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EL PROCESO DE AUTO IDENTIFICACIÓN COMUNITARIA A TRAVÉS DEL ESTUDIO
DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO.
Prof. Jónathan Leyva Noa
Lic. Estudios Socioculturales
[email protected]
Universidad de Guantánamo
Resumen
La identidad cultural está cargada de un simbolismo cultural que es propio de la diversidad cultural que en la
convergencia de la práctica cotidiana asegura los nexos comunes para constituir atributo de un pueblo. Al
mismo tiempo que la cultura no es heredada de manera absoluta y completa, los signos y símbolos
culturales con quienes nos identificamos y nos van a diferenciar a la vez del resto de otros pueblos no son
mecánicamente heredados.
El proceso de auto identificación comunitaria presupone la construcción de identidades no al margen de los
procesos culturales que se gestan en un periodo socio histórico concreto que respondan a necesidades
políticas, culturales, sociales, etc., no es de extrañar entonces que de tanta diversidad pueda surgir la
unidad, entonces la cultura que se manifiesta, es una cultura común con rasgos que pueden ser
interpretados por los miembros de un pueblo. El patrimonio arqueológico ha garantizado el conocimiento
hacia lo ocultado por la memoria y el tiempo, una cultura creada por la humanidad pero con la necesidad de
ser expresada y transmitida.
En nuestros días observamos que bajo otras condiciones existen rasgos culturales de civilizaciones
anteriores que aun, ello se debe fundamentalmente al papel que juega el patrimonio arqueológico en el
proceso de auto identificación comunitaria. No se reduce el término comunidad solamente a lo referido a
contexto o espacio sociocultural delimitado geográficamente, sino a su conceptualización más amplia.
Palabras claves: proceso de auto identificación comunitaria, patrimonio arqueológico e identidad cultural.
El debate concerniente a los patrimonios arqueológicos se ha convertido en un tema de gran actualidad
académica y científica, y no tan lejana de estas perspectivas comienza a inquietarse un estudio que lo
oriente hacia el significado que adquiere dentro del proceso de auto identificación en la comunidad donde va
a adquirir un carácter popular más que el que pudiera tener desde un punto de vista histórico y científico.
Su significado va orientado hacia dos puntos de vistas fundamentales: al interpretarse como un concepto
que quizás tanga una motivación política concreta, cuando se reconoce el rol dinámico de los herederos del
patrimonio en las diferentes maneras de su conservación, pero que tiene un trasfondo inesperadamente
hacia una posición ontológica idealista de la percepción del patrimonio: el patrimonio sería exclusivamente lo
que un grupo de sujetos estén dispuestos a legitimar como tal, bajo esa óptica el patrimonio carecería de
atributos objetivos que los sujetos reconocen, para convertirse únicamente en una “construcción social”, sin
tener en cuenta el valor humano como resultado del trabajo y los valores estéticos que en él se representen.
Diversas fuentes bibliográficas nos remontan al objeto social de la arqueología, y por consiguiente lo que
constituye y de que se ocupa. Algunos autores consideran que la arqueología constituye una ciencia auxiliar
de la historia que estudia la prehistoria, pues complementa estudios, mediante documentos materiales, en
periodos donde la escritura no reveló fielmente lo acontecido, otros elementos apuntan a la arqueología
como una disciplina académica que estudia los cambios que se producen en las sociedades a través de
restos materiales distribuidos en el espacio y contenidos en el tiempo, para algunos países la arqueología se
considera una disciplina perteneciente a la antropología que indaga en el estudio de las expresiones
materiales de las diferentes civilizaciones en el transcurso de la historia y su significado.
Muchos elementos resultan congruentes a las anteriores consideraciones, ya que en la actualidad la
arqueología es considerada una ciencia social autónoma cuyo objetivo fundamental es incursionar en los
cambios que ocurren en las estructuras de la organización social y en la manera de proyectarse la conducta
humana en el pasado
El patrimonio arqueológico nos presenta una visión de cuáles eran las etnias que poblaban un determinado
territorio, país o región; permite comprender momentos históricos donde la escritura no daba testimonio claro
de lo acontecido como el desarrollo de una civilización, el tránsito de un sistema social a otro, así como la
diversidad de organismos vivos que poblaron un área determinada.
Desde el punto de vista socio antropológico el patrimonio arqueológico constituye un conjunto de piezas y
objetos antiguos, restos de seres vivos (fósiles), documentos materiales que son la expresión del proceso
histórico-evolutivo de comunidades de seres vivos, sociedades, culturas y sistemas políticos, que por sus
rasgos y características excepcionales se estudian, agrupan y conservan con el objetivo de ser transmitidos
a las generaciones futuras.
