CAPÍTULO V Hospitales y Establecimiantos Benéficos Reseña de

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HISTORIA DE ÚBEDA por D. Miguel Ruiz Prieto
Tomo II
Edición digital conmemorativa del centenario de su publicación: 1906-2006
CAPÍTULO V
Hospitales y Establecimiantos Benéficos
Reseña de los que ha habido en esta Ciudad
SIENDO esta ilustre ciudad una de las más importantes y pobladas de
Andalucía, y acaso la primera y principal en la provincia bajo la dominación
árabe, no dejarían de hallar en ella los conquistadores cristianos establecimientos
benéficos que la piadosa solicitud del rey D. Fernando III conservaría para
refugio de los pobres dolientes y necesitados. La falta de documentos nos impide
dar detalles sobre este asunto, limitándonos a reseñar lo que por retazos de
documentos, siquiera no sean muy antiguos, hemos hallado en los archivos.
ooOoo
San Antón.— El Hospital más antiguo de que hemos hallado algunas
noticias es el de San Antón Abad, que estaba situado en la parroquia de San
Lorenzo. En varios papeles del archivo municipal se citan casas linderas al
hospital de San Antón en la Collación o parroquia dicha. Este hospital era
Encomienda: sus empleados estaban exentos de impuestos, milicia y otras
cargas, por privilegio de los reyes D. Alfonso X, D. Enrique II, D. Fernando y
D.ª Isabel, D.ª Juana y su hijo el Emperador D. Carlos, D. Felipe II y D. Felipe
III, como consta en el privilegio de Confirmación de D. Felipe IV, en el que
citan todos los anteriores.
Por este documento se comprende que su fundación fue a raíz de la
conquista que tuvo lugar en 1234. Tenía su juez apostólico, Comendador
de la Orden de Freyres Quemados, demandaderos, colectores, criados y
familiares para el cobro de rentas, frutos, diezmos y limosnas. Esto nos
induce a creer que este benéfico Hospital era de gran importancia. En 1609
aún existía la Cofradía de San Antón, servida en San Lorenzo; pero el
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hospital ya no existía y no sabemos cuándo se extinguió.
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Hospital de Pero Almindes o de San Jorge.— Fue fundado en el año 1347
por Pero Almindes Chirino, caballero del Hábito de Santiago, y de familia
linajuda de Úbeda; descendiente de uno de sus conquistadores, en lo bajo de la
calle del Rastro, esquina a la de San Jorge, que tomó el título del hospital, pues
en documentos oficiales de 1542 se le nombra de San Jorge, aunque entre el
pueblo sólo era conocido por el hospital de Pero Almindes. En 1591 se
nombraba de los Niños Expósitos del Espíritu Santo y pobres de Jesucristo. El
fundador lo había dotado ricamente y construido en él una capilla con la
advocación del Santísimo Sacramento. En el hospital se curaban enfermos de
calenturas.
Muchos años pasaron sin que hallemos noticias de este benéfico
establecimiento, sin duda por extravío de documentos, hasta el año 1775, que se
vio en Cabildo una petición para que las rentas de las obras pías del hospital y
las del Emparedamiento para Señoras pobres (que no sabemos cual sería) que se
hallaban sin cumplir, se aplicasen a los gastos de cátedras de latinidad y letras.
También este hospital tenía su cofradía; pues consta que en el mes de julio
de 1778 se trató de que la Cofradía de Pero Almindes y Niños Expósitos estaba
mal servida y se acordó pedir limosnas para atender a su subsistencia; y en el año
inmediato de 1779 dicha Cofradía hizo una exposición al Ayuntamiento
manifestando la precaria situación en que estaba; que los niños se morían de
necesidad por falta de recursos y que eran precisos auxilios inmediatos.
Tenía este hospital, además de los bienes vinculados por el fundador, otros
legados por personas piadosas. Consta entre otras, que D.ª María Fernández de
Quesada por su testamento, hecho en 1591, que obra en el archivo de Santa
María, le dejó mandas y memorias de importancia.
Hasta mediados del presente siglo subsistió la casa y capilla de este
hospital y en una de sus paredes estaba clavada la piel de un enorme
lagarto, que la tradición supone se crió en un sitio próximo, donde se
formó después una calle que aún se llama del Lagarto. Debió ser la de un
caimán traído de las Indias por algún aventurero ubetense. Después, no
hace muchos años, la casa se vendió y reformó, y sólo queda del edificio
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viejo la pared que da a la calle de San Jorge.
