El desarrollo tecnológico de las bóvedas de madera en la

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Actas del Primer Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Madrid, 19-21 septiembre 1996,
eds. A. de las Casas, S. Huerta, E. Rabasa, Madrid: I. Juan de Herrera, CEHOPU, 1996.
El desarrollo tecnológico de las bóvedas de madera
en la experiencia de Lemer
Raffaella Conti
Los estudios sobre la técnica arquitectónica siempre
han suscitado mucho interés por la perfecta simbiosis
que existe entre la evolución estética y estructural.
La historia nos enseña cómo el aspecto técnico y
tecnológico responde a precisas exigencias funcionales, estáticas y formales.
Un ejemplo muy interesante nos viene dado a través de la experiencias de Lemer, arquitecto Jesuita
que trabajó para la construcción de la bóveda que
aún hoy cubre la nave central de la iglesia de la
Compañía de Jesús en Córdoba, Argentina.! (figura
1). La iglesia del 1600, no tiene características arqui-
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Figura 1
Planta de la iglesia de la Compañia de Jesús
tectónicas de particular relevancia, sino en la bella y
rica bóveda que decora con gracia y refinamiento el
interior.
Las condiciones de atraso cultural y de inexperta
mano de obra del lugar, evidencian mayormente la
habilidad del Lemer que tuvo que enfrentarse, no solamente con las dificultades estructurales intrínsecas
de la bóveda, sino también con los obreros poco preparados que le rodeaban.
Por muchos años la iglesia quedó incompleta a
causa de la falta de una cubierta adecuada sobre la
nave; a los arquitectos de la Compañía de Jesús se
les presentaban una serie de problemas que sólo un
hábil carpintero de barcos habría podido resolver.2
La amplitud de la luz de la bóveda, de 15 metros,
no podría ser cubierta por una estructura de ladrillos
muy pesada, por sus delgados muros perimetrales sin
contrafuertes adecuados (figura 2).
La habilidad de Lemer surge en este caso, su nacionalidad flaminga y su experiencia acumulada en
numerosos viajes hechos a Europa, trabajando en
obras navales como constructor de barcos, lo llevó a
ser una de las figuras más cultas y sabias en el campo
de la arquitectura del nuevo mundo.
La solución concebida por Lemer, nos hace pensar
que ha tenido en las manos el famoso tratado de Ph.
De I'Orme, arquitecto francés que escribió Nouvelles
inventions pour bien bátir et a petit ¡rais.
En el libro, hay páginas que tratan sobre amplios
espacios cubiertos por estructuras de madera de distintas formas y con diferentes motivos de arco.3
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Figura 2
Detalle de la cubierta del techo de la iglesia de la compañía
de Jesús
En los dibujos, la estructura se rcaliza con una superposición intercalada de tablas ensambladas entre
ellas simplemente con clavos.
Lemer tomará como base estas sugerencias para
examinarlas y adaptarlas a sus exigencias creando así,
una estructura particular con la caractetística original
de ser una estructura portante (figura 3).
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Figura 3
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La forma que él adopta es la de una quilla de barcos invertida, sugerida seguramente por la similitud
que existe entre la estructura de los barcos y la de la
cubierta.
Pero lo que interesa es composición de pequeños
pedazos de vigas, que entrando en tension entre
ellos, crean un juego de equilibrio manteniendo la
característica de bloque autoportante.
También las faldas del techo, sólidamente ancorada al arco con la viga maestra y otros dos puntos
de apoyo tangentes a la estructuras, forman parte de
la compleja articulación (figura 4).
La bóveda, de este modo, descarga sólo el peso sobre el muro perimetral el cual recibe fuerzas verticales y no como sucede con los arcos, con fuerzas di agonales.
Por otro lado, el tratado de Ph. De l'Orme, siendo
de carácter esencialmente teórico, daba mayor desahogo a la imaginación y a la experimentación de formas nuevas como la de Lemer, que fue seguramente
una de las más acertadas.
