MARRUECOS Marruecos: encarcelamiento político MAYO DE 1994

Anuncio
MARRUECOS
Marruecos: encarcelamiento político
MAYO DE 1994
RESUMEN
INDICE AI: MDE 29/01/94/s
-------------------------------------------------------------DISTR: SC/C0/G
Centenares de presos políticos condenados en juicios sin las
debidas garantías, incluidos más de 130 presos de conciencia,
permanecen encarcelados en Marruecos. Muchos llevan más de 10 años
en prisión, cuando no deberían haber sido recluidos ni tan siquiera
un día. Su permanencia en prisión supone una infracción de la
legislación internacional de derechos humanos y el incumplimiento
del compromiso expreso de las autoridades marroquíes de mejorar
la situación de los derechos humanos.
Amnistía Internacional ha acogido con satisfacción las medidas
positivas adoptadas por el gobierno marroquí durante los tres
últimos años, entre ellas la excarcelación de más de 40 presos de
conciencia desde 1991, la puesta en libertad, ese mismo año, de
cientos de «desaparecidos» procedentes de centros de detención
secretos, la designación de un ministro de Derechos Humanos en 1993
y la conmutación de 193 condenas a muerte en 1994.
La organización reitera a las autoridades marroquíes su
llamamiento de que pongan fin de una vez y para siempre al cuadro
de encarcelamiento político poniendo inmediatamente en libertad
incondicional a todos los presos de conciencia y los presos políticos
condenados en juicios injustos, salvo si son procesados nuevamente
con prontitud de acuerdo con la normativa internacional para juicios
con las debidas garantías.
Este informe resume el documento titulado «Marruecos:
Encarcelamiento político» (Indice AI: MDE 29/01/94/s), publicado
por Amnistía Internacional en mayo de 1994. Las personas que deseen
más información o emprender acciones sobre esta cuestión deberán
consultar el documento completo.
PALABRAS CLAVE: PRESOS DE CONCIENCIA1 / TORTURA/MALOS TRATOS1 /
JUICIOS1 / DETENCION EN REGIMEN DE INCOMUNICACION1 / CONDICIONES
PENITENCIARIAS1 / HUELGA DE HAMBRE1 / ENCARCELAMIENTO POR UN PERIODO
PROLONGADO / CONFESIONES / DESAPARICIONES / ARRESTO DOMICILIARIO/EN
UNA LOCALIDAD / MALA SALUD / SALUD MENTAL / CENSURA / PROSCRIPCION
/ PRESOS POLITICOS / ESTUDIANTES / MAESTROS / SINDICALISTAS / GRUPOS
RELIGIOSOS-MUSULMANES / ARTISTAS / INGENIEROS / EMPLEADOS DE OFICINA
/ ACTIVISTAS DE DERECHOS HUMANOS / DESEMPLEADOS / MUJERES / POLICIA
/ HUELGAS / MANIFESTACIONES / AMNISTIAS / EXCARCELACION /
REAPARICION / CONMUTACION / LEGISLACION / DECLARACIONES DE LOS
PRESOS / AI Y LOS GOBIERNOS / FOTOGRAFIAS
2
SECRETARIADO INTERNACIONAL, 1 EASTON STREET, LONDON WC1X 8DJ, REINO
UNIDO
TRADUCCIÓN DE EDITORIAL AMNISTÍA INTERNACIONAL
MARRUECOS
Encarcelamiento político
Introducción
La permanencia en prisión de los presos de conciencia proyecta
una oscura sombra sobre el historial de derechos humanos de
Marruecos. Más de 130 presos de conciencia y centenares de presos
políticos cumplen condenas hasta de cadena perpetua. Algunos de
los presos de conciencia, encarcelados únicamente a causa de la
expresión no violenta de sus convicciones profundas, llevan en
prisión más de 10 años. Torturados mientras estuvieron recluidos
en régimen de incomunicación durante prolongados periodos,
firmaron, bajo coacción, confesiones antes de ser condenados en
juicios en los que se infringieron las normas internacionales para
un juicio con las debidas garantías. Centenares de presos acusados
de actos violentos o manifestantes detenidos tras manifestaciones
violentas o disturbios han sido encarcelados también tras ser
sometidos a juicios que constituyeron, igualmente, parodias de la
justicia. Para que los derechos humanos sean una realidad en
Marruecos, las autoridades deben adoptar medidas concretas para
romper totalmente con el pasado y traducir sus palabras a hechos.
Las autoridades marroquíes han manifestado recientemente su
disposición a reparar las violaciones de derechos humanos ocurridas
en el pasado. La situación ha mejorado en los tres últimos años.
No obstante, decenas de marroquíes que no han cometido delito alguno,
salvo oponerse pacíficamente al gobierno o a la monarquía,
permanecen en prisión. Se sigue deteniendo y recluyendo a críticos
del gobierno y manifestantes pacíficos. Mientras el cuadro de
encarcelamiento político y el legado de pasadas injusticias
continúe, las declaraciones marroquíes relativas a un nuevo respeto
por los derechos humanos caerán en saco roto.
Amnistía Internacional tiene, desde hace tiempo, otras
preocupaciones en Marruecos. Sigue sin conocerse la suerte de
cientos de saharauis y de marroquíes que «desaparecieron» tras ser
detenidos; se cree que se encuentran en centros de detención
secretos. En el Sahara Occidental siguen usándose la detención en
régimen de incomunicación durante periodos prolongados y las
torturas. En las prisiones, los malos tratos, la ausencia de atención
médica y el hacinamiento son habituales. Sin embargo, este informe
se centra en la permanencia en prisión de los presos de conciencia
y el cuadro de encarcelamiento político en Marruecos. Los casos
de ocho de los más de 100 presos de conciencia marroquíes ilustran
un sistema que debe desaparecer. Con este informe, Amnistía
Internacional insta a las autoridades marroquíes a que pongan
inmediatamente en libertad sin condiciones a todos los presos de
conciencia y a que excarcelen a todos los presos políticos condenados
en juicios injustos, salvo si se les procesa nuevamente sin dilación
2
en juicios conformes a la normativa internacional para un juicio
con las debidas garantías.
Información general
La prisión política se ha utilizado durante décadas en
Marruecos para castigar a la oposición política y a los críticos
del gobierno. La libertad de expresión está limitada por tres ámbitos
prohibidos: la institución monárquica (por ejemplo, no puede
solicitarse el establecimiento de una república o criticarse al
rey), la integridad de la nación (por ejemplo, está prohibido
defender la independencia del Sahara Occidental, gobernado por
Marruecos desde 1975) y el Islam. Muchos presos de conciencia son
marxistas que solicitaron cambios en el sistema de gobierno y
propugnaron la autodeterminación del Sahara Occidental e
islamistas, pues se considera que su exigencia de un Estado islámico
socava la posición del rey como supremo dirigente islámico. Pero
otros no han criticado ninguno de los tres temas tabú en Marruecos.
Entre ellos figuran estudiantes que tomaron parte en manifestaciones
en favor de mejores condiciones de estudio o que negociaron la
concesión de derechos a su sindicato, o sindicalistas que
organizaron huelgas. Hombres y mujeres, miembros, partidarios o
presuntos simpatizantes de grupos de oposición, sindicalistas,
maestros, estudiantes, escritores, artistas, trabajadores,
campesinos, obreros y otras personas se encuentran en prisión porque
eran críticos u opositores del gobierno, o se les consideraba como
tales.
En la década de 1970 se había desarrollado ya un cuadro de
encarcelamiento político en Marruecos: tras la detención, que a
menudo se producía con violencia y sin una orden de detención, los
sospechosos eran recluidos en régimen de incomunicación, en
ocasiones durante meses, en comisarías de policía y centros de
detención secretos, donde se les torturaba y maltrataba
sistemáticamente para obligarles a firmar confesiones y atestados.
