1ª Edición 2008
Prohibida la reproducción total o parcial
de esta obra sin permiso del editor
Maquetación, preimpresión e impresión:
SERVICIO DE PUBLICACIONES
I.S.B.N.: 978-84-7756-727-1
Depósito Legal: TF 859/2008
IX JORNADA SOCIEDAD ESPAÑOLA PARA LA INVESTIGACIÓN
DE LAS DIRERENCIAS INDIVIDUALES
LA LAGUNA, 27 y 28 de septiembre de 2007
COMITÉ CIENTÍFICO
Adelia de Miguel (Universidad de La Laguna)
Pilar Matud (Universidad de La Laguna)
Wenceslao Peñate (Universidad de La Laguna)
Elvira Sánchez (UNED)
Gloria García de la Banda (Universidad de las Islas Baleares)
José Antonio Carranza (Universidad de Murcía)
Eliseo Chico (Universidad Rovira i Virgili)
Joaquín Punti (Universidad Autónoma de Barcelona)
COMITÉ ORGANIZADOR
Adelia de Miguel (Universidad de La Laguna)
Rosario Marrero (Universidad de La Laguna)
Mónica Carballeira (Universidad de La Laguna)
ENTIDAD ORGANIZADORA
Sociedad Española para la Investigación de las Diferencias Individuales
ENTIDADES COLABORADORAS
Excelentísimo Cabildo Insular de Tenerife
Excelentísimo Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife
Excelentísimo Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna
Vicerrectorado de Investigación y Desarrollo Tecnológico
de la Universidad de La Laguna
Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna
Departamento de Personalidad, Evaluación
y Tratamiento Psicológico de la Universidad de La Laguna
CajaCanarias
STAEDTLER
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL
EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
Adelia de Miguel* y Rafael Santos**
*
Universidad de La Laguna
Servicio Canario de Salud
**
JUSTIFICACIÓN: Durante casi tres décadas, la hipótesis de la androginia ha sido objeto de distintas
investigaciones con diferentes resultados. La defensa o rechazo de dicha hipótesis va unida a la
propuesta de efectos aditivos y efectos interactivos de la asunción de roles masculinos y roles femeninos, en relación con la salud mental.
OBJETIVOS: Estudiar la influencia de la asunción de roles sexuales en dos áreas de salud mental
(trastornos de personalidad y sintomatología clínica) en una muestra de estudiantes universitarios
análogos.
MÉTODO: Una muestra de 390 mujeres y 164 hombres, estudiantes de diferentes carreras de la Universidad de La Laguna (edad media 21.22, dt = 3.78), cumplimentaron los cuestionarios BSRI,
SCL-90-R e IPDE.
RESULTADOS: Las comparaciones entre los cuatro grupos de personas en función de la asunción de
roles sexuales, manteniendo el sexo como covariado, indican que (a) las personas andróginas obtienen puntuaciones significativamente más bajas que las personas indiferenciadas en trastornos
de personalidad y sintomatología clínica relacionados con ansiedad, obsesión y depresión; y (b) las
diferencias entre personas femeninas y andróginas y personas masculinas y andróginas solo aparecen en los trastornos de personalidad.
DISCUSIÓN: La «mejor salud mental» de los andróginos comparados con quienes asumen los roles
femeninos y quienes asumen los roles masculinos apoya el efecto positivo de la androginia en el
proceso de adaptación, más de forma interactiva que aditiva.
PALABRAS
CLAVE:
Salud mental, análogos, androginia, roles sexuales, estudiantes universitarios.
JUSTIFICACIÓN
MASCULINIDAD,
FEMINIDAD Y ANDROGINIA
Desde una perspectiva cognitivo-evolutiva, Kohlberg (1966) defendía, dentro
de su teoría del desarrollo moral del niño, que las personas, tipificadas por el sexo, hemos internalizado los estándares del rol sexual y necesitamos mantener consistencia entre nuestra conducta y el estándar. De esta forma, la persona que asume un rol
sexual elimina las conductas que violan los estándares de ese rol sexual. La persona
tipificada como femenina por su rol sexual debería inhibir las conductas que pertenezcan al estereotipo masculino, y la persona tipificada como masculina por su rol
sexual debería inhibir las conductas que pertenezcan al estereotipo femenino.
126
DE MIGUEL y SANTOS
Desde una perspectiva feminista, Bem (1974) amplió esta idea y concibió
que las personas que no hubieran internalizado los estándares de rol sexual, no
necesitarían mantener un repertorio conductual acorde con dichos estándares,
lo cual facilitaría una mayor adaptación y una mejor salud psicológica.
Bem (1974) propuso que la masculinidad y la feminidad debían tratarse
como dimensiones distintas y relativamente independientes. No se trataba de
que la masculinidad y la feminidad fueran los polos opuestos de un continuo.
En función de esta conceptualización, construyó el inventario BSRI (Bem SexRole Inventory), con el que se puede clasificar a las personas en los cuatro tipos /
roles sexuales conocidos como andrógino, masculino, femenino e indiferenciado. La dimensión de masculinidad incluía elementos que reflejaban asertividad,
audacia, dominancia, autosuficiencia e instrumentalidad. La dimensión de feminidad tenía elementos que reflejaban la crianza, la expresividad de las emociones y la empatía.
Justamente, las personas andróginas psicológicamente eran aquellas que no
habrían internalizado las conductas apropiadas de ninguno de los sexos, de forma que estarían menos constreñidas en diferentes situaciones. Las personas andróginas, independientemente del sexo que fueran, eran el epítome de la salud
psicológica. Esto configuró la denominada hipótesis de la androginia.
Esta hipótesis de la androginia predecía lo siguiente (Bem, 1975, 1979):
(i) en aquellas situaciones que requieren una conducta adaptativa estereotipada
como masculina, las personas andróginas y las tipificadas como «sexo masculino» se adaptarán bien y de forma equiparable, mientras que las personas
tipificadas como de «sexo femenino» serían menos adaptativas; (ii) en aquellas
situaciones que requieren una conducta adaptativa estereotipada como femenina, las personas andróginas y las tipificadas como «sexo femenino» se adaptarán
bien y de forma equiparable, mientras que las personas tipificadas como de «sexo
masculino» serían menos adaptativas; y (iii) las personas andróginas serían más
sanas psicológicamente hablando que las personas tipificadas como masculinas
o femeninas.