En efccto, De l'Orme utilizaba clavos, cosa que
Lemer descartó enseguida uniendo los elementos con
una serie de cúneos que impedían a la bóveda cerrarse o abrirse.
Para crear una perfecta coacción entre las partes y
el equilibrio del todo, Lemer tuvo que dimensionar
perfectamente todos los elementos, desde las tablas
y las vigas hasta los importantísimos
cúneos que
creaban en el complejo una rígida estructura reticular.4
En consecuencia, la bóveda fue realizada con una
serie de arcos cada uno de los cuales compuestos por
tantos pedazos de pequeñas vigas largas de casi 27
cm y con el espesor que daba sobre el «estradosso»
de la bóveda, para que obtuviera una mayor resistencia en la parte transversal del arco.
Todos los elementos fueron plegados siguiendo
una débil curvatura que daba forma al arco y, la idea
de componer pequeñas partes, todas iguales entres
ellas, sirvió a Lemer para facilitarle la ejecución.
Probablemente
la estructura fue realizada sobre el
piso y después levantada con una estructura para ponerla sobre el apoyo del muro de la nave.
Contribuía a las tensiones de los arcos, un sistema
de tablas interpuestas entre las vigas de la estructura,
que creaba una unión longitudinal, también ésta forzadamente encurvada.
La armadura, o mejor, los arcos, distaban uno del
El desarrollo
tecnológico
de las bóvedas de madera
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de la arquitectura como de la naturaleza (en este caso
se hace referencia a la madera) pero no solamente,
usó la habilidad de ]os talladores de madera de la
gente indígena para enriquecer su obra con un notable valor estético.5 Hoy, en efecto, una de las mayores atracciones de la ciudad está dada por la visita
que se hace a la iglesia para admirar la espléndida
bóveda, que denota admiración también para el más
inexperto de los observadores.
La experiencia de Lemer sirve para hacemos comprender cómo un buen arquitecto debe ser seguramente un buen tecnólogo para llevar adelante la arquitectura.
Una particular curiosidad que nos interesa, es el
hecho que en el mismo modo fue realizada la bóveda
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Figura 4
Detalle del encuentro entre el techo y las vigas de la
bóveda
otro casi un metro y, se contaban 29 a lo largo de
toda la nave.
Parte del espesor de estas aristas sobresalía sobre
el «intradosso» de la bóveda, creando un motivo rítmico que dividía el espacio ricamente decorado por
los tallados y por el trabajo de las partes salientes (figura 5).
Lemer, de este modo, logró dar vida a una nueva
forma usando los conocimientos estáticos y físicos
Figura 5
Dibujo del intradós de la bóveda
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de la capilla doméstica, un ambiente anexo a la gran
iglesia y de igual refinamiento.
Esto nos hace pensar en una prueba inicial que
quizás nuestro arquitecto quería probar antes de iniciar la experiencia de la gran bóveda.
NOTAS
1. Esta bóveda ha sido estudiada en los más mínimos detalles por Gallardo Sosa, M. y también por otros arquitectos, uno de los más recientes el profesor Lanner. Se
piensa que en América Latina esta obra es única en su
género y posiblemente en el mundo como lo dice el profesor Patetta. Muchos estudiosos retienen interesante la
comparación de la bóveda con el tratado de De l'Orme.
2. Sosa Gal1ardo, M., Bóveda y cúpula de la iglesia de la
CompaPiía de Córdoba, Buenos Aires, 1897, pp. 39-40.
3. De l'Orme propone una relación de cinco medidas de
luz para edificios con techo abovedado, de 7,80 m a 35
m. Para los edificios que poseen una luz de 11,75 m, el
autor recomienda segmentos de 0,27 m y de un ancho
igual a 0,40 m de espesor. Lemer utilizar medidas de
0,33 m y de 0,ü70 m.
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