capitulo i aspectos derivados del concepto general de

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CAPITULO I
ASPECTOS DERIVADOS DEL CONCEPTO GENERAL DE
"EXPLOTACION AGRICOLA"
Y SU CONEXION CON EL TEMA DE LAS UMDADES AGRARIAS
1.
Dificultades para el planteamiento de la cuestión y doble
plano del mismo.
No siempre son fáciles de encajar los conceptos econbmicos en el campo del Derecho; así sucede con el concepto de
empresa y, más concretamente, con el de empresa agraria,
tanto que la construcción del Derecho agrario en torno a la
idea de la empresa es un criterio que, actualmente, se halla
muy desprestigiado' , viniendo a ser sustituído por el de
actividad agraria^ .
!rn otro sentido, algo parecido sucede con el concepto de
explotación agrícola, con ser en sí mismo mucho más concreto
y estar mucho más próximo de las categorías jurídicas, puesto
que la idea de explotación lleva a un contacto material con las
cosas que son objeto de los derechos, Ilegando a constituir en
sf misma si no una cosa, si al menos un bfen o un conjunto de
bienes que, en algunos aspectos, gana una cierta sustantividad
y autonomía en el tráfico jurídico. Esto viene a ser el
reconocimiento por el ordenamiento jurídico de la incorporación de un conjunto de cosas, o de un patrimonio, a una
actividad, consecuencia del poder configurante de su titular al
afectar este patrimonio a un destino permanente, aunque
también puede ser resúltado de la previsión del ordenamiento
al afectar un patrimonio, separadamente, a una responsabilidad
espeçial.
14
Pero aquf vamos a prescindir de este segundo aspecto
que, aunque puede encontrarse vinculado a una actividad
especffica, como sucede con el patrimonio social en las
sociedades de tipo capitalista que van buscando una limitación
o separación de responsabilidad, deja de ser característico
cuando la explotación queda vinculada a un empresario
individual, al quedar comprendido en la responsabilidad
patrimonial universal que establece el art. 1911 Cc., a no ser
que la propia explotación revista una forma social de las del
tipo citado. Por otra parte, esta afección patrimonial también
aparece en ciertos patrimonios separados, por disposición del
propio ordenamiento por encima de toda actividad específica,
como sucede con el patrimonio dotal, afecto a los onera
matrimonii.
Por eso, tenemos que atenernos al primero de los aspectos
señalados, el de la vinculación de las cosas, o los bienes, a un
destino, dependiente de una actividad de su titular, porque
sólo por este camino podremos llegar a captar la verdadera
ratio iuris específica que aquí tratamos de buscar.
En este sentido, nos encontramos con la típica
configuración del establecimiento mercantil ("fonds de
commerce", en la elocuente terminología francesa), que es el
resultado de la "objetivacion de una actividad" y que funciona,
en el tráfico jurídico, en muchos aspectos, como un
patrimonio autónomo, aunque no siempre separado3 , siendo
lo más próximo a ello en el Derecho agrario tradicional ("ius
georgicum"), un concepto que podemos encontrar ya en el
Derecho romano, en torno a los diversos significados del
término fundus° , especialmente en cuanto a su significado
como fundus instructus, tan amorosamente estudiado por el
Prof. G. BOLLAS , padre del Derecho agrario moderno.
Seguramente sea en esta orientación en la que hay que seguir
para fortalecer el significado jurídico del concepto de
explotación, situado a mitad de camino del moderno concepto
de finca funcionaló y del concepto de patrimonio especial, que
puede o no ser separado (pues esta determinación responde a
otro criterio) y que viene así especificado por su vinculación a
una actividad, en nuestro caso, la actividad agraria.
Sea como fuere, con toda esta disgresión, lo que quiero
poner de relieve es que el concepto de explotación agrícola, en
15
torno al cual hay que centrar la problemática del presente
trabajo, no constituye una categoría jurfdica muy definida y,
por ello, no se pueden concebir grandes esperanzas en una
acción legislativa que trate de actuar partiendo de un concepto
de esta naturaleza, sobre todo, si no es consciente de sus
limitaciones.
En el Derecho mercantil, una larga tradición jurídica ha
conseguido notables frutos en relación con el concepto de
establecimiento mercantil, a pesar de que allf tampoco haya
adquirido unos rasgos muy precisos, pero hoy dfa es un
concepto universalmente admitido, o si se prefiere plenamente
recibido en la vida del Derecho (que no solamente es mera
praxis como pueden llegar a creer algunos, sino también
conciencia reflexiva, especulativa, sobre unas realidades que
hay que comprender y definir). Si esto ha ocurrido en el
Derecho mercantil, dotado de una aguda especialidad, no
podemos pretender grandes cosas en el marco un tanto difuso
del llamado Derecho agrario. Hay por ello que partir del
reconocimiento, un poco impreciso, a veces evanescente, del
concepto de explotación agrícola, a caballo entre el "Derecho
de cosas" y lo que podemos llamar la normativa de una
actividad, tan antigua y difusa como la propia actividad
agraria. Por eso, la explotación misma, como concepto
genéricv se nos escapa cuando pretendemos hacerla objeto de
valoraciones juridicas, con un significado concreto y preciso.
Lo que sucede es que el concepto económico jurfdico de
explotación agrícola, como representación objetivada de una
actividad, es algo dináunico que fluye constantemente y
únicamente es susceptible de ser fijado cuando partiendo de
las cosas, como objeto de los derechos, tratamos de atribuixles
un significado de tipo ideal, aludiendo a la idea de la f^.^nción,o
del destino. De esta manera el concepto mismo puede ser
objeto de perspectivas diversas: una que parte del Derecho de
cosas, que tiende a su concreción por el mismo carácter
estático de esta parte del Derecho civil patrimonial y, otra, que
únicamente llega a concretarse mediante las libres
determinaciones del tráfico jurídico, porque en este terreno
domina el carácter dinámico de la regulación. Sólo asf, de esta
manera, el concepto de explotación agrícola puede ser captado
en los dos sentidos más importantes que puede ofrecer al
16
ordenamiento jurídico, aunque desde un punto de vista
puramente econbmico, o sociológico, pueda aparecer como
algo unitario.
Esta pturalidad de perspectivas jurídicas sobre un mismo
concepto social y económico, es algo que no debe olvidar el
legislador si quiere dar eficacia, es decir, operatividad, a los
conceptos que utiliza. Porque lo que no puede confundir el
legislador son los planos diversos sobre los que ha
de actuar una determinada regulación jurfdica. En nuestro
Derecho, se ha dado esta confusión en la Ley de explotaciones
agrícolas familiares de 14 de abril de 1962, por lo que esta ley
ha resultado, según mi criterio, totalmente inoperante, pura
letra muerta que duerme su sueño eterno en las páginas del
Boletín Oficial. Efectivamente, esta regulación utiliza la
técnica del Derecho de cosas, perfectamente aplicable a las
unidades mfnimas de cultivo, pero no aquf, donde la regulación
debe, esencialmente, de ser dincímica, por mucho que se esté
pensando en la estabilidad de la familia campesina, porque una
cosa es el fundamento material de una norma jurfdica, es decir,
la finalidad a la que aspira o el objetivo que persigue y, otra
muy distinta, la oportunidad de la técnica utilizada para
conseguirlo. Y así sucede en la ley citada, que tomando en
cuenta el concepto de explotación como actividad se olvida
por completo de su dinámica, porque en este sentido sólo el
tráfico jurfdico puede contribuir a decantar el concepto mismo
de explotación. Si el establectmiento mercantil no fuera
transmisible, ni hipotecable, ^cómo hubiera podido tomar
carta de naturaleza en el propio Derecho mercantil? . Por otra
parte, a nadie se le oculta que, a pesar de esta dimensión
dinámica, no por ello deja de servir a la propia estabilidad del
comerciante. Pues bien, otro tanto hay que hacer en el ámbito
del Derecho agrario, porque esta es la única manera de
incorporar la especificación debida a una actividad, en el
marco del ordenamiento concreto, a un patrimonio determinado, o si se prefiere de hacer transcender a un ordenamiento
dinámico los condicionamientos de una valoración estática, en
torno a la idea del destino del dueño o de la propia función de
las cosas; única manera de relacionar entre sf estas dos
fundamentales perspectivas en torno al concepto que nos
ocupa. En este sentido, responde plenamente a tales exigencias
la norma del art. 1056-2.° Cc.' , como más adelante tendremos
ocasión de considerar.