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Hospital de los honrados viejos del Salvador. —Este hospital es una de
las más notables y antiguas fundaciones de que se conservan más documentos, si
bien por haber estado sepultados entre las ruinas de la antigua casa más de
quince años, están muy deteriorados por la humedad. Por nuestras gestiones se
desenterraron y llevaron a San Pablo, de donde después de examinados, los
colocamos en el archivo del Ayuntamiento, e incluimos en el catálogo de sus
documentos.
En el año de 1392 reinando en España el rey D. Enrique III, se reunieron en
Úbeda, cierto numero de hombres buenos, y acordaron formar hermandad o
cofradía con objeto de practicar las obras de misericordia, fundar un Hospital, y
amparar en él cierto número de pobres honrados, cristianos viejos, que por su
edad y achaques estuviesen impedidos para el trabajo. Se dio cuenta al Obispo de
Jaén D. Rodrigo Fernández de Narváez, que gustoso aprobó el proyecto dando
licencia para llevarlo a cabo e inscribiéndose en la hermandad, cuyo ejemplo
siguieron otras dignidades de la Iglesia. Los cofrades hicieron sus estatutos y se
obligaron a dar un Cornado45 cada semana de limosna, y lo mismo sus viudas si
querían continuar en la hermandad.
Ordenaron hacer fiesta en Santa María en el altar de Nuestro Salvador
Jesucristo el día de su festividad, o sea el de su Transfiguración en 6 de agosto,
el día de su nacimiento, el de su Resurrección y el día de Pascua del Espiritu
Santo; yendo los cofrades a Santa María aquellos días de Pascua que son de
procesión con sus candelas encendidas; y lo mismo todas las fiestas que
corresponden a los días en que se celebra a la Virgen Santa María; el día del
Corpus Christi y el de Todos los Santos. La falta de asistencia se penaba con un
maravedí.
Los estatutos u ordenanzas existen en un cuaderno de 37 hojas (seis en
pergamino) que contienen la fundación, muy deterioradas por la humedad, y las
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El Corna do valía en aquella fecha un cuarto y un maraved í.
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restantes en papel grueso, que contienen un traslado de aquéllas, sacado por el
escribano Alonso de Toledo, en 2 de Junio de 1561, con adición de las reformas
hechas. También existe entre los papeles de esta institución, el testamento más
antiguo, entre los documentos que han llegado a nuestros días, hecho por Per
Ibáñez, alguacil de la ciudad, alcalde de la cofradía y vecino de la Collación de
Santo Tomás, en el día 25 de febrero de 1424, ante el escribano Pero Hernández
de Molina, firmado por varios testigos, entre ellos Lázaro Hernández de la
Pimienta y Alonso Ruiz Delgado. En él deja sus bienes «al venerable Capítulo
del hospital del Salvador, e su capilla e ornamentos, a su fabrica; mandas de
marabedis para las obras de Santa María de esta Ciudad, ordenes religiosas e
monesterios, e Casas de San Lázaro, San Gil e San Salvador, e San Gines, e
Santa Quiteria e San Sebastian». También deja maravedises para la iglesia de
Santa María de Guadalupe, y «para la obra de la Puente, que agora nuevamente
quieren comenzar a edificar el hospital del Salvador en el río Guadalquivir, y por
último para la iglesia de Santo Tomás».
Tenía este hospital y cofradía un privilegio del rey D. Enrique III, dado en
Sevilla a 20 días de mayo de 1396, en el que se dice entre otras cosas «que la
edificacion que nuevamente fue fecha en la iglesia Colegial de Santa María, a
honra de la transfiguración de Nuestro Salvador Jesucristo, y que tenian
comenzado a facer un hospital en el cual se acogen los pobres e dolientes, e que
les daban auxilios en sus enfermedades en tanto que viven, todo hecho a servicio
de Dios, e por que la vida e salud del Rey e de la Reina, su muger sea
acrecentada, le pedian los Capellanes personas e canonigos de dicha iglesia y
homes buenos de la Ciudad de Úbeda, pusiese bajo su amparo y protección estas
obras». Concedió a los cofrades que fuesen salvos y seguros por todas partes «de
estos reynos con sus mercadurias me cosas que trugeren o llevaren de un lugar a
otro por todos los reynos, pagando su dinero acostumbrado, non sacando cosas
vedadas: que non sean presos los cuerpos nin privados los bienes ni mercadurias
&.a»
Este privilegio fue confirmado por el mismo rey, en 26 de agosto de 1398;
por D. Juan II, en Alcalá de Henares, en 8 de mayo de 1408, y vuelto a confirmar
en la villa de Arévalo en 14 de mayo de 1421. Entre los grandes que confirman,
figuran Ruy López Dávalos, condestable de Castilla, adelantado mayor del reino
de Murcia (hijo de Úbeda) D. Rodrigo, obispo de Jaén y Per Afán de Rivera,
adelantado mayor de la frontera.
