Sesión núm. 17 - Congreso de los Diputados

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Congreso
CORTES GENERALES
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
DIARIO DE SESIONES DEL
CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
COMISIONES
Año 2006
VIII Legislatura
Núm. 503
CONSTITUCIONAL
PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. ALFONSO GUERRA GONZÁLEZ
Sesión núm. 17
celebrada el lunes, 13 de marzo de 2006
Página
ORDEN DEL DÍA:
Propuesta de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña.
— Emitir dictamen por parte de la Comisión Constitucional y de la Delegación del Parlamento
de Cataluña, a la vista del informe elaborado por la ponencia conjunta. (Número de expediente 127/00003.). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Se abre la sesión a las once y diez minutos de la
mañana.
Título III
un Poder Judicial propio y no solo en lo que ello significa
para la estructura de poderes de un ente —hasta ahora
llamado comunidades autónomas; desde ahora ya
veremos cómo—, sino que también afecta muy significativamente a algo que es la articulación, en desarrollo
temporal, de un ordenamiento jurídico propio, completo
y distinto del ordenamiento jurídico constitucional en el
que supuestamente entronca. Se termina el ciclo legislación-aplicación en un ámbito cerrado que es el del
territorio de lo que en los artículos precedentes hemos
visto que se define como la nación catalana, con su Poder
Judicial y su ordenamiento jurídico completo y propio
de esa estructura político-constitucional.
Nosotros enmendamos a la totalidad desde la primera
línea hasta la última de este título porque, en primer
lugar, lo que se contiene desde la primera hasta la última
línea —con muy honrosas excepciones menores— es
contrario a lo que hoy dispone a la Constitución, porque
contrario a la Constitución es fragmentar el Poder Judicial; contrario a la Constitución es sustituir el órgano de
gobierno del Poder Judicial constitucionalmente previsto; contrario a la Constitución es sustituir el Tribunal
Supremo; contrario a la Constitución es establecer requisitos en un Estatuto de Autonomía para la organización,
funcionamiento y ejercicio de la profesión de jueces,
fiscales y demás personal al servicio de la Administración de Justicia. Es inconstitucional materialmente, pero
es también —y quiero destacarlo porque entronca con
la finalidad de todo lo que hoy estamos debatiendo—
inconstitucional formalmente. La Constitución ha previsto que ese poder único e igual para todo el territorio,
que es el encargado de hacer efectiva la igualdad de todos
los ciudadanos ante la ley, residan donde residan, tenga
que ser, lógicamente, regulado por una ley única, que
además describe con nombres y apellidos el propio texto
constitucional que ustedes conocen, que está en vigor y
que es la Ley Orgánica del Poder Judicial. Además de
ser lógico que sea la ley reguladora del Poder Judicial
—único e igual para todos— la que regule estas cuestiones y no un Estatuto de Autonomía, es aquí aplicable
la doctrina del Tribunal Constitucional que ha dicho con
toda claridad que cuando la Constitución remite la regulación de una institución a una ley específica solo esa
ley específica está legitimada para regular esa institución. Y ustedes están regulando en un Estatuto de Autonomía lo que solo en la Ley Orgánica del Poder Judicial
puede ser regulado, y es lógico que así sea porque es un
Poder Judicial único e igual para todos los ciudadanos
y en todos los territorios. A veces se dice que igual que
el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo han podido ser
desarrollados en los estatutos de autonomía, está por
hacerse ese desarrollo en lo que se refiere al Poder Judicial. Esa es una argumentación falsa y contraria a la
Constitución. En la propia Constitución se ha diseñado
una pluralidad de poderes legislativos y una pluralidad
de poderes ejecutivos y un único Poder Judicial para todo
el territorio nacional que solo en la Ley Orgánica del
Poder Judicial puede ser desarrollado.
El señor PRESIDENTE: Vamos a comenzar la sesión
dedicada al título III, del Poder Judicial, de la proposición de ley de reforma del Estatuto de Autonomía de
Cataluña. Como saben las señoras y señores comisionados y delegados, es un título que va del artículo 95
al 109 y al cual permanecen vivas las siguientes
enmiendas o votos particulares. Hay una enmienda del
Grupo Popular, la número 69, que afecta al conjunto del
capítulo. Hay dos votos particulares del Grupo de
Esquerra Republicana de Catalunya, que afectan al artículo 98.2, y al artículo 104.2, y hay una enmienda, que
fue motivo de un voto discordante entre la Comisión y
la delegación del Parlamento de Cataluña, a la rúbrica
del artículo 102 y al artículo 107.2. Ahora ha llegado a
la Mesa un escrito con otras enmiendas —que se distribuirán inmediatamente y luego veremos su discusión—:
una enmienda técnica al artículo 101.2, otra enmienda a
la rúbrica del artículo 102, que en realidad es una reproducción de la enmienda del Grupo Socialista, y una
última al artículo 107.2, que es una transaccional con
aquella que fue motivo de discordancia entre la Comisión
y la delegación y que es presentada por el Grupo Socialista y el Grupo Parlamentario Catalán (Convergència i
Unió). Iniciamos la discusión en primer lugar con la
enmienda número 69 del Grupo Popular al título III. Para
su defensa tiene la palabra el señor Astarloa.
El señor ASTARLOA HUARTE-MENDICOA: Mi
saludo más cordial a los miembros de la delegación del
Parlament de Catalunya. Intervengo en nombre del
Grupo Parlamentario Popular para explicar nuestra postura en relación con el título III, rubricado muy significativamente no como Administración Judicial en Cataluña, sino como Poder Judicial en Cataluña. Empiezo
por decir que se trata de un título insólito y desde luego
inédito en nuestro desarrollo del Estado autonómico
hasta el día de hoy, porque el título —como la rúbrica
del mismo anuncia— hace una regulación detallada del
Poder Judicial en Cataluña y también —quiero destacarlo— de las competencias de la Comunidad Autónoma
de Cataluña sobre el Poder Judicial. Ambas cosas son
rigurosamente innovadoras y tienen un altísimo significado político-constitucional. No es un título irrelevante,
no es una mera enumeración de lo ya sabido sobre el
Poder Judicial aplicado en Cataluña; es una regulación
de nueva planta que afecta de raíz al corazón del Poder
Judicial único, independiente y solo sometido a la ley
que se ha previsto en la Constitución española. Quiero
dejar claro —porque hablando de ese altísimo significado político-constitucional lo que voy a decir a continuación probablemente sea lo más relevante— que esta
regulación consuma las viejas aspiraciones de los partidos nacionalistas catalanes, en paralelo a otros partidos
nacionalistas —desde luego, los de mi tierra—, de tener
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Más preocupante todavía que la inconstitucionalidad
formal del instrumento o la inconstitucionalidad material
de cada uno de los preceptos que van rompiendo esa
unidad, esa igualdad y esa independencia es el hecho de
que aquí resulta un cambio de modelo en la estructura
constitucional del Estado. De un poder único basado en
servidores de carácter nacional, independiente del poder
político, sale un poder fragmentado, por lo menos en lo
que se refiere a Cataluña y con vocación, según parece,
por parte de las fuerzas políticas que lo apoyan de
extender esa fragmentación a diecisiete; aquel es un poder
ejercido por servidores propios y un poder que no solo
es descrito en la Constitución como independiente de los
poderes estatales, sino que además la Constitución veda
un reparto territorial de poder político en relación con el
Poder Judicial. Ha quedado inmune en la Constitución,
y es lo lógico, el Poder Judicial a cualquier reparto de
poder institucional en el seno de la división de poderes
del Estado y más aún si cabe en un eventual reparto territorial del poder político. En definitiva, en un texto que,
como venimos examinando desde el primer día, tiene la
vocación de apariencia de constitución y en el que a tal
nación, tales símbolos, tales poderes, tales derechos históricos y tales ciudadanos con derechos propios —lo que
llevamos visto hasta ahora— se añade la estructura constitucional en la que se incluye un Poder Judicial propio.
Eso, insisto, no solo es contrario a tal o cual precepto de
la Constitución, sino contrario de raíz al modelo constitucional de organización horizontal y territorial de los
poderes que está en la Constitución. Y si a eso unen
ustedes que a la institución seguirá el ordenamiento, a
partir de ahora hablaremos de un ordenamiento jurídico
propio, completo y separado en todo el ciclo: yo legislo,
yo aplico, al margen e inmune a cualquier presencia
exterior del conjunto del aparato del Estado.
Tras esta descripción, tengo que hacer un juicio político de la mayor relevancia. No puedo reprochar a los
partidos nacionalistas que están en esta sala que hoy
estén apoyando aquello que vienen impulsando desde
hace años, pero no puedo decir lo mismo, sino justamente lo contrario, con tristeza y grave preocupación,
del Partido Socialista Obrero Español. Porque hoy aquí
el Grupo Parlamentario Socialista va a apoyar aquello
que ha negado siempre hasta hace dos minutos, porque
en esta Cámara y fuera de ella llevamos 25 años debatiendo la creación de los consejos generales propios de
las comunidades autónomas o la sustitución en su ámbito
territorial del Tribunal Supremo por los tribunales superiores de Justicia y el cambio de la casación, o la exigencia del catalán o euskera para el ejercicio de las
profesiones judiciales, fiscales o demás personal al servicio de la Administración de Justicia en los tribunales
de Cataluña o del País Vasco, o la petición reiterada de
los partidos nacionalistas de la supresión de los cuerpos
nacionales. Todo esto lo hemos debatido en esta casa
durante años, en esta misma legislatura lo hemos hecho
y en esta misma legislatura hemos oído a los responsables del Gobierno de la nación en sesión decir no a
alguna de estas cosas y no en general al conjunto de estas
cosas que llevan a que hoy estemos hablando de la creación del Poder Judicial de Cataluña. No voy a repetir
declaraciones, fundamentalmente del ministro de Justicia
que lo pondrían en evidencia, pero si es necesario lo
hago: no se va a fragmentar, no se va a imponer como
requisito el catalán para poder ejercer la función, no se
va a sustituir el consejo… Todo eso que se ha sostenido
hasta hace un minuto hoy decae. Se van a aprobar no ya
alguno de esos puntos, sino todos y cada uno, todas y
cada una de esas viejas reivindicaciones que en este texto
conforman, todas juntas, la creación de un Poder Judicial
propio que sustituye en Cataluña la presencia del Poder
Judicial único para todo el territorio nacional, que es el
Poder Judicial. Tengo que añadir, para que vean la contradicción de todo esto, que hoy el Partido Socialista
acepta aquello que fue uno de los principales argumentos
por los cuales el Partido Socialista no hace muchas
fechas rechazó en esta Cámara la tramitación del llamado
plan Ibarretxe, que, naturalmente, incorporaba, en términos probablemente menos ambiciosos y completos
que los que están en el proyecto de Estatuto de Cataluña,
la regulación de un Poder Judicial propio.
En definitiva, hoy se está dando, de la mano de la
mayoría socialista, aquello que no se puede dar si se
sostiene que la letra de la Constitución y el modelo
constitucional en relación con el Poder Judicial sigue
vigente. Digo más, señores del Partido Socialista. Bastaría este título, aunque no aprobásemos ni el de la
nación ni el de los derechos históricos ni el de los derechos privativos ni lo que esta tarde veremos sobre las
competencias ni la bilateralidad, imaginemos que no se
aprueba todo lo demás, bastaría la aprobación exclusiva
de este título III, del Poder Judicial en Cataluña, para
decir que hay un antes y un después en el modelo constitucional nacido de la Constitución de 1978, porque con
toda evidencia la estructura de poderes, la aplicación de
la ley, principios básicos como el principio de igualdad
ante la ley son rotunda y absolutamente modificados solo
con el contenido de este título III.
Hay una pregunta añadida que no dirijo solo al Partido
Socialista sino a todas sus señorías, ¿qué ganan con esto
los ciudadanos de Cataluña? Porque es verdad que
SS.SS. tienen muy claro en la cabeza su modelo de
nación con su estructura pseudoconstitucional, a lo que
unen ahora la vieja torre del Poder Judicial, pero, ¿han
explicado a los ciudadanos los inconvenientes de esto?
Porque los tiene. ¿O no los tiene? ¿Les han explicado
que para sacar adelante esto se llega incluso a la caricatura de la creación de tasas judiciales propias en Cataluña? Como según este Estatuto ustedes tienen que tener
sus tasas y en la limpieza de patena se ha dicho que esa
parte se la va a quedar el Estado, esto se resuelve fácilmente poniendo un artículo en el que se dice que las tasas
son del Estado pero que ustedes pueden crear sus propias
tasas. ¿Les han dicho a los ciudadanos de Cataluña que,
preocupados como están ustedes por estas cosas del
proyecto nacionalista de construcción nacional, se queda
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absolutamente en vía muerta, qué digo en vía muerta, en
vía inimaginable lo que de verdad preocupa a los ciudadanos de Cataluña como del resto de España en relación
con la justicia, que es el proceso de transformación y
modernización de la justicia? Hace días, después de unas
declaraciones del consejero de Justicia en las que venía
a decir que lo mal que funciona en Cataluña la justicia
se va a arreglar en cuanto se aprueben estas cosas porque
eso les va a permitir poner orden en gente que no está
haciendo bien su trabajo, esa gente que no está haciendo
bien su trabajo, entre comillas, se dio por aludida. Como
ustedes saben muy bien, hicieron las correspondientes
manifestaciones —muy severas— en relación con lo que
se está viviendo en la justicia en Cataluña para decirles
—no hace falta que yo las reproduzca aquí, salvo que
ustedes quieran— que, ocupados en estas cuestiones, no
se están ocupando de lo que se tienen que ocupar, que
son los edificios, que son los medios materiales, los de
la informática, que son las cuestiones que hacen que el
servicio público de la justicia funcione bien para los
ciudadanos.
lizado en todos estos años de desarrollo autonómico. Eso
no es verdad y SS.SS. saben que ese es un argumento
que no es cierto. El Poder Judicial en sí mismo es el más
descentralizado de todos los poderes, llega hasta el
último de los territorios. De lo que ustedes están
hablando no es de descentralización; de lo que ustedes
están hablando es de la sustitución del gobierno del
Poder Judicial por poderes territoriales. De eso es de lo
que están hablando. Incluso si aceptamos que estamos
hablando de verdad de lo que no estamos hablando —de
descentralización—, el Estatuto de Autonomía no es el
instrumento para hacer esto, porque si esto responde de
verdad a un principio constitucional a desarrollar, habrá
que hacerlo —como decía el Consejo de Estado en otro
ámbito— con carácter general, para todos y con visión
de conjunto, no atendiendo a los exclusivos anhelos de
algo que he definido como un proyecto de construcción
nacional en Cataluña o en el País Vasco por ejemplo. En
segundo lugar me dirán que lo que ha salido del Parlament de Catalunya ya ha sido corregido. A mi juicio,
esto requiere dos o tres comentarios. El primero es que
no dejo de recordar que los mismos que decían no hace
muchos meses lo que está en el título III es perfectamente constitucional, no hay nada en el título III aprobado por el Parlament que viole la Constitución, han
tenido que empezar por decir —eso sí, a partir de un
determinado momento—: esto había que corregirlo
absolutamente porque se opone radicalmente a la Constitución, y el Partido Socialista ha presentado papeles,
enmiendas primero y luego un texto a la ponencia. La
misma credibilidad antes que ahora: era rotundamente
inconstitucional y lo sigue siendo porque —segunda gran
idea— aquí el maquillaje se nota a kilómetros. El maquillaje quiere decir, a mi juicio, que se da una distinta
redacción a casi todos los preceptos para decir en cada
uno de ellos prácticamente lo mismo, y déjenme que
incluso les diga —antes utilicé la palabra caricatura—
que supongo que algunos de ustedes se sentirán mal por
el resultado, porque, efectivamente, el resultado ni
siquiera es decir lo mismo de una manera diferente, sino
que, además, por intentar decir lo mismo, se llega a la
caricatura. Si quieren, les pongo algún ejemplo.
El señor PRESIDENTE: Señor Astarloa, vaya terminando, por favor.
El señor ASTARLOA HUARTE-MENDICOA: Voy
abreviando, señor presidente.
Además, habrá que decirles a los ciudadanos de Cataluña que igual que decimos para los ciudadanos del resto
de España, tienen derecho a la aplicación igual de las
normas también en Cataluña —habrá que decírselo— y
que tienen el mismo derecho que los demás a seguir el
proceso imparable que estamos siguiendo todos los
ordenamientos jurídicos nacionales, que es de subsunción en ordenamientos jurídicos supranacionales, y que
la tendencia va hacia el universalismo, no hacia el localismo, en la confección y en la aplicación de las normas.
En definitiva, habrá que decir a los ciudadanos de Cataluña y también al resto de los ciudadanos que se relacionen socialmente y generen relaciones jurídicas con
los ciudadanos de Cataluña que entramos además en un
proceso imprevisible, probablemente largo, de inseguridad jurídica, en la medida en que donde no había
conflicto, hoy creamos conflicto de normas, donde no
había separación y quiebra, hoy creamos separación y
quiebra, y, a partir de ahí, a los factores ya conocidos de
inseguridad de nuestro ordenamiento, se unen los que se
pueden imaginar: norma autonómica aplicada sola,
norma autonómica con norma del Estado, norma del
Estado preferente a norma autonómica, norma autonómica con norma autonómica, todo ello decidiendo
ustedes en su ámbito en un ordenamiento y con una
institución de carácter cerrado.
Me dirán probablemente desde el Partido Socialista
—ahora escucharemos cómo explican todo esto a los
ciudadanos— dos cosas que suelen repetir. Una es que
esto se corresponde con la necesidad de descentralizar
el Poder Judicial, que todavía no habría sido descentra-
El señor PRESIDENTE: Señor Astarloa, sea breve
con los ejemplos porque tiene que terminar.
El señor ASTARLOA HUARTE-MENDICOA:
Serán breves. En el artículo 96 antes se decía que el
ministerio fiscal en Cataluña se regulará por una ley en
Cataluña y eso se ha modificado. ¿Y ahora qué dice?
Una cosa que, en fin, ustedes me explicarán, desde luego
innovadora en el derecho comparado de todo el mundo,
y es que la Generalidad hará convenios con el ministerio
fiscal —tremendo—; o en el artículo 98.2.e), donde antes
decía resolverá los recursos de alzada, como ahora no
puede resolver los recursos de alzada —porque no estaba
en la lógica que los resolviese—, se dice informará la
resolución de los recursos de alzada. También es insólito
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El señor RIDAO I MARTÍN: Empezaré diciendo que
no hay nada insólito en este título. Gustará más o menos
—al parecer al señor Astarloa y al Grupo Popular no les
gusta nada—, pero el punto de partida de este título es
la evidencia, que poca gente puede negar, de que el
modelo territorial del Estado, el Estado autonómico, no
ha impregnado uno de los poderes del Estado, el Judicial.
Por cierto que todas las encuestas dicen que es el que
goza de menor estima y credibilidad social, aunque
también es verdad que de esto último no siempre tienen
culpa las leyes o los procedimientos lentos, caros,
oscuros. Recuérdese la desafección reciente del presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo para con esta Cámara y las constantes
interferencias de la derecha judicial, espoleada por el
Partido Popular, en el quehacer diario del resto de
poderes del Estado. El Consejo General del Poder Judicial ha llegado a desafiar, durante este trámite de aprobación del Estatuto, al Parlamento de Cataluña, deslegitimando a diario el Estatuto, sumándose a la campaña
de descrédito del Estatuto con el pretexto de que debía
informar preceptivamente, cosa que no cierta, la ley no
lo prevé así. Este excurso es para decir que todo ello me
sugiere que la justicia española padece un gravísimo
problema: que está politizada —por cierto, tenemos un
ultraconservador y un partidista gobernándola— y que
Aznar manipuló la justicia como quiso y hoy el Consejo
General del Poder Judicial es un órgano claramente
prostituido y sus miembros obedecen consignas políticas. Por tanto, esto debería resolverse rápidamente y
restituirse el equilibrio entre los poderes del Estado.
Dicho esto, vuelvo al hilo argumental del principio,
contestando también alguna afirmación hecha por el
señor Astarloa. Efectivamente, el Estado autonómico ha
sido particularmente inmune, resistente e impermeable
a la descentralización de la justicia. Nótese, señor
Astarloa, la gran paradoja que supone que después de 30
años de Estado autonómico las comunidades autónomas,
que disponen de un Poder Ejecutivo y un Poder Legislativo, no disponen de un Poder Judicial propio, ¡oh,
anatema!, mientras que en los Estados federales, y por
tanto compuestos, descentralizados, sí existe; pero es
que en nuestro caso ni tan siquiera disponen de un instrumento de participación real en los órganos de gobierno
del Poder Judicial. Este es uno de los elementos en los
que se nota la debilidad del principio federal que debería
inspirar y orientar la actuación no de ustedes, pero sí al
menos del Partido Socialista.
En nuestra opinión, la Constitución de 1978 fue una
oportunidad perdida para librarse de atavismos, para
modernizar el Poder Judicial, porque consagró un poder
único —título VI y artículo 149 de la Constitución— y
un órgano de gobierno único, el Consejo General del
Poder Judicial. Es decir que en nuestra opinión realizó
un diseño continuista, de corte decimonónico y, además,
consagró un auténtico residuo centralista. La Constitución organizó la justicia —usted lo ha dicho y es verdad;
ahora intentamos repararlo— sobre bases unitarias, que
en el derecho comparado. ¿Qué hacen instituciones
territoriales informando la resolución del recurso de
alzada? Podríamos hablar del artículo 101.2. Antes se
decía convocará las propias oposiciones, ahora ya no se
dice eso, pero sí que se podrán celebrar las oposiciones,
y al decir se podrán celebrar las oposiciones, acaba quedando una cosa rara, y es que se puedan hacer oposiciones para todo el Poder Judicial de toda España en
Cataluña en las dos lenguas. Eso tenía lógica cuando
eran las oposiciones para el personal propio convocado
específicamente para Cataluña. La limpieza de patena,
con la utilización de distintas palabras para los mismos
conceptos, lleva incluso a artículos que los lee uno y ve
que son artículos no sensatos, más bien insensatos.
Lo más grave no está ahí, en decir lo mismo con distintas palabras. Lo más grave está en pensar que la
remisión sistemática a la Ley Orgánica del Poder Judicial
o al Estatuto fiscal con los sin perjuicio correspondientes
salva los problemas formales y los problemas materiales,
pero, claro, la remisión se hace después de reproducir
íntegramente cada una de las cosas que contiene el Estatuto, que son —y ahí entraríamos, señor presidente, no
lo haré, en la larga enumeración, artículo por artículo—:
el Tribunal Superior de Justicia como tribunal de casación, el Consejo de Justicia catalán como órgano de
gobierno del Poder Judicial en Cataluña —que prácticamente sustituye en su integridad al Consejo del Poder
Judicial—, la creación de cuerpos propios de funcionarios de la justicia, añadida —y es otra de las caricaturas— a la exhaustiva regulación de los cuerpos de
funcionarios para el resto del conjunto del territorio en
lo que afecta a Cataluña, y la exigencia del conocimiento
del catalán para el ejercicio de la profesión de juez, de
fiscal o de cualquier otro personal al servicio de la Administración de Justicia en Cataluña —unas veces con una
fórmula, otras con otra; ahora se habla del conocimiento
adecuado y suficiente y que se valorará singularmente—.
Agotadoramente, además, se van describiendo las competencias de los unos y de los otros, hasta concluir, y
termino, que el texto surgido de la ponencia asienta las
bases inequívocamente para la creación de un Poder
Judicial estrictamente catalán, con su propio órgano de
gobierno, que determina la demarcación judicial de su
territorio, que selecciona a sus propios jueces y magistrados y que cuenta con un alto tribunal que culmina
todas las instancias y recursos limitando el Tribunal
Supremo para el recurso de unificación de doctrina. Eso
que es el viejo sueño de los partidos nacionalistas es lo
que hoy quiere que aprobemos el Partido Socialista
Obrero Español. (Varios señores diputados: ¡Muy
bien! —Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Su recurso de hablar lentamente hace que sea seguramente más comprensible lo
que dice, pero el reloj parece que corre más rápido.
(Risas.)
Señor Ridao, tiene la palabra para la defensa de sus
enmiendas a los artículos 98.2 y 104.2.
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se concretan en ese principio de unidad jurisdiccional,
en esa remisión, como usted decía, a la Ley Orgánica del
Poder Judicial, en la creación de esos mencionados
cuerpos nacionales de personal al servicio de la Administración de Justicia, de jueces y magistrados, y además
con una competencia exclusiva del Estado en justicia y
en legislación procesal. Por cierto, hubiera sido más
razonable plantear abiertamente una reforma constitucional, no la reforma tímida que se está planteando en
este momento por parte del PSOE, que omite una
reforma estructural de la justicia, porque evidentemente
estamos todo el día intentando sortear, parchear la Ley
Orgánica del Poder Judicial de 1985. Lo digo porque nos
parece que ha faltado coraje, que ha faltado valentía y,
aunque admitimos que la última de las reformas de la
ley orgánica, que está en este momento en marcha en
esta Cámara, puede ser una cataplasma para alguno de
estos problemas, lo cierto es que no es una reforma que
tenga profundidad y calado, aunque esperamos que sea
acertada. De hecho, esta reforma de la ley orgánica obedece en buena parte a que en la elaboración de este nuevo
estatuto los partidos catalanes no han negligido la energía
necesaria para conseguir una mejor adaptación del Poder
Judicial no solo a Cataluña, sino al conjunto de las
comunidades autónomas, y de paso estimular, empujar
a estas Cortes Generales a hacer lo propio a través de la
reforma de la ley orgánica, intentando, eso sí, que la
futura Ley Orgánica del Poder Judicial —que deberá
aprobarse con el concurso de algunos partidos de esta
Cámara porque el PSOE no tiene mayoría—, que esa
futura reforma, repito, deje espacio al Estatuto o, mejor
dicho, a los estatutos, porque la primacía absoluta de esta
ley sobre los estatutos no es la única solución constitucionalmente posible. Se trata, por tanto, de hacer un
estatuto o unos estatutos particularmente blindados o
resistentes a normas como la Ley Orgánica del Poder
Judicial e incluso resistentes o inmunes a normas de
rango muy inferior, como, por ejemplo, los reglamentos
orgánicos del personal al servicio de la Administración
de Justicia y no a la inversa, como pasa en este momento.
Por tanto, no nos quedaba otra alternativa; no nos quedaba otra alternativa porque, fíjense, el Estatuto vigente
de 1979, contenía, por ejemplo, una cláusula subrogatoria en su artículo 18 —por cierto, es idéntica a la que
contempla el proyecto en su artículo 109— que debería
haber permitido a la Generalitat de Cataluña asumir
todas las facultades ejecutivas que tiene el Gobierno del
Estado en materia de justicia, cláusula que, por cierto,
ha sido objeto de todo tipo de limitaciones, de interpretaciones reduccionistas, lo que ha evitado llegar a un
cierto, digamos, automatismo a la hora de dejar sin
efectos la competencia del Gobierno español y que fuera
asumida por la Generalitat y por el órgano de gobierno
del Poder Judicial, en este caso el consejo general. Había
razones para ello; lo que acabo de decir se sustenta claramente en la doctrina del propio tribunal, en su
Sentencia 56/1990, que por cierto luego fue reiterada en
una sentencia posterior, la 62/1990, que resolvió un
recurso de inconstitucionalidad sobre algunos preceptos
de la ley orgánica, que dice claramente que el Poder
Judicial debe ser un poder independiente, pero ello no
debe ser un obstáculo para que este poder cuente con los
medios personales y materiales necesarios para su
correcto funcionamiento. Ergo, ¿qué se infiere de esa
afirmación? Que esa garantía de eficiencia, de normal
funcionamiento también la pueden proporcionar otros
poderes distintos del Estado y es por ello que el tribunal,
como usted no desconoce, señor Astarloa, ya en su día
creó aquella locución tan elíptica pero tan descriptiva de
la Administración de la administración de Justicia que
confiere a las comunidades autónomas.
Efectivamente, después de la negociación este título
se ha visto claramente modificado. Ciertamente, este
título no desconoce que hay un epicentro normativo,
como es la Ley Orgánica del Poder Judicial, a la que se
remite de forma constante, porque este Estatuto requiere
una habilitación a través de algunos preceptos de la ley
orgánica pero lo que hace es reforzar directamente las
actuales competencias de la Generalitat en medios materiales, en medios personales. Por cierto, es una materia
que no forma parte, y lo dice el propio tribunal, del
núcleo esencial de la competencia exclusiva del Estado
del artículo 149 y, por tanto, el juego de la competencia
estatal y la reserva de la ley orgánica no nos han impedido construir un edificio, una regulación que tiene dos
caras: una, si se quiere de menor alcance, que afecta al
gobierno del Poder Judicial, a la desconcentración —no
a la creación de un órgano propio, qué más quisiéramos
señor Astarloa— y a un órgano fundamental, como es el
Tribunal Superior, y otra más potente que se refiere al
aspecto relativo a medios materiales y personales, en los
que la Generalitat ya dispone de competencias y atribuciones desde hace años. Déjeme que le ponga algunos
ejemplos para ilustrar lo que le acabo de decir. En primer
lugar, se regulan las funciones del Tribunal Superior de
Justicia de Cataluña, pero al propio tiempo se hace efectiva una previsión que ya está en el artículo 152 de la
Constitución y que usted, señor Astarloa, no desconoce;
supongo que ninguno de los diputados que están aquí
presentes. Por cierto, un artículo que está situado sistemáticamente no en el título VI, del Poder Judicial, sino
en el título VIII, referido al Estado de las autonomías,
relativo a un precepto cuya potencialidad ha sido durante
años desaprovechada. Ahora se procede a que el Tribunal
Superior pueda culminar la organización judicial en
Cataluña, configurándose como máximo intérprete no
solo del derecho propio sino también de las funciones
de casación en materia estatal, lo cual creo que van a
agradecer no solo el conjunto de ciudadanos sino los
propios magistrados del Tribunal Supremo, que tienen
un colapso descomunal encima de la mesa. Los miembros del Tribunal Superior de Justicia serán designados
por el consejo, pero con la intervención de ese consell
territorial de la justicia. Se crea la figura del fiscal superior de Cataluña, que requiere evidentemente una habilitación legal a través del Estatuto del ministerio fiscal.
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Por lo que se refiere al gobierno del Poder Judicial,
también hay una nueva previsión que requiere habilitación por parte de la ley orgánica. Se crea un órgano de
gobierno que actúa por desconcentración del consejo.
Esto ya lo he dicho y, por cierto, es una opción que estaba
en el celebérrimo Libro Blanco de la justicia —elaborado
en una etapa de gobierno del Partido Popular—: reforzar
el papel de la Sala de gobierno del Tribunal Superior de
Justicia o crear esos órganos territoriales propios. Por
tanto, con las únicas limitaciones que suponen las funciones propias e indelegables del Tribunal Superior y el
régimen de recursos ante el Consejo del Poder Judicial,
se configura un órgano que actúa por desconcentración.
Por lo que se refiere a la gestión de medios personales y
materiales, el texto del proyecto, con la sola reserva o
limitación de la ley orgánica, contempla que todas las
atribuciones en esta materia puedan corresponder a la
Generalitat, y —que no se asuste nadie— por razones
también de eficiencia y porque la Generalitat debe controlar la oficina judicial, por la inmediación y el trato
que tiene a diario con los ciudadanos, en aspectos tan
prosaicos como el régimen horario o el régimen disciplinario de los funcionarios al servicio de la Administración de Justicia. Eso sí, lamentamos el nulo compromiso
del Partido Socialista en lo que podríamos llamar la
interiorización del personal al servicio de la Administración de Justicia —por cierto, también estaba recogido
en el Libro Blanco de la justicia que se aprobó en su
día—, porque el artículo 103.3 del proyecto contiene una
habilitación —eso sí es verdad— para que se puedan
crear esos cuerpos propios al servicio de la justicia en
Cataluña. Evidentemente no podemos votar en contra,
pero sí podemos hacerlo en el caso de la ley orgánica, si
esta no previene esa facultad y no se confiere el traspaso
a la Generalitat. El PSOE ve auténticos fantasmas donde
no los hay. Piensa que con enfrentarse con la derecha
judicial tiene bastante, y quizás sí. Pero evidentemente
eso no augura una nueva batalla, en este caso con los
sindicatos, sino que muchos funcionarios y una parte
importante del personal al servicio de la justicia estarán
encantados —no solo por razones retributivas sino de
mejora de sus condiciones en el trabajo— de depender
de la Administración de la Generalitat.
Finalmente, señor presidente, voy a hacer una referencia al catalán y, por extensión, también al resto de
lenguas oficiales o cooficiales de los territorios que
disponen de las mismas. Es un hecho evidentísimo que
en el ámbito de la justicia no existe una garantía suficiente de los derechos lingüísticos. Existe un deseo
generalizado de mejora, que también añadiría confianza
de los ciudadanos en los estamentos judiciales. La situación actual se explica por muchas razones, pero también
las hay de orden legal. Por ejemplo, por el concepto
idiomático discriminatorio que está en la Ley Orgánica
del Poder Judicial, que quiebra el principio de igualdad
y el sistema de doble oficialidad lingüística existente en
Cataluña. El desconocimiento del catalán por parte de
jueces y magistrados, el desconocimiento, por tanto, de
una lengua que es propia de Cataluña y que es oficial en
su territorio va en contra de una buena administración
de la justicia. El hecho de que hoy sea un simple mérito,
y no un requisito, para el ejercicio de esa función tan
importante como es la jurisdiccional, va en contra no
solo de la lengua propia de Cataluña sino también de la
justicia. Así, no nos extraña, por ejemplo, que el porcentaje de sentencias en catalán no llegue al 3 por ciento. El
artículo 341 de la Ley Orgánica del Poder Judicial establecía ya hace años —establece de hecho— que mediante
los oportunos reglamentos se determinarían los criterios
que deberían garantizar el conocimiento de la lengua en
el derecho propio por parte de estos funcionarios tan
cualificados. Como es sabido, esto se ha traducido en un
sistema de méritos que no comporta ninguna exigencia
—tres años de antigüedad en el escalafón— y, por cierto,
una previsión en la ley orgánica que entonces no ha sido
contemplada ni con generosidad ni con suficiente rigor
por los sucesivos gobiernos del Estado y por el Consejo
del Poder Judicial. Por tanto, no se asegura en ningún
caso que un servicio público esencial, como es la justicia,
garantice los derechos lingüísticos de los ciudadanos a
ser atendidos en la lengua que deseen, precisamente
porque no está garantizada que una figura como el juez
o el resto de funcionarios conozcan la lengua. De ahí que
nosotros vayamos a persistir en que se plantee un requisito, el conocimiento del catalán en el derecho propio, y
vamos a trasladar esa batalla no en el artículo 102 de este
Estatuto sino en la Ley Orgánica del Poder Judicial.
En el artículo 98.2, letra d), primero de los votos
particulares de nuestro grupo parlamentario, relativo a
las atribuciones del consejo, se dice que la Generalitat
puede participar en la planificación de la inspección en
juzgados y tribunales y ordenar su inspección y vigilancia. De hecho, esa previsión se ha convertido en que,
en su caso, podrá ordenar la inspección de los juzgados
y tribunales. Nos parece un extremo totalmente contrario
a la idea de desconcentrar el gobierno del Poder Judicial
delegando parte de sus funciones en un órgano próximo
al ámbito donde se desarrolla la actividad jurisdiccional
y, por tanto, impide también un ejercicio eficiente y
diligente de las facultades del Consejo del Poder Judicial. Eso debe cohonestarse con lo que previene el artículo 148 de la ley orgánica, pero deberíamos y podemos
avanzar en ese sentido y de ahí que nuestro grupo parlamentario haya planteado el primer voto particular.
El segundo voto particular —y con ello acabo, señor
presidente— es al apartado 2, letra f) del artículo 104,
por lo que se refiere a la gestión y recaudación de tasas
judiciales. El artículo 104 introducía una garantía de las
competencias de la Generalitat en la provisión de medios
materiales y también para la organización general de la
oficina judicial. Por tanto, este es un precepto que entra
de lleno en lo que se ha denominado la Administración
de la administración de Justicia. El mismo Tribunal
Constitucional ha venido admitiendo que la creación, el
diseño, la organización y gestión de la oficina judicial
forma parte de la organización y gestión de la Adminis-
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de Autonomía de Cataluña en el título III y en las leyes
que están en este momento tramitándose en el Congreso
de los Diputados de reforma de la Ley Orgánica del
Poder Judicial. Tratamos fundamentalmente tres objetivos políticos. En primer lugar, adaptar claramente al
Estado autonómico la justicia, cosa que no se ha hecho
del todo hasta este momento. El Estado autonómico no
se ha proyectado suficientemente todavía sobre la justicia, sobre el Poder Judicial, y la Constitución lo quiere.
Prueba de ello es que, como decía el señor Ridao, el
artículo 152 sobre tribunales superiores de Justicia está
situado en el título de las comunidades autónomas y no
en el título del Poder Judicial en la Constitución. Por
tanto, no cabe duda de que la Constitución vincula toda
una nueva estructura del Poder Judicial a la existencia
en nuestro país de un Estado autonómico. En segundo
lugar —un objetivo esencial—, mejorar sustancialmente
el servicio público de la justicia, no bien tratado en las
encuestas que se hace a la gente en cuanto a su eficacia.
Y en tercer lugar, acercar la justicia al justiciable, que
no sea un poder extraño y lejano al que se tiene recelo y
miedo, sino acercar lo más posible la justicia al justiciable. Realmente el Poder Judicial es un poder muy
difuso que tiene que estar cerca del justiciable; ese es el
sentido profundo del Poder Judicial. Eso que se conoce
como principio del juez natural, que es un principio
esencial, constitucional, del Poder Judicial, es lo que si
nos remontamos a la Constitución de Cádiz se decía en
el artículo 262. La Constitución de Cádiz, en 1812, decía
que todas las causas civiles y penales (entonces no existía
ni lo contencioso ni lo laboral) deben agotarse dentro del
término de cada audiencia. La Constitución de Cádiz
dejaba al Tribunal Supremo lo que se llamó entonces el
recurso de nulidad, un recurso muy limitado contra
sentencias de las audiencias territoriales en caso de que
fuesen contrarias a la ley de forma clara y terminante.
Es decir, era un recurso que asumía el concepto de
recurso de casación napoleónico, que es un concepto de
tribunal de alguna forma extraordinario, porque el juez
natural es el que tiene que estar cerca del justiciable.
¿Por qué de alguna forma extraordinario? Porque después de la Revolución Francesa no había ningún tipo de
confianza en los tribunales del antiguo régimen, lo que
se llamó entonces con un término equívoco los parlements, y esos tribunales, claramente boicoteadores de la
legislación revolucionaria, tenían que tener un control y
se inventó, primero, el référé législatif, un control dentro
de la propia Asamblea Nacional Francesa revolucionaria
y más adelante en los tribunales de casación; un tribunal
de casación que salía a la luz precisamente para defender
la ley revolucionaria, la del nuevo régimen, más incluso
que estrictamente el caso concreto del justiciable para
defender la ley, porque se supone que al justiciable le
defiende el juez natural, el que está más cerca de ese
justiciable. Es verdad que en el siglo XX ha habido un
exceso de centralización. Hemos pasado por una dictadura en nuestro país, ha habido una gran preocupación
por controlar al Poder Judicial desde el punto de vista
tración de Justicia, no del gobierno del Poder Judicial,
y así lo tienen dicho distintas sentencias, por ejemplo,
la 56/1990, la 62/1992 y la 105/2000. En su día la Generalitat asumió competencias sobre medios materiales. En
buena lógica debería asumirlas también por lo que se
refiere a la gestión de las tasas judiciales que creó el
Estado —por cierto, una ley del Partido Popular en el
año 1995—, no para crear un doble sistema de imposición de tasas, sino que lo que decía el proyecto y
defiende nuestro grupo es que el departamento de justicia
de la Generalitat pueda gestionar las tasas judiciales
estatales. Por tanto, no se trata de crear un sistema de
doble imposición, por razón también de eficiencia y de
mejora del servicio de la Administración de Justicia.
El señor PRESIDENTE: Para la defensa de sus votos
particulares al artículo 102, rúbrica, y al artículo 107.2
tiene la palabra el señor López Garrido.
El señor LÓPEZ GARRIDO: Efectivamente, nosotros con otros grupos parlamentarios hemos presentado
un conjunto de enmiendas transaccionales a este título
III, del Poder Judicial en Cataluña. Recuerdo —creo que
todos lo tienen en su poder— que se trata de suprimir la
expresión «y fiscales» en el artículo 101.2 porque el
Consejo de Justicia no puede convocar concursos para
fiscales en Cataluña y, por tanto, se hará de acuerdo con
lo que señale el ministerio fiscal. En definitiva, debe
suprimirse de este punto y tiene un carácter técnico.
En cuanto al artículo 102, se trata de suprimir en la
rúbrica la expresión requisitos, porque no son requisitos
los que ahí se establecen para ocupar plaza de magistrados, jueces y fiscales en Cataluña. No se habla de
requisitos, son méritos, a pesar de que algún interviniente
anterior haya hablado de requisitos pero —repito— no
lo son, y por eso no tiene sentido que aparezca en la
rúbrica dicho término, que se suprime.
