Boletín Electrónico sobre Integración Regional del CIPEI 14 «Entre

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Boletín Electrónico sobre Integración Regional del CIPEI
ISSN: 2223-2117, Vol. 3, mayo de 2013
«Entre el orden estato-centrista y la sociedad global: el nuevo enfoque de la seguridad
y la integración regional»
Willy Soto Acosta
I.
SUMARIO: I. Introducción, A. Palabras claves, II. Integración Regional y
Relaciones Internacionales, A. Aproximaciones Teóricas, B. Las Razones de la
Integración,III. Deutsch y la integración como comunidad de seguridad, IV. De
la seguridad al imperio de los riesgos, V. A manera de conclusión:
estatocentrismo, cosmopolitismo y “otredad de los otros” en los procesos de
integración regional, VI. Bibliografía.
II.
INTRODUCCIÓN.
En primer lugar, el artículo sitúa teóricamente el fenómeno de la integración
regional.
Posteriormente se pasa revista a algunas producciones que tratan de explicar (o que
sirven para ello aunque no sea su objetivo explícito) los procesos de integración en dos
momentos históricos diferentes: el mundo en donde el Estado-nación era el actor
indiscutible y casi único. Nos referimos a la producción teórica que trata de comprender la
conformación y funcionamiento, principalmente durante sus dos primeras décadas, de lo
que hoy es la Unión Europea.
El segundo momento –y su correspondiente producción teórica- es la era actual de
la Globalización, en donde surgen una serie de actores transnacionales y en donde incluso
el Estado-nación, debido a su anclaje territorial, tiene problemas para desempeñarse en este
“nuevo” mundo. ¿Qué naturaleza adquieren los procesos de integración en la
Globalización? ¿Son suficientes las “clásicas” teorías de la integración para entenderlos o
necesitamos más bien el arsenal teórico acerca de la Globalización?
El trabajo finaliza con una reflexión acerca del papel de los procesos de integración
dentro del paradigma del cosmopolitismo.

Profesor de la Universidad Nacional Heredia, Costa Rica.
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Entre el orden estato-centrista y la sociedad global…
Willy Soto Acosta
“Las objeciones que hoy se presentan a dicho proyecto de constitución cosmopolita
para Europa se asemejan a las objeciones contra las que tuvo que pugnar la convención
americana de 1778 en Filadelfia: por aquel entonces se discutió encendidamente hasta el
final si la unión de los trece Estados americanos necesitaba unos poderes legislativo,
ejecutivo y judicial centrales y poderosos. La subsiguiente ratificación del proyecto de
constitución se produjo por escaso margen. ´Lejanía del pueblo´ se les reprochó a aquellos
que querían más poder central. El sur desconfiaba del norte, los pequeños de los grandes.
Todos defendían su soberanía. Pero finalmente se convencieron de la ganancia federal de la
soberanía, un convencimiento que también puede convencer (o quizá ya lo ha hecho) el
surgimiento de una Europa cosmopolita. Es la ganancia de contenido de soberanía, de
posibilidades de acción, lo que compensa con creces la pérdida de autonomía formal en la
era global” (Beck, 2004: 144-145).
“El nacionalismo es una forma de conciencia que presupone una apropiación de las
tradiciones culturales filtrada por la historiografía y por la reflexión. A su vez, se expande a
través de los canales de los modernos medios de comunicación de masas. Estos dos
elementos conceden al nacionalismo unos rasgos de artificialidad que en cierta medida lo
hacen susceptible de manipulación por parte de las .élites políticas domésticas”.
“…el ejemplo de sociedades multiculturales como Suiza y los Estados Unidos
muestra que una cultura política en la que arraiguen los principios constitucionales no tiene
por qué apoyarse sobre un origen étnico, lingüístico y cultural común a todos los
ciudadanos (…). En un futuro estado federal europeo esos mismos principios jurídicos
deberán ser interpretados desde la perspectiva de distintas tradiciones culturales, es decir,
de distintas historias nacionales (…). Lo dicho: la ciudadanía democrática no necesita
arraigarse en la identidad nacional de un pueblo…”(Habermas, 1998: 4, 11).
III. INTEGRACIÓN REGIONAL Y RELACIONES INTERNACIONALES
1. APROXIMACIONES TEÓRICAS
ErnestHaas concibe la integración como una jurisdicción común sobre unidades
político-administrativas pre-existentes y le agrega el elemento de la lealtad de sus miembros
hacia la (nueva) entidad supranacional. En efecto, según Haas la integración es: «…el proceso
a través del cual actores políticos en distintos ambientes nacionales son persuadidos a cambiar
sus lealtades, expectativas y actividades políticas por una nueva estructura cuyas instituciones
poseen o demandan jurisdicción sobre los estados nación pre-existentes»(citado por Laursen,
2003: 2).
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En un sentido similar Leon Lindberg apunta dos elementos distintivos de la
integración política. Primero, los Estados participantes renuncian a manejar tanto su
política exterior como su política interna independientemente de los otros socios del
proceso, persiguiendo más bien tomar decisiones mancomunadas o atribuyendo esa toma de
decisiones a nuevos órganos comunitarios. Segundo y corolario de lo anterior, en
laintegración los actores políticos que tiene un anclaje nacional son persuadidos a modificar
sus expectativas y actividades políticas, de tal manera que se adapten al contexto de la nueva
estructura (citado por Laursen, 2003: 2).