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Volviendo a las ordenanzas, diremos que hay un título (de cómo han de dar
los cofrades casa con peños), que dice así: «Otro si ordenaron que todos los
cofrades que agora son o seran cabo adelante e cada uno dellos sea thenudo a dar
Casa con peños al Cabildo porque el Cabildo sea siguro de cada uno que es
cofrade porque pague lo que debiere al Cabildo e su casa con peños que se den
de dos cuando acaesciere que se pusiese piostre nuevo, porque el piostre pueda
cobrar lo de su casa con peños lo quel Cabildo debiere, e sea obligado a facer
servicio a Dios e mandado del Cabildo en todas las cosas que fueren menester,
todo Cofrade que no diere Casa con peños a cabo de dos años al piostre, sea a la
merced del Cabildo de lo haber por Cofrade o no». También se ordena que por
razon «de que Mari Ruiz, hija del Arcipreste viejo (e por su mujer) por servicio a
Dios, dieron a esta Santa Cofradia un solar de casas que su padre el Arcipreste
dejó al tiempo que fino, para quel Cabildo ficiese en el dicho solar ospital para
acoger pobres por amor de Dios, ordenaron que para que tengan remembranza
los Cofrades en Santa María el día de San Salvador, que hagan sobre la
sepultura del dicho Arcipreste padre de Mari Ruiz, todo el Cabildo de los
Clerigos de Santa María y los Cofrades con sus cirios ardiendo en sus manos
sobre dicha sepultura e fagan oración por el dicho Arcipreste e por la dicha Mari
Ruiz e Lazaro Fernandez &ª»46.
Como adición tiene otro artículo o título (de los que hubieren pecado de
barragan) que dice: «Lunes postrimero día de marzo del año de Nuestro Señor
Jesucristo de 1399, este día en el ospital de la Transfiguración de Nuestro
Salvador Jesucristo, estando juntos en el dicho ospital, todos los hermanos que
agora son e serán cabo adelante en la dicha hermandad pudiesen ser quitados de
pecado si ficiesen servicio a Dios e vivir siempre en buenas obras e cumplir la
ley e guardar los mandamientos de Dios, que todo hermano que fuese en dicha
hermandad e tuviere barragana47 que no lo hayan por hermano si no se quisiere
desatar e quitar della. Otro si qualquier hermano que por propia voluntad fuese
por vender o comprar con mercaduria a tierra de moros | que lo hechen de la
hermandad e non sea acogido para siempre jamas». Siguen otros acuerdos
tomados en días de Cabildo. El del domingo 10 de septiembre del dicho año,
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Acuerdo del Cabildo.
Querida. Mujer amancebada que vivía en compañía de su amante.
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dice «que qualquier home bueno que por gozar del privilegio entrase en la
hermandad | pague cien mrs e dos libras de Cera del y su muger para la obra del
Ospital y proveimiento de los pobres: las viudas sin marido que quisieren entrar
en la hermandad que den e paguen cincuenta mrs e dos libras de Cera».
En el año 1416, siendo alcaldes de la cofradía Per Ibáñez y Andrés Fernández,
firmaron todos los cofrades en cabildo una carta el día 15 de julio, ante
escribano, para mayor observación de los estatutos y privilegios del Rey D. Juan
II. Sin duda estaban deteriorados los documentos de esta cofradía y su hospital
en el siglo XVI, pues el rey D. Felipe II dio en 1561 su provisión para que se
sacasen copias, lo que hizo en 2 de junio el escribano Alonso de Toledo. En
1532 se reformaron las ordenanzas que, incompletas, por deterioro, existen en el
archivo.
El Santo Padre Gregorio XIII en 1583 expidió su bula para la constitución
canónica de este hospital, a ruegos e instancias de los administradores, cofrades,
Martín de Mescua y Francisco Carrión. En ella se expresa que se mantenían y
albergaban veinticuatro pobres. Dicho documento está incompleto.