A partir de entonces, los trabajos que intentaban contrastar la teoría de
Bem no siempre proporcionaron apoyos y las incongruencias en los resultados
supusieron una avalancha de críticas dirigidas preferentemente a la conceptualización de masculinidad y feminidad y a la asociación entre androginia y bienestar psicológico.
La revisión teórica de los diferentes trabajos condujo a Taylor y Hall (1982)
a reconceptualizar la hipótesis de la androginia y la sustituyeron por la «hipótesis aditiva de la androginia» y la «hipótesis del equilibrio andrógino». Según la
«hipótesis aditiva de la androginia», se predice que las personas que puntúan
alto en masculinidad y feminidad serán las mejor ajustadas, mientras que las
personas que puntúan bajo en ambos tipos serán las que peor ajuste tengan. Por
otra parte, la «hipótesis del equilibrio andrógino» predice que las personas que
tengan puntuaciones equivalentes en masculinidad y feminidad estarán mejor
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
127
ajustadas que las personas con altas puntuaciones en un tipo y bajas en otro. Esta
sería precisamente, según Taylor y Hall (1982) la hipótesis de la androginia propuesta por Bem (1975, 1979) cuando se habla de equilibrio de puntuaciones
independientemente de que sean altas o bajas. Sin embargo, Spence y Helmreich
(1978), quienes también habían elaborado un instrumento para medir los roles
sexuales, defendían que el equilibrio de puntuaciones debía darse en los polos
altos de masculinidad y feminidad y así serán andróginas y bien adaptadas, mientras que las personas con puntuaciones equilibradas pero bajas en ambos tipos,
denominadas como «indiferenciadas», no serán mejores que las personas con
alta puntuación en un tipo y bajo en otro.
Por otra parte, Lubinski, Tellegen y Butcher (1981) estudiaron la relación
entre los dos tipos sexuales (masculinidad y feminidad) y tres indicadores de
bienestar (afectividad positiva entendida como bienestar psicológico, afectividad
negativa como reacción ante el estrés, alienación, agresión, y constricción como
evitación del dolor y agresión). Los resultados de los análisis de las respuestas de
176 estudiantes de psicología menores de 30 años, mediante regresiones múltiples, indicaban que la escala de masculinidad del BSRI aparecía como un indicador de la dimensión de «extraversión» como afectividad positiva, mientras que
la escala de feminidad del BSRI mostraba afinidad con el factor de constricción.
Estos resultados concordaban con los de otros investigadores que mostraban
que la masculinidad correlacionaba con marcadores de dominancia-ambición, y
la feminidad correlacionaba con calidez-cordialidad. Todo esto condujo a
Lubinski y sus colaboradores a dudar de la adecuación de entender masculinidad, feminidad y/o androginia como indicadores de salud mental, y con ello
ponían en entredicho la posible aplicación psicoterapéutica de la hipótesis de la
androginia. La androginia, en todo caso, podría verse solo como un ejemplo de
conceptos de «cumplimiento» o «auto-realización», con los que la persona integra y contrasta varios atributos de forma sinérgica, de manera que el total es más
que la suma de las partes. En conclusión, Lubinski, Tellegen y Butcher (1981)
concluyeron que la androginia debería analizarse como una interacción entre
los atributos sexuales y utilizarse en la valoración de cualquier otro concepto de
cumplimiento.
Dos años después, Lubinski, Tellegen y Butcher (1983) estudiaron de nuevo la validez de constructo del BSRI como medida de bienestar, y probaron la
validez del concepto de androginia como un concepto interactivo, más que simplemente aditivo. Esto significa que la androginia sería un concepto distinto a
los de masculinidad y feminidad. Y de nuevo, las conclusiones principales del
trabajo eran (i) que existía una clara interacción entre los tipos de masculinidad
y feminidad danto lugar al constructo emergente de androginia como autocumplimiento, funcionando tal vez como variable moduladora, y no solamente como
una combinación aditiva; y (ii) que masculinidad tenía importantes relaciones
con dominancia, mientras que feminidad se relacionaba claramente con calidez-crianza.
128
DE MIGUEL y SANTOS
Este trabajo tuvo su réplica por parte de Spence (1983) y la contrarréplica
de Tellegen y Lubinski (1983), que más tenía que ver con problemas metodológicos para estos últimos y más con ideología feminista para aquella autora. Actualmente, Spence considera que su cuestionario mide en realidad dos características de personalidad y no roles sexuales. Concretamente, las dos características de
personalidad son «instrumentalidad» caracterizada por rasgos de personalidad
que implican trabajar con objetos, terminar tareas, mostrar independencia de
los otros, y exhibir autosuficiencia; y «expresividad» entendida como la facilidad
con que una persona puede expresar emociones, como llorar, mostrar empatía
por los problemas de otros y mostrar compasión por aquellos que lo necesitan.
En la actualidad sigue sin existir confirmación clara para ninguna de las
hipótesis. El trabajo de Lefkowitz y Zeldow (2006), con una muestra de personas
que habían acudido a consulta con un psicólogo clínico, encontraron que (i) los
tipos masculinidad y feminidad eran independientes; (ii) aparecieron efectos principales de ambos tipos, apoyando la hipótesis aditiva: la masculinidad era el mejor
predictor de salud mental óptima (explicaba el 25% de la varianza) seguido por la
feminidad (explicaba el 9% de la varianza); (iii) a pesar de estos resultados, no se
puede decir que estos datos apoyen la hipótesis de la androginia de Bem (1974).
PROPUESTAS
DE EXPLICACIÓN DE LAS DIFERENCIAS INTERSEXUALES
Las teorías que intentan explicar las diferencias intersexuales en personalidad, rendimiento, y salud física y mental, se pueden agrupar en tres grandes
grupos: la teoría de la socialización y los roles sexuales, la teoría biológico-hormonal y la teoría evolucionista.
En general, la teoría de la socialización propone que las diferencias entre hombres y mujeres se gestan en la infancia, a través de los refuerzos y castigos que
reciben los niños y las niñas por parte de los padres, los profesores y los medios de
comunicación. Se premian aquellos comportamientos adecuados para cada sexo.
1. Teoría del aprendizaje social de Bandura (1977), a través del aprendizaje vicario
(por observación e imitación) los niños aprenden a observar el comportamiento de los otros y, aun sin recibir refuerzo directo, van internalizando
las conductas masculinas y femeninas que muestran sus padres, sus compañeros, sus maestros y los medios de comunicación.