En esta misma línea de precisión conceptual hay que diferenciar, tal como lo establece
Carl Friedrich, entre integración en cuanto estructura política e integración en cuanto
proceso. El primer tipo hace referencia a los órganos formales de un proceso de integración
tales como: una comisión, un senado, una estructura intergubernamental, un parlamento o un
banco regional, entre otros. La integración en cuanto proceso estudia, más allá de las
instituciones, las transacciones entre países: influencias políticas, intercambios comerciales,
cooperación entre fuerzas sociales de varios Estados, corrientes de migración, hermandad de
ciudades, nexos históricos-culturales (citado por Laursen, 1976: 185-188).
Uno de los casos más importantes de «integración en cuanto proceso» lo constituye los
intercambios comerciales entre países. Sin embargo, cuando estos intercambios comienzan a
organizarse bajo la forma de una zona de libre comercio u otra fase ulterior de integración
económica, comienzan a convertirse poco a poco en «integración en cuanto estructura», en la
medida en que conllevan la creación de instituciones que adquieren «movimiento propio» a
partir de los Estados miembros del proceso.
En este punto hay que recordar, siguiendo a Bela Balassa, las diferentes fases de la
integración económica. La etapa inicial, el área de libre comercio, se caracteriza
fundamentalmente por la eliminación de arancelesy restricciones cuantitativas entre los
Estados participantes; no obstante que cada uno de los miembros conserva sus propios
aranceles en relación con terceros países. En la fase siguiente, la unión aduanera, además del
libre movimiento de mercancías dentro de la región o zona, se establece una barrera
arancelaria común en contra de terceros Estados. En el tercer paso, el mercado común, se
avanza en el sentido de que no solamente se eliminan los obstáculos al comercio sino que
también las se abolen las limitaciones a los movimientos de factores. Por último, en una unión
económica, a todo lo anterior se agrega una de armonización de las políticas económicas,
monetarias, fiscales, sociales y anti cíclicas de los países participantes en la integración
(<biblio>).
Estas etapas de la integración económica y la creación o no de instituciones o normas
conllevan a diferenciar lo que Tinbergen define como «integración negativa» e «integración
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positiva». La primera consiste fundamentalmente en la abolición de barreras al comercio que
permite la emergencia y consolidación de mercados ampliados. Por su parte, la integración
«positiva» hace referencia a la institucionalización (vía normas comunitarias y/o órganos)
tendiente a crear y consolidar mecanismos de corrección social, laboral, y ambiental que
por sí solos no se derivan o no los crean la integración económica (citado por Sanahuja,
2007: 87-88).
Sin embargo, el fenómeno de la integración es mucho más complejo que una lectura
lineal de las etapas de Balassa, en donde una fase de integración económica llevaría casi
automáticamente a otra superior y en donde una vez que el proceso alcanzaría una unión
económica, se podría pasar a formas de gobierno supranacional.
Tal como lo plantea la teoría intergubernamentalista, lejos de un desbordamiento
económico y político (spillever), los procesos integracionistas más bien presentan una lógica
de retrocesos pero también de aceleraciones o re-inicios (fits and starts), comportamiento de
avances-retrocesos-parálisis que depende de las negociaciones entre los gobiernos
participantes. Habrá progreso, estancamiento o vuelta atrás según los gobiernos logren
articular o no la «política baja» (lowpolitics), es decir las ganancias económicas provenientes
de la integración, con la «alta política» (highpolitcs), la que gira en torno a los temas de
soberanía, seguridad y política exterior (Sánchez, 2003: 51). Así, podemos tener sectores
empresariales altamente proclives a la integración y gobiernos reacios a la misma.
Sin embargo, una limitación epistemológica de esta postura intergubernamentalista es
que pareciera concebir como mundos diferentes a los gobiernos y a las élites empresariales: la
experiencia de algunos países de Centroamérica y en general de América Latina demuestra
como los sectores empresariales en algunas ocasiones colocan a representantes suyos en los
órganos de gobierno que se encargan de la integración (ministerios de Economía, Comercio
Exterior, Relaciones Exteriores). Además, como veremos más adelante, la seguridad ya no se
plantea tanto en términos de integridad territorial sino en términos de riesgos ecológicos, por
los que las mismas burocracias gubernamentales y clases políticas podrían estar de acuerdo en
una gestión mancomunada de la soberanía.
Aunque no existe un automatismo entre ambas, la «integración negativa» requiere
formas de «integración positiva» para consolidarse. O para decirlo más claro: aunque la
integración económica es una las principales fuerzas de la integración “en cuanto proceso”,
se requiere de órganos e instancias políticas regionales así como de una normativa
(Derecho Comunitario) que regule (y al mismo tiempo consolide, fortalezca) las
transacciones económicas.
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2. LAS RAZONES DE LA INTEGRACIÓN
En su clásico estudio «Federalism: Origin, Operation, Significance», el politólogo
estadounidense William. H. Riker denominaba «negociación del federalismo» al proceso de
integración entre colectividades territoriales. En su criterio, esta negociación es motivada por
dos razones. Primero, un deseo de extensión territorial –allende sus fronteras nacionales– de
los políticos, para enfrentar una amenaza militar o diplomática o por el contrario, para agredir
a otro Estado o colectividad territorial. Segundo y corolario de lo anterior, aunque el precio a
pagar sea la renuncia a una parte de la soberanía, los políticos aceptan ese costo para enfrentar
el riesgo diplomático o militar exterior o para participar en un ataque que la nueva federación
(de la que serían parte) haría hacia terceros (citado por Laursen, 1976: 190).
