directiva de conduccion 2012

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“2012 - Año de Homenaje al doctor D. MANUEL BELGRANO”
DIRECTIVA DE CONDUCCIÓN
- AÑO 2012 -
I. INTRODUCCIÓN
OBJETIVOS DE LA ARMADA ARGENTINA
a) LA DEFENSA
La Armada Argentina, como institución militar fundacional del Estado argentino,
encuentra las bases de su razón de ser en el orden jurídico de donde emanan su
competencia y sus funciones.
Dicho orden constituye, en definitiva, el límite infranqueable del ejercicio de toda la
actividad de la Fuerza, cuya misión principal es la defensa nacional.
En tal sentido, en la Ley de Defensa Nº 23.554 se determina que la Armada conforma el
Instrumento Militar de la Defensa Nacional y debe ajustar su proceder al Derecho nacional e
internacional de los conflictos armados, con la finalidad de garantizar de modo permanente la
soberanía, independencia, integridad territorial y capacidad de autodeterminación de la Nación
Argentina, así como de proteger la vida y la libertad de sus habitantes.
Mediante el Decreto Nº 1691/06 se aprobó la Directiva sobre organización y funcionamiento
de las Fuerzas Armadas, que fija los criterios y parámetros orientadores para el empleo de
las instituciones armadas y establece que estas deben abocarse exclusivamente a adiestrar,
alistar y sostener los medios y recursos puestos a su disposición, a los fines de garantizar su
eficaz empleo en el marco del planeamiento militar y, en consecuencia, del efectivo
cumplimiento de las misiones que les fueran asignadas.
En ese contexto, las Fuerzas Armadas serán empleadas ante agresiones de origen
externo perpetradas por fuerzas armadas pertenecientes a otros Estados, sin perjuicio de
lo dispuesto en la Ley Nº 24.059 de Seguridad Interior y en la Ley Nº 24.948 de
Reestructuración de las Fuerzas Armadas en lo concerniente a los escenarios en los que
se prevé el empleo del Instrumento Militar y a las disposiciones que definen el alcance de
dicha intervención en operaciones de apoyo a la seguridad interior.
De acuerdo con lo previsto en la normativa vigente, también la Armada tiene
participación, con carácter de misiones subsidiarias, en operaciones multilaterales de las
Naciones Unidas, en operaciones de seguridad interior previstas por la Ley de Seguridad
Interior Nº 24.059, en operaciones de apoyo a la comunidad nacional o de países
amigos, y en la construcción del Sistema de Defensa Subregional.
Dentro de la política militar trazada, el Ministerio de Defensa ha llevado a cabo acciones
tendientes a la modernización del Instrumento Militar, con el propósito de avanzar en la
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determinación y actualización de los recursos humanos, infraestructura, logística,
material, información, adiestramiento, organización y doctrina castrenses.
Dicha política, contenida en el Decreto Nº 1729/07, puso en marcha el Ciclo de
Planeamiento de la Defensa Nacional, con miras a fijar un diseño del Instrumento Militar
para el corto, mediano y largo plazo.
Este proceso se basa en la metodología de planeamiento por capacidades y se
estructura de acuerdo con los lineamientos fijados en la Directiva de Política de Defensa
Nacional, aprobada mediante el Decreto Nº 1714/09.
La Armada, dentro de su ámbito específico de competencia, asistió al Ministerio de
Defensa y al Estado Mayor Conjunto en la elaboración de un Plan de Capacidades
Militares (PLANCAMIL) para los próximos 20 años.
Este Plan orienta los esfuerzos institucionales en el marco del planeamiento conjunto
mencionado sobre la base de distintas áreas de capacidad, necesarias para llevar a
término el desarrollo de los objetivos específicos para cada período.
También en consonancia con el criterio de una gestión integral y funcional del “sistema
militar", la Resolución del Ministerio de Defensa Nº 1633/10, mediante la cual se aprobó
la Matriz Común para la Estructura Orgánico-Funcional de la Conducción Superior de las
Fuerzas Armadas, impulsó la readecuación de la estructura orgánico-funcional, así como
la adaptación de la doctrina y reglamentos de organización correspondientes.
En el mismo sentido, se dictó la Resolución del Ministerio de Defensa Nº 901/11 con el
objeto de crear el Sistema de normalización de medios para la defensa, cuya finalidad es
estandarizar los productos y procesos de uso común en el área de Defensa, en la
búsqueda de homogeneidad y en procura del desarrollo de economías de escala.
Este Sistema cuenta con un Comité Superior de Normalización, integrado conjuntamente
por el Ministerio de Defensa, el Estado Mayor Conjunto y las tres Fuerzas Armadas, que
ejecutará la tarea encomendada conforme a pautas de eficiencia, seguridad e
interoperatividad.