En 1581 se terminó la obra del hospital y reforma de su capilla que era muy
modesta. En ella concedió que hubiese sagrario el obispo de Jaén D. Antonio
Brizuela, por su provisión de 5 de diciembre de 1707.
El servicio y asistencia de los honrados viejos estaba encomendado a una
casera, nombrada por la cofradía, y se le daba de ración diaria tres panes de a
libra, media azumbre de vino y cinco reales cada semana para que ella comprase
carne y vianda para su sustento, para el agua de la fuente que había de comprar
para todo el gasto de la casa, jabón para las lejías que había de hacer cada
semana, que es lo que siempre se ha dado a la casera de dicha casa; que de la
ración de los pobres viejos, no ha de tomar nada; que les ha de guisar de comer
lo que compre el piostre y asistirles en su enfermedad, haciéndoles las camas,
tener limpieza y darles cada semana ropa limpia para ellos y sus camas; estas
obligaciones se recordaban en 1603. En el mismo año a 9 de mayo, se acordó por
los cofrades pintar la Transfiguración del Señor en la pared encima del altar
mayor de la capilla y a un lado y otro lo que pareciere a los visitadores.
En Cabildo de 17 de agosto de 1608, se dio cuenta de que no se podían
mantener tantos pobres, pues se debían más de 600 ducados, y acordaron que no
hubiese más que dieciocho o veinte. Se había hecho la presa de Jandulilla y
obras en el hospital. También el examen de cuentas de esta cofradía hace
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sospechar que la administración llegó a ser desastrosa. En cabildos de 23 de
agosto de 1609 y 17 de enero de 1610 se volvió a repetir el acuerdo de reducción
de pobres a los dieciocho o veinte.
Llegó a tener este benéfico establecimiento cuantiosos bienes en cortijos,
molinos, casas y censos, pero los muchos gastos, mala administración y épocas
calamitosas obligaron a la hermandad a hacer frecuentes reducciones. Eu 1703 el
citado obispo D. Antonio Brizuela y Salamanca nombró visitadores con facultad
de modificar los estatutos y ordenanzas, y se hicieron en siete capítulos, y en
atención a los recursos que entonces se contaba, los pobres quedaron reducidos a
doce (como los apóstoles). Los estatutos fueron aprobados por su ilustrísima en 5
de octubre. No paró aquí la decadencia, pues en la dominación francesa sufrió
este hospital un secuestro y los pobres fueron llevados por orden del Prefecto al
hospital de la Purísima Concepción de Baeza y el archivo a Jaén en 1811.
Pasadas las tribulaciones de aquella época, volvieron a Úbeda en 1812 los ocho
viejos que quedaban, que en 1814 se redujeron a cuatro y que se aumentaron
hasta catorce en 1820.
Por Real orden de 30 de julio de 1821, se mandó quedaran a cargo de
Beneficencia las instituciones piadosas que no tuviesen patronato particular. En
16 de septiembre del mismo año se vendieron las dos terceras partes de los
bienes más pingües; y por último hace pocos años que los pobres y honrados
viejos fueron sacados de su antigua casa y colocados en el hospital de Santiago,
donde están a cargo de la Junta de Beneficencia, que mantiene doce pobres. La
cofradía se extinguió y su antigua casa, es decir, lo que queda de ella, sirve de
gratuito asilo a los pobres transeuntes.
Creemos conveniente, ya que en documentos oficiales figura esta institución
con la nota de que se ignora su fundación, terminar esta desaliñada reseña con la
lista de los humildes homes buenos que llenos de fe y celo caritativo, tuvieron el
piadoso y útil acuerdo de reunirse en hermandad y cofradía para fundarla,
cuando apenas Úbeda se había repuesto del desastre que había sufrido en el año
de 1368 y que se ha mantenido por espacio de más de quinientos años. Dichos
fundadores son los siguientes:
Don Rodrigo Fernández de Narváez, obispo de Jaén, que aprobó la fundación
y se hizo hermano, siguiendo su ejemplo García López, chantre y tesorero de la
Colegial de Santa María.
Rui Díaz, arcipreste de la misma.
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Bartolomé Sánchez, vicario.
Bartolomé Martínez, canónigo.
Juan Sánchez, canónigo.
García Sánchez, canónigo.
Diego Hernández, canónigo.
Pedro Sánchez de Roda, canónigo.
Gonzalo Morales, canónigo.
Alonso Hernández, canónigo.
Alonso Hernández, prior de San Pablo
Manuel Fernández, bachiller.
