El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro

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El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
El Santo Domingo del siglo XVIII
a través del Libro Becerro
Américo Moreta Castillo
La ciudad de Santo Domingo pudo haber tenido los
archivos más antiguos e importantes de Iberoamérica. Sin
embargo, los acontecimientos históricos como la Invasión de
Sir Francis Drake, la costumbre de desaparecer por el fuego
los llamados papeles viejos, aparte de la humedad tropical, y
los insectos, además de la poca tradición conservacionista,
han incidido en que los documentos más remotos que
existen correspondan a los Archivos del Arzobispado de
Santo Domingo, cuyos Libros de Bautizos, Matrimonios y
Defunciones parten y son posteriores al 1586, y en el ramo
secular, sólo encontramos documentos que se remontan a los
siglos XVII, XVIII y XIX, estando entre ellos los fondos de
los Archivos Reales de Higüey, Bayaguana y Monte Plata que
reposan en el Archivo General de la Nación.
Uno de los documentos antiguos que se preservan sin
haber ingresado aún a los fondos del Archivo General de la
Nación es el Libro Becerro de la Ciudad de Santo Domingo,
que ha resultado ser la constancia más exacta de la ubicación
1. Conferencia pronunciada en la sede de la Academia Dominicana de la
Historia la noche del 6 de septiembre de 2006.
2. Miembro se número de la Academia Dominicana de la Historia.
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de un conjunto de vecinos de la Ciudad Primada de América
durante el siglo XVIII; a pesar de que en el mismo se
insertaron numerosas notas correspondientes al siglo XIX y,
particularmente, a la época de la Anexión a España (18611865), aunque también hay anotaciones de 1871.
Parece que en la historia del Cabildo hubo más de un Libro
Becerro, pues en el asiento de la casa de don Antonio de Roxas,
en la calle que va de la Plaza Mayor a la del Contador (actual
Isabel la Católica), colindando ambas rinconadas con el Palacio
Real (Casas Reales), se hace referencia a un asiento que venía
del Libro Becerro de 1738 y del de 1748. Aunque la nota de
José Gabriel García en su Compendio de la Historia de Santo
Domingo, consigna el Libro Becerro como
“(…) el útil acuerdo que el día 7 de abril de 1778 tomó el
muy ilustre Cabildo y Justicia y Regimiento de la Ciudad de
Santo Domingo; para que practicaran la mensura y deslinde
de los proprios y la confrontación de papeles y libros antiguos
en que constaran las rentas municipales, a fin de que pudiera
procederse a la apertura del Libro Becerro de que se sirve
todavía el Ayuntamiento de Santo Domingo”. Por otro lado, en el documento también se refieren a un
Libro Becerro de 1741.
3. Folio 27, antiguo 25. del Libro Becerro.
4. Folio 75, antiguo 73. Ibídem.
5. Proprio. Conforme al Diccionario de Autoridades, significa: Lo que
pertenece a alguno.
6. José Gabriel García. Compendio de la Historia de Santo Domingo,
Tomo I. Santo Domingo, Editora de Santo Domingo, 1979. (Sociedad
Dominicana de Bibliófilos), p. 215.
7. Libro Becerro. Folio 107, antiguo 105.
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El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
En el mismo Libro Becerro se menciona que en el Cabildo
existían tres libros de proprios de los cuales se hizo cotejo y
confrontación. De todos modos, el Libro Becerro no es sino el
reflejo del afán organizador o clasificatorio del enciclopedismo
del Siglo de las Luces.
La versión que he podido revisar pertenece al historiador
Raymundo Manuel González de Peña, a quien agradezco la
gentileza de haberla puesto a mi disposición, y fue transcrita
por fray Vicente Rubio y Genaro Rodríguez Morel, quienes
indicaron que el inicio del libro se hizo en letra capital elegante
del siglo XVIII y con tinta roja.
El Libro Becerro lamentablemente no comprende la
totalidad de los habitantes de la urbe, sino que se limita sólo a
aquellos vecinos que habitaban en casas propiedad del Cabildo,
que para entonces mantenía su antiguo nombre de Justicia y
Regimiento de la Ciudad de Santo Domingo, Capital de la Isla
La Española; y comprendía también a aquellos que habían
construido mejoras en inmuebles (solares) propiedad del
Cabildo; es decir, que se trataba de un volumen para el control
y seguimiento de las anualidades que constituían ingresos por
concepto de arrendamiento.
Cabe destacar que en esa época los arrendamientos, a
diferencia de como sucede modernamente, se pagaban por
anualidades, debido a los pocos ingresos recibidos por los
habitantes, teniendo los inquilinos que acumular a través de los
ahorros de todo un año el pago de la anualidad correspondiente.
Las cantidades estaban previstas en pesos, en reales y en
centavos, aunque a veces habían deudas acumuladas que eran
reconocidas, no obstante, muchos estaban de gratis, como
8. Ibídem, Folio 1.
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sucede en anotaciones de la época de la Anexión para oficiales
y soldados de la extinta República, conforme a acuerdo del
Ayuntamiento del 12 de diciembre de 1861.
