CD 6 - Colección educ.ar

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El derrame de petróleo en los ríos Barigüí e Iguazú
(de www.educ.ar)
El 16 de julio de 2000, uno de los oleoductos de una refinería cercana a la ciudad de Curitiba, en el
estado brasileño de Paraná, reventó, expulsando un total de cuatro millones de litros de petróleo
crudo al río Barigüí. Este accidente se convirtió en uno de los peores desastres ambientales ocurridos
en Brasil en más de veinte años. Tras varias semanas de preocupación e intensa actividad, el
derrame parece hoy controlado. Es, entonces, un buen momento para analizar los hechos ocurridos.
textos: Christian Ostrosky
fotografías: gentileza Télam
cartografía: Miguel Forchi
imágenes satelitarias: gentileza Conae
edición: Carla Lois
Los acontecimientos
El domingo 16 de julio, un operario se olvidó de abrir la válvula de una junta de expansión de un
oleoducto de la refinería Presidente Getulio Vargas de la empresa Petrobrás, cercana a Curitiba.
Debido a esto, el oleoducto reventó y dejó escapar cuatro millones de litros de petróleo crudo
liviano, altamente inflamable y muy tóxico. Dos millones de litros cayeron al río Barigüí; los otros
dos se derramaron dentro del predio de la refinería. La empresa dio la alarma, y sectores del
gobierno brasileño y entidades no gubernamentales se dispusieron a evaluar la magnitud del
incidente y a buscar medidas para atenuar sus consecuencias.
La mancha de petróleo comenzó a expandirse a una velocidad de 1 kilómetro por hora, y llegó el
mismo día al río Iguazú, del cual el Barigüí es tributario. Sólo al día siguiente de ocurrido el derrame
se instalaron en el Iguazú barreras de contención y bombas para la extracción del crudo.
El martes 18, varios municipios afectados por el accidente declararon su intención de demandar a la
empresa Petrobrás por los daños que el derrame estaba causando. A su vez, el Instituto Ambiental
del Paraná (IAP) declaró que aplicaría una multa a la empresa, que oscilaría entre los 28 y los 83
millones de dólares. Estas cifras se encuentran entre las mayores contempladas por la legislación
brasileña en relación con delitos contra el ambiente.
Tres días después del accidente sólo se habían extraído 816.000 litros del petróleo derramado.
Luego de varios intentos fallidos, la mancha pudo ser finalmente controlada, en un 80%, el 21 de
julio. Según comentan fuentes de la empresa y los institutos involucrados, las bajas temperaturas y
la evaporación natural de alrededor de un 30% del crudo ayudaron a los técnicos y operarios a
establecer dicho control. Si bien las lluvias caídas el 22 de julio impidieron el trabajo en algunos
puestos, y esto provocó inquietudes en las autoridades brasileñas y argentinas sobre la suerte de las
poblaciones aguas abajo, para el domingo 23 se habían extraído 2,3 millones de litros de petróleo.
La mancha, de todas formas, había llegado a cubrir cerca de 50 kilómetros desde su origen hasta la
barrera que finalmente la detuvo. Hacia finales de julio, algunos restos que lograron filtrarse entre
las barreras seguían su curso río abajo. Según declaró Hernán Lombardi, secretario de Turismo de la
Nación (Argentina) e interventor de Parques Nacionales, estos desprendimientos eran mínimos y no
implicarían mayores problemas. Más cautelosos, los especialistas de diversas organizaciones e
institutos afirman que habrá que esperar varios años y realizar estudios cuidadosos para evaluar el
impacto que este derrame ha tenido sobre el ambiente.
Los medios y la noticia
El derrame en los ríos Barigüí e Iguazú puso en evidencia no sólo la falta de planes de contingencia
verdaderamente eficaces y veloces, la ausencia de tecnologías de punta en materia ambiental y la
falta de coordinación entre los organismos intervinientes; reveló también una cierta forma de ver y
tratar los problemas ambientales en los medios de comunicación.
Los medios argentinos abordaron la problemática enfatizando casi exclusivamente sobre el peligro
que corrían las Cataratas del Iguazú y las especies silvestres que habitan el Parque Nacional Iguazú
(provincia de Misiones). En cambio, los problemas sufridos por las poblaciones y la producción
agrícola locales fueron relegados a segundo plano.
Si bien no se puede negar el valor biológico, estético, turístico y económico de las Cataratas, es
importante reconocer que el problema ambiental no se circunscribe a las Cataratas sino que abarca
toda el área de la cuenca cercana al lugar del derrame y las zonas que se encuentran aguas abajo;
en particular, las áreas urbanas o rurales que dependen exclusivamente de los ríos para su
subsistencia.
Por otra parte, los textos periodísticos se empeñaron en mostrar a un Estado brasileño
despreocupado de la protección de las Cataratas del Iguazú, como si las mismas pertenecieran sólo
a la Argentina. Desde esta perspectiva, parecía que el accidente había desatado una suerte de lucha
entre dos bandos: por un lado, la empresa responsable y el Estado brasileño; por otro, las Cataratas
y el Estado argentino.
Este modo de tratar los acontecimientos predispone a la opinión pública a tomar partido por un
"bando bueno" y a criticar duramente al "bando malo". No contribuye al análisis y evaluación del
accidente en forma integral y, al mismo tiempo, crea interferencias en lugar de fomentar la
cooperación para implementar soluciones. Para ser más precisos, deja de lado un punto central en el
manejo de los recursos hídricos: los ríos no respetan fronteras y su manejo debe ser acordado y
coordinado entre los Estados en cuyos territorios se extiende la cuenca.
Esta forma de tratar los problemas y noticias ambientales desvía el foco de lo que realmente debería
ser el centro de la cuestión: la seguridad y la calidad de vida de las personas, más allá de su
nacionalidad y del lugar de origen del problema ambiental.
Es necesario aprender de estos hechos y sacar conclusiones que ayuden, en caso de que se presente
un evento de similares características, a actuar más rápida y eficientemente. Lo que está en juego
en un desastre de este tipo no es solamente el estado de ciertos ambientes naturales ni el futuro de
especies animales y vegetales sino la calidad de un recurso esencial para la vida: el agua.
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