2. Teoría de los roles sociales (Eagly y Wood, 1999): el origen de las diferencias
sexuales radica en que hombres y mujeres están distribuidos de forma diferente en los distintos roles ocupacionales y familiares. Los hombres asumen el papel de sostenedores de la familia y desde niños aprenden a ser
rudos y agresivos; por su parte, las mujeres asumen el papel de amas de
casa y desde niñas aprenden conductas de crianza y suministradoras de
apoyo emocional.
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
129
Las diferentes teorías de socialización tradicionales encuentran apoyos
empíricos para sus propuestas. Sin embargo, ninguna de ellas proporciona una
explicación de los orígenes de los roles vinculados con el sexo, ni de los orígenes
de las prácticas de socialización parentales diferenciales (Larsen y Buss, 2005).
Las teorías biológicas: las teorías hormonales defienden que las diferencias
fisiológicas son la causa de las diferencias entre hombres y mujeres, y no el ambiente externo, y principalmente los niveles de testosterona que se manifiestan
principalmente en conductas de dominación, agresividad y sexuales. De nuevo,
y como ocurría con las teorías de la socialización, las teorías biológicas nada
dicen del origen de las diferencias.
La perspectiva evolucionista intenta dar una explicación sobre el origen de las
diferencias intersexuales. Y para ello apela a los problemas adaptativos diferentes
a los que han de hacer frente hombres y mujeres a lo largo de su existencia. Estos
problemas adaptativos son problemas que deben resolverse con el fin de sobrevivir y reproducirse (es decir, problemas de supervivencia de cualquier ser vivo).
Los resultados obtenidos investigando personalidad, indican que hay claras diferencias entre hombres y mujeres en aquellos factores que se relacionan con roles
sexuales de supervivencia a lo largo del ciclo vital (McCrae, Costa y cols., 2000).
Sin embargo, todavía no ha sido capaz de explicar las diferencias intrasexuales.
Frente a la hipótesis de las diferencias que subyace a las teorías anteriormente presentadas, y que propone que hombres y mujeres somos, de forma consistente, ampliamente diferentes en diferentes áreas del funcionamiento psicológico, la hipótesis de la similitud de género defiende que los hombres y las mujeres,
los niños y las niñas, son similares en muchas, aunque no en todas las variables psicológicas. Esta última hipótesis se propuso hace más de 20 años por Hyde, desde la
perspectiva de género. En 2005, esta autora hizo un ambicioso meta-análisis de
más de 2.000 estudios y el principal apoyo para su propuesta surgió de la utilización del índice estadístico del tamaño del efecto «d» que: (i) fue cercano a cero o
pequeño en las variables cognitivas, en comunicación, en variables de personalidad y
sociales, en bienestar psicológico y en conductas motoras; (ii) fue moderado (los hombres
puntuaban más alto que las mujeres) para asertividad y grande (los hombres
puntuaban más bajo que las mujeres) para sensibilidad a los demás (National Longitudinal Study Of Youth, Feingold, 1994); y (iii) fue grande o muy grande (los hombres
puntuaban más alto que las mujeres) en ejecución motora (velocidad y distancia de
lanzamiento), sexualidad (masturbación y actitudes hacia el sexo en relaciones
casuales y sin compromiso) y agresión. En general, entre un 60% y un 78% de las d
eran bajas o cercanas a cero, lo que apoyaba la hipótesis de la similitud intergénero.
SALUD
MENTAL
Una de las áreas de funcionamiento psicológico indicadoras de salud mental, muy relacionado además con la contextualización del malestar y el bienestar
130
DE MIGUEL y SANTOS
psicológicos como lo está la identidad de género, es el correspondiente a los
trastornos de personalidad.
La definición de la CIE-10 es idéntica a la del DSM-IV (recuérdese que la
última revisión de la CIE es anterior a la última del DSM) pero menos parsimoniosa. Y dice así:
los trastornos de personalidad (son) trastornos graves del carácter constitutivo y
de las tendencias comportamentales del individuo, que normalmente afectan a
varios aspectos de la personalidad y que casi siempre se acompañan de alteraciones personales y sociales considerables. Los trastornos de personalidad tienden a
presentarse en la infancia y adolescencia y a persistir durante la edad adulta. [...]
No son secundarios a otros trastornos mentales o lesiones cerebrales, a pesar de
que pueden preceder a otros trastornos o coexistir con ellos. Por el contrario, la
transformación de la personalidad es adquirida, normalmente, durante la vida
adulta, como consecuencia de situaciones estresantes graves o prolongadas, de
privaciones ambientales extremas, de trastornos psiquiátricos graves o de lesiones
o enfermedades cerebrales. [...] Representan desviaciones extremas, o al menos
significativas, del modo como el individuo normal de una cultura determinada
percibe, piensa, siente y, sobre todo, se relaciona con los demás. Estas formas de
comportamiento tienden a ser estables y a abarcar aspectos múltiples de las funciones psicológicas y del comportamiento. (WHO, 1992).
A la hora de realizar el diagnóstico, en ambos sistemas de clasificación se
apunta que para establecer la existencia de un trastorno de personalidad, independientemente de qué trastorno se trate, se deben cumplir los siguientes criterios: (i) el trastorno de personalidad debe ser un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento, (ii) que se aparta de las expectativas de la
cultura del individuo, (iii) que afecta al menos a dos de las áreas afectiva, cognoscitiva, control de impulsos y/o relaciones interpersonales, (iv) que es inflexible temporal y situacionalmente, (v) que se inicia en la adolescencia y primera
etapa de la vida adulta, en ocasiones en la infancia, y que se afianza en la madurez, (vi) que provoca malestar clínico, o deterioro social, laboral o de otras áreas
importantes del individuo, y (vii) que no es atribuible a ningún otro trastorno
mental, ni a los efectos fisiológicos directos de una sustancia ni a una enfermedad médica.
Derogatis desarrolló el Symptom Check List en la Facultad de Medicina de la
Universidad John Hopkins de Baltimore. Ese instrumento pretendía ser un cuestionario de autoevaluación de un amplio rango de problemas psicopatológicos
que pudiera utilizarse para evaluar a pacientes psiquiátricos, pacientes médicos,
y población general, y seleccionar los tratamientos y valorar los cambios sintomáticos
inducidos por los tratamientos.
