Un pozo negro llamado Libia

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Un pozo negro llamado Libia
Lunes 03 de Agosto de 2015 23:00
Por Guadi Calvo
La noticia ha sido tan breve como esperada, un tribunal ha condenado a la pena de muerte a
Saif al Islam Gaddafi, hijo del asesinado líder libio. La dureza de la pena se cimienta en las
acusaciones, sobre los crímenes de guerra que el primogénito del Coronel cometió mientras su
país era bombardeado por la OTAN y miles de murtazaka o mercenarios pagados por Arabia
Saudita y entrenados por agentes israelíes, junto a algunos jefes del ejército libio acusados de
traición invadían el país, que hasta entonces era el de más altos estándares de vida del
continente.
Saif al Islam había sido designado por su padre responsable de establecer las líneas de
defensa a la agresión, que se disimulaba en los ropajes raídos de la Primavera Árabe,
consumaba uno de los golpes más anhelados por los Estados Unidos y sus socios, desde
hacía cuarenta y dos años.
Derrocar a Gaddafi no solo significaba eliminar el gobierno más antinorteamericano del
continente sino también y de manera fundamental acabar con el peligroso sueño del
panafricanismo.
Siria, en Medio Oriente, sin duda representaba y sigue representado un correlato perfecto de
la significancia de Libia en África y por ello se le aplicó los mismos métodos, aunque todavía no
han podido vencerla, desde hace cuatro años han convertido al país de los alauitas en una
homérica demolición. Sin duda este extraño despertar de Turquía al atacar o simular atacar a
Estado Islámico, en territorio sirio para crear una faja de unos cien kilómetros de ancho pegado
a su frontera libre tanto de salafistas, kurdos y de la injerencia del presidente Bashar al-Assad,
cumple el plan original tanto para Libia como para Siria partir a ambas naciones en varios
estados.
Junto a Saif el Islam, serán fusilados otros ocho hombres cercanos al coronel, como Abdullah
el Senussi, el jefe de la inteligencia de libia y el primer ministro Baghdadi el Mahmoudi.
El juicio de Saif al Islam, no es más que una fantochada ya que Libia, carece de autoridades
reales que puedan llevar a cabo tanto un juicio de esta envergadura o tan solo disponer de un
servicio de postal. Más allá de que se quiera disimular Libia es ya gracias a la intervención de
la OTAN, un estado fallido e irrecuperable.
El tribunal que ha enjuiciado al hijo y los hombres del coronel carece de toda legitimidad. Saif,
está secuestrado por un grupo de rebeldes en la región de Zitan, en noroeste de Libia cercano
a la frontera con Túnez, enfrentada al gobierno de Trípoli, que tampoco es reconocido ni por
Estados Unidos ni por Europa. Por lo que la muerte de Saif, no será otra cosa que un asesinato
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más en el marco de los centenares que se producen a diario en el país, una venganza y
también un baño en salud para los que han usurpado el poder en Libia.
Un Gaddafi vivo significa una amenaza y un líder potencial que se podría convertir en un
aglutinador de quienes ya no toleran la actual situación del país.
Por ahora en la franja norte del país el panorama es cada vez más convulso, la guerra entre
las diferentes bandas laicas y los salafistas no se detiene.
En 2014 la organización salafista Fajr Libia, conquistó la ciudad de Trípoli, obligando al virtual
gobierno a fugarse a Tobruk, cerca de la frontera con Egipto, por lo que de hecho en Libia
existen dos capitales o tres: Trípoli, Bengasi y Tobruk la primera y la última disponen de
Congresos para sancionar leyes y disposiciones pero no de pueblos que las acaten.
El país y esencialmente las regiones de Cirenaica y la Tripolitania, carecen de un mando
efectivo, existen algunas bandas más organizadas que otras, con más poder de fuego, con
algún mejor contacto en el exterior, pero en definitiva la realidad es que se lucha por el control,
a veces, de unas pocas manzanas.