Cabe destacar que, en agosto de 2011, la Armada firmó con el Ministerio de Defensa y el
Estado Mayor Conjunto un Acuerdo Marco para la implementación de compromisos de
gestión por resultados, focalizado, en el caso del Ejercicio Fiscal 2012, en el alistamiento
operacional de la Institución.
En otro orden, continúa en funcionamiento el nuevo Sistema de Justicia Militar, instituido
por la Ley Nº 26.394. En el Anexo IV de dicha Ley se establece un “régimen disciplinario
para las Fuerzas Armadas”, cuya regulación, mediante un Reglamento General de
Disciplina común para las tres Armas y un Régimen de Actuaciones Disciplinarias para
cada una de ellas, fue aprobada por Resolución del Ministerio de Defensa Nº 125/09.
La evaluación del funcionamiento de dicho régimen, así como la propuesta de eventuales
modificaciones, están a cargo del Auditor General de las Fuerzas Armadas.
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Por último, y en vista de la conmemoración del 30º aniversario de la Gesta de Malvinas,
resulta pertinente destacar que la Armada, en el marco de sus competencias de control del
tráfico marítimo en aguas de jurisdicción nacional, colabora con el efectivo cumplimiento
del Decreto N° 256/10, cuyas disposiciones prescrib en que “…todo buque o artefacto naval
que se proponga transitar entre puertos ubicados en el territorio continental argentino y
puertos ubicados en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, o atravesar
aguas jurisdiccionales argentinas en dirección a estos últimos, y/o cargar mercaderías a
ser transportadas en forma directa o indirecta entre esos puertos, deberá solicitar una
autorización previa expedida por la autoridad nacional competente”.
Esta actividad contribuye a la política de defensa nacional relacionada con la cuestión
Malvinas, que responde a lo dispuesto en la Constitución Nacional, en cuanto reivindica la
legítima e imprescriptible soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y
Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte
integrante del territorio nacional. Al respecto, la referida normativa afirma enfáticamente que
“La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el
modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional,
constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”.
En síntesis, el contexto legal enunciado determina, en definitiva, la misión de la
Institución, de modo que, en función de aquel, esta solo puede realizar aquello que le
está permitido. El personal en su totalidad debe observar los preceptos normativos, y es
por este motivo que el conocimiento del ordenamiento vigente aplicable resulta menester
para el adecuado desempeño de las tareas.
b) LOS INTERESES MARÍTIMOS
El régimen legal vigente nos impone como misión principal la defensa de la patria en el
mar. En particular, el Decreto Nº 1691/06, en relación con el diseño de fuerzas del
Instrumento Militar, destaca la priorización, desde la perspectiva de la defensa, del
control efectivo de los espacios marítimos de la Nación.
Este control representa una misión primaria y fundamental de la Armada, cuyo eficaz
cumplimiento requiere lograr que la gente toda, la sociedad en su conjunto, adquiera conciencia
de la importancia de ese litoral marítimo y se preocupe por su protección y preservación.
La Armada, en el ejercicio del control del mar al que aludimos, es responsable de la ejecución
de múltiples actividades. Así, estas acciones se reflejan, entre otras, en las tareas de
patrullado naval y aéreo en aguas jurisdiccionales, en las de Búsqueda y Salvamento Marítimo
(Ley Nº 22.445), y en la que derivan de su carácter de Autoridad argentina a los efectos del
Anexo Nº 2 -Navegación- del Tratado de Paz y Amistad con Chile.
En este punto, y más allá de las misiones principales y subsidiarias que se nos asigna,
surgen otras responsabilidades a las que podríamos llamar nuestras misiones implícitas.
Es allí donde se ubicaría esta tarea cotidiana que llevamos adelante y que es la difusión
de los intereses marítimos.
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Al respecto, es necesario señalar que, sin lugar a dudas, la promoción de los intereses
marítimos argentinos encuentra su origen en la infatigable lucha del Almirante D.
Segundo Storni, quien bregó por la formación de una verdadera conciencia de la
relevancia que tienen nuestros ríos y mares para el bienestar de la población, el
desarrollo del país y la proyección de este en el escenario internacional.
En la actualidad, los espacios marítimos, en tanto fuente insondable de posibilidades y
riquezas, exigen repensar los actuales paradigmas, con el objeto de incorporar en ellos
un nuevo concepto de la defensa y, fundamentalmente, acentuar la participación de las
Fuerzas Armadas en el proyecto nacional.
