Colección Marion Meyer - Actividad Cultural del Banco de la

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Colección
Marion Meyer
Contenido
MAN RAY
Museo de Arte Banco de la Republica
2010
Curaduria
Marisa Oropesa
Colección Marion Meyer
Coordinación en Europa
Comisariados y Cultura
Maria Toral
Eva Meyer
Coordinación curatorial y editorial
Maria Wills Londoño
Unidad de Artes y Otras Colecciones
Diseño
mottif / www.mottif.com
Textos
Marisa Oropesa
Jaime Cerón
Darío Jaramillo
Juan Gustavo Cobo
Maria Clara Bernal
Fotografías
Pablo Linés
Guillem Fernández
Germán J. González Sinova
Corrección de estilo:
Grace Burbano
Impresión
xxxxxxxxxxxxxxxx
Caratula
xxxxxxxxxxxxxxxx
Contracaratula
xxxxxxxxxxxxxxxx
Solapa
xxxxxxxxxxxxxxxx
Solapa posterior
xxxxxxxxxxxxxxxx
ISBN:
COMO EN LA GUÍA DE ESTUDIO:
Agradecimientos
Marion Meyer
Julio Mario Santodomingo
Beatrice Dávila de Santodomingo
Alejandro Santodomingo
Gonzalo Córdoba
Fundación Amigos de las Colecciones de Arte
Embajada de Francia
Embajada de Estados Unidos
Caracol TV
Cine Colombia
El Espectador
mottif
Lancaster House
PRESENTACIÓN
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[7]
MAN
RAY
El renacentista del siglo XX
Marisa Oropesa
Los enamorados, desnudo y juego de ajedrez, 1934
reimpresion fotografica
28,8 x 68,8 cm
[8] El renacentista del siglo XX
Marisa Oropesa
ERA EL AÑO 1913.
Francis
Picabia
viajaba desde París hasta Nueva York, ciudad que años más tarde
sustituiría en su puesto de capital mundial del arte a la ciudad de la luz.
Su viaje se debió a que el 17 de febrero se había inaugurado el “International Exhibition of Modern Art” —más conocido hoy en día como el
“Armory Show”— que se clausuró el 15 de marzo. La gran exposición
se celebraba en la Armería del 69 Regimiento de Nueva York y supuso
un antes y un después para la historia del arte norteamericana.
Mientras el realismo inundaba las paredes de los museos de los Estados
Unidos, el Armory Show supuso un punto de inflexión introduciendo
nuevos estilos y dejando ver las últimas tendencias que ya dominaban
el panorama artístico en el viejo continente. En la armería había más
de mil seiscientas obras de artistas europeos; sin embargo, el único que
acudió en persona fue Picabia. El artista franco cubano era para los
americanos la clara representación de la vanguardia.
Una obra en especial, titulada Nu desdendant un escalier, fue la protagonista del Armory Show, y el francés Marcel Duchamp era su autor.
La obra fue criticada hasta la saciedad, tanto que el propio presidente
de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, se pronunció refiriéndose
al arte moderno y sentenciando: “That´s not art!”. A pesar de que en
los periódicos se burlaban de Duchamp y satirizaban el arte moderno,
muchos neoyorquinos vieron que esa gran exposición de 1913 era
mucho más que una feria de arte con las últimas tendencias europeas.
De este modo, el Armory Show de 1913 fue el revulsivo necesario para
romper las reglas hasta entonces establecidas con conceptos estéticos
que se habían quedado anticuados y obsoletos.
Marcel Duchamp, amigo inseparable de Picabia, viajó dos años más
tarde a Nueva York precedido por el escándalo que había causado su
obra.
Los dos, Picabia y Duchamp, encontraron en la ciudad de los rascacielos un mundo nuevo lleno de posibilidades donde desarrollar todas sus
inquietudes artísticas.
[9]
Iban muy a menudo al 291 de la Quinta Avenida, la galería del fotógrafo Alfred Stieglitz, alma máter de la revista Camera Work (19021917) y fundador del grupo Photo-Secession cuyo objetivo era que la
fotografía fuera reconocida “como un medio distintivo de expresión
individual”. En 1905, Stieglitz fundó Little Galleries of the Photo-Secession, más conocida como Galería 291 por su ubicación en la Quinta
Avenida. La importancia de este lugar fue crucial para el desarrollo del
arte vanguardista, ya que era la única galería en la que se exponían
obras de artistas europeos, como Henri Matisse o Pablo Picasso, y norteamericanos, como Arthur Dove.
Allí Duchamp y Picabia conocieron a un joven artista, Emmanuel Radnitzsky, más conocido como Man Ray. Los tres artistas entablaron entonces una amistad sincera y duradera que además fue fructífera en
términos artísticos, porque los tres —Duchamp, Picabia y Man Ray—
formaron el triunvirato dadaísta en Nueva York.
Man Ray nació en 1890 en Filadelfia; su familia se trasladó a Brooklyn
cuando él tenia siete años. Su verdadero nombre era Emmanuel Radnitzsky y era descendiente de inmigrantes rusos judíos. El apellido lo cambiaron por Ray en 1912 a causa de los sentimientos antisemitas que había
en los Estados Unidos. El nombre Man Ray lo acuñó el artista utilizando el
diminutivo del apodo “Manny”, como lo llamaban en su familia.
En 1913 se instaló en New Jersey, en una comunidad de artistas, y
contrajo matrimonio con la poetisa belga Dona Lacroix, de quien se
separaría pocos años después.
Fue en el año 1915 cuando realizó su primera exposición individual y
en ese mismo año nació su gran amistad con Marcel Duchamp. La camaradería con su contemporáneo francés fue clave para el desarrollo
de su carrera y para la definición de su trayectoria artística, que desde
1913 estaba encaminada hacia la modernidad tras visitar el Armory
Show. Ahí fue donde vio por primera vez la obra de Duchamp Nu
desdendant un escalier (figura 1), y cuando su modernidad latente dio
el giro que le permitió la proyección y el desarrollo renacentista que
impregnó toda su obra.
Figura 1
Man Ray, Fotografía de la
obra de Marcel Duchamp,
Nu descendant un escalier.
[10] El renacentista del siglo XX
Marisa Oropesa
Figura 2
Desde ese momento, todo se sucedió vertiginosamente. Compró su primera cámara fotográfica, se instaló en Manhattan y sorprendió con
técnicas revolucionarias. Es cuando, además, comenzó a modificar el
concepto de la pintura que había practicado hasta entonces para indagar en nuevas vías de expresión. Y es, a partir de esa época de
fructíferas innovaciones, cuando podemos preguntarnos ¿cuántos Man
Ray existen?
Man Ray, Cadeau.
Desde un punto de vista cronológico, en primera instancia está el Man
Ray pintor que se caracteriza por un cierto “clasicismo” tanto en la
temática como en el soporte elegido; creaba óleos de paisajes o bodegones incluso retratos que el mismo calificaba de estilo “romántico-expresionista-cubista”. En ese entonces vivía en Ridgefiels, en una
comunidad de artistas, y sus obras empezaban a sentir el influjo del
cubismo que había estado en boga años antes. Su espíritu inconformista lo llevó a indagar en todo lo que tenía a su alrededor para encontrar
nuevas vías de expresión. A partir de ese momento empezó a crear
collages abstractos y pintó “aerografías” que realizaba con una pistola
aérea; los lienzos los inundó con formas geométricas sin lógica, creando motivos abstractos e imaginarios.
Continuaba siendo el Man Ray de tendencia dadaísta en el que se
había convertido en Nueva York junto a Marcel Duchamp y a Francis
Picabia. El dadaísmo que fue decisivo para él, suponía una reacción
a los acontecimientos bélicos de la Primera Guerra Mundial.
Su instinto lo llevó hasta “objeto-cuadro”, una nueva forma de expresión en la que desviaba a los objetos de su función habitual. Todas estas creaciones nos permiten hablar de un Man Ray protodadaísta antes
de los años veinte. Igualmente funda junto a Katherine Dreier y Marcel
Duchamp la Société Anonyme, Inc. que se ocupaba de promover conciertos, lecturas y publicaciones, aunque su principal actividad era la
promoción de exposiciones de arte: en veinte años organizó un total de
80 muestras de arte moderno, incluyendo la International Exhibition of
Modern Art en el año 1926, en el Brooklyn Museum.
Como dadaísta Man Ray defendió una aproximación libre al arte volviéndose destructivo e irreverente. Como su amigo Duchamp, se sirvió
del azar y de lo absurdo para imprimir en sus creaciones un carácter
nuevo. El arte se presenta como una manifestación del subconsciente
del artista y los objetos de Man Ray son el mejor ejemplo de ello. Son
utensilios de la vida cotidiana que se convierten en piezas fundamentales para sus obras arte, en el centro de éstas. Este americano convierte en arte todo lo que le rodea, como en la obra Cadeau (figura
2), que es una plancha manipulada por él con gran ingenio.
En los años veinte tomó las riendas de su carrera y decidió instalarse en París donde, gracias a su carácter abierto y jovial, consiguió
integrarse perfectamente en la vanguardia de la capital francesa.
Como artista multidisciplinar no tuvo límites, entendió perfectamente
la transición de su particular dadaísmo —destructor y jovial— al surrealismo, como demuestra en sus obras a través de una evolución
insólita. Los límites de uno y otro movimiento quedan totalmente desdibujados. En los años treinta pintó cuadros inconfundiblemente surrealistas, como le Beau Temps (1939), y sus fotografías tienen también
Las dos décadas que vivió en la ciudad de la luz, desde 1921
hasta 1940, fueron sus años más prolíficos como creador.
[11]
[12] El renacentista del siglo XX
Marisa Oropesa
Como fotógrafo dadaísta y surrealista fue el encargado de inmortalizar
a los protagonistas de estos movimientos. Siempre, desde su particular
visión, realizó retratos personales o de grupo de figuras tan relevantes en
la historia del arte como Pablo Picasso, André Breton, Max Ernst o Marcel Duchamp (figura 5). Son retratos fotográficos con un valor intrínseco
incalculable, ya que son documentos prácticamente históricos que nos
acercan a los protagonistas de una de las épocas más fructíferas del arte.
Figura 3
Man Ray, Peggy
Guggenheim con
vestido de Poiret.
[13]
Figura 4
Man Ray, Gertrude
Stein y su retrato realizado
por Pablo Picasso.
ese estilo. Como surrealista participó en varias de las exposiciones del
grupo e hizo suyas varias premisas, como el automatismo, permitiendo
que el subconsciente marcará el ritmo creativo del artista. Igualmente
quedó latente su rechazo hacia las convenciones aceptadas hasta entonces en el arte, que le resultaban tediosas y monótonas junto a la falta
absoluta de creatividad. Ray era consciente de que cualquier camino
era válido y necesario para la exploración de nuevas formas artísticas.
En París su fama empezó como fotógrafo mundano, retrataba a otros
artistas, trabajaba para distintas revistas y realizaba distintos reportajes de moda. Aunque parezca una faceta algo frívola, sus fotografías
de moda y de publicidad fueron todo menos banales.
La plástica de su trabajo dejó completamente de lado el aspecto comercial que algunos le impregnaban por estar destinadas a la moda o a la
publicidad. Estas fotografías podían ser admiradas en revistas tan importantes de la época, como Vogue o Bazaar. El ‘estilo Man Ray’ estaba
impregnado en todas ellas; sus modelos posaron junto a esculturas de sus
contemporáneos Giacometti o Brancusi o junto a piezas de arte griego
clásico o, incluso, con pinturas de Pablo Picasso o de Francis Picabia.
Como retratista de la sociedad parisina, sus modelos y cómplices fueron en muchas ocasiones personajes célebres y reconocidos como los
modistas Poiret, Chanel o Lanvin, coleccionistas como Peggy Guggenheim o Gertrude Stein (figura 3 y 4), o sus amantes Kiki de Montparnasse, Lee Miller o Meret Oppenheim.
En paralelo a estos trabajos, siguió investigando hasta que finalmente
a comienzos de los años veinte inventó un método fotográfico que le
permitió realizar sus “rayografías”o “rayogramas” bautizadas así por
su apellido. Son imágenes fotográficas sacadas sin cámara que obtenía mediante objetos expuestos sobre un papel sensible a la luz que
luego revelaba.
Su modelo fue entonces su amante Alice Prin, conocida como Kiki de
Montparnasse, una celebre modelo de los círculos bohemios parisinos,
que le inspiró su celebre obra Le Violon D´Ingres. (figura 6)
Siguió experimentando junto a su asistente, musa y amante, Lee Miller.
La norteamericana llegó a París en el año 1929 para estudiar al lado de
Man Ray y estuvo a su lado hasta el año 1932. Durante su colaboración
ambos perfeccionaron la llamada técnica de la “solarización”. Esta técnica la aplicó tanto a retratos como a desnudos, y la consiguió exponiendo
los negativos fotográficos a la luz. Se sabe por publicaciones del siglo
XIX que este método había sido ya inventado por varios fotógrafos en el
cuarto oscuro, pero fue el americano quien lo desarrolló y lo implantó
como una nueva técnica fotográfica dándole una identidad propia.
A su vez se interesó en producciones cinematográficas y realizó distintas películas como Emak Bakia en 1926, L´etoile de mer en 1928 y Les
mystères du château de Dé (1929). Colaboró igualmente con Marcel
Duchamp en la película Anemic Cinema (1926) y con el también artista
Fernand Léger en el Ballet Mécanique (1924).
Figura 5
Man Ray, Retrato de
Marcel Duchamp.
Figura 6
Man Ray, Le
No deja de sorprender su fórmula renovadora que lo convirtió en un artista de culto gracias a su supremacía en el dominio de distintos medios
Violon d´Ingres.
[14] El renacentista del siglo XX
Figura 7
Man Ray, Trompe l´oeuf.
Marisa Oropesa
artísticos, como la fotografía, el cine, la pintura, los readymades, los assemblages... Tan sólo durante el periodo de entreguerras, Man Ray fue
dadaísta, surrealista, fotógrafo mundano, fotógrafo innovador, creador de
objetos, pintor, cineasta, colaborador de distintas revistas, cronista excepcional de París, y todo ello gracias a su particular simbiosis de los medios.
definen al gran artista: “Unconcerned but not indifferent”. Así fue Man
Ray, un artista despreocupado, pero no indiferente.
En la década de los cuarenta, tras el estallido de la Segunda Guerra
Mundial y la ocupación nazi de París, el norteamericano regresó a su
país natal, instalándose en California atraído por la meca del cine. Volvió
entonces el Man Ray cineasta que se había empezado a manifestar en
los años veinte. Una vez en Hollywood colaboró activamente en varias
producciones cinematográficas al igual que había hecho en sus años de
juventud. En Los Ángeles conoció a una bailarina y modelo de artistas
judía, llamada Juliet Browner, con quien convivió y contrajo matrimonio en
1946 en una doble boda con sus amigos Max Ernst y Dorothea Tanning.
Fue en esta época cuando sintió con más fuerza la necesidad de expresarse a través de la pintura, y lo hizo con un estilo más historicista como
lo demuestra el conjunto de pinturas que tituló Ecuaciones shakesperianas.
Esta serie de obras son ilustraciones de ecuaciones de álgebra. Fiel a sus
cambios continuos, su pintura sufrió mutaciones, se volvió más americana;
su dibujo es limpio, su discurso, elemental y sus imágenes, rotundas.
Esta muestra organizada por el Banco de la República nos acerca a
este artista cumbre del siglo XX a través de una cuidada selección de
obras de su fértil producción. Podremos disfrutar tanto de sus innovadoras fotografías, como de las más clásicas tomadas para anuncios
publicitarios, objetos, dibujos y óleos. El gran público podrá conocer a
Man Ray con detenimiento a través de sus creaciones más dispares y vitales. El norteamericano es, sin duda, una de las figuras más atractivas
de la historia del arte internacional y sus obras son el más fiel reflejo de
su espíritu polifacético, imaginativo e intuitivo, que nunca tuvo miedo
de luchar contra lo establecido para lograr nuevos caminos en el arte.
Si algo define la trayectoria artística de Man Ray es su carácter transgresor y la búsqueda insaciable de nuevos estilos y recursos artísticos.
BIBLIOGRAFÍA
MAN RAY, Revolving doors, 1916-1917: 10 planches. Paris, Éditions Surrealistes, 1926.