Notemos en esa concepción el papel protagónico que juegan los políticos (hombres y
mujeres de gobierno) en los procesos de integración, similar a como en la teoría
intergubernamentalista tienen un rol principal las burocracias y entes de los gobiernos. Existe
en esa postura de Riker, de manera similar a como veremos en la de Karl Deutsch, una razón
de seguridad que conlleva al deseo de unirse con otras colectividades: ampliar el control sobre
otros entes o evitar ser controlado por un tercero.
Si bien esos motivos explican algunos procesos de integración, en tiempos recientes
las «razones de la unión» tienen que ver con la dificultad de los Estados de cumplir sus
propios objetivos por sí mismos; es decir, sus dificultades de ser auto-suficientes, sus
discapacidades para ser soberanos.
En concreto, dos razones relacionadas están a la base del surgimiento y proliferación
de procesos de integración regional: la interdependencia compleja característica de la sociedad
global actual y, corolario de ello y aunque pueda parecer contradictorio, el egoísmo y el
individualismo de los Estados que los conduce a procesos de integración.
El fenómeno de la interdependencia conlleva a una limitación de los países, en el
sentido de que «…aunque el Estado ha sido legalmente dotado de poderes para actuar de cierta
forma al interior de su territorio y en relación con sus ciudadanos nacionales, tal vez dichas
acciones no cumplan los objetivos estipulados debido al incremento de interdependencia»
(Keohane, 2010: 358-359).
En cuanto al segundo elemento, como apunta Robert Keohane, los Estados disponen
de una soberanía formal, pero para hacer efectiva necesitan de otros Estados y actores. De
manera más concreta:
“El sacrificio de su soberanía operacional –es decir, de la legítima libertad de acción18
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obedece a la necesidad de garantizar los cambios en las políticas de otros gobiernos o de
influir en ellas. Por lo general, los gobiernos hacen ese sacrificio en la medida en que los
gobiernos extranjeros o los actores no gubernamentales que están fuera de su jurisdicción
posen el control sobre ciertos recursos claves. Es posible influir en las políticas ajenas una vez
que se han aceptado determinados límites de la propia libertad de acción; es decir, la
restricción de la propia soberanía operacional forma parte, por fuerza, del doloroso proceso de
adaptación mutua que instaura la cooperación internacional” (Keohane, 2010: 352-353).
Sin embargo, como lo explica la teoría intergubernamentalista, esta necesidad de los
Estados de integrarse con otros para cumplir con sus propios objetivos «nacionales», no
implica una simetría entre los países participantes, aunque si un deseo de cada uno de obtener
algún tipo de ganancia. En efecto, para esta teoría en los procesos de integración regional los
intereses de los Estados más poderosos que participan deben ser considerado como variable
determinante, siendo que «… la integración no es otra cosa que el manejo de las relaciones de
interdependencia mediante hábitos de cooperación entre los Estados, sea ésta económica o
estratégica y esto delinea el carácter estratégico de la integración regional» (Sánchez, 2003:
51-52).
Estas relaciones de desigualdad entre Estados se acentúan cuando los países
participantes presentan una marcada diferencia de desarrollo económico entre ellos. Una
situación es cuando un grupo de Estados relativamente similares como los centroamericanos
constituyeron y desarrollaron el Mercado Común Centroamericano, o bien los países andinos
lo hicieron con la Comunidad Andina de Naciones. Una situación de asimetrías profundas se
da cuando los países centroamericanos y la Unión Europea negocian el Acuerdo de
Asociación, o los países centroamericanos y República Dominicana firman un Tratado de
Libre Comercio con los Estados Unidos de América: casos como estos dos últimos son
procesos de integración norte-sur, en donde los países «pequeños» presentan una gran
debilidad en el proceso de negociación y se convierten en un «socio menor» a la hora de
percibir las ganancias y, en algunos casos, tiene que pagar una parte importante de los costos
de la integración.
Sin embargo, aún en medio de esta desigualdad, siempre hay sectores internos a cada
país (en este caso, de los pequeños) que promueven y empujan la integración porque tiene la
expectativa de obtener beneficios económicos y/o políticos: sectores empresariales, clase
política, entre otros.
Pero las desigualdades se pueden producir al interior mismo de procesos
integracionistas «sur-sur»: en el caso del Mercosur, el peso de Brasil y, en menor medida,
Argentina, es con mucho superior al de los otros dos socios (Uruguay y Paraguay). Entonces,
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¿por qué formar una integración entre desiguales? En ello estriba la complejidad de los
procesos de integración y la impotencia de cualquier teoría integracionista para explicar por sí
sola los casos concretos.
En efecto, en los procesos integracionistas se articulan desde factores «subjetivos»
(tener un pasado común, compartir un mismo espacio geográfico) hasta elementos más
«objetivos» (aspiraciones de los empresarios de incrementar su capital mediante un mercado
ampliado; anhelo de los Estados de hacer operativa su soberanía formal; potencializar la
capacidad de negociación del «bloque» ante terceros; alianzas y afinidad de las clases políticas
de los países participantes; promoción del ideal «federalista» por parte de una élite de
intelectuales y consultores que obtienen prestigio, dinero y un estilo de vida «cómodo» con el
ideal integracionista, etc.).
Pero ningún actor que promueva la integración lo hace para perder y esto va desde los
sectores empresariales que regañan a su respectivos gobiernos cuando éstos, amparados bajo
la bandera de la soberanía nacional, son reacios a la integración y los capitalistas le recuerdan
lo anticuado y pasado de moda del concepto «soberanía», hasta los mismos gobiernos, cuando
frustrados ante la realidad de la interdependencia mundial, reconocen humildemente que un
Estado no logra sus propósito con una soberanía formal y que para hacerla efectiva, tiene que
participar (aunque sea a regañadientes) en procesos de integración y en regímenes
internacionales.
