Descargar ejemplar - Hemeroteca Digital

Anuncio
SEMANARIO
Año VI
CIENTÍFICO.
LITERARIO
Y
ARTÍSTICO
Barcelona 2 de junio de 1888
C U A N D O EU A M O R E S J O V E N (cuadro de Gustavo Jacquet)
Núm. 283
LA ILUSTRACIÓN IBÉRICA
338
SUMARIO
TEXTO: Madrid, por FenianñoT.—Ilusión y realidad, por Carolina de Soto y Corro.—/Sobre un premio!, por A. Sánchez Fi^r^z.—Sepulcros del siglo XV, por Eduardo Soler y
Pérez.—ñimas ipoesía), por Pedro Bonet Alcantarilla.—
Días de gala, por Eduardo de PedAcio.—estudios para un
cuadro (continaación), por M. Almii Devar.—.Vítesíros
grabados.—Mi prima Pepa (continuación), por Luis Cánovas.
GRABADOS; Cuandoelamor OS joven. —Mistress Craik, célebre
novelista inglesa.—Córner Honse, residencia de Mistress
Craik.—Gabinete de Mistress Craik.—Llegada de S. M. la
Reina üegente y SS. AA. al muelle de Barcelona la tarde
en que se veriflearon las regatas.—Aspecto del puerto
de Barcelona durante la celebración de la regata.—Bsrcelona: Inauguración de la Exposición Universal por Su
Majestad la Keina Regente.—Copenhague.—Un buen libro.—Sobre mullido césped.-Barcelona: S. M, la Reina
"Regente en las carreras de caballos.—Consejos paternales.—Las manos llenas de flores.
MADRID
El duque de F r l a s . - L a p r e s i d e n c i a del A l e n e o . R e y e s v a n y r e y e s v i e n e n . — D i v e r s i o n e s de v e r a n o y de i n v i e r n o . — L o que e s l a v i d a .
nfYA muerto el duque de Ei-ias, un aristócrata
Wi que disfrutó, durante muchos años, de las
pompas, grandezas y placeres del mundo, y que
en la edad cansada vino á ser gobernador, en
medio de la sorpresa general; habiéndolo sido
con aplauso de muchos y sin censura de ninguno. Quien ha nacido en alta cuna, recibido educación cortesana, y hase habituado á mostrarse
superior sin parecerlo, tiene mucho adelantado
para estos cargos, en que es preciso, más aún
que los talentos del saber, los del trato de gentes. Amable, transigente, bien intencionado, el
duque de Frías era un buen gobernador para
estos tiempos y para este Madrid, donde no hay
política definida ni luchas violentas de partido.
8u viuda (noble, joven y encantadora) se ha hecho digna también de las simpatías de todos
por haber mostrado inconsolable dolor ante su
cadáyer... Los políticos son menos sensibles; y,
apenas muerto el duque, han lanzado á la
publicidad un puñado de nombres en candidatura. Las diversas fracciones de que se forma
el partido fusionista quieren llevar su representación al codiciado puesto. El gobierno de
Madrid es cargo tan deseado como una cartera:
es la antesala del ministerio, y además ser gobernador equivale á una credencial de hombre
de buen tono. Este matiz de elegancia se viene
acentuando más y más en el cargo; y si se nombra, como se dice, al duque de Veraguas, vendremos á parar en que para ser gobernador de
Madrid es preciso descender, por lo menos, de
Chindasvinto.
Otras candidaturas traen meditabundos á los
hombres políticos: entre ellas la del Sr. Martos para la presidencia del Ateneo de Madrid.
Los diarios han publicado listas, según las cuales apoyan esta candidatura Castelar, Cánovas,
el duque de Veraguas, Romero Robledo, Echegaray, marqués de la Vega de Armijo, el poeta
Zorrilla, Silvela (D. Francisco), el marqués de
Sardoal,Pidal y otros muchos hombres eminentes. Cualquiera creería, con esto, que el señor
Martos no tiene calidades por sí mismo. No me
parece así. Hace algún tiempo, la juventud ateneísta y el demento sesudo y liberal miraban
con malos ojos al Sr. Martos por haber éste
salvado la honesta distancia que le separaba del
trono; pero en la presente actualidad son tantos
los imitadores del famoso demócrata, y tantas
las razones que pueden alegarse de buena fe
para imitarle, que su anterior conducta no debe
ser obstáculo para que el Ateneo le dé sus
votos. Por el contrario, nadie como el señor
Martos representa hoy el estado de las conciencias: la duda, la fluctuación, la resignación patriótica y fructífera del que sacrifica el triunfo
rápido de sus ideales á la tranquila y reposada
elaboración de las costumbres públicas que han
de prepararlos y consolidarlos. Al votar presidente del Ateneo á D. Cristino, los socios votan al mejor hombre de Estado, pues votan al
símbolo parlamentario del estado presente.
Y, á propósito do esto, hablaré también de un
folleto que acaba de publicarse, debido á la pluma castiza y gallarda del Sr. Gómez Sigura,
ayer posibilista, hoy agregado al partido conservador. Al tratar de este asunto, nota un
periódico que el partido conservador es un asilo
de tristes y desengañados: algo como un panteón de ilusiones perdidas. Así es verdad. No
he leído el folleto del celebrado escritor, mas
parece afirmar en él que entra en el partido del
Sr. Cánovas, porque era republicano, pero de
ideas conservadoras. De esto á decir que Castelar es el Cánovas de la república no hay más
que un error de nombres. D. Emilio se habrá
indignado al leer esta terrible afirmación. Yo
no lo creo tampoco. Mientras D. Emilio no sea
poder, es forzosamente, por su amplísimo programa, demócrata indiscutible: si llegase al poder, impondría la democracia ordenada con el
cañón... Esta es la diferencia. De todos modos,
entre él y D. Antonio no puede haber semejanza ninguna: por efecto, precisamente, de las
muchas notables cosas en que se parecen.
En algo hemos de pasar el tiempo, encontrándonos, como nos encontramos, abandonados de la
corte; y nada más á propósito para entretenerle,
que estas contradanzas de los hombres de partido. Verdad es que si nuestros reyes nos abandonan, vienen á visitarnos los monarcas extranjeros. El rey de Suecia ha llegado. Es hombre
instruido, y quizás ha venido para saber de buena tinta cómo es posible que un español se haga
el sueco sin hacerse subdito suyo. El rey es de
elevadísima estatura y de rostro moreno. Tiene
la barba gris, los bigotes con guías largas y retorcidas; sus ojos son vivos; su fisonomía noble
y simpática. En su reino parece que están bastante contentos con él y, por lo tanto, debemos
procurar que él lo esté con nosotros. Ayer asistió á la fiesta que en su huerta de la Castellana
daban los marqueses de la Puente y Sotomayor;
y allí valsó con algunas damas madrileñas que
le fueron presentadas, y que fueron reinas de
Suecia durante algunos compases déla orquesta.
Los reyes han venido á menos, especialmente
en lo que se refiere á sus derechos sobre la belleza; pero siempre conservan algo de su antiguo prestigio, y no hay dama ni señorita que
entre los brazos de unrey, siquiera sea eldeHaiti,
no se sienta deslumbrada como si hubiese bajado á danzar con ella el mismo sol. Parece ser
que el rey habló con el Sr. Cánovas de política sueca, y que le hizo proposiciones para que
fuese de presidente del Consejo de Ministros á
su reino.—En mi patria, — le dijo el rey,—no
somos exclusivistas y tomamos lo bueno allí
donde lo encontramos. Recuerde V.,—le dijo,—
que en 1810, los que debían ser mis Estados,
sintieron la necesidad de poner al frente de la
gobernación un hombre que fuese al mismo
tiempo feliz guerrero y sabio ad ministrador.
Entonces se dirigieron á mi abuelo, á Bernadotte, el general y compañero del gran emperador; y, habiendo aceptado el ofrecimiento, rigió
los ejércitos y los negocios suecos, coronándose
luego y reinando larga, próspera y dichosamente. Cuando en nuestro país no encontramos un
hombre,lo buscamos donde sabemosque existe...
y no hace falta.—D. Antonio, conmovido, contestó que le era imposible abandonar la dirección del partido conservador:—¡Si hubiese allí
destinos para todos los míos!—exclamó en tono
dubitativo.—S. M. Osear quedó aterrado. Su
contestación le hizo digno de ser rey de su reino: calló prudentemente.
Fiestas como la de los marqueses de la Puente y Sotomayor, amenizan la vida de los cortesanos, sin que falte alguna otra que interrumpa
sus tristezas. En casa de D. Francisco Uhagón
se verificó una muy agradable. El Sr. Uhagón
es muy conocido y estimado de los bibliófilos.
En su severa biblioteca de roble tallado, guarda
una preciosa colección de libros de caza, un
ejemplar único de Jorge Manrique, y varias
obras cuya impresión se remonta á los años
de 1400 y 1500. Últimamente, y en unión de
D. Enrique Leguina, ha publicado un catálogo
de obras, folletos y artículos de caza españoles,
curiosísimo y sumamente útil para los aficionados al llamado noble ejercicio.
La variable condición de este mes de mayo
permite estas reuniones de invierno. Sin embargo, hemos tenido algunos días de calor, y los
madrileños han dado órdenes para la reforma
que perturba sus viviendas todos los años como
una revolución saludable: Bíadrid, en estos días,
desestera. No es el momento de visitar á las
madrileñas: el atildamiento de que éstas hacen
gala en los teatros y en las reuniones, no avalora ya sus naturales encantos, porque se ponen
los trapitos viejos, se atan un pañuelo en la
linda cabeza, cogen quizás la escoba, empuñan
tal vez el plumero, y aparecen y desaparecen
entre nubes de polvo, regañando á los mozos,
torpes y robustos, humildes y risueños, que no
por carecer de ilustración y de principios dejan
de complacerse en mirar y remirar, cuando es
hermosa, la cara de la señorita. El hombre, ú
hombres, de la casa, hnye y deja el campo libre
á las mujeres y los mozos, porque nosotros no
entendemos de arreglos domésticos. Pero sí que
nos satisface volver después de algunas horas
y encontrarnos los suelos desnudos, lavados,
frescos, con ese aroma de la limpieza y pidiendo
calor, ventanas entreabiertas, ventanas entornadas, el botijo en el balcón, flores sobre los muebles, y limón helado y horchata.
