Tito D™az

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Territorios del arte
Tito Díaz
DESCRIPTORES
ESCULTURA
OBRA PÚBLICA
OBRA PRIVADA
PUENTE
ESPACIO
MATERIA
TIEMPO
PAISAJE
NET-ART
Obra pública (obra privada)
Es curioso cómo las paradojas suelen revelarse a menudo como certidumbres. La obra pública deviene, a mi parecer, la
más privada de las expresiones artísticas; “privada” porque
la obra pública bien entendida va a formar parte, en el caso
de cumplir su objetivo, del subconsciente íntimo de cada espectador e incluso de aquellos que de un modo circustancial
pasen cerca de ella.
Una de las primeras impresiones que guardo en relación
con el arte, o más concretamente en relación con el volumen
y el espacio, fue producida por la arquitectura de Gaudí.
Gaudí, con sus sueños petrificados, ejerció en mi subconsciente, en mi zona más privada, una influencia enorme. No
tuve una conciencia clara de su influencia hasta bien entrada
la adolescencia, pero los gráfitis pétreos que grabó en mi cerebro datan de mi primera infancia, hacia los cuatro o cinco
años, cuando me llevaban a jugar a la plaza de la Sagrada
Familia. Es una relación que, como todas las relaciones íntimas, amplía su espectro con el paso del tiempo y se transforma cada vez que yo me transformo.
Esa es, a mi parecer, la verdadera influencia que ejerce la
obra pública en cada uno de nosotros. Sea un puente, una
catedral, una escultura… la obra pública penetra en lo más
privado de nuestro cerebro y nos ayuda a descubrir nuestra
relación con la materia y el espacio.
Como escultor, siempre he estado interesado en instalar
escultura pública; lo he hecho alguna vez y, hasta hace poco,
siempre de una manera efímera.
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En 1992 instalé una pieza en el Museo de Zoología de
Barcelona. Estuvo instalada hasta 1994, año en que me trasladé a vivir a París. Ubiqué la pieza en el exterior, frente a
la puerta de acceso al museo. La escultura, un cráneo de ballena que me cedió el propio museo, estaba rodeada de unas
400 vértebras de caballo que formaban parte del proyecto
“Animales” en el que estaba trabajando en esa época. Las
vértebras estaban unidas entre sí por una cuerda y repartidas en diferentes ristras dispuestas alrededor del cráneo. Pasaron unas semanas y un día me llamó por teléfono el director del museo preocupado al percatarse de que alguien había cortado una de las cuerdas y se había llevado algunas
vértebras. Enseguida le tranquilicé diciéndole que cuando
decidí poner una cuerda y no un cable de acero lo hice con
la esperanza de que alguien, aun siendo embarazoso, tuviera la pulsión y el coraje de llevarse algún hueso consigo, de
manera que ese hueso que yo había recogido en las montañas de Huesca continuara su viaje hacia otros territorios deviniendo una especie de antena del proyecto “Animales” y a
su vez creando una complicidad entre la persona que había
cogido el hueso y la pieza. Durante los dos años que estuvo
instalada fui aportando nuevas vértebras. No hubo ningún
acto de vandalismo, todo el mundo fue correcto y respetuoso. Esta interacción con la escultura me tenía fascinado.
Ahora debe de haber unas decenas de personas que establecieron una relación privada, una relación que para ellos
rayaba en lo prohibido.
Fig. 1. “Máquina concebida por Tito en 1987 para fabricar,
mediante agua y rotación, los bloques de cabello macizos.
Fig. 4. “Entropía”.
Técnica mixta, 200 x 200 cm, París, 1998.
Fig. 2. “Muro”, 1988. Escultura de cabello humano macizo de 500 cm de largo
por 190 cm de alto y 70 cm de grosor. Proyecto “Seres humanos”, 1985-1988.
Fig. 5. “Campo sinérgico”.
Técnica mixta, 253 x 453 cm, París, 1998.
Fig. 3. “Autorretrato”.
Técnica mixta, 200 x 200 cm, París, 1998.
Fig. 6. “Escultura interactiva”, 1991. Huesos de caballos y sonido.
Instalación en un bosque privado. Proyecto “Animales”, 1989-1993.
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Este tipo de sensaciones son imposibles de establecer con
lo que normalmente consideramos como obra privada; nunca una escultura comprada por un coleccionista podrá generar una situación parecida.
Cuando me fuí a vivir a París desmonté la pieza. No tenía
sentido blindarla después de todo lo ocurrido.
Ahora estoy trabajando sobre una escultura multimedia para el Museo de la Ciencia de Valladolid titulada “Alpha”. Integra imagen y sonido. Aun siendo una pieza muy distinta mantiene un cierto paralelismo con la anterior. Una de sus características es que cualquiera, desde cualquier parte del mundo,
tiene acceso a la manipulación de la imagen de la escultura.
“Alpha” no es solo un volumen en relación con el espacio,
sino que incorpora el concepto tiempo a través del sonido y la
luz que utiliza para dibujar sobre el volumen central de la ins-
talación. Aunque siempre he pensado que todo arte es interactivo, desde Altamira hasta nuestros días, las esculturas electrónicas utilizan la tecnología como soporte técnico para acercar
el arte a nuestros comtemporáneos. “Alpha” intenta transportar
al espectador a unas coordenadas distintas en la relación “espectador-escultura” y permite la creatividad de sus visitantes;
creo que esta particularidad mantiene viva la “relación privada” que se establece con la obra pública a través de las herramientas que nuestra época nos ofrece y que, bien utilizadas,
deben acercarnos a la obra de arte, consiguiendo ese gráfiti
cerebral del que hablaba al principio de este artículo. Lo interesante de la obra pública es que nos sumerja de lleno en las
relaciones que establecemos con nuestro entorno y que discretamente marcan nuestra existencia. Los puentes, las catedrales,
son tan privados como públicos y tan públicos como privados.
