Las familias en el Sinú - Corporación Viva la Ciudadanía

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Las familias en el Sinú
Víctor Negrete Barrera
Compilador
Las familias en el Sinú
Las familias en el Sinú
© Víctor Negrete Barrera - Compilador
Ediciones Universidad del Sinú - Elías Bechara Zainum
Centro de Estudios Sociales y Políticos - Universidad del Sinú E.B.Z.
Fundación del Sinú
UNIVERSIDAD DEL SINÚ - ELÍAS BECHARA ZAINUM
Cra. 1W Calle 38 Barrio Juan XXIII
P.B.X. (4) 7840340 Montería - Colombia
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Fotografías:
Archivos Fundación del Sinú, Archivos Analuz Navarro G., Internet.
Diseño y diagramación:
Analuz Navarro Gardeazábal - 311 411 5151
Diseño de ediciones - [email protected]
Armada electrónica, impresión y encuadernación:
PUBLICACIONES UNISINÚ
[email protected]
Ramiro A. Navarro Pérez
ISBN:
© Enero de 2015
Impreso en Colombia - Printed in Colombia
Contenido
Presentación
Los antecedentes: familias indígenas y negras
-7
-9
Cereté: un área de latifundio La clase social Descripción de las clases
La educación y su relación con la clase social
Las instituciones religiosas
La familia
- 16
- 16
- 18
- 23
- 24
- 27
Las familias en las décadas de los años 60 (antes) y 80 (después)
Testimonios
El padre (antes)
El padre (después)
La madre (antes)
La madre (después)
El hijo
La hija
Los abuelos
La nuera y el yerno
La querida
¿…Entonces qué?
- 31
- 31
- 31
- 34
- 37
- 39
- 42
- 44
- 47
- 50
- 52
- 54
Las familias en la primera década del año 2000. Testimonios
El padre joven
El padre mayor
Las madres jóvenes
Los abuelos Las suegras - 56
- 56
- 59
- 61
- 67
- 68
La familia en el municipio de Montería La familia tradicional, 1952
-La familia de los propietarios o ganaderos pequeños y medianos
-La familia de los peones o macheteros
La familia en transición, 1982
La consolidación de los cambios en los tipos de familia, 2012
Los cambios forzados en las familias por el conflicto y la pobreza
Reflexiones y recomendaciones
- 70
- 70
- 71
- 73
- 75
- 78
- 80
- 81
Los nuevos papeles de las mujeres
Un ejemplo: las madres y abuelas de la restitución de tierra
- 83
- 87
Las familias de asentamientos urbanos marginales:
el maltrato a los niños y niñas
Opiniones de los padres
Opiniones de las madres comunitarias - 90
- 91
- 95
Normas, valores, principios y creencias que se encuentran en algunos
hogares - 100
Normas - 101
Valores - 103
Principios - 103
Creencias
- 105
Factores que afectan la familia
- 106
Caracteristicas de los monterianos
- 108
Radio Bemba - 114
Presentación
L
a idea venía de tiempo atrás, sin embargo las múltiples ocupaciones
me lo impidieron una y otra vez. Así que la fui aplazando hasta hace
poco cuando tomé la decisión de ordenar parte de los materiales que
poseo, revisarlos y completarlos hasta obtener este documento que he llamado con cierta pretensión Las familias en el Sinú. En su elaboración fue
placentero recibir el apoyo de varios autores que ayudaron a darle integralidad y firmeza al texto.
Manuel Zapata Olivella, por ejemplo, nos explica con sencillez y rigurosidad, propias de él, cómo las familias indígenas y negras contribuyeron en
medio de las diferencias y a veces enfrentamientos a formar las características de buena parte de las familias costeñas y cordobesas. Lo mismo hizo un
grupo de profesores de la Universidad Nacional que estudiaron a fondo en
1965 las clases sociales, la educación, las instituciones religiosas y la familia
en Cereté, considerado un área de latifundio. Por último, producto de un
concurso sobre las características de los monterianos celebrado hace 18
años, una estudiante adolescente y un joven abogado nos ofrecen elementos de juicio para ahondar más sobre quiénes somos.
Por mi parte, con la grata compañía de una suiza y una monteriana, damos a conocer una serie de testimonios recogidos de miembros de familias de sectores populares con roles diferentes y en distintas etapas de sus
vidas. Ya de manera individual muestro con ciertos detalles los períodos o
épocas por las que han pasado las familias del municipio de Montería, en
particular desde que la convirtieron en capital del departamento. Después señalo los nuevos papeles que han asumido las mujeres en los últimos
años en variados aspectos y escenarios. Encontré una realidad triste y dolorosa que no puedo ni debemos ignorar: el maltrato de niños y niñas en
los asentamientos urbanos marginales, lugares donde hicimos los estudios
respectivos. También conocimos que en estos y otros hogares existen normas, valores, principios y creencias que guían sus acciones y aspiraciones,
conduciéndolos por uno u otro camino.
Las Familias en el Sinú - 7
En fin, son documentos que nos aproximan a una realidad compleja, cambiante y poco entendida, con hondas repercusiones en todos los ámbitos
personales, familiares y sociales. Hemos entendido que mucho de lo que
sucede en familias con problemas tiene que ver con la corrupción, la delincuencia, las drogas, el conflicto social y armado, la inequidad y la inseguridad. Es urgente conocer más sobre nuestras familias y las perspectivas a
que estamos abocados en caso de que no actuemos o nos equivoquemos en
las propuestas de solución. Esta publicación es un aporte a este propósito
y ponemos a disposición de todos los conocimientos y experiencias que
hemos adquirido durante muchos años.
Víctor Negrete Barrera
Montería, diciembre de 2014
8 - Las Familias en el Sinú
Los antecedentes: familias indígenas y negras
Manuel Zapata Olivella (1972).
Tradición oral y conducta en Córdoba.
Instituto Colombiano de Reforma Agraria — Incora.
Subgerencia de Desarrollo Agrícola, División de Desarrollo Social Campesino.
Bogotá, págs. 31-37.
L
as tribus zenúes, al igual que todos los Caribes del Darién, practicaban la poligamia como dan testimonio Fray Pedro Aguado y Cieza
de León, entre otros cronistas. La ignorancia que se tenía acerca de
la procreación llevó a los indígenas de este continente, como a los pueblos
de todo el mundo, a considerar que el don de la vida se recibía por influjo
de totems o dioses sobre la mujer y no como consecuencia directa de las
relaciones sexuales. La poligamia resultaba así una forma ideal por cuanto
permitía un mayor incremento de hijos fecundados por las deidades en el
vientre de las mujeres que cohabitaban, asegurando a la par un aumento de
mano de obra y estabilidad en la comunidad.
Las Familias en el Sinú - 9
Lo más significativo de esta norma poligámica son sus ligazones con las
creencias mágicas y religiosas conservadas en los mitos, leyendas, refranes, cuentos, entre otros, profundamente arraigadas en los indígenas y que
mezcladas a las africanas, en mayor o menor grado, han continuado trazando pautas de conducta al mestizo actual, pese a las represiones que sufrieron por parte de los predicadores. Así vemos que al sistema matrilineal
indígena, tan ligado a la idea mágica de la procreación, guiaba los vínculos
de parentesco, matrimonio, herencia, sucesión. Habitualmente, el jefe de
la familia Caribe era el padre, quien reunía a su alrededor de una misma
vivienda a sus muchas mujeres. Las relaciones exogámicas constituían la
generalidad pero podía haber matrimonios endogámicos sobre todo para
conservar la unidad y la propiedad de la tierra. Se poseía un código de relaciones sexuales bastante libre, siempre que no se violaran los lazos sagrados
de parentesco uterino: un hombre podía casar con una mujer y la hija de
ésta, pero no era permitido con su propia madre, hermana o sobrina materna. Las viudas quedaban en condición de esposa de los hermanos uterinos del difunto. Como puede apreciarse, la consanguinidad materna y la
pluralidad de mujeres aseguraban la estabilidad del clan para la producción
de bienes materiales de subsistencia y la guerra.
Aún cuando sería necio establecer influencias directas de dichos patrones
en la asociación y mentalidad del cordobés, tales atavismos ayudan a explicar algunos conceptos codificados en su refranero y no pocas actitudes de
hermanos y tíos hacia sus parientes maternos, mucho más fuertes que los
sentidos por los consanguíneos paternos.
Otro tanto puede afirmarse de sentimientos y actitudes heredadas de los
ancestros africanos.
Virginia Gutiérrez de Pineda, en su trabajo La familia en Colombia, expone varios argumentos para indicar que las condiciones de esclavitud en las
que se encontraban los africanos no les permitieron influir básicamente en
la estructuración de la familia colombiana. Uno de estos es que “no se desplazaban familias ni en el grupo estricto ni en la célula extensa. Tampoco
unidades más amplias como fratrías o clanes. Eran solamente individuos
desintegrados de sus culturas ni tan siquiera pertenecientes a una sola de
las numerosas comunidades de la Costa occidental. Eslabones rotos de sus
valores, concepciones y metas, sin unidad cultural alguna. ¿Como podemos entonces decir que individuos sueltos, mosaicos de infinitos vitrales,
10 - Las Familias en el Sinú
podían reproducir en un medio social extraño y sin libertad, sus instituciones, sus estructuras sociales?”.
No es este el lugar de abordar la critica de tan importante obra pero considero que las posibilidades y acciones que tuvo el negro esclavo de influir en
conceptos y actitudes del cordobés hoy en día en relación a la familia, así
como las heredadas del indígena, no deben juzgarse exclusivamente desde el ángulo social como lo hace la ilustre antropóloga colombiana, sino
dentro del contexto general de la cultura: mentalidad, expresión material,
conducta y biología. En procesos de aculturación colonialista donde hay
imposición de patrones sociales es fundamental la actitud mental de los
oprimidos. Gracias a este factor los hispanos visigodos pudieron resistir
por espacio de ocho siglos la ocupación militar y las presiones de los árabes determinados a imponerles sus formas sociales y culturales. En Latinoamérica no fueron ni son menos importantes las posiciones mentales
asumidas por los indígenas y africanos para aceptar o rechazar valores hispánicos hasta el grado de transformarlos en nuevas resultantes –lenguaje,
religión, matrimonio, artesanía, filosofía, familia y demás- que si guardan
externamente las estructuras impuestas por el conquistador, en el fondo han conducido y conducen a
nuevos patrones culturales.
El aporte de la tradición africana,
es decir, el acervo cultural del
esclavo representado en costumbres, normas, creencias e
ideas religiosas que traían de
las tribus de donde fueron
sacados, debieron influir
en la actitud que asumió al
verse constreñido a sumarse a la nueva realidad social
mulata y mestiza de los pueblos que después formarían el
departamento de Córdoba. Algunos aspectos de este acerbo cultural,
documentado en publicaciones, nos dice
que la familia estaba conformada por marido,
Las Familias en el Sinú - 11
mujer e hijos no casados. La regla era que cada familia vivía en su hogar
separado en medio de un campo clanil común. La residencia era un rancho, habitualmente sin paredes, donde los límites se determinaban por los
objetos personales, a pesar de lo cual había zonas bien especificadas para el
marido y la mujer. Económicamente cada familia se autoabastecía.
Los niños de ambos sexos dormían con sus padres hasta la edad de seis
años, a partir de la cual lo hacían en casa de parientes viudos o sin hijos.
Dos años después pasaban al rancho de un hermano o amigo en condiciones de aprendices. Las hijas solían dormir en ranchos de mujeres solteras,
una especie de hogar controlado por abuelas paternas en donde se les educaba en moral y conducta.
Las relaciones matrimoniales se establecían sólidamente después del nacimiento de uno o más hijos, a partir del cual la unión se consideraba permanente. Entonces realizaban una serie de ceremonias que conducían a
aceptar a la pareja como miembros de un mismo tótem o nombre familiar.
Estas ceremonias no concedían status a la pareja pero reforzaban entre ella
sus lazos y parentesco. Se esperaba y era mirada con agrado una descendencia numerosa, estimándose más a la mujer que daba a luz varones que
aquella que tiene descendencia de mujeres.
Era aceptado, siempre que el marido lo tolerara, que algún hermano paterno del marido tuviera relaciones con la esposa antes de nacer el primer
hijo y aún después. Si el marido era infecundo o impotente, se permitía a la
esposa tener relaciones sexuales con algún hermano paterno. Todas estas
prácticas estaban relacionadas con la necesidad de reproducción, aumento
de la familia y el grupo, no sólo por necesidad sexual.
La mujer ocupaba una posición inferior, lo que se revela en ciertas costumbres como la de sentarse en el suelo o tener por lugares propios las partes
traseras de la casa, en tanto se reservaba al marido las principales. Sin embargo, no puede considerarse que la mujer se trataba como una esclava o
sierva, pues se le respetaba el status de su clan familiar.
En cuanto a la propiedad, el marido era el único dueño sobre todas las
cosas en el hogar. Si había divorcio, éste conservaba todos los bienes y cuidados de los hijos. Las limitaciones estaban señaladas solo por aquellos
12 - Las Familias en el Sinú
actos que contravinieran las leyes de la comunidad debidas al parentesco y
el tótem, entre otros. El padre, por ejemplo, podía vender o cambiar a los
hijos que no habían sido circuncidados. De aquí que esta practica tenga un
significado social más que sexual. El padre podía seleccionar a la mujer o el
marido de lo hijos y aun desheredarlos si no era acatada su voluntad. Si la
mujer enviudaba, podía elegir entre constituirse en herencia de alguno de
los hermanos del marido o casarse con otro, pero en este caso, el ganado o
parte de la herencia debía dejarla a los herederos paternos del marido.
En general, en este sistema patrilineal, la mujer no poseía independencia
ni individualidad legal o práctica: antes de casarse, su padre o parientes de
este vigilaban por ella y la representaban. Después de casada, pasaba a ser
doblemente súper vigilada por el marido y por el padre. Cualquier acto de
infidelidad obligaba al padre ante el marido.
El varón podía tener varias mujeres y con cada una de ellas conformar
un rancho y familia aparte, pero tradicionalmente convivían en un mismo
campo familiar que generalmente recibía el nombre del marido. Podía darse el caso de habitar en ranchos separados uno de otros varias millas. Por
lo general la primera esposa tenía mayor status sobre
las otras, aunque a veces su situación entraba en
conflicto con la favorita del marido, pese a
que esta no poseía el mismo status. Lo
normal era que las nuevas esposas,
sobre todo mientras no tuvieran
hijos o vivieran separadas, debían cierta obediencia a la primera mujer y esta correspondía
con tolerancia y consejos hacia
ellas. Incluso, pudo darse el
caso de aceptarlas bajo su propio rancho.
Los esclavos africanos, en su gran
mayoría con una tradición patrilineal,
se identificaron con el hispano que favorecía el concubinato y la hegemonía del varón en la
familia, pero fueron aliados del indio cuando rechazaban
Las Familias en el Sinú - 13
la imposición de la herencia bilateral, ciertas formas de incesto y la prohibición de ritos tradicionales funerarios.
En cambio, en el plano de la realidad cotidiana, donde no era fácil al indio
ni al negro hacerse a varias mujeres, la monogamia cristiana y la poligamia
afro-indígena se conjugaron en torno al concubinato actual tan practicado
en las capas analfabetas, semiletradas y letradas de Córdoba
La fusión de costumbres, religión, creencias y actitudes de españoles y africanos procedentes de otros continentes con las propias de los indígenas
en su suelo natal, presupone que en el amalgamiento de nuevos conceptos de familia y organización social no intervienen los valores específicos
del conquistador en forma rígida y exclusiva, sino que se acomodaban a
convivencias surgidas de las necesidades biológicas, religiosas y mentales.
Aunque los conquistadores y colonizadores predicaran el patrón de familia
cristiana, en la practica se acogían a costumbres poligámicas indígenas y
africanas por necesidad y porque tenían cierta predisposición hacia ellas,
herencia de la dominación árabe. Dentro de la vida social se vigilaba mucho más la eficacia de la explotación colonialista que los valores culturales
de la familia. La acción moralizante y el sentido de la hispanidad sólo cobraban fuerza gradualmente en la medida en que se aseguraban las bases
de la producción económica.
Son muchas las crónicas y documentos que reflejan indirectamente esta
situación o que la testimonian en forma especifica. Trascribo algunos conceptos del profesor Reichel Dolmatoff, deducidos de los apuntes de viaje
del padre Joseph Palacios de la Vega (1787-1788) sobre su acción predicadora entre los indios y negros de la provincia de Cartagena y que revelan
la situación de las familias arrocheladas en las orillas de los ríos San Jorge
y Sinú.
“En las zonas marginales, lejos de los caminos que unían las ciudades y
villas se habían establecido grupos de esclavos negros que habían huido de
sus amos, y vecinos con ellos vivían grupos de indígenas que habían huido
de las encomiendas en los dos siglos anteriores o que nunca habían sido
reducidos a ellas. A estos grupos se agregaron a través de los años los mestizos, mulatos y zambos y así se habían formado en muchas zonas una población triétnica que no estaba bajo el directo control de la administración”.
14 - Las Familias en el Sinú
Esta situación era muy extendida en todos aquellos sitios a donde habían
llegado esclavos, generándose una gran población substraída de las normas
impuestas por los colonizadores.
“Entre estas gentes reconocí a muchos indios de diversos pueblos y provincias, fugitivos de sus poblaciones, los unos casados en ellos y mal amistados con indias ajenas y fugitivas, otros solteros en el mismo estado, con
indias zambas, negras y mulatas casadas y fugitivas de sus maridos y otras
de diferentes poblaciones por cuyas causas se van acabando los pueblos de
los naturales; y haciendo diferentes diligencias para reducirlos a buen vivir,
experimenté grandes dificultades, por estar dichas gentes obstinadas en sus
vicios; y aunque como vicario procedí contra algunos, hallé que los medios
suaves no producían efecto “. (Informe de Balthasar de la Fuente y Robredo. Noviembre 26 de 1690. Palenque, primer pueblo libre de América de
Roberto Arrázola). En el largo proceso de sincretización, en donde jugaban
intereses encontrados aún dentro de los mismos valores culturales hispánicos, los negros sí tuvieron oportunidad de influir en la estructuración de
la familia colombiana allí donde se congregaron, no sólo por la manera de
asociarse con indígenas y mestizos sino por las actitudes mentales que asumieron. Las creencias y prácticas religiosas africanas constituyeron fuerzas
modeladoras en la medida en que favorecían o rechazaban pasiva y activamente ciertas normas proclamadas por el colonizador. La mayoría de ellas,
estando proscritas por las leyes y careciendo de alfabeto, se conservaron y
trasmitieron hasta nuestros días a través de la comunicación oral. De este
modo importaba poco que se le reconociese oficialmente, pues bastaba con
sentirlas y practicarlas cada vez que podían, individual o colectivamente.
Las Familias en el Sinú - 15
Cereté: un área de latifundio
Eugene Havens, L. Eduardo Montero, Michel Romieux. (1965)
Cereté: un área de latifundio (Estudio Económico y Social).
Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Sociología,
Sección de investigación social. Bogotá, págs.91-108.
La clase social
Para determinar objetivamente la clase social en Cereté, se entrevistó una
serie de “informantes claves” que residen en el municipio. A cada informante se le solicitó registrar 10 personas o familias que fueran representativas de las diversas clases sociales existentes en la comunidad.
Durante este proceso se observó que ciertas clases pertenecían exclusivamente a determinadas organizaciones formales o clubes sociales de la comunidad. Por lo tanto, fue posible emplear las listas de los miembros de
estos clubes como una estimación del número de individuos de cada clase.
16 - Las Familias en el Sinú
Se encontraron cinco clases sociales, a saber: 1. la clase alta tradicional, 2.
la nueva clase alta, 3. la clase media tradicional, 4. la nueva clase media y
5. la clase baja. Es interesante notar que en el vocabulario de la gente local
existen solamente tres distinciones. La clase alta tradicional y la clase alta
nueva se refieren como la gente rica o la gente de consideración. Los dos
grupos de clase media son llamados la clase media o la gente media y la
clase baja como los pobres.
Las distinciones de clases entre la clase alta tradicional y la clase nueva alta,
generalmente están impuestas por los miembros del grupo tradicional. Es
decir, la nueva clase alta se considera así misma como la clase alta, aunque
la clase alta tradicional no se identifica con este grupo ni lo admite en su
esfera social. Por lo tanto, fue necesario considerarla dividida en dos capas,
la alta tradicional y la nueva, como consecuencia de las entrevistas con sus
diferentes miembros.
Si consideramos esta clase como un segmento de pirámide, observaremos
que hay dos puntos de vista para la gente representada por él: a) del vértice
de la pirámide y b) de la base de la pirámide. Mirando la pirámide desde
el vértice, los entrevistados se consideraban a sí mismos como miembros
de una clase de características de valores y actitudes determinadas, pero
limitando su clase a la comunidad de origen, antigüedad, valores y actitudes hacia la comunidad. Desde la base, los miembros de la clase son menos
exigentes, dando primacía a la riqueza y el poder político. Olvidan y no dan
importancia al origen, antigüedad, valores y actitudes hacia la comunidad.
Esto permite definir la clase tradicional alta como una elite dentro del sistema social de Cereté. Fenómenos similares tienen lugar entre los grupos
de la clase media.
Estas clases, en el centro urbano (la cabecera) de Cereté están representados así: 120 habitantes pertenecen a la clase tradicional alta con el 1.4% de
la población; 534 habitantes a la nueva alta con el 6.3%; 2148 habitantes a
la media tradicionalista y nueva media que representan el 25.4% y 5.653
habitantes a la artesanal y obrera especializada junto con el grupo más numeroso representado en jornaleros y trabajadores de economía marginal
con el 66.9% de la población. En Martínez (área rural) un corregimiento
de Cereté, la clase alta representa el 1.4%, la media el 6.6% y la baja el 92%
de la población.
Las Familias en el Sinú - 17
Desde el punto de vista de los residentes de Martínez surgen las mismas
cinco clases. Sin embargo, las clases altas en Martínez son vistas como clase
media baja por la clase alta del centro urbano de Cereté.
Descripción de las clases
La clase alta tradicional (1.4% de la población). Según uno de sus miembros se caracteriza por la
descripción que hace de él mismo: “Tengo
la ilustración necesaria para ser un hombre civilizado, con estudios primarios
y secundarios. Mi familia es de raza
blanca, tradición castellana y formación rigurosamente católica”.
Este estrato está formado por cuatro tronco familiares, en la actualidad emparentados entre sí, de
origen español y residentes en la región por un mínimo de cuatro generaciones. Forman un grupo cerrado que
se ha marginado de casi todas las actividades sociales y políticas pero ejercen una profunda influencia en estas. Se consideran a sí mismos como
responsables del bienestar comunal y acusan al resto de la clase alta
por su indiferencia ante este.
Su posición económica es de las más poderosas. Son hacendados, criadores
de ganado y cultivadores de algodón. Mantienen una permanente preocupación por mejorar su nivel técnico y educacional. Casi toda la última
generación adulta es profesional: abogados, médicos e ingenieros.
Los miembros de esta clase son socios del Club Rotario, donde discurre su
actividad social en Cereté. Otras actividades incluyen reuniones familiares,
viajes, actos sociales en el Club Campestre de Montería. La mayor parte ha
viajado al exterior y mantiene relaciones con la clase alta de otras ciudades.
En resumen, se consideran como líderes de la comunidad.
18 - Las Familias en el Sinú
1. La nueva clase alta (6.3% de la población). Esta clase está en su mayor
parte constituida por agricultores enriquecidos por el algodón, comerciantes y emigrantes de origen sirio y libanés.
Las actividades de esta clase consisten en una serie de demostraciones de
riqueza con el objeto de adquirir prestigio. Dentro de estas actividades se
destacan las fiestas en el Club Campestre de Cereté, las actividades políticas (directorios), los obsequios de toros y dinero durante las fiestas patronales, entre otras. El estatus económico es el determinante de esta clase y la
educación o el origen no tienen ninguna importancia.
La clase tradicional alta los admite a veces dentro de su círculo, a pesar de
no considerarlos iguales. Su indiferencia por el bienestar común y su poder
estrictamente económico, les resta reputación ante la clase baja y acrecienta
el prestigio de la clase tradicional alta.
2. La clase media (25.4% de la población). Las clases medias, a pesar de haber sido divididas en media tradicional y media nueva, son generalmente
vistas por otros y por ellos mismos como miembros de una posición similar. Sin embargo, sus normas de conducta son diferentes. La clase media
tradicional tiene un origen similar a la alta tradicional, sin los
recursos económicos de ésta.