En el artículo 107.2 —también como en el anterior— hay dos textos discordantes. Los grupos parlamentarios que suscribimos esta enmienda transaccional
proponemos como fórmula para el 107.2 que se diga:
Las modificaciones de la planta judicial que no comporten reforma legislativa podrán corresponder al
gobierno de la Generalitat. Asimismo, la Generalitat
podrá crear secciones y juzgados por delegación del
Gobierno del Estado, en los términos previstos por la
Ley Orgánica del Poder Judicial.
Los grupos parlamentarios que apoyan este Estatuto
en este título III hemos pretendido regular el Poder
Judicial en Cataluña —que no de Cataluña, señor
Astarloa— en paralelo con la reforma que se está produciendo en estos momentos de la Ley Orgánica del
Poder Judicial, ya que ahora hay dos proyectos muy
importantes en esta Cámara, uno en relación con los
consejos de justicia y justicia de proximidad, y otro en
relación con la reforma del recurso de casación y otros
extremos, mucho más extenso. Por tanto, conviene tener
presente estos dos procesos legislativos, el del Estatuto
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político, y eso ha degenerado en una concepción de las
competencias del Tribunal Supremo —que en nuestra
Constitución es el vértice del Poder Judicial sin duda—
que se ha convertido en un tribunal que es más bien una
tercera instancia, cosa que no debía ser así de acuerdo
con su naturaleza casacional y que tiene en estos
momentos 50.000 asuntos. Es un tribunal absolutamente
colapsado y que retarda extraordinariamente la llegada
de la justicia a los ciudadanos y ciudadanas. Precisamente con eso quería romper la Constitución en su
artículo 152, que es aquel que dice que el Tribunal Superior de Justicia culmina la organización territorial en el
ámbito territorial de la comunidad autónoma, sin perjuicio naturalmente de la jurisdicción que corresponde
al Tribunal Supremo.
Desde luego, nosotros los planteábamos así en nuestro
programa electoral, que quiero recordar que fue aprobado mayoritariamente por los españoles. En la
página 61 de nuestro programa electoral, el Partido
Socialista propone que los tribunales superiores de Justicia de las comunidades autónomas sean el órgano
jurisdiccional en que culmine la organización judicial en
el respectivo ámbito territorial y en el que se agoten todas
las instancias procesales, salvo la casación. Decimos en
nuestro programa que todos los asuntos que sean conocidos en primera instancia por un tribunal provincial
deben ser conocidos en segunda instancia por el Tribunal
Superior de Justicia de la comunidad autónoma; decimos
que los tribunales superiores de Justicia desarrollarán
una función casacional en todas las ramas del derecho
autonómico; y decimos también que la casación debe
recuperar su condición de recurso extraordinario para
unificación de doctrina en el Tribunal Supremo y que
corresponde a las comunidades autónomas dotar a los
órganos que integran la Administración de Justicia de
los medios necesarios para cumplan con su tarea. Todo
eso se dice en el programa del Partido Socialista que ha
sido aprobado mayoritariamente por los españoles y que
debe llevarse a cabo. Por tanto, corresponde perfectamente a lo que se señala en esta reforma estatutaria y a
lo que se dice en la paralela reforma legislativa procesal
que en estos momentos se está produciendo en esta
Cámara, en las dos reformas de la Ley Orgánica del
Poder Judicial a que me he referido anteriormente. Se
trata de adecuar al Estado autonómico nuestro Poder
Judicial. Y esta es la forma en la que se ha abordado por
la ponencia la reforma de la reforma, es decir, la reforma
de esta propuesta de reforma del Estatuto de Autonomía
de Cataluña, adaptando localmente el Estado autonómico, haciéndolo plenamente constitucional y remitiéndolo en lo que es necesario a la Ley Orgánica del Poder
Judicial para evitar esa inconstitucionalidad formal a que
aludía el señor Astarloa. Recordemos que cuando llegó
aquí el proyecto de Cataluña tenía tres alusiones a la Ley
Orgánica del Poder Judicial y ahora va a tener 12 alusiones. Es decir que hay una remisión en lo que es necesario a la regulación de la Ley Orgánica del Poder
Judicial. A pesar de eso, al Partido Popular no le basta y
sigue anclado en el pasado y en lo que él quiere establecer como caricatura; esto sí que es una auténtica
caricatura porque el señor Astarloa ha dicho cuatro cosas
tremebundas que nada tienen que ver con la realidad,
que es el frontispicio y la clave de su intervención. Eso
sí, lo ha dicho con mucha solemnidad y lentamente,
como señalaba el presidente de la Comisión, pero con
una solemnidad extraordinariamente falsa porque estas
cuatro cosas que ha dicho nada tienen que ver con este
texto que tenemos delante, salvo que él haya leído otro.
Ha dicho cuatro cosas. Primera, fragmentación del Poder
Judicial; el Poder Judicial ya no es uno, se ha fragmentado para empezar en Cataluña, pero luego en más
comunidades, y habrá 17 poderes judiciales, que es una
frase que suelen repetir los dirigentes del PP sobre el
Poder Judicial. Segunda, se sustituye al Consejo General
del Poder Judicial. Tercero, se sustituye al Tribunal
Supremo. Y cuarto, se establecen unos requisitos para
acceder a la magistratura, que son los que establecen las
autoridades políticas de Cataluña. Desde luego son cosas
—en esto estoy de acuerdo con usted, señor Astarloa, es
en lo único en lo que estoy de acuerdo— absolutamente
inconstitucionales. (El señor Astarloa HuarteMendicoa: ¡Bendito sea Dios!) Fragmentar el Poder
Judicial, hacer desaparecer el Consejo del Poder Judicial
y sustituirlo por otras cosas, hacer desaparecer el Tribunal Supremo y sustituirlo por otras cosas y establecer
requisitos desde el poder político de Cataluña para ser
juez son cuatro cosas inconstitucionales, pero son cuatro
falsedades porque no tienen nada que ver con lo que
aparece en este título III del Poder Judicial. Usted lo ha
dicho con esa solemnidad con la que suele decir las
cosas, pero con una solemnidad que encubre sencillamente la inexistencia de esas cuatro tremendas afirmaciones que están ahí. Usted ha dicho eso (El señor
Astarloa Huarte-Mendicoa: ¡Que sí que lo he dicho!)
y yo voy a desmontarlo. No creo que sea muy difícil.
Además, a ustedes les da un poco igual, porque aquí
fundamentalmente a lo que vienen es a soltar ese tipo de
cosas sabiendo que sus medios de comunicación más
afines lo van a repetir digamos lo que digamos aquí.
(Rumores.) Ese es el objetivo. Por tanto, ahí queda y
mañana habrá un medio de comunicación que diga que
el Poder Judicial queda así y así, como dijo el señor
Astarloa. Da igual que sea mentira, es igual, pero habrá
medios que digan eso y ese es el objetivo fundamental,
luego da igual lo que digamos a continuación. Lo que
pasa es que ustedes se han quedado en el pasado, se han
quedado cogidos a una brocha y ya no tienen escalera.
Ese es el problema que tienen ustedes. Si quiere le ayudo
a ponerle una escalera, como decía Joan Manuel Serrat
—que dentro de unos días le van a nombrar doctor
honoris causa por una universidad de Madrid—, para
que usted baje a la realidad. Yo voy a intentar ayudarle,
si usted quiere coger esa escalera la coge y, si no, pues
no la coja.
Vamos a ir uno a uno respecto de esos temas que
usted plantea. Fragmentación del Poder Judicial.
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ha leído!) En la Ley Orgánica del Poder Judicial —que
va en paralelo a esta reforma en la que hay una remisión
a la Ley Orgánica del Poder Judicial— se dice que en
casación se podrá ir al Tribunal Supremo cuando haya
una vulneración de la jurisprudencia del Tribunal
Supremo. Es la primera vez que se va a hacer. Se va a
equiparar en fuerza a la jurisprudencia del Tribunal
Constitucional, luego hay un fortalecimiento del Tribunal Supremo, todo lo contrario de lo que está diciendo,
pero también hay un reforzamiento de los tribunales
superiores de Justicia, lo cual es muy sano y muy saludable y eso no sustituye al Tribunal Supremo. Hay un
reforzamiento en lo Penal, se le da una segunda instancia
exigida por el Consejo de Europa, por el Tribunal
Europeo de los Derechos Humanos, y hay una casación
que se mantiene en lo Penal al Tribunal Supremo de la
Audiencia Nacional y también casación al Tribunal
Supremo del TSJ. En lo civil sucede exactamente lo
mismo, hay una casación ante el Tribunal Supremo. En
lo contencioso-administrativo hay una casación del
derecho autonómico en el TSJ, pero hay una casación
ante el Tribunal Supremo. Y en lo laboral sigue existiendo, como ahora mismo funciona, por cierto muy
bien, la primera instancia, la segunda instancia de suplicación y la casación ante el Tribunal Supremo también.
La casación no es solo para unificar doctrina entre los
tribunales superiores de Justicia, sino para unificar doctrina por vulneración de la jurisprudencia del Tribunal
Supremo o del Tribunal Constitucional, o por vulneración de leyes nuevas cuando no haya habido posibilidad
de que hubiera una jurisprudencia. Todo eso va a la
casación. Y también se añade —se lo quiero recordar y
lo verá usted en el proyecto de ley orgánica del Poder
Judicial al que se remite este Estatuto—: habrá una
casación que engarza con las tradiciones históricas del
recurso de casación por interés de ley que puede plantear
el fiscal. Todo eso ante el Tribunal Supremo. ¿Eso es que
desaparece el Tribunal Supremo, que se sustituye por los
tribunales superiores de Justicia? ¿Cómo se puede decir
semejante cosa?
¿Dónde está la fragmentación del Poder Judicial? Los
tribunales siguen siendo un solo Poder Judicial, empezando por el Tribunal Supremo, pasando por los tribunales superiores de Justicia, que no son órganos del
poder autonómico, son órganos del Poder Judicial,
siguiendo por las audiencias y hasta las últimas escalas
del Poder Judicial. En ese Poder Judicial la entrada de
los jueces y fiscales es a través de convocatorias nacionales, son cuerpos únicos que se regulan por leyes del
Estado. ¿Me quiere usted decir dónde está la fragmentación del Poder Judicial? El Poder Judicial es único y
sigue siéndolo. Tiene un origen unificado y no ha cambiado sustantivamente. ¿Que se potencien los tribunales
superiores de Justicia es fragmentar el Poder Judicial?
Que los tribunales previstos en las leyes como propios
de un Poder Judicial, con recursos unificados a los tribunales y de los tribunales al Tribunal Supremo, ¿eso
es fragmentar el Poder Judicial?
Los consejos de Justicia —segunda cuestión a la que
usted ha hecho referencia— sustituyen al Consejo
General del Poder Judicial. Realmente es impresionante
lo que hemos oído. El Consejo General del Poder Judicial sigue teniendo las mismas competencias: es el que
nombra a los jueces, es el que inspecciona a los tribunales, es el que tiene las competencias y las competencias que tienen los consejos de Justicia —estos que
vienen a sustituir al Consejo General del Poder Judicial,
según el señor Astarloa— son: primero, las competencias
que hoy tienen las salas de gobierno de los TSJ, las que
tienen ya; segundo: las que les pueda delegar el Consejo
General del Poder Judicial, que en la delegación establecerá los controles evidentes sobre esa delegación, y otras
funciones que no tienen nada que ver con el Poder Judicial, como por ejemplo aquellas que tienen que ver con
competencias exclusivas de las comunidades autónomas.
Esas son las competencias del Consejo de Justicia. ¿Y
eso es lo que sustituye al Consejo General del Poder
Judicial? ¿Usted sabe, señor Astarloa, que hoy, por
ejemplo, la forma en la que debe llevarse a cabo la gestión de los párquines de los juzgados la tiene que hacer
el Consejo General del Poder Judicial? ¿Tiene sentido
que el Consejo General del Poder Judicial tenga que
dedicarse a eso? Últimamente se dedica a otras cosas
que tampoco tienen mucho que ver con su función, pero
desde luego eso no tiene mucho sentido. Esas y otras
cosas podrán hacer órganos desconcentrados del Consejo
General del Poder Judicial y le vendrá muy bien al Consejo General del Poder Judicial, pero eso no tiene nada
que ver con la sustitución del Consejo General del Poder
Judicial. (Rumores.)
Ha dicho usted que se pretende sustituir al Tribunal
Supremo. Si usted lee la Ley Orgánica del Poder Judicial
en el proyecto, lo que se hace es precisamente un fortalecimiento de la jurisprudencia del Tribunal Supremo.
(El señor Astarloa Huarte-Mendicoa: ¿Qué me dice?)
Sí, se lo digo. (El señor Astarloa Huarte-Mendicoa:
A ver, ¿dónde?-La señora representante del Parlamento de Cataluña, Santos i Arnau: ¡Es que no se lo
El señor PRESIDENTE: Vaya terminando, señor
López Garrido.
El señor LÓPEZ GARRIDO: Por último, respecto
a los requisitos y la lengua, hay unos méritos —que no
requisitos— que tienen que ver con la lengua en relación
con el acceso a las plazas de jueces y de magistrados en
Cataluña, lo cual es absolutamente lógico porque en
Cataluña se habla el castellano y se habla el catalán y,
por tanto, es natural que sea un mérito el que se conozca
el catalán. Pero hay que decir con toda claridad: primero, para los jueces que están ahora mismo ejerciendo
en Cataluña no va a haber una exigencia de manera
inmediata e incondicionada del conocimiento del
catalán, pero sí incentivos para que conozcan el catalán
y medidas que se llevarán a cabo para que lo conozcan;
y para los jueces que vayan a acceder —y aquí está el
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trascendental que esté en el título I. Tiene aspectos simbólicos, por primera vez nuestro proyecto de Estatuto
dispondrá de un título propio en materia judicial, y tiene
aspectos sustanciales por lo que se refiere a la estructura
autonómica del Estado. Por otra parte, su contenido
material llena con suficiencia las expectativas de
Convergència i Unió en esta materia. Y faltaba hasta hoy
la guinda, la solución que se ha dado en la enmienda
transaccional al artículo 107.2, del que después hablaré.
La regulación establecida permite avanzar en la adaptación de la Administración de Justicia en la estructura del
Estado autonómico, permite acercar la justicia a los
ciudadanos y mejora el servicio público de la justicia.
El título III tiene tres objetivos, alcanzados con suficiencia: Crecer en autogobierno, competencias exclusivas en medios materiales y competencias muy plenas
en medios personales, mejorar la justicia, acercarla al
ciudadano y avanzar en la adaptación al Estado autonómico del tema de la lengua, del que luego hablaré, y de
la utilización del refuerzo del Tribunal Superior de Justicia, en su utilización, pues hasta ahora la creación de 17
tribunales superiores de Justicia ha sido ineficaz. Hay
una importante coincidencia doctrinal, también en el
ámbito judicial, sobre la inadaptación de la Administración de Justicia en el ámbito autonómico. Las insuficiencias del sistema normativo autonómico de la Administración de Justicia en Cataluña derivan en gran parte de
que la Ley Orgánica del Poder Judicial ha constituido un
elemento constante de interferencia en el marco constitucional y estatutario desde 1985, fecha de la primera
ley orgánica, hasta hoy. Esta ley provocó un desfase entre
el contenido de la Constitución española y aquello que
estaba previsto en los estatutos de autonomía. Ciertamente, el Estatuto vigente disponía de un buen margen
de maniobra, pero este fue condicionado, sobre todo por
la escasa voluntad política a nivel de los diferentes
gobiernos del Estado, trasladada esta falta de voluntad
política a la tardanza en elaborar la primera ley orgánica,
en 1985, sus contenidos y sus posteriores reformas. El
Estatuto de Autonomía de Cataluña vigente contiene una
cláusula subrogatoria que tiene un contenido puramente
residual. Con ella se trató de conciliar dos realidades:
Por un lado, el principio en virtud del cual todas las
facultades que las leyes orgánicas reconocieran al
Gobierno del Estado habían de corresponder a la Generalitat de Catalunya y, por otro, el desconocimiento del
sistema judicial que la Ley Orgánica del Poder Judicial
y la Ley de Planta y Demarcación iban a implantar en el
futuro. Los preceptos estatutarios fueron objeto de una
interpretación fuertemente restrictiva y la Ley Orgánica
del Poder Judicial utilizó diversas técnicas a fin de convertir la cláusula subrogatoria del Estatuto en una cláusula debilitada. Asimismo, El Tribunal Constitucional
en su sentencia 56/1990 aceptó esta técnica de debilitamiento, pero al menos elevó en parte el techo competencial tan rebajado por la ley. En la práctica, esta interpretación restrictiva nos ha llevado a 26 años de retroceso
en esta materia y la responsabilidad recae especialmente
cambio que hemos introducido en la enmienda
transaccional— en concursos de traslado será el conocimiento del catalán un mérito determinante pero no un
requisito. Es decir, si entre los que optan por una plaza
hay alguno que sabe catalán será un mérito determinante, pero si ninguno de los optan a una plaza sabe
catalán también se cubrirá la plaza porque no existirá
ese mérito determinante, luego no es un requisito y por
eso se ha suprimido esa palabra.
Todo esto explica —porque parece ser que todavía no
se han enterado— lo que dice el Estatuto de autonomía
en su proposición y la Ley Orgánica del Poder Judicial
en paralelo. Por tanto, no hay sustitución ni del Tribunal
Supremo ni del Consejo General del Poder Judicial,
aunque mañana haya algunos medios que lo digan,
porque ustedes lo dicen para que aparezca en los medios,
para que salga —como dicen los periodistas— el corte.
Eso les vale, les da igual, aunque desmontemos absolutamente esa falacia que ha señalado usted. No ha hecho
alusión más que a tres cuestiones anecdóticas en cuanto
a determinados artículos que ha citado y en lo demás
reitero lo que he señalado anteriormente. Estamos ante
un título III, del Poder Judicial, impecablemente constitucional, que se remite a la Ley Orgánica del Poder
Judicial cuando lo tiene que hacer. Cataluña va a avanzar
en su Estatuto en la línea de lo que la Constitución prevé
para el Poder Judicial en un Estado autonómico, y una
vez más hay que reconocer a Cataluña su capacidad de
liderar cambios importantes en el Estado autonómico,
eso hay que reconocérselo a Cataluña, y en este caso va
a ser así también, pero desde luego es impecablemente
constitucional y generalizable a otras comunidades
autónomas. Nuestro Poder Judicial seguirá siendo único,
el Consejo General del Poder Judicial seguirá siendo el
órgano de gobierno del Poder Judicial, se fortalecerán
los tribunales superiores de Justicia, se acercará la justicia al justiciable, habrá un mejor servicio de la justicia,
todo eso es lo que quería el constituyente, todo eso se va
a culminar precisamente ahora, todo eso es lo que
votaron los españoles un 14 de marzo y todo eso es lo
que, como siempre, el Partido Popular no quiere que se
cambie. En esas estamos. Esa es la diferencia entre
ustedes y nosotros. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Para la defensa de la
enmienda presentada tiene la palabra la señora De
Gispert.
La señora REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (De Gispert i Català):
Señoras diputadas, señores diputados, el contenido de
este título, el Poder Judicial en Cataluña, su presencia
en el texto estatutario y su regulación específica en el
proyecto de Estatuto de Cataluña tiene aspectos simbólicos y trascendentes. El señor Astarloa ha dicho que es
insólito e inédito y que tiene un altísimo significado
constitucional. Para nosotros, para los nacionalistas
catalanes, y especialmente para Convergència i Unió, es
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
en los diferentes gobiernos del Estado, que impulsaron
leyes orgánicas sumamente restrictivas, a excepción de
la de 1994, que fue consecuencia de la anterior sentencia
que he mencionado. Por tanto, este proyecto de Estatuto
y su contenido consuma nuestras viejas aspiraciones y
repito que lo hace después de 26 años.
Con la reforma prevista, el objetivo a conseguir es que
las previsiones establecidas sean resistentes a normas
que hasta ahora han recortado enormemente las competencias autonómicas, como la Ley Orgánica del Poder
Judicial, la Ley de Planta y Demarcación y el Estatuto
orgánico del ministerio fiscal, y lo que el proyecto de
Estatuto hace en su título III es adaptar orgánica y funcionalmente los diversos ámbitos de la justicia que son
relevantes para el autogobierno de Cataluña. Por un lado,
refuerza las competencias ya asumidas por la Generalitat
en materia de medios materiales y personales que no
forman parte de su núcleo esencial, aquello que se ha
venido llamando administración de la Administración
de Justicia y que fue el núcleo central de la sentencia 56/1990, es decir, todas las facultades normativas,
ejecutivas y de gestión que no correspondan al Consejo
General del Poder Judicial y que ejerce el Gobierno del
Estado, y que se extienda también a esta materia el ejercicio de la potestad normativa, competencias exclusivas
en medios materiales, participando al mismo tiempo de
la gestión y de los rendimientos de los intereses de depósitos judiciales. La Ley Orgánica del Poder Judicial,
reformada en 1994, ya permitió una mayor operatividad
en este ámbito, pues introdujo la posibilidad de que las
comunidades autónomas asumieran competencias en
todas las materias relativas a su Estatuto y régimen jurídico, comprendidas la selección, la formación inicial y
continuada, la promoción, el destino, el ascenso, la jornada, el horario y el régimen retributivo, pero hasta hoy
han sido competencias de gestión. La propuesta del
Estatuto es que se disponga que todas las competencias
correspondan a la Generalitat con todas sus consecuencias. Para ello hace falta reformar la Ley Orgánica del
Poder Judicial, pues en su última reforma, la de 2003,
se excluye la intervención de las autonomías en algunos
de estos aspectos y esta exclusión de ninguna manera
tiene base constitucional. Por tanto, competencia legislativa sobre el personal no judicial, incluidos los secretarios, acabando de una vez con el anacrónico carácter
de cuerpo nacional.
Se da también respuesta a temas pendientes y muy
importantes, como el conocimiento de la lengua y el
derecho por parte de los jueces y fiscales que ocupen
plazas en Cataluña o como condición de acceso en los
correspondientes concursos de traslado. El requisito del
conocimiento adecuado y suficiente de la lengua y del
derecho para ocupar plazas de jueces, magistrados y
fiscales, tal como se establece en los artículos 33.3 y 102
del proyecto de Estatuto, no afecta a la igualdad de
derechos de los candidatos a dichas plazas y está concebido como medio para garantizar los derechos lingüísticos de los ciudadanos. Está claro que requerirá la
modificación de la ley orgánica, pero será así y voy a
poner un ejemplo de lo que puede pasar a partir de la
aprobación de ese Estatuto. Aquellos jueces que ganen
la oposición y que entren en prácticas en la Escuela
Judicial de Barcelona deberán hacer cursos de catalán si
quieren acceder a una plaza en Cataluña. Además, a
aquellos jueces que estando en Cataluña quieran acceder
a una plaza por concurso de traslado se les pedirá y se
les valorará de manera singular y específica el conocimiento del catalán. ¿Será requisito? ¿Será condición
determinante? ¿Será mérito determinante? La ley orgánica lo decidirá. Lo que está claro es que a partir de ahora
cambia lo que hasta hoy figuraba en el Estatuto vigente.
Los jueces que quieran ejercer justicia en Cataluña
deberán tener un conocimiento adecuado y suficiente del
catalán para ejercer con dignidad su puesto de trabajo.
Eso es lo que ha de quedar claro y queda claro en este
proyecto de Estatuto.
Por otro lado, el proyecto refuerza las funciones de
unificación de doctrina y casacionales del Tribunal
Superior de Justicia de Cataluña, que será la última
instancia judicial de todos los procesos y recursos que
se inicien y se sustancien en su ámbito territorial, cualquiera que sea el derecho invocable, tanto si es el derecho
estatal como si es el derecho propio de Cataluña como
si es el derecho mixto. De esta manera, se acerca la
justicia y su administración al ciudadano, se agiliza el
trabajo del Tribunal Supremo y, por tanto, la justicia será
más eficiente. Fortalecerá los tribunales superiores de
Justicia que en sus 15 años de existencia son ineficaces.
El Tribunal Superior de Justicia que más sentencias ha
dictado cada año hasta hoy, es el Tribunal Superior de
Justicia de Cataluña, que ha dictado sesenta. Es necesario
que se fortalezca, es necesario que se descargue el trabajo del Tribunal Supremo. Así y todo, señor Astarloa,
el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña constituye
el vértice de la organización judicial en el territorio de
Cataluña, pero no se integra en su sistema institucional.
Es el Poder Judicial en Cataluña. Es un órgano estatal y
su superior jerárquico en el ámbito jurisdiccional es el
Tribunal Supremo. No hay fragmentación. No hay desvertebración.
Un segundo punto. Propicia la descentralización del
gobierno del Poder Judicial, creando un Consejo de
Justicia desconcentrado, con facultades propias y delegadas en todo aquello que afecta a la justicia en Cataluña,
convirtiéndose en el órgano de gobierno de los jueces en
Cataluña, y el Parlamento podrá designar los miembros
del Consejo de Justicia que determine la Ley Orgánica
del Poder Judicial. El presidente del Tribunal Superior
es el representante del Poder Judicial en Cataluña y se
crea la figura del fiscal superior de Cataluña.
En lo que hace referencia a la planta y demarcación
judicial, es decir, a las facultades para crear nuevos
órganos judiciales y para proponer la planta, la proposición de la planta será preceptiva y deberá acompañarse
al proyecto de ley. Respecto a la creación de nuevos
órganos judiciales se regula una fórmula más intensa en
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El señor PRESIDENTE: Señora De Gispert, vaya
terminando.
la participación de la Generalitat. Será la Generalitat
quien decida, de acuerdo con el Estado, qué órganos
judiciales deberán crearse cada año y será el propio
Gobierno de la Generalitat quien dictará el decreto de
creación. Esta es la referencia que hago a la modificación
que se pactó con el Partido Socialista y con Iniciativa
por Cataluña hace unas pocas horas. Es una modificación
importante. Fue un texto discordante en la fase de la
ponencia, que hoy presentamos conjuntamente, según el
cual mejoran también en ese punto las competencias de
futuro en la materia de planta y demarcación judicial de
la Generalitat de Catalunya. Pondré algún ejemplo: a
partir de la aprobación del proyecto de Estatuto la decisión sobre qué juzgados se han de crear, en qué momento,
qué jurisdicciones y dónde será de la Generalitat. Por
tanto, si son necesarios juzgados de lo social o de lo
contencioso o mercantiles o de instrucción en Reus,
Vendrell, o Mataró, en La Bisbal, Tremp o Vic, será la
Generalitat de Catalunya la que decidirá su creación y
su modificación en ley de planta, si no significa modificación legislativa.
¿Qué ganan los ciudadanos, señor Astarloa, con este
proyecto de Estatuto? Pues mire, solo ventajas y ningún
inconveniente. El primero y muy importante para los
ciudadanos y ciudadanas de Cataluña es el derecho de
opción lingüística. Por primera vez podrán pedir, exigir,
que los jueces, fiscales y magistrados conozcan el
catalán, les contesten en Catalán y puedan ellos como
ciudadanos ejercer el catalán en el ámbito judicial.
Segundo, mayor agilidad porque descargaremos el Tribunal Supremo y se acercará la justicia al ciudadano,
teniendo más funciones los tribunales superiores de
Justicia.
La señora REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (De Gispert i Català): Un
minuto.
Hay que destacar que en este momento el Gobierno
del Estado, a través del Ministerio de Justicia, ha impulsado unos proyectos donde, desde nuestro punto de vista,
se retocan algunos aspectos nucleares. Hemos de pasar
del retoque al cambio radical. En eso estaremos trabajando desde el Grupo Parlamentario de Convergència i
Unió para conseguir que la Ley Orgánica del Poder
Judicial atienda a todos y a cada uno de los puntos que
en ese título III del Poder Judicial hemos plasmado.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
don Jordi Miralles.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Miralles i Conte): Voy a
intervenir en nombre de nuestro Grupo Parlamentario de
Iniciativa Verds-Esquerra Unida para tomar posición
respecto de este título III. Pero antes de dar nuestra opinión de por qué pensamos que este título es un avance
relevante en la nueva propuesta de Estatuto de Autonomía de Cataluña, quisiera decir que creía que en este
fin de semana, con el debate que se había producido, las
intervenciones del Partido Popular habrían modificado
su estrategia. Es cierto que el tono ha sido más sosegado,
pero la sigue caracterizando una terquedad, desde que
empezamos el debate en esta Comisión y que continúa
en este título, que es el no permanente, usted mismo lo
decía, desde la primera línea hasta la última; una obsesión permanente en una pretendida ruptura de todo, de
España en concreto; y una falsedad recurrente, en
algunos aspectos, desde la política. Eso ha caracterizado,
aunque de manera más sosegada, la intervención del
portavoz del Partido Popular. En su intervención califica
este título de insólito. Pues bien, lo insólito es que
ustedes van a votar en contra, incluso, de artículos del
Estatuto vigente del año 1979, porque ustedes son la
fuerza del no. Esto sí que es insólito. Podrían votar que
no aquello que está dentro de la lógica de una posición
nacionalista, sí, pero española, como la suya, y apoyar
aquellas cuestiones que tienen que ver con lo vigente,
que lo votó en su momento el Partido Popular, y que es
recurrente respecto a lo que está funcionando en la
materia que ahora nos ocupa. Pero, no. Ustedes están
situados en la fuerza del no, en esa derecha radical que
caracteriza al Partido Popular. Este título es innovador
porque es un título nuevo respecto al año 1979, por sus
contenidos y porque circula en paralelo a la reforma de
la Ley Orgánica del Poder Judicial. Por tanto, es innovador. Es una necesidad para el desarrollo autonómico
para poder adaptar ese poder único, pero que se tiene
que adaptar a la descentralización, a ese desarrollo autonómico y a la desconcentración del Poder Judicial, y un
El señor PRESIDENTE: Vaya terminando, señora
De Gispert.
La señora REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (De Gispert i Català):
Modernizaremos los medios. Ya lo hemos hecho, señor
Astarloa, desde hace años, desde 1990 cuando conseguimos las primeras transferencias. Entonces, la Administración de Justicia en Cataluña era lo que muchos
decían la cenicienta de todos los ministerios. Ahora ya
no lo es porque el Gobierno de la Generalitat de los
últimos 23 años y el actual lo tienen como prioritario.
Política de recursos humanos real. Tendremos competencias plenas, no la que hay ahora, que no es bicéfala,
es tricéfala, y eso significa en la realidad un mal funcionamiento del servicio de la justicia.
La regulación de este título pretende y ha pretendido
un doble objetivo: armonizar la Administración de Justicia con las aspiraciones de autogobierno y mejorar la
eficacia y la eficiencia del servicio de la justicia, dentro
del respeto a los principios constitucionales. Es necesario
para que este contenido sea una realidad que se modifiquen en paralelo las correspondientes leyes orgánicas.
En eso estamos.
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avance para los ciudadanos y ciudadanas, porque será
una justicia de mayor proximidad y se mejorará la
calidad del servicio público. Por eso es innovador, una
necesidad y un avance.
Usted decía: ¿Qué les van a plantear a los ciudadanos
de Cataluña? Pues, les vamos a plantear que con este
título buscamos una mayor eficacia, una mayor cercanía,
mejorar el servicio público, una igualdad en el uso de
las lenguas, tanto para los funcionarios como para los
ciudadanos y las ciudadanas, una adaptación al Estado
autonómico, y, desde una posición federalista como la
nuestra, una satisfacción en avanzar en esa descentralización de un poder que necesitaba, en este Estado autonómico, superar una asignatura, que era la descentralización para adaptarse al autogobierno del Estado
autonómico vigente. Eso es lo que les vamos a plantear
a los ciudadanos dentro del contexto de un Estatuto que
quiere mejorar el autogobierno y que los ciudadanos y
ciudadanas puedan vivir mejor. Pero, ¿sabe qué les dicen
ustedes? Ustedes les dicen barbaridades como esta. En
la enmienda número 22 del Grupo Popular al preámbulo,
donde hablan del título III, dicen: Esto no solo rompe el
principio de unidad jurídica… Unidad es una palabra
persistente en sus textos; la utilizan 14 ó 15 veces frente
a fragmentación o quiebra, es algo obsesivo en el Partido
Popular. Eso sí, es una unidad vista como uniformismo,
cuando las unidades son diversas. Pero sigue: Esto rompe
el principio de unidad y para poner un ejemplo podría
darse el caso de que, por un mismo delito, un ciudadano
sea absuelto en Cataluña y, sin embargo, otro sea condenado en Madrid. Pero, ¿qué están diciendo? ¿Ustedes
piensan que algún ciudadano puede creerse esas barbaridades del Partido Popular? Ya no es solo un menosprecio a las diputadas y diputados del Parlamento de
Cataluña; ya no es solo un menosprecio a la institución
del Parlamento de Cataluña el que ustedes puedan pensar
que habrá un efecto llamada a la delincuencia en Cataluña. Es una barbaridad. Estoy convencido de que los
votantes del Partido Popular —también aquí— podrán
ver que es otra de las mentiras que han ido lanzando estos
meses respecto al Estatuto de Autonomía de Cataluña.
Es un menosprecio al Parlamento, un menosprecio a los
parlamentarios y una barbaridad inmensa. Eso es lo que
nosotros decimos a los votantes y a los ciudadanos de
Cataluña; ustedes dicen lo que les caracteriza: la no
verdad, la descalificación fácil y utilizar habitualmente
a Cataluña como escudo de todo. Nosotros continuamos
defendiendo esta posición innovadora, porque tiene más
competencias, porque amplía las competencias vigentes
en materia de justicia y porque adecua esa necesidad a
la descentralización. Insisto, ustedes saben que el principio de unidad no impide la descentralización o desconcentración del Poder Judicial. ¿O es que acaso en el
Libro Blanco de la Justicia del año 1997 no se decía por
parte del propio Consejo General del Poder Judicial que
era conveniente descentralizar la Administración de
Justicia? ¿Y no decía lo mismo el Pacto de Estado por
la reforma de la justicia del año 2001? Entonces, ¿por
qué lo decían entonces y ahora no? Porque viene de
Cataluña, como siempre. Es recurrente la utilización de
que aquello que viene de Cataluña no es posible, no por
inconstitucional, sino porque políticamente ustedes lo
combaten porque piensan que les va a dar réditos electorales. En Cataluña no, y estoy convencido de que en
España a corto y medio plazo tampoco.
Además, esa descentralización tiene un objetivo fundamental para nosotros, que es la proximidad a los
ciudadanos y a las ciudadanas. Es curioso, van a votar
que no, pero se olvidan de la justicia de paz o de la justicia de proximidad, de más recursos personales y materiales para la justicia en Cataluña. Es curioso también
cómo usted saca a colación el artículo 101.2 sobre el uso
de las lenguas, que no dice otra cosa que: Las pruebas
de los concursos y oposiciones regulados por el presente
artículo, cuando se celebren en Cataluña, podrán realizarse en cualquiera de las dos lenguas oficiales, a elección del candidato. Pero ustedes quisieran que, si fuera
posible, se mantuviera con carácter monolingüe. Cataluña, por suerte, es bilingüe; no es monolingüe. Lo que
se reconoce aquí es el derecho de todos a elegir y usar
la lengua que crean oportuna, y en Cataluña, por suerte,
hay dos.
Más allá de la lógica de la constitucionalidad o no
—se han dado argumentos que muestran que eso no es
así—, esa visión no innovadora sino insólita; esa visión
no descentralizadora, sino uniformista y esa lógica de
no proximidad de un servicio público llevará al Partido
Popular, como era previsible, a votar que no, no solo a
este título, sino al conjunto del Estatuto de Autonomía
de Cataluña. Ustedes tienen dos obsesiones. Antes
hablaba de una: la unidad. Pero también contraponen
otra: territorio frente a personas. Y eso les lleva a decir
otra barbaridad (El señor Miralles i Conte pronuncia
palabras en catalán.) y es que cuando hablan de la
territorialización del Poder Judicial en la enmienda
número 69 dicen —página 115 del documento—: Esta
territorialización del Poder Judicial no solo quiebra su
unidad —de nuevo la unidad—, sino que pretende
menoscabar su independencia al crear un nuevo Consejo,
trasunto de la voluntad política catalana. ¿Qué están
diciendo con eso? Ya no es solo el menosprecio al Parlamento de Cataluña. ¿Qué están poniendo en duda?
¿Que cuando se apruebe este Estatuto un juez, un magistrado o un funcionario público será menos independiente
en Cataluña que otros? ¿Es que no tienen suficiente con
poner la sombra, como han hecho este fin de semana,
sobre el Poder Judicial por cosas que pasaron hace dos
años y ahora quieren transmitirla a esa nueva realidad
descentralizada que será —si se aprueba y se aprobará— este título de Estatuto de Autonomía de Cataluña?
No tienen suficiente con las instituciones, sino que
—seguramente, porque tienen experiencia en ello—
intentar limitar la independencia de los funcionarios
públicos.
Pues bien, por estas razones nuestro grupo parlamentario está satisfecho con el resultado de este título, que
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tículo 1 de la Constitución española por el cual España se
constituye en un Estado social y democrático de derecho.
Así el punto de partida de nuestro sistema judicial lo fija
el artículo 149.1.5.ª de la Constitución española por el
cual se atribuye al Estado la competencia exclusiva en
la Administración de Justicia; competencia que, efectivamente, con posterioridad, ha sido delimitada por el
propio Tribunal Constitucional. El Partido Popular
defiende la unidad del Poder Judicial de conformidad
simple y llanamente con el espíritu y la hermenéutica
que se desprende de la propia Constitución. Consecuentemente, cualquier propuesta de órganos periféricos de
naturaleza jurisdiccional fuera de esta estructura constitucional la entendemos abocada a la irregularidad constitucional y, en el mismo sentido, las propuestas de
reparto territorial del poder judicial que vayan más allá
de la descentralización administrativa para ahondar de
lleno en la desconcentración de órganos. El Poder Judicial funciona de forma independiente y sometido única
y exclusivamente al imperio de la ley y ajeno, dentro del
ejercicio de la potestad jurisdiccional, a todo tipo de
interferencias de los poderes públicos, sean estatales o
sean autonómicos.
Siguiendo en este contexto dentro del marco constitucional establecido, el artículo 122 establece clara y
contundentemente que la Ley Orgánica del Poder Judicial determinará la constitución, funcionamiento y
gobierno de juzgados y tribunales. Esta reserva a ley
orgánica que contiene dicho artículo 122 tiene como
finalidad primera y última garantizar los principios
caracterizadores de la configuración del actual Poder
Judicial que, repito, establecimos en la Constitución
española y con un objetivo preciso y predeterminado:
Proteger la independencia e imparcialidad del Poder
Judicial. Por otra parte, también es obligado referirse a
los principios constitucionales y, concretamente, al principio de unidad jurisdiccional que es precisamente la
base de la organización y del funcionamiento de los
tribunales. Entendemos que dicho principio requiere una
planta judicial y unas circunscripciones judiciales homogéneas en todo el territorio estatal, requiere la unidad del
gobierno del Poder Judicial, que los jueces y magistrados
de carrera formen un único cuerpo y que el Tribunal
Supremo culmine la función jurisdiccional de dicha
organización. Precisamente, para asegurar y preservar
esta unidad de actuación, el artículo 149 de la Constitución española ha reservado al Estado la competencia
exclusiva en Administración de Justicia en su apartado 1.5.ª y en el apartado 1.6.ª la legislación procesal.
En consecuencia, consideramos que, más allá del
propio debate político, este título presenta serias dudas
de constitucionalidad, ya no por su interpretación literal
o textual, sino por su espíritu y por su interpretación, así
por ejemplo la creación del Consell de Justicia de Catalunya. Claro que no es de per se o ab initio inconstitucional, la Constitución no lo prohibe; ahora bien, la
creación de este órgano desconcentrado y su constitucionalidad radica en el contenido competencial que se
encaja perfectamente con aquello con lo que nos comprometimos: que estuviera en el marco de la Constitución y que fuera mejor para los ciudadanos y para la
justicia de nuestro país. Pero como para ustedes la Constitución solo es un ariete en la política y la mejor condición para ciudadanos y para la justicia en nuestro país
es secundario, probablemente se mantendrán no en la
posición del oasis o el desierto —como decían el otro
día algunas diputadas y diputados—, porque —como me
decía un buen amigo mío este fin de semana aconsejándome que no me calentara mucho la cabeza— ustedes
ni desierto ni oasis, sino que se mantienen en la
caverna.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra don Jordi
Montanya.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Montanya i Mías): Iniciaremos nuestra intervención haciendo una breve mención
a las palabras que acabamos de escuchar del señor Miralles, en el sentido de que se nos imputa una postura
radical y una actuación de menosprecio al Parlamento
de Cataluña, simplemente, señor presidente, por pensar
diferente, por creer en un modelo de sociedad diferente
y simple y llanamente porque consideramos que el título
que estamos debatiendo es perjudicial para los intereses
de los ciudadanos de Cataluña. Señor presidente, la
esencia de la democracia es el profundo respeto a las
diferentes maneras de pensar y de concebir el modelo
de sociedad que todos queremos y deseamos para nuestros conciudadanos.
