COMENTARIO A LA CONFERENCIA DE ADOLFO LIZON

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UNIDAD DIDÁCTICA:
COMENTARIO A UNA CONFERENCIA DE D.ADOLFO LIZON
- Publicación de la unidad: Curso 2011-2012
- Nivel al que se dirige: 2º de Bachillerato
- Elaboración de la unidad:
Margarita Méndez Martínez, Departamento de Lengua y Literatura
El 19 de febrero de 1945, en el programa
titulado Media Hora Española que emitía
la Emisora Nacional Portuguesa y estaba
organizado por el Instituto Español de
Lisboa, Adolfo Lizón, profesor en aquel
entonces del Instituto lee su conferencia
sobre la figura de Gabriel Miró. El título
era: Gabriel Miró: paisajes de un alma. El
texto se encuentra dentro del archivo
histórico del Instituto. Adjunta puedes ver
la imagen escaneada de su primera página.
A continuación transcribimos íntegro su
contenido.
Ad
GABRIEL MIRÓ: PAISAJES DE UN ALMA
Muchas veces cruzando el Tajo camino de Barreiro con el alma bañándose en las
aguas, acodado en la borda de esos barquitos de emigrantes que enfilan a Cacilhas, desde el
castillo que empenachando a Setubal domina su mágica bahía, creí sentir junto a mí, en la
sombra, la melancólica silueta de un caballero español y levantino, artista de la prosa, que se
llama Gabriel Miró. Para él hubiera sido el mejor regalo del cielo conocer este Portugal donde el
viajero navega siempre, siempre, aunque vaya tierra adentro, aunque deje muy tras de si la
espuma y la arena y el confín nuboso. Y este vermut lírico, ilusión de aventura marina que es
tomar en el primer escalón de Lisboa un barquito de los que cruzan el Tajo, habría abierto en el
alma de Gabriel Miró paisajes inéditos. Pero no fue así. Y Portugal parió una gota más en la
fuente perenne de su melancolía. La comprensión habría dado el cariño. Y la comprensión ya
estaba allí en germen en un mismo gesto del alma de Miró y del alma portuguesa: La nostalgia
del pasado, de un pasado más glorioso y ardiente, hacia el que se anda por el camino del mar.
Ningún otro escritor español del siglo sintió hacia el mar un cariño tan tenaz, una ilusión
tan perenne, El mar es tema de muchas páginas mironianas y su nostalgia el pan de muchas
horas de Gabriel Miró. Nacido bajo el signo de la ola, a tres pasos y medio del mar, junto a un
malecón alicantino donde las palmeras doradas y sonoras, los mástiles carcomidos de las viejas
lanchas y el aire denso de aromas y zumbidos aún os hablan de él si tenéis la precaución de
pararos y aguzar el oído, quiso al mar con amorío de adolescente. Yo creo que alguna vez
pasearon muy juntos a la caída de la tarde, que a veces tuvieron una ligera riña de enamorados
y luego por la noche, entre dos sueños se zanjó la cuestión entre el eco lejano de la ola en la
playa y el leve parpadeo de unos ojos somnolientos húmedos de luna.
En Gabriel Miró el mar es, primero de todo, abstracción, ensueño, quimera; sirena sin
secreto que hay que aceptar como si en realidad toda ella fuese misterio, confidencia, acento
espectral, cosa de magia. Y de él le atraen tanto como los caminos de la divagación los barcos y
sus hombres y sus historias; algo vivo y existente con lo que quiere atar la imaginación.
“ Casi siempre iba por los muelles – dice Gabriel Miró de Sigüenza, es decir, de sí
mismo, en una de sus primeras obras – Parábase delante de los barcos de vela, de los viejos
vapores, y toda su ánima quedaba colgada de las palabras de los hombres extranjeros. (…)
En los costados de aquellas naves se leían nombres que evocaban lo lejano y legendario. Un
bergantín se llamaba Alba; había venido de Génova cargado de macizos de mármol; los tocó;
parecía que temblaban en lo más profundo de su blancura guardando ya el latido de la vida y de
la forma. Otro, llamado Castor, traía tablones, y aún troncos enteros de pinos, de robles, de
caobas; todo el barco exhalaba un olor generosos de bosque. Una polacra de Malta llevaba un
rótulo azul que decía: Siracusa. Después estaban los vapores, negros, grises, remendados de
rojo; de chimeneas flacas, rollizas, rectas austeras, o inclinadas altivamente hacia atrás; las
chimeneas daban a todo el buque la nota, la expresión fisonómica, como la nariz a nosotros. (…)
Sigüenza no pudo viajar; pero el prurito viajero, el ansia de la lejanía continuaba llevándole a las
orillas de los muelles. Amaba el silencio de algunos barcos que semejaban abandonados; oía
conmovido el gemir de las planchas de los pasadizos; miraba el cordaje de los veleros, que en
medio del mar sonaría como una lira inmensa. Se imaginó pasando por el horizonte, bajo las
blancas alas de las velas, envuelto en las gozosas claridades contempladas desde sus balcones.