También el interés de algunos investigadores ha comenzado a dirigirse a investigar la existencia de diferencias intersexuales en la sintomatología clínica. Por
ejemplo, Carrasco, Sánchez, Ciccotelli y del Barrio (2003) encontraron que las
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
131
mujeres puntuaban más alto que los hombres en todas las dimensiones excepto en
hostilidad, ansiedad fóbica y psicoticismo, donde ambos sexos puntuaban igual.
Möller-Leimkühler, Schwarz, Burtscheidt y Gaebel (2002) utilizaron el SCL90-R en una muestra de mujeres alcohólicas con el fin de confirmar la hipótesis
de la orientación del rol de género. Sus resultados indican que (i) en comparación con una muestra basada en la población, en la muestra alcohólica había
una sobre-representación del tipo indiferenciado; (ii) dentro de la indiferenciación, las mujeres tendían a describirse como más femeninas que masculinas; y
(iii) la masculinidad y la feminidad bajas, así como la feminidad alta
correlacionaban positivamente con el sufrimiento, la depresión, la ansiedad social, la inseguridad. Los autores concluían que sus datos no apoyaban la hipótesis de la convergencia relacionada con la orientación de rol de género, pero sí
apoyaban el autoconcepto femenino tradicional como factor de riesgo inespecífico para la vulnerabilidad.
Sin embargo, todavía son pocos los trabajos sobre esta área, centrándose
con más frecuencia en la salud física y su relación con la identidad de género, la
masculinidad, la feminidad.
OBJETIVOS
Este trabajo se realiza tras el análisis conjunto de las siguientes cuestiones:
(i) el cambio socio-cultural y las presiones sociales y culturales que están defendiendo la igualdad de los géneros, la preferencia por el término «identidad de
género» frente al término «sexo» a la hora de definirse una persona, la globalización, etc., y que a la postre están dirigiendo a hombres y mujeres hacia la
asunción de una serie de roles laborales y familiares, así como elaboración de
creencias y valores, que contrastan con nuestra historia evolucionista, y por ello
suponen problemas adaptativos nuevos; (ii) los trastornos de personalidad están
muy contextualizados, antes de ser diagnosticados como trastornos son
egosintónicos, y comienzan a desarrollarse al final de la adolescencia y principio
de la vida adulta; y (iii) las condiciones socioculturales, las presiones mediáticas,
las nuevas tecnologías, las situaciones estresantes, están en la base del aumento
del sufrimiento psicológico cada vez a edades más jóvenes.
A partir de aquí, los objetivos de este trabajo son:
1. Analizar las relaciones entre los cuatro tipos sexuales y sintomatología psicopatológica y trastornos de personalidad en estudiantes universitarios.
2. Estudiar la viabilidad de las hipótesis aditiva, de equilibrio e interactiva de la
tipificación sexual en la sintomatología psicopatológica y trastornos de
personalidad.
1.31
dt
x
19.94
100
25
Edad
52
13
Hombre
48
12
%
Mujer
n
Experimentales
20.3
x
404
96
308
n
2.16
dt
100
23.8
76.2
%
Sociales y jurídicas
19.94
x
38
12
26
n
100
31.6
68.4
%
x
37
13
24
n
1.64
dt
100
35.1
64.9
%
Humanidades
20.63
F5,1 = 0.82 p = 0.53
1.56
dt
c = 33.25 p = .001
2
Salud
CIENCIAS
TABLA 1. DESCRIPCIÓN DEMOGRÁFICA DE LA MUESTRA.
20.34
x
50
30
20
n
%
1.54
dt
100
60.0
40.0
Técnicas
20.3
x
554
164
390
n
%
1.99
dt
100
29.6
70.4
TOTAL
132
DE MIGUEL y SANTOS
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
133
MÉTODO
Muestra: Se recogió información de un total de 554 estudiantes de la Universidad de La Laguna. La edad media fue 20.32 y dt = 1.99 (rango 19-24). No
había diferencias intersexo (t = -0.80, p = 0.42).
La muestra procedía de las distintas Facultades de dicha Universidad, si
bien es cierto que el 72.9% corresponde a estudiantes de Ciencias Sociales y
Jurídicas (y de ellos, 240 eran estudiantes de Psicología, lo que suponía un 43.3%
de toda la muestra). Las características de edad, género y carrera estudiada aparecen en la tabla 1.
Cabe destacar las siguientes notas: (i) no había diferencias de edad interciencias (F5,1 = 0.82; p = 0.53); (ii) sí había diferencias significativas en la distribución por sexos y muestra (c2 = 33.25, p = .001), sobresaliendo la mayor proporción de mujeres frente a hombres (entre 2 y 3 mujeres por cada hombre) en
las licenciaturas y diplomaturas de ciencias Sociales y Jurídicas, de la Salud y de
Humanidades, mientras que en las carreras Experimentales y Técnicas el porcentaje es casi 1:1 (si bien en las técnicas es 2:3).
Instrumentos: Todos los estudiantes cumplimentaron las siguientes pruebas:
1. Inventario de roles sexuales (Bem Sex-Role Inventory (BSRI, Bem, 1974): consta de
60 adjetivos con respuesta tipo Likert de 7 puntos (desde NUNCA SOY
ASÍ = 1 hasta SIEMPRE SOY ASÍ = 7). Se evalúan tres factores: feminidad,
masculinidad y deseabilidad social. Para cada muestra, debe calcularse la
mediana o punto de corte para asignar uno u otro rol sexual. Con estos
dos puntos de corte, se establecen cuatro categorías de rol sexual: femenidad
cuando se supera la mediana de los 20 ítems femeninos (p.e. simpática,
cálida, deseosa de consolar), masculinidad cuando se supera la mediana de
los 20 ítems masculinos (p.e. independiente, atlético, dominante), indiferenciación cuando no se supera la mediana en ninguno de los dos roles, y
androginia cuando se supera la mediana en ambos roles. Teniendo en cuenta
la propuesta de Bem (1974), feminidad indica que la persona está asumiendo los roles y estereotipos femeninos; masculinidad supone la asunción de
los roles y estereotipos masculinos; indiferenciación describe a aquella persona que no asume claramente ninguno de ambos roles y estereotipos sexuales; y androginia representa la confirmación en alto grado de atributos
masculinos y femeninos, siendo considerado como el rol adecuado para
poder llegar a desarrollar las potencialidades del ser humano.
