Número de registro: 20218 Novena Época Instancia: Primera Sala

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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
Número de registro: 20218
Novena Época
Instancia: Primera Sala
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
Tomo: Tomo XXVI, Julio de 2007
Página: 32
CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS. ENTRE LAS SUSTENTADAS POR LOS
TRIBUNALES COLEGIADOS PRIMERO Y QUINTO, AMBOS EN MATERIA CIVIL
DEL TERCER CIRCUITO.
CONSIDERANDO:
PRIMERO. Competencia. Esta Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación es
competente para conocer y resolver sobre la presente denuncia de contradicción de tesis, de
conformidad con lo dispuesto por los artículos 107, fracción XIII, párrafo primero, de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 197-A de la Ley de Amparo; y 21,
fracción VIII, de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación en relación con los
puntos segundo y cuarto del Acuerdo General 5/2001, y el punto segundo del diverso
Acuerdo 4/2002 del Tribunal Pleno de esta Suprema Corte de Justicia de la Nación, en virtud
de que se trata de una denuncia de contradicción suscitada entre criterios de Tribunales
Colegiados de Circuito, en un tema que corresponde a la materia de la especialidad de esta
Primera Sala.
SEGUNDO. Legitimación de los denunciantes. La denuncia de contradicción de tesis
proviene de parte legítima, de conformidad con lo previsto por los artículos 107, fracción
XIII, segundo párrafo, constitucional y 197-A, párrafo primero, de la Ley de Amparo, pues la
presente contradicción de tesis fue denunciada por la Magistrada presidenta del Quinto
Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito en representación de uno los órganos
emisores de los criterios en contienda.
TERCERO. Posturas contendientes.
1. Quinto Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito. Al resolver el diecinueve
de octubre de dos mil seis el amparo en revisión 441/2006, el Quinto Tribunal Colegiado en
Materia Civil del Tercer Circuito sostuvo, en lo que interesa, lo siguiente:
"En otro aspecto, como después se explicará, es inexacto que el Juez de Distrito resolviera
erróneamente que el acto reclamado no viola garantías al estimar que la hija mayor de edad
tiene derecho a alimentos mientras curse una carrera universitaria para obtener una profesión
honesta, acorde a su edad, talento, potencialidades y circunstancias personales, a cargo del
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disidente y en proporción a sus posibilidades.
"Es decir, no tiene razón el revisionista cuando afirma que porque el artículo 434 del Código
Civil de Jalisco de manera clara y tajante establece que llegada la mayoría de edad cesa la
obligación de los padres para alimentar a los hijos, sin que quepa interpretación alguna al
respecto, cuando señala que: ‘Los padres están obligados a dar alimentos a sus hijos, hasta
que alcancen la mayoría de edad o llegando a ella sean capaces (sic). A falta o por
imposibilidad de los padres, la obligación recae en los demás ascendientes por ambas líneas,
que estuvieren más próximos en grado.’, por lo que se razona enseguida.
"En efecto, la obligación alimentaria responde a un deber ético que ha sido incorporado al
sistema jurídico con la categoría de orden público e interés social, a fin de activar las redes de
justicia y solidaridad humanas mediante las que las generaciones maduras y estables hacen
posible que las que no lo son tengan acceso a estándares de bienestar deseables y posibles.
