Honduras

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Pensamiento universitario latinoamericano
Honduras
Oscar Zelaya Garay · Jorge Alberto Amaya
INTRODUCCIÓN
El presente informe de investigación es un estudio realizado por el Instituto de Investigación y Evaluación Educativa de la Universidad Pedagógica
Nacional Francisco Morazán (UPNFM) de Tegucigalpa, Honduras, para la colección «Forjadores de la universidad en América Latina», y presenta los resultados de investigación sobre los hombres y mujeres forjadores de la universidad
hondureña entre los siglos XIX y XX.
El estudio está estructurado en dos apartados. En el primero, titulado «Forjadores de la universidad hondureña en el siglo XIX», se expone el aporte educativo de tres grandes pensadores e intelectuales hondureños: José Trinidad Reyes y
Sevilla, quien fue el fundador de la Universidad Central de Tegucigalpa, en 1845;
Ramón Rosa, quien fue el ideólogo de la reforma liberal en honduras en 1876
e impulsor de la primera gran transformación universitaria del siglo XIX bajo el
influjo del positivismo, y finalmente de Adolfo Zúniga, colaborador de Ramón
Rosa y nombrado rector de la universidad en el periodo reformista.
El segundo apartado, titulado titulado «Forjadores de la universidad hondureña en el siglo XX», da cuenta del aporte y colaboración de dos figuras emblemáticas de la historia de la educación en el país: el venezolano Luis Beltrán Prieto
Figueroa, que fue el fundador de la Escuela Superior del Profesorado Francisco
Morazán (ESPFM) en 1956, y con ello modernizador de la profesionalización
docente en el país y, en segundo lugar, el aporte a las esculas agrícolas del estadounidense Wilson Popenoe; de tercero se presenta el aporte de Irma Acosta de
Fortín, quien fue la primera mujer egresada de ingeniería civil de la Universidad
Nacional en Honduras, y a la postre, se convirtió en la primera profesional en
incursionar en la creación y fundación de universidades privadas en Honduras.
I. FORJADORES DE LA UNIVERSIDAD ESTATAL HONDUREÑA SIGLO XIX
1. José Trinidad Reyes y Sevilla: fundador de la universidad hondureña
En el siglo XIX, quizás la figura más importante en la historia de la educación superior fue el padre recoleto José Trinidad Reyes1, creador de las famosas
1
José Trinidad Reyes (1777-1855), aprendió sus primeras letras en su ciudad natal, Tegucigalpa. De adolescente, se trasladó a estudiar a la universidad de León en Nicaragua, donde
obtuvo el grado de bachiller en filosofía, teología y derecho. Posteriormente, decidió seguir
la carrera eclesiástica y en 1822 se ordenó como presbítero. De regreso a Tegucigalpa, se convirtió en párroco de la ciudad, en donde aglutinó a un grupo de jóvenes, entre ellos Máximo
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«Pastorelas» y fundador de la primera universidad hondureña. Uno de los primeros biógrafos de Reyes fue Ramón Rosa, quien destacó la precoz inteligencia
de Reyes y su afán por adquirir conocimientos y ponerlos al servicio de sus semejantes; así, Rosa expresó que las inquietudes de la niñez de Reyes eran el ser:
«aplicado inteligentísimo, aprendió en breve todo lo que había que aprender en
la pequeña esfera de la escuela».
Se comprende entonces que desde temprana edad las ambiciones del joven Reyes eran las de realizar estudios superiores; así, se dirigió a la Universidad
de León en Nicaragua; aquí se perfeccionó en los conocimientos del Latín,
Castellano, Filosofía, Cánones, Matemáticas y Teología, obteniendo los títulos
de bachiller en Filosofía, Teología y Derecho Canónico.
Después de obtener sus títulos en Nicaragua, ingresó como novicio al
convento de los recoletos de Nicaragua, ordenándose de subdiácono en 1821 y
diácono y presbítero en 1822. Su formación fue producto de la vida eclesiástica
dedicada al estudio de las Ciencias, las Artes y la Teología.
A principios de 1828, regresó a Tegucigalpa. Centroamérica vivía hacia
ese año las repercusiones del comienzo de los enfrentamientos armados que se
habían escenificado en la ciudad de Comayagua (La Maradiaga); Tegucigalpa
(La Trinidad, 1827) y El Salvador (Gualcho 1828).
El momento histórico que vive Reyes es el de la revolución del año de
1829, con la toma de la ciudad de Guatemala y la consecución de la República
Federal de Centroamérica.
Reyes se establece en el convento de la orden franciscana; es prácticamente
un contemporáneo de Francisco Morazán. De sus relaciones con Morazán no se
tiene un conocimiento exacto o indicios de ella, pero se puede inferir un antagonismo, debido a la políticas anticlericales y las contradicciones entre la iglesia-estado. Reyes no fue expulsado ya que había jurado a favor de la independencia.
Además, sus sermones y actividades en esos momentos no atentarán con las
políticas establecidas por la federación y sus enseñanzas estaban orientadas hacia la
moral, los villancicos, la música, la filantropía, las fiestas de pascua y la natividad.
Fue famoso por sus pastorelas que se han definido como doctrinas fundamentales
en el ideal de las virtudes cristianas y una critica a la sociedad de su tiempo.
Se le conoció además por sus pastorelas, piezas teatrales que habían surgiSoto, Yanuario Girón y Pedro Chirinos, fundando con ellos el 14 de diciembre de 1845 «La
Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto», de la que fue rector, institución que
impartía cursos de filosofía y gramática latina. En 1846, el congreso hondureño decretó la
protección gubernamental de la sociedad y así pasó a denominarse «Academia Literaria de
Tegucigalpa». Debido al éxito alcanzado, el gobierno de Juan Lindo aprobó la conversión de
la academia en universidad el 19 de septiembre de 1847, naciendo de esta forma la primera
institución educativa superior en la historia de Honduras. Reyes fue un promotor incansable de la cultura, principalmente de la literatura, la música y del teatro, espacio en el que
destacó al legar sus conocidas «Pastorelas», desde entonces una tradición valiosa en el país.
Los nombres de sus pastorelas (9 en total) son: «Olimpia», «Noemi», «Nicol», «Neftalia»,
«Zelfa», «Rubenia», «Elisa», «Albano» y «Flora o la pastorela del Diablo».
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do en la edad media, narraciones sobre el nacimiento del niño Jesús, teniendo
como elementos fundamentales a los pastores que adoraban al recién nacido,
así como de temas bíblicos, pero donde Reyes exalta su critica social y sátiras
políticas, circunstancias que lo condujeron a ser detenido en 1842.
Sus pequeñas representaciones fueron: Noemí, Nicol Neptalí, Zelfa, Rubenia, Elisa, Albana, Olimpia y Flora o pastorela del Diablo.
Tenia una vigorosa vocación de maestro, escritor, poeta, catedrático, educador en el pulpito y escritor feminista; su criterio sobre la educación de la mujer lo expuso en un artículo, bajo el seudónimo de Sofía Seyers, donde criticaba
la actitud de la sociedad en relación a la mujer.
En 1842 el papa Gregorio XVI lo nombró obispo de Honduras, pero las
intrigas políticas internas del jefe de estado Francisco Ferrera no le permitieron
alcanzar dicho nombramiento.
Su formación eclesiástica la orientó hacia la metafísica; era seguidor de
Aristóteles y de santo Tomas de Aquino, de ahí su interés por las ciencias naturales y la vieja metafísica escolástica.
En 1832 fue nombrado diputado a la Asamblea Legislativa. Ahí inició
sus actividades políticas y en 1835 como naturista explica el fenómeno de la
lluvia del polvo como consecuencia de la erupción del volcán de Cosigüina
manifestando: «No os aflijáis, ni deis escándalo: no es el día del juicio, un volcán cercano ha hecho erupción: el peligro ha pasado, y el polvo dejará de caer
dentro de poco» .
Más tarde, hacia comienzos de la década del cuarenta del siglo XIX, ante
la inexistencia de un centro universitario en el país, el padre Reyes, así como un
grupo de intelectuales y de amigos, tuvieron la feliz idea de constituir un centro
académico para tal fin. Reyes tuvo la certeza de aceptar las ideas de la fundación
de la academia literaria propuesta por Máximo Soto, Alejandro Flores, Yanuario Girón y Miguel Antonio Róbelo. Así, fundaron «La Sociedad del Genio
Emprendedor y del Buen Gusto» el 14 de diciembre de 1845.