El más ilustre de los inquilinos que figuran en el Libro
Becerro es el Deán de la Catedral, Dr. José Núñez de Cáceres,
tío del gestor de nuestra primera independencia, quien pagaba
la pensión de seis pesos, tres reales y un tercio cada 31 de
diciembre por el suelo de la casa baja que posee en la calle
Principal de Santa Bárbara, tramo de la actual calle Isabel La
Católica que va de la Plaza del Contador a la Iglesia de Santa
Bárbara, el cual colinda por el fondo con el solar de La Ceiba,
haciendo frente con la casa alta de don Francisco Sarmiento,
teniendo de un lado la casa baja de don Francisco Antonio
Cruz y del otro la de don Josef Ponce, y que estuvo a cargo
primeramente de don Francisco Núñez de Cáceres, padre del
Deán, y luego del Deán la heredó don Gregorio Núñez.
La llamativa denominación del Libro Becerro, no es
más que una referencia al material del cual estaba hecha su
encuadernación, la piel de un becerro, animal vacuno que
contribuyó decisivamente a la economía de la Isla especialmente
durante los siglos XVI, XVII y XVIII en los que exportábamos
cueros de res principalmente hacia Europa por la vía normal y
a través del contrabando.
El documento cuenta de 269 folios, 267 en la numeración
antigua, aunque en el folio 25 viejo, aparece una curiosa
acta instrumentada el 7 de agosto de 1882, año 39 de la
Independencia y 19 de la Restauración, en la cual se certifica
que al hacer arreglar y encuadernar el Libro Becerro habían
observado la falta de nueve fojas, conteniendo 268 en lugar
9. Libro Becerro. Véase folio 71, antiguo 69.
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de 277 de que contaba el 19 de marzo de 1862, según acta
levantada entonces e inserta en la portada, por lo cual - expresa
el acta que - los arrendamientos que constaban en las hojas
perdidas y que figuran en el índice, serían inscritos de nuevo
en la medida en que se adquirieran los datos necesarios. El acta
está firmada por el Síndico (aunque nadie firmó con ese cargo)
y los Regidores: Manuel de P. García, presidente; Francisco
Aybar, vicepresidente; José Mieses, José P. Castillo, Álvaro
Logroño, José Francisco Pellerano y José María Pichardo,
secretario. Esto revela que aún en esa época, segunda mitad
del siglo XIX, el Libro Becerro era un documento útil.
El Libro Becerro también contiene los ramos de los llamados
“proprios” que abarcan ingresos por: tributos; pensiones;
pedazos de huerta o conucos en arrendamiento; arrendamiento
de barca; arrendamiento de salinas; arrendamiento de sabana
y egido, tenerías; arrendamiento del matadero; ciza de reses10
ciza de cerdos;11 noria de los proprios;12 tributos y pensiones
redimidos. Es decir, la casi totalidad de los ingresos del
Cabildo.
El Libro Becerro no abarcó todos los sectores de la ciudad
y podríamos afirmar que el mismo se limitó a la parte que se
urbanizó, fundamentalmente a través de bohíos durante el siglo
XVIII, época en que desaparecieron las estancias intramuros
10. Era de un real de plata por cabeza. Folio 223, antiguo 221. Libro Becerro.
11. Era de medio real de plata por cabeza. Folio 224, antiguo 222. Ibídem.
12. Se mencionan dos norias, una en San Francisco: “la grande noria de
los proprios, que antiguamente daba agua por conductos a la Plaza
Mayor”, folio 151, antiguo 149 y folio 149, antiguo 147, y otra en
San Miguel o Pozo Viejo, folio 134, antiguo 132.
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destacadas por los antiguos cronistas, poblándose con ciertas
características de barrios humildes los sectores de Santa
Bárbara, San Antón, San Miguel, San Lázaro, La Misericordia
y los Batiportes; excepcionalmente el libro abarcó algunos
inmuebles propiedad del Cabildo en otros sectores de la Ciudad
Primada, tales como los ubicados en torno al propio edificio
del Ayuntamiento, cuya huerta estaba también arrendada a un
vecino,13 así como solares extramuros y varios inmuebles en
San Carlos.
Un dato curioso que se desprende del Libro Becerro es que
en el siglo XVIII el local del Colegio de Gorjón se convirtió
en Cuartel de Milicias, así se aprovechaba su proximidad a los
bastiones de El Estudio y San José, situados frente a Gorjón el
primero y en La Alameda el segundo.
También llama la atención que figure que los sacerdotes
dominicos tuviesen un terreno entre San Miguel y San
Francisco, presumimos que se trató de un legado.14
En todo el libro se advierten negros libertos (morenos
libres) y mujeres cabeza de familia,15 y hasta esclavos como
arrendatarios,16 lo cual es un reflejo de cierta flexibilidad en la
estratificación social de la época.
13. “Don Esteban Palomares, Oficial del Batallón Fixo, tiene a su cargo
por arrendamiento, un pedazo de suelo de Huerta de estas Casas
Capitulares, contigua al patio de la casa que posee el susodicho, y
Doña Petronila Mañón, su muger (…) 16 de agosto de 1786, y paga
tres pesos (…) cada un año”. Folio 81, antiguo 79.
14. Folio 110, antiguo 108. Libro Becerro.
15. Micaela Hinojosa, negra libre, partera, figura en el folio 82, antiguo
80. Ibídem.
16. Antonio Sánchez, negro esclavo, bojío frente a la cerca del Convento
de San Francisco, cuatro pesos de arrendamiento, folio 121, antiguo
119. Ibídem.
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El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
En el Libro Becerro se consignaban: número de folio;
asiento; nombre del inquilino; oficio; cargo o función que
desempeña; condiciones en que ejerce el arrendamiento;
precio a pagar por el arrendamiento; fecha de pago; inquilinos
anteriores; escrituras de traspasos; medida del terreno en varas;
conteo de tapias;17 ubicación, generalmente por aproximación,
señalando la calle y colindancias por el nombre de los
colindantes; y topónimos.