Consiste fundamentalmente en que los familiares cercanos favorecidos brinden la asistencia
debida a otros menos afortunados, para asegurar su subsistencia material y educativa. En el
caso de los hijos menores ese deber no sólo incluye que los deudores den de comer y de
vestir a los acreedores, sino también que les procuren dónde vivir, ayuden en la enfermedad y
otorguen atención psíquica y afectiva, propicien su sana diversión y, en su caso, cubran los
costos de defunción. De manera especial, ese débito se extiende a cubrir los gastos de la
educación preescolar y obligatoria (primaria y secundaria) y para proporcionar algún oficio,
arte o profesión honestos, acordes a su talento, fortaleza y ambiente personal, en línea con lo
que establece el artículo 439 del Código Civil de Jalisco, que dispone: ‘Los alimentos
comprenden el recibir los elementos de subsistencia material y educativa, como son: la
comida, el vestido, la habitación y la asistencia en casos de enfermedad. Respecto de los
menores, los alimentos comprenden, además, los gastos para la educación de jardín de niños,
primaria y secundaria del acreedor alimentario y para proporcionarle algún oficio, arte o
profesión honestos y adecuados a sus capacidades, potencialidades y circunstancias
personales. También comprenden las atenciones a las necesidades psíquica, afectiva y de
sano esparcimiento y en su caso, los gastos de funerales.’
"El derecho que tiene una hija menor de edad a que se le proporcione una profesión debe
examinarse partiendo de que puede cursar la educación primaria entre los seis y los catorce
años, conforme lo establece el artículo 31 de la Ley de Educación del Estado de Jalisco, que
señala: ‘La educación primaria es obligatoria para todos los habitantes del Estado. Tiene
como objetivo primordial dotar al educando de los conocimientos, habilidades y formación
de hábitos que fundamenten el aprendizaje posterior, así como los conocimientos elementales
para integrarse a la sociedad y acceder a su formación cultural posterior. En el sistema
educativo estatal se impartirá educación primaria a los niños cuya edad fluctúe entre los 6 y
14 años.’. Si dicha menor ha ingresado a la escuela primaria a los seis años, es fácil colegir
que podrá concluirla a los doce, etapa que sería el antecedente necesario para continuar los
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tres años de que consta la instrucción secundaria para completarla a los quince. Siguiendo las
fases educativas indispensables para cursar una carrera profesional, sería imprescindible
acreditar los seis semestres de bachillerato que podría finalizar cumplidos los dieciocho años.
"Como se ve, el derecho a que se proporcione una profesión a la hija menor se fragua en una
cadena sucesiva de ciclos educacionales durante doce años, sin la que obviamente no es
posible acceder a una educación profesional.
"Sostener lo que argumenta el disidente, en cuanto a que sólo le era obligatorio proporcionar
una profesión a su hija mientras ésta era menor, significa interpretar de manera letrística y
aislada el aludido artículo 434 del Código Civil de Jalisco, desnaturalizando la finalidad de
los deberes alimentarios de los padres hacia los hijos, pues carecería de todo sentido el
esfuerzo gradual previo para conseguir una profesión, pues éste se vería frustrado
abruptamente con sólo traspasar el umbral de la mayoría de edad, lo que choca con el más
elemental principio de justicia orientado a reconocer el correcto equilibrio en la asignación de
los derechos de los descendientes y los deberes de los progenitores, en función de la efectiva
distribución de los bienes y las ventajas derivadas de los lazos de fraternidad y solidaridad
que caracterizan a la comunidad familiar, pues ningún caso tendría establecer en la ley el
derecho de los hijos menores a una profesión, a sabiendas de que tal objetivo solamente
puede consumarse hasta después de alcanzada la mayoría de edad.
"En corroboración del principio de justicia está el de utilidad que aconseja enseñar a los hijos
a vivir sin dejar inconclusas las tareas que se han emprendido, aprovechar el tiempo y los
recursos invertidos en la educación, reconocer la dignidad de las personas, dar el ejemplo y
ser recíprocos al devolver los beneficios obtenidos en la vida, pues no cabe duda que el
disidente, siendo profesionista, no puede ignorar que él mismo significa una pauta a seguir
para su hija que tiene la legítima aspiración de lograr una profesión que podría no lograr si le
escatima su ayuda.