Sólo se les informaba de los cargos existentes contra ellos cuando
comparecían ante el fiscal o el juez de instrucción. Los tribunales
aceptaban sistemáticamente las declaraciones obtenidas mediante
torturas, que con frecuencia constitutían la única prueba contra
el acusado. Los jueces no investigaban las denuncias de que se había
empleado la tortura para extraer las confesiones a los detenidos,
y no se permitía a los abogados defensores citar a testigos que
pudieran poner en entredicho el contenido de los atestados. Los
juicios políticos tenían lugar muchas veces en un ambiente de
intimidación a los detenidos, sus familiares y los abogados
defensores.
Aunque, en la actualidad, fuera del Sahara Occidental se ha
reducido mucho el empleo de torturas y malos tratos, las personas
condenadas en el pasado sobre la base de confesiones obtenidas
mediante torturas permanecen en prisión. Igualmente, continúan las
detenciones arbitrarias y los encarcelamientos de presuntos
opositores políticos tras juicios injustos. La gravedad de los
delitos de que se acusa a los presos y la severidad de las sentencias
que se les imponen dependen más de la situación política que de
sus presuntos delitos. Durante los años setenta y ochenta, se
3
impusieron a opositores políticos fuertes condenas por actos que
actualmente ni siquiera suscitarían comentarios. Pero el ejercicio
arbitrario del poder forma parte desde hace largo tiempo de los
encarcelamientos políticos en Marruecos, lo que ha dado lugar a
que se detenga a algunos críticos del gobierno por declarar lo que
otros manifiestan con impunidad. Incluso en tiempos de relativa
libertad de expresión se ha utilizado la cárcel para castigar a
quienes cruzan los límites de lo que se considera críticas aceptables
de los ámbitos prohibidos. Es posible que en tales casos se pretenda
también disuadir a otras personas de que crucen dichos límites.
Leyes que conducen al encarcelamiento de presos de conciencia
Los presos de conciencia marroquíes se dividen en tres
categorías:
─
Muchos se encuentran en prisión por delitos que no cometieron
ni pensaron cometer. Acusados de utilizar la violencia o de incitar
a ella, de agresiones contra personas y propiedades durante
manifestaciones o de conspirar para empuñar las armas contra el
gobierno, se les condena fundándose únicamente en confesiones
obtenidas bajo coacción y de las que posteriormente se retractan.
─
A otros se les ha encarcelado en aplicación de leyes que
permiten la reclusión de presos de conciencia por delitos como
criticar u ofender al rey o a las autoridades, distribuir folletos
o pertenecer a organizaciones no autorizadas.
─
Otro grupo se encuentra en prisión en virtud de una legislación
muy general que permite la imposición de penas de prisión por cargos
tan difusos como «alterar el orden público».
Antes, a las personas que cometían delitos políticos solía
acusárselas de tentativa de modificar el sistema monárquico
(Artículos 169 a 171 del Código Penal) o de delitos contra la
seguridad interna del Estado (Artículos 201 a 207 del Código Penal).
Según otros artículos (171 y 204 del Código Penal), a los miembros
de un grupo se les puede imponer la misma pena que a su dirigente,
mientras que el Artículo 170 estipula que un delito existe desde
el momento en que se intenta cometerlo. A la mayoría de los reclusos
procesados antes de 1987 que permanece en prisión se les juzgó en
virtud de uno o varios de estos artículos.
El Artículo 179 del Código Penal, que estipula una pena máxima
de cinco años de prisión y una multa de hasta 1.000 dirhams por
delitos contra el rey o el príncipe heredero, se utiliza también
para condenar a los miembros de la oposición política.
Hassan Al-Hajjaji, un estudiante de 28 años, fue detenido en marzo
de 1987 junto con decenas de personas. La policía registró
su casa, donde encontró un cuaderno en el que había escritos
a mano versos de un poema del poeta tunecino Belkacem Chabbi.
En uno de ellos la palabra «cadenas» había sido sustituida
por la palabra «trono», por lo que decía «hay que romper el
trono» en lugar de «hay que romper las cadenas». Le procesaron
4
en julio de 1988 y le condenaron a siete años de prisión y
100.000 dirhams de multa por insultar al rey y a las autoridades
y alterar el orden público. Quedó en libertad el 23 de marzo
de 1994, tras cumplir la condena.
En los últimos años ha aumentado la utilización de este artículo
del Código Penal. Con frecuencia se condena a opositores políticos
y otras personas por presuntos insultos proferidos, en ocasiones,
en el calor de una discusión o de los que se retractan después.
Un sindicalista, Driss Ghenimi, fue condenado a cinco años de prisión
en mayo de 1992 por insultos al rey, presuntamente proferidos durante
una acalorada discusión entre sindicalistas rivales; salió de la
cárcel en julio de 1993, tras una campaña mundial. Zoulikha Lakhdari,
esposa del preso de conciencia Said Tabal, fue detenida en mayo
de 1993 y encarcelada junto con su bebé recién nacido durante varios
días por insultar al rey delante de la prisión cinco meses antes.
Los guardias que la acusaron no testificaron ante el tribunal y
fue absuelta después de otra campaña mundial contra su detención.
Muchas veces se utilizan decretos (dahirs), que a veces se
remontan al periodo colonial francés, para procesar a las personas
por el ejercicio no violento de su derecho a la libertad de expresión.
Se suele utilizar un decreto de 1935 para imponer condenas por
«alterar el orden público». Tres decretos de 1958 (modificados,
para hacerlos más restrictivos, en 1973), que constituyen el Código
de Prensa y regulan las reuniones públicas y el derecho de
asociación, sirven para imponer condenas por escribir, poseer o
distribuir literatura considerada «subversiva», manifestar ideas
consideradas ofensivas o subversivas, asistir a reuniones no
autorizadas o pertenecer a una organización ilegal.
En abril de 1992, Noubir Amaoui, secretario general de la
Confederación Democrática del Trabajo fue condenado a dos años
de prisión por «difamación» en aplicación del Codigo de Prensa,
en relación con las críticas al gobierno marroquí que había
manifestado en una entrevista que había concedido a un
periódico español. Cumplió 15 meses de condena antes de salir
en libertad en julio de 1993 en virtud de una amnistía real.
Ciertos artículos del Código Penal y del Código de
Enjuiciamiento Criminal, en los que los términos «complicidad» e
«intención» (de delinquir) se definen en términos muy amplios,
permiten el encarcelamiento por delitos que no se han cometido.
En virtud de los Artículos 129 y 130 del Código Penal, a un cómplice
se le puede imponer la misma pena que al principal agente de un
delito. Las autoridades aplican esta ley para procesar a personas
presentes en manifestaciones por los delitos cometidos por algunos
manifestantes.
Según informes, tras una sentada pacífica celebrada en diciembre
de 1991 en la Universidad de Fez para solicitar el
reconocimiento de la Unión Nacional de Estudiantes Marroquíes
(UNEM), se acusó a 35 estudiantes de provocar lesiones a otras
personas (Artículos 400 y 401 del Código Penal) o de
«complicidad» en tales delitos (Artículos 129 y 130 del Código
5
Penal). Se les impusieron penas de hasta dos años y medio de
prisión.
Legislación internacional
El encarcelamiento de presos de conciencia, la tortura de
detenidos y el uso como prueba de confesiones obtenidas bajo coacción
infringen los tratados internacionales de los que Marruecos es
Estado parte.
Las libertades de expresión, de reunión pacífica y de
asociación están garantizadas en los Artículos 19, 21 y 22 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP).
En el Artículo 19(2) se afirma:
Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho
comprende la libertad de buscar, recibir y difundir
informaciones e ideas de toda índole, sin consideración
de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma
impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento
de su elección.
El Artículo 21 estipula que
Se reconoce el derecho de reunión pacífica.