La presencia de Reyes era necesaria, porque lo consideraban como una
ilustre personalidad que le iba a dar vida y prestigio a la recién conformada
sociedad académica. Su primer rector fue el mismo padre Reyes, y vice-rector,
don Miguel Antonio Róbelo.
Desde su incorporación, Reyes también desempeñó el cargo de catedrático, resaltando su afán de pedagogo en las cátedras de Filosofía, Cánones, Física
entre otras, en colaboración con sus más allegados catedráticos, elaboraron los
planes de estudios y los programas de la sociedad.
En esa misma década de los años cuarenta del siglo XIX se realizó la
reapertura del Colegio Tridentino de Comayagua (que había sido fundado en
1679), impartiéndose las cátedras de Filosofía y Gramática. La sociedad hondureña de ese momento no contaba con un centro de educación superior como
los que se habían creado en Guatemala (1681); Nicaragua (1812); El Salvador
(1841) y Costa Rica (1843).
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El 15 de febrero de1842, se presentó un proyecto de ley que expresaba la imperiosa necesidad de la fundación de un centro educativo de nivel superior, por considerársele útil y necesario para la formación de ciudadanos aptos para la sociedad.
La iniciativa tomada por el Legislativo, fue producto de los requerimientos de un grupo de ciudadanos de Tegucigalpa: Soto, Flores, Girón y Róbelo,
quienes solicitaron a la municipalidad de Tegucigalpa en 1841, se les proporcionara el edifico que albergaba antiguamente el Convento de San Francisco,
como un espacio físico para la enseñanza.
La solicitud se amparaba en el decreto que había sido sancionado por el
poder legislativo el 3 de noviembre de 1829. El decreto determinaba que todos
los conventos quedarían al resguardo de las municipalidades, para que estas los
pudieran utilizar en beneficio del cuño, la imprenta o la instrucción pública.
Ya en 1832, Reyes impartía las cátedras de Gramática Latina en el Convento de La Merced; estos espacios oportunos fueron dando a Reyes la idea para
la erección de la Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto.
En el acto de inauguración de la Sociedad del Genio Emprendedor y del
Buen Gusto el 14 de diciembre de 1845 Reyes expresó:
Las ciencias contribuyen sobremanera a hacer felices a los pueblos y a los hombres, y que en los países donde por fortuna se han adoptado los principios democráticos, son absoluta necesidad, y he aquí el don precioso que vienen a ofrecerle.
Ven la falta de establecimiento de enseñanza; advierten, no sin dolor, que en
Honduras las ciencias están todavía encerradas bajo los pergaminos y capelladas,
y no pueden ser indiferentes al mal logro y desperdicio de talentos privilegiados
que se quedan sin cultivos, debiendo ser honor de un país. Y sin otro móvil que
enardecido patriotismo y filantropía; sin más ambición que las de ver preparar
a su suelo natal, y sin otra aspiración que la de ser útiles a sus semejantes, toman
hoy ardua empresa de la enseñanza de la juventud.
Este comentario de Reyes es realmente un cuestionamiento a la situación
de ese momento y en especial al avance de las ciencias, donde Reyes, afirma que
la misma todavía no alcanza el sitial importante en la formación de los ciudadanos e inclusive a la falta de establecimientos de enseñanza.
El nuevo centro académico cambió su nombre el 19 de marzo de 1846,
denominándosele «Academia Literaria de Tegucigalpa», siendo nuevamente
sus autoridades principales: José Trinidad Reyes y Sevilla (rector); Miguel Antonio Róbelo (vice-rector); y catedráticos el sacerdote Yanuario Girón y los bachilleres graduados de la Universidad de León y discípulos de Reyes: Máximo
Soto, Alejandro Flores, Pedro Chirinos y Casiano Fúnez.
Las labores de la academia fueron eminentemente de carácter docente,
en la cual se enseñaba especialmente: Filosofía, Gramática, Teología y Moral.
Durante el gobierno del jefe de estado José Coronado Chávez, la cámara de representantes sancionó un decreto, el 10 de marzo de 1846, dándole protección
a la Academia Literaria de Tegucigalpa y en 1847, el jefe de estado Juan Lindo
la elevó al grado de universidad del estado.
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Recayó nuevamente en Reyes la rectoría de la Universidad Estatal de
Honduras, siendo doctor en Sagrada Teología, ocupando ese cargo hasta el día
de su fallecimiento el 20 de septiembre de 1855.
Lo acompañaban el licenciado don Pío Ariza, quien ocupó el cargo de vicerector; el licenciado don Hipólito Matute, director segundo; el licenciado don
Cornelio Lazo, director tercero, y el bachiller Alejandro Flores; directo cuarto.
El 11 de agosto de 1847 se sancionó el decreto que establecía los reglamentos y estatutos de la academia, pasándose a elegir a las personas adecuadas que
dirigirían el establecimiento educativo; los nombre fueron propuestos por la municipalidad de Tegucigalpa y su aprobación lo determinó el supremo gobierno.
El establecimiento académico fue uno de los mayores aportes de Reyes a
la sociedad del momento en el antiguo Real de Minas de Tegucigalpa, en una
sociedad en plena formación como el estado hondureño, donde las condiciones sociales, políticas y económicas se enmarcaban en momentos de estancamiento, retrocesos y avances.
2. El aporte de Ramón Rosa a la educación universitaria hondureña
La reforma liberal de 1876 constituyó para Honduras una serie de cambios
que son considerados –por muchos historiadores– como los ingredientes que posibilitaron la consolidación del estado-nación en el país. La reforma fue liderada
por Marco Aurelio Soto (1846-1908), quien a la postre se convirtió en presidente
y por su primo, Ramón Rosa2 (1848-1893), quien se erigió en el ideólogo de dicho proceso cuando fue nombrado como secretario general del gobierno.
La reforma liberal tuvo como objetivos crear un estado nacional e insertar
a Honduras en la economía mundial. Bajo estos objetivos, se pretendió contrarrestar la tendencia de aislamiento que había tenido la sociedad hondureña
hasta ese entonces, mediante la búsqueda de una integración. El estado se vio
fortalecido institucionalmente por una actividad económica de exportación,
especialmente a través de la minería y luego del banano, así como por la pro2
Ramón Rosa nació y falleció en Tegucigalpa (1848-1893). Sus padres fueron Juan José
Soto e Isidora Rosa. Aprendió sus primeras letras con una famosa profesora, que más tarde
personificó en su obra «La maestra escolástica». Se graduó de bachiller en la Universidad
Nacional de Tegucigalpa, y luego partió a Guatemala, donde realizó estudios universitarios. Tras triunfar la revolución liberal de 1871 en ese país, fue nombrado subdirector de
Hacienda y más tarde ministro de Relaciones Exteriores. Ahí, se empapó de la filosofía positivista, la cual aplicó al llegar al poder en su tierra natal. Destacó en el campo periodístico, siendo fundador del periódico El Centroamericano y de la revista Guacerique. Escribió
artículos y ensayos sobre política, economía y cultura en general, además de algunas biografías sobre personajes sobresalientes en los procesos independentistas, como la de José
Cecilio del Valle y Francisco Morazán, entre otras. Con el apoyo de Justo Rufino Barrios,
su primo –Marco Aurelio Soto–, ascendió a la presidencia de la república de Honduras
en 1876, y éste lo nombró secretario general del gobierno, con lo cual, emprendieron
el proceso conocido como reforma liberal en el país. En 1948, los historiadores Rafael
Heliodoro Valle y Juan Bautista Valladares, recogieron gran parte de la obra de Rosa en un
libro titulado Oro de Honduras.
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mulgación de nuevas leyes de inspiración liberal y por el intento articulador de
la educación de los diversos sectores del país, favoreciendo el fortalecimiento
institucional, jurídico, de capacidad humana y organizativo, que lentamente se
fue incrementado a lo largo del siglo XX.
En este contexto, Ramón Rosa fue uno de los hondureños de mayor representatividad del liberalismo positivista hondureño, y a la vez fue el ideólogo
de la reforma liberal en el XIX, además de ser un escritor y crítico, polémico
sobre la sociedad, la política, el gobierno, sobre el liberalismo y expositor de
innovadoras políticas e ideas relacionadas a la reforma educativa hondureña.