"A mayor abundamiento debe decirse que tratándose de hijos mayores de edad, a efecto de
establecer la subsistencia de la obligación de que se trata, es menester que el acreedor
alimentista curse un grado de escolaridad acorde, pero no solamente con su edad, sino con
todas sus condiciones particulares, es decir, como ya se dijo, no basta un mero parámetro
numérico a fin de poder estimar que alguien estudia o no en un nivel adecuado, puesto que
para ello es necesario conocer el entorno en el cual se ha desarrollado, realizando los estudios
pertinentes de los que se pueda deducir que de acuerdo al desenvolvimiento familiar,
emocional, académico y social, entre otros, el descendiente no ha tenido la aplicación
suficiente en la escuela, ya que no sería justo que por condiciones ajenas a él no fuera
merecedor a seguir percibiendo los alimentos de su padre.
"Piénsese, por ejemplo, en los hijos cuyos progenitores no los inscribieron a una edad que se
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podría considerar la normal para comenzar los estudios de escolaridad primaria, aquellos que
por alguna enfermedad tuvieron que abandonarlos temporalmente o en otros que no han
podido realizarlos en forma correcta pero no por pereza o falta de aplicación, sino por
factores emocionales que han influido en ellos, como los problemas derivados de los
conflictos familiares que incidan en la postergación o interrupción de la escolaridad, sin
perder de vista sus capacidades, potencialidades y circunstancias personales.
"Por tanto, la correcta intelección del ya reproducido artículo 439, lleva a considerar que el
derecho a recibir alimentos no se pierde por el solo hecho jurídico de que la hija alcance la
mayoría de edad, a condición de que ésta demuestre que los necesita mientras cursa estudios
acordes a su edad y peculiaridades.
"En ese contexto, lejos de lo que afirma el revisionista, el precitado numeral 439 armoniza
cabalmente con lo que preceptúan el ya copiado arábigo 434 y el diverso 451, fracción II, del
ordenamiento sustantivo civil en cita, que dice: ‘Cesa la obligación de dar alimentos: ... II.
Cuando el acreedor alimentario deja de necesitar los alimentos.’, preceptos que no deben
aplicarse de manera aislada, sino concatenada para concluir que si llegada la mayoría de edad
la hija sigue teniendo necesidad de recibir alimentos porque cursa una educación universitaria
que la conduzca a abrazar una profesión, lo que es inalcanzable durante la minoría de edad
por las razones expuestas, entonces el inconforme tiene obligación de proporcionarle
alimentos por ese motivo.
"Ante la pregunta lógica de ¿qué sentido tiene establecer en el aludido numeral 439 el
derecho de los hijos menores a obtener una profesión, si el diverso numeral 434 lo cancela
precisamente por dejar de serlo?, en lugar de excluir uno de esos preceptos aparentemente
contradictorios, debe salvarse la antinomia aplicando la regla de hermenéutica que integre la
efectividad de ambos dispositivos dentro del sistema que todo cuerpo de leyes unificado tiene
en su base, dado que la obligación de dar una profesión a los hijos menores se paga cuando
son mayores de edad, tomando en cuenta sus capacidades, potencialidades y circunstancias
particulares.
"Al respecto es aplicable la tesis emanada de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, editada en el Tomo CX, Quinta Época del Semanario Judicial de la Federación,
página 443, de epígrafe y redacción siguientes: ‘INTERPRETACIÓN DE LA LEY. Es regla
de hermenéutica que ante dos textos de un mismo ordenamiento, aparentemente
contradictorio, no debe concluirse en la exclusión de uno de ellos, sino en la coordinación de
ambos preceptos, dentro del sistema que todo cuerpo de leyes unificado tiene en su base.’
"Una vez establecido que la calidad de acreedor alimentista no se pierde porque la hija haya
alcanzado la mayoría de edad, siempre que estudie una carrera profesional o lo que sea
acorde a su edad y condiciones particulares, la obligación alimentaria debe proseguir en tanto
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que por ello subsista la necesidad de recibirlos, en concordancia con lo que establece el
reproducido artículo 451, fracción II, del Código Civil local.