Por eso, esta materia tiene que ser objeto de regulación
en dos campos distintos. Por una parte, en el "Derecho de
reforma del suelo", en torno a la finca rústica como unidad
mfnima de cultivo, o como finca funcional (consideración de
una unidad jurídica aunque la finca presente una discontinuidad física, vinculación a la finca de los elementos de
producción o de cultivo, etc.), con lo que la indivisibilidad
jurídica se pone en relación con la idea de destin^ económico,
para actuar su protección. Por otra, en relación con el "Derecho
sucesorio agrario", es decir, con aquéllas normas que regulan la
transmisión "mortis causa", teniendo en cuenta las necesidades
que justiiican una regulación especial en atención de los
intereses de la agricultura y que se materializan en la
conservación post mortem de la unidad de la explotación
agrícola. Sin embargo, a estos dos campos cabe agregar uno
nuevo que hay que insertarlo en el sentido dinámico de la
regulación de la explotacíón y que, por ahora, casi permanece
inédito en nuestro Derecho positivo y que se refiere al tráfico
inter vivos de la explotación agrfcola, tanto cuando descansa
ésta sobre la propiedad, como cuando descansa sobre el
arrendamiento o, en fin, cuando su soporte es mixto (propiedad y arrendamiento), materia a la que el legislador deberá
prestar una atención muy especial. Con lo que, en realidad, no
se trata de un campo distinto sino simplemente de una
ampliación del segundo de los campos anteriormente señalados
y que podemos def'inir caracterizándolos respectivamente,
como aspecto estático y como aspecto dinámico de la
regulación.
Pero tambiém cobra un significado distinto conforme a
otro criterio y se diversifica en planos diferentes la valoración
jurídica de que es objeto y que no conviene confundir. Me
refiero al plano del Derecho agrario como "Derecho de
reforma", y al plano del Derecho agrario como "Derecho civil
agrario", según la diversificación del carácter de las normas que
constituyen estas distintas esferas normativas, conforme he
desarrollado en otro lugara. El método de formación de cada
una de estas esferas normativas es distinto, ya que el "Derecho
de reforma" contribuye, fundamentalmente, a crear narmas y
18
regulaciones donde aparece de forma evidente el carácter de
Derecho especial (ius speciale), por referencia al Derecho civil
común en materia de cosas y de patrimonio por lo que aquí se
trata. Normas que, por otra parte, cobran siembre un necesario
carácter de Derecho imperativo (ius cogens). Lo que se
compagina perfectamente con el aspecto o significado estático
de la regulación. En materia de "Derecho civil agrario",
predominantemente se ofrecen a los particulares fórmulas
jurídicas para satisfacer las necesidades del tráfico y que
por ello la regulación va acompañada de un carácter distinto, generalmente de Derecho voluntario (ius dispasitivum), como corresponde, por otra parte, a su aspecto
dinámico. Así sucede en materia de Derecho sucesorio agrario,
donde las normas de Derecho necesario nada tienen que ver
con el interés protegido, conservación de la unidad de la
explotación a través de la transmisión "mortis causa", sino que
dependen de las propias exigencias del sisterna sucesorio, o de
la repercusión en el mismo del Derecho de cosas (indivisibilidad de una finca, o incluso de la explotación). Lo mismo
sucede cuando se trata del tráfico "inter vivos" de la
explotación. En cualquiera de estos casos, el ordenamiento
debe suministrar una serie de fórmulas y de medios para que
los particulares elijan lo más conveniente a sus propios
intereses, ya que, naturalmente, sin libertad no puede haber
tráfico jurídico, ni se puede hacer coincídir el interés de los
particulares con el interés general de la agricultura, en un
momento en que la evolución de la estructura socio-económica
acusa una clara patrimanialización de la actividad agraria que
trata de superar viejas formas dependientes de una agricultura
de subsistencia para alcanzar las metas que le impone una
sociedad lanzada al desarrollo industrial, es decir, una sociedad
que para responder a las exigencias del desarrollo económico y
social, ha de tomar el modelo de los patrones de la industria,
ya en forma directa, ya en forma refleja. Por eso, si de alguna
manera ha de conseguirse que la regulación de la explotación
agrícola puede ser operativa, en beneficio de los intereses del
agricultor y de la propia agricultura nacional, hay que tener
muy presentes tanto esa realidad social y económica, como las
exigencias que se derivan de la diversa actuación de las normas
jurídicas en los diversos planos que hemos considerado, tanto
39
desde el punto de vista del concepto mismo de explotación
agrícola, en sus aspectos estático y dinámico, como desde el
punto de vista de carácter de las normas que se ponen en juego.
Puntos de vista que, por otra parte, como hemos visto, se
complementan.
2.
Necesidad de una regulación especial de la propiedad
agraria, como presupuesto previo
La propiedad privada, en un sistema de libertad jurídica y
de libertad económica, será siempre la propiedad, por muchas
limitaciones que la rodeen, es decir, conservará en todo
momento ese carácter de derecho absoluto de contenido
elástico, mantenido por la iniciativa privada y por el poder de
disposíción del propietario. Sin embargo, las limitaciones del
derecho de propiedad tan frecuentes en el Derecho moderno,
aunque parcialmente inciden en el contenido del
derecho mismo (p.ej., obligación de mejorar, o de laboreo
forzoso, obligación de arrendar, o de enajenar, etc.), no llegan
a modificarlo de una manera radical, sobre todo, por el juego
del propio contenido elástico del derecho de propiedad. Así
resulta que, como ha dicho R. SAVATIER, la propiedad que
sale por la puerta vuelve a entrar por la ventana9. Por eso, las
modificaciones que se operan en este sentido en el derecho de
propiedad recaen, fundamentalmente, sobre el objeto del
derecho más que sobre el propio contenido y es en este sentido
en el que interesa, sobre todo, destacar la necesidad de una
regulacióñ especial de la llamada propiedad agraria.
Esto ha de llevarse a cabo, en relación con la finca rústica
y en relación, en la medida de lo posible, con la explotación
agrt^ola. Vamos a ocuparnos ahora del primer aspecto,
tratando del nuevo sentido del concepto de finca en el
Derecho moderno, tema que se halla muy vinculado a la
reforma del Derecho del suelo y que repercute, por otra parte,
naturalmente, en un nuevo concepto de cosa en sentido
jurfdico, al afectar a una de las categorías más importantes
sobre las que recae el objeto del Derecho: las fincas, en
general, y, la finca rústica en particular'o
Lo más importante de este nuevo sentido del concepto de
20
finca es su carácter eminentemente social, representando una
reacción frente al resultado, en este punto, de las consecuencías de lo que de una manera genérica podemos llamar el
individualismo jurídico.Efectivamente, en las codificaciones y
en las reformas legislativas del siglo XIX se trata de liberar a la
propiedad de sus antiguas trabas, pero esa liberación de la
tierra y del suelo se lleva a cabo "movilizando" la propiedad,
es decir, convirtiéndola en valor para que pudiera servir de base
al crédito territorial y a esta finalidad sirve, en lo fundamental,
históricamente, el sistema de la publicidad registral. Movilizada
así la riqueza inmueble, es natural que pasara a primer término
su valor y la pertenencia a su titular, configurándose el derecho
de propiedad con un carácter ilimitado y absoluto, de acuerdo
con el sentido que se confiere a su contenido y al que antes
nos hemos referido, con lo que, como consecuencia, quedará
dífuminado el objeto sobre el que recae el derecho, relegado a
un segundo término. Este proceso de subjetivación de la
relación jurídica, que algunos califícan de comercialización del
Derecho civil ", no tardará en desencadenar la reacción
contraria 12, aunque un proceso de objetivación de la misma,
especialmente en relación con el derecho de propiedad, o con
el Derecho de cosas, en general, apenas ha comenzado a
iniciarse; sin embargo, ;os juristas son conscientes de la
importancia de esta transformación' 3.
En una palabra, el concepto de finca en sentido material
tenía muy poca importancia en el Derecho vigente, hasta hace
muy pocos años. Lo ímportante era y, en muchos sentidos lo
sigue siendo, el concepto formal de finca, es decir, su
vinculación o atribución a una titularidad, lo que todavía se
facilita más por el sistema registral, cuando éste se lleva por
fincas14 . De este modo, la finca resulta como abstracción de
su contenido, entendida en sentido jurídico, fundamentalmente como valor, no en _ sentido material, y así viene
determinada mediante una abstracción planimétrica y abstracta de su contenido natural15, lo que se traduce en las normas
para la individualización de inmuebles 16, predominando siempre su sentido como unidad en el tráfico" para servir a la
movilidad de la riqueza, con lo que su carácter como bien
inmueble queda totalmente desdibujado. Por otra parte, se
consideran fincas, bienes u objetos de derechos que apenas
21
tienen una entidad material como tales, como sucede con los
pisos o apartamentos de un edificio o con las concesiones
administrativas 'a
Pero a la vez quc esto tiene lugar, el mismo sentido de la
utilización de los recursos téenicos, para facilitar la movilización de la riqueza inmueble, ]leva a resultados contrarios,
reapareciendo el concepto de finca material, vinculado a la
idea de destino; así se hace depender del destino agrícola la
distinción entre fincas rústicas y urbanas en la Ley de
arrendamientos rústicos de 15 de marzo de 1935 F9 . Incluso la
idea de destino, a través de la voluntad del dueño, adquiere
una fuerza vinculante y configurante extraordinarias y que se
sobrepone por encima de la entidad material de las cosas; así se
pone de relieve, sobre todo, en el art. 8-2° de la Ley
Hipotecaria, que permite inscribir como una sola finca: "Toda
explotación agrícola, con o sin casa de labor, que forme una
unidad orgánica, aunque esté constituída por predios no
colindantes, y las explotaciones industriales que formen un
cuerpo de bienes unidos o dependientes entre sí". De esta
manera vuelve a aparecer, y, en el texto citado se muestra
parcialmente reflejada, la idea del fundus romano^0 . Regulación positiva e idea que han de servir de punto de partida para
desarrollar, al máximo, la cadena de regulaciones del concepto
de explotación agrícola.