Queda claro entonces que las tentativas de integración no obedecen solo a un deseo de
fraternidad entre los países de una región. Los Estados que trabajan insistentemente en esa
dirección, los que la rechazan, así como los que son indiferentes en ciertos períodos históricos
a esquemas integracionistas, lo hacen para obtener beneficios o minimizar pérdidas o costos.
Ganancias que serán percibidas no por un ente abstracto denominado «Estado» o «país», sino
por clases políticas y sectores empresariales que operan a escala nacional, regional y global,
así como por otros actores que actúan dentro del marco estatal y/o en un espacio
transnacional.
Los sectores empresariales de países (vecinos pero también ubicados en países que no
tiene una continuidad geográfica y que incluso se ubican en regiones geográficas discontinuas)
constituyen uno de los principales promotores de formas de integración económica, pues las
economías de escala permiten incrementar sus ganancias.
Otro actor que puede maniobrar en esta dirección son las élites políticas y grupos
burocráticos, que visualizan en esquemas e instituciones integracionistas nuevas oportunidades
laborales de ocupar nuevos puestos y nuevas esferas de influencia.
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En resumen, existen al menos cinco factores por los que los Estados deciden integrarse
económica o políticamente:
A. Lograr la paz y la estabilidad política. El caso típico de este motivo lo constituye la
“Comunidad del Carbón y del Acero” (CECA). Terminada la II Guerra Mundial,
Alemania y Francia creyeron que estableciendo una gestión común de sus dos
recursos más importantes, el carbón y el acero, se podría evitar una nueva guerra
entre ellos, alcanzando así la paz y la estabilidad.
B. Defenderse de una dependencia, y en su caso extremo, absorción económica y/o
política por parte de otros Estados o bloques de éstos.
C. Aunar recursos económicos y/o político-militares para que los Estados componentes
de la integración se fortalezcan individualmente.
D. Los países agrupados en la integración desean competir económica o militarmente
con países más grandes u otros bloques de Estados.
E. Tener una presencia cultural en otras partes del mundo, pues los Estados que
conforman el proceso de integración creen ser depositarios de una cultura especial, de
una especie de herencia civilizatoria, de la cual, según ellos, otros pueblos obtendrían
muchos beneficios en conocerla y en imitarla. Por lo tanto creen en una misión de
exportar a otros pueblos su patrimonio cultural.
IV. DEUTSCH Y LA INTEGRACIÓN COMO COMUNIDAD DE SEGURIDAD
Uno de los más importantes trabajos pioneros en el campo de los estudios de
integración regional, que tiene la cualidad de presentar una teoría, es el de Karl Deutsch
(1912-1992), originalmente aparecido en inglés en 1957, y posteriormente publicado en
1966 en español, bajo el título: “Integración y Formación de Comunidades Políticas.
Análisis sociológico de experiencias históricas”.
Para Karl Deutsch, la integración entre Estados está íntimamente relacionada con otros
dos fenómenos: la seguridad y el sentido de comunidad. En sus palabras:
“Una COMUNIDAD DE SEGURIDAD es un grupo de personas que se han ´integrado´.
“Por INTEGRACIÓN queremos significar el logro, dentro de un territorio, de un ´sentido de
comunidad´ y de instituciones y prácticas lo suficientemente fuertes y extendidas como para
asegurar durante un ´largo´ tiempo, expectativas firmes de ´cambio pacífico´.
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“Por SENTDO DE COMUNIDAD entendemos que los individuos de un grupo creen haber
llegado a un acuerdo al menos sobre este punto: que los problemas sociales comunes pueden y
deben ser resueltos por procesos de ´cambio pacífico´.
“Por CAMBIO PACÍFICO queremos significar la solución de problemas sociales, normalmente
por procedimientos institucionalizados, sin recurrir a la coerción física en gran escala” (Deutsch,
1966: 25).
Este autor diferencia dos tipos de integración, la amalgamada y la pluralista. La primera
se produce cuando dos o más colectividades territoriales preexistentes se funden en una unidad
mayor que las engloba, datándose de un gobierno común con una estructura centralista o, por el
contrario, federal. Es el caso de las colonias norteamericanas que conformaron una estructura
común (los Estados Unidos de América) o los cantones suizos que se aglutinaron en la
Confederación Helvética. En una comunidad de seguridad pluralista, las colectividades
participantes conservan su independencia jurídica (caso actual del Mercosur, por ejemplo)
(Deutsch, 1966: 26).
En un sentido flexible, la amalgamación y el pluralismo son casos límite de las relaciones
que se producen entre colectividades territoriales y Estados.
Quizás el aspecto central en el trabajo de Deutsch es el de la seguridad. Los
procesos de integración son enfocados como mecanismos o medios para lograr la
seguridad, pero ésta se concibe en términos estrictamente militares: el peligro de guerra
entre Estados. No es un azar si iniciando su obra, este autor hace explícita su preocupación:
“… ¿cómo pueden los hombres aprender a actuar conjuntamente para eliminar la guerra
como institución social?” (Deutsch, 1966: 23).
El trabajo de Deutsch es realizado y publicado en plena Guerra Fría: de ahí que
conciba los procesos de integración entre Estados como “comunidades de seguridad”, tanto
capaces de neutralizar el conflicto militar entre sus unidades participantes como de impedir
(debido a la sumatoria de fuerzas) un posible ataque de un tercer Estado o país. Respecto al
primer elemento, un hecho fundamental que pesaba en la época lo era la constitución de la
CECA entre Alemania y Francia, que a la postre dará origen a la Unión Europea, en donde
esos dos países, como ya se mencionó, ponían bajo una autoridad comunitaria el carbón y
el acero como medio para evitar una nueva guerra mundial.