En 1951 volvió a su añorado París donde permaneció hasta su muerte. Era, entonces, un artista maduro que continuaba manteniendo sus
inquietudes y que no paró jamás de experimentar buscando nuevos
significados al arte.
Al final de la década de los cincuenta ensayó con la fotografía en color;
sin embargo, no pudo evitar mirar al pasado y centrarse en la pintura, y
realizó entonces pinturas abstractas, como les Peintures naturelles (1958).
Ya en la década de los sesenta vuelve a crear assemblages utilizando
objetos cotidianos como hace en la obra Trompe-lóeuf (figura 7) y publica en 1963 su autobiografía Self-Portrait.
MAN RAY, Man Ray: photographs, 1920–1934, Paris.
Hartford, CT: James Thrall Soby, 1934.
ÉLUARD, PAUL, Y MAN RAY, Facile. Paris: Éditions G.L.M., 1935.
MAN RAY AND ANDRÉ BRETON, La photographie n’est
pas l’art, Paris: Éditions G.L.M., 1937.
MAN RAY, Alphabet for adults, Beverly Hills, CA: Copley Galleries, 1948.
MAN RAY, Self portrait, London, Andre Deutsch, 1963.
MAN RAY Y L. FRITZ GRUBER, Portraits, Gütersloh,
Germany, Sigbert Mohn Verlag, 1963.
Man Ray muere en 1976 y sus restos se encuentran en el celebre cementerio de Montparnasse donde su epitafio recoge unas palabras que
[15]
[16]
[17]
A lo largo del tiempo la pintura se ha
puesto alternativamente al servicio
de la Iglesia, el Estado, las armas, el
patrocinio individual, la apreciación de
la naturaleza, los fenómenos científicos,
las anécdotas y la decoración.
Pero todas las maravillosas obras que se han pintado, fueran
cuales fueran sus fuentes de inspiración, todavía viven para
nosotros a causa de las cualidades absolutas que tienen en común. La fuerza creativa y la expresividad de la pintura residen
materialmente en el color y la textura del pigmento, en las posibilidades de la invención y la organización formal y en el plano bidimensional en que se ponen en juego estos elementos.
[18]
[19]
MAN
RAY
LA REALIDAD MOLDEADA POR LA FANTASÍA
Jaime cerón
Objeto indestructible, 1923-65
Edición Mat 77/100
22,7 x 10,7 x 11 cm
[20] LA REALIDAD MOLDEADA POR LA FANTASÍA
Jaime cerón
YA HABÍA
notado que el panel
de Duchamp estaba
iluminado sólo por una bombilla sin pantalla, pero
sabía por experiencia que eso no tenía importancia
porque había que fotografiar un objeto inmóvil. El
aparato estaba instalado sobre un pie; los resultados
serían satisfactorios, aunque el tiempo de exposición
fuera bastante largo. Al ajustar el objetivo, tenía una
vista rápida sobre el panel, que se parecía a un extraño paisaje visto por un ave. El panel estaba polvoriento. Pedacitos de servilletas de papel y copos de algodón, que habían servido para limpiar los elementos
terminados, agregaban cierto misterio a la obra. Todo
eso es Duchamp, pensé. En consecuencia, titulo la foto:
Criadero de polvo. Como la exposición iba a ser muy
larga, abrí el obturador y nos fuimos a comer. Regresamos una hora después y cerré el obturador. Me apuré
en volver a mi sótano, donde revelé la placa. Siempre
revelaba las fotos de noche, puesto que no tenía cuarto oscuro. El negativo estaba perfecto. Comencé a
tenerme confianza, convencido de que haría bien mis
propios trabajos.
Man Ray1
El texto anterior, más que recoger las reflexiones que suscitó en Man
Ray la ejecución de una de sus obras tempranas,2 realizada en colaboración con Marcel Duchamp, revela la compleja noción de creatividad
ligada a la fotografía, que implica hacer notar algo no visto de una
situación o hecho que existe plenamente. En este fragmento de su autorretrato, presta atención a la manera como la acumulación de polvo
sobre la superficie del Gran vidrio, sería parte integral del proceso
creativo de Duchamp, porque si se mantiene sobre él, es precisamente
por una decisión intencional. Esa condición se refleja en el título que
Man Ray elige, que puede leerse en la imagen resultante junto a la
firma de los dos autores. A pesar de que la “creación” de la fotografía
haya estado enteramente bajo la responsabilidad de Man Ray, hasta
el punto de que fue su idea registrar el estado en que se encontraba
el Gran vidrio, éste reconoce la participación de Duchamp porque
ha tomado decisiones previas a la toma fotográfica que inciden decisivamente en su significado. La continua comunicación que existió
entre estos dos artistas a lo largo de su vida y sus diferentes tipos de
colaboraciones artísticas hicieron que sus obras compartieran muchos
rasgos comunes, cuyas aportaciones individuales no tendría mucho
sentido tratar de establecer.
En los años previos a su encuentro con Duchamp, Man Ray estuvo
expuesto a una serie de experiencias artísticas radicales, como las
exhibiciones de vanguardia de la galería 291 o el Armory Show de
1913, que serían fundamentales para convertirlo en una figura clave
del dadá y el surrealismo en las décadas siguientes. A comienzos de
los años diez, él tuvo contacto con textos alusivos al inconsciente y a
los sueños por artículos publicados en la revista Camera Work, dirigida por el gran fotógrafo Alfred Stieglitz que además era el director
de 291, donde Ray vio exhibiciones que lo marcaron de artistas como
Rodin, Cezanne, Picasso, Matisse o Brancusi. También había conocido
de la mano de su esposa, Adon Lacroix, el trabajo de poetas como
Lautremont, figura clave para los surrealistas una década más tarde.
Incluso su acercamiento a Duchamp, que era sólo tres años mayor que
él, fue vital en ese proceso de identificación con el pensamiento vanguardista europeo, porque le permitió acercarse a ideas y concepciones nada convencionales. Entre los dos publicaron el único número de
1 Man Ray, Autorretrato, Barcelona,
Ed. Alba, 2004.
2 Su nombre de pila era Emmanuel
Rudzitsky
[21]
[22] LA REALIDAD MOLDEADA POR LA FANTASÍA
Jaime cerón
la revista New York Dada, en abril de 1921, en cuya portada apareció
una imagen hecha en colaboración mutua, y tres meses después Man
Ray arribó a París como era de esperarse.3
En 1918 realizó sus dos primeras fotografías en torno a objetos inertes,
que dejaron traslucir sus diferentes intereses artísticos en ese momento.
Estas dos obras, denominadas Hombre y Mujer, inquietan por el uso de
metáforas efectivas para aludir a los atributos fisiológicos de los seres
humanos, mediante equívocos visuales y equivalencias. Según Jane
Livingston, Man Ray se ubica con estas obras entre Duchamp y Stieglitz porque invocan con ironía el formalismo modernista del segundo,
y reciben con beneplácito la lógica absurda, enteramente calculada,
del primero.4
Dos años después, su participación en Criadero de polvo le permitió
reconocer la manera como la fotografía es comparable a una marca
física o huella material, hecho que lo llevó a rebasar la comprensión
de la presencia fotográfica desarrollada hasta ese momento, permitiéndole pensar en la realización de imágenes que funcionaran como
transferencias directas de la realidad. Esto lo llevó a cabo mediante
dos caminos: la experimentación con la fotografía y el uso de objetos
readymade como obras. Estos dos caminos se cruzaban eventualmente cuando él realizaba fotografías de objetos encontrados que tenían
una función transitoria como esculturas. La idea de presencia transferida de la realidad sería la fuerza que les daría forma a estas obras.
LAS PRÁCTICAS FOTOGRÁFICAS DE MAN RAY
3 Las ideas y hechos referidos en
este párrafo han sido apoyados en el texto “Man Ray and
surrealist photography” de Jane
Livingston, que hace parte del
libro L’amour fou: photography &
surrealism, Abbeville press, Nue-
El concepto de presencia dentro de la imagen fotográfica ha sido el
rasgo que más comúnmente se ha identificado como el fundamento de
su capacidad comunicativa. A comienzos del siglo XX, la fotografía ya
había logrado convertirse en el modelo de la visualidad moderna, desplazando de esa función a la pintura ilusionista del pasado, por la manera tan satisfactoria como parecía reemplazar los objetos del mundo.
va York, 1985. pp. 115-117.
4 Ibíd., p. 123.
Este “efecto” de presencia se desprendía de la valoración de los procesos físicos y químicos que se articulan para dar cuerpo a una fotografía
y que sugieren una continuidad entre ella y el mundo. Muchos acercamientos teóricos a la fotografía se han basado en esta concepción,
y entre ellos se destaca el enfoque de Andre Bazin planteado en su
famoso texto “La ontología de la imagen fotográfica”, donde dice que
“la imagen fotográfica es el objeto en sí, el objeto liberado de las condiciones de tiempo y espacio que lo gobiernan. Independientemente
de cuán borrosa, distorsionada o descolorida sea la imagen e independientemente de su valor documental, ella comparte, en virtud del
proceso de su devenir, el ser del modelo del cual es una reproducción.
Es el modelo”. 5
La aproximación que hace Bazin a la fotografía está sostenida por su
creencia en el valor de la impersonalidad y la objetividad como ejes
fundamentales de la comprensión del sentido de la imagen. De esa
manera, para Bazin es lógico valorar los principios de continuidad entre la fotografía y el mundo, aunque implique reprimir sus fundamentos
convencionales, ficticios y en general culturales.
Siguiendo las ideas anteriores, se podría decir que el papel central
que cumple la fotografía dentro del campo cultural se sustenta en la
suposición de transferencia desde el ámbito de la experiencia humana hacia el terreno de la imagen. Ese principio transferencial, entre la
naturaleza y la cultura, parece darle sentido a la experiencia social
e histórica de una determinada comunidad y se percibe como fundamento de una articulación simbólica que genera proposiciones discursivas, entre las que se encontrarían las prácticas artísticas. Como
lo ha dicho Douglas Crimp, “la centralidad de la fotografía dentro
de la gama actual de prácticas artísticas la convierte en un asunto
clave para elaborar una distinción teórica entre modernismo y posmodernismo. La fotografía no sólo ha saturado nuestro medio ambiente
visual al punto de convertir la invención de imágenes visuales en
algo arcaico, sino también es claro que la fotografía es demasiado
múltiple, demasiado útil para otros discursos, como para que pueda
confinarse por completo a las definiciones tradicionales de arte”.6
5 Andre Bazin, “Ontología de la
Man Ray comenzó a emplear la fotografía desde 1915, inicialmente
como un medio para documentar sus pinturas. Sin embargo, comenzó a realizar paralelamente retratos fotográficos, en gran medida
imagen fotográfica”, en ¿Qué es
el cine?, trad. José Luis Muñoz,
Madrid, Editorial Rialp, 1990.
[23]
[24] LA REALIDAD MOLDEADA POR LA FANTASÍA
6 Douglas Crimp, “Apropiar la apropiación”, en Imágenes, trad. Víc-
Jaime cerón
por los ingresos económicos que le generaban. Después de su arribo
a París, realizó diferentes experimentaciones con la imagen que lo
llevaron a desarrollar procedimientos fotográficos afines a sus preocupaciones estéticas principales: como la ‘rayografía’7 o la solarización, que se convirtieron en parte del repertorio formal de todos
los demás artistas surrealistas que utilizaron la fotografía. En el curso
de esas experiencias, la idea de presencia fotográfica llegó a ser
considerada como una especie de convención estética —comparable a las que definían el valor cultural de la escultura o la pintura—, lo que le permitió a todos estos artistas replantear la sintaxis de
la fotografía.8
tor Manuel Rodríguez. Bogotá,
Unibiblos, Universidad Nacional.
p. 48.
7 La ‘rayografía’ es en verdad una
fotografía sin cámara que trans-
Su vinculación con el surrealismo se formalizó en 1924 cuando siete
de sus fotografías fueron publicadas en el primer número de la revista
La Révolution Surréaliste que apareció en diciembre de ese año. Este
tipo de colaboración en publicaciones periódicas fue constante a
partir de ese momento de su carrera.9
fiere la silueta de los objetos al
papel por la acción directa de
la luz. Este procedimiento había
sido experimentada como técnica
hacia mediados del siglo XIX, por
William Henry Fox Tabot, que paradójicamente inventó los negativos fotográficos. El uso que hace
Varios autores en las décadas recientes han señalado la manera
como la actividad fotográfica fue crucial para la configuración del
surrealismo, al punto de llegar a plantear que la fotografía fue el arte
surrealista por excelencia al funcionar como el principal medio visual
que se incluyó en el amplio número de publicaciones periódicas de
esta corriente, que a su vez son planteadas como “los verdaderos objetos estéticos del surrealismo” muy por encima de las bellas artes.10
Ray de él es enteramente singular
y se aleja notoriamente de los intereses de Talbot.
8 Rosalind Krauss, “La originalidad
de la vanguardia y otros mitos
modernos”, en Los fundamentos
fotográficos del surrealismo, Madrid, Alianza Editorial, 1995. pp.
120-124.
9 Livingston, op. cit. pp. 123-125.
Dentro de los movimientos de la vanguardia histórica, el surrealismo
fue el más desatendido por los teóricos e historiadores que se encargaron de revisar la modernidad artística durante ese mismo periodo.
La razón pudo ser que sus intereses en el inconsciente y en el mundo
onírico lo mostraban oscuro u opaco ante la noción hegemónica de
arte moderno, basada en la aspiración a la pureza formal: transparente a su pretensión de autonomía. Sólo los teóricos posmodernos, interesados en detectar los traumas históricos producidos por
las represiones formales del modernismo, han asumido la tarea de
estudiar calmadamente y sin prevenciones el proyecto artístico del
surrealismo.
Hal Foster, que es uno de tales autores, ha planteado la manera
como el surrealismo “constituye un punto nodal de los tres discursos
fundamentales de la modernidad —el psicoanálisis, el marxismo cultural y la etnología—”.11 Señala cómo los tres prestan una particular
atención a las estructuras del pasado, al punto que propone como
clave para aproximarse al movimiento el concepto de lo ‘siniestro’
que desarrolló Sigmund Freud. Foster sintetiza ese concepto como “lo
reprimido que retorna”: algo que nos era familiar se torna extraño
por un trauma que lo conduce a un proceso de represión. La manera
como el sujeto logra regresar a ese hecho es siempre a través de la
fantasía.12 Este concepto se puede ejemplificar con la trama de la película Vértigo de Alfred Hitchcock, donde un hombre que sublima a la
mujer de sus afectos —una rubia fascinante, sofisticada y grácil— se
derrumba tras el suicido de ella, para luego creer reconocerla en una
pelirroja común, vulgar y torpe, que camina por la calle. Se esfuerza al máximo para recrear en esta segunda mujer la imagen de la
muerta, pero finalmente descubre que se trata de la misma mujer que
fingió su suicidio. Lo siniestro de la historia no es realmente reencontrarse con una persona que se creía muerta, sino reconocer que esa
mujer vulgar era la misma dama ideal e inaccesible, lo que derrumba
la fantasía y hace que ahora sí la pierda para siempre, porque en
verdad nunca existió.13 Lo reprimido que retorna es la existencia ordinaria de esta persona que se escondió bajo la fantasía de que se
trataba de un objeto inalcanzable.
La fantasía es lo que “nos enseña cómo desear” y por eso viene a
ser uno de los vehículos fundamentales de la experiencia artística en
general. Si consideramos entonces la obra de Man Ray en relación
con las anteriores afirmaciones y si prestamos una particular atención
a las piezas escultóricas en las que se apropia de objetos ordinarios,
seremos conscientes de la manera como sus obras nos pueden despertar asociaciones perturbadoras, que son enteramente producidas
por nuestra propia fantasía.14 Como decía su amigo Duchamp, “el artista no es el único que debe llevar a cabo el acto de creación, pues
el espectador establece el contacto de la obra con el mundo exterior
descifrando e interpretando sus calificaciones profundas, y con ello
agrega su propia contribución al proceso creativo”.15
10 Krauss, op. cit. p. 112.
11 Hal Foster, Belleza Compulsiva,
Buenos Aires, Los sentidos / arte
visuales, 2008. p. 13.