"La explicación de lo anterior se encuentra en que el indicado arábigo 439 contiene una
norma especial cuya observancia es preferente a la general inserta en el diverso precepto 434,
al tenor de lo que dispone el artículo 14 de la mencionada codificación sustantiva civil, que
dice: ‘Las leyes que establecen excepción a las reglas generales, no son aplicables a caso
alguno que no esté expresamente especificado en las mismas leyes.’."
2. Primer Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito. Por su parte, el Primer
Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito, al resolver el veinticinco de
noviembre de dos mil cuatro el amparo en revisión 446/2004, determinó lo siguiente:
"Sustancialmente aduce la autorizada de los recurrentes, directos quejosos, que ilegalmente el
Juez de Distrito negó el amparo solicitado contra la interlocutoria del Juez responsable
mediante la cual resolvió el incidente de cancelación o cese de la pensión alimenticia,
promovido por el aquí tercero perjudicado ... y determinó concluida la obligación legal de
dicho tercero de proporcionar alimentos a los solicitantes de amparo, ya que según la
consideración del Juez Federal, el acreedor alimentista que es un hijo mayor de edad del
deudor y que afirmó estar estudiando, debió justificar tal hecho y además que el grado escolar
que cursa es acorde a su edad; sin embargo, dice la revisionista que contra lo considerado por
el a quo federal, era al citado deudor alimentario a quien en todo supuesto correspondió
acreditar que su hijo mayor de edad realmente no necesita de dicha pensión, al tenor de la
tesis y la jurisprudencia que transcribió bajo los rubros: ‘ALIMENTOS. CORRESPONDE
AL DEUDOR ALIMENTARIO ACREDITAR QUE SUS ACREEDORES NO LOS
NECESITAN (LEGISLACIÓN DEL ESTADO DE CHIAPAS)." y "ALIMENTOS.
CORRESPONDE AL DEUDOR ALIMENTARIO LA CARGA DE PROBAR QUE LOS
HIJOS MAYORES ACREDITEN SE ENCUENTRAN ESTUDIANDO UN GRADO
ESCOLAR ADECUADO, NO LOS NECESITAN.’; además, arguye que si bien es verdad
que al sumario natural la quejosa ... no aportó medios de prueba para acreditar la necesidad
de la pensión alimenticia que ha venido recibiendo de su ex-esposo ... no lo es menos, afirma,
que tampoco este último aportó prueba alguna para demostrar que ella no necesitara dicha
pensión para su manutención como condición para que fuese procedente la cancelación de la
misma.
"En principio, es preponderante dejar sentado que el aquí tercero perjudicado ... promovió
incidente de cancelación o cese de la pensión alimentaria respecto de sus tres hijos ... de
apellidos ... bajo el argumento toral de que habían alcanzado la mayoría de edad, lo cual
aconteció, por parte del primero en mil novecientos noventa y tres, del segundo en mil
novecientos noventa y cinco y respecto del tercero, solicitante de garantías y aquí
revisionista, en dos mil uno; de lo que resulta evidente que el quejoso en cuestión cumplió la
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mayoría de edad con posterioridad a que entró en vigor el actual Código Civil del Estado de
Jalisco, razón por la cual dicha ley es la aplicable en el caso para dilucidar lo concerniente a
la obligación del tercero perjudicado de proporcionarle alimentos, en atención a que el hecho
que se invoca como motivo o causa de cesación de la obligación de suministrarlos (la
mayoría de edad), aconteció durante la vigencia de esa legislación; lo anterior, en términos de
lo dispuesto en el artículo octavo transitorio del Decreto 15,776, publicado el veinticinco de
febrero de mil novecientos noventa y cinco, y conforme al cual se derogó el Código Civil del
Estado de Jalisco contenido en el Decreto 3,830, de seis de junio de mil novecientos treinta y
tres.
"Es así, toda vez que si bien es cierto que el origen de la obligación de dar alimentos por
parte del actor incidentista ... al quejoso, aquí recurrente ... se suscitó en la fecha en que este
nació, no menos lo es, que el hecho o acontecimiento que genera la conclusión de la
obligación de proveerlos, solicitada en el juicio natural, sucedió con posterioridad al catorce
de septiembre de mil novecientos noventa y cinco, en que entró en vigor el nuevo Código
Civil del Estado.