6
Y según el Artículo 22(1):
Toda persona tiene derecho a asociarse libremente con otras, incluso
el derecho a fundar sindicatos y afiliarse a ellos para
la protección de sus intereses.
Al detener y encarcelar a personas por el ejercicio pacífico
de su derecho a la libertad de expresión, de reunión y de asociación,
Marruecos infringe estas normas internacionales.
La Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles,
Inhumanos o Degradantes, de las Naciones Unidas, ratificada por
Marruecos en 1993, prohíbe que se utilicen contra los acusados
declaraciones efectuadas como resultado de torturas.
En el Artículo 15 se afirma:
Todo Estado Parte se asegurará de que ninguna declaración que se
demuestre que ha sido hecha como resultado de tortura
pueda ser invocada como prueba en ningún procedimiento,
salvo en contra de una persona acusada de tortura como
prueba de que se ha formulado la declaración.
El cuadro de encarcelamiento político en Marruecos se
caracteriza por la condena de opositores o manifestantes sobre la
única base de confesiones obtenidas mediante torturas. El Artículo
14 del PIDCP, en el que se estipulan las normas para los juicios
con las debidas garantías ─entre ellas, que deben ser públicos,
reconocer la presunción de inocencia del acusado y su derecho a
defenderse ─ se infringe sistemáticamente en los jucios políticos
de Marruecos.
Condiciones penitenciarias
A menudo para los centeneres de presos políticos recluidos
en las prisiones marroquíes, la huelga de hambre es la única arma
de que disponen para protestar contra su detención, tortura y
maltrato, y para presionar para que mejoren sus condiciones de vida.
A lo largo de los años, los presos de conciencia y los presos
políticos han conseguido algunas mejoras en sus condiciones
penitenciarias sólo tras una larga serie de huelgas de hambre que,
en ocasiones, han tenido como resultado la muerte de algunos
reclusos.
Dos presos de conciencia, Boubker Douraidi y Mustafá Belhouari,
que pertenecían al mismo grupo que Habib Lakdour (caso 2),
fallecieron en el hospital los días 28 y 29 de agosto de 1984 durante
una huelga de hambre que habían emprendido el 4 de julio de ese
mismo año en protesta por las penosas condiciones de reclusión y
la ausencia de cuidados médicos después de las torturas. Otros dos
miembros del grupo, que se declararon en huelga de hambre ilimitada
en 1985, la mantuvieron hasta que quedaron en libertad en virtud
de una amnistía decretada por el rey en 1991. Estuvieron seis años
atados a la cama, en habitaciones separadas del Hospital Averroes
de Casablanca, donde los alimentaron mediante sondas gástricas.
7
Otro preso de conciencia, Abdelhaq Chbada, murió en agosto de 1989,
un mes antes de la fecha prevista para su salida de prisión, como
resultado de la huelga de hambre que había emprendido junto con
otros tres reclusos de la prisión Laalou, de Rabat, en junio de
ese año. Los otros tres presos mantuvieron la huelga de hambre hasta
febrero de 1990.
Los presos han seguido protestando mediante huelgas de hambre
por su reclusión ininterrumpida y las condiciones de ésta. En 1993,
los presos de conciencia y los presos políticos de varias prisiones
se pusieron en huelga de hambre para protestar por el deterioro
de las condiciones penitenciarias tras el nombramiento de un nuevo
Director de Administración Penitenciaria en 1992. Protestaban,
sobre todo, por la eliminación de las visitas de sus familiares
directos, derecho que habían adquirido tras largas y reiteradas
huelgas de hambre, y por los recortes en los cuidados médicos. La
atención médica que reciben los presos marroquíes es insuficiente
e inadecuada. En la mayoría de las prisiones, se limita a la visita
semanal o quincenal de un médico, incluso en cárceles con más de
2.000 internos. Por tanto, la mayoría de los reclusos prácticamente
no tiene acceso a la atención médica. Los médicos únicamente pueden
extender recetas y la administración de las prisiones no suele
proporcionar medicinas a los presos. Por consiguiente, incluso el
reducidísimo número de presos que consigue ser reconocido brevemente
por un médico, no recibe tratamiento médico si sus familiares no
le compra las medicinas.
Las condiciones de reclusión de los presos comunes son
considerablemente peores, pues padecen una situación antihigiénica
en celdas superpobladas. Amnistía Internacional ha recibido
numerosos informes de presos que se ven obligados a dormir unos
encima de otros en pasillos y servicios sanitarios.
La labor de Amnistía Internacional en Marruecos
Amnistía Internacional trabaja en favor de la excarcelación
de los presos de conciencia marroquíes desde las detenciones
generalizadas de principios de los años sesenta. En los años setenta
y ochenta, los Grupos adoptaron a cientos de marroquíes detenidos
por manifestar su oposición al gobierno del país.
Representantes de Amnistía Internacional han visitado
Marruecos en diversas ocasiones para llevar a cabo investigaciones
y discutir las preocupaciones de la organización con las
autoridades. En 1990, Amnistía Internacional tuvo la oportunidad
de exponer directamente sus inquietudes al jefe del Estado, el rey
Hassan II. Entre 1990 y 1993 las preocupaciones de Amnistía
Internacional en Marruecos se plantearon en varios informes, y en
1991 la organización lanzó una campaña internacional tras la
publicación del informe titulado «Marruecos: Detenciones políticas,
desapariciones y torturas».
En mayo de 1993, al cabo de tres años en los que se negó a
Amnistía Internacional el acceso para realizar pesquisas en el país,
representantes de la organización pudieron mantener conversaciones
8
pormenorizadas en Rabat con el Consejo Consultivo sobre Derechos
Humanos, una comisión de derechos humanos fundada por el rey en
1990. Sus miembros son designados por el monarca y representan a
diversas organizaciones, incluidas las profesionales, los
sindicatos, los partidos políticos y dos movimientos de derechos
humanos. Durante estas conversaciones, Amnistía Internacional
examinó con detalle los casos de los presos de conciencia marroquíes
y solicitó su liberación inmediata. El Consejo aseguró a la
organización que «se pasaría la página» de las violaciones de
derechos humanos ocurridas en el pasado y que se examinarían
nuevamente los casos de todos los presos políticos. Posteriormente,
la organización envió al Consejo Consultivo los nombres de más de
150 presos de conciencia encarcelados por la expresión no violenta
de sus creencias profundas. Al mismo tiempo, remitió los nombres
de 500 presos políticos recluidos tras juicios sin las debidas
garantías (entre ellos, presos de conciencia, así como personas
detenidas después de los violentos disturbios que se produjeron
en Fez y otras ciudades en diciembre de 1990). En agosto de 1993,
Amnistía Internacional envió una lista de 485 saharauis y 79
marroquíes «desaparecidos» tras su detención por los servicios de
seguridad. Todas estas listas se enviaron también a Driss Basri,
ministro del Interior. En julio de 1993, dos presos de conciencia
quedaron en libertad en virtud de una amnistía real; desde entonces
no se ha excarcelado a ningún otro preso de conciencia.
Los delegados de Amnistía Internacional en Marruecos se
reunieron en 1993 con el recién designado ministro de Derechos
Humanos, Omar Azziman. Le entregaron listas actualizadas de presos
de conciencia, presos políticos y «desaparecidos»; posteriormente
le enviaron listas más detalladas. Se les aseguró que los casos
se estudiarían cuidadosamente. En marzo de 1994 salieron en libertad
138 presos comunes en virtud de una amnistía decretada por el rey
para conmemorar el Ramadán. No se excarceló a ningún preso político.
Las amnistías: un regalo arbitrario
La mayoría de los centenares de presos políticos condenados
en los últimos 30 años han cumplido la totalidad de sus condenas.