12 Ibíd., p. 39.
[25]
[26] LA REALIDAD MOLDEADA POR LA FANTASÍA
Jaime cerón
La noción de surrealidad se podría simplificar en una concepción del
mundo que permita identificar la manera como el deseo de los sujetos
lo prefigura. Una obra surrealista sería un dispositivo para abrir una
grieta en la superficie de lo real, por donde se pueda colar de vuelta
el deseo del espectador, que lo perturbará con su retorno. Man Ray
desarrolló diferentes mecanismos estratégicos para crear esas fisuras,
que se pueden ver enteramente asociados con los procedimientos técnicos implementados por él en la fotografía. La solarización, el uso del
negativo como positivo, la doble impresión de una imagen, la configuración de situaciones materiales para ser fotografiadas y la ‘rayografía’
tienen en común su capacidad para alterar la realidad sin dejar una
huella aparente dentro de la imagen resultante, que logra hacer pensar
que lo siniestro que desencadena ha sido producido por el mundo.
Que se trata de “la realidad convertida en signo”.16 Así mismo Man
Ray exploró las condiciones intrínsecas a la toma de una fotografía,
explorando tipos de planos y encuadres inusitados, para desmantelar
las convenciones que dan forma a lo real y hacernos ver de nuevo que
sólo existe la fantasía.17
13 Slavoj Zizek, Todo lo que usted
LA ESCULTURA DE MAN RAY: EL OBJETO COMO ASOCIACIÓN LIBRE
siempre quiso saber sobre Lacan
y nunca se atrevió a preguntarle
a Hitchcock “La sublimación y la
caída del objeto”, Buenos Aires,
Ediciones Manantial, 1994. pp.
141-145.
14 Slavoj Zizek, “Los siete velos de la
fantasía”, en El acoso de las fantasías, Madrid, Siglo XXI Editores,
1999. p. 17.
15 Bernard Marcadé, Duchamp, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2008.
p. 425.
16 Krauss, op. cit. p. 126.
Su trabajo escultórico, basado en la apropiación, alteración y yuxtaposición de objetos cotidianos, se propone como otra manera de hacer
que la realidad se transforme en signo. Los principios de conexión de
los objetos que emplea tienden a poner en práctica la lógica explosiva
de la famosa comparación propuesta por el Conde de Lautremont para
describir a un joven transeúnte de quien dijo que era “bello como el
encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser sobre una
mesa de disección”.18 La larga cadena de asociaciones que producen
las combinaciones de los diversos objetos a los que recurre en sus
obras funciona según los principios de “lo reprimido que retorna”,
porque vuelve “extraños” los objetos ordinarios. Esta extrañeza se produce básicamente por la alteración de las temporalidades tácitas que
los caracterizan. Como son objetos comunes y corrientes, participan
de la misma temporalidad que las personas, pero por lo inusitado de
los encuentros de que son protagonistas, desenvuelven simultáneamente otra temporalidad distendida como la que caracteriza la fantasía.
En su obra El enigma de Isidore Ducasse, lo que está escondido bajo
el fieltro podría ser descubierto tras el acto de cortar las cuerdas, pero
siempre resultará más inquietante imaginar qué es lo que realmente
puede estar oculto allí.
Si bien se ha hecho mención a este tipo de obras como “readymades ayudados”, considerando la operación propuesta por Duchamp
de apropiarse de un objeto ordinario y recontextualizarlo para transformar su significado, las operaciones radicalmente metafóricas de
Man Ray “estimulan las proyecciones inconscientes del espectador,
lo invitan a traer a la consciencia una íntima narración fantástica que
hasta entonces desconocía”19. Esas ficciones que proyectan sus obras
reconocen el lado oscuro del deseo del espectador, orientándose en algunos casos hacia la perversión, como ocurre con obras como Regalo.
EL EFECTO MAN RAY
Tanto el dadá como el surrealismo, para cuya configuración fue vital
el trabajo de Man Ray, se han vuelto a visitar por las generaciones de
artistas de los últimos 40 años. La proliferación de prácticas artísticas basadas en la apropiación, contextualización y alteración de objetos es un
denominador común del arte del presente. Estas prácticas han llegado
a funcionar como legítimas alternativas creativas dentro del amplio repertorio de medios, técnicas, procedimientos y estrategias con los cuales
los artistas de nuestro tiempo llevan a cabo su trabajo. Sin embargo, el
aspecto que más fuertemente ha caracterizado el arte de las décadas
recientes es el uso de la fotografía como una práctica artística. Al ver los
usos sociales de la fotografía dentro del arte contemporáneo, se ubican
dos ficciones que tienden a agrupar tales prácticas: el uso de la marca
de presencia de la imagen como una evidencia de la veracidad de un
hecho que la obra documenta y el reconocimiento de tal marca como
una convención cultural que permite “documentar” hechos que jamás
existieron.20 Ambas posibilidades parecen tener como referentes las colaboraciones que realizaron Man Ray y Duchamp entre 1920 y 1921.
17 Rosalind Krauss, “Corpus delicti”,
en Lo fotográfico, por una teoría
de los desplazamientos, Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 2002,
pp. 172-173.
18 Lautémont
(Isidore
Ducasse),
“Cantos de Maldoror”, en Obras
completas, Madrid, Akal, 1988.
pp.42-525
19 Rosalind Krauss, “Un plan de juego: los términos del surrealismo”,
Criadero de polvo, la primera de ellas, como ya fue mencionado al comienzo, resaltó que la acumulación de polvo es una huella producida
en Pasajes de la escultura moderna, Madrid, Akal, 2002. p. 130.
[27]
[28] LA REALIDAD MOLDEADA POR LA FANTASÍA
Jaime cerón
tanto en el espacio como en el tiempo. En ese sentido, presagia la concepción de la fotografía como un mecanismo invisible para registrar
pasivamente un acontecimiento que haya tenido lugar en el mundo.
Sin embargo, esta invisibilidad del acto fotográfico, se revela como un
principio convencional que le permite a la imagen fotográfica articular
su significación, porque dejar que el polvo se acumule es un artificio
manipulador de la realidad para que sirva como prueba documental.
Este mismo hecho ocurre en todas sus imágenes de objetos encontrados
o intervenidos, que dieron lugar a fotografías, como si hubieran sido
esculturas de muy corta duración.
La otra colaboración fue el retrato de Marcel Duchamp como Rrose Selavy,
producido en 1921. Duchamp aparece ataviado con maquillaje, sombrero y abrigo, y sus brazos y manos fueron reemplazados por los de una mujer, mediante un retoque para acentuar su feminidad.21 El significado de
esta obra se soporta igualmente en el principio convencional de la marca
de presencia incorporada en la fotografía, para sustituir el hecho o situación verdadera del cual la cámara daría cuenta. Sin embargo se produce
una paradoja dado que una vez identificamos el retrato como la imagen
de una mujer, caemos presas de la construcción artificial que la sustenta.
Esta imagen utiliza la creencia en torno a la veracidad documental de la
imagen fotográfica para proponer un desmantelamiento crítico en el mismo orden de lo real, porque verifica la existencia de algo que en realidad
no existe.
20 Joan Fontcuberta, “Elogio del
Vampiro”, en El beso de judas, fotografía y verdad, 3 ed. Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 2000.
p. 37-51.
21 Se trataba de Germaine Evarling,
compañera sentimental del artista
Francis Picabia, y el episodio lo
La herencia fundamental de Man Ray para los artistas contemporáneos
de nuestra época parecería consistir en el cuestionamiento o rechazo de
las convenciones estéticas y su reemplazo por estrategias analíticas
de los componentes culturales o ideológicos de cualquier forma de representación. Las anteriores dos imágenes parecen anticipar los rumbos
y delimitar los alcances de las prácticas fotográficas producidas por diversos artistas durante los últimos años, que se han marcado por una
apropiación de lo que ha implicado la fotografía fuera del campo del
arte, o la cultura con mayúscula.
menciona Bernard Marcadé en su
biografía sobre Duchamp. Marcadé, op. cit. p. 226.
Se podría demarcar una suerte de corriente dentro del arte contemporáneo donde muchas fotografías tienen sentido porque parecen
depender de un acto referencial inmediato que instituye una transferencia. La noción de documentación se ve como el efecto de una apropiación desde otro ámbito, lo que la carga de contingencias culturales.
En este sentido, podemos pensar en la función de la fotografía en la
consolidación de lo que pensamos actualmente como performance,
instalación o intervención específica de sitio. Así mismo, esta misma
concepción de la fotografía ha sido de vital importancia para el trabajo de los artistas que se han apropiado de diferentes experiencias
humanas a través de los principios de las fotos instantáneas (que parecen incluso más verdaderas que los documentos fotográficos) con el
fin de hacer alusión a los fundamentos convencionales de la propia
vida social.
Paralelamente veríamos surgir otra concepción de la imagen fotográfica, en donde lo que se muestra actúa significativamente en primera
instancia como si de un documento se tratara, pero que posteriormente revela un núcleo conceptual anómalo. Se trata de situaciones que
por una ausencia de evidencia sugieren mediaciones, alteraciones y
reconstrucciones críticas de lo real, y que de hecho proponen en muchos casos una desnaturalización tal del campo cultural que podrían
entenderse como imágenes sin referentes. Cuando Joan Fontcuberta
hace referencia a la consabida metáfora de comprensión de la fotografía como “un espejo con memoria” utilizada desde finales del
siglo XIX, alude a diferentes ejemplos culturales de la conexión del
espejo con una cierta idea de verdad que incluyen tanto a Pitágoras
como a Blanca Nieves.22 No obstante, también menciona sus enlaces
con las nociones de especulación o espejismo que se orientan en una
dirección ficcional. Sin embargo, según él, dos referencias se destacan por sus resonancias con esa paradoja del espejo como vehículo
de las verdades o las mentiras: Narciso y el vampiro. Si el primero
llega a excederse en la valoración de la verdad de su reflejo hasta
el punto de enamorarse de él, el segundo en cambió cae presa de
la vocación de mentir de los espejos hasta el punto de que le devuelven un reflejo invisible. Fontcuberta propone cómo en la fotografía
contemporánea se realiza una especie de confusión entre uno y otro.
Volviendo a las dos obras mencionadas, se podría decir que consideráramos el Autorretrato como Rrose Selavy dentro del orden ficcional
[29]
[30] LA REALIDAD MOLDEADA POR LA FANTASÍA
Jaime cerón
y el Criadero de polvo dentro del ámbito documental; sin embargo,
también podrían funcionar hasta cierto punto en un sentido inverso.
En Colombia son muchos los artistas que han sustentado su trabajo ya
sea en el uso de objetos o en las prácticas fotográficas. En el primer
caso fue muy cercano a la concepción metafórica de Man Ray el trabajo de Bernardo Salcedo, que durante varias décadas —comenzando
en los sesenta— exploró estrategias para abrir objetos cotidianos de
diferentes características a formas de asociación inusitadas con fines
críticos o humorísticos. Feliza Bursztyn fue un poco más lejos en ese
sentido, cuando dotó a los objetos de motores que disparaban las asociaciones y fantasías. En los años siguientes, se ha expandido tanto el
uso de objetos con fines metafóricos dentro del arte colombiano, que
resultaría extenuante hacer mención de todos los artistas que trabajan según esas coordenadas. Como ejemplo de esta circunstancia se
podría traer a colación la importancia que tiene dentro de los artistas
más jóvenes la creación de “objetos sonoros”.
El uso de la fotografía dentro del arte contemporáneo ocurrió paulatinamente desde la década siguiente y ha obtenido una mayor presencia con el tiempo, hasta el punto de ser una de las prácticas más
ampliamente desarrolladas por los artistas. Dentro de sus exponentes
tempranos habría que mencionar a Fernel Franco, cuyas imágenes se
sustentaron en un análisis de las condiciones de la toma tanto como
en la importancia de las situaciones que fueron registradas por la
cámara.
22 Joan Fontcuberta, “Elogio del vampiro”, en El beso de Judas, fotografía y verdad, 3 ed. Barcelona,
Editorial Gustavo Gili, 2000. p.
37-51.
Son, sin embargo, dos artistas interesados en el ejercicio del dibujo
quienes más complejamente han desarrollado la conexión entre la
fotografía y las marcas de presencia del tiempo y del espacio: Óscar
Muñoz y Miguel Ángel Rojas, cuyas carreras artísticas comenzaron
hacia la misma época. Óscar Muñoz empleó la fotografía como un
apoyo distante de su obra en las primeras décadas, para comenzar
a emplearla de manera más directa ya en la década de los noventa.
Obras como Narcisos, Aliento o Lacrimarios hacen énfasis en la materialidad de la imagen fotográfica, como precondición para su misma
percepción. En Narcisos y Lacrimarios utiliza polvo de carbón (como
el empleado en dibujo) para hacer aparecer una fotográfica sobre la
superficie del agua, cuya presencia es efímera y Aliento utiliza grasa
para hacer emerger la cara de una persona cuando se respira sobre
un espejo. Unos años después realizó Eclipse, una instalación que
convertía la sala de exhibición en una “cámara oscura” haciendo que
la misma ciudad que circundaba la sala, se convirtiera en signo al
proyectarse mediante espejos cóncavos a su interior.
Rojas empleó desde el inicio de su carrera la fotografía como soporte
de sus obras, y en sus series sobre las encuentros sexuales en las salas
de cine en Bogotá intensificó la idea de la marca documental de las
imágenes, cuyo sentido provenía tanto de las “escenas reales” que
tenían lugar entre los asistentes al teatro, como de su propio papel
como testigo, o mejor voyeur de ellas. Sin embargo, a comienzos de
los ochenta realizó dos instalaciones: Grano y Subjetivo, que podrían
entenderse o bien como extensiones del dibujo hacia el contexto arquitectónico, o como especies de fotografías hechas a mano y en tres
dimensiones. Las obras planteaban la trasposición de un espacio físico
a otro —el piso de baldosas de cemento de un patio interior en el
caso de Grano, o el revestimiento de ‘cristanac’ de un baño público
en Subjetivo— alterando al mismo tiempo su temporalidad por las asociaciones que generaban; al emplear mecanismos, como plantillas y
frottage, que tienen cierta capacidad para transferir la presencia de
sus “modelos” se emparentaban con los procedimientos materiales de
la fotografía.
La opción de pensar la fotografía como el soporte de ficciones y/o de
hechos que nunca tuvieron lugar realmente ha sido altamente exitosa
entre los artistas de las generaciones posteriores. Al no ser ni el momento ni el lugar para abordar esta inconmensurable práctica, quisiera
centrar mi atención en un proyecto artístico que acaba de exhibirse
en Bogotá. Se trata de Pasado tiempo futuro, de Nicolás Consuegra,
cuya tarjeta de invitación era una fotografía de un interior bogotano
en 1962, de Paul Beer, realizada en blanco y negro. La muestra estaba
conformada por diferentes fotografías, acompañadas de una imagen
igual, que al ser miradas con atención dejaban ver la existencia de
una serie de sutiles diferencias entre ambas.
[31]
[32] LA REALIDAD MOLDEADA POR LA FANTASÍA
Jaime cerón
Entre ellas se destacaba la misma imagen de la invitación porque no
tenía doble fotográfico, sino que contaba con un modelo tridimensional, a escala real, del espacio arquitectónico que en ella se veía,
construido al otro lado de la sala. Este modelo tridimensional estaba
enteramente realizado en blanco y negro y al mirar nuevamente la fotografía anterior se hacia evidente que no era la imagen “original” de
Paul Beer sino el registro de la instalación construida por Consuegra,
que además estaba fotografiada en colores, aunque no lo revelara.
Esta constatación cubría de extrañeza todas las demás imágenes que
podrían parecer registros de una realidad inexistente, que volvía siniestra la presencia de la arquitectura por el efectivo juego de lo reprimido
que retorna.
Bogotá, septiembre de 2010.
El viaje, 1975
Bernardo Salcedo (1939 - 2007)
Ensamblaje madera, aluminio y figuras
de pretensados plásticos; pintura
polyacril blanco y negro
109 x 120 x 58 cm
[33]
La fotografía no era más que una
cuestión de calculo: se trataba
de lograr un objetivo marcado
anteriormente. Pero la pintura, ella, era
una aventura; fuerzas desconocidas
podían de repente cambiar
totalmente el aspecto de las cosas.
[34]
[35]
El resultado obtenido podía sorprenderme tanto como a un
espectador. Las sorpresas que se tienen con un instrumento
mecánico mal manipulado no tienen ningún valor, pero las
divagaciones de un cerebro son interesantes.