"Ahora bien, el artículo 434 de la citada legislación sustantiva civil establece: ‘Los padres
están obligados a dar alimentos a sus hijos, hasta que alcancen la mayoría de edad o llegando
a ella sean incapaces. ...’. Esto es, el legislador estableció en forma clara que la obligación de
los padres de dar alimentos a sus hijos concluye cuando éstos adquieren la mayoría de edad,
lo cual ocurre cuando cumplen dieciocho años, de acuerdo con el artículo 48 del mismo
ordenamiento, salvo que sean incapaces; incapacidad que debe entenderse en términos del
numeral 49, que reza: ‘Son incapaces: I. El menor de edad; II. El mayor de edad que padezca
enajenación psíquica aunque tenga intervalos lúcidos; y III. Los sordomudos que no sepan
darse a entender por escrito, mediante intérprete, o por el lenguaje mímico de sistemas
educativos y de comunicación universalmente aceptados.’
"Dicho de otra forma, la obligación de los padres de proporcionar alimentos a sus hijos está
sujeta, por regla general, a cierta temporalidad, la cual concluye en el momento en que los
hijos adquieren la mayoría de edad, regla que admite como única excepción la del caso en
que el acreedor alimentario sigue siendo incapaz, entiéndase por alguna de las causas ya
precisadas previstas en la propia codificación. De lo cual se sigue que al establecer dicha
norma una temporalidad determinada, implícitamente contiene una causal de cesación, pues
resulta obvio que al concluir esa temporalidad y no estarse en el caso de excepción ahí
consignado, se configura la causa por la que cesa la obligación en examen.
"Luego, si el texto de la norma que se acaba de invocar es suficientemente claro y no está en
oposición, ni es excluyente respecto de lo previsto en el numeral 451 o algún otro precepto
relativo a la institución de alimentos, antes bien la norma se reitera en el artículo 418, que
establece la obligación de los padres divorciados de alimentar a sus hijos ‘hasta que lleguen a
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la mayoría de edad o contraigan matrimonio’; todo ello permite concluir que al ser mayor de
edad el aquí recurrente ... es inconcuso que contrariamente a lo que se aduce en los agravios
que nos ocupa y tal como lo determinó el Juez responsable en la resolución reclamada, cesó
la obligación del tercero perjudicado de proporcionarle alimentos.
"Por las razones antes mencionadas, es dable concluir que en la especie no resulta aplicable la
jurisprudencia por contradicción de tesis que aparece publicada en la página 30 del Tomo IV,
Civil, del más reciente Apéndice al Semanario Judicial de la Federación, bajo el rubro:
‘ALIMENTOS. CORRESPONDE AL DEUDOR ALIMENTARIO LA CARGA DE
PROBAR QUE LOS HIJOS MAYORES QUE ACREDITEN SE ENCUENTRAN
ESTUDIANDO UN GRADO ESCOLAR ADECUADO, NO LOS NECESITAN.’, ni la
diversa tesis aislada relativa a la legislación del Estado de Chiapas, citadas como fundamento
de los agravios que se examinan."
Posteriormente, al resolver el amparo en revisión 274/2005, el dieciocho de agosto de dos mil
cinco, este Tribunal Colegiado realizó las siguientes consideraciones:
"En efecto, la tercera perjudicada recurrente ... afirma en esencia, por conducto de su
autorizado, que es ilegal la sentencia en la que el Juez de Distrito concedió el amparo a ...
contra la interlocutoria en la que el Juez responsable la condenó a pagar alimentos
provisionales a favor de su hija ... porque desde su particular punto de vista, la obligación de
la deudora alimentista de proporcionar alimentos continúa a pesar de que el acreedor haya
adquirido la mayoría de edad porque en el caso, según afirma, justificó tener la calidad de
estudiante y, por ende, no puede aplicarse la regla general que establece el artículo 434 del
Código Civil actual, en tanto que por otro lado, sostiene que el precepto 451 de dicho
ordenamiento legal no establece como causa de cesación de la obligación de proporcionar
alimentos, el que el acreedor hubiese alcanzado la mayoría de edad.