Los grupos armados que todavía responden al ex General Khalifa Haftar, actual jefe del
Estado Mayor de Tobruk, la nada misma, trata de sostenerse frente a los embates de los
salafistas de Ansar al-Sharia, hoy adscriptos al Estado Islámico, que en realidad es el único
grupo en expansión. Ya han conquistado gran parte de la franja costera, por lo que manejan el
tráfico de personas que fundamentalmente salen del puerto de Misrata. Estado Islámico no solo
se ha filtrado en el interior libio sino que ya ha cruzado sus fronteras y entablando alianzas con
grupos salafistas que operan tanto en el Magreb, como en el Sahel.
Un vecino contaminante.
La columna vertebral que mantenía a Libia unida, se ha disuelto en el desierto hoy la nación
esta descontrolada, y solo algunas tribus como las de Fezzan, han mantenido, hasta ahora,
cierto control y hoy basan su subsistencia fundamentalmente en el contrabando y la asociación
con alguno carteles de la droga, que desde el Golfo de Guinea, busca llevar su mercadería
hasta el Mediterráneo para cruzarla a Europa.
Las tribus de Fezzan, las de al-Tabuo y los tuaregs han comenzado también a tener
enfrentamientos, violando antiguos pactos.
En las localidades de Sebha y Kufra, a unos ochocientos kilómetros al sur de Trípoli, estallaron
en febrero enfrentamientos entre ambas tribus que ya han dejado varios centenares de
muertos y heridos. La situación que amenaza con profundizarse podría pronto involucrar a
otras, como es el caso de la nigerina de al-Karaan. Estas tribus viven entre Libia, Chad y Níger,
pueden trasladar las luchas al interior de los países vecinos.
Cerca de cuatro mil tuareg, del barrio al-Toyuri, debieron abandonar sus casas por temor a
que se intensifiquen los ataques. El barrio al-Toyuri, en la ciudad de Sabha, un antiguo oasis
del Sahara libio, capital de Fezzan, es una pequeña muestra de lo que se vive en Libia. El
barrio fue construido en los primeros años de la Revolución Gaddafista para las familias
tuaregs, que atraídas por los logros de la Yamahiriya abandonaban Mali y Níger. Durante
cuarenta años los tuareg, convivieron pacíficamente con árabes emigrados de Egipto y
miembros de la tribu al-Tabuo, hoy esa paz ha estallado.
Los toububs, al contrario de los tuareg, en 2011 se habían incorporado a los sectores pasaron
rápidamente a las tropas golpistas y desde entonces las marcadas diferencias entre ambos
tribus.
Entre las dos tribus existió durante la Yamahiriya un tratado de amidi midi o buena vecindad
que disponía la distribución de las zonas de comercio en la frontera pero tras la caída de
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Gaddafi y el rico negocio del contrabando de combustible el conflicto se profundizo más
todavía. La disputa además está dada porque la provincia de Fezzan no solo rica en petróleo,
sino también en acuíferos subterráneos.
Además de contrabando, Fezzan es un paso seguro para los inmigrantes ilegales que buscan
llegar al Mediterráneo rumbo a Europa y también para las muy temidas bandas extremistas que
poco a poco están convirtiendo a la región en una cuña de penetración al Sahel.
Justamente para tratar de controlar esta situación en enero último se reunió en Nouakchott,
capital de Mauritania el “G5 Sahel”: Burkina Faso, Mauritania, Malí, Níger y Chad, para discutir
la situación regional respecto a la realidad libia respecto al salafismo. En consecuencia el G5
Sahel, solicitó a la ONU a establecer una fuerza de intervención internacional junto a la Unión
Africana.
La preocupación de los países convocantes no solo se basa en la situación interna de Libia,
sino en el crecimiento exponencial de las bandas armadas que actúan en la región y la cada
vez más estrecha relación de estas con los milicianos de Boko Haram, que están intentado
expandirse a toda África occidental.
Los presidentes de la región han responsabilizado tanto a Naciones Unidas como a Europa de
la actual presencia de los grupos salafistas que están asediando a sus países, pero por lo que
se está ve las aguas seguirán muy turbias en el desierto.
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