2. Examen internacional de trastornos de la personalidad (International Personality Disorder
Examination (IPDE, Loranger, 1997). Es un instrumento elaborado como
prueba de cribaje para los trastornos de la personalidad contemplados por
la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10, WHO, 1992), como
una adaptación para uso internacional de la entrevista semiestructurada
Personality Disorder Examination (PDE, Loranger, 1988). Consta de 59 cues-
134
DE MIGUEL y SANTOS
tiones, con formato de respuesta verdadero/falso, y que han de responderse en función de los últimos 5 años (por lo que no debe administrarse a
menores de 18 años). Se miden 9 trastornos de personalidad, siendo diferente el número de elementos para cada uno de ellos. Loranger (1997)
estableció que cuando se puntúe en tres o más elementos de un trastorno,
se debe realizar la entrevista especializada en ese trastorno y poder así establecer o no el diagnóstico. En esta investigación, se trata de análogos que
no cumplen ninguna condición para ser establecido un diagnóstico, por lo
que utilizaremos un acercamiento dimensional, y no categorial.
3. Inventario de síntomas SCL-90-R (Symptom Check List-90-Revised, Derogatis, 1994).
Con 90 ítems, a responder en una escala de 5 puntos (desde «no he tenido
esa molestia nada en absoluto» = 1 hasta «he tenido esa molesta mucho o
extremadamente» = 4) que hacen referencia a síntomas clínicos experimentados en las últimas semanas. Se obtienen puntuaciones para 9 dimensiones primarias más tres índices globales de malestar psicológico y
uno de miscelánea indicador de la gravedad del problema. En este caso
hemos utilizado las puntuaciones dimensionales.
Procedimiento: Como parte de las prácticas de la asignatura de Psicología de
la Personalidad del curso académico 2006-07, los alumnos cumplimentaban la
batería de pruebas en su domicilio, a lo largo de una semana, con el fin de elaborar con posterioridad su propio perfil de personalidad. De esta forma nos asegurábamos dos objetivos: por una parte, la participación de la totalidad del alumnado
matriculado y, por otra, la sinceridad a la hora de la cumplimentación. Una vez
contestados todos los instrumentos, los alumnos debían entregar una copia al profesorado y quedarse con otra. Ese proceso tuvo lugar durante el mes de noviembre, comenzando las clases prácticas de elaboración de perfil en febrero siguiente, de modo que se evitaba el sesgo posible por conocimiento de la instrumentación.
Por otra parte, se ofreció una bonificación en la nota final de la asignatura
para aquellos alumnos que administraran la batería a diez amigos que estudiaran
otras carreras en la Universidad de La Laguna. Para evitar de nuevo los falseamientos en las respuestas, se ofrecía al «amigo» la realización de su perfil de personalidad. Este proceso se realizó durante los tres últimos meses del año 2006.
Todos los análisis estadísticos se han realizado con el programa SPSS 14.0
para Windows.
RESULTADOS
SEXO
BIOLÓGICO Y TIPIFICACIÓN SEXUAL
Hacemos notar que, a partir de ahora, hablaremos de sexo para referirnos
al aspecto biológico y género para hablar de asunción de roles y estereotipos
sociales (tipo sexual), y de esta forma evitar descripciones engorrosas.
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
Indiferenciado
Femenino
Masculino
135
Andrógino
100
GÉNERO
80
60
40
20
0
Experimentales
Socio-jurídicas
Salud
Humanidades
Técnicas
CIENCIAS
Figura 1. Distribución de género por ciencias.
La correlación entre el factor de masculinidad y el de feminidad fue r =
0.040 (p = 0.353), indicando que ambos factores no son los polos opuestos de
una única dimensión. Este dato avala la reorganización de la muestra en función
de los cuatro géneros o tipos sexuales.
Siguiendo las indicaciones de Sandra Bem, la clasificación de género (roles y estereotipos sexuales) se realizó a partir de las puntuaciones medianas obtenidas en el BSRI. Los valores de las medianas fueron 82.5 para feminidad y
99.0 para masculinidad. El tamaño de los subgrupos fue el siguiente: 188 personas indiferenciadas (145 mujeres y 43 hombres), 96 femeninas (91 mujeres y 5
hombres), 164 masculinas (79 mujeres y 85 hombres) y 106 andróginas (75 mujeres y 31 hombres). Por lo tanto, en cada grupo de género hay hombres y mujeres como sexo biológico.
La figura 1 representa la distribución de cada uno de los géneros en función del tipo de carrera que se está estudiando. La distribución no es homoscedástica. Lo primero que llama la atención es que casi un tercio de cada grupo de
ciencias es tipificado como «indiferenciado»; en segundo lugar, este género llega a un 50% en las carreras de humanidades; en tercer lugar, a excepción de
humanidades, en las otras cuatro ciencias, el porcentaje de «masculinidad» es
mayor que el de «feminidad», a pesar de que el número de mujeres es mayor
que el de hombres; en cuarto lugar, el porcentaje de «androginia» está alrededor del 20% en todas las ciencias; y en quinto lugar, resalta que en las carreras
técnicas los mayores porcentajes corresponden a los géneros «indiferenciado»
(mitad hombres y mitad mujeres) y «masculino» (principalmente hombres).
136
DE MIGUEL y SANTOS
TABLA 3. DIFERENCIAS INTERSEXO SOBRE
LAS DIMENSIONES PRIMARIAS DEL SCL-90-R.
MUJERES
HOMBRES
X
DT
X
t
p
.98
.66
.73
.57
4.55
.000
1.10
.66
1.05
.67
.88
.380
.86
.68
.78
.72
1.30
.194
Depresión (DEP)
1.01
.69
.78
.68
3.60
.000
Ansiedad (ANS)
.81
.63
,70
.61
1.81
.071
Hostilidad (HOS)
.70
.70
.59
.61
1.73
.083
Ansiedad fóbica (FOB)
.33
.45
.33
.51
-.05
.962
Ideación paranoide (PAR)
.77
.65
.83
.66
-1.00
.316
Psicoticismo (PSIC)
.49
.48
.64
.68
-3.00
.003
1.03
.69
.93
.71
1.57
.117
Somatización (SOM)
Obsesión-compulsión (OBS)
Sensibilidad interpersonal (SI)
Miscelánea (MIS)
DT
X = media; DT = desviación típica.
ANDROGINIA
Y SINTOMATOLOGÍA CLÍNICA
En primer lugar, hemos analizado si existen o no diferencias intersexo en
las dimensiones primarias del SCL-90-R. La tabla 3 recoge los datos correspondientes. Sólo hay diferencias con significación estadística en tres factores: las
mujeres puntúan más alto que los hombres en los factores de somatización (SOM)
y depresión (DEP), mientras que los hombres puntúan más alto en la dimensión
de psicoticismo (PSIC).