[36]
[37]
MAN
RAY
Arte de lo fantástico, lo real
maravilloso y lo maravilloso:
mitología e historia de una idea1
Maria Clara Bernal*
Negro y blanco, 1926
Fotografia
22 x 27,9 cm
[38] Arte de lo fantástico, lo real maravilloso y lo maravilloso: mitología e historia de una idea
ESTE TEXTO
pretende explorar brevemente las
problemáticas relaciones establecidas entre los términos: arte de lo fantástico; lo real maravilloso, acuñado por Alejo Carpentier, y lo merveilleux, utilizado por André Breton
y los integrantes del movimiento surrealista. Intentaré mostrar cómo a
pesar de los grandes esfuerzos que se han hecho para probar su singularidad es ineludible el hecho de que cada uno de estos términos está
íntimamente ligado con los otros.
Durante años América Latina ha estimulado la imaginación no sólo de
europeos y norteamericanos sino de los latinoamericanos mismos. En
el siglo veinte la “forma apropiada” para describir a América Latina
cambió y varió de “lo fantástico” a lo “real maravilloso” a lo “surreal”,
entre otros. La amplia gama de posibilidades responde a la búsqueda
por una identidad cultural para América Latina y a la necesidad de
ésta de autoafirmarse en una situación de enfrentamiento con Europa y
Norteamérica. La recompensa a los esfuerzos de muchos intelectuales
llegó finalmente; el reconocimiento, sin embargo, no vino sin un precio.
Dentro de las problemáticas que trajo estaba el establecimiento de estereotipos que alcanzó su punto álgido en las décadas de 1940 primero,
y luego en la transición entre la década de 1980 y 1990.
1 Este texto corresponde a la ponencia presentada en el Getty
Research Institute, Los Ángeles en
En los cuarenta, el viejo continente estaba listo para que América Latina apareciera en el mapa. Las vanguardias europeas, especialmente
el surrealismo, habían abogado por la aceptación del “otro” como un
bien preciado.
abril de 2009 en el marco del proyecto Surrealism in Latin America.
*
Maria Clara Bernal
MA y Ph.D en Historia y Teoría del Arte Moderno, Universidad de Essex, U.K. Actualmente se desempeña como investigadora en el
proyecto Surrealismo en América Latina en el
Getty Research Institute, Los Ángeles y como
profesora invitada del Departamento de Arte
en la Universidad de Los Andes, Bogotá.
Sin embargo, aparecer en el mapa cultural del mundo no era suficiente;
la “aceptación” que recibieron estaba lejos de la clase de aceptación
que buscaba Latinoamérica. Europa era vista aún como el centro civilizado y América Latina como la fuente de lo primitivo, un paraíso redentor donde las civilizaciones podían empezar de nuevo. No obstante,
contrario a los argumentos predominantes sobre colonialismo cultural,
la imagen de Latinoamérica como un “otro exótico” no fue solamente la
obra de Europa. La imagen creada por la producción cultural latinoamericana durante la primera mitad del siglo veinte reforzó y complementó
las ideas europeas. Figuras como el escritor cubano Alejo Carpentier
Maria Clara Bernal
iniciaron e incentivaron una serie de “mitos de retorno redentor”2 que
contribuyeron a la construcción de estereotipos autoimpuestos con respecto al concepto de una auténtica cultura latinoamericana.
La intención de Carpentier al argumentar que la particularidad de América Latina era su condición “mágico-real” era crear una identidad cultural que proporcionara a Latinoamérica el contexto necesario para
encarar a Europa bajo las mismas condiciones. Sin embargo, su ambicioso proyecto de luchar contra el colonialismo cultural falló dejando
al continente aislado del resto del mundo en el “reino de lo fantástico”.
Arte de lo fantástico
A finales de la década de 1980 y comienzos de la década de 1990,
en medio de las celebraciones de los quinientos años del Descubrimiento de América se hizo evidente un interés creciente en América
Latina. En las artes este interés se reflejó en una serie de exposiciones
en Europa y Norte America como Magiciens de la terre, America: Bride
of the Sun y Art of the Fantastic. En la mayoría de los casos, América
Latina fue mostrada de una manera u otra como el lugar en donde lo
fantástico se desarrolla de forma natural.
La exposición Art of the Fantastic: Latin America, 1920-1987 curada
por Holliday T. Day y Hollister Sturges, para el Museo de Arte de Indianápolis en 1987, se transformó rápidamente en foco de polémica. La
manera como la exposición se aproximó a la pregunta sobre la forma
más adecuada de representar a América Latina es un punto de partida
fascinante para empezar a explorar la historia y el mito de la idea de
lo maravilloso en el continente.
2 Stuart Hall, “Créolité and Creolization” Platform 3, Documenta 11
en www.documenta11.de/data/
Como el título lo sugiere, Art of the Fantastic pretendía ser una revisión
del desarrollo del modernismo en América Latina estableciendo como
su principal característica lo fantástico. El director del museo afirma
en el prólogo del catálogo que el arte latinoamericano del siglo veinte
usa imaginería fantástica como un vehículo para definir su particular
identidad cultural.3 En la misma publicación, Day ofrece la definición
de arte fantástico que los curadores tenían en mente para hacer la
english/platform3/index.html
3 Hollister Sturges en Holliday T.
Day y Hollister Sturges, Art of
the Fantastic: Latin America 1920
–1987, Indianapolis Museum of
Art, 1986. p.10.
[39]
[40] Arte de lo fantástico, lo real maravilloso y lo maravilloso: mitología e historia de una idea
exposición: “El arte fantástico se caracteriza por una yuxtaposición,
distorsión o amalgama de imágenes y/o materiales que amplían la
experiencia al contradecir formal o iconográficamente nuestras expectativas normales. Dispositivos como la metamorfosis, los híbridos incongruentes, la dislocación de tiempo y espacio y los cambios en escala y
materiales eran imágenes fantásticas que rompen las reglas del mundo
natural”.4 Day aclara este significado cuando escribe más adelante:
“Lo fantástico, al surgir de algo fundamentalmente latinoamericano
más que de una teoría intelectual es más espontáneo y directo que
aquello que planteaban de forma programática los surrealistas”.5 De
estas fuertes afirmaciones podemos deducir que la producción cultural
de América Latina es espontánea y no intelectual o teórica, y que, por
consiguiente, el uso de lo fantástico es fundamental para expresar la
latinoamericanidad.
Quisiera señalar que los estereotipos usados en esta exposición están
lejos de ser solamente inventos colonialistas, como fue aseverado en
el momento por la crítica. Son, en cambio, derivaciones entre otras
de la radicalización de las teorías de Lo real maravilloso americano
propuestas por Carpentier como la manera adecuada de describir la
singularidad de América Latina.
Alejo Carpentier: Lo real maravilloso americano
Alejo Carpentier fue y sigue siendo un personaje controversial especialmente en su intento de encontrar un lenguaje propio para América
Latina. Fue con este fin que en 1949 el cubano creó la teoría de Lo real
maravilloso americano. Según Carpentier la idea de lo real maravilloso
llegó a él como ‘una intuición que sólo se hizo clara con el tiempo’. La
primera vez que usó el término fue en el prólogo de su novela El reino
de este mundo. En este ensayo, Carpentier expone sistemáticamente
una idea que había estado madurando desde sus primeros días en
París alrededor de 1928 cuando, como muchos de los intelectuales de
ese momento, tuvo contacto con los surrealistas.
4
Ibíd.
De acuerdo con Carpentier, América Latina es un lugar en donde lo
5
Ibíd.
real maravilloso se desarrolla de forma natural, en donde la realidad
Maria Clara Bernal
se intensifica filtrada por el lente de lo maravilloso. La realidad maravillosa americana de Carpentier no implica un asalto consciente
sobre la realidad convencional, sino una amplificación de la percepción de realidad requerida e inherente a la naturaleza y la cultura
latinoamericanas.
Lo maravilloso presente en lo real maravilloso, escribe Carpentier, se
refiere a “una inesperada alteración de la realidad (el milagro), una
revelación privilegiada de la realidad, una iluminación poco habitual
o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, una amplificación de las escalas y categorías de la realidad,
percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del
espíritu que conduce al hombre a un ‘estado límite’”.6 Este estado
límite de la mente es, para Carpentier, experimentado cuando lo cotidiano se percibe bajo unas intensidades sensoriales particulares.
Carpentier argumenta que “lo extraordinario no es bello ni hermoso
por fuerza. Ni es bello ni feo; es más que nada asombroso por lo insólito. Todo lo insólito, todo lo asombroso, todo lo que sale de las normas
establecidas es maravilloso”.7 Esta extrañeza es considerada como una
fuente de pureza, como originalidad, como algo que no ha sido domesticado por el pensamiento occidental y representa, por lo tanto, una
característica verdaderamente latinoamericana.
En “De lo real maravilloso americano” Carpentier describe cómo un
viaje a Haití en 1943 le reveló un mundo mágico y sincrético. Él alega que éste fue el mundo en donde los elementos que los surrealistas
buscaban utilizando medios artificiales existían en un “estado puro”.
Admite que lo maravilloso existe en otros lugares pero insiste en la
superioridad de lo maravilloso latinoamericano que se encarna en tres
dimensiones según él: la naturaleza, la historia y el hombre.
6 Alejo Carpentier, “Marvelous Real
in America”, en Lois Parkinson
Zamora y Wendy B Fairs [ed],
Magical Realism: Theory, History,
Community, London, Duke Univer-
Para Carpentier, la naturaleza en América Latina es algo prodigioso
que adquiere dimensiones que escapan la mera aprehensión, estimulando un sentido de maravilla y asombro. Según él, esto se debe al
hecho de que, a diferencia de la naturaleza europea, la naturaleza
latinoamericana no ha sido dominada.
sity Press, 1995. p. 86.
7 Alejo Carpentier, “Baroque and
the Marvellous-Real”, en Parkinson
Zamora y Faris, ed. p. 101.
[41]
[42] Arte de lo fantástico, lo real maravilloso y lo maravilloso: mitología e historia de una idea
Otro catalizador de lo maravilloso en Latinoamérica, según Carpentier,
es la coexistencia de diferentes tiempos y espacios donde se dan yuxtaposiciones improbables y mezclas maravillosas en virtud de la variada
historia, demografía y política de América Latina. La llegada de Europa
a América a través del Caribe hizo de la historia de Latinoamérica un
campo en el que lo maravilloso se podía manifestar. Más aún, para
Carpentier, la historia de Latinoamérica no es más que la narración de
lo inusual.8 Dice que mientras en Europa escuchó leyendas de lo fantástico, en Latinoamérica lo fantástico formaba parte de la realidad y la
historia. Carpentier pone como ejemplo la historia del reino de Henri
Christophe en Haití, un cocinero que terminó siendo el emperador de la
isla. Christophe, temiendo una invasión dirigida por Napoleón, construyó un fuerte donde resistió durante diez años junto a su servidumbre (en
la ciudad hoy conocida como La Férriere) y, para que el fuerte resistiera
la invasión, ordenó a los constructores que preparan el cemento de las
paredes con la sangre de cientos de toros.
André Breton solarizado, 1940
8 ibíd., p. 88.
para entender e interpretar este nuevo mundo hacía falta un vocabulario nuevo para el hombre, pero además —porque sin el uno no
existe el otro—, una óptica nueva”.9
Según Carpentier, el arte latinoamericano es un arte de revelación porque el primer problema que enfrenta el artista consiste en develar, explicar e interpretar la nueva realidad que lo rodea.10
Carpentier intentó por todos los medios demostrar que el realismo mágico era el nuevo lenguaje que América Latina estaba buscando para
expresar sus singularidades. Sin embargo, en una revisión del término
Lo real maravilloso —su historia y teoría— es posible ver que aunque
Carpentier alegaba que sólo los latinoamericanos tenían la habilidad de
hablar sobre el tema en los términos apropiados, el término que él escogió tiene sus raíces en múltiples influencias europeas. Lo real maravilloso
de Carpentier está claramente relacionado con dos fuentes: el realismo
mágico de Franz Roh’s, por un lado, y el surrealismo, por el otro.
Un nuevo lenguaje para Latinoamérica
Fotografia
29 x 20 cm
Maria Clara Bernal
“Y maravillados por lo visto, se encuentran los conquistadores con
un problema que vamos a confrontar nosotros, los escritores de
América muchos siglos más tarde. Y es la búsqueda del vocabulario
para traducir todo aquello. Yo encuentro que hay algo hermosamente dramático, casi trágico, en una frase de Hernán Cortés en
sus “Cartas de Relación” dirigidas a Carlos V. Después de contarle
lo que había visto en México, él reconoce que su lengua española le resulta estrecha para designar tantas cosas nuevas y dice
a Carlos V: “Como no se los nombres de estas cosas no puedo
expresarlas”; y dice de la cultura indígena: “No hay lengua humana
que sepa explicar las grandezas y particularidades de ellas.” Luego
10 El Nacional, Caracas, 27 noviembre de 1950, en Virgilio López
El realismo mágico
Para expresar la realidad maravillosa de Latinoamérica, el artista —
señala Carpentier— no puede usar el lenguaje acuñado en Europa
ya que los lenguajes existentes no permiten una lectura apropiada de
Latinoamérica. El artista necesita crear un lenguaje nuevo que pueda
expresar esta singular realidad. Para probar su punto narra la historia
de la reacción de la armada española al conquistar América Latina:
9 Ibíd., p. 104 -105.
Lemus, Entrevistas: Alejo Carpentier, La Habana, Letras Cubanas,
En 1925 Franz Roh publicó su libro Nach-Expressionismus, Magicher
Realismus: Probleme des Neusten Europeaischen Malerei (Post-expresionismo, realismo mágico: problemas de la pintura europea más reciente). Roh describe un renovado gozo en los objetos reales que —según
el— caracterizaron la nueva forma de pintar en Europa. Describió el
realismo mágico como una “revelación mágica de una porción de ‘realidad’ escasamente clara y elaborada artísticamente”11 y también como
una “búsqueda del objeto de validez atemporal, capaz de abarcar
las leyes imperecederas de la existencia en la esfera artística”.12 Roh
establece una serie de diferencias entre su término y el surrealismo:
“mientras que el realismo mágico convertía la realidad cotidiana en
cuentos de hadas, el surrealismo, desarrollado sólo unos años después,
se las arregla para destrozar por completo nuestro mundo existente”.13
1985. p. 31
11 Franz Roh, “Magical Realism:
Post-Expressionism”, en Parkinson
Zamora y Faris, ed. p.15.
12 Gustav Hartlaub, “Introduction to
New Objectivity: German Painting Since Expressionism”, en Kaes
Anton et. al., The Weimar Republic sourcebook, London, University of California Press, 1995.
13 Franz Roh citado en Seymour
Carpentier admitió en una conferencia en 1977 haber leído el libro de
Roh, pero no estaba dispuesto a admitir sus influencias. En otra conferencia dos años antes había ya explicado por qué el realismo mágico
Menton, Magic Realism rediscovered, Philadephia, The Art Alliance Press, 1983. p. 22.
[43]
[44] Arte de lo fantástico, lo real maravilloso y lo maravilloso: mitología e historia de una idea
de Roh no podía ser comparado a su término Lo real maravilloso: “…
Lo que [Roh] llamaba realismo mágico era sencillamente una pintura
donde se combinan formas reales de manera no conforme a la realidad cotidiana. Y en la portada del libro aparecía el cuadro famoso del
Aduanero Rousseau en que vemos un árabe durmiendo en el desierto,
plácidamente, al lado de una mandolina, con un león que se asoma y
una luna por fondo; aquello es realismo mágico porque es una imagen
inverosímil, imposible, pero en fin, detenida allí”.14
Aunque para Carpentier el realismo mágico no hacía referencia a la
realidad, una mirada cuidadosa al libro de Roh muestra que el crítico
alemán no veía este tipo de pintura como alejada de la realidad; él
proponía verla como la forma de plasmar la irrupción de lo no familiar
en la realidad. En otras palabras, Roh veía a los pintores en su intento
de plasmar algo que parecía familiar en un principio pero que conservaba una cualidad de extrañeza, esto es lo mismo de lo que habla
Carpentier cuando describe lo maravilloso.