La sociedad en que se desarrolló Rosa abarcó una etapa muy importante
para la historia hondureña que inicia en la segunda mitad del siglo XIX. Esta etapa se encontró delimitada entre la anarquía y la desestabilización política causada
por las contradicciones de las tendencias liberales, que en la mayoría de las ocasiones se traducían o desembocaban en guerras civiles constantes. Estos enfrentamientos armados se fueron reduciendo o aplacando con la llegada a Honduras de
los reformadores: Marco Aurelio Soto, Ramón Rosa y Adolfo Zúniga.
La reforma liberal de 1876 introdujo a Honduras al mundo capitalista
y en sí a toda una serie de políticas con el ánimo de desarrollar las condiciones
propicias que permitieran al país establecer una infraestructura sólida capaz
de producir materias primas para el mercado mundial y una superestructura
acorde a la ideología liberal, en especial el punto básico de la educación. En esos
momentos Honduras solamente contaba con la existencia de la Universidad
Estatal, que había tenido sus orígenes en 1845 con la fundación de la Sociedad
del Genio Emprendedor y del Buen Gusto.
La Universidad Estatal había funcionado como un establecimiento de
educación superior que había llenado un vacio en la formación intelectual del
momento, aunque esa formación se había estancado en profesiones como las
de licenciados en jurisprudencia y clérigos.
Rosa, conocedor del ámbito político y social centroamericano expresaba
en 1879 en torno a la educación:
[…] Instruir es formar buenos ciudadanos para la República y es crear elementos de
progreso para los pueblos. La instrucción es el alma de las sociedades que revelan, en
las esferas de los hechos, las instituciones de los países libres: la instrucción es también
la fuente impalpable pero viva, de la prosperidad y cultura de las naciones.
El reflejo del pensamiento de Rosa es claro en el sentido de apoyar el
progreso y la instrucción del ciudadano, para que este fuera apto y afrontase los
retos de una nueva sociedad; era, que en definitiva, se iniciaba con la reforma.
La educación universitaria, se encontraba supeditada a las directrices del
Misterio de Instrucción Pública, aunque existía la Dirección de Estudios, que
era la encargada de la enseñanza superior, una enseñanza que había sido cuestionada desde 1865.
El cuestionamiento de los estudios superiores se debía a que estos no se
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encontraban actualizados; en ese momento no tenía diferencia con los iniciados en 1847, impartiéndose las mismas cátedras: Latinidad, Filosofía, Derecho
Civil y Sagrados Cánones.
Faltaban cátedras de idiomas vivos, matemáticas y otras ciencias prácticas. De estos cuestionamientos es que surgirá la atención del supremo gobierno
para impulsar el desarrollo concerniente a una verdadera enseñanza científica.
Cumplir el deseado anhelo de la formación de ciudadanos representados
en una juventud deseosa y capaz de dar vida a la república, solamente sería
posible mediante un cambio en los planes y programas de estudios, abriendo
nuevas cátedras y estudios prácticos.
Estas inquietudes no solamente partían de la Dirección de Estudios y
algunos catedráticos, a ellas se sumaban las de los estudiantes, quienes a través
de panfletos y representaciones teatrales hacían sentir su posición crítica y la
exigencia de reforma de los planes de estudio.
Estos hechos ocurrían hacia 1869, durante el gobierno de José María
Medina, quien tomó las iniciales acciones para transformar totalmente la estructura académica y administrativa de la universidad, impulsando la reforma
a sus estatutos y suprimiendo el claustro y la Dirección de Estudios. De esta
manera, la elección del rector, vice-rector y el cuerpo de catedráticos que anteriormente eran electos mediante una votación directa por los involucrados
en el quehacer académico universitario, ahora serían nombrados directamente
por el poder ejecutivo.
Estas fueron algunas de las situaciones que atravesó la universidad en los
años previos a la reforma; su funcionamiento se encontraba muy vinculado a
los desenlaces de la sociedad hondureña entre guerras civiles ocurridas entre
1875 y 1876.
Esta situación prevaleció hasta la implementación del código de Instrucción
Pública, sancionado el 31 de diciembre de 1881, emitido por el gobierno reformador. Los máximos exponentes de la reforma educativa fueron Ramón Rosa y Adolfo
Zúniga, no solamente por ser los ideólogos, sino por la experiencia de ambos.
En su ideario, Rosa nos habla de las ciencias y la enseñanza, donde manifestaba:
La ciencia nos dará riqueza, bienestar para nuestros pueblos. La ciencia es un
agente invisible, pero es el más necesario y poderoso elemento de producción.
Los pueblos que saben tienen que ser muy productores y ricos. […] Pero la época
de la metafísica ha pasado; cumplió su destino; su sistema no puede resucitar,
como no pueden resucitar los hombres, cuando después de haber cumplido su
fin, la muerte les señala su término fatal. […] El aprendizaje superior de la filosofía y de las letras corresponde a países cuyo desarrollo material e intelectual
reclama grandes estudios clásicos. En Honduras no está en este caso.
Rosa era práctico y consecuente con el positivismo clásico, el cual practicaba y predicaba constantemente; su ideal era el combate contra el legado
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colonial y las luchas estériles en que había caído la sociedad. Urgía para Rosa
la llegada de «grandes corrientes de inmigración que traigan, con sus nuevos
pobladores, el espíritu de empresa y el espíritu de libertad que han formado ese
pueblo pródigo que se llama Estados Unidos de América».
Para Rosa, el progreso de las naciones giraba en torno al papel del estado
en la formación de ciudadanos útiles, la descentralización, el progreso, las ciencias, la industria, el comercio, el libre juego de las ideas. Así, consideraba que el
gobierno era una ciencia y la administración experiencia científica.
Las reflexiones de Rosa conducen a afirmar que la situación encontrada
en la sociedad hondureña en 1876, no permitiría impulsar los cambios de esa
sociedad anhelada e idealizada por los reformadores, y en especial en la educación pública en sus diversos niveles.
Por lo que debía de existir un punto armónico y de inicio coherente, es
por ello que en 1878, Rosa como secretario de Instrucción Pública, decía:
La Universidad Nacional que tiene el mérito indisputable de haber formado en
sus aulas a muchos hondureños distinguidos en el Foro y en la Iglesia, requiere
que se introduzcan en su sistema de enseñanza radicales innovaciones. […] Es
indispensable que la enseñanza universitaria sea más amplia, más variada, más
práctica: es indispensable que en la Universidad se aprendan las Ciencias Sociales. […] las Ciencias Médicas y las Ciencias Prácticas aplicables a la industria que
tienen por base los conocimientos físico-matemáticos.
El objetivo era la creación de un nuevo profesional acorde a los propósitos
positivistas del gobierno, en la dirección de colocar a la sociedad en las cimas
de la cultura, la libertad y la paz, para convertirla en una nación a la altura y
prosperidad de otras «Repúblicas Latinoamericanas».
Cuando se inició la reforma educativa, el rector universitario era el licenciado y presbítero Yanuario Girón, uno de los fundadores de la Sociedad del Genio
Emprendedor y del Buen Gusto. El aporte de Rosa a la universidad fue precisamente la elaboración y la implementación de la reforma universitaria de 1882.
Dos piezas clásicas de la oratoria de Ramón Rosa: en primer lugar el discurso Conciencia del pasado, pronunciado el 27 de agosto de 1880, en la Universidad
Central, al inaugurarse el Archivo Nacional y en una segunda ocasión cuando se
produjo la apertura de la Universidad Central, el 26 de febrero de 1882.
En el primer discurso, Conciencia del pasado, expresaba:
Se inaugura el Archivo Nacional: Honduras recobra la memoria de su pasado,
salva las dispersas páginas de su historia. […] Se abre la primera biblioteca pública; Honduras entra de lleno en las espaciosas vías del porvenir, reservado al libro,
a la ciencia. […] El siglo XIX, este gran siglo, es el siglo de la Ciencia positiva, de
la Ciencia que sustituye la razón al dogma, el saber a la fe que no sabe; de la Ciencia positiva que eleva al hombre a sus altísimos destinos, y que revela la naturaleza
con todos los esplendores de su magnificencia.
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Los reformadores dieron paso a la creación del Archivo y Biblioteca Nacional y en palabras de Rosa se comprendía que todo pueblo que carece de archivos
no puede reconstruir ni saber de su historia como nación, y precisamente a través
de su conciencia se podía conocer el pasado, que en la actualidad correspondería a
la memoria colectiva de los pueblos. Además enfatiza contundentemente su posición férrea hacia las verdades que él consideraba a través de la ciencia positiva.