Dicho libro data, como dijimos, de 1778 y fue iniciado
por las mensuras de don Josef de la Vega, Capitán del Ejército
y de Voluntarios de Infantería, Alcalde Ordinario de Santo
Domingo, y don Antonio Dávila Coca, Alférez Real, don
Francisco de Soto y don Josef de Abad, Escribano y Secretario
del Cabildo.
Hubo arrendamientos hechos en pública subasta o
almoneda,18 como fue el caso de la barca para cruzar el río
Ozama, que se hizo a Antonio Ramírez por 180 pesos anuales,
por cinco años, desde el 23 de julio de 1785 hasta el 23 de julio
de 1790. También se arrendaron las salinas de Puerto Hermoso,
hoy en la Provincia Peravia, las cuales fueron arrendadas en
subasta a Juan Francisco Sotelo y a Josef Fermín Ximénez en
la misma fecha arriba indicada. Una nota al pie da cuenta de
una gran escasez de sal que padeció la ciudad en 1778.
17. Hubo casos en que las tapias eran propiedad de una persona diferente al
dueño de la mejora, como por ejemplo el caso de la Archicofradía del
Santísimo Sacramento, respecto a una vivienda del solar del Aguacate.
Folio 91, antiguo 89. Ibídem.
18. Las almonedas se celebraban bajo las arcadas del Cabildo, frente a la
Plaza Mayor, hoy Parque Colón.
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El Libro Becerro como fuente de conocimiento de las calles
Correspondió al historiador Luis Emilio Alemar Rodríguez
(1883-1945) en su obra “Santo Domingo, Ciudad Trujillo”,19
el primer uso que se hiciera de este valioso documento,
especialmente para ilustrar algunos de los nombres de las calles
de la vieja ciudad. De este modo, el Libro Becerro constituye
un instrumento que nos revela cuál era la denominación de
muchas de las calles durante los siglos XVIII y XIX.
Es pertinente observar que las calles mencionadas en el
Libro Becerro no han desaparecido, aunque hayan perdido
ciertas referencias. Por lo cual, constituye un documento
fidedigno que nos ayuda a conocer los nombres antiguos de
las calles de la Ciudad Primada. Entre estos:
Calles del siglo XVIII:
Calle del Caño (Tramo Sur de la Calle Isabel la
Católica);
Calle del Conde;
Calle del Medio, que baja al Mar (Calle 19 de Marzo);
Calle de las Casas Capitulares al Colegio de Gorjón (Tramo
sur de la Calle Arzobispo Meriño);
Calle de la Cantera (Tramo norte de la calle Arzobispo
Meriño);
Calle de la Catedral (Calle Arzobispo Meriño);
Calle de las Damas;
Calle de los Nichos (Calle Arzobispo Nouel);
19. Luís E. Alemar. Santo Domingo, Ciudad Trujillo. Santiago de los
Caballeros, Editorial El Diario, 1943.
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El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
Calle Perdida (Calle Juan Isidro Pérez, tramo desde la 19
de Marzo, Cruz de la Cuesta de Luxia de Moxica, a la Calle
José Reyes, Cuesta de San Miguel y de allí, a la Plazuela de
San Lázaro);
Calle de los Plateros (Tramo central de la Calle Arzobispo
Meriño);
Calle del Hospital de San Nicolás (Calle Hostos);
Calle del Hospital de San Andrés al Matadero (Calle
Santomé);
Calle Principal de Santa Bárbara (Tramo norte de la Calle
Isabel La Católica);
Calle de San Antón a la Muralla de las Atarazanas o Muralla
del Río (Calle Vicente Celestino Duarte);
Calle de San Francisco a la Cantera de Santa Bárbara y la
Muralla (Tramo norte de la Calle Arzobispo Meriño);
Calle que baja de San Lázaro y San Andrés al mar (Calle
Santomé);
Calle que corre de la Muralla (Fuerte de San Francisco) a
la Cuesta del Vidrio (Tramo norte de la Calle Duarte);
Calle que corre del Colegio de Gorjón, hoy Cuartel de
Milicias, a la Puerta Grande nominada La Alameda (Calle
Arzobispo Portes);
Calle que corre a espaldas de la cerca del norte de la Huerta
de San Francisco (Tramo de la Calle Restauración);
Calle que corre al frente de la Huerta de San Francisco
(Calle Juan Isidro Pérez);
Calle que corre de San Lázaro a San Miguel (Calle Juan
Isidro Pérez);
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Calle que va de la Cruz de Regina a la muralla de Terraplén
(Tramo de la Calle Padre Billini con José Reyes hasta la Calle
Palo Hincado);
Calle que va de la Cruz de Regina al Mar (Callejón de
Regina);
Callejón de Baracaldo (Calle Restauración);
Callejón de la Huerta del Convento de Santo Domingo
(Tramo sur de la Calle Hostos);
Callejón de la Tercera Orden de San Francisco a la
Muralla;
Las Cuatro Calles (Tramo Central de la Calle Isabel La
Católica, es decir, de la Plaza Mayor a la del Contador); y
Cuesta de las Atarazanas (Calle de la Atarazana/ Presidente
González).