"Pues bien, como se anticipó, son jurídicamente ineficaces tales motivos de queja, dado que
el artículo 434 de la legislación sustantiva civil local en vigor establece como límite en
cuanto a la temporalidad de la obligación de los padres a proporcionar alimentos a sus hijos
la mayoría de edad, con una salvedad, pues el texto de dicho numeral dice: ‘Los padres están
obligados a dar alimentos a sus hijos, hasta que alcancen la mayoría de edad o llegando a ella
sean incapaces.’. Como se ve, el legislador estableció en forma clara que la obligación de las
partes de velar por los alimentos de los hijos concluye cuando éstos adquieren la mayoría de
edad, lo cual ocurre cuando cumplen dieciocho años, de acuerdo con el artículo 48 del mismo
ordenamiento, salvo que sean incapaces, en términos que dispone el numeral 49, que, a la
letra, dice: ‘Son incapaces: I. El menor de edad; II. El mayor de edad que padezca
enajenación psíquica aunque tenga intervalos lúcidos; y III. Los sordomudos que no sepan
darse a entender por escrito, mediante intérprete, o por el lenguaje mímico de sistemas
educativos y de comunicación universalmente aceptados.’.
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"De acuerdo con lo hasta aquí expuesto es dable establecer que de acuerdo con la legislación
civil vigente en Jalisco, la obligación de los padres de proporcionar alimentos a sus hijos está
sujeta, por regla general, a una cierta temporalidad, y que esta temporalidad concluye a partir
del momento en que los hijos adquieren la mayoría de edad, regla que admite como única
excepción la del caso en que el acreedor alimentario sigue siendo incapaz, se entiende por
alguna de las causas previstas en la propia codificación, ya precisadas, no obstante haber
cumplido dieciocho años.
"Ahora bien, aun cuando es cierto que en el artículo 451 del código invocado no se consigna
la mayoría de edad de los hijos como una causa de cesación de la obligación de darles
alimentos, ello no significa, como erróneamente lo sostiene la recurrente, que para determinar
sobre la pertinencia de los alimentos provisionales deba analizarse a la luz de las causales
previstas en esa norma así como la posibilidad del deudor y a la necesidad de quien debe
recibirlos, pues ello implicaría desatender la prevención expresa contenida en el numeral 434,
en cuanto a la duración de la obligación de proporcionar alimentos por parte de los padres a
los hijos, norma que al establecer una temporalidad determinada, implícitamente contiene una
causa de cesación, pues resulta obvio que al concluir esa temporalidad y no estarse en el caso
de excepción ahí consignado, se configura una causa por la que concluye la obligación en
examen, de modo que, por técnica legislativa, ya no era necesario que en el artículo 451 se
reiterara esa causa de cesación.
"Amén de lo anterior, no debe perderse de vista que las causas a que se refiere el citado
numeral 451 atañen en su mayoría a hechos que bien pueden ocurrir durante la minoría de
edad de los hijos, pues la fracción I de tal precepto se refiere a los casos en que el obligado
carece de los medios para dar alimentos; la fracción II, a los casos en que el acreedor
alimentario deja de necesitar alimentos; la fracción III, a los casos en que éste incurre en
injuria, falta o daños graves en contra del deudor alimentista; la fracción IV se refiere a
cuando la necesidad de los alimentos depende de la conducta viciosa o de la falta de
aplicación al trabajo por parte del alimentario; y la fracción V cuando el acreedor alimentario
abandona la casa del alimentista sin consentimiento de éste y sin causa justificada; conductas
que, se repite, no necesariamente pueden ocurrir cuando el acreedor alimentario llega a la
mayoría de edad, por lo que es obvio que esas causales de cesación son de naturaleza distinta
a la de orden natural expresamente consignada en el artículo 434.