Todo esto se resiste venir este año. Las horchaterías aparecen desiertas, con sus mesillas
en fila, sus garrafas inclinadas sobre el mostrador, y sus horchateritas, tan insinuantes y peiipuestás. La gente pasa por delante de la tienda
y dirige una mirada á las jóvenes servidoras,
que contestan con otra invitatoria en alto grado... Pero la vista de las garrafas produce escalofrío, y el transeúnte aplaza la conquista de las
horchateras para la canícula; contentándose,
cuando más, con acercarse á la puerta, señalar
el lebrillo que está en ella y pedir un perro grande de chufas.
Para maj'or desventura, el tiempo y el acaso
les privan de torcs y de toreros á los aficionados. El temporal convierte la plaza de toros en
un lago: la imprudencia de los diestros les ocasiona graves cogidas. Frascuelo y el Espartero
se curan y reponen en el lecho de sus torpezas
ó de sus audacias.
Los teatros concluyen. Dentro de poco se
inaugurarán los teatrillos de verano. Sin embargo, en el Teatro de la Comedia se abre un
nuevo abono por veintiuna representaciones de
la compañía de Novelli. Entre otras obras se
pondrán en escena, traducidas. Quien debe paga,
de Núfiez de Arce; y El sombrero de copa, de
Vital Aza.
Madrid, pues, se alimenta de esperanzas.
Mientras tanto, en Barcelona, según nos dicen,
se construye un teatro para que Calvo y Vico
representen los dramas de Ecliegaray; en otro
se ha estrenado el baile Excelsior; y el inmenso
público de la Exposición vive, por así decirlo,
en un hormiguero de placeres.
Un madrileño distinguido no puede permanecer decorosamente más tiempo en Madrid.
Este año la emigración empezará más pronto; y
para que tome grandes proporciones, sólo es necesario que el cielo se despeje, el sol abrase, el
aire sofoque, y las moscas, mosquitos y todos
los insectos con alas, que todavía duermen, se
decidan á invadir el espacio y á llenar con sus
músicas desesperantes nuestras silenciosas casas.
La vida, después de todo, es una tela cuj'a
única variedad consiste en que tiene derecho y
revés. El verano es el revés del invierno, y viceversa.
Ha llegado el momento de cambiar de traje...
Volvamos la tela.
FKHNANFLOR
-^.-
LA ILUSTRACIÓN
ILUSIÓN Y REALIDAD
No se habían visto jamá_s; pero los dos se
amaban, y se amaban con locura, con frenesí.
Cómo, sin conocerse, habíase verificado el choque, ese imprescindible golpe de efecto, ó, mejor
dicho, ese cruzamiento de dos almas que se
mezclan y se confunden á la vez en un solo sentimiento, on una misma pasión, es lo que vamos
•á decir.
Claiidio era un hombre de excelente corazón,
ardiente, arrebatado, poseedor de una cantidad
inmensa de ternura que nadie había sabido
apreciar en toda su extensión, porque jamás había tenido la fortuna de que ninguna mujer le
comprendiera; y su pecho, ansioso de emociones, de las dulces corrientes de amor, era como
raudal caudaloso que se desborda en vano, sin
encontrar el cauce por donde deben resbalar sus
aguas en provecho de los prados y do las flores.
Su imaginación de poeta, y poeta enamorado,
le había sugerido más de una vez mil fantásticas ilusiones, que no lograba ver realizadas
nunca; pero, á pesar de su desdicha, él mantenía viva en su ideal la imagen de sus sueños,
la figura bendita y encantadora de la mujer que
adoraba, de aquella mujer que él se había forjado á sus antojos, con todas las bellezas y perfecciones que ambicionaba en la elegida de su
corazón.
Un día trabajaba Claudio, como de costumbre,
en su gabinete. Las letras eran su principal ocupación, y á ellas se dedicaba de continuo, escribiendo para varios periódicos donde estimaban
su firma y la pagaban regular, cosa no muy
frecuente en nuestros tiempos. Ocupábase, á la
sazón, en escribir un artículo para una ilustrada
revista, eco de las artes y de las letras, sobre
las excelentes condiciones de la mujer y la conveniencia de atender y contribuir á su educación artística y literaria.
Había desarrollado perfectamente el pensamiento y gozaba con la idea del buen efecto que
habría de producir su trabajo, especialmente en
el ánimo de las artistas y literatas, de las que
era eterno y entusiasta defensor; cuando llegaron á sus oídos las vibraciones de un piano, tocado con notable buen gusto y afinación.
Instintivamente abandonó Claudio la pluma,
y, dejando su asiento, se aproximó al balcón. La
música provenía de una de las casas inmediatas
de la derecha, y era imposible ver nada; pero,
si no el sentido de la vista, el del oído al menos
podía solazarse á su placer escuchando los aimoniosos acordes del instrumento, herido, sin
duda, por manos femeniles, según la suavidad
con que agitaban las teclas. Así debió pensarlo
nuestro escritor, que permaneció como enclavado contra los hierros del balcón, de espaldas á la
calle, relacionando tal vez, allá en su mente,
aquellos sonidos con lo que acababa de escribir.
La pieza que ejecutaban con tal primor, era
una melodía dulcísima, desconocida, improvisada quizá por la misma profesora; y aquel torrente de sentimiento, de inspiración y de armonía, se iba infiltrando sutilmente, de una
manera particular y extraña, en el corazón de
Claudio, cuyas delicadas fibras se estremecían
al compás de cada nota.
Cuando más abstraído se hallaba, la música
cesó, y el silencio repentino le impresionó dolorosamente. Aguardó, sin embargo, con la esperanza de volver á escuchar el piano, pero inútilmente: el instrumento no volvió á sonar más,
y una hora después Claudio se retiró del balcón,
disgustado, aunque acariciando, en lo profundo
del pecho, aquella preciosa melodía, cuyas vibraciones repercutían en su alma.
—¡Oh! ¡La mujer que siente así, y que de tal
modo sabe expresar sus sentimientos, debe ser
un ángel de ternura!—pensaba el joven, dando
rienda á las ideas que se agolpaban 'á su mente
soñadora.—La veo con los ojos de la imaginación, y es encantadora. Sí, no me cabe duda: es
ella, la mujer de mi pensamiento, la imagen divina que se destaca en mi fantasía como la más
bella y constante aspiración de mis deseos. E s
IBÉRICA
ella: aunque no he visto su rostro, lo adivino; la
pulsación de sus dedos sobre el teclado, me ha
revelado lo bastante para conocerla, i Dios mío!
¿Será esta la realidad do mis ensueños? Pero
ella... ella no me conoce; y si me conoce... ¡Oh!
No. ¿Por qué esa ruindad de pensamiento? Mi
alma es hermosa, y el alma es lo que vale. Esa
mujer debe asentir y estar conforme con mis
ideas. Es preciso que yo me acerque y que le
hable. Le explicaré lo que ha hecho sentir en mi
pecho con sus acordes, la rara identidad de
nuestros sentimientos, y ella me comprenderá,
sí, me comprenderá; y con esa nobleza de espíritu que debe distinguirla en todos sus actos,
posponiendo á las consideraciones sociales de
ese mundo tirano y cruel, que veja y que mar-
339
Consecuente en su empresa, continuó igual
aquel día, con la misma mala fortuna del anterior; pero, decidido á adelantar algún paso, procuró inquirir por un criado de la casa sitiada, y
de sus investigaciones sacó, al fin, en claro, que
allí vivían los Sres. de Ruiz; que quien había
tocado el piano era una señorita llamada Ernestina Méndez, amiga de los señores, con quienes
había pasado algunos días, marchando, hacía ya
dos noches, hacia Cádiz, su país natal.
No fué preciso saber más: era lo bastante
para Claudio; y aunque se retiró á su gabinete,
mortificado por la idea de la distancia que le
separaba de ella, no por eso desistió de su empeño, antes al contrario, pensó en la realización
de su deseo con más vivo ardor.
MISTRESS CRAIK, CELEBRE NOVELISTA INGLESA
tiriza, en vez de compadecer y amar al infortunado; posponiendo la delicadeza y bondad de
un verdadero afecto, me dejará oir el eco de su
voz, tan deliciosa como los suaves sonidos que
ha derramado en mi corazón, haciéndome experimentar estos gratos ardores que siento. Si, sí:
nos pondremos do acuerdo, y después... ¡la felicidad ! ¡el cielo 1
En estas y otras meditaciones pasó Clau.dio
la noche, y á la mañana siguiente despertó
arrullado por los mismos fantásticos pensamientos. Dispuesto á llevar á cabo su plan de conquista, activo lidiador, comenzó por sitiar la
fortaleza, paseando unos ratos por la calle y
pasando otros colocado de atalaya en su balcón.
Sus gestiones de aquel día fueron vanas: ni
el piano, en el que fundaba tan lisonjeras ilusiones, volvió á resonar siquiera. Triste con no
haber adelantado nada, y excitado aun más por
la remora que aquella dificulta! ponía á su vehemencia, no durmió la segunda noche, y el
nuevo día le sorprendió de mal humor y dolorida la cabeza por las cavilaciones y el insomnio.
¡Ernestina! Se llamaba Ernestina, y aquel
nombre precioso era el complemento de la mujer adorada.
—Le escribiré,—decía;—le escribiré unos
versos. No: un poema de amor en prosa es más
persuasivo todavía. Le diré todo lo que siento,
no con las galas del escritor, sino con el fuego de
una sincera pasión, de un verdadero afecto. Le
contaré también mi historia, mis desdichas pasadas, mis afanes del presente, mis esperanzas
del porvenir... Manos á la obra. ¿Qué me importa no conocer la dirección de su casa? Confio
que mi carta ha de llegar hasta ella tan sólo
con su nombre.
Y con febril entusiasmo cogió la pluma y escribió la misiva amorosa, retratando fielmente
en ella, sin afección ni vanidosos alardes, sus
leales propósitos, la bondad de sus condiciones
morales, y la confianza de un porvenir seguro,
debido sólo á su trabajo é inteligencia.
CAROLINA DE SOTO Y COREO
(Se continuará)
I^^WHPBiWPPBP"
w
i»fft!''Bgg<?p»ggBiBl!^^gWMPWW»SII!'pW»^
P!*,!
lili,
•ílll'lljil"
l|iílí|i||[Í,if
•»^.