Ahora bien, cuando verdaderamente se transforma hacia
nuevas metas el concepto de finca, modernamente, es cuando
se pone de relieve el fracaso social y económico del individualismo jurídico y entra en juego el nuevo Derecho de reforma
del suelo. Aparte de la crítica socialista21 , ésto se remonta ya
a la que llevara a cabo O.von GIERKE, a fines del siglo XIX ZZ ,
materializándose, técnicamente, por lo que se refiere al
contenido de los derechos, con la idea de la función social de
la propiedad, que por primera vez proclama la Constitución
alemana de Weimar, en 1919. Posteriormente con el creciente
intervencionismo del Estado en la vida económica, aparece en
Italia la distinción entre bienes productivos y bienes de
consumo, con pretensiones de tecnificación en el ordenamiento jurídico-privado 23 , actualmente abandonada, cobrando esta
cuestión un nuevo si^nificado con las técnicas del desarrollo
económico y social2 y viniendo a aparecer, por otra parte,
22
nuevos tipos de propiedad, con una acusada finalidad económica y social, por lo que se ha empezado a hablar de propiedades,
diferenciadas y matizadas^s , no sólo por razón de su finalidad
y función, sino también por razón de su relación con un
determinado objeto; así se puede decir que la transformación
operada, en esta materia, no ha tenido lugar sobre la "relación
jurídica" en sí misma considerada, sino sobre uno de sus
elementos: el objeto sobre el ^que recae. Pues aunque podamos
hablar de propiedades y no de propiedad en general como un
concepto único, verbi gratia, propiedad urbana, propiedad
rústica, como consecuencia de la incidencia de la función
social sobre la propiedad del suelo, la diferenciación no es tan
profunda, como ya hemos advertido inicialmente, como para
que pueda hablarse de propiedades especiales, como cuando se
habla de la propiedad intelectual, o de las aguas, minas,
bosques, etc. Por eso tiene sentido hablar de que la modificación ha recaído fundamentalmente sobre el objeto del derecho, aunque esto no sea más que una expresión abreviada que,
haciendo referencia a la fuerza vinculante de la cosa ( lo que es
un fenómeno tan antiguo que aparece ya en el Derecho
romano, res mancipi, sacra, etc.) se halla también en conexión
con un ordenamiento específico (Derecho de reforma del
suelo) en el que la actuación de la función social de los
derechos, sobre las cosas a que se extiende su ámbito, impone
tales o cuales condiciones que se traducen en limitaciones
normales del dominioZb.
Este nuevo sentido del concepto de finca se materializa en
las nuevas formas que van apareciendo para su individualización y descripción, y aunque la base de ésta sigue siendo
meramente literaria, haciendo constar su situación, delimitación y naturaleza ( arts. 9-la LH. y 51-1a y 2a RH.), la reforma
de 1959 del Reglamento Hipotecario ha introducido la
expresión de su clase de cultivo, en las rústicas, y la referencia
al polígono y parcela catastral, en general 27 . Por otra parte, la
Ley de Régimen del Suelo y de Ordenación Urbana ha creado,
para la identificación de fincas urbanas, la cédula urbanística
(art. 51)'a .
Igualmente el concepto de finca en sentido materia! cobra
pleno vigor en el Derecho agrario y en el Derecho del suelo, y,
de este modo, se puede hablar del concepto de Jinca funcional,
23
noción que suscitó BUSSE, en el seno de la crítica nacional
socialista, al Derecho patrimoníal del siglo XIX. Este autor
pone de relieve que, en el Derecho alemán, no llega a perderse
una relación con las distintas unidades patrimoniales matizadas
por su destino (bosques, minas, subsuelo, campos) y por su
propio régimen jurídico; con ello, en vez de existir simplemente fincas, existen cuerpos ciertos. Y de esta manera la finalidad
social y económica se pone en relación con el régimen
jurídico 29. Posteriormente, este concepto, descargado de su
contenido ideológico, se ha mantenido entre los civilistas
elementos más representativos de la época 30 y viene difundido
por R. SAVATIER, en Francia" y por S. PUGL[ATTI, en
Italia 32.
Pues bien, éste criterio de incorporar la función al
concepto de la cosa, como objeto de los derechos, es el que
debe de presidir la regulación especial de la propiedad agraria,
en la medida en que pueda llevarse a cabo y en el sentido que
aquí nos interesa y que se traduce en la disciplina de las
unidades agrarias ( unidades de colonización, fincas de reemplazo en Concentración Parcelaria, unidades mínimas de cultivo,
etc.), porque tratar de realizar otra cosa es poco menos que
imposible en el contexto actual, de acuerdo con los presupuestos políticos e ideológicos que sirven de base a nuestro
ordenamiento jurídico, cimentado en el respeto a la propiedad
privada. Por eso, los excesos retóricos en que se incurre cuando
se habla de la funetón social de la propiedad carece aquí de
sentido 33 , ya que en relación con el tema que nos ocupa su
incidencia se traduce en meras lirnitaeiones que fundamentalmente transcienden al objeto y que, en esencia, afectan muy
poco a su contenido. Así, en efecto, la disciplina de las
unidades agrarias limita el ius disponendi del propietario,
mediante el establecimiento de su individualiddad y es,
precisamente, esta individualidad de las fincas, (unidades
agrarias) consideradas como elementos fundamentales de la
explotación agrícola, un factor decisivo que contribuye de
manera eficaz al mantenimiento y a la conservación de la
propia explotación.
24
3.
Las unidades mínimas de cultivo. Delimitación de la
ma teria
EI criterio de las unidades agrarias, por una parte, viene a
ser expresión de los diversos tipos de acción y de intervención
en la propiedad rural y se traduce en la imposición de una seríe
de limitaciones que vienen presididas por el establecimiento de
la indivisibilidad de tales unidades agrarias, según sus diversos
tipos (huertos familiares, fincas de remplazo, unidades de
colonización, etc.)34. Pero, por otra, traduce al plano jurídico,
no sólo la preocupación por conservar lo realizado mediante la
actuación o intervención pública, sino también el criterio
económico de la unidad óptima de cultivo35, criterio necesariamente cambiante y que resulta difícil de delimitar'6 , por ello
se traduce, unicamente, en el plano jurídico, la unidad óptima
de cultivo, en símple unidad mínima.
Ahora bien, a nosotros, de entre los tipos de unidades
agrarias, solamente nos interesan aquí las que puedan ser
objeto de aplicación general, dejando a un lado aquellas que
desarrollan su eficacia dentro de una regulación especial
(Concentración Parceiaria, colonización, etc.) 37 , es decir,
limitándonos al régimen de las unidades mínimas de cultivo.
Sin embargo, tenemos que observar que este régimen
tiene su origen, en relación con su transcendencia evolutiva
para una aplicación de carácter general, en nuestra legislación,
en la Concentraci^n Parcelaria. Esto es lógico dada la finalidad
de la Concentración Parcelaria, al tratar de combatir el
excesivo fraccionamiento de la propiedad, lo que exige el
mantenimiento de las unidades agrarias logradas con la
reorganización de la propiedad y, por ello, el régimen de la
concentración tiene que llevar implícito el carácter de indivisibilidad de las nuevas fincas surgidas de esta actuación 3B .