Los patrimonios arqueológicos permiten la reconstrucción de acontecimientos históricos de gran interés para
la ciencia de manera más exacta con relación a la periodización de los sucesos enmarcados en contextos
espaciales y geográficos concretos, permiten obtener datos mediante los elementos que portan y desarrollar
un análisis más profundo a la hora de dar explicaciones coherentes con relación a los objetos hallados,
mediante la reconstrucción de hechos y situaciones ancestrales, lo que permite dar una explicación más
certera de los cambios que acontecieron en la sociedad durante el trascurso evolutivo y las características
que distinguen en las diferentes etapas la organización social humana.
Muy significativo resulta como los habitantes de un área o espacio determinado asumen el contenido y se
identifican con los patrimonios arqueológicos, no solo por su significado universal, académico e histórico,
sino también porque les resultan dentro de una cultura general, pinceladas de su propia cultura, que
defienden, incrementan y muestran cada día con el de cursar del tiempo.
Más que tratar al patrimonio arqueológico desde una posición ontológica idealista, donde se identificaría al
patrimonio como lo que un grupo de sujetos estén dispuestos a legitimar como tal, reduciéndolo simplemente
a una “construcción social” nuestro interés es reconocer el valor humano como resultado del trabajo y los
valores estéticos que en él se representen mediante el rol dinámico desplegado por los habitantes de las
comunidades en las diferentes maneras de su conservación y trasmisión. No sería entonces la percepción
de un gran historiador, ni una Academia de Ciencias aunque de igual modo ello le resulte de gran interés,
sino lo que para un pequeño pueblo representa, una comunidad con cultural colateral rica en costumbre y
tradición, que no se aparta de su cultura nacional pero que lucha y resalta la suya propia como como parte
integrante de nuestra identidad.
La Identidad cultural que es concebida como el conjunto de valores, orgullo, tradiciones, símbolos, creencias
y modos de comportamiento que funcionan como elementos dentro de un grupo social y que actúan para
que los individuos que lo forman puedan fundamentar su sentimiento de pertenencia, es el resultado de la
diversidad cultural al interior de las mismas en respuesta a los intereses, códigos, normas y rituales que
comparten dichos grupos dentro de la cultura dominante, ella nos presenta que la construcción de las
identidades es “un fenómeno que surge de la dialéctica entre el individuo y la sociedad” (Berger y Luckman,
1988: 240). A lo que más tarde Giddens señalaría que “las identidades se construyen a través de un proceso
de individualización por los propios actores para los que son fuentes de sentido y aunque se puedan originar
en las instituciones dominantes, sólo lo son si los actores sociales las interiorizan y sobre esto último
construyen su sentido. (Giddens, 1995).
En esta línea, Castells (1998: 28-29), diferencia los roles definidos por normas estructuradas por las
instituciones y organizaciones de la sociedad (e influyen en la conducta según las negociaciones entre
individuos y dichas instituciones, organizando así las funciones) y las identidades definidas como proceso de
construcción del sentido atendiendo a un atributo o conjunto de atributos culturales (organizando dicho
sentido, entendido como la identificación simbólica que realiza un actor social del objetivo de su acción).
Algunos autores han empezado a estudiar las identidades culturales no solamente como un fenómeno en sí
mismas, sino como un fenómeno en oposición a otras identidades culturales. En esta corriente se considera
que la identidad cultural se define por oposición a otras, por ejemplo un grupo se define a sí mismo como tal,
al notar y acentuar las diferencias con otros grupos y culturas. Según esta corriente, cualquier cultura se
define a sí misma en relación, o más precisamente en oposición a otras culturas. Los individuos creen
pertenecer a la misma cultura porque tienen la idea de interactuar con códigos únicamente entendibles por
ellos, se basan parcialmente en un conjunto de normas comunes, pero la apreciación de tales códigos
comunes es posible solamente mediante la confrontación con su ausencia, es decir, con otras culturas.
Desde esta perspectiva, el hombre ha logrado tener una cultura propia pero necesita manifestarla y expresar
lo que es su historia, esta cultura propia no es asumida por lo general como herencia cultural en su totalidad,
por lo tanto los elementos identitarios están sujetos a variaciones desde la perspectiva que le conceden los
sujetos, es así que el proceso de auto identificación comunitaria lo constituye la relación que se establece
entre la apropiación de símbolos y códigos culturales que pueden ser descodificados por un grupo
determinado convirtiéndolos en atributos colectivos y las relaciones humanas no uniformes dentro en un
contexto sociocultural y periodo de tiempo determinado.