En cuanto a la difusión de los intereses marítimos, la Armada, como parte de sus
cometidos, despliega su labor a través la Escuela Nacional de Náutica “Manuel Belgrano”,
la Escuela Nacional Fluvial “Comodoro Antonio Somellera”, la Escuela Nacional de Pesca
“Comandante Luis Piedra Buena” y la Escuela de Ciencias del Mar, donde se dictan cursos
de formación y capacitación.
En virtud de ser la Armada la autoridad competente en la administración y ejecución del
“Sistema de formación y capacitación del personal embarcado de la Marina Mercante”, la
División Personal de la Marina Mercante de la Subsecretaría de Intereses Marítimos
administra, supervisa y ejecuta el proceso de preparación de los títulos y certificados
correspondientes a Prácticos y Baqueanos Fluviales, y de Conocimiento de la zona.
La actual política de defensa pone de relieve el rol de las Fuerzas Armadas como
defensoras de la integridad territorial y de los recursos naturales. En nuestro ámbito, la
Secretaría General Naval, por intermedio de la Dirección de Intereses Marítimos, tiene a
su cargo las cuestiones vinculadas con los Intereses Marítimos Nacionales, al tiempo que
participa en las actividades relacionadas con la Organización Marítima Internacional
(OMI) que competen a su área de responsabilidad.
c) LA CONTRIBUCIÓN A LA POLÍTICA EXTERIOR
Los objetivos de la política de defensa son coherentes con los lineamientos de la política
exterior de la Nación y, a la vez, complementarios de ellos. En ese sentido, las recientes
directivas en la materia promueven la consolidación de Suramérica como “zona de paz” y la
progresiva construcción de un Sistema de Defensa Subregional, entre otros objetivos a lograr.
Tales objetivos fueron ratificados por el Consejo de Defensa Suramericano, creado en el
ámbito de la UNASUR a fines de 2008.
El Consejo, en su constitución, estableció entre los objetivos que orientarían su accionar
a los siguientes:
1) Consolidar Suramérica como una zona de paz, base para la estabilidad democrática y
el desarrollo integral de nuestros pueblos, y como contribución a la paz mundial.
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2) Construir una identidad suramericana en materia de defensa, que tome en cuenta las
características subregionales y nacionales y que contribuya al fortalecimiento de la
unidad de América Latina y el Caribe.
3) Generar consensos para fortalecer la cooperación regional en materia de defensa.
4) Fortalecer la adopción de medidas de fomento de la confianza y difundir las lecciones
aprendidas.
5) Fomentar el intercambio en materia de formación y capacitación militar, facilitar
procesos de entrenamiento entre las Fuerzas Armadas y promover la cooperación
académica de los centros de estudios de defensa.
La Armada, desde el ámbito de su competencia, constituye una herramienta eficaz para
apoyar la política exterior de la Nación.
Es así como, desde hace ya muchos años, colabora en diversas misiones de organismos
internacionales con unidades navales, transportes navales, equipos de sanidad, elementos
de Infantería de Marina e inspectores para la guerra química, biológica y nuclear (QBN).
Bajo el mandato de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Armada Argentina,
desde el año 1967, tiene una activa participación en las Operaciones de Mantenimiento
de la Paz y ha desplegado efectivos, entre otros destinos, en Haití, el Sahara Occidental,
Oriente Medio, Chipre, el Golfo de Fonseca e Irak, en este último caso junto con
Australia, como únicos participantes extra-OTAN.
En la actualidad, tenemos desplegadas fuerzas militares en Haití (MINUSTAH) y Chipre
(UNFICYP), así como Observadores Militares en el Sahara Occidental (MINURSO) y
Oriente Medio (UNTSO).
Por su parte, la Fragata A.R.A. Libertad, símbolo indiscutible de la Armada y de los argentinos
todos, es insigne embajadora itinerante de nuestro país. En cada travesía, además de
completar la formación de los guardiamarinas, incrementa su experiencia naval y marítima, a
la vez que coadyuva a estrechar los lazos de amistad y cooperación con los países visitados,
y, en particular, los vínculos de confianza mutua con sus respectivas Armadas.
Asimismo, año tras año, la Armada adiestra y alista medios para la Campaña Antártica,
mantiene agregadurías y representaciones en organismos internacionales multilaterales -como
la Organización Marítima Internacional- y en misiones de cooperación militar, y promueve
intercambios de formación técnico-militar que se llevan a cabo de modo permanente.
Otro aspecto esencial de la contribución a la política exterior efectuada por la Armada es
su participación en la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental
(COPLA), tendiente a fijar el límite exterior de la plataforma continental marina sobre la
cual la Nación ejerce derechos de soberanía en materia de exploración y explotación de
sus recursos naturales.
