Verónica decide morir Por: Paulo Coelho

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Verónica decide morir
Por: Paulo Coelho
Verónica es una joven de 24 años que tiene los mismos sueños y deseos que cualquier persona de su edad, es
atractiva, cuenta con un buen trabajo y no le faltan pretendientes. Sin embargo, ella cree que lo ha vivido todo
y decide acabar con su vida tomando una sobredosis de calmantes. Pero para su sorpresa, días después
despierta en un lugar extraño. A su lado, una enfermera le explica que se encuentra en Villete, un hospital
mental en Ljubljana, Eslovenia.
Luego de dormir un poco, Verónica se despertó y encontró a un doctor y un practicante a su lado. Estos dos le
hacían preguntas acerca de su pasado, de su vida en el convento, de su familia, de sus amigos, y de todo lo que
ella había vivido un tiempo atrás. Mientras éstos continuaban interrogando, ella seguía con la idea de
suicidarse. Sin embargo, los médicos le diagnosticaron una necrosis en el ventrículo y le dijeron que su
corazón dejaría de latir en 5 días o máximo una semana.
Al irse a dormir, Verónica pensaba que debía esperar su muerte, pero al mismo tiempo creía que sería más
fácil salir y conseguir unas pastillas para acabar con todo de una vez. En el tiempo que estuvo en Villete,
Verónica conoció a Zedka y a Mari, las cuales se convertirían en sus amigas. Éstas le contaron historias de sus
respectivos pasados y el por qué habían sido internadas. Una noche después de escuchar sus historias,
Verónica era incapaz de dormir, pues su corazón se encontraba invadido por el odio, así que decidió salir a
caminar. Entró a la sala de piano y empezó a tocarlo fuertemente. Mientras Verónica tocaba el piano, se
aproximo Eduard, un interno (esquizofrénico) que cambiaría su vida.
El doctor del sanatorio, llamado Igor, decidió tratar a Verónica con Vitriolo, un producto con el que la gente
moría lentamente. El sabor de éste era la amargura. El problema era que nadie luchaba por su vida, se dejaban
morir, sin embargo, él creía que con Verónica sería diferente, logrando que ésta se salvara. Los días pasaban y
Verónica sentía como se debilitaba su corazón, al mismo tiempo que se acercaba más a Eduard. Verónica se
acostumbró a tocar el piano toda las noches para Eduard, empezó a enamorarse de él cada vez más y se dio
cuenta de lo poco que había aprovechado su vida.
Al día siguiente Verónica se presentó en el consultorio del doctor Igor para pedirle el favor de que le diera una
pastilla o algún medicamento que le ayudara a estar despierta durante este último día que le quedaba, pues
quería aprovecharlo y hacer todo lo que nunca había hecho. Esa tarde, Verónica y Eduard salieron a caminar y
éste le contó todo sobre su pasado, su pintura, su vida y su familia. En la noche, después de comer, Verónica
le agradeció a Eduard por darle sentido a su vida, lo abrazó y le pidió a Dios que se la llevara en ese momento.
Los dos se quedaron dormidos en una colina donde habían subido y al despertar, Verónica se dio cuenta que
había ocurrido un milagro, pues todavía estaba viva.
Un enfermero se acercó al consultorio del doctor Igor y le dijo que dos internos se habían escapado. Él sabía
que Verónica había logrado sobrevivir, y tal vez viviría por mucho tiempo, gracias al vitriolo. Éste había
servido para que Verónica tuviera conciencia de la vida, y conciencia de la muerte. Osea que Verónica en
realidad nunca estuvo enferma del corazón. Durante una semana ella había recibido unas inyecciones que
simulaban los efectos de los ataques cardíacos y tuvo que haberse asustado mucho, porque tenía tiempo de
pensar en la muerte y repasar su vida. De modo que la conciencia de la muerte la animó a vivir más. La joven
eliminó de su organismo el Vitriolo y posiblemente no repetiría el intento de suicidio nunca jamás.
Este libro de Paulo Coelho está destinado a todos aquellos que no se ajustan a los patrones considerados como
normales en la sociedad. Definitivamente se lo recomendaría a otras personas. Me pareció un excelente libro
pues tocaba temas muy interesantes que me hacían reflexionar sobre mi manera de ver las cosas. Aprendí que
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los seres humanos debemos dejar un espacio abierto para objetivamente escuchar las diferentes ideas de los
demás, pues no necesariamente lo que piense la mayoría es lo correcto.
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