El debate del presente título es quizá uno de los que
pone más de relieve la diferente visión que desde nuestro
partido tenemos y mantenemos de nuestra sociedad y de
lo que anhelamos para los ciudadanos de Cataluña y para
el resto de ciudadanos del Estado: diferentes conceptos
de sociedad, diferentes modelos de sociedad y diferentes
encajes en el actual modelo del Estado de las autonomías. Así, desde nuestro grupo parlamentario, y por lo
que respecta a este título III, del Poder Judicial en Cataluña, nuestros planteamientos son —y ya lo fueron en la
ponencia en el Parlament de Catalunya— una clara
apuesta por la real y efectiva descentralización de la
Administración de Justicia, pero, hoy por hoy, rechazamos la desconcentración de órganos judiciales. Esta
es la premisa básica e innegociable de nuestro posicionamiento, al considerar que el desarrollo del Poder
Judicial es una competencia exclusiva del Estado. Como
es sabido, la Constitución española dedica un título,
el VI, al Poder Judicial, al cual, excepcionalmente, define
como tal poder; terminología esta que fue decidida en
su momento en el debate constituyente. En aquel
momento se puso especial énfasis en mantener la singularidad de dicho término, precisamente para subrayar el
carácter de independencia del Poder Judicial. Esta caracterización del Poder Judicial es el reflejo de la división
de poderes y está íntimamente vinculado con el ar-
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El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Masllorens i Escubós): Hoy
podemos observar cómo se está haciendo más patente
que nunca que el Partido Popular se ha quedado anclado
en el periodo previo al Estado de las Autonomías, en el
momento inmediatamente anterior a la aprobación del
título VIII de la Constitución que, hay que recordarlo
una vez más, no votaron, aunque hoy se erijan a sí
mismos en los únicos que pueden interpretar la Constitución. Se ha repetido hasta la saciedad —y hoy se ha
dicho aquí varias veces— que si hay un poder que no
sea adecuado al Estado compuesto y descentralizado es
el Poder Judicial. ¿Qué proponen los conservadores para
resolver un problema como el que representa hoy la falta
de eficiencia de la justicia en España? Muy sencillo,
dejar todo igual para que nada cambie, ni siquiera
aquello de cambiar algo para que todo siga igual. Son
ustedes más inmovilistas que el gatopardo, lo cual ya me
parece mucho. Aquí no estamos hablando solo de poder,
tampoco solo del Poder Judicial y menos aún solo de
independencia del Poder Judicial, no. Aquí, sobre todo
hablamos de cómo hacer compatible la independencia
del Poder Judicial —una independencia que no se ha
cuestionado y que no se cuestiona en este Estatuto— con
una Administración de Justicia rápida, eficiente, igual
para todos, próxima e inteligible. En definitiva, una
justicia moderna y no del siglo XIX y, sobre todo, que
sea percibida como justa por la población. Estamos
hablando de un título que en su propio título —y valga
la redundancia— habla del Poder Judicial en Cataluña.
Se ha dicho, pero parece que hay que continuar insistiendo, porque algunos continúan entendiendo que
hablamos del Poder Judicial de Cataluña. También
hacemos mención al fiscal superior que es el fiscal jefe
—que ya existe, por cierto— y que representa al ministerio fiscal en Cataluña, no de Cataluña, y al Consejo de
Justicia de Cataluña que actúa como órgano desconcentrado del Consejo General del Poder Judicial. Francamente, me ha parecido que entre el PP y el PPC ha
habido algunas incongruencias respecto a la desconcentración, la descentralización. Creo que también merecería la pena que en este punto pudiesen aclarar un poco
su posición. Lo importante es que parece que algunos
solo entienden todo como un reparto de privilegios y,
por eso, se oponen no solo a la reforma de la Administración de Justicia y del Poder Judicial, sino que se
niegan también a reconocer derechos de ciudadanía. Una
cosa y la otra, como pudimos ver el viernes, van íntimamente ligadas. En nuestra opinión, la reforma que se
propone en el título III del Estatut parte de la premisa de
que no es posible una sociedad avanzada y de progreso
sin una Administración de Justicia y un Poder Judicial
que garanticen a la ciudadanía un servicio eficiente,
diligente, accesible e, insisto, inteligible. Yo creo que
incluso los más reaccionarios deberían comprender que
estas condiciones que he citado son indispensables para
garantizar la cohesión social y la seguridad económica.
Comprendo que algunos a lo mejor no valoran mucho la
le pueda llegar a otorgar. En ese extremo también encontramos serias dudas de inconstitucionalidad, por ejemplo,
en el artículo 109 de la propuesta de reforma, la ya
famosa cláusula subrogatoria por la cual el Estatuto se
atribuye unilateralmente las facultades y funciones que
la Ley Orgánica del Poder Judicial reconoce al Gobierno
del Estado con relación a la Administración de Justicia
en Cataluña. Atribución unilateral que forzosamente ha
de conllevar la Ley Orgánica del Poder Judicial y donde
desde el Estatuto de Autonomía de Cataluña se le dice
al Estado que ha de modificar dicha Ley Orgánica y —a
mayor abundamiento— se le dice cuándo y cómo. No
creemos, sinceramente, que este deba ser el camino de
la mejora del sistema judicial en Cataluña.
En definitiva, nuestro grupo parlamentario apuesta por
la mayor dotación competencial pero, eso sí, siempre
dentro de la estructura del Consejo General del Poder
Judicial, ya que otra cosa es una flagrante fractura de los
principios de unidad y jerarquía del Poder Judicial.
Hablamos, en definitiva, del tercer poder, de uno de los
pilares del Estado de derecho. Todo lo expuesto en esta
intervención es desde la voluntad —a pesar de lo que ha
manifestado con anterioridad el señor Miralles— de
encuentro y de buscar puntos en común, como fue,
repito, el posicionamiento que mantuvo el Partido
Popular en la ponencia en el Parlament de Catalunya.
¿Oposición al título? Sí, pero siempre con la voluntad
de buscar puntos de encuentro como, por ejemplo, en la
función del Tribunal Superior de Justicia como unificador de todo el derecho civil propio de Cataluña, así
como la asunción por dicho órgano de funciones casacionales en materia de derecho estatal, a excepción, por
supuesto, de la competencia reservada al Tribunal
Supremo de unificación de doctrina. Nuestra apuesta, lo
ponemos de nuevo de manifiesto es profundizar en el
modelo de descentralización y no, repito, en el modelo
de desconcentración de órganos.
Otro punto de encuentro se refiere a la justicia de paz,
a la justicia de proximidad y a su impulso como justicia
de convivencia civil, como justicia consuetudinaria, pero
siempre bajo el principio de unidad jurisdiccional consagrado en la Constitución española ya que consideramos que desde el Estatuto de Autonomía no podemos
ni debemos modificar leyes orgánicas. En este sentido,
no podemos apoyar un Estatuto que vulnera principios
básicos y esenciales de la Constitución como es el de la
unidad jurisdiccional. Nuestro modelo, señor presidente,
apuesta por la solución de los verdaderos problemas que
tiene la Administración de Justicia en Cataluña, los
graves problemas de movilidad, de vacantes, de falta de
medios, de falta de personal y la lejanía de la tan anhelada justicia de proximidad. Creemos y apostamos por
un modelo más descentralizado y nos oponemos rotundamente a la desconcentración de los órganos del Poder
Judicial.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
don Àlex Masllorens.
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convivencia ni la cohesión, y solo hay que ver el
ambiente que han creado algunos, pero les pediríamos
al menos que contribuyan a que haya más seguridad
económica, porque en el mundo actual ésta parece claramente una condición indispensable para el progreso.
Pues bien, actualmente la Administración de Justicia en
España —también se ha dicho— sufre defectos estructurales, organizativos, funcionales y no da el resultado
que cabría esperar de ella. No era necesario tener las
encuestas que se han citado, en todo caso, estas encuestas
entre la ciudadanía ponen de relieve algo que se ve claramente sin recurrir a ellas. Corregir una parte de esos
defectos que vienen de lejos, de muy lejos, es lo que se
propone este título III, al menos en todo aquello que
puede depender de la comunidad autónoma, que no es
poco. El resto, que también es sustancial, deberá hacerse
mediante la reforma —se ha dicho aquí— de la Ley
Orgánica del Poder Judicial, y debería tranquilizar por
lo menos al PP que, como también se ha dicho, se haya
pasado de tres a 12 alusiones a la Ley Orgánica del Poder
Judicial. La Constitución permite todo esto, lo hace
posible y quienes se han erigido, como he dicho, en sus
máximos defensores, según parece, deberían estar tranquilos por esta cuestión.
Para no ampliar innecesariamente la exposición, me
limitaré a poner énfasis en el hecho que yo creo incontrovertible de que aquí, como se ha insistido, no se rompe
nada, no se fragmenta nada, señor Astarloa. Usted ha
basado todo su discurso en la fragmentación. Si no hay
fragmentación, a lo mejor no hay discurso. Debe entenderse bien, se trata de hacer una justicia más próxima,
más amable, más inteligible. Este título respeta la unidad
y la independencia del Poder Judicial, no se cuestiona
su unidad ni su independencia, lo que sí se propone es
activar el potencial constitucional —de esta Constitución
que todos defendemos— en el sentido de que el Poder
Judicial y sus sucesivas reformas han ido laminando,
reduciendo las capacidades que la Constitución atribuía
a las propias comunidades autónomas. A usted parece
que le preocupa la carga jurisdiccional que pueda haber,
la pendencia en algunos órdenes. Puede tranquilizarse.
Usted conoce perfectamente que, por ejemplo, en la
jurisdicción laboral, donde ya se está aplicando este
modelo desde hace bastantes años, hay mucha menos
pendencia que en otros órdenes. Para hacer realmente
eficaces las reformas que se apuntan en este Estatuto —y
que, sin ninguna duda, estamos convencidos que
incluirán después otros estatutos— serán imprescindibles reformas de otros textos, entre ellos la Ley Orgánica
del Poder Judicial. Entendemos que estamos asistiendo
a una batalla corporativa, ideológica y política de gran
alcance, que algunos intentan disfrazar con criterios más
o menos técnicos. Todos sabemos que del resultado de
este proceso depende la posibilidad de hacer realidad un
modelo de Administración de Justicia que, no nos engañemos, es el que propone el Estatuto de Cataluña, un
modelo de justicia independiente e imparcial, no lo dude,
como declara la Constitución por otra parte —se refería
el señor López Garrido a que si no fuera así, no le estaríamos dando nuestro apoyo—, pero eficiente, diligente,
accesible, inteligible, que es lo que reclaman con todo
su derecho los ciudadanos y las ciudadanas porque es,
señor Astarloa, su mejor garantía de igualdad, la mejor
garantía que todos tenemos para proteger nuestros intereses y muy especialmente nuestros derechos. Oyendo
a algunos representantes del Partido Popular —algunos
con un poco más moderación, otros con menos— y su
apocalíptica visión de los cambios que se quieren introducir en la justicia, no puedo evitar que me surja la duda
de si para ustedes, señores del Partido Popular, es más
importante que el Estado funcione, que sirva a la ciudadanía, que sea ágil, eficiente, moderno, que esté preparado para hacer frente a los retos del mundo global, o al
menos en el capítulo de la justicia, si para el PP lo que
realmente importa es que se mantengan los privilegios
de unos cuantos, de unos pocos, de los de siempre.
Incluso la posición que estoy viendo estos días aquí me
recuerda aquello que nos ocurría bastantes años atrás
—por fortuna, tiempos ya lejanos— cuando algunos
curas un poco obsesos nos aseguraban a los atemorizados
discípulos que si continuábamos con ciertas prácticas
nefandas, se nos iba a caer el pelo, señor presidente;
amén de otros disgustos no solo terrenales, se nos iba a
caer el pelo. (Risas.)
El señor PRESIDENTE: Usted lo ha conservado
bien. (Risas.)
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Masllorens i Escubós): Me
lo pone al pelo, señor presidente, porque a las pruebas
me remito que resulta patente y hasta obvio que, al
menos en mi caso, aquellos malos augurios se han
demostrado tan falsos y con tan poco fundamento…
El señor PRESIDENTE: O era totalmente puro.
(Risas.)
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Masllorens i Escubós): …como otros que se oyen aquí estos días. Cada
cual conoce sus intimidades. (Risas.) En todo caso, señor
presidente, estos días aquí también estamos oyendo
malos augurios, males terribles que se ciernen sobre
España; el señor López Garrido hablaba de estas afirmaciones tremebundas que estamos oyendo.
Acabo ya, señor presidente, con el convencimiento de
que el tiempo se encargará de dejar las cosas en su sitio.
Yo no pierdo la esperanza, señoras y señores diputados,
sé que este Estatuto va a salir adelante, que habrá otros
que vendrán después de éste tan buenos como éste, y
también estoy convencido de que algún día, más pronto
que tarde, algunos agoreros tendrán ocasión de descubrir
con sorpresa que, como escribió nuestro admirado Pere
Calders, una gran mentira es casi siempre el ensayo
general de una verdad. (Aplausos.)
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El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra doña
Begoña Lasagabaster.
muy pendiente de lo que es el Poder Judicial como servicio público a la justicia.
En este y en anteriores debates se ha dicho que la
Constitución tiene un modelo claro al respecto. Discrepo.
La Constitución no establece un modelo claro. Si bien
es cierto, y así lo reconocemos, que las previsiones
constitucionales no comportan una federalización integral del Poder Judicial, sí hay que reconocer que contiene elementos, valores y principios que impregnan
sistemas judiciales federales y que, por tanto, pueden ser
asumidos perfectamente para conformar, desde una
perspectiva funcional, un pilar estructural adecuado a los
estatutos de autonomía de la propia justicia; es decir, no
tiene un modelo de federalización integral, pero sí elementos, valores y principios que se adecuan a sistemas
federales y, por tanto, al sistema de Estado autonómico.
Creemos que este tipo de valores y principios serían muy
beneficiosos para lo que decía anteriormente, el servicio
público de la Administración de Justicia y, en definitiva,
para contar con órganos de gobierno de poderes judiciales autonómicos que comportaran el acercamiento de
la gestión al lugar de decisión y la adecuación de este
ámbito al hecho autonómico. Esto es una cuestión constitucional, no hay ningún problema al respecto y
podríamos discrepar en cuanto a la intensidad de su
propia descentralización —ahí puede haber un determinado debate—, pero en cuanto a determinar que esa
adecuación es perfectamente posible en relación con el
texto constitucional que hoy tenemos no hay debate.
Algunos señalan que puede haber una quiebra del principio de unidad jurisdiccional por el hecho de que haya
consejos de Justicia, pero eso no es así y lo cierto es que
podemos tener, incluso al día de hoy, elementos claros
y concretos en los que observamos que no se ha producido esa quiebra. Por ejemplo, hoy en día, cuando por
ley se residencia la organización y funcionamiento de
tribunales en sede distinta del Pleno del Consejo General
del Poder Judicial, como ocurre en el caso de la jurisdicción militar, no se produce una quiebra del principio de
unidad jurisdiccional, nadie piensa que haya una quiebra
de ese principio. ¿Por qué habría de haber una quiebra
cuando se produce esa residenciación en otra serie de
sedes y esto se hace por ley? Es una cuestión que está
perfectamente delimitada y, por tanto, no hay problema
alguno. Otra cosa será el modelo político que cada posición política quiera determinar, pero que hay base constitucional es muy claro. Además, la experiencia ha
demostrado que la estructura autonómica permite una
cercanía del justiciable a la justicia que evita la horrorosa
lentitud de esta, lentitud que, en definitiva, termina
haciendo que no haya justicia. Es bien claro y certero
que de ese modo se da más justicia al justiciable. Esta
es una cuestión que va a ser objeto de debate no solo en
este Estatuto de Cataluña, sino en otra serie de estatutos
y también en los dos proyectos de ley de reforma de la
Ley Orgánica del Poder Judicial que se han presentado
en esta Cámara, tanto el que se refiere a justicia y proximidad y a consejos de Justicia, como el que hace refe-
La señora LASAGABASTER OLAZÁBAL:
Estamos debatiendo el título III, sobre el Poder Judicial
en Cataluña, tal como dice el informe de la ponencia.
Hablamos del Poder Judicial. Desde nuestra perspectiva,
nos parece totalmente necesario recoger este título en el
Estatuto de Autonomía dada la falta de adecuación al
Estado autonómico que se ha producido a lo largo de
estos 25 años. Si ha habido controversias, si ha habido
retrasos, como se decía por parte de algún o alguna
interviniente del Parlament de Catalunya, en alguna
materia de este tenor evidentemente ha sido en el Poder
Judicial. Podríamos hablar de Poder Judicial entendido
como contraposición a otros poderes que conforman un
Estado de derecho, y mucho habría que hablar respecto
a los límites, de hasta dónde llegan cada uno de los
poderes a estas alturas del debate o del tiempo y del
curso parlamentario, sin embargo, nos interesa hablar
del Poder Judicial en el sentido de servicio público de la
justicia a los ciudadanos, y es el elemento básico que
nos ocupa cuando hablamos del Poder Judicial, sin
perder de vista su importancia como poder, como ejercicio de la independencia y como contraposición, en el
mejor sentido de la palabra, a los otros dos poderes. Ha
habido en estos 25 años un largo debate desde el punto
de vista no solo legislativo, sino también judicial, con
relación a quién correspondían las competencias en
cuanto a los medios materiales, a los medios personales
y a otro tipo de consideraciones relacionadas con la
administración de la Administración de Justicia. A lo
largo de la sentencia del año 1970 y de las transferencias
posteriores a siete comunidades autónomas —y creo que
ahora ocho, con Madrid— se ha intentado realmente
hacer de la justicia un verdadero servicio público, aunque
todavía, ciertamente, hay muchos defectos que hay que
corregir, que es lo que nosotros estamos intentando hacer
desde el punto de vista del servicio que las autonomías
deben prestar. Simplemente señalarles cuál es la situación, por ejemplo, en aquellas cuestiones que han sido
transferidas a las comunidades autónomas —no todo
aquello que nosotros consideramos pertinente y adecuado a la legalidad y, por supuesto, a la constitucionalidad—, y puede ser anecdótico, pero es muy relevante
que el fiscal general anterior, señor Cardenal, nombrado
por otro gobierno, reconociera que en materia de medios
materiales para la Fiscalía no correspondía, por ejemplo,
a la Comunidad Autónoma del País Vasco proceder a
efectuar la dotación de tales medios, pero se vio en la
obligación de hacerlo para que la administración de
justicia al justiciable no quedara paralizada porque la
Fiscalía no tenía los medios suficientes para proceder a
realizar sus tareas. Es una anécdota relevante para
demostrar que si por algo se ha caracterizado la Administración autonómica al ejercitar las competencias que
le han sido transferidas ha sido precisamente por estar
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a que el Consejo General del Poder Judicial no pueda
jugar el lamentable papel que hoy está jugando. Sí, el
Estatuto abre una puerta que se tendrá que concretar en
la Ley Orgánica del Poder Judicial y nosotros nos congratulamos de ello.
Sus enmiendas y su discurso, señores del Partido
Popular, es idéntico al del señor Hernando; el señor
Miralles lo decía hace apenas un momento. Ustedes
señalan en sus enmiendas que un delito podrá ser delito
en Cataluña y podrá no serlo en el resto del Estado o a
la inversa. Señor Astarloa, ¿usted se lo cree? La pregunta
es quién hace el discurso a quién. ¿El señor Hernando
les hace el discurso y las enmiendas? ¿Ustedes hacen el
discurso del señor Hernando? La consecuencia es que
tanto monta, monta tanto; el problema es que tanto el
señor Hernando como ustedes se han situado en un discurso ultramontano, en un discurso de caverna; en definitiva, en un discurso que niega precisamente la evolución normal del Estado de las autonomías incluso
en 2006. Un partido democrático, un discurso democrático
no debería decir ni avalar las mentiras del señor Hernando, y lo que debería preocuparles es que el señor
Hernando comparezca para explicar sus declaraciones
en torno a la reforma del Estatut.
Entrando en detalle diré que para nuestro grupo parlamentario hay seis elementos clave en esta reforma. El
primero de ellos, que el Tribunal de Justicia de Cataluña
pase a ser la última instancia en Cataluña, sea cual sea
el derecho aplicable. Esta era una de las reivindicaciones
fundamentales en materia de justicia, y supone un salto
adelante excepcional en la mejora de la justicia. Eso se
lo podemos decir a los ciudadanos, porque todos
sabemos cómo estaba el Tribunal Supremo y cómo
estaban de desaprovechados los tribunales superiores de
Justicia. Por tanto, excelente noticia para el funcionamiento ordinario de la justicia.
Segundo elemento, que se cree el Consejo de Justicia
como órgano desconcentrado del Consejo del Poder
Judicial. ¿Qué es lo que les preocupa al respecto? Les
preocupa que el Parlament designe una parte de sus
miembros; lo dice en el artículo 99. Está claro que para
ustedes, y por supuesto para la gente del Consejo General
del Poder Judicial, el Parlament no debería designar a
ninguno de los miembros del Consejo de Justicia de
Cataluña. Nosotros entendemos que sí, porque la descentralización y la adecuación del Estado de las autonomías al Poder Judicial significa que el Parlament pueda
designarlos. ¿Por qué no podemos hacerlo, por qué no
se puede hacer?
Tercer elemento, y no menor. El artículo 102 —y es
la primera vez que aparece en el bloque constitucional—
dice: Los magistrados, jueces o fiscales que ocupen una
plaza en Cataluña deberán acreditar conocimiento adecuado y suficiente del catalán para hacer efectivos los
derechos lingüísticos de los ciudadanos, en la forma y
con el alcance que determine la ley. Hay quien puede
infravalorar este artículo; nosotros no. Es la primera vez
que en el bloque constitucional y en el Estatut de Cata-
rencia a la reforma del recurso de casación y generalización de la doble instancia penal. Para nosotros esta
cuestión es tan importante que hemos presentado alrededor de 140 enmiendas parciales a estos dos proyectos
de ley que, como digo, giran precisamente en torno a
esta cuestión. Nos congratulamos de que figure ese título
III en ese proyecto de Estatuto de Cataluña que nos ha
presentado el Parlament de Catalunya porque precisamente la mayor adecuación del Estado autonómico ha
demostrado que existe mayor cercanía de la justicia al
justiciable, mayor cercanía para dar la mejor justicia.
Desde luego, nosotros intentaremos, como decía el día
anterior, que elementos como el régimen lingüístico en
relación al derecho de defensa, o la supresión de cuerpos
nacionales, que simplemente son una rémora de siglos
pasados y que no otorgan ninguna eficacia mayor que
otros elementos, significan una buena regulación y, con
ello, una buena situación de la justicia entendida como
servicio público.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
Herrera.
El señor HERRERA TORRES: Seré breve. La intervención del señor Astarloa ha sido sugerente, como casi
siempre, lo que pasa es que la sugerencia no deja de
preocupar a nuestro grupo. No deja de preocuparnos
porque es cierto que con este Estatut hay un antes y un
después y va a haber un antes y un después con la Ley
Orgánica del Poder Judicial. El Estado de las autonomías
se va a adecuar al Poder Judicial, claro que sí, lo sorprendente son dos cosas, que lo tengamos que hacer
en 2006 y, más sorprendente, que un partido que reclama
el Estado de las autonomías combata lo que simplemente
es adecuar el Poder Judicial al Estado de las autonomías,
a no ser que su defensa del Estado de las autonomías sea
tan solo una careta tras la que se esconde el discurso más
centralista de la historia democrática de nuestro país.
Seguramente esa es la hipótesis más solvente.
Ustedes encienden todas las alarmas, y encienden
todas las alarmas porque es cierto que el Estatut, junto
a la tramitación de la Ley Orgánica del Poder Judicial,
pueden cambiar el Poder Judicial, pueden cambiar
incluso las funciones del Consejo General del Poder
Judicial y, lo que es más grave para ustedes, pueden
cambiar lo que está siendo el principal o uno de los
principales arietes en su estrategia de oposición al
actual Gobierno, y es normal que estén preocupados;
ahora, desde el punto de vista democrático y desde el
punto de vista de la adecuación del Poder Judicial al
Estado de las autonomías, la noticia de hoy y la noticia
de la Ley Orgánica del Poder Judicial son excelentes y
un partido solo puede negarlo cuando realmente lo que
niega son precisamente principios básicos instalados
ya en nuestra democracia. Lo que vamos a aprobar va
a garantizar un mejor funcionamiento de la justicia,
pero, también se lo digo, va a contribuir a desmontar
su principal instrumento de oposición y, en definitiva,
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luña aparece la necesidad de que los jueces y los magistrados conozcan el catalán. Lo cierto es que puede
suponer un paso adelante importante, sumado a las
modificaciones que hemos pactado en el Ley Orgánica
del Poder Judicial. Porque lo cierto es que hoy el catalán
es una lengua atípica, casi anómala, en los juzgados de
toda Cataluña. Ustedes que dicen que defienden tanto la
libertad y el derecho a escoger de los ciudadanos, lo
cierto es que su política, su discurso y su práctica precisamente lo que imposibilita es que los ciudadanos en
Cataluña puedan utilizar su idioma en los juzgados de
Cataluña. Y esto lo que hace es introducir en el bloque
constitucional la necesidad de que jueces y magistrados
conozcan el catalán. Además, entendemos que el artículo 102.1, sumado al 102.3 y relacionado con el
artículo 33 por lo que se refiere a los derechos lingüísticos, en definitiva, supone que todos los ciudadanos
puedan utilizar el catalán en los juzgados y, por supuesto,
que los jueces deban acreditar el conocimiento del
catalán en los juzgados de Cataluña, porque hay que
combinar todos y cada uno de los artículos.
Cuarto elemento muy relevante, que se consiga el
traspaso de medios personales y materiales relacionados
con la justicia reclamados desde hace muchos años, y
que tiene mucho que ver con lo que podremos explicar
a los ciudadanos para el buen funcionamiento de la justicia. No es un elemento menor. La descentralización y
la introducción del Estado de las autonomías en el Poder
Judicial supone y representa una mejor justicia, al igual
que el Estado de las autonomías ha supuesto mejores
servicios para el conjunto de los ciudadanos en otras
materias.
Quinto elemento —tampoco menor—, que se establezca en el artículo 108 la justicia de proximidad, elemento fundamental para nuestra formación, elemento
fundamental para los jueces que quieren una mejor justicia y una justicia de proximidad.
Por último, valoramos de forma muy satisfactoria el
acuerdo en torno al artículo 107 por lo que representa,
ya que, en definitiva, va a significar que la Generalitat
pueda crear juzgados, de acuerdo también con lo que
pactemos posteriormente en la Ley Orgánica del Poder
Judicial, pero entendiendo que hay recorrido para que la
Generalitat pueda entrar en una materia en la que, si no
entrase, no se garantizaría una mejor justicia. En definitiva, señor presidente, estamos muy satisfechos. Este es
un salto adelante importantísimo. Estamos satisfechos
porque el catalán va a entrar con mucha más fuerza en
los juzgados; va a entrar —que ya es noticia— en el
año 2006. Y estamos muy satisfechos porque, pese a la
oposición numantina del Partido Popular, lo que hace
este Estatuto, conjuntamente con la tramitación de la Ley
Orgánica del Poder Judicial y con las enmiendas que
vamos a introducir sobre la materia, es lograr que en el
Poder Judicial entre el Estado de las autonomías. Entendemos que cualquier partido simplemente autonomista
debería felicitarse por esto. Lo que constatamos, si lo
continúan criticando, es que quizás lo del autonomismo
sea solo una careta, porque en realidad, incluso en el
año 2006, lo que ustedes quieren es un modelo centralizado y, al final, ni el Poder Judicial va a ser el guardián
de sus esencias.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
Jané.
El señor JANÉ I GUASCH: Señorías, aprobamos hoy
en esta Comisión Constitucional el título III de la propuesta de Estatuto, referido al Poder Judicial en Cataluña.
Convergència i Unió quiere darle valor a este hecho: el
Poder Judicial en Cataluña va a ocupar una regulación
específica en un título específico del nuevo Estatuto.
Entendemos que este es un paso adelante que en ningún
caso podemos menospreciar ni minusvalorar. Es un paso
adelante que vendrá complementado también con
reformas de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que
precisamente, señor presidente, se están tramitando en
paralelo en este momento ante estas Cortes Generales.
Por tanto, tenemos un nuevo título III en el Estatuto de
Autonomía de Cataluña, complementado con la reforma
de la Ley Orgánica del Poder Judicial que ya se está
tramitando en estos momentos ante las Cortes Generales.
Se está tramitando en lo relativo a dotar de más competencias a los tribunales superiores de Justicia de Cataluña
y se está tramitando también en el ámbito de la necesidad
de incorporar ese conocimiento de la lengua. Quiero
recordar expresamente que el propio Parlament de Catalunya presentó ante esta Cámara, y se tomó en consideración, una proposición de ley que aún está viva en la
Comisión de Justicia y que también va a servir para poder
complementar las previsiones importantes que este proyecto de Estatuto realiza en materia de Poder Judicial.
El señor Astarloa hacía referencia a una visión, que
nosotros no compartimos en absoluto, sobre cuál debe
ser la articulación del Poder Judicial en el marco de un
Estado compuesto, en el marco del actual Estado autonómico. Yo le preguntaría al señor Astarloa si comparte
o no la previsión estatutaria, la cláusula subrogatoria,
que claramente atribuye a la Generalitat todas las facultades que la Ley Orgánica del Poder Judicial reconoce
o atribuye al Gobierno del Estado. No sé si el señor
Astarloa comparte o no esta cláusula del Estatuto; por
su discurso, diríamos que no. Pero, señor Astarloa, si no
la comparte, tampoco debería compartirla para el Estatuto de Valencia, que se acaba de aprobar con sus votos,
y que en su artículo 36 literalmente establece esto. Por
tanto, ¿qué se quiere negar? Se quiere negar la
concepción constitucional de la competencia autonómica
en el ámbito de la administración de la Administración
de Justicia, reconocida por el Tribunal Constitucional.
Señor Astarloa, usted es un buen conocedor de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional y conoce bien la
sentencia 56/1990 y la sentencia 105/2000, sentencias
importantes en el debate que hoy tenemos. Sentencias
importantes porque —quiero recordarlo—, cuando se
hablaba de la supresión o no de los cuerpos nacionales
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en el ámbito de la Administración de Justicia, el Tribunal
Constitucional decía textualmente: Es una opción del
legislador, pero suprimirlos sería constitucional. Por
tanto, que las comunidades autónomas asuman claramente esta responsabilidad —como hace este Estatuto
en una línea de futuro, que no niega nada, pero que
avanza de manera claramente positiva— y que avancen
en el ámbito de los medios personales es un aspecto que
Convergència i Unió tiene que valorar muy positivamente, al igual que lo hacemos respecto a las nuevas
atribuciones del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Estas son unas atribuciones importantes que quiero
destacar, señor presidente, de manera expresa, porque a
veces se dan lecturas distintas de lo que hoy vamos a
aprobar. Y lo que hoy vamos a aprobar, como está
escrito, como figura en el artículo 95.2, es cómo el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña es la última instancia jurisdiccional de todos los procesos iniciados en
Cataluña, así como de todos los recursos que se tramiten
en su ámbito territorial, sea cual fuere el derecho invocado como aplicable, no únicamente en derecho autonómico, sino sea cual fuere el derecho invocado como
aplicable. Respetamos también el ámbito que le pueda
corresponder al Tribunal Supremo, pero queda clara la
función casacional del Tribunal Superior de Justicia de
Cataluña que perfila este Estatuto y que va a complementar la Ley Orgánica del Poder Judicial que estamos
tramitando.
Quiero anunciar ya, señor presidente, que desde
Convergència i Unió haremos enmiendas a los proyectos
de reforma de Ley Orgánica del Poder Judicial que se
están tramitando para que se ajusten plenamente a lo que
prevé esta propuesta de Estatuto de Autonomía de Cataluña que, repito, es para nosotros importante y, dado que
estamos ante una tramitación estatutaria, quiero recordar
que el tema de la casación siempre ha sido significativo
para el autogobierno de Cataluña. Fue uno de los ejes y
una de las novedades del Estatuto de 1932 la creación
del Tribunal de Casación de Cataluña, creado después
por ley del Parlament de Catalunya, de 10 de marzo
de 1934, y este año precisamente, señor presidente, se
cumplen 68 años desde que dictó su última sentencia,
porque todos sabemos que ese tribunal después fue
derogado por la legislación del régimen franquista. Por
tanto, esa voluntad casacional de la justicia en Cataluña
viene de lejos, la tenemos reconocida ahora en esta propuesta y esperamos que esta propuesta dé sus frutos.
En el ámbito de la lengua, toda vez que estamos tramitando el Estatuto y quedará constancia en el «Diario
de Sesiones», queremos destacar desde Convergència i
Unió exactamente lo que vamos a aprobar y aprobamos
un artículo 102 en el cual de manera indubitada, porque
estará en una ley orgánica aprobada por estas Cortes
Generales, que será el Estatuto, los magistrados, jueces
o fiscales que ocupen una plaza en Cataluña deberán
acreditar un conocimiento adecuado y suficiente del
catalán para hacer efectivos los derechos lingüísticos de
los ciudadanos en la forma y con el alcance que deter-
mine la ley. Esto es lo que vamos a aprobar hoy aquí en
esta Comisión Constitucional y esto evidentemente tiene
un valor. No es un papel mojado lo que hoy se va a
aprobar en esta Comisión Constitucional. Y antes el
señor Astarloa decía: ¿Y qué ganan los ciudadanos?
¡Claro que ganan! Esto se hace para reconocer los derechos lingüísticos de los ciudadanos en Cataluña porque
cuando se dirigen al Poder Judicial hay una clara situación de poco equilibrio, y no lo dice Convergència i
Unió, lo dice la recomendación del Comité de Ministros
del Consejo de Europa sobre aplicación de la Carta
europea de las lenguas. Una recomendación europea,
de 21 de septiembre del año 2005, afirma de manera
clara que si hay una lengua que está discriminada en el
ámbito judicial es la lengua catalana en lo que es el
conjunto de los servicios públicos que se prestan a un
ciudadano en Cataluña, que hay una clara discriminación, e insta como recomendación final, no Convergència
i Unió, sino el Comité de Ministros del Consejo de
Europa sobre aplicación de la Carta, a tomar medidas
para que ese desequilibrio se compense. Evidentemente,
una medida que hoy vamos a tomar, y nos sentimos
contentos y satisfechos de que sea así, es la aprobación
de este nuevo artículo 102, que es claramente una
novedad en nuestra legislación estatutaria y que en
Convergència i Unió estamos convencidos de que dará
sus frutos. Como decía antes la diputada Núria de Gispert, dará ya sus frutos de manera clara y de manera
inmediata en la reforma de la Ley Orgánica del Poder
Judicial, pero nosotros en esta redacción no renunciamos
a nada. Queda claro que hay que acreditar este conocimiento, que para nosotros es la necesidad de pasar una
prueba de aptitud de que se tiene ese conocimiento,
porque si no, ¿cómo se acredita que se tiene? Si se tiene
se es apto y si no se tiene no se es apto. Por tanto, mi
grupo parlamentario quiere darle todo el valor que sin
duda tiene lo que hoy vamos a aprobar.
Señor presidente, señorías, termino ya. Termino recordando la importancia de este título y entroncándola
también con lo que es nuestro propio derecho histórico.
El artículo 5 de la propuesta de Estatuto fundamenta el
autogobierno de Cataluña en los derechos históricos del
pueblo catalán, es así. Quiero recordar que Berenguer
Ramón I, en los inicios del siglo XI, se refería expresamente: «als nostres jutges que han rebut de nós el poder
d’entendre i resoldre les causes que els són sotmeses…»
Por tanto, se refería de manera clara hace ya mil años
a la existencia de un cuerpo colegiado de jueces que
actuaban colectivamente en las audiencias de los condados catalanes. Hay una tradición jurídica catalana y
hay una historia que avala esta voluntad de Cataluña de
desarrollar también en su Estatuto el Poder Judicial no
de Cataluña, sino en Cataluña. Estamos de acuerdo en
el marco constitucional y no lo negamos, el marco constitucional del Poder Judicial, pero es un marco constitucional que en nada impide que Cataluña pueda tener
competencias en lo que es la administración de la Administración de Justicia, que en nada impide lo que aca-
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como elemento determinante para poder ejercer las profesiones jurídicas en Cataluña y venir hoy aquí a decir
que sí y además que los que seguimos diciendo que no,
como ustedes lo decían antes, lo único que hacemos es
decir aquí falsedades. Está claro quién es el que no está
diciendo falsedades y quién sí está diciendo falsedades
y ustedes responderán por ellas.
He hecho esta consideración general para explicar que
el señor Ridao ha puesto las cosas en su sitio en términos
jurídicos. Yo se lo agradezco. Se han ido haciendo
muchas manifestaciones que han puesto en evidencia
que el Partido Popular ha situado este debate con toda
claridad y una de ellas era la que decía el señor Ridao,
y tiene razón. La Constitución deparó un Poder Judicial
único, ahora tenemos que corregirlo con esta posibilidad
que es el Estatuto, y usted además ha reñido al Partido
Socialista diciéndole: para hacerlo bien, hay que llevar
a cabo una reforma de la Constitución, y ustedes no están
teniendo coraje para hacer la reforma de la Constitución.
Estoy de acuerdo al cien por cien. Esto es así, este es el
título III que viene a corregir lo que la Constitución no
hizo, que solo por una reforma constitucional podía ser
corregido, y aquí se está haciendo —déjenme que lo
repita— una reforma encubierta de la Constitución para
poderlo hacer. Así de claro, estoy completamente de
acuerdo.
La administración de la Administración de Justicia es
un concepto que no está en la Constitución (Una señora
diputada: Se pone.), pero que se deduce de una jurisprudencia del Tribunal Constitucional. Entiendo que en
eso estamos todos de acuerdo. Eso quiere decir, señor
Jané —que se dirigía a mí como si fuese la gran pregunta—, que en efecto el Tribunal Constitucional ha
interpretado la Constitución en el sentido de que las
administraciones autonómicas pueden asumir las competencias que tiene la Administración del Estado en
relación con el Poder Judicial. Lo que no quiere decir es
que los estatutos de autonomía puedan crear poderes
judiciales propios, que eso es mucho más que la administración de la Administración de Justicia, como se
acredita en un título que concede a la Generalitat competencias legislativas, competencias ejecutivas políticas
y competencias —esas sí— de gestión administrativa,
que son las propias de una administración. No utilicen
el argumento de que la jurisprudencia del Tribunal Constitucional ya ha reconocido esto porque justamente lo
que la jurisprudencia del Tribunal Constitucional ha
reconocido es que esto no es posible y que los límites
estaban claramente marcados y esos límites se sobrepasan claramente en este Estatuto de Autonomía.
Hay un punto —y este es un debate teórico en el que
no les voy a introducir, señor presidente, porque no hay
tiempo para ello, pero es muy interesante— en el que se
ponen de relieve todas las contradicciones entre lo pretendido y lo reconocido con este título. Con este título se
pretende un Poder Judicial propio, los partidos nacionalistas llevan pidiéndolo muchos años y he dicho que
nuestra discordancia profunda es con un Partido Socia-
bamos de aprobar para Valencia, en nada impide que
todo aquello que el Gobierno del Estado pueda tener
atribuido por ley orgánica en el ámbito de la justicia deba
corresponder en el Estatuto de Cataluña a la Generalitat
de Cataluña y en el Estatuto de Valencia a la Generalitat
Valenciana. Por tanto, lo que queremos para otras comunidades también lo queremos evidentemente para nuestra
realidad nacional catalana.
Termino con una alusión, señor presidente. Al hablar
del título relativo al fiscal, el señor Astarloa ha aportado
un argumento definitivo, un argumento que cualquier
persona, con los medios de comunicación aquí presentes,
que siguiera el debate podría pensar que se iba a romper
la regulación del ministerio fiscal en Cataluña, porque
terminaba diciendo el señor Astarloa: Fíjense que incluso
la Generalitat podrá celebrar convenios con el ministerio
fiscal. Está en el «Diario de Sesiones.» (El señor
Astarloa Huarte-Mendicoa: No, está en el Estatuto.)
No, está en el «Diario de Sesiones», señor Astarloa, lo
que es su afirmación de sorpresa ante esta posibilidad.
¡Pero si el ministerio fiscal ya realiza convenios con las
comunidades autónomas! Es una posibilidad que recoge
el Estatuto, pero que ya actualmente está vigente y la
última memoria que hemos tramitado ante estas Cortes
Generales en los últimos meses alude expresamente a
convenios del Fiscal General del Estado con comunidades autónomas como Andalucía, Galicia, Cataluña o
Castilla-La Mancha. Es una realidad que ya existe y, por
tanto, no demos, y con esto termino, una lectura que
realmente abra unas alarmas inexistentes y no demos una
lectura que venga a escenificar que todo es inconstitucional cuando sabemos que lo que hoy aprobamos es un
paso adelante importante, nos sentimos satisfechos, y es
un paso adelante que está dentro del marco constitucional y que va a recibir el apoyo de Convergència i
Unió.
El señor PRESIDENTE: Iniciamos ahora un turno
de réplica de cinco minutos para aquellos intervinientes
que crean que deben hacer la réplica.
Señor Astarloa.