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Por último, merece una mención especial la intervención de la Armada en la Fuerza de Paz
Binacional Combinada argentino-chilena “Cruz del Sur”, pues es una experiencia inédita de
complementación e integración, así como en la Compañía de Ingenieros Combinada “Libertador
Don José de San Martín” con Perú y en la Patrulla Antártica Naval Combinada con Chile.
II. RECURSOS HUMANOS
El “recurso humano” representa el elemento de mayor importancia con que cuenta la
Fuerza. Está constituido por mujeres y hombres, civiles, policías y militares, que
diariamente, desde su puesto de trabajo, le aportan su capacidad, empeño y esfuerzo.
Como retribución a esa entrega, la Armada debe orientarse a posibilitar a cada uno de
sus miembros una suficiencia de vida. Ello significa atender las necesidades a que se
encuentran expuestos, tanto en el área personal, familiar, social y profesional. En
síntesis, hacerles viable la participación en el goce de los bienes inherentes a la vida
comunitaria, tanto materiales como espirituales.
Los deberes comprometidos con la Institución deben tener su imprescindible correlato en
los derechos que emanan natural y positivamente de cada una de las calidades de
quienes le sirven, y la vigencia de esta ecuación debe confiarse al cuidado de todos.
La prestación laboral en nuestro ámbito, dirigida al superior interés de la defensa nacional,
debe ser entendida como un servicio a favor de la sociedad en orden a su independencia y
soberanía y, por ende, como un medio para que otras múltiples actividades puedan
desarrollarse en su seno, conforme a las propias pautas de aquella y libres de
interferencias externas. En esa inteligencia deben apreciarse las obligaciones adquiridas
por el personal y, en su justa proporción, las retribuciones consecuentes.
Una mención particular merece el personal incorporado voluntariamente al cuadro
permanente de la Fuerza y que, por el estado militar que adquiere, asume un singular
compromiso que lo vincula a aquella mediante una rigurosa relación de mando y
obediencia, una amplia supeditación de las condiciones de vida, un régimen especial de
disciplina y el deber extremo, cuando ello resulte imperioso, de ofrendar la propia vida.
Quienes conforman ese personal, por su peculiar categorización, requieren también una
específica consideración, que les es debida fundamentalmente por quienes los conducen y
con mayor intensidad cuanto más alta sea su graduación y responsabilidad.
En tal sentido, se tendrá siempre en cuenta que cada uno de ellos, aun en su
individualidad, presenta diferentes facetas que refieren, mínimamente, a su circunstancia
como persona, ciudadano y marino. Ninguna de tales facetas puede ser descuidada por
quienes ejercen la función de liderar. Por el contrario, es en la consideración y el desarrollo
de cada una de ellas donde radica el perfeccionamiento del propio ser.
Mujeres y hombres no son objetos; son seres con una vocación trascendente sometidos a
un orden moral: son sujetos y protagonistas de la vida y así deben ser considerados.
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La calidad de persona ilumina primariamente al individuo. De ella emanan, a modo de
consecuencias ineludibles, la inviolabilidad, la autonomía y la dignidad, que resultan
inescindibles de aquel y de cuya combinación derivan los derechos morales básicos.
Cada uno de estos derechos es generador, a su vez, de la obligación de respetarlo y de
hacerlo respetar.
Constituye, pues, un requisito inherente al ejercicio de una conducción que pueda
calificarse como tal reconocer en cada subordinado aquellos caracteres enunciados y
garantizar a favor de él el cumplimiento de la obligación arriba señalada. Tal requisito no
solo representa hoy un imperativo normativo, sino, también, un factor de fortaleza para
quien manda, por la vinculación de reciprocidad que el mismo requisito crea.
La condición de ciudadano, por su parte, no puede ser soslayada. La propia Constitución
coloca la obligación de armarse en defensa de la patria en cabeza del ciudadano argentino.
Ningún individuo, en tanto persona, puede ser pensado fuera del entorno social y del
Estado, concebidos como ámbitos instrumentales de aquel. Es esencial retener que no
hay sociedad ni Estado sin hombres: ellos existen para estos y solo para su beneficio.
La calidad de ciudadano no puede, pues, ser marginada en la consideración que debe
hacerse de cada miembro del personal militar. Esa calidad se relaciona necesariamente
con la pertenencia al Estado argentino y, en especial, con su índole democrática.
El Estado democrático se caracteriza por su sujeción a la ley -a una ley que reconoce la
dignidad, la libertad y los derechos de la persona humana- y porque en él, además y
fundamentalmente, todos estos adquieren efectiva vigencia sociológica.