'" "I i^^m
i«!«l lllllllliill'i'lM .',' lllÍllillll||,|
A S P E C T O D E L P U E R T O DE B A R C E L O N A D U R A N T E LA C E L E B R A C I Ó N DE L A S R E G A T A S (dibujo de Asarla)
minf^^mm"'^^^
LLEGADA DE S. M. LA REINA R E G E N T E Y S S . AA. A L M U E L L E DE B A R C E L O N A LA T A R D E EN Q U E S E V E R I F I C A R O N L A S R E G A T A S (dibujo de P. y V alor)
342
LA ILUSTRACIÓN IBÉRICA
¡SOBRE UN PREMIO!
Me lo figuraba: el fallo de la ACADEMIA E S PAÑOLA adjudicando el premio de cinco mil pesetas, ofrecido por la Regente para la mejor
obra dramática estrenada en los teatros de España durante el año de 1887, al insigne S E R A F Í
PITARRA por su drama Batalla de Beynas, ha
dado ya mucho que decir, y ha de dar más que
hablar todavía.
Nosotros somos como Dios nos ha hecho y muy
parecidos á los famosos guardias walonas en aquello de llegar siempre tarde á la procesión: cuando
seria de oportunidad, y hasta de provecho, discutir, guardamos silencio; cuando la discusión
resulta ociosa, inútil, y hasta impertinente, se
nos antoja buscar polémicas acerca de pleitos
fallados ya y ejecutoriados.
el encargo recibido, y acerca de esto no me parece que cabe discusión ni duda siquiera.
La Regente de España, entendamos esto, de
España, no de Castilla, habla otorgado un premio á la mejor obra dramática representada en
los teatros de España (de España) durante el
año próximo pasado: este era el hecho. Los encargados de adjudicar ese premio eran los académicos de la Española.
Habría entre ellos quienes juzgasen poco político premiar obras escritas en catalán ó en
bable, en valenciano ó en basco; habría también
quienes, por el contrario, estimasen muy hábil
y muy conveniente traer al concurso dramas catalanes y gallegos, valencianos y éuscaros. Pero
la cuestión no era esa: ni los señores académicos estaban llamados á dilucidarla, ni siquiera á
emitir opinión acerca de olla. El deseo de la
donante era claro, y estaba claramente expresado: quería premiar la mejor obra dramática re-
C O R N E R H O U S E , R E S I D E N C I A DE M I S T R E S S CRAIK
Cuando los señores académicos de la Española celebraron sesión á fin de cumplir el honroso
encargo recibido de Palacio, surgió entre ellos
la cuestión previa de si habían de concurrir al
certamen todas las obras dramáticas estrenadas
en España, ó si debía entenderse que el premio
concedido había de ser adjudicado precisa y necesariamente á una obra estrenada en Madrid.
La discusión fué borrascosa: aparecieron allí las
tendencias de los defensores de la literatura regional y las aspiraciones de los partidarios del
unitarismo; por una parte y por otra se sostuvieron con empeño las respectivas doctrinas y sus
legitimas consecuencias; y después de acaloradísimos debates, y hasta, si no estoy mal informado, de dos votaciones distintas en sus resultados,
quedó resuelto que debían ser admitidas al
concurso, como obras españolas, las estrenadas
en toda la tierra de España, escritas en cualquiera de los idiomas que son conocidos como
españoles.
Para mí (entonces lo dije y lo repito ahora)
esta determinación era la sola razonable, la
única admisible. Confieso que, á fuer de federal, soy muy partidario de las literaturas regionales; pero prescindo en absoluto, para pensar
así en este caso de que ahora se trata, de mis
opiniones políticas y de mi odio inveterado á
todo lo que sea absoluto, centralizador y tiránico: sólo se trata de la manera de interpretar
presentada en los teatros de España. ¿Barcelona es España ó no? ¿Valencia es España ó no?
Pues Valencia y Barcelona estaban incluidas,
lo mismo que Madrid, en la orden y eft el encargo.
Que pudo haberse hecho otra cosa; que debiera aconsejarse distinto procedimiento á la Regente: cosas serán para discutidas y comentadas
por el público y por los particulares, según
sus opiniones; pero no eran para ventiladas en
la sesión á que me refiero.
Como era natural, y como debía ocurrir, prevaleció la idea de que se incluyesen en el concurso todas las obras estrenadas en España.
El acuerdo se hizo público, dieron noticia de él
casi todos los periódicos, y, sin embargo, nadie,
que yo recuerde, prestó atención alguna al
asunto; ningún autor dramático le concedió importancia. Creo que me cupo la honra de ser la
excepción única: di noticia de lo acaecido en
aquella sesión ruidosa, y expuse mi parecer de
que, en efecto, los autores catalanes, gallegos,
valencianos y bascos debían ser admitidos al
concurso.
Como nadie dijo absolutamente nada en contra, como ningún literato combatió este acuerdo
de la Academia, pudo creerse, y yo lo creí á pies
juntillas, que la cosa había parecido á todos razonable y la determinación justificada; pues si
es cierto que la lógica dice que el que calla ni
otorga ni niega, ocasión hay, y ésta era precisamente una de ellas, en que tiene más fuerza
que el precepto científico el adagio vulgar:
quien calla otoi ga.
Oportunísimo habría sido entonces combatir
la resolución de la Academia, tronar contra
aquella especie de estímulo á las literaturas regionales, aducir, en una palabra, las razones
que se han aducido después... después... cuando
se ha visto que era catalán el poeta premiado.
¿Se pretendía, por ventura, que los poetas no
castellanos entrasen en el concurso como simples figuras decorativas para dar más realce al
triunfo de la literatura de la corte? ¿Se juzgó,
quizá, que los catalanes eran aptos para enti'ar
en el concurso, pero no para obtener el premio?
Tal manera de discurrir no deja de ser peregrina.
No conozco el drama Batalla de Reynas; pero
conozco muchas obras de su autor, y me parece
muy capaz de escribir obras
dignas de premio. Si ésta lo
es ó no lo es, no puedo decirlo, á bien que tampoco se
trata ahora de aquilatar la
mayor ó menor justicia del
fallo de la Academia. Doy
por supuesto que es justo;
pero, suponiendo que no lo
fuera, no probaría esa injusticia sino la falibilidad inevitable d e l o s juicios humanos.
Lo que digo y repito es
que, dentro de las condiciones i n d i c a d a s terminantemente por la donante, han
debido ser llamados á concurrir no solamente los poetas castellanos, sino todos
los que cultivan la literatura dramática de España;
que dentro de esas condiciones cabe que haya sido premiado un dramaturgo catalán, no por las o b r a s que
antes haya hecho, como lo
dice un corresponsal, sino
por la estrenada en 1887,
que es la que se trataba de
premiar; y que otro modo de
proceder h a b r í a s i d o , no
quiero decir impolítico, porque no q u i e r o mezclar en
esto la política para nada,
sino injusto y nada conforme con los deseos de quien
había concedido el premio.
A los que pretenden juzgar esos deseos ó analizar los medios empleados para realizarlos, les
abandono en su tarea, que ni me compete ni me
agrada.
A.
SÁNCHEZ P É R E Z
-•3je-
SEPULCROS DEL SIGLO XV
I. Lucha de las escuelas italiana y del norte.—II. Escuela
italiana.—Iir. Escuela del norte: Museo Arcmeológico.
Miraflores, Itatalha.—IV. Particularidades.—V. Estatuas
orantes.
I. Dos escuelas artísticas, totalmente opuestas en su modo de concebir y en la ejecución,
pugnan en el siglo xiii, y más declaradamente
en el xiv, por imponer sus cánones, venciéndose
recíprocamente ó mezclándose en diferente medida sus respectivos ideales y procedimientos.
Esas escuelas, venidas de afuera, bajo cuya dirección permanece el arte nacional, primero en
sumisión completa, más tarde osando mostrar
su propia genialidad tímidamente y en alguno
que otro rasgo, estaban representadas por artistas italianos y flamencos, ó del norte, como más
comunmente se les suele denominar.
Los escultores españoles adoptan la manera
S43
LA ILUSTRACIÓN IBÉRÍCÁ
de unos y de otros, y pocas veces intentan fundirlas en otra que fuese propia y original.
En Sevilla puede estudiarse esta contraposición en el mismo templo. La iglesia catedral
posee (cap. de San Hermenegildo) el sepulcro
del arzobispo Cervantes, obra celebrada por su
delicadeza, finura y armonía; del bretón ó flamenco Lorenzo de Mercadante, y en otra capilla (la llamada de la Antigua) el del arzobispo
Hurtado de Mendoza, debido al cincel del toscano Miguel, el Florentino, ambas obras separadas por corto número de años; pues si la primera es de fines del xv, la segunda fué hecha
en los primeros del xvr. Si en aquélla el estilo
ojival, flamenco para otros, se acusa en todos
los pormenores y en las estatuas que la adornan,
que son de barro cocido; en ésta, sin caer en las
exageraciones del Renacimiento, que convertía en
personajes de la Historia Sagrada los dioses del
paganismo, poniendo en vez de una Eva una
Venus, como tnicede en el sepulcro del Tostado
en Avila, se hace uso de aquella profusión
de figurillas y motivos de ornato, tomados del
reino vegetal, que tanta elegancia imprimía á
sus obras. (1)
I I . En la misma catedral (capilla de Santiago) está otro sepulcro, el del arzobispo D. Gonzalo de Mena, que muriera en 1401, compuesto
de estatua yacente y urna con zócalo y relieves,
en el cual un crítico observa, juntamente con el
predominio de la escuela italiana, que mejora
el estudio de las formas, de las proporciones y
de la composición, al par que ofrece un ideal más
elevado, la aceptación de estas cualidades por
parte del artista español que pretende hacer
suyo el estilo y expresarlo como tal. Conato
este, nada más, de emancipación. (2)
El uso del baldaquino, que tan notables ejemplos tiene en el siglo Xiv, especialmente en la
corona de Aragón (Santas Creus, Poblet, El
Puig) se conserva en el xv: lo hay en el
monasterio de San J u a n de Ortega (á 4 leguas
de Burgos). (3)
I I I . En cambio el estilo flamenco ú ojival
caracteriza multitud de obras, entre las cuales
las hay de mérito extraordinario. En el Museo
Arqueológico de Madrid está el sepulcro de
D."^ Constanza, nieta del rey D. Pedro de Castila, que procede de Santo Domingo el Real,
lonvento destruido de aquella capital. El bulto
yacente, bastante bien ejecutado, la expresión
del rostro tomada del natural, las figuras colocadas en distintos puntos de la urna, que simbolizan las cuatro virtudes, de buen estilo y
notables por los partidos de los paños, á la manera alemana: tales son los rasgos más culminantes (4). También en el propio Museo merece
notarse la eátatua yacente, hecha con gran primor, de D.'i Aldonza de Mendoza, traída, con lo
demás del sepulcro, de Lupiana (Guadalajara). (5)
Pero donde este estilo alcanzará su ijiás
elevada expresión, hecho lo cual se extingue y
muere, cediendo el puesto al Renacimiento, es en
la cartuja de Mirallores. «Parece que allí dio las
boqueadas el goticismo,» escribía en el siglo pasado un erudito (Posarte); y en aquel monumento arquitectónico, Gil de Siloe, padre de Diego,
el famoso arquitecto que uniera su nombre á la
catedral de Granada, dejó todas sus obras, por
lo menos las que como de él son conocidas: el
retablo del altar maj'or, y los sepulcros de don
J u a n I I de Castilla y de su mujer, y el del infante, D. Alfonso, su hijo, éste con estatua orante.