Calles del siglo XIX:
Calle Consistorial (Calle Arzobispo Meriño);
Calle de la Estrella (Antigua Calle Ozama que sale a la
Plazuela de San Antón y va a la Noria de San Miguel);
Calle de los Gerónimos (Calle Espaillat);
Calle del Comercio (Calle Isabel La Católica);
Calle del Espíritu Santo (Tramo de la Calle Restauración,
próximo al Convento de San Francisco);
Calle del Estudio (Calle Hostos);
Calle del Faro (Calle José Gabriel García);
Calle del Matadero (Calle Arzobispo Portes);
Calle del Naranjito. (Se inicia en la Plazuela de San
Antón);
Calle del Pozo Viejo de San Miguel (Calle La Noria);
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El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
Calle del Sol (Calle Espaillat);
Calle de San Andrés (Calle Santomé);
Calle de San Francisco (Calle Emiliano Tejera);
Calle de San Gil (Calle Palo Hincado);
Calle de San Lázaro (o de las Cuevas de San Lázaro, Calle
Santiago Rodríguez);
Calle de San Miguel (Calle Juan Isidro Pérez);
Calle de la Cuesta de San José (Calle 19 de Marzo);
Calle del Ángulo (Calle General Cambiaso);
Calle del Escalaplán(a) (Calle Palo Hincado);
Calle de la Ceiba;
Calle de la Luna (Calle Sánchez);
Calle de la Misericordia (Calle Arzobispo Portes);
Calle de la Separación (Calle del Conde);
Calle de la Universidad (Calle Padre Billini);
Calle de los Dolores (Calle General Cabral);
Calle de los Mártires (Calle Duarte);
Calle de San Francisco a la Noria del Castillo;
Calle de San Francisco a San Miguel (Calle Juan Isidro
Pérez);
Calle de San José (Calle 19 de Marzo);
Calle de San Miguel (Tramo norte José Reyes);
Calle de San Pedro (Calle José Gabriel García);
Calle de Santa Clara (Tramo sur de la Isabel La
Católica);
Calle Episcopal (Calle Arzobispo Meriño);
Calle La Negreta (de las Negretas dice el documento, Calle
de la muralla de Santa Bárbara al Fuerte del Ángulo);
Calle Santomé;
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Calle que va de la Cruz de Regina al Escalaplán (Calle Padre
Billini, desde la Calle José Reyes a la Calle Palo Hincado);
Callejón de la Lugo (Calle Espaillat, entre la Calle
Mercedes y Calle del Conde);
Callejón de la Noria de San Miguel;
Callejón de la Cuesta del Vidrio que sale a la calle Perdida
(Calle Francisco Cerón);
Callejón de Regina; y
Cuesta del Vidrio (Calle Duarte, desde la Calle Juan Isidro
Pérez a la Calle Mercedes).20
El Libro Becerro instrumento genealógico
Es el Libro Becerro fuente de conocimiento de apellidos
que están en Santo Domingo desde el siglo XVIII o XIX,
además de muchas referencias a entronques genealógicos, así
vemos los siguientes apellidos:
En el siglo XVIII:
Abreu, Aldazar, Alfaro, Alonso, Álvarez, Andrada,
Amador, Angulo, Apolinaria, Aponte, Arambulé, Arciola,
Arriola, Bavé, Bardecia, Barrera, Barrios, Barrutia, Bautista,
Becerra, Bello, Bernal, Betances, Betancur, Bilches, Bobadilla,
Brioso, Bonifaz, Bueno, Bustamante, Caballero, Cabral,
Cadenas, Calafate, Calderón, Camarena, Camejo, Camellón,
Campuzano, Campuzano Polanco, Caro, Castillo, Cayetano,
Ceballos, Cedano, Centeno, Cid, Coca, Coca Landeche,
Claudio, Concepción, Cordero, Cotes, Crescencio;
20. Consigna el Libro Becerro en el folio 124, antiguo 122 que este nombre
se debe a la existencia de una antigua fábrica de vidrio frente a la huerta
del Convento de San Francisco por el oeste.