Resulta, así, una condición gravitante para todo ciudadano y, por ende, para el marino militar
-cualquiera que sea su ubicación en la jerarquía castrense- el pleno apego a la ley y el obrar
con transparencia conforme al orden constitucional y a las normas que de él emanan.
En particular, no debe olvidarse que los ciudadanos integrantes de las Fuerzas Armadas
revisten el carácter de agentes públicos y que, como tales, los alcanzan las normas
generales que rigen a estos, en tanto no colisionen con otras de aplicación específica.
El personal militar, como parte del Estado y, dentro de él, de la Administración Pública,
está obligado a honrar los imperativos de la ética democrática. Ello implica su
subordinación al Poder político, pero también la conservación de sus deberes y derechos
como ciudadanos, sin perjuicio de sus obligaciones para con la defensa nacional y de las
estrictas limitaciones en la vida política que, por la índole de su función, imponga la ley.
Queda, por último, en esta tríada de facetas inherentes a cada integrante militar de la
Institución que se viene analizando, aludir a la concreta condición de marino militar y a
las consecuencias que de ella se derivan.
Esta condición, sin duda, imprime carácter, lo cual obliga a examinar, en cuanto a ella
concierne, al menos, dos aspectos.
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Uno es el estrictamente técnico-profesional asociado al empleo de medios o a la aplicación
de disciplinas científicas directa o indirectamente vinculadas al quehacer castrense. Es
esta, quizá, la cuestión más simple -o menos compleja, si se quiere- pues está referida a
materias en general perfectamente definidas y reguladas, que son objeto de enseñanza y
aprendizaje en establecimientos militares, universitarios o afines.
El personal militar recibe usualmente la instrucción necesaria para el desempeño de su
actividad y se adiestra en su ejercicio como un modo habitual de adquirir práctica y
recoger experiencia. La adecuada ejecución y supervisión de todas estas acciones, es,
pues, condición esencial para comprobar y asegurar la efectiva idoneidad del personal.
El otro aspecto a tener en cuenta está, más bien, referido a actitudes acerca del cumplimiento
del deber militar y al ejercicio de la conducción, en sus modos de mando y comando.
Este aspecto se nutre, obviamente y al igual que el anterior, de regulaciones
preestablecidas o de doctrinas afianzadas, pero recoge simultáneamente, con mayor
fuerza, la incidencia de maneras de tradición menos formales, tales como la costumbre,
el ejemplo del superior o cierta cultura corporativa.
Corresponde, por tanto, llevar a cabo un riguroso control tendiente a impedir que la
tradición informal a que se hizo referencia pueda introducir en los cuadros más jóvenes
conceptos equívocos o tergiversados.
En especial, se procederá a enfatizar la ya referida subordinación al Poder civil -eje
fundamental de la política del sector- aceptando lealmente, con convicción y
espontaneidad, la intervención que a aquel le cabe en la organización, disposición y
gobierno de las Fuerzas Armadas.
Se impulsará un concepto de espíritu de cuerpo sustentado en la noción de solidaridad,
de trabajo común, de mutua colaboración, pero distante de cualquier tipo de
discriminación. Aprender los preceptos del comportamiento ético es, sin duda, necesario
para una convivencia justa.
Se estimulará la idea de que la paz, la honestidad, la responsabilidad, la libertad, el
respeto y la tolerancia son valores primordiales. Al mismo tiempo, se inculcará que no es
suficiente el conocimiento de los valores y la ética, si dicho conocimiento es tan solo
racional, si no ha impactado en nuestros sentimientos hasta el punto de adecuar la
conducta cotidiana a esos preceptos y valores, excluyendo los desbordes pasionales y
enfatizando el amor por la patria.
Las facetas antes mencionadas se refieren, naturalmente, a cada individuo como unidad
indivisible. De allí que no es posible desarticularlas ni considerar a una separada de las
otras. Cada agente militar es, al mismo tiempo, persona, ciudadano y marino y, en la
medida en que se encuentre incorporado a la Institución, no puede dejar de serlo. El
buen conductor, por tanto, deberá atender en cada uno de ellos a la problemática que
presenta cada faceta y encontrar a su respecto soluciones armónicas con su conjunto.
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Las falencias en el ejercicio del liderazgo, la omisión en la correcta guía y supervisión del
personal, la asunción de paradigmas erróneos, las confusiones conceptuales y la pérdida
del horizonte ético, entre otros factores, han dado lugar a la redacción de las páginas
más oscuras de nuestra historia: el fin no justifica los medios.
III. MEDIOS
Como se ha dicho, de acuerdo con la normativa que regula nuestro funcionamiento,
estamos obligados a alistar, adiestrar y sostener los medios y recursos puestos a nuestra
disposición, en orden a garantizar su eficaz empleo en el marco del planeamiento militar
y, consecuentemente, el efectivo cumplimiento de las misiones que nos fueran
asignadas.