Pedro González.
Luis López, pellejero.
Alonso López de Segura.
Pedro Sánchez, alfayate, (sastre).
Juan Hernández de Husero.
Juan Hernández, su hijo.
Martín Alonso, tejedor del Alcázar.
Juan Rodríguez, carpintero.
Hernán López, cordonero.
Cristóbal Ruiz, cuadrillero.
Hernán Martínez del Alcázar.
Bartolomé Sánchez, cortador.
Juan Alonso, tejedor, hijo de D. Nicolás.
Domingo García, tejedor.
Álvaro Martínez, pastor.
Juan Hernández, hijo de Diego Tomás.
Francisco Hernández Carmona.
Juan Sánchez del Palomar.
Alonso Hernández de mayorga.
Sancho Hernández de D. Jimeno.
Pedro Sánchez de Consuegra.
Juan Díaz Albaladejo.
Nicolás Martínez.
Asensio Martínez, chapinero.
Martín Alonso, alfayate.
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Gil Martínez, hijo de Hernán Martínez.
García Ximénez, zurrador.
Juan Hernández, cuchillero.
Joan Sánchez del Fresno.
Pero Sánchez Espinel, peraile (cortador de paños)
Hernán Sánchez, chapinero.
Gil Sánchez, hijo de Andrés Sánchez.
Esteban Hernández de Ocaña.
Esteban Sánchez, cardador.
Joan Guillén, cardador.
Antonio González, vaquero.
Pero González de Armisco.
Joan García, armero.
Gómez Hernández de Cózar.
Joan Sánchez de la Guardia.
Gil Sánchez de Baltanás.
Alonso Hernández, macero.
Diego Hernández de Cózar.
Manuel Díaz, peinador.
Domingo Hernández Pedregal.
Domingo García, carpintero.
Joan Sánchez, tejedor.
Pero Sánchez, hijo de Joan Alonso de Perovicente.
Sancho Ruiz de Tapia.
Domingo Hernández, pastor de San Joan.
Diego Alonso, armero.
Diego García, alfayate.
Joan Sánchez Cubero.
Martín Hernández de Toledo.
Domingo García de Cazorla.
Joan García, alfayate.
Mateo Sánchez de Jaén.
Pero Sánchez, hijo de Domingo Tomás.
Pero Sánchez, botonador.
Martín Sánchez, cordonero.
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Sancho Hernández, maestro de casas.
Pero García de Córdoba, maestro de chapinero.
Joan Rodríguez de Cuesta.
Joan Sánchez, cantarero.
Hernán Pérez, hornero.
Joan García, escribano del rey.
Diego Hernández, platero.
Benito Hernández, cordonero.
Ruy Muñoz, cordonero.
Hernán González, alfayate.
López Martínez, alfayate.
Maestre Joan, físico (médico).
Joan Pérez, hijo de Benito Sánchez.
Martín Pérez de Andajar.
Gil de Hernández.
Domingo García de Segura.
Pero Alonso, hijo de Joan Alonso de Martín Gil.
Pero Muñoz, carpintero.
Alonso Martínez.
Juste Pérez, hijo de Miguel Pérez.
Lope Ordaz, peinador.
Joan Alonso de Mercado.
Joan Sánchez de Bexijar.
Joan Hernández, espadero
Llorente Martínez de San Joan.
D. Peromingo.
En 1414 se había aumentado considerablemente el número de hermanos.
ooOoo
Hospital de los pobres de Jesucristo.—Parece que este hospital se fundó
cuando el convento de San Juan de Dios, donde estuvo situado. La cita más
antigua que hemos hallado, es la fundación en el mismo de una capellanía por el
doctor Alonso Hernández, en el año de 1591. En 1604 fundó otra Juan de
Agreda, vecino de Úbeda, por escritura hecha en favor de D. Andrés Navarro
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Molina, con obligación de ordenarse de Sacerdote a los veinticinco años, para
poder ejercer su ministerio. El fundador fue enterrado en el hospital, no tuvo
hijos y de sus bienes vinculados para la capellanía se compraron unas casas que
se añadieron al hospital de Jesucristo, haciendo locales para convalecientes.
En este hospital estaba la imagen de Nuestra Señora de los Milagros, traída
en 1622, según consta en un libro de sesiones del Cabildo (en acta de 4 de abril),
en la que se da cuenta de que el hermano Fray Alonso había manifestado, estaba
para llegar el padre prior que venía de Madrid con la imagen y que se saliera a
recibirle y así se acordó.
