Declaración del Movimiento Político y Social Marcha

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-Nuestro Anhelo es la Paz con justicia social-
Declaración del Movimiento
Político y Social Marcha Patriótica
Frente al inicio formal de los diálogos entre la guerrilla de las FARC-EP y el Gobierno nacional en la
capital noruega de Oslo el día 16 de octubre del año en curso, el Movimiento político y social Marcha
Patriótica declara que:
1.- Se trata de una nueva oportunidad histórica que ha contado con el respaldo ampliamente mayoritario
de la sociedad colombiana y de la comunidad internacional tendiente a sentar las bases que permitan
ponerle fin al conflicto social y armado que por más de cinco décadas ha afectado al país. En
representación de las más de dos mil organizaciones que la conforman y atendiendo a lo señalado en su
Plataforma Política, Marcha Patriótica manifiesta su voluntad de poner el mayor empeño en acompañar y
respaldar este proceso con sus ideas e iniciativas. La sociedad colombiana no se puede permitir un
nuevo intento fallido tal y como ocurriera con las experiencias de los Acuerdos de la Uribe, de los
diálogos de Tlaxcala y de los diálogos de El Caguán. Ello dependerá en gran medida de la capacidad de
movilización y apoyo creativo de los más amplios sectores sociales y populares, del aislamiento de los
sectores militaristas y de ultraderecha y de todos aquellos que se benefician con la guerra. En ese
sentido, el cese bilateral de fuegos se constituye en una necesidad imperiosa para generar un clima
adecuado y de confianza en la sociedad colombiana y neutralizar las inevitables interferencias que en el
transcurso normal del proceso diálogo y negociación resultan de la continua confrontación armada.
2.- Este proceso que acaba de iniciar representa una experiencia inédita en la historia de la
insubordinación armada contra el Estado, no comparable con experiencias anteriores vividas en el país
que concluyeron en la desmovilización, la entrega de armas y la reinserción en la vida civil de la guerrilla.
En esta ocasión, se debe comprender por todas las fuerzas vivas de la Nación que la perspectiva de la
solución política se encuentra atada al logro de acuerdos definitorios de vías y mecanismos que permitan
emprender las transformaciones estructurales económicas, políticas, sociales y culturales requeridas para
avanzar hacia la paz con justicia social.
3.- En ese sentido, la pregunta fundamental a ser respondida consiste en saber qué tanto están
dispuestas a ceder las elites gobernantes, los grupos económicos del país y las empresas
transnacionales que usufructúan la riqueza nacional de ese poder que han concentrado a lo largo de
cerca de dos siglos de vida republicana y que les ha permitido construir una sociedad basada en los
privilegios, la exclusión, el enriquecimiento de unos pocos y en profundas desigualdades sociales. La idea
de una paz rápida, concebida sobre el equivocado supuesto de una derrota militar de la insurgencia que
debe refrendarse en la mesa de diálogo y negociación, no contribuye en absoluto a avanzar por el
camino de la solución política al conflicto social y armado. Más allá de hechos que hayan servido para
justificar la ruptura del diálogo por parte del Gobierno en las otras fallidas experiencias, lo que ha ocurrido
en realidad es una sistemática renuencia a abordar aspectos que comprometan o cuestionen el poder
constituido, económico y político.
4.- La oportunidad histórica brindada por el inicio de los diálogos consiste justamente en abrir de nuevo la
posibilidad de discutir el poder. Y eso no es un asunto exclusivo de las partes comprometidas
directamente en las contienda militar. Si bien cierto que el texto del Acuerdo general para la terminación
del conflicto y la construcción de una paz duradera y estable representa un muy importante punto de
partida, las demandas del pueblo colombiano, de los hombres y las mujeres del común, están llamadas a
fortalecer los diálogos que continuarán en La Habana, capital de la dignidad de Nuestra América. Las
exigencias por la más amplia participación de los sectores sociales y populares, de las mujeres, de los
obreros, de los campesinos, los indígenas, los afrodescendientes, las demandas por la inclusión de
nuevos temas deben multiplicarse para enriquecer la Agenda. Dada la naturaleza histórica y el carácter
social del conflicto colombiano, los diálogos no son simplemente de la guerrilla y el Gobierno. Ellos le
pertenecen al pueblo colombiano y deben apropiados por el conjunto de la sociedad, en especial, por los
hombres y las mujeres del común.
5.- Las múltiples expresiones sociales acerca de temas aparentemente ausentes en la Agenda y la
expectativa de que éstos sean incorporados en la mesa de diálogo y negociación son un incontrovertible
indicador de los límites de una democracia gobernable, restringida a la competencia electoral y basada
en el fraude estructural. Amplios sectores de la sociedad colombiana han encontrado en los diálogos de
La Habana una nueva oportunidad de cuestionar el modelo económico neoliberal que impera y se
profundiza en el país, de exigir la superación del modelo acumulación basado en la violencia, el despojo,
la depredación socio ambiental y el favorecimiento al gran capital trasnacional, de reclamar democracia
real, de requerir la depuración de las fuerzas militares, de tramitar sus demandas por trabajo y vida
dignos, tierra, educación, salud, vivienda, seguridad social, servicios públicos, cultura y recreación, entre
otras, de reivindicar la soberanía y la dignidad nacional, de atender las exigencias de las víctimas de la
violencia estatal y paramilitar y del conflicto. En ese sentido, los diálogos representan una nueva
posibilidad para nuevos los entendimientos de la política y, en presencia de una amplia movilización
social y popular, para el mayor despliegue de la potencia del poder constituyente.
6.- Marcha Patriótica considera que el camino para avanzar en la refrendación final de los eventuales
acuerdos entre la guerrilla de las FARC-EP y el Gobierno y, en general, hacia la reconciliación nacional,
no puede ser otro que un mecanismo que permita la real participación del conjunto de la sociedad
especialmente las grandes mayorías que hoy sufren las consecuencias del modelo económico y del
actual régimen político anti democrático, que siente las bases de un nuevo contrato social y político,
concebida con fundamento en la participación real de todos los sectores de la sociedad, en especial, de
los excluidos históricos, de los hombres y las mujeres del común, de los sectores sociales y populares.
Ello supone el diseño de mecanismos de participación distintos al de la competencia electoral. A
acompañar este empeño, Marcha convoca a los procesos organizativos sociales y políticos del campo
popular y a todos aquellos sectores de la sociedad que se identifiquen con ello.
7. Marcha Patriótica convoca igualmente a los pueblos del mundo y de Nuestra América, y en especial a
los gobiernos de la Región a brindar su apoyo irrestricto al proceso que se ha iniciado. La solución
política y la paz con justicia social en Colombia se constituyen en factor indiscutible de la seguridad y de
la estabilidad regional, para la reivindicación de la dignidad y de la soberanía nacional, para el rechazo a
toda forma de intervencionismo extranjero, especialmente estadounidense, y en condición para avanzar a
hacer realidad el sueño de Bolívar de construir de la patria grande y soberana.
Bogotá, D.C., 17 de octubre de 2012.
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