Fig. 7. “Instalación Museo de Zoología”, 1992-1994.
Cráneo de ballena rodeado de vértebras de caballo.
(Proyecto “animales”, 1989-1993).
Fig. 8. Instantánea de “Alpha”, escultura multimedia de 500 cm
de altura por 210 cm de lado en la base, en proceso de realización,
que será instalada en el año 2003 en el Museo de la Ciencia
que está construyendo Rafael Moneo en Valladolid.
Fig. 9. Secuencia de “Alpha”.
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Puentes y caminos (arquetipos de internet)
Los puentes y los caminos son indudablemente los cimientos
de lo que hoy en día llamamos “sociedad de la información”.
Estos ancestros de internet crearon las primeras redes de comunicación.
El puente es una de las obras de arte y comunicación más
importantes creadas por los seres humanos; su invención permitió que la comunicación y el transporte de información adquirieran otra dimensión.
En el concepto que Joseph Beuys llamó “escultura social”
el puente podría definirse como obra de arte total; es generador de información y la transmite utilizando su estructura
como vehículo a la vez que ésta se impone como volumen
plástico en el espacio.
Durante el último siglo se ha querido reducir la importancia de la ingeniería en su relación con el arte, pero últimamente, en los albores del siglo XXI, la ingeniería vuelve a ocupar la dimensión social que merece. Continuamente oímos
hablar de ingeniería, bien sea en el campo de la genética, de
las nuevas tecnologías… La creación de estructuras durante
años ha sido relegada, a nivel artístico, a una mera comparsa de la forma, sobre todo en el último siglo, en el que la masificación ha impuesto la tiranía de lo mediocre; pero a mi
parecer la estructura alcanza unos niveles de espiritualidad
que la forma, en su dependencia de otros objetivos más superficiales, no podrá nunca alcanzar.
He elegido el puente como símbolo porque me parece que
representa perfectamente este cambio en el pensamiento artístico. Una obra que supedita su forma a su necesidades estructurales es una obra en perfecta armonía con el cosmos.
Las nuevas tecnologías nos acercan a la inteligencia del arte. Un nuevo Renacimiento llama a nuestra puerta. Ciencia y
Arte van a marcar los próximos tiempos. El falso chamanismo
de los charlatanes deja paso al verdadero acto mágico en conexión con el universo; la auténtica belleza se alía con las matemáticas como explicación del espacio. La creación de nuevos
territorios en el pensamiento humano va a permitir el desenlace
de una época oscura en la que los falsos epígonos del arte han
prostituido el conocimiento para su propio beneficio. Los antiguos clichés de la inutilidad del arte están cayendo como castillos de naipes, ahogándose en su propio nihilismo; por eso los
puentes y caminos son un ejemplo arquetípico de la nueva era
y la obra pública puede revelarse como una auténtica expresión
libre en contraste con la dependencia asfixiante de la obra de
arte ombliguista que ha reinado en los últimos tiempos en los
prostíbulos de un mercado viciado por los marchantes y por una
clase media deudora de los peores tics de la antigua burguesía.
Net-art y paisaje
Otro de los proyectos que estoy preparando en relación con
la escultura pública es la creación de una red de cámaras sobre diferentes paisajes de Mallorca que convergen en una
gran escultura hexagonal de pantallas, en las que se mezclarán el trabajo de seis ciber-artistas internacionales que iremos
enviando imágenes, textos y sonido en “tiempo real” desde
distintas ciudades del mundo, creando una pieza a la mane-
Fig. 11. Fotomontaje para la escultura multimedia “Beta”, París, 2000.
Actualmente en preparación para Mallorca.
ra de un “cadáver exquisito” surrealista, o del Renga (estructura poética creada a partir de la conjunción de haikus escritos por varios poetas), que los poetas japoneses de antaño
practicaban a menudo cuando llegaban a los pueblos y ciudades a descansar en su peregrinación a los lugares santos.
El net-art permite de nuevo este tipo de disciplina que
agrupa varias energías para crear una estructura en común;
también recupera el concepto de vanguardia para el discurso artístico contemporáneo.
Las vanguardias del siglo XX, que a mi entender se acaban
en los años setenta, cerraron un ciclo creativo que nació con
el Renacimiento. Así, de la misma forma que el descubrimiento de la perspectiva y del óleo permitió a los artistas de la época revolucionar la creación de imágenes, ahora, a través de
la informática y la poesía, se exploran nuevos territorios.
La inserción de todo este mundo cibernético en el paisaje
y viceversa es una de mis aspiraciones como escultor. En esta
pieza “Beta” que estoy proyectando para Mallorca la realidad
cibernética y la realidad de la naturaleza se mezclan para finalmente fundirse en un volumen en relación con el espacio
real, creando así una espiral de realidades que en el mejor de
los casos debe ascender hacia la realidad individual de sus visitantes, para que el paisaje, no como género sino como experiencia, transite al visitante, que es el objetivo de todo arte.
El paisaje natural o urbano ha sido tratado a través de los
distintos movimientos pictóricos y fotográficos del siglo XX como
una recreación fijada de la experiencia contemplativa del artista. El paisaje en estas piezas de net-art deviene acción y realidad temporal, sacudiendo al espectador de su posición pasiva
determinada por la retina del artista. Aquí el artista compone
con materia viva una realidad, llena de acción en tiempo real,
y el espectador se ve conminado a vivir una experiencia intelectual y retiniana que incluye el tiempo real como distorsionador de los parámetros clásicos de contemplación.
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Tito Díaz
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