Sin embargo, en el plano educativo, la pretensión más ambiciosa fue
impulsar y modernizar la educación universitaria. En este sentido, el logro
más sonado de la reforma fue la reapertura y reorganización de la «Universidad
Central», en 1882, y en la que se empezó a cultivar el sistema positivista, el cual
hacía énfasis en la formación de cuadros técnicos y científicos. La rectoría de
la universidad fue encomendada al Dr. Adolfo Zúniga –egresado de la misma
universidad fundada por el padre Reyes–, desde luego cercano colaborador del
régimen y uno de los liberales más reconocidos y emblemáticos de fines del
siglo XIX. Una vez nombrado Zúniga en la máxima casa de estudios, la universidad se dividió en facultades, formándose las de Jurisprudencia, Ciencias Políticas, Medicina y Cirugía y la de Ciencias. La nueva organización universitaria
estableció que al término de los estudios se otorgarían los títulos de licenciado y
también quedó reglamentado el sistema para la obtención de doctorados.
En general, el pensamiento ideológico detrás de estas reformas educativas
se puede visualizar en el Discurso en la apertura de la universidad por parte de
Ramón Rosa, pronunciado en 1882. Ese texto contiene aspectos que nos interesa particularmente subrayar: la defensa de las ciencias experimentales y del
positivismo frente a la teología y la metafísica, argumentando que
[…] La metafísica se funda primordialmente en lo que está más allá de la experiencia;
la ciencia positiva se funda primordialmente en los hechos que están bajo el dominio
de la observación; la metafísica plantea problemas que no puede resolver porque carece de medios analíticos; la ciencia positiva plantea problemas que resuelve porque
tiene medios para el análisis… es concreta y dá conclusiones prácticas […]
De igual manera, se advierte en el discurso el sentido de la educación pública y
obligatoria; su fe en que el único medio para combatir la «barbarie» era la educación; su visión de futuro y del progreso3. Igualmente, es importante señalar que
en dicho discurso se aprecian claramente las influencias ideológicas que Rosa había adquirido a través de las lecturas del padre del positivismo, Augusto Comte,
y de Emilio Litreé, y de los latinoamericanos Lastarria y Montalvo. Además, se
3
Véase: Pérez Brignoli, Héctor, «La Reforma Liberal en Honduras» en: Cuadernos de Ciencias Sociales, Tegucigalpa, Nº 2, Editorial Nuevo Continente, 1973, pp. 8-19. Sobre la
obra y discursos de Ramón Rosa, especialmente el Discurso en la apertura de la Universidad, es importante consultar: Carías, Marcos (compilador), Ramón Rosa. Obra escogida,
Tegucigalpa, Editorial Guaymuras, 1980 y: Valle, Rafael Heliodoro y Valladares, Juan
Bautista (antólogos), Oro de Honduras. Antología de Ramón Rosa, Tegucigalpa, Aristón,
1948, tomo I.
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reflejan en el discurso las amplias lecturas que había hecho de los autores clásicos de la antigüedad, el medioevo y desde luego de los intelectuales de la edad
moderna: Tales de Mileto, Sócrates, Aristóteles, Platón, Cicerón, Séneca, Tomás
de Aquino, Abelardo, Malebranche, Leibnitz, Spinoza, Kant, Rousseau y otros4.
En síntesis, Rosa es el primer gran reformador de la universidad hondureña en el siglo XIX, y el que introduce la corriente positivista en el país.
3. Adolfo Zúniga y su aporte educativo al país
Adolfo Zúniga fue rector de la Universidad Estatal Nacional de Honduras,
entre 1882 y 1883. Nació en Tegucigalpa el 6 de noviembre de 1835, y fue diputado
por el departamento de Olancho a la Asamblea Nacional Constituyente de 1880 y
al Congreso Nacional en el gobierno del general Luis Bográn (1883-1891).
Adolfo Zúniga fue uno de los acompañantes de Ramón Rosa cuando se impulsó la reforma liberal en Honduras; ha sido considerado como uno de los más próximos y fervientes seguidores de Rosa, en sus planteamientos del positivismo liberal.
Inclusive fue propagador del código de Instrucción Pública en el proceso
reformista. Si se da una mirada retrospectiva, existía en la sociedad del momento una búsqueda por establecer un poder único, organizado y capaz de dirigir al
país y consolidar un estado-nación, donde la educación, la ciencia y la industria
fueran los pilares fundamentales del desarrollo hacia una unidad nacional.
Zúñiga fue autor del reglamento general de instrucción primaria, emitido el 15 de de septiembre de 1875, en donde se establecía que la instrucción
primaria era gratuita y obligatoria.
El reglamento determinaba que «Las escuelas tienen por objeto formar
hombres sanos de cuerpo y espíritu, dignos y capaces de ser ciudadanos y magistrados de una sociedad republicana libre».
Adolfo Zúniga pensaba que la educación hondureña, bajo la reforma, debía
coadyuvar al desarrollo de la sociedad. Y en ningún momento se aparta del ideal liberal y reformista, es así que en el primer discurso pronunciado el 7 de enero de 1868,
en la apertura de las clases universitarias, propuso la reforma de la educación.
[…] Ya que la universidad se había mantenido estática y sin saber responder a las exigencias del progreso nacional, marchando también a la zaga del momento político […]
desde hacía más de veinte años, desde que Máximo Soto, Alejandro Flores, Yanuario
Girón y Miguel Antonio Robelo, dirigidos por José Trinidad Reyes, abrieron las clases
de latín, filosofía y teología moral, nada se había hecho por mejorar la enseñanza.
Zúniga al mismo tiempo se preguntaba:
¿Pero después de lo que hicieron los fundadores de la universidad: ¿Qué hemos hecho nosotros, los que todo lo debemos a este patriótico establecimiento? No tengo
embarazo en decirlo, poca cosa, tal vez nada. Una clase de idioma muerto, otra de
4
Véase: Zelaya, Gustavo, El legado de la reforma liberal, Tegucigalpa, Editorial Guaymuras,
Colección Códices de Ciencias Sociales, 2ª edición, 2001, p. 32.
Pensamiento universitario latinoamericano
filosofía escolástica […] Derecho canónico y civil, no satisfacen las exigencias de la
sociedad actual, no corresponden al grado de cultura, que han alcanzado las hermanas repúblicas de Centroamérica, y sobre todo no pueden llenar las necesidades palpitantes del país. El hondureño, por consiguiente, debe conocer, al menos,
algunas de las lenguas vivas, que se hablen en la parte más civilizada de la tierra, la
Europa […] La universidad es quien debe comprender y llenar esa necesidad.
De este modo, Zúniga propugnaba por una nueva universidad, que se
curara por sí misma su cuerpo anémico y su anacronismo; una universidad que
brindará nuevos caminos abiertos a la «inteligencia de la juventud en nuevos y
más variados horizontes».
El establecimiento universitario al inicio de la reforma cerró sus aulas ya que:
El Presidente Soto, reformador entendidísimo y audaz, y que venía de Guatemala de
servir la Secretaría del Estado en el Despacho de Instrucción Pública, con gran suceso
y universal aplauso mandó cerrar la Universidad, mientras se acumulaban todos los
elementos necesarios para darle una nueva planta, para hacerla entrar en las vías de
la reforma en las corrientes del siglo; y de este modo hacer aquel cuerpo científico ya
gastado e inútil, apto y capaz, de servir al gran fin social que le corresponde.
Con anterioridad ya se había plasmado la crítica hacia la universidad,
por haberse estancado y donde las ciencias se desconocían desde el punto de su
práctica, es aquí donde Zúniga se complementa con las ideas a Rosa, ya que ambos determinan que el conocimiento de las ciencias que requiere la universidad
debía conformar «[…] Una escuela de ciencias, artes aplicadas a la industria
[…] sería cien veces más fructuosa, más fecunda en resultados prácticos que lo
que hoy llamamos Universidad de Honduras».
En fin, Zúñiga criticaba que la universidad estaba plagada de abogados,
teólogos y políticos que no cumplían con su verdadero papel generador del progreso, el bienestar encaminado a la producción y el avance industrial, por ello
apostaba por una universidad encaminada al futuro de la ciencia positivista.
De esta manera, Zúñiga en sus palabras demoledoras expresaba: «cuando
se trata de formar el trazo de un camino, de levantar un puente, de hacer una
rueda hidráulica, nuestra nulidad es absoluta […] agricultores químicos mineralogistas, ingenieros es lo que necesitamos».