Así se dispone, por el art. 72 de la Ley de Concentración
Parcelaria, texto refundido de 8 de noviembre de 1962, que
"las fincas de extensión i$ual o inferior a la fijada para la
unidad mínima de cultivo tendrán la consideración de cosas
indivisibles y la parcelación de predios de extensión superior a
dicha unidad sólo será válida cuando no dé origen a parcelas de
extensión inferior a ella". Cabe dividirla, no obstante, ctando
lugar a parcelas de extensión inferior, cuando éstas se
zs
adquieran simultáneamente por propietarios de terrenos colíndantes para unirlas a las que posean, formando una nueva finca
que cubra la superficie de la unidad. También es posible la
segregación para edificar. Por otra parte, la ley sanciona con la
nulidad los actos jurídicos que contravengan las anteriores
disposicíones sobre índivisibilidad de las fincas concentradas,
ordenando a los tribunales y autoridades se abstengan de
reconocer efectos jurídicos a tales actos (art. 73)39 .
Pero ya antes de publicarse el texto refundido citado y
casi imnediatamente de iniciarse las tareas de concentración
parcelaria, teniendo en cuenta que esta ardua tarea de
concentración no se puede llevar a cabo a un tiempo en todo el
territorio nacional, sino progresivamente, se dictaron normas
de carácter general que trataran de evitar el fraccionamiento de
la propiedad rústica más allá del límite mínimo agrícolamente
adecuado, por el medio jurídico de considerat como indivisibles las parcelas de extensión igual o inferior a dicho límite.
El primer texto que se dictó sobre el particular fue la Ley
de 15 de julio de 1954, sobre fijación de unidades minimas de
cultivo, en cuyo desarrollo se dictaron, después, otras disposiciones. Así, ei Decreto de 23 de marzo de 1955, que señala
los límites máximo y mínimo entre los cuales se ha de fijar la
extensión de las unidades mínimas de cultivo en cada provincia
por la comisión que se constituya, para que el Ministerio de
Agricultura a 1a vista de esos informes, fije la unidad mínima
de cultivo en cada comarca, señalando mientras tanto un tope
mínimo, y otras disposiciones posteriores de menor importanciaao ,
Posteríormente se publícó la Ley de explotacíones famíliares indz^isibles de 14 de abril de 1962, que prevé la
derogaciQn ^de la anterior una vez que se haya determinado en
todo el territorio nacional la superficie correspondiente a las
explotaci^nes familiares en cada provincia, superficie que
sustituirá automáticamente a la unidad mínima de cultivo
señalada según la Ley anterior citada (art. 8). ^
Pero esta regulación de explotaciones familiares indivisibles, introduce un elemento perturbador en la disciplina de la
protección de las unidades agrarias, por querer ir demasiado
lejos, ya que en este sentido del derecho imperativo y de la
regulación estática de los elementos que componen la explo-
26
tación, la regulación, sobre todo, debe ser clara si se quiere que
sea efectiva. Por otra parte, incide en ella la sugestión evidente
de la que se dejó arrastrar el legislador del régimen del
patrimonio familiar, institución que debe quedar relegada al
ámbito del Derecho de colonización y que por su peculiar
naturaleza nunca puede resultar, ni siquiera entonces, en 1962,
un esquema que pueda extenderse al ámbito general. Mucho
más resulta hoy todo ésto anacrónico al mantener, en la
legislación actual, (muy necesitada de orientarse a proteger la
agricultura, conforme a las exigencias de la política general del
Desarrollo económico y social), criterios tan superados como
los que encontramos en esta Ley cuando se alude en su
exposición de motivos al haber tenido en cuenta "el decoroso
sustento de la familia campesina" con un sentido "hondamente social", y, en su parte dispositiva, que el Ministerio de
Agricultura señalará la superficie mínima que corresponde a
una explotación familiar dentro de cada zona o comarca,
siendo dicha superficie "la que, teniendo en cuenta los diversos
cultivos y rendimientos, permita un nivel de vida decoroso y
digno a una familia laboral tipo, que cuente con dos unidades
de trabajo y que cultive directa y personalmente" (art. 1°).
Con todo, los defectos de técnica de esta Ley de
explotaciones familiares mínimas no se agotan en las precedentes consideraciones y a ella volveremos más adelante. Baste
aquí decir que se trata de una regulación que trata de proteger
el tráfico de fincas rústicas, no hay por qué hablar de
explotaciones. Por eso, porque no se cumplieron las obligaciones que asumía el Ministerio de Agricultura, en cumplimiento de lo dispuesto en la Ley, y porque la realidad social y
económica se orientaba hacia otros derroteros, distintos de la
protección del cultivo directo y personal, se puede decir que
esta Ley no ha tenido aplicación, salvo en las normas concretas
que se refieren a la indivisibilidad de las fincas (art. 6° );
estableciendo como sanción un derecho de adquisición preferente, en favor de los colindantes (arts. 3 y 4 de la Ley de 15
de julio de 1954) y una expropiación en favor del Ministerio
de Agricultura, para luego ceder a los colindantes (arts. 5° de
la Ley de 14 de abril de 1962), procedimiento indirecto que
no parece que ofrezca muchas ventajas, salvo en lo que puede
referirse al precio de la adquisición.
27
Por ello, con muy buen acuerdo, la Ley de reforma y
desarrollo agrario, texto refundido de 12 de enero de 1973, ha
vuelto en buena parte al criterio de la Ley de I S de julio de
1954, estableciendo una regulación que es digna de toda
alabanza, por su estilo progresivo, por la profundidad de su
ámbito o alcance y por la sencillez de los medios que pone en
juego, quedando en el aire si se halla vigente la Ley de 14 de
abril de 1962, sobre explotaciones familiares indivisíbles, ya
que el citado texto refundido no comprende esta ley en su
disposición final derogatoria, aunque por razón de la contrariedad en la materia creemos que se halla derogada, o al menos lo
está dentro del ámbito que nos ocupa, es decir, en cuanto a las
normas que se refieren a los elementos de la explotación
(unidades mínimas), no en cuanto a la explotación misma. De
aquéllas vamos a ocuparnos seguidamente.
4.
Régimen jurídico del control de tráfico de fincas rústieas
Este régimen jurídico puede tener un significado mucho
más amplio y referirse, no solamente a la protección de las
unidades mínimas, actuando también sobre las titularidades de
uso y disfrute que recaen sobre las fincas, con lo que nos
acercamos a otros aspectos de la protección de la explotación,
a los que luego vamos a referirnos, guardando relación también
con el control posíble sobre los precios, lo que puede tener una
trascendencia extraordinaria en conexión con el crédito
agrario y, en fin, con una cierta actuación de la actividad
pública, a la que más adelan#e aludiremos igualmente, aunque
sea de pasada41 .
De momento, vamos a limitarnos al régimen vigente sobre
unidades mínimas de cultivo, establecido en los arts. 43 y
siguientes de la Ley de Reforma y Desarrollo Agrario.
El primero de los preceptos citados (art. 43-1°), se refiere
a la fijación y revísíón por el Gobierno de la extensión de la
unidad mínima de cultivo, determinando, en su núm. 2°, un
criterio progresivo, distinto al de la legislación anterior, que
merece todos los elogios cuando establece que "dicha extensión será la suficiente para que las labores fundamentales,
utilizando los medios normales de producción, puedan llevarse
zg
a cabo con un rendimiento satisfactorio, tenindo en cuenta las
características de la agricultura en la comarca".
El art. 44, mantiene sustancialmente la disciplina anterior
en cuanto a la indivisibilidad de las unidades mínimas de
cultivo, con las excepciones que venían recogídas en aquella
legislación. Por su parte, el art. 45, modaliza la sanción a la
infracción legal, configurando un dereeho de adquisición
preferente, semejante al retracto de colindantes, y que sería de
desear que, en la revisión que se Ileve a cabo algún día del
Código civil, se agregue a los arts. 1523 y 1524 del mismo. AI
primero por cuanto se establece un retraeto espeeial de
colindantes y se dictan normas de concurrencia, y al segundo,
por cuanto se establece un plaxo diferente para el ejercicio de
la acción correspondiente. Todo esto si no se quiere hacer una
redacción nueva de los preceptos del Código, lo que sería
mucho más interesante, ya que las normas del art. 45 hay que
entender son de aplicación general.
Por otra parte, es muy interesante el art. 46 y que, dentro
de las normas de esta regulación, entra de lleno en las que han
de tener una evidente trascendencia para la conservación,
indirectamente, de la unidad de la explotación agrícola a través
de la transmisión mortis causa". De ella nos ocuparemos en su
lugar oportuno; baste hacer constar aquí su oportunidad, ya
que, como hemos dicho, una regulación protectora de las
unidades agrarías debe dejar sentir toda su fuerza en cualquier
grado en que se plantee el tráfico jurídico que haya de ser
controlado. Por eso la especificación que contine ese precepto
es digno de toda alabanza42.