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El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
Dávila, De Abad, De Acosta, De Acuña, De Aguilera, De
Andrade, De Aponte, De Arciola, De Arza, De Brea, De Castro,
De Coca, De Cañizales, De Figueroa, De Frías, De Frómeta,
De Gálvez, De Granados, De Guarda, De Guzmán, De Heredia,
De Herrera, De Hoyos, De Jesús, De Lara, De Lavastida, De
Legaza, De Lemus, De Lentis, De Luna, De Mata, De Medina,
De Mella, De Mena, De Mieses, De Montaño, De Mueses, De
Olivares, De Orso, De Otero, De Oviedo, De Padua, De Peña,
De Peralta, De Pina, De Placencia, De Reyna, De Rivera, De
Roxas, De Silva, De Sosa, De Soto, De Susa, De Tapia, De
Torres, De Vega, De Velasco, De Vera, Del Amparo, Del Barco,
Del Castillo, Del Pino, Del Pozo, Del Rosario, Del Toro, De la
Concepción, De la Cruz, De la Encarnación, De la Mota, De
la Parra, De la Peña, De la Roca, De la Rocha, De la Rosa, De
la Trinidad, De la Vega, De las Mercedes, De los Reyes, Díaz,
Domínguez, Duchenes, Durán;
Echalas, Escarramán, Espinosa, Evangelista, Félix, Féliz,
Fermín, Fernández, Ferrer, Figueredo, Fino, Fortun, Fortuna,
Franco, Franco de Medina, Franco de Quero, Frómeta,
Fulgencio, Gálvez, García, Girón, Godoy, Gómez, González,
Grateró, Guridy, Guerrero, Guillén, Gutiérrez, Guzmán, Inojosa,
Jacinta, Javalera, Josef, Landeche, Laureano, Lavastida,
Lonzel, López, Lorenzo, Louzer, Luciano, Machado, Madrigal,
Magallanes, Maldonado, Mañón, Marchena, Mariano, Martel,
Martínez, Mathias, Méndez, Mina, Mirabal, Molina, Montañez,
Montaño, Moxica, Mónica, Morales, Morillas, Moscoso, Mota,
Moyano, Muñoz, Murcel;
Nicolás, Niela, Nobella, Núñez, Núñez de Cáceres, Ortiz,
Osorio, Pablo, Páez, Palomares, Palomo, Pantoja, Pascuala,
Pastrana, Peláez, Pepín, Perdomo, Pereira, Pérez, Perreño,
Petronila, Picar, Pimentel, Pizarro, Polanco, Ponce, Pular,
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Ramírez, Ramos, Rengifo, Rincón, Rodríguez, Romero,
Rondón, Roque, Salazar, Saldaña, Salvador, Sanabia, Sanabria,
Sánchez, Sánchez de Tapia, Sánchez Valverde, Santa María,
Santana, Santi, Santiago, Sarmiento, Semillán, Simonó, Siry,
Soberón, Soriano, Sotelo, Suárez, Sumer, Tamariz, Tamayo,
Tejeda, Tillería, Travieso, Urbaneta, Urquerque, Urrea,
Valdemoro, Valdés, Valcarze, Valverde, Vallejo, Vázquez,
Vidal, Villegas, Ximenes, Yarce, Zambrano y Zamora.
En el siglo XIX:
Abreu, Acebedo, Aguilar, Alcántara, Alfonseca, Alonzo,
Altagracia, Álvarez, Andino, Andújar, Arbal, Arias, Ariza,
Arredondo, Arriaga, Aybar, Badía, Baldiggieri, Baldugesi,
Ballester, Balliste, Banchet, Bante, Barbacho, Bello, Bersan,
Bigarana, Bijister, Bilorino, Blasco Palomar, Bona, Cabello,
Cáceres, Camarena, Cambier, Capsy, Caraballo, Carballo,
Caro, Carrasco, Carretero, Carrizo, Casado, Castillo, Catalá,
Chacón, Claudio, Cohén, Contín, Cordero, Cortés, Cortez,
Criales, Cros, Cuevas, Curiel, Dávila, Degollado, De Castro,
De Chía, De Frías, De Hoyos, De Jesús, De la Cruz, De las
Nieves, De los Reyes, De Mena, De Niza, De Padua, De Peña,
De Santiago, De Soto, Del Castillo, Del Rosario, Del Toro,
Delgado, Díaz, Domínguez, Ducquela, Durán, Dusablon;
Echavarría, Echenique, Eloi, Erazo, Espinar, Evangelista,
Fabré, Fábregas, Fajardo, Familia, Fedeli, Félix, Fernández,
Ferrer, Fiallo, Figueroa, Florimón, Fontain, Galán, Galves,
García, Garrido, Gárriga, Gatón, Gautreau, Gayoso, George,
Gimenes, Gómez, González, Gotoso, Grisa, Grofier, Guantes,
Guiró, Guilves, Guirola, Gutiérrez, Guzmán, Henríquez,
Heredia, Hernández, Herrera, Hinojosa, Hungria, Izquierdo,
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El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
Jácquez, Jhanes, Jhones, Jiménez, Jones, Josué, Lacai, Lara,
León, Logroño, Lopes, López, Lora, Mambí, Mañón, Márquez,
Martín, Martínez, Mártir, Matos, Maturana, Mella, Mendoza,
Merced, Mesa, Mieses, Miguili, Miranda, Miura, Mojica,
Molina, Mon, Monposí, Montaño, Montolío, Morcelo, Morena,
Moreno, Moscoso, Mota, Muñoz;
Navidad, Nazario, Nicodemus, Nolasco, Núñez, Ortiz,
Ozuna, Pajés, Patreño, Paula, Paz, Peguero, Pellerano, Peralta,
Perdomo, Pereira, Pérez, Perry, Piantín, Pica, Pichardo, Piedra,
Pier, Pimentel, Piñero, Polanco, Pou, Queipo, Quezada, Ramil,
Ramires, Ramírez, Ramos, Ravelo, Rey, Reyes, Reynoso,
Rincón, Rivera, Rivero, Rodríguez, Rodríguez Objío, Rojas,
Romero, Rosas, Rueda, Ruiz, Sabirán, Salado, Saint Clair,
Salazar, Salvador, Santín, Santolalla, Sanjurjo, Santos, Sardá,
Saviñón, Selao, Soler, Sosa, Souvalier, Suares, Suarí, Suazo,
Tejeda, Tejera, Toro, Troncoso, Valdés, Valer, Valverde,
Vázquez, Vega, Veloz, Velásquez, Ventura, Vilarino, Yépez,
Yllada, Yriarte, Zacarías y Zenón.
La ciudad de Santo Domingo a través de las Crónicas
El historiador Emilio Cordero Michel recopiló el testimonio
de varios (unos 35) de los distintos cronistas que visitaron
y escribieron sus impresiones sobre la histórica ciudad de
Santo Domingo, entre ellos cabe destacar aquellos autores
correspondientes al siglo XVIII, que fueron los que percibieron
la misma ciudad del Libro Becerro.21
21. Emilio Cordero Michel (Comp.). La ciudad de Santo Domingo en las
crónicas históricas. Santo Domingo, Editora Collado, 1998. (Comisión
Municipal para la Conmemoración del Quinto Centenario de la Ciudad
de Santo Domingo. Ayuntamiento del Distrito Nacional).