De hecho, no solo estamos obligados a administrar los medios con los que contamos,
sino que, además, debemos ejercer su gobierno a fin de potenciar el desarrollo de
nuestras capacidades, con miras a obtener una "fuerza activa sustancial", capaz de
adecuarse y responder a los requerimientos que se presenten.
La Armada, como integrante del sector de la Defensa, debe sumar su aporte para
optimizar la gestión de los medios que tiene asignados.
En tal sentido, el Decreto Nº 1691/06, que aprueba la Directiva de organización y
funcionamiento de las Fuerzas Armadas, siempre dentro del concepto del accionar militar
conjunto, brinda los lineamientos que orientan la priorización de las capacidades con que
deberá contar el Instrumento Militar.
Dichos lineamientos hacen referencia a criterios de polivalencia, versatilidad y flexibilidad
operacional; a procesos de normalización y homogeneización de materiales y equipos
utilizados en los distintos sistemas de armas y materiales; a la estandarización de los
medios y, por último, a la priorización de los programas de recuperación, modernización
o adquisición de equipamientos que permitan nuevos desarrollos y producción de origen
nacional o que incluyan una significativa transferencia de tecnología.
A su vez, el Decreto Nº 1714/09, que aprueba la Directiva de Política de Defensa
Nacional, impone a la Fuerza la tarea de priorizar la optimización del empleo de los
recursos y del esfuerzo logístico mediante el agrupamiento conveniente de medios y
servicios.
En efecto, el uso eficaz y racional de los recursos, sumado a su correcta administración,
permitirá maximizar su operatividad.
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Esto nos conduce a otra cuestión esencial, que es la seguridad. Al respecto, debe
tenerse en cuenta que todo el personal debe velar por que los medios materiales se
utilicen en condiciones de absoluta seguridad, con estricto apego a las normas,
procedimientos y estándares vigentes, lo cual conlleva, a su vez, atender tanto a la
seguridad de los propios medios como a la de las personas que los utilicen.
Para ello, la capacitación y formación del personal se orientarán a lograr esos objetivos,
impartiendo los conocimientos necesarios acerca de la gestión segura y eficaz de los
medios que se empleen.
En función del planeamiento logístico previsto por el Ministerio de Defensa, la gestión de
los recursos se orientará a lograr un equilibrio entre la actividad que estén destinados a
prestar y las disponibilidades presupuestarias existentes.
En consecuencia, se maximizarán las capacidades de mantenimiento, aprovechando
recursos remanentes, actuando con responsabilidad y apelando -cuando sea necesarioa una buena cuota de imaginación que permita alcanzar mayores grados de eficacia y
eficiencia en la administración de los recursos que tenemos.
Como paso previo, se deberán efectuar las planificaciones correspondientes a fin de
lograr un alistamiento adecuado de los medios asignados, conjuntamente con el debido
adiestramiento del personal involucrado.
El logro de los parámetros expuestos debe contribuir a posicionar a la Institución en un
rol activo, como parte del proyecto de avance y desarrollo tecnológico del área de
defensa. Este proyecto, a su vez, se enmarca en el proyecto más amplio de la Nación,
que contempla un modelo de desarrollo nacional y productivo como reaseguro de la
defensa de nuestra integridad territorial.
Téngase presente que la obligación de proteger y conservar los recursos que se le
asigna a la Armada, en su condición de custodia de esa parte del patrimonio del Estado,
surge de las disposiciones del Código de Ética de la Función Pública, aprobado por el
Decreto Nº 41/99, que tiene carácter vinculante para los funcionarios de la Fuerza, en
tanto integrantes de la Administración Pública Nacional.
Al respecto, el marco regulatorio de los bienes del Estado debe ser objeto de un
pormenorizado análisis por parte de quienes tienen a su cargo el manejo de tales bienes,
pues presenta características especiales que debemos conocer para ajustar nuestra
conducta a esos parámetros.
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IV. CONDUCCIÓN
Toda organización castrense conforma una estructura vertical, en la que sus miembros
se ordenan jerárquica y cohesionadamente bajo un mando que ejerce la conducción, y se
estructura con un régimen de disciplina.
Las normas reglamentarias institucionales establecen que “una Fuerza Armada vale tanto
como el espíritu de sus hombres” y que, en consecuencia, se deberán tomar siempre las
medidas necesarias para lograr que el personal subordinado “actúe en toda ocasión
dando el máximo de sí y adoptando como objetivo propio el cumplimiento de la misión”.