Las normas del art. 47 son también la cristalización de
normas anteriores y merecen el mismo elogio, al trasladar al
plano registral, que cada día ha de tener mayor importancia en
relación con una agricultura en desarrollo, las indicaciones que,
indudablemente, pueden favorecer la observancia de una
dísciplina, aunque por tratarse de limitaciones legales de la
propiedad, para su eficacia no necesitan de constancia registral
(art. 26-1° LH.), lo que viene a reconocer con parecido
carácter el propio art. 47-2° citado.
Por último, no me parece acertado, sin embargo, el art.
48, al elegir como procedimiento breve y sencillo uno que no
lo es tanto, como el establecido para los incidentes en la Ley
29
de Enjuiciamiento civil, porque para ello hubiera sido preferible acudir al juicio declarativo ordinario que por su cuantía
corresponda, que en muchos casos sería el juicio de cognición.
Por todo ello es de meditar si no sería interesante establecer un
procedimiento judicial agrario, con conciiiación facultativa u
obligatoria ante la Hermandad Sindical, que se desenvolviera
por los trámites de juicio verbal el Juzgado de Primera
Instancia y con apelación a la Audiencia Territorial y que
pudiera aplicarse para este caso y para tantos otros como
pudieran surgir.
Con estas normas podemos decir que se agotan, en
nuestro ordenamiento, las relativas ai control de tráfico de las
fincas rústicas y, sin embargo, sería interesante que se pensara
en su extensión a otros campos. En relación con las titularidades de uso y disfrute de la tierra tendremos ocasión de
aludir a ello seguidamente, bajo el epígrafe, al aludir a la
disciplina jurídica de la explotación agrícola. Pero sería muy
interesante referir ese control, en relación con el crédito
agrario y en relación con cierta actuación de la intervención
pública que podría asumir el Instituto Nacional de Reforma y
Desarrollo Agrario.
En relación con el crédito agrario, la política crediticia
relacionada con la adquisición de fincas rústicas sigue unos
criterios desafortunados y un tanto arcaicos, al referirse al
valor catastral de las fincas43. Una preocupación de este tipo
aflora sin duda en la Ley de explotaciones familiares indivisibles (art. 5° ), al canalizar la sanción en la posibilidad de actuar
el propio Ministerio de Agricultura la expropiación, para
después ceder las fincas por su justo precio a los colindantes.
Pero este procedimiento no parece adecuado y por eso lo
hemos criticado anteriormente, porque a pesar de los plazos
largos que se establecen sería preferible siempre la actuación
directa de los particulares y así aparece, actualrnente, en el art.
45-1° de la Ley de Reforma y Desarrollo Agrario. Basta con
que se canalicen las posibilidades de crédito (tanto oficial
como privado) para estas actuaciones, lo que no sería difícil de
articular, ya que, por otra parte, no creo que esto vaya a
trastornar mucho una política general de crédito.
Por lo que respecta a la acción e intervención pública en
relación con el control de tráfico de las fincas rústica ^, existen
30
unas posibilidades insospechadas, ya que el propio IRYDA u
otro ente público podrían intervenir en éste tráfico adquiriendo heredades y explotaciones para concederlas en acceso a la
propiedad a jóvenes cultivadores que acreditaran su capacitación agrícola. Los términos de la acción y de la intervención
son mínimos; sólo sería preciso un pequeño capital circulante
y se podría combinar con la jubilación anticipada de los
agricultores propietarios de fincas o de explotaciones, que en
ocasiones ni siquiera desean que se les pague el total del precio
de la enajenación de sus tierras, sino una parte, combinando el
resto con una renta vitalicia y el remanente dejándolo en
beneficio de sus herederos, con lo que se podría facilitar la
financiación y a la larga renovar la competencia, mentalidad y
preparación de nuestro campesinado. Siendo en este sentido,
de sumo interés la actuación en Francia de la SAFERaa
Con esto pasamos a considerar el cuadro de las normas
jurídicas aplicables a la proteccíbn de la explotación agrícola,
siguiendo el criterio que inicialmente hemos establecido.
5.
Normativa jurídica de ia "explotación agfcola". Renuncia a un planteamiento unitario y soluciones parciales.
Ya hemos visto en los epígrafes precedentes que el
presupuesto previo de una normativa jurídica de la explotación
agrícola viene constituído por la protección que cabe exigir a
las unidades agrarias, mediante el reconocimiento de su
indivisibilidad, porque éste es el medio más adecuado de
proteger a uno de los elementos más importantes de la explotación: la finca rústica.
Pero ya hemos visto que, paralelamente a ésta protección,
se proyecta jurídicamente otra, mediante el reconocimiento de
un nuevo retracto de colindantes, que contribuye a suministrar, para el caso de incumplimiento de las obligaciones que
asume la función socia! de los predios rústicos, mediante este
derecho de adquisición preferente en beneficio de una
explotación ya existente, un medio indirecto de hacerla viable,
o de coritribuir a que lo sea.
Todo esto, nos confirma en la idea, ya apuntada, de que
la proteccibn de la explotación agrícola debe partir del criterio
31
de la ^nca funcional, criterio que hay que mantener en
cualquiera de los aspectos en que se desarrolle el tráfico
jurídico y, desde ahí, ir ascendiendo en la medida de lo posible
a la protección de la actividad agraria, porque es la actividad la
que da sentido y contenido propio a la explotación.
Por eso, el primer estadio intermedio en este tránsito
viene representado por el concepto de fundus, como el más
próximo a la unidad agraria pero que transciende ya a la idea
de explotación. Concepto que acoge ya nuestra Ley Hipotecaria, en su art. 8-2° y que tiene un claro abolengo romanoaa bis;
manifestándose en la sumisión de las cosas, por su dueño, a
una actividad, lo que adquiere, por otra parte, un claro
significado en el tráfico jurídico, que hay que potenciar al
máximo, ya que el destino de las cosas sigue el curso de una
convicción social, o el hábito creado por la costumbreas^ y
et^ este sentido se comprende en el concepto de fundus,
solamente la tierra o el suelo, sino también aquellas cosas,
generalmente muebles, que se destinan al servicio del mismo, el
instrumentum fundi ab.
Este concepto de fundus instructus se halla acogido en el
propio Código civil, cuando al establecer qué son bienes
inmuebles, el art. 334, en su apartado 5° , dispone que: "Las
máquinas, vasos, instrumentos o utensilios destinados por el
propietario de la finca a la industria o explotación que se
realice en un edificio o heredad, y que directamente concurran
a satisfacer las necesidades de la explotación misma", tendrán
.
tal consideración.
Como vemos, es la idea de destino del dueño en la que se
basa esta construcción; ahora bien esta determinación sigue
perteneciendo al aspecto estático de la regulación de la
explotación y ya sabemos que donde tenemos que encontrar la
verdadera transcendencia de la protección de la explotación es
en su aspecto dinámico.
En éste sentido, existen también en el plano del Derecho
civil algunas aplicaciones muy interesantes. Én primer lugar
nos encontramos con la norma del art. 401 Cc., en materia de
la acción de división que corresponde a todo copropietario
(art. 400) con la excepción de la indivisibilidad funcional de la
cosa, ya que este precepto establece: "Sin embargo de lo
dispuesto en el artículo anterior, los copropietarios no podrán
32
exigir la división de la cosa común, cuando de hacerla resulte
inservible para el uso a que se destina". Norma que, ciertamente, también podría ponerse en reiación con las unidades
mínimas de cultivo, en el sentido que antes hemos indicado,
pero que nos hemos reservado para citarla en este lugar,
porque no solamente puede ser referida a los elementos de la
explotación, sino también a la explotacivn misma. Por otra
parte, este precepto (art. 401-i°Cc.), tiene su repercusión en
materia de participación de herencia, en el art. 1062-1° Ce.,
produciéndose en ambos, paralelamente, el mismo efecto: la
modificación sustantiva del alcance de la acción de división,
como ponen de relieve los art. 404 Cc.°' y 1062-2° Cc.aa
aunque sus efectos en relación a la explotación, ofrecen un
alcance más limitado, en la esfera del art. 1062-1 °, a pesar de
la incidencia del art. 46 de la Ley de Reforma y Desarrollo
Agrario (o precisamente por ello, ya que esta norma se refiere
a fincas str-ictu sensu), que en la esfera del art. 401-1° donde,
por los términos tan amplios del precepto y por relación con el
art. 334-5° , se puede extender a explotaciones, según ha
reconocido la propia jurisprudencia, en diversas ocasiones.
En segundo lugar, tenemos también la norma, aunque sea
limitativa por lo que se refiere a la responsabilidad hipotecaria,
del art. 111 LH.49, pero que responde, sin embargo, al mismo
criterio. Y ya, por último, con el art. 1056-2° Cc., al que antes
hemos aludido, en materia de partición del padre en favor de
sus hijos,y los art. 821 y 822, en materia de mejora50 , a los
que nos referimos más adelante.