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José A. de Castro Palomino, en 1783
Uno de ellos fue, José A. De Castro Palomino, cuya crónica
denominada Breve Descripción de la Isla Española de Santo
Domingo, expresa:
“(…) Esta Ciudad es de bastante extensión: tiene ocho
Calles espaciosas tiradas a cordón, que corren paralelas del
Este al Oeste y otras diez que las cruzan de Norte a Sur, está
cercada de murallas, como corresponde por ser Plaza de
Armas.
Los Principales edificios son la Cathedral, que es
Magestuosa, de tres naves y labrada toda de piedra de sillería,
su Architectura es Gótica, como las más antiguas. Hay tres
conventos de Religiosos de las Órdenes de Santo Domingo, San
Francisco y la Merced; el primero fundado por el Emperador
Carlos V con Universidad. Los Jesuitas tuvieron Colegio en
esta Ciudad. También hay dos Monasterios de Religiosas, tres
Parroquias y tres Hospitales”.22
Méredic Louis Elie Moreau de Saint-Méry, en 1783
En su descripción titulada “Ciudad de Santo Domingo
y territorio que depende de ella”, capítulo que forma parte de
la Descripción de la Parte Española de Santo Domingo, que
hiciera en 1783, Moreau de Saint-Méry expresa:
“(…) El interior de la ciudad tiene, con sus anchas calles,
tiradas a cordel y alineadas con exactitud, una apariencia que
agrada. Hay diez que van de Norte a Sur y otras tantas que
corren del Levante al Poniente. La ciudad está construida a
la moda de las antiguas poblaciones de España y de Italia.
22. Emilio Cordero Michel. Ob. cit., pp. 131-132.
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El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
La mayor parte de las casas construidas desde su origen son
de una especie de mármol que producen las cercanías y las
más recientes están construidas de tapia, especie de tierra
apisonada en una horma. Esto consiste en formar una caja
de tablas entre dos pilares de mampostería, se echa en la caja
una tierra arcillosa, rojiza (barro) que se apisona y se aprieta,
hasta que se forma una especie de muro que llena el intervalo
comprendido entre los dos pilares. Esta tierra así comprimida
adquiere una dureza sorprendente, de tal manera, que a veces
se suprimen los pilares de mampostería.
Las casas de Santo Domingo, son bastante hermosas, de
dos pisos, de un gusto sencillo y casi uniforme. Desde hace
próximamente quince años, se construye un número crecido de
casas de madera y las cubren con hojas de palma o yaguas. Los
techos son ordinariamente en plataforma, destinados a recoger
las aguas fluviales para las cisternas. Los apartamientos
tienen a veces colgaduras de seda o lana; pero que no llegan
sino hasta la mitad de la altura solamente y dicen que es una
imitación de la moda de España. El piso de la ciudad es muy
elevado en su parte Sur, lo que la protege contra el furor de
las olas y le sirve de dique invencible”.23
Antonio Sánchez Valverde, en 1785.
El Canónigo Antonio Sánchez Valverde en su obra del
1785, Idea del valor de la Isla Española y sus utilidades que
de ella puede sacar su monarquía, describe lo siguiente:
“(…) Más de la mitad de los edificios de la Capital estaban
enteramente arruinados y de los que se hallaban en pie, los
23. Emilio Cordero Michel. Ob. cit., p. 137.
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dos tercios inhabitables o quedaban cerrados y el otro daba
una anchurosa vivienda a sus Pobladores. Había casas y
terrenos cuyos dueños se ignoraban y de que se aprovecharon
algunos, como de cosas, que estaban para el primero que las
ocupase: o porque había faltado enteramente la sucesión de los
propietarios, o porque habían transmigrado a otras partes.
(…) Porque, en efecto, en el citado año del 1780 se veía
la Capital reedificada en la mayor parte con edificios de
mampostería y tapias fuertes, de que se habían hecho calles
enteras. El resto estaba poblado de buenas casas de madera,
cubiertas de yaguas, bien alineadas y bastantemente cómodas
y capaces. Los Vecinos principales habían hermoseado las
suyas por dentro y fuera y con toda esta extensión era ya tal
la Población, que el que necesitaba mudar de casa, andaba
muchos días para encontrar otra.
(…) Los Padrones de la Capital de Santo Domingo, que son
los más exactos, nunca han pasado de veinte mil almas de toda
calidad de gentes y de toda edad; pero es menester suponer
que estos Padrones se hacen regularmente por personas a
quienes los comete el Cura o su Teniente, yendo de casa en casa
con el preciso objeto de averiguar después los que dexan de
cumplir con el precepto anual. De aquí se sigue: lo primero,
la omisión de empadronar los de siete años abaxo; lo segundo,
la de que no encontrando en casa las cabezas de familia, como
sucede o por haber salido a visita aquel día o por hallarse en
los campos, queda sin empadronar un número no pequeño; lo
tercero y principalísimo, que la mitad de la Ciudad se compone
de la Parroquia de Santa Bárbara y los Anexos de San Miguel
y San Andrés, puestos en los Arrabales de ella (…)”.24
24. Emilio Cordero Michel. Ob. cit., pp. 149-150.
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El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
Dorvo Soulastre, en 1798
Dorvo Soulastre en su Viaje por tierra de Santo Domingo,
capital de la Parte Española de Santo Domingo, al Cabo
Francés, capital de la Parte Francesa de la misma Isla,
realizado en 1798, tres años después del Tratado de Basilea,
dijo:
“(…)La ciudad de Santo Domingo está situada en una
llanura inmensa, en la desembocadura del río Ozama, cuyas
orillas presentan el aspecto más alegre y encantador, las casas
no tiene más que un piso; algunas un simple piso bajo, y todas,
en el interior parecen más o menos, unos claustros. Los techos
tienen una forma casi plana para recibir las aguas fluviales,
las que los habitantes usan a falta de la de fuentes que están
muy distantes.