Se puede inferir en el pensamiento de Zúñiga, al igual que en el de Rosa,
una subestimación a la formación humanística al expresar que la nación no requería de literatos, poetas, historiadores, ya que esas actividades solamente podían desarrollarse en sociedades realmente civilizadas (Europa, Estados Unidos
de Norteamérica), mientras tanto estas sociedades centroamericanas requerían
de técnicos especializados, bajo las ciencias prácticas y positivas.
Aunque resulta contradictorio en una parte de sus discursos, Zúniga no
niega de forma absoluta, ni determina un desprestigio, ni hace a un lado la formación humanística, ya que en el fondo concibió la difusión de la ciencia y de la
cultura en general como el deber más humano de la universidad para descubrir la
687
Pensadores y forjadores
688
superstición, el fanatismo, las injusticias y los absurdos, que más o menos disfrazados, forman aún la trama de nuestra vida intelectual, moral, social y política.
Parafraseando a Zúniga, su idea se basaba en la urgencia de ejecutar las
grandes empresas industriales como la construcción del ferrocarril y del telégrafo,
proyectos prioritarios de la reforma liberal para impulsar el desarrollo de Honduras. Pensaba que con su ejecución se daría a nuestros pueblos los hábitos de
trabajo, orden y moralidad que, según él, no poseían y que no existía otra forma
de aprender la ciencia de la administración y de gobierno. Así, enfatizaba que:
[…] La industrialización junto con el libre pensamiento, el self-goverment, la
franquicia moral y la tierra abierta al inmigrante, traerán a estas privilegiadas
regiones poder y gloria.
Los postulados de Zúniga son los mismos que los de Rosa; este hecho se tradujo en el manejo de un solo discurso en relación a la educación en todos sus niveles y
con gran significación y empuje hacia aquella que sería la que formara al profesional
que los reformadores proponían bajo la paz y el progreso, es decir, la universidad.
Dentro del pensamiento de Zúniga se expresaba un interés por la creación de nuevas facultades para la Universidad Central; para él, todavía pesaba el
legado colonial con su escolástica, su filosofía, donde primero se pensaba, luego
se razonaba. La nueva educación tenía que estar en concordancia con los postulados derivados de la gran revolución francesa y de la corriente positivista.
Las ideas de Zúniga se fortalecieron aún más hacia 1891, cuando ocupó la
secretaría de Educación en el gobierno del general Ponciano Leiva. Las diversas
facetas de Zúniga lo llevaron también al campo del periodismo, la literatura, la
política y la jurisprudencia; así, se convirtió en académico y diplomático, y escribió para los periódicos El Electoral, El Amigo del Pueblo, El Nacional y La Paz.
En resumen, Zúñiga, junto a Ramón Rosa, fueron los grandes reformadores de la universidad hondureña a finales del siglo XIX, y quienes modernizaron
e introdujeron el positivismo al país a través del nivel de educación superior.
II. FORJADORES DE LA UNIVERSIDAD HONDUREÑA EN EL SIGLO XX
Al igual que en el siglo XIX, el siglo XX presenta naturalmente varios hombres
y mujeres destacados que aportaron su esfuerzo y sus ideas en aras de forjar proyectos
universitarios que contribuyeran al progreso del país, sin embargo, por razones de
espacio destacaremos a tres personajes importantes: el venezolano Luis Beltrán Prieto
Figueroa, el estadounidense Wilson Popenoe y la hondureña Irma Acosta de Fortín.
1. El aporte de Prieto Figueroa a la educación universitaria hondureña
El Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa nació en La Asunción, Estado Nueva Esparta, Venezuela, el 14 de marzo de 1902, del matrimonio formado por don Loreto
Prieto Higuerey y Josefa Figueroa, y falleció en Caracas, el 22 de abril del 19935.
5
Véase: biografía de Luis Beltrán Prieto Figueroa, en: www.fundaprieto.org, p. 1.
Pensamiento universitario latinoamericano
Sus estudios de educación primaria los realizó en la Escuela Federal «Francisco Esteban Gómez», en su estado natal de la Nueva Esparta, culminándolos
en 1918. Luego, cursó sus estudios de bachillerato en el Colegio Federal de La
Asunción y en el Liceo Caracas de la capital venezolana; donde obtuvo el título
de bachiller en Filosofía y Letras en 1927. Finalmente, realizó sus estudios universitarios en la Universidad Central de Venezuela (UCV), de Caracas, donde
obtuvo el título de doctor en Ciencias Políticas y Sociales en 1934.
Desde antes de ingresar a la universidad, Prieto Figueroa empezó su vertiginosa y extensa carrera docente, pasando prácticamente por todos los niveles
del sistema educativo en su natal Venezuela, y después en varios países latinoamericanos que se vieron favorecidos con sus servicios magisteriales. En efecto,
Prieto Figueroa fungió primero como maestro de la Escuela Federal «Francisco Esteban Gómez» de La Asunción, estado Nueva Esparta desde 1920 hasta
1925. Posteriormente, fue profesor de Castellano en el Liceo «Andrés Bello» de
Caracas entre 1932 y 1936, y luego profesor de Educación y de Sociología de la
Educación en el Instituto Pedagógico Nacional de Caracas, en 19366.
Esa experiencia docente le valió para poner en práctica sus conocimientos
pedagógicos fuera de sus fronteras patrias, la cual tuvo que abandonar tanto por
razones personales como políticas debido a las sempiternas crisis políticas que atravesaron los países latinoamericanos a mediados del siglo XX. Así, Prieto Figueroa, antes
de arribar a Honduras, trabajó en Cuba, donde desempeñó el puesto de profesor de
Educación de Adultos y Alfabetización, en la Facultad de Pedagogía de la Universidad de La Habana, entre 1950 y1951, y luego en Costa Rica, donde fue profesor de
Principios de la Educación en la Escuela Normal de Heredia, entre 1953 y 1955.
Además de esa experiencia docente, para esta época previa a su llegada a
Honduras, Prieto Figueroa ya había acumulado también una vasta producción
bibliográfica que mantuvo ininterrumpida hasta poco antes de su muerte. Para el
caso, algunos de sus títulos más importantes anteriores a su llegada a Honduras
en 1955 son por ejemplo, La adolescencia, Psicología y canalización del instinto de
lucha, Los maestros: eunucos políticos, La higiene escolar en Venezuela, Apuntes de
psicología de la educación, y La escuela nueva en Venezuela7. Toda esa labor intelectual fue decisiva para su relevante aporte pedagógico en Honduras.
En efecto, en 1956, el país estaba atravesando una etapa de modernización de
sus estructuras políticas, sociales y económicas, y fue así que el gobierno decidió crear la
Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán (ESPFM), hoy conocida como
Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), ante la ingente necesidad de formar en el nivel superior a los docentes que ejercían en el nivel medio o
6
7
Ibíd., p. 1.
Cfr. Prieto Figueroa, Luis, La adolescencia, Caracas, Cooperativa de Artes Gráficas, 1ª edición, 1934; Prieto Figueroa, Luis, Psicología y canalización del instinto de lucha, Caracas,
Cooperativa de Artes Gráficas, 1ª edición, 1936; Prieto Figueroa, Luis, Los maestros: eunucos
políticos, Caracas, 1ª edición, 1938; Prieto Figueroa, Luis e Izaguirre, Pablo, La higiene
escolar en Venezuela, Caracas, Editorial Bolívar, 1939; Prieto Figueroa, Luis, Apuntes de psicología para la Educación Secundaria y Normal, Caracas, 1ª edición, 1940 y Prieto Figueroa,
Luis y Padrino, Luis, La escuela nueva en Venezuela, Caracas, Editorial Bolívar, 1940.
689
Pensadores y forjadores
690
secundario. De esa manera, en 1956, bajo los auspicios de la UNESCO se realizó una
investigación sobre el estado de la educación en el país, la cual encontró que el 52% de
los docentes que laboraban en educación media solamente poseían el título de maestros de educación primaria; el 15% tenían grado universitarios y el 8% eran bachilleres; mientras solamente 3 profesores acreditaban título para enseñar en ese nivel8. El
estudio también señalaba que la mayoría de los docentes estaban dispuestos a profesionalizarse. Con base en este informe, una misión de asistencia técnica de la UNESCO
auspició la creación de una institución llamada a formar, a nivel superior, al magisterio
hondureño. El jefe de la misión de la UNESCO era el educador venezolano Dr. Luis
Beltrán Prieto Figueroa, quien dirigía a un grupo de distinguidos profesionales de la
educación latinoamericana, como los profesores Daniel Navea Acevedo (Chile), Jorge
Arancibia (Chile), Luz Vieira Méndez (Argentina) y Aída Migone (Chile).