Carpentier se esforzó por hacer evidente la distancia entre la fantasía
en términos europeos y la realidad que era como una fantasía en
América Latina. En ningún punto es tan notorio este conflicto con los
valores europeos que en la relación problemática de Carpentier con
el grupo surrealista.
Lo real maravilloso y el merveilleux
14 Alejo Carpentier, “Baroque and
the Marvellous Real”, en Parkinson Zamora y Faris, ed., p.102.
El concepto de lo maravilloso se convirtió en el caballo de batalla de
Carpentier contra el surrealismo. Dedicó gran parte de sus escritos
sobre Lo real maravilloso americano a exaltar la importancia de su
término, denigrando la manera en que los surrealistas habían asumido el tema de lo maravilloso. En el manifiesto surrealista (1924) André
Breton había escrito: “Todo lo maravilloso es bello, sólo lo maravilloso
es bello”. Carpentier usó esta afirmación para argumentar que Breton
buscaba lo maravilloso sólo en lo bello, mientras que lo maravilloso
que él defendía era un concepto más amplio que no tenía nada que
ver con la belleza y todo que ver con lo extraordinario. Carpentier
acusó al grupo surrealista de crear una “burocracia de lo maravilloso”
Maria Clara Bernal
y escribió a favor de una maravilla presente en la vida diaria y susceptible de existir en lo feo e indeseable.
El surrealismo, según Carpentier, buscaba lo maravilloso en libros
y situaciones prefabricadas; rara vez, en la realidad. Carpentier se
opuso a la premeditación en la búsqueda de lo maravilloso: “Invocando por medio de fórmulas consabidas que hacen de ciertas pinturas un monótono baratillo de relojes amelcochados, de maniquíes de
costurera, de vagos monumentos fálicos, lo maravilloso se queda en
paraguas o langostas o máquinas de coser, o lo que sea, sobre una
mesa de disección, en el interior de un cuarto triste, en un desierto de
rocas”.15
A estas alturas del texto, es evidente que las diferencias entre lo maravilloso del surrealismo y lo maravilloso bajo la acepción de Carpentier
residen en un concepto crucial. Tanto Carpentier como los surrealistas
buscaban lo maravilloso en la realidad pero la diferencia está en
lo que entendía cada uno por ‘realidad’. Mientras para Carpentier
experimentar la realidad era encontrar las cosas como están en el
mundo sensible, los surrealistas tenían una concepción más amplia
del término realidad, la cual incluía las proyecciones del inconsciente
sobre el mundo. Para ellos la realidad era no sólo el resultado de la
continuidad entre el mundo interno y el externo sino, más aún, había
allí una unidad esencial. Ésta es una diferencia importante ya que ahí
yace la discrepancia que motivó los argumentos de Carpentier contra
lo maravilloso trabajado por los surrealistas y lo llevó a la creación de
sus propias teorías.
Aunque no se pueden negar las importantes contribuciones de Carpentier, es imposible también negar que el cubano nos presenta una
visión panorámica de América Latina altamente influenciada por la
mirada europea. A pesar de sus esfuerzos por distanciarse del surrealismo, el tiempo que compartió con el grupo marcó su sensibilidad.
La visión de un universo que se disolvía como consecuencia de la
decadencia de Occidente, la búsqueda de la evasión, el primitivismo,
la esclavitud del hombre moderno, entre otras, fueron temas que Carpentier compartió con los surrealistas.
15 Alejo Carpentier, “ Marvellous real
in America”, en Parkinson Zamora y
Faris, ed., p. 86.
[45]
[46] Arte de lo fantástico, lo real maravilloso y lo maravilloso: mitología e historia de una idea
Maria Clara Bernal
Lo maravilloso, el aspecto que Carpentier escogió para diferenciar Lo
real maravilloso del surrealismo es irónicamente la principal similitud
entre los dos. Si miramos de cerca la descripción que dio Carpentier
de lo maravilloso veremos que no hay nada en esta definición que sea
contrario a lo maravilloso expuesto por los surrealistas. Breton, como
Carpentier, había dicho que lo maravilloso venía de la naturaleza y de
los objetos que nos rodean, y que éstos sólo aparecerían como maravillosos si logramos crear una distancia entre el objeto y su utilidad para
verlos en sí mismos como gatillos de la imaginación.16 Los temas de descubrimiento y revelación tratados por Breton eran también importantes
para Carpentier; para él la revelación de la maravilloso era también
momentánea, sucedía en el momento en que se daba un reconciliación
entre las contradicciones o —para ponerlo en los términos de Carpentier— cuando la mente alcanzaba el ‘estado límite’.
La influencia es clara pero aun resulta interesante mirar el criterio que
usó Carpentier para separar su término del surrealismo: el hecho de
que lo maravilloso latinoamericano representaba la realidad de forma
mimética mientras que para él el surrealismo inventaba otra realidad.
Eventualmente Carpentier revisó su reacción hacia el surrealismo y sus
argumentos en contra de éste se hicieron más moderados. Esto es evidente en una de sus entrevistas (Les Langages Modernes, París, mayo
– junio, 1965): “‘Sólo lo maravilloso es bello’, esta frase extraída del
Manifiesto surrealista de 1924, podría aplicarse directamente a América del Sur. Fue a través del surrealismo como aparecieron por primera
vez, hacia 1920, movimientos de interés hacia América Latina […] el
surrealismo nos ayudó a conocer nuestro mundo, a mostrarlo, es decir,
a hacerlo universal”.
16 André Breton citado en Gerald J.
Langowski, El surrealismo en la ficcion hispanoamericana, Madrid,
Gredos, 1982. p. 100.
Tomó varios años desde la separación del surrealismo para que Carpentier aceptara el impacto que el grupo tuvo sobre él. De acuerdo con
uno de los últimos discursos de Carpentier sobre el tema: en América
Latina sólo es necesario abrir los ojos para darse cuenta de que el
mundo surrealista existe en realidad ahí y eso es lo que llamamos Lo
real maravilloso.
Cabeza antigua y espejo, 1932
reimpresion fotografica
27 x 21 cm
[47]
[48]
[49]
Pinto lo qué no puede ser
fotografiado, lo que viene de
la imaginación o de sueños.
Fotografío lo que no deseo pintar, las
cosas que tienen ya una existencia.
[50]
[51]
MAN
RAY
El surrealismo o la belleza convulsiva
JUAN GUSTAVO COBO
Grupo surrealista, 1930
reimpresion fotografica
16,5 x 23,5 cm
[52] El surrealismo o la belleza convulsiva
JUAN GUSTAVO COBO
AVENTURA
espiritual, intelectual, artística y moral,
el surrealismo no es sólo uno más de
los ismos de comienzos del siglo XX —como pudieron serlo el dadaísmo, el cubismo, el futurismo o incluso el expresionismo— sino que su
actividad que según los designios de su fundador, André Bretón (1896 1966), tenía que tener también una parte de sombra y secreto, irradió en
todos los campos. Tuvo desde pintores notables, como Max Ernst, Rene
Magritte, Ives Tanguy, Giorgio de Chirico, Salvador Dalí, Joan Miró y
André Masson —e incluso pintores que dieron fin a la pintura tal como se
entendía hasta entonces—, hasta artistas que desplazaron lo retiniano y
lo visual por el concepto y la idea, como fue el caso de Marcel Duchamp.
Tuvo también un cineasta de primer orden, como Luis Buñuel, que fiel
a sus dictados produjo obras maestras como La edad de oro y El perro
andaluz, en compañia de Dalí, pero que mantuvo hasta el final de su
trayectoria, como en Belle de Jour, Ese oscuro objeto de deseo o El discreto encanto de la burguesía, lo que pudiéramos calificar como una
conciencia surrealista; un cierto anarquismo razonado que en familia,
patria, religión seguía viendo a rígidos opresores, ideas que había
que derrocar. Además, gentes de teatro que transformó la visión de la
dramaturgia, jugándose en ello la vida, como fue el caso de Antonin
Artaud y su Teatro de la cruelad, Viajero hacia el México del peyote
y los Tarahumaras. O fotógrafos, como el norteamericano Man Ray,
el ojo que en París y Nueva York documentó la historia en imágenes
del grupo.
Pero el surrealismo, que nace de la irreverencia y el desplante dadaísta, con un vínculo de transición con la figura de Tristan Tzara, fue ante
todo escritura, y a ella siguió siendo fiel, hasta el fin de esas vidas que
—plenas de exigencias y contradicciones, tentadas por la política o
abjurando de ella— mantuvieron el sueño de una libertad creativa que
no sólo transformara la literatura sino a la sociedad misma. Fusionó
en un solo impulso al poeta (que calló y dejo de serlo): Rimbaud, con
el teórico social que no alcanzó a medir el camino imprevisible de sus
ideas llevadas a la práctica: Carlos Marx. Este último, un pensador
atento a lo social, a la lucha de clases, a la revolución industrial, al
obrero y la plusvalía, al capitalismo y al imperialismo —pero también
devoto al paradigma clásico y la escala de valores estéticos griegos,
o por lo menos al realismo francés y ruso— no parecía próximo a las
propuestas irreverentes de esa vanguardia que pretendía con estrepito,
en Zurich, Nueva York y París acabar con la literatura al hacer lo que
ellos creían una nueva literatura.
En 1935, en la intervención que escribió André Breton para el Congreso para la Libertad de la Cultura, en la época en que Francia y Rusia se
unían contra Hitler —y que leyó Paul Eluard—, se resume esta relación
conflictiva: poesía-política. El mismo día del Congreso se suicidó el
surrealista Crevel, a quien se le negó por parte de los ex compañeros
de partido la autorización para que Breton hablara, y Breton, en el
boulevard Montparnasse, abofeteó a Ilia Ehrenburg, miembro de la
delegación soviética, escritor, memorialista de aquellos años y agente
soviético para la seducción de intelectuales de Occidente. En el texto
Breton vuelve a saludar a aquellas obras vivas y anunciadoras, como
serían las de Nerval, Baudelaire, Lautremont y Alfred Jarry, obras llenas de linfa que deben resguardarse de toda falsificación de derecha
o izquierda. También recobra las de Rimbaud, el Marqués de Sade y,
“con alguna reserva, las de Freud”. Por ello concluyó con una bella,
difícil, síntesis: “Transformar el mundo”, ha dicho Marx; “cambiar la
vida”, ha dicho Rimbaud: “para nosotros estas dos consignas no hacen
más que una”.
Había sido una década prodigiosa, de fertilidad inagotable, que bien
puede fecharse en sus comienzos con el primer Manifiesto surrealista,
de 1924, y la novela de Louis Aragon, El campesino de París, de 1926.
Pasa por el segundo Manifiesto, en 1929, y su declaración de principios, tan ambiciosa como incitante: “Todo lleva a creer que existe cierto
punto del espíritu desde el cual la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo
bajo dejan de ser percibidos contradictoriamente; pues bien, en vano
se buscaría a la actividad surrealista otro móvil fuera de la esperanza
de determinar dicho punto”. ¿Cómo alcanzar dicho punto? El escenario
resulta inalterable: las calles de París, la errancia receptiva abierta a
todas las incitaciones. Un letrero en la pared, un aviso de almacén,
un tren que se toma, al azar, hacia cualquier destino. Esta búsqueda
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[54] El surrealismo o la belleza convulsiva
JUAN GUSTAVO COBO
del grial de la revelación puede recurrir a una prostituta, a una bella
desconocida que cruza fugaz al sueño, al hipnotismo que induce al
sueño, al espiritismo, a las pitonisas, echadoras de cartas, lectoras de
la bola de la fortuna y a los estados alterados de conciencia, que rozan
la siquiatría. No olvidemos que tanto Breton como Aragon estudiaron
medicina y siguieron muy de cerca los experimentos de Charcot sobre
la histeria. No era raro, entonces, que en 1928 Aragon y Breton publicaran una celebración de los estudios realizados cincuenta años antes,
por el doctor Charcot, identificando los fenómenos histéricos. La histeria
ya no sería un “comportamiento expresivo”, considerado aberrante o
patológico, sino “el mayor descubrimiento poético del siglo XX”.
Antes de entrar en el desarrollo específico de la actividad surrealista,
debemos pensar en él como un gesto subversivo que buscaba estudiar,
con rigor científico, fenómenos hasta entonces obliterados, censurados
o reprimidos. Apelaron así a las encuestas, a una central de investigaciones surrealistas. Fueron desde las drogas hasta la explotación
colonial que Francia, imperio poderoso, ejerció entonces sobre Indochina, ante lo cual los surrealistas expresaron su rechazo al recordar
matanzas y explotaciones en Anam, el Líbano, Marruecos y el África
Central. Pero donde se expresó mejor el espíritu surrealista fue en libros
inclasificables como Nadja, de 1928, donde la relación autobiográfica del propio Breton con un espíritu libre, una mujer llamada Nadja, le
permite, en las tres partes que lo componen reflejar los caracteres y actividades de los miembros del grupo (Paul Eluard, Louis Aragon, Robert
Desnos y Benjamin Peret) y la importancia cardinal del azar y las coincidencias en la vida cotidiana, al romper la lógica y la racionalidad
aparente. La errancia por ese laberinto que es París, la capacidad visionaria de Nadja y sus dibujos y frases que tienen tanto de inspiración
como el carácter irresponsable de un niño que juega, las fotos que lo
ilustran, terminan con la dramática revelación: Nadja, tiempo después,
acabó loca y fue internada en un manicomio.
Al igual que Sade o Nietzsche, al igual que Holderlin, la sociedad
encierra y reprime, castiga al disidente, condena al que se asoma al
abismo y como en el magistral texto de Antonin Artaud, de muchos
años después, Van Gogh, el suicidado por la sociedad (1947) muestra
la tensa incandescencia con que el lenguaje surrealista, en su más alto
grado, trata de recobrar los poderes magnéticos de la pasión, de aquello que el lenguaje mismo no alcanza a captar, en lucha contra un
orden constituido. Recapitulemos, entonces, mostrando cómo el grupo
surrealista tuvo un centro vital en París, aun cuando con el paso del
tiempo sus irradiaciones pudieron sentirse en Bélgica, Praga o la Isla de
Tenerife. También en Buenos Aires y Santiago de Chile se constituyeron
grupos surrealistas de considerable importancia. Y pintores y poetas
provenientes de Chile, como Roberto Matta, o de Cuba, como Wifredo
Lam, o de Haiti, como Aime Cesaire, engalanaron su nómina con obras
decisivas. Pero prestemos atención al núcleo originario: una ciudad,
París, que ya la mitología literaria había fundado, y que otra de las
referencias precursoras del surrealismo, Guillaume Apollinaire, había
enriquecido con sus poemas urbanos, de puentes y calles donde, como
en el poema “Zona”, el pasado clásico asoma dentro de la agitación
actual.
Hay que encontrar lo cotidiano maravilloso en el paseo, en la errancia, en el perderse por las calles, con los ojos abiertos o sonámbulos,
con los pies que cambian de sentido. Hay que edificar una mitología
moderna, elaborada a partir de un conocimiento sensible del mundo,
donde la mujer es la gran intercesora, que abre las puertas al misterio,
y donde ver y tocar son la nueva forma de superar el racionalismo cartesiano y las falsas dualidades. El error puede ser tan rico como la verdad. Como lo dijo Aragon: “A todo error de los sentidos corresponden
extrañas flores de la razón. Admirables jardines de creencias absurdas,
de presentimientos, de obsesiones y de delirios”: percibir lo insólito.
Maravillarse con lo cotidiano. Fundir lo sensible con lo abstracto. El
mundo interior con el mundo exterior. Establecer una metafísica de los
lugares, de los jardines, bosques, metros y zoológicos. En ellos se puede dar el encuentro y el estremecimiento, la fauna de la imaginación al
desplegar sus poderes insaciables. Lección de Aragon, de Breton, de
Robert Desnos en sus libros-libres llamados novelas, que Julio Cortázar
retomó en su totalidad años más tarde en los innumerables cuentos y
novelas que tienen a París como impulso desencadenante y a la Maga
como resurrección de Nadja. Hay en ese laboratorio de placeres una
boutique, un café, un burdel, un museo, una descarga de atracciones
[55]
[56] El surrealismo o la belleza convulsiva
JUAN GUSTAVO COBO
y enigmas, que sufren procesos de alteración y metamorfosis tanto interiores, en la mente, como al recorrer físicamente esos pasajes parisinos,
bajo techo, como el Pasaje de la Opera, demolido en 1926, pero que
en sus afiches, menús, avisos y pancartas es un nuevo texto que necesitamos descifrar. No es raro, entonces, que toda la obra de Walter
Benjamin, estudioso del surrealismo, esté basada en dichos pasajes
pero en el caso surrealista este lanzarse a la pesca de lo imprevisto
puede hallar tanto lo absoluto como la degradación más profunda. Una
utopía, una lluvia inagotable de imágenes, que se refleja en las enumeraciones a veces tan delirantes como arbitrarias de muchos de sus
poemas, regidos por nuevos ritmos y renovadas afinidades. Pero es la
imagen la que estará en el corazón de esta nueva estética de lo concreto, con todo su carácter transitorio, fugitivo, contingente e inconcluso.