El señor ASTARLOA HUARTE-MENDICOA: La
primera consideración es que, como suponíamos, todos
los argumentos al mismo tiempo no pueden ser y no
valen para defender lo que SS.SS. defienden en definitiva, que es la aprobación de lo que hoy se va a someter
a votación. No se puede someter al mismo tiempo que
este es efectivamente el salto histórico que en lo simbólico, en lo político y en lo jurídico llevaban largo tiempo
esperando partidos legítimamente y decir que esto es un
modesto desarrollo de la descentralización no hecha en
la Constitución. No son cohonestables, como no es
cohonestable, señores del Partido Socialista, haber
estado diciendo hasta hace un minuto no a los consejos
del Poder Judicial autonómico, no al modelo de casación
propuesto por los partidos nacionalistas, no a la ruptura
de los cuerpos nacionales, no a la exigencia del catalán
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lista que hoy lo acepta. Se utilizan como si fuesen sinónimas la idea de descentralización y la idea de desconcentración y ha ido apareciendo en el debate —está en el
«Diario de Sesiones»— que en nombre de la descentralización hacemos esto y en nombre de la desconcentración hacemos también lo mismo. Me parece que todos
aquí somos muy conscientes de que la desconcentración
es justamente el concepto jurídico contrario a la descentralización. Modelo de desconcentración son los prefectos
franceses y los gobernadores civiles y el modelo de la
descentralización sería —déjenme decirlo— el Estado
autonómico que nosotros defendemos, y, como todo el
mundo sabe, durante largos años se ha opuesto desconcentración para evitar descentralización. A partir de ahí,
señorías, está claro que ni desconcentración ni descentralización; de lo que hablan SS.SS. es de la sustitución
del Tribunal Supremo por el TSJ, de la sustitución de un
único Consejo General del Poder Judicial, que está en la
Constitución, por uno más o diecisiete más, y así sucesivamente. Ese es el título y este es el reconocimiento del
Poder Judicial no solo en Cataluña, como reza el título,
sino del Poder Judicial de Cataluña.
Es curioso que el Partido Socialista para argumentar
lo que está haciendo dice que en su programa hablaba
de la descentralización. Desde luego, no creo, señor
López Garrido, que nos pueda leer ni una sola línea en
la que estén todas estas cosas que aparecen en el Estatuto, tal y como se interpreta ahora la descentralización.
Y se viene a decir —no solo por el Partido Socialista
sino por otros intervinientes— que el Partido Popular no
ve esto de la descentralización y que el Estado autonómico es solo de boquilla. Vamos a ver, en el Pacto de
Estado para la reforma de la justicia está cada uno de los
argumentos que SS.SS. han dado para justificar lo que
aquí llaman descentralización, están todos. Está que el
Tribunal Supremo está desbordado y que hay que corregirlo; está que los tribunales superiores de Justicia no
están adecuados hoy al funcionamiento real de la planta
judicial y hay que dotarlos de mayores competencias;
está que hay que modificar la casación y está que hay
que modificar el recurso de amparo. Todo eso está,
porque todos somos conscientes de cuáles son los fallos
que en este momento tiene el funcionamiento de nuestro
Poder Judicial. De ahí a justificar que eso significa que
el tribunal superior tiene que sustituir al Supremo, que
el consejo tiene que sustituir al consejo, etcétera, hay un
salto que ya no es ni administración de la Administración
ni descentralización, que es puro planteamiento político
convertido en ley, puro proyecto político perfectamente
legítimo de los nacionalistas, aceptado por el Partido
Socialista y consagrado en el Estatuto de autonomía.
Cuando nosotros sostenemos que lo que defendemos
es el modelo que está en la Constitución y criticamos
esto se dice que incurrimos en falsedades, y el señor
López Garrido hablaba de cuatro. Empieza por decir que
dónde está la fragmentación. Vamos a ver, cuando los
ciudadanos sepan cómo se define el Tribunal Superior
de Justicia de Cataluña, que lo ha leído muy bien el señor
Jané, a diferencia del programa electoral del PSOE que
dice eso de que la casación para el derecho autonómico,
yo leo y los ciudadanos leen: el Tribunal Superior de
Justicia es competente en los términos establecidos por
la ley orgánica correspondiente para conocer de los
recursos y de los procedimientos en los distintos órdenes
jurisdiccionales y para tutelar los derechos reconocidos
por el presente Estatuto. Y decía el señor Jané: y no solo
del derecho autonómico. Claro, lee bien el señor Jané.
El que no lee bien es el señor López Garrido. Aquí se
está produciendo la modificación de la casación, con
carácter previo —y esta es otra reflexión que me parece
muy importante— a cualquier reforma…
El señor PRESIDENTE: Vaya terminando.
El señor ASTARLOA HUARTE-MENDICOA: Voy
terminando, señor presidente.
Decía que con carácter previo a cualquier reforma de
la única que puede decir estas cosas, que es la Ley Orgánica del Poder Judicial. La perversión es que aquí se
regula el Tribunal Supremo de Cataluña, el fiscal superior de Cataluña y todo lo demás modificando la Ley
Orgánica del Poder Judicial. Lo ha dicho el señor Jané,
y lo han dicho todos: aquí se innova en esto, en esto, en
esto, que son modificaciones, una detrás de otra, de la
Ley Orgánica del Poder Judicial. Mientras tanto, el Partido Socialista minimiza todo esto diciendo que no se
preocupen los ciudadanos porque para todo esto que se
dice aquí luego hay que aprobar una ley orgánica, que
es la que tiene la facultad. Pero ya ustedes adelantan:
esto ya está aquí y además ya tenemos en el bolsillo la
ley orgánica que complementa lo que está en el Estatuto,
es decir, lo que ha dicho el Partido Popular desde el
principio en esto y otros asuntos: que no solo viene este
Estatuto, que trae lo que trae, sino además un conjunto
de leyes orgánicas con las que el Gobierno va a acompañar la creación del proyecto nacional que el Estatuto
de Autonomía efectivamente consagra.
Termino, señor presidente, con dos reflexiones. Respecto a los requisitos y el personal, estoy seguro, señorías, de que somos capaces, si se quiere, de encontrar el
equilibrio debido y razonable entre el ejercicio de los
derechos individuales de las personas en Cataluña, en el
País Vasco o en cualquier otro sitio que quieren utilizar
el catalán o el euskera ante el Poder Judicial y una estructura del Poder Judicial en la que, para propiciar eso, no
sea necesario decir que solo los señores que sepan hablar
catalán podrán trabajar como jueces, fiscales, secretarios
o demás personal en Cataluña. Estoy seguro de que en
la España de 2006 somos capaces de encontrar el equilibrio que satisfaga todos los derechos sin romper la
unidad del Poder Judicial, porque es obvio que no hay
un poder único cuando los servidores de ese poder
pueden trabajar en unos sitios y no pueden trabajar en
otros, cuando tienen unos requisitos para trabajar en un
sitio y otros requisitos para trabajar en otro. Será legítimo, cambiemos la Constitución, a lo mejor es lo que
23
Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Astarloa, por
sus elogios también.
tenemos que hacer, pero no hay un poder único como
dice la Constitución.
La última reflexión, señor presidente, tiene que ver
con dos juicios políticos. Saben SS.SS. que yo en mis
intervenciones no suelo devolver exabruptos por
exabruptos…
El señor Ridao tiene la palabra.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Ridao i Martín): En lo que
este humilde diputado lleva observado en el transcurso
de la Comisión, los distintos portavoces del Grupo
Popular —no lo digo solo por el señor Astarloa— se han
revelado particularmente amantes de las frases solemnes,
cortas casi siempre, tan rotundas como falsas, lo cual,
por cierto, es propio de discípulos o de epígonos aventajados de Goebbels, al menos en términos de propaganda. (Un señor diputado: ¡Hombre, ya vale!) Lo
digo porque el señor Astarloa ha dicho antes y lo ha
vuelto a repetir ahora sin ningún tipo de tapujo que se
crea un Poder Judicial propio. Y digo yo: ¡oh, maravilla
de las maravillas! Qué más quisiéramos nosotros, incluso
desde una perspectiva federal. Aquí lo que se hace es
utilizar la potencialidad del artículo 152 de la Constitución y nada más. Se dice que se sustituye el Consejo
General del Poder Judicial cuando ni tan siquiera se
descentraliza. Se utiliza una fórmula para desconcentrar
y no se crea un nuevo órgano de gobierno del Poder
Judicial en Cataluña. Se ha dicho que se fulmina el Tribunal Supremo cuando ha quedado bien patente que
todavía se le reservan funciones jurisdiccionales importantísimas, como por ejemplo la unificación de doctrina.
Y se ha dicho, lo cual me parece todavía más grave, que
se impone el catalán como requisito. Falso, aunque
deberíamos llegar a eso, puesto que es conforme, por
cierto, a la doble oficialidad que manda la Constitución,
artículo 3; o al artículo 103, que determina la plena
sumisión de todas las administraciones al imperio de la
ley; o a la Carta europea de lenguas regionales o a la Ley
de política lingüística de Cataluña, una ley estatal que
está en vigor y que obliga y concierne a todo el mundo.
Lo que hace hoy el proyecto, a propuesta por cierto de
nuestro grupo parlamentario, es reflejar en el artículo 102
una referencia general a que todos los funcionarios y por
tanto todos los servidores públicos que ejercen su función en Cataluña deban acreditar un mínimo conocimiento suficiente de la lengua y el derecho propio, y
luego ya veremos en la discusión de la Ley Orgánica del
Poder Judicial si eso se convierte en un requisito o en un
mérito determinante. Evidentemente, mi grupo va a
trabajar para que sea un requisito en los concursos de
traslado dentro del territorio de Cataluña. No nos engañemos, al margen del Partido Popular o al margen de
hacer política o quizá debería decir de hacer politiquería,
también prefieren —lo acaban de demostrar esta misma
mañana— un diseño continuista, diría yo decimonónico,
de la justicia. Quieren que el Poder Judicial continúe
siendo un auténtico residuo centralista. El señor Astarloa
ha dicho además: ¿qué ganan los ciudadanos con este
nuevo diseño descentralizado de la justicia? Pues ganan
muchísimo, porque no se puede confundir un Poder
El señor PRESIDENTE: A ver si se lo ahorra y termina, señor Astarloa.
El señor ASTARLOA HUARTE-MENDICOA: Me
lo ahorro, pero lo voy a devolver, señor presidente.
(Risas.)
Quiero decir a aquellos que han estado haciendo,
más que insinuaciones, afirmaciones sobre la manipulación del Poder Judicial, etcétera, que oyendo el poco
respeto con el que se expresan respecto de las personas
de las que discrepan, como cualquiera podemos discrepar de cualquiera, puedo imaginar lo que le espera
al Consejo de Justicia de Cataluña en según qué manos.
(Rumores.) Así de claro lo digo. Y en cuanto a si el
consejo hace tal o cual cosa, aquí, efectivamente, vamos
a celebrar debates que van a ser muy interesantes y que
no voy a reproducir ahora para que el señor presidente
no me riña todavía con más razón, pero no se engañen,
no se equivoquen: lo que en este momento fuera de
estas puertas tienen ustedes en contra no es un presidente o una mayoría en un consejo, sino la inmensa
mayoría de los profesionales, jueces, fiscales, secretarios y demás personal al servicio de la Administración
de Justicia, que no entienden cómo es posible que hoy
en el Congreso de los Diputados se apruebe la ruptura
del Poder Judicial al que sirven. Así de claro. (un señor
diputado: ¡Muy bien!)
Finalmente, cavernas y demás. Llevo muchos años
intentando defender la Constitución, en la medida de mis
humildes fuerzas —hay otros en esta sala que tienen más
méritos en esto, entre otros el diputado que nos preside—. Por defender la Constitución nos pueden llamar
ustedes lo que quieran, hasta llegar a decir simplezas
como la que decía el señor López Garrido, de que todo
esto lo hacemos para que medios adictos de una conspiración judeomasónica acaben mañana publicando que
decimos según qué cosas. Déjenme que les diga algo.
En los diarios de sesiones queda plasmada la voluntad
de cada quien, queda plasmado que los partidos nacionalistas de este país defendían legítimamente aquello por
lo que han estado trabajando durante muchos años,
queda plasmado que nosotros les hemos vuelto a decir
que no es lo razonable para mantener el modelo constitucional y que seguimos queriendo mantener dicho
modelo, y queda plasmado para la historia que quien
tiene la responsabilidad no solo de salir mañana en los
periódicos, sino de estar rompiendo la Constitución es
el Partido Socialista Obrero Español. (Varios señores
diputados: ¡Muy bien!—Aplausos.)
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
Superior de Justicia, que desaparece el Consejo General
del Poder Judicial en manos de otros consejos. Son esas
cosas que dice con total impunidad y que son absolutas
barbaridades y disparates, y se queda tan tranquilo. No
han servido de nada los argumentos que se han dado en
todas las direcciones. El propio señor Ridao decía que
ojalá pudiéramos tener ese Poder Judicial que usted dice
que tenemos. Es igual, ha terminado exactamente como
empezó, con esas cuatro falsedades rotundas, que son
cuatro mentiras radicales, sobre lo que dice este Estatuto,
porque no ha podido poner ni un solo ejemplo de un solo
artículo de este título III que rompa el Poder Judicial,
que rompa el Tribunal Supremo y que cambie el Consejo
General del Poder Judicial por otros diecisiete consejos.
No ha mencionado ni un solo artículo. Eso sí, se reiteran
esas afirmaciones que son una película de ficción que
interesa pero que no tiene nada que ver con el más
mínimo rigor, que cuando se está haciendo un mitin
quizá no es muy exigible, pero cuya ausencia, cuando se
está en una Comisión parlamentaria, y con un «Diario
de Sesiones» que transcribe todo lo que se está diciendo
y requiere una mínima objetividad, resulta ser un auténtico desastre desde el punto de vista de la propia institución parlamentaria. Lo que está pasando es que estos
días en los que hay un debate detenido en la Comisión
Constitucional sobre este Estatuto, se dicen cosas en los
mítines, se dicen frases con impunidad, frases que encierran falsedades absolutas, sobre todo en lo que tiene que
ver con este Estatuto, con un anticatalanismo de pacotilla, y como resulta que ese anticatalanismo piensan
ustedes que es muy favorable en términos electorales y
da votos, ustedes siguen por esa senda irresponsable, que
eso sí que es apostar por la división y la fragmentación
no solo del Poder Judicial sino de este país.
Lo que se está produciendo en todas las intervenciones
en esta Comisión Constitucional es, en términos del
filósofo Derrida, una auténtica deconstrucción del discurso del Partido Popular que no se sustenta absolutamente en nada. Eso es lo que está pasando en esta Comisión Constitucional, lo que ha pasado ya en los días
anteriores y lo que seguirá pasando en los días posteriores. El Poder Judicial es un poder único e independiente —así se manifiesta en la Constitución y así se
preserva y se va a preservar en el Estatuto de Autonomía
de Cataluña— que debe estar al servicio de los ciudadanos, es el objetivo fundamental de esta reforma, y que
por mucho que ustedes lo pretendan, no va a poder ser
instrumentalizado políticamente por el Partido Popular.
Usted ha hablado, señor Astarloa, de las responsabilidades del Partido Socialista y del Gobierno. Yo le digo a
usted una cosa: la oposición también tiene su responsabilidad, no solo el Gobierno. El principal partido de la
oposición tiene su responsabilidad también, porque se
supone que ese partido tiene que ser alternativa de
Gobierno, por el que los ciudadanos podrán optar si
consideran que ha dado una alternativa mejor a la que la
que ha desarrollado el partido del Gobierno o el Gobierno
en el tiempo que le ha tocado gobernar. La oposición tiene
Judicial o una justicia independiente con una justicia
ineficiente. A lo que vamos a llegar con este nuevo Estatuto y con esta nueva regulación de la justicia es a una
justicia más próxima, más inmediata, más descentralizada. Independiente, por desgracia, no va a ser, yo al
menos lo dudo. Lo he dicho antes y lo repito ahora, la
justicia española está politizada, la derecha judicial se
ha echado al monte espoleada por el Partido Popular y
ha llegado a deslegitimar los distintos poderes del
Estado, pero al menos dejen ustedes que sea un poco
más eficiente y que pueda servir a los ciudadanos con
más eficacia. Hay que garantizar el derecho del justiciable, hay que llegar a una buena justicia y eso es lo que
estamos pretendiendo.
El señor PRESIDENTE: El señor López Garrido
tiene la palabra.
El señor LÓPEZ GARRIDO: Mi grupo quiere destacar el cambio que significa este Estatuto de Autonomía
en un sentido querido por el constituyente, de acercamiento a los ciudadanos y de mayor eficacia en lo relativo al título III, del Poder Judicial, así como el significado que tiene el proceso legislativo que se está
desarrollando a la vez por la reforma de la Ley Orgánica
del Poder Judicial, a la que muchas veces se remite este
título III. Señor Astarloa, el desarrollo que se produce
no es modesto, sino muy importante en relación con lo
que previó el constituyente en el artículo 152, que no ha
sido desarrollado completamente hasta ahora. No lo
minimizamos, sino que es un salto importantísimo.
Como en muchas otras cosas hay un avance de autogobierno serio en Cataluña; en este caso estamos ante un
avance que afecta a un poder del Estado, un cambio que
es de un poder del Estado, que no pasa a ser poder autonómico. El Poder Judicial en ningún caso pasa a ser un
poder autonómico ni controlado por un poder autonómico, sino que es un poder del Estado, y no lo hemos
manifestado hace dos minutos, sino que lo dijimos en
nuestro programa electoral —el cual defendimos hace
dos años y no hace dos minutos—, que yo le he resumido
y en el que no voy a insistir, pues ha quedado muy claro
lo que pretendíamos, y se corresponde con el proceso
que se está produciendo en estos momentos en la reforma
legislativa. Lo que ocurre, señor Astarloa, es que usted
acaba siempre —lo ha hecho tanto en su primera intervención como en esta— sacando una frase que estaba
un poco olvidada en las últimas semanas y que ha vuelto
a surgir: reforma encubierta de la Constitución. La magia
potagia produce una reforma encubierta de la Constitución por un título III en el que hay una remisión a lo que
diga la Ley Orgánica del Poder Judicial en muchas cosas
y que es escrupulosamente constitucional, y eso es una
reforma encubierta de la Constitución española. Señor
Astarloa, usted no ha podido poner ni un solo ejemplo
de esas cosas que dice con total impunidad. Afirma que
se destroza el Poder Judicial y hay diecisiete, que desaparece el Tribunal Supremo sustituido por el Tribunal
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
de los jueces delegue funciones en un Consejo de Justicia
catalán, aquellas que afecten al Poder Judicial y a la
Administración de Justicia en Cataluña. No es un Consejo de Justicia paralelo. Quiero recordarle que el artículo 33.3 del Estatuto de la Comunidad Valenciana,
aprobado por el Partido Popular y PSOE, crea también
el Consejo de Justicia. Señor Astarloa, ni este título III
es contrario a la Constitución española, ni fragmenta el
Poder Judicial, ni fragmenta su órgano de gobierno, ni
es inconstitucional material ni formalmente. Lo que hace
es acercar la justicia al ciudadano, acercar el Estado
autonómico a la justicia y la justicia al Estado
autonómico y consumar nuestra viejas aspiraciones.
una responsabilidad y ustedes han decidido que la oposición no tiene ninguna responsabilidad (El señor
Astarloa Huarte-Mendicoa: No es verdad.), que se
puede ser absolutamente irresponsable, que se pueden
decir las mayores mentiras en los temas más serios y más
importantes, ya sea la lucha contra el terrorismo, ya sean
las reformas territoriales; que se puede decir de todo,
aunque sea absolutamente falso y no puedan ustedes
justificarlo ni en un solo dato objetivo. Hoy ha sido otro
ejemplo lamentable de esa política, de esa estrategia, de
decir, en los temas más importantes, en los temas más
serios —hoy ha sido el Poder Judicial—, cosas que no se
sostienen, mensajes a la opinión pública inconsistentes y
engañosos, y desgraciadamente nos vemos en la tesitura
de tener que rechazar esa actitud y, una vez más, llamarles
a la responsabilidad. No vale todo en política, no vale
todo en democracia. Ustedes no pueden comportarse
como un vulgar partido oportunista antisistema. (Varios
señores diputados: ¡Muy bien!— Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
don Jordi Montanya.
El señor MONTANYA I MÍAS: Nosotros vamos a
ser muy breves en nuestra intervención, dado que el
señor Astarloa ha estado muy brillante en la suya y jurídicamente impecable en cuanto al fondo de la misma,
pero no podemos evitar referirnos a una serie de puntos
que consideramos que son la raíz de lo que nos separa.
La ambición del Partido Popular es hacer políticas
simple y llanamente a favor de los ciudadanos y estamos
en contra de las políticas de las barreras. Nos vamos a
referir en concreto a varios ejemplos. La apuesta es por
la mejoría de la Administración de Justicia de cara a los
ciudadanos y no consideramos que este título vaya a
mejorar el funcionamiento de la Administración de Justicia en Cataluña —y antes nos hemos referido a ello—,
no creemos que vaya a solucionar los problemas de
movilidad, ni las vacantes que se producen, ni la falta de
medios, ni los atrasos y aglomeración de causas en nuestros juzgados, sino que puede incluso conllevar todo lo
contrario. Voy a dar un ejemplo, señorías. Cuando me
refiero a que la nuestra es una apuesta por las políticas
en favor de los ciudadanos y no por políticas para crear
barreras, ficticias o no, en Cataluña, por lo que hace a la
lengua sé que es un tema delicado en el que hay que
intervenir con la máxima prudencia y cautela. Ahora
bien, señor presidente, a mí también me avalan casi 20
años de ejercicio profesional en Cataluña como abogado
y jamás he tenido el más mínimo problema para expresarme en catalán o en castellano, como tampoco lo han
tenido los peritos, las partes, los testigos, etcétera, al
menos, señoría, en el ejercicio profesional de este
humilde diputado, que no es poco, por cierto, y esto
quizá lo decimos sin tanta humildad. A partir de ahí,
señor presidente, nosotros entendemos que el ciudadano
de Cataluña y del resto del Estado lo que desea, quiere
y ambiciona es una buena Administración de Justicia, y
el justiciable, cuando se dirige a los tribunales de justicia,
lo que quiere, desea y ambiciona es que el juez, magistrado o fiscal sea un buen juez, magistrado o fiscal, con
independencia de si habla perfectamente o no el
castellano, el catalán o el aranés, que también es lengua
oficial en Cataluña. Por tanto, yo tengo serias dudas de
El señor PRESIDENTE: La señora De Gispert tiene
la palabra.
La señora REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (De Gispert i Català): El
título III, del Poder Judicial, que acabamos de defender
no es una reforma encubierta de la Constitución, es la
adaptación del Poder Judicial y de la Administración de
Justicia a la estructura del Estado autonómico. Como
decía antes, es un título simbólico y trascendente y llena
nuestras expectativas de autogobierno en esta materia.
Señor Astarloa, usted ha solicitado que se encontrara
un equilibrio entre el derecho de opción lingüística de
los ciudadanos y la estructura del Poder Judicial que
satisficiera esos derechos sin romper la unidad judicial.
Hemos intentado durante 26 años ese equilibrio de todas
las maneras y de todas las formas y no ha sido posible.
Por eso, en el proyecto de Estatuto que hoy estamos
sustanciando, recogemos el derecho de opción lingüística de los ciudadanos en sus relaciones especialmente
con la Administración de Justicia, derecho que obliga a
los jueces, fiscales y magistrados a acreditar un nivel de
conocimiento adecuado y suficiente de las lenguas oficiales, que los haga aptos para ejercer las funciones
propias de su cargo o de su puesto de trabajo. Lo nunca
visto, pero es lo que hemos deseado y lo que hemos
querido exponer y establecer en este Estatuto.
¿Qué hemos ganado? Acercar la justicia al ciudadano,
mejorar el servicio público de la justicia asumiendo
competencias normativas y ejecutivas en personal. Se
acaba la dependencia tricéfala y está claro que eso mejorará el servicio. Tendremos la facultad de crear aquellos
juzgados y tribunales que sean necesarios para estar más
próximos al ciudadano. Refuerza las funciones del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que no sustituye
al Tribunal Supremo; lo descarga y lo hace más eficaz,
pues será la última instancia judicial, cualquiera que sea
el derecho invocable, y hace que el órgano de gobierno
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
El señor PRESIDENTE: Votos de los miembros de
la delegación del Parlamento de Cataluña.
que cuando un aranés acuda a la Administración de
Justicia en el Vall d´Aran su máxima ambición sea exigir
al juez que hable aranés. Su máxima ambición será que
haga justicia y que el juez, el magistrado y el fiscal sean
perfectos conocedores de la Administración de Justicia,
de las leyes y de la legislación que ha de aplicar al caso
concreto para obtener justicia y una buena sentencia.
(Aplausos.—Varios señores diputados: ¡Muy bien!—
Rumores.)
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, cuatro; en contra, 35.
El señor PRESIDENTE: Queda rechazada.
Votamos los votos particulares al artículo 98.2 y 104.2
del Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana. (El
señor Ridao i Martín pide la palabra.)
Señor Ridao.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
Masllorens.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO
DE CATALUÑA (Masllorens i Escubós): Intervendré
brevísimamente. Hay una frase del señor Astarloa que,
en cierto modo, resume la posición. Comprendo que es
un lapsus y todos los tenemos —por supuesto, yo el
primero—, pero el señor Astarloa ha dicho literalmente
en su réplica: como ustedes lo decíamos antes. Creo que
es una expresión clara de hasta qué punto llega el autismo
proverbial del Partido Popular. En psicología se sabe que
el lapsus línguae es una muestra de lo que está pensando
el subconsciente. Este es el verdadero problema del Partido Popular en esta sala. También ha dicho en un par de
ocasiones: Somos conscientes de los fallos del sistema,
pero al mismo tiempo innovar no es modificar. Es decir,
el sistema tiene fallos, pero al final es mejor un mal sistema centralizado que un buen sistema desconcentrado.
Ese es el verdadero problema.
Acabo, señor presidente. Yo sí he tenido problemas
en algún juicio por expresarme en una de las dos lenguas.
De todos modos, creo que no hay que buscar más problemas que los que hay. Había un cartel proverbial de
Nuevas Generaciones —ya es el colmo que yo lo cite
como especialmente ejemplar—, en el que había dos
jóvenes, uno de cada sexo, unidos por el órgano del
habla, cuyo eslogan decía: Con dos lenguas se vive
mejor. (Rumores.) Efectivamente, señor Montanya,
señores del Grupo Popular, en Cataluña se vive muy bien
con dos lenguas, pero hay que poder utilizar las dos
indistintamente.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Quiero
hacer una precisión. Se trata de los artículos 98.2.d
y 104.2.f.
El señor PRESIDENTE: Bien, queda claro.
Votos de los miembros de la Comisión Constitucional.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, dos; en contra, 36.
El señor PRESIDENTE: Votos de los miembros de
la delegación del Parlamento de Cataluña.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, siete; en contra, 32.
El señor PRESIDENTE: Quedan rechazados los
votos particulares.
Votamos ahora la enmienda transaccional que, como
he dicho, se refiere a tres artículos. En primer lugar, en
lo referido al artículo 101.2, se trata de la supresión de
una palabra, y es una enmienda técnica porque en el
artículo se han incluido fiscales donde debe decir solo
jueces y magistrados. Votos de los miembros de la Comisión Constitucional.
El señor PRESIDENTE: Señor Masllorens, está
usted un poco excitante en la sesión. (Risas.)
Hemos terminado los turnos de réplica y vamos a
proceder a las votaciones. Como saben ustedes, votaremos una enmienda, la 69 del Grupo Parlamentario
Popular; dos votos particulares referidos a los artículos 98.2 y 104.2, del Grupo Parlamentario de Esquerra
Republicana, y una enmienda transaccional que afecta
a tres artículos: los 101.2, 102 y 107.2.
Votamos la enmienda número 69 del Grupo Parlamentario Popular. Votos de los miembros de la Comisión
Constitucional.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 21; en contra, 17.
El señor PRESIDENTE: Votos de los miembros de
la delegación del Parlamento de Cataluña.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 28; en contra, 11.
El señor PRESIDENTE: Queda aprobada.
Enmienda transaccional que, en realidad, es la
enmienda que ya se había presentado con anterioridad
por el Grupo Socialista, habiendo identidad de texto, al
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 15; en contra, 23.
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
El señor PRESIDENTE: Votos de los miembros de
la delegación del Parlamento de Cataluña.
artículo 102 en cuanto a la rúbrica. Se trata de que no
figure requisito y se hable del resto del personal al servicio de la Administración de Justicia en Cataluña. Votos
de los miembros de la Comisión Constitucional.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 28; en contra, 11.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 21; en contra, 17.
El señor PRESIDENTE: Quedan aprobados.
Votamos el resto de los artículos que comprenden
del 95 al 109, excepto los que acabamos de votar.
Votos de los miembros de la Comisión Constitucional.
El señor PRESIDENTE: Votos de los miembros de
la delegación del Parlamento de Cataluña.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 28; en contra, 11.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 23; en contra, 15.
El señor PRESIDENTE: Queda aprobada la
enmienda transaccional.
Votamos la enmienda transaccional al artículo 107.2.
Votos de los miembros de la Comisión Constitucional.
El señor PRESIDENTE: Votos de los miembros de
la delegación del Parlamento de Cataluña.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 35; en contra, cuatro.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 21; en contra, 17.
El señor PRESIDENTE: Quedan aprobados.
Con esto hemos terminado la deliberación y votación
del título III del proyecto.
Volveremos esta tarde en la que, como ya les anuncié
el viernes pasado, dedicaremos primero un turno de
deliberación sobre los artículos que hacen referencia a
la tipología de las competencias, es decir, solo del artículo 110 al artículo 115. Cuando este debate termine, si
terminamos a una hora prudente, comenzaremos los
artículos que siguen de competencia. En todo caso, como
es bastante improbable que podamos terminar el segundo
debate, esta tarde no procederemos a votar aunque se
terminara el título, que se votará el miércoles a partir de
la una y media. Esta tarde volvemos a reunirnos a las
cuatro y media.
Se suspende la sesión.
El señor PRESIDENTE: Votos de los miembros de
la delegación del Parlamento de Cataluña.
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 28; en contra, 11.
El señor PRESIDENTE: Queda aprobada.
Pasamos ahora a la votación de los artículos, desde
el 95 al 109, que componente el título III, del Poder
Judicial, del proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía. ¿Hay alguna petición de votación por separado?
(El señor Ridao i Martín pide la palabra.)
Señor Ridao.
Eran las dos y veinticinco minutos de la tarde.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Sí,
pedimos que se voten por separado los artículos 98.2.d
y 104.2.f, así como el 101.2, la rúbrica del 102 y
el 107.2.
Se reanuda la sesión a las cuatro y treinta y cinco
minutos de la tarde.
El señor PRESIDENTE: Entiendo que se pueden
votar todos en una sola votación.
Votamos la letra d del párrafo 2 del artículo 98, la letra
f del párrafo 2 del artículo 104, el párrafo 2 del artículo 101, la rúbrica del artículo 102 y el párrafo 2 del
artículo 107. Votos de los miembros de la Comisión
Constitucional.
El señor PRESIDENTE: Señoras y señores diputados, vamos a reanudar la sesión. (Rumores.) Guarden
silencio, por favor, para que podamos entendernos.
Como saben ustedes, vamos a empezar esta tarde con
la deliberación del título IV correspondiente a las competencias. De este título vamos a hacer un debate separado de los primeros artículos que hacen referencia a la
tipología de las competencias. Como bien saben, eso
ocupa desde el artículo 110 al artículo 115. Son pocos
artículos, aunque tienen importancia por la configuración
Efectuada la votación, dio el siguiente resultado:
votos a favor, 21; en contra, 17.
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
general que hacen de todas las competencias; pero, como
son pocos artículos, espero que las señoras y señores
intervinientes tengan en cuenta el tiempo que dedican
en sus intervenciones.
A estos artículos hay una enmienda del Grupo Parlamentario Popular, que es la número 70 y dos votos
particulares de Esquerra Republicana de Catalunya, los
que se refieren al párrafo 1 del artículo 114 y al párrafo 2
del artículo 115. Para la defensa de su enmienda
número 70, tiene la palabra el señor Trillo.
debe hacer pensar, porque éste es también —y lo saben
perfectamente todos los comisionados y de manera particular, si me lo permiten, los ponentes— políticamente
el más complejo, ¿por qué? Porque es el que trata de la
sustancia misma de nuestra función política, porque es
el que trata, ni más ni menos, que del reparto del poder.
Es decir, señorías, para que nos entienda la opinión
pública, que a través de los medios puede estar siguiéndonos si es que ya a estas alturas soportan el debate, cosa
que desearía vivamente, en términos de román paladino,
aquí lo que se decide es saber quién manda. Vamos a
saber quién manda y, claro, en tantos artículos —ahora
diremos cuántos— ha habido no pocos forcejeos y un
título que quizás esté tan enmarañado que exija una
deconstrucción previa, que es en lo que se quiere centrar
mi intervención, no en hacer tanto el examen a fondo de
la tipología, que lo hará la señora Sáenz de Santamaría,
cuanto en hacer la deconstrucción y las líneas que nosotros vemos que son los trazos principales de este largo y
prolijo título.
La Constitución española, volviendo hacia el origen,
no cogió —y es sabido— un listado clásico de las competencias de un Estado federal, es decir, el de las competencias exclusivas del Estado federal, el de las competencias exclusivas del Estado miembro y el de las
competencias compartidas. No, quizá por ese consenso,
ese híbrido, entre el federalismo del Partido Socialista,
el nacionalismo de muchos de ustedes y la descentralización como técnica de quien les habla en nombre del
Grupo Parlamentario Popular, entonces UCD y también
Alianza Popular, en la parte que votó sí a la Constitución,
en la que votó sí, pues por ese tótum revolútum estableció el principio de gradualidad en el acceso —es
sobradamente conocido— y carácter dispositivo en las
competencias, lo cual llevó a que los estatutos de primera
generación —desde luego de manera señera el Estatuto
catalán de 1979, así como el vasco— hicieran uso de ese
primer grado de acceso a la autonomía y también de ese
principio dispositivo de manera que las competencias
que dejaba para elección a la carta el 149, de cuya confección nos podría decir mucho el presidente de la
Comisión, el Estatuto catalán cogiera cuantas le pareció
oportuno y, aun siendo las competencias exclusivas del
Estado, las asumiera con la cláusula: sin perjuicio de las
competencias del Estado en el artículo 149. Señorías,
señor presidente —como usted recordará—, el artículo 149 tiene 32 materias competenciales y distintos
títulos competenciales y el artículo 9 del Estatuto
de 1979 tiene, solamente en competencias exclusivas, 34
competencias exclusivas de la Generalitat, de las cuales
al menos nueve —aunque son más— tienen que introducir la cláusula: sin perjuicio de lo establecido en el
artículo 149 de la Constitución. ¿Adónde voy a parar?
Voy a parar a lo que nos ha traído hasta aquí, a que desde
entonces, desde 1979 hasta acá, en el momento de la
redacción del Estatuto, convendrán conmigo en que
—parodiando lo que decía Ihering de la lucha por el
derecho—, en la construcción del Estado de las autono-
El señor TRILLO-FIGUEROA MARTÍNEZCONDE: Señorías, antes de entrar en la defensa de
nuestra enmienda de totalidad al título IV, que ahora
iniciamos —el más complejo, como ahora veremos y,
desde luego, el más extenso del proyecto de Estatuto—,
querría, señor presidente, tomar motivo de algunas alusiones iniciales a lo que fue el trabajo de ponencia
—alusiones que quiero agradecer por cuanto fueron tan
amables como el clima que reinó en la ponencia respecto
de quienes lo somos por el Grupo Popular, la señora
Sáenz de Santamaría y yo mismo y en el Parlamento de
Cataluña el señor Piqué—, no solo para devolver aquellos halagos, sino también para decirles que debiéramos
recuperar ese clima y ese tono. Nosotros hemos enmendado la totalidad del Estatuto, por los dos ejes, la Constitución y el Estatuto de 1979, pero hay, señorías, algo
que no nos gustaría enmendar y que desearíamos que
todos pudiéramos apoyar por unanimidad y es el respeto
para todas las opiniones y nuestro aprecio, al menos, por
todas las personas que las defienden. Esta mañana, como
muestra de ello, un destacado dirigente nacionalista me
ha traído, porque habíamos comentado en los entreactos
de la ponencia algunas de las debilidades literarias de
cada uno de nosotros, una versión de todos los sonetos
de Shakespeare en catalán y veía ahora con la señora
Sáenz de Santamaría uno que dice —perdonen mi
pésimo catalán, solo es una aproximación al tema—: (Da
lectura en catalán.) Eso es lo que nos puede pasar, que
a lo mejor el exceso de ira en la defensa de nuestras
posiciones termine minorando la razonabilidad de nuestros argumentos.
En consecuencia y tratando de recuperar ese espíritu,
entro ya en el análisis esta tarde de ese capítulo preliminar o I, tipología de las competencias, en el que me
completará, como habituábamos en ponencia, la señora
Sáenz de Santamaría. Decía el señor presidente que es
el más extenso y el más complejo. Algunos consideran
que es técnicamente el más complejo, y es cierto, pero
esa afirmación puede llevar a una devaluación del contenido amplísimo e importantísimo de este título. Hay
quien piensa —no sé si puede escucharme— que este es
un capítulo y un título de funcionarios, en el sentido peor
del término —yo lo soy, la señora Sáenz de Santamaría
lo es y el señor Fernández, también, así como muchos
de ustedes— porque parece que eso de ser de funcionarios es algo que tenga que ver poco con la política, que
sea una discusión entre técnicos, y eso es algo que nos
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Congreso
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mías, hemos tenido una lucha por las competencias. La
lucha por las competencias ha sido la historia del desarrollo autonómico de estos años. La lucha por los traspasos, claro, estamos hablando del poder: los funcionarios, las sedes, la financiación. Lo que decía el clásico,
y también quién firma, el papel; lo que Felipe II vio tan
claro —perdón por la cita de los Austrias— papel sobre
papel: quién manda, vamos a saber quién manda. (Risas.)
Naturalmente al final tuvo que intervenir el Tribunal
Constitucional. Les quiero decir una cosa, señorías, en
esto no nos caben prejuicios al Partido Popular; es lo
normal. Los Estados Unidos de Norteamérica —lo recordábamos en ponencia—, como federación, han tardado
en configurarse 200 años y sigue siendo decisiva la
jurisprudencia del Tribunal Supremo, en su veste de
Tribunal Constitucional, y lo fue desde el primer
momento, incluso de una manera más polémica en los
primeros momentos, para determinar de quién era la
propia competencia del Tribunal Supremo, cuál era la
competencia sobre la banca, sobre el comercio interior,
sobre el comercio exterior, sobre la legislación de guerra,
etcétera, y, en los años sesenta, sobre la discriminación
racial. Fue el tribunal el que arbitró cuál era la competencia de la federación y la de los Estados miembros.
Aquí ha ocurrido igual. Aquí ha sido el tribunal el que
nos ha dicho que las competencias exclusivas no se
agotan en la atribución que puedan hacer ni el Estatuto
de Cataluña o el vasco ni la Constitución española. Ha
sido el Tribunal Constitucional el que nos ha dicho que
las competencias compartidas tienen un punto de referencia en lo que se entiende por normas básicas. No
quiero ni decirles a qué se refiere: a las referencias que
a su vez en el artículo 149 se hacen a las bases de la
ordenación del crédito y de la banca; a las bases de la
planificación general de la actividad económica; a la
legislación básica del régimen económico de la Seguridad Social; a las bases del régimen jurídico de las
administraciones públicas; a la legislación básica del
medio ambiente; a las bases del régimen minero y energético; a las normas básicas del régimen de prensa, radio
y televisión, etcétera; y estableció un concepto de bases,
un concepto formal y un concepto material, como
veremos más adelante. También nos dijo que se elaborasen cláusulas generales de ordenación de la economía
y que se elaborasen cláusulas de cooperación, dentro de
la línea del federalismo cooperativo, sobre todo, del tipo
alemán solidario o del neofederalismo de Estados
Unidos, que son las cláusulas de coordinación, de conjunción, de ordenación, etcétera. Si ya lo teníamos
hecho. Ese camino ya lo habíamos recorrido. Es verdad
que la mayoría del Parlamento de Cataluña, no el Grupo
Parlamentario Popular, pero sí la mayoría —así se puso
de manifiesto en ponencia—, consideró que no había
sido suficiente. Es más, con una sinceridad de la que me
felicito, porque fue la que presidió los trabajos de
ponencia, se reconoció que este Estatuto, el que ahora
debatimos, se ha redactado sobre el principio de desconfianza. Porque ha sido tal la conflictividad, que había
una desconfianza, justificada o no, sobre la pretensión
que ustedes, representantes dignísimos del Parlamento
de Cataluña, entienden como invasora de las competencias que consideran que deben corresponder a la Generalitat. En ese momento llegamos a la redacción, por el
Parlamento de Cataluña, de este capítulo de tipología de
las competencias con el que ahora nos enfrentamos o
encaramos, porque no nos enfrentamos a nada.
¿Qué han hecho? Han hecho lo que llamaría —perdón,
porque ya empieza la pólvora gruesa— un triple blindaje
de competencias. Me explico. Probablemente estarán de
acuerdo en que esto, quitándole la resonancia del titular,
tiene bastante razón expresiva de lo que ustedes han
trabajado. En primer lugar, han querido hacer un blindaje
de las competencias materiales con carácter exhaustivo.
Han repasado la totalidad de las posibles competencias,
de las materias de la competencia, de forma que enumeran hasta 60 materias distintas en el proyecto de
Estatuto, concretamente 57, y si las subdividimos mucho
más de 60 materias, para decir que son de la Generalitat.
En ponencia decíamos que lo han hecho como si alguien
se hubiera metido en una vieja mina, como es el Estado,
y hubiera ido por todas las galerías con una linterna hasta
agotar el último rincón, hasta descubrir que quedaba una
oficina de Salvamento Marítimo en Palamós, pues esta
también es para la Generalitat. (Risas.) Ha sido absolutamente exhaustivo el trabajo e incluso se han permitido
el lujo, que se agradece, de ordenarlas alfabéticamente.
