Especies invasoras, no siempre son malas Algunos científicos

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Especies invasoras, no siempre son malas
Algunos científicos consideran que una gran cantidad
de ellas pueden ayudar contra la pérdida de
biodiversidad
Las especies invasoras son consideradas la segunda mayor amenaza
mundial a la biodiversidad, después de la destrucción del hábitat. Sin
embargo, un grupo de investigadores asegura que es una generalización
simplista sin base científica. Varios estudios muestran que una gran
mayoría de estas especies exóticas han supuesto, en realidad, un aumento
de la biodiversidad de los lugares en los que se han asentado.
- Imagen: Tony Hisgett En la actualidad, los expertos en conservación explican que las especies
invasoras no son un problema menor: una vez que se han introducido en un
hábitat pueden causar graves daños a las especies autóctonas y, en
general, al medio ambiente, a la economía e, incluso, a la salud de los
habitantes de estas zonas.
Sin embargo, diversos investigadores consideran que esta afirmación
debería ser matizada. Es el caso de Peter Bridgewater, presidente del Joint
Nature Conservation Committee (JNCC), la institución gubernamental
británica que se encarga de velar por la biodiversidad de su país.
Bridgewater reconoce que algunas de estas invasiones son nocivas, pero
recalca que hay una gran cantidad de ellas cuyos efectos no sólo son
suaves, sino que pueden ser de gran ayuda frente a la destrucción de
ecosistemas y la pérdida de biodiversidad.
La recuperación del loro verde de la Isla de Norfolk, en peligro de extinción,
ha sido posible en parte gracias a diversas plantas invasoras
El responsable del JNCC recuerda cómo en Inglaterra todas las especies
fueron invasoras tras el final de la última edad de hielo. También cita el
caso de una especie en peligro, el loro verde de la Isla de Norfolk, cuya
recuperación ha sido posible en parte gracias a diversas plantas invasoras,
como la aceituna africana y la guayaba roja, de las que se ha alimentado.
Incluso un grupo conservacionista ha utilizado en la India una especie
invasora, la lantana (un arbusto perenne originario de América tropical),
para que las poblaciones locales pudieran emplearlo como sustituto del
bambú y del ratán, mientras se recuperaban las especies nativas.
Dov Sax, un ecólogo de la Universidad estadounidense de Brown, y Steven
D. Gaines, un biólogo marino de la Universidad de California en Santa
Bárbara, forman parte de este grupo de científicos "heterodoxos". En una
investigación publicada el año pasado en la revista Proceedings of the
National
Academy
of
Sciences
(PNAS),
explicaban
varios
invasiones que no han sido dramáticas, como podría pensarse.
casos
de
- Imagen: Matt Reinbold Se referían así a las plantas invasoras de Nueva Zelanda. En la actualidad,
hay unas 22.000 especies no nativas, que superan de manera considerable
a las 2.065 propias (y únicas en el mundo) de este país. La gran mayoría
vive gracias a su cultivo por parte de granjeros y jardineros, pero 2.069 se
han adaptado sin ayuda. A pesar de ello, esta invasión no ha supuesto una
extinción masiva de las especies nativas, ya que sólo se conocen tres casos
en este sentido.
Sax
y
Gaines
analizaban
todas
las
extinciones
documentadas
de
vertebrados relacionadas con especies invasoras. En cuatro de cada cinco
casos, las extinciones se produjeron por la introducción de depredadores
como zorros, gatos y ratas. Por este motivo, los investigadores razonaban
que las invasiones son bastante nocivas cuando las especies que llegan son
depredadoras, en vez de competidoras.
Una nueva forma de ver la ecología
Estos científicos "disidentes" dejan en evidencia la complejidad de la
naturaleza y constatan que todavía queda mucho por aprender. Reclaman
estudiar los detalles de forma científica, para llegar a conclusiones más
cercanas a la realidad, lo que puede incluso alterar las ideas clásicas de la
ecología. Sax y Gaines explican que su estudio rebate el concepto
tradicional de ocupación de nichos. Según esta idea, los ecosistemas
cuentan con un determinado número de nichos que las especies pueden
ocupar. Cuando están llenos, las nuevas especies sólo pueden habitarlos si
las que estaban se extinguen.
Las especies exóticas pueden estimular la evolución de una nueva
biodiversidad
Sin embargo, el estudio de Sax y Gaines muestra los casos de seis islas y
cadenas de islas a las que han llegado plantas invasoras durante los dos
últimos siglos. En ellas, lejos de disminuir, la biodiversidad se ha duplicado.
En un estudio similar, James Brown, de la Universidad estadounidense de
Nuevo México, describe el caso de Hawaii, una isla en la que se han
establecido 40 nuevas especies de peces. La investigación muestra que el
hábitat ha cambiado, pero las cinco especies nativas no se han extinguido, y
en opinión de Brown no lo harán, ya que compiten mejor que las foráneas
en ciertos aspectos. Este investigador asegura que el balance de las
invasiones se traduce a menudo en un incremento de la biodiversidad,
porque los nichos de los ecosistemas no siempre se llenan del todo, y las
foráneas pueden completarlos. Brown también recuerda que el registro fósil
no muestra grandes efectos negativos producidos por invasiones.
Estos científicos señalan que las especies exóticas pueden estimular la
evolución de una nueva biodiversidad. Antes de que los seres humanos
movieran las plantas por el mundo, muchas especies formaron híbridos y
crearon nuevas especies.
Algunos de los casos documentados de evolución más rápida se han
producido con especies nativas que se han adaptado a las exóticas. Una de
ellas es el sapo de caña, que se introdujo en Australia en los años 30 del
siglo XX. Esta especie tiene en su piel una potente toxina que puede incluso
matar a sus depredadores. Sin embargo, en las zonas en las que se asentó,
las serpientes negras lograron en poco tiempo volverse resistentes a esta
toxina, lo que les ha permitido una nueva forma de alimentarse.
Las especies invasoras también podrían ser claves en el cambio climático.
En un estudio publicado el año pasado en la revista Science, los
investigadores Peter Roopnarine, de la Academia de las Ciencias de
California, y Geerat Vermeij, de la Universidad de California, describieron el
caso de invasiones de varias especies de moluscos en el Ártico, hace tres
millones y medio de años. En esa época, un cambio climático permitió allí
unas condiciones más favorables, que se tradujeron en una invasión de
moluscos. La diversidad de esta zona también aumentó, por lo que estos
investigadores consideran que el Ártico podría volver a pasar por una
situación similar debido al cambio climático actual.
No obstante, estos investigadores han recibido varias críticas de la
comunidad científica. Se les recuerda que las invasiones pasadas son
diferentes a las actuales, provocadas y aceleradas en todo el mundo por el
ser humano y combinadas con otros factores negativos globales, como la
destrucción de los ecosistemas o el cambio climático. La unión de todos
estos factores puede dar lugar a consecuencias imprevisibles.
Hacen falta más estudios y nuevos enfoques
En cualquier caso, todos los científicos están de acuerdo en que hacen falta
más investigaciones para conocer los efectos positivos y negativos de estas
invasiones sobre la diversidad, ya que se trata de un tema muy complejo
con múltiples factores. Bridgewater señala que las especies invasoras
suponen un desafío para las actuales estrategias de conservación. Este
experto anima a apostar por nuevas formas de aproximarse a esta cuestión,
en las que se asuma el cambio y cómo manejarlo de forma correcta.
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