Sin embargo, la conducción no es solo responsabilidad de quienes ostentan los más
altos grados, sino que todos, en su respectivo nivel jerárquico, deben ejercerla con una
correcta visión de la misión institucional.
Cada uno debe tener presente cuáles son los fines que se persiguen y los modos con
que se pretende alcanzarlos. Cada escalón, en la pirámide de mando, debe comunicarlos
claramente, de manera de asegurar el empeño del subordinado en su consecución, así
como controlar con eficacia la ejecución de las acciones contribuyentes al efecto.
Todos estamos empeñados en esto y, por ello, la coherencia entre nuestra palabra y
nuestros hechos se torna fundamental si aspiramos a practicar una acertada conducción.
Solo así lograremos la credibilidad en el sistema.
La conducción por parte de los mandos está directamente vinculada con la disciplina que
ese poder de mando genere dentro de la Institución.
La disciplina debe ser entendida como un instrumento al servicio exclusivo del
cumplimiento eficiente de las funciones, tareas y objetivos que la Constitución Nacional,
las leyes dictadas en su consecuencia, y las órdenes de la Comandante en Jefe le
encomiendan a todo el personal militar (Ley Nº 26.394, Anexo IV, art. 1º).
El ejercicio -cuando corresponda- de las acciones disciplinarias debe, en todo caso,
procurar restablecer de inmediato la eficiencia en el servicio, sin perjuicio de sus efectos
sobre el estado general y permanente de subordinación y obediencia. La sanción debe
ser siempre considerada como un instrumento de respaldo en el mantenimiento de la
disciplina y no su herramienta principal (Ley Nº 26.394, Anexo IV, art. 2º, incs. 2º y 3º).
El que manda u ordena es responsable del cumplimiento de las actividades y objetivos
encomendados, sin perjuicio de las medidas disciplinarias que deba adoptar para
asegurar el logro de las metas. Las sanciones a los subordinados en ningún caso
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eximirán al superior de la obligación de procurar el éxito de sus tareas (Ley Nº 26.394,
Anexo IV, art. 2º, inc. 1º).
Es la disciplina la columna vertebral de toda institución armada. Por ello, sus integrantes
están obligados a acatar las órdenes legítimas del superior. El cumplimiento del deber,
en sentido estricto, habrá de ceñirse a la adecuada ejecución de las obligaciones que en
ese marco se impongan.
Asimismo, debe existir una cabal comprensión de lo que denota el ejercicio de la
autoridad que se otorga al superior. Cuando este imparte una orden, debe inspirar y
dirigir, a la par que mandar y exigir, un determinado comportamiento por parte del
subordinado. Y esa orden debe estar indefectiblemente precedida de una prudente
reflexión y un claro conocimiento de su procedencia, es decir, de la legitimidad y
conveniencia de lo que se dispone, pues la obligación de acatar las órdenes cesará
cuando ellas estén viciadas de manifiesta ilegalidad.
V. LIDERAZGO
Es esta una cuestión estrechamente vinculada con la conducción.
Quien tiene personal a su cargo debe velar por él y, reitero, dar el mejor ejemplo. Quien
ejerce el liderazgo debe, además, generar en quienes lo asisten un arraigado y profundo
deseo de éxito en el cumplimiento de la misión asignada.
Esto implica que nunca ordenará a sus subordinados hacer lo que él mismo no haría en
una situación similar, y que velará siempre por su salud e integridad, tanto física como
espiritual.
Perseverará por inculcar una disciplina basada en el convencimiento. Reafirmará su
liderazgo, procurando conseguir el apoyo y cooperación de sus subordinados por el
prestigio adquirido sobre la base del esfuerzo y de la preparación. Cada circunstancia
debe ser vista como una ocasión para la enseñanza, y el ejemplo personal, como el
mejor modo de materializarla.
En definitiva, el líder tiene que transmitir a sus subordinados entusiasmo y anhelo de
superación. Debe alentarlos a obrar en consonancia con los principios que animan a la
Institución, así como fortalecer en ellos el espíritu de cuerpo y el sentido de pertenencia a
la sociedad nacional.
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VI.
CUESTIÓN DE GÉNERO
Para comprender claramente los aspectos que abarca este ítem, debe tenerse presente
que el “género” se refiere al conjunto de ideas, creencias, valores y comportamientos de
hombres y mujeres que determinan las relaciones entre ambos en un momento histórico
y cultural específico, y que, así entendido, constituye un elemento esencial de las
relaciones sociales en toda su amplitud.