Primera disección competencial.
Segunda, los títulos competenciales. Han dicho: formalmente el Estatuto es una ley orgánica y, por tanto, a
través de él modificamos las leyes orgánicas del Estado,
de manera que nos permitan tener en el Estatuto competencias propias que estaban absorbidas, si quieren lo digo
en sus propios términos, que se las había irrogado el
Estado. Es más, como quiera que también es ley orgánica, podemos darle el valor del artículo 150.2 de la
Constitución y, por tanto, asumimos aquellas que se
delegaron —entre otras, por el Gobierno del Partido
Popular— sobre el tráfico o aquellas que se podrían
delegar y las han asumido directamente. Luego han
dicho: además de las competencias exclusivas, de las
competencias compartidas, de las competencias ejecutivas, que son títulos habilitantes clásicos, vamos a ver
una más y han sido las competencias por participación,
que son extraordinarias, de las que luego dará cuenta en
un catálogo que hemos querido elaborar la señora Sáenz
de Santamaría.
A esos dos criterios, material y formal, ha habido un
blindaje adicional que es el de los criterios interpretativos
propios, que son los que estamos viendo cabalmente en
los artículos 110 y siguientes. Ustedes mismos han
interpretado lo que son competencias exclusivas, lo que
son competencias compartidas y lo que son competencias ejecutivas. Señorías, aquí es donde empieza, no ya
la deconstrucción, sino la oposición por nuestra parte.
Sencillamente esto no se puede hacer. El Parlamento de
Cataluña no puede, ni siquiera en función estatuyente,
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Congreso
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hacer esto. Les digo más, es que tampoco podría hacerlo
el Congreso de los Diputados ni el Congreso más el
Senado ni las Cortes Generales, que el señor Mas
siempre llama españolas. No, no podrían hacerlo, porque
el Tribunal Constitucional, con motivo de una sentencia
paradigmática, la de la Loapa, de 5 de agosto de 1983,
que luego da lugar a una doctrina consolidada, dijo que
el legislador estatal no puede incidir directamente en la
delimitación de competencias mediante la interpretación
de los criterios que sirven de base en la misma. No puede
convertirse —añadió— en el intérprete supremo y único
de la norma constitucional, porque sería contrario a toda
lógica constitucional y democrática. No puede dictar
normas interpretativas con el exclusivo objeto de precisar
el único sentido, de entre los diversos posibles, que deba
atribuirse a un determinado concepto de un precepto
constitucional, dado que al reducir las diferentes posibilidades o alternativas del texto a una sola, completa de
hecho la labor del poder constituyente. Se sitúa funcionalmente en su mismo plano, cruzando —al hacerlo— la
línea divisoria entre el poder constituyente y los poderes
constituidos. Si esto no lo puede hacer el legislador
estatal, señorías, tampoco lo puede hacer el legislador
estatuyente. No lo puede hacer. Además conviene
recordar, con carácter general, que en materia de competencias no existe una reserva absoluta a favor de los
estatutos, porque también las leyes estatales —las orgánicas y las ordinarias— inciden en el sistema de delimitación competencial. Los estatutos, señor presidente,
completan el marco constitucional establecido. Son los
que tienen que determinar, con respeto a los principios
constitucionales, cuáles son las competencias expresamente asumidas. Nadie se lo discute, pero eso no puede
implicar que los preceptos constitucionales no sean los
únicos en delimitar los criterios de distribución. Si quien
asume esa delimitación es el propio estatuyente, está
usurpando el poder constituyente, está usurpando el
Poder Legislativo de todo el Estado y está estableciendo
criterios de interpretación para el Tribunal Constitucional
en el futuro, que no tiene por qué estar vinculado a esas
interpretaciones. Por tanto, señorías, señores parlamentarios de Cataluña, con estos artículos han querido
constituirse en intérpretes supremos de la Constitución,
en poder constituyente, en filtro para el Tribunal Constitucional y, además, hacer por esta vía un título atributivo genérico de competencias exclusivas compartidas y
ejecutivas. Por eso no compartimos en modo alguno, ni
con base ni sin ella, este capítulo I del título IV.
Indicaré brevemente lo que ha pasado después. Es
como si alguien hubiera cogido —antes hablábamos de
la linterna del minero— al trasluz las competencias, las
sentencias, los autos y la jurisprudencia del Tribunal
Constitucional y hubiera visto qué hueco quedaba o
cómo se les podía dar la vuelta. Es una labor de ingeniería constitucional tan extraordinaria que merecería,
si alguien lo hubiera hecho, presidir el Consejo de
Garantías Estatutarias. (Risas.) ¡Qué prodigio de examen
de la jurisprudencia constitucional! Hay que reconocer
que ha sido como si en el laboratorio de un fotógrafo se
hubiera visto el negativo de las sentencias y de los autos,
eso sí, señorías —esto es lo que nos preocupa—, como
les dijimos en ponencia, para volver a empezar. De ahí
que al portavoz del Grupo Vasco no le gustaran nuestras
citas a las sentencias del Tribunal Constitucional, que
hoy he procurado reducir al máximo. El Tribunal Constitucional marca un camino interpretativo de la Constitución, pero es que es al que le corresponde. Nosotros
no discutimos eso. Esa es la dialéctica propia de un
Estado descentralizado, la que ha construido los grandes
Estados federales, la que ha llevado a la reforma que
están iniciando en el Bundestag y en el Bundesrat en
Alemania. El tribunal es el que delimitado las competencias exclusivas, las compartidas, las ejecutivas, las de
cooperación y las de coordinación, pero no el estatuyente, señorías; no puede hacerlo. Es ponerse en función
de lo que no le corresponde, de constituyente, de legislativo, de Tribunal Constitucional.
¿Qué ha hecho el Partido Socialista? En ponencia ha
aplicado el famoso maquillaje del que tanto se ha
hablado estos días. Recordarán los ponentes que hablábamos de un maquillaje por yuxtaposición, de un maquillaje por sinonimia y de un maquillaje de ornato, y el
señor Ridao, preciso como siempre, ha hablado del
maquillaje por eufemismo. Pues es verdad. (Risas.) El
famoso pacto entre el líder de la oposición en el Parlamento de Cataluña, el señor Mas, y el presidente del
Gobierno, que hemos sido molturando en la ponencia a
lo largo de las distintas jornadas, en muchos casos es una
yuxtaposición: donde se hablaba de competencia exclusiva de la Generalitat ahora se dice sin perjuicio de lo
establecido en el 149 de la Constitución; donde se decía
que el catalán sería requisito sine qua non para poder
acceder a una plaza de juez, magistrado o fiscal en ese
Poder Judicial al que se refería el señor Astarloa esta
mañana ahora se dice que es condición determinante
—utilización del diccionario de sinónimos—; donde se
decía que el criterio de la Generalitat sería el absolutamente decisorio ahora se dice que es determinante, sin
que sepamos, señor presidente, qué es determinante, si
es preceptivo y vinculante o no vinculante o si es determinante pero con motivación del acto, pues ya no es
determinante lo determinante. En fin, hay una serie de
eufemismos que han maquillado las distintas quiebras,
dudas o manifiestas inconstitucionalidades que traía el
Estatuto. Les anuncio, señorías, como hice en ponencia
—lo tengo que decir ahora públicamente— que eso serán
más pleitos y que, lo lleve o no lo lleve en todo o en parte
al Tribunal Constitucional el Grupo Popular, el Defensor
del Pueblo o cuantos han anunciado que van a llevar este
Estatuto, lo tendrán que llevar ustedes, señorías, ustedes
y el Estado. Volveremos a desandar lo andado; tendremos
que ir de nuevo a que nos aclaren si la competencia es
exclusiva de la Generalitat o exclusiva del Estado, porque
lo han hecho a costa de que sea un Estatuto francamente
ininteligible. ¡Fíjense qué expectación tenemos esta
tarde! Y no es porque llevemos ya cuatro días de
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
sesiones. (Rumores.) Digo de presencia; digo expectación de espectadores, no de protagonistas; faltaría más;
los protagonistas aquí, como exige el deber; ¡faltaría
más! Es un Estatuto muy tecnocrático. De las buenas
cosas que tiene Cataluña, está la de esta colección que
me trasmitió mi padre —ustedes dirían que sería un
señor fascista; pobrecito, que en paz descanse— y que
me enseñó las bases de la democracia: Problemas ideológicos del siglo XX, de Jean Meynaud; Cartagena 1965.
Tecnocracia y política. Aquella colección, que dirigiera
el entonces profesor Jiménez de Parga, a muchos nos
enseñó a leer sobre la democracia, los derechos fundamentales y las perversiones. La tecnocracia es una perversión de la democracia. Han hecho, aunque todos
somos responsables, un Estatuto tecnocrático, un título
de competencias incomprensible. ¿Saben lo que eso
significa? Que es un Estatuto con un poder —es de lo
que se trata— menos controlable, y eso no es bueno —lo
decimos en el Parlamento y se lo digo al Parlamento de
Cataluña—; más tecnocrático; menos controlable por el
Parlamento; más lejano al ciudadano. No deja de ser una
paradoja que una técnica que es para todos —federelistas
o no; nacionalistas o no; tecnocráticas de la descentralización o no—, una técnica de aproximación del poder
al ciudadano, revierta en distancia para el ciudadano. No
me podrán discutir que este Estatuto se distancia del
ciudadano de Cataluña y del resto de la ciudadanía española —ahí están las encuestas; el interés es descriptible— y que, además, es ineficaz. Señorías, a base de
poner competencias secantes, yuxtapuestas y tangenciales hacemos un poder menos eficaz, más conflictivo
y menos coordinado, y quienes tengan la responsabilidad
de dirigir el poder en la Generalitat lo verán en breve,
cuando esté aprobado. Hemos hecho un Estatuto más
intervencionista —no voy a agotar este esquema— y el
señor Piqué, el señor Vendrell o a quien le corresponda
de nuestros compañeros del Parlamento de Cataluña lo
verán a la hora de realizar…
—derecho fundamental—, el derecho civil —por fin—,
los modos de determinación de la personalidad, las personas jurídicas, la prescripción, etcétera; los medios de
comunicación, la grabación de datos personales. Todo
eso constituye un bloque, señorías, que es exactamente
el bloque de la sociedad. No es el bloque de los leguleyos
ni el de los abogados ni el de los juristas ni el de los
funcionarios. Que no se equivoque nadie. Es el bloque
de la sociedad, de una sociedad que ustedes consideran
que debe ser una nación en sus manos y que es justamente a lo que nosotros nos oponemos. (Aplausos.)
La señora SÁENZ DE SANTAMARÍA ANTÓN:
Procuraré ser breve y hablar despacio para no consumir
mucho tiempo, a pesar de que me cueste.
Me voy a referir muy brevemente a la tipología,
porque el resto de los temas ya los ha abordado mi compañero de ponencia y de Comisión. Me gustaría destacar
tres cuestiones esenciales. En primer lugar, como decía
el señor Trillo, no hay ningún argumento para que un
Estatuto pueda definir e interpretar qué se entiende por
competencias exclusivas, compartidas y ejecutivas.
Además, la interpretación que aquí hacen es excesiva y
no es acorde con el reparto constitucional, es decir, no
debe contenerse, pero si se contiene, la definición
debería ser por lo menos la jurídicamente correcta.
Ustedes interpretan como competencias exclusivas la
potestad de forma íntegra, la potestad legislativa y la
potestad reglamentaria de la función ejecutiva, solo la
Generalitat tiene potestades y solo a ella le corresponde
establecer políticas. Quisiera decirles dos cosas. Me
gustaba más la redacción originaria del Estatuto. Creo
que aquí lo hemos empeorado. Antes por lo menos se
respetaba el derecho del Estado a fijar las condiciones
básicas del artículo 149.1.1, que aquí se ha caído, pero
que estuvo algún tiempo en la redacción. En segundo
lugar, si este Estatuto se aprueba de esta manera, me
gustaría que al Estado se le aplicara también esta definición de las competencias exclusivas, porque da la
casualidad de que cuando las competencias del Estado
son exclusivas, este Estatuto establece una coparticipación, codecisión e informe previo. ¿No habíamos quedado en que en las competencias exclusivas correspondían únicamente al titular las potestades y el ejercicio de
la definición de políticas públicas? Pues vayamos aplicándonos el cuento, porque si esto se aplica a la Generalitat, el mismo derecho tienen el Estado y los ciudadanos del conjunto del Estado a que se les aplique. En
tercer lugar, definen ustedes las competencias compartidas como aquellas en las que al Estado le corresponde
únicamente fijar las bases. Aquí, perdónenme, ustedes
se han tratado de ceñir a los términos matemáticos y se
han confundido un poco. Cuando se habla de bases se
dice: como principios o mínimo común normativo. Ni
mínimo común normativo ni máximo común múltiplo,
lo que ha dicho el Tribunal Constitucional ha sido común
normativo necesario para asegurar la unidad fundamental
El señor PRESIDENTE: Se le ha terminado el
tiempo, señor Trillo-Figueroa.
El señor TRILLO-FIGUEROA MARTÍNEZCONDE: Estoy terminando ya, señor presidente.
Hemos hecho un Estatuto con más control social, que
no es aquello a lo que suelen referirse los representantes
del Partido Popular en Cataluña, sino a lo que espero que
tengamos ocasión de referirnos en la tarde del día del
miércoles cuando analicemos algunas de las competencias que de aquí se derivan. El secretario general del
Partido Popular les hablaba de la intervención sobre
derechos fundamentales, y yo les anuncio —lo he hecho
con alguno de ustedes en privado— que analizaré con
detenimiento esa parcela en la que se funden el derecho
de asociación —derecho fundamental—, el derecho de
fundación —derecho fundamental—, el derecho de
colegiación y ejercicio de profesiones tituladas
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prevista en el bloque de la constitucionalidad, marco
normativo aplicable a todo el territorio nacional con el
fin de asegurar los intereses generales y dotar de estabilidad. Aquí —lo decía mi compañero— se ha hablado
mucho de desconfianza hacia el Estado, de si ha habido
invasiones competenciales y si hay que evitarlas pro
futuro. No me extraña oírlo de los partidos nacionalistas,
pero me preocupa oírlo del Partido Socialista porque es
el que en este momento asume el Gobierno del Estado
y está desconfiando de su propia medida para dictar
legislación básica y está desconfiando de estas Cortes
Generales para que, interpretando correctamente la
Constitución, definan esa legislación básica.
Me gustaría, si es posible a estas horas de la tarde,
que cambiaran la perspectiva. Hemos hablado de invasión de competencias, es decir, de invasión de poder,
como decía mi compañero. Lo estamos viendo desde la
óptica de las administraciones públicas o desde la óptica
de los tecnócratas que ejercitan ese poder, pero me
gustaría que esto se viera desde la perspectiva del ciudadano y se observara si al ciudadano le interesa que la
legislación básica sea el mínimo común normativo o, a
ser posible, que no sea ni mínimo, ni común, ni normativo. Lo digo porque la legislación básica y la posibilidad de que el Estado pueda tener algo que decir en las
competencias exclusivas tratan de garantizar, en primer
lugar, que todos los españoles sean iguales en el ejercicio de sus derechos y deberes; en segundo lugar, que
exista una unidad de mercado; en tercer lugar, como
consecuencia de ello, que todos puedan circular libremente por el territorio nacional y, en último lugar, que
no haya privilegios ni distinciones. Me gustaría que les
explicaran a los ciudadanos las ventajas que tiene para
ellos esta demolición de la legislación básica del Estado.
Me gustaría que se lo explicaran, por ejemplo, al consumidor internauta que, a partir de la entrada en vigor
de este Estatuto —artículo 121— tiene que saberse las
normas de ordenación del comercio electrónico en el
territorio de Cataluña. No es que ustedes quieran poner
puertas al campo, es que quieren poner puertas al ciberespacio. Explíquenselo. Expliquen al consumidor tanto
catalán como del resto de España que accidentalmente
realiza una compra en Cataluña que va a tener una normativa distinta simplemente por el hecho de comprar
en Cataluña. Expliquen al abogado, al médico, al arquitecto, al veterinario de cualquier lugar de España,
cuando quieran ejercer o quieran llevar un determinado
pleito puntual en Cataluña, que sus condiciones de trabajo o de acceso a la profesión, que su colegiación, su
adscripción o su régimen disciplinario es distinto y que
van a tener que saberse y respetar el de la Comunidad
Autónoma de Cataluña. Explíquenselo también a los
funcionarios. Esta mañana oía, no sin cierto sonrojo,
que para garantizar el acceso de los administrados a la
justicia es necesario que todo el personal de la sala en
el momento del juicio conozca la lengua catalana. Permítanme que discrepe, pero creo que hay muchas
maneras de llegar a la misma solución, porque esto sería
tanto como decir que a un extranjero en nuestro país que
no conozca una lengua oficial o cooficial se le va a
generar indefensión. Lo digo porque lo que van a provocar con esta norma es, entre otras cuestiones, lo
siguiente: tanto sea requisito como mero determinante,
no accederá a la Función pública de Cataluña, a la
magistratura de Cataluña, al notariado de Cataluña o a
los registros públicos de Cataluña aquel funcionario que
tenga el mejor currículum sino aquel que tenga el mejor
catalán. Piénsenlo, porque yo soy de la opinión de que
el personal humano de las comunidades autónomas y
del Estado es su mejor cualidad. Cuánto mejores funcionarios tengan —que ya irán aprendiendo el catalán—,
mayor categoría tendrá su justicia y mejor funcionará
su Administración. Esto ni beneficia al funcionario
—siento que por la parte que me toca a veces lo defienda
demasiado— ni al administrado, que no tiene la garantía
de que le atienda y le juzgue el que mejor conozca las
leyes, sino el que mejor conozca el idioma. Podría poner
muchísimos ejemplos. Cuéntenle al inventor, que verdaderamente hace falta en este país, que para inscribir
su patente tendrá un registro de la propiedad industrial
diferente, cuéntenselo sobre todo cuando en el ámbito
de la Unión Europea o en el ámbito mundial se busca
precisamente proteger las patentes en un espacio más
amplio como garantía de que el inventor puede vivir de
los ingresos de su patente. O cuéntenles un artículo
delicioso: servicios de comunicación audiovisual, 146.1.b). Aquí simplemente se está diciendo que
todos los servicios de comunicación audiovisual que se
distribuyan en Cataluña serán regulados por la Generalitat, es decir, que para cualquier empresa de televisión
la regulación del pay per view de la misma película que
distribuye en el resto de España puede ser diferente en
Cataluña. Lo mismo ocurre con los servicios audiovisuales por el móvil o por Internet. Creo que aquí se han
inventado un nuevo título de atribución de competencias
general y global, que es el territorio. El territorio de la
Generalitat es el espacio para ejecutar todo tipo de
competencias. Las competencias en su territorio son
propias, no podía ser menos, y las pocas que correspondan al Estado necesitarán tener su informe o su
consentimiento. Creo que hay que tener en cuenta lo
que se está haciendo en el resto del mundo y fundamentalmente en el ámbito de la Unión Europea. La existencia de diversas autoridades competentes con distintas
responsabilidades genera costes innecesarios y solapamiento de responsabilidades sin aportar otras ventajas.
Esto no lo dicen estos señores que ahora se supone que
son centralistas, los nuevos centralistas del Partido
Popular, esto lo dicen la mayoría de las directrices de
la Unión Europea cuando tratan de homogeneizar
normas en los servicios económicos.
Tampoco quiero privarme de hablar de las competencias ejecutivas, no solo por lo que diga el artículo 112,
sino fundamentalmente por lo que señalan otros preceptos, como la disposición adicional undécima o el
artículo 71.1. El Estado desaparecerá, según sostiene mi
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gusta que lo digan porque desde el Partido Socialista en
ocasiones se ha dicho que las becas del Ministerio de
Educación y Ciencia se mantendrán. Yo he interpretado
esto con el artículo 114 de este Estatuto. ¿Quién va a
gestionar las becas? Las becas del Ministerio de Educación y Ciencia —que es su única manera casi de subsistir
y las competencias que le quedan— las gestionará, las
repartirá y fijará los requisitos la Generalitat. No solo
eso; no solo las de la Generalitat. La Generalitat de
Catalunya decidirá bilateralmente con el Estado qué
subvenciones son territorializables y cuáles no. Digo yo:
¿Van a dar voz al resto de las comunidades autónomas?
(Un señor diputado: No.) Porque yo pertenezco a otra
y no me gustaría que bilateralmente se decidiera el
dinero que en actividad de fomento llega a mis estudiantes, a mis investigadores, a mis empresarios y en
general a cualquier persona que esté buscando, por
ejemplo, el acceso a una vivienda. (Aplausos.)
partido, en el territorio de Cataluña. Se nos ha dicho de
todo. El señor Mas, aquí sentado, prefiere decir que el
Estado será sustituido por la Generalitat. Son sus palabras textuales. Es cierto. El Estado, la Administración
del Estado como tal, desaparecerá del territorio de Cataluña. (Una señora diputada: Es que somos Estado.)
Efectivamente, se dice: La Administración es Estado. ¿Y
las comunidades autónomas? También lo son. Si en este
Estatuto tenemos tantas interferencias y tantas coparticipaciones, yo me pregunto: Si el Estado quisiera alguna
vez, en ejercicio de esa coordinación, cooperación, colaboración o participación, coordinarse con las competencias exclusivas que tiene la Generalitat, ¿qué diríamos?
Que estamos ante una invasión competencial, que
estamos ante un Estado centralista que acota competencias que tienen las comunidades autónomas y quiere
inmiscuirse en su ejercicio. Creo que aquí hay un doble
rasero y me gustaría volver a hacer una consideración.
El Estado somos todos y la Administración del Estado
la dirige un Gobierno, el de la nación, elegido por las
Cortes Generales, en las que, al menos por esta parte,
diputados que también se sientan en el Parlamento de
Cataluña tienen algo que decir, una opinión que aportar
y un voto. Al Estado se le mira con desconfianza y no
creo que esto sea lo más lógico en un Estado moderno,
pero no me preocupa esa desconfianza, me preocupa el
ciudadano, y creo que con este Estatuto no estamos
mejorando la vida de los ciudadanos ni de Cataluña ni
del resto de España. ¿Me pueden decir ustedes si beneficia la vida de los ciudadanos que cada vez que se
muevan por el territorio nacional tengan que saber cuál
es la normativa aplicable y tengan que saber los requisitos que se les exigen? ¿Ustedes consideran que las
empresas van a considerar el territorio catalán y el territorio español como un lugar idóneo para invertir, cuando
cualquiera que sean sus movimientos, económicos, fiscales o mercantiles, tengan que controlar una legislación
diferente y pagar a una pléyade de abogados? A mí a lo
mejor egoístamente me conviene, pero no creo que esto
sea algo que desaliente la deslocalización.
El señor PRESIDENTE: Para la defensa de sus votos
particulares a los artículos 114.1 y 115.2 tiene la palabra
el señor Ridao.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Señora y
señores diputados, voy a intentar centrarme básicamente
en lo que nos trae hoy a debate y a discusión, que es la
tipología de las competencias, aunque casi no puedo
resistirme a la tentación de contestar a esta auténtica
perdigonada que ha lanzado la señora Sáenz de
Santamaría, básicamente para intentar desballestar y
justificar la auténtica aniquilación del Estado de las
autonomías, porque a usted lo que se ha visto claro es
que le molesta que existan comunidades autónomas y
que tengan competencias y atribuciones propias puesto
que a usted le parece mucho más simple y más racional
que exista el Estado. Evidentemente, para eso deberá
usted empadronarse no en otro municipio ni en otra
comunidad autónoma, a la que usted aludía, sino directamente en otro Estado.
En todo caso, quien ha glosado muy bien el espíritu
que subyace en este título ha sido el señor Trillo, evidentemente claro está que lo ha hecho sensu contrario de lo
que yo voy a decir, ya que ha resumido bastante bien lo
que se proponía con este título. Un título que arranca de
la convicción de que el sistema de distribución de competencias que figura en nuestro ordenamiento jurídico,
básicamente el que figura en el título VIII de la Constitución y su correlativo en el Estatuto de Cataluña, deja
un amplísimo margen de maniobra, sin que necesariamente haya que recurrir, como se hace en algún caso por
ejemplo en la disposición adicional tercera también del
proyecto, a la vía del artículo 150.2 para en este caso
conseguir el traspaso y/o delegación de algunas funciones ejecutivas del Estado, porque evidentemente el
sistema de distribución competencial no está totalmente
cerrado. Este es un planteamiento de entrada técnicojurídico, no es un planteamiento que parte de una razón
El señor PRESIDENTE: Señora Sáenz de Santamaría,
vaya terminando.
La señora SÁENZ DE SANTAMARÍA ANTÓN: Sí,
señor presidente.
Por último, hemos hablado de competencias y también
me gustaría hablar de financiación, aunque no es el tema
que aquí nos ocupa. Me gustaría hacer referencia al
artículo 114 en relación con la actividad de fomento.
Ustedes saben —y lo recogen los Presupuestos Generales del Estado— la cantidad de dinero de financiación
que mueve el Estado todos los años en actividades de
fomento. Solo les pondré un ejemplo: en becas y ayudas
al estudio, 984 millones de euros repartidos entre las
comunidades autónomas. La parte alícuota de la Generalitat con esto será repartida y sus requisitos serán
fijados por la Generalitat, por Cataluña. (Rumores.) Me
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o vocación de oportunidad política simplemente. Si basa
en una constatación palmaria, que usted puede compartir
o no, y una constatación evidente de que a lo largo de
veinticinco años, un cuarto de siglo, de autonomía política se ha hecho una lectura reduccionista de las competencias estaturias; se han ido, por decirlo así, adelgazando y fragmentando los ámbitos materiales de la
competencia hasta convertirlas en puridad en muchos
casos en prácticamente inoperantes, hasta dejarlas en
muchos casos sin relieve político y sin capacidad de
incidencia por lo que se refiere al Gobierno de la Generalitat en la práctica habitual o cotidiana. En la mayoría
de los casos lo que sucede es que, a pesar del acervo
competencial que figura o que está conferido a la Generalitat en el Estatuto del año 1979, el Estado interviene
en un largo listado de políticas, de principios, de reglas
que, como mucho, la Generalitat puede aspirar a concretar o ejecutar, es decir, la exclusividad competencial
que venía en el Estatuto en muchos casos se ha ido evaporando, y con ella también la capacidad y la potestad
para decidir políticas propias o para pactar libremente
con el Estado o con otras comunidades políticas
comunes.
También es verdad —tengo que reconocerlo— que
esta situación lamentable se ha producido con la inestimable ayuda en este caso de la deficiente técnica jurídica
empleada por el Estatuto vigente, que consagra falsas
competencias exclusivas que en la práctica son compartidas, invocando bases estatales, invocando distintos
títulos horizontales a favor del Estado, introduciendo la
cláusula sin perjuicio e incluso introduciendo algunas
categorías competenciales que son totalmente inexistentes como, por ejemplo, la categoría de la competencia
plena en materia de educación, que luego ha debido
interpretar el Tribunal Constitucional y que, por cierto,
no siempre lo ha hecho favorablemente a los intereses
de la autonomía política. Por tanto, quiero decir de
entrada que lo que se ha producido —e intenta corregir
este título de competencias y muy particularmente también el capítulo relativo a la tipología— es una creciente
administrativización de la autonomía política a través de
los distintos títulos horizontales en los que el Estado
entra en el corazón mismo de la competencia de la Generalitat a través del alcance exacerbado en muchos casos
de la legislación básica estatal, a través de una expansión
sin límites también de determinadas reservas a ley orgánica. Por tanto, lo que ha habido —como lo llama alguna
parte de la doctrina— ha sido una auténtica desconstitucionalización del sistema del reparto competencial.
Eso es lo que está en la base, lo que está implícito, lo
que subyace en ese principio de desconfianza —para
utilizar la misma categoría a la que aludía el señor
Trillo— que inspira o que mueve en este caso a este título
de competencias. Por ello, uno de los grandes objetivos
de esta reforma es el de intentar no solo ampliar sino
también mejorar las competencias de la Generalitat y,
por tanto, garantizar estatutariamente el ejercicio de ese
nuevo contenido o acervo competencial. Es lo que extra-
jurídicamente —aunque es una expresión que a mí no
me gusta pero que es bastante descriptiva— se ha venido
llamando blindaje de las competencias, que no quiere
decir nada más que intentar asegurar el ejercicio de las
competencias que figuran en el Estatuto. Por tanto, la
idea central —y esa es la técnica jurídica discutible, pero
en todo caso es la técnica utilizada— ha sido la de sustituir las actuales categorías competenciales del año 1979
en muy pocos artículos, una veintena de artículos, del
Estatuto vigente por nuevas categorías más precisas,
mucho más elaboradas y además con una ordenación no
solo por materia sino por submaterias, por sectores y por
subsectores. Es decir, allí donde el Estatuto vigente en
el año 1979 hablaba de la competencia en comercio
interior, artículo 12.1.5 del Estatuto, hoy lo que dice el
proyecto de Estatuto es que comercio interior quiere
decir horarios comerciales, disciplina de mercado, promoción y defensa de la competencia, modalidades de
venta, etcétera. Por cierto, eso es lo que ha llevado en la
práctica a multitud de conflictos competenciales durante
más de veinte años y, por tanto, esa imprecisión e indefinición en definitiva ha jugado a favor del Estado en
muchos casos. Por ello, antes de entrar en el detalle de
las distintas materias competenciales debíamos establecer una llamada tipología de las competencias, que
no es nada más que una definición de lo que hay que
entender por competencia exclusiva, por competencia
compartida y por competencia ejecutiva.
En cuanto a la competencia exclusiva, el proyecto
adopta una definición que está en el proyecto de la futura
—no sé si futura en todo caso porque no ha visto todavía
la luz— Constitución europea. Es decir, define como
materias que corresponden a la Generalitat determinados
ámbitos. Por tanto, eso confiere no solo la potestad
legislativa, como es lógico, sino también la potestad
reglamentaria y la función ejecutiva. Por lo que se refiere
a la competencia compartida, y por tanto el desarrollo
de las bases estatales a partir de una reserva a la Generalitat de la potestad legislativa, la reglamentaria y la
ejecutiva, lo que hace el proyecto es aprovechar que la
Constitución no tiene ningún concepto definido de bases.
El Tribunal Constitucional optó en su día —y es una
opción muy discutible— por un concepto material
formal de las bases, pero no es la única opción constitucionalmente posible. Por tanto, en su artículo 111 el
proyecto define que dentro de los principios que establece el Estado mediante normas con rango de ley con
carácter general lo básico debe quedar delimitado funcionalmente, por lo que hay unos márgenes a los que
sujetarse no solo el Estado sino también la Generalitat.
Finalmente, la definición de las competencias puramente
de gestión o puramente ejecutivas va de suyo, porque en
todo caso me parece que no ofrecen ninguna aparente
dificultad. Debo admitir, eso sí, que en relación con la
competencia compartida, que acoge una redacción que
en su día propuso nuestro grupo parlamentario, se trata
ciertamente de una fórmula inteligente, suficientemente
elíptica, que define en primer lugar que el Estado deberá
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13 de marzo de 2006.—Núm. 503
legislar con carácter general normas con rango de ley y
además contener básicamente principios, estándares
mínimos u objetivos en esa legislación, lo cual no
empece que haya alguna excepción, es decir, que en
algunas materias concretas —eso sí, perfectamente
tasadas— el Estado pueda legislar en normas que no
tengan precisamente rango de ley o que no sean auténticamente principiales. En cualquier caso, esa redacción
del artículo 111 debería conectarse con algunos artículos
o con materias concretas en las que finalmente, a través
de las enmiendas planteadas por el Grupo Socialista, no
aparece esa excepción material que en todo caso debería
no solo proporcionar criterios hermenéuticos al Gobierno
estatal, sino también al propio Tribunal Constitucional
en su día. Me refiero a excepciones concretas en el
ámbito, por ejemplo, de la energía, del régimen minero,
de la planificación industrial, del medio ambiente, quizá
también, por qué no, en sanidad o en mercado de valores.
En todo caso, ya hablaremos de esa circunstancia cuando
lleguemos a las materias concretas.
También quiero referirme a que en este título, concretamente en el capítulo II, relativo a las materias, a partir
de básicamente unas sesenta materias muy concretas el
proyecto distingue entre las submaterias correspondientes y especifica la naturaleza de la competencia en
cada caso. Por tanto, hace un diseño de un esquema que
muchos han criticado —hoy lo ha hecho también el señor
Trillo— quizá por excesivamente rígido o petrificador
—creo que ha dicho tecnocrático—, aunque no es ininteligible, ya que no hay que ser precisamente un Einstein
para entender lo que dice el proyecto. Quizá sea complejo y excesivamente tecnocrático, pero les aseguro que
la opción que hizo el estatuyente en el año 1979 fue la
contraria, y así nos ha ido; por tanto, déjennos que
hagamos una opción distinta porque nos va a ir mucho
mejor que con la que hicimos hace más de veinte años.
Señor Trillo, déjeme decirle además que, aunque aparentemente parezca paradójico, nosotros pensamos que
este esquema, quizá rígido, aporta más flexibilidad al
sistema porque ahora que todo el mundo critica la técnica
legislativa y han salido expertos en derecho constitucional debajo de cada piedra en la península Ibérica, si
se lee bien este título de competencias se verá que la
ponencia —la de allá más que la de aquí, ya que allá
estuvo casi dos años trabajando— se aplicó con rigor en
las distintas categorías, lo cual da unas pautas interpretativas que hoy son inexistentes. Además incorporó hasta
cláusulas abiertas —en este caso cláusula en todo caso,
lo que representa la cláusula antirroca del sin perjuicio,
y usted ya me entiende—, que son las que van a permitir
en el futuro anexar algunas materias sobrevenidas, hoy
desconocidas, pero que además conectan materialmente
con las competencias de la Generalitat. Por tanto, recurrimos a alguna cláusula residual que cierra el sistema y
le da una consistencia que no tenía el Estatuto del
año 1979. Por otra parte, hay quien no encuentra ética
la extensión del título, lo cual a mí realmente me da igual
porque eso no debe ser un problema. No obstante, tengo
que decir que en el marco del derecho constitucional
comparado —y además en el más reciente— podemos
encontrar distintos ejemplos, como ocurre en la Constitución helvética de 1999, en la misma Constitución de
Bélgica del año 1996 e incluso en la base de la discusión
sobre la refederalización de Alemania, donde se está
discutiendo el sistema de distribución competencial entre
la Federación y los länder y se han puesto sobre la mesa
textos que fraccionan claramente las competencias, por
lo que se ha llegado a un grado de exhaustividad y prolijidad que puede incluso ayudar en el futuro a evitar
distintos conflictos competenciales.
Señor presidente, acabo refiriéndome a un elemento
que ha sido muy debatido y criticado en distintos sectores políticos y doctrinales españoles, como es el de si
el Estatuto es un instrumento adecuado para hacer esta
función que acabo de resumir. Pues bien, nuestra opción
y nuestra respuesta es en todo caso que sí. El Estatuto,
como norma institucional básica que forma parte del
bloque de la constitucionalidad, puede concretar el
alcance material y funcional de las competencias.
Además, los conceptos amplios, extensivos y genéricos
que utiliza la propia Constitución admiten concreciones,
y si el Estatuto no lo hace, lo va a hacer el legislador
estatal, que es lo que ha pasado siempre, por cierto, con
las consecuencias perfectamente conocidas por todos.
El señor Trillo invocaba la famosa sentencia 176/1983,
sobre la Loapa, y quiero señalar que hay que leerla toda
porque precisamente el fundamento jurídico cuarto de
esa sentencia es el que inspira u orienta precisamente la
técnica jurídica que sigue el proyecto, es decir, lo que
dice perfectamente el Tribunal Constitucional es lo que
acabo de exponer: que los estatutos pueden ejercer el
ejercicio de complemento de lo que dice la Constitución.
En cuanto a que la técnica y el contenido de las competencias que figuran en el proyecto son plenamente constitucionales, quiero decir que lo demuestra el hecho de
que el Consejo Consultivo de Cataluña, que en otros
supuestos no se pronunció tan favorablemente, en el caso
del título relativo a las competencias con carácter general
validó y sancionó íntegramente el texto, teniendo en
cuenta —y reproduzco literalmente lo que dice el Consejo Consultivo— que en ningún caso se alteran los
conceptos que utiliza la Constitución. No se modifica,
no se usurpa, no se desapodera al Estado de ninguna
competencia del artículo 149, y yo les emplazo a que me
demuestren lo contrario en esta sesión. Por otra parte, se
respetan todas las reservas constitucionales a favor de
determinadas leyes orgánicas. Hoy mismo lo hemos visto
al discutir el título del Poder Judicial, que se remite
constantemente en este caso a la Ley Orgánica del Poder
Judicial, norma que habilita buena parte de los contenidos del propio Estatuto. Finalmente, no se entra a
definir el ámbito de las competencias estatales, a pesar,
evidentemente, de influir en el alcance de algunas competencias colaterales. ¿Sería mejor una reforma de la
Constitución? Ya he dicho esta mañana en relación con
el Poder Judicial que indiscutiblemente sí. No encontrará
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
presidente, señoras y señores diputados, en primer lugar,
yo quiero agradecer el tono —no el contenido, como es
lógico, porque discrepo— que han utilizado tanto el
señor Trillo como la señora Sáenz de Santamaría —especialmente el señor Trillo—, porque, desde la discrepancia política, han hecho una intervención tolerante,
dialogante.
Como ha dicho el señor Trillo en su intervención
inicial, estamos ante un título políticamente muy relevante, a pesar de que él ha incurrido en una contradicción
a la hora de definir este título. Ha empezado diciendo
que este era un título donde se dirimía poder político y
ha acabado diciendo que este era un título tecnocrático.
Nada menos tecnocrático que la distribución del poder
político. Evidentemente, este es un título de redistribución del poder político, pero me va a permitir que le diga
qué significa para nosotros este título. Estamos convencidos de que este es un título que va a permitir que los
ciudadanos y ciudadanas de Cataluña vivan mejor. Este
es un instrumento que va a tener el Gobierno catalán,
cualquier gobierno catalán, para dar respuestas desde la
cercanía —luego me referiré a si este título es lejano o
cercano, este es un título cercano a la ciudadanía—, para
resolver los problemas y los retos de la ciudadanía de
Cataluña.
Uno de los principales retos que tuvieron en el inicio
la ponencia parlamentaria y el Instituto de Estudios
Autonómicos era cómo dar respuesta a un diagnóstico
prácticamente unánime en Cataluña, pero también prácticamente unánime en todos los expertos de derecho
constitucional del Estado. Este diagnóstico es que, después de 25 años de experiencia del Estado de las autonomías, se ha hecho una lectura reduccionista de las
competencias, no solo del Estatuto catalán sino de otros
estatutos. Hay miles de páginas escritas en ese sentido;
es un diagnóstico prácticamente unánime entre los
expertos el que se ha hecho una lectura reduccionista.
Podríamos preguntarnos cuál ha sido el resultado final
de esta lectura reduccionista. Señor Trillo, señora Sáenz
de Santamaría, creo que podemos decir que, después
de 25 años, la competencia exclusiva se ha volatilizado.
Lo que se definió como competencia exclusiva, en el
Parlamento catalán, no existe, se ha volatilizado, y lo
que hacemos en este Estatuto es proponer medidas,
redacciones que vuelvan a recuperar el concepto de
competencia exclusiva. ¿Cómo se ha volatilizado? Fundamentalmente, dando un alcance absolutamente expansivo, tanto a las competencias básicas como a las horizontales, e invadiendo las competencias autonómicas.
Es más, en esta misma línea, se llega a teorizar que el
alcance de las competencias autonómicas se puede hacer
por una legislación estatal, contraviniendo una parte
importante de la propia sentencia de la Loapa. Ustedes
han hablado mucho de principios generales, pero yo
quiero hablar de tres o cuatro ejemplos concretos para
que se entienda esto. ¿Qué queremos decir con que el
alcance de las competencias de la legislación básica y
de las competencias horizontales del Estado ha volatili-
mejores aliados para modificar el título VIII de la Constitución que nuestro grupo político, pero ello no invalida
una opción que en todo caso es constitucionalmente
posible.
Como anunciaba el señor presidente, nuestro grupo
ha presentado dos votos particulares, y enseguida lo
aclaro. El primero se refiere al artículo 114.1, sobre la
actividad de fomento. Este es un artículo que a lo largo
del iter legislativo que ha ido siguiendo —no solo en
Cataluña sino en la propia ponencia— ha experimentado
algunos cambios que al final son para bien, para volver
a asemejarse bastante al que figuraba inicialmente en el
texto del proyecto excepto en un inciso final que contenía
un simple automandato al legislador catalán, de modo
que las leyes del Parlamento de Cataluña, en los ámbitos
que son de su competencia y además con sus propios
recursos, a través de ley del Parlamento, debía precisar
en todo caso los objetivos o las condiciones de otorgamiento de las subvenciones. En mi opinión eso no
supone ningún problema y además es plenamente respetuoso con la doctrina del propio tribunal, concretamente con las sentencias 13/1992 y 95/2001. El segundo
voto particular está referido al apartado 2 del artículo 115, relativo al alcance territorial de la competencia.