Muchos de los poemas surrealistas se lanzaron a la captura ambiciosa
de esos relámpagos reveladores y luego se cortan abruptamente o se
desvanecen en una fantasmagórica huida.
la carátula de una revista con la silueta de Fantomas, o un afiche de
cine, un objeto con la pátina de la añoranza, puede desatar una red de
enlaces y asociaciones. Recubrirse de renovados sentidos. Esto también
es aplicable al laboratorio fotográfico, donde en la oscuridad del cuarto
oscuro, un error imprevisto pone sobre el papel objetos caídos, sombras
no queridas, rayos de luz, que luego resultan nuevas formas válidas de
enmarcar con un halo fantasmal los perfiles o acentuar la turgencia de
unos senos, entre franjas que ondulan, como sucedió en las impactantes
fotos de Man Ray con la bella modelo Lee Miller, también destacada
fotógrafa y, como Man Ray, también norteamericana.
En su suite del hotel de la plaza Vendome, la marquesa Casati posa
para Man Ray. Éste, al revelar los negativos, descubre que todas las
fotos han salido movidas. La marquesa insiste en verlas. Queda fascinada con un primer plano de su rostro donde aparece con tres ojos. “Es
un retrato de mi alma, exclamó y le pidió docenas de copias”, como lo
cuenta Herbert. R. Lottman, en su delicioso libro El París de Man Ray.1
El pensamiento hablado
“... Haced que os traigan con qué escribir, después de haberos situado en un lugar que favorezca al máximo la concentración de vuestro
espíritu. Poneos en la condición más pasiva o receptiva que podáis.
Haced abstracción de vuestra inteligencia, de vuestra capacidad y de
las de todos los demás. Repetíos que la literatura es uno de los caminos
más tristes, que lleva a todas partes. Escribid rápido, sin ningún sujeto
preordenado, lo bastante aprisa para no recordar ni estar tentado de releeros. La primera frase vendrá por sí sola, si es verdad, como lo es, que
a cada instante hay una frase ajena a nuestro pensamiento consciente,
que sólo pugna por expresarse...”. En el primer Manifiesto surrealista,
del año 1924, así invocaba André Breton los poderes de la escritura
automática. Un flujo, un desborde torrencial, que sacaba a la luz todo el
caudal de lo represado. Una oleada en la cual convivían lo deleznable
con lo maravilloso. El acierto con esos tics rígidos, esas muletillas, en
que nos apoyamos para proseguir el discurso. De igual manera el estar
abierto a las incitaciones de nuestro vagabundaje, nos traerá también
otro de los procedimientos surrealistas: el objeto encontrado. En el mercado de pulgas (y hay fotos de Breton en uno de ellos) una vieja postal,
Otro punto que debe resaltarse es que si bien el surrealismo tiene una
impronta definitivamente francesa y en realidad parisina —siendo célebre el caso de Breton, que debió partir a raíz de la segunda guerra
y de la toma de París por los nazis y se exilió en Nueva York, donde
no aprendió inglés, vivía desesperado por no encontrar comida típica
francesa a su gusto y perdió a su mujer— tuvo la suficiente curiosidad
por otras tierras, en lo que se puede considerar como un interés por el
otro, donde el primitivismo exótico era un imán atrayente; las gentes
del origen o de las lejanías. Como Gauguin, Apollinaire o Picasso,
al incorporar a sus estudios, y a sus obras, fetiches de Oceanía o esculturas africanas, también Breton coleccionó esos bellos muñecos de
tela de los indios hopis, en Norteamérica, y Michel Leiris incorporó
sus indagaciones antropológicas en África luego de su separación del
grupo surrealista, donde milito de 1924 a 1929 y firmó el panfleto contra Breton: un cadáver, en compañía de figuras como Desnos, Prevert,
Georges Bataille y Alejo Carpentier.
1 Herbert. R. Lottman, El París de
En tal sentido, el poema de Michel Leiris titulado “El cazador de cabezas” es un buen ejemplo al concluir en esta forma:
Man Ray, Barcelona, Tusquets,
2003.
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[58] El surrealismo o la belleza convulsiva
JUAN GUSTAVO COBO
“Reluciente pantera del cielo
quisiera descender eternamente
al igual que el hierro de una azada que cava en la tierra el espacio
rectangular de las tumbas
descender en esta noche más bajo que los trópicos subterráneos
desde lo alto del polo de la cabeza
siempre más arriba siempre más arriba
para descubrir la amargura fulgurante y la magia de un cuerpo
inédito.
En todo caso, esta tangencial referencia a la etnografía, enmarca
un espacio más vasto. El que se refiere a los sueños, a la obra de
Freud, y a los que Breton en el primer manifiesto llama “los filósofos
durmientes”. La consideración del sueño como un dilatado y vasto
discurso, que abarca la vida íntegra, y al cual la vigilia no da razón
de ser sino que corta y fragmenta. No una individualidad que ve brotar sus fantasmas sino un inconsciente colectivo que elije una u otra
voz, uno u otro poeta, una u otra lengua, para expresar su reiterado
mensaje. En la infancia hay algo maravilloso que perdemos con la
madurez. La imaginación moldea el mundo a su gusto, sin frontera
alguna, y la razón lo encajona. El quehacer diario agota y cercena, y
ese inconsciente colectivo, esos arquetipos ancestrales, que provienen
desde la prehistoria, siguen teniendo irradiación y poder. Médiums,
chamanes, brujos, en sociedades primitivas, siguen siendo oráculos,
que recogen un dictado y que bien pueden poner en la puerta, al irse
a dormir, el mismo letrero que ponía el escritor Saint- Pol- Roux “EL
POETA TRABAJA”.
De ahí que el absurdo cotidiano, el humor negro, como la estremecedora historia de Kafka, en La metamorfosis, del vendedor que amanece convertido en insecto haya sido incorporada por Breton a su
Antología del humor negro (1940) con su desapasionada frialdad
burocrática, para estremecernos aún más con su tono de informe de
oficina, con su angustia de no llegar a tiempo al trabajo. El surrealismo no se remontaba así a los visionarios del romanticismo sino que
exploraba coordenadas muy actuales, a las cuales la reflexión sobre
la poesía, sobre el poder de la imagen, y sus chispas reveladoras al
aproximar realidades distantes, también recurría a la tipografía, al
collage, a los avisos de prensa, siempre dotados de una carga explosiva, en lo revulsivo de una incongruencia, en el estallido de la risa.
Esa conciencia poética de las cosas, ese abolir la puntación para escuchar mejor “la continuidad absoluta del fluir”, “confiad en la naturaleza
inagotable del murmullo”, cobra un encanto sugerente, porque tales
caminos, técnicas o procedimientos, usados y explorados en ocasiones
como el cadáver exquisito, son luego abandonados en aras de nuevas
tierras inexploradas. De ahí el reconocimiento de Breton, desde el primer manifiesto, a la obra de Picasso “el más puro, con mucho”, cuyos
objetos, collages y dibujos ilustraron tantas veces las revistas del grupo,
y que nunca se dejaba, congelan en una exclusiva (y excluyente) forma. Duchamp, Picabia, Chirico, admirable durante tanto tiempo, dice
Breton, Klee, Man Ray, Max Ernst y, tan próximo a nosotros, André
Masson, son los otros compañeros de ruta. ¿Qué vemos en todos ellos?
Una vivacidad alegre, un juego perpetuo, no apoyándose en lo adquirido, pero llevándolo a su exasperación. Con la lámpara-tempestad,
“con las señales que intercambian los amantes desde lejos”, se interna
Breton, en un poema, en la pintura de Ives Tanguy, en la casa de este
pintor, incorporando en cada estrofa los versos anteriores, como quien
golpea una y otra vez la misma puerta. De ahí que uno de los poemas
emblemáticos de Breton se titule “Unión libre”: un desencadenado canto de imágenes, en tropel asociativo, para conducirnos al umbral del
misterio. Allí donde la mujer vuelve a fusionarse con los cuatro elementos (aire, tierra, agua y fuego) que engendran de nuevo el mundo. Un
mundo, no hay duda, que se había ensuciado con la sangre y el fuego
de dos atroces guerras mundiales.
América y el surrealismo (Alejo Carpentier y Julio Cortázar)
En 1928, el novelista cubano Alejo Carpentier mantenía una corresponsalía desde París en la revista habanera Social donde dio muy cumplida cuenta de todo cuanto sucedía de importancia en el campo de la
cultura, desde Eric Satie a Picasso, de Le Corbusier a Vicente Huidobro.
En julio apareció una crónica dedicada a “Man Ray, pintor y cineasta de vanguardia”, donde se da cumplida cuenta de este fotógrafo
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[60] El surrealismo o la belleza convulsiva
JUAN GUSTAVO COBO
—nacido en Filadelfia, Estados Unidos, en 1890—, y que iniciándose
como pintor y amigo de Marcel Duchamp, registró toda la eclosión de
los ismos (dadaísmo, surrealismo) desde que llegó a París en 1921.
Al mismo tiempo, con sus colaboraciones para revistas como Harper´s
Bazar y Vanity Fair, sus retratos fotográficos de modelos y vaivenes
de la moda resultaron innovadores. Explorador de técnicas como las
‘rayografías’, sus relaciones afectivas con figuras como Kiki de Montparnasse y la fotógrafa, también norteamericana, Lee Miller, a quien
inmortalizó en sus placas, dan un sabor único a su tarea como artista. Su participación en la primera exposición surrealista, en 1925, y
su amistad con figuras como Tristan Tzara, quien escribió sobre él, lo
mismo que André Breton, que dijo, en 1927: “Me parece vano distinguir en su producción entre retratos fotográficos, fotografías calificadas
erróneamente de abstractas, y la obra pictórica propiamente dicha”,
muestran su importancia. Con el poeta Robert Desnos hizo una película
La estrella de mar y una de sus fotos ilustró la portada de un libro de
Jean Cocteau. Murió en París en 1976 pero su obra, todavía viva, inquietante, sigue sorprendiéndonos.
Sólo que el Carpentier de estas crónicas es el mismo escritor ya formado que, amigo del poeta surrealista Robert Desnos y colaborador suyo
en el recitativo radiofónico sobre el famoso bandido Fantomas (1933),
hizo en el prólogo a su novela El reino de este mundo (1949) el más
demoledor balance crítico del surrealismo para mostrar como éste, en
el Nuevo Mundo, dio luz en el Caribe a lo real maravilloso; tal fórmula,
que estampa ya desde entonces Carpentier y que un pintor como Wilfredo Lam representa, “nos enseñará la magia de la vegetación tropical, la desenfrenada Creación de Formas de nuestra naturaleza —con
todas sus metamorfosis y simbiosis— en cuadros monumentales de una
expresión única en la pintura contemporánea”.
Durante dos años, de 1944 a 1945, Julio Cortázar ocupó la cátedra de
literatura francesa en la Universidad de Cuyo, en Mendoza, Argentina.
Para sus clases, tomó detallados apuntes sobre lo que había sido la
trayectoria de la novela, y pensó que dos líneas —la surrealista y la existencialista— debían fundirse en un producto novedoso. De allí salió, en
1947, un manuscrito inédito, Teoría del túnel, que sólo en 1994 su albacea literario, el poeta Saul Yurkievich, publicó. Cortázar ya había escrito,
en 1941, un artículo exaltado sobre Rimbaud, donde lo que planteaba
era la “obra como llave que abriese las puertas de la vida”.
“Precisamente por ello, por haber jugado la poesía como la carta más
alta en su lucha contra la realidad odiosa, la obra de Rimbaud nos llega anegada de existencialismo y cobra para nosotros, hombres angustiados que hemos perdido la fe en las retóricas, el tono de un mensaje y
de una admonicion”.2 A ello deben añadirse dos notas, una de 1948 y
una de 1949, sobre la muerte de Antonin Artaud, una de cuyas cartas
escrita desde el asilo de alienados de Rodez contiene esta afirmación:
“Si soy poeta o actor, no lo soy para escribir o declamar poesías, sino
para vivirlas”,3 carta que traduce Cortázar, y la otra nota se refiere a
“un cadáver viviente”. “Claro, me refiero al surrealismo“, como inicia
su nota con humor Cortazár, para concluirla en ese mismo tono de
juego (peligroso): “Cuidado con este vivísimo muerto que viste hoy el
más peligroso de los trajes, el de la falsa ausencia, y que presente
como nunca allí donde no se lo sospecha apoya sus manos enormes
en el tiempo para no dejarlo irse sin él, que le da sentido. Cuidado,
señores, al inclinarnos sobre la fosa para decirle hipócritamente adiós;
él está detrás vuestro y su alegre necesario empujón inesperado puede
lanzaros dentro, a conocer de veras esta tierra que odiáis a fuerza de
ser finos, a fuerza de estar muertos en un mundo que ya no cuenta con
vosotros”. Impugnación, humor negro: Cortázar había aprendido la
lección. Luego, en el ensayo Teoría del túnel, al hablar de ese movimiento espiritual con expresión verbal, dijo: “el surrealista prueba pronto que su concepción es esencial y solamente poética. Se expresa con
un diluvio lírico de productos que sólo las fichas bibliográficas siguen
llamando poemas o novelas; enlaza formas tradicionales, las funde y
fusiona para manifestarse desde toda posibilidad; se precipita a una
novela de discurso poético, se abandona a todos los prestigios de la
escritura automática, la erupción onírica, las asociaciones verbales
libres. Aragon lo llamaba bellamente una “ola de sueños”. En el clímax
del surrealismo no hay contradicción alguna con su repudio de lo literario y lo poemático. Surrealismo es ante todo concepción del universo y
no sistema verbal. Para alcanzar la suprarrealidad, sobre las huellas de
2 Julio Cortázar, Obra crítica, n. 2.
p. 21.
3 Ibíd., p. 154.
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[62] El surrealismo o la belleza convulsiva
JUAN GUSTAVO COBO
Rimbaud, no ve otro medio de alcanzarla que la restitución, el rencuentro con la inocencia, concluye Cortázar en su Teoría del túnel, de 1947.
No existen “novelas” surrealistas, y sí incesantes situaciones novelescas
de alta tensión poética.
ANDRE BRETON: Nadja México, Editorial Joaquín Mortiz,
1967. Traducción de Agustí Bartra.
ANDRE BRETON: El amor loco México, Editorial Joaquín
Mortiz, 1972. Traducción de Agusti Bartra.
En 1951, en El hombre rebelde, Albert Camus apuntaba a un tema
central: “Demasiado bien educados para matar a todo el mundo, los
surrealistas, por la lógica misma de su actitud, han deducido que, para
liberar el deseo, había ante todo que subvertir la realidad”. El principio
de analogía primaria sobre los principios de identidad y de contradicción, y termina con esta exaltante afirmación: en este mundo donde el
surrealismo no ha podido darse la moral y los valores que soñaba, “se
sabe que Breton ha escogido el amor. En la inmundicia de su tiempo
—y esto no debe olvidarse— él es el único que ha hablado profundamente del amor. El amor es la moral estremecida que ha servido de
patria a este exilado”.
ANDRE BRETON: Los vasos comunicantes . México, Editorial Joaquín Mortiz, 1965.
ANDRE BRETON / LEON TROTSKY / DIEGO RIVERA: Por un arte revolucionario
e independiente. Edición de Jose Gutiérrez, Barcelona, El Viejo Topo.
ANDRE BRETON: Los pasos perdidos Madrid, Alianza Editorial, 1972.
ANDRE BRETON: La inmaculada concepción. Traducción de Alejandra
Pizarnik. Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1972.