¡Oh, hasta veía lejos otros barcos, y entonces apetecía ir donde no iba! (…)
Y una tarde de domingo, tarde de silencio en el puerto, alejóse Sigüenza por el más solitario de
los pretiles. ”
El mar de Gabriel Miró tiene orillas, limitación y número. Es camino de culturas, espejo
de los hombres, pero sobre todo claridad. Para Gabriel Miró el mar no es rumbo y aventura
temerosa. Es serenidad, sol poniente reflejándose en la palidez arcaica de las aguas, rumor leve
de la ola que agoniza cerca del alto navío en cuya proa unos hombres fuman pipas olorosas
mientras cuentan historias de países lontanos. Su mar es el de los hombres y se llama
Mediterráneo. Rubríquelo si no su propio decir:
“ Yo no sabía nada del Ifach. Lo veía salir del mar cuando yo iba, hace muchos años, a
Valencia y Barcelona en uno de esos vapores costaneros, gordos, alterosos, cuarentones, de
comidas familiares presididas por un capitán velludo, siempre de boina y bufanda, malhumorado
y bueno. - Algunas veces hubiese querido ser sobrino de ese hombre.- Me sentaba en las
maromas mojadas de sal y de cielo. Tenía conciencia de mi emoción, sin atribuirle a esa felicidad
de sentirme a mí mismo ninguna categoría lírica; toda se guardaba en la delicia de mis ojos y de
alguna palabra derretida en mi paladar y en mi lengua; quizá por la palabra se me diese la
plenitud de la contemplación. Este mar viejo, - para mí tan recién creado siempre -, mar de
inocentes blancuras de barcas, tan de niños y cuentos, no por ámbitos de bellezas mitológicas ni
por concepciones humanísticas, sino por fondo radiante de mi niñez silenciosa; este mar no está
hecho sólo de agua, de rumbos, de distancias náuticas, sino, a la vez,
de pueblos, de paisajes, de gentes de la orilla. Mar humano. El idioma
de los marineros tiene sabores agrarios. Sus soledades no son las
oceánicas, aguas y cielos de eternidad, de segundo día bíblico;
soledades sin concepto de nosotros. La soledad mediterránea es la
nuestra, la del hombre, relacionada con nosotros, con los barcos que
se llegan frente a la costa y saludan su casa; faros nítidos como
heredades que se internan a vigilar las aguas y proyectan sensación
de familia. Gentes de todos los tiempos que han arado la besana azul;
soledades llenas del pensamiento de nuestra vida…
Gabriel Miró
Alicante1879 - Madrid1930
Otro paisaje del alma de Gabriel Miró es la muerte. Lo mismo que a Unamuno, a Miró le
preocupa la ida de la muerte, que en Libro de Sigüenza le inquieta más que cualquier otro. Pero
casi siempre tema acusar su presencia que, sin embargo, informa la vida toda y no acepta la
teoría de Scheler: “Aunque fuese el único ser viviente sobre la tierra un hombre sabría, de una u
otra forma, que la muerte va a alcanzarle; lo sabría, aunque jamás hubiese visto otros seres
vivientes sometidos a aquella modificación que conduce a la aparición del cadáver”.
Las mejores páginas de Miró se dan cuando no se entrega al estilo. Y no podemos
perder de vista qué estilo es lo opuesto a intensidad. Por esta razón no puede hablarse del estilo
en Unamuno. Porque Unamuno,y con razón, ha entendido por estilo la más alta jerarquía
literaria; la voz recia y sentida del hombre. Unamuno es tan denso como hondo, y si a la gente le
parece monótono, no lo es; lo que sucede es que en él, en ocasiones, los sentimientos están
como en materia prima, es decir, sin elaborar delicadamente, sin decoración ornamental –por
fortuna para él y para nosotros.