No eabe duda, pues, que el concepto se halla vivo en
nuestro ordenamiento; ahora bien, desde un punto de vista
estático, no podemos conseguir mucho más; por ello, lo que
debe hacerse, desde el punto de vista de la política legislativa,
es acentuar la protección de. la explotación agrícola, desde su
aspecto dinámico, desarrollando ai máximo las posibilidades
que ofrecen los supuestos ya admitidos, o ayuellos otros en
que se halla admitido solamente el principio, en los que el
legislador no irá contra la conciencia social, porque únicamente se limita a llevar a cabo un desenvolvimiento técnico de algo
que ya está formulado en el propio ordenamiento.
Pero no vale un criterio general, ni tampoco tratar de
traducir al plano jurfdico, sin la tecnificación debida, exigen-
33
cias de orden social o económico, como sucedió con la Ley de
explotaciones familiares mínimas de 14 de abril de 1962, que
pretendiendo proteger a las explotaciones, no consiguió llevar
la protección más allá de la protección de uno de sus
elementos, la finca rústicas'; por eso, es preferible renunciar a
un planteamiento unitario y acudir a soluciones parciales.
Así, en materia de contratos agrarios, hay que contemplar
como esencia que éstos deben de ser contratos para la empresa,
es decir, su finalidad debe ser la ereación de explotaciones
basadas sobre el uso y disfrute de un fundo ajeno. Ciertamente
yue, este criterio, como la doctrina ha puesto de relieve,
aparece ya en nuestro ordenamiento jurídico desde la Ley de
15 de marzo de 193552, pero en una reforma futura de los
arrendamientos rústicos debe sacarse el mayor partido de esta
idea directiva, procurando la estabilidad del arrendatario por la
larga duración del arrendamiento y por su derecho a llevar a
cabo mejoras (culturales, como mera facultad derivada del
arrendamiento, fundiaria ^, con facultad de coerción al propietario por el interés de la finca y de la agricultura). Pero
introduciendo, también, instituciones que protejan, típícamente, el carácter que como explotación o empresa haya tomado
el derecho arrendaticio: así la sucesión del mismo, mediante
traspaso a favor de otro agricultor, o la cesión por el padre a
uno de sus hijos, por actos "inter vivos" o"mortis causa" y
con independencia de la sucesión en el arrendarniento, o mejor
dicho, aparte del reconocimiento de esta sucesión "mortis
causa", ya reconocido en la legislación vigente, con lo que se
favorece, extraordinariamente, el mantenimiento de la unídad
de la explotación a través de la sucesión "mortis causa", como
analizaremos en su momento oportuno y, en fin, permitiendo
la cesión de ía explotación a una explotación comunitaria,
siempre que el arrendatario siga prestando su trabajo dentro de
la misma, con lo que se favorece la agrupación de explotaciones y su conservación, a través de su viabilidad económica.
De todas estas formas, la cesión por traspaso supone no
sólo la posibilidad de introducir una movilidad en la relación
arrendaticia, afectada, actualmente, de una rigidez excesiva
que no se compagina con las necesidades de una agricultura en
desarrollo, sino que, también, se introduce un elemento de
capitalización del arrendamiento, al llevar a cabo la cesión
34
mediante precio que a través de la inscripción del arrendamiento suministra a éste un valor, que permitiría su hipotecabilidad, como ha sucedido con la posibilidad de hipotecar el
establecimiento mercantil S', con lo que se le abren al
arrendamiento las posibitidades del crédito territorial.
En este mismo sentido, la intervención de mejoras,
especiatmente por lo que se refiere a las mejoras fundiariassa
llevaría consigo, en una futura regulación de los arrendamientos rústicos, no solamente una repercusión en la duración
del arrendamiento, o el establecimíento de un sistema de
indemnizaciones en favor del arrendatario mejorante, sino
también la posibilidad de transformación del propio arrendamiento, mediante su inscripción en el Registro de la Propiedad,
en un derecho de vuelo o superficie (semejante al contemplado
en e1 art. 30-2° Reglamento Hipotecario), o, si se prefiere la
posibilidad de yuxtaponer al derecho arrendaticio una relación
jurídico-real, de la naturaleza indicada, con lo que la realización de mejoras encontraría una posibilidad inédita de crédito
territorial.
Por otra parte, se podría llevar a cabo, también, en una
futura ordenacibn de los arrendamientos rústicos, el acercamiento entre este esquema regulativo y el de arrendamiento de
industriass, sobre todo en relación con los arrendamientos de
finca rústica para aprovechamiento forestal y ganadero, donde
las razones mísmas de este aprovechamiento no aconsejan
establecer una larga duración del disfrute arrendaticio, con
excepción de los arrendamientos en que el arrendatario vaya a
crear una industria forestal o ganadera, en cuyo caso el
arrendamiento debe de ser de larga duración y contar el
arrendatario con los derechos de cesión que anteriormente
hemos indicado.
Por último, en una regulacián de arrendamientos rústicos,
no debe establecerse tampoco una discriminación por el hecho
de que el contrato esté concertado entre familiares, en el
sentido del art. 1-3° de la vigente Ley de 1935, ya que razones
de justicia o de equidad aconsejan no establecer ninguna
distinción. Pero es que, además, homologados estos arrendamientos, el agricultor propietario puede mantener indivisa su
explotación, en el momento de su retiro, arrendando a uno de
35
sus hijos o descendientes, incluso con efectos que, indirectamente, van más allá de su progia muerte.
Estas ideas, como vemos, inciden en la dinámica de la
explotación y sirven para proteger su tráfico jurídico, que es
tanto como decir su reconocimiento y su protección. Si estas
medidas se completan o complementan con otras, en el campo
de la transmisión "mortis causa", a imagen de las que se van
produciendo en el Derecho de colonización (protección del
patrimonio familiar, de las concesiones de tierras y de las
explotaciones formadas con tierras adjudicadas)56, o aprovechando las posibilidades que ofrecen algunas instituciones del
Derecho común o foral, con muy escasas modificaciones
legales sobre los criterios establecidos en la ordenación vigente,
y si se retocan parcialmente también algunos aspectos del
régimen económico familiar, nos encontraremos con una
protección suficientemente amplia para el desarrollo y mejora
de la explotación agrícola, para que, realmente, pueda responder a las exigencias que le impone la coyuntura económica en
que ha de desenvolverse; que es, en definitiva, lo que hay que
alcanzar, lo que una política legislativa, en el momento actual,
debe conseguir.
Pero en esto, no hay que olvidar que, sometida la
actividad privada a la acción y a la intervención pública, como
instrumento de promoción y de desarrollo, no se puede olvidar
tampoco, de una parte, la revisión de la actuación pública en
relación con la llamada agricultura de grupo, que de una vez
para siempre debe de abandonar los criterios inoperantes de la
llamada agricultura asociativa, criterio que se debe de sustituir
por el de la agricultura comunitaria, ya que ofrece una base
jurídica más firme, mediante el esquema del arrendamiento
colectivos' ; y si se quiere seguir hablando de agricultura
asociativa, deben de tomarse en serio las exigencias de una
tecnificación jurídica de los tipos asociativos posibles, no
olvidando las fórmulas ya existentes (como la aparcería
comunitaria de naturaleza asociativa, pero distinta del contrato
de sociedad, contemplada en el art. 43 y siguientes de la Ley
de 15 de marzo de 1935 y en el art. 1579 Cc. y a la que ha
llamado en otras ocasiones, aparecería múltiplessa). Par otra
parte, los criterios de protección de la explotación deben
tomarse en cuenta en una disciplina, tan abandonada, pobre y
36
fragmentaria, como es la del crédito agrario, cuestión que
exigiría una ley especial que refundiera lo ya existente y que
diera un paso más, utilizando todos los criterios que, en
beneficio y en interés de la explotación, se van desarrollando
aunque fragmentariamente en el vasto campo del Derecho
agrario. No hay que olvidar que el cultivador, por realista, es
muy sensible a este retraso de nuestra legislación de crédito
agrario. No es que no exista el crédito agrario, pero debe de
estructurarse de una manera reflexiva, de acuerdo con los
sujetos, los objetos, y los fines de la agricultura y, naturalmente, de todo ello no puede estar ausente la explotación
a,grfcola, como clave de bóveda que reúne la actividad y los
objetos que son materia de tráfíco de esa misma actividad.