En segundo lugar, mediante 10 ANOVAs analizamos si había efecto principal del factor «género» con cuatro niveles sobre las diez dimensiones o variables
dependientes. Aparecieron F significativas para las cinco dimensiones primarias
siguientes: OBS (obsesión-compulsión), SI (sensibilidad interpersonal), DEP
(depresión) y HOS (hostilidad). De nuevo realizamos los cálculos manteniendo
la variable sexo como covariable. Los resultados son totalmente solapables, apareciendo ahora incluso significativa la F correspondiente al factor de miscelánea. La tabla 4 muestra los distintos valores de F y su significación estadística
asociada. Con el fin de analizar con más detalle las diferencias intergrupo, calculamos la t de Student para todas las dimensiones primarias y los cuatro roles
sexuales o géneros.
Los resultados son los siguientes:
137
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
TABLA 4. ANOVAS PARA EL FACTOR «GÉNERO» SOBRE LAS DIMENSIONES
PRIMARIAS DEL SCL-90-R Y T-STUDENT PARA COMPARACIONES
DE MEDIAS DE DOS MUESTRAS INDEPENDIENTES.
t
F
Fa
I-F
0.85
1.71
0.37
3.41 *
3.49*
Sensibilidad interpersonal (SI) 4.78**
Somatización (SOM)
Obsesión-compulsión (OBS)
Depresión (DEP)
Ansiedad (ANS)
Hostilidad (HOS)
I-M
I-A
F-M
F-A
M-A
0.18
-1.31
-0.19
-1.48
-1.36
2.95**
1.89
2.33*
-1.17
-0.58
0.57
4.88**
2.96**
2.18*
3.13**
-1.12
0.12
1.26
4.28**
3.65*
2.43* 3.23***
2.41*
0.29
-0.06
-0.36
1.43
1.86
3.14*
0.97
0.36
-1.25
-1.69
-0.50
4.31** 6.27***
2.95**
-0.64
1.79 -3.20**
-1.14
2.29*
Ansiedad fóbica (FOB)
2.44
2.44
2.73**
1.55
1.02
-1.53
-1.53
-0.26
Ideación paranoide (PAR)
1.50
1.24
0.89
-1.50
-0.77
-1.94*
-1.29
0.48
Psicoticismo (PSIC)
2.42
1.42
2.34*
-0.31
1.15
-2.39*
-1.09
1.32
Miscelánea (MIS)
1.88
2.98*
2.16*
-0.42
0.23
-2.23*
-1.82
0.56
a
= ANOVA con sexo como covariante; * = p ^ .05; ** = p ^ .01;
= género masculino; A = género andrógino.
***
= p ^ .001; I = género indiferenciado; F = género femenino; M
1. El grueso de las diferencias significativas corresponden a la comparación Indiferenciado-femenino. Las personas tipificadas como indiferenciadas puntúan
más alto que las femeninas en 7 de las dimensiones primarias y en el factor
de miscelánea. Sólo en las dimensiones SOM y PAR no hay diferencias
2. Las personas indiferenciadas, además, se diferencian de las masculinas y las
femeninas en las mismas dimensiones, y en la misma dirección. Las
indiferenciadas puntúan más alto que las masculinas y las femeninas en las
dimensiones SI y DEP
3. Finalmente, las personas indiferenciadas obtienen más puntuación que las
masculinas en la dimensión OBS
4. Las personas tipificadas de andróginas no se diferencian de las femininas en
ningunas de las dimensiones de sintomatología psicopatológica. Sin embargo, en 6 dimensiones primarias (SOM, ANS, HOS, FOB, PAR, PSIC) y
en el factor de gravedad, los andróginos obtienen puntuaciones más altas
sin significación estadística.
5. Las personas andróginas SOLO difieren de las masculinas en la dimensión
HOS: las personas masculinas puntúan más alto que las andróginas
6. Entre masculinos y femeninos las diferencias se articulan en las dimensiones
HOS, PAR y PSI: los masculinos puntúan más alto que los femeninos. Las
138
DE MIGUEL y SANTOS
tres coinciden con las características comportamentales esperadas para el
sexo masculino. Sin embargo, no aparecen diferencias intergénero donde
sí habían aparecido diferencias intersexo, aunque se confirma la diferencia en PSIC.
En vista de estos resultados, la hipótesis de la androginia de Bem (1974) se
ve confirmada solo por parte de los indiferenciados, que muestran peor salud
mental que los otros tres grupos que tienen bien internalizados los estereotipos
sexuales. Sin embargo, los andróginos no mostrarían ventaja alguna sobre los
tipos masculino y femenino.
Para poner a prueba la hipótesis de la interacción, propuesta por Lubinski,
Tellegen y Butchler (1981), realizamos 10 regresiones múltiples, teniendo los
tipos sexuales puros y el sexo como predictores y las dimensiones básicas de
sintomatología como criterio. El método utilizado en la regresión fue el de pasos sucesivos. Los resultados se han agrupado en la tabla 5, donde se muestra el
valor de R, R2 y el coeficiente tipificado b.
Estos resultados aclaran un poco el panorama:
1. La no internalización de ningún rol sexual, es decir, la indiferenciación parece que explica las dimensiones de OBS y SI.
2. Hay efecto principal de la masculinidad, indicando que la no internalización
de los estereotipos masculinos explica la ansiedad fóbica (FOB) (b = -.109).
3. Hay efecto principal de la feminidad, indicando que la no internalización de los
estereotipos femeninos explica la ideación paranoide (PAR) (b = -.093).
4. Hay efecto de interacción «feminidad x sexo» de forma que ser hombre (b =
.100) y no haber internalizado los estereotipos femeninos (b = -.091) explica el psicoticismo.
5. También hay efecto de interacción «feminidad x sexo» para la dimensión de
hostilidad y el factor de miscelánea o gravedad. En el primer caso, ser
mujer (b = -.145) y no haber internalizado el rol femenino (b = -.235)
explica la hostilidad. Lo mismo ocurre con miscelánea, siendo los coeficientes b = -.105 y b = -.125, respectivamente.
6. Para la sintomatología depresiva, es la interacción «masculinidad x sexo» la
que mejor lo explica: ser mujer (b = -.097) y no haber internalizado los
roles masculinos (b = -.182).
