¿En qué váter entramos?

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¿En qué váter entramos?
Los baños, los servicios, los váteres públicos y yo nunca hemos tenido una buena relación; al
menos no una relación fácil. Desde siempre me han dado qué pensar, siempre los he
problematizado y ahora que tengo un novio transgénero esto me ocurre mucho más. Siempre me
costó entender que los baños públicos estuvieran rígidamente separados en masculinos y
femeninos. Sé que hay razones a favor de esa separación, pero lo cierto es que la solución de la
división radical y rígida de esos dos espacios no me convence, parece más bien una división
ideológica que práctica y, además, puede ser discriminatoria y crear situaciones incómodas e
incluso dolorosas. Es un asunto mucho más complejo de lo que parece para resumirlo en un post,
pero quiero abrir un pequeño debate.
Eso me dio qué pensar: ¿no podría haber algo de reafirmación patriarcal en el hecho de tener que
“demostrar” que ellos mean de pie? ¿No hay algo muy masculino en la posibilidad de poder
comparar?
Mis problemas comenzaron por lo práctico, con mis muchos viajes en autobús. Cuando un
autobús hace una parada a mitad de camino y todo el mundo se lanza sobre los baños, el
resultado suele ser que el de señoras se colapsa, mientras que el de los hombres permanece semi
vacío; lo mismo pasa en el intermedio de algún espectáculo, siempre ocurre. La razón es que creo
que las mujeres necesitamos orinar más a menudo pero fundamentalmente que nos tenemos que
desabrochar, abrochar y arreglar mucha más ropa; el proceso suele ser más lento. Ellos no tienen
más que abrirse la bragueta, es mucho más rápido. Aunque cuando era pequeña no razonaba de
esta manera, sí que me daba mucha rabia encontrarme haciendo una inmensa cola, con el
autobús a punto de irse o con el espectáculo a punto de comenzar, mientras que el baño
masculino estaba vacío. Si la situación es ésta, ¿por qué no hacen los baños femeninos mucho
más grandes que los masculinos? Por el contrario, ambos servicios suelen ser iguales, lo cual me
parecía la típica ceguera para aplicar soluciones que tengan en cuenta el sexo.
Yo siempre me preguntaba: ¿Por qué no podíamos acortar nuestra cola pasando a su baño?
¿Sólo porque un cartel en la puerta dice “señores" o "señoras”? En esas situaciones yo solía, y
aún suelo, pasar al baño que no me corresponde (ante el espanto de mi madre), pero reconozco
que la cosa no es tan fácil como puede parecer a primera vista porque los baños masculinos
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suelen tener, antes de llegar a los váteres cerrados, urinarios pegados a la pared que suelen estar
situados de manera que tienes que pasar por delante. En ese caso, si entras al váter, te
encontrarás a un tío meando y, además de no ser agradable, la cosa puede degenerar en alguna
situación no deseada.
La cuestión es… ¿por qué se supone que los hombres no quieren o necesitan intimidad para hacer
pis? Esta es, para mí, una pregunta que nadie se ha molestado en contestar en serio. Vale que
pueden mear de pie, vale que no necesiten bajarse los pantalones, pero nada de eso explica por
qué no quieren tener una puerta entre ellos y los demás a la hora de orinar. En las casas
particulares, por ejemplo, no se instalan esos urinarios sino sólo un váter que hace las mismas
funciones. Pensé en que esta reflexión no era tan irrelevante como podría parecer cuando me di
cuenta de que mi hijo nunca usaba los urinarios de la pared, sino que desde bien pequeño entraba
al cubículo en el que podía cerrar la puerta. Cuando le pregunté por ello me dijo claramente que él
no entendía que el hecho de ser varón implicara que cualquiera te pudiera ver mear y se te
pudiera quedar mirando; me dijo que a él le daba vergüenza hacerlo delante de nadie, que el
deseo de intimidad ante desconocidos no tiene mucho que ver, dice él, con ser hombre o mujer.