"Luego, si conforme la norma que se acaba de invocar es suficientemente claro y no está en
oposición, ni es excluyente respecto de lo previsto en el numeral 451 o algún otro precepto
relativo a la institución de alimentos, antes bien la norma se reitera en el artículo 418, que
establece la obligación de los padres divorciados de alimentar a sus hijos ‘hasta que lleguen a
la mayoría de edad o contraigan matrimonio.’; y si, además, la norma relativa a la obligación
de los padres de dar alimentos a sus hijos fue reformada precisamente para delimitar la
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temporalidad a que se encuentra sujeta tal obligación, salvo en el caso de que los hijos sean
incapaces en términos de la propia legislación civil, todo ello permite considerar
jurídicamente ineficaces los agravios en los que controvierte las consideraciones del Juez de
Distrito en el sentido de determinar ilegal la interlocutoria reclamada que condenó a la
quejosa al pago de alimentos provisionales a favor de la recurrente pese a ser mayor de edad,
pues tal circunstancia conlleva a la cesación de la obligación de la ahora quejosa de dar los
alimentos provisionales, no obstante que la hija tenga la condición de estudiante, pues dicha
condición obviamente no constituye la salvedad a que se refiere el pluricitado artículo 434.
De ahí lo inaplicable de los criterios que invoca la recurrente en el escrito de agravios cuyo
estudio nos ocupa por existir disposición expresa en el Código Civil de esta entidad en el
sentido de que los padres están obligados a proporcionar alimentos a sus hijos hasta que
alcancen la mayoría de edad.
"En similares términos este tribunal resolvió en sesión de catorce de agosto de dos mil tres, el
amparo directo número 378/2003.
"Finalmente, es jurídicamente ineficaz el agravio en el que aduce que resulta aplicable por
analogía el artículo 2988, fracción III, inciso a) de dicho ordenamiento legal, relativo a las
cargas alimentarias en tratándose de disposiciones testamentarias e intestamentarias, que
establece: ‘Artículo 2988. El derecho de alimentos a que se refiere este capítulo, se rige por
las siguientes bases: ... III. La pensión alimenticia se fijará y asegurará en los siguientes
términos: a) Los alimentos comprenden la comida, el vestido, la habitación y la asistencia en
casos de enfermedad. Respecto de los menores, los alimentos comprenden, además los gastos
necesarios para la educación primaria y secundaria del alimentista. Pero si al haber concluido
la educación secundaria y antes de alcanzar la mayoría de edad están estudiando una carrera a
nivel licenciatura, tiene el derecho a recibir alimentos hasta que obtengan el título
correspondiente, si realizan sus estudios normalmente y sin interrupción.’; pues
independientemente de que la recurrente no sustentó los hechos de su reclamo de alimentos
en la disposición legal antes transcrita según se puede evidenciar de la lectura de la demanda
natural; tal precepto no es aplicable al caso porque el juicio del que deriva el acto reclamado
no se trata de cuestiones testamentarias o intestamentarias en las que se tuviera que dilucidar
sobre el derecho a recibir alimentos de los menores de edad a que se refiere dicho precepto, si
éstos antes de haber alcanzado la mayoría de edad estuviesen estudiando una carrera a nivel
licenciatura bajo las condiciones impuestas en dicho numeral."
En similares términos, el Primer Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito
resolvió los amparos directos 378/2003 y 495/2003, también remitidos a esta Suprema Corte
de Justicia.
CUARTO. Procedencia. En primer lugar, debe precisarse, como lo ha sostenido en reiteradas
ocasiones esta Suprema Corte, que no es obstáculo para la procedencia de entrar al estudio de
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la presente denuncia de contradicción de tesis el hecho de que los criterios en disputa no
constituyan jurisprudencia.(1)
QUINTO. Existencia o inexistencia de la contradicción. Sentado lo anterior, entraremos a
examinar si existe o no la contradicción de tesis denunciada.