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V. DE LA SEGURIDAD AL IMPERIO DE LOS RIESGOS
Sin lugar a dudas, en la actual era de la Globalización, tanto los Estados como las
agrupaciones entre éstos (sea bajo la forma de esquemas orgánicos de integración regional
tal como la Unión Europea o bajo la forma de organizaciones más flexibles), así como las
sociedades civiles, ONG´s y organismos internacionales que operan a escala planetaria,
continúan operando con el criterio de seguridad, aunque ésta ya no es únicamente entendida
bajo la forma de seguridad político-militar.
Las amenazas ya no son principalmente militares ni los Estados (o agrupaciones de
éstos) tiene el control sobre ellas. En este sentido, consideramos valioso el aporte del
sociólogo alemán UlrichBeck y su “teoría de la sociedad del riesgo global”.
Si Deutsch ponía el acento en lograr la seguridad a través de la formación de
comunidades (de seguridad) entre Estados, en la Globalización: a) los Estados (actuando
aisladamente o en agrupaciones) pierden su capacidad para garantizar la seguridad pues
los principales fenómenos y problemas son de carácter global, no nacional o regional; b) los
riesgos (en plural) son los que prevalecen, no la seguridad (en el mejor de los casos, los
procesos de integración serían comunidades no de seguridad sino comunidades para
gestionar y mitigar los riesgos).
Lo que caracteriza la sociedad actual son los riesgos. ¿Pero qué es un riesgo? Es una
mezcla de algo que sucede actualmente pero su potencial atemorizador está en la parte que
no ha sucedido pero que puede ocurrir:
“ … los riesgos tienen algo de irreal. En un sentido central, son al mismo tiempo reales e
irreales. Por una parte, muchos peligros y destrucciones ya son reales: aguas contaminadas
y moribundas, la destrucción del bosque, nuevas enfermedades, etc. Por otra parte, la
auténtica pujanza social del argumento del riesgo reside en la proyección de amenazas para
el futuro” (Beck, 1998 b: 39).
La sociedad de riesgo es producto y continuación de la sociedad industrial, en el
sentido de que aquélla “… designa una fase de desarrollo de la sociedad moderna en la que
los riesgos sociales, políticos, económicos e individuales tienden cada vez más a escapar a
las instituciones de control y protección de la sociedad industrial” (Beck, 2008: 18).
Los beneficios de la sociedad industrial son sustituidos por los males o daños de la
sociedad del riesgo:
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“Con el surgimiento de la sociedad del riego, los conflictos sobre la distribución de los
´males´ se superponen a los conflictos sobre la distribución de los ´bienes´ (renta, trabajo,
seguridad industrial) que constituyeron el conflicto básico de la sociedad industrial y se
intentaron solucionar en las instituciones relevantes. Esos conflictos sobre la distribución de
los males pueden interpretarse como conflictos sobre la responsabilidad distributiva.
Surgen en torno a la distribución, prevención, control y legitimación de los riesgos que
acompañan a la producción de bienes (megatecnología nuclear y química, investigación
genética, amenazas ambientales, supermilitarización y creciente depauperación fuera de la
sociedad industrial occidental).
“En el contexto de la teoría social y el diagnóstico cultural, el concepto de sociedad del
riesgo designa una fase de la modernidad en la que las amenazas que han ido produciendo
el desarrollo de la sociedad industrial empiezan a predominar” (Beck, 2008: 19).
Del reino de los Estados característico de la época en que Deutsch escribió, pasamos a otra
realidad:
“La globalidad nos recuerda el hecho de que, a partir de ahora, nada de cuanto ocurra en
nuestro planeta podrá ser un suceso localmente delimitado, sino que todos los
descubrimientos, victorias y catástrofes afectarán a todo el mundo y que todos debemos
reorientar y reorganizar nuestras vidas y quehaceres, así como nuestras organizaciones e
instituciones, a lo largo del eje ¨local-global´” (Beck; 1988 a: 28, 30).
La primacía de lo político-militar es remplazada en la “teoría de la sociedad del
riesgo global”, en el sentido de que ahora las amenazas son fundamentalmente ecológicas,
aunque estén condicionadas por motivos políticos (peligro nuclear, actos terroristas),
sociales (desigualdad social y miseria que redunda en una sobre-explotación de los recursos
naturales), económicos (efectos ambientales –calentamiento global, entre otros- del uso del
petróleo; sobre-explotación y contaminación de los suelos producido por el ansia de
obtener ganancias crecientes).
Esas amenazas, esos riegos, no pertenecen a un solo país o región ni a una sola clase
social, sino que son globales, planetarias:
“…los riegos de la modernización…poseen una tendencia inmanente a la globalización. A
la producción industrial le acompaña un universalismo de los peligros, independientemente
de los lugares de su producción: las cadenas de alimentos conectan en la práctica a todos
los habitantes de la Tierra. Atraviesan las fronteras. El contenido en ácidos del aire no ataca
sólo a las esculturas y a los tesoros artísticos, sino que ha disuelto ya desde hace tiempo las
barreras aduaneras modernas. También en Canadá los lagos tiene mucho ácido, también en
las cumbres de Escandinavia se mueren los bosques” (Beck, 1988 b: 42).
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Es decir, si hay algo global y globalizador es el riego, no respeta fronteras, es
universal por excelencia, no es patrimonio de un lugar sino del planeta.