Después de la enmienda transaccional presentada por el
Grupo Socialista se acepta —cómo no— la tesis perfectamente razonable del proyecto del Estatuto de mantenimiento de los mecanismos de colaboración con otros
entes territoriales en el supuesto de que el alcance de la
competencia sea supraterritorial —pongamos por caso
las cuencas hidrográficas o el problema que suscitó el
llamado Plan Hidrológico Nacional—, lo cual, por
cierto, también encuentra apoyo perfectamente en la
doctrina del Tribunal Constitucional, concretamente en
la sentencia 329/1993 y en la 243/1994. Es decir, la
coordinación estatal, por tanto vertical, que la hace el
Estado, no es la única solución posible, y además la
colaboración debe operar siempre con carácter supletorio. Eso queda claro. Pero lo que no queda suficientemente claro y creo que vale la pena precisar…
El señor PRESIDENTE: Y terminar, también vale la
pena.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Cinco
segundos, señor presidente.
Decía que lo que no queda suficientemente claro es
que en los supuestos en que la fragmentación de la actividad pública sea inviable, procede la colaboración en
todo caso, y solo si la colaboración no es posible, debería
intervenir la coordinación estatal.
El señor PRESIDENTE: Señor Saura, tiene la
palabra.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Saura i Laporta): Señor
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zado las competencias exclusivas? Fundamentalmente
se ha utilizado el artículo 149.1.1.ª, relativo a la igualdad
de derechos de los ciudadanos, y el artículo 149.1.13.ª,
que habla de la planificación general de la economía,
para invadir competencias exclusivas de la Comunidad
Autónoma de Cataluña. Por ejemplo, se ha utilizado el
artículo 149.1.1.ª, el que habla de la igualdad de derechos, para otorgar ayudas en el caso de las inundaciones.
Señor Trillo, señora Sáenz de Santamaría, ¿saben en qué
se basaron para establecer las condiciones técnicas y de
seguridad que deben tener las instalaciones eléctricas de
baja tensión? En el artículo relativo a la igualdad de
derechos. Qué tendrá que ver la igualdad de derechos
con el reglamento técnico de baja tensión, o qué tendrá
que ver la planificación general de la economía con los
horarios comerciales, o qué tendrá que ver el artículo 149.1.13.ª, de planificación general de la economía,
para aprobar la fijación de la edad de jubilación de los
presidentes de las cajas de ahorro. El listado podría ser
eterno. Es decir, la Administración central del Estado, el
Gobierno, las Cortes Generales han utilizado estos artículos para legislar, para decidir actuaciones del
Gobierno que no tienen nada que ver con lo que la Constitución dice. La señora Sáenz de Santamaría hablaba de
las becas, pero se ha olvidado de una cosa, que hay una
sentencia del Tribunal Constitucional, pendiente de
aplicación, que da la razón a las comunidades autónomas, no solo para la gestión sino para la territorialización de las comunidades autónomas. Y cuando estamos
diciendo que queremos que esta competencia sea para
Cataluña, no la negamos para Galicia, para Extremadura
o para La Rioja, sino que estamos diciendo que hay
muchas sentencias del Tribunal Constitucional que no
están aplicadas. Otro ejemplo: en época de Gobierno del
Partido Popular se consideró básico el tamaño de la letra
de los documentos de evaluación. ¿Cuál es la consecuencia? Que no dejan espacios legislativos a los parlamentos autonómicos, que ustedes quieren que las comunidades autónomas sean ejecutoras no solo de la
legislación básica, sino de las normas concretas que
ustedes legislan.
Señoras y señores diputados, señoras y señores
del PP, nuestro diagnóstico es claro: El sistema actual de
competencias no se corresponde ni con el espíritu, ni con
la letra, ni con las expectativas que se abrieron con la
aprobación del Estatuto de 1979. Si este es el diagnóstico, el reto era cómo responder a la desconfianza, que
no es una desconfianza pasajera, inventada, es una desconfianza soportada durante 25 años. ¿Saben ustedes
cuántos recursos ha presentado Cataluña en el Tribunal
Constitucional en 25 años? Más de 320, y la mayoría se
ha ganado desde Cataluña. Es decir, no es una desconfianza subjetiva, sino una desconfianza que se soporta
en lo que ha sido la realidad. Antes de explicar cuáles
son los contenidos de nuestra respuesta a este diagnóstico, quiero decir que el Estatuto puede determinar el
contenido de las competencias. La Constitución, en el
artículo 147.2, lo dice: «Los Estatutos de autonomía
deberán contener: d) Las competencias asumidas dentro
del marco establecido en la Constitución y las bases para
el traspaso de los servicios correspondientes a las
mismas.» Es decir, la Constitución es un sistema abierto
de distribución de competencias y asigna a los estatutos
esta posibilidad. Por tanto, lo que estamos haciendo
ahora, en definitiva, es aplicar y desarrollar lo que dice
el artículo 147.2 de la Constitución. Por otro lado —se
ha mencionado anteriormente—, creemos que la sentencia de la Loapa nos da la razón y el dictamen del
Consejo Consultivo —no sé por qué razón ustedes no lo
consideran nunca— señala que esta técnica legislativa
es constitucional.
Respuesta al diagnóstico. Fundamentalmente, dos
objetivos políticos. Primer objetivo: Ampliar, pero sobre
todo mejorar, la calidad de las competencias autonómicas. Queremos que las competencias autonómicas no
sean un queso gruyere, agujereado, que impida hacer
políticas propias. Queremos que las competencias autonómicas tengan calidad y que permitan desarrollar
competencias propias. En segundo lugar, el objetivo
político de la técnica legislativa que hoy ponemos en
debate es garantizar el contenido competencial ante la
posibilidad de nuevas lecturas reduccionistas, lo que se
ha llamado el blindaje de competencias, que estamos
seguros que va a ser una técnica seguida por otras comunidades autónomas, como en estos momentos lo está
haciendo la Comunidad de Andalucía.
En este título del Estatuto lo que hacemos es definir,
precisar el alcance, tanto funcional como material, de
las competencias de la Generalidad, con dos objetivos:
uno, evitar el vaciado de competencias y dos —también
muy importante—, disminuir la fuerte litigiosidad que
se ha producido en estos años. El nuevo Estatuto determina las funciones y las materias y submaterias para
evitar litigiosidad y garantizar las competencias. El señor
Trillo decía que este es un título complejo, largo. No ha
sido una opción deseada, es una opción obligada ante la
realidad.
El señor PRESIDENTE: Señor Saura, vaya terminando.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Saura i Laporta): Voy terminando, señor presidente.
Por otro lado, como decía el señor Ridao, ¿no les hace
reflexionar que en el año 1999, en la última Constitución
de un país de la Unión Europea, se utilice esta técnica?
En la Constitución suiza se ha hecho precisamente esto
hace siete años. Por lo tanto, la nuestra es una propuesta
de garantía de contenidos y —insisto— de disminución
de los litigios.
Acabo, señor presidente, haciendo brevemente unas
consideraciones en relación con cinco aspectos del contenido, que me parece muy importante. En cuanto a la
primera, relacionada con las competencias exclusivas
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13 de marzo de 2006.—Núm. 503
El señor PRESIDENTE: La señora Olano tiene la
palabra.
—ya se ha dicho antes—, hay una definición de competencias exclusivas, que otorga a la Generalitat la función
legislativa, la reglamentaria y la ejecutiva con una cláusula de en todo caso; por lo tanto, no estamos hablando
de un listado cerrado y limitado, sino de un listado
abierto, en el que no hay el sin perjuicio, sino que respeta
lo establecido en la Constitución, que no se ha de interpretar como la posibilidad de que el Estado legisle en
ese ámbito material, sino que la competencia de la Generalitat ha de respetar el principio de unidad de mercado,
por ejemplo, en el tema de los horarios comerciales. En
competencias compartidas las dos ideas claves son: una,
que la legislación básica ha de ser de principios o de
mínimos comunes normativos, y dos, que esto ha de ser
siempre por ley. No puede pasar, como ha ocurrido a
menudo, que en un decreto se haya determinado legislación básica. En las competencias ejecutivas se abre la
posibilidad de que también se determine la elaboración
de reglamentos. Por último, hay tres aspectos que han
sido utilizados por el Estado para laminar competencias
de Cataluña. Uno ha sido el desarrollo y la aplicación
del derecho de la Unión Europea, otro la actividad de
fomento y otro el alcance territorial de las competencias.
En el Estatuto hay artículos que cierran la puerta a estas
posibilidades de laminación de competencias. En el caso
de la Unión Europea se establece claramente que el
desarrollo, la aplicación y la ejecución del derecho de la
Unión Europea corresponde a la Generalitat en la materia
de nuestras competencias y, al mismo tiempo, se asegura
que la regulación europea no puede significar una redistribución de las competencias en favor del Estado. En la
actividad de fomento, es decir, en la actividad de subvenciones económicas, se reconoce, como no podía ser
de otra manera, en el artículo 114 que el Estado puede
destinar fondos económicos a cualquier ámbito, pero el
modo en que lo hace depende del tipo de competencias,
y queda muy claro que en aquellos casos en que el
Estado no tenga competencias o tenga competencias
básicas, los objetivos de la actividad de fomento han de
ser genéricos y le corresponde a Cataluña determinar,
precisar y regular los fondos económicos concretos. Por
último, el alcance territorial de las competencias. A
menudo ha ocurrido —y la dinámica de globalización
puede fomentar esta tentación— que el Estado puede,
en función de determinar que hay algunas competencias
de ámbito superior a la comunidad autónoma, recuperar
ciertas competencias. Desde ese punto de vista, en el
artículo 115 queda claro que no se pueden traspasar o
recuperar competencias si previamente no se ha aprobado que no cabe un fraccionamiento entre las comunidades autónomas o mecanismos de colaboración y
coordinación. Señor presidente y señoras y señores
diputados, es importante el bloque que la señora Sáez de
Santamaría reconocía sobre la participación de Cataluña
en competencias estatales, tanto en la designación de
miembros del Tribunal Constitucional o del Consejo
General del Poder Judicial, como en aguas, energías,
notarías o inmigración.
La señora REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Olano i García): Este título,
referido a las competencias, es sin duda uno de los más
importantes y tanto en ponencia en el Parlament de
Catalunya como en el Congreso, ha sido uno de los
caballos de batalla de reparto de poder, como muy bien
ha dicho el señor Trillo. Quisiera manifestar en esta
Cámara cuál ha sido el espíritu con el que el Partido
Popular en Cataluña abordó la reforma del Estatuto de
Autonomía y, en concreto, este título.
Nosotros, como partido en Cataluña que representa a
ciudadanos catalanes, nos sumábamos a la demanda de
una mayor cuota de poder en cuanto a las competencias
que Cataluña pudiera asumir en su Estatuto. Reconocíamos que el Estatuto de 1979, que está vigente, todavía
tenía margen y por eso no había sido para nosotros uno
de los elementos esenciales en el programa con el que
nos habíamos presentado a las elecciones autonómicas.
Asimismo, reconocíamos que en cualquier reforma que
se presentara dentro de los parámetros de constitucionalidad y de consenso por los grupos parlamentarios, el
Partido Popular tendría que tener presencia. Si bien esta
fue la actitud o el espíritu que impulsó a este grupo parlamentario a abordar la reforma, por el contrario no fue
el que inspiró a otros grupos parlamentarios en el Parlament de Catalunya. El espíritu con el que se abordó esta
reforma fue el de la desconfianza, como si cualquier
reforma tuviera que afrontarse en una confrontación
entre Estado y comunidad autónoma. Siempre, en cualquier norma que sale en el Parlamento de Cataluña, se
nos vuelve a manifestar, como partido de ámbito estatal
que somos, que la comunidad autónoma ha sufrido
expolio o laminación de competencias. No es este el
momento de entrar a valorar si la ha habido o no, para
eso están los recursos pertinentes y el Tribunal Constitucional, pero después de 25 años de democracia y de 23
años de autogobierno de Cataluña, entre todos hubiéramos tenido que saber encontrar mecanismos de coordinación y de cooperación y así poner los puntos sobre
las íes y encontrar esos mecanismos que no supusieran
en todo momento una confrontación de España y Cataluña. Muchas veces se ha hablado en estos días de
ponencia del encaje de Cataluña en España. Sinceramente, como catalana, no acabo de entender muy bien
qué se quiere decir con esta expresión, porque siempre
he considerado que siendo catalana era española y siendo
española era catalana. Por tanto, me parece de muy mal
gusto basarse en estos sentimientos para justificar
repartos de poder. Como he dicho, si realmente ha habido
una extralimitación en algún momento por parte de una
legislación o de otra, para eso estaba el Tribunal Constitucional, y el propio constituyente ya estableció los
recursos pertinentes, sin que tuviera que utilizarse el
vehículo de la reforma estatutaria como el gran mecanismo. Desde luego, si, como dice el señor Saura, el
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13 de marzo de 2006.—Núm. 503
Estatuto va a ser la norma que nos va a ayudar a vivir
mejor en Cataluña, todos nos apuntaríamos a ello, pero
no voy a dar tanta fe a sus palabras porque, si bien
podemos entender que es una norma que puede ayudar
al autogobierno, después tendremos que aplicar políticas
serias que respondan a los ciudadanos de Cataluña. Por
tanto, estamos poniendo exclusivamente los cimientos
del desarrollo del autogobierno en Cataluña. Esta especie
de continua invocación a la desconfianza, en algunos
momentos para algunos de nosotros, que creemos en la
Constitución y en el Estado autonómico, carece de sentido. Quiero recordar que fue la propia Constitución
de 1978 la que estableció que la manera de regularse los
estatutos de autonomía y lo que el constituyente consideraba como lo más preciado a proteger, quedó reservado
a materia de ley orgánica, regulada en el artículo 81, y
aquí también incluyó los estatutos de autonomía. Por
tanto, en principio, a través de la Constitución se estaban
haciendo sólidas apuestas para que realmente España
fuera un Estado autonómico y pudiera desarrollar correctamente en cada una de las autonomías sus políticas de
autogobierno. También es necesario recordar lo que
constituye el bloque constitucional, porque no solamente
está formado por la Constitución de 1978, sino también
por los estatutos de autonomía y por todas aquellas leyes
orgánicas y ordinarias que inciden en el sistema de delimitación competencial. Para todo esto, señoras y señores
diputados, existen límites competenciales, ya que no es
equiparable el poder de reforma estatutaria al poder
constituyente. En esta situación en que abordamos la
reforma del Estatuto se hizo por parte de los partidos
nacionalistas la lista de la compra, se hizo el listado
exhaustivo de todos aquellos recovecos en los que aún
no teníamos competencias en Cataluña. En aquellos
meses de ponencia, algunos nos limitamos a tener la
Constitución abierta por el artículo 149, y cuando otros
acababan de exponer sus posiciones les recordamos lo
que decía el artículo 149. Bienvenidos sean al reconocimiento de lo que dice el mismo y, como siempre, les
vuelvo a recordar que no es porque lo diga el Partido
Popular, sino que mientras no se aborde una reforma de
la Constitución, esta es la que tenemos y como norma
suprema de nuestro sistema de derecho y base de la
democracia, es lo que tenemos que respetar. Cuando se
aborde una reforma constitucional, cada partido manifestará lo que crea conveniente y quizá podamos desarrollar otro Estado autonómico u otro modelo de Estado,
pero en este momento, tanto en el Parlament de Catalunya como en las Cortes Generales, nos limitamos a lo
que entendemos que manifiestan la Constitución y el
Tribunal Constitucional.
El señor Saura se ha referido anteriormente al artículo 147 —él al punto 2 y yo al punto 1—, que dice
que dentro de los términos de la Constitución, los Estatutos, como norma fundamental básica, deberán contener
las competencias asumidas dentro del marco establecido
en la Constitución de 1978 y, por ello, los estatutos no
pueden alterar los títulos competenciales estatales defi-
nidos constitucionalmente. Como he dicho antes, se
podía haber abordado esta reforma planteándose realmente qué ámbito competencial podía ser asumido en la
Cataluña de hoy, en la España de hoy, que nada tienen
que ver, ciertamente, con la de la aprobación de la Constitución o con la de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Pero no se ha pretendido hacer esto,
en modo alguno; sino que basándose en la idea de nación
—y así se ha demostrado—, se ha pretendido realizar
una Constitución para Cataluña y por eso se ha hecho
una definición de las competencias. Se podía haber
engrosado la lista de competencias, tal y como constaba
en el Estatuto de 1979, pero no se ha hecho esto, sino
que desde el Estatuto catalán se ha pretendido decir qué
tenía que entenderse por competencia exclusiva, por
competencia compartida y por competencia ejecutiva.
Naturalmente, no pretendo decir qué es lo correcto y qué
no lo es, simplemente manifiesto la posición de mi grupo
parlamentario. Si no ha sido la Constitución la que ha
delimitado los conceptos, la tipología de las competencias, no debe hacerlo en estos momentos el Estatuto, ni
el de Cataluña ni el de ninguna otra comunidad, porque
ha sido la jurisprudencia del propio Tribunal Constitucional a lo largo de estos 25 años la que ha definido lo
que tiene que entenderse y el ámbito de cada uno de estos
conceptos. En concreto, el artículo 111.1, cuando nos
habla de competencias compartidas, dice que las competencias serán compartidas en el marco de las bases que
fije el Estado como principios o mínimo común normativo en normas con rango de ley. Pero quiero manifestar
que no es así porque lo diga el Estatuto de Cataluña o
porque lo diga el Partido Popular, sino que ha sido el
propio Tribunal Constitucional el que ha delimitado en
su jurisprudencia lo que tiene que entenderse por básico.
La sentencia del Tribunal Constitucional 109/2003, en
su fundamento cuarto nos dice que si bien las Cortes
deben establecer qué es lo que haya de entenderse por
básico, en caso necesario será el Tribunal el competente
para decidirlo en su calidad de intérprete supremo de la
Constitución. Asimismo, desde un punto de vista material señala el Tribunal que han de considerarse como
bases o legislación básica el común denominador normativo necesario para asegurar la unidad fundamental
prevista por las normas del bloque de constitucionalidad
que establece la distribución de competencias; que exclusivamente un marco unitario de aplicación a todo el
territorio nacional está dirigido a asegurar los intereses
generales y que además dota de estabilidad, a partir del
cual cada comunidad autónoma —faltaría más—, en
defensa de sus propios intereses, puede introducir las
peculiaridades que estime convenientes para ejercer su
autogobierno. Esto es desde un punto de vista material.
Asimismo, desde un punto de vista formal, hay que
prestar atención a una exigencia que puede calificarse
como formal de la noción de bases y cuya finalidad
esencial es la de excluir la incertidumbre jurídica. Consideramos que claridad, certeza normativa y estabilidad
no son precisamente unos adjetivos que se le puedan
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
atribuir a la tipología de las competencias que establece
el nuevo texto del proyecto de reforma y de alguna
manera se introducen en un punto que consideramos que
puede alterar incluso el equilibrio del sistema de fuentes
por pretender analizar una cuestión que no es de su
competencia. Es más, el propio Tribunal ha entendido
que excepcionalmente, por la naturaleza de la materia,
pueden considerarse básicas algunas regulaciones no
contenidas en normas con rango legal. Por tanto, resulta
completamente necesario garantizar la consecución de
la finalidad objetiva a que corresponde la competencia
estatal sobre estas bases. El legislador estatal —ha añadido el Tribunal— no puede incidir directamente en la
delimitación de las competencias mediante la interpretación de criterios que sirvan de base a esta. Por tanto,
la atribución de competencias y la fijación de su contenido por el legislador estatal supone una delimitación
del contenido y alcance de estas competencias. Consideramos que lo que hace la propuesta es minimizar y
que fuerza una interpretación del concepto de bases a
una de las muchas interpretaciones que ha manifestado
el Tribunal Constitucional y que, por tanto, lo que está
haciendo es impedir que de alguna forma pueda tenerse
en cuenta la jurisprudencia en un sentido pleno. Y no
estoy refiriéndome a una sentencia de manera aislada,
sino que incluso la delimitación del propio artículo 149.1
de la Constitución es una jurisprudencia que ha sido
consolidada y reiterada. En todo caso, como más de una
vez hemos manifestado, el problema de este Estatuto no
es otro que el haber pretendido enmarcarlo dentro de la
Constitución, lo que conocemos por gestos del Partido
Socialista, pero como no nos han planteado cuáles van
a ser ni se ha abordado la reforma, se nos obliga es a
prescindir de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, avalada durante 25 años, como he dicho, a costa
de un enfoque constitucional del que en estos momentos
no tenemos conocimiento. Por tanto, entre la duda de lo
que vendrá y el ceñirlos a la constitucionalidad vigente,
el Partido Popular de Cataluña opta por ceñirse a la
jurisprudencia del Tribunal Constitucional. También se
han realizado unos listados de submaterias, que lo que
hacen es utilizar una doble técnica que consiste o bien
en eliminar el contenido de lo básico o bien limitarlo
impidiendo que el Estado realmente pueda ejecutar plenamente estas competencias, dejando un marco normativo unitario de aplicación no se sabe exactamente en
qué medida. Lo mismo sucede con las competencias
ejecutivas, que realiza una de las muchas interpretaciones que pueden darse sobre el alcance de estas competencias.
Consideramos que esta definición de las tipologías no
hacía falta; que en todo caso, si se tuviera que haber
abordado se hubiera tenido que hacer en una futura
constitución, que hubiera debido incorporar también la
doctrina del Tribunal Constitucional y la jurisprudencia
y que lo que ha venido a hacer este —si me lo permiten— parcheo del texto ha sido intentar introducir las
demandas de los partidos nacionalistas de una manera
muy forzada dentro de nuestro texto constitucional. Esto,
señoras y señores diputados, a nuestro entender crea una
gran inseguridad jurídica. Creemos que el texto está lleno
de reglamentarismos, es decir, de menciones exhaustivas
que de cara a un futuro no van a contribuir a que Cataluña pueda mejorar en su autogobierno. Naturalmente,
todas las interpretaciones se hacen desde nuestro punto
de vista y no queremos ser maximalistas, es nuestra
interpretación. Como saben, hemos estado abiertos a sus
interpretaciones, pero la propuesta que nos ponen encima
de la mesa no es clara y, vuelvo a repetir, es un intento
de constitución; y volvemos a remitirnos al procedimiento: si realmente lo que se pretendía era hacer una
Constitución para Cataluña, hubiéramos tenido que
paralizar el proyecto, abordar dicha reforma constitucional y quizá posteriormente hubiéramos tenido un
concepto mucho más claro.
El señor PRESIDENTE: Señora Olano, debe terminar.
La señora REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Olano i García): Voy acabando, señor presidente.
Porque los elementos utilizados, tanto el blindaje
como la definición de qué se considera como básico por
parte del Estado, la imposición al Estado de las transferencias mediante el artículo 150.2 y, a través de las
disposiciones adicionales, la vinculación al legislador
estatal para que modifique una serie de leyes orgánicas,
consideramos que no contribuye en nada a esclarecer
cuál va a ser el autogobierno para Cataluña.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra la señora
Santos.
La señora REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Santos i Arnau): Señoras y
señores diputados, quiero empezar diciendo sobre todo
que ha sido una enorme satisfacción, aunque no una
sorpresa, escuchar al señor Trillo y su planteamiento de
las competencias al inicio del debate. He dicho que no
era una sorpresa, y era de esperar que fuera así, porque
nos introduce seguramente por primera vez en esta sala
en un debate real sobre los temas de fondo en relación
con el Estatuto. Hay que subrayar esa enorme diferencia
entre esta intervención del señor Trillo como representante del Partido Popular —usted me va a perdonar— y
otras intervenciones que, de una forma resignada, hemos
sufrido durante los días anteriores; una enorme diferencia. Con usted podemos debatir de los temas de
derecho y políticos de fondo y con el resto hemos asistido
a unas soflamas que seguramente la única pretensión que
tienen es la de confundir a las gentes de buena fe, porque
con lo que estamos haciendo evidentemente el Estado no
desaparece o, por lo menos, tiene las mismas posibilidades de desaparecer y de cumplirse esa profecía que las
que tenía cuando el señor Fraga planteaba en 1979 no
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13 de marzo de 2006.—Núm. 503
solo que España se iba a romper sino que además los
españoles iban a empobrecerse. Como decimos en mi
tierra, y usted me entiende: Santa Lucía le conserve la
vista. Esto me permite también arrancar —ya que usted
ha hecho unas citas— con una cita de Maquiavelo, que
decía: No hay cosa más difícil de tratar, ni más dudosa
de conseguir, ni más peligrosa de conducir que hacerse
promotor de la implantación de nuevas instituciones. Es
cierto que esas dificultades, ese peligro, esos riesgos los
hemos estado experimentando hasta este momento, pero,
felizmente, en pocas semanas esto va a acabar y vamos
a tener un magnífico Estatuto. ¿Qué es lo que estamos
planteando? Estamos en el título más técnico seguramente —seguramente, no exclusivamente— de todos los
que tiene el Estatuto; seguramente también, pero no solo,
el que afecta de una manera más esencial al autogobierno.
Yo no lo plantearía en los términos en que usted lo ha
hecho de que aquí se trata de saber quién manda, porque
esa no es exactamente la cuestión. La cuestión de este
título, también del Estatuto y del Estado de las autonomías, no es quién manda sino cómo se sirve mejor a los
ciudadanos. Esa es la cuestión y ese es nuestro planteamiento, no el de quién manda o el de un reparto de poder
sino cómo ese poder puede ser ejercido de forma más
eficaz, de manera mejor en relación con los intereses y
necesidades de los ciudadanos. Esa es la razón de por qué
hemos adoptado esta técnica, que es efectivamente nueva
pero que no es una técnica legislativa que vaya en contra
de la Constitución; antes al contrario, lo que hace es
desarrollar, profundizar, avanzar, en el modelo que nos
dio la Constitución en el año 1978. A usted no tengo que
decírselo, el modelo de la Constitución es un modelo
abierto, es un modelo no cerrado, es un modelo in progress que dirían los ingleses, es un modelo en construcción, afortunadamente en construcción y afortunadamente
en constante desarrollo. ¿Qué estamos planteando nosotros? Estamos planteando un modelo que nos permita
garantizar mejor las competencias que tiene el Gobierno
de Cataluña, y garantizarlas porque —se ha repetido aquí
constantemente— ha habido una acción en ese desarrollo,
en la puesta en práctica de ese invento —si se me permite
decirlo con todo el cariño y el profundo respeto hacia lo
que fue la Constitución de 1978—, puesta en práctica que
ha sido muy buena, y la evidencia es la realidad del
Estado y del país que tenemos; pero que tiene también
sus deficiencias, tiene también sus disfunciones, que han
sido importantes. El modelo que nosotros proponemos,
el modelo que hemos traído aquí, el modelo que estamos
negociando, es plenamente constitucional. Podremos
discutir desde interpretaciones distintas de la Constitución: la nuestra y la que ha hecho usted —no digo su
grupo— y la representante del Partido Popular de Cataluña, planteando discrepancias, interpretaciones y puntos
de vista sobre la Constitución. Seguramente las dos son
posibilidades que da el juego abierto de la Constitución
española. Se ha dicho que este Estatuto es inconstitucional; hace pocos días se ha dicho por el secretario
general de su partido exactamente desde el mismo sitio
que usted ocupa hoy que el Estatut es radicalmente
inconstitucional del primero al último de los artículos, y
con eso se estaba demonizando el proyecto de Estatuto
y también más cosas. Nosotros creemos que no, por lo
menos tenemos la voluntad de que se ajuste a la Constitución. ¿Cuántas leyes salidas de este mismo Parlamento
no han sido declaradas inconstitucionales, en todo o en
parte, por el Tribunal Constitucional? ¿Cuántas en estos 25
años? ¿Hemos de entender que este Parlamento es antipatriota o que va en contra de la Constitución? Sin ir más
lejos, tengo aquí algunas de las últimas sentencias en el
periodo del Gobierno del Partido Popular —evidentemente, no solo en ese periodo—, la mayoría de ellas por
invasión de competencias: sentencias 101/2005, 100/2005,
1/2005, etcétera, en relación con parques naturales. Como
hemos hablado de derechos fundamentales, también la
Sentencia 292/2000 estima el recurso de inconstitucionalidad contra la Ley Orgánica de Protección de Datos,
porque se está diciendo que vulnera frontalmente la
reserva de ley que hacen ciertos artículos al no respetar
el contenido esencial del derecho fundamental al honor,
a la intimidad, etcétera. Por tanto, ese no es un elemento
a tener en cuenta en ese sentido en el que ustedes lo
hacen. ¿Es más lícito socavar el modelo del Estado constitucional de las autonomías por esa vía de una interpretación expansiva de las bases, del interés general, etcétera,
que pueda realizar el Estado? Estamos diciendo el Estado,
pero ¿es el Estado el que realiza esas invasiones o son los
gobiernos correspondientes en cada caso quienes tienen
una determinada interpretación, una vis expansiva natural
en todo poder y que realizan esas prácticas? Porque
Estado somos todos, también lo somos las comunidades
autónomas. Si no he interpretado u oído mal, la señora
Sáenz de Santamaría decía: No, es que ahora dicen
ustedes que las comunidades autónomas son Estado.
Claro que decimos que somos Estado y ustedes deberían
estar contentos de que dijéramos que las comunidades
autónomas son Estado.
El señor PRESIDENTE: Señora Santos, tiene que ir
terminando.
La señora REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Santos i Arnau): Termino
muy rápidamente.
Ustedes están diciendo que además queremos —lo ha
dicho el señor Trillo en algún momento— las competencias de participación. Es un poco extraño, pero se está
pidiendo participar, codecidir, etcétera. Esto parece algo
extrañísimo. Ustedes se oponen a la participación. Antes
la señora Olano reclamaba mecanismos de cooperación,
de coordinación, etcétera; y lo suscribo. Cuando
hablamos de mecanismos de participación ustedes ponen
el grito en el cielo y al mismo tiempo se están oponiendo
a la reforma del Senado, que sería el ámbito natural para
decidir muchas de esas cuestiones; díganme ustedes en
qué quedamos, qué es lo que pretenden y qué es lo que
buscan.
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
la alteración y la vulneración del pacto que representó
el título VIII de la Constitución y el Estatuto de 1979;
un pacto que, como decía el señor Trillo, tenía dos principios: el de gradualidad y el de disponibilidad. Yo diría
que también tenía la voluntad de establecer un régimen
autonómico fuerte, consistente, en el que las competencias que se establecían en el Estatuto correspondiente
respondiesen realmente a la naturaleza por la que se las
calificaba; ello no ha sido así. Se decía: estos años la
lucha por las competencias ha marcado el desarrollo del
Estado de las autonomías. Ha sido una lucha ciertamente
para variar el sentido original del título VIII de la Constitución y su proyección en el Estatuto de Autonomía de
Cataluña. Solo hay que repasar las discusiones del constituyente para ver cómo realmente la voluntad del constituyente no ha encajado con el esquema final que se ha
dado y que el deterioro de la autonomía, del concepto
de autogobierno, y la erosión que se ha producido por
una invasión constante del Estado, en función de los
distintos gobiernos del color que fueren, ha sido un
hecho que ha llevado a replantear este Estatuto. ¿Por qué
estamos aquí si no es por eso? Si el Estatuto de 1979
fuese un Estatuto como el que se pactó en su momento,
hoy no estaríamos aquí. Debería haber habido voluntad
política para desarrollar aquel Estatuto, pero no. Se ha
producido una erosión constante por caminos diversos
en los que la noción de exclusividad ha desaparecido; en
los que la fragmentación de las materias y los espacios
de intervención administrativa ha laminado también las
competencias de la Generalitat y en los que la regulación
expansiva de las leyes básicas ha penetrado hasta resquicios impensables anulando la capacidad normativa de la
Generalitat. Por consiguiente, se ha tenido que replantear
el esquema y se ha adoptado una nueva técnica que
consiste en identificar con más precisión y con más
detalle las materias competenciales. Antes también se ha
dicho que es una técnica distinta a la de 1979, en la que
se optó por una mención genérica de las competencias
y que ha resultado vulnerable. Con esta técnica se buscan
tres objetivos: el primero, dar más coherencia al título
competencial, reduciendo el problema de la excesiva
fragmentación que ahora existe; un segundo, definir
posibles ámbitos de exclusividad reales, dentro de un
ámbito material concreto, y un tercero, dar a la delimitación de competencias más garantías ante la interpretación jurídica de las cláusulas competenciales. Efectivamente, el Estatuto es un instrumento modulador de las
competencias estatales, señor Trillo, por lo que decía
usted antes; la atribución de competencias siempre provoca un efecto de vasos comunicantes: si se atribuye a
uno, no se atribuye a otro. En este Estatuto no definimos
las competencias del Estado de manera directa, pero es
evidente que al definir las de Cataluña se produce el
negativo por las del Estado. La referencia competencial
es directa a la Constitución, señor Trillo. Las referencias
constitucionales que se adoptan en este Estatuto se
recogen directamente de los postulados constitucionales.
Todo aquello que no afecta al núcleo indisponible que
Me ha quedado prácticamente todo por decir sobre
el tema de las tipologías, aunque puedo remitirme a lo
que han mencionado algunos compañeros de la ponencia
y a lo que dirá seguramente el compañero del Grupo
Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados. Lo que hemos hecho es perfectamente constitucional, porque ni hay reserva de ley estatal para definirlas ni hay una reserva en la Constitución para hacerlo.
Por tanto, es perfectamente constitucional cerrar algunas
cosas abiertas o dejadas abiertas por la Constitución,
siempre que —esa es la única condición, y la cumplimos— se respete el marco constitucional y la jurisprudencia constitucional; de hecho, la señora Sáenz de
Santamaría decía que le sonaba. Aparte de insistir en el
escrupuloso respeto a la Constitución, termino diciendo
que el Estado de las autonomías —como decía en un
artículo el señor Pérez Royo— ha sido no solamente el
Estado más legítimo, sino también el Estado más eficaz
que hemos tenido nunca. Cuando ustedes apelan a la
igualdad seguramente habrá que recordar que el Estado
centralista, el Estado unitario, el Estado autoritario e
incluso autocrático en muchos casos, ha sido el Estado
más desigual y más injusto. Lo que nosotros estamos
proponiendo justamente es avanzar y profundizar en ese
modelo que ha dado tan buenos resultados para la
igualdad de los ciudadanos y para la igualdad de los
territorios; ambas cosas.
Acabo, señor presidente, diciendo brevemente dos
cosas. Señora Sáenz de Santamaría, hace siglos que
nuestro Estado es plurilegislativo desde el punto de vista
civil, por tanto con derechos distintos para nuestros
ciudadanos, que cuando se han desplazado según y cómo
les ha sido aplicado, y desde hace más de 25 años esa
plurilegislación no solo es civil sino también de derecho
público. Por tanto, hay derechos distintos en distintas
partes del territorio. Habrá que someterse a la legislación
que en cada momento y según la circunstancia resulte
aplicable; eso ya existe. El catalanismo político hace más
de cien años que está haciendo propuestas para la regeneración y la modernización de España. Ahí estamos y
ahí continuamos, y no nos resignamos, se opongan los
que se opongan, porque, eso sí, tenemos muy claros los
derechos históricos. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
Camp.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Camp i Batalla): Llegamos
a este título con una propuesta, que en su día se presentó
y que la ponencia analizó y trabajó; pero no solo con una
propuesta, sino también con un bagaje de veintiséis años
de autogobierno y de experiencia, que han dado una
dimensión a la propuesta que hoy se presenta aquí. Esta
propuesta no es el fruto de un trabajo estrictamente académico, como alguien quería decir, o tecnocrático. Es
una solución ante una actitud que durante estos años se
ha manifestado de forma permanente y que ha supuesto
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
la Constitución atribuye al Estado es disponible por el
Estatuto. ¿Quién aprueba este Estatuto? Lo propone el
Parlamento de Cataluña, pero lo aprueban las Cortes
Generales. Esto es una obviedad, pero escuchándoles a
ustedes parece como si hubiéramos venido aquí como
comparecientes a hacer una comparecencia y estuviéramos haciendo unas propuestas muy raras; como si todo
lo que dijéramos no tuviera sentido y el único sentido
fuera aquello que parte del fundamento, del núcleo del
Estado, en visión Gobierno de Estado, no del Estado de
las autonomías. Señora Sáenz de Santamaría, oyendo
alguna intervención a uno se le ponen los pelos de punta
porque ya no es un problema de Cataluña lo que ustedes
están cuestionando. Están cuestionando la viabilidad de
estas dos autonomías. Usted se quejaba de que hubiese
normativas distintas. ¿Qué van a hacer los ciudadanos
con leyes distintas? Si hay 17 comunidades autónomas,
y ustedes están gobernando en muchas. Es creérselo o
no creérselo. ¿Qué es el título VIII de la Constitución?
El margen que establece el título VIII de la Constitución
permite que, con el Estatuto de Cataluña, se pueda
adoptar perfectamente el nivel competencial que estamos
adoptando, sin ninguno de los tremendismos que ustedes
están aplicando aquí.
En cuanto a la voluntad del legislador, yo no voy a
entrar ahora en la dialéctica sin más porque después en
el turno vamos a continuar. Ahora voy a entrar en lo que
debemos dejar dicho aquí, porque esta delegación no es
compareciente, es colegisladora. Hicimos la propuesta
en la Cámara legislativa y por el procedimiento establecido estamos aquí colegislando con la Comisión Constitucional para que las Cortes Generales aprueben un
nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña. Por consiguiente, voy a señalar una serie de parámetros que me
parece que es bueno que queden establecidos aquí. El
Estatuto reformado que ahora plantemos precisa el
alcance funcional y material de las competencias de la
Generalitat. Ustedes sabrán que ha habido varias discusiones sosteniendo que los estatutos no podían delimitar
contenidos y que simplemente debían hacer una enumeración de competencias. Pues aquí estamos también
delimitando contenidos de las competencias con la técnica de las submaterias a la que antes nos hemos referido.
La lista de submaterias va precedida, como ustedes
pueden ver en el texto, por una cláusula que dice: en todo
caso. Esta cláusula pone de manifiesto que se trata de
listados abiertos, de mínimos, no de listas cerradas o
tasadas. Por ejemplo, cuando hablamos de la competencia ejecutiva en notariados, nosotros entendemos que,
aunque no esté aquí fijado, la inspección también corresponde al Gobierno de la Generalitat. ¿Qué es la inspección de las notarías sin una función ejecutiva? En las
competencias exclusivas, por ejemplo, solo la Generalitat
puede ejercer las funciones legislativas, reglamentarias
y ejecutivas que se atribuyen a esas competencias. Se
diga o no expresamente, la configuración estatutaria de
este tipo de competencias excluye la actuación de otra
administración, en este caso de la del Estado, en las
materias de exclusiva competencia de la Generalitat,
porque, si no, estaríamos dando una duplicidad que no
tendría ninguna lógica, y el ciudadano podría en buena
medida denunciar un mal funcionamiento de la Administración. La cláusula respetando lo establecido por el
Estado en ejercicio de sus competencias en materia de…
aparece en distintos artículos competenciales. Antes en
cláusulas parecidas se añadía: sin perjuicio, pero es
distinta la interpretación de sin perjuicio respecto a esta
cláusula. Esta cláusula no habilita al Estado para actuar
en los ámbitos materiales reservados a la competencia
exclusiva de la Generalitat. Esta cláusula afecta al ejercicio de la competencia autonómica ciertamente, como
no podría ser de otra forma, pero no afecta a la titularidad
de la competencia. Establece un límite al ejercicio de la
competencia autonómica al proclamar que la Generalitat
al ejercer las competencias que la Constitución le reserva
en otras materias colindantes, debe respetar lo establecido por el Estado, pero —repito— no autoriza al Estado
a intervenir en las materias reservadas a la Generalitat
en exclusiva. La idea de la cláusula respetando… afecta
al ejercicio de las competencias autonómicas, pero no a
su titularidad, como hemos dicho, y se refleja claramente
en varios artículos como, por ejemplo en el 121.1 c), que
atribuye a la Generalitat la competencia exclusiva para
regular los horarios comerciales, respetando —dice el
artículo— en su ejercicio el principio constitucional de
unidad de mercado. La literalidad del precepto deja claro
que la referencia al principio de unidad de mercado no
habilita al Estado para regular los horarios comerciales,
simplemente recuerda la obviedad de que la Generalitat,
en el ejercicio de su competencia exclusiva —es decir a
fijar los horarios—, debe respetar la libertad de circulación a la que se refiere el artículo 139.2 de la Constitución. Lo mismo podríamos decir cuando hace referencias
a cláusulas como la de respetando en cuanto a la autonomía local, que quiere decir que, ejerciendo las competencias correspondientes, ha de respetar el principio
constitucional de la autonomía local. Así podríamos
encontrar otros ejemplos en el texto que discutimos.
En cuanto a las competencias compartidas, el nuevo
Estatuto precisa el alcance de las bases estatales, en cuyo
marco la Generalitat debe ejercer la potestad legislativa,
la reglamentaria y la función ejecutiva correspondiente
a estas competencias compartidas. El doble principio del
que parte el Estatuto es el de que las bases deben consistir en principios o en un mínimo común normativo y
deben contenerse en normas con rango de ley, aunque
es cierto que admite excepciones. Del tenor de este artículo 111 se deduce que el inciso mínimo común normativo es sinónimo o concreción del término principios.
La referencia al mínimo liga las bases a la idea de
normas de mínimos, de estándares mínimos que deben
dejar un espacio suficientemente amplio para que la
Generalitat pueda establecer políticas propias y pueda
completarlas no con cualquier tipo de norma o de acto
o ejecución sino con normas con rango de ley.