En ningún caso el concepto de “sexo” puede ser confundido con el de “género”, como
tampoco puede confundirse el hecho de incorporar a la mujer en las Fuerzas Armadas
-en igualdad de oportunidades con los hombres- con la idea de equiparar entitativamente
a unas con los otros. La mujer se incorpora como mujer y el hombre como tal, sin que el
respeto a sus respectivas especificidades pueda ser motivo de discriminación en ningún
aspecto.
Materializar efectivamente en los hechos una perspectiva de género no es hoy una
alternativa, sino una obligación de cumplimiento inexcusable. Ello es así, más allá de las
imposiciones legales nacionales e internacionales, a partir de la primacía que debe
otorgarse al carácter de persona y ciudadano que -como he dicho ya- asumen todos y
cada uno de los integrantes de la Armada.
Cualquier criterio que se aparte, aun parcialmente, de una política de género alberga una
manera de discriminación que, como tal, constituye una forma más o menos explícita de
violencia y, por tanto, compromete una condición básica de las personas en cuanto tales:
la dignidad.
Esa forma de violencia afecta gravemente también al individuo en cuanto ciudadano,
pues es absolutamente incompatible con los principios básicos de la democracia, toda
vez que no solo afecta el debido respeto a la pluralidad y diversidad, sino, además, el
principio de igualdad de oportunidades que consagra nuestra forma de Estado.
En este sentido, una política de género, no obstante incluir un importante capítulo acerca
-en nuestro caso- de la situación de la mujer en el ámbito de la Fuerza, no se agota en
ello, pues abarca una visión integral del trabajo orientada a promover las mejores
condiciones para el ejercicio irrestricto de los derechos fundamentales del personal, tanto
civil como militar.
Se trata, en definitiva, de ejecutar acciones concretas que, con una perspectiva inclusiva,
garanticen un trato igualitario y equitativo a las mujeres y hombres que se incorporan a la
Institución y -como contrapartida- de asumir las responsabilidades que nos competen
frente a todo tipo de acto u hecho que, en cualquier circunstancia, consagre una
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discriminación de género o perpetúe la consolidación de estereotipos culturales y
especialmente institucionales en ese aspecto.
Aquella perspectiva inclusiva exige velar en toda instancia por la preservación e
incolumidad, entre otros derechos, de la autodeterminación, la pluralidad, la autonomía,
la privacidad y la intimidad de las personas.
Las acciones, en esa línea de pensamiento, deben aplicarse enunciativamente a
cuestiones tales como la relación entre hombres y mujeres en el ámbito profesional y la
compatibilidad entre las exigencias de la vida militar y la constitución y el arraigo familiar,
encarando este último asunto bajo el concepto de una paternidad responsable que
incumbe por igual, en sus respectivos roles, a mujeres y hombres.
También deben dirigirse a las problemáticas que, entre otras, derivan de la adecuación e
inserción en contextos sociales altamente dinámicos, los desafíos educativos, la violencia
laboral, las conductas abusivas y el acoso sexual.
En el marco de las políticas con perspectiva de género que lleva adelante el Ministerio de
Defensa, la Armada ha asumido el compromiso de adoptar medidas conducentes a su
efectiva concreción.
En tal sentido, ha venido desarrollando acciones, entre las que se inscriben la creación
de las Oficinas de Género que funcionan en el Edificio Libertad y en la Base Naval Puerto
Belgrano, y se encuentran ya en funcionamiento dos equipos de trabajo en la Fuerza,
para la difusión, capacitación y consolidación de la Oficina de Género, donde se brinda
asesoramiento para el desarrollo profesional en igualdad de condiciones entre varones y
mujeres y se reciben consultas sobre la aplicación de la normativa vigente.
También ya están funcionando cinco jardines maternales, creados a tenor de lo dispuesto
en la Resolución MD Nº 198/08.
Se han revisado las reglamentaciones internas y, en los casos necesarios, se realizaron
las modificaciones pertinentes para adaptarlas a la normativa del Ministerio de Defensa
en cuestiones de género.
Sin embargo, la experiencia del diario quehacer institucional pone en evidencia que aún
se presentan situaciones que no encuentran una respuesta normativa adecuada.
Estas cuestiones deberán ser atendidas con la mayor brevedad, a través del
fortalecimiento y desarrollo de los objetivos impuestos por las políticas del Ministerio de
Defensa, y teniendo en cuenta muy especialmente las directivas arriba reseñadas.
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Para ello, se propiciará la adecuada capacitación del personal, así como el diseño y
ejecución de planes y programas que conduzcan a generar mejores condiciones de
equidad entre mujeres y varones en el marco de su relación laboral con la Armada.
Buenos Aires, 22 marzo de 2012
CARLOS ALBERTO PAZ
VICEALMIRANTE VGM
JEFE DEL ESTADO MAYOR GENERAL DE LA ARMADA
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