De este modo, gracias al estudio dirigido por Prieto Figueroa, el estado hondureño creó la ESPFM, decreto nº 24 del 15 de diciembre de 1956, durante
la junta militar de gobierno formada por el general Roque J. Rivera, el coronel
Héctor Caraccioli y el mayor Roberto Gálvez Barnes; la creación de la institución
se fundamentó en consideraciones tales como: no contar con personal docente
formado en el nivel de educación media; elevar la cultura de los docentes de la
república para mejorar el sistema educativo y orientar a la juventud; el empirismo
docente imperante en los establecimientos públicos y privados, tanto de educación primaria como de media, entre otros factores9. Las atribuciones encomendadas a la naciente institución fueron las siguientes:
a) Formar al personal docente para la educación media.
b) Preparar los directores, técnicos y administradores para todos los niveles
de educación, excepto el universitario.
c) Perfeccionar sistemáticamente al personal docente y otros especialistas
para la educación pre-escolar, primaria, de adultos, extraescolar, secundaria, normal y técnico-vocacional.
d) Profesionalizar al profesorado sin título docente que sirva en la educación
primaria y en la educación media.
e) Investigar la realidad educativa nacional, aplicar y difundir los resultados
obtenidos y divulgar toda forma de cultura10.
De esta forma, en el año de 1957, la ESPFM inició sus labores académicas,
nombrándose como primera directora a la Prof. Ruth Lerner de Almea, también venezolana como Prieto Figueroa. En este primer momento, el personal
docente y administrativo de la institución fue conformado mayoritariamente
8
9
10
Beltrán Prieto, Luis, «Discurso pronunciado en la Inauguración de la Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán», En: 25 Aniversario Primera Promoción
Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán, Tegucigalpa, 1985, p. 24.
Poder Ejecutivo, Creación de la Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán
(ESPFM), decreto nº 24. 15 de diciembre de 1956.
Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, 45 años de aporte a la educación nacional de Honduras (ESPFM-UPNFM), Tegucigalpa, Fondo Editorial de la
UPNFM, Colección Textos, 1ª edición, 2001, p. 14.
Pensamiento universitario latinoamericano
por profesionales extranjeros, entre los que destacaba el Dr. Prieto Figueroa
como «Asesor Técnico» de la institución.
Además de Luis B. Prieto, otros ocho maestros asumieron la enorme responsabilidad de encauzar a la naciente institución, atendiendo a los 80 estudiantes (70
hondureños y 10 centroamericanos) que ingresaron en calidad de primera promoción.11 Dos de los docentes acreditaban el grado de doctor: el subdirector, Dr. Guillermo E. Durón y el asesor técnico del departamento de profesionalización, Dr. Luis
Beltrán Prieto; mientras, los siete restantes ostentaban la formación de profesores de
educación media. Cuatro de los nueve profesionales eran de nacionalidad hondureña, mientras los cinco restantes eran destacados docentes latinoamericanos.
Este personal docente fue aumentando a medida en que fue incrementándose la matrícula y ampliándose las necesidades de personal especializado, que
sirviera los cursos para los estudiantes de segundo y tercer año de estudios. Hacia
1959, el personal docente de la ESPFM se había incrementado considerablemente, hasta 38 profesionales (55% de ellos de nacionalidad hondureña y el 45%
restante extranjeros: cuatro catedráticos de Venezuela, cinco de El Salvador, tres
chilenos, dos cubanos, un mexicano, un argentino y un español). 12
En los años iniciales de la ESPFM, la participación del Dr. Prieto Figueroa fue
relevante para la institución. En primer lugar, fue decisivo a la hora de fundar la ESPFM a partir del informe encomendado por el gobierno a su persona, y asimismo,
fue significativa su labor como asesor técnico del Departamento de Profesionalización, que en realidad era la labor prioritaria de la institución en ese momento, dado
el escaso nivel de formación que tenían los maestros hondureños de educación
media. Además, fue importante también su labor docente dentro de la ESPFM.
En concreto, el Dr. Prieto Figueroa estuvo laborando en Honduras entre
1955 y 195813, y en ese periodo, gracias a sus gestiones, la ESPFM logró realizar
varias metas importantes, a saber:
a) Egresaron las primeras promociones de la institución, las cuales pusieron
en práctica los conocimientos adquiridos, en un regular número de instituciones de educación media a lo largo de todo el país.
11
12
13
Los otros maestros fueron: Ruth Lerner de Almea, Guillermo E. Durón, Fernando Figueroa
R., Bernardo Galindo y Galindo, José R. Almea, Luz Viera Méndez, Emilio Abreu Gómez.
Catedráticos de la Primera Promoción de la Escuela Superior del Profesorado Francisco
Morazán, 1957-59 –de Honduras–: Benjamín Banegas, Víctor Donaire, Luis Alberto
Baíres, Ana Gómez Romero, Olga Q. De Cuevas, Ramiro Cabañas, Rubén Mondragón,
Marco Antonio Casco, Rodolfo Rosales Abella, Arturo Quezada, Felipe Benicio Flores,
Arturo Machado, Roberto Sánchez, J. Alfonso Berganza, Julia Bustillo Gómez, Guillermo E. Durón, Víctor F. Ardón, Aída Guererro Fontecha, Carlota Falck, Napoleón Méndez Guillén. Extranjeros: –de Venezuela– Luis Beltrán Prieto, Ruth Lerner de Almea, José
R. Almea, Renée Hartman; –de Chile– Daniel Navea Acevedo, Aída Migone de Arancibia, Jorge Arancibia; –de Argentina– Lu Vieira Méndez; –de Cuba– Alicia Hernández de
Muñoz, Max Figueroa Araujo; –de El Salvador– Rutilio Quezada, Roberto Vega, Roberto
Marroquín, Hilda Loyo, Elsa Leal; –de España– José Martínez Cross.
Véase: Rodríguez Bello, Luisa Isabel, et. al., Luis Beltrán Prieto Figueroa: una lección de
dignidad, Caracas, Fundación Luis Beltrán Prieto Figueroa, 2006, p. 64.
691
Pensadores y forjadores
692
b)
c)
b)
e)
f)
g)
h)
Se realizaron las primeras evaluaciones de la reforma iniciada en 1958, en
la que participaron los egresados y profesores de la ESPFM. Estas evaluaciones produjeron, como resultado, el establecimiento de las siguientes
mejoras en el sistema educativo nacional:
• Unificación y actualización de conceptos utilizados en las diferentes
asignaturas del nivel medio, llamado desde entonces Ciclo Común de
Cultura General (CCCG).
• Aplicación de pruebas objetivas con criterios unificados a nivel nacional en las asignaturas de Matemáticas, Ciencias Naturales, Ciencias
Sociales e Idioma Nacional, en el CCCG.
• Construcción de equipos mínimos de laboratorios para la enseñanza
inicial de las Matemáticas y las Ciencias Naturales.
• Aplicación del método de discusión en el proceso de aprendizaje a fin
de dar una mayor participación a los alumnos y cuestionar así la problemática nacional.
• Organización de gobiernos estudiantiles en todos los institutos de nivel medio del país.
• Nuevas prácticas metodológicas que integraron a profesores, alumnos
y padres de familia, para resolver problemas y satisfacer necesidades en el
interior del centro educativo y en la comunidad adyacente.
Se creó un programa para atender la formación de especialistas en Dirección de Escuelas Primarias y en Supervisión de Escuelas Primarias.
Se inició la profesionalización de 2.500 maestros sin título docente que
laboraban en el nivel primario.
Se establecieron convenios y se realizaron proyectos con la Organización
de Estados Americanos –OEA–, UNESCO, la República Francesa y con
voluntarios del Cuerpo de Paz de los Estados Unidos, con el fin de fortalecer la formación de profesores de Educación Media, específicamente en
las áreas de Física, Química, Biología y Ciencias de la Educación.
Se revisaron los programas de Matemáticas, Ciencias Sociales, Ciencias
Naturales e Idioma Nacional, correspondientes al Ciclo Común de Cultura General (CCCG), identificándose como hechos importantes las
concentraciones nacionales de profesores de Educación Media en la Escuela Superior del Profesorado. Se introdujo en las clases de matemáticas
la Teoría de Conjuntos; y en Ciencias Naturales se dieron las primeras
orientaciones para integrar la Física, la Química y la Biología.