LOUIS ARAGON
Agradecimientos especiales: Beatriz Salazar- Fundación Amigos de las
Colecciones de Arte, Paloma Cobo, Isabel del Castillo.
LOUIS ARAGON: Una ola de sueños Traducción de Ricardo
Ibarlucia. Buenos Aires, Editorial Biblos, 2004.
LOUIS ARAGON: Aniceto o el panorama, novela (1921) Barcelona, Bruguera, 1978.
Bibliografía ROBERT DESNOS
ANDRE BRETON
ROBERT DESNOS: A la misteriosa. Las tinieblas. Madrid, Hiperion, 1996.
ANDRE BRETON: Antología (1913 — 1966) . Selección y prologo de Marguerite
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ANDRE BRETON: Manifiestos del surrealismo . Madrid, Visor
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ANDRE BRETON: Antología poética Selección y versiones de Enrique
Molina. Buenos Aires, Ediciones del Mediodía, 1969.
ANDRE BRETON: Antología del humor negro Barcelona, Editorial Anagrama, 1972.
ROBERT DESNOS: ¡La libertad o el amor! España, Cabaret Voltaire, 2007.
PAUL ELUARD
PAUL ELUARD: Capital del dolor (1926). Madrid, Visor, 1997.
PAUL ELUARD: El amor y la poesía (1929) Versión de Manuel
Alvarez Ortega. Madrid, Visor, 1997.
PAUL ELUARD: Cartas a Gala ( 1924 — 1948) . Barcelona, Tusquets Editores, 1986
[63]
[64] El surrealismo o la belleza convulsiva
JUAN GUSTAVO COBO
BENJAMIN PERET
ANTOLOGIAS
BENJAMIN PERET: El gran juego (1928). Versión de Manuel
ALDO PELLEGRINI: Antología de la poesía surrealista. 2da
Alvarez Ortega. Madrid, Visor, 1980.
BENJAMIN PERET: Historia Natural México, Artes de México, 2000.
Edición. Barcelona, Editorial Argonauta, 1981.
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LUIS MARIO SCHNEIDER: México y el surrealismo ( 1925
BENJAMIN PERET: Aire mexicano. Ilustraciones: Rufino Tamayo. Traducción
— 1950 ) México, Arte y Libros, 1978
de Jose de la Colina, México, Editorial ALDUS, 1996.
LUIS CARDOZA Y ARAGON: André Breton atisbado sin la mesa
ANTONIN ARTAUD
parlante México, Fondo de Cultura Economica, 1992
ANTONIN ARTAUD: Textos Traducción de Alejandra Pizarnik y
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ANTONIN ARTAUD: Cartas a los poderes. Buenos Aires, Ediciones Insurrexit, 1967.
FABIENNE BRADU: Artaud, todavía. México, Fondo de Cultura Económica, 2008
ALEJO CARPENTIER: Tientos y diferencias Montevideo, Editorial Arca,
1967 (incluye dos textos inéditos de Robert Desnos)
ANTONIN ARTAUD: Van Gogh el suicidado por la sociedad
. Buenos Aires, Editorial Argonauta, 1998.
SALVADOR DALI
SALVADOR DALI: Diario de un genio. Barcelona, Tusquets, 2000.
BRAULIO ARENAS: Actas surrealistas Santiago de Chile, Editorial Nascimento, 1974
CAMILO HOYOS GOMEZ: La imagen literaria de Paris, desde
Mercier, Baudelaire y el surrealismo hasta Rayuela de Julio
Cortázar, Barcelona, Universitat Pompeu Fabra, 2010
LUIS BUÑUEL
LUIS BUÑUEL: Mi último suspiro Barcelona, Plaza y Janes, 1982 (
“El surrealismo, 1929 — 1933” , p. 115 — 142)
MAN RAY
HERBERT R. LOTTMAN: El Paris de Man Ray Barcelona, Tusquets, 2003
Man Ray, 1890 — 1976 . Con textos de Andre Breton y Emanuelle
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MARIA CLARA BERNAL BERMUDEZ: Mas allá de lo real maravilloso: El
surrealismo y el Caribe, Bogota, Universidad de los Andes, 2006
MILAN KUNDERA: Un encuentro ( traducción de Beatriz
de Moura) Barcelona, Tusquets, 2009.
JULIEN GRACQ: Leyendo escribiendo, Madrid, Fuentetaja, 2005.
[65]
[66]
[67]
Me rebelé entonces contra mi
aparato fotográfico y lo tiré. Tomé
cuanto me caía entre las manos,
la llave de mi habitación de hotel,
un pañuelo, lápices, una brocha,
un pedazo de cuerda. No estaba
obligado a bañarlos en el liquido.
Los depositaba sobre papel seco y los exponía a la luz
durante unos segundos, como si fueran negativos. Estaba
muy excitado y me divertía muchísimo.
[68]
[69]
MAN
RAY
LOS GRANDES MAESTROS
DE LA FOTOGRAFÍA UNIVERSAL
Darío Jaramillo Agudelo
Desnudo
Fotografia
39 x 28 cm
[70] LOS GRANDES MAESTROS DE LA FOTOGRAFÍA UNIVERSAL
Darío Jaramillo Agudelo
ASÍ COMO
en una generalización —confortable y útil y falsa como todas las
generalizaciones— puede decirse que el anterior fue el siglo de romanticismo, puede decirse en otra, —quizás más falsa— que el siglo XX es
el siglo del surrealismo.
A estas alturas, lo fundamental de la visión surrealista está incorpora­do
a la cultura, y lo que comenzó sien­do disidencia es ahora parte del
esta­blecimiento, que va asimilando, está dispuesto y, en ciertos momentos, hasta ávido de actitudes de oposición franca; al fin y al cabo
solamente los que nadan contra la corriente pueden poner a prueba
la fuerza que tiene ésta.
He hablado del surrealismo, pero en realidad todo empezó 15 años
antes de la fundación del movimiento, en 1924, por André Breton; así
que más que de la secta en la que hubo fieles y herejes, hablo del
surrealismo como de una sensibilidad que comenzó con las vanguardias anteriores —Cendrars y Apollinaire, Duchamp y Picabia... —, se
intensificó con la fundación del movimiento y se prolongó hasta hoy.
Aquello fue la reconfortante ca­pilla de unos artistas vandálicos e inte­
ligentes, sensitivos, innovadores y ta­lentosos, que estaban en oposición
a todo y que fueron lo suficientemente sagaces para lograr que todos
se les opusieran. Y sus obras significaron descubrimientos perturbadores, her­mosos y desconcertantemente origina­les que, si en un principio
fueron acti­vamente rechazadas, luego fueron asi­miladas hasta el punto
de que las vanguardias se convirtieron en estilos reconocibles y sus
propuestas icono­clastas se transformaron en credos. Pero esto ocurrió
después de que los más talentosos habían hallado en el mundo nuevas e insólitas formas y nuevos e inquietantes contenidos, por­que lo
miraban de manera distinta y estaban involucrados en la vida de otro
modo.
Para el norteamericano Man Ray (1890—1976) todo comenzó en
1913, a los 23 años, cuando se presentó el Armory Show, la primera
exposición de arte europeo de vanguardia que se hizo en los Estados
Unidos. Para la cultura norteamericana la fecha y el evento tienen
un significado definitivo, no solamente porque el Armory Show le dio
un giro de 180 grados al arte de ese país a partir de entonces, sino
porque, y esto es lo esencial, ya allí estaba todo el futuro arte de los
Estados Unidos; la tesis la confirma Harlod Rosemberg hasta 1970,
pero cómodamente se puede extender hasta hoy: “Qué hay de nuevo
en el arte de cin­cuenta años de crisis y revoluciones en la condición humana? La respuesta es: en términos de innovación formal, no mucho...
Las ideas ejemplificadas allí han sido llevadas adelante paso a paso
por caminos lógicamente previsibles…”. Si esto fue lo que significó el
Armory Show para los norteamericanos, para Man Ray en concreto
signifi­có algo más: el resto de su vida.
En 1915 Man Ray está en Nueva York, tiene 25 años y ya hace parte
de un círculo en el cual están, entre otros, Marcel Duchamp, el compositor Edgar Varése y ese clásico de la fotografía, Alfred Stieglitz, “cuya
principal carac­terística —según Duchamp— era la de ser un filósofo,
una especie de Sócrates”. Posteriormente, Picabia se unirá al grupo.
En 1916 está en el sótano de su casa de West 73, Road Street, ayudán­
dole a Marcel Duchamp a construir una de sus “cosas”, “Óptica de
preci­sión”; estaban en esto cuando un “motor idiota” reventó los vidrios
de la obra, que no se terminaría hasta 1925.
En 1919, Man Ray publica una revista de vanguardia, T.N.T. revue
explosive.
Este largo noviciado de Man Ray, el mismo que para los dicciona­rios
enciclopédicos es “fotógrafo, pintor, cineasta, diseñador”, culmina en
julio de 1921, cuando llega a París; Duchamp lo cuenta así: “Yo vivía
en la rue de La Condamine y le instalé en una habitación de servicio
que se en­contraba al lado. Debutó de una mane­ra fantástica entablando amistad con Poiret que se encaprichó con él. Le hizo fotografías
a modelos de moda, maniquíes, y de este modo Man Ray empezó a
ganar inmediatamente algún dinero con sus fotografías”.
De Ia rue La Condamine, ambos se trastearon al Hotel Istria, en la
rue Campagne—Premiere, en donde vivieron entre 1923 y 1926. La
[71]
[72] LOS GRANDES MAESTROS DE LA FOTOGRAFÍA UNIVERSAL
Darío Jaramillo Agudelo
amistad con Duchamp continuará largamente y en 1938 Man Ray está
fotografiando a Rrose Selavy.
Su otro gran amigo es Picabia. En un texto tan abiertamente destruc­tivo
como Caravanserail (“al único hombre que miro con indulgencia es a
mí…son todos los demás quienes han inventado a Dios, el Socialismo
y el Arte”), a uno de los pocos que se re­fiere con admiración es a Man
Ray. A la altura del capítulo VI, cuando ya ha literalmente destrozado,
que yo re­cuerde, a Eluard, a Picasso, a Braque, a Rimbaud, etc., etc.,
etc., se detiene de súbito para decir con alegría: “…Man Ray hace
unas fotografías tan bonitas!”. Pero hay algo más: aunque el libro no
se publicó sino después de 50 años, el original manuscrito dice en la
primera página: “Francis Picabia, Ca­ravanserail, con un prólogo de
Louis Aragón y un retrato del autor realiza­do por Man Ray, 1924”. Y
aunque en la arqueología que realizó L. H. Mercié para hacer la primera edición en 1974 nunca apareció el prólogo, mi­lagrosamente allí
estaba el retrato de Picabia montado al volante de uno de sus ciento
veintiséis autos, con esta de­dicatoria: “A Francis Picabia, a toda velocidad, Man Ray, 1924”
Para terminar con esta cronolo­gía de aquella época definitiva para
nosotros, oigan el cuento de Duchamp hablando de una película de
René Clair, 1923: “En Entr’acte había una escena sobre los techos de
los Champs­Elysées en la que yo jugaba ajedrez con Man Ray, Picabia
llegaba con su manguera y lo barría todo”.
Barrerlo todo. Entre 1920 y 1934, Man Ray, con su propia obra, hizo
la crónica fotográfica de aquella sensibilidad que hoy hace la parte
más nueva acaso de nuestra cultura.
Si bien es cierto que desde 1840 los pintores, a escondidas o no, han
usado la fotografía, es igualmente cier­to que los clásicos de la pintura
están presentes en las obras de los grandes fotógrafos; por cierto que
en estos casos no se trata de imitaciones, sino de recreaciones, de jalonazos. Y aún así, estas utilizaciones por la fotografía del paradigma
de la pintura, por agudas que sean, no son de ningún modo el caso
de Man Ray. Porque la singulari­dad de Man Ray consiste en haber
par­ticipado intensamente en la gestación de la sensibilidad de nuestro
tiempo, ser fundador él mismo de ese espíritu que alimenta con un dalito liberador a los hombres del siglo XX; y de haber dejado como obra
la visión feliz e in­mediata de esa feroz catarsis creativa de los veinte
volcada ella misma en un medio nuevo como la fotografía.
Así las cosas, para establecer analogías con las pinturas de sus ami­
gos, hoy clásicos, puede hablarse aquí de contribuciones paralelas a
un nuevo mundo que estos pintores y Man Ray como fotógrafo estaban
inventando. De repente, por ejemplo, un tornillo hace de tallo de una
fruta, y allí está Magritte (10); en otra foto aparece el retorcimiento
imaginativo y la compo­sición de Dalí (58), o una imagen roma­na que
recuerda a Chirico (54), o una esplendorosa imagen de una rubia, o
mejor, de su cabellera que hace pensar en Max Ernst (58), o surge
también Matisse en un desnudo esplendoroso, o mediante las solarizaciones, logra unos contornos que parecen líneas de un dibujo de
Picasso (57).
[73]
[74] LOS GRANDES MAESTROS DE LA FOTOGRAFÍA UNIVERSAL
Darío Jaramillo Agudelo
Pero las fotografías de Man Ray trascienden esas analogías, halladas
a posteriori para confirmar lo sabido, la unidad de espíritu que animó
una épo­ca, y se sitúan ellas mismas como obras autónomas; si reiteradamente he enfa­tizado en el valor de la fotografía como medio anónimo,
auténtico gene­rador de cultura popular, aquí tengo que voltear la torta
para reconocer —con alegría— la enorme calidad de creador que tenía Man Ray y su talen­to para aplicar a una actividad nueva lo mismo
que otros habían realizado en medios mas tradicionales con la misma
formidable y ardiente lucidez de un ar­tista privilegiadamente original.
La utilización de la fotografía por los pintores, ha sido hecha siempre
con frialdad, como cuando un escritor consulta el diccionario: “La fotografía ha molestado mucho a la imaginación porque ha hecho ver las
cosas desde fuera del sentimiento. Cuando quise liberarme de todas
las influencias que impiden ver la naturaleza de una ma­nera personal,
copié fotografías”. La cita es de Matisse (de quien, a propó­sito, existe
un retrato espléndido eje­cutado por Man Ray —60—, y mues­tra la
actitud y el perjuicio generaliza­do entre los pintores sobre la fotogra­
fía. Y fue Man Ray, también pintor, quien demostró que aquello era
un prejuicio; él mismo compara ambas ac­tividades: “Ya sea un pintor
que, enfa­tizando en la importancia de la idea, introduce pedacitos de
cromos prefa­bricados al lado de su trabajo manual, o ya sea cualquier
otro, trabajando directamente con luz y química y así deforma el sujeto
casi como si ocultara la identidad del original, y crea una nueva forma,
la resultante violación del medio empleado es la más perfecta aseveración de las convicciones del autor”. Sin embargo, esas deformacio­nes,
que han llevado posteriormente a resaltar su valor experimental dentro
de las técnicas del revelado, viendo en él un pionero en este aspecto,
no eran tomadas explícitamente por Man Ray como meros experimentos: “Es con el espíritu de una experiencia y no como un experimento
que estas imágenes autobiográficas son presentadas. Apre­hendidas en
momento de desapego visual, durante períodos de contacto emocional,
estas imágenes son residuos oxidados, fijados con luz y elementos químicos, de organismos vivientes. Ninguna expresión plástica puede ser
más que el residuo de una experien­cia”. Una analista tan certera como
Susan Sontag acabará por formular la diferencia: “EI pintor construye,
el fotógrafo revela”.