En la era de la globalización, los riesgos se auto-reproducen, en el sentido de que
un riesgo en una dimensión genera otro riesgo en otro plano:
“La producción de riesgos de la modernización sigue el giro del bumerang. La agricultura
intensiva industrial subvencionada con millardos hace crecer dramáticamente el contenido
de plomo en la leche materna y en los niños no sólo en las ciudades lejanas. También
socava de muchas maneras la base natural de la producción agrícola: desciende la fertilidad
de los campos, desaparecen animales y plantas necesarios para la vida, crece el peligro de
la erosión del suelo” (Beck, 1988 b: 43-44).
En su caso extremo, esta retroalimentación entre daños puede engendrar un “efecto dominó
de la destrucción”:
“Los daños ecológicos (por ejemplo, las inundaciones en Blangladesh) pueden
desencadenar movimientos migratorios en masa, que pueden desembocar a su vez en
conflictos bélicos. También otros Estados beligerantes amenazados por la derrota podrían
recurrir, `en última instancia`, a la destrucción de plantas atómicas y químicas propias y
ajenas para amenazar a las regiones fronterizas y a las grandes ciudades con la destrucción
atómica” (Beck, 1988 a: 69).
Para Beck llegamos a una sociedad global no como producto de una sumatoria de
procesos de integración regionales (aunque como veremos, el llamado “Estado
cosmopolita” es un signo alentador para la humanidad), no como resultado de un
sentimiento generalizado de seguridad, sino más bien como consecuencia de una especie de
“comunidad de miedo” ante los riesgos. Esos riesgos y los miedos que producen, “unifican”
a la humanidad, constituyéndose una “sociedad global”. Esta sociedad global se da,
primero porque los daños ambientales afectan a la totalidad del planeta, y segundo, porque
hay una toma de consciencia mundial de que esos daños pueden acabar con el planeta (el
miedo al “fin del mundo”) y que hay que hacer algo al respecto.
Pero “sociedad mundial” o sociedad global no significa sociedad integrada:
“La sociedad mundial no es, pues, ninguna megasociedadnacional que contenga –y
resuelva en sí- todas las sociedades nacionales, sino un horizonte mundial caracterizado por
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la multiplicidad y la ausencia de integrabilidad, y que sólo se abre cuando se produce y
conserva en actividad y comunicación” (Beck, 1998 a: 31).
“En la expresión ´sociedad mundial´, ´mundial´ significa según esto diferencia, pluralidad,
y ´sociedad´ significa estado de no-integración, de manera tal que… la sociedad mundial se
puede comprender como una pluralidad sin unidad” (Beck, 1988 a: 29).
VI. A MANERA DE CONCLUSIÓN: ESTATOCENTRISMO, COSMOPOLITISMO
Y “OTREDAD DE LOS OTROS” EN LOS PROCESOS DE INTEGRACIÓN
REGIONAL
Karl Deutsch escribió en plena Guerra Fría y en este contexto, enfatizaba en los
conflictos político-militares entre Estados y se preguntaba acerca de la funcionalidad de los
procesos de integración entre países, que concebía como “comunidades de seguridad”,
como mecanismo para evitar las guerras.
Por su parte Ulrich Beck escribe en el periodo de post-Guerra Fría. Para él el peligro
nuclear es real pero no tanto por un ataque directo de un Estado contra otro, sino por un
accidente como el de Chernóbil. Para este autor los riesgos –que es lo característico de
nuestra época- rebasan lo político-militar y son fundamentalmente de orden ecológico,
amenazando la existencia misma de la vida en el planeta Tierra. El concepto de seguridad
por lo tanto no es el clásico. En consecuencia, si retomamos la esencia de la definición de
Deutsch de los procesos de integración regional como comunidades de seguridad, hoy en
día “seguridad” apunta casi que a la “vida cotidiana total presente y futura” de sociedades y
agrupaciones de éstas.
La lenta transición de un mundo cuyo actor principal y casi exclusivo era el Estado
a un mundo en donde se da una sociedad global, implica un nuevo abordaje metodológico:
pasar de la “mirada nacional” a la “mirada cosmopolita” de los acontecimientos. Siguiendo
a Beck, podemos sintetizar este salto epistemológico de la siguiente manera:
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Entre el orden estato-centrista y la sociedad global…
Willy Soto Acosta
Cuadro N. 1
Mundo sin cadenas en tránsito: transformación del concepto y de los modos de ver lo
político
Nivel de formación de los
conceptos (coordenadas/marco de
referencia)
Mirada nacional
La política más acá de las
fronteras: el sistema político en el
marco de referencia del Estado
nacional;
mirada
nacional/internacional centrada en
el Estado
Normas y reglamentaciones
Régimen del Estado nacional:
sistema e ideal de la Paz de
Westfalia; organización de la
humanidad en Estados nacionales
soberanos,
territorialmente
exclusivos; realismo del poder
político
Actores y estrategias
Estado
nacional,
gobierno,
partidos,
organizaciones
internacionales;
diplomacia
internacional; posiciones formales
en el sistema político
Legitimación
Formas de dominio legal; política
nacional
democráticamente
legitimada; anarquía de los
Estados nacionales
Cultura
Ideal
de la
homogeneidad
nacional; integración positiva
Ejército
Imagen del enemigo centrada en el
Estado: guerra o paz
Fuente: Tomado de Beck, 2004: 166.