Sus miembros están dedicados al comercio, son profesionales u ocupan cargos
municipales. Las mujeres de este grupo tienen un nivel educacional alto,
son normalistas o han cursado varios años en la Normal Superior del
Carmen (Cereté). Los niños asisten
a la escuela local los cinco primeros años y continúan en Montería u
otra ciudad.
Se caracteriza este segmento de la clase media por su fuerte control social y su
apoyo a las actividades de la Iglesia. Es, predominantemente, una estructura estrecha o ceLas Familias en el Sinú - 19
rrada, formada por individuos que han aceptado su posición y desarrollan
sus propios modelos de conducta, sin tratar de imitar la clase alta como lo
hace la clase media nueva.
La clase media nueva comprende los propietarios medianos y pequeños,
fundamentalmente artesanos y comerciantes. En su mayoría son de origen rural que han gozado de movilidad debido a la demanda creciente de
sus servicios. En los primeros años de su establecimiento se ocupaban en
herrería y carpintería. Con la rápida introducción de jeeps y tractores, han
llegado a ser hombres de taller, mecánicos, tapiceros y constructores de
carrocerías para jeeps. El aumento de la construcción también ha influido
en la mayor demanda artesanal, en especial los carpinteros.
El control social es menor que el de la clase media tradicional, es frecuente
entre ellos el exceso en la bebida y un menor formalismo en sus actividades. Las mujeres dedican menos tiempo a la Iglesia. En resumen, es una
clase activamente ocupada en trabajar para lograr una posición social más
alta; imitan las clases altas en cuanto lo permiten sus medios económicos.
4. La clase baja. (66.9% de la población). La clase baja está formada por artesanos, jornaleros y obreros no especializados. En su mayoría, emigrantes
campesinos en la ciudad. El modelo de conducta en esta clase es completamente diferente al de las clases descritas anteriormente. Su
nivel económico es precario y puede ser considerado
como de subsistencia. En esta clase es donde se
encuentra la mayoría de las uniones libres.
Son familias con poca estabilidad, en
que el hombre abandona a la mujer y
a los hijos por motivos económicos.
La norma de compra de mujer existe desde hace tiempo y es admitida
pero poco practicada en la actualidad. Por medio de un pago a la familia y a la pretendida, llamado dote, se
formaliza este tipo de unión libre. En
el siguiente caso se podrá apreciar el comportamiento de esta clase.
20 - Las Familias en el Sinú
Caso T2
Tulia tiene 22 años, cursó hasta tercero de secundaria, cuando tenía 17 años conoció en
el ventorrillo de su tía a Manuel. Ella concurría a la tienda a ayudar a la tía, quien
sabía que ambos se gustaban. La mamá
de Tulia, enterada del naciente idilio, le
prohibió volver al ventorro. En realidad,
el que un hombre casado pretendiera
a una virgen no era normal. La madre
de Tulia pertenece por parte del padre a
una familia muy importante de Cereté y,
en aquellos círculos, tal situación es poco
honrosa. A través de la madre, toda la familia presionó para que no se formalizara ninguna
relación.
Sin embargo, la situación económica de la familia de Tulia presionaba más
que la actitud de sus parientes nominales en Cereté. El abuelo de Tulia
fue L. O. hermano de E., uno de los más ricos propietarios de Cereté. A
su muerte, no se le reconoció a la madre de Tulia herencia de ningún tipo,
pues, si hubiera querido reclamar debía hacerlo por vías legales y prefirieron renunciar a la parte que le correspondía en la sucesión. De tal modo
que las presiones de los parientes de Cereté fueron dejadas de lado por la
madre que veía en la oportunidad de comprometer a Tulia una forma de
asegurarle el futuro y mejorar la situación económica de la familia.
Manuel es un rico terrateniente de 45 años, perteneciente a una familia
árabe bastante poderosa en el municipio. Posee fincas ganaderas en el valle
de San Jorge y en el municipio de Ciénaga de Oro. Casado con una colombiana de ascendencia árabe, tuvo con ella tres hijos, todos mayores de 18
años y estudiantes en Medellín. Interesado en Tulia, habló con los padres y
prometió hacerle una casa y amoblársela.
La casa de Tulia es, indudablemente, una de las mejores del corregimiento,
no sólo en construcción sino en ornato y muebles. Manuel es responsable
de todos los gastos que ella considere necesarios. La visita con mucha frecuencia y le agrada caer de improviso.
Las Familias en el Sinú - 21
La solicitud y el cumplimiento del hombre hacia los deberes adquiridos,
obliga a la mujer en primer lugar a una permanencia continua en el hogar
(la llegada del hombre en ausencia de la mujer da lugar a múltiples explicaciones) y a una atención rápida y eficiente de los deseos del hombre.
Dada su juventud, intenta Tulia evadirse de la rigurosidad del régimen familiar, saliendo a Cereté o visitando a sus amigas; sin embargo, aún en
ausencia de su compañero, se ejerce sobre ella control; tal control está en
manos de su madre. La señora se siente absolutamente responsable de sus
actos y de ningún modo busca justificación a hechos aparentemente normales.
El compromiso de Tulia y Manuel se ve como un hecho afortunadísimo, las
muchachas del pueblo envidian su buena suerte y la madre bendice la generosidad del marido de su hija. En realidad, colma todas las aspiraciones
de una muchacha del lugar. No debemos olvidar que estas aspiraciones son
en primer lugar una necesidad urgente de seguridad económica; los atributos personales (físicos o espirituales) son complementarios.
Además de la casa para la hija, recibieron los padres $30.000. En la actualidad, Tulia goza de una situación económica holgada, aún cuando no
se trate de una situación de verdadera prosperidad, apreciada en nuestros
términos. Es decir, en el contexto del lugar, tiene un alto nivel de vida, aún
cuando las diferencias entre el lujoso apartamento de Montería y la casa del
corregimiento, son muy notorias.
Este caso muestra el comportamiento observado entre las clases, actitudes
de la familia de Cereté (clase alta tradicional), actitud del pretendiente (clase alta nueva) y actitud de la muchacha y su madre (clase baja).
En general, la clase baja de Cereté no cuenta con los medios para mejorar
su nivel de vida. Son incapaces de educar a sus hijos, debido al costo de la
educación. Están obligados a aceptar el estilo de vida, el cual es reflejo de
su precaria economía. Esta actitud ambivalente ante la vida explica el significado de la palabra toca en el vocabulario colombiano, es decir, algo que
no se quiere pero que se debe hacer.
22 - Las Familias en el Sinú
La educación y su relación con la clase social
El sistema educacional en Cereté es algo típico de las normas usuales observadas en la mayoría de las áreas rurales en Colombia. En el centro urbano hay tres tipos de escuelas: 1) Escuelas públicas urbanas, 2) Escuelas
privadas urbanas y 3) La escuela normal urbana.
Hay 10 escuelas públicas urbanas, de las cuales cuatro son únicamente para
varones, tres para niñas y tres mixtas. Aunque hay tres escuelas mixtas, los
niños se separan por sexo durante el tiempo de asistencia. Los niños asisten
por la mañana y las niñas por la tarde. De estas 10 escuelas, una ofrece dos
años de educación, tres ofrecen tres años, una ofrece cuatro años y cinco
ofrecen cinco años.
En las escuelas privadas y urbanas, de las cuales hay cuatro, una es para
varones, una para niñas y dos son mixtas. Una de estas escuelas ofrece tres
años de educación, otra ofrece cuatro y dos ofrecen cinco años.
La Normal Superior del Carmen es una escuela secundaria para niñas solamente. Es dirigida por religiosas, aunque los fondos provienen del
Ministerio de Educación. Había en 1962, 148 niñas matriculadas.
En el área rural de Cereté hay 39 escuelas que ofrecen los siguientes años
de educación: 1 año, 2 escuelas; 2
años, 30 escuelas; 3 años, 3 escuelas; 4 años, 3 escuelas; 5 años,
cccccccccccccc1 escuela
Es posible notar que la vasta mayoría de los estudiantes reciben
un año de educación formal. 72%
de varones y 68% de niñas están registrados en el primer año, mientras
que solamente el 22% de los varones y
el 27% de las niñas están matriculadas en el
segundo año. Debido al costo del transporte de
Las Familias en el Sinú - 23
los niños al centro urbano, y debido al gran número de
escuelas de segundo año en las regiones rurales (77%), estos niños están en su mayoría
confinados a uno o dos años de educación formal.
De otra parte, el centro urbano presenta un modelo diferente. Se presenta la asistencia a la escuela para
el centro urbano de Cereté. De los
varones, el 14% termina los cinco
años de entrenamiento y de las niñas
el 8% termina los cinco años. En general,
los niños reciben más educación en el centro
urbano que las niñas. Esto refleja uno de los valores
de las clases media y alta; a los varones se les ha dado más
oportunidad para la educación y son tenidos en más alta estimación por
las familias que las niñas. Las niñas son entrenadas para ser buenas amas
de casa y esposas, mientras que los varones son entrenados para sostener la
posición de la familia y avanzar educacionalmente.
Otra diferencia importante en la educación presenta la calificación profesional de los profesores. Es obvio que los profesores en el centro urbano
están mejor preparados que en el área rural. Puesto que la vasta mayoría de
las clases altas viven en Cereté (casco urbano), sus niños están en capacidad de recibir más educación formal.
Las clases bajas viven en áreas rurales donde la calificación del profesor y
los años de educación disponibles son mínimos. Debido al costo del transporte del niño al centro urbano, las clases bajas están económicamente
forzadas a perpetuar el bajo nivel de educación. Simplemente, no pueden
enviar sus niños a las escuelas urbanas y las escuelas rurales no ofrecen una
oportunidad para la movilidad vertical a través de la educación.
Las instituciones religiosas
La parroquia católica de Cereté consta del centro urbano de Cereté y los
corregimientos de Martínez, Rabolargo, Vilches y Mateo Gómez. La parro24 - Las Familias en el Sinú
quia está bajo la responsabilidad de un párroco, por lo tanto es difícil mantener una actividad religiosa en un área tan extensa. Hay pequeñas iglesias
en construcción en Martínez y Mateo Gómez. Sin embargo, la mayoría de
las actividades parroquiales están centralizadas en el casco urbano. Como
resultado, el párroco es visto por los miembros de la clase baja como un
representante de los ricos terratenientes.
Por lo tanto la institución religiosa, en general, no juega un papel importante en la vida del municipio como en otras partes de Colombia. Las razones para el alejamiento de la iglesia son complejas. Estas pueden ser resumidas en la siguiente forma: primero que todo, nunca ha existido una
fuerte presión social hacia el hombre para asistir a misa, aunque la esposa
lo haga con regularidad. En segundo lugar, puesto que hay poca actividad
religiosa en las áreas rurales, la gente de estos lugares debe asistir a los servicios de Cereté. Los habitantes rurales, siendo en su mayoría miembros de
la clase baja, no poseen recursos económicos para vestir bien. Las mujeres
de la zona se sienten avergonzadas al asistir sin zapatos y buen traje a la
misa. En tercer lugar, en 1961 una misión católica viajó por el municipio y
realizó matrimonios y bautizos. Pero éstos no fueron registrados en la parroquia local. Cuando las mujeres se presentaron en la parroquia de Cereté
con el objeto de registrar el matrimonio o el bautizo de sus hijos, surgió el
conflicto. El registro era imposible, no existía ningún
comprobante que acreditara la veracidad del
hecho; la misión no había suministrado
los datos. Además, la iglesia católica
establece que para registrar el bautizo de un hijo ilegítimo, el padre
debe testimoniar, personalmente
o por escrito, el reconocimiento
de éste. La negativa del párroco
fue interpretada como un acto
de mala voluntad. La reacción
fue el alejamiento de la iglesia y
la negativa a formalizar sus matrimonios.
A causa de estas costumbres la iglesia es
importante para las clases media y alta que
Las Familias en el Sinú - 25
residen en el centro urbano de Cereté. Las congregaciones religiosas están
completamente dominadas por los residentes de Cereté y por los líderes
de la clase alta, las clases bajas presentan un tipo diferente de participación
religiosa.
Entre la clase baja, la gente aún se identifica como católica. Sin embargo,
generalmente no asisten a la iglesia ni se casan por la iglesia, ni bautizan
sus hijos. En vez de esto, se presta gran atención a los aspectos mágicos de
la religión. En las áreas rurales existen varios centros religiosos que están
constituidos por imágenes a las cuales se les atribuye poder para realizar
milagros. Los miembros de una comunidad rural o caserío forman peregrinaciones a estas imágenes y solicitan favores por medio de novenas, las
cuales están generalmente acompañadas de un baile (casi siempre el fandango).
También existen en las áreas rurales individuos a quienes son atribuidas
funciones religiosas y por lo tanto, en este aspecto, son líderes locales. Ellos
ganan respeto no sólo por las técnicas de rezandero, sino también por su
conocimiento del mundo de los espíritus (dan información acerca de donde irá el espíritu y qué hará). También poseen información sobre apariciones del diablo y otros espíritus.
Entre los miembros de la clase baja no se le pide al sacerdote asistir a la
muerte. En lugar de eso, la familia invita al rezandero para asistir a la muerte y a la purificación del espíritu (velorio). Después de la muerte, el pariente
femenino más cercano organiza el velorio. Una puerta se deja abierta de
manera que el espíritu pueda dejar la casa. Durante el velorio no se permite música ni danza. El temor a la muerte se expresa por medio de varias
formas de comportamiento. Las más notables son el temor de pasar por el
cementerio durante la noche o frente a una casa donde recientemente ha
muerto una persona.
En resumen, la estructura religiosa organizada es importante para los
miembros de las clases alta y media, no siendo lo absoluto para las clases
bajas, las que sólo aceptan sugerencias del párroco. Estas dan más énfasis
a los aspectos supersticiosos de la religión.
26 - Las Familias en el Sinú
La familia
El litoral de Colombia se caracteriza por una serie de aspectos culturales
distintos a los del interior andino del país. Uno de estos aspectos consiste
en la organización social de la población, especialmente en las particularidades de la estructura de la familia. En contraste con el resto de Colombia,
en la Costa se registra un porcentaje alto de uniones libres y en muchas
comunidades el matrimonio católico es más bien la excepción y no la regla,
llevando esta situación a una rata elevada de ilegitimidad.
En Cereté la estructura de la familia varía en relación directa con la clase
social. Las familias de clase alta y media son patriarcales y patrilocales. La
estructura y función de las familias de la clase alta y media son similares a
los modelos que generalmente predominan en Colombia. Las desviaciones
importantes se presentan en las clases bajas.
En la clase baja la familia es matrilocal muy frecuentemente, las mujeres
tienen más de un compañero durante su vida y es común encontrar niños
de la misma madre con cuatro o cinco apellidos diferentes. Si la mujer es
abandonada, vuelve a su madre para levantar sus hijos. Si puede suministrar lo esencial para sus hijos por cualquier medio, mantiene un prestigio
relativamente alto. En estos casos la mujer posee el más alto estatus en la
familia y a su turno da más importancia a sus hijas. Si ella puede colocar a
sus hijas en contacto con un terrateniente o alguien con medios
económicos, puede elevar el nivel de su familia.
Como resultado, los niños varones dejan la
casa muy temprano y por lo general no vuelven. Buscan trabajo, en su mayor parte en
agricultura por la carencia de educación y
con frecuencia emigran al centro urbano
de Cereté o fuera del municipio. La mayoría de las mujeres que manejan las casas son de la clase baja.
Idealmente el hombre está obligado a contribuir con el sustento de su compañera y, a través
de ella, al de todo su grupo doméstico; mientras que
Las Familias en el Sinú - 27
ésta, además de sus servicios sexuales, se encarga de lavarle su ropa. Como
el hombre no cumple siempre con esta obligación de un modo satisfactorio
para todos, las uniones se disuelven con frecuencia; de todas maneras esta
fase se considera como un período de experimentación del cual no se espera mayor estabilidad. Al lograr cierta independencia económica el hombre
funda un nuevo hogar aparte y durante un período más o menos largo la
pareja vive sola. Ocasionalmente algunas uniones se basan en el matrimonio católico y adquieren un carácter a veces estable, sobre todo si el hombre
construye o compra una casa pero con frecuencia la pareja sigue viviendo
en concubinato y aún cambia a veces de consorte, regresando la mujer a la
unidad doméstica materna junto con sus hijos.
Si el hombre abandona a la mujer ella no necesariamente regresa a la casa
de su madre sino a que a veces se sostiene apoyada por esta, por el trabajo
de sus niños, la ayuda de parientes de línea materna, de los esposos de sus
hijas, o por su propia labor. Es probable que ella vuelva a establecer relaciones con otro hombre, ahora ya de edad madura, quien convive con ella
y forma luego la unidad doméstica más amplia, en la cual colaboran también los consortes de las hijas. Mientras tanto la mujer ha adquirido una
posición económicamente bastante fuerte, sea por medio de sus ahorros,
la ayuda de sus niños o por las propiedades obtenidas en el curso de varias
uniones conyugales, de manera que cuando se forma la unidad doméstica
definitiva está dominada por ella.
Dos tipos de organización familiar se presentan
en la clase baja, estos son: 1) donde el esposo satisface parte de las obligaciones económicas y 2) donde el esposo satisface todas las obligaciones
económicas. En el primer caso,
la esposa continúa jugando un
papel importante y en el segundo, el hombre es la cabeza de la
casa y la obligación matrimonial
es estable.
La estructura de la familia entre la clase
baja depende en su mayor parte de la manera
28 - Las Familias en el Sinú
como el hombre satisface sus obligaciones económicas. Dada la frecuencia con la cual
los hombres desatienden estas obligaciones y teniendo en cuenta
el concepto de machismo, el
hombre trata de establecer
relaciones con el mayor
número posible de mujeres.
En las clases bajas las
mujeres frecuentemente sostienen la casa, son
cabeza de ella y toman
las decisiones. Esto, naturalmente, es importante para
cualquier programa de cambio
que pueda ser instituido en Cereté.
En las regiones rurales, el cambio tendrá
un aliado en la mujer, puesto que las mujeres han
llegado a acostumbrarse a su posición de jefe están convencidas de la necesidad del cambio.
Así, una de las características principales de la familia de clase baja consiste en el hecho de que con frecuencia ella no está constituida por una
familia nuclear solamente, sino por un grupo más amplio cuyos miembros
pertenecen a más de dos generaciones, unidos por vínculos de parentesco
más o menos cercanos. Ocasionalmente se añaden a estos grupos algunas
personas que no pertenecen a la parentela, tales como niños adoptivos o
comensales.
Se hace necesario distinguir claramente entre unión conyugal y unión doméstica, conceptos que no siempre coinciden. Es dentro de la última que
se forma la unidad conyugal nuclear en su fase inicial, para convertirse finalmente en una unidad doméstica semejante a la originadora. No se trata
de diferentes tipos matrimoniales opcionales, sino de fases sucesivas en el
proceso de desarrollo de un sistema. Partiendo de la familia nuclear como
una unidad elemental más sencilla, observa Dussan de Reichel (1962) que
Las Familias en el Sinú - 29
ésta se establece casi siempre dentro del marco de referencia de una unidad
doméstica de más de dos generaciones3. El hombre, al entablar relaciones
con una muchacha, no convive necesariamente con ella sino que la visita
periódicamente y es probable que procreen niños sin que la pareja viva
bajo un mismo techo. En esta primera fase de uniones inestables, los niños
procreados quedan por lo general incorporados en la unidad doméstica de
su madre biológica o de su abuela materna.
En el grupo nuclear, el hombre es por lo general el elemento económicamente más activo y al comienzo la mujer contribuye poco al sustento de la
familia. La autoridad está en estos casos representada por el hombre como
cónyuge y padre, pero ello no significa que la línea paterna adquiera alguna
importancia en la estructura de las interrelaciones sociales. En realidad,
el hombre es siempre un elemento marginal y la línea materna siempre se
considera como la verdadera familia. Después de algunos años, sin embargo, al paso que aumenta el número de niños y que el hombre, como es
frecuente, sostiene otras mujeres, su compañera también se ve obligada a
trabajar y de este modo ella comienza a tomar más y más ingerencia en la
vida familiar.
Referencias bibliográficas:
Dussan de Reichel Alicia. (1962). La Estructura de la familia en la Costa Caribe
de Colombia. Memoria del Congreso Americanista de París reunido en San José de
Costa Rica. Lecturas Adicionales (82), Facultad de Sociología. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.
30 - Las Familias en el Sinú
Las familias en las décadas de los
años 60 (antes) y 80 (después)
Víctor Negrete Barrera y Teresa Meister de Vettiger (1994)
Testimonios
El padre (antes)
Antes, el ser padre era cosa muy seria. Yo recuerdo que sólo cuando cumplíamos 18 ó
20 años de edad nos permitían usar pantalones largos. Entonces nos considerábamos
mayorcitos, con un poco más de libertad
para escoger nuestro propio camino. Y se
suponía que ya habíamos dejado las relaciones con animales, especialmente las burras,
mulas, terneras, vacas y hasta con gallinas y comenzábamos con mujeres. Las primeras casi siempre
son muchachas loquitas que nunca faltan y una que otra mamasanta, me
Las Familias en el Sinú - 31
refiero a mujeres veteranas en asuntos sexuales que aparentan inocencia
o virginidad y hacen las cosas escondidas para que no hablen de ellas, en
otras palabras comen callao. Después, lo que seguía era conseguir su propia
compañera. Lástima que nuestros padres no nos instruyeron sobre esas relaciones sexuales, pudieron evitarnos tantos malos momentos puesto que
aprendimos solos, apenas recordando los cuentos reales o inventados que
echaban los amigos mayores. Sin embargo nuestros papás nos exigían a
cada momento ser machos, tener bien puestas las pelotas y amenazar de
muerte al hijo que saliera con modales de señoritas.
A la edad aproximada de 25 años y con algún recurso para mantener mujer
y levantar hijos, nos decidíamos a formar hogar. Por lo general la pretendida era la novia de varios años atrás. Nos gustaban querendonas, fieles, trabajadoras, entregadas de lleno a los hijos y al marido, sumisas, sin ninguna
mancha en su pasado. Por esto la preferíamos del mismo pueblo o de otro
cercano. Así sabíamos quién era ella y toda la familia.
Una vez que ella y yo, por ejemplo, acordábamos entablar algo serio mi
padre le pedía permiso al de ella para poder visitarla. Si estaba de acuerdo me fijaba un horario y hasta me probaba a ver si era capaz de contraer
obligaciones. Lo corriente era desmalezar o limpiar un pedazo de monte
o sacar y aporrear un número acordado de pencas de majagua, del árbol
chitúa, utilizadas, por ser tan fuertes, para hacer cabuyas o cuerdas para sujetar el ganado y otros animales o para hacer chinchorros o hamacas. Estas
pruebas le daban una idea al futuro suegro de lo que era capaz de hacer el
pretendiente.
El noviazgo mínimo era de un año y la visita era en su casa. Allí disponíamos de un lugar para hablar y darle besos rápidos cada vez que se descuidaban sus padres. Eso de estar besando a cada momento y sobando por todas
partes no era permitido, pues se suponía que si el compromiso fracasaba la
muchacha debía quedar con la misma integridad, libre de toda mala sospecha.
Si todo marchaba bien el padre del varón le pedía al padre de la muchacha,
en presencia de testigos respetables, permiso y autorización para que los
muchachos se casaran. Enseguida fijaban la fecha y comenzaban los preparativos.
32 - Las Familias en el Sinú
El día de la boda era una fecha grande. Todo el pueblo y los pueblos vecinos
tenían que ver con la fiesta. Llegaba gente de todas partes y para todos había
comida, un lugar donde colgar la hamaca y abrir la cama de tijera, música y
bebida suficiente para emborracharse. Algunas veces prolongaban la fiesta
por varios días y no existía ningún problema porque los dueños estaban
preparados y los invitados también. El propio día de la boda, a la media
noche, en pleno furor de la fiesta, los desposados abandonaban con sigilo
la sala y se marchaban para el cuarto o la casa preparada para la ocasión.
Al siguiente, bien temprano, los familiares, los invitados y todo el pueblo
permanecía a la expectativa a la espera de la salida de los recién casados.
Al rato salía ella con la sábana blanca manchada de sangre a colgarla en el
alambre de tender la ropa para que todo el mundo se enterara que el hombre la encontró virgen. Mientras tanto él se quedaba afuerita de la puerta
viendo a su mujer, con una toalla enrollada en el cuello, tapándose la nariz
y con pedazos de algodón metidos en las orejas para que el aire frío de la
mañana no se le metiera en el cuerpo, todavía caliente por el ajetreo de la
madrugada.