Es decir, debe aspirarse a una regulación orgánica del
crédito agrario, porque no basta la repercusión en este campo
de unos criterios de política económica que se traducen en
normas de puro Derecho, sin que se materialicen institucionalmente en relación con los diversos elementos de la
explotación. No cabe duda que este conjunto de normas de
actuación y de intervención en la iniciativa privada, de
canalización de recursos económicos y técnicos, es una
exigencia de la planificación, pero hay que procurar su
adecuación efectiva a los medios ya establecidos en la
actuación privada que son los elementos de la explotación. El
Derecho económico es necesario, incluso en sus fundamentos
se halla en la base del propio Derecho agrario, pero más que
cualquier otro ordenamiento su actuación concreta, en la
realidad social, depende de su racionulidad, sin la que no cabe
se puedan obtener, no ya los frutos deseados, sino los mínimos
que cabe esperar. Por eso, la actuación técnica y la actuación
económica (inversiones, auxilios, etc.) debe de estar intimamente adecuada a las condiciones jurídicas materiales del
sector sobre el que actúa.
A este orden de cosas pertenece la normativa de la
ordenación rural y, actualmente, en la terminología de la Ley
de Reforma y Desanollo Agrario, a las zonas de ordenación de
explotación59, que responde, de un lado, a las exigencias de la
actuación por la técnica de la planificación y, de otro, al
fomento y orientacibn de una actividad, pero como una y otra
dependen de las condiciones jurídicas materiales de la iniciati-
37
va privada y de la propia estructura económico-social del
sector, no hay más remedio que referirlas, cada vez de forma
más estrecha, a la explotación,- por eso, la terminología legal
apunta una tendencia, que es digna de toda alabanza, sin que
por ello deje de inquietar la necesidad apremiante de esa
adecuación que cada vez tiene que ser más perfecta, para que
pueda ser más eficaz. Por eso, esta adecuación es obra de
juristas, no sólo de economistas o de técnicosbo
NOTAS AL CAPITULO I
(1)
Vid. J.L. DE LOS MOZOS, Estudios de Derecho agrario, Madrid,
1972, 31 y ss. y allí, referencias a la doctrina más reciente.
(2) Esta idea constituye la tesis fundamental del pensamiento de A.
CARROZZA, La nozione di agrarietá: Fondamento ed estensione.
Ponencia General al tema B), en las "Jornadas italo-españolas de
Derecho agrario", Salamanca-Valladolid, del 5 a19 de noviembre de
1972.
(3) CALVO ALFAGEME, La empresa mercanti! como objeto de
negocios jurídicos, en AAMN, 1943, 555 y ss.; MUÑOZ CAMPOS
y CEREZO CARRA$CO, Concepto jurisprudencial de la ernpresa a
efectos arrendaticios, en RDMer., 1955, 245 y ss.; y A. POLO. La
empresa como objeto del tráfrco jurtdieo, en RDP., 1946, 563 y ss.;
aparte de la referencia al tema en obras generales.
(4) Sobre todo, el texto de ULPIANO (D, 33, 7, 8, pr.).
(5) Vid. especialmente, II fondo' nei suoi aspettl giuridici, en `Scritti
di Diritto agrario", Milano, 1963, 281 y ss.
(6) Vid. J.L. DE LOS MOZOS, Adiciones a CASTAN TOBEÑAS,
Derecho civil español, común y foral, I-2, 11 a ed., Madrid, 1971,
902 y ss.
(7) Cfr.-- "El padre que en interés de la familia quiera conservar
indivisa una explotación agrícola, industrial o fabril,.podrá usar de
la facultad concedida en este artículo -(es decir, de la partición del
testador) -, disponiendo que se satisfaga en metálico su legítima a
los demás hijos.
(8) J.L. DE LOS MOZOS, en Estudios, cit., 31 y ss.
(9) Les métamorphoses économiques et sociales du Droit privé
d'aujourd'hui, 3.a serie, Aproffondissement d'un Droit renouvelé.
Paris, 1959, 100 y ss.
(10) De este modo,el carácter especial de la finca rústica repercute en la
explotación agrícola, al ser aquélla uno de los eleméntos más
importantes de ésta.
40
(11) Por todos, el Prof. F. DE CASTRO, Derecho civil de España, 1; 3a
ed., Madrid, 1955, 183, alude a los diversos significados de esta
adjetivación,
(i2) Me refiero a! principio radicalmente opuesto al yue se acoge el
Derecho socialista, que para corregir la comercialización del
Dereclio privado suprime la iniciativa privada en la vida económica,
atribuyendo a la comunidad, representada por la Nación, la
titularidad y el ejercicio sobre las fuentes de riqueza.
(13) En Nuestra doctrina, A. LUNA SERRANO,EI patrimo^iio familiar,
Roma-Madrid, 1962, 110 y ss.; G. GARC lA CANTERO, Notas
sobre la individualizacitin de fincas, en ADC, 18 (1965), 853 y ss.;
y allí, más referencias.
(14) Así establece nuestro sistema que finca es todo lo que abre folio
registral (art. 7° y siguientes de la LH. y concordantes de la L. y
RH.).
(15) Así, SAVATIER,op. cit, 108 y ss.
(16) CARCIA CANTERO, Op. cit., en ADC, 18(1965), 853 y ss.
(17) Esto se agrava en nuestro Derecho por la falta de concordancia
entre el Registro y la realidad y porque la fe pública registral se
refiere fundamentalmente a la existencia y titularidad del derecho
en la forma que resulte de la inscripción (art. 38 LH.).
(18) Arts. 8-4° y 5° LH. y 334-10° Cc.
ll9) Criterio que se mantiene en el vigente Reglamento de 30 de abril de
1959 (art. 2°), predominando sobre cualquiera otro: LUNA
SERRANO-FERNANDEZ BOADO, en Coloquios sobre problemas
de la Ley del Suelo (Jornadas de Derecho civil de la Universidad de
Valladolid), .tifadrid, 1965, 64 y SS.
(20) G. BOLLA, Ibid, y La disciplina giuridica del ' fondo"come unitá
agraria, en "Scritti", cit. 449 y ss.
(21) Para esto, sobre todo, K. RENNER, The Institutions of Private
Law, trad. ingl., London, 1949, 70 y ss. y 81 ss.
(22) Aparte de las grandes monografías y tratados de este autor, vid. Die
soziale Aufgabe des Privatrechts, Berlín, 1889 (reimp. Frankfurt.
a.M., 1948).
(23) Para esto, entre otros: S. RODATA, Note critiche in tema di
proprietá, en RDPC, 14-2(1960), 1323 y ss.; S. PUGLIATTI,Beni
e cosa in senso giuridico, Milano, 1962, 8 y ss.; G.S. COCO, Crisi ed
evoluzione nel diritto di proprietá, Milano, 1965, 219 y ss.; etc.
(24) Vid. especialmente la colección de estudios publicados bajo la
41
dirección de J.H. KAISER, Planung, 1(Recht und Politik der
Planung in Wirtschaft und GessellschaftJ, Baden-Baden, 1965.
(25) THERRY, habla de una propiedad rejuvenecida, revigorizada por
su vinculación al trabajo, con la actividad concreta de los hombres:
la utiliaación deviene la condición, hasta e] fundamento del señorío
de las cosas (De 1`utilissation á la proprieté des choses, en Etudes
offertes a G. Ripert, II, Paris, 1950, 20). También en un sentido
muy general, F. WIEACKER, afirma como un fenómeno general
del Derecho moderno, el nacimiento de un pluralismo jurídico
congruente con un pluralismo económico, Privatrechtsgeschichts
der Neuzeit, Gbttingen, 1967, 656 y ss.
(26) J.L. DE LOS MOZOS - F.C. SAINZ DE ROBLES, Limitaciones y
modificaciones de los derechos reales inmobiliarios por razón de
turismo, en RDU, 6(1968), 48 y ss. En un sentido equivalente el
maestro DE CASTRO, ha señalado que "la gran novedad del
Derecho agrario está en la calificación discriminadora de las fincas"
(El Derecho agrario en España, en ADC, 7(1954), 397).
(27) Sobre el régimen de 1a propiedad concentrada, la disciplina de
concentración parcelaria, ha establecido disposiciones concretas en
este mismo sentido que actualmente se recogen en los arts. 235 y
siguientes de la Ley de Reforma y Desarrollo agrario refiriéndose,
concretamente, a la concordancia entre Catastro y Registro, el art.
237.
(28) En otro sentido y para hacer efectivas ciertas limitaciones de la
propiedad urbana, se creó el Registro de Solares de Edificación
forzosa (aunque ya existía con anterioridad a la ley cítada en el
texto) y con una técnica parecida, la Ley de Comarcas y Fincas
Mejorables ha establecido el Catálogo de fincas rústicas de mejora
forzosa (arts. 150 y siguientes de la Ley de Reforma y Desarrollo
agrario).
(29} Bodenrecht statt Grundst^ckrecht, en ZSS, róm. abt., 97(1938),
427 y ss.
(30) WESTERMANN, Sachenrecht, Karlsruhe, 1960, 36 y ss.; F. BAUR,
Lehrbu^h des Sachenrechts, Munchen, 1970, 239 y ss.