Sin embargo, algunos presos de conciencia y presos políticos han
quedado en libertad antes de cumplir sus condenas como consecuencia
de amnistías decretadas por el monarca. Cincuenta presos políticos
quedaron en libertad tras una amnistía concedida por el rey en 1989
y otros 41 figuraron entre los excarcelados como consecuencia de
las amnistías reales de 1991.
Se desconocen las razones por las que, al concederse las
amnistías, determinados presos de un grupo quedaron en libertad
y otros, condenados por los mismos delitos en los mismos juicios,
permanecen en prisión.
La amnistía de agosto de 1991 supuso la excarcelación de 11
reclusos de un grupo de 26 presos de conciencia detenidos en octubre
de 1985. Seis hubieran salido de prisión tres meses después al
cumplirse las sentencias de seis años que les habían sido impuestas,
mientras que a los demás los habían condenado a 10, 12 y 20 años
de cárcel. No se observar ninguna razón para la excarcelación de
9
una parte del grupo y la permanencia en prisión del resto, aparte
del deseo de perpetuar una atmósfera de arbitrariedad e
incertidumbre. Mohamed Nacereddine, que había sido condenado a 12
años de prisión en el mismo proceso, figura entre los que siguen
en prisión.
De un grupo de cinco presos de conciencia detenidos en Tetuán
en 1984 y condenados en el mismo juicio a 20 años de prisión por
delitos contra la seguridad del Estado y el orden público, dos
quedaron en libertad como consecuencia de una amnistía decretada
por el rey en 1991, mientras los otros tres permanecen en prisión
(véase el caso de Mohcen al Khatib).
10
Los portavoces del gobierno marroquí, incluido el Consejo
Consultivo sobre Derechos Humanos (CCDH), declaran, con frecuencia,
públicamente que los excarcelados por las amnistías habían
solicitado el indulto al rey, y que los demás saldrían en libertad
si hicieran lo mismo. Sin embargo, los reclusos que salieron de
prisión en 1991 desmintieron que hubieran solicitado el indulto
real. Los presos de conciencia afirman que, como no han cometido
ningún delito, se niegan a solicitar el indulto al monarca.
Omar Boudaoui y Said Karoui en la Prisión Central de Tánger. Mientras que Said Karoui
(a la derecha) fue excarcelado como consecuencia de una amnistía en 1991, Omar Boudaoui
permanece en prisión.
Recientes mejoras en la situación de los derechos humanos en
Marruecos
Durante los tres últimos años se han producido algunos cambios
positivos en la situación de los derechos humanos en Marruecos.
En 1991 quedaron en libertad más de 300 «desaparecidos» que habían
pasado hasta 18 años en centros de detención secretos en condiciones
inhumanas; centenares más murieron durante ese tiempo. En 1991 se
promulgó una ley que limita el tiempo que un detenido puede ser
recluido en garde à vue (en régimen de incomunicación) con
anterioridad al juicio. Este último año no se han recibido informes
de detenciones garde à vue prolongadas, excepto en el Sahara
Occidental, y se ha reducido el número de denuncias por malos tratos
o torturas.
El primer ministro de Derechos Humanos de la historia de
Marruecos, nombrado en noviembre de 1993, y el Consejo Consultivo
11
sobre Derechos Humanos han afirmado recientemente que las
autoridades se han comprometido a reparar las violaciones de
derechos humanos ocurridas en el pasado. A principios de 1994 se
informó a las personas excarceladas de la prisión secreta de
Tazmamert en 1991 que recibirían una compensación por los 18 años
que habían pasado en régimen de incomunicación en condiciones que
ponían en peligro su vida, la mayoría después de que cumplirse sus
condenas. Más adelante las autoridades les concedieron una
asignación mensual, aunque no explícitamente una compensación.
Entre ellos figuran 14 presos políticos condenados en juicios sin
las debidas garantías. Se cree que aún hay condenados a muerte que
aguardan a que el Tribunal Supremo revise sus casos mediante un
procedimiento de casación.
Se han producido notables mejoras. No obstante, continúan en
la cárcel presos de conciencia que no deberían haber sido recluidos
ni siquiera un día; algunos llevan más de 10 años de prisión injusta.
Además, la prisión y la detención por motivos políticos siguen
utilizándose para intimidar y silenciar temporalmente a la oposición
política y a los críticos del gobierno. En 1993 se detuvo y condenó
a estudiantes, sindicalistas y otras personas después de las
manifestaciones que se produjeron en universidades y centros de
trabajo. Otros permanecieron recluidos meses a la espera de juicio
tras manifestaciones pacíficas de protesta por la presunta
manipulación de los resultados de las elecciones generales de 1993.
Continúan las detenciones y los encarcelamientos por motivos
políticos
En Marruecos sigue utilizándose la detención política, aunque
las sentencias suelen ser ahora más breves y, a veces, condicionales.
En junio de 1993, cientos de personas fueron detenidas en
relación con las manifestaciones pacíficas generalizadas de
protesta por la presunta manipulación de los resultados electorales
que tuvieron lugar en varios pueblos y ciudades. La mayoría de los
detenidos quedaron en libertad sin cargos o bajo fianza y varios
fueron absueltos, pero a decenas se les impusieron penas de hasta
dos años de prisión, y a otros condenas condicionales y multas.
Siete personas detenidas en Bouznika en junio de 1993 permanecían
encarceladas a la espera de juicio a finales de marzo del año
siguiente. Muchos detenidos denunciaron que en las comisarías les
habían propinado golpes e infligido malos tratos.
Continúa condenándose a las personas en aplicación del Artículo
179 del Código Penal. Mustapha Chai, quien, al parecer, padece
desequilibrios mentales, fue condenado a cinco años de prisión en
septiembre de 1993. Le habían detenido delante de la nueva Mezquita
de Hassan II, de Casablanca, según los informes por insultar al
rey cuando los guardias le impidieron entrar en el edificio.
A menudo se detiene a sindicalistas durante las huelgas; suelen
quedar en libertad tras cumplir condenas breves. Decenas de personas
fueron detenidas en febrero de 1994 por participar en una huelga
organizada por los sindicatos y por distribuir folletos. A varias
12
se les impusieron penas de hasta 45 días de prisión en Azilal, Beni
Mellal y otras ciudades. Uno de los detenidos denunció que los
agentes de policía que lo detuvieron en su domicilio durante la
noche le habían golpeado y maltratado.
El movimiento de derechos humanos en Marruecos
En Marruecos existe un fuerte
movimiento de derechos humanos, a
pesar de la represión y de los
hostigamientos
que
sufren
con
frecuencia los activistas de derechos
humanos, los ex presos de conciencia
y los familiares de los presos de
conciencia, los presos políticos y los
«desaparecidos».
Hay en el país varias organizaciones
de derechos humanos: la Liga Marroquí
para la Defensa de los Derechos
Humanos,
fundada
en
1972;
la
Asociación
Marroquí
de
Derechos
Humanos,
fundada
en
1979;
la
Organización Marroquí de Derechos
Humanos, fundada en 1988, y el más
reciente Comité para la Defensa de los
Derechos
Humanos,
registrado
oficialmente en marzo de 1993. Además
de estos movimientos, están también
la Asociación de Familiares de
Desaparecidos, Presos de Conciencia,
Presos
Políticos,
Mártires
y
Exiliados, y el Comité para la
Liberación de los Presos Políticos y
Sindicales
y
los
Desaparecidos,
creado, en un principio, como comité
de apoyo a Noubir Amaoui, y que
últimamente
realiza
actividades
públicas, entre ellas conferencias de
prensa y reuniones públicas sobre
presos
de
conciencia
y
«desaparecidos».
Madres de presos de conciencia en una reunión
Julio de 1993
Al presionar a las autoridades para que pongan fin a las violaciones
de
derechos humanos y aumentar la conciencia sobre los derechos humanos
en el país, estas organizaciones y asociaciones han contribuido
a modificar la situación de los derechos humanos en Marruecos.