La plaza principal es cuadrada y bella; la ciudad está
rodeada de murallas de ocho a diez pies de espesor, pero en
muy mal estado; del lado del mar la ciudad está defendida
por largas baterías irregulares que se prolongan hasta la
desembocadura del río, en donde hay un reducto que defiende
la entrada. Hay dos puertas que dan al campo están defendidas
por dos medias lunas (…)”.25
El hatero banilejo Luís Joseph Peguero, en 1762
Pero la descripción más completa sobre la Vieja Ciudad la
presenta el hatero banilejo Luís Joseph Peguero en su Historia
de la Conquista de la Isla Española de Santo Domingo, que se
remonta al año 1762, quien la hizo para orientar a:
25. Emilio Cordero Michel. Ob. cit., p. 157.
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CLÍO 174
“los del campo, que muchos de éstos no an bisto la Ciudad,
por si se les ofreciece ir a ella, que no necesiten de lazarillo
para traficar sus cayes, daremos los nombres de ellas con toda
individualidad. / Si entrares por la puerta del Conde que es
la puerta principal de la vanda del poniente, tomaras la caye
derecha y en yegando a la primer esquina, en la calle que
atraviesa mano derecha al mar se llama la caye del Corral
de Palomas; y la mano izquierda a la cuesta de la caye de Sn.
lazaro. / Siguiendo bia recta a la otra esquina puesta en ella
la mano derecha al mar, se llama la caye de Sn. Andres; y la
mano izquierda ariba la caye nueva.
/Siguiendo la caye a la otra esquina puesto en ella, la caye
que atraviesa toda se llame, la caye de Sn. Miguel. siguiendo
la caye que yevas a la otra esquina, la caye que atraviesa se
llama la caye de la Carrera, por causa de que antiguamente
vivio en ella, un albeitar que enseñaba en dicha caye a jinetear
los hijos dalgos de esta Ciudad seguida la marcha a la esquina
siguiente que es la quinta, la caye que atraviesa se llama de
la questa del vidrio y la otra de la esquina mas adelante, la
Caye del hospital, por que biene de el, al convento de los
Padres Dominicos.
Seguida dicha calle derecha asta la esquina siguiente que
es la de las casas del Cavildo, puesto en ella, la calle que
corre a la mano derecha al palacio Arzobispal se llama la
caye del Arzobispo, por que por ella biene a su iglesia: y la
que corre a mano izquierda, se llama la Caye de los plateros
dos cuadras, hasta la esquina del segundo balcon bolado de
esta caye; y de ay en adelante, la caye de Sn. francisco hasta
el fin de ella.=
Seguida la marcha por entre la plasa hasta la esquina del
enfrente, llegada a ella beras a la mano izquierda una caye
62
El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
larga que corre hasta la yglesia de Santa Barbara; la qual tiene
tres nombres, las dos quadra primeras, se llaman las quatro
calles, y la caye del Caño; de la esquina de la Plazuela, a la
Esquina de la Casa del Cordón que fue de la ilustre señora
D. Paula de la Riba; y es de Don Jayme de Aponte, sellama
la Caye de la plasuela; y de ay en adelante, la Caye de
Santa Barbara, porque desde esta esquina dicha comienza
la juridicion de su Parroquia y desde la esquina primera que
llegaste de las Cuatro Cayes te queda a la mano de recha la
Caye de Santa Clara, que corre por delante de la Carcel hasta
el fin en su derechura: seguiras la linia de enfrente a la otra
esquina, y hallaras en sus naves a la mano izquierda la caye
de las Damas, y a la mano derecha la caye de las fuerza.
Para saber los nombres de las Cayes que van de traves
en esta Ciudad, entratras por la puerta grande, y la caye que
biene la bera de la muralla por la mano izquierda se llama la
Caye de los hahorcados por que solo en esta ocasión se be con
concurzo del pueblo. Seguiras mas adelante por bia recta la
caye del matadero, y en la mesma sabaneta del dicho, beras
a la mano izquierda un cayejon antes de llegar al corral de
palomas que se llama la caye del pueblo nuevo. Mas adelante
en la esquina del Corral en tu mano izquierda biene la caye de
Sn. lazaro que tenemos dicha, pero contando desde esta cinco
vocas calles, la ultima es la de la caye del Palacio Arzobispal,
doblaras la esquina y tomaras la caye derecha para ir sabiendo los nombres de las cayes del traves de la Ciudad que
son las siguientes. llegado a la Esquina del dicho Palacio,
miraras un espaciosa Calle que biene de traves sobre la mano
izquierda que dos quadras de largo se llama la Caye de Santo
Domingo,y dos quadras siguientes la Caye de Regina; y sobre
el mano derecha la caye de Santa Clara.