El sepulcro de los reyes de Castilla, que el
grabado y la fotografía han reproducido en muchas ocasiones, de planta octógona, teniendo á
los lados varias figuras (las virtudes teologales
y cardinales), y so'bre la urna los cuatro evangelistas, con profusión de labores y ornatos, en los
que se llega al detalle más insignificante, con
escudos que sostienen grandes leones de relie(1) Tubino: Mus. esp. de antigüedades, viii: el crucifijo de
Roldan.
(2) Boutelon: Sev. de FU: Sevilla, v.
(3) Assas: Mus. esp. vi,, pág. 241.
(4) Rada: * í s . esp., V, lám.".
(h)
Oh. rit.. II, lóni.».
•
,
•
ve, es obra que, aunque inspirada en el arte ojival, trasparenta la influencia del renacimiento, bien visible en todo. Comenzada en 1483, es
conceptuada como la más importante del estilo
ojival y digna de poderse poner al lado de otras
del mismo género que existen en el extranjero. (1)
Portugal puede envanecerse de poseer sepulcros muy notables en la famosa iglesia del convento de Batalha y algunos otros en el Musen
do Canno (Lisboa). Aquellos, influidos ya por
el Renacimiento, ó por lo menos anunciándolo,
figuran en el panteón de D. Juan I, cuyo sepulcro, el mejor de los del reino lusitano, ostenta
un grupo expresivo, compuesto de las estatuas
yacentes del rey y de la reina, en el que, más
atento el artista á la representación realista de
los difuntos, la figura de la segunda resulta
más corta que la del primero, y ambas cabezas
abultadas con exceso, (2)
en vida, si ésta se limitaba á representarlo muerto. Hay quien censura esta posición nueva, que
hace perder al monumento funerario su significación adecuada, por más que aumente artísticamente su mérito. Admitida, necesariamente se
habían de modificar ciertos pormenores: así los
almohadones que sirvieran para sostener la cabeza de la estatua yacente, se colocan ahora delante de los reclinatorios en que parecen orar la?!
estatuas arrodilladas; los libros ó devocionarios,
puestos en las manos y cerrados, figuran luego
sobre los mismos reclinatorios abiertos. Con
estas mudanzas se pierde el espíritu antiguo:
¿gana el arte? (1)
Las más antiguas de esta clase de estatuas
son las del marqués de Villena y su mujer,
acompañadas ambas, aquélla de un paje,
ésta de una doncella, que existen en el monasterio del Parral (Segovia) y pasan por ser obras
del escultor Sebastián de Almonacid. (2)
G A B I N E T E DE M I S T R E S S CRAIK
IV. A la mayor perfección que los sepulcros
de este siglo ostentan sobre los del ir^mediato
precedente; al lujo, no siempre contenido en los
límites del buen gusto, con que se construyen
y decoran; hay que añadir, como rasgos peculiares que aparecen ahora por primera vez, el empleo de estatuas, que unas veces se colocan en
los ángulos de la urna ó arca, como sirviéndole
de sosten; otras á los pies del bulto yacente,
donde en posiciones adecuadas se ven pajes,
doncellas ó dueñas. De esto último os ejemplo
el sepulcro del primor conde de Tendilla y su
mujer, en la iglesia de San Ginés de Guadalajara. De lo otro se encuentran muestras en la capilla llamada de Santiago (Toledo: cat.). (3)
V. Tan característico como lo indicado es la
novedad que aparece en fines de este siglo,
cuando formas más sencillas permitían al artista intentar otras de mayor dificultad. Nos referimos á la estatua orante en que se convierte
la yacente, representando aquélla, al sepultado,
(1) Rada: 06. cit., n i , pág. 814.
(2) Amador de los Rios, J.: Ob. cit. v n , pág. 4,'i. lám.»
(:!) ,\ss»s: Ob cit., VI, pág. 242.
En el Museo Arqueológico se guarda la del
rey D. Pedro de Castilla, que se hizo en tiempo
de los Reyes Católicos y que merece fijar la
atención, especialmente por el partido de los
paños. (3)
Una de las más bellas en su género y estilo
es la de D. Juan de Padilla en el monasterio de
Predesval, cercano á Burgos. (4) Todavía en
ella se ve el arte de la edad media, tan distinto |y opuesto al arte del Renacimiento, que á muy
poco había de embellecer el Escorial con otras
estatuas orantes, las que figuran en la capilla
mayor de su iglesia, ¡Cuan interesante fuera el
estudio comparativo de una y de otras!
EDUARDO SOLER Y PÉUKZ
(1) Amador de los Rios: 06. cit.
(2) Asi lo dice el Sr. Carderesa: Iconogr. V. además
Assas: Mus. esp. vi, pág. 241.
(Z) Se reproduce, mediante dibujo del Sr. Casado, en el
Mus. esp. IV.
(4) Assas: 06. c«., VI, pág. 242.
BARCELONA: INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN UNlV^f^SAL POR S. M. LA REINA REGENTE (dibujo de J. Serra Pausas)
346
LA ILUSTRACIÓN IBÉRICA
RIMAS
En oti'O tiempo, de memoria triste,
tus miradas buscaba con anhelo,
y á mis ojos subía desde el alma
la ardiente llama de mi amor intenso.
Tú, ingrata y desdeñosa, despreciaste
aquel cariño que anidó en mi pecho,
y jamás conseguí que me miraran
tus grandes ojos negros.
II
Hoy que el tiempo pasó, y qvie he olvidado
aquel profundo amor que me inspiraste,
lo buscas en mi pecho, no i)ensando
que huyó con tu i-ecuerdo á otros lugares.
Hoy no apartas tus ojos de los míos
buscando sus miradas anhelante,
y suspiras al ver que indiferente
me fijo en otra parte.
PEDKO BONKT ALCANTARILLA
Era indispensable aprovechar la festividad
para pasear y lucir la ropa.
Da gusto cuando se tiene una levita reservada
para esas solemnidades y no se saca á luz en
otros días, si no es para que le dé el aire, también frase técnica en lenguaje casero, y librarla
de polillas y demás contingencias posibles.
E s imposible que llegue en su vida á ser persona importante, ni siquiera de bien, en opinión
de las familias pacíficas y cursiles, quien no
cuide las prendas de vestir.
El hombre descuidado no pasará de ser un
hombre oscuro, sin representación, y en poco
no añaden: y sin vergüenza.
No exceptúan de este anatema, las mujeres de
su casa ni los hombres de su oficio, á las personas
que tienen criados que se encarguen de la policía del dueño ó de las prendas de su dueño.
Llega un día solemne, y el hombro de la levita conservada casi en lata, como las sardinas
y los pimientos riojanos, puede lucirse.
Como la señora que conserva un vestido de
seda negra ó de color, para un día, y un sombrero ó una mantilla ó un velo de encaje.
COPENHAGUE
DÍAS DE GALA
—Pues si en un día como el de hoy no se
viste una,—decía la esposa del Sr. de Z., empleado probo ó recatado en aduanas, en la clase
de tropa, es decir, de funcionarios de poco sueldo y de poco pelo,—(ipara cuándo se quiere la
ropaV
Hay días clásicos, como por ejemplo el de
Corpus, el de Viernes Santo y otros de igual
solemnidad.
Desde las primeras horas de la mañana se
nota en la casa excesivo movimiento, algo anormal.
—¿Qué ocurrirá en el tercero?—me preguntaba en uno de esos días, oyendo ruido de pasos
en el piso inmediato superior al mío.—¿Habrá
algún enfermo?
No, señor, nada de eso: era la familia de
7J., que aquel día estaba libre de servicio, esto
es, el jefe ó cabeza visible no tenía oficina, como
dicen en lenguaje técnico los funcionarios.
Y no tenía oficina porque era el día del Corpus
el que celebraba la Iglesia.,
[Y que disfrutan poco padres y chiquitines,
si los poseen, en semejantes fiestas!
Lia noche que precede al día de gala, apenas
pueden dormir los miembros de la familia.
Sueñan con la felicidad que han de proporcionarse en el día siguiente.
El padre se ve, entre imaginaciones pintorescas, al lado del ministro de su ramo, en besamanos ó en consejo.
Todos sus compañeros de gabinete y el cuerpo diplomático miran con envidia la levita y el
pantalón, y el conjunto, en fin, de Z.
Y ¡ con cuánta soltura, cuáu superior se considera en el uso de las prendas de vestir!
Apenas da importancia á tanto lujo.
Solamente al subir ó al bajar del carruaje, oye
una voz, para él conocida, que dice:
—Ahí va Z. con su levita y su pantalón de
Colmenar Viejo. Parece que se la han hecho de
piel de toro colmenareño. Es una levita con melenas.
Aquella voz es la de un escribiente, su compañero en la oficina, que se perece de envidia
porque no tiene ropa negra.
—¿Sabes lo que he soñado?—pregunta á Z. su
señora, en cuanto ambos despiertan.
—No.
—He soñado que había asistido á un banquete
en palacio.
—¡Caramba! Lo mismo que yo.
—¿Sí?
—Pero tú ¿con clase de qué ibas á palacio?
—En clase de título.