Durante el gobierno presidido por el general Oswaldo López Arellano
(1963-1971), se llevaron a cabo reformas en el sistema educativo, para lo
cual se designó a la Escuela Superior del Profesorado como centro piloto
de las mencionadas reformas.
En función de los requerimientos del nivel medio del sistema educativo
nacional, se iniciaron los estudios para la reforma curricular de las diferentes especialidades que ofrecía la ESPFM. Los resultados obtenidos
Pensamiento universitario latinoamericano
demandaron la creación de nuevas carreras a fin de satisfacer las necesidades de personal calificado existente en las áreas de Educación Comercial,
Educación Física y Educación Técnica Industrial, del nivel medio del
sistema educativo nacional.
Además de lo anterior, el Dr. Prieto Figueroa fue profesor o impartió charlas
a varios alumnos de las primeras promociones de la ESPFM, que luego se convirtieron en destacados docentes e intelectuales del país, como por ejemplo Horacio
Reyes Núñez, Raúl Lagos, Marina Alicia Chávez de Aguilar, Modesto Sánchez
Cordero, José Dagoberto Martínez, Carlos Mejía Enamorado, Carlos Humberto Zelaya, Saúl Toro, Eduardo Bähr, María del Carmen Díaz, Armando
Castillo, Fausto Castillo, Adela Chavarría, Marcio Bulnes, Rebeca Guzmán,
Edgardo de Jesús Quiñonez, Margarita Castillo, José Carleton Corrales (a la
postre director de la ESPFM), Amílcar Cruz, Juan Ramón Martínez, Gilberto
Aguilar, Carlos Padilla, René Gregorio Morgan, Arturo Alvarado, Rosario Silva
de Seaman, Mario Argueta, Noé Pineda Portillo, Camila Zúñiga de Alfaro,
Rodolfo Sorto Romero, Lidia Herminda Rodríguez, Delia Ondina Pineda,
José Armando Vásquez, Marco Tulio Sanabria, Raúl Paz, Julián Lanza , Hernán
Reyes y Delia Fernández, entre otros.
Asimismo, en Honduras, Prieto Figueroa escribió y publicó una de sus
obras cumbres y más reconocidas, nos referimos a La magia de los libros, que
fue editado por el Ministerio de Educación, la cual es una obra que condensa el
pensamiento y las percepciones del autor con respecto a la importancia de los
libros y las lecturas en el desarrollo material y espiritual de los pueblos. En ella,
Prieto también sugiere y recomienda a los niños y adolescentes un listado de las
obras que considera como fundamentales en la formación en cultura general14.
El libro se difundió masivamente en ciudades y pueblos del país, no obstante,
lamentablemente nunca fue reeditado en Honduras, sin embargo, en Venezuela se convirtió en un libro de cabecera.
En síntesis, como puede verse, la labor de Prieto Figueroa en Honduras fue
muy fructífera. En primer lugar, a partir del Informe que rindió a la UNECSO, se
creó en el país la Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán (UPNFM),
hoy en día Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, la cual ha sido la
institución de vanguardia en la profesionalización docente en las últimas cinco décadas. En segundo lugar, a través de sus asesorías, se logró profesionalizar en cursos
cortos a muchos profesores empíricos que laboraban por aquel tiempo en el nivel
medio, y además, logró gestionar la dotación de los primeros laboratorios de la ESPFM, y modernizar también los recursos didácticos de la institución. También fue
relevante su asesoría en la organización y reforma curricular, tanto de la ESPFM,
así como en la malla curricular propuesta desde 1957 para el segundo nivel de
educación o educación media, llamado desde entonces «Ciclo Común de Cultura
General». En tercer lugar, y como resultado de su amplia experiencia docente tanto
14
Prieto Figueroa, Luis Beltrán, La magia de los libros, Tegucigalpa, Ministerio de Educación, 1955.
693
Pensadores y forjadores
694
en Venezuela como en otros países latinoamericanos, Prieto Figueroa coadyuvó no
solamente a la formación de los primeros catedráticos de la ESPFM, sino que también formó a muchos de los estudiantes de las primeras promociones que luego se
convertirían en destacados profesionales del ámbito nacional e internacional.
2. Aporte de Wilson Popenoe a la educación universitaria en Honduras
Wilson Popenoe15 es uno de los pioneros de la educación privada en el país,
y a la vez, uno de los principales impulsores de la investigación y educación en el
campo agrícola en Latinoamérica durante la primera mitad del siglo XX.
Desde muy joven, entre 1912 y 1925, trabajó en América Latina como
explorador agrícola del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Al principio se interesó en el cultivo de aguacates, por lo que viajó por México y Guatemala, en donde seleccionó plantas que luego propagó por Estados Unidos.
En 1925 viajó a Honduras por encargo de la United Fruit Company, específicamente a la ciudad de Tela, Atlántida en el Caribe del país, donde fundó
la Estación Experimental Agrícola y Jardín Botánico de Lancetilla, en la cual
fue director por varios años y a la postre se convirtió en uno de los centros de
investigación agrícola más importantes del mundo, por la variedad de plantas
y árboles provenientes de todo el planeta16.
Entre los principales cultivos experimentados en Lancetilla por Popenoe
destacaron la piña, mangos y aguacates, y varias frutas provenientes de Asia, como
el durián, las lichas, el rambután, el pulazán y el langsat; de África se introdujo
la palma africana, que a juicio de Popenoe fue la más notable contribución de la
estación experimental a la agricultura del hemisferio occidental, así como la fruta
akee, que tuvo consecuencias funestas para la familia de Popenoe, pues su esposa
Dorothy falleció al comerla por error un día. Por otro lado, en Lancetilla se realizó
un trabajo considerable en materia de maderas tropicales, como la caoba centroamericana, el cedro y el ciprés, el sándalo y el eucalipto. En total, se establecieron
en Lancetilla cerca de ochocientas variedades de plantas de importancia económica, provenientes de todas las regiones tropicales.
Con estas experiencias, Popenoe se embarcó más tarde en Honduras en otra
tarea que marcó el resto de su carrera agrícola, que fue la fundación en 1942 de la
Escuela Agrícola Panamericana, conocida hoy como El Zamorano, la cual fue creada con el apoyo del gobierno de Honduras y financiada inicialmente por la United
15
16
El señor Wilson Popenoe nació en Estados Unidos en 1892, y murió en Antigua, Guatemala, en 1975. Su labor investigativa y académica en el campo de la agricultura en
América Latina –en especial en Centroamérica– es ampliamente conocida; sus principales logros en este sentido los llevó a cabo en Honduras, donde fundó el Jardín Botánico
Lancetilla, en la ciudad de Tela, ubicada en el Caribe hondureño, y la fundación de la
«Escuela Agrícola El Zamorano», al oriente de Tegucigalpa, una de las más importantes
casas de estudio universitario del campo agrícola en la región latinoamericana.
Véase: Rosengarten, Frederic Jr., Wilson Popenoe: explorador agrícola, educador y amigo
de América Latina, Tegucigalpa, Editorial Guaymuras/ Zamorano Academia Press, 1ª
edición en español, 1995.
Pensamiento universitario latinoamericano
Fruit Company. Para la materialización del proyecto, Popenoe seleccionó el fértil
territorio del Valle del Yeguare, a 37 kilómetros al oriente de Tegucigalpa. El lugar
disponía de tierras feraces, con una elevación entre 800 y los 2000 metros sobre el
nivel de mar, rodeado de bosques de pino y con una adecuada reserva de agua. De
este modo, la United Fruit Company aprobó el proyecto, y donó tres millones de
dólares para iniciar la escuela; luego, durante veinte años contribuyó con otros tres
millones para cubrir los gastos de operación, y así, desde 1942, arrancó la primera
institución educativa de agricultura en Centroamérica del nivel superior17.
Quizás la principal característica en el modelo de enseñanza del currículo de
la Escuela Agrícola Panamericana introducida por Popenoe fue el lema de «aprender- haciendo», inspirada en la expresión latina de labor omnia vincit, que significa
«el trabajo lo vence todo». De esta manera, Popenoe hacía énfasis en el trabajo práctico de la educación, es decir, el concepto de aprender haciendo. Él aseguraba que
[…] la adquisición de habilidades prácticas es el principal objetivo; un estudiante que ha aprendido a ordeñar una vaca, a hacer buen queso y mantequilla,
a alimentar a los cerdos en forma correcta, manejar un tractor, proteger su suelo
de la erosión, injertar y podar árboles frutales y a cultivar papas, nunca olvidará
cómo se hace ese trabajo en toda su vida18.