Un elemento imprescindible a tratar dentro de la construcción de las identidades comunitarias como parte del
proceso de auto identificación comunitaria lo constituye la participación social auto generada o de manera
espontánea portadora de los estilos de vida propios, ella permite que el proceso de aprendizaje y socialización
en la comunidad no parta de la intervención externa, sino del afianzamiento y sistematización de las estructuras
socioculturales internas, que al mismo tiempo, significan la interpretación y contextualización de las macro
estructuras, de esta manera la participación social atrapada en la necesaria armonía entre cultura
medioambiental y el desarrollo comunitario, no escapa a la objetividad de las diferencias culturales para dar
paso a un sistema de prácticas culturales que son propias y comprendidas por cada uno de ellos en la
comunidad, por lo que no es posible comprender la esencia de los procesos participativos al margen de la
diversidad cultural comunitaria.
Resulta de gran importancia la comprensión del significado que para los habitantes de un territorio
determinado adquieren los patrimonios arqueológicos a partir de la propia interacción con ellos como
elementos componentes del medio ambiente a la par del valor o la importancia que tienen estos para las
ciencias académicas. No podemos verlos como objetos aislados resguardados por urnas de cristal dentro de
un museo de arte, de historia natural, en academias universitarias donde cada día adquieren valores
incalculables en la medida que transcurre el tiempo, y también lo que llegan a ser por lo que representan, en
este orden se habla de patrimonios de la humanidad o patrimonios universales, ya que traspasan toda
frontera terrestre y espacial, porque su grandeza no les permite adherirse a un lugar en específico, sino que
resultan significativos para todo el mundo.
El complejo proceso de formación de la identidad comunitaria depende en gran medida de la posibilidad de
cada persona de pertenecer a aquello que le resulte propio y al mismo tiempo de ser parte de eso que le es
propio, en la medida en que se relaciona con los demás componentes del entorno al que pertenece creando
nuevos sentidos de pertenencia y de referencia. Al mismo tiempo, se enuncia un proceso de diferenciación
en la interrelación con los otros, donde se debe aceptar lo que se desea incorporar y excluir que no se va a
asimilar, todo esto se vuelve un requisito indispensable de conformación identitaria.
Los sentidos de pertenencia y de referencia que tienen las personas y los grupos sociales en sus distintas
interrelaciones constituyen ejes fundamentales en la conformación y consolidación de la identidad y, por
ende, en el proceso de aprendizaje sociocultural compartido del que como resultado, se obtiene un estilo
único de representación de códigos culturales que se hace común para todos.
El desarrollo del proceso de auto identificación comunitaria mediante el estudio del patrimonio arqueológico
constituye una vía que propiciaría la perdurabilidad de nuestra historia en el tiempo, lo que permitirá que las
futuras generaciones conozcan lo que fue de nosotros, nuestras formas de organización, nuestra manera de
proyectar y materializar las cosas; entonces se estaría en presencia de un proceso participativo en la
conservación y restauración de zonas arqueológicas y lugares históricos, como museos, bibliotecas, iglesias,
edificios, monumentos, capillas de cementerios, zonas de excavación donde se encuentres restos de
esqueletos tanto humanos como de otras especies e incluso piezas de cerámica, donde los miembros de la
comunidad serían los verdaderos protagonistas.
En la dinámica de auto-definición cultural debe estar presente una continua interacción entre culturas, donde
se aprecian relaciones desiguales con relación a intereses específicos, nunca manifestadas de manera
aislada: una compleja telaraña de relaciones políticas, económicas, científicas y culturales que tienen como
escenario las propias comunidades que convierten cualquier relación entre dos culturas en una relación
desigual.
Aun cuando se desarrollen prácticas culturales heterogéneas dentro de una comunidad posibilita la exista de
una conciencia de identidad común, ello nos indica de que también existe una voluntad hacia la preservación
de esta identidad, hacia una auto-preservación cultural, por lo que la identidad no debe ser construida en
oposición a las tendencias culturales externas al contexto, sino orientar los modos y estilos de vida mediante
la incorporación de las intrusiones que aportan estas culturas dentro de la propia vida de la comunidad con
el objetivo de preservar la autonomía y por lo tanto la identidad.
Fuentes Bibliográficas
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Ritzer, George. Teoría Sociológica Clásica. (Segunda Edición). Editorial Buena Vista. Barcelona,
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