El hospital se extinguió con el convento de San Juan de Dios en 1820, pues
Fray Alonso Nieto, prior del mismo, reclamó en noviembre de este año a la
intendencia de Jaén el pago de 2.900 reales de estancias causadas en septiembre,
y se le concedió el pago según oficio fecha del 12 de aquel mes.
Un extraño ingreso tuvo este establecimiento, que no llegó a adquirir
muchos bienes. Por Real cédula en 1811 se autorizó la representación de
comedias en el edificio, por la limosna que daban al hospital para beneficio y
cura de los enfermos de enfermedades contagiosas y otras; de cuyo beneficio
estaba en posesión de muchos años a aquella parte, y que el sitio era bueno y de
mucha comodidad y decente para hombres y mujeres, que entran con separación
por distintas puertas. Cada día que se representaba en dicho hospital, se daban
cuatro reales a los niños expósitos de que tenían mucha necesidad. En 1824, en
que se restablecieron las comunidades suprimidas, el prior de esta de San Juan
de Dios reclamó cuantos enseres y efectos del hospital se habían llevado al de
Santiago y le fueron entregados.
En 1836, vuelto a suprimir, se incorporó a aquél y el local fue vendido poco
después.
ooOoo
Hospital de San Pedro y San Pablo.— Estaba situado en el Mercado y su
fundación es antiquísima. A principios del siglo XV se citan fincas que eran de
este hospital, entre ellas unas casas frente a la fuente de la Salobreja, donde hoy
está el matadero público. Tenía una hermandad que aún existía en el año de
1700. Ya en esta fecha y hasta después de mediados del siglo XIX servía para
albergue de pobres transeuntes. Después de 1868. se derribó el local viejo, y se
edificó una casa particular, que es la que ocupa el centro de la fachada que mira
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a poniente en dicha plaza del Mercado.
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Hospital de Dios Padre.— Se cita en 1583 en la parroquia de Santo Tomás. En
el padrón de ésta, en dicho año, no se nombran calles, pero se comprende por
algunos indicios que debía estar situado en la acera de la derecha de la cuesta del
Losar, donde continuaba en el año de 1624. Su fundación debió ser muy antigua,
pero no hemos hallado más antecedentes.
ooOoo
Hospital de Santo Domingo.— En una escritura de testamento y partición de D.
Francisco Vela de los Cobos, gentil hombre de la Casa de Sus Majestades,
vecino y regidor de Úbeda y doña Catalina Mexía, su mujer, hecha ante el
escribano Juan de Córdoba, en 28 de febrero de 1564, consta que, con licencia
del emperador, dada en Valladolid a 27 de abril de 1554, fundaron mayorazgo en
favor de su hijo Diego Vela de los Cobos. Cítase una larga parentela para la
sucesión del mayorazgo y faltando sucesores, manda que se inviertan las rentas
en curar pobres enfermos en sus casas principales y que se compren seis camas
con sus ropas buenas para servicio, mesas, bancos y demás que fuere menester
en las dichas casas y hospital. Que en él haya un capellán que diga cuatro misas
cada semana, para lo que señala renta. Que en las casas se haga una iglesia o
capilla donde se digan las misas y que tenga la vocación de Santo Domingo y lo
mismo el hospital. Nombra a Francisco de Molina, regidor y a su mujer doña
mayor de los Cobos, hermana de Francisco Vela y que su hijo mayor sea patrono
del hospital; si éste no tuviese hijos, al mayor del regidor Francisco de Narváez;
su primo; y si tampoco tuviese hijo varón, al hijo mayor de Pero Almindes
Chirino, su primo. También nombra mayordomo del hospital.
No sabemos el tiempo que duró este establecimiento, que estuvo situado
en el Real Viejo, en la casa que compró D. Ignacio de Sabater y que hoy es de su
hija doña María, esposa de D. Juan Montilla y Adán. Sólo se conserva la fachada
con los escudos de armas, que creemos es obra del siglo XVIII; lo demás se ha
reformado y convertido en una de las mejores viviendas de la población.
En dicha parroquia se cita otro hospital más antiguo, pero no hemos
hallado documentos que nos indiquen su fundación, ni el sitio que ocupó.
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Hospital de San Millán.— Tenemos noticia de la existencia de este
establecimiento benéfico por un padrón de repartimiento muy deteriorado en que
se cita la casa del hospital y el mismo hospital. Este padrón es del año 1585 y no
hemos podido averiguar por él el sitio ni la calle, pues las que se nombran son
hoy desconocidas u otras que han desaparecido.