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
El señor PRESIDENTE: Señor Camp, vaya terminando.
estatal es libre para concretar el cómo, pero no el qué.
El qué es la participación, y son procesos centrípetos que
son mucho mejor que los procesos centrífugos que
mucha gente proclama. En definitiva, señor presidente,
vamos a establecer con este título una norma mucho más
segura que va a determinar quién hace qué y con ello va
a intentar superar la conflictividad que durante estos años
se ha producido y, sobre todo, va a dar una posibilidad
a la Generalitat de Cataluña de que ejerza un mayor
autogobierno con nuevas competencias, con competencias más seguras, con más capacidad para hacer políticas
propias al servicio del ciudadano.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Camp i Batalla): Voy terminando, señor presidente.
Es claro que el nuevo Estatuto muestra una decidida
voluntad de limitar el alcance material y formal que
tienen las bases en la actualidad, y desde esta premisa,
que debe de interpretarse a partir de ahora, el contenido
del alcance de las competencias compartidas. Hay pues,
una doble limitación en el tema de bases: una limitación
funcional, que queda determinada por el tipo de norma,
que es la norma con rango de ley, y una limitación material, puesto que en los ámbitos en los que se establece la
competencia exclusiva en parte de la materia, por
ejemplo en el caso de régimen local, que se califica de
competencia exclusiva, no es disponible para el legislador estatal como materia de base. Las competencias
ejecutivas también quedan suficientemente explicitadas
en el texto.
Voy a hacer una breve referencia a las competencias
de la Generalitat respecto a la normativa de la Unión
Europea. En primer lugar, su desarrollo, aplicación y
ejecución corresponden a la Generalitat en cuanto afecta
al ámbito de su competencia. En segundo lugar, la existencia de una regulación europea no modifica la distribución de competencias establecida en la Constitución
y en el Estatuto. En tercer lugar, cuando la legislación
de la Unión Europea sustituya a la normativa básica del
Estado, la Generalitat puede adaptar la legislación y
desarrollarla directamente a partir de la normas europeas.
Esto se establece en los artículos 183 y 189.
Actividad de fomento —voy terminando, señor presidente—. Se reconoce que el Estado puede destinar
fondos propios a cualquier ámbito material para la actividad de fomento, pero el modo en que la debe llevar a
cabo depende del tipo de competencias que ostente en
cada caso. La actividad de fomento no puede discurrir
al margen del sistema de distribución de competencias,
sino que debe respetar escrupulosamente este sistema de
distribución.
Alcance territorial y efectos de las competencias.
Artículo 115. Se establece un principio, que es el de
fraccionamiento de la actuación pública sobre esos fenómenos suprautonómicos. Cuando una actividad va más
allá del ámbito de una autonomía se establece este principio de fraccionamiento de actuación pública para
permitir que la Generalitat pueda actuar sobre la parte
del fenómeno objeto de sus competencias situado en su
territorio y que no ocurra, como ha sucedido muchas
veces, que por este principio de extraterritorialidad se
pierda la competencia.
En definitiva, señor presidente, en la competencia
compartida que se ha mencionado aparece una nueva
competencia, que es amplia y que se desarrolla en
muchos artículos, y el legislador estatal viene obligado
a prever mecanismos de participación. El legislador
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra la señora
Lasagabaster.
La señora LASAGABASTER OLÁZABAL: Si hace
unos días me congratulaba por la oportunidad de haber
presentado la reforma del Estatuto de Autonomía y por
la necesidad que habían sentido los distintos grupos
parlamentarios del Parlament de Catalunya de proceder
a realizar determinadas reformas, hoy tengo que agradecer a todos los grupos parlamentarios que aprobaron
el 30 de septiembre la propuesta de reforma del Estatuto
catalán la oportunidad que nos han dado de hacer un
debate de la altura política del que hoy estamos teniendo,
aunque haya pocos espectadores. Me ha parecido relevante destacar esto porque estamos tocando una de las
cuestiones quizás mas profundas políticamente. Lo
importante no es tanto el debate jurídico, porque muchos
juristas tiene la Santa Madre Iglesia y todos los juristas
sabemos que somos capaces de ser acusación y defensa,
es nuestro trabajo, sino el debate político que subyace
a la diferente tipología de competencias o a la importancia política y constitucional que queramos dar realmente a un Estatuto de Autonomía. Esto me parece de
una relevancia tremenda. Aquí se han planteado de
manera muy sincera los modelos y lo que existe realmente es una situación difícil de solucionar si no nos
ponemos de acuerdo en el tipo de Estado que tenemos
y, sobre todo, en lo que fue el pacto de 1979. Esta es la
clave de la cuestión. Algunos quieren releer lo que se
pactó en los estatutos de autonomía. Una cosa es hacer
una reforma del Estatuto de Autonomía sobre la base de
lo que se pactó en 1979 y otra cosa es que se quiera
releer o reescribir el Estatuto de 1979, que parece que
es lo que se quiere hacer con la incorporación de jurisprudencia constitucional, por muy constitucional que
sea esa jurisprudencia, o con leyes básicas, por muy
básicas que sean.
Lo que ha pasado en estos veinticinco años —lo señalaba muy bien el señor Garaikoetxea, que es, por cierto,
quien me llamaba—, en el caso de Euskadi, que es el
que conozco —porque esto es algo que no solo ocurre
en Cataluña, sino también con Euskadi—, tiene que ver
con cómo se iban a aplicar los estatutos de autonomía.
El señor Garaikoetxea, en una entrevista realizada días
antes del referéndum sobre el Estatuto vasco de 1979,
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
señalaba que la aplicación práctica del Estatuto vasco
dependería mucho de qué tipo de lealtad se pudiera
establecer a la hora de su entrada en vigor. Si lo que
pretendían los gobiernos del Estado era tratar de restringirlo a través de una aplicación de leyes básicas o de
leyes de carácter orgánico y de una jurisprudencia del
Tribunal Constitucional, iba a servir de muy poco el
pacto que se había alcanzado en 1979 con la aprobación
del Estatuto vasco o del Estatuto catalán. Esto es lo que
ha ocurrido realmente. El conflicto político y jurídico
que ha existido entre los sucesivos gobiernos del Estado
y determinadas comunidades autónomas ha venido solucionándose a través de la aplicación de los estatutos de
autonomía. La cuestión ha radicado mucho en quién ha
tenido la capacidad de decidir sobre esa aplicación. Por
ejemplo, ¿quién determina qué es lo que se entiende por
competencia educativa? ¿Hasta dónde llega el artículo 27
del derecho de educación? ¿Llega exclusivamente a que
todos los ciudadanos del Estado español tengan la capacidad y el derecho a recibir educación gratuita sin ningún
tipo de problema o ese derecho a la educación puede
llegar a determinar cómo deben ser los pupitres en una
aula, cuántos niños tienen que estar en ella y si tienen
que ser de determinados lugares de la misma ciudad o
pueden entrar otros niños? ¿Hasta dónde llega?
El problema ha sido muy claro, lo vemos hoy. Habla
de educación, educación que en nuestro Estatuto —hablo
de nuestro Estatuto y no del catalán porque lo desconozco— venía reconocida ya como parte de los derechos
históricos de la disposición adicional de la Constitución,
el único específico que contiene esta cuestión. Lo digo
porque a lo largo de estas semanas, en el debate de la
Ley Orgánica de Educación, se ha visto que no es un
tema baladí. Por ejemplo, nosotros pedimos al Ministerio
de Educación y al Grupo Socialista que incluyeran en la
Ley de Educación que está en este momento en el
Senado una disposición adicional que dijera algo que les
parecerá evidente, pero ya entenderán por qué lo
pedimos. Les pedimos que incluyera algo así como que
en la presente ley se entenderá, en el respeto a lo que
dice la Constitución, la disposición adicional y los estatutos de autonomía. Lo pedimos porque no era tan evidente. ¿Por qué? Porque siguiendo la interpretación que
el señor Trillo está haciendo en esta misma sala, el Estatuto de Autonomía está supeditado a la ley básica y a la
jurisprudencia constitucional. Por tanto, ¿dónde quedaría
nuestra competencia de educación que, en el caso de
Euskadi, no solo está en el Estatuto de Autonomía, sino
que está ligada con la disposición adicional de derechos
históricos? Ya no existiría.
Este es un ejemplo de la actualidad parlamentaria que
estamos debatiendo y de las negociaciones que se están
llevando a cabo en el Senado con la Ley Orgánica de
Educación. Esta es una de las cosas que se han venido
produciendo durante veinticinco años. Alguien que no
conociera los intríngulis jurídico-políticos de este país
o de este Estado podría preguntar: ¿Habrá algún árbitro?
Sí, el Tribunal Constitucional. Pero cuando uno sabe que
el Tribunal Constitucional no es designado por las dos
partes que tienen que dirimir el problema, sino que se
designa en parte por las Cortes Generales, en parte por
el Gobierno y en parte por… Bueno, no voy a entrar
ahora en la dinámica de la designación. Por ejemplo,
imaginémonos que todos lo diputados y diputadas de la
Comunidad Autónoma vasca nos pusiéramos de acuerdo
—a lo mejor algún día podemos hacerlo— para defender
nuestras competencias de autogobierno. Si no recuerdo
mal —el señor Esteban me ayudará, y no sé si hay alguno
más de aquí—, no llegaríamos a dieciséis. ¿Podríamos
tener algún peso en 350? Imposible. Señorías, seamos
realistas. O se defienden claramente las competencias
de las comunidades autónomas, no solamente en relación
con la determinación de sus propias competencias, sino
con los mecanismos de designación del árbitro constitucional, ya sea a través del blindaje de competencias
—como ha considerado oportuno el estatuyente, en este
caso el Parlament de Catalunya—, ya sea a través de la
recogida precisa en técnica jurídica de todas las competencias o a través de otras vías, o nos encontraremos con
que cualquier ley que se determine como básica o como
orgánica anulará de cabo a rabo todas las competencias
de un Estatuto de Autonomía. Este es el gran debate
político, este es el debate que algún día tendremos que
lidiar claramente. Lo que ha hecho el Parlament de
Catalunya es plenamente constitucional. Ha recogido
todas las competencias derivadas del Estatuto de 1979,
no ha recuperado ninguna más allá de las que ya existían
y ha dicho: Señorías, para que no quede duda, estas son
nuestras competencias, para que un carácter básico X, Y
o Z no pueda anular las competencias, competencias que
no se hacen ex novo, sino que vienen del año 1979 y que
hay que defender.
Esta es una técnica que gustará más o menos y hará
más o menos jurídicamente comunicativa la situación
muy legal y muy constitucional, pero el problema de
fondo subsiste y es el que hay que abordar. Señorías, no
voy a profundizar más en este título IV, de las competencias, porque ustedes, el Parlament de Catalunya, han
decidido cuáles son los elementos que hay que reformar,
qué competencias requieren en el siglo XXI y en el
año 2006 y cuáles son las soluciones que mejor han
considerado. Yo no tengo nada que decir en este tema,
pero sí tengo decir algo en el debate político y agradecerles que lo hayan traído porque no han hecho nada ex
novo, se han ajustado a la Constitución y sobre todo a
su Estatuto del año 1979. Ustedes simplemente pretenden conseguir una lealtad, la garantía de que sea una
realidad su aplicación, entrada en vigor, y que no sea
solo unilateral sino que sea bilateral de lo que ya se
pactó.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
Esteban.
El señor ESTEBAN BRAVO: Señor presidente,
intervendré dos minutos o como mucho tres.
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El señor SÁNCHEZ I LLIBRE: Señoras y señores
diputados, mi intervención va a ir dirigida a hacer
algunas réplicas a las manifestaciones que han hecho los
representantes del Grupo Popular sobre la base de la
discusión de este título de competencias y definición de
las tipologías correspondientes.
En primer lugar, respecto a las manifestaciones y las
apreciaciones que ha hecho la señora Sáenz de
Santamaría, del Grupo Parlamentario Popular, le
pediría desde Convergència i Unió, con la máxima
cordialidad ya que el tono de su intervención está
dentro de los límites dignos de este Parlamento, más
rigor, más seriedad y muchísimo más sentido común.
En su intervención ha hecho apreciaciones respecto al
desarrollo legislativo de estas competencias y de este
Estatuto que no se corresponden con la realidad. Usted
ha dicho que con la aplicación de estas nuevas tipologías va a haber muchísima menos inversión en Cataluña
y que con la aplicación de estas nuevas competencias
la fiscalidad diferirá en Cataluña respecto a la fiscalidad
del Estado central. Quisiera hacer en este tema una
apreciación, doña Soraya. En la Comunidad Autónoma
de Madrid su presidenta, que es del Partido Popular, ha
exonerado el 95 por ciento del impuesto sobre sucesiones y donaciones, y desde Cataluña no hicimos
absolutamente nada. (El señor Fernández Díaz:
Hacerlo.) Vamos a aplicar con el mismo rigor todas las
apreciaciones que usted pueda plantear respecto al
desarrollo de este nuevo Estatuto.
También ha dicho que habría grandes deslocalizaciones. Existirán deslocalizaciones si determinadas
formaciones políticas continúan en la dirección de plantear boicots a productos catalanes. Que haya deslocalizaciones por la aplicación del marco legislativo del
Estatuto es totalmente imposible. Sinceramente, no creo
que con la aplicación de este nuevo Estatuto, cuando esté
aprobado, en el aeropuerto de El Prat vaya a haber cantidad de profesionales con maletas desapareciendo de
Cataluña: abogados, ingenieros, industriales, etcétera.
(El señor Fernández Díaz: Ya lo verás.) De su exposición se ha desprendido que a la mayoría de despachos
profesionales, de abogados, de ingenieros, de economistas, etcétera, por la aplicación de este Estatuto les va
a ser totalmente imposible poder desarrollar sus funciones. Afortunadamente, señora Soraya… (Rumores.—
La señora Sáenz de Santamaría: Doña Soraya o
señora Sáenz de Santamaría.) Está bien, Soraya a secas
o señora Sáenz de Santamária. Por tanto, nada más lejos
de la realidad que sobre la base de sus afirmaciones
tengamos en Cataluña deslocalizaciones de despachos
profesionales, deslocalizaciones de inversiones industriales porque de su aplicación nada de esto, afortunadamente, se va a producir. Por tanto, más rigor, más
seriedad y más sentido común.
También querría replicar a algunas de las manifestaciones que ha hecho el señor Trillo. En primer lugar,
señor Trillo, no nos responsabilice de la ausencia de sus
diputados. Yo aquí llevo viendo durante el día de hoy la
Después de oír los discursos pronunciados en esta
Comisión creo que tenemos un problema oftalmológico
porque hay algunos que ven al Estado delgadito, delgadísimo, con un problema de anorexia galopante y hay
otros que, en cambio, le vemos bastante gordito y bien
cebado. Quizás pueda suponerse que el problema oftalmológico es de los que menos coinciden o los que son
minoría a la hora de tener esta visión. ¿Competencias
exclusivas que le quedan al Estado? Al Estado le quedan
muchas. Le queda todo el artículo 149; aparte de dicho
artículo le queda todo este sistema que se han inventado
de crear bases con un 149.1.1, que, insisto, vale absolutamente para todo; y además tienen ustedes la cláusula
residual, el artículo 149.3, que dice que las materias no
asumidas por los estatutos de autonomía, o que luego
ustedes interpretan que no han sido asumidas por los
estatutos de autonomía, son para el Estado. Fíjese si
existe margen o no.
Sin entrar en el tema competencial estricto del Estatuto quisiera recordar algo que se ha dicho además en
esta legislatura en la discusión del proyecto presentado
sobre el Estatuto vasco, y también en el caso del Estatuto
catalán, y es el valor de los acuerdos políticos. Hay temas
y asuntos que tienen que dilucidarse y delimitarse a
través del diálogo y del acuerdo entre los agentes políticos y que no corresponde a un tribunal equis resolver
y dilucidar. Ya hacía referencia el señor Pérez Rubalcaba
por dos veces —creo que en dos diarios de sesiones del
Pleno podríamos encontrarlo— al sentido del pacto que
tienen los estatutos y hoy en día lo tienen más. Sentido
de pacto en especial, por ejemplo, en el caso del catalán,
de los denominados antiguamente de vía rápida, ya que
hemos constituido la Comisión de manera especial, hay
una representación del Parlament y sobre todo esto va a
pasar a referendo y va a ser ratificado, en su caso, por
los ciudadanos. En ese sentido, el señor Pérez Rubalcaba
señalaba —y yo me sumo a esa visión de los estatutos—
un pacto entre el ámbito territorial en el que va estar
vigente ese Estatuto y el Estado. No vale después crear
litigios constitucionales para que en un ámbito, por
ejemplo el Tribunal Constitucional, se tomen decisiones
con efectos, con consecuencias políticas. Muchas veces
enviamos a los magistrados asuntos en los que no quisieran entrar, porque quizás crean que no deberían entrar.
Hay temas políticos que deben ser abordados en el
ámbito político y no utilizar otras instancias para querer
reconducir o reencauzar aquello que en opinión de
algunos se ha ido de las manos. En ese sentido, este es
un momento importante; esta es una instancia importante. Lo que sí estamos haciendo —y creo que debería
ser aceptado por todos— es renovando las relaciones
entre el Estado y Cataluña y renovando la estructura
constitucional del país en relación con Cataluña. Ese es
el mensaje que quería transmitir.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
Sánchez i Llibre.
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presencia de todos los diputados de las delegaciones
catalanas y, en cambio, no he visto a la mayoría de diputados … (El señor Fernández Díaz: El señor Duran.)
Sí, también he visto al señor Duran, don Jorge Fernández
Díaz. Sin embargo, no he visto que la mayoría de los
diputados del Grupo Popular hayan estado presentes
durante todo el día ante esta Comisión.
También me gustaría decirle al señor Trillo que quizás
desde el Partido Popular tendrían que hacer examen de
conciencia de por qué hemos llegado a la formulación
de los artículos 110 a 115. ¿Por qué en estos momentos
la mayoría que configura el Parlamento de Cataluña, que
es el 90 por ciento de sus diputados, ha llegado a una
redacción de este tipo? Pues bien, yo se lo explicaré
rápidamente, aunque algunos de los portavoces que me
han precedido en el uso de la palabra también lo han
planteado. En los últimos veinticinco años la Generalitat
de Catalunya ha planteado 318 actuaciones ante el Tribunal Constitucional —concretamente 229 conflictos
y 90 reclamaciones—, por tanto, algo ha tenido que
pasar para que nosotros hayamos planteado en bloque
un Estatuto de estas características y con competencias
de determinadas tipologías. Asimismo, quiero decirles
a los diputados del Grupo Popular que durante la elaboración de este Estatuto en el Parlamento de Cataluña
nunca ha existido desconfianza respecto de la actual
Constitución, aunque sí respecto de la aplicación de las
diferentes sentencias del Tribunal Constitucional por
parte de los distintos gobiernos. Concretamente me
referiré a que el Gobierno —el socialista en este caso y
antes el del Partido Popular— todavía no ha traspasado
los fondos del Forcem, dejando de acatar una sentencia
del Tribunal Constitucional y varias del Tribunal
Supremo. Por este motivo realizamos estos planteamientos, ya que estamos hartos de que en determinadas
circunstancias haya existido acoso y derribo respecto a
determinadas competencias que legislativamente pertenecían al Gobierno de la Generalitat.
También me gustaría plantear otras premisas importantes. Las intervenciones de los dos portavoces del
Grupo Popular —repito, intervenciones muy cordiales—
parten de la base de que las comunidades autónomas son
adversarias del Estado, el enemigo a batir. Su planteamiento es el siguiente: hoy te damos estas competencias,
pero mañana, si cambian las mayorías parlamentarias,
te las quito. Por otra parte, uno puede llegar a tener la
impresión de que ustedes tienen pánico —incluso diría
que tienen terror— a que el Estado desaparezca, quizás
porque la mayoría de los dirigentes del Partido Popular
son altos funcionarios del Estado y piensan que esto les
puede afectar, es decir, quizás por exceso de corporativismo. Pues bien, estén tranquilos porque nosotros no
vamos en esta dirección, sino en la de profundizar en el
autogobierno respetando siempre la Constitución española. Nosotros no queremos que el Estado desaparezca,
y más tarde me referiré a ello. Según ha manifestado el
señor Trillo, ustedes parten de la base de que este Estatuto tiene un triple blindaje, así como que con este
Estatuto nosotros pretendemos expulsar al Estado de
Cataluña. Esto lo dijo usted en una de sus intervenciones
durante los trabajos de la ponencia, y tengo que decir
que estas afirmaciones tampoco son ciertas. Señor Trillo,
nada más lejos de la realidad, ya que nosotros partimos
de la base de que la Generalitat de Catalunya también es
Estado, por tanto, nosotros no pretendemos autoexpulsarnos, sino que se cumplan las sentencias del Tribunal
Constitucional y que el Estado dentro de sus atribuciones
haga un uso debido de las competencias compartidas, y
es en esta dirección en la que van los artículos 110, 111,
112, 113 y 114.
El señor PRESIDENTE: Señor Sánchez i Llibre,
vaya terminando. Tenía usted cinco minutos, pero se ha
alargado un poco.
El señor SÁNCHEZ I LLIBRE: Muchas gracias por
su benevolencia, señor presidente. Termino diciendo que
el señor Trillo también ha dicho en su intervención que
mediante la aplicación de este Estatuto y de la legislación
a través del desarrollo de estas competencias va a desaparecer la colaboración entre el Estado y la Generalitat.
Pues bien, yo quisiera tranquilizarles en este sentido, ya
que el artículo 174 del título V —señor Trillo, aunque
no se refiere a competencias hay que leerlo— dice que
«la Generalitat y el Estado se prestan ayuda mutua y
colaboran cuando sea necesario para el ejercicio eficaz
de las competencias respectivas y para la defensa de los
intereses respectivos.»
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
López Garrido.
El señor LÓPEZ GARRIDO: Yo también celebro,
como hacían la señora Santos y otros intervinientes, el
tono del debate de esta tarde, así como el de las intervenciones del señor Trillo y de la señora Sáenz de
Santamaría, que han intentado bajar a los contenidos de
los textos convirtiendo esta sesión en un auténtico
debate. El título que estamos tratando es absolutamente
central, probablemente de los más importantes —si no
el más importante— del Estatuto de Autonomía de Cataluña, donde se dilucida la relación entre el Estado y la
Comunidad Autónoma de Cataluña en cuanto a sus
competencias y, según está previsto que sea en el artículo 147.2 de la Constitución, es típico de cualquier
Estatuto de Autonomía. Dice este artículo que un Estatuto de Autonomía tiene que contener obligadamente las
competencias asumidas dentro del marco establecido en
la Constitución. Por tanto, se cumple exactamente ese
designio constitucional y la relación entre el Estado y la
comunidad autónoma se rige por un principio europeo
que está previsto en el Tratado de la Constitución
europea, como es el de subsidiariedad. Se trata, sin duda,
de que las decisiones políticas se hagan lo más cerca
posible del ciudadano y que se vea en última instancia
quién puede ser más eficaz, salvaguardando los princi-
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pios sagrados del autogobierno, de la unidad del Estado
y de la solidaridad, que están en la base de nuestro sistema constitucional.
Este es un título muy complejo y muy desarrollado,
y sin duda preocupa al Parlamento de Cataluña. En este
sentido, y según ha reconocido el propio Tribunal Constitucional, la expansión de la autorización de las leyes
básicas por parte del Estado ha llevado en ocasiones a
entrar en exceso en territorios que más bien deberían ser
propios de las comunidades autónomas, cuestión por la
que, por cierto, han protestado las comunidades autónomas de todos los signos políticos y que sin duda está
presente en la arquitectura de este título IV de la propuesta del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Asimismo, y debido a lo prolijo del mismo, es necesario que
haya un capítulo como el que ahora debatimos, aunque
no sé si estamos debatiendo exactamente y lo digo
porque en algunas ocasiones se ha hablado de todo salvo
de los artículos concretos que nos señaló el señor presidente como objeto de este debate, artículos 110 a 115.
Pues bien, yo me voy a limitar exactamente a esos artículos, ya que mi compañero don Ramón Jáuregui
hablará después del resto de los artículos de este título.
En mi opinión, estos artículos son muy importantes
porque vertebran todo el título; lo organizan y establecen
una técnica clarificadora imprescindible para poder
entender y manejar después el resto del articulado, donde
se habla de las competencias ejecutivas básicamente. La
tipología recogida en este título no está establecida de
una forma tan completa en ningún Estatuto de Autonomía hasta el momento —y digo hasta el momento
porque no cabe duda de que este Estatuto de Autonomía
de Cataluña va a convertirse en una referencia importante
para otros estatutos de autonomía—, y sirve para clarificar y dejar más diáfano el territorio de competencias
del Estado y de la comunidad autónoma y no para crear
más pleitos, como decía el señor Trillo, sino, como digo,
para crear menos pleitos, para que quede todo mucho
más claro al proyectar en alguna medida lo que hasta
ahora ha sido la jurisprudencia del Tribunal Constitucional respecto a este listado de competencias. Por tanto,
este título clarifica sin duda las relaciones entre el Estado
y la Comunidad Autónoma de Cataluña. Asimismo, y
como decía también la señora Santos, sin duda este título
—en este caso el capítulo I, de tipología de las competencias— es plenamente constitucional. No hay ningún
tipo de reserva que pudiera existir frente a la constitucionalidad o no de esta tipología. Es una opción del
legislador estatuyente el que se opte por esta tipología o
no. En los estatutos hasta ahora existentes, por ejemplo,
el catalán dice: Son competencias exclusivas, y hace una
lista de treinta y tantas competencias exclusivas. El problema es qué quiere decir competencias exclusivas,
porque en la práctica lo que ha sucedido es que algunas
son muy exclusivas, otras son menos exclusivas y otras
son nada exclusivas. Poner al principio de ese título qué
se entiende por competencia exclusiva, qué quiere decir
compartida o qué quiere decir ejecutiva es algo clarifi-
cador. Por tanto, es algo plenamente constitucional,
plenamente adecuado al objetivo clarificador de este
título y me parece que muy adecuado a los objetivos de
la inteligibilidad, no lo contrario, de este Estatuto de
Autonomía. En ese sentido, nosotros diferimos absolutamente de las palabras del señor Trillo —que dijo al
principio también el señor Rajoy— sobre que esto es
algo ininteligible. Yo creo que esto lo hace más inteligible. Sabemos lo que queremos decir cuando hablamos
de exclusivas, de compartidas o de ejecutivas, que son
las tres competencias básicas que aparecen en los artículos 110 y siguientes.
Es un capítulo con el que nosotros los socialistas
estamos muy de acuerdo. Las enmiendas transaccionales
que presentamos en ponencia se aceptaron, se incluyeron
y, por tanto, estamos muy identificados y muy de acuerdo
con lo que dice pero, como son muy pocos artículos, yo
quisiera referirme en concreto a cuatro de ellos, el 110,
el 111, el 112 y el 114. El artículo 110, Competencias
exclusivas. Cuando se dice en el Estatuto que la Generalitat tiene la competencia exclusiva, ¿qué quiere decir?
Que le corresponden —se ha suprimido la palabra excluyente y dice— «…de forma íntegra la potestad legislativa, la potestad reglamentaria y la función ejecutiva.»
Decían los representantes del Grupo Popular que no se
ha incluido la mención que había al artículo 149.1.1.ª
Es que era una mención limitativa. Cuando se interpreta
un artículo de un estatuto de autonomía, no solamente
el 149.1.1.ª, toda la Constitución está vigente, el 149.1.1.ª
y otros artículos de la Constitución que puedan ser, en
su caso, de aplicación.
Artículo 111. Me parece que este es el más polémico,
seguramente el más importante y el que requiere una
explicación mayor. Quiero expresamente detenerme en
él porque quizá, en un futuro, los «Diarios de Sesiones»
de esta Comisión sean leídos para conocer eso que se
llama la voluntas legislatoris. Convendría saber lo que
nosotros entendemos por competencias compartidas y
qué es lo que quiere decir este artículo 111 cuando señala
que competencias compartidas son aquellas en donde el
Estado fija las bases y la comunidad autónoma, el desarrollo. Básicamente, esas son las competencias compartidas. Lo que hay aquí es una fijación más concreta de
lo que hay que entender por bases, porque es verdad que
hay un recelo hacia la posible extralimitación de lo que
son las bases. En este artículo se dice que las bases son
las que fije el Estado como principios o mínimo común
normativo en normas con rango de ley, excepto en los
supuestos que se determinen de acuerdo con la Constitución y el presente Estatuto. Por tanto, las bases son
principios o mínimo común normativo, es decir, lo que
señalaba el Tribunal Constitucional, las bases sirven, por
una parte, para establecer los criterios fundamentales
que aseguran una unidad normativa indispensable en un
sector —hace falta una base para eso— y, por otra, son
un límite al legislador autonómico que no puede traspasar nunca el legislador autonómico. Esos son los
objetivos de la fijación de una base. El Tribunal Consti-
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olvidemos que el Estatuto de Autonomía es parte del
bloque de la constitucionalidad. Dejemos claro lo que
quiere decir este artículo 111: Principios o mínimo
común normativo, que serán con rango de ley, como dice
el Tribunal Constitucional que deben serlo, pero con
excepciones que fijará el Estado, siempre de acuerdo con
la Constitución y con el Estatuto, siempre de acuerdo
con el bloque de la constitucionalidad.
El artículo 112 se refiere a competencias ejecutivas y
creo que es muy claro. El Estado puede regular, por ley
o incluso por reglamento, y ser ejecutado, también por
reglamento y por actos administrativos, por la comunidad autónoma; eso son competencias ejecutivas. En
cuanto a la actividad de fomento, está claro, señora
Sáenz de Santamaría —usted ha hecho hincapié en este
asunto—, que aquí hay una regulación en la que se aplica
ese principio traído del derecho constitucional norteamericano, el spending power, es decir, no siempre quien
paga determina la finalidad de esos fondos, no siempre
quien tiene la bolsa —como se dice allí— asume necesariamente la competencia. Por eso es por lo que hay una
gradación de posibilidades de la comunidad autónoma,
que aun en el caso de fondos del Estado que lleguen a la
comunidad autónoma, si es con competencia exclusiva,
la comunidad autónoma tiene una gran capacidad de
distribución; si es compartida, algo menos y si es ejecutiva, algo menos. Esa es sencillamente una definición de
este artículo 114.
Este capítulo de tipologías es muy clarificador, técnicamente muy adecuado, sobre todo al Estado de las
autonomías. Por lo que le he escuchado, señora Sáenz
de Santamaría, me parece que quería decretar la abolición del Estado de las autonomías. El Estado de las
autonomías es pluralismo, significa que hay una pluralidad de ordenamientos jurídicos. Ese es el Estado de las
autonomías —como en los Estados federales de Estados
Unidos, Alemania o Suiza hay pluralidad de ordenamientos jurídicos—, al que hay que añadir, por cierto, el
ordenamiento jurídico europeo, que hace más plural
todavía los ordenamientos que conviven en nuestro sistema. Por eso, estamos absolutamente de acuerdo con
esta tipología, que se corresponde con lo que debe ser
esta nueva etapa de impulso autonómico y que va a tener
un punto de referencia esencial en el Estatuto de Autonomía de Cataluña. (Aplausos.)
tucional ha propugnado siempre que las bases deberían
estar establecidas por ley —por la importancia de las
bases, debería ser así; sentencias 69/1988, 80/1988 y
otras—, aunque es verdad que el Tribunal Constitucional
también ha admitido que haya normas básicas por disposiciones infralegales, por debajo de ley, en temas
especialmente técnicos y siempre con un carácter excepcional. Pues eso es lo que se dice en este artículo, al se
traslada lo que ya se ha consolidado como una interpretación de sentido común de lo que son las bases: principios o mínimo común normativo.
Decía la señora Sáenz de Santamaría —y en esto se
equivocaba radicalmente—: No, no, el Tribunal Constitucional dice común normativo, no dice mínimo común
normativo. En absoluto, señora Sáenz de Santamaría. Yo
tengo aquí una sentencia de hace unos meses, de 21 de
julio del año pasado, fíjese lo que dice el Tribunal Constitucional sobre las bases: En lo concerniente a la dimensión material de las normas básicas, siempre hay que
estar a la valoración concreta de la norma, apreciando si
la misma contiene los criterios determinantes para la
ordenación del segmento sustantivo de que se trate;
criterios dotados en principio de una cierta estabilidad y
que constituyen, por así decirlo, el mínimo común normativo de dicho segmento. Sentencia 212/2005. Otra,
un poco más lejana pero del mismo año pasado, del 17
de febrero, habla del medio ambiente y de que hace falta
salvaguardar unos medidores de características uniformes para toda España que garanticen la calidad del
medio ambiente, y dice: Se prevé —en el artículo 149.1.23.ª de la Constitución— un mínimo común
denominador para todo el Estado, sin perjuicio de que
las comunidades autónomas puedan establecer normas
adicionales de protección. También hay algunas materias
—por ejemplo, en el sistema sanitario— en donde el
Estado establece unas bases, el artículo 149.1.16.ª se
refiere a bases del Estado, y fija que estas bases tienen
que mejorar en el ámbito territorial correspondiente el
mínimo común denominador establecido por el Estado.
Esa es la definición de base que aparece en esa sentencia.
El señor PRESIDENTE: Señor López Garrido, vaya
usted terminando.
El señor LÓPEZ GARRIDO: Por último, sentencia
de 24 de febrero, también de 2004, que dice: Determinaciones que aseguran un mínimo común normativo en
el sector material de que se trate. Por tanto, tiene que
quedar claro que mínimo común normativo no es equivalente necesariamente a principios. Hay bases que
pueden ser principiales, de principios, pero cabe que no
sean principios, que tengan un carácter más concreto
pero que sean en todo caso un mínimo común normativo
en normas con rango de ley, salvo excepciones, y en este
Estatuto de Autonomía no hay una lista de las excepciones. Las excepciones las determina el Estado con
arreglo al bloque de la constitucionalidad, porque no
El señor PRESIDENTE: Iniciamos ahora un breve
turno de réplica para aquellos representantes que han
intervenido y que quisieran hacer uso de él. El señor
Trillo-Figueroa tiene la palabra.
El señor TRILLO-FIGUEROA MARTÍNEZCONDE: Señor presidente, ha habido esta tarde un
debate realmente ilustrativo sobre un tema muy complejo, como todos hemos coincidido en calificar, en el
que se han dicho muchas cosas. De manera especial, ha
sido muy clarificadora la intervención, por contradicción
a nuestras enmiendas, de los representantes del Parla-
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mento de Cataluña. Quiero agradecer a todos, tanto a los
representantes del Parlamento de Cataluña como a los
del Congreso de los Diputados, sus claras y sinceras
intervenciones, así como el mantenimiento del tono, con
alguna excepción, de la que se encargará por alusiones
la señora Sáenz de Santamaría.
Los señores Ridau, Saura, Camp y la señora Santos
—disculpen si me dejo a alguno— dicen que tratan de
evitar con esta tipología de las competencias a vuelapluma la desconfianza soportada estos años, la volatilización de las competencias exclusivas, la expansividad
de las bases en la jurisprudencia constitucional y en el
propio uso que de las bases o de la legislación básica ha
hecho el Estado, la invasión competencial que con este
u otros títulos se ha producido, las disfunciones que se
han originado en estos años y una lectura reduccionista
—ha dicho el señor Saura— de las posibilidades del
Estado autonómico, y para evitarlo han fijado los criterios sobre competencias exclusivas, compartidas, estas
nuevas de participación, etcétera.
Quiero referirme de nuevo a lo que ha ocurrido por
alusión a los que han intervenido desde el Congreso de
los Diputados. El problema es que en las competencias
exclusivas no solo se han definido competencias exclusivas, aunque se ha suprimido el término excluyente por
la enmienda del Grupo Socialista de acuerdo con CiU
en la ponencia, sino que sigue siendo excluyente el inciso
que dice, tras aclarar que son la potestad legislativa, la
reglamentaria y la función ejecutiva: Corresponde únicamente a la Generalitat el ejercicio de estas potestades
y funciones. No se escandalice, señor Sánchez i Llibre,
no es que quieran que desaparezca el Estado de Cataluña.
Ya sé que el Estado son las comunidades autónomas. El
primero que habló de aquello —se acordarán el señor
Guerra y alguna de SS.SS.— fue el señor Calvo-Sotelo
en aquel célebre, y en algún caso malhadado, debate de
investidura cuando hablaba de Estado en el sentido del
artículo 149. Ya lo sabemos, pero convendrá conmigo en
que también cierta presencia del Estado no estaría de
más, y es que lo han reducido a las competencias de las
Fuerzas Armadas y, si me permite que lo diga en términos jocosos, a las compartidas con la Administración
exterior del Estado, eso sí, para obtener el pasaporte
diplomático para los representantes de la Generalitat en
el Comité de Representantes Permanentes de la Unión
Europea, etcétera. Queda muy poquito más. Ya me dirán
qué competencias exclusivas del Estado quedan. (El
señor Puig i Godes: Sanidad.) La Sanidad, compartida.
Ya lo veremos. Tenemos un día más.
Déjenme que pare ahora precisamente en el tema de
las compartidas. Han sido ustedes muy claros, pero el
señor López Garrido tiene que hacer verdaderos girolitos
—si se me permite esta expresión— para compatibilizar
sus afirmaciones de defensa de la Constitución con las
de los representantes del Parlamento de Cataluña, que
con toda claridad han dicho que quieren cambiar el
concepto de legislación básica y han ido a una delimitación funcional —lo decían principalmente el señor Camp
y algún otro interviniente— que no quieren que coincida
con la delimitación material y formal que había hecho
el Tribunal Constitucional. En consecuencia, toda esa
jurisprudencia queda, como decía aquel fiscal famoso,
absolutamente derribada con la entrada en vigor de este
Estatuto, la biblioteca entera, de todo lo que significaba
legislación básica y que podía hacerse a título formal
tanto por ley como por reglamento, y quedaba un título
competencial efectivamente en ciertas ocasiones expansivo, también compartido, para el Estado. Eso es básicamente lo que se hace; eso sí, no me negarán que con
poco tratamiento en reciprocidad al Estado, como ha
señalado la señora Sáenz de Santamaría. Es decir, lo que
pretende el proyecto es que ninguna competencia exclusiva del Estado sea exclusiva, de ahí que insista; el
Estado, incluso en el sentido del 149, queda reducido a
la mínima expresión. Pongo dos ejemplos, pero
podremos ver más el miércoles. La Generalitat participará, en lo que se entiende en el 149 que son competencias exclusivas del Estado, en la planificación y en la
gestión de los recursos y los aprovechamientos hidrológicos cuando las cuencas hidrográficas sean intercomunitarias. ¡Caramba! Si eso era una competencia del
Estado, allí ya, por ser exclusiva, ya es compartida,
porque ustedes se han atribuido el título de participación
en las competencias exclusivas del Estado, incluso en
aquellos —lo vimos en ponencia— ríos que incluso
transcurran fuera del ámbito estatal y terminen desembocando o abocando a Cataluña. Es decir, se están
autoatribuyendo en competencias exteriores una participación, que es una manera de decir que lo que no es
exclusivo de la Generalitat tampoco lo es del Estado,
sino que es participado por la Generalitat.
Concluyendo, señor presidente, ¿cuáles son los argumentos que se dan para mantener este nuevo sistema de
delimitación de competencias? Se dice por algunos que
el blindaje significa aseguramiento. Llámenlo como
quieran. Nosotros lo llamamos blindaje, doble blindaje
o triple blindaje, y ustedes aseguramiento, pero es evidente que se están introduciendo unilateralmente unos
criterios fijados por el Estatuto de Cataluña que no son
los coincidentes con la jurisprudencia constitucional, que
no son los coincidentes con los que ya el Constitucional
vetó en el momento de la Loapa y que además no tienen
por qué ser coincidentes con el desarrollo de otros estatutos de autonomía; en consecuencia, están decidiendo
unilateralmente y en contra de la sentencia de 5 de
agosto de 1983, de la Loapa, cuáles son los criterios que
en el futuro han de orientar las competencias. Llámenlo
blindaje o no lo llamen blindaje. Dicen que es clarificador. Sí, es clarificador. El presidente del Gobierno se
refirió a ello en el debate de totalidad; dijo que era un
esfuerzo por clarificar. Alguna competencia, por cierto,
ya estaba en el Estatuto vigente de 1979. Las exclusivas
se definían más o menos como están, sin el carácter
excluyente, dicho sea de paso, pero sí se definían. No le
corresponde —lo siento mucho— al estatuyente catalán,
ni siquiera al Congreso de los Diputados ni a ambos
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Congreso
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conjuntamente, hacer esa clarificación; le corresponde
a nuestro juicio al Tribunal Constitucional. Como
colofón, me ponen el ejemplo de los casos belga y helvético; pero es que allí se están reformando las constituciones, señor Ridao. (Rumores.). Y aquí también pero
por la vía del estatuyente, y eso es lo que nosotros sencillamente no compartimos. Por tanto, no nos parece
adecuado.
Señorías, tengo que leerlo. Comprendo que a estas
alturas del debate puede parecer que se hurga en la
herida, pero el Estatuto tiene una concepción, siendo la
norma institucional básica —nadie lo discute—, subordinada a la Constitución. ¡Qué le vamos a hacer! Así lo
dice el Tribunal Constitucional de nuevo en la sentencia
de 1983: Articulándose así el sistema competencial —es
decir, para este caso— mediante la Constitución y los
estatutos, en los que estos ocupan una posición jerárquicamente subordinada a aquella. Las cosas son como son.