7. Finalmente, la somatización parece ser exclusivamente explicada por el factor
sexo. Concretamente, ser mujer predice mejor esta sintomatología (b = -.180).
Los datos de la regresión múltiple apoyan la hipótesis de la interacción,
principalmente, pero interacción entre sexo y género.
139
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
TABLA 5. REGRESIONES MÚLTIPLES, POR PASOS SUCESIVOS CON TIPO SEXUAL
Y SEXO COMO PREDICTORES DE LAS DIMENSIONES PRIMARIAS DEL SCL-90-R.
PREDICTOR
R2
b
Somatización (SOM)
Sexo1
.180
.033
-.180
Obsesión-compulsión (OBS)
Masculinidad
.125
.016
-.121
Feminidad
.154
.024
-.089
Masculinidad
.159
.025
-.154
Feminidad
.198
.039
-.117
Masculinidad
.221
.045
-.182
Sexo
.231
.053
-.097
Sensibilidad interpersonal (SI)
Depresión (DEP)
Ansiedad (ANS)
—
Hostilidad (HOS)
Feminidad
.191
.037
-.235
Sexo
.236
.056
-.145
Ansiedad fóbica (FOB)
Masculinidad
.109
.012
-.109
Ideación paranoide (PAR)
Feminidad
.093
.009
-.093
Psicoticismo (PSIC)
Sexo
.127
.016
.100
Feminidad
.154
.024
-.091
Feminidad
.094
.009
-.125
Sexo
.137
.019
-.105
Miscelánea (MIS)
1
R
Sexo computado como 0 para mujer y 1 para hombre.
ANDROGINIA
Y TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD
Vayamos ahora al análisis de los datos relacionando androginia y trastornos de personalidad. La lógica de análisis es la misma que en el caso de la sintomatología psicopatológica.
Las comparaciones intersexo, presentadas en la tabla 6, muestran que solo
habría diferencias en los tres trastornos de la personalidad considerados como
individuos raros, excéntricos (personas que de forma sistemática presentan problemas en la adecuación de la expresividad emocional, hasta el punto de aparecer
como individuos «fríos» y distantes, e incluso muestran sentimientos hostiles y
rencorosos). Los hombres puntúan más alto que las mujeres en los trastornos
esquizoide y disocial, mientras que las mujeres puntúan más alto en el paranoide.
Los ANOVAs con el factor género con cuatro niveles produjeron ocho F
significativas, que aumentaron de nuevo cuando se mantuvo el sexo como cova-
140
DE MIGUEL y SANTOS
TABLA 6. DIFERENCIAS INTERSEXO SOBRE
LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD.
HOMBRES
MUJERES
X
DT
X
DT
t
p
F60.0 Paranoide
3.08
1.54
2.70
1.46
2.67
.008
F60.1 Esquizoide
2.05
1.59
2.63
1.56
-3.91
.000
.82
.99
1.22
1.22
-3.67
.000
F60.30 Impulsivo
1.17
1.22
1.20
1.08
-.31
.755
F60.31 Límite
1.30
1.20
1.45
1.22
-1.35
.177
F60.4 Histriónico
1.85
1.35
1.91
1.34
-.48
.634
F60.5 Anancástico
3.24
1.64
3.17
1.63
.49
.625
F60.6 Ansioso
2.21
1.48
2.10
1.43
.79
.431
F60.7 Dependiente
1.62
1.33
1.65
1.47
-.21
.836
F60.2 Disocial
X = media; DT = desviación típica.
TABLA 7. ANOVAS PARA EL FACTOR «GÉNERO» SOBRE LOS TRASTORNOS
DE PERSONALIDAD Y VALORES DE T DE STUDENT.
t
F
Fa
I-F
I-M
I-A
F60.0 Paranoide
3.77**
7.25***
0.80
-2.73**
0.89
F60.1 Esquizoide
5.12**
2.69*
3.02**
-1.35
10.12***
6.19***
3.50***
F60.30 Impulsivo
3.41*
3.43*
F60.31 Límite
3.49*
F60.4 Histriónico
F-A
M-A
-3.03**
-1.51
1.50
1.05
-4.03***
-1.86
2.07*
-2.59**
0.01
-6.45***
-3.68***
2.33*
1.36
-2.21*
-0.13
-3.48***
-1.53
1.88
3.24*
2.85**
1.00
2.16 *
-2.06*
-0.85
1.29
2.63*
2.55*
-1.58
-2.11*
-2.58**
-0.35
-0.91
-0.60
F60.5 Anancástico
2.24
2.72*
0.40
-1.69
-1.94*
-1.80
-2.08*
-0.41
F60.6 Ansioso
2.39
2.24
0.79
1.61
2.38*
0.60
1.44
0.92
11.14*** 12.38***
1.03
3.87***
4.53***
2.36*
3.32***
0.90
F60.2 Disocial
F60.7 Dependiente
F-M
= ANOVA con sexo como covariante; * = p ^ .05; ** = p ^ .01; *** = p ^ .001; I = género indiferenciado; F = género femenino; M =
género masculino; A = género andrógino.
a
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
141
riado. Solo no parecía haber efectos del género ni del sexo en el trastorno de la
personalidad por ansiedad, y no había efectos del género en el trastorno de la
personalidad anancástico. La tabla 7 presenta todos los valores de F así como los
valores de t para las comparaciones de medias.
Las comparaciones bivariadas entre los cuatro tipos, recogidas en la tabla
14, dieron como resultado lo siguiente:
1. En líneas generales, la masculinidad parece estar unida a una peor salud mental, es decir, a puntuar más alto que los demás tipos en la mayoría de los
trastornos de la personalidad.
2. Las personas masculinas puntúan más alto que las indifenciadas, las femeninas y las andróginas (aunque en este caso no se alcanza la significación
estadística) en el trastorno paranoide, en el esquizoide (no significativa la
comparación con los indiferenciados), y en disocial (significación estadística en los tres casos).
3. Las personas andróginas y las masculinas puntúan más alto que las indiferenciadas en los trastornos histriónico y anancástico, pero más bajo en los
trastornos relacionados con la ansiedad y la dependencia.
4. Las diferencias entre la masculinidad y la feminidad se solapan con las diferencias intersexo: hombres frente a mujeres y personas masculinas frente
a personas femeninas puntúan más alto en los trastornos paranoide, esquizoide y disocial.
En este caso de los trastornos de personalidad, la feminidad parece ser
indicador de mayor salud mental, y la masculinidad indicador de peor salud
mental. Por lo tanto, no se comprueba la hipótesis de la androginia.