(31) Aparte de las referencias anteriores, en que se pueden también
encontrar referencias a esta doctrina, vid. vers des nouveaux
aspects de la conception et de la classiJ^cation des biens corporels,
en RTDC, 57(1958), 1 y ss.
(32) Ya desde La proprietá nel nuovo diritto, Milano, 1954, 318 y ss. y
la mayor parte de los agraristas italianos.
42
(33 ) Sin embargo, la Ley de Comarcas y Fincas Mejorables y,
actualmente, el art. 2° de la Ley de Reforma y Desarrollo agrario,
siguen utilizando este concepto, definiendo una serie de obligaciones de carácter general, por aquello de que, como consecuencia de
la función social de la propiedad, ésta obliga, lo que no deja de ser
cierto en el plano teórico, aunque la eficacia de las normas jurídicas
sabido es que no depende de la declaración por el legislador de una
serie de principios generales, que se encuentran mejor en las normas
del Derecho constitucional, sino de la instrumentación en concreto,
conforme a las exigencias técnicas de la regulación que se establece,
de tales "obligaciones" o mejor dicho limitaciones, ya que aquéllas
no pueden instrumentarse más que por este cauce, pues, en la
técnica jurídica el término obligación ( aunque se trate de obligación propter rem, o precisamente por ello) tiene un significado
preciso.
(47) Cfr. "Cuando la cosa fuere esencialmente indivisible, y los
condueños no convinieren que se adjudique a uno de ellos
indemnizando a los demás, se venderá y repartirá su precio".
(48) Cfr. "Pero bastará que uno sólo de los herederos pida su venta en
pública subasta, y con admisión de licitadores extraños, para que
así se haga".
(49) Cfr. "Salvo pacto expreso o disposición legal en contrario, la
hipoteca, cualquiera que sea la naturaleza y forma de la obligación
que garantiza, no comprenderá: 1°. Los objetos muebles que se
hallen colocados permanentemente en la finca hipotecada, bien
para su adorno, comodidad o explotación, o bien para el servicio de
alguna industria, a no ser que no puedan separarse sin quebranto de
la materia o deterioro del objeto".
(50) J.J. LOPEZ JACOISTE, Op. cit., 264 y ss.
(51) Otra cosa distinta es la técnica que utiliza el Derecho de
colonización, en la adjudi ^ación y redistribución de tierras, pues
en tales casos se trata del estable ^imiento ex novo de explotaciones; incluso ésto justifica el régimen de concesión administrativa
en algunos casos (arts. 29 y siguientes de la Ley de Reforma y
Desarrollo Agrario) y lo mismo por lo que se refiere a las
adjudicaciones en propiedad (arts. 34 y siguientes de la misma) o,
en fin, de patrimonios familiares (arts. 36 y siguientes de la ya
reiterada Ley).
(52) Vid. J.L. DE LOS MOZOS, Estudios cit., 263 y ss.
(53) Ha devenido clásica en la materia la obra de J. VALLET DE
43
GOYTISOLO, La hipoteca de! derecho an•endaticio, especialmente
de empresas y locales de negocio, Madrid, 1951. Recientemente
sobre el particular la tesis doctoral (U. de Valladolid) de I.
SERRANO GARCIA, Naturaleza juridica de la hipoteca de
establecimiento mercantil (inédita), 1972.
(54) Para una doctrina general de las núsmas, A. CARROZZA, I
miglioramenti delle cose nella teoria generale e nei rapporti agrari,
I, Milano, 1965.
(55) Sobre el particular, vid. J.L. DE LOS MOZOS, Estudios cit., 239 y
ss.
(56) Arts. 21 y siguientes de la Ley de Reforma y Desarrollo Agrarío.
(57) Puede servir la actuali2ación del esquema que ofrece la propia Ley
de arrendamientos rústicos (arts. 32 y ss.). No obstante son muy
interesantes las normas que establecen los arts. 132, 133, 158, 17b,
179 y 204 de la Ley de Reforma y Desarrollo Agrario, en relación
con diversos tipos de actuación.
(58) J.L. DE LOS MOZOS, Estudios, cit., 216 y ss.
(59) Arts. 128 y ss. de la Ley de Reforma y Desarrollo Agrario.
(60) No deja de ser, sin embargo, muy interesante el régimen de la
llamadas "Explotaciones agrarias ejemplares" y "Explotacione
agrarias calificadas" (arts. 270 y ss. de la Ley de Reforma
Desarrollo Agrario).
(34) Que actualmente contempla a lo largo de su articulado la Ley de
Reforma y Desarrollo agrario: arts. 21 y siguientes, 235 y
siguientes, etc.
(35) Vid. PEÑA BERNALDO DE QUIROS, La conservación de las
unidades agrarias, en ADC, 12(1959), 939 y ss,; S. CAMY, Ley
sobre cabidas minimas de /as parcelas cultivables, en RCDI,
28(1955), 385 y ss,; DIEZ GOME'L, En torno a la Ley sobre
unidades mínimas de cultivo, en RDN, 3(1955), 507 y ss.;
GOMEZ, Acerca de la Ley de unidades minimas de cultivo, en
RCDI, 28(1955), 444 y ss.; MARTINEZ DE BEDOYA, Observaciones a la Ley sobre fijación de unidades mrhimas de cultivo, en
RCDI, 28 (1955), 154 y ss.; SALAS, Las unidades mínimas de
cultivo y el Registro de la Propiedad, en RCDI, 28 (1955) y 455 y
ss.; VILLARES PICO, Aspectos económico, jur^dico y social de las
unidades mínimas de cultivo, en RCDI, 29 (1955), 435 y ss.; I.
SERRANO Y SERRANO, L'etendue des exploitations agricole
dans la législation espagnole ("VII Journées Franco-espagnoles de
44
Drort comparé), en Annalf^s de la f:aculté Je Drort et des Sciences
économiques de ^oulouse, XIII (1 ^^6.5), ?, 283 y ss_
(36 ^ CAMI^IAIRE, L'évolufion éconnmique de 1'entreprire agricole, en
Anrurles Toulou.ce, I 3(1965 ), 2, I 97 y ss.
Es decir, no nos parece oportuno tratar aquí de la materia
comprendida en el capítulo II, 7'ítulo I, del Libro Segundo de la
Ley de Reforma y 1)esarrollo Agrario, que lleva como rúbrica;
"Tipos de explotaciones y normas sobre redistribución", ya yue
esta matería es específica y priva[iva del Derecho de colonización,
es decir, responde a unos criterios especiales en el marco de la
acción e intervención púlrlica que no pueden extenderse por su
propio carácter y significación (ius proprium) al ámhito general.
(3fi) F,n este sentldo, D. ESPIN CANOVAS, Derecho civil español, I1,
Madrid, 1968 ( 3a ed. ), 2 i 8.
(371
(39) Cuestión que como una exigencía lógíca de la concentración
parcelaria, viene ya establecida, dentro del marco de actuación de
la misma, desde su primera regulación Ilevada a cabo por la Ley de
20 de diciembre de 1952 (art. 9) y posteríormente por e] primitivo
texto refundido de 1955 (art. 62).
(40) Decreto de 22 de septiembre de 1955 y OM. Agr. de 24 de
noviembre de 1955.
(41) En la doctrina italiana, es interesante sobre el particular el libro de
E. ROMAGNOLI, Circolazione giuridica dcl fondo rustico e
controllo dci prezzl, Milano, 1965,
(42) Para esto, sobre todo: M. PEÑA BERNALDO llE QUIROS, Op.
cit., en ADC, 12(1959), 939 y ss.
(43) OM. de 22 de enero de 197U, Decreto de 22 de octubre de 1970 y
Decreto de 11 de marzo de 1971.
(44) Vid. por todos: R. MALEZIEUX-R. RANDIER, Traité de Droit
rural, Paris, ]972, 198 y ss. y allí otras referencias.
(44)bis Uesarroílándose en el art. 44 RH. También hace aplicación de
este criterio de tratar las fincas como cuerpos ciertos el régimen de
Concentración Parcelaria (art. 173 de la Ley de Reforma y
Desarrollo Agrario).
(45) J,J. LOPEZ JACOISTE, La mejora en cosa determinada, Madrid
1961, 264 y ss.
(46) Las cosas quae fructus quaerendi cogendi conservandi causa parata
sunt (ULPIANO, Lib. XX ad Sabinum, D, 33, 7, 8, pr.).
SEGUNDA PARTE
LA CONSERVACION DE LA UNIDAD Y
DE LA CONTINUIDAD DE LA EXPLOTACION AGRICOLA
A TRAVES DE LA SUCESION
"MORTIS CAUSA"
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