Inicialmente, la escuela abrió sus puertas en 1943, con un grupo de setenta y
tres jóvenes provenientes de Centroamérica y México; un año más tarde, en 1944,
el grupo se amplió a ciento cuarenta estudiantes. Este aporte educativo fue recibido favorablemente por la opinión pública del país, pues para la década del cuarenta, en Honduras apenas funcionaba una universidad: la Universidad Central de
Tegucigalpa, la cual ofertaba las carreras clásicas de derecho, medicina y otras más,
pese a que la agricultura representaba más del 80% del producto interno bruto y
proveía empleos a más de la mitad de la población.
El principio y paradigma de «aprender-haciendo» otorgó fama internacional
a El Zamorano, de manera que rápidamente en pocos años, la escuela empezó a recibir estudiantes de todos los países latinoamericanos, así como de Estados Unidos,
muchos de los cuales una vez egresados se convirtieron en ministros de Agricultura,
en funcionarios y directores de importantes empresas agrícolas de la región.
Durante los primeros años, El Zamorano extendía el título de «Agrónomo», pero hacia los años ochenta, se introdujo una reforma curricular mediante la cual la institución empezó a otorgar títulos universitarios de «Ingenieros
agrónomos», y a su vez, empezó a admitir a mujeres desde 1981. Asimismo,
se modernizaron los laboratorios, se ampliaron las carreras, sumándose a la de
Agronomía otras igualmente importantes como Zootecnia y Desarrollo Rural.
A su vez, desde esa década mejoró su cuerpo docente, llegando a constituir una
de las universidades con una de las concentraciones más altas de doctores en la
17
18
Ibíd., pp. 220-223.
Ibíd., p. 225.
695
Pensadores y forjadores
696
región, y la proporción de estudiantes por profesor se ha mantenido en 10 por
1. De este modo, El Zamorano juega un importante papel en la formación de
recursos humanos en materia agrícola en América Latina, y contribuye a resolver problemas como el mejoramiento de la producción de bienes, el mercado
agrícola, el manejo de recursos naturales y el desarrollo comunitario. Además,
El Zamorano ofrece diversos programas de proyección que benefician cada año
a más de 10.000 personas en la región de influencia, que incluyen actividades
de capacitación, extensión, investigación y divulgación en las que se benefician
pequeños agricultores, maestros, grupos de mujeres, extensionistas, funcionarios
de gobierno y productores del sector privado. Estas actividades son facilitadas
por los nuevos centros de Semillas y Granos, Agronegocios, Análisis de Políticas
Agrícolas y Control Biológico, Evaluación y Manejo de Plaguicidas19.
Finalmente, hoy en día existen más de 3.600 graduados de El Zamorano
diseminados en más de treinta países. Más de veinticinco han llegado a ser ministros de Agricultura en sus respectivos países, y otros graduados se han convertido
en prominentes banqueros, docentes, científicos y funcionarios de universidades.
Igualmente, otras escuelas de agricultura en América Latina han sido diseñadas siguiendo los lineamientos de la Escuela Agrícola Panamericana, incluyendo dos en
Costa Rica y una en El Salvador, pero quizás la contribución más importante de El
Zamorano a la educación universitaria del país haya sido la introducción del lema
«aprender-haciendo», postulado que ha proporcionado un sello de identidad a la
institución no solamente a nivel nacional sino internacional.
3. El aporte de Irma Acosta de Fortín a la educación universitaria
de Honduras
En la historia universitaria del país, Irma Acosta de Fortín representa uno
de los personajes más revelantes, no solamente por ser una de las primeras mujeres
egresadas de la universidad, sino por ser una de las primeras mujeres de la historia
que incursiona en cargos de dirección20.
En efecto, doña Irma ostenta el privilegio de ser la primera mujer en el país
en graduarse en ingeniería civil, pero sus logros en la vida universitaria de la nación
llegan más allá de un simple título superior.
Acosta nació en los años treinta en Tegucigalpa, y por su propio testimonio,
sabemos que desde su formación escolar primaria, se apasionó con el estudio de las
matemáticas, lo cual la estimuló a ingresar más tarde al Instituto Central, donde
fue alumna de catedráticos de la talla de Vicente Cáceres y Abelardo Fortín21.
Luego de cursar la educación media, asumió el reto de ser la primera mujer
hondureña en matricularse en una carrera hasta entonces vedada a su género: In19
20
21
Ibíd., pp. 242-247.
Gran parte de las notas de este apartado se basan en el siguiente reportaje: Orellana, Mauro, «Irma Acosta de Fortín, Una vida dedicada al servicio de la patria», En: El Patriota,
quincenario, Tegucigalpa, año 1, edición 3, p. 30.
Ibíd., p. 30.
Pensamiento universitario latinoamericano
geniería civil. Así, se matriculó en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), cuando el alma mater funcionaba en la 2ª avenida de Comayagüela
o «Calle Real». Por su condición de mujer, relata que al comienzo sus compañeros
varones la marginaban, pero su constancia, capacidad, dedicación y sus calificaciones a lo largo de su carrera le hicieron ganar el respeto de sus compañeros.
Después de culminar sus estudios universitarios, se incorporó a la UNAH,
donde fue nombrada directora del Centro Universitario de Estudios Generales
(CUEG), a principios de los años setenta, y paralelamente cursó una maestría
en física22.
En la UNAH, doña Irma creció profesionalmente, y hacia finales de los años
setenta, justamente en 1978, junto a varios empresarios y amigos –como Benjamín Membreño, Zacarías Bendeck, Adolfo Facussé y Camilo Rivera Girón–,
decide crear la primera institución de educación superior de carácter privado en
el país, la Universidad José Cecilio del Valle (UJCV), sobre todo para atender a
un mercado estudiantil de la clase media en carreras técnicas y administrativas.
Este fue quizás el aporte más importante de doña Irma a la educación superior de
la nación, pues hasta entonces, solamente existían universidades estatales, pero
desde este momento, floreció la participación de la empresa privada en el sector
educativo, lo cual amplió la oferta académica en el nivel superior. Hoy en día,
existen en total catorce universidades en el país.
Por otro lado, doña Irma, además de su carrera académica en la UNAH y en
la Universidad José Cecilio del Valle, también ha tenido destacada participación
en la política del país. Sus primeros pasos los dio en 1971, cuando fue llamada
por el gobierno de Ramón Ernesto Cruz (1971-1972) para ocupar una curul en
el congreso nacional. Luego, a finales de los años setenta, fue una de las políticas
que luchó por el retorno al orden constitucional, que se materializó en 1981. Más
tarde, en los años noventa del siglo recién pasado, fue presidenta del comité central del Partido Nacional (PN), y fue aspirante a la vicepresidencia de la república
por el movimiento Por Una Mejor Alternativa (PUMA) de Gilberto Goldstein,
en las elecciones del 200123.
En la actualidad, doña Irma ya está retirada de sus labores en la UJCV, pero
sigue apoyando las actividades académicas y educativas del país, a través del Centro de Estudios y Propuestas Sociales y Económicas de Honduras (CEPSEH),
donde participan otras personalidades como Mario Nufio, José Rubén Mendoza,
Abel García, Roberto Bográn y Jacqueline Foglia, entre otros.
En términos generales, el aporte educativo de doña Irma Acosta al país ha
sido importantísimo; en primer lugar, abrió la brecha en los años cincuenta para
que las mujeres pudieran ingresar en igualdad de condiciones a la Universidad
Nacional, en momentos en que las mujeres estaban relegadas y marginadas de las
actividades culturales y académicas; esa constancia de doña Irma, la convirtió en
una persona honorable en el país, participando activamente en organizaciones
22
23
Ibíd., p. 30.
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Pensadores y forjadores
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humanitarias, y en muchas comisiones institucionales o nacionales que han elaborado las reformas educativas en los últimos veinte años en Honduras; también,
contribuyó decisivamente al desarrollo de la primera Universidad privada, la cual
sirvió de modelo a otras instituciones superiores que se crearon posteriormente en
los años noventa, como la Universidad Tecnológica Centroamericana o la Universidad Católica de Honduras (UNICAH).
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