Con su obra de fotógrafo, Man Ray “expone a la luz motivos e instintos
largamente represados”; en sus fotos, se revelan, de repente, muchos
donde “Ias cosas sueñan”, como dice Tristan Tzara, o aparece una misteriosa galería de celebridades —Gertrude Stein o James Joyce, Bretón o
Picasso, Einsestein o Le Corbusier, Arnold Schonenberg o Paul Eluard—,
que en estos retratos son, según Rrose Selavy, “Ios grandes taciturnos,
que detrás de su silencio ocultan mucho o nada”. Con las fotos de Man
Ray puede ha­cerse, también, como decía Bretón, la “Balada de las mujeres del día presen­te”; y agregaba, a propósito de esos rostros, casi
todos perfiles, de mujeres: “Se necesita el ojo de un gran cazador, la
paciencia, el sentido del momento patéticamente exacto cuando un ba­
lance, además de transitorio, ocurre en la expresión de una cara, entre
el sueño y la acción”. Mundos imagina­rios o deformaciones inspiradas
bajo el delirio de “fuerzas subconscientes que se filtran a través de él”,
flores o cuer­pos de mujer, he aquí las fotografías de Man Ray, o como
él decía, las “con­fidencias abiertas (…), que perduran para el ojo que se
diestra a sí mismo a verlas sin prejuicios o restricciones”
La más conocida obra fotográfica de Man Ray está incluida en la
obra “Photograps by Man Ray, 105 Work, 1920 - 1934”, cuya edición original de 1934 tuve el privilegio de mirar larga­mente, en
ejemplar que me suministró Guillermo Angulo. Este libro incluye textos de donde han sido tomadas las citas de Man Ray, Tristan Tzara,
Rrose Selavy y André Breton, además de un dibujo de Man Ray por
Picasso y un poema de Paul Eluard. Existe una muy cuidadosa reedición, realizada por Dover. La cita de Susan Sontag proce­de de su
muy divulgado libro, On Photograpy. La frase de Matisse fue extractada de Reflexiones sobre el arte, que existe en traducción española
de Emecé, 1977. La de Rosemberg lo fue de Descubriendo el presente, edi­ción castellana (Monte Avila) de 1977. Las Conversaciones con
Marcel Du­champ de Pierre Cabanne, sirvieron de fuente para las
citas de Marcel Du­champ (Anagrama, 1972). La frase de Picabia,
procede de Caravanserail, edi­tada en Barcelona por Laertes, 1979.
Tomado de: Jaramillo Agudelo, Darío. Los grandes maestros de la
fotografía. Man Ray. En: Fotografía Contemporánea. Bogotá: Editorial
Presencia. Febrero - marzo 1981, vol. 2 No. 8, p. 51 – 63.
[75]
[76]
[77]
Si pudiéramos desterrar la palabra
serio de nuestro vocabulario,
muchas cosas se arreglarían.
[78]
[79]
MAN
RAY
BIOGRAFÍA
Antes y después, 1943
fotografia y tinta negra
12,2 x 8,3 cm
[80]
[81]
1890 Nace el 27 de agosto en Filadelfia (Estados Unidos),
1919 Se separa de su mujer.
1920 Junto
1921 Se traslada en París, instalándose en el barrio más bo-
su verdadero nombre es Emmanuel Radnitzsky.
1897 Su familia se traslada a Brooklyn donde asiste a la
escuela. Recibe una beca para estudiar Arquitectura
que rechaza.
Asiste a las clases nocturnas de la National Academy
of Design.
Recibe clases nocturnas de dibujo y acuarela en el 1908-1911
Centro Social Francisco Ferrer de Nueva York, mientras que completa su formación observando obras
maestras de artistas clásicos en los Museos de la
ciudad.
Adopta el pseudónimo Man Ray .
1911-1912
Se producen sus primeros contactos con la vanguardia neoyorquina en sus visitas a la galería de Alfred
Stieglitz y asistiendo a las tertulias de los Arensberg.
1913 Se instala en Ridgefield (New Jersey) en una comunidad de artistas.
1914 Contrae matrimonio con Adon Lacroix, una poetisa
hemio, Montparnasse. Allí entra en contacto con distintos artistas y, concretamente, con el grupo surrealista
con quien colabora estrechamente los años siguientes.
1922 Realiza
1923 Realiza objetos dadaístas como Object to dead be
sus primeras obras experimentales: nacen
las rayografías o rayogramas, imágenes fotográficas
sacadas sin cámara (imágenes abstractas obtenidas
con objetos expuestos sobre un papel sensible a la
luz y luego revelado).
También hace retratos, de hecho se convierte en fotógrafo retratista de personalidades de la cultura de la
época.
Destroyed, un metrónomo con la fotografía de un ojo
agarrada a la aguja.
belga.
a K. Dreier y M. Duchamp, funda la Société
Anonyme, una compañía que gestiona todo tipo de
actividades culturales vanguardistas (exposiciones,
publicaciones, instalaciones, películas, conferencias).
1915 Tiene
1916 Se muda a la ciudad de Nueva York.
sus fundadores y está incluido en la primera exposición surrealista en la galería Pierre de París en 1925.
Inspirado por su modelo y amante Alice Prin, conocida como Kiki de Montparnasse, hace Le Violon
d’Ingres (1924).
1918 Trabaja con aerógrafos sobre papel fotográfico.
lugar su primera exposición individual en la
Daniel Gallery de Nueva York. Conoce a Marcel Duchamp y a Francis Picabia, juntos forman el Dada
neoyorquino.
1924 El surrealismo se separa del dadaísmo. Ray es uno de
1927 Se interesa por el cine y lleva a cabo películas de
vanguardia, como La Estrella de Mar .
[82]
[83]
Década Perfecciona la técnica fotográfica de la solarización
de los 30 produciendo la serie de las solarizaciones ( negativos
fotográficos expuestos a la luz), y sigue pintando en
un estilo surrealista; publica varios volúmenes de fotografías y rayografías.
1936 Su obra está presente en la exposición Arte Fantástico, Dadá y Surrealismo del Museo de Arte Moderno
de Nueva York.
1937 Publica junto con André Breton el manifiesto La photographie n´est pas l´art.
1940 Escapando de la ocupación nazi de París, se instala
en Hollywood y en Nueva York. Durante su estancia en
California enseñó pintura y arte de la fotografía.
1946Contrae matrimonio con la bailarina Juliet Browner.
1951Regresa a Paris junto a Juliet y se instalan en la rue
Férou 2 bis, donde continua trabajando.
1962Muere su fiel amigo Marcel Duchamp, tras una cena
juntos.
1963Publicación de
1973El
1976Fallece en Paris el 18 de noviembre a los 86 años. Sus
su autobiografía titulada Self-Portrait.
Metropolitan Museum de Nueva York le dedica
una retrospectiva de su obra fotográfica.
restos descansan en el Cementerio de Montparnasse
junto a los de su última esposa que fallece en 1991.
Manos solarizadas, 1930
solarización
29 x 22 cm
[84]
[85]
La búsqueda de la libertad y el
placer; eso ocupa todo mi arte
[86]
[87]
ÓLEOS
y obra sobre papel
Autorretrato, 1916/1970
tecnica mixta en altuglass
53,5 x 37 cm
[88]
[89]
Clichet vierge, 1968
aguafuerte
23x17 cm
[90]
[91]
Risa de ensueño, 1937
Abrazo, 1936
Seguidilla, 1919/1971
óleo sobre tela
óleo sobre tabla
técnica mixta con altuglass
45,5 x 37,5 cm
59 x 49 cm
48 x 59,9 cm
[92]
Planta desierta, 1946
óleo sobre lienzo
62 x 51 cm
Bien está lo que bien acaba,
ecuación de Shakespeare, 1948
óleo sobre lienzo
66 x 50 cm
Cuerpo a cuerpo, 1952
óleo sobre lienzo
26x34 cm
[93]
[94]
El origen de las especies por via
[95]
de selección irracional, 1971
litografia en colores
50,5 x 36,5 cm
Personaje con rueda, 1939
Lápiz
35 x 17,5 cm
[96]
[97]
En la hora del mirador:
Caniche, 1967
Los enamorados, 1932-1965
óleo sobre lienzo
litografía
35,5x27,5 cm
60 x 150cm
[98]
Mano, 1936
Mujer joven, 1940
Tinta china sobre papel
Tinta china sobre papel
34 x 24 cm
31,8 x 23,6 cm
Erotica, 1938
Castillo de Sade, 1938
Tinta china sobre papel
Tinta china sobre papel
41,5 x 32,5 cm
33 x 25 cm
Lógica asesina, 1919/1975
litografia
54 x 44 cm
[99]
[100]
Alternativa, 1961
[101]
collage
36x30 cm
Bailar (lo imposible), 1920
edición 1969
tecnica mixta en altuglass
56 x 32,5 cm
[102]
[103]
Una de las satisfacciones de un
genio es su energía y obstinación.
[104]
[105]
OBJETOS
y ESCULTURAS
Autorretrato, 1936-1970
Bronce
40 x 120 x7 cm
[106]
La Torre
[107]
Cristal y madera
38 x 18 x 4 cm
Varlopa, 1935-65
Objeto non-encludien, 1932-1973
Edición Zerbib 7/10
Tecnica mixta
54 x 20 x 20 cm
47 cm
Paletamesa, 1971
[108]
190/1971
87,5 x 51,5 x 61,5 cm
Objeto de humo, c.1970
Tecnica mixta
13 x 22 cm
[109]
[110]
[111]
Faro del Harpa, 1967
Calor rojo de la plancha, 1966
El regalo, 1921-70
Pan pintado, 1958-66
Edición Zerbib,15 ejemplares
Tecnica mixta
edición Schwarz 1/11
Edición Zerbib
17 x 10,6 cm
17x10,6 cm
15,2x8,9 cm
8,5 x 75 cm
[112]
Peso pluma, 1958
edición 1968
Plomo
21 x 39,5 cm
Pin-up, 1970
Collage sobre cartón
rojo,ready-made
32,5 x 25,5 cm
[113]
[114]
[115]
Solitaria, 1936-1970
Frutero y mano, 1936-1970
Manos bellas, 1936-1970
Bronce
Bronce
Bronce
23 x 29 x 23 cm
38,5 x 22 x 17 cm
38 x 24 x 12 cm
[116]
[117]
Marques de Sade, 1936-1970
Virgen atrapada, 1968
Bronce
plata
Tecnica mixta
40 x 22 x 7 cm
12 x 8 x 7 cm
12,5 x 9,5 x 9,5 cm
Pisapapeles de Príapo, 1920/1966
[118]
[119]
Puericultura, 1920
Obstrucción, 1920
Eight street, 1920-73
edición 1964
edición 1964
Ready made
Bronce
perchas de madera
36 x 30,5 cm
28 cm
100x200 cm
[120]
[121]
Melocotones, 1969-72
Señor cuchillo y señora tenedor, 1968
8 ejemplares
Tecnica mixta
32 x 22 x 10 cm
34 x 23 cm
[122]
[123]
El mango en la manga o el martillo sin amo, 1921-67
Monumento al pintor desconocido,1953-71
Ballet francés II, 1956-71
edición Zerbib
Tecnica mixta
Edición Schwarz 7/10
9 ejemplares
77 x 10 cm
85 x 23 cm
30 cm
[124]
[125]
la edad de la cola, 1935-70
Café Man Ray, 1974
edición 1/3
New York 17, 1916-70
Collage
Edición Zerbib, E.A/111
Sombra de cuchara, 1953
Ready made
63,5 x 48,3 cm
45 cm
53 x 35,5 cm
38 x 18 cm
[126]
Atracción permanente, 1948-72
[127]
edición 3/8
34,5 x 34,5 cm
Tabla para andar (boardwalk), 1917-1973
Tecnica mixta
55 x 70,3 cm
[128]
[129]
Por supuesto, habrá siempre los que
miran solamente la técnica, que pidan
el “cómo”, mientras que otros de una
naturaleza más curiosa se preguntarán
“porqué”. Personalmente, he preferido
siempre la inspiración a la información.
[130]
[131]
FOTOGRAFÍAS
RAYOgrafíAs y Solarizaciones
Autorretrato, 1930
Fotografía
34 x 26,5 cm
[132]
Retrato de Salvador Dali, 1960
[133]
fotografia
21 x 16,5 cm
Retrato de Rrose Sélavy, álter ego de Marcel Duchamp, 1921
reimpresion fotografica
27,5 x 21,5 cm
Dora Maar solarizada, 1936
[134]
fotografía
28,8 x 46,3 cm
Jacqueline Goddard solarizada, 1930
reimpresion fotografica
29 x 22 cm
[135]
[136]
Max Ernst y su mujer Martha, 1938
Sr. y Sra. Woodman, 1947
Fotografía
Fotografia
40 x 30 cm
23 x 38cm
[137]
[138]
[139]
Lee Miller, c.1932
Retrato de Lee Miller, 1930
Fotografia
Fotografía
23 x 17 cm
17 x 20cm
Retrato de Coco Chanel, 1935
[140]
Fotografia
40,7 x 30,6 cm
Moda de playa
Fotografia
12,5 x 9,5 cm
[141]
[142]
Pablo Picasso, 1932
[143]
Fotografia
39 x 28 cm cm
Pablo Picasso, Dora Maar y Gisèle, 1938
Fotografia
12 x 16,5 cm
Juan Gris, c.1930
[144]
Fotografia
22,5 x 18 cm
Joan Miró, c.1930
Fotografía de Moda, c.1930
Fotografia
Fotografía
22,5 x 18 cm
24,6x18,7 cm
[145]
[146]
Nancy Cunard, 1926
[147]
Fotografia
21 x 27 cm
Modelo delante de una escultura
Modelo en carreta de
precolombina en California, 1947
Oscar Dominguez, 1930
Fotografia
Fotografia
25 x 17 cm
40,7 x 30,6 cm
Serge Lifar, 1922
[148]
reimpresion fotografica
49 x 23,5 cm
Perchero, 1920
reimpresion fotografica
17,5 x 11,5 cm
[149]
[150]
Retrato de Luis Buñuel, 1929
reimpresion fotografica
40 x 29,5 cm
Henri Matisse, 1930
fotografía
30 x 22 cm
[151]
[152]
[153]
Por entonces había reducido los
personajes a formas planas y
desarticuladas, siguiendo una
mecánica imaginaria, sin geometría,
ni lógica, ni ciencia, acompañada
de un fuerte dinamismo, el mismo
que tiene una planta que crece.
[154]
[155]
Kiki dans le film “Le ballet mécanique”, 1924
Marquesa de Casati, 1922
Juliette punky, 1945
reimpresion fotografica
Fotografia
fotografia
23 x 17cm
16 x 12 cm
28 x 21 cm
[156]
Violon d´Ingres, 1924
[157]
Fotografia
26,5 x 21 cm
Kiki levantando el brazo, c.1922
Kiki desnuda, c.1922
reimpresion fotografica
reimpresion fotografica
20 x 17 cm
29 x 23 cm
[158]
[159]
Busto de mujer, 1930
Distorsión de busto femenino, 1968
Fotografía
Fotografía
Fotografía
25,5 x 20 cm
28 x 21 cm
23 x 18,5cm
Busto de mujer, 1930
[160]
Desnudo solarizado, 1933
[161]
Fotografía
28 x 22 cm
Bailarina exótica, c.1940
Fotografia
25 x 19,5 cm
[162]
[163]
Estudio de Man Ray, 1920
Erotica escondida, 1933
Meret Oppenheim en el taller de Louis Marcoussis,1934
gelatin silver print
Fotografía
fotografia
28,5x20 cm
30x22 cm
16,5 x 11,5 cm
[164]
Los Maniquis, 1936
[165]
fotografia sobre cartón dorado
29 x 25 cm
Exposición internacional del surrealismo.
Maniquí de Marcel Duchamp, 1936
Exposición surrealista.
impresa en 1966
Maniquí de Man Ray, 1936
gelatin silver print
fotografía
19x13,5 cm
19x13,5 cm
[166]
[167]
Lágrimas, 1933
Labios, c.1930
reimpresion fotografica
reimpresion fotografica
30 x 40 cm
19 x 29 cm
[168]
[169]
Manos pintadas por Picasso, 1935
Dedos, 1930
Dos manos
fotografía
Fotografía
Rayografía
28 x 22 cm
29,2 x 22,1 cm
54 x 44 cm
[170]
Collage
Rayografía
Rayografía, 1923
emulsión de gelatina de plata
emulsión de gelatina de plata
fotocollage
29,3 x 21,5 cm
26 x 20 cm
27 x 22 cm
Rayografía
Rayografía con martillo y botella, 1966
emulsión de gelatina de plata
emulsión de gelatina de plata
38 x 29,5
29 x 23,5 cm
[171]
[172]
Campos deliciosos, 1922
[173]
gelatin silver print
40 x 30 cm
Rayografia, 1968
Fotografia
28 x 21 cm
[174]
[175]
Man Ray y su emak bakia solarizado, 1935
Autorretrato, 1930
reimpresion fotografica
Fotografía
58,8 x 48,8 cm
11 x 15,5 cm
[176]
Rascacielos de Nueva York, c.1936
Fotografía
24 x 16 cm
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