Eso me dio qué pensar: ¿no podría haber algo de reafirmación patriarcal en el hecho de tener que
“demostrar” que ellos mean de pie? ¿No hay algo muy masculino en la posibilidad de poder
comparar? Podría pensarse también que se imponen los urinarios en la pared para quitar a los
chicos esas vergüenzas acerca de comparaciones o intimidades… (¿quizá tan femeninas?) No lo
sé, pero cuando mi hijo me hizo ese comentario busqué en internet y encontré bastantes
comentarios de hombres que decían exactamente lo mismo, que les gustaría tener intimidad y que
ellos jamás usan los urinarios de pie. Había también algunos que pedían a las empresas que
instalan este tipo de urinarios que, al menos, los pusieran lo suficientemente separados unos de
otros como para salvaguardar un poco de intimidad, así que la cosa no era tan descabellada como
yo había pensado. Si dichos urinarios no existieran, podría haber muchos más baños mixtos.
Que los váteres sean mixtos parece, por otra parte, ser una cuestión que se deja al albur de
cuestiones que no están fijadas; es decir, hay “señoras" y "caballeros” si hay sitio, pero si no lo
hay, entonces da lo mismo. Así que dicha división rígida parece no ser necesaria. En principio,
¿qué problema habría en que una persona del sexo que sea entre a su cubículo y lo cierre? Por
ejemplo, los servicios para personas con discapacidad no distinguen de sexos, porque nadie mea
de pie si va en silla de ruedas, así que aquí vemos de nuevo que el problema puede
circunscribirse al famoso y masculino “mear de pie”, y que se vea, claro. Cuando, por la razón
que sea, no hay espacio para hacer dos cubículos separados, tampoco hay problema: por ejemplo
en una gasolinera donde sólo suele haber un espacio o en muchos restaurantes en los que hay un
espacio común. Si esto es así, no pasa nada.
Ir al baño público es una de las situaciones cotidianas en las que se exige de manera ineludible
que se asuma un sexo de dos y en la que, además, identificarse “mal” o no identificarse dispara la
transfobia de mucha gente.
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De manera que esta era una cuestión en la que ya había pensado. Pero ahora tengo un novio
transgénero y la cosa se me ha complicado mucho más. Ahora ya no es una cuestión de
apetencias o incomodidad; ahora tiene que ver con sus derechos, su identidad, su integridad moral
y su seguridad. Desde que tengo esta relación he aprendido que el asunto de a qué baño entrar
es toda una cuestión para las personas que no se identifican fácilmente con uno de los dos sexos
o cuya autoidentificación no se corresponde con la percepción de los demás.
Ir al baño público es una de las situaciones cotidianas en las que se exige de manera ineludible
que se asuma un sexo de dos y en la que, además, identificarse “mal” o no identificarse dispara la
transfobia de mucha gente. Muchas personas transgénero pasan un verdadero mal rato al tener
que entrar en un baño público, y muchas personas transexuales, que sí se identifican con
cualquiera de los dos carteles “señoras” y “señores”, se arriesgan sin embargo a que sean los
demás los que no admiten dicha identificación. A veces ese mal rato es más que eso y se
convierte en una violación de derechos; todo el mundo debería poder entrar en un baño con la
seguridad de que se va a respetar su identificación de género y de que no va a ser agredido de
ninguna manera.
Cada vez que mi novio tiene que ir al baño, se tensa (y yo también). Va al baño de chicas y lo
normal es que no pase nada. Pero a veces, cuando el baño está lleno y hay que hacer cola, todas
le miran y supongo que no se pasa bien haciendo una cola en la que destacas como una bombilla
incandescente. Él mismo dice que es un mal rato. Además no se siente cómodo, no se identifica ni
se reconoce en el cartel “señoras”. Por el contrario, si entrara en el baño de hombres no sólo le
mirarían, sino que podría ser agredido verbal o físicamente, eso ya ha pasado. La transfobia ya
sabemos que es mayor y se manifiesta de manera más agresiva en los hombres que en las
mujeres, pero no por eso deja de estar presente en las mujeres, que más bien recurren a risitas o
insultos.
Sé que parece un tema menor, pero merece que le dediquemos un momento. Quizá de la misma
manera que conseguimos que, poco a poco, se fueran poniendo baños para las personas con
discapacidad, los baños públicos deberían tender a ser mixtos en mayor medida. Quizá no estaría
de más que los hombres a los que les gusta cerrar una puerta detrás suyo cuando van al váter lo
hicieran saber. Si mean de pie o sentados es cosa de cada uno o una.
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