Continuando las líneas citadas, asegura Scheler que el hombre actual no se plantea el
problema de la muerte, camino que nos conduciría a desentrañar la concepción ideológica de
nuestro tiempo. Miró tampoco quiere abordar la temerosa incógnita. Ante la muerte adopta una
más cómoda actitud, que explica su mundo interno. Ante la muerte él adopta como lema aquel
razonamiento de Pródico y Epicuro: “¿Por qué he de temer la muerte? Mientras yo exista, la
muerte no existe, y cuando la muerte existe, yo no”. Pero , sin embargo, Miró es también un
escritor de la raza. A lo largo de su obra camina la sombra de Don Quijote, a través de quien
Miró, como Flaubert, ve los caminos de España. Lástima que tenga una tan triste imagen del
mundo y de las cosas. Porque Miró deja en el lector el perfume de una dulce tristeza, pero
tristeza al fin. Tristeza que parte de un temor instintivo a lo desconocido, al que alude diciendo
“que el hombre depende de un hecho que no se halla en su voluntad”. No se puede , por tanto,
conociendo esta forma del pensar de Miró, hablar de su supuesto panteísmo franciscanista en
Miró más que observándole superficialmente.
Cuando Miró siente el temor a la muerte, ésta en él, como en Unamuno, él hombre le
potencia. Lo lamentable es cuando se niega a sentir su preocupación y huye a engolfarse en el
remanso de la palabra. Rainer María Rilke, hablando de la muerte, tiene unas palabras que
parecen impregnadas del sentimiento trágico de nuestra raza y que podrían muy bien haberlas
dicho cualquiera de los dos hombres de que hablamos: “Señor da a cada uno su propia muerte,
el morir que brota de su vida, para que tenga amor, sentido y urgencia. Porque somos nosotros
la corteza y la hoja. La gran muerte que lleva cada uno en sí es el fruto en torno al cual gira todo.
Porque lo que hace extraño el morir es que no es nuestra muerte; una muerte que nos arrebata
por fin, sólo porque no hemos madurado muerte ninguna en nosotros; por esto viene una
tormenta para despojarnos de todo”.
A Miró, por la razón transcrita, quizá le falta la unidad funcional que es la vida; quizá le
falta arrogancia ante el propio destino. Y de aquí que en su obra no haya una sola gota de
alegría. Porque la alegría también canta y brinca en el alma del hombre, como en el mar a la
tempestad sucede, por pura necesidad, la calma. Miró tiene casi siempre a la vista la
voluptuosidad sexual a lo Walter Pater. Y esto le hace olvidarse de muchas cosas que son
fundamentales en la vida y que un novelista, que se precie de serlo, no puede mirar con
indiferencia. El arte de Miró surge de un alma en estado de vivencia estética. Del ritmo de su
alma nace el ritmo, casi musical, de su prosa.
Es posible que Gabriel Miró no cale demasiado hondo en el alma de sus personajes, que
tenga excesivo ritmo de tempo lento, que en su retina las visiones estén entonadas por la
tristeza. Pero no se pueden negar sus valores. Su pluma, quizá demasiado detallista, hace sentir
la luz, el olor, las cosas, los paisajes, y habla siempre a los sentidos con una admirable
fragancia; pese a su lentitud, lo convierte todo no sólo en algo que se toca y huele, sino en
motivos y matices orquestales, en variaciones sinfónicas de gran fuerza expresiva, de innegable
belleza. Si hay en Gabriel Miró demasiado dominio y preocupación estilística, en ese campo es
insuperable.
La mirada glauca y serena de Miró –dice Unamuno- ilumina cuanto mira y en una luz
difusa, como en una neblina de lumbre plenilunar… ¡Luna y fragancia! No sé si alguna vez Miró,
que olía a tantas cosas –a padre, a noche, a tarde, a mujer- no olió también a luna. Eso fue
Miró: noche, olor, fragancia; algo muy dulce, que, cuando queremos perennizarlo, huye de entre
las manos. Y eso fue también su arte, paisajes del alma hechos sonrisa fugitiva, humana
melancolía que dejó tras de sí en sus obras, una límpida, lánguida lágrima.