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Mirada cosmopolita
Política
de
las
fronteras:
interferencia suprafrontera de
consecuencia accesorias; óptica
transnacional y niveles y arenas
políticas
transnacionales;
no
centrada en el Estado, no centrada
en sistemas
Régimen cosmopolita: metajuego
de la política interior mundial
históricamente
abierto;
internacionalización
de
los
Estados nacionales; conflictos en
torno a la regulación de la
economía mundial y la imposición
de los derechos humanos, así
como la renovación transnacional
de la democracia
Movilización y organización de
intereses comunes por encima de
las fronteras; aumento de nuevos
centros de poder encima, debajo y
en paralelo a los Estados
nacionales; institucionalización de
redes ampliadas de política
interestatal, incluidos los actores y
estrategias de la economía
mundial y de la sociedad civil
Formas de dominio translegal; no
(directamente)
legitimadas
democráticamente;
sistema
fragmentado
de
poder
y
contrapoder
Diversidad cultura: en qué medida
culturas
y
sociedades
aparentemente alejadas
se
interpenetran,
coexisten
y
colisionan
a
nivel
local;
“integración crítica” de diversas
tradiciones
Imagen
desestatalizada
del
enemigo:
terrorismo
transnacional;
intervención
humanitaria; tanto guerra como
paz; realismo del poder político
como realismo cosmopolita
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ISSN: 2223-2117, Vol. 3, mayo de 2013
En esta mirada cosmopolita, el investigador, el Científico Social, no es neutral. Más
bien opta por un camino político: el reconocimiento de la “otredad del otro”.
Previo a ello, hay dos constataciones por realizar. Primero, que la globalización es
una especie de enorme edificio que presenta un gran defecto de construcción: la
inexistencia de un Estado-gobierno mundial que controle los daños y riesgos sociales y
ecológicos generados por la producción capitalista, producción que escapa a los Estadosnacionales y que opera ahora a escala mundial:
“ …. Globalización significa también: ausencia de Estado mundial; más concretamente:
sociedad mundialsin Estado mundial y sin gobierno mundial“(Beck. 1988 a.: 32).
Segunda verificación: la globalización es un hecho, una realidad. Pero ello no
significa sentarnos tranquilamente a contemplar sus daños y riesgos sociales y ecológicos:
es necesario oponer a la globalización neoliberal o cosmopolitismo realmenteexistente,
elproyecto cosmopolita. A la globalización neoliberal que tiene como valor y meta última
el lucro, la ganancia económica (aunque para alcanzarla haya que destruir la naturaleza y
explotar a los seres humanos), hay que oponerle un proyecto cosmopolita que, según Beck,
debe estar basado en la “otredad de los otros”, es decir, en el respeto de culturas diferentes,
el respeto al ambiente, el respeto de las generaciones presentes y futuras, el respeto de
otras racionalidades y formas de pensamiento (2004: 373).
Esto nos permite aplicar el principio de la “otredad de los otros” en los procesos de
integración/procesos de cosmopolitismo. Precisamente, la condición indispensable para la
constitución de procesos de integración es el reconocimiento de que los “otros” son como
“yo”, es decir, el reconocimiento de que los otros Estados (sus pueblos, sus grupos étnicos)
tienen una condición similar a la que presenta mí país (aunque tengan identidades culturales
diferentes), y por ello, podemos asociarnos en una zona de libre comercio, en un mercado
común o en una federación, no para fundirnos, no para que desaparezcan nuestras
diferencias, sino para respetarlas y crear algo común y beneficioso para todos los
participantes a partir de esas particularidades, a partir de esas diferencias.
Es la idea de “Estado cosmopolita” que propone Beck a partir del principio de la
“indiferencia nacional”:
“Análogamente a como la paz de Westfalia puso fin a las guerras civiles confesionales del
siglo XVI separando Estado y religión, mi tesis es que podría responderse a las guerras
mundiales (civiles) nacionales del siglo XX separando estado y nación. Análogamente a
como el Estado a-religioso permite la práctica de religiones diversas, el Estado cosmopolita
debería garantizar, mediante el principio de la tolerancia constitucional, la coexistencia de
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Entre el orden estato-centrista y la sociedad global…
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identidades nacionales. Análogamente a como en los inicios de la Era Moderna se mantuvo
a raya la teología cristiana, hoy debería redefinirse el espacio y el marco de acción de lo
político domesticando la teología y teleología nacionales. ... puede fundamentarse
teóricamente y desplegarse políticamente de nuevo una soberanía cosmopolita en el sentido
de posibilitar una multiplicidad real contra la premisa nacional de la homogeneidad, que se
ha revelado históricamente falsa” (Beck, 2004: 141-142).
Estado cosmopolita no significa Estado mundial: significa Estados que se unen
regionalmente por que ven en sus diferencias la posibilitad de construir algo nuevo que
permitirá obtener ganancias a los participantes. Pero la condición sine qua non para la
existencia de esos procesos de integración es el respeto de la otredad de los otros, y ese
respeto solo se asegura garantizando los Derechos Humanos. Como lo apunta
JurgenHabermas a propósito del caso europeo:
“En el espinoso camino hacia la Unión Europea, los estados nacionales constituyen menos
un problema debido a invencibles pretensiones de soberanía que al hecho de que los
procesos democráticos sólo hayan funcionado hasta ahora a medio gas dentro de sus
fronteras” (Habermas, 1998: 12).