1. Para determinar que existe una contradicción de tesis, es necesario verificar en primer
lugar que las posiciones comparadas se sitúen en un mismo plano de análisis, esto es, que en
la resolución de cada uno de los asuntos se hayan examinado cuestiones jurídicas
esencialmente iguales. Lo anterior significa que no basta atender a la conclusión de los
razonamientos, sino que es necesario tener en cuenta las circunstancias fácticas y jurídicas
que llevaron a los respectivos tribunales a asumir su criterio.
En segundo lugar, es necesario comprobar que el tipo de contradicción existente entre los
criterios evidencie que lo que uno de ellos afirma acerca de un problema, el otro lo niega, ya
que según el principio lógico de no contradicción dos enunciados referidos al mismo
problema no pueden afirmar y negar el mismo contenido.
En tercer lugar, al estudiar las circunstancias aludidas, se debe distinguir entre las que sirven
de fundamento a los criterios emitidos y aquellas que, aun cuando lo parecen, no constituyen
un presupuesto lógico del razonamiento.
En otros términos, se actualiza la contradicción de tesis cuando concurren los siguientes
supuestos:(2)
a) Las cuestiones jurídicas planteadas son esencialmente iguales, es decir, provienen del
examen de los mismos elementos.
b) Los criterios son, en términos lógicos, efectivamente contradictorios, es decir, se constata
que lo que uno de ellos afirma acerca de un mismo problema, el otro lo niega.
c) La diferencia de criterios se presenta en las consideraciones, razonamientos o
interpretaciones jurídicas de las sentencias respectivas.
2. A fin de determinar si en el presente asunto se acreditan los extremos referidos, es
imprescindible sintetizar lo sostenido por los diferentes Tribunales Colegiados en liza, en
términos de lo que se desprende de las ejecutorias que han sido parcialmente transcritas en el
apartado anterior.
A) El Quinto Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito, denunciante de la
presente contradicción, sostiene esencialmente que los padres conservan la obligación de
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proporcionar alimentos a sus hijos mayores de edad mientras éstos cursen una carrera
universitaria, a pesar de que el artículo 434 del Código Civil del Estado de Jalisco establezca
que "(l)os padres están obligados a dar alimentos a sus hijos, hasta que alcancen la mayoría
de edad o llegando a ella sean incapaces".
Este Tribunal Colegiado argumenta que la obligación alimentaria tiene su origen en un deber
ético que ha sido incorporado en el sistema jurídico con el valor de orden público e interés
social. Su propósito, afirma, es activar las redes de justicia y solidaridad humanas por las
cuales las generaciones maduras y estables permiten a las generaciones vulnerables acceder a
determinados estándares de bienestar.
El colegiado afirma que este deber se concreta en la obligación que tienen los familiares
favorecidos más cercanos de asegurar a los menos favorecidos su subsistencia material y
educativa. Según el artículo 439 del Código Civil del Estado de Jalisco, dicha obligación
comprende la comida, el vestido, la habitación y la asistencia en casos de enfermedad. Y en
el caso de que los acreedores sean menores de edad, esta obligación comprende además los
gastos para la educación, para ingresar al jardín de niños, a la primaria y a la secundaria, así
como la educación necesaria para proporcionarles un oficio, arte o profesión, adecuados a sus
capacidades, potencialidades y circunstancias personales.
Según este Tribunal Colegiado, para determinar el alcance del derecho de los hijos menores a
recibir una profesión deben analizarse las siguientes circunstancias. Los menores deben
cursar la educación primaria entre los seis y los catorce años, según el artículo 31 de la Ley
de Educación del Estado de Jalisco. Suponiendo que un menor inicie la primaria a los seis
años, muy probablemente la terminará cuando tenga doce años, etapa que es el antecedente