También han prestado apoyo y aliento a los presos y a sus familiares.
13
Conclusión y recomendaciones
Amnistía Internacional ha acogido con agrado la evolución
positiva que se ha producido en Marruecos durante los últimos años,
como la promulgación de una ley limitando el plazo de detención
garde à vue, la excarcelación de algunos presos de conciencia y
«desaparecidos» y la designación de un ministro de Derechos Humanos.
No obstante, la organización siente una profunda inquietud porque
permanecen en la cárcel presos de conciencia y presos políticos
condenados en juicios sin las debidas garantías.
Hay presos de conciencia que no deberían haber pasado en prisión
ni un solo día y que llevan encarcelados más de 10 años.
Amnistía Internacional insta ahora al gobierno marroquí a que
erradique de una vez por todas el cuadro de encarcelamiento político
y a que:
*ponga inmediatamente en libertad incondicional a todos los presos
de conciencia;
*adapte los códigos de leyes a las normas internacionales
ratificadas por Marruecos aboliendo los artículos de los
dahirs, el Código Penal y el Código de Enjuiciamiento Criminal
que permiten el encarcelamiento de presos de conciencia;
*ponga en libertad a todos los presos políticos condenados en juicios
injustos si no son juzgados de nuevo con prontitud de acuerdo
con las normas internacionales para un juicio con las debidas
garantías.
Casos
En los casos que se destacan a continuación sólo figuran algunos
de los presos de conciencia encarcelados actualmente en Marruecos.
Algunos fueron condenados individualmente, otros como parte de
distintos grupos. Se les detuvo entre 1983 y 1992 y sus casos figuran
por orden cronológico.
1) Mohamed HAKIKI fue condenado a cadena
perpetua en 1984 por colocar carteles en
los que se atacaba a la monarquía.
Mohamed Hakiki era, en 1983, un
estudiante de 23 años perteneciente a una
organización islamista ilegal, Shabiba
Islamiya (Juventud Islámica). El 21 de
junio de 1983, sus miembros colocaron
banderas y carteles con consignas contra
la monarquía en su ciudad natal de
Mohammedia
para
conmemorar
a
los
14
centenares de víctimas de una huelga
general y de unos disturbios que murieron
como
consecuencia
de
los
disparos
efectuados por las fuerzas gubernamentales
en Casablanca el 21 de junio de 1981. Tras
la detención de algunos miembros del grupo,
se pegaron más carteles y se distribuyeron
folletos como protesta. La oleada de
protestas y detenciones duró de junio a
septiembre de 1983. Siete agentes de
policía que carecían de una orden judicial
registraron
la casa de Mohamed Hakiki el 20 de agosto de 1983. Destrozaron las
sillas y le confiscaron los libros y los cuadros que había pintado.
Por voluntad propia se presentó ese mismo día en la comisaría de
policía y después desapareció durante cinco meses.
El día de mi detención y durante mi estancia en la comisaría de
policía de Mohammedia me infligieron diversas torturas:
golpes, suspensión por los pies y las muñecas, falaqa,
asfixia con trapos empapados de detergente... las
torturas eran salvajes, brutales y arbitrarias, puesto
que no buscaban obtener ninguna confesión, ya que
disponían de toda la información sobre mí, sino que se
trataba de una venganza, de represión pura y simple.
Al cabo de cuatro días de reclusión y tortura en la comisaría,
fue trasladado, al igual que otros islamistas del mismo grupo
detenidos anteriormente, al centro de detención secreto de Derb
Moulay Cherif. Allí, Mohamed Hakiki y otros miembros de Juventud
Islámica hubieron de permanecer tumbados boca abajo, con los ojos
vendados, durante cinco meses y 23 días. Tenían prohibido hablar.
Si desobedecíamos nos castigaban con severidad golpeándonos en las
plantas de los pies y obligándonos a permanecer en pie,
apoyados en un solo pie, con los brazos por encima de
la cabeza. Los interrogatorios eran espantosos. Día y
noche oíamos los gritos de los torturados.
Después de las manifestaciones generalizadas contra el
gobierno que se celebraron en muchas ciudades marroquíes en enero
de 1984, el grupo compareció en febrero ante el juez instructor
junto con otros miembros de Juventud Islámica detenidos el mes
anterior por distribuir folletos entre los participantes de la
Organización de la Conferencia Islámica. Se les acusó de conspirar
para derrocar a la monarquía y se les obligó a firmar atestados
cuyo contenido desconocían.
Sólo entonces, tras más de cinco meses de detención en régimen
de incomunicación y torturas, tuvo acceso Mohamed Hakiki a un
abogado. El tribunal rehusó ordenar una investigación de las
denuncias formuladas por los acusados de que habían sido torturados
durante la reclusión secreta. Aunque en las consignas de las paredes
y en los carteles habían atacado a la monarquía (llamando «faraón»
al rey) y algunos habían instigado a la intifada (levantamiento)
o a la jihad (guerra santa), no existían pruebas de que ninguno
15
de ellos hubiera conspirado realmente para derrocar a la monarquía
ni para ejecutar actos violentos. Todos los acusados negaron
cualquier intención violenta. En los folletos que se presentaron
ante el tribunal no se instigaba a la violencia. Según los informes,
cuando uno de los abodados defensores explicó en el tribunal al
fiscal que para una conspiración hacían falta municiones y armas,
mientras que los acusados sólo disponían de folletos, pancartas
y periódicos, el fiscal respondió que, cuando fallan las armas de
fuego, las opiniones pueden derrocar a un sistema.
El proceso se celebró en julio. A trece de los acusados se
les condenó a muerte (a siete de ellos in absentia). Mohamed Hakiki
y otras 33 personas (13 de ellas in absentia) fueron condenadas
a cadena perpetua, y al resto se les impusieron penas de hasta 20
años de prisión. En Marruecos no existe la remisión por buena
conducta. Cumplirán la totalidad de las condenas.
Mohamed Hakiki y el resto de los condenados a penas de prisión
han realizado más de 20 huelgas de hambre como protesta por las
pésimas condiciones penitenciarias. Durante un tiempo estuvieron
en la prisión de Safi, situada tan lejos de sus hogares que sus
familiares no podían visitarlos con regularidad. Posteriormente
se les trasladó a la prisión de Casablanca. Mohamed Hakiki escribió
en 1993:
Un islamista no siempre es un terrorista, un extremista... Yo
defiendo mis principios, y los defenderé, sin utilizar
la fuerza o la violencia... A menudo paso horas
contemplando a través de los barrotes hombres, mujeres,
vacas, la naturaleza, el azul del mar. Es terrible privar
a una persona de su derecho a vivir en libertad; se trata,
en mi opinión, de la cumbre del sadismo...
Ocho personas del grupo quedaron en libertad tras cumplir
condenas de 10 años de prisión. Otra, como consecuencia de una
amnistía real. Mohamed Hakiki y otros 35 presos de conciencia
islamistas permanecen en la cárcel.
2) Habib LAKDOUR, estudiante que tomó parte en manifestaciones,
se encuentra en prisión desde hace 10 años; una huelga de hambre
de 58 días le provocó perturbaciones mentales.
Habib Lakdour fue detenido
con decenas de personas en enero
de 1984, cuando era estudiante,
después
de
las
huelgas
y
manifestaciones que se produjeron
a finales de diciembre de 1983 y
en enero de 1984 en Marrakech. Las
protestas
generalizadas
comenzaron entre los estudiantes
de las escuelas secundarias, a los
que se unieron los universitarios
y otros sectores de la población.