ANÁLISIS DEL CONTENIDO
En esta conferencia Lizón reflexiona sobre Miró como escritor y como hombre. En la
primera parte, que comprende el primer párrafo, de una manera personal, sentimental e
imaginativa Lizón consigue acercar la figura de Miró a la ciudad de Lisboa. Son unas
líneas llenas de subjetividad, de lirismo, donde un alicantino como Lizón nos hace sentir
a sus lectores hoy y, oyentes en aquel momento, la impresión que experimentó muchas
veces, mientras cruzaba el Tajo, al notar a su lado la presencia del escritor del que
afirma que le hubiese gustado haber viajado a Lisboa.
A partir de ahí comienza el cuerpo de la exposición que a su vez se estructura en dos
partes: una primera gira en torno al mar como elemento vivencial y vertebrador de la
obra de Miró y una segunda parte sobre la muerte como elemento paisajístico del alma
del narrador.
Es un texto humanístico que utiliza la modalidad expositiva-argumentativa en el que se
utiliza un registro culto impregnado de recursos poético-literarios. El emisor (Lizón) se
dirige a unos oyentes ubicados en Lisboa e inicia su exposición, como hemos dicho
antes, con un acercamiento sentimental a la figura literaria sobre la que va a reflexionar.
En el primer párrafo se citan lugares concretos del entorno lisboeta: Tajo. Barreiros,
Portugal, Cacillas, los escalones que bajan al Tajo, el castillo… con objeto de agarrar
sentimentalmente a sus oyentes para después pasar a caracterizar a Miró. Ya en esta
introducción Lizón expone algunas ideas que irá desarrollando.
En un primer momento solo señala su origen levantino y español y además, nos dice
que se trata de un artista de prosa. Es necesario reflexionar sobre esta caracterización.
Miró había nacido en Alicante y por tanto era levantino pero no parece tan necesario
haber señalado que también era español. Sin embargo, Lizón lo hace para marcar esta
doble naturaleza que había señalado como determinante la generación del 98
(Unamuno, Baroja, Machado, Azorín) y que también había asumido la generación
del 14 o novecentista a la que pertenece Miró.
La segunda referencia es su clasificación como escritor. No lo presenta ni como poeta,
ni como dramaturgo, ni como novelista. Simplemente nos dice que es un artista de
prosa. Este aspecto volverá a ser tratado al final de la exposición. Continúa con un
planteamiento hipotético y subjetivo que podríamos sintetizar así: A Miró le hubiese
gustado conocer Portugal, tierra de navegantes, donde los viajeros que la visitan se
contaminan de esa esencia. El no haber conocido Portugal contribuyó de algún modo a
aumentar la melancolía que caracteriza al autor y a su obra.. Aventura que Miró hubiese
comprendido muy bien el alma portuguesa pues comparte rasgos con su propia alma.
Ambas añoran un pasado más glorioso. Y, en este punto, de nuevo encontramos ecos
noventayochistas.
A partir del segundo párrafo se adentra en uno de los paisajes o ejes temáticos de la obra
de Miro: el mar. Debemos distinguir los párrafos en boca de Lizón y los fragmentos
extraídos del la obra mironiana Libro de Sigüenza que cita el conferenciante para
justificar sus afirmaciones. Lizón resalta la importancia del mar para Miró. Añade que
le interesa el mar en sus aspectos concretos de barcos, hombres e historias y como
fuente de imaginación y ensueño. Continúa delimitando ese mar mironiano a través de
otras características como camino de hombres y culturas, serenidad, claridad para poner
fin diciéndonos que el mar de Miró es el mar Mediterráneo. Termina estas
consideraciones sobre el mar con unas líneas (en cuya proa unos hombres fuman pipas
mientras cuentan historias de países lontanos) que recuerdan algunos versos del poema
Sinfonía en gris mayor de Rubén Darío (Sentado en un cable, fumando su pipa, está un
marinero pensando en las playas, de un vago, lejano, brumoso país).
Intercaladas entre las reflexiones antes señaladas encontramos las palabras del propio
Miró. Miró se desdobla en Sigüenza y muestra la emoción del joven cuando paseando
por el muelle contemplaba los barcos de vela, los viejos vapores, las voces de hombres
extranjeros… y todo ello contribuía a un deseo de viajar que no pudo cumplir. En un
segundo momento Miró reflexiona sobre la singularidad de su mar, del Mediterráneo, y
señala como el rasgo especial, su humanidad que le viene de los habitantes, de los
pueblos que lo habitan en sus orillas.