En los documentos del archivo de los viejos del Salvador, se cita en el siglo
XVII, la casa de la Alverguería en la Cuesta Rodadera, alinde de otra que era
del caudal de dichos viejos. No creemos que aquélla fuera el antiguo hospital.
ooOoo
Hospital de Santa Ana.—Estaba en la parroquia de San Nicolás. Su fundación
también es antiquísima; no tenemos de él más datos que un padrón de
repartimiento del año 1597, en el que se anota, casas que fueron hospital de
Santa Ana, de donde se deduce que en dicho año ya no existía.
En la esquina de la calle del Córcoles hay un pobre nicho, donde se venera a
Santa Ana, cuya luz costean los vecinos. Creemos que el hospital estuvo en
aquel sitio o muy cerca.
En 1608, Ana de Navarrete, propietaria de las casas que fueron hospital de
Santa Ana, fundó sobre ellas una memoria en la iglesia de San Pablo.
ooOoo
Hospital de Nuestra Señora del Rosario.— Parece que lo fundó Jorge de la
Paz y Silveira, vecino de Úbeda; no hemos hallado la fecha de esta fundación,
sólo hemos visto en un libro de sacas del Ayuntamiento, del año 1675, que tenía
una renta de 182.600 maravedises. Tampoco sabemos el sitio donde estuvo.
ooOoo
Otros hospitales.—En 1551 D. Diego Guzmán, fundador de un colegio de niños
huérfanos en la demarcación de la colegial de Santa María, fundó también un
hospital, sobre el que no tenemos más datos.
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Se cita otro hospital en la calle de la Alberguería, en San Juan de los
Huertos, en el siglo XVI. Ya no existe ni la iglesia ni calles, como ya queda
dicho al tratar de esta parroquia.
Creemos que antiguamente hubo otros hospitales, por lo menos en cada
parroquia uno, pero la falta de documentos nos impide ocuparnos de todos los
que hayan podido existir.
Por lo dicho se comprende que esta ciudad no estuvo nunca abandonada en
cuanto a caritativa asistencia de pobres dolientes, que encontraban auxilios en
los numerosos asilos que la piedad y fe de nuestros mayores fundaron con
pingües rentas.
ooOoo
El Asilo de los Pobres.— Sólo nos resta ocuparnos de una reciente institución
fundada en esta ciudad, para honra de ella, con el título de Asilo de los Pobres.
Esta útil y benéfica fundación, se principió en el año de 1884, por iniciativa de
don Fernando Barrios y Jurado, que emplea en ella sus rentas adquiridas en su
mayor parte con su trabajo, actividad incansable e inteligencia, en el espacio de
más de cuarenta años.
Dotado de un espíritu religioso y caritativo y no habiéndole Dios concedido
sucesión, se puso en relación con la congregación que fundaron en París en el
año 1845, el buen padre Agustín de Poitiers y la buena madre Sor Dolores, que
llevó a cabo muchas fundaciones y estableció el noviciado de las hermanitas de
los Pobres en la Torre de Tour en Francia; y estableció el benéfico asilo en esta
población, en la calle del Puesto del Queso, en una casa espaciosa que compró al
efecto, ocupándola las hermanitas que vinieron para asistirá los pobres que se
fueran recogiendo en ella.
En 1885 se dio principio a la grandiosa obra del Asilo, con arreglo al plan
que tiene acordado la congregación. Siguió D. Fernando Barrios comprando
casas colindantes, y el edificio hoy, aunque no está coucluído, (las obras siguen
sin interrupción), es grandioso, con departamentos desahogados y amueblados
con sencillo gusto y en él se albergan más de sesenta pobres ancianos de ambos
sexos, cuidados y asistidos por las hermanas con el celo caritativo y abnegación
de que es capaz el corazón de la mujer. Es un establecimiento que honra a la
población que lo sostiene con limosnas y donativos voluntarios.
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Las hermanas, sin abusar en sus peticiones, pues sólo piden en las casas una
vez al mes, desempeñan su caritativa misión con una humildad y paciencia
inalterable, que les han conquistado el respetuoso cariño y admiración del
vecindario. Cuanto se les da, les es útil y bien recibido, sea de la clase que quiera
el donativo.
A los pobres los tienen vestidos y cuidados con limpieza esmerada, que
pueden tomar por modelo muchas familias.