Finalmente, las regresiones múltiples, también con pasos sucesivos, siendo
los predictores los dos tipos sexuales de masculinidad y feminidad y el sexo, y el
criterio cada uno de los nueve trastornos de personalidad, produjeron los siguientes resultados (véase Tabla 8):
1. Efecto principal de masculinidad para los trastornos histriónico y ansioso. En
el primer caso la masculinidad va unida a los comportamientos histriónicos (b = .095), y en el segundo, la no internalización de los roles masculinos explica el trastorno por ansiedad (b = -.165).
2. Hay efecto de interacción «feminidad x sexo» para los trastornos esquizoide y
dependiente. En ambos casos es la no internalización de los esterotipos
femeninos (b = -.192 y b = -.357, respectivamente) y ser hombre (b = .107 y
b = .118, respectivamente) lo que explica una mayor puntuación en los
trastornos.
3. Hay efecto de interacción «feminidad x masculinidad» para el trastorno disocial:
tener internalizados los estereotipos masculinos (b = .163) y no internalizados
los femeninos (b = -.262) explica una mayor puntuación en este trastorno.
142
DE MIGUEL y SANTOS
TABLA 8. REGRESIONES MÚLTIPLES, POR PASOS SUCESIVOS CON TIPO SEXUAL
Y SEXO COMO PREDICTORES DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD.
PREDICTOR
F60.0 Paranoide
F60.1 Esquizoide
F60.2 Disocial
F60.30 Impulsivo
Sexo
1
R
R2
b
.113
.013
-.206
Masculinidad
.173
.030
.159
Feminidad
.222
.049
-.147
Feminidad
.224
.050
-.192
Sexo
.246
.061
.107
Feminidad
.255
.065
-.262
Masculinidad
.303
.092
.163
Feminidad
.164
.027
-.199
Masculinidad
.206
.042
.155
Sexo
.223
.050
-.094
.095
.009
.095
F60.31 Límite
—
F60.4 Histriónico
Masculinidad
F60.5 Anancástico
—
F60.6 Ansioso
Masculinidad
.165
.027
-.165
F60.7 Dependiente
Feminidad
.321
.103
-.357
Sexo
.340
.116
.118
1
Sexo computado como 0 para mujer y 1 para hombre.
4. Hay efecto de triple interacción «feminidad x masculinidad x sexo» para los
trastornos paranoide e impulsivo. En ambos casos, ser mujer (b = -.206 y b
= -.094, respectivamente), tener internalizados los roles masculinos (b =
.159 y b = .155, respectivamente) y no tener internalizados los roles femeninos (b = -.147 y b = -.199, respectivamente) explican mayor puntuación.
5. Finalmente, no aparecieron predictores para los trastornos límite y anancástico.
De nuevo es la hipótesis de la interacción la que más apoyo recibe, pero
una interacción en la que no coindice el sexo con el género, al contrario de lo
que ocurría en el caso de la sintomatología psicopatológica.
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
143
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Después de presentar estos resultados, pasamos a una breve discusión sobre ellos.
En primer lugar, no debemos olvidar que estamos analizando respuestas
autoinformadas, por parte de estudiantes universitarios, en ningún caso con diagnóstico clínico conocido. Por lo tanto, no deben interpretarse los resultados
como contrastación empírica de psicopatología.
En segundo lugar, las diferencias intersexo realizadas en los elementos
que conforman los tipos sexuales indican que es necesario revisar conceptualmente el BSRI. El momento cultural contemporáneo es bastante diferente al de
hace 30 años. Las ideas feministas, la perspectiva de género, la globalización y el
relativismo social y moral están suponiendo grandes cambios en la adecuación y
aceptación de los estereotipos sexuales. Un estudio en profundidad de los elementos del BSRI puede conducir tanto a eliminar algunos de ellos como a incluir otros, más acordes con este momento post-moderno.
En tercer lugar, sería interesante estudiar las causas posibles de la distribución de los tipos sexuales y sexo biológico según carrera (casi la mitad resultó ser
indiferenciado en humanidades y 1/3 en el resto de carreras; en las ciencias
sociales, técnicas, salud y experimentales, el porcentaje de masculinidad era mayor
que el de feminidad; en las carreras técnicas, había un claro predominio de
indiferenciados (1 hombre: 1 mujer) y masculinidad (principalmente hombres).
La aproximación a este tema requiere una cierta dosis de asepsia ideológica.
En cuarto lugar, se comprueban parcialmente las hipótesis de la androginia
y de la interacción en el caso de la sintomatología psicopatológica.
En quinto lugar, no obtiene apoyo la hipótesis de la androginia en el caso
de los trastornos de personalidad. Teniendo en cuenta de que no se trataba en
ningún caso de diagnósticos de patología, sino de estudio de análogos, los resultados pueden interpretarse como indicadores de adaptación al medio. Esto proporcionaría apoyo a la teoría evolucionista y las teorías sociológicas, según las
cuales los hombres y, en nuestro caso, quienes asumen e internalizan los roles y
estereotipos masculinos, se caracterizan por comportamientos de dominancia,
de agresividad y asertividad. Justamente en este último factor Hyde (2005) encontró tamaños del efecto moderados. Y por otra parte, las mujeres y, en nuestro
caso, quienes asumen los roles y estereotipos femeninos, se caracterizan por comportamientos relacionados con la ansiedad. La propuesta evolucionista no parece estar muy alejada de estos resultados.
Sería preciso investigar la validez convergente entre trastornos de la personalidad y sintomatología psicopatológica. Los resultados encontrados son contradictorios: las mujeres puntuaban más alto que los hombres en el trastorno de
la personalidad paranoide pero más bajo en la sintomatología de ideación
paranoide; y las mujeres puntuaban más bajo que los hombres en el trastorno de
la personalidad disocial y más alto en la sintomatología de psicoticismo.
144
DE MIGUEL y SANTOS
Éste ha sido un primer acercamiento al estudio de la relación entre tipificación sexual y salud mental. Queda todo lo anterior por hacer. Recomendamos
que el acercamiento que se haga a estos temas sea, en la medida de lo posible,
libre de axiología, sin ideas preconcebidas, sin prejuicios feministas, y con amplitud de miras como para entender que es necesario más de un modelo para
poder describir, explicar y predecir el comportamiento humano.
ANDROGINIA Y SALUD MENTAL EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
145
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