En varias ocasiones la policía
disolvió las manifestaciones. Se
16
detuvo a varios
personas.
centenares
de
En otras ciudades de Marruecos se produjeron disturbios
similares, así como enfrentamientos entre la policía y los
manifestantes. Según las estadísticas oficiales, 29 manifestantes
resultaron muertos y varios cientos heridos; se cree que las cifras
reales son mucho más elevadas. En un discurso emitido por televisión
el 22 de enero de 1984, el rey Hassan II atribuyó los disturbios
a la agitación de marxistas, jomeinistas y sionistas. Entre las
personas detenidas entonces figuraron también opositores y posibles
opositores del gobierno que, al parecer, no habían tomado parte
en las manifestaciones.
Habib Lakdour y otras 38 personas fueron procesadas en
Marrakech en mayo de 1984, tras pasar hasta dos meses en detención
secreta, tiempo durante el cual permanecieron con los ojos vendados,
les torturaron y les obligaron a firmar confesiones. Se les acusó
de conspiración para derrocar el sistema de gobierno, posesión de
panfletos amenazadores para el orden público y la seguridad interna,
participación en manifestaciones o incitación a ellas, ofensas a
la persona del rey y daños a propiedades públicas.
17
En el proceso se infringieron las normas internacionales para
un juicio con las debidas garantías. Los acusados manifestaron ante
el tribunal que las confesiones se habían obtenido mediante
torturas, pero el tribunal las aceptó como prueba principal y no
ordenó que se investigasen las denuncias de torturas. No se concedió
a los abogados defensores tiempo suficiente para preparar los casos.
A cuatro miembros del grupo se les condenó a 15 años de prisión;
a Habib Lakdour y otras dos personas se les impusieron penas de
12 años, entre nueve y 10 años y entre cuatro y ocho años,
respectivamente, y al resto, penas de entre uno y cinco años. Ocho
de ellos salieron en libertad como consecuencia de amnistías en
agosto de 1991 y otros al cumplirse sus condenas. Habib Lakdour
y otras tres personas continúan cumpliendo sentencias de hasta 15
años en la prisión de Marrakech.
Habib Lakdour está gravemente enfermo y necesita atención
médica. Su salud física y mental se vio fuertemente afectada por
una larga huelga de hambre que llevó a cabo en 1984 y que provocó
la muerte de dos de sus compañeros. Habib Lakdour entró en coma
el 58º día. En la actualidad está siendo tratado de una psicosis
y de manía persecutoria y depresión; muestra, asimismo un
comportamiento agresivo. Le han recetado fármacos antipsicóticos
y tranquilizantes, pero últimamente se niega a tomarlos. Durante
los últimos meses se le han presentado problemas musculares. Al
parecer únicamente recibe una visita de sus familiares al año, porque
son pobres y proceden de Tiznit, que dista unos 400 km. de la cárcel.
3) A Mohcen al KHATIB se le impuso una
pena de más de 20 años de prisión por
tomar parte en manifestaciones; antes
padeció torturas y fue sometido a un
juicio sin las debidas garantías.
Mohcen al Khatib, maestro de
escuela primaria de Larache nacido en
1957, era miembro activo del partido
socialista y del Sindicato Nacional de
Profesores (SNE). El 24 de enero de 1984
le interrumpieron durante una clase y
le pidieron que acudiera urgentemente
a la gendarmería. De allí le trasladaron
a la comisaría, donde durante tres días
le interrogaron sobre su presunta
participación en la organización de las
manifestaciones contra los altos precios
que tuvieron lugar en Tetuán en enero
de 1994.
Oi que decían mi nombre, entre otros; algunos los conocía. Me
hicieron ponerme de cara a la pared, con las manos
esposadas a la espalda; después me levantaron y sentí
como si me llevaran en volandas entre golpes que llovían
desde todas las direcciones. «Habla, cabrón. Lo sabemos
18
todo. Tus amigos han confesado.» Un objeto pesado me
golpeó en la cabeza y la rodilla, y sentí que estaba
mojado, de sangre o de agua. Me echaron por la cara algo
que olía a orina y me desmayé...
Mohcen al Khatib pasó 16 días detenido en régimen de garde
à vue en la comisaría de policía de Tetuán. Tras obligarle a firmar
un atestado mediante tortura, le condujeron ante el juez instructor,
donde protestó por su detención, prolongada ilegalmente, y las
torturas que le habían infligido, pero el juez hizo caso omiso de
sus denuncias. Le procesaron junto con cuatro estudiantes por
realizar actividades en el seno de organizaciones ilegales de
izquierdas y organizar en las escuelas de segunda enseñanza una
huelga cuyo presunto resultado habían sido manifestaciones y
agresiones contra la propiedad privada (Artículos 590 y 129 del
Código Penal). La policía rodeó el tribunal durante el juicio y
no se permitió la entrada al público, incluidos los familiares de
los acusados. Además, los policías que habían torturado a los
acusados en la comisaría los custodiaron ante el tribunal, generando
una atmósfera de terror. El tribunal aceptó sus confesiones como
prueba, aunque los acusados declararon que les habían sido
arrancadas mediante torturas. El tribunal tampoco hizo caso de las
pruebas de que se habían falsificado las fechas de las detenciones
y se negó a ordenar una investigación de las denuncias de torturas.
A los cinco acusados se les impusieron penas de 20 años de prisión.
Dos de ellos quedaron en libertad en agosto de 1991, tras cumplir
más de siete años de condena, como consecuencia de una amnistía.
Mohcen al Khatib, Taoufik Ziou Ziou y Omar Boudaoui continúan
cumpliendo sus sentencias en la prisión de Tánger.
4) Mohamed NACEREDDINE fue condenado a 12 años de prisión en 1986
por pertenecer a una organización ilegal.
Mohamed Nacereddine nació en Settat en 1955. Finalizó sus
estudios de ingeniería civil en 1979 y, antes de su detención,
ocurrida el 29 de octubre de 1985 trabajó en el Ministerio de Obras
Públicas. La primera vez que lo detuvieron, en 1975, sólo tenía
20 años y estuvo recluido sin juicio durante un año. Tras la detención
de octubre de 1985 lo condujeron a Derb Mulay Cherif, el mismo centro
de tortura donde había pasado anteriormente cinco meses. Le acusaron
de distribuir folletos de un grupo marxista ilegal, Ila al Amam
(Adelante), y le infligieron descargas eléctricas y la tortura
denominada «el avión» (tayyara), consistente en colgar a la víctima,
con las manos atadas a la espalda y los pies amarrados también,
de una barra, suspendida, por lo general, entre dos caballetes,
y, una vez así, golpearla. Tras las torturas, firmó una confesión
cuyo contenido no pudo leer. Entre las 50 personas detenidas con
él figuraba su prometida, Nezha al Bernoussi. En febrero de 1986,
Mohamed Nacereddine fue procesado en Casablanca junto con otras
26 personas por conspiración contra la seguridad del Estado,
pertenencia a una organización ilegal y distribución de folletos
no autorizados. Fue condenado a 12 años de prisión; a su prometida
se le impuso una pena de seis años de cárcel. Aunque todos los
acusados se retractaron de sus confesiones ante el tribunal y
declararon que las habían efectuado bajo tortura, y aunque no se
presentó una sola prueba ─ni siquiera un folleto─, todos los
19
acusados, excepto uno, fueron condenados a penas de entre uno y
20 años de cárcel.
El juez pasó por alto la reclusión ilegal en régimen de
incomunicación y se negó a que se efectuasen reconocimientos médicos
para investigar las denuncias de torturas.
No se concedió a los acusados derecho a apelar; únicamente
pudieron solicitar ante el Tribunal Supremo la revisión del proceso
mediante un procedimiento de casación, que únicamente tiene en
cuenta los procedimientos y no los hechos.
Los miembros del grupo (denominado, a menudo, «Grupo de los
26») efectuaron hasta 1993 muchas huelgas de hambre para obtener
mejores condiciones penitenciarias y el derecho a estar juntos.