Tal vez los que más sufrían eran los padres de la hembra. Ya la mamá había llorado porque se le iba una hija de su lado. Ahora, con el corazón en
la mano, al lado de toda la familia esperaba ansiosa el resultado de ese
encuentro de sexos. Si salía con la sábana saltaban felices y se llenaban
de orgullo, de un orgullo tan grande que no había con qué compararlo. Si
abrían la puerta y no salía nadie era señal que algo anduvo mal: la mujer no
era virgen. Entonces podía ser devuelta a su casa llenando a la familia de
una gran vergüenza que no lograban borrar nunca. Enseguida trancaban
puertas y ventanas, suspendían visitas, esquivaban a la gente, salían a hacer
estrictamente lo necesario y volvían a recogerse. La devuelta quedaba condenada a padecer la soltería, el chisme y la soledad a menos que los padres
o familiares, condolidos por esta triste situación, la llevaran a vivir a sitios
más comprensivos sobre esto de la virginidad.
Claro que hubo muchas mujeres que no aguantaron las ganas o tipos que
sabían sonsacarlas y se las llevaban antes de efectuar el compromiso y la
fiesta. A veces se debía a que los muchachos se querían pero cualquiera de
los viejos no era gustoso y así las cosas no marchaban. Preferían entonces
fugarse y regresar a los tres días; ella sola primero a ver cómo estaba la siLas Familias en el Sinú - 33
tuación. Pedía perdón y les decía que él estaba dispuesto a vivir con ella o
casarse, que le entendieran su proceder, que ella sabía que había hecho mal
pero, ajá, qué otra cosa podía hacer si ellos no querían.
Antes de responderle la castigaban con los mejores zurriagos, capaces de
sacar caminitos de sangre cada vez que tocaban la carne de cualquier parte
del cuerpo. Después que el papá reposaba la fatiga escogía una de estas tres
opciones: aceptaba la propuesta pero con condiciones; la alejaba para siempre del hombre que la perjudicó o desfloró manteniéndola bajo control
estricto; la echaba de la casa con la advertencia de no volver jamás, prohibiéndoles a los familiares más cercanos pronunciar el nombre de quien ya
consideraba una hija muerta.
Ya uno organizado con su mujer, pensaba en los hijos. En tener los hijos
que Dios mande; sobre todo varones, porque definitivamente las hijas son
carne para gallinazo. Las criamos con esmero sin saber quién las aprovechará. De ahí el dicho de engordar el pollito para que otro le chupe el huesito. En cambio los varones perpetúan el apellido y son una garantía para la
integridad y el respeto a la familia.
Esto de los hijos es cosa de la mujer. Ella es la que debe velar y estar pendiente de ellos. El hombre es el encargado de mantenerlos, de enseñar a los
varones a trabajar, ser honrados y de procurarles algún estudio si es que
tienen cabeza para eso. El puesto de la mujer es en la casa y para esto no
necesita estudio. En cambio el hombre está en la casa para mandar, para
hacerse obedecer.
El padre (después)
Hablar de los padres de hoy es muy complicado. Sí señor, se lo digo yo que
soy uno de ellos. Para empezar le digo que cada día somos más jóvenes; si
no lo cree, averigüe en los gremios de albañiles, mecánicos de carros o bicicletas, sacadores de arena del río, vendedores ambulantes o estacionarios,
loteros, celadores, sastres, carpinteros, vendedores de tinto y otros por el
mismo rango o vaya al campo para que se convenza de la gran cantidad de
gente joven que está metida en compromisos. Claro, todo esto tiene una
explicación: son personas que padecieron muchas penurias en la infancia y
la adolescencia y demasiado rápido se dieron cuenta que la vida no les ofre34 - Las Familias en el Sinú
cía tantas cosas buenas como creían o esperaban.
Entonces aprendieron uno o más oficios, buscaron trabajo, fijo u ocasional, y ya con esta
“independencia” lo más lógico es conseguir
una compañera que lo atienda.
Bueno, le estoy hablando de las clases populares porque en las medias y altas ocurren otras cosas. En las medias la gente se
está casando joven debido a las grandes
facilidades que existen hoy para hacer el
amor con las muchachas. Tú sabes que
ellas en las casas no tienen control y las
amistades, el medio y todo lo que ven,
leen, oyen, sienten y ponen en sus cuerpos las incitan a estas relaciones. Estas
facilidades son el camino más corto para
llegar al matrimonio, a los abortos y a la
perdición. Si por casualidad el muchacho
estudia o no cuenta con trabajo, los padres
de él o ella los ayudan. Lo más común es
manteniéndolos.
Los pudientes no tienen tanta prisa para casarse o tener hijos. Ellos saben que tarde o temprano
deben manejar fortunas, negocios, puestos públicos o
prestigio político y para hacerlo bien deben prepararse.
Aunque yo no sé para qué se preparan porque la verdad sea dicha están
perdiendo las tierras y el ganado. Pero bueno, no nos salgamos del tema.
Otra cosa que tienen los pudientes es que forman un grupo muy cerrado.
Difícil de romper por los que no pertenecen a él. Un matrimonio entre una
de sus mujeres y uno de las clases bajas o medias es raro. Sucede un poco
más entre uno de ellos y una de las de este lado. Los antioqueños por su
parte no sólo siguen adquiriendo fincas, almacenes y ganado, también les
están quitando las mujeres más bellas que ellos tienen.
Como te decía, hoy todo se facilita: te puedes casar por lo civil o lo religioso, vivir en unión libre y contar con una o más sucursales o queridas. Y
Las Familias en el Sinú - 35
todo está bien. Nadie tiene por qué meterse en tu vida. ¡pendejo el que lo
acepte!. Con semejantes garantías el hombre fiel es una pieza de museo y
en ese mismo lugar encontraremos a la mujer a la llegada del año dos mil.
Tal vez exagero pero en esa dirección vamos marchando. ¡Lo apuesto diez
a uno!
Lo que no entiendo muy bien es qué busca la mujer con eso de la liberación femenina. Ahora les ha dado por estudiar y querer laborar en oficinas,
empresas y otras instituciones, menos en el hogar. Muchachas para trabajar
en el oficio doméstico son difíciles de conseguir y la mayoría estudia de
noche. ¡A dónde vamos a llegar Díos mío! Y se están volviendo altaneras.
Con cualquier grito, insulto, cachetada o golpe que uno les da o rasguño
que les haga, forman el gran alboroto. Nos denuncian por maltrato o falta
de apoyo económico para los hijos. Al marido no lo atienden como debe
ser, a los niños no quieren darle seno porque se les caen, consumen licor
como cualquier hombre y ya son ellas las que enamoran. Se rebelan contra
cualquier control que no les guste de los hijos, los padres o el esposo. Ni
siquiera esperan llegar a ser señoritas cuando nos están exigiendo libertad
total y diciéndonos que somos anticuados, que no entendemos los tiempos
actuales.
En el fondo pienso lo siguiente: lo que está sucediendo es una moda loca de
las mujeres que tarde o temprano debe pasar y estoy seguro que pasará porque las mujeres, y más las de hoy, no piensan sino en sexo y dinero. Dándoles ambas cosas, las mujeres son felices. Por eso no les importa la devoción
maternal de otros tiempos y han hecho que nosotros cuando buscamos a
una de ellas lo hagamos por pasar un rato o temporada para luego buscar
otra y así sucesivamente.
Con mujeres así pocos de nosotros pensarán en formar un hogar estable
con los respectivos hijos. Y los hijos para muchos hombres como yo tienen
una razón de ser: son la demostración de que podemos embarazar mujeres,
con capacidad de engendrar cuando queramos y también para que la mujer
no olvide quién se lo hizo. De todas maneras, si llegan los hijos los mantenemos pero el cuidado y estar pendiente qué hacen y con quién es obra más
que todo de la madre. De una madre que no está muy interesada en seguir
cumpliendo este papel ni el de esposa tampoco.
36 - Las Familias en el Sinú
La madre (antes)
Nosotras, las madres de antes todavía no sabemos si fuimos felices o desdichadas. Me imagino que cada una tendrá su opinión y claro, yo también
tengo la mía.
Recuerdo que nacimos para estar bajo el mando de los hombres, así fueran
padres, hermanos, novios o maridos y de la gente en general porque siempre fuimos sus víctimas, inocentes o no, pero sí sus víctimas.
Ellos juntos nos acorralaron en las casas y nos ordenaron hacer lo que teníamos que hacer: lavar, cocinar, barrer, planchar, cuidar niños y maridos,
tolerarles sus defectos y complacerles sus antojos. Cumplir con todo esto
significaba ser buena esposa, madre, hija y hermana. Y nosotras creímos de
verdad que esta era la vida.
Y con esta creencia le dimos gusto al hombre en todo lo que quiso: que nos
quería vírgenes, nos le entregamos vírgenes; que muchos no esperaban el
momento de la boda o el comprometimiento y nos pedían la prueba de
amor, le dimos la prueba de amor, aún sabiendo que
nos exponíamos al engaño; que no necesitábamos estudiar para cumplir nuestro papel de mujer, les creímos y
muchas apenas aprendieron
a conocer las letras del alfabeto. En el campo por lo
regular no gozábamos la
niñez ni disfrutamos la
adolescencia porque pasábamos de niñas trabajadoras a cumplir funciones
de esposa de hombres mayores cuando cumplíamos
12 o 13 años. ¡Todo les entregamos!
A cambio nos convirtieron en máquinas de hacer oficios y niños y como tal nos
Las Familias en el Sinú - 37
trataron: sin consideración, sin detalles que mostraran su preocupación o
amor por nosotras, sin alicientes para arreglarnos para parecer más bonitas, con la ropa y los accesorios estrictamente necesarios y cuando sentían
ganas de hacer el acto sexual simplemente nos golpeaban el hombro, nos
dirigíamos a la cama, nos hacían abrir las piernas, se subían un rato moviéndose de arriba-abajo y listo. Por nosotras no se preocupaban en lo más
mínimo.
Me atrevo a asegurar que casi todas las mujeres de mi época no supieron
ni creyeron en el orgasmo: yo por lo menos no supe que es eso. En raras
ocasiones nos sacaban a algún evento familiar o social ¡Hubo mujeres que
después de casadas o comprometidas no salieron en vida nunca más de su
casa! En las casas marchitábamos la vida…bueno…. eso que llamábamos
vida.
A pesar de todo, estoy segura de una cosa: madres como nosotras habrá pocas en los tiempos presente y venideros. Fuimos madres en todo el sentido
de la palabra: levantamos a los hijos contra viento y marea, nunca tuvimos
corazón para regalarlos o tirarlos a la calle para que se defendieran solos.
Como un ángel guardián les seguíamos los pasos para que no se metieran
en líos o enredaran con malas compañías. Los controlábamos férreamente
pero era por su bien. Cuando enfermaban no nos separábamos de su lado
ni un solo instante. No nos importaba el trasnocho ni la falta de comida, si
alguno de ellos estaba de por medio. Nos angustiaban las demoras que tenían, los malos momentos que pasaban, los pesares y fracasos que los embargaban. Ya grandes y con familia aparte, seguían siendo para nosotras
dignos de cuidado, de atención, de orientarlos en la vida. Para una madre
un hijo siempre será como un niño. Si de algo se nos puede acusar es que
sobreprotegimos a los hijos… yo no estoy de acuerdo con esta acusación
porque antes de un mal me parece un bien lo que hicimos y no me arrepiento de haberlo hecho.
Muchas veces, es cierto, que por cuidarlos y quererlos tanto les quitamos
cierta independencia, de vez en cuando eran inseguros y no tomaban iniciativas importantes sin consultarlas. Se sentían más seguros estando al
lado nuestro, el de sus padres.
Pero los hijos respondieron más bien que mal estos desvelos y sacrificios:
por lo regular oían los consejos de los mayores, respetaban a los superiores,
38 - Las Familias en el Sinú
nunca elevaron la voz ni levantaron los puños ante cualquier reclamo o
llamado de atención que le hicieron los padres, los familiares, los padrinos,
los señores y señoras de edad. Fueron humildes, tímidos, penosos tal vez,
hasta pasaban por brutos pero sabían tratar a las visitas, besaban la mano
del padrino, decían buenas noches o buenos días al acostarse o al levantarse, pedían la bendición cuando marchaban lejos o al momento de dormir,
no eran patanes ni vulgares. Eran confiados, serviciales con los necesitados, de una sola palabra en los compromisos. Si llegaban al extremo de pelear lo hacían con los puños y hasta con patadas pero nunca usaban cosas
que no fueran del cuerpo. Comíamos juntos en la mesa y en la prima noche
acostumbrábamos a conversar de cada uno y de todos. Los hermanos se
prestaban toda la ayuda necesaria y entre ellos no había tantas peleas.
En conclusión: por lo que hicimos las madres con nuestros hijos estoy conforme; por lo que hicieron los maridos con nosotras estoy resentida.
La madre (después)
Ya hoy no somos las mismas de antes. Creo que mucha gente se ha dado
cuenta de ello y están sorprendidos, especialmente nosotras mismas, porque al fin nos dimos cuenta que debíamos darle un vuelo a nuestra condición de mujer y poco a poco lo vamos logrando.
¿Cómo? De varias maneras: capacitándonos en el mayor número de oficios
y carreras posibles, es una de ellas. La época actual requiere de gente más
preparada, puesto que los cambios ahora son tan rápidos que si nos descuidamos nos quedamos en la vía. Sin embargo esta decisión de estudiar y trabajar está llena de obstáculos por todas partes. Hemos tenido necesidad de
demostrarles a los hombres, especialmente a los padres, esposos, empresarios y gobernantes que la mujer no opina por donde orina, que la inteligencia no la poseemos en medio de las piernas; que es muy sano y conveniente
la competencia de tú a tú en capacidad e iniciativa en los distintos campos
de actividades. Claro que todo este reconocimiento significa que debemos
tener iguales derechos y deberes en el hogar. No hay justificación de ninguna clase que el hombre se crea superior y pueda chantajearnos por la
simple razón de ser el único que entrega dinero o seguir sosteniendo la falsa creencia que los oficios domésticos son tareas estrictamente de mujeres.
Las Familias en el Sinú - 39
Si el hogar es obra de ambos y ambos aportan
con dinero o con trabajo lo lógico es
que se dividan o compartan
las obligaciones sin establecer discriminaciones ventajosas para
ninguno de los dos.
Otra manera de
hacernos ver es
tratar de acabar
con los abusos
que cometen contra nosotras. No es
posible seguir tolerando gritos, amenazas,
golpizas, desconsideración,
irresponsabilidades de todos
los tamaños, burlas y un sinnúmero de arbitrariedades por cualquier mínima
sospecha o sin existir ninguna razón de peso. Con hombres de esta calaña
la única solución es la separación. Y de hecho lo estamos haciendo. Basta
con mirar los casos de separaciones en los juzgados respectivos para entender que la iniciativa la llevamos nosotras.
También anhelamos, y esto es un complemento de lo dicho anteriormente,
que se nos reconozca el derecho de ser felices en el acto sexual, que no se
nos inhiba o nos miren mal cada vez que deseemos manifestar nuestros
gustos con libertad y franqueza. El acto amoroso es creación de dos y por lo
mismo deben quedar satisfechos ambos. Malo, pésimo, que sea uno el que
goce y el otro quede con angustias en el cuerpo y el alma. Por motivos conocidos nosotras somos las grandes sacrificadas y al parecer la situación no
va a cambiar por ahora. Debe haber una respuesta nuestra a esta anomalía.
Y en estos asuntos yo soy radical: si una mujer no consigue satisfacción,
bienestar y superación en un hombre, lo más natural del mundo es que lo
deje y punto. Y este mismo derecho se lo reconozco al hombre. No faltaba
más. Es mejor desde todo punto de vista la separación que la infidelidad.
Afortunadamente las separaciones son tan frecuentes que no causan las
40 - Las Familias en el Sinú
habladurías de antes y la virginidad no es requisito tan riguroso como en
tiempos pasados.
Sé que muchos hombres y no pocas mujeres critican lo que está sucediendo, se escandalizarán con lo que estoy hablando y hasta nos calumniarán
pero las cosas ya no tienen reversa, los cambios seguirán operándose.
Mientras tanto seguiremos criando hijos con una nueva mentalidad, sin
necesidad de abandonarlos, así seamos madres solteras, separadas o viudas
y tengamos que venderle el alma al diablo. Es más, siempre hemos procurado que los hijos permanezcan con nosotras y no se vayan con el padre. Esto
no es ningún capricho bobo, nos viene desde años atrás la preocupación
porque los hijos se superen y con nosotras tienen todo el apoyo que sea
necesario. Y esta disposición natural no la vamos a perder de ninguna manera. Continuaremos batallando porque nuestros hijos sean alguien en la
vida sin fijar diferencias entre hijos varones y mujeres. Para nosotras valen
y los queremos iguales.
En el fondo de mí hay algo que me duele como mujer, estamos dejando de
ser tiernas. Algo o alguien, o las dos cosas al tiempo, nos vienen insensibilizando paulatinamente. Poco o tardíamente respondemos a los detalles
románticos, a los piropos galantes, a las caricias y a los juegos que nos alegran y nos vuelven mansas como las palomas o sensitivas como los versos
de los poetas enamorados.
En fin, es mucho lo que se puede decir pero pensando con cabeza fría,
sin ánimo de polemizar ni de culpar a nadie, yo creo que los cambios que
estamos promoviendo las mujeres son convenientes para todos. Veamos
por qué: para los esposos, porque cuentan con mujeres más preparadas
y menos desgastadas físicamente que les ayudan a llevar los altos gastos
que demanda el sostenimiento de un hogar en condiciones tan apretadas
como las actuales. Para los hijos, porque disponen de una mayor comprensión y una mejor orientación en la vida. Para la comunidad, porque nos
vinculamos activamente al trajín de sus actividades económicas, sociales,
religiosas, culturales, deportivas y políticas, proporcionando ideas, entusiasmo, dinamismo y progreso. Para nosotras mismas, porque empezamos
a realizarnos como mujeres de esta época tan enredada y tan necesitada de
opiniones y sentimientos más justos y humanos. Opiniones y sentimientos
que se encuentran más en nosotras.
Las Familias en el Sinú - 41
Son tan justas estas solicitudes y aspiraciones que la aceptación y el apoyo a
las mismas es cuestión de tiempo. No más. Aspiramos a no equivocarnos y
a confiar en la sensatez de los varones, siquiera por esta única vez.
El hijo
Cuando hablamos de los hijos debemos especificar si son mujeres
o varones y en caso de ser
estos últimos, si nos
estamos refiriendo
al mayor o a los
menores, pues
en realidad los
importantes
somos nosotros, los mayores.
Antes, y esta
opinión todavía no se pierde,
todos los hogares
ambicionaban que
el primer hijo fuera
varón por razones obvias
que ustedes ya conocen. Nuestra misión era y sigue siendo nada
menos que la de reemplazar al padre en sus
ausencias temporales o definitiva. Algo grande si se tiene en cuenta que en
estas circunstancias hasta la propia madre estaba obligada a consultarnos
los movimientos y decisiones importantes de la casa.
No vaya a creerse que cumplir este papel como es debido es cosa de niños. ¡De ninguna manera! A uno lo preparan desde que nace: los mejores
mimos y preferencias, las más grandes oportunidades para sobresalir, la
mayor libertad y la mayor autorización para mandar.
42 - Las Familias en el Sinú
Es al primero en especial a quien el padre saca a pasear, a mostrar y a decirle
a todo el mundo “este es el heredero, el que puede hacer y deshacer porque
es primogénito”. Y desde muy niños recibíamos el encargo de acompañar
y vigilar a cada momento a nuestras hermanas. Sin todavía entender por
qué razón nos dieron un poder grande sobre ellas. Y este poder lo usamos
severamente cada vez que se presentó la oportunidad. Tal vez algunas veces
fuimos injustos, sobre todo al principio, cuando no comprendíamos las
cosas y nuestros padres nos alertaron tanto contra nuestras hermanas que
posiblemente exageramos la vigilancia y las chantajeábamos y denunciábamos. Pero después, ya grandes, si nos excedimos un poco lo hicimos con
plena consciencia, pues teníamos que imponernos como hombres y como
hermanos mayores. Nos tocaba entonces aprobar o rechazar las amistades,
conceder o negar los permisos y no permitir que tuvieran novios. Contábamos con licencia para castigarlas si nos desobedecían o fallaban en algo.
Y lo podíamos hacer con puños, cinturones, varitas de totumo o tamarindo
y con sogas de colgar hamacas o sujetar animales. En estos casos nuestras
madres no se metían, aunque hubo casos en que nos ayudaban un poco.
Les he estado hablando de las hermanas jóvenes o señoritas que todavía dependen de la casa paterna pero también teníamos que ver con las hermanas
casadas. Si éstas se encontraban en apuros económicos o conyugales nos
encargábamos de hablar con los cuñados y pedirles explicaciones. Si por
casualidad alguno de éstos la golpeaba injustamente el asunto lo arreglábamos a los puños.
Esto no significa que el marido no pueda regañar o pegarle a la esposa, así
sea hermana de uno; no, no es esa mi opinión, pues yo estoy de acuerdo
que todo acto indebido que cometa una mujer merece sanción. El cómo
sancionarla depende de cada cual. Antes y todavía hoy, se emplean los
golpes.
En cuanto a los hermanos menores o pequeños, alguna atención merecían
de parte nuestra. Interveníamos cuando nuestras madres ya no los aguantaban, cuando hacían o decían algo que se relacionaba directamente con
nosotros y cuando les ordenábamos el cumplimiento de los oficios que a
cada cual les correspondía ejecutar todos los días.
Pero nuestro compromiso no tocaba únicamente a los hermanos. Nos correspondía llamarle la atención a nuestro padre cuando incumplía con sus
Las Familias en el Sinú - 43
deberes para con el hogar, ya fuera por descuido o abandono, por malos
negocios, por parrandas o por mantener otra mujer. Era un llamado de
atención respetuoso pero tajante. Algunos aceptaban, a otros les molestaba
enormemente que un hijo, aún el mayor, se excediera en atribuciones que
nadie le había dado. En todo caso siempre supimos portarnos correctamente con los viejos.
Hay que reconocer también que la función del primogénito no fue cumplida eficientemente por todos. Fallaron los que no contaron con las cualidades y habilidades apropiadas para merecer la confianza de la madre y
los hermanos. Y cuando el mayor fracasaba el vacío de autoridad lo llenaba
otro de los hermanos varones o la propia madre si ya no había en quien
confiar.
En resumen, los primogénitos hemos desempeñado una notable labor en
la familia. Basta pensar que colaboramos con los padres en la noble labor
de mantener unida la familia. A pesar de los resquemores y críticas que
recibíamos de los hermanos en contra de nuestras órdenes y privilegios, lo
cierto fue que nos mantuvimos ligados muy estrechamente en los juegos y
en los buenos y malos momentos. Los de mayor edad se mantenían pendiente de los menores: los cuidaban, bañaban y vestían, les daban teteros y
comida en general, los mecían, dormían y entretenían.
Hoy, me parece a mí, los primogénitos venimos fracasando en nuestra labor. Estamos permitiendo y contribuyendo con la desunión entre los hermanos por las peleas, los insultos y ataques entre sí. Viviendo en la misma
casa no nos hablamos, existe una indiferencia total por lo que sucede a cada
uno, desaparecieron las reuniones familiares y no es nada raro que padre e
hijo se den puñetazos en los patios o en las calles.
La hija
Las hijas de antes pasamos por dos momentos en casa de los padres: uno
como niñas y otro como mujeres. ¿Cuál fue mejor? ¿Cuál nos sirvió más
para después desempeñarnos como esposa y madre? Son preguntas que
trataré de responder conforme mi experiencia y la de muchas otras que
conozco.
44 - Las Familias en el Sinú
Recién nacidas los padres no nos veían con buenos ojos pero terminaban aceptando lo
dispuesto por el destino. Después
hasta nos llegaban a querer un
poquito, en especial cuando teníamos entre uno y
tres años de edad. Nos
cargaban, nos hablaban como chiquitos,
jugaban de todo con
nosotras y se preocupaban de verdad por
cosas como la comida
y la salud.
De los cinco años en adelante principiaban los mandados, los oficios, los cuidados
de los más pequeños hasta que Dios
y los hombres querían, en una rutina tan
absorbente que terminamos acostumbradas a ella.
Quizás por ello tuvimos siempre una visión tan estrecha de la vida puesto
que el mundo no pasaba de la casa donde vivíamos y de unas cuantas casas
más del pueblo.