—¡Ah! Vamos; pues adiós, titulo.
—¡Toma! ¿Por qué no había de ser yo titulo?
—Porque no lo eres.
~ ¿ Y tú?
—Comprenderás que en mí sería más fácil •
qite se cumpliese parte del sueño. No digo yo
que suceda; pero, al fin, soy hombre, y estoy
en una carrera del Estado, siquiera sea en un
puesto humilde; y de menos hizo Dios á algunos
ministros. Nadie nace personaje, sino que llega
á serlo en fuerza de tiempo.
Esta discusión suele producir algún disgusto
entre los consortes.
Pero en tal día no hay enojo duradero.
Es preciso concentrar la atención en vestirse
bien.
Digo, relativamente al gusto del consumidor.
Apenas se desayunan grandes y chicos de
la familia, empieza el abrir baúles, armarios
y cómodas para sacar la ropa.
El orden del espectáculo es éste:
Primero: sinfonía.
Esto es: primero un jabón general á los
niños para limpiarles la cara y las manos, y
hacerles dignos de las prendas que van á
vestir.
Segundo: extracción de las dichas prendas y de las pertenecietites á personas mayores.
Sobre las mesas, sobre las sillas, en todas
])artes, hay alguna prenda cuidadosamente
colocada.
Las amenazas únicas que ocurren al padre y á la madre, para contener á los chiquitines, que saltan y chillan de, alegría pensando en que los van á vestir de lujo, son
las siguientes:
—Si no estáis quietos y calláis, no os visto ni salís á la calle.
¡Pobres nenes!
¿Qué mayor castigo?
¡ Cuando también alguno de ellos se ha
visto entre sueños vestido de pájaro del Paraíso, con plumas y todo!...
En cuanto se ven vestidos, empiezan las
carreras y las voces subversivas.
Y como los padres se ocupan en vestir?e,
no cuidan tanto del orden y se contentan con
decir de cuando en cuando, desde su habitación :
—Ahora voy á desnudaros.
Tei-mina la toilette de los padres.
Ya íistán disfrazados todos los individuos
de la familia.
A la calle, previas las precauciones para evitar un incendio, ó demasías del gato, etc.
¡Cómo van!
Nadie negará que todos ellos pertenecen al
mismo grupo.
Son troncos y ramas del mismo árbol.
—¡Buena familia!—dice un transeúnte.
—¡Qué sombrero el de la señora!—opina otro
individuo.—Es el ejemplar más curioso que he
visto en la especie.
—¡Pobres niños! ¡Cómo los han puesto!
—¡Un caballero con casco! ¿Con qué habrá
untado el sombrero que brilla tanto?
La familia da golpe donde quiera que va.
No falta quien les dirija algún piropo á boca
de jarro.
Pero ellos van superiores á la envidia y desdeñan la maledicencia.
El afán de lucirse es el único que los embriaga.
Suele suceder que el tiempo varía.
Parece que hay un demonio burlón encargado
de molestar á las personas pacíficas, y aun do
mancharles la ropa.
De pronto empiezan á presentarse algunas
nubecillas.
347
LA ILUSTRACIÓN IBÉRICA
El sol se retira para reirse con libertad de las
familias de gala.
Vuelve á asomar con alevosía para engañar á
los incautos, y repite el juego, como significando :
—No se alarmen Vds.: estoy á la mira para
evitar complicaciones.
—Se ha estropeado el dia,-^piensa y dice la
señora de Z.
i Desgraciada!
Lo que se estropea pocos minutos después es
su vestido de seda, su sombrero de forma de
queso de Villalón, y el sombrero de su esposo
y la levita de pelo largo, y los trajes de colibrí
de los niños...
La señora empieza á ennegrecer; y cuando
penetra la familia en un portal para guarecerse
del agua que cae á torrentes, ya la infortunada
esposa tiene la cara negra del todo.
Las gentes ríen á costa de la señora culotada.
—¡Dios mío! i Te has vuelto negra!—exclama
el esposo, aterrorizado.
E s que se le han desteñido los guantes.
¡ Adiós gala y adiós ilusiones!
Parece que el demonio anda mal de ropa,
según el odio que demuestra á las personas
bien vestidas, enviando la lluvia.
Porque, según ellas, es el autor de esas sorpresas.
III
En el nombre del Padre, etc.... confiieor.
Yo soy Pablo, hijo de J u a n Antonio Gorbea
y Úrsula Calvete.
Ya os he contado la santa muerte de mi padre, el honrado timbalero de Puen de Luna del
Cinca, que se fué al otro mundo amando la libertad por presentimiento, como una doncella
de quince años que abraza en sueños al Ángel
de su Guarda con bigote.
Mi pobre madre siguió en su muerte, muy de
cerca, al fiel compañero de su vida, y quedé 3^0
con esto en una espantosa soledad, sin más compañeras que mis lágrimas y mi inexperiencia.
Ahora mismo, al recordar estos días nublados
de mi vida, siento correr por mi cuerpo un temblor nervioso semejante al rizo pasajero de la
superficie de un estanque cuando pasa una ráfaga de viento; y aun casi era ayer cuando, asis-
y enjugar mis lágrimas, sin esperanza material
de que yo le pagara sus desvelos, sentí un deseo vehemente de hacer por él algo que demostrara mi afecto; y ¡cuan apenado me hallaba de
no poder agradecer, aun al precio de mi sangre,
la amistad y desinteresada solicitud que no se
compran ni se pagan con todo el oro de este
mundo!
Noté, en esto, como en la herencia no se hacía mención de el caballico, y tomé el partido de
hacer saber á Botaya como era mi voluntad hacerle donación. Pero él me objetó, y dijo como
quedaba más que pagado con mis deseos; é insistiendo 3'o con fundadas razones, accedió por fin;
y cuando saqué el tal caballo, todo tiznado entre
la ceniza del fogón, echó á reír, con grandes ganas, de mi inocencia, y de su burla en creer caballo verdadero lo que en Castilla no pasa de
trébedes ó trípode de sartén.
—Así como así,—le decía yo,—un caballete
EDUARDO D E PAI,ACIO
^^^
ESTUDIOS PARA UN CUADRO
(OONTINUACII'IN)
II
¡Bendito Dios! ¡Y cómo desmaya mi ánimo, y
cuan flaco y rebelde se muestra el espíritu, para
emprender esta dolorosísima y sincera confesión de mis pecados, los cuales, por ser tantos y
tan grandes, piden, que, no en secreto sino á
grandes voces, los saque á la pública execración, para que mi vergüenza comience la obra
redentora del arrepentimiento!
No me mueve ciertamente á emprender este
trabajo, que por lo inaudito bien pudierais creer
obra de un loco, ni escrúpulos monjiles, ni aun
hipócritas nimiedades de conciencia; y como la
verdad debe quedar siempre en su punto, dígoos que ha sido muy gran parte para moverme á ello ol pensar que la magnitud de la pena
debe ser bien proporcionada á los puntos de
malicia del delito, y la consideración de que los
crímenes que escapan á la justicia de los hombres no se esconden á Dios, que es la justicia
y la verdad eternas.
Encontraréis la razón suficiente de lo que intento, en el capítulo de mis yerros, para el que
guardo, según es costumbre entre noveladores
y retóricos, la confesión de una hazaña que por
lo terrible puede muy bien llamarse epilogo y
síntesis en el triste discurso de mis pecados.
Barréname la conciencia algo punzador que
me atormenta en tanto grado que humildemente pido á Dios me dé y conserve voluntad y poder para echar de mí esta espina, aun cuando
el acero despiadado me arranque gritos de dolor al sondear la malicia en mis entrañas.
Soy viejo, porque mi espíritu es algo que
muere. Duro es el trance y amargo el cáliz: sólo
pido fuerzas para sorber de un trago hasta las
heces. Y vosotros, generaron nueva, que traéis
en el cerebro fermentos de luz y levadura de
esperanza, en el alma el eco generoso de caridad regeneradora, y en la frente el ósculo de
paz, símbolo del verbo que consagró á los hombres como hermanos; no hagáis de mí escarnio,
al verme en el ominoso calvario de mis crímenes, porque mi ánimo no vacile: cuando muera,
mostrad este relato como lección provechosa á
Vuestros hijos, y aventad mis cenizas.
\
UN B U E N
tiendo á una clase de humanidades y como el
profesor analizara aquello de:
Témpora si fuerint niibila; solas eris,
sentí un ahogo como si una culebra me subiera
del pecho á la garganta, y, con el rostro lívido y
rebeldes los nervios, rompí á llorar, con general
asombro de los compañeros que me rodeaban.
Muerta mi pobre madre, que en gloria esté,
el párroco hubo de hacer el inventario de la herencia, en lo que se emplearon tan pocos puntos,
ítemes, ni otrosís, que trascendía á eternidad en
lo de no tener ni fin ni principio. El amigo Botaya, que se había portado como un héroe disputando al tifus la vida de mi madre, no me
abandonó en tan duros trances, supliendo mi
falta de fuerzas y esforzámlose por serenar ron
textos y refranes mi ánimo dolorido. Encargóse
voluntariamente de realizar el corto mobiliario,
maltrecho y destrozado en aquellas noches de
lucha angustiosa, y apenns pudo vender una
mesa un tanto coja y dos sillas mugrientas; porque las ropas, jergones y demás, conservaban
un vaho de hospital que no se cotizaba á ningún precio. Volvió, pues, luego, con un pañuelo
de yerbas lleno de monedas de cobre, y lo vació
en mis manos. Aquella solicitud del amigo fiel
de mi padre me enterneció. La atmósfera de
desengaños en que había vivido contribuía á
hacerme pesimista; y al encontrarme con un
hombre que había expuesto seriamente su vida
por salvarme á mi madre, y que, estando yo en
la desgracia, no dudaba en tenderme una mano
LIBRO
con solos tros pies, y atm éstos flacos y torcidos,
no me hará ir muy lejos; y si es cierto que el
tal jaco no come, tampoco podrá darme de comer;
y, en fin, que más quiero el caballo de San Francisco, que aligera el paso y con él saldré por el
mundo á recorrer mis propiedades, que son
sendas roubadas de tierra en montes propios, y
sino díganlo los fueros; y, cuando el hambre
apriete y no de treguas, no sino comer el sabroso pan de aguces y beber el agua de los
cielos.