En la segunda parte Lizón señala un segundo elemento paisajístico de Miró: la muerte.
Según Lizón a Miró le preocupa la muerte pero siente temor de abordar abiertamente su
existencia. El profesor Lizón plantea, en este punto, como Miró mantiene una distancia
total frente a la teoría de Scheler que considera inevitable la certeza de la muerte y
contrasta con la postura mironiana y de sus contemporáneos de no abordar la cuestión.
Otro rasgo que el conferenciante cita de Miró es lo que llama escritor de la raza. Miró
como lo hicieron previamente Unamuno y Azorín considera a D. Quijote uno de los
identificadores del alma española. Continúa enumerando otros rasgos de su obra como
la tristeza, ausencia de alegría, voluptuosidad sexual. Como rasgo negativo se señala la
poca profundidad de los personajes, el excesivo ritmo de tempo lento, el ser demasiado
detallista pero por encima de todo Miró posee un dominio estilístico insuperable.
ANÁLISIS LINGÜÍSTICO.
En primer lugar pasemos a ver el texto como acto comunicativo. El emisor es Adolfo
Lizón. Nació en Orihuela, Alicante, en 1919. Doctor en Filosofía y Letras, periodista y
profesor universitario. Autor de novelas caracterizadas por las notas eróticas y el
pesimismo existencial. También fue autor de numerosos ensayos, libros de poemas y
biografías. Como crítico literario ha utilizado en ocasiones el seudónimo de Juliano de
Gades. Se dirige a unos destinatarios que son unos oyentes-lectores cultos y
heterogéneos de los medios de comunicación. El autor aparece en la primera persona
(creí, junto a mí, yo creo) Hay también una referencia a los destinatarios (os hablan de
él, si tenéis la precaución).
La finalidad primordial del texto es difundir, dar a conocer una de las figuras de la
literatura española y cumplir así con uno de los objetivos de la política educativa y
cultural de España en el exterior. Debemos señalar también la importancia que tiene en
este acto comunicativo la redundancia: mar, muerte, nostalgia…se repiten como
elementos de cohesión del texto. La función del lenguaje predominante es la
representativa o referencial puesto que el profesor pretende informar objetivamente
sobre un autor; sin embargo, también están presentes la función expresiva a través de la
manifestación de ideas y opiniones subjetivas, la función apelativa pues orienta la
opinión y la poética o estética en cuanto que hay un cuidado de la forma, de la
expresión.
En el plano fonético- fonológico, tras la lectura del texto y, a pesar de que la línea de
entonación dominante es la enunciativa como corresponde a la función referencial que
domina, percibimos una musicalidad en la prosa que nos acerca a la musicalidad de la
prosa modernista y de la prosa mironiana. Lizón lo consigue a través de la utilización de
algunos recursos: la aliteración de vocales abiertas repetición de grupos consonánticos
formados por bilabiales oclusivas más una líquida (mágica bahía, neblina de lumbre
plenilunar); la utilización de rimas internas o similicadencias (cruzando, bañando,
empenachando); el uso de muchas palabras esdrújulas (mágica, melancólica, ánima,
incógnita, cómoda, lástima y las tres últimas palabras con las que termina la
conferencia: límpida, lánguida, lágrima que nos recuerdan a Rubén Darío en Prosas
Profanas). También contribuyen al ritmo los numerosos paralelismos y reduplicaciones
De igual modo recurre a estructuras bimembres y anteposición de adjetivos
(melancólica silueta, mágica bahía), Además, dado que las pausas están bastante
espaciadas consigue un ritmo lento y solemne.
En el plano morfosintáctico llama nuestra atención la abundancia de sustantivos, una
gran mayoría concretos y algunos abstractos. Muchos sustantivos se agrupan en series
de dos, tres o cuatro miembros marcando en esos casos un fuerte estilo nominal. Así:
(abstracción, ensueño, quimera, sirena; misterio, confidencia, acento, cosa de magia;
orillas, limitaciones, número; camino, espejo claridad; serenidad, sol poniente, rumbo).
Estas agrupaciones contribuyen al ritmo lento y cadencioso de su prosa.
Los nombres propios que aparecen podemos agruparlos en dos series: los que formarían
el grupo de topónimos que podríamos subdividir en topónimos portugueses y otros que
se citan en el origen de los barcos con los que se encuentra en el muelle Sigüenza.