Se ha construido una bonita capilla en el centro del edificio y hay un
capellán para el cuidado del culto y dirección espiritual de las hermanitas y
asilados. Como no hay fondos que administrar, más que los donativos
particulares de personas pudientes y piadosas y la limosna diaria, no hay
administrador ni tesorero, y por lo tanto, siguiendo así, no entrarán en este asilo
la codicia y la inmoralidad.
¡Dios dé al iniciador de tan benéfica y provechosa fundación vida suficiente
y aumente sus bienes para verla terminada, y a los vecinos de esta población
cuanta caridad sea necesaria, para que no decaiga esta casa, que tantos beneficios
reporta a los pobres desvalidos, que encuentran en ella el descanso y tranquilidad
en los últimos años de su vida de trabajos y penalidades!
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II
Casa de Misericordia
En sesión del día 26 de Junio de 1779, se dio cuenta en el Ayuntamiento de
que no había tenido resultado la petición que la ciudad había hecho al señor
obispo para llevar al hospicio de Jaén veinticuatro pobres de la población, y que
el prelado había fallecido sin resolver nada. La ciudad propuso se gestionara por
el corregidor la pretensión, y si a ésta había oposición, que con los fondos que
facilitaban los pueblos del término, con lo que la ciudad contribuye y el de
muchas obras muertas, obras pías que se hallaban sin destino y no circulaban sus
rentas y productos, se crease en la ciudad una casa de Misericordia como la que
existía en Jaén, con lo que se quitarían muchos males. No hemos podido
averiguar si esta petición tuvo inmediato resultado, pues nada consta en los
libros de actas del archivo.
En el año 1820 a 16 de enero, se dio cuenta y leyó en cabildo un informe de
la junta o comisión de establecimientos de Beneficencia, nombrada por Real
orden de 13 de noviembre de 1819, en el que se exponía el miserable estado de
los establecimientos de Úbeda; que desde 1816 a 1820, en el de Niños Expósitos
entraron 456 criaturas y habían muerto 318 y sido prohijadas 50. Se proponía
que los viejos del Salvador y enfermos de San Juan de Dios se reunieran en el
hospital de Santiago, edificio muy capaz, y otras medidas para la administración
e inversión de las rentas. En 29 de marzo del mismo año se propuso al
Ayuntamiento Constitucional, la conveniencia de fundar una Casa de Piedad
para recogimiento de huérfanos, viudas pobres y mendigos y se dispuso tomar
conocimiento de las fundaciones existentes en otras partes.
Entre tantas consultas y deliberaciones, nada se hacía para mejorar la
administración de la casa de Úbeda, que seguía de mal en peor; hasta el extremo
de que dos individuos de la junta de Beneficencia (D. Fernando Mesía y Aranda
y D. Juan Francisco Martínez), acudieron al Ayuntamiento en 14 de octubre del
citado año de 1820, con una sentida exposición, en nombre de los desgraciados
párvulos, haciendo relación del miserable estado en que se hallaban aquéllos;
que se había acudido antes al Ayuntamiento, éste a la Diputación provincial y
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también al Colector general, y los clamores habían sido inútiles. Se extrañaban
de que el colector general, que del fondo Pío de Beneficencia debía pagar
anualmente 16.000 reales, no daba auxilio alguno según había oficiado; que las
rentas de la casa por quinquenios ascendían a poco más de 2.000 ducados,
inclusos los 16.000 reales citados; que este abandono no podía seguir; que había
precisión de cerrar la casa y que el Ayuntamiento fuera en queja al Rey, por
mediación del Ministro de la Gobernación, implorando su protección. La junta
proponía, para que el establecimiento no fuese cerrado, los siguientes medios:
«1./ El pago puntual de la pensión de los 16.000 reales consignados sobre el
fondo pío beneficial. 2./ Que se paguen por el crédito público una o dos
anualidades de las fincas enagenadas a esta casa en virtud de Reales órdenes, y
del mismo modo en los años sucesivos, pues los réditos creemos ascienden a casi
18.000 reales y de atrasos se le debían muy cerca de doscientos mil».
A pesar de esta sentida exposición, de la que no hemos hecho más que un
ligero extracto, siempre estuvo esta casa poco atendida y mal administrada
En enero de 1855 se acordó vender a censo las fincas que eran de
Beneficencia; y al fin, poco después, quedó como hijuela de la de Jaén a cargo
de la Diputación provincial.
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