Quedó Botaya contento de mi buena disposición de ánimo, y prometió ayudarme en lo de
montar las de San Francisco; y aquel mismo día
fué á hablar á Franchirol, un arriero con hazañas de contrabandista, que hacia dos ó tres viajes á Francia, de mayo á octubre, sin perjuicio
de pasar en cualquier época los prófugos de todas especies por sendas del Pirineo que, no ya
los carabineros, sino hasta las cabras monteses
ignoraban. Despedíme, con lágrimas, del buen
Botaya, que me recomendó muy eficazmente al
arriero. Entregó al mismo un duro para que
por mi cuenta pagara las posadas, y á mí una
carta de recomendación para Mr. Miguel C ,
cura español expatriado en Tarbes; y al rayar
el día siguiente emprendí la primera peregrinación, calvario ó destierro, con una brisa del Cinca que cortaba el aliento y erizaba los penachos
rojos de los machos de Franchirol.
Varias veces me volví para mirar atrás, pero
el frío de la mañana, que me azotaba de lleno la
^i«ftM«^;MlLJlipWl^llíl«l,l,p»!|ITOU.|l|MÍP/!pyil!MI
»wuiipip)B^jppjjluii>ii|i»ji|.üiiupuji|i|.^j4jU|J,«^^
S O B R E EL M U L L I D O C É S P E D {dibujo de Welile
B A R C E L O N A : S. M. LA R E I N A R E G E N T E EN LAS CARRERAS DE C A B A L L O S (dibujo de P. y Valor)
LA ILUSTRACIÓN
350
cara, amargaba más las lágrima.s y embotaba
los miembros. Vi en una altura el campo do los
muertos: me arrodillé y oré uu momento; envié á
las cenizas de mis padres un Viltimo adiós, que
corearon las alondras y loscisverdes; y, sintiendo
un escalofrío de tristeza dulcísima, miré al campo santo, después al cielo, y eché á correr en
pos de la reata, cuyas campanillas sonaban ya
algo lejos.
M.
ALMU
DEVAK
(Se ctfíUinuarn)
f-
NUESTROS GRABADOS
CUANDO EL AMOR EB .lOVEN
Cuadro
de Gustavo
Jacquet
(^onocido es M. G. Jacquet como uno de los más eminentes acuarelistas de la moderna escuela francesa, y sus cua-
CONSEJOS
dros gozan, en el mercado artístico, de subido precio. Su elegante factura y habilísimo pincel so bucen bien patentes en
la obra cuya reproducción acompañamos.
M I S T E E S 8 CRAIK,
D I S T I N G U I D A NOVELISTA
INGLESA
tiran fama alcanzó en vida esta señora, dignísima compañera de Carlota Bronte, Enriqueta Martineau, María Edgeworth, Jorge Eliot, Sasquell, Barret, Brownins y otros
insignes atitorcss, con la publicación de numerosos libros,
m u y recomendables p o r sus tendencias morales; lo cual hizo
fuesen traducidos á casi todas las lenguas europeas.
Su nombre era Dinah María Mnlock, y era de linaje irlandés. Nació en 182G, y á los 2,S años publicaba su primera
novela. En 180."> casó con Mr. Craili, historiador y crítico
notable.
Por entonces habla publicado ya la autora su famoso
John llali/ax, que le valió innumerables plácemes, muchos
regalos de sus admiradores y una pensión de 60 libras esterlinas de la real casa, pues la reina Victoria era grande
aficionada á sus escritos. Desde 1869 mister y mistress Craik,
felices en su dorada medianía, residieron en Comer House,
precioso chalet, en el condado de Kent, donde la ilustre ti-
IBÉRICA
terata falleció en octubre último á consecuencia de u n a enfermedad del corazón.
Todos los libros de mistress Craik se reconocieron por
su optimismo y su excelente espíritu cr:^tiano con tendencias democráticas.
]iARCKr.ONA: KEÍÍATAS CEI.EBIÍAUAS
E l . RKAL CI.EB DE
EN HONOR DE S.S. MM. POR
RECATAS
Con numerosa concurrencia, que algunos hacen ascender á ochenta mil personas, verificáronse el 21 de mayo las
regatas organizadas por el Real Club.
A las tres de la tarde el muelle de Barcelona, destinado
en u n a buena parte á tribuna, estaba completamente lleno
de señoras y señoritas. En la punta se habla levantado u n a
tribuna glorieta destinada á SS. MM., muy elegante y bien
dispuesta. En el muelle de la Capitanía, la Junta de Obras
del I'uerto habla dispuesto otra tribuna. KI puerto y el antepuerto estaban llenos de embarcaciones de todas clases,
atestadas de curiosos. Los buques empavesados y las cubiertas de los que tenían vista al antepuerto, asi como los
muelles y el dique del Oeste, también cuajados de especiado-
PATERNALES
res. La montaña de Montjnich era un hormiguero de gente.
La Reina Regente llegó á las cuatro y cuarenta minutos
de la tarde, acompañada de la princesa y la infantita. Le
rindieron homenajes el príncipe de Baviera, el duque de
Genova, los ministros, etc., y el presidente y el vicepresidente del Real Club de Regatas.
Vencieron los botes JícMmpaf/o, Franginí^, Latot, ^'eremos
y Flecha, pertenecientes, respectivamente, el 1.», 4.» y 5." al
Real Clul) de Regatas, y el 2.» y ¡i." á la Sociétc des Regales
Lyonnaises; iiabiendo conctirrido, además, á la fiesta las sociedades náuticas de Burdeos, Toulouse, VilleneuvesurLot,
París, Marsella, Cette, Barcelona y otros puntos.
Los premios ofrecidos eran del Rey, Ministerio de Marina, Diputación Provincial, Ayuntamiento de Barcelona, Sociedad do Regatas, de Marsella y Real Club de Barcelona.
La Reina presenció parte de la fiesta desde el Real Club
de Regatas y parte en el Real Club Náutico de Barcelona.
A cansa de la grande aglomeración de botes durante las
últimas regatas, quedó obstruido el canal, p o r lo cual fué
imposible continuar, y hubo que dejar las tres que faltaban.
La fiesta terminó á las seis y media, habiendo resultado
sumamente animada y pintoresca.
INAUGURACIÓN DE LA E X P O S I C I Ó N U N I V E R S A L
DE
BARCELONA
2 0 DE MAYO DK 1 8 8 8
Fecha inolvidable será para Barcelona la del día en que
quedó declarada abierta la Exposición Universal, y sin duda
de trascendentales resultados para el porvenir de España.
• El éxito obtenido, á pesar de lo apremiante del plazo,
de la indiferencia esquiva de tantos, de la escasez de recursos, délo enervante y desconsolador de la crisis económica,
— escribía un corresponsal de un reputado periódico madrileño,—podrá ser un triunfo p á r a l o s que temieron caer
vencidos luchando contra todos; pero la victoria corresponde en primer término al pueblo catalán y es una realidad
gloriosa para toda España.
«El acto de hoy es la suma de nuestro carácter, abierto á
todas las audacias redentoras; de nuestras energías, más
avasalladoras cuanto más combatidas; de nuestra importancia industrial y artística. No nos admirarán los países
extranjeros, pero vendrán á conocernos y estimarnos. No se
sorprenderán ante las maravillas de nuestras industrias,
pero reconocerán que hay muchas que pueden competir
dignamente con las más adelantadas de Europa. No verán
en nosotros la presunción de eclipsar los recuerdos de París
y Londres, pero nos harán la justicia de creer que tenemos
derecho á ufanarnos de haber superado á otros muchos certámenes.
•Aquí tenemos hoy las principales escuadras de Europa y
los diplomáticos de todos los países del mundo. Ellos llevarán unidos por el m u n d o entero, en señal de triunfo, dos
nombres: España, Barcelona.»
No es u n catalán quien dice esto, y, por lo tanto, nadie
podrá tachar de apasionamiento tan elevadas frases en favor
de nuestra capital. Pero reseñemos ya la inolvidable ceremonia que puso en movimiento á todo Bareeiona y á los sesenta mil forasteros que albergaba ya aquel día, por más
que sólo una insignificante minoría hubiera conseguido hacerse con Invitaciones.
A las tres y media salió de palacio la familia real en un
lando á la d' Amnont, tirado por cuatro caballos, y seguido
de la escolta real y de buen número de otros carruajes con
la alta servidumbre, pasando por las calles de Fernando,
Rambla, paseo de Gracia, Cortes y paseo de San Juan.
Con el ceremonial de palacio entró S. M. en el magnífico
salón de fiestas del Palacio de Bellas Artes. S. M., en brazos
del ama, entró el primero, rodeado de los guardias alabarderos, siguiéndole SS. AA. RR. la princesa de Asturias, doña María de las Mercedes, y la infanta D.» María Teresa. Venían inmediatamente la Reina Regente, vestida de negro,
con elegantes bordados de oro, dando la derecha á la duquesa de Edimburgo, ricamente ataviada. Seguíanles el regio
séquito de príncipes, embajadores, dignatarios con vanados
uniformes, algunos de los cuales, como los de ios húngaros, recordaban las espléndidas y vistosas vestimentas del
Oriente.
El trono estaba colocado en la pared frontera á la puert a de entrada, cerrando el espacio que formaba el estrado
los alabarderos. Llamaba la atención la magnifica alfombra
colocada delante del trono.
Bajo el dosel se habla colocado u n sillón con corona real
y otro con la condal de Barcelona.
A ambos lados del salón se habían colocado palmeras,
plantas, tiestos y varias estatuas, y del techo pendían infinidad de banderas de todos los países.
El augusto Rey niño, que iba con traje blanco, sombrero
de igual color con plumas, se sentó en el sillón real. Delante
del Rey, sentadas en almohadones, se colocaron la princesa
y la infanta; á la derecha de S. M., SS. AA, RR. el duque
de Edimburgo, el príncipe Ruperto de Baviera y el principe
Jorge de Gales; y á la Izquierda de S. M., la Reina Regente,
la duquesa de Edimburgo y el duque de Genova. Detrás del
trono estaban colocados el duque de Medina Sidonia, mayordomo mayor; general Castillo y elevados funcionarios
de Palacio. A la derecha del Rey, bajo las gradas, encontrábanse el presidente del Consejo de Ministros, Sr. Sagasta; el
general Cassola, ministro de la Guerra; el general Rodríguez Arias, ministro de Marina; el Sr. Navarro Rodrigo, ministro de Fomento; el señor obispo, el alcalde, Sr. Rius y
Taulet; los Sres. D. Manuel Girona, comisario regio, y don
Manuel Duran y Has, vicepresidente del Consejo General de
la Exposición; el capitán general Sr. Blanco; el Sr. Antúnez,
gobernador civil de la provincia; diputados, senadores, generales y otras personas de distinción. K la izquierda de S. M.
la Reina, bajo las gradas, se bailaban las damas de Palacio,
el cuerpo diplomático y el consular, y los jefes y oficiales de
las diferentes escuadras y buques de guerra surtos en el
puerto.