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CLÍO 174
Seguiras a la Esquina siguiente, y sobre mano isquierda
biene de traves una calle que sus dos primeras quadra en linia
se llama la caye de los nichos, y mas adelante llaman tan
bien San Andres como berias de Santa Clara; y la caye del
Arquillo disen otros, pero el nombre propio y antiguo, segun
emos bisto escrituras antiguas de casas de esta caye son los
nichos, quedarate sobre la mano derecha una caye de una
quadra que es desde la puerta de la fuerza, hasta el segundo
arquillo de la Cathedral que no le e sabido su nombre propio
por la variedad con que se nombra, unos la caye de la puerta
de la fuerza, otros la Caye del Mono,26 otros la Caye de los
Polancos, otros la Caye del Arquillo chico.
Nos parese mas propio el que tildamos y seguiras la marcha
hasta la esquina de las Casas de Cavildo, y la Caye que biene
de trave sobre la Mano derecha que es tambien de una quadra
asi a la Caye de las Damas se llama la Caye de Clavijo y la
que biene por la Mano, izquierda dos Cuadras en linia, la
Caye de la Carniseria; y el de mas resto que sigue la caye de
la puerta del Conde: con que siendo una caye de muralla a
muralla tiene tres diviciones con sus nombres; seguireis la linea
o caye que traeis y en la siguiente esquina bereis un callejón
que se llama el callejón del hospital: mas adelante encontrareis
otra esquina que sobre la Mano izquierda biene un caye tuerta
que se llama la Caye de la Merce hasta donde estas y sobre
la Mano derecha, te quedan dos Cuadras, la primera se llama
Caye del truque: y la siguiente de la Compañia.
26. Este nombre alude a la tradición recogida por Manuel de Jesús Troncoso
de la Concha en relación con la Casa del Sacramento y el mono que
tomó al bebé de la familia Garay y vino el ofrecimiento de la casa como
exvoto, ocurriendo el milagro. Actualmente están en ella las oficinas
del Arzobispado de Santo Domingo.
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El Santo Domingo del siglo XVIII a través del Libro Becerro
Seguiras la calle derecha que traes, y en la esquina
siguiente veras una calle que comienza desde la porteria
del Combento de Sn Francisco hasta la puerta de Sn. Diego,
asi es su nombre antiguo la Caye de Sn. Diego; seguiras a
la siguiente esquina ya en juridicion del Cuarto de Santa
Barbara y la primera calle de traves se llama Arroyo sucio
y la siguiente la Caye de Sn. Antón; y mas adelante otra de
Pulinario quedando otro cayegon que biene del combento de
la Merce a la caye del hospital que se llama el Callejón de las
lomas que son todas las cayes de esta siudad.
Y de la parte mas alta, se baja al plan y cayes de la
Ciudad por ocho questas que son, unas escalas planas. que se
nombran la questa de Sn. Lazaro, de Sn. Miguel, de Carreño,
del vidrio, del hospital, de Sn. francisco; de los terceros, y
la de Sn. Anton. y se baja al Rio y embarcadero por otras
quatro, la de Palacio, la de Sn. Diego, la de las tarazanas, y
la de Santa Ana./
Tiene ademas de las Cayes dichas y fuera de ellas ocho
solares bien cresidos de vezindad, sin orden de cayes que son,
el de Santa Clara, el del Presidente, el del Almirante, el de
Santana, el de Sn. Francisco, el de Sn. Anton, el de Sn. Miguel,
el de Sn. Lazaro.
De suerte, que tiene 18 cayes principales; 8 cayejones;
8 plasas; 12 Cuestas; 55 quadros 19 iglesias; 2 hospitales;
2 universidades; dos parroquias, sercada de murallas, y
defendida con un Castillo y 14 Baluartes fuertisimos”.27
27. Luís Joseph Peguero. Historia de la Conquista de la Isla Española
de Santo Domingo, trasumptada el año de 1762. Tomo II, pp. 18-22.
Valencia, Artes Gráficas Soler, 1975. (Publicaciones del Museo de las
Casas Reales), pp. 18-22.
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CLÍO 174
En conclusión, conocer el Libro Becerro es una manera de
sumergirse en el Santo Domingo plácido y bucólico de otros
tiempos.
Bibliografía
Alemar, Luís Emilio. Santo Domingo, Ciudad Trujillo.
Santiago, Editorial El Diario, 1943.
Cordero Michel, Emilio. La ciudad de Santo Domingo
en las crónicas históricas. Santo Domingo, Editora Collado,
1998. (Comisión Municipal para la Conmemoración del Quinto
Centenario de la Ciudad de Santo Domingo. Ayuntamiento del
Distrito Nacional).
Diccionario de Autoridades. Edición facsímil de la de 1737.
t. III, O-Z. Madrid, Editorial Gredos, 1990. (Real Academia
Española).
García, José Gabriel. Compendio de la Historia de Santo
Domingo, Tomo I. Santo Domingo, Editora de Santo Domingo,
1979. (Sociedad Dominicana de Bibliófilos).
Libro Becerro del Muy ilustre Cabildo, Justicia y
Regimiento de esta Muy Noble Ciudad de Santo Domingo,
Capital de La Española, abril de 1778. Transcripción fray
Vicente Rubio y Genaro Rodríguez Morel.
Peguero, Luís Joseph. Historia de la Conquista de la Isla
Española de Santo Domingo, trasumptada el año de 1762.
Tomo II. Valencia, Artes Gráficas Soler, 1975. (Publicaciones
del Museo de las Casas Reales).
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