Un comentario especial se deberá hacer a los nombres de escritores citados por Lizón:
Gabriel Miró (1879-1930) representante con Pérez de Ayala y Wencelao Fernández
Florez de la novela novecentista. Miguel de Unamuno (1864-1936) representante
fundamental de la llamada Generación del 98, poeta, novelista dramaturgo y ensayista.
En su obra aparecen como temas la muerte, la religión y el destino de España. Walter
Pater, (1839-1894) escritor e historiador del arte inglés, de refinado y poético estilo,
gozó de una enorme influencia en muchos escritores de su época. El helenismo deja
intensos ecos en su concepción estética. También aparecen citados Pródico de Ceos (h.
465-h. 395 a.C.), filósofo griego que formó parte de la primera generación de sofistas.
Epicuro (341 a. C.-270 a. C.), filósofo griego fundador del epicureismo doctrina en la
que destaca el hedonismo racional y el atomismo. Gustave Flaubert (1821-1880),
realista francés. En su novela Madame Bovary hace una especie de homenaje a
D.Quijote y traza un despiadado retrato de un caso de intoxicación idealista en un
ambiente de asfixiante vulgaridad provinciana. Rainer María Rilke (1875-1926) autor
entre otras de Elegías de Duino de gran riqueza metafórica. Max Scheler (1874-1928),
filósofo alemán de gran importancia en el desarrollo de la fenomenología, la ética y la
antropología filosófica. Lizón hace gala de una buena erudición trayendo a su
exposición textos y citas de los autores señalados.
Abundan los adjetivos Los hay explicativos y especificativos. Es frecuente la
caracterización de nombres con dos o más adjetivos: (melancólica silueta, mágica bahía,
caballero español y levantino, paisajes inéditos, pasado glorioso y ardiente, palmeras
doradas y sonoras, leve parpadeo...)
En cuanto a los verbos, nos encontramos con algunas formas no personales aunque la
mayoría de los verbos están en presente o pasado. Alterna el pasado para referirse a
Miró como hombre (zanjó, quiso, parió, pasearon...) frente al presente cuando habla de
su obra. Tenemos presentes habituales en los verbos predicativos y presentes gnómicos
en los verbos ser y estar. Ambas formas de presente son las adecuadas para un texto
humanístico y son propias también de las formas de expresión expositiva y
argumentativa (enfilan, dominan, parece creo, adopta...) Entre los verbos predicativos
utilizados existe cierto equilibrio entre verbos transitivos e intransitivos. Nos
encontramos también con algunas perífrasis verbales (hay que aceptar, querer atar).
La sintaxis utilizada no es muy complicada salvo el fuerte hipérbaton con el que
comienza el texto. En este caso no mantiene el orden lógico sino que prefiere anteponer
una serie de complementos circunstanciales antes del núcleo del predicado en el que va
implícito el sujeto (creí). Lo hace por un deseo de destacar dichos complementos.
En el plano léxico-semántico proliferan términos acordes con los contenidos expuestos.
Aparecen muchas palabras formadas por derivación. También debemos destacar el uso
de algunos tecnicismos vinculados con la crítica literaria (estilo, prosa….) Hay un
contraste entre un vocabulario abstracto en torno a conceptos de imprecisión y tristeza
como (melancolía, silueta, bruma, nostalgia, claridad y serenidad) y un vocabulario
concreto vinculado con el mar, palabra que se cita más de doce veces, (ola, playa.
barco, malecón, mástil muelle).
En el plano estilístico muchos son los recursos utilizados y que responden a la función
poética que también está presente en este texto: pleonasmo (creí sentir junto a mí);
metáforas (alma bañándose en las aguas; vermút lírico; fuente perenne de su melancolía;
huye a engolfarse en el remanso de la palabra); anadiplosis o encadenamientos (pasado,
pasado); sinestesias (aire denso de aromas y zumbidos; perfume de una dulce tristeza);
paralelismos (aunque vaya...aunque vaya... ; un cariño tan tenaz, una ilusión tan
perenne); polisíndeton (la bruma y la arena y el confín nubloso); hipérbole (no haya
una gota de alegría); reduplicación (siempre, siempre); personificaciones (el aire habla)
paradojas (navega aunque vaya tierra adentro); comparaciones (como en una neblina de
lumbre plenilunar), y a todos ellos hay que añadir los recursos fónicos señalados más
arriba.