El acto dio comienzo leyendo el alcalde, Sr. Rius y Taulet, un discurso muy elocuente y breve, siguiéndolo otro del
Sr. Girona, comisario regio; después de los cuales speechs,
previa la venia de la Reina^ el presidente del Consejo, señor
Sagasta, dijo, con voz fuerte y clara entonación, que, por
mandato d a l a Reina en nom"ljre de su augusto hijo D. Alfonso XIII, declaraba abierta la Exposición Universal de
Barcelona de 1888. La orquesta y la banda ejecutaron inmediatamente u n a marcha en la que figuran los temas de las
marchas reales é himnos nacionales de varias naciones,
abriéndola y cerrándola la marcha real de España.
A la salida del Palacio de Bellas Artes, con el mismo ceremonial de la entrada, SS. MM. y AA. se dirigieron á pie,
LA ILUSTRACIÓN IBÉRICA
por la avenida de los tilos, al Palacio de la Industria, en el
qu» penetraron por la nave central, recorriendo luego sus
distintas naves. Los augustos visitantes se detuvieron largo
rato en la sección oficial, en las diversas instalaciones españolas, y en las extranjeras que están terminadas ya ó á punt'> de terminarse.
Eran ya cerca de las siete cuando la Keina Regente entró
en el paliellón real. En la plaza de la Ciudadela un orfeón
de trescientas voces y cien tiples, con la banda municipal,
ocuparon la gigantesca tribtma que se levanta frente al pabellón real, y ejectitaron un grandioso himno, letra del señor Palau y miisica del maestro Rodoreda.
El himno resultó una obra hermosísima, lanío por su
composición como por su instrumentación. La ejecución,
excelente.
Al finalizar el himno disparáronse veintiuna bombas.
El público inmenso que llenaba la plaza aplaudió entnsiasraado. La Regente quiso oírlo olra vez y salió al t)alcón,
sentándose con la duquesa de Edimburgo. Repilióse el himno, y la segunda audición permitió apreciar las bellezas de
la obra.
La fiesta terminó á las siete y media, á cuya hora regresó
S. M. la Reina Regente á Palacio en medio de los más vivos
testimonios de adhesión y respeto.
COPENHAGUE
Ksta corle es uim de Ins más distinguidas de líuropa, si no
precisamente por su animación y lujo, cuando menos por
el excelente trato de los dignísimos dinamarqueses que allí
habitan. Predomina el gusto francés en todo, y es el centro
comercial de todo el reino. Posee 22 iglesias, igual niimero
de hospitales y más de 4,000 casas, contando unos 150,000
habitantes.
UN BUEN L I B R O . — C O N S E J O S P A T E R N A L E S
Inspirados amljos grabados en la cariñosa solicitud de
un padre para con su hija, constituyen dos bellas páginas
que mirarán con gusto los amantes de las escenas apacibles
y consoladoras. ¿Qué mayor encanto que el que presenta la
dignificación de la bondad paterna y del respeto fllialV
SOBRE E t . MULLIDO CfíSPEU
Este grabado, á pesar de no pertenecer á asunto alguno
de la Exposición Universal, es muy de circunstancias, y con
esto tan interesante como suelen ser siempre los dibujos
que tienen por objeto representar á jóvenes de buen palmito.
BARCELONA: S. M. LA REINA REGENTE EN LAS CARRERAS DE
CABALLOS
Animadísimas estuvieron las carreras de caballos celebradas el 19 del pasado mayo. Las tribunas presentaban un
golpe de vista espléndido, viéndose completamente atestatadas, luciendo las señoras ricos y elegantes trajes. En la
pelouse era también mucha la gente. Poco antes de la cuarta carrera llegó al Hipódromo, en un lando con cuatro caballos de la real casa, S. A. el príncipe Ruperto de Baviera,
con el duque do Genova, que vestían de paisano. Momentos
después se presentó la comitiva de S. M. la Reina. Los dos
primeros carruajes estab in ocupados por las damas y ayudantas de S. M.; y en el tercero, que, como todos, era á la
grande d'Aumont, iba D.» María Cristina, que daba la derecha á la duquesa de Edimburgo, y al vidrio el duque de
Edimburgo y el principe .Jorge de Gales, vistiendo ambos
el uniforme de la marina británica. La llegada de S. M. fué
saludada con numerosos y entusiastas vivas, que se repitieron al aparecer la Reina en la tribuna que al efecto se había levantado á la derecha de la de libre circulación. Su
Majestad la Reina tomó asiento en la tribuna, colocándose
á su derecha la duquesa de Edimburgo, á la izquierda el
duque de Edimburgo y el duque de Genova, y detrás los
principes Ruperto de Baviera y Jorge de Gales. Se hallaban
también en ella las damas, el Sr. Sagasta, otros funcionarios de palacio y varias personas distinguidas de esta capital.
Las carreras estuvieron brillantísimas, por manera que
el corresponsal de uno de los más importantes periódicos
de la corte pudo telegrafiar que nunca se habla visto en el
Hipódromo de Madrid tanta animación, tanto lujo y tanto
interés como los ofrecía aquella tarde el Hipódromo de
Barcelona.
LAS MANOS LLENAS DE F L O R E S
Bonita imagen en medio de su sencillez. Cnalquier señora cargada de flores, no en el sombrero, si llevándolas en
las manos, constituye un tipo delicioso, de gracia .seductora, sin que, por supuesto, estorbe en nada el buen palmito
que pueda tener afortunadamente la protagonista, como
sucede en nuestro caso.
-•ap-
MI PRIMA PEPA
(CONTINUACIÓN)
Todos los Soalzas, Lotheringios y Lambertuccios improvisados clamaban con santa ira
por la muerte de Bocaccio, mientras, en varios
rinconcitos do la estancia, enamoradas parejas
representaban escenas más ó menos escabrosas
de las novelas del ilustre florentino.
VIII
-Démostenos, la princesa Micasilda y My llegaron con toda puntualidad á la mañana siguiente. El príncipe de los oradores griegos
estaba, en efecto, muy grave; no me había
engaitado su hijo. Bastará á demostrarlo el inaudito flujo de elocuencia que se había desarrollado en él. A no dudar, previendo el hasta entonces taciturno marqués sii fin cercano, dábase
prisa á derrochar #1 precioso tesoi-o de frases
peregrinas, ideas ingeniosas y períodos rimbombantes que había acumulado en toda una vida
de mutismo. -De todo hablaba, pero su tema
favorito era la historia clínica de su padecimiento. Como el más aplicado alumno de Hipócrates, trazaba él la etiología de su mal, su
anatomía patolégica, su curso, sus complicaciones y su tratamiento; y era maravilloso escuchar á lengua tan habituada al reposo, luchar
á brazo pai-tido con tanta frase técnica que parecían inventadas adrede para gimnasia lingual.
No hablaba él de este síntoma del charlatanismo, pero á mí me pareció el de peor agüero.
La marquesa venía con dos mundos llenos de
ropa, decidida á variar de traje cuatro ó cinco
veces al día, segiin fuese hora de almorzar,
comer, pasear, beber el agua ó estarse en su
cuarto. Intimó pronto con la señora de Muceta,
declaró que Joaquina y Elisita eran elegantísimas y lamentó en extremo que la necesidad de
acompañar á su madre hubiese hecho precLsa
la permanencia de Casilda en Villafresca.
Por lo que toca á Fly, ya os podéis figurar lo
que haría á su llegada. Buscarme, preguntarme
dónde vivía Pepa, desesperarse al saber que
habitaba en el lado opuesto de la fonda, y quedarse como D. Bartolo en El Barbero de Sevilla, cuando, en el seno de la amistad y dándole
una prueba de confianza, le dije que Pepa era
mi novia. Salió, al fin, de su atolondramiento,
y prorrumpió en una de sus arengas estramiDÓticas.
—Nada temas de mi, amigo Fernando. Esa
mujer... ¿qué digo mujer?... queW angelo é sacro
gia per me. Tú la amas... ella te ama...
—No cabe poner primera persona en esa
conjugación, —interrumpí riendo.
—Pero déjame al menos el goce de mi dolor.
Mientras Angélica y Medora huyen abrazados
por el bosque. Orlando ruge y hace partícipes
de su pena á los árboles y á las i'ocas, á los
ríos y á las montañas. ¡Qué bien dice Horacio:
Non est dolor sicut dolor mem!
Estuve á punto de desmayarme.
—No: no hay dolor semejante al que yo sufro. ¡Helas, helas! ¡Venir lleno de ilusiones á
Villatibia, y encontrarme, al llegar, con que la
amistad me cierra el camino del amor! ¿Has
soñado alguna vez en situación más trágica?
Poro, te lo repito: no temas. Sabré dominarme.
Pepe Alzóla será digno de tu confianza. Ya no
deseo volverla á ver. ¡Oh! La suerte me ha sido
propicia alejándome del sitio donde ella vive.
Ha disminuido mi suplicio. Creo, Fernando,
que no te ofenderán mis lamentaciones.
—No. De ningún modo. Puedes lamentarte á
tu sabor. No me opongo.
Y así estuvo un día entero. Se quejó en todos
los idiomas posibles. Fué, durante veinticuatro
horas, una especie de Jeremías políglota. En el
cuarto del marqués no se sabía qué cara era la
más compungida: si la del ilustre Demóstenes,
atormentado por sus dolores físicos, ó la de Fly,
que se proclamaba el más desdichado de los
nacidos. Por fin pasó aquel ciclón de lamentos
y suspiros, y se desvaneció toda su profundísima pena ante la vista de la inglesa. Ignoro
cómo trabarían conocimiento, aunque supongo
que su vecindad daría motivos suficientes para
ello: lo cierto del caso es que, á los dos ó tres
días de su llegada á Villatibia, ya Fly era la
351
sombra de Miss Ida. La acompañaba á todas
partes, y destrozaba, en su presencia, la lengua
de Milton. La inglesa, por su parte, parecía
complacidísima de su nuevo amigo; y de su
actitud deduje, con gran placer, que las palabras de Federico no pasaban de ser una broma:
jamás aquella sirena de alquiler había pensado
en aprisionarme en la red de sus hechizos.