Incluso, los cambios en nuestro cuerpo pasaban casi desapercibidos porque no sabíamos para qué servían… bueno, si sabíamos: para hacer más y
mejores las actividades que nos tocaba realizar. El crecimiento de los senos, los vellitos en el sobaco, los movimientos de la cadera, el brillo de los
ojos y el cabello, los gestos sensuales del cuerpo y la boca y la finura de la
piel, eran descubiertos primero por nuestros padres y hermanos que por
nosotras. Entonces nos llamaban la atención, nos daban instrucciones y
comenzaban a vigilar nuestros movimientos. Ya ustedes saben qué ocurría
si fallábamos en algo.
El hecho de ser la mayor conllevaba ciertas responsabilidades. Algunas de
las cuales eran reemplazar a la madre en los oficios y cuidado de los meLas Familias en el Sinú - 45
nores cada vez que se enfermaba o salía a diligencias familiares y servir de
ejemplo a las otras hermanas. El mayor ejemplo que nos exigían era el de la
buena compostura, ser merecedora de respeto por parte de los hombres, no
ser objeto de habladurías ni de cuentos y saber casarnos como Dios manda.
Porque del ejemplo que pusiera la mayor dependía el éxito o el fracaso de
las otras hermanas. Si alguna de éstas fracasaba se le cargaba a la cuenta de
la mayor, quedando con ese peso en la conciencia por el resto de su vida.
Yo creo que la atención a los padres, sobre todo cuando están viejos, es otra
responsabilidad, ¿cierto? Los hermanos por lo general no la cumplen por el
trabajo, como si nosotras no trabajáramos, las pérdidas frecuentes, las parrandas y porque no tienen corazón, paciencia, ni la capacidad de sacrificio
y abnegación que tenemos nosotras.
A propósito: se me ocurre por momentos, cuando los padres dependen de
la atención que le prodigamos ¿no sentirán remordimiento por la manera
injusta como se portaron con nosotras? El padre debiera preguntarse por
qué razones no deseaba tener hijas y la madre por qué siempre fue tan
enérgica con nosotras y tolerante con los varones, cuando era ella la única
esperanza que teníamos en medio de tanta incomprensión de los hombres
y del pueblo.
No piensen que estoy llena de remordimientos. Son cosas simples que se
me ocurren para pasar el rato, ahora que veo a mis hijas y las comparo conmigo cuando tenía sus edades. ¡Que diferencia¡ Saben muchas cosas con
demasiada superficialidad. No les gusta hacer los oficios de la casa. Viven
pendientes de amigas y amigos, modas, música, cine, novelas, cantantes,
artistas en general y paseos. Son antojadizas, estudian apenas para pasar
en las notas del colegio y principian a pintarse desde muy jóvenes. No les
entusiasma saber cómo vivíamos y pasábamos los mayores ni le prestan
atención a las cosas y costumbres que son de nuestros pueblos. Nos irrespetan, creen conocer todo, son groseras, se enojan por cualquier motivo pero
con las amistades siempre están sonriendo.
Estoy de acuerdo que quieran ser más libres e independientes pero con
responsabilidad. En esta época es muy fácil dañar a una niña o un niño con
tantos vicios y maldades y por lo mismo los padres no podemos descuidarnos. El progreso trae sus ventajas pero también sus perjuicios. Y estos
tenemos que evitarlos al máximo.
46 - Las Familias en el Sinú
Una de las ventajas que yo encuentro es que el hombre está entendiendo
que las mujeres sentimos el placer sexual con tanta o más intensidad que
él. Hubo y hay hombres todavía que juran y rejuran que nosotras sufrimos
en el acto sexual. Sufrimos si no nos complacen, ¡que quede bien claro¡ En
el fondo, opino yo con modestia, esta es la razón principal por la que los
hombres no deseaban o desean tener hijas.
Pero el asunto no termina en lo que he dicho. He notado desde hace varios
años que las casas se están llenando de hijas jóvenes que salen embarazadas…me asombra verlas cada vez más jóvenes y atrevidas. Y a estos hijos
de nuestras hijas generalmente nos toca atenderlos porque ellas con toda
frescura nos convierten en madres-abuelas, a veces demasiado rápido.
A la larga y perdonen por hablar tanto, puedo decir que todo cuanto vivimos y aprendimos fue de mucha utilidad para nosotros pero no para nuestras hijas. Ellas no creen en nada del pasado. Para ellas este es un tiempo
nuevo y por lo mismo no podemos entenderlo. Nos toca observarlo y no
juzgarlo, así nos dicen cuando las regañamos, ¿cómo les parece?
Los abuelos
Nosotros los viejos o los abuelos, ahora que hablamos de la familia, ya no
soplamos. Vamos de mal en peor. Antes se nos llamaba con cariño y respeto papá viejo o mamá vieja. Servíamos para una infinidad de cosas pero
yo y Juana, mi mujer, siempre preferimos y nos gustó muchísimo todas las
veces que los hijos y los nietos, tanto hembras como varones, llegaban hasta
nosotros a consultarnos sus cuitas, sus andanzas y negocios. Hablaban con
sinceridad, nos escuchaban con atención y rara vez desoyeron los consejos
o las indicaciones que le formulábamos. Gozábamos por entero contando
cuentos, leyendas, anécdotas, sucesos buenos de la vida de uno o de otros,
del propio pueblo o de otros que se conocieron de vista o de oídas. Sabrosas
las reuniones que hacíamos de noche, a un lado del fogón y del mechón,
fumando tabacos y echando cuentos que sobrecogían el corazón pero entraban con dulzura a la mente ansiosa y blandita de los niños. A ellos y a
los grandes, familiares o no, les explicamos despacio y les repetimos una,
dos, tres, diez, veinte, cien y todas las veces que fue necesario, la historia del
pueblo, los primeros hombres y mujeres que se aventuraron por montañas
Las Familias en el Sinú - 47
endiabladas con la intención de limpiar pedacitos para tener donde sembrar cualquier
cosita y con suficiente claridad les fuimos
contando también como eran las costumbres y como han venido cambiando a medida que el tiempo avanza
sin que nadie pueda detenerlo, sin
que aparezca una talanquera que
lo aguante por un rato no más,
siquiera para que las cosas y las
gentes no cambien tan rápido.
Estos momentos cortos o largos, los tenemos bien conservados en el alma. Ni siquiera se
los hemos dejado a la memoria
porque es muy frágil y somos
gustosos que nos acompañen
hasta el último instante de lucidez que tengamos antes de morir. Ahora que hablo de morir, y
Juana está de acuerdo conmigo, le
estamos rogando a la Divina Providencia que nos lleve con ella cuando
todavía estemos hábiles y lúcidos. Ojalá
no llegue cuando seamos un par de viejos
inútiles que lo único que hacen es estorbar
y joder.
Porque en esto debemos ser precisos: los hijos y los nietos se aburren de
nosotros a medida que perdemos la utilidad y los bienes o recursos. Nos
soportan hasta cuando servimos de algo o tenemos algo. Les da rabia y
maldicen si nos orinamos o cagamos sin querer o tienen que suministrarnos la medicina a la medianoche o la madrugada o si empezamos a pujar
o a quejarnos como si estuviéramos en agonía. ¡Qué triste final el de los
hombres y las mujeres que llegan a viejos en estas condiciones!
48 - Las Familias en el Sinú
Nosotros por fortuna todavía prestamos algún servicio: pilamos arroz,
cuidamos matas, árboles y hortalizas, pelamos frijoles, tejemos esteras,
abanicos, redes para pescar y hamacas, atendemos los animales del corral,
barremos la sala y un pedazo del patio, expulgamos el arroz, le sacamos
piojos y liendres a los nietos, hacemos escobas y mandados, cuidamos la
casa, ayudamos para que los niños coman, echamos cuentos, recogemos y
llevamos flores a los muertos, nos levantamos temprano a hacer el tinto y a
medio arreglar los trastos, salimos a caminar y muchas más cosas que sería
largo enumerar.
Hay que aclarar, sin embargo, que los abuelos del campo tienen más que
hacer en su soledad que los abuelos de las ciudades. A éstos no solo les
aprieta el abandono y la inutilidad, también la estrechez física de las casas
donde viven.
Hay otro oficio que estamos prestando: atender los hijos de nuestras hijas
solteras. El colmo llega a tal extremo que nos acusan de criarlos mimados,
aunque por otro lado acusan a las madres solteras de criarlos relajados. No
estoy seguro si esto último es verdad, pero la acusación a nosotros en parte
es cierto porque los queremos bastante. ¿Pero acaso querer a un nieto es
malo? ¿Por qué razón? No hay mejor padre que el abuelo.
Yo y Juana seguiremos queriendo a nuestros nietos, sean de hijas o hijos casados o no. Sobre todo ahora que las parejas se separan por cualquier cosa
y al ratico forman otras parejas que luego se separan para más tarde formar
otras, en una cadena que parece no tener fin en ninguna parte. Y de cada
unión van quedando hijos desamparados de alguno de los padres que, si no
fuera en parte por nosotros los abuelos, quien sabe cómo y dónde terminarían sus días. El porvenir de tantos muchachos atendidos por uno solo de
los padres, lo veo oscuro y repleto de incertidumbres. ¿Qué será de ellos?
¿Cómo formarán sus sentimientos? ¿Cuántos echarán a perder su vida por
el solo hecho de no contar con el apoyo de uno de los padres?
Nos acongoja lo que estamos viendo y nuestra ilusión de vivir tranquilos, en paz con todo el mundo, definitivamente la perdimos para siempre.
¿Cierto Juana?
Las Familias en el Sinú - 49
La nuera y el yerno
Perdón, le pido permiso a los
miembros de la familia
para decir algo. Yo soy
la nuera. Me toco
vivir con mi marido en casa
de su familia
por
varios
años pero en
la actualidad
ya vivimos
independientes. Digo esto
porque son dos
situaciones completamente diferentes.
Vivir con los suegros y cuñados es algo
así como ser vecinos o inquilinos del propio infierno. Por muy buenos que
sean los suegros y cuñados, y de verdad los hay, siempre estará presente
una rasquiña de incomodidad, habrá la propensión al choque y dígase lo
que se diga nunca se llega a formalizar un verdadero hogar porque viene el conformismo y desaparecen las ganas de contar con su propia casa.
Considero que los padres actúan con la más sana intención de colaborar
con la pareja que principia su vida conyugal; es más, creo indispensable
esta ayuda para arrancar con un poco más de seguridad. Pero ciertos padres exageran la colaboración. Entonces les da por oponerse con métodos
abiertos o soterrados que el hijo tenga por aparte su hogar, retirado de su
tutela protectora. A veces se valen de unos argumentos que uno no sabe si
reírse o morirse de la rabia: como aquellos de que si se enferma no tendrá
quien lo cuide con esmero, ni quien le pegue los botones, ni quien le planche la ropa como a él le gusta, ni quien le caliente la comida y le haga jugo
de limón bien frío cuando llegue borracho en las madrugadas y otros cien
por el mismo estilo. Al final, para que el hijo no tenga reparos le dicta la
sentencia: recuerda que madre no hay sino una.
50 - Las Familias en el Sinú
En muchos casos sin embargo, el hijo, presionado por nosotras, decide desvincularse del hogar de los padres. La despedida inevitable es del mismo
corte de los argumentos: recuerda que esta es tu casa, regresa aquí cada vez
que no estés a gusto donde vas a vivir y si tienes problemas con tu mujer
no lo dudes un instante ¡vente para acá! ¿Cómo les parece? pero bueno,
estas cosas se pueden soportar con algún esfuerzo… lo que no aguanto es
ver a estos maridos nuestros tan apegados a las faldas y pantalones de los
papás que no son capaces de contar con iniciativas propias. Prefieren darse
la gran vida de la vagabundería y la irresponsabilidad mientras sus padres,
unos perfectos alcahuetes, nos mantienen a regañadientes. Y es en la nuera donde se descargan todas las rabias y las indirectas de la casa. El hijo
puede ser el sinvergüenza más grande del mundo pero uno está obligada a
recibirlo y atenderlo como rey. ¡Cuánta injusticia! Da la impresión que los
suegros y los cuñados nos cobraran por dormir, comer y estar en la casa
de ellos. Reconozco que nos corresponde ayudar en todo el movimiento de
la casa pero tampoco es para que abusen, a tal punto que a veces creemos
estar desempeñando el puesto de muchacha de servicio doméstico. En el
campo la situación es peor. La nuera en estos lugares de hecho es una criada. Se le mantiene en la cocina o en lugares apartados mientras las cuñadas, bien arregladas y con tiempo de sobra para flojear, son las que pueden
hablar y atender visitas. Cuando llegan extraños o forasteros la nuera debe
retirarse de inmediato para su respectivo sitio.
Tanto en el campo como en la ciudad, los maridos saben todo cuanto nos pasa pero no
dicen nada. Se quedan callados como
tumbas. Dan la sensación de estar de acuerdo con sus padres
y hermanos para cansarnos la
vida.
Ahora me toca a mí. Yo soy
el yerno y guardadas las proporciones en algunos aspectos coincidimos con lo que
planteó la nuera. No es lo mismo desde ningún punto de vista
vivir en casa de los suegros y cuñados que disponer uno, su mujer e hijos
Las Familias en el Sinú - 51
de un rancho propio o alquilado. En el primero, uno como yerno se siente
humillado, a la voluntad de los dueños de la casa y experimenta en carne
propia la diferencia en el trato y los oficios que establecen entre el yerno y
los cuñados. Uno siempre queda abajo. La mujer, o sea, la hija de los suegros y hermana de los cuñados, nota con frecuencia la diferencia y reclama
y hasta pelea pero que va, eso no desaparece. Por mucho que uno ayude
con dinero o con trabajo y atenciones el malestar sigue latente. Y claro, a
uno como hombre le duele más que a las mujeres que le estropeen su orgullo y le quiten su autoridad de mando.
En cambio, uno en su rancho, por pobre que sea, puede hacer y deshacer
y nadie tiene porque asomar sus narices por allí. Como hombres, como
esposos y como padres nos realizamos mejor en el sitio donde podemos
mandar sin ninguna interferencia. Quiero ser claro con lo que acabo de
decir: no es que esté en desacuerdo o sea un tipo incapaz de convivir con
otra gente, en este caso la familia de la mujer ¡ni más faltaba! A mi particularmente me gusta vivir en casa de los suegros pero es difícil. En muchas
ocasiones todos estamos contra todos. Los vínculos de sangre y parentela
parecen no existir y cada cual jala por su lado. Esto hace que los yernos
nos sintamos discriminados y humillados como lo dije anteriormente. Las
cosas empeoran cuando la propia mujer, sabiéndose amparada, trata de
montarse sobre nuestros hombros y manejarnos como ella quiere. Y esto es
algo que tampoco acepta ningún hombre de valía.
La querida
Sé que me van a tratar de intrusa pero quiérase o no yo tengo ganado un
lugar en la familia. Lo he conquistado con paciencia y resolución a toda
prueba y no estoy dispuesta a echar pie atrás. Me han calumniado hasta
la saciedad. De mi aseguran que soy destructora de hogares, una maligna
perdedora de hombres, una rebuscona o mujer de vida alegre, una bruja o
pervertida que valiéndome de mañas del diablo enloquezco a los maridos.
Todavía es hora que debo soportar insultos, groserías, gestos de desprecio,
burlas e indirectas por parte de novias o esposas que no pueden verme.
Hay algunas un poquitín más comprensivas, que nos aceptan por considerar que somos una especie de entrenamiento para su futuro marido. Hasta
ahí han llegado las más condescendientes.
52 - Las Familias en el Sinú
Ustedes alguna vez han pensado ¿Por qué los hombres buscan queridas? Tal vez para las esposas sea
una pregunta necia o irritante pero no deja de
ser interesante y necesaria de aclarar para que
las calumnias no proliferen con tanta bondad
como hasta ahora.
Para mí, tanto las queridas como las esposas somos caras de una misma moneda.
Nos complementamos unas a otras con el
fin de proporcionarle una mayor felicidad
al hombre que queremos. Simplemente
nos repartimos las funciones sin necesidad
de ponernos de acuerdo.
Está demostrado que nosotras somos más
atentas y solícitas. Estamos siempre dispuestas a complacer al hombre cuándo, cómo y
dónde quiera. Casi nunca objetamos o ponemos condiciones, ese papel lo reclaman las esposas porque lo cumplen a la perfección. Cuando los
tenemos en casa procuramos que pasen ratos o días
agradables, los colmamos de detalles que sabemos les encantan y procuramos que echen a un lado el cansancio y ofuscamiento del
trabajo y los disgustos de la otra casa. Sus amigos nunca podrán quejarse
porque también los atendemos con la cortesía que merecen.
Conviene hacer notar igualmente que el hogar complementario o sustituto
que forman con nosotras no pone en peligro la integridad del otro hogar
por motivos económicos. Si bien el hombre nos mantiene total o parcialmente lo cierto es que gasta mucho menos con nosotras que con ellas. Y
esto no es motivo de discusión o reclamo porque creemos que es así y está
bien. Es más, si nosotras trabajamos o contamos con algún recurso, no vacilamos en ayudarlo, aún sabiendo que es para el otro hogar.
Por algo los hombres conocen nuestra comprensión y desprendimiento y
quizás por estos y otros motivos nos exigen tanto como a sus esposas pero
esperan mucho más de nosotras.
Las Familias en el Sinú - 53
Según mi criterio las esposas deben convencerse que nos necesitamos mutuamente y abandonar la falsa creencia que son o valen más que nosotras.
Esta mentira piadosa las ha llevado a comportamientos tiránicos como el
de impedir que nos acepten en grupos femeninos con fines cívicos, religiosos o de fiesta y otros igualmente descabellados. ¿Para qué este alarde? me
pregunto yo. No le encuentro razón de ser por ninguna parte. ¿Ustedes si?
¿…Entonces qué?
Cualquiera que sea la opinión que tengamos sobre estos testimonios debemos reconocer que estos cambios no se han formado así por así, ni de
la noche a la mañana. Varios factores, propios de la familia o por fuera de
ella, más el tiempo que trascurre se han puesto de acuerdo para formarlos
y seguir formándolos.
Así es la vida. Este trabajo fue publicado en 1984 y el departamento de
Còrdoba fue creado en 1952. La creación de nuestro departamento aligeró
los cambios que comentamos y muchos más. En ese momento no pasábamos de ser una serie de pueblitos sin porvenir conocido, con una escasez
sorprendente de vías, centros de salud, escuelas, servicios públicos y otros
detalles indispensables. La familia vivía tranquila en su medio, lejos del
resto del mundo, aparentemente satisfecha porque contaba con recursos
materiales no tan difíciles de conseguir y una diversidad cultural importante expresada en valores, conocimientos, creencias, normas, principios,
sentido común, sencillez y laboriosidad con una particular manera de ver
y entender las cosas sin necesidad de recibir influencias de pueblos o gentes
forasteras. Así más o menos eran entonces las familias.
Pero los pueblos y las personas cambian sin cesar. Y nosotros no somos
ninguna excepción. Cambiamos a medida que abren carreteras y disponemos de distintos medios de transporte. La pérdida o desaparición de
recursos para habitar, comer, vestir o divertirnos nos hace cambiar. Como
nos hizo cambiar igualmente el fracaso de la reforma agraria; la emigración
de nuestra gente a otros departamentos y países; la violencia política que
conmueve partes de este suelo tan propio desde antes de ser departamento.
Como lo hace la televisión, el cine, la radio y todos los medios masivos de
comunicación. El intercambio de productos y habitantes nos trae comuni54 - Las Familias en el Sinú
caciones. Las explotaciones mineras nos están cambiando y lo mismo hará
la hidroeléctrica de Urrá. En fin, existen tantos elementos que nos hacen
cambiar que una lista detallada resultaría larguísima. Y lo bueno o malo es
que todos los días aumenta el número de estos elementos.
Sin embargo las cosas no paran aquí. Dentro de la familia se producen
hechos que la cambian permanentemente. Como la irresponsabilidad de
los cónyuges; la falta de comunicación, respeto y confianza entre sus miembros; los matrimonios jóvenes e inexpertos; la decisión de la mujer de capacitarse para jugar un papel más activo en su comunidad y fuera de ella; el
respeto a las creencias y a la personalidad de cada cual y muchos otros más.
A pesar de todo lo dicho hay pueblos y familias que aún conservan algunas
de sus costumbres viejas: el apoyo moral o económico en caso de calamidades como velorios, enfermedades y ruinas; el compartir momentos agradables o fechas memorables como los cumpleaños, matrimonio, navidad,
año nuevo, semana santa y las patronales; la disposición de las abuelas a
hacerse cargo de los nietos en todos los casos posibles y la convivencia de
varias familias unidas por sangre o parentesco en una misma casa o grupo
de casas muy cercanas, son algunos de los casos más conocidos entre nosotros. Nos queda una inquietud ¿cómo serán las familias en el Sinú en los
próximos años?
Las Familias en el Sinú - 55
Las familias en la primera década del año 2000
Víctor Negrete Barrera y Johana Ferreira, 2014
Testimonios
El padre joven
Hoy en día hay una diferencia notable entre los padres jóvenes (18-25 años
aproximadamente) y los mayores de 30 años. Yo soy de los jóvenes. Desde
los doce empecé a tener novia. La relación era limitada a compartir cosas
como resolver las tareas escolares, mecatos, idas a cine, paseos, llamadas
telefónicas, fiestas y juegos; nos visitábamos en las casas y de vez en cuando
un besito rápido en la boca, los abrazos, la sacada de espinillas o exprimiéndome granitos de los que salen en la cara y la cogida de manos. Hace
tres años hago pareja con una muchacha, cinco años menor que yo; ambos
estudiábamos y de vez en cuando teníamos relaciones sexuales, no siempre
con condón porque hubo momentos apremiantes y no contábamos con
tiempo para adquirirlos. El resultado fue un embarazo no deseado. Los
padres de ella quedaron sorprendidos y decepcionados. Le reclamaron casi
llorando si por qué lo hizo, que les dijera dónde habían fallado, si ellos la
querían, en vez de castigarla le llamaban la atención con buenos modales,
estudiaba en un colegio privado porque en los públicos enseñan poco y
pierden mucho tiempo, los planes eran que entrara a la universidad sin
56 - Las Familias en el Sinú
importar el sacrificio que debían hacer para costearle la
carrera y después sí, ya
profesional, escogiera un marido preparado y bueno
que la valorara
y les dieran
algunos nietos. Mi novia
también lloraba y avergonzada les pedía
perdón y comprensión por su
debilidad de mujer
y falta de previsión.
Les juró que continuaría estudiando y procuraría
llegar a ser la profesional que
ellos deseaban. Después de llantos,
silencios y espasmos los padres acongojados
aceptaron la realidad y me pidieron que cumpliera con responsabilidad mi
papel de marido y futuro papá.
Me tocó entonces hablar con mis viejos y hermanos. Fue una sesión larga y
complicada. Llena de preguntas, acusaciones, molestias y advertencias. Al
final aceptaron mi petición de llevarla a la casa a vivir conmigo. Lo hicieron
más por compasión que por cualquier otro motivo, previa aceptación de
varias condiciones: no dejaría de estudiar, buscaría algún trabajo y permaneceríamos en la casa unos meses después del alumbramiento. El acomodo
de ella en la casa también fue engorroso: el uso del baño, repartirse los
oficios domésticos, distribuir los espacios, ver los programas de televisión,
modificar las manifestaciones de amor y los actos de la intimidad. A mi me
tocaba recibir de mi mujer y mis familiares, quejas y reclamos, oír puyas e
indirectas, ver gestos y groserías y aplacar las cosas cuando subían de punto, amenazando convertirse en escándalos.
Las Familias en el Sinú - 57
Después de unos meses de zozobra empezó a normalizarse la situación. Ella
por las molestias del embarazo dejó de estudiar y yo seguí de manera irregular, faltando con frecuencia a clases. Creo que ambos, cada uno en su soledad y en los momentos críticos, nos dimos cuenta que habíamos metido
la pata. ¡Cuánta falta nos hacían la libertad, dormir hasta tarde, no rendir
cuentas a nadie, la despreocupación, el ocio, los amigos, las rumbas y los
amores sin compromisos! Cuando llegó la niña, los abuelos y las tías fueron
los más entusiastas y colaboradores. Los primeros meses fueron duros para
nosotros por los llantos, los trasnochos, la preparación de los teteros y el
suministro de medicamentos, el gasto de leche, pañales, medicina… en fin,
quedé asombrado de la cantidad de cosas que necesita una recién nacida…
y nosotros no teníamos la más mínima idea de lo que significa todo esto.