Realizado el análisis del texto podemos decir que el profesor Lizón da un enfoque
subjetivo a su exposición. No pretende demostrar una teoría con argumentos irrefutables
sino sugerir, abrir nuevas perspectivas, aportar un enfoque personal que incite a los
oyentes-lectores a acercarse a la figura de Miró. La lengua empleada por Lizón
pertenece al nivel culto. La utilización de abundantes figuras retóricas nos indica que
estamos ante una prosa en la que el ritmo, el léxico y las connotaciones contribuyen a
crear un lenguaje más propio de la literatura de creación que de la literatura de
exposición y análisis. Recalcamos que Lizón usa un estilo muy elaborado en su prosa.
Podríamos pensar que al comentar la obra del alicantino al que acusa de una
preocupación excesiva por el estilo se contamina y su prosa fluye con naturalidad
fundiéndose en un todo con la prosa mironiana.
ACTIVIDADES PARA EL COMENTARIO
A. COMPRENSIÓN Y LOCALIZACIÓN
1. Investiga en libros especializados o en Internet
la biografía y obra de Gabriel Miró y anota los
elementos con los que se le vincula al movimiento
novecentista. Repasa los rasgos estilísticos que
usan los escritores modernistas y tenlos en cuenta
para el análisis lingüístico.
2. Averigua quién fue Adolfo Lizón, su trayectoria
profesional, su vinculación con el IEL Giner de los
Ríos. ¿Qué sabes del programa Media Hora
Española emitido en la Emisora Nacional
Portuguesa?
Adolfo Lizón hacia 1950
3. El autor de la conferencia demuestra poseer una sólida formación cultural. Así se
refiere a Unamuno, Walter Pater, Pródico de Ceos, Epicuro, Gustave Flaubert, Rainer
María Rilke y Max Scheler. Explica estas referencias.
4. Clasifica el texto.
B. ANÁLISIS DEL CONTENIDO
1. Resume el pensamiento y el punto de vista de Adolfo Lizón respecto a la figura y
obra de Gabriel Miró.
2. Miró y Lisboa ¿Cómo une el profesor Lizón ambas realidades?
3. Escribe el tema y la idea principal de esta disertación.
4. Señala las partes en las que podemos dividir el texto y comenta su estructura interna.
5. Señala si en los rasgos que se enumeran de Gabriel Miró se podrían señalar algunos
como coincidentes con la Generación del 98.
6. ¿Era Miró novelista? ¿Por qué crees que Lizón prefiere utilizar la clasificación
genérica de artista de prosa? ¿Hay en sus obras alguna singularidad que dificulte su
clasificación en un género en concreto?
7. ¿En qué obra mironiana se basa Adolfo Lizón para justificar la importancia del mar
en el escritor levantino?
8. Otro eje temático es la muerte. Señala las diferencias, según el texto, entre el
concepto de muerte de Miró y el concepto de muerte en otros autores citados.
9. Compara lo que se dice en esta exposición sobre el estilo de Miró y lo que sobre este
mismo aspecto señala tu manual de literatura.
10. Escoge algunas frases del texto que indiquen que el autor siente simpatía o
admiración por el escritor del que habla.
C. ANÁLISIS DE LA LENGUA
1. Los elementos de comunicación y el texto. Presencia o ausencia en el texto del
emisor y del receptor. Funciones del lenguaje presentes en el texto. Justificación
2. Análisis del plano fonético-fonológico: línea de entonación, ritmo. Localización de
palabras esdrújulas, aliteraciones, estructuras bimembres, paralelismos… Comparación
con los rasgos de la prosa modernista en el mismo plano.
3. Plano morfosintáctico: Análisis de las categorías gramaticales con especial atención a
los sustantivos, adjetivos y verbos. En el caso de los verbos análisis de los tiempos
verbales y el uso de perífrasis. Análisis de las estructuras oracionales. Parataxis e
hipotaxis. Uso del hipérbaton.
4. Plano léxico-semántico: Campos semánticos. Denotación y connotación. Sinonimia.
5. Recursos estilísticos: pleonasmo, metáforas, polisíndeton, anadiplosis, sinestesias,
símiles, personificaciones, paradojas…Justifícalo con ejemplos extraídos del texto.
D. VALORACIÓN GLOBAL
Una vez concluida la etapa de análisis textual haz una valoración personal de la
conferencia.
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