Esto tiene que ver también con la complejidad de la “sociedad regional”: los temas
fundamentales del respecto a los derechos laborales de las personas y del respecto al
ambiente ante los riesgos ecológicos que amenazan el planeta, no se pueden dejar a la
buena voluntad de las fuerzas del mercado operando a una escala regional en un proceso de
integración económica, pues sencillamente el apetito insaciable de lucro de algunas
empresas y empresarios primaría por sobre el respeto al trabajador y al ambiente. Si la
producción opera a escala regional, en la misma dimensión hay que proteger y asegurar el
respeto de las garantías sociales y ecológicas. Y esto solo se logra con instrumentos
(instituciones y normativas) vinculantes para los actores del proceso de integración.
Aún más: no solo hay que “someter” al capital a un “contrato social regional” que
garantice el derecho legítimo a la ganancia pero respetando los igualmente legítimos
derechos sociales y ambientales. Hay que “someter” al Estado a garantizar y respetar
plenamente los Derechos Humanos. Aquél se ve tentado, arbitrariamente, a reconocer en
unos casos sí y en otros no los Derechos Humanos de sus ciudadanos: éstos pueden
demandar a “sus” Estados ante las cortes de justicia regionales de las cuales esos Estados
son miembros.
Entonces, aquí tenemos una visión más completa de la naturaleza de los procesos
de integración: éstos son “instrumentos” de los Estados para hacer efectiva su soberanía,
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pero también constituyen mecanismos de los ciudadanos para hacer respetar sus Derechos
Humanos incluso contra pretensiones autoritarias de sus propios países de origen.
Esto nos conducen a aquilatar y re-dimensionar el concepto de ciudadanía.
Ciudadano o ciudadana no es el habitante de un país o de un Estado sino, como lo plantea
Habermas, el hombre o mujer que es sujeto de Derechos Humanos. En efecto, “.. La nación
de ciudadanos encuentra su identidad, no en la comunidad étnico-cultural, sino en la
práctica de los ciudadanos que ejercen activamente sus derechos democráticos de
participación y comunicación” (Habermas, 1998: 12). Precisamente, el “ciudadano de
mundo” es la persona: a) cosmopolita, es decir, capaz de reconocer (y sobre todo respetar)
la otredad de los que no son como ella, a tal punto de aprender y enriquecerse a sí misma de
los “diferentes”; y b) que debido a su condición de ser humano (no de su nacionalidad o
etnia particular) es sujeto de disfrute de Derechos Humanos.
En este contexto, los procesos de integración no deben consistir, como en el modelo
de ErnestHaas, en una transferencia de lealtades, de unidades primarias de pertenencia
hacia entes de mayor amplitud o supranacionales. No se trata de vaciar de contenidos o de
competencias a una comunidad política para transferírselas a otras. No se puede reconocer
la otredad de otra comunidad negando la propia identidad. Se trata más bien de una
distribución de competencias, de gestionar mancomunadamente (a nivel local, nacional,
regional, y global) las necesidades y garantizar la calidad de vida de los ciudadanos de
mundo.
Para ello es necesario “…que el imaginario de las patrias dobles venza al de la
patria homogénea, acotada territorialmente y separada de los culturalmente otros” (Beck,
2004: 142). Lejos de ser transferencia de lealtades, se trata más bien de reconocer múltiples
otredades. Es necesario pasar de la mirada nacionalista a la mirada cosmopolita, camino no
exento de sentimiento de culpabilidad y de la acusación de ser uno un traidor, un antipatriota:
“El convertirse en ciudadano del mundo resulta a menudo una empresa solitaria. Es, como
sostuvo Diógenes, una especie de exilio: un exiliarse de la comodidad de las verdades
locales; del cálido y acogedor sentimiento patriótico; del absorbente dramatismo del
sentirse orgulloso de uno mismo y de lo que es propio (…).Si un niño o una niña empieza
su vida como un ser que ama y confía en sus padres, siente la tentación de reconstruir la
ciudadanía siguiendo los mismos patrones, encontrando en una imagen idealizada de una
nación una especie de sucedáneo familiar que hará por nosotros lo que esperamos de ella.
El cosmopolitismo no ofrece este tipo de refugio; únicamente ofrece la razón y el amor a la
humanidad que, en ocasiones, puede resultar menos cálido que otras fuentes de
pertenencia” (Nussbaum, 1999).
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Si ser ciudadano (independientemente del país o etnia de procedencia) es ser sujeto
del disfrute de los Derechos Humanos; si el respeto de la otredad del otro no niega y más
bien parte del auto-respeto de mi propia “otredad”, es decir de mi identidad (y por lo tanto
se pueden construir espacios regionales sin renegar-traicionar nuestra propia comunidad
política de origen); si los principales riesgos que amenazan el planeta no respetan fronteras
nacionales y operan a escala regional-global, entonces los procesos de integración regional
se vislumbran como construcciones acordes para gestionar los (nuevos) riesgos, garantizar
la (nueva) seguridad, y ejercer la (nueva) soberanía.
PALABRAS CLAVES
Estado-nación, globalización, integración regional, seguridad, cosmopolitsmo
Summary:
First, the article places theoretically the phenomenon of regional integration.
Later reviews some productions that try to explain (or used it even if not explicit objective)
integration processes in two different historical moments: the world where the nation-state
actor was undisputed and almost unique. We refer to the theoretical production that seeks to
understand the formation and operation, especially during its first two decades of what is
now the European Union.
The second time, and the corresponding theoretical production, is the current era of
globalization, where he made a series of transnational actors and where even the nationstate, due to its local roots, has problems to work in this "new" world. What nature acquire
the integration processes in globalization? Are there enough "classical" theories of
integration or need to understand more about the theoretical arsenal of Globalization?
The paper ends with a reflection on the role of integration processes within the paradigm of
cosmopolitanism.
Keywords:Nation-state, globalization, regional integration, security, cosmopolitsm.
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