Así, haciendo mal las cosas varias veces aprendí a cargarla, mecerla en los
brazos o en los hombros, darle tetero sin peligro de ahogarla, tocarle suave
la espalda para facilitarle la erupción que le producían las comidas, bañarla, vestirla y tararearle parte de canciones conocidas o improvisaciones
mías. Me entretenía jugando con ella, haciéndole cosquillas para escuchar
su risa, imitando el lenguaje de los animales y repitiendo la palabra papá
para que la aprendiera rápido.
Las relaciones sexuales con mi mujer eran cada vez más espaciadas por
los ajetreos con la niña, las limitaciones de la casa y el gusto por el acto ya
no era el mismo. La comida casera había que intercambiarla con la de la
calle… y eso fue lo que hice al conseguirme una chica que no era exigente,
es decir, aceptaba que tuviera compañera con una hija y no molestaba por
eso. Y claro, aparecieron las llegadas tarde, las excusas, los embustes y los
reclamos, los indicios de la infidelidad, hasta que la situación se hizo insoportable. Después de una sesión complicada por los insultos, las amenazas
de demanda, el daño causado, el engaño, el dolor y el derecho sobre la niña
convenimos en separarnos. Ella volvería a su casa y yo quedaba libre como
antes pero con más experiencia para no pasar por otra situación parecida.
En el fondo uno como hombre sabe que la mujer es la que pierde en casos
como este pero no lo tiene en cuenta en el momento de decidir. Por lo
regular la mayoría de nosotros hace alarde que fue mujer de uno, la dejó
y le hizo una hija. Para la gente que la conoce, así como para su familia,
amistades y relaciones posteriores significa un fracaso en su vida. Sus compañeras de barrio y estudio la mirarán con cierto aire de superioridad o
58 - Las Familias en el Sinú
ventaja y los varones la considerarán una presa más fácil por lo vulnerable
que queda.
A muchos padres jóvenes nos gusta jugar con los hijos o hijas cuando están
pequeños, los tratamos de campeones y queremos enseñarles de todo, les
mostramos con orgullo a amigos y familiares lo que ya saben decir y hacer
como hablar, bailar, imitar muecas o morisquetas de personas allegadas
o personajes de televisión, cantar, recitar, armar rompecabezas, manejar
juguetes con pilas o medios de locomoción, pronunciar palabras obscenas;
nos asombramos con las cosas que inventan, las ocurrencias que tienen, las
preguntas que formulan. Les enseñamos, metemos o inscribimos en clubes
o grupos para que aprendan a jugar futbol, beisbol, patinaje, natación, ajedrez, tocar guitarra, manejar la televisión y los juegos de celulares y computadores. Aunque la mayoría de nosotros todavía prefiere tener varones, las
hijas cada vez son más bien recibidas y deseadas. A mí me gustó que haya
sido niña. Y hay algo que me parece bueno: los castigamos muy poco. Ya
estamos aprendiendo a no castigarlos con la severidad de antes.
No todos los padres jóvenes son como yo: despreocupado, sin mucho interés por estudiar o trabajar, mujeriego, rumbero, tomador de tragos, con
disposición a probar drogas para ver que son esas vainas y no me echen
cuentos chinos. Me gusta vestir bien, oler a loción, tener celular, gafas oscuras, tenis de marca y ojalá pueda comprarme una moto. Algunos conocidos míos, muchachos como yo, trabajan y estudian, salen con su mujer
e hijos, no se les oye discutir, no llegan borrachos tarde en la noche o al
amanecer, mejoran la casa donde viven y adquieren sus cosas como televisor, lavadora, nevera, computador y cosas por el estilo. Tanto a ellos como a
mí nos gusta ver programas de deportes, música, competencias, animales,
inventos, tecnología y pornografía, películas de acción, noticieros y la vida
y chismes de famosos. Bueno, como sé que la vida es una sola, por ahora
trato de divertirme y pasar lo mejor que pueda. Ya veremos qué pasará en
los próximos años.
El padre mayor
Muchos padres mayores de 30 años, me refiero a los de estratos bajos, por
lo regular hemos avanzado en el estudio y la capacitación, ya no es tan raro
encontrar entre nosotros bachilleres, técnicos o tecnólogos, incluso uniLas Familias en el Sinú - 59
versitarios. No podemos negar que todavía hay
muchos que no terminaron primaria o
el bachillerato o si los acabaron no
pudieron seguir adelante. La
mayoría vivimos en barrios
populares o asentamientos subnormales: unos
tranquilos, con vecinos
buenos, servicios públicos aceptables, puestos de salud y escuelas
o colegios no muy buenos pero peor es no tener
nada y ciertas casas hasta
presentables porque los dueños se preocupan por tenerlas en
buen estado. En cambio hay otros donde
se nota la desidia y el abandono de sus habitantes: lotes enmontados, calles llenas de huecos, aguas negras encharcadas o
corriendo por las aceras, casas y andenes en mal estado o sucios, aunque
pobres las pueden mantener mejor, patios llenos de malezas o convertidos
en basureros, los equipos de sonido a todo volumen en algunas viviendas,
tiendas, kioscos, mesas de juego instaladas bajo cualquier árbol para protegerse del sol sobre todo los fines de semana y días festivos y la inseguridad
de pandillas, viciosos y delincuentes de diferentes calibres.
En cuanto a empleo estamos mal, por lo menos en estos barrios existen
cuatro grupos más o menos bien diferenciados: 1. El más numeroso es
el de los dedicados a vender una extensa lista de productos a domicilio,
ambulantes y estacionarios, como loterías, chances, rifas, minutos de celulares, vestidos e interiores, joyería y artesanía de uso popular, artículos
de belleza, escobas y traperos, tintos, aromáticas y chocolate con panes y
cigarrillos, agua, melcochas, periódicos y revistas, libros usados, fritos y
dulces, jugos, chichas, peto y agua de coco, productos agropecuarios que
comprenden los de pancoger (plátano, yuca, ñame), verduras, frutas, carnes de res, cerdo y pescados. 2. El de los recogedores de objetos desechados que son reciclables como hierro, cobre, aluminio, cartón, papel, hueso,
plástico. 3. Los que salen con sus herramientas a ofrecer diversos oficios
60 - Las Familias en el Sinú
como fontaneros, arregladores de jardines y parques, uñas de pies y manos, peluquería, emboladores, ollas de presión y licuadoras, empajadores
de sillas y mecedoras, podadores de árboles, masajes, fumigaciones de casas y negocios. 4. Los que prestan servicios de manera independiente como
carpinteros, albañiles, instaladores de aires acondicionados, cielos rasos y
sistemas eléctricos, refuerzos escolares, pintores, arregladores de computadores y electrodomésticos y mantenimiento de piscinas, entre muchos
otros oficios.
Por lo general nosotros llevamos la vida en pareja y familiar más estable
que los padres jóvenes. Esto es posible gracias al cuidado y responsabilidad
que debemos tener con los hijos, los bienes conseguidos con tanto esfuerzo, en especial la vivienda, así sea pequeña, que nos brinda garantías, el
conocimiento y afectos mutuos después de varios años de convivir juntos
y pasar “por las verdes y maduras”, el apoyo de las familias y amigos comunes. Esta vida que yo llamo más estable no es fácil de llevar y mantener. En
el camino hay muchos abrojos representados en agresiones, desatenciones,
infidelidades, apatías, flojera, conformismo, desempleo, vicios, enfermedades, discapacidades, irrespetos e irresponsabilidades que ponen en peligro
cualquier relación. Y la vida de nosotros los pobres, por buenos y honrados que seamos o parezcamos, está expuesta a sufrir cambios, a debilitar o
perder la familia.
Hace poco me enteré por un profesor amigo que el 80% de las quejas, denuncias y consultas que reciben en la Casa de Justicia que funciona en nuestro barrio están relacionadas con problemas entre familiares y con vecinos.
Parece que es pan de todos los días las peleas entre la pareja, los hermanos
y entre estos y aquella. Golpes, lesiones, groserías, burlas, desaires, amenazas, gritos, llantos, súplicas, rezos, carreras, arrodilladas, promesas…todo
esto es posible en muchos de nuestros hogares
Las madres jóvenes
La mayoría no pidieron serlo, sus embarazos fueron no deseados y vieron
en ellos un alto en las vidas que llevaban normalmente entre sus estudios,
salidas con amigos y libertad. En mi caso el embarazo fue totalmente inesperado, estaba estudiando en la universidad y había tenido poca experiencia en el ámbito sentimental a lo largo de mi vida. En el colegio no fui
Las Familias en el Sinú - 61
la más popular y aunque era despierta y entrona no tuve suerte con los
chicos por estudiar siempre en colegios femeninos. Terminé mi bachillerato y a diferencia de muchas jovencitas de mi colegio no tuve un novio que
presentar en mi casa. Cuando entré a la universidad la historia no cambió
mucho, tuve un único novio que no duró mucho porque cambió de universidad. Fue entonces cuando me conocí con el papá de mi hija, siete años
mayor que yo. Me deslumbré, me entregué a una relación con él donde no
había ninguna clase de compromisos, aunque no era lo que una muchacha
como yo se merecía lo acepté sin ningún reparo.
Nuestra relación, a pesar de haber sido aprobada por mi mamá, no tuvo
las etapas de cualquier noviazgo normal con salidas a cine, comer helados
y paseos por las tardes. Yo lo deseaba pero él siempre sacaba excusas para
no hacerlo y así me acostumbré a aceptar lo que él quería por temor a
perderlo. Así pasaron los meses, teníamos relaciones con protección unas
veces y otras no, hasta el día que me di cuenta que estaba embarazada. Al
principio fue duro, cómo decírselo a mi mamá y mis hermanos, él asumió
su responsabilidad, no tuvo problemas en aceptar que era el padre de mi
bebé y prometió que seguiríamos juntos. Dio la cara en mi casa, le contó
a mi mamá, ella se sintió muy decepcionada, me reprochó pero jamás me
62 - Las Familias en el Sinú
volvió la espalda. Estaba decepcionada porque en realidad esperaba mucho
más de mí: terminar mi carrera y trabajar para ayudarla y pagarle todos
sus esfuerzos. En el fondo supe siempre que no hice las cosas bien, debí
esperar más tiempo para tener una vida estable y ahí sí decidir convertirme
en mamá.
Con el tiempo la relación con mi pareja empezó a tener altibajos: sus constantes salidas, mensajes, llamadas y respuestas me alertaban que no me
estaba siendo fiel y la relación empezó a decaer. Pero yo sentía la necesidad
de estar junto a él por miedo a ser madre soltera. Comprendí que nuestra
vida de pareja no fue una decisión que tomamos por amor sino por el compromiso que adquirimos al convertirnos en padres. Cuando empezamos a
vivir juntos yo dejé mis estudios universitarios ya casi terminando la carrera puesto que los cuidados a la bebé se le hacían cada vez más difíciles
a mi mamá, con quien vivimos tres años. Me tocó convertirme en ama de
casa y me sentí frustrada. La responsabilidad de la niña recaía solo sobre
mí, él seguía con su vida como si nada hubiese cambiado, no dejó de estudiar, salía con sus amigos y en ocasiones con amigas y yo lo aceptaba por
miedo a quedarme sola y sin sustento para mi niña porque no trabajaba
pero en el fondo sabía que lo que sentía era miedo a estar sin él porque
estaba enamorada.
Pasado el tiempo conseguí trabajo y las cosas mejoraron un poco. El estaba más pendiente de mí y disminuyeron las salidas que justificaba con los
trabajos de la universidad y los amigos pero vinieron los problemas económicos. Al verme trabajando no quería darme nada para mí, debí asumir la
totalidad de los gastos. Se justificaba diciendo que el sueldo no le alcanzaba
para nada. Así aguanté muchas cosas, incluidas también infidelidades que
siempre perdonaba. En más de una ocasión traté de dejar todo atrás pero él
insistía que me amaba, mejoraba por un tiempo y a los pocos meses volvía
a ser el mismo. Pienso que yo merezco algo mejor, me sentía mendigando
amor pero no me sentía capaz de dejarlo.
Después de cinco años de relación y de aguantar tantas cosas tomé valor
y decidí acabar con todo lo que había entre los dos. Me mudé a casa de
mi mamá que siempre me ha apoyado y por más que ha intentado volver,
pienso en mí misma y en que debía salir de ese círculo vicioso en el que
me encontraba dando vueltas. Hoy en día mi niña tiene cinco años y es el
Las Familias en el Sinú - 63
centro de mi vida, mis expectativas son muchas y el lado sentimental no
está incluido entre ellas. Aspiro volver a estudiar y sé que ahora será mucho
más difícil que antes cuando mi mamá conseguía de donde no tenía para
pagar mis estudios, ahora me toca a mí darme lo que no supe aprovechar
cuando quedé embarazada y de paso darle un mejor futuro a mi hija. Él
sigue con su vida normal, ahora con más libertad: trabaja, estudia, rumbea
y ve a la niña cuando quiere. Mi realidad es otra, a veces quiero salir y no
puedo porque sé que debo cuidarme, porque ya no soy sola, sentimentalmente pienso darme un buen tiempo para encontrar a la persona indicada,
sé que va a ser más difícil porque no tengo chance de volver a fracasar y
hay hombres que cuando ven que una es madre soltera se acercan no con
las mejores intenciones y la verdad no estoy para juegos y pasatiempos.
Nunca he sido de esas, a veces salgo y me divierto con algunas amigas pero
no puedo hacerlo como lo hacía antes porque mi niña me espera en casa.
En fin, por ahí hay una frase que dice que un hijo no ata a nadie pero si
eres madre y lo amas con todo tu corazón sabes que estás atada a ellos por
el resto de tu vida, y si los tienes y no estás preparada algún día llegará el
momento que te recriminarás el no haber pensado bien las cosas. Yo no me
arrepiento de haber tenido a mi niña porque es el amor más puro que he
conocido pero si me arrepiento de no haberme dado mi tiempo para estar
preparada para ser madre.
Mi corta historia es esta, me he mantenido en casa de mi madre cuidando
de mi niña y trabajando para ellas pero he conocido casos de madres que
han acabado sus relaciones de parejas y sus vidas siguen siendo igual que
antes: salen, toman trago y he visto cómo entregan el cuidado de sus hijos
a los abuelos de estos. Estas chicas en sus relaciones no fueron ejemplos de
mujer y cuando terminan con sus parejas siguen como si nada, tienen una
nueva a los pocos meses y se dedican a “disfrutar la vida”. En otros casos las
relaciones terminan y la mujer, que en la mayoría de casos es quien toma
la decisión de irse porque no soporta más los errores de su pareja, se ve
obligada a volver por diferentes situaciones que le impiden seguir una vida
sola, junto a sus hijos tanto en lo económico como en lo sentimental. Es
aquí donde se ven obligadas a aceptar todo lo que sus parejas quieren hasta
el punto de perdonar cualquier falta con tal de no vivir lejos de ellos, este
caso por lo general aplica para quien decide volver. También no hay duda
que existen parejas que cuando se extrañan cambian y cuando regresan las
cosas mejoran.
64 - Las Familias en el Sinú
Otro caso es el de las madres solteras adolescentes, la mayoría de las veces tienen relaciones sin medir las consecuencias que esto trae consigo y
es aquí donde vienen los embarazos no deseados. Conocí el caso de una
niña de 13 años que vivía con sus padres y estudiaba en el colegio. Era una
niña a la que todos veían como el ejemplo de la casa, no salía, no tomaba
y se dedicaba a sus estudios. En una salida con sus amigas conoció al papá
de su hijo, un adolescente como ella considerado popular y deseado en el
círculo de sus amigas. El chico se fijó en ella, se sintió afortunada que esto
sucediera porque todas sus amigas le decían que el “más papacito” la había
escogido. Entre besos y bailes el chico la convenció y la llevó a la cama, con
tanta suerte que en una sola relación sin protección quedó embarazada.
Nunca tuvieron un noviazgo, en su casa no lo conocieron antes de que se
enteraran que iba a ser mamá y en una oportunidad hasta fue capaz de negar que fuera el padre del bebé. Ella se quedó con sus padres, abandonó sus
estudios y cuidó sola a su bebé. Sus padres la apoyaron y el padre del bebé
a duras penas responde por sus gastos, él siguió sus estudios universitarios
y hasta tiene un negocio propio, sigue con su vida normalmente dándole
“amor” a su hijo pero sólo de palabras; actualmente tiene otra pareja y a la
muchacha parece ya no interesarle. A ella en ocasiones se le ve con otros
chicos pero como hoy en día los adolescentes y jóvenes se tratan todos
igual ya no se sabe si son parejas o no; parece no tener expectativas de esLas Familias en el Sinú - 65
tudiar ni trabajar, permanece en casa de sus padres cuidando a su bebé y
viviendo su vida dentro de una rutina que parece no tiene fin.
Existen los casos de madres jóvenes que no tiene este final como el mío,
terminan sus estudios y salen adelante. Conozco el caso particular de una
compañera que salió embarazada unos meses antes de terminar la carrera.
El papá del bebé era compañero de estudios y siempre la apoyó en el proceso al igual que su mamá; aunque no vivieron juntos siempre estuvieron
unidos y felices. Terminaron sus carreras, marcharon juntos a trabajar a
otra ciudad, le dejaron la niña a los abuelos. Cuando ella quedó desempleada él siguió trabajando para los tres, regresó a vivir donde su madre y
viajaba esporádicamente con la niña a visitarlo. A pesar de la distancia la
relación era sólida. Al final construyeron un hogar para los tres, viven juntos y a pesar de ser una pareja joven son estables y cuidan de su hija.
Las madres de mayor edad con hijos son más conscientes del compromiso
que adquieren al iniciar una vida en pareja. Muchas de ellas saben de antemano que no van a tener la vida ideal que toda mujer desea ni el hombre
comprensivo que buscan. Al parecer existen en ellas una disposición o resignación a aceptar o soportar si no una “mala vida” por lo menos una con
dificultades y sinsabores. Con humildad aceptan los errores cometidos,
están dispuestas a purgar sus faltas asumiendo una actitud de sacrificio.
En realidad hacen muy poco por cambiar la situación y repiten con impotencia que por sus hijos son capaces de aguantar situaciones que acabarían
con cualquier relación de pareja.
En general las madres solteras, jóvenes o no, tienen las siguientes posibilidades en el aspecto económico:
- No buscar compañero y con su propio esfuerzo sacar adelante a sus hijos.
- Aceptar propuestas que le hacen personas que quieren aprovechar su difícil situación económica.
- Dedicarse a la prostitución en cualquier nivel.
- Regresar con su pareja sometiéndose a sus condiciones.
- Volver a casa de los padres u otros familiares en busca de ayuda
- Contar con un compañero fijo ocasional que la quiera, valore y estimule
su superación personal.
66 - Las Familias en el Sinú
Los abuelos
Los abuelos son personas arraigadas a
sus cosas, casas y pertenencias
en general. Muchos nacieron en el campo, trabajaron y lucharon bastante
y con ahínco por tener
lo que tienen en la actualidad, así sea poco,
por lo general un rancho o una vivienda modesta. La mayoría de ellos
con pocos estudios, tuvieron familia a temprana edad
y numerosa prole, compuesta por
hijos, nietos y bisnietos. Son apegados a
las costumbres de tiempos anteriores y ven las actitudes de los jóvenes de
ahora como acciones que en sus tiempos jamás hubiesen sucedido: drogas,
alcohol, homosexualismo, prostitución, conflictos, irrespetos, ocio y juegos, entre otros.
La mayoría de los abuelos y abuelas dejaron de hacer cosas en sus tiempos
de juventud y con frecuencia las añoran: las mujeres por tener que criar
hijos y atender la familia y los hombres por trabajar en su predio o en otros
ajenos. Aspiraban a tener una casa grande o una finquita productiva con
algunos animales para dejarles algo al final de sus días, asegurar el estudio
de los hijos y la oportunidad de conseguirles un buen empleo, rogar porque
estén bien casados. En fin, contar con hijos buenos y responsables que les
ayuden en las enfermedades y la vejez, que les presten atención cuando
hablan o aconsejan o, en otras palabras, que los tengan en cuenta.
Hay quienes piensan que el trato de los abuelos con los nietos en ocasiones es permisivo, incluso, a veces son considerados alcahuetes por patrocinarles todo cuanto hacen: desobedecer en algunos momentos, no estar
quietos, causar daños menores, no querer levantarse, decir malas palabras
o hacer actos o gestos indebidos, ensuciarse, no comer cosas que no le
gustan y no querer asistir al colegio, entre muchas otras. Hay hijos e hijas
Las Familias en el Sinú - 67
que les recuerdan con cierto aire de reproche cuando eran menores que
los trataban con severidad y les imponían castigos. Sobre el particular hay
dos versiones: la que considera que ellos o ellas por la edad, experiencia,
sabiduría y comprensión entienden mejor a los menores y están convencidos que así deben educarse o al menos permitirles algunos ratos, gestos
o comportamientos para hacer lo que les guste sin llegar a los extremos y
la otra es creer que los procederes con los nietos es una manera simbólica
de reparar los excesos, incomprensiones, injusticias u olvidos que tuvieron
con sus hijos e hijas.
Algunas hijas consideran que los abuelos o abuelas con frecuencia cubren
o tratan de cubrir las faltas que cometen los nietos o nietas. Por esta razón
les llaman la atención, en especial las hijas, quienes de vez en cuando les
aseguran que tanto consentimiento o malcriadez puede afectar el comportamiento de los niños y de ahí vienen los berrinches o rabietas para conseguir lo que quieren.
La mayoría de los abuelos y abuelas cuidan a sus nietos: les atienden cuando están enfermos, les hacen mimos, los consuelan cuando tienen rabia o
lloran con una paciencia sin límites, los sacan a pasear cuando los padres
no pueden por el trabajo, los buscan en el colegio y los ayudan a cargar los
pesados maletines que les exigen ahora y a protegerlos del sol o la lluvia con
gorras, sombreros o paraguas.
Las suegras
De las suegras hablan mucho más que de los suegros. Lo cierto es que son
ellas las que están más pendientes de cómo viven sus hijos o hijas con sus
parejas. Según varias nueras en nuestro medio hay tres tipos de suegras: 1.
Las que de buena fe se creen con derecho a intervenir en la organización de
los hogares de sus hijos o hijas por la experiencia que tienen en el manejo
familiar y la crianza de los hijos. Estiman que sus ideas u observaciones
deben ser tenidas en cuenta. 2. Las que consideran que la pareja de sus hijos o hijas no es la adecuada por razones de estudio, económicas, sociales,
religiosas, laborales o de conductas. Permanecerán vigilantes para llamar
la atención, prevenir o corregir a tiempo cualquier anomalía o situación
sospechosa que aparezca. Los comentarios que hacen son directos o a veces
los expresan de manera indirecta. 3. Pocas prefieren mantenerse al margen
de las situaciones y vivir alejadas de la relación de sus hijos o hijas, poco se
68 - Las Familias en el Sinú
involucran y si lo hacen es solo para dar concejos
que las mismas parejas deciden o no aceptar.
Cuando la nuera vive en casa de la suegra
tiene que aceptar lo que ellas impongan, sus
gustos en las comidas, el cuidado de las cosas de sus hijos, el buen comportamiento,
la buena y oportuna atención al hijo y los
nietos. Si es el yerno el que vive en casa de
la suegra debe portarse y atender bien a la
esposa y los hijos porque siempre estarán
vigilando cómo está la relación y el trato
que les dispensa.
Las Familias en el Sinú - 69
Las familias en el municipio de Montería
Víctor Negrete Barrera (2000). Las familias de Montería ante los derechos
y los riesgos. Corporación Universitaria del Sinú.
Centro de Estudios Sociales y Políticos.
En los últimos 60 años las familias en el municipio de Montería has pasado
por tres etapas bien diferenciadas: 1. La familia tradicional. 2. La familia
en transición. 3. La consolidación de los cambios en los distintos tipos de
familia.
1. La familia tradicional, 1952
Era la familia rural o campesina representada en las familias de los propietarios o ganaderos pequeños y medianos y en la de los trabajadores o
peones.
70 - Las Familias en el Sinú
La familia de los propietarios o ganaderos pequeños y medianos
La ganadería en Córdoba fue incrementada por el aporte significativo de
un grupo de hombres que nacieron pobres, estudiaron poco o no lo hicieron, trabajaron fuerte y gracias a su empeño e inteligencia natural llegaron
a ser reconocidos ganaderos.
Fueron hombres que laboraban de seis de la mañana a seis de la tarde, recios y rudos en el trabajo, acostumbrados a los soles caniculares, las lluvias
torrenciales y los peligros del monte. Todo el núcleo familiar, mujer e hijos,
sin excepción, participaban de las faenas. Estrictos, exigentes, comprensivos con los familiares y trabajadores o peones.