Como todas las de su clase, por más que otra
cosa dijeran las apariencias, no tenía corazón.
Rotas sus relaciones non sánelas con Serafín por
una cuestión de amor propio, y vista la inutilidad de sus esfuerzos para arrancar chispas del
durísimo pedernal de Federico, había aceptado
en seguida, y sin vacilar, la amistad íntima de
Fly, buscando únicamente en él, como en todos
los que le habían precedido, un bolsillo que se
prestase á satisfacer sus costosos caprichos.
También yo fui entonces profeta. Vi, com« en
lejana visión y á través de vaga niebla, la
muerte del marqués, la partición de su herencia y el caudal entero y saneadísimo de Pepito
consumido en breve tiempo por la insaciable
devoradora de hombres. Vi la desesperación de
la princesa Micasilda, las lágrimas y sollozos
de Norma y las imprecaciones de la severísima
Cañasabia. Y Pepa y yo reimos juntos, no la
ruina del pobre Babel, sino la muerte repentina
de la que él llamaba ardiente pasión á manos
de la rubia cortesana.
Tocaba ya, en esto, á su fin la temporada
balnearia, y los escasos agüistas que quedábamos en Villatibia decidimos despedirnos con
una jira monumental. Acordóse que iríamos al
derruido convento de Jerónimos; y hasta mi
padre, tío Joaquín y Serafín, que habían formado una partida de tresillo para todas las
horas del día, determinaron ser de la expedición. Fly pretextó la necesidad de no dejar solo
al marqués para quedarse. La verdad era que
como Miss Ida no podía figurar en la caravana
campestre, él quería permanecer á su lado en
vez de divertirse en nuestra compañía. Federico
sacudió su murria habitual, y se comprometió á
ir, añadiendo que con la secreta idea de quedarse á hacer vida contemplativa en el arruinado monasterio si el sitio le placía. Prometíle
influir con Eliseta para que se quedara con él
á hacerle más tolerable la vida de anacoreta.
La tarde fué serena y apacible. Descansaba
el sol de su ardiente trabajo de fecundación en
el pasado estío, y acariciaba amoroso á la tierra
con rayos que ya no le envolvían con el ardor
del deseo, sino la demostraban cariño perdurable. En los escasos árboles que, como soldados desplegados en guerrilla, animaban el paisaje, comenzaban á amarillear las hojas; y el
vientecillo precursor de los huracanes invernales suspiraba, al oído de las pobrecillas moribundas, la trova falaz de su pasión, convidándolas á huir con él del árbol en que gemían
prisioneras y emprender vertiginosa carrera
de amor y de placeres por montes y collados.
Algunas, ya seducidas, lloraban su desengaño,
revueltas entre la tierra negruzca, ó pisoteadas
entre el polvo del camino por las herraduras
de los cuartagos de la diligencia. A lo lejos se
distinguía el ruinoso convento, con una torre en
pie, de la que habían huido las golondrinas que
con sus nidos y gorjeos llenaban el hueco silencioso, semejante á la órbita de una calavera, donde antes habían vibrado las campanas llamando
á la oración. Del pórtico románico sólo quedaba
enhiesto un arco que parecía recordar el paso
de algún triunfador ó esperar que saliera del
convento la prolongada procesión de frailes de
hábitos blancos y buches repletos, como bandada de palomas. Unas cuantas nubéculas grises
jugueteaban por el espacio, atrepellándose ó disolviéndose como revoltoso grupo de chiquillos.
No sé de dónde salió una guitarra. En el
mismo sitio en que habían entonado los frailes
sus plegarias y murmurado sus rezos, sonaron
las alegres peteneras y toda su dilatada familia
de cantares flamencos. Serafín era en esto una
especia'-idad; y, deseoso de lucir su arte, preterido la noche del concierto, nos obsequió con
todo linaje de coplas y estilos. Según él, asi
1>A ILUSTRACIÓN
352
como había música di camera, había música de
aire libre: la primera era una flor de estufa que
no podía resistir el rudo halago del viento; la
segunda, robusta planta silvestre que se ahogaba en la artificial atmósfera del invernadero.
Tan impropio era un andante de Haydn á la
puerta de un ventorrillo, como una soleá en un
salón de estilo Luis XV. Tederico le supli-
IBÉRICA
—Todos los pillos tienen suerte,—me dijo
Joaquina al darme la mano.
—¡Muy pillo debe ser Juanito, según eso!
Joaquina sonrió, y Pepa vino á colocarse de
nuevo á mi lado. Tres 6 cuatro días hacía no
más que nos habíamos confesado nuestro mutuo cariño, y me parecía á mí que luengos años
habían trascurrido desde aquel inolvidable mo-
época infantil de travesuras y confianzas; en el
conocimiento de su hermoso carácter; en los
mil y mil recuerdos á que iba unido su nombre;
en el hechizo incopiable de su discreción y su
gracejo; y, por fin, en su belleza, que se me había revelado tras ocho años de ausencia como
último é invencible argumento para apoderarse
de mi alma. Quizá, quizá, la ridicula pasión de
Fly había sido acicate poderoso para despertar
mi cariño: tal vez sin esta causa eficiente hubiera yo permanecido en el error de suponer
afecto fraternal lo que era semilla, que pugnaba
por brotar, de cariño más hondo. Sea de ello lo
que fuere, mi amor me parecía ya árbol frondosísimo, de tan añejas y arraigadas raíces que
podía resistir victorioso todos los contratiempos
y adversidades; y, no llevando sino breves días
de existencia, fingíale mi mente remotísima y
sabrosa historia. Así que, pasadas las primeras
expansiones ( desagües necesarios de un torrente contenido tanto tiempo, y que á la postre
rompía el dique que le sujetaba), nuestro cariño prescindía de esos largos y melosos diálogos llenos de frases triviales, sin cesar repetidas. Al encontrarnos, nuestras miradas se
buscaban y aplacianse y reposábanse la una en
la otra, como si todo nuestro paraíso y las mayores delicias de la tierra consistieran en esta
compenetración de su alma y la mía á través de
los expresivos cristales de nuestros ojos.
L u i s CÁNOVAS
(Se r.óntinnarái
Vigor
del
Cabello
del
Dr. Ayer.
P r e p a r a d o Bajo
B a s e s Científicas
Y Fisiológicas,
p a r a el
Tocador.
El Vigor del Cabello
Del Dr. A y e r ,
LAS M A N O S L L E N A S DE FLORES
có que, en honor á la santidad pretérita del lugar, entonase alguna melodía religiosa; pero él
atendió más al ruego del sexo bello, y, constituyéndose en un pulpitillo bajo, á guisa de
orquesta, preludió unos rigodones. Bien pronto
se formó el cuadro; y en él, como en la noche
de mi llegada á las termas, Joaquina y Juanito
nos hicieron el vis-á-vis á Pepa y á mí. Ellas y
yo pensamos lo mismo al comenzar la primera
figura, porque vi que Joaquina y Pepa cuchicheaban mirándose de reojo, y que esta vez mi
encantadora prima hacía signos afirmativos con
la cabeza.
mentó. Y e s que en mí (permitidme este análisis psicológico de mi pasión) el amor a Pepa
existía desde la infancia. No había, en el hondo
afecto que hacía latir mi corazón, ni. átomo siquiera de esas pasiones novelescas en que, apenas el apuesto doncel y la fermosa castellana
llegan á columbrarse, quedan malamente feridos de mal de amores, y, de allí en adelante,
grábase en ambos pechos la fugitiva imagen
del ser entrevisto y adorado, como si la hubiesen estampado con hierro enrojecido. Yo siempre amé á Pepa. La causa verdadera de mi
amor estribaba en miles de cosas: en aquella
Devuelve, con el brillo y froscura de la juventud,
al cabello m a r c h i t o ó c a n o s o , un rico c o l o r n a t u r a l castaño ó negro, como se desea. Por medio de
su uso al pelo claro ó rojo puede dársele un color
oscuro, y espesor al cabello delgado, mientras que,
frecuentemente, cura la calvicie, aunque no siempre,
impide la caída del cabello, estimulando al débil
y enfermizo acrecer vigorosamente. Reprime el progreso, y cura la tifia y la caspa, sanando casi todas
las dolencias peculiares del pericráneo. O r n o cosm é t i c o para h e r m o s e a r el c a b e l l o de las S e ñ o r a s ,
el Vigor no tiene rival ; no contiene aceite ó tinte
alguno, vuelve el cabello suave, brillante, y sedoso
en apariencia, y le comunica un perfume delicado,
agradable y permanente.
rREt'AKADO rOK KL
DR. J. C. A Y E R Y C Í A . ,
Lowell, Mass., E, U. A.
De venta en las principales farmacias, droguerías,
y perfumerías.
AGENTES GENERALES PARA ESPAÑA
V I L A N O V A HERMANOS y C *
BARCELONA
© © 4 I - © © © ^©©©ta© d © fe©^.©!!©!© a l s^©©
Wr
podrán obtenerse con sólo un capital de 250 pesetas, expendiendo un articulo exclusivo de primera necesidad
universal, privilegiado y premiado. Las personas formales que puedan cumplir las condiciones exigidas, recibirán inmediatamente instrucciones detalladas, con sólo indicar su dirección con exactitud y claridad, dirigiéndose á M. RICHARD SCHNEIDBR, inventor y fabricante en Paris, rué d'Armaillé, 22.
ÍDMINISTRACIOM:
Gortm, 365-367. Rammi lolioat, editar.-Reserradoi los derechos de propiedad artística; literaria.-Las reclamaciones en Madrid, al representante de esta casa,!). Mannel Fia ; Valor: Ápodaca, 10,2.°
-X
I N S É R T E S E Ó N O , NO S E D E V U E L V E N I N O Ü N ORIGINAL
)t^
BBTABUioiHiaNTo TipouTOGEÁriRo DI La Iluntración I b é r i c a : CILLI D I GOBTKB. «.'• 366 i. 371—BARCELONA
Descargar