Como muchos presos políticos marroquíes, Mohamed Nacereddine
realizó estudios universitarios en prisión y se licenció en
Economía. Su prometida, Nezha, estudió la misma carrera y cada año,
cuando se examinaban juntos, podían hablar durante algunos minutos.
En 1990 se concedió a Nacereddine permiso para casarse con ella.
En una carta enviada desde prisión en 1987, Mohamed Nacereddine
habla de la vida en prisión y de la tortura y la muerte en Derb
Moulay Cherif de su amigo Amine Tahani, detenido al mismo tiempo
que él:
A principios de este mes los musulmanes celebran Aid El Moulid,
el cumpleaños del profeta Mahoma... La prisión no podía
impedirnos que celebráramos ese día. Transformamos,
entonces, nuestras húmedas celdas para la fiesta. Tomamos
té y leche y repartimos pasteles a los presos comunes
de las celdas vecinas.
Celebramos el 5 de noviembre, Aid El Moulid. Pero, para
nosotros, el seis de noviembre era el día para recordar
nuestra lealtad a nuestros principios y comunicar a
quienes nos prohibían que respirásemos el aire de nuestro
país que la prisión no nos «corregiría». Ese día
conmemoramos el segundo aniversario de la muerte de
nuestro camarada Tahani Amine, que falleció la noche del
5 al 6 de noviembre de 1985 como consecuencia de las
torturas que le infligieron unos agentes de policía.
Tahani, gran amigo y camarada mío, era ingeniero en una
refinería de petróleo; su esposa, Maryam, también era
ingeniero, y su hijo, Aymane, tiene ahora dos años.
Algunos de los 26, incluida Nezha Bernoussi, quedaron en
libertad tras cumplir condena, y otros salieron con las amnistías
de 1989 y 1991. Mohamed Nacereddine y otras 11 personas continúan
cumpliendo penas de hasta 20 años de cárcel en la prisión de Oukacha,
Casablanca.
5) Mohamed Amin AL GHALBOUZOURI, condenado a 10 años de prisión
por complicidad con un movimiento político ilegal.
A Mohamed Amin Al Ghalbouzouri lo detivieron cerca de su casa
20
de Tetuán el 10 de abril de 1987, nueve días después de su
vigésimotercer cumpleaños. Acababa de regresar de España y pensaba
volver a Europa a estudiar música.
Estuvo incomunicado durante 19 días en la comisaría de policía
de Tetuán y en el centro de detención secreto de Derb Moulay Cherif
junto con otras cuatro personas detenidas unos días antes. Todos
afirmaron que los habían torturado y obligado a firmar atestados.
El 29 de abril comparecieron ante un juez de instrucción y se les
trasladó a prisión a la espera del juicio. Durante ese tiempo, la
prensa de oposición marroquí publicó sus declaraciones e hizo un
llamamiento al ministro de Justicia, protestando por las torturas
que habían sufrido bajo custodia policial e instando a que se les
procesara inmediatamente o se les pusiera en libertad.
El juicio se celebró en diciembre de 1987. Entre los procesados
con él figuró Mustapha Bouzinab, conocido suyo desde la infancia
y miembro activo del movimiento ilegal Ila al Amam (Adelante), al
igual que el hermano de Mohamed Amin Al Ghalbouzouri. Mustapha
Bouzinab fue acusado de atentar contra la seguridad interna del
Estado (en aplicación del Artículo 201 del Código Penal) y de
conspirar contra el Estado (Artículos 174 y 175 del Código Penal),
y condenado a 12 años de prisión. A Mohamed Amin Al Ghalbouzouri
le acusaron de complicidad en dichos cargos, según establece el
Artículo 129 del Código Penal, que estipula que la complicidad en
un delito es punible con la misma pena que el delito, y le condenaron
a 10 años de prisión. Otro acusado fue condenado a dos años de cárcel,
y dos fueron absueltos.
Las únicas pruebas existentes contra los acusados eran los
atestados que les obligaron a firmar bajo tortura. A Mustapha
Bouzinab le acusaron de pertenecer a Ila al Amam, leer las
públicaciones de la organización y otros estudios sobre la situación
económica y política de Marruecos y discutir las teorías
marxista-leninistas en reuniones con otras personas, y de planear
la creación de una célula de Ila al Amam en Tetuán. A Mohamed Amin
Al Ghalbouzouri, que le conocía desde la infancia, le acusaron de
conocer las actividades de la célula de Tetúan de Ila al Amam,
albergar a dos de sus activistas que escaparon a Ceuta y haber estado
a punto de incorporarse a la célula, puesto que conocía y compartía
los objetivos de la organización.
Después de su detención, Mohamed Amin Al Ghalbouzouri tuvo
que renunciar a su proyecto de ir a Europa a estudiar música y estudia
Derecho y Economía desde prisión, pero mantiene su interés por la
música. En una carta que envió a unos amigos en 1991 habló de su
detención e interrogatorio:
Muchas preguntas, nombres que nunca había oído. Según mi atestado,
soy activista de Ila al Amam... proyectos y acciones que
nunca llevé a cabo, y por los que me han condenado a 10
años de prisión; es una locura... Tengo 27 años, he
perdido algunos dientes, y estoy perdiendo pelo, encanto,
vitalidad, y los mejores años de mi vida, mi juventud,
mis veinte años... Deseo estudiar música, pero no puedo
pagar las cintas, los instrumentos y los libros... Mis
21
sueños se desmoronan sobre mí sin que yo pueda hacer nada.
Qué doloroso resulta convivir, a un tiempo, con la
injusticia,
la
indiferencia
y
las
necesidades
insatisfechas.
Siete años después de su detención, Mohamed Amin Al
Ghalbouzouri y Mustapha Bouzinab siguen cumpliendo condena en la
prisión de Tánger.
6) Abdessalem YASSINE se encuentra bajo arresto domiciliario, sin
cargos ni juicio, desde 1990.
Abdessalem Yassine es el líder espiritual de una asociación
islámica, al Adl wal Ihsan (Justicia y Caridad). Privada del derecho
a existir como partido político, la organización se ha constituido
en asociación de caridad y sus miembros sufren frecuentes
persecuciones. El objetivo de la organización es islamizar a la
sociedad moderna en lugar de modernizar el Islam. Abdessalem Yassine
declaró en 1989:
Somos contrarios a cualquier tipo de violencia. Se trata de un
principio básico... Nos basamos en la elección del
pueblo. Nuestra ambición es llegar al poder por consenso
popular.
En 1989 y 1990, la policía detuvo a decenas de miembros de
Justicia y Caridad. Algunos quedaron libres tras ser interrogados,
pero a varios se les acusó de establecer una organización ilegal
y se les procesó. El 13 de enero de 1990 cinco miembros del órgano
directivo de la asociación fueron detenidos delante de la casa de
Abdessalem Yassine, en Sale, y él mismo quedó confinado en su
domicilio, situación en la que permanece desde entonces. La mayor
parte del tiempo ni siquiera le permiten que le visite su hija.
En 1993 se autorizó a su abogado a visitarle, pero otros dos
dirigentes de Justicia y Paz que intentaron verle en agosto
resultaron detenidos durante un breve periodo.
7) Mohamed AZIZI fue condenado a cinco años de prisión en 1991 por
una caricatura que no dibujó.
Mohamed Azizi, un profesor de dibujo de 43 años y presidente
de una asociación de pintores de El Jadida, fue detenido en octubre
de 1991 acusado de dibujar, reproducir y enviar a las autoridades
locales una caricatura del rey. El tribunal de primera instancia
de El Jadida le procesó y le condenó en octubre de 1991, en aplicación
del Artículo 179 del Código Penal. También le acusaron de estar
en posesión de material obsceno en su domicilio y de consumo de
drogas, pero no se presentaron pruebas que corroborararan estos
cargos. Se le impuso la pena máxima de cinco años de prisión, según
lo estipulado en el Artículo 179, y se le desterró de El Jadida
durante otros cinco años.