Competían con los trabajadores en las tareas de poner y arreglar cercas, ordeñar, castrar, marcar, amansar caballos. Vaqueaban en pelo sin montura.
Eran ahorrativos. No desperdiciaban las cosas, compraban lo estrictamente
necesario, los vestidos y calzados de los mayores servían a los menores.
Los hijos, sin importar la edad y estudio, les debían respeto y sumisión.
Para ellos, ser mayor de edad no eximia a los hijos de sus obligaciones
como tales. La mujer estaba dedicada por completo a las ocupaciones de la
casa, el cuidado y atención de los hijos y el marido.
Por lo regular las mujeres amamantaban a los hijos desde el nacimiento
hasta los 18 o 24 meses. Completaban esta alimentación con mazamorra y
mote de plátano, agua de panela o arroz y leche de vaca que suministraban
Las Familias en el Sinú - 71
con totumitas o pequeños jarros de aluminio. El cuidado después del parto
o la dieta demoraba 40 días, atendida la recién parida con las máximas comodidades posibles y alimentación especial basada en sancochos o guisos
de gallina criolla gorda. Las que tenían posibilidad reservaban las 40 gallinas con la aprobación y colaboración del resto de la familia.
La mazamorra y el mote los preparaban con plátano o papoche verdes. Los
hacían tajadas, las secaban al sol y las molían; en la preparación le agregaban leche de res. Las mujeres creían que mientras amamantaban, así menstruaran, no salían embarazadas. La verdad es que en los hijos de la mayoría
de familias de la época, sin ninguna posibilidad de control natal diferente
al natural, la diferencia es de 2 años. Dar el seno o amamantar en público
o ante extraños no avergonzaba ni ruborizaba a ninguna mujer. Era algo
normal y se veía con naturalidad. Esta costumbre las tenían las mujeres de
las distintas clases sociales.
Volviendo a los hombres, estos eran de palabra, su mayor orgullo era cumplirla al pie de la letra. Fueron mujeriegos y prolíficos; a todos los reconocían como hijos legítimos y por lo tanto con derecho a herencia.
La comida era abundante para todos. No escatimaban gastos en este sentido: arroz, yuca, ñame, plátano, suero, queso, leche, mantequilla, chicharrón, animales de monte y hasta pescado en caso de estar cerca de fuentes
de agua. El hijo mayor lo remplazaba en sus ausencias, le asignaba autoridad en la casa y en la hacienda. Nadie podía faltarle al respeto y menoscabar su mando.
Eran tomadores de trago, criadores y peleadores de gallos finos, aficionados
a las carreras de caballo, fandangos y corralejas, peleas a trompada limpia
y hacer pulsos con los dedos y las manos. Amigo de los capataces y peones.
Les ayudaban a resolver problemas, les daban consejos y regañaban.
No robaban ni mataban ni lastimaban los animales ajenos que se metían en
sus predios. Entregaban tierra a algunos peones para hacer cultivos.
Machistas. A los hijos mayores no les permitían gestos o actitudes femeninas de ninguna clase; los impulsaban a tener relaciones sexuales con animales (burras, sobretodo) y mujeres. Inflexibles. A las hijas les mantenían
una rígida vigilancia, constriñéndolas a la casa.
72 - Las Familias en el Sinú
Poco adictos a los chistes, cuentos y bromas vulgares. Respetuosos, algo tímidos ante gente foránea importante. Apegados a lo propio, con sentido de
pertenencia. Desconfiaban de paisas y turcos (sirios y libaneses). Admiradores de la naturaleza, los campos abiertos, el olor a hierba recién cortada y
tierra mojada. Trataban con cariño a los perros, caballos, mulos, morrocoyes, aves, monos y otros animales. Los enfermaba la ociosidad, la impotencia y los lugares cerrados. Tercos, pretenciosos, conversadores, nostálgicos,
buenos amigos, excelentes compadres, grandes y prácticos negociantes. El
control sobre los bienes era presencial, las transacciones por lo regular en
efectivo. Le interesaba nada o poco participar en política. Preocupado por
el estado y calidad del pasto, las aguas, los corrales, las innovaciones en el
ganado. Reverentes con sus padres y galantes con las mujeres, cuidadosos
con los niños y sarcásticos con los enemigos. Extrovertidos, hablaban claro
y sin tapujo. Sinceros, orgullosos de la fuerza física que tenían o llegaron a
tener. Desesperados en unos casos y pacientes en otros.
Gozaban al máximo sentarse y acostarse en los taburetes, las mecedoras y
las hamacas para hablar y descansar. Críticos y burlones de los hijos varones flojos o lentos para hacer trabajos. Disfrutaban a plenitud las comidas,
dulces y bebidas de semana santa, en especial hicoteas, palmito, arroz de
fríjol cabecita negra, mongomongo, chicha de maíz y mucho más. Nunca
se les ocurrió intervenir de una u otra manera las fuentes de agua; más bien
aprovecharon los recursos que poseían.
La familia de los peones o macheteros
El oficio de peón o machetero comenzaba a los diez o doce años de edad y
terminaba por lo regular entre los 50 y 60 años. Las actividades que llevaban a cabo eran variadas: desmonte, arranque de pajón (hierba que daña
el pasto), trasplante de pastos, pica o macaneo de monte, hachar, mantenimiento de cercas, limpieza de estancos o jagüeyes, abrir guardafuegos (aislar la cerca, los árboles o cultivos de la acción del fuego en jornadas de quema), raspado (limpieza total) de la tierra y siembra de yuca, ñame y maíz,
fumigar y otras labores menores como hender troncos para sacar varas de
leña y usar de combustible, buscar agua, tumbar y pelar cocos, entre otras.
Las Familias en el Sinú - 73
El horario normal de los peones era de siete a doce del medio día. Otros,
como los vaqueros, ordeñadores, corraleros, cocineros y hacedores de quesos y sueros comenzaban también a las siete pero terminaban a las cuatro
de la tarde. Aquellos eran de medio tiempo y estos de tiempo completo. A
cada grupo de peones le asignaban una faena específica a cumplir en su
horario de trabajo. A la culminación de esta responsabilidad la llamaban
sacar la tarea.
Lo usual era contratar grupos de trabajadores (cuadrillas) para hacer determinadas tareas. Los encargados eran los capataces: hombres maduros
(entre 45 y 60 años), conocedores del cargo, con don de mando y respetado.
Casi siempre eran naturales de los pueblos próximos a la hacienda o de
otros lugares pero ampliamente conocidos en la zona. El capataz contrataba las cuadrillas de los pueblos vecinos. Como conocía a todos, escogía los
que más cumplían los requisitos: robustos, de buena salud, sin malas mañas (embustero, charlatán, borrachín, ladrón), loco (irresponsable), activo,
aplomado, que no pelee ni reclame, que acepte las condiciones.
Dentro del acuerdo pactado los peones debían presentarse con sus aperos e
indumentaria de trabajo: rula, calabazo con agua, bota o abarca, sombrero
concha jobo (de palma de vino), mochila con la comida o sarapa, pantalón
de dril remendado y suéter amansa loco (de cuello alto y manga larga).
El trabajo era pesado, riesgoso por la presencia de culebras, avispas, hormigas candelillas y mosquitos; expuesto a lluvias, soles inclementes, sequías
74 - Las Familias en el Sinú
de verano y fuego de las quemas. Después del trabajo departían con cuentos, chistes y chanzas. Les gustaba el baile, trago, cigarrillo o tabaco.
A los 17 años buscaban mujer. Lo corriente era llevarla a vivir donde los
padres con las pocas mudas de ropa que tenían. Dormían en hamacas, camas de tijeras hechas de madera y lonas, catres o en camastros. Poco a poco
adquirían lo más indispensable y urgente.
Los que tuvieron oportunidad de trabajar con patronos antioqueños y cordobeses admiten que estos últimos brindaban mejor comida, compartían
momentos de juegos, bromas y calamidades, les ayudaban a solucionar
necesidades que tenían que ver con fiados en las tiendas y quebrantos de
salud.
Eran conscientes o recordaban que sus padres o abuelos también fueron
macheteros, eran incansables trabajadores, fuertes, guapos y orgullosos de
dominar las condiciones de la naturaleza. A la generación de ellos, lo reconocen, les tocó una situación diferente en todos los sentidos: las haciendas,
ya hechas y capacitadas, los necesitan poco, ocasionalmente y con pagos
de hambre; la violencia, el abandono del gobierno y la falta de programas
de capacitación y apoyo que permitan vislumbrar unas nuevas y mejores
posibilidades de vida.
2. La familia en transición, 1982
Cuando fue creado el departamento de Córdoba en 1952 los pueblos eran
veredas tranquilas, dedicadas a la agricultura y a la ganadería, con muchos
recursos, sin servicios públicos, sin grandes preocupaciones, sin televisión
ni radio.
La familia era: la madre, escogida por el hombre por buena, hacendosa,
dedicada de lleno a los hijos y al trabajo, sumisa, sin ninguna mancha en
su vida, virgen cuando llegó al matrimonio. El padre, el que manda en la
casa, a quien todos deben obedecer y respetar. El hijo mayor, preparado
para reemplazar al padre. La hija, sujeta a la voluntad de los padres y los
hermanos varones destinada a cuidar a los hermanos menores y atender la
casa, no necesitaba estudio.
Las Familias en el Sinú - 75
Treinta años después la familia ha cambiado mucho, la madre mantiene la
vigilancia de los hijos, los padres han descuidado la comunicación con los
hijos. Las hijas y las mujeres en general están tomando los derechos que
siempre les negaron. Exigen educación y tomar parte activa en el hogar y la
comunidad. Hoy constituyen el mayor número de los estudiantes y son las
que llevan la iniciativa en las separaciones que se presentan en los juzgados.
Muchos hombres ponen como condición para vivir con una mujer que sea
virgen o que no tenga hijos de otro.
Los vínculos familiares están debilitados. La relación padre-hijo y hermanos-hermanos o la que se da con otros parientes está disminuida. La solidaridad, el apoyo, la atención permanente que se daba antes ya casi no
existe. Las reuniones familiares que hacían después de la cena o en la noche
ya no se dan. La transmisión de cuentos, leyendas, creencias, costumbres
que se hacían de generación en generación o de abuelo a padres a hijos, se
rompió y ya el pasado de los pueblos se está perdiendo.
Los medios masivos de televisión y la radio han influido poderosamente en
la adquisición y cambio de costumbres y opiniones de la familia. La manera
de llamar la atención o de castigar a los hijos también ha cambiado, ya no
es a través de golpes y castigos inhumanos. Ahora hay que analizar y tratar
de comprender las fallas que cometen los hijos. Hay que entender y tratar
de corregir antes de castigar brutalmente.
76 - Las Familias en el Sinú
Hay que hacer esfuerzos para la educación de los hijos tanto varones como
mujeres. Facilitarles a los que tengan vocación e interés en hacerlo. Hay que
acostumbrar a los hijos al trabajo y darle independencia y responsabilidades desde pequeños, no tutearlos siempre. La madre no debe estar siempre
en la cocina y la casa. Hay que tratar de vincularla a labores que le permitan
capacitación y le den importancia en la comunidad.
La capacitación en la familia es básica para el líder y él debe preocuparse
porque lo haga siempre. Los padres deben entender que la sociedad cambia. La niñez y la juventud de cada generación serán diferentes. Se necesita
que padres e hijos entiendan las preocupaciones de cada cual y cada uno
esté dispuesto a ceder en uno u otro punto.
Para esta época Montería como cabecera municipal crecía con lentitud. Se
destacaba la serie de asentamientos populosos originados en los programas
de interés social a través del Instituto de Crédito Territorial y las invasiones,
la diversificación del comercio, la abundancia de bicicletas, el incremento
de motos y jeep, la demanda de servicios y el ejercicio de profesiones diversas.
La gran mayoría de las familias las componían los padres y seis o siete hijos
en promedio, la típica familia nuclear. Predominaba la unión libre, como
todavía lo es hoy en los sectores populares urbanos y rurales. En los pueblos
de pescadores era usual que parejas solteras con hijos, uno o ambos, conformaran nuevas familias. Por lo general las madres que quedaban viudas
o eran abandonadas, así fueran jóvenes, no buscaban otros maridos. Había
pobreza pero no tanto como ahora porque existía suficiente y variada producción campesina tanto en las casas como en numerosas parcelas; los ríos
y ciénagas aportaban recursos de toda clase; en los playones de ciénaga,
al servicio de todos, crecían los cultivos rápidos (sandía, pepino, ajonjolí,
tomate), el pasto para la alimentación de los animales y la vegetación para
elaborar elementos de uso en el hogar y las artesanías; pedazos de tierra
eran alquilados, prestados o a partir utilidades con los dueños por una o
varias cosechas. Para la mayoría de las familias pobres la alimentación de
los hijos era lo fundamental, lo demás podía esperar: vestuario, educación,
salud en general, mejoramiento de la vivienda, juguetes, muebles, menajes.
Aun hoy muchos padres creen que con entregar dinero para la comida,
escaso por supuesto, están cumpliendo con sus obligaciones.
Las Familias en el Sinú - 77
En estos años el porcentaje aproximado de los principales tipos de familia
según su composición era el siguiente:
Familia nuclear 77%
Familia extensa 10%
Familia con jefatura femenina 8%
Familia reintegrada 5%
3. La consolidación de los cambios en los tipos de familia, 2012
Actualmente los porcentajes aproximados son los siguientes de acuerdo
con estudios realizados en algunos asentamientos, la observación y las entrevistas hechas a habitantes y líderes comunitarios de distintos lugares:
Familia nuclear 40%
Familia con jefatura femenina 26%
Familia extensa 21%
Familia reintegrada 13%
78 - Las Familias en el Sinú
Por estratos el orden de frecuencia es:
Estratos 1 y 2: jefatura femenina, extensa, nuclear y reintegrada.
Estratos 3 y 4: nuclear, extensa, jefatura femenina y reintegrada.
Estratos 5 y 6: nuclear, extensa, reintegrada y jefatura femenina.
Estos cambios tan drásticos en un tiempo relativamente corto se deben a
factores externos e internos. Dentro de los primeros están la concentración de la tierra, el abandono del campo, la pobreza, el conflicto armado, el
desplazamiento y el narcotráfico. En los segundos la violencia doméstica y
comunitaria, desempleo, vicios, infidelidad, separaciones, irrespeto, carencia de oportunidades, ausencia de comunicación y autoridad, entre otros.
Algunos de estos son consecuencia de los primeros.
En marzo del año 2005 comenzó a funcionar en Montería la Casa de Justicia y Paz. Está situada en Los Araújos, un asentamiento subnormal al sur
de la ciudad. Aquí prestan sus servicios la Comisaría de Familia, Instituto
Colombiano de Bienestar Familiar, Consultorios jurídicos de universidades, Fiscalía, Medicina legal, Personería, Defensoría del Pueblo, Inspección
de Policía, Policía Comunitaria, los programas de orientación sicológica
y conciliación en equidad y una oficina atendida por afrodescendientes.
Su área de influencia abarca en la actualidad a 17 barrios o asentamientos
vecinos o cercanos.
En los primeros cuatro años (2005-2009 recibieron 16.966 consultas. De
estas, 11.107 (65.4%) por conflictos familiares; 1.824 (10.7%) por problemas civiles relacionados con deudas, contratos, escrituras; 1.060 (6.2%) por
problemas con los vecinos; 889 (5.2%) por problemas penales relacionados
con violación a menores, robos, atracos, lesiones personales; 226 (1.3%)
por violación a los derechos humanos relacionados con homicidios, amenazas, derechos a la salud y prestación de servicios públicos. El número de
consultas referidas a problemas que tienen que ver con violencia, justicia
y derechos humanos alcanzó la cifra de 15.106 (89%). En la Comisaría de
Familia de Montería aseguraban que la violencia intrafamiliar estaba desbordada y no contaban con personal ni recursos suficientes para atender
esta compleja situación. La Procuraduría de Familia también reconoció la
gravedad de lo que ocurría y clamaba por acciones más decididas. Obsérvese que solo asistieron a conciliar 751 (4.4%) y a recibir atención y orientación sicológica 794 (4.6%) para un total de 1.545 (9%) consultas. ¿A qué
se debe esta actitud? ¿Falta de información? ¿Desconfianza? ¿Ineficacia?
Las Familias en el Sinú - 79
Motivos de consulta en la Casa de Justicia y Paz de Montería
Marzo 2005-Marzo 2009
Motivo de consulta
Total
Conflictos familiares
11.107
Problemas civiles
1.824
Conciliación en equidad
751
Problemas penales
889
Conflicto entre vecinos
1.060
Atención, apoyo y orientación sicológica.
794
Violación de derechos humanos
226
Pérdida o ausencia documentos
110
No pago arriendos y servicios públicos.
104
Problemas por desplazamiento forzado
37
Sin información
50
Problemas laborales
14
Total
16.966
Los cambios forzados en las familias por el conflicto y
la pobreza
En Ayapel una india estaba con dolores de parto y ya iba a parir. La costumbre era hacerlo en la ciénaga. Como era primeriza dos madrinas la tomaron de los brazos y se botaron al agua, metiéndose hasta que les dio a
los pechos. Enseguida dando un grande grito la india zambulló junto con
las otras. Cuando resollaron fue con la criatura; era hembra la nacida, así
que la lavaron bien y la madre acabó de parir. Salieron del agua y llevaron
a la parida a un chinchorro o hamaca, poniéndole un brasero de candela
debajo para que allí escurriesen las inmundicias del parto, para que la recién nacida no tuviese llagas nunca y para que nadie pisara aquella sangre
porque moría la parida. A poco rato otra india llevó un poco de aceite de
80 - Las Familias en el Sinú
canime en una totuma y untándose el dedo margarito desfloró a la indiecita para que no tuviese dolor cuando se juntase con macho. (Joseph Palacios
de la Vega. Diario de viaje. 1787-1788).
En el Sinú medio el día de boda era una fecha grande. Todo el pueblo y los
pueblos vecinos tenían que ver con esa fiesta. A la media noche, en pleno
furor, los desposados abandonaban con sigilo la sala y se marchaban a su
cuarto o casa, dispuesta para la ocasión. Al día siguiente, bien temprano,
los familiares, los invitados y todo el pueblo permanecía a la expectativa, a
la espera de la salida de los recién casados. Al rato salía ella con la sábana
blanca manchada de sangre a colgarla en el alambre de tender la ropa para
que todo el mundo se enterara que el hombre la encontró virgen. Él se quedaba afuerita de la puerta con una toalla enredada en el cuello, tapándose
la nariz y con pedazos de algodón metidos en las orejas para que el aire frío
de la mañana no se le metiera en el cuerpo, todavía caliente por el ajetreo
de la madrugada. Si la puerta se abría y no salía nadie era señal que algo
anduvo mal: la mujer no era virgen y podía ser devuelta a su casa, llenando
a la familia de una gran vergüenza que no lograban borrar nunca. (Víctor
Negrete Barrera y Teresa de Vettiger. La familia cordobesa. 1984)
Hace bastante tiempo estas costumbres y convicciones, extrañas e indignas
para algunos, desaparecieron en Ayapel, el Sinú medio y en otros lugares del departamento de Córdoba. Desaparecieron poco a poco, sin causar
traumas ni desajustes sicológicos y sociales. Fueron reemplazadas por otras
costumbres y convicciones más benignas y de mayor aceptación. Pero no
todos los cambios culturales y sociales han sucedido de esta manera tranquila y con respaldo ni los reemplazos han sido mejores para el conjunto de
la comunidad. La familia en el Sinú, por ejemplo, ha experimentado cambios profundos en los últimos 30 años que la han debilitado notoriamente
y por consiguiente a las comunidades y la sociedad en general.
Reflexiones y recomendaciones
Estos hechos nos llevaron a las siguientes reflexiones y recomendaciones:
1. Los factores externos e internos han modificado sustancialmente la composición de las familias en el departamento.
Las Familias en el Sinú - 81
2. Los cambios sucedidos en los sectores populares del campo y la ciudad
están poco documentados, en los sectores medios y altos prácticamente no
hay nada conocido.
3. Al parecer las instituciones y organizaciones que tienen que ver con esta
situación no se han percatado de estos cambios ni han tomado las medidas
para atenderla.
4. Aún no se conoce con exactitud la real situación de riesgo en que se
encuentran los niños, adolescentes y jóvenes en las áreas urbanas y rurales.
5. Es necesario evaluar si las normas, valores, principios y creencias tradicionalmente empleadas en las familias hasta qué punto hoy en día pueden
ayudar a enfrentar con éxito los factores que las han debilitado.
6. Las administraciones municipales y en particular el Consejo de Política
Social debe elaborar con carácter urgente el plan de trabajo con propósitos
y metas definidas en tiempo y lugar, evaluaciones y seguimiento permanente e informes periódicos a la población sobre estado en que se encuentra la situación, las medidas tomadas y los resultados obtenidos.
82 - Las Familias en el Sinú
Los nuevos papeles de las mujeres
Víctor Negrete Barrera, 2008 y 2014
L
as mujeres de estos asentamientos han cambiado comportamientos
y concepciones y están desempeñando papeles que eran impensables
hace 15 años aproximadamente. A la mujer de hoy se le debe mirar
con otros ojos en sus funciones tradicionales de esposa y madre y en las
nuevas de trabajadora, líder y vecina.
¿Por qué razón? Simplemente porque cualquier proceso que involucre participación y organización en estos asentamientos cuenta con la presencia
activa de las mujeres. Lo vienen haciendo desde hace varios años en las reuniones que tienen que ver con la educación propia y de los hijos, la salud,
la vivienda, la capacitación, el trabajo, el empleo, las artesanías, la danza y
hasta en la música y el deporte.
Entre todos los miembros de la familia la mujer es la que ha experimentado los cambios fundamentales, llevando consigo transformaciones en la
pareja, los hijos, familiares y el vecindario. Entender estas modificaciones
permitirá comprender mejor la situación actual y las perspectivas que ofrece al trabajo comunitario.
Las Familias en el Sinú - 83
El siguiente paralelo lo hicimos con mujeres de los asentamientos de Montería Brisas del Sinú y Santafé. Nos muestra a grandes rasgos cuáles son los
cambios que les parecieron más llamativos: son conscientes de las fortalezas
y debilidades que tienen y los cambios que pueden generar en la familia, la
comunidad y la sociedad y lamentan que hayan pasado desapercibidos ante
los líderes y analistas sociales.
Consideran que este ejercicio no es añoranza del pasado ni crítica a lo que
está sucediendo. Es un proceso que debemos tratar de entender para aprovechar mejor sus ventajas.
Como esposas
Antes
Después
• Sumisas, dedicadas al esposo, los
hijos y la casa
• Más independientes y liberadas
• Para tomar decisiones requería la
presencia y respaldo del marido.
• Buscan igualdad de derechos y
oportunidades
• Fieles por respeto a los hijos y las
exigencias culturales
• Continuos casos de infidelidad
por variadas razones.
• División del trabajo: los hombres
proveedores de recursos y la mujer dedicada a los oficios domésticos. • En gran porcentaje ambos son
proveedores pero los oficios de la
casa siguen siendo ejercidos por la
mujer
• Respetada por el marido, los hijos y el vecindario
• Muchas veces desconsideradas
por el marido, los hijos y los vecinos
• La mayoría de mujeres viudas,
separadas o abandonadas tardaban un tiempo prudencial para
adquirir nuevos compromisos.
• Separadas y abandonadas en especial buscan reemplazo rápido.
• La casa era su lugar natural, poco
salía.
• Mayor número de espacios donde desenvuelve su vida.
84 - Las Familias en el Sinú
Como madres
Antes
Después
• La lactancia por lo regular duraba • Poco amamantamiento y mucho
biberón
más de un año • Más dedicada a la crianza y a dar • Delega a otros la enseñanza y ha
buen ejemplo con su comporta- disminuido el interés por ser modelo de comportamiento.
miento • Recibía más amor y respeto de los • Menos querida y respetada
hijos • En las separaciones asume otras
• No buscaba padrastro a los hi- relaciones, en muchos casos con
jos hijos.
• La educación y enseñanza a los hi- • Mayor flexibilidad en la enseñanza, muchas pierden autoridad.
jos era severa y de carácter Como trabajadoras
Antes
Después
• Dedicadas a oficios domésticos,
cría de animales y algunas sembraban frutas, hortalizas y plantas
aromáticas
• Propietarias, administradoras
o empleadas en los sectores de la
producción, el comercio y los servicios
• Recibía poca o nula capacitación • Cuenta con muchas posibilidades
laboral
de educación y capacitación laboral
• No tenía credibilidad como pro- • Cuenta con alta credibilidad en
pietaria o empleada
los trabajos que realiza.