¿Qué ocurre?
Intervengo muy brevemente, sobre todo por alusiones.
En primer lugar, señor Ridau, en ningún momento ha sido
mi intención venir a disparar a S.S., pero en el caso de que
se me hubiera ocurrido desde luego no hubiera venido con
una escopeta de perdigones, yo le respeto mucho intelectualmente y sé que usted es caza mayor; por cierto, también competencia exclusiva en este Estatuto.
Doña Lidia Santos. Lo he oído mucho, tanto de usted
como del Partido Socialista, en este caso Obrero Español,
en otro caso el Partido Socialista de Cataluña, que hace
gala de catalanismo político. Me gustaría que no se
confundiera en esta Comisión, que es la Comisión Constitucional y hay que tener un gran rigor jurídico —como
nos lo ha recordado el señor Sánchez i Llibre, o don
Josep, de ambas maneras vale—, que una cosa es la
organización política del Estado y otra la distribución
territorial del poder político. Una cosa son los regímenes
autoritarios y democráticos y otra cosa son los regímenes
centralistas o descentralizados.
A don Diego López Garrido quiero decirle que creo
que en ningún momento me puede dar clases de creencia
en el Estado autonómico. Es en el Estado en el que he
nacido, me he criado, he estudiado y he hecho mi oposición, esa que me da la categoría de funcionario, hoy
tan denostada en esta sala. Le voy a dar un ejemplo. Me
creo tanto el Estado de las autonomías que hace poco
discutimos en esta ilustre Comisión Constitucional una
ley que se llamaba Ley de publicidad institucional. Como
consecuencia de una enmienda de Izquierda Unida —no
veo aquí a nadie—, se estableció que los objetivos y los
requisitos de la publicidad institucional tenían carácter
de legislación básica, apoyado por el Partido Socialista;
no sé si el Partido Socialista de Cataluña promoverá que
se impugne esa ley. Pues bien, fue precisamente el Grupo
Popular el que presentó una enmienda —yo sé que al
presidente no le convence— diciendo que no podía
regularse legislación básica en una Ley de publicidad
institucional porque no existía título competencial al
favor del Estado al extremo. Quizá por eso deriva toda
esa desconfianza, pero precisamente, don Diego López
Garrido, no me dé clases de cuándo hay determinados
títulos competenciales. Le digo que me lo creo, y me lo
creo tanto que precisamente mi grupo está defendiendo
aquí el Estado de las autonomías, porque hace tiempo
que estamos hablando de otro tipo de Estado o de otro
modelo de Estado. A lo largo del día se ha planteado que
quizá convendría hacer ciertas modificaciones de la
Constitución. Efectivamente, eso es lo que dice mi
grupo; si queremos cambiar de modelo de Estado, si
queremos establecer otro reparto competencial, si queremos modificar la organización del Poder Judicial e
incluso la fórmula de nombramiento del Consejo General
del Poder Judicial, hagámoslo a través de una reforma
de la Constitución, hagámoslo a las claras y que todos
los ciudadanos decidan.
Señor Sánchez i Llibre, me gustaría hacerle unas
precisiones. No sé si esto es rigor, seriedad o sentido
común. Para mí el rigor, la seriedad y el sentido común
El señor PRESIDENTE: Va terminando, ¿verdad,
señor Trillo?
El señor TRILLO-FIGUEROA MARTINEZCONDE: Termino ahora mismo.
Ustedes consideran que tienen una competencia universal porque tienen una visión originaria de sus propias
competencias, y eso no lo podemos compartir. Hay unos
ejemplos muy claros con los que concluyo, señor presidente, que ha citado el señor Saura —como siempre, fino
argumentador— en la expansión de la planificación
general de la economía en los horarios y en la jubilación
de los consejeros de las Cajas de Ahorro. Señor Saura,
hace ya más de cien años, Pi i Margall, nada menos,
cuando habla de las nacionalidades —y lo puede comprobar su señoría— decía, para montar su Estado federal,
que luego fracasó tras las Constitución de 1869, que
había competencias que no se le podían discutir a la
federación, y entre ellas señalaba dos en las que el señor
Pi i Margall era absolutamente inflexible —luego todas
las constituciones federales lo han respetado—: el sistema comercial y el sistema de crédito. Los horarios de
las grandes superficies, en la fórmula combinada, compartida, de señalar unos días mínimos por el Estado,
determinados por la comunidad autónoma, no es una
mala fórmula, va mucho más allá de lo que pretendía Pi
i Margall; pero ir a la competencia exclusiva a mí también me parece un exceso, un exceso sobre la Constitución. Y exactamente igual en las Cajas de Ahorro, pero
de eso, señor presidente, señorías, tendremos oportunidad de hablar el próximo miércoles.
El señor PRESIDENTE: Señora Sáenz de Santamaría
o doña Soraya.
La señora SÁENZ DE SANTAMARÍA ANTÓN: O
Soraya a secas, señoría.
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no consisten en hacer alusiones personales ni concepciones abstractas. Para mí el rigor, la seriedad y el sentido común han supuesto leerme durante dos años este
Estatuto y tratar de traducir los efectos que tiene para el
ciudadano corriente. Eso es lo que he procurado hacer
esta tarde, porque no sé si será defecto de mi mentalidad
de funcionario pero muchas veo las patologías de las
normas, que es lo que me ha tocado defender, y yo veo
en esta norma ciertas patologías para el ciudadano. Me
dice que se lo diga con rigor. Se lo diré con rigor y de
paso contesto también al señor Saura cuando decía que
este Estatuto no vulneraba ninguna competencia exclusiva del Estado. Yo solo les voy a poner un ejemplo al
que he hecho referencia con dos ejemplos al inicio de
mi intervención: legislación mercantil. No confundan,
legislación mercantil no es legislación civil, aun cuando
en este Estatuto a veces se traduce. La legislación mercantil reserva al Estado la competencia exclusiva para
dictar, entre otras cosas, la regulación de la ordenación
comercial, empezando por el comercio electrónico,
siguiendo por la Ley de venta de bienes muebles a plazos
y por todas estas especialidades que aquí se reconocen.
Me pide rigor, y yo se lo digo. Me gustaría saber con qué
base se van a regular desde Cataluña, por ejemplo, las
ventas a distancia; si al consumidor o al empresario se
le va a aplicar o no la norma de Cataluña y, sobre todo,
me gustaría saber si el comprador internauta que está
sentado delante del ordenador de su casa tiene que mirar
a ver dónde está domiciliada la empresa a la que está
comprando por Internet para saber si se le va a aplicar
una norma u otra. Creo que eso es rigor.
En relación con los colegios profesionales, me gustaría reproducir una preocupación de la propia asociación
de los profesionales. Todos sabemos que a nuestro
derecho le falta adaptarse a Bolonia, que es un problema
que, por cierto, no soluciona la Ley de la Función
Pública, y que estamos yendo en el ámbito de la Unión
Europea, como debía ser, hacia una libre circulación de
los trabajadores, incluidas las profesiones liberales. Creo
que este Estatuto, coincidirán conmigo, supone una
dificultad añadida a la libre circulación de los profesionales por toda España, entre otras cosas, porque tendrán
que conocer su régimen de adscripción y, sobre todo,
porque estarán sometidos a un régimen disciplinario
propio. Competencia exclusiva, y si no es así —estamos
hablando de competencias exclusivas— díganmelo,
porque en ese caso estamos también ante el famoso
embrollo de Benham y ante el hecho de que este Estatuto
es ininteligible. Díganme hasta dónde llegan las competencias de la Generalitat en la regulación de las profesiones tituladas. Creo que a muchos profesionales de este
país les gustará saberlo.
En relación con el señor López Garrido y sus máximos
y mínimos comunes múltiples, me gustaría citarle una
sentencia donde se deja bastante corto el artículo 111 del
Estatuto. Se dice: Igualmente en lo atinente al alcance e
intensidad de dicha competencia, hemos señalado con
carácter general que cuando la Constitución utiliza el
término bases está comprendiendo funciones normativas
que aseguren en lo que es menester un común uniforme,
unas reglas a partir de las cuales las comunidades autónomas que tengan asumidas competencias en la materia
puedan ejercer. Pero estas competencias, señor López
Garrido, no se agotan en las propias legislativas, pues
cuando la preservación de un tratamiento uniforme
reclame el complemento reglamentario y aun el ejecutivo, se justifica la reserva de estas competencias en la
medida indispensable. Sentencias 57/1983; 144/1985;
96/1984. Otras más modernas, para que se me tranquilice
el señor Jaúregui. Marco normativo unitario de aplicación a todo el territorio, dirigido a asegurar los intereses
generales, a partir del cual pueda cada comunidad
autónoma, en defensa de su propio interés, introducir las
particularidades que estime convenientes dentro del
marco competencial que en la materia correspondiente
ha elegido en su Estatuto. Sentencia 197/1996. Pues
bien, con este Estatuto en la mano, es el propio Estatuto
el que dice cuándo el Estado puede dictar legislación
básica solo a través de una norma con rango de ley, lo
limita a los supuestos en que puede hacerlo a través de
una norma reglamentaria que corresponde exclusivamente al Tribunal Constitucional y en ningún caso lo que
se ampara es que sea necesario para las bases tener competencias ejecutivas, que, por cierto, las ha declarado
ampliamente el Tribunal Constitucional en relación con
las circulares del Banco de España sobre ciertas competencias en materia de supervisión y ordenación.
El señor PRESIDENTE: Señora Sáenz de Santamaría,
vaya terminando.
La señora SÁENZ DE SANTAMARÍA ANTÓN: Si
quiere, le dejo mi manual para que vea que es moderno:
La interpretación de la Constitución por el Tribunal
Constitucional, sentencias de 1980 a 2005, del señor
González Pérez.
Por último, en relación con las subvenciones, simplemente quisiera citar una sentencia. El Tribunal Constitucional, y en relación con las subvenciones, sin perjuicio
de reconocer las sentencias que ha citado aquí el señor
López Garrido, señala que el Estado en ocasiones puede
gestionar centralizadamente partidas presupuestarias
para gastos en fomento siempre que resulte imprescindible para asegurar la plena efectividad de las medidas
dentro de la ordenación básica del sector y para asegurar
las mismas posibilidades de obtención y disfrute por
parte de sus potenciales beneficiarios en todo el territorio
español. Este Estatuto establece un blindaje de subvenciones y con este Estatuto la aplicación de esta sentencia
del Tribunal Constitucional no cabe. En el fondo, de lo
que estamos hablando es del cumplimiento del requisito
de igualdad en el acceso a ciertas subvenciones al que
todos los españoles tienen derecho.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor
Ridao.
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El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO
DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Muy brevemente,
espero.
ejercicio se pueden derivar algunas desigualdades en la
posición jurídica de algunos ciudadanos en Cataluña o
en otras comunidades autónomas, no pasa nada porque
ello en ningún caso infringe o vulnera el principio de
igualdad ya que, por cierto —ese es un argumento recurrente del Partido Popular—, y en boca precisamente de
usted misma, señora Sáenz de Santamaría, el propio
Tribunal Constitucional, en una sentencia del año 1978,
muy temprana, la 37/1978, precisamente viene a decir
eso, y yo la emplazo a que lea detenidamente el fundamento jurídico décimo de esa sentencia porque precisamente dice lo contrario de lo que usted postula.
El señor PRESIDENTE: Esperamos nosotros.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO
DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Sé que lo van a
agradecer usted y el resto de la concurrencia. Iba a decir
que esto no da más de sí porque queda un nuevo debate
el miércoles y no se trata de fatigar en exceso a la concurrencia. Pero, sin ánimo de polemizar porque se han
dicho muchas cosas, quisiera hacer dos precisiones, la
primera para el señor Trillo y la segunda para la señora
Sáenz de Santamaría, a quienes, como no puede ser de
otro modo, respeto muchísimo, también intelectualmente. Por cierto, prefiero que me califique como caza
mayor a que me diga aquello de pájaro que vuela a la
cazuela, que espero que no sea lo que usted pretendía.
(Risas.) Señor Trillo, usted ha resumido muy bien lo que
podríamos calificar como el memorial de agravios que
presenta Cataluña y que aconsejan la reforma de este
Estatuto, básicamente la interpretación extensiva y/o
abusiva del bloque de la constitucionalidad, del carácter
básico de normas estatales, que es lo que, en definitiva,
ha repercutido en una reducción de la expectativa que en
su día nos proporcionaba el texto literal de la Constitución y del Estatuto. Por tanto, nadie debe extrañarse —y
usted menos todavía— de que, por decirlo de alguna
forma, nuestro programa, en mayúsculas, sea no solo
definir mejor la tipología de las competencias y también
precisar el alcance material de algunas de ellas —lo que,
por cierto, como no se reforma cada día un Estatuto era
lógico que intentáramos hacer—, sino también que, por
ejemplo, intentemos modificar distintas leyes estatales
que penalicen el autogobierno. Usted es testigo habitual
de que el Parlamento de Cataluña viene trayendo a esta
Cámara distintas iniciativas legislativas de esta naturaleza, por ejemplo, intentar controlar jurisdiccionalmente
la estatutoriedad y la constitucionalidad también de las
normas estatales que contravienen las normas del Parlamento o incluso ampliar el acervo competencial a través
de la utilización del artículo 150.2. Por tanto, todo eso
se inscribe en el marco de la voluntad de modificar para
mejorar el autogobierno de Cataluña. A la señora Sáenz
de Santamaría, porque insistía en la defensa a ultranza
del principio de igualdad, le digo que, a pesar de la progresiva tendencia a propugnar fórmulas uniformadoras,
hay que entender que la definición o el reconocimiento
de un ámbito competencial propio para cualquier territorio —Cataluña lo es— implica que la Generalitat en
este caso pueda realizar una configuración interna de
acuerdo con su propia idiosincrasia y sus propias características. Por tanto, guste más o guste menos —y me
parece que a usted le gusta muy poco—, la autonomía
significa precisamente esa capacidad, esa potestad de
cada territorio para decidir cómo y cuándo ejerce sus
propias competencias, y si, como es lógico, de dicho
El señor PRESIDENTE: Es verdad que ha sido breve
señor Ridao, y se lo agradecemos mucho.
Doña Angels Olano tiene la palabra.
La señora REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO CATALÁN (Olano i García): Nuestro grupo
quisiera saber, porque así se lo ha preguntado al Partido
Socialista, cuál ha sido el criterio por el cual se han
cambiado las reglas del juego y por el que se ha permitido que se establezca dentro del Estatuto de Cataluña
una clasificación de tipologías que no existe en la Constitución ya que, por otra parte, la jurisprudencia ha
manifestado que es exclusivamente el Tribunal Constitucional el que tiene y el que puede establecer la tipología
de las mismas. ¿Consideran de verdad que esto ha contribuido a que el Estatuto de Cataluña sea mejor para los
ciudadanos de Cataluña? Es una pregunta que hemos
realizado en nuestra primera intervención y quisiéramos
que fuera contestada.
El señor PRESIDENTE: Muchísimas gracias, señora
Olano, por la brevedad.
Tiene la palabra doña Lidia Santos, que estoy seguro
de que tomará también ejemplo.
La señora REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Santos i Arnau): Segurísimo, al menos ese es mi propósito.
Señor Trillo, efectivamente las cosas son así, la orden
de un legislador derriba toda una biblioteca, qué le
vamos a hacer. Como me comentaba un diputado de esta
Cámara con el que tengo una relación muy intensa, una
vez un secretario de Estado le dijo: Es que llevas una ley
al Parlamento y te la cambian. Pues esto es así, y como
además resulta que el Estatuto de Autonomía, cuando lo
sea, de momento proyecto de Estatuto, y los estatutos de
autonomía en general forman parte del bloque de la
constitucionalidad, son también un parámetro de interpretación para el Tribunal Constitucional, y nosotros no
cambiamos la función del Tribunal Constitucional, sino
que este Tribunal continuará examinando el ajuste a la
Constitución. No estamos subvirtiendo esto en absoluto.
Ustedes preguntan qué queda para el Estado. Hay una
primera cuestión que querría dirigir a la señora Sáenz de
Santamaría, porque cada vez que la oigo hablar, tanto
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
estamos elaborando el Estatuto de Cataluña, y si es
bueno para otras comunidades autónomas, será bueno
para otras comunidades autónomas, pero esta etapa que
ahora empieza mejora la descentralización política del
Estado español y recoge una profundización del autogobierno que va en la línea de que las administraciones
territoriales sean las que tengan la principal responsabilidad de la acción administrativa en su territorio. Esto es
lo que ocurre aquí y en cualquier país que tenga una
fuerte descentralización política. Escuchándole —no
siempre, pero algunas veces— estamos de acuerdo con
sus desacuerdos. Lo que dice el señor Trillo tiene razón;
eso es lo que queremos. Aunque no siempre la tiene. Esto
es perfectamente legítimo, la diferencia está en que usted
le da una interpretación tremendista que no compartimos
y que nos parece que no está en una visión dinámica de
las cosas. Con este Estatuto se establecerá un nuevo
marco político desde el punto de vista de las competencias que el Tribunal Constitucional tendrá que contemplar en función de esta nueva normativa y la va a interpretar seguramente. Sí, y no ocurre nada, simplemente
tendrá que responder sobre cuál es la voluntad del legislador, que es dar un nuevo armazón al Estado de las
autonomías, afectando concretamente a las relaciones
del Estado español y de Cataluña.
Las sentencias del Tribunal Constitucional, por definición, son interpretativas y dinámicas en función de la
realidad social. Cuando hemos elaborado esta propuesta
de Estatuto no lo hemos hecho pensando simplemente
en sentencias del Tribunal Constitucional, lo hemos
realizado pensando en lo que decía la Constitución y en
lo que sería posible con la evolución dinámica de los
tiempos. Aquí es donde está la clave de la interpretación
de este Estatuto. Nos hubiera gustado que al final de
estos trabajos el resultado fuese que este Estatuto tuviese
la consistencia suficiente como para no depender de
mayorías y minorías coyunturales en el Congreso de los
Diputados y que estableciese con claridad meridiana,
como decíamos antes, quién hace qué. Cuando una
administración hace una cosa, otra no tiene que hacerla,
porque si no se crean duplicidades. Al final todavía
estamos en un proceso evolutivo en el que se mantienen
estructuras del viejo régimen y estructuras de un nuevo
Estado de las autonomías, que quizá tenga una necesidad
de distintas proyecciones de autogobierno porque no
todas las comunidades autónomas pueden vivir con la
misma intensidad el autogobierno. Por consiguiente, es
un proceso abierto, y la propuesta que se hace en este
título IV encaja perfectamente en conseguir mayor capacidad de autogobierno para Cataluña a fin de que pueda,
como decíamos antes, dar un mejor servicio a sus ciudadanos.
aquí como en la ponencia, compruebo que tiene una
preocupación muy particular por los pobres funcionarios.
Yo también soy funcionaria, funcionaria docente en este
caso, que somos una peculiar y rara avis respecto a este
sentimiento ontológico en relación con el carácter de
funcionario; somos muy extraños, nos consideramos
docentes y lo de funcionario es un elemento que anda
por ahí. No sé si nuestra visión y enfoques son distintos
quizá porque nosotros estamos pensando en el Estado
de las autonomías, en su evolución posible por los elementos federalizantes que tiene la propia Constitución,
abundando en esa línea, y usted está pensando en el
Estado de los funcionarios o el Estado autonómico de
los funcionarios, no sabría exactamente cómo decirlo.
No sé si tenemos que hacer un Estatuto de Autonomía
para los funcionarios, y entonces estaríamos hablando
de otra cosa. Pero, claro, respecto a la preocupación que
ustedes expresan por el Estado querría acabar con una
frase socorrida, recurrente, quizá desfasada en el tiempo
porque no estamos en el mes de noviembre, que dice:
Los muertos que vos matasteis gozan y gozarán de muy
buena salud.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señora Santos,
efectivamente ha sido breve.
Tiene la palabra el señor Camp, que va a ser brevísimo.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO CATALÁN (Camp i Batalla): Señor presidente, no es mi voluntad contradecir a esta digna Presidencia, solo quisiera hacer dos o tres reflexiones a la
vista de los elementos que ha puesto de manifiesto básicamente el señor Trillo en relación con la preocupación,
como se ha dicho, de que las competencias exclusivas
impliquen la desaparición del Estado. Yo diría, señor
Trillo, que el Estado español debe ser una cosa más
importante que lo que se desprende de sus palabras,
porque, ciertamente, ustedes ven al revés el hecho de que
se atribuyan unas competencias exclusivas a la Generalitat de Catalunya, que quiere decir que esta Cámara, en
el ejercicio de su soberanía, hace una propuesta de confianza —véanlo de esta manera si quieren— hacia la
Administración territorial de Cataluña para que ejerza
unas potestades y unas funciones. Ustedes han hablado
mucho de desconfianza, pero quizá la desconfianza la
tienen ustedes hacia Cataluña, porque todo lo que se
plantea en función del Gobierno del Estado es un parámetro aceptable y todo lo que está en función de la
gestión estricta territorial de Cataluña ustedes lo ven con
prevención y como una situación que hay que denunciar.
Por consiguiente, señor Trillo, todo el proceso de descentralización política que se ha hecho con el título VIII
de la Constitución se ha aplicado durante estos años de
autogobierno. El inicio de esta etapa que ahora representa este Estatuto de Autonomía, que algunos la quieren
poner en una dimensión generalizada de todo el Estado,
nosotros lo estamos viendo para Cataluña, porque
El señor PRESIDENTE: Señor López Garrido.
El señor LÓPEZ GARRIDO: Efectivamente, señor
Trillo, estamos aquí legislando y lo que probablemente
pasa es que ustedes no aceptan el contenido de esto que
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Congreso
13 de marzo de 2006.—Núm. 503
estamos legislando. El señor Von Kirschmann dijo que
una palabra de legislador arrasa bibliotecas enteras de
ciencia jurídica, para concluir que no existe la ciencia
jurídica. Esto que dice el señor Von Kirschmann es muy
discutible, porque era un positivista absoluto. Pero es
verdad que cuando se legisla se cambian las cosas, se
avanza, y eso es lo que estamos haciendo aquí. Lo que
pasa es que cuando en el preámbulo de este Estatuto de
Autonomía, señor Trillo y señora Sáenz de Santamaría,
se dice que el Parlamento de Cataluña ha dicho algo,
ustedes dicen que no admiten que se diga que eso lo ha
dicho el Parlamento de Cataluña. Cuando ampliamos
derechos y deberes, siempre preservando evidentemente
los derechos constitucionales de todos los españoles,
ustedes no quieren. Cuando se descentraliza y se adapta
el Poder Judicial al Estado de las autonomías, ustedes
no quieren, y cuando se da más autogobierno a Cataluña,
como en este título, no quieren. El problema es que no
quieren todas estas cosas que estamos legislando. Pero
no se escuden en el argumento de la inconstitucionalidad.
Sería más clarificador que entraran en por qué políticamente no quieren que se produzcan estos cambios, pero
no en que es inconstitucional. El caso del artículo 110,
que señala usted que dice exclusivas, dice que corresponde únicamente a la Generalitat el ejercicio de estas
potestades. Esto es una competencia exclusiva, qué
quiere usted que diga. Como dice exclusiva, corresponde
solo a la Generalitat el ejercicio de esta potestad. Eso
está en la Constitución. El artículo 148 de la Constitución hace una enumeración de competencias que pueden
tener las comunidades autónomas. Incluso, más allá del
artículo 148, pueden tenerlas hasta el límite del artículo 149 y pueden tenerlas en exclusividad si la Constitución no se lo da al Estado. Eso no es inconstitucional.
Lo que está claro es que en este Estatuto no se invaden
ni un milímetro las competencias que da al Estado el
artículo 149, ni un milímetro. El próximo día que continuemos con este título veremos como no hay ni un solo
caso en el que se pueda decir que se invaden esas competencias que la Constitución da al Estado. Sobre esta
tipología que estamos debatiendo, señora Olano, que
dice que no está prevista en la Constitución, le digo que
tampoco está en la Constitución el concepto de competencia exclusiva de las comunidades autónomas; no está.
En la Constitución solamente se habla de competencias
exclusivas del Estado, pero no habla de competencias
exclusivas de las comunidades autónomas. Sin embargo,
todos los estatutos de autonomía, los primeros y todos,
hablan de competencias exclusivas. Una innovación,
¿por qué? Porque las competencias del Estado y de las
comunidades autónomas son un producto de la colaboración entre la Constitución y los estatutos de autonomía.
Hay una colaboración del constituyente y del estatuyente
y hacen falta los dos para saber quién hace qué, como
diría el señor Camp. No es necesario que esté en la
Constitución y que si no está es inconstitucional; en
absoluto. Se trata simplemente de una tipología técnica,
un instrumento técnico que está al servicio de la clarifi-
cación de lo que tiene cada uno, el Estado y las comunidades autónomas, y no hay en absoluto ninguna violación ni vulneración ni tampoco, señor Trillo, un cambio
en el concepto de legislación básica del artículo 111. En
absoluto, el Tribunal Constitucional ha dicho lo que
establece como legislación básica el artículo 111. No
hay un cambio, en absoluto, a este respecto.
La señora Sáenz de Santamaría también está en esa
línea de no entrar a ver cuáles son los elementos políticos
que aconsejan que el Estado o las comunidades autónomas tengan una competencia, sino entrar en el tema
de la inconstitucionalidad, y señala como elemento de
referencia su posición ante la Ley de propaganda institucional. Creo que se llama así, perdón, de publicidad
institucional. Es un lapsus freudiano, porque estoy pensando en lo que hace con la publicidad institucional el
señor Camps, por ejemplo, en Valencia, que evidentemente es propaganda institucional, no publicidad institucional. En el año 1992, señora Sáenz de Santamaría
—no sé si se acuerda, porque como usted es muy joven
quizá no estaba al tanto de estas cosas—, ustedes propusieron una ley de publicidad institucional en la que
todos los artículos eran básicos. Ustedes proponían que
todos fueran básicos. (El señor Trillo-Figueroa
Martínez-Conde: ¡Elemental!) En la última ley que
hemos aprobado aquí, en la que solamente hay uno
básico, hasta ese querían que no fuera básico. En el
año 1992, todo básico; en el año 2005, nada básico.
¿Cuál es el cambio? El cambio es que quieren que sus
comunidades autónomas puedan utilizar la publicidad
institucional para hacer propaganda. Ese es el cambio.
Nada tiene que ver con principios constitucionales o con
si es constitucional o inconstitucional. Las comunidades
autónomas que ustedes dirigen no quieren tener limitaciones en la publicidad institucional, lo que quieren es
poder hacer una descarada propaganda institucional con
el dinero público, que es lo que se hace en muchísimas
de esas comunidades autónomas que ustedes están
gobernando. (Rumores.)
En cuanto al mínimo común normativo, está claro que
este Estatuto de Autonomía no le dice al Estado cuándo
puede o no utilizar la ley o no la ley, como ha dicho
usted; no se lo dice. (La señora Sáenz de Santamaría
Antón: ¿Por qué no?) Dice que como norma general
deberá ser la legislación básica hecha por ley (La señora
Sáenz de Santamaría Antón: Excepto en los supuestos
que...), que es lo que dice el Tribunal Constitucional.
Pero hay excepciones, que se determinan por el Estado.
No lo determina el Estatuto de Autonomía, pero dice que
con un carácter excepcional, que es lo que dice el Tribunal Constitucional. Es lo que dice, por ejemplo, la
sentencia 1988: manteniendo el concepto material de lo
básico como núcleo sustancial de la doctrina de este
Tribunal, procede exigir con mayor rigor la condición
formal de que la norma básica venga incluida en ley
votada en Cortes. Esto lo dice el Tribunal Constitucional:
debe ser ley votada en Cortes. Pero no significa que no
pueda haber supuestos excepcionales, en los que, como
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no prolongarlo hoy, pero como el Reglamento prohíbe
expresamente que se puedan convocar comisiones
cuando está reunido el Pleno, y dado que a partir de las
cuatro de la tarde hay sesión de control, que previsiblemente no acabará antes de las ocho, habría que llevarlo
a la Junta de Portavoces de mañana. Podríamos manifestar una voluntad política de no oponernos, pero aquí
no podemos hacerlo sin más, como un acuerdo.
dice la sentencia, la norma básica se introduzca por el
Gobierno de la nación en el ejercicio de su potestad de
reglamento. ¿Dónde dice aquí cuándo hay que
hacerlo?
El señor PRESIDENTE: Señor López Garrido, vaya
terminando.
El señor LÓPEZ GARRIDO: Por tanto, creo que
estamos ante una actitud que proviene de que ustedes no
es que consideren inconstitucional este Estatuto en unos
aspectos u otros, es que sencillamente no quieren que
haya ningún cambio en el Estado autonómico y no
quieren avanzar en el autogobierno de las comunidades
autónomas. Esa es la cuestión. Las enmiendas que han
presentado a este y otros títulos son de supresión, no son
una alternativa. Por lo tanto, no estamos ante una cuestión de inconstitucionalidad. Son impecablemente constitucionales este capítulo y otros, todos los de este
Estatuto. El problema es que ustedes no quieren que haya
un desarrollo del Estado autonómico.
El señor PRESIDENTE: Hago aclaración de las dos
cuestiones. El señor Ridao plantea algo en lo que lleva
muchísima razón. Cuando se me ha sugerido que hoy
descansáramos y pasáramos al miércoles por la tarde el
trabajo del miércoles por la mañana, yo he dicho que se
hiciera un sondeo entre los grupos y me han contestado
que el sondeo era favorable. He dicho a las personas que
lo han sugerido que bastaría con que se opusiera un
grupo para que no lo pudiéramos hacer, porque ya
habíamos establecido otro calendario. Ahora, si el señor
Ridao se opone en nombre de su grupo, no lo podríamos
considerar.
La segunda cuestión, que ha planteado el señor
Fernández, es exactamente así. En tanto en cuanto se me
ha hecho la sugerencia, yo he hecho la consulta con el
presidente de la Cámara, y tendríamos la sesión de la
tarde, contando con que la Junta de Portavoces nos autorizara a ello, aunque se me ha dicho que se va a plantear
y que, probablemente, si aquí los grupos lo aceptan, allí
también lo aceptarán.
Señor Ridao.
El señor PRESIDENTE: Hemos terminado esta parte
del título IV y también el ilustrativo torneo de sentencias
del Tribunal Constitucional al que hemos asistido, que se
está convirtiendo en una especie de libro de refranes que
sirven para una cosa y para la otra. Ahora tenemos dos
alternativas: continuar con la segunda parte del título IV,
que es lo que tendrían ustedes que aprobar, o descansar
y pasarlo al miércoles por la mañana, sobre la base
de que como el miércoles por la mañana teníamos previsto deliberar y, en su caso, aprobar el título V, el
miércoles por la tarde, a partir de las cinco, estudiaríamos el título V. Es decir, si suspendemos ahora la
sesión, la reanudamos el miércoles a las diez de la
mañana para terminar el título IV, de competencias, que
continuaríamos a las cinco de la tarde para estudiar el
título V, de relaciones. ¿Estamos de acuerdo?
Señor Ridao.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Señor
presidente, veo que ningún grupo ha tenido la deferencia
de consultar con el nuestro esa posibilidad. Por esa circunstancia, que me parece una falta de cortesía, nuestro
grupo parlamentario va a mantener el criterio de lo que
he expresado, a menos que la Presidencia determine o
acuerde lo contrario.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA (Ridao i Martín): No, señor
presidente. Si no recuerdo mal, en la anterior sesión
convinimos en que el miércoles solo habría sesión por
la mañana. Me comunican, antes de que usted lo haya
hecho público, que se ha habilitado la tarde a los efectos
del debate en Comisión, pero a los efectos de agenda de
alguno de nuestros diputados no contábamos con esa
eventualidad y, por tanto, nos habíamos emplazado para
el viernes. En todo caso, acatamos el criterio de la Presidencia, pero como usted lo ha dado como un hecho
consumado y no parece tan cierto a la luz de lo que se
dijo el otro día, quería hacerlo público.
El señor PRESIDENTE: Señor Jáuregui.
El señor JÁUREGUI ATONDO: Quería sugerir que
si por parte de los compañeros de Esquerra hay una
objeción insalvable, el jueves por la tarde tendríamos
una oportunidad. (Pausa.) Parece que no la tenemos. En
todo caso, quiero pedirle públicamente disculpas al señor
Ridao porque yo he mantenido unas conversaciones un
poco informales y ciertamente no he hablado con él. Lo
siento y le pido disculpas.
El señor PRESIDENTE: La cosa está planteada así.
Si hay un grupo que se opone, no lo haremos, pero no
lo haremos quiere decir que seguimos ahora para terminar el título IV. (Pausa.) Se mantiene así.
Señor Ridao.
El señor PRESIDENTE: Señor Fernández.
El señor FERNÁNDEZ DÍAZ: Hemos hecho un
pacto entre caballeros para pasarlo al miércoles tarde y
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El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO
DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Evidentemente, yo
no voy a ser un obstáculo para el desarrollo de esta sesión
de la Comisión. No tengo ahora título ninguno para
modificar la agenda de los compañeros que están ausentes
en este momento pero que estaban presentes cuando se
acordó la agenda de esta semana. Por tanto, ahora me
carga con una responsabilidad que yo no puedo asumir.
Eso en primer lugar. En segundo lugar, acepto las disculpas del señor Jáuregui, pero si no entendí mal, estaba
previsto que en la sesión de hoy, por la tarde, se viera una
parte de las competencias, entiendo que era materialmente imposible que se vieran todas durante el día de
hoy. Por tanto, nos emplazamos para continuar el miércoles por la mañana, que era el único momento hábil para
proseguir, porque por la tarde, como bien se ha dicho,
había Pleno del Congreso. Me parece que cualquier
urgencia, cualquier prisa no es razonable porque no se
atiene a las razones que adujo el propio presidente. Por
tanto, me remito al acuerdo que se adoptó en su día.
pero probablemente lo hará porque lo hace fantásticamente él solo… (Risas.) Es que lo hace fantástico, la
verdad. No me lo negarán. Podríamos dejar la votación
para el viernes para no perjudicar a nadie que estuviera
en su legítimo derecho de votar y poder atender a un
horario ya previsto. No sé si hay entente o no.
El señor PRESIDENTE: La sugerencia, señora
Lasagabaster, es muy interesante, pero me da la impresión de que a quien va dirigida no ha podido oírla porque
estaba en conversación. No me ha oído ni a mí. (Risas.)
¿Ha entendido, señor Ridao? Se le estaba sugiriendo que
la votación del miércoles se produjera el viernes.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO
DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Es una posibilidad,
pero la queja que expreso es que en este momento falta
el presidente de mi grupo parlamentario y falta también
nuestro portavoz en el Congreso. Yo tengo constancia de
que la agenda fue establecida en función del criterio que
en su día fijó la Presidencia y en el que convinimos todos
los grupos. Por tanto, si usted me concede un tiempo
prudencial para que evacue una consulta telefónica, al
menos le podría comunicar si la propuesta que nos ha
hecho hace un instante es aceptada por nuestro grupo.
El señor PRESIDENTE: El señor Ridao no entendió
bien esa parte, porque nadie anunció desde la Presidencia
que hoy se viera solo una parte, sino que empezaríamos
por la tipología. Ahora bien, si el señor Ridao se opone
en nombre de su grupo a que, como se ha sugerido,
interrumpamos para ir al miércoles por la tarde, seguimos
ahora.
Señora Lasagabaster.
El señor PRESIDENTE: Mientras se lo estoy concediendo le da tiempo a hacer la llamada. (Pausa.)
Señorías, la sugerencia hecha para que pudiéramos
cambiar la programación no tiene unanimidad y, por
tanto, el presidente no la plantea. Por tanto, continuamos
con la segunda parte del capítulo IV de competencias.
Como saben ustedes, hay una enmienda, la número 70,
del Grupo Parlamentario Popular; 42 votos particulares
de Esquerra Republicana de Catalunya; tres enmiendas
del señor Labordeta, del Grupo Mixto; dos votos particulares de Izquierda Verde-Izquierda Unida-Iniciativa
per Catalunya; 10 votos particulares del Convergència i
Unió; 7 votos particulares del Grupo Socialista y tres
enmiendas del Grupo Socialista que corresponden a tres
textos discordantes de la ponencia. (El señor representante del Parlamento de Cataluña Ridao i Martín
pide la palabra.)
Señor Ridao.
La señora LASAGABASTER OLÁZABAL: No sé
si puede ser una entente o a lo mejor meto la pata también.
El señor PRESIDENTE: No se preocupe, estamos
acostumbrados. (Risas.)
La señora LASAGABASTER OLÁZABAL: ¿A que
meta la pata yo misma o, en general, la Comisión?
El señor PRESIDENTE: Todos, todos.
La señora LASAGABASTER OLÁZABAL: Yo
admito que meto la pata. Ya sabe usted que lo hago y no
tengo ningún problema en decirlo; otros no lo hacen
tanto, pero bueno. En todo caso, que haya compañeros
que no puedan votar y no puedan estar el miércoles es
realmente un problema.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO
DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Señor presidente,
quiero que quede constancia clara de la posición de
nuestro grupo. No tenemos ningún interés en entorpecer
el trabajo de la Comisión; no quiero que nadie advierta
un intento por nuestra parte de obstaculizar su normal
funcionamiento. No me parece razonable en ningún caso
que se prosiga en este instante debatiendo las casi 60
competencias que figuran en este título, nada más y nada
menos que por lo avanzado de la hora. Insisto en que
nuestro grupo entendió que se iba a destinar casi un día
para discutir las competencias, teniendo en cuenta la
extensión de este título. Vamos a acatar el criterio de la
El señor PRESIDENTE: No vamos a votar.
La señora LASAGABASTER OLÁZABAL: El
miércoles por la tarde. La votación del miércoles, en el
caso de que algunas personas tuvieran dificultades y no
pudieran asistir, se podría aplazar para el día que
teníamos planificado, que era el viernes. En ese caso solo
tendrían que estar presentes las personas que tuvieran
que defenderlo. No sé si el señor Ridao lo defenderá,
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Presidencia y vamos a aceptar que el miércoles por la
tarde, si así se habilita, se pueda discutir el título V, en
el bien entendido de que como faltan otros diputados que
no conocen esas circunstancias y que evidentemente
fijaron su agenda en función de lo que se comunicó en
su día, se pueda votar el viernes, tal y como sugirió antes
la señora Lasagabaster. Sin embargo, para que conste en
el «Diario de Sesiones» a los efectos oportunos, nuestro
grupo quiere manifestar la oportuna protesta porque
evidentemente entendió una cosa muy distinta a lo que
hoy se ha dicho.
se manifestó una cosa distinta. Para dejar constancia en
el «Diario de Sesiones», el otro día se comunicó a los
distintos grupos que hoy por la tarde se iba a discutir una
parte de competencias y el miércoles por la mañana el
resto y que luego se iba a proseguir el viernes con el
título V. Así lo entendió mi grupo. Eso es lo que queremos hacer constar. Dicho eso, no vamos a proseguir
hoy dada la hora y la complejidad de este asunto.
(Rumores.)
El señor PRESIDENTE: Esa decisión no la va a
tomar el señor Ridao.
El señor PRESIDENTE: Señor Ridao, si no he entendido mal, aunque ya estoy un poco sorprendido, quiere
decir que acepta la propuesta que habían sugerido otros
grupos de interrumpir ahora la sesión y dedicar la
mañana del miércoles a tratar esto y el viernes el título
V, si no he entendido mal.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO
DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Señor presidente,
estamos dispuestos a aceptar esta propuesta porque otros
grupos así lo han hecho. Por tanto, estamos dispuestos
a no entorpecer el trabajo de la Comisión y aceptar la
propuesta de continuar el miércoles por la tarde, en el
bien entendido que tal como proponía la señora
Lasagabaster, la votación se pudiera hacer en todo caso
el viernes.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO
DE CATALUÑA (Ridao i Martín): El miércoles tarde.
El señor PRESIDENTE: ¿Es que he dicho yo otro
día?
El señor PRESIDENTE: Probablemente vamos a
dedicar más tiempo a discutir si paramos, que si
seguimos. Está claro. Hay una sugerencia para que interrumpamos ahora y continuemos el miércoles por la
mañana. A cambio de este aplazamiento de hoy, el miércoles por la tarde tendríamos sesión para tratar el título V,
que, por cierto, no votaríamos dado que se ha cambiado
el organigrama de las sesiones. Esta es la propuesta que
hay. ¿Hay alguna objeción de algún grupo? ¿A esa
sugerencia nadie se opone? ¿Está todo el mundo de
acuerdo? (Pausa.)
Volveremos a reunirnos el miércoles a las diez de la
mañana.
Se levanta la sesión.
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO
DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Ha dicho el viernes.
El señor PRESIDENTE: Me refiero a la propuesta
inicial que habían sugerido. Esa es la propuesta que
parece que acepta el señor Ridao.
Si usted acepta esta propuesta no puede protestar por
aceptarla. (Risas.) Una de las dos cosas, señor Ridao.
¿O lo acepta o no lo acepta?
El señor REPRESENTANTE DEL PARLAMENTO
DE CATALUÑA (Ridao i Martín): Señor presidente,
seguramente me he expresado muy mal. Mi protesta es
por el cambio de criterio que hoy parece que manifiesta
con toda naturalidad la Presidencia, porque el otro día
Eran las ocho y quince minutos de la noche.
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