Parece ser que la acusación de que Mohamed Azizi había dibujado
una caricatura obscena se basaba únicamente en el hecho de que era
profesor de dibjo y el único pintor de la zona. El atestado de Mohamed
Azizi, un calígrafo, aparece firmado con la huella digital del
22
pulgar, y él afirma que le obligaron a hacerlo mediante torturas.
Aunque, según las leyes marroquíes, no puede aceptarse una huella
digital como firma de una persona que sepa escribir, la «confesión»
del atestado de Mohamed Azizi se aceptó como prueba. El juez se
negó a ordenar un reconocimiento médico y que se investigasen las
denunciar de torturas, aunque eran visibles sus señales. El tribunal
ordenó un estudio grafológico, pero hizo caso omiso de los
resultados, según los cuales Mohamed Azizi no podía ser el autor
de los dibujos.
Antes de la conclusión del juicio se detuvo al verdadero autor
de las caricaturas. No obstante, Mohamed Azizi fue condenado el
21 de octubre de 1991 a cinco años de prisión. El mismo tribunal
de El Jadida procesó después por los mismos cargos a El Hadi Quezzi,
autor confeso de las caricaturas, y le condenó a cinco años de
prisión. A la mujer que había fotocopiado la caricatura en la
librería donde trabajaba, y que aportó la información que ayudó
a la policía a encontrar al verdadero autor, se le impuso también
una pena de dos años de prisión.
El 4 de noviembre de 1991, el Tribunal de Apelación confirmó
las condenas y las penas impuestas a los tres acusados. Mohamed
Azizi y El Hadi Quezzi continúan recluidos en El Jadida.
8) Ahmed BELAICHI fue condenado a tres años de prisión tras
participar en un debate televisivo sobre la emigración ilegal.
Ahmed Belaichi, de 35 años, director de la oficina de El Hoceima
de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, es maestro. Tras
ser condenado a dos años de prisión en 1987 por delitos contra la
seguridad del Estado no pudo volver a su antiguo trabajo y se empleó
como maestro en un jardín de infancia privado.
La Asociación Marroquí de Derechos Humanos publicó en agosto
de 1992 las declaraciones de cuatro personas que sobrevivieron a
un accidente de barco en el que murieron otras 20 personas durante
una travesía ilegal hacia España. En noviembre de ese año, Ahmed
Belaichi participó en un debate en el canal de televisión
independiente del país. Durante el programa, Ahmed Belaichi declaró
que Marruecos se había convertido en «el guardián de Europa
Occidental» y manifestó su preocupación por la «militarización del
norte de Marruecos» en el contexto del acuerdo firmado por Marruecos
y España en 1992 que estipula una mayor vigilancia de las fronteras
para impedir la entrada ilegal de marroquíes y otros africanos en
este último país. Lo detuvieron a las 10 de la noche del 20 de
noviembre de 1992 en su domicilio de El Hoceima; registraron su
casa y confiscaron sus libros y los manuscritos de sus poemas.
Ahmed Belaichi fue procesado en Casablanca en enero de 1993,
acusado de ofender a la institución del ejército, en aplicación
de los Artículos 263 y 265 del Código Penal, y de difundir información
encaminada a socavar la moral del ejército, en virtud de los
Artículos 43 y 45 del Código de Prensa. El 4 de enero de 1993 le
condenaron a tres años de prisión y 1.000 dirhams de multa, y se
le denegó la libertad bajo fianza mientras esperaba el resultado
de la apelación. El Tribunal de Apelación confirmó la sentencia
23
en marzo y se encuentra recluido en la prisión de Oukacha,
Casablanca.
Ahmed Belaichi (tras los barrotes) durante una visita que recibió en la prisión.
Prisión política tras juicios injustos
En las listas de Amnistía Internacional, además de más de 100
presos de conciencia, figuran cientos de presos políticos condenados
en juicios sin las debidas garantías. Algunos ─incluidos muchos
detenidos durante las manifestaciones generalizadas de 1981, 1984
y 1990─ podrían ser presos de conciencia; la organización no ha
podido comprobar si estas personas realizaron los actos de que se
les acusa. Pero, prácticamente sin excepción, incluso en los casos
de los que emplearon la violencia o la propugnaron, se les condenó
en juicios flagrantemente injustos. Los tres presos que figuran
a continuación tenían 19 años cuando les condenaron a penas de entre
15 y 20 años de prisión en juicios sin las debidas garantías por
su presunta participación en manifestaciones violentas:

A Azzeddine FAKKI, nacido en 1962, le detuvieron en Casablanca
durante la huelga general de 1981 cuando los enfrentamientos entre
la policía y los manifestantes provocaron cientos de muertos,
heridos y detenidos en Casablanca. Más de 12 años después, ocho
manifestantes siguen en prisión; a tres les condenaron a 20 años
de cárcel; a Azzedine Fakki y a otros cinco se les impusieron penas
de cinco años de prisión.

Abdellatif BENAZZOUZ, nacido en 1965, procede de una familia
pobre del norte del país. Las manifestaciones de 1984 contra los
aumentos de precios que tuvieron lugar en la principal localidad
de la provincia, El Hoceima, se difundieron, dos días después, a
la pequeña ciudad de Temassint, situada a 36 kilómetros, donde la
mayoría de los jóvenes eran obreros, pequeños comerciantes y
24
desempleados. Durante la manifestación acudieron los gendarmes,
armados de ametralladoras; los manifestantes reaccionaron
arrojándoles piedras. Hubo disparos, y varias personas, cuyo número
se desconcoe, resultaron muertas o heridas; las demás huyeron. Al
día siguiente detuvieron a un grupo de jóvenes de la ciudad, a los
que, al parecer, golpearon y posteriormente procesaron. En El
Hoceima, los profesores y compañeros de los detenidos emprendieron
una huelga en favor de los estudiantes detenidos y todos, excepto
cuatro, quedaron en libertad. Pero, entre los miles de detenciones
que se practicaron en casi todas las principales ciudades, la
detención y el posterior procesamiento a puerta cerrada de unos
jóvenes desempleados de Temassint prácticamente no llamó la
atención. A 24 detenidos se les impusieron penas de entre cuatro
meses y 20 años de prisión. Más de 10 años después de la
manifestación, seis de ellos, condenados a 15 años de cárcel
─incluido Abdellatif Benazzouz─ siguen recluidos en la Prisión
Central de Tánger.

Keltoum Lounat Ahmed LABEID trabajaba como secretaria cuando
los saharuis de Smara empezaron a manifestarse en favor de la
autonomía del Sahara, en septiembre de 1992. Decenas de
manifestantes fueron detenidos y, según informes, a algunos los
torturaron y recluyeron ilegalmente en régimen de incomunicación
durante periodos prolongados. Siete jóvenes fueron procesados en
julio de 1993, uno de ellos in absentia, en dos procesos celebrados
ante el Tribunal Militar de Rabat, por «atentar contra la seguridad
externa del Estado». A Keltoum Lounat la juzgaron junto con otras
tres personas por estar en posesión de banderas del Frente Polisario
y latas de gasolina, y por prenderle fuego a unos coches. Otro acusado
y ella rechazaron los cargos; los otros dos los admitieron. El juicio
se celebró a puerta cerrada, a pesar de las protestas del abogado
defensor. El juez demostró su antagonismo durante todo el proceso,
ordenando a los acusados que no efectuaran declaraciones políticas
y se limitaran a responder «sí» y «no», aunque permitió al fiscal
que pronunciara un largo discurso político. Los siete jóvenes fueron
condenados a 20 años de prisión. Las autoridades marroquíes han
declarado que se encuentran en la prisión de Agadir, pero, según
algunos informes, podrían estar recluidos en otro sitio.
Descargar