Las Familias en el Sinú - 85
Como líder
Antes
Después
• Las pocas que había no eran reco- • Las hay en todos los campos
nocidas como tal .
políticos, cívicos, comunitarios,
productivos, deportivos, religiosa,
madre de familia.
• No participaban en la defensa de • Participa activamente en defensa
los intereses colectivos
de intereses políticos y familiares.
• No mostraba interés en la po- • Tiene aspiraciones políticas y
lítica ni la situación general del cuenta con buena información gepaís
neral.
Como vecina
Antes
• El vecindario era unido
Después
• Prima el individualismo
• Las familias mantenían buenas • Relaciones poco frecuentes y no
relaciones
tan cordiales
• Era común la solidaridad y el • Reducida colaboración.
intercambio de comidas, oficios y
atenciones.
• Respeto por la intimidad ajena.
• Abunda el chisme y mala intención.
• Eran frecuentes las visitas forma- • Son escasas e informales.
les entre familias
86 - Las Familias en el Sinú
Un ejemplo: las madres y abuelas de la restitución de
tierra
Vivían en pueblos campesinos de cualquier lugar de Córdoba, Urabá, bajo
Cauca y otros cercanos y lejanos. A pesar de la escasez de servicios y oportunidades se sentían satisfechas, unas con más comodidades que otras. Entonces eran niñas, adolescentes y “entradas en años”. Hoy están entre los 30
y 80 años con hijos, nietos o bisnietos pasando la vida, la mayoría de ellas,
en barrios populares o asentamientos subnormales. Algunas reflejan las
formas de vida que han llevado y los dramas padecidos en sus ojos oscuros,
opacos y cansados; las arrugas en los rostros y las manos duras, cubiertas
con venas gruesas a punto de reventar; el cabello desteñido; la voz sosegada y nostálgica cuando habla del campo que debió abandonar o amorosa
cuando consiente o duerme a los hijos y nietos. Pasan desapercibidas, nadie
sospecha lo que hay en esos cuerpos vitales, convencidos de sus derechos
porque las apariencias son de fragilidad, humildad y parsimonia a veces,
“mujeres del campo o campesinas”, las llaman ciertos funcionarios.
Salieron de sus lugares de origen muchas veces de manera inesperada, brusca, “con lo que llevaban puesto”, sin una última mirada de súplica
a las imágenes de la Virgen del Carmen y el Sagrado Corazón de Jesús, sin
una flor de icaco o bonche en el cabello; sin tiempo ni ánimo para mirar
los cultivos, los marranos, el ganado, los animales, la represa; no sintieron
los aromas de los lirios, la flor del amor ni de los matarratones florecidos;
Las Familias en el Sinú - 87
el tiempo no importó si era de mañana, tarde, noche o madrugada. ¡Lo
importante era salir completos o con los que quedaban vivos todavía! Los
responsables de estos hechos no tuvieron en cuenta si eran niñas, viejas,
enfermas o discapacitadas. Ellos llegaron a amenazar, matar, violar, desplazar, quemar, robar, despojar. Y así lo hicieron.
Luego vino el desamparo en pueblo ajeno, implorar ayuda, soportar o silenciar los traumas y angustias… la sobrevivencia del desarraigo. “Fueron
años terribles, muchas creíamos que no soportaríamos pero lo fuimos logrando poco a poco, solas o con maridos o familiares, sobreponiéndonos
a las adversidades de todo tipo, a la indiferencia y el señalamiento. Las que
llegamos a Montería contamos con la suerte de encontrar organizaciones
como María Cano y Prodesal a principios de los años 80, a ellas es mucho
lo que le debemos. En estos últimos 30 años recibimos capacitación, nos
ayudaron a organizar, sufrieron y gozaron con nosotras ante las adversidades y los éxitos. La lista es larga, sólo queremos mencionar, además, a
Benposta, Pastoral Social de las Diócesis de Montería y Montelíbano, Corsoc, las mujeres de Valle Encantado, Asocordim, Organización de mujeres
víctimas del desplazamiento forzado, la Nelson Mandela, Comfavic, Adepsa que creó Yolanda Izquierdo; también hemos recibido ayuda y formación
de la Defensoría del Pueblo, los organismos de cooperación internacional
y algunas universidades”.
Muchas de estas mujeres, en especial las abuelas, todavía conservan el pelo
negro y abundante, según ellas, por el uso de la manteca negrita, elaborada
con una variedad de corozo, y el lavado con jabón de monte que usaban
en el campo, antes del desplazamiento; lo recogen con moños, peinetas o
pedazos de tela; las que usan aretes los prefieren discretos y pequeños. El
maquillaje es escaso, con polvo y coloretes y los labios los pintan de rojo
carmesí; los collares son de artesanías, a unas les gustan los escapularios.
Las combinaciones son de popelina o dacrón blanco; las blusas debajo
de la cadera y las mangas al codo, de colores blanco, negro, morado, verde
o azul; los cinturones de la misma tela de las blusas; las faldas le llegan a
media pierna; usan mochilas, bolsos y en algunos casos la cédula y el dinero los guardan en bolsitas plásticas que acomodan en los senos; el calzado
preferido son sandalias y tenis; los perfumes son colonias con fragancia.
Las madres visten diferentes, más actuales pero conservando la sencillez,
sobriedad y algo de coquetería.
88 - Las Familias en el Sinú
Estas mujeres tienen sus momentos de intimidades, generalmente en los
atardeceres y amaneceres. Es entonces cuando les llegan los recuerdos, con
tal fidelidad, que creen estar viendo a los padres afanados en sus quehaceres, la algarabía de los animales, los saludos del vecino, el zarzo repleto de
gajos con arroz, los cuentos y quejas del abuelo, la comida exquisita, los
colores del firmamento, el paisaje multicolor y la lluvia tenue de verano.
Cuando alguien llora, habla o pregunta el momento se rompe, cae en cuenta de su realidad tan distinta y sin querer las lágrimas aparecen silenciosas.
Ya conscientes repasan lo del día: reuniones con las instituciones del gobierno, asistencia a las versiones de los victimarios, encuentro con los compañeros de organización, actividades personales o familiares, atender visitas de medios de comunicación, organismos de cooperación internacional
y funcionarios del gobierno, recibir y hacer llamadas, no olvidar los protocolos de seguridad: el celular, el chaleco que no usan, los escoltas y el carro,
orientar y dar órdenes en la casa, tranquilizar a los familiares, observar el
disgusto de algunos vecinos inconformes por su situación de inseguridad,
las rondas de la Policía y las motos sospechosas.
De estas mujeres depende en gran parte el proceso de restitución de tierras
en Córdoba. Ellas son las que alientan, las que empujan. Les ha tocado
estudiar las normas, los procedimientos, las rutas, hacer gestiones, viajar,
velar por la organización, estar pendientes de la seguridad, llorar los muertos, buscar apoyos, discutir y hacer valer los derechos que tienen como víctimas. Hay maridos e hijos que no están de acuerdo con lo que hacen, compañeros de lucha “que no son constantes, descuidados con el conocimiento
y la aplicación de las normas y las leyes, creen que con gritar y exigir es suficiente para lograr los propósitos que queremos. Esta labor es exigente
y peligrosa, pero no tenemos otro remedio. Lo hacemos por nosotras, las
familias y la misma sociedad. “Esperamos que el Gobierno entienda nuestra situación, así como nosotros los hemos entendido y apoyado”
Las Familias en el Sinú - 89
Las familias de asentamientos urbanos
marginales: el maltrato a los niños y niñas
Víctor Negrete Barrera, 2007
L
os niños y niñas de estos asentamientos son de apariencia normal. A
algunos se les nota la tristeza, la timidez, el malestar de algo físico o
sicológico. Los otros son inquietos, vivaces, gritan, juegan con estrépito. Les gusta escuchar cuentos y lo que dicen los títeres.
• El papá le pega a Juan, por esta razón quiere más a la mamá y al abuelo, a
veces cuando está muy solo “quiere vivir en el cielo con Dios”
• Juana no tiene amiguitas, los papás no juegan con ella, así que con muñecas de verdad o con algo que consiga inventa amigas para no jugar sola.
• A Pedro y Julia les pegan con cinturón y chancletas. No los sacan a pasear
y poco los consienten. Las faltas más comunes que cometen son: dañar el
televisor o ventilador, romper trastos, regar o derramar cosas, ensuciar la
ropa o la casa recién barrida o trapeada, hacer ruido.
90 - Las Familias en el Sinú
• Daniela dice que en su casa usan palabras groseras. El papá está preso,
no sabe la razón.
• Silvia cuenta que los papás tenían muchos problemas, peleaban mucho y
a ellos los encerraban con llave en el cuarto. Terminaron separados. Contó
que en una ocasión, ya separados, el papá llegó borracho a la casa a molestar a su mamá, el hijo mayor estaba presente y para defender a su mamá se
enfrentó con su papá. Con un machete le causó heridas por varias partes y
vio cuando el papá recogía la sangre de las heridas y se la chupaba.
• Eduardo no tiene papá ni mamá. Así les llama a una hermana y hermanos mayores. En la casa hay muchas discusiones. A él le pegan duro con
una vara. Juega a los caballos con un amiguito.
• A Víctor cuando está triste nadie lo consuela. Le gusta recoger basuras y
barrer.
• Lisbeth vive con su mamá, un hermanito y la tía con un bebé. La mamá
trabaja porque consigue plata pero no sabe en qué. No sabe nada de su
papá. Desayuna y almuerza en el Instituto Colombiano de
Bienestar Familiar; al parecer no cena o come cualquier cosa. La mamá la abraza poco, la tía
con más frecuencia.
• A Cenia, los hermanos mayores la tratan mal: le pegan,
muerden o pellizcan. A veces
los padres se meten pero en
la mayoría de los casos no le
prestan atención.
Opiniones de los padres
Todos son pobres. Muchos nacidos
y criados en Montería. Otros vienen del
Alto Sinú y el Urabá antioqueño. Hay blancos,
Las Familias en el Sinú - 91
negros y mestizos. La mayoría son sencillos, humildes, buena gente. Cada
día, especialmente las mamás, son más jóvenes. Casi todos los que trabajan
lo hacen en la informalidad. Vienen de familias pobres, acostumbrados a
las carencias de servicios públicos, de buena vivienda y de falta de oportunidades para ser alguien en la vida.
• A los papás les hace falta más acercamiento con los hijos a través de diálogos y conversaciones frecuentes, estar más pendiente de lo que hacen o
dejan de hacer, aconsejarlos en cada etapa de la vida y en cada momento
cotidiano importante. Saber llamarles la atención y sancionarlos. Entregarles muestras de afecto o cariño, jugar y salir con ellos siquiera a caminar y
tomarse una gaseosa o helado de vez en cuando.
• Reconocen que ellos no fueron preparados para esas formas de ser, que
fueron tratados con severidad, sin tantas contemplaciones. Más bien les
enseñaron a ser “vivos” o astutos, no dejarse fregar y molestar por nadie,
responder ante cada afrenta, saber conocer más de la cuenta, estar dispuestos a vivir experiencias. Eso de pedir disculpas, reconocer los errores y rectificar, no es costumbre de ellos. Dicen que la vida del pobre es dura y a los
hijos hay que prepararlos para que la puedan sortear de la mejor manera.
• Y precisamente por esos tiempos difíciles en que se desenvuelven, que
es la mayor parte de la vida, cuando les llegan algunos momentos gratos,
de felicidad, reconocen que se vuelven como locos: emborrachándose, despilfarrando, buscando mujeres, retirándose de la casa, abiertos al jolgorio
y el vicio. Son momentos que hay que aprovechar, así después algunos se
arrepientan de tales excesos.
• El trabajo informal que desempeñan les demanda mucho tiempo y poca
ganancia. Tantas necesidades encima y no contar con ayudas vuelve a muchos groseros, arbitrarios, indiferentes a muchas cosas de la mujer, hijos y
familiares. Y ante estas circunstancias es difícil guardar la paciencia y no
terminar con gritos, groserías, insultos y agresiones.
• Otra consecuencia de esta forma de vida es que muchos no creen que
por ser adultos puedan capacitarse y ayudar a aumentar sus ingresos. De
esta manera se han alejado voluntariamente de la mayoría de las reuniones donde se conversan y acuerdan estos temas. Algunos prefieren utilizar
el tiempo destinado a estas capacitaciones tomando cerveza, escuchando
música popular, jugando cartas, dominó, parqués o cualquier otra cosa o
92 - Las Familias en el Sinú
simplemente charlando con los amigos.
•
Las mamás en cambio si
están aprovechando las pequeñas oportunidades que
les ofrecen el gobierno, las
iglesias, las organizaciones
no gubernamentales y algunos gremios. Gracias
a estas pequeñas ayudas
se han capacitado en varias actividades u oficios,
reciben apoyo en salud,
educación, recreación y
créditos para ellas y los
hijos; les enseñan convivencia, tolerancia, relaciones humanas, derechos humanos, valores y principios
y una nueva visión de cómo
vivir mejor en comunidad.
Todo esto, aseguran ellas, les ha
servido para que el trato en el hogar
no sea tan tirante ni conflictivo.
• Las mamás adultas con compañeros estables tratan de inculcarles a sus
hijos lo que para ellas es bueno y necesario; cuidan a sus hijas para que no
den un mal paso como embarazo a temprana edad, novios indeseables,
malas compañías, prostitución tipo prepago, relaciones con hombres mayores o casados, y a los varones para que no cojan al mal camino de los
vicios, la delincuencia, la vagancia, los grupos armados fuera de la ley o
embarazar muchachas sin asumir sus responsabilidades.
• Las mamás jóvenes y solteras se sienten un tanto incómodas en casa de
Las Familias en el Sinú - 93
los padres, recibiendo el reproche de los padres y algunos hermanos por
el desliz o el fracaso que tuvieron, sin saber qué hacer porque no están
preparadas para conseguir empleo permanente, acosadas por muchachos
y adultos que tratan de aprovechar su vulnerabilidad, con bastantes posibilidades de volver a caer si hay alguien que la entusiasma y ofrece sacarla
de esa situación.
• A las mamás jefes de hogar sin compañero o con compañero que no puede o no quiere trabajar, está enfermo, viejo o incapacitado, les toca vender
cualquier cosa en los mercados, hacer fritos, dulces, jugos, comidas con
el fin de llevar algo a la casa donde la esperan muchas bocas hambrientas.
• Estos casos de mamás son representativos en el asentamiento: una vive
la angustia de no saber que va a pasar con sus hijos en un medio hostil,
sin oportunidades para acceder a una vida mejor, de riesgo social para los
niños, adolescentes y jóvenes.
• Otra, desesperada por sentirse rechazada, al borde de una decisión que le
cambiará la vida para bien o para mal. Y la tercera agobiada por las penurias, impotente muchas veces para evitar que los hijos se salgan del redil.
• Cada una de ellas en sus particulares condiciones de vida, con sus antecedentes a cuestas, con su manera de ver el mundo y la vida, sus carencias y
debilidades… en un medio de lucha por la sobrevivencia diaria, donde no
hay nada asegurado, el papel que cumplen en el hogar, más específicamente con la pareja, familiares e hijos está condicionado por estas situaciones
desfavorables.
• Resulta comprensivo que las peleas en casa y el maltrato que le ocasionan
a los niños y niñas sea una forma de vida, casi normal, en la mayoría de los
hogares.
• La pregunta que me hicieron es clave: ¿cree usted que sólo los consejos,
charlas o capacitaciones sobre convivencia, tolerancia, respeto y demás,
nos pueden ayudar a modificar esta situación?
• Ayudennos de verdad a mejorar nuestras condiciones de vida, dennos
oportunidades de capacitación con calidad y trabajo, y junto con los valo94 - Las Familias en el Sinú
res y principios, estamos seguras que cambiamos.
Opiniones de las madres
comunitarias
Los niños por lo regular cuando cometen
faltas las disimulan
más que las niñas,
se inmutan menos.
Ellas en cambio se
ponen nerviosas, titubean.
• A los niños les pegan más
o igual que las niñas.
• Las madres castigan más porque pasan más tiempo con los hijos y están
más pendiente de lo que hacen. Consideran que son castigos leves aunque
a veces se sobrepasan causándoles daños irreparables
• Los papás castigan menos pero cuando lo hacen es más fuerte, física y
verbalmente.
• Los materiales que usan los padres para castigar son cinturones de cuero, mangueras utilizadas en el servicio de gas doméstico, cabuya, cables
de energía, palos, ramas delgadas de ciertos árboles como totumo y fuete,
además de golpes con la mano abierta y puños. No faltan las prohibiciones
a ver televisión, salir a paseos o a jugar.
• Muchas madres que son jefas de hogar y trabajan todo el día, cuando
regresan en la tarde o la noche son poco amorosas; piden cuenta a los hijos mayorcitos del comportamiento de ellos y los menores, los oficios que
hicieron y los daños causados. De inmediato reparten los regaños, insultos
y uno que otro golpe. Casi nunca agradecen, alaban, reconocen, valoran,
besan, acarician.
Estas madres los domingos o días que no trabajan, los dedican a hacer
Las Familias en el Sinú - 95
otros oficios o visitas pero pocas veces los dedican a los hijos.
• La tercera parte de los hogares están en manos de mujeres solas o con
compañeros. Lo que ganan en oficios domésticos, informales o en ventas
de productos diversos, no alcanza el salario mínimo. No todas tienen acceso a los servicios de Sisben o sistema de beneficiarios o del programa presidencial Familias en Acción que les facilitan recursos y servicios gratuitos.
Esta situación económica y social las hace muy vulnerables, casi siempre
dispuestas a la discusión, la pelea, la agresividad y, por supuesto, al castigo
de los hijos.
• A los hijos e hijas mayorcitos les dan la responsabilidad de cuidar a los
menores y en general hacerse cargo del manejo de la vivienda mientras
las madres trabajan. Estas responsabilidades muchas veces no las pueden
cumplir porque no tienen las capacidades o habilidades suficientes, creando en ellos frustraciones o derivando en la desatención o el maltrato. A
veces, abriéndoseles el camino a los vicios y la delincuencia.
• Algunas de estas madres solas que trabajan, han decidido estudiar para
validar grados de primaria o secundaria o cursos de subsistencia. Muchas
debe recurrir a los pagadiarios, préstamos para pagar por una vez o por
cuotas diarias. Hay quienes consideran necesario este sistema de préstamo
pero explotador por el interés tan alto que cobran y el riesgo que corren
cuando no lo cancelan o incumplen.
• La mayoría de las familias son de Montería,
seguidas por los campesinos desplazados del
Alto Sinú y el Urabá antioqueño.
• Los padres campesinos del Alto Sinú
y los paisas del Urabá tratan mejor a sus
hijos, comparten más con ellos y no castigan con tanta agresividad.
• Los maridos del campo y los paisas son más
atentos con las compañeras o esposas. Los de Montería las agreden físicamente con cachetadas o golpeándolas con lo que tengan en la mano o verbalmente, llamándolas perras, hijueputas, malparidas y calificativos parecidos.
96 - Las Familias en el Sinú
• En la escuela los niños y niñas los discriminan por su color.
• Cuando las familias son extensas y los padres trabajan, él o la pariente
de mayor edad, abuelos, tías, ayudan a cuidarles los hijos. En caso que no
tengan ningún pariente, además de la responsabilidad asignada a los mayorcitos, algunos los encomiendan a los amigos del vecindario.
• Crece el número de niñas y niños que empiezan a tener relaciones sexuales a la edad de 13 años. Las niñas corren el riesgo de quedar embarazadas
y por lo regular terminan como madres solteras. Algunas conformarán una
nueva familia, en la mayoría de los casos sin un porvenir seguro.
• En el asentamiento hay bastantes casos de drogadicción, prostitución en
adolescentes y embarazadas a temprana edad.
Opiniones de los docentes
De 45 estudiantes del grado quinto que asisten a la escuela, 40 hacen parte de familias extensas y con jefatura femenina. Las
primeras son aquellas, que, además de
padres e hijos las integran otros familiares como abuelos, tíos, primos, sobrinos, nueras, yernos. Y las segundas son
aquellas cuando toda o gran parte de la
responsabilidad recae en las madres por
ausencia, discapacidad, enfermedad u otra
razón del marido o compañero.
• Muchos niños y niñas son rechazados por sus compañeros y algunos docentes cuando llegan con ropa o zapatos sucios o rotos o con mal olor por
falta de baño.
• Muchos niños y niñas buscan el afecto de los profesores pero estas manifestaciones pueden ser mal interpretadas, obligando a los docentes a restringirlas o negarlas.
Las Familias en el Sinú - 97
• En los estudiantes de primaria el consumo de drogas es poco pero en los
de secundaria, así como en la comunidad y los asentamientos vecinos, el
consumo está creciendo.
• Para los padres “que no soportan o aguantan”, según sus propias palabras,
los juegos, necedades, llantos y daños que ocasionan sus hijos en la casa,
los envían a clases para estar más tranquilos, por lo general no ayudan a la
educación de los niños.
• Algunos niños con problemas por falta de afecto, desatención o maltrato
de los padres o familiares, terminan conformando grupitos de niños malos
que hacen daño a los pequeños y causan dificultades.
• Los comportamientos de estos niños por lo regular son: tirar las sillas,
decir groserías, hacer gestos de rebeldía y bromas pesadas, pegarle a los
más pequeños, mentir y a veces hasta robar o quitar a la fuerza.
• Las expresiones cotidianas de un alto número de padres son vulgares,
ofensivas, hirientes, burlescas y más graves aún cuando están enojados, borrachos o cuando castigan a los hijos.
• Para muchos padres pegarle o maltratar a los hijos como castigo les parece normal. Según ellos es la manera que siempre han conocido.
• Muchos niños aceptan el maltrato como castigo. Creen que las faltas que
cometen las deben pagar con altos castigos. No importa lo cruel que sean.
• Al momento de castigar muchos padres no establecen diferencias entre
niños y niñas, aunque hay papás que castigan con menos severidad a las
niñas. A los niños, a veces, les exigen que no lloren cuando los castigan
porque “los hombres no lloran”.
• Hay adolescentes de ambos sexos que soportan impasibles los castigos
que les infringen. A algunos padres esta actitud les parece desafiante y el
castigo lo hacen más fuerte. Como testimonio del maltrato quedan las marcas en las manos, los brazos, las piernas, las nalgas y en los costados. Hay
padres que quedan exhaustos.
• El ejemplo que reciben los niños en la casa por lo regular no es bueno:
escasez de servicios, alimentación y vestido; mala condición de vida; que98 - Las Familias en el Sinú
rellas por cualquier motivo, incomprensiones, falta de tolerancia y convivencia, los problemas los solucionan con gritos y violencia.
• Hay niños que golpean o tratan mal a las niñas. Es lo que muchos ven en
sus casas cuando el padre maltrata a la mamá.
• En orden de mayor a menor los maltratos son: verbal, físico, sicológico.
• La mayoría de los padres son vendedores ambulantes. Hay bastante desempleo y subempleo. Otros medio viven de marañas o trabajos ocasionales.
• A las reuniones escolares asiste casi la totalidad de las madres. Estas reuniones son cada dos meses. Los papás solo acuden cuando van a reclamar
a los profesores o directivos.
• Gran número de educadores no tienen la capacitación ni orientación suficiente para entender ni guiar muchas de las situaciones que les presentan
los niños, las familias y la comunidad. Es más, no cuentan con tiempo para
atender mejor a los alumnos y menos para hacer visitas y entrevistas a los
familiares. Muchos de ellos ni siquiera tienen la disposición.
Las Familias en el Sinú - 99
Normas, valores, principios y creencias que se
encuentran en algunos hogares
E
Víctor Negrete Barrera, 2010
n todos los hogares existen normas, valores , principios y creencias
que de una u otra manera guían a sus miembros, sean estos niños,
adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos de ambos sexos; dependiendo, claro està, de la edad, estudios, cultura, ideología, religión, mentalidad y oficios, entre otros. En algunos hogares las normas son impuestas
y discriminatorias favoreciendo a los mayores o a los que tienen el control.
En muchos priman los antivalores y en otros los principios obedecen a las
siguientes reglas: el fin justifica los medios, el billete hay que conseguirlo
como sea, el vivo vive del bobo, al caído caerle, el que se murió se acabó,
aprovecha que sòlo hay una vida, la mejor vida es tomar, fiestar y mujerear,
el trabajo es para los burros, Dios proveerá, para què me afano si no tengo
nada, el que sufre es el que tiene, entre otras. Las creencias se pierden irremediablemente desaprovechando todo lo positivo y creativo que tienen.
En fin, es necesario revisar las normas, valores, principios y creencias que
hay en los hogares para saber o preveer que tipos de familias tenemos en
la actualidad.
100 - Las Familias en el Sinú
Normas
• Respetar la palabra empeñada y no mentir ni manipular
• Practicar un deporte
• Presentar el novio a los padres
• No excederse en los gastos de los servicios públicos
• Planificar los gastos
• No malgastar agua ni energía
• Cuidar la imagen personal
• Lavar su propia ropa interior
• Respetar y cuidar los hermanos menores
• Al levantarse de la cama donde duerme, debe arreglarla enseguida
• Cepillarse los dientes después de cada comida
• Colaborar con el aseo, el orden y los quehaceres de la casa
• Lavar la ropa los sábados y/o domingos
• Recordar las fechas especiales como cumpleaños y aniversarios
• Cerrar la ventana del cuarto antes de las cinco de la tarde
• Ahorrar y guardar provisiones para los malos tiempos
• Llegar a casa a la hora del permiso, teniendo en cuenta la inseguridad
• Comer a las horas acordadas
• Escuchar cuando nos hablan
• Sentarse bien
• Manejar los modales y los cubiertos en la mesa
• La persona que descargue el computador portátil, lo pone a cargar
• La persona que haga labores de culinaria en la cocina la tiene que dejar
ordenada y limpia como la encontró
• La persona que esté viendo televisión, al momento de apagarlo debe desenchufarlo y colocar el control delante del mismo
• Acostarse temprano, máximo diez de la noche, salvo circunstancias especiales.
• Secar el baño después de utilizarlo.
Las Familias en el Sinú - 101
• Lavarse las manos antes y después de manipular y consumir cualquier
alimento
• Consumir los alimentos antes de la fecha de vencimiento
• Pedir disculpas o perdón cuando sea necesario
• No dañar los bienes de la casa ni prestarlos sin el permiso de los padres
• Respeto a los hermanos mayores
• No emplear palabras obscenas
• No participar de las comidas con gorra o descamisado
• Desayunar, almorzar, y cenar todos juntos en la mesa de comedor
• No desperdiciar la comida
• Pedir permiso con anterioridad para salir
• Recibir las visitas en la sala
• Presentar a los amigos en la casa
• Llegar a la hora acordada
• Saludar al levantarse
• Ser responsable en el estudio
• Cuando vea el televisor no encender otros aparatos
• No estar demasiado tiempo en el computador metido en Internet
• Recoger los platos después de comer
• No permanecer hablando mucho tiempo por teléfono
• No tomar alcohol en exceso
• No escuchar música con volumen alto
• No desordenar el cuarto de los padres
• No hacer mucho ruido cuando los demás están durmiendo
• Asistir a misa todos los domingos
• No quedarse en casa solo
• Sacar la basura cuando corresponda
• No dejar ropa y zapatos regados por toda la casa
• No hablar con la boca llena
• No entrar a la casa con los zapatos sucios
102 - Las Familias en el Sinú
Valores
Responsabilidad, amor, comprensión, solidaridad, respeto, tolerancia,
cariño, afecto, ayuda, honestidad, paciencia, paz, bondad, prudencia,
justicia, igualdad, humildad, perseverancia, sencillez, generosidad, fortaleza, lealtad, amistad, gratitud, optimismo, honradez, perdón, solidaridad, decencia, puntualidad, autodominio, desprendimiento, constancia,
pulcritud, autodisciplina, manejar la diplomacia y el tacto en situaciones difíciles, reconocer las faltas, saludo amable en los momentos que lo
ameriten y buen humor, orden, fidelidad, carácter, comunicación, sensibilidad, superación, voluntad.
Principios
• Estar preparado para enfrentar en las mejores condiciones las dificultades
que ofrece la vida.
• No discriminar por razones de género, etnias, cultura, religión, ideología,
edad, economía.
• Evaluar y aprender de cada acción o hecho que afecte a la persona y familia.
• Ayudar al que me necesite.
• Trabajar en comunidad.
• Luchar por el bien común.
• Expresar mis puntos de vista.
• Aprovechar el tiempo en labores constructivas o útiles.
• Tener y mantener disciplina y constancia en los planes.
• Ser ejemplo positivo para la comunidad o sociedad.
• Practicar la convivencia pacífica.
• Imitar y seguir los ejemplos de aquellos que hagan las cosas correctas y
justas.
• Mantener conductas intachables y una higiene buena.
Las Familias en el Sinú - 103
• Esforzarnos en las diferentes cosas y actividades que llevamos a cabo,
siendo precavidos.
• Hablar y actuar con prudencia y discreción sin ofender a nadie.
• Planear muy bien y a tiempo lo que vayamos a realizar.
• No tener el deseo de la venganza.
• Ser agradecido siempre.
• No pegarle a la mujer.
• Detestar la mentira y el engaño.
• No robar.
• No alegrarse de las desgracias ajenas.
• No hacer a los demás lo que no quieres que hagan contigo.
• Respetar a los mayores y sobre todo nuestros padres y familiares.
• Escoger muy bien a los amigos.
• Respetar las leyes, las autoridades y las señales de tránsito.
• Cuidar nuestros recursos y medio ambiente, no arrojando basuras y dándole un buen mantenimiento.
• Ejercer la democracia.
• No impartir justicia con mano propia.
• Crear una familia basada en el amor y la confianza.
• Hacer de la virtud una práctica.
• Crecer en conocimientos y sentimientos.
• No guardar odios ni rencores que oscurezcan mi camino.
• Aceptar que no se puede controlar todo.
• Amar a Dios sobre todas las cosas.
• Prepararnos para ser buenos profesionales.
• Hacer todas las cosas con amor
• Aceptar a los demás con sus defectos y cualidades.
• Ser misericordiosos.
• Amar a la vida.
104 - Las Familias en el Sinú
Creencias
• Un pedazo de hilo mojado con saliva puesto en la frente desaparece el
hipo.
• La manilla con mate en la muñeca de los niños los protege del mal de ojo
y el pujo.
• Collar con dientes de ajo sirve para las lombrices.
• Santiguar a los niños los siete viernes de cuaresma.
• Con niños enfermos de mal de ojo buscar siete niñas para cruzarlas en
cruz.
• Niños con abultamiento en el ombligo le tomaban las medidas y la introducían en las ranuras de un árbol.
• Niños sin bautizar vestirlos de rojo antes de dormir para apartarle las
malas influencias.
• No permitir que los niños jueguen con niñas o sus juguetes y viceversa.
• Las mujeres no deben subirse en los árboles porque los secan y no producen.
• Después de hacer el amor no salir al patio sin abrigarse, tapándose el
cuello y la nariz.
• Usar fajero en el recién nacido para evitar se vuelva ombligón o pipón.
• Hacer el aseo de la puerta principal para adentro.
• Poner los tenedores debajo de la mesa para que escampe rápido.
• Colocar la tijera en forma de cruz para retirar las brujas y malas energías.
• La mata de sábila o una herradura detrás de la puerta para llamar la buena
suerte.
• La escoba boca arriba para ahuyentar los malos espíritus o las visitas indeseables.
• Quemar el empaque donde depositan los huevos sirve para matar los
mosquitos.
• Baño de ahuyama para que los niños caminen rápido.
• Persignarse a la salida de la casa o momentos de apremio.
Las Familias en el Sinú - 105
• Cuando llueve con tormenta eléctrica tapan los espejos para que no se
quiebren.
• Después del parto la mujer debe guardar cuarenta días comiendo gallina.
• El ratón Pérez premia a los niños que dejan sacarse los dientes blanditos.
• Cuando hay luna nueva no se debe empollar las gallinas.
• No comer carne en los días santos.
• No barrerle los pies a alguien porque después no se casa.
• El que pase por debajo de una escalera tiene mala suerte.
• Encontrar una semilla de achiote significa que la esposa le es infiel a su
marido.
• Cuando la gallina canta como un gallo es mala para dar cría.
• Cuando un búho canta sobre la casa es porque hay una mujer embarazada
que no ha dicho nada.
• El canto del yacabó (ave) anuncia muerte.
• Cuando alguien muere y llueve ese mismo día fue buena persona.
Factores que afectan la familia
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Infidelidad, vagancia, ocio.
Irrespeto, pandillismo, prostitución.
Agresividad física, sicológica, verbal.
Temperamentos violentos, homosexualidad.
Vicios, (licor, tabaco, droga, marihuana)
Violencia doméstica.
Rebeldía en los hijos.
Desempleo.
Desplazamiento.
Desmovilización.
Separaciones.
Abandono, incomunicación.
Pobreza, desempleo.
Mal ejemplo de los hijos e hijas mayores.
Abuso, falta de autoridad.
106 - Las Familias en el Sinú
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Hacinamiento.
Uniones entre jóvenes, monotonía.
Desconfianza.
Celos, falta de autoestima.
Abuso sexual.
Incomprensión, retardo mental.
Egoísmo, discapacidad.
No reconocer la superación o capacidad de la mujer.
Rutina.
Calamidad doméstica.
Falta de valores y comunicación.
Discriminación con los hijos.
Insatisfacción sexual.
Resentimiento, chisme.
Diferencia irreconciliable de opinión.
Las Familias en el Sinú - 107
Caracteristicas de los monterianos
Karina Otero Buelvas (1996) Idiosincrasia del hombre monteriano.
E
ste hombre de estatura media, tez morena y rostro expresivo con
mujeres de gran belleza y cuerpo escultural hace parte del contexto
cultural costeño poseedor de gran riqueza de ingenio y folclor.
Su vida gira alrededor de la música la cual lleva en su sangre, los refranes y
dichos muestran su chispa, los cantos de vaquería y las leyendas expresan
su gran imaginación.
El monteriano es de temperamento jovial, se relaciona fácilmente, es confiado y acogedor, con predilección por las fiestas populares como la carraleja y el fandango. En su idiosincrasia encontramos rasgos positivos y
negativos que caracterizan su comportamiento social.
Como rasgos positivos podemos anotar:
• Es sencillo, descomplicado, sincero, elemental, fácilmente se le puede engañar, cree en la amistad y no tiene reservas cuando es amigo.
108 - Las Familias en el Sinú
• Cariñoso con sus hijos pero no es fácil para él darles besos y caricias. Es
parco, ama a su mujer pero no es detallista.
• Autoritario en el hogar.
• Amigo de parrandas y borracheras semanales, le gusta cantar y bailar
cuando empieza a emborracharse, después se vuelve necio y a veces ofensivo; refiere chistes y exagera a cada momento.
• Le gusta desempeñar oficios como la pesquería, labores agrícolas, conducción, ganadería, trabajos manuales, orfebrería y trabajos culinarios.
• Es solidario con parientes, amigos y vecinos.
• Dice ser religioso o creyente pero no asiste a misa ni a cultos, es muy supersticioso y confía en las tradiciones familiares o de los pueblos.
• Celebra fiestas patronales, religiosas y sociales como semana santa, navidad, año nuevo, cumpleaños, bautizos, aniversarios, matrimonios y en
general cualquier éxito obtenido.
• El trato que le da a los santos y santas de creación popular es franco y
familiar. Celebra los días de la virgen del Carmen, la Inmaculada, San Jerónimo y San José, entre otros.
• De conducta moralizante y tradicionalista donde los principios están íntimamente ligados a lo religioso y a la filosofía popular.
• La autoridad del padre y el respeto al abuelo son normas que acepta sin
condiciones.
• Come y bebe en abundancia, en especial comidas y bebidas con mucha
harina, grasa y azúcar.
Como rasgos negativos:
• Apatía y conformismo en general; acepta las condiciones sociales tales
como están, sin darle mayor valoración al cambio pues hay una fuerte adhesión a pautas de conductas y formas de vidas tradicionales.
• Prevalecen actitudes emotivas y exageradas debido a la superstición y la
excesiva protección que a veces pone en las relaciones de parentesco.
• Falta espíritu cívico y sentido de responsabilidad social. Tendencia a recibir todo gratuitamente por parte del gobierno y organismos de solidaridad
y emergencia.
Las Familias en el Sinú - 109
• Indisciplina y falta de organización social. Falta de respeto hacia las normas de orden.
• El machismo, puesto que la mujer se halla en posición de inferioridad en
casi todos los aspectos frente al hombre. Se manifiesta en diversas formas:
la irresponsabilidad en sus obligaciones con el hogar; el autoritarismo petulante ante la esposa y los hijos, lo que asegura el respeto fundado en el
temor; el maltrato físico, verbal y sicológico a la esposa e hijos; la infidelidad; ninguna o mínima ayuda en los oficios domésticos; cierta oposición
a que la mujer se capacite y trabaje, argumentando su amor por ella; cierta
discriminación de género con los hijos.
• Pierde demasiado tiempo en actividades que no le reportan ningún beneficio.
• Es impuntual y poco dado a cumplir metas en las fechas o plazos establecidos.
• No cuenta con un plan de vida a mediano y largo plazo.
• Poco sistematiza las experiencias y las aplica.
• Aún con posibilidades le gusta poco ahorrar. La visión de desarrollo general es escaso.
Un aspecto destacado del monteriano es el
folclor expresado en la danza y la música,
en la diversidad de ceremonias y festivales como corralejas, carreras a caballo, celebración de matrimonios, velorios, entierros, bautizos y procesiones.
La tradición oral está llena de leyendas,
relatos, cuentos, refranes, adivinanzas, fabulas, cantos de monte y vaquería.
La danza y bailes tradicionales que aún persisten son
el fandango, el porro, la puya, la cumbia, el bullerengue. Para complementar su vocación y afición escucha y baila el vallenato, la salsa y el merengue,
en especial.
110 - Las Familias en el Sinú
Juan Arrieta Flórez (1996) Idiosincrasia del hombre monteriano.
N
uestro ancestro hispano-árabe, savia de la cual se nutre la ontología Caribe es machista, ello condiciona y facilita nuestra conducta
esencialmente dominante. Somos, además de Caribes, colombianos y latinoamericanos y el hallarnos insertos en esos tres grupos nos inclina a la adopción de la postura según la cual es el hombre, el macho, el
varón quien económica y afectivamente está en capacidad de dominar la
estructura familiar. Lo anterior trasciende a las demás estructuras sociales
y de producción que imperan en estas latitudes tropicales. Súmese a ello,
para mayor explicación —que no justificación— la poderosa y obedecida
influencia de la doctrina cristiana, católica, apostólica y romana, que ha
aportado por todos los siglos postulados tales como “el hombre es la cabeza de la mujer así como Cristo es la cabeza de la iglesia…Mujer, debes
obediencia, sumisión y respeto al marido… y otras enseñanzas bíblicas introducidas y arraigadas en las conciencias desde la antigüedad y transmitidas de generación en generación, llegando incluso hasta nuestras madres
y hermanas. No quepa duda pues, del arraigo irrevocable del machismo en
nuestro medio, tanto más difícil de erradicar cuanto más logremos desentrañar su remota existencia en los tiempos.
Las Familias en el Sinú - 111
El monteriano necesita de la mujer siempre con
urgencia manifiesta. La corteja y la pretende
no siempre en forma tan galante como debería. La enamora, la piropea con soltura
—hoy, por desgracia, cayendo en la chabacanería y la vulgaridad—. Le habla infinitamente de lo divino y de lo humano y
llega a idealizarla y a valorarla tanto como
el ejemplo de su entorno familiar y social
de origen se lo hayan enseñando y permitido. Pero siempre –y en ello tiene absoluta claridad- la entiende y la percibe como
un necesario complemento de su cotidianidad para su realización como varón,
como ente social trascendente y la reconoce además desde siempre, como la parte
menos aportante al sostén del hogar. La ve y
he aquí el punto para resaltar, como el ser que
tiene impostergable, indelegable e ineludible
misión de procrear y además de calmar en debida forma y a cabalidad sus naturales instintos y
sus siempre insaciables apetencias libidinosas. Debe
cumplir la mujer además, para la concepción tradicional,
un papel que resalte la correcta y ordenada disposición del hogar y de los
hijos, de las labores hoy llamadas de “ingeniería doméstica”. Ello redundará
en el mayor o menor grado de acreditamiento social como resultado del
adecuado y esmerado cumplimiento de su misión de mujer.
Quiérase o no, esta actitud de dominación, sojuzgamiento y prepotencia e
incluso de salvajismo y primitivismo si se me permite está cediendo y ello
ocurre por virtud y mérito del acceso cada vez más creciente de la mujer
monteriana a los centros académicos del país y el exterior, a las posiciones
de avanzada que ha tomado en el comercio, la banca, las finanzas y aún en
la cada vez más complicada y contaminada actividad política.
Lo anterior constituye un cambio incuestionable en la formulación de las
estructuras de poder y de relación al interior del hogar. Cuando la mujer
ha tenido acceso a la formación académica y se vincula con decisión como
112 - Las Familias en el Sinú
fuerza laboral, activa y aportante económicamente, el hombre se ha visto
obligado a la necesaria reflexión y a la paulatina cesión de espacios auspiciada además por los cambios lentos pero progresivos de las legislaciones
y de los modos de pensar avenidos con las ultimas décadas. Lo anterior
determina que si antes la relación era positiva, autoritaria y unidireccional
(del padre-esposo hacia la madre-hija), ahora, por fuerza de las circunstancias deberá adquirir un matiz complementario, reflexivo y bidireccional
(padre esposo–madre esposa).
Pero con relación a lo que nos ocupa, este mismo fenómeno de la nueva
mujer, menos femenina y más ejecutiva y profesional, ha causado la paulatina y dolorosa desaparición del piropero, del macho que posaba de galán,
las más de las veces sin serlo en realidad. Este hombre de nuestras casas y
nuestras calles ha sido absorbido lentamente por la fuerte corriente de los
acontecimientos. Las mujeres, ahora más prácticas, más maduras pero a
la vez menos románticas y sensibles, al haber tenido contacto académico
con la universidad y roce social en la gran ciudad, se vuelven cada vez más
reacias y renuentes a las formas machistas tradicionales y pretenden su homologación personal, profesional y laboral con los varones, aunque ello
implique un detrimento cada vez mayor del rol que tradicionalmente le ha
correspondido desempeñar. Tales fenómenos, decía, han sumido en la disminución progresiva de su capacidad al hombre del esquema tradicional.
Ninguna mujer con un nivel superior de instrucción, con desenvoltura social en otros medios más extensos y con la posibilidad de apreciar y experimentar otros modelos y patrones de conducta social, aceptará hoy a los
machos productores y aportantes omnímodos, omnipotentes y omnipresentes, proveedores de lo necesario y emperadores absolutos que se jactan de su proceder a través de dichos y refranes costumbristas tales como
“del hombre la plaza y de la mujer la casa” o del corte de este: “hombre y
dios, mujer y tusa”. Asistimos pues, a la desaparición paulatina del hombre galante, enamorador y romántico y de la mujer sensible, enternecida
y femenina como una necesaria e ineludible consecuencia de los cambios
individuales y colectivos de la mentalidad y del avance y el progreso de los
grupos humanos acompasado por la velocidad de la ciencia y la tecnología.
Se trata en conclusión, del avance y del progreso del grupo humano en
natural y necesario detrimento de algunas pequeñas cosas que identifican
nuestro pueblo como entidad histórica viva y trascendente.
Las Familias en el Sinú - 113
Radio Bemba
Víctor Negrete Barrera (1981) Idiosincrasia del campesino sinuano.
E
n los pueblos, en las colonias de paisanos, círculos de amigos e incluso, en ciertos barrios de pequeñas y grandes ciudades existe un
medio de comunicación popular, formidable y eficaz: Radio Bemba
o lo que es lo mismo, la transmisión de determinadas informaciones o “noticias” por vía oral, es decir, boca a boca.
Radio Bemba, como todo el mundo lo sabe, nació y se mantiene con vigor
en pequeños pueblos campesinos. Hace parte pues de su cultura campesina. Y aunque no es el único medio de comunicación que existe, sí es el más
efectivo. En algunos pueblos, por ejemplo, se utilizan también el pasquín y
los carnavales.
El pasquín es una hoja suelta escrita a mano o en máquina, sin firma responsable, que aparece cualquier día pegada en postes o paredes de lugares
concurridos o simplemente tirada en el piso de la sala porque alguien en
la madrugada la arrojó por debajo de la puerta. Y los carnavales osn esas
fiestas populares en donde la copla, la puya, la trova o la décima juegan un
papel destacado, precisamente por la intención y el contenido que tienen.
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Generalmente las informaciones que dan a conocer Radio Bemba, el pasquín y los cantadores de carnaval tienen como base estos principios: “la
verdad en la cara duele” y “entre cielo y tierra no hay nada oculto”. Por esta
razón casi todo el material que transmite Radio Bemba se refiere a ciertas
verdades que algunas familias o personas guardan celosamente. Estas verdades son ciertas en su totalidad o parcialmente, pero jamás son del todo
falsas. Otra cosa: son espontáneas, no se buscan a propósito; simplemente
comienzan a formarse a partir de la más pura intuición, de esa malicia indígena u olfato de perro que tiene la gente del campo. Tal vez por este motivo
cada persona que recibe la información y la sigue transmitiendo le quita o
le agrega detalles a su gusto, de acuerdo a su ingenio o experiencia, pero
sin modificar el hecho central. Es obligatorio igualmente que la narración
se acompañe de gestos, imitaciones, cambios de voz y silencios cortos o
prolongados con el fin de hacerla atractiva y llena de suspenso.
Buena parte de los paquetes de informaciones que transmite Radio Bemba
tienen que ver con el sexo (impotencia, frigidez, encoñamiento, abandono, homosexualismo, lesbianismo, marimachismo, violaciones, compra de
doncellas, desfloración, infidelidades y otras por el estilo), fracasos y éxitos
en los negocios, líos graves entre parientes, enfermedades incurables, recién llegados, hechicerías, teguas y empautos con el diablo, fallecimientos
inesperados, actividades ilícitas, viajes repentinos, riñas y escándalos en
general.
¿Cómo se origina la información que transmite Radio Bemba? Veámoslo
en un ejemplo: en Boca de López, un pueblito del Sinú medio, una joven
pareja de enamorados decidió hacer el amor y mantener el hecho en secreto. Supongamos que nadie los vió. Pero la consumación del acto y el
silencio estricto que deben guardar produce en la joven pareja determinadas reacciones y emociones que aparentemente pasan desapercibidas para
los amigos y familiares. Con el correr de los días, pocos o muchos, alguien
descubre por casualidad algo raro en las miradas, en los saludos, en las risas y en las palabras que se cruzan los enmorados y decide prestar atención
a ver si descubre lo que ya supone. Pero no se queda callado, sino que en
la primera oportunidad le cuenta al amigo íntimo el descubrimiento, terminando con esta frase: “... a mí me parece que fulanito se está comiendo
a zutanita”. Este primer indicio comienza a regarse en forma de murmullo.
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Entonces son muchos los ojos y oídos que están pendientes de todo cuanto hace y dice la joven pareja: les meten conversaciones de doble sentido,
hablan bien o mal de uno de los dos para conocer las sensaciones que produce, les hacen preguntas como quien no quiere la cosa, les sueltan de improvido puyas e indirectas, les inventan mentiras para sacar verdades y los
más osados o los de mayor confianza pierden la paciencia y les exigen que
digan la verdad y se dejen de tantas vainas.
Es tal la presión y tan bien montado este aparato de espionaje que la verdad
acaba conociéndose tarde o temprano. Hay veces que las cosas se precipitan por un descuido, una imprudencia, un alarde o sencillamente por un
embarazo o un aborto.
Las informaciones que da a conocer Radio Bemba llegan a ser dominio
público pero todos las guardan con el fin de utilizarlas en el momento preciso y para sus propios intereses, aunque en el fondo parce que existe un
sentimiento y actitud fiscalizadora y moralizante que trata de evitar excesos y la violación de normas éticas, morales y sociales que rigen la vida de
la comunidad y por lo mismo deben ser acatadas y respetadas por todos.
La gente conoce suficientemente este objetivo de Radio Bemba y evita por
todos los medios ser objetivo de sus informaciones.
A propósito de los protagonistas de Radio Bemba: la mayoría de ellos están
convencidos que nadie sabe nada de las verdades que oculta celosamente y
solo vienen a enterarse cuando en el desarrollo de una riña o un escándalo
alguien le grita a todo pulmón, en plena calle, con pelos y señales todo
cuanto se conoce. Este desenmascaramiento produce en la persona afectada una profunda vergüenza, mientras la comunidad respira algo tranquila,
convencida que hizo algo positivo; castigar al infractor de sus normas y, al
mismo tiempo, alertar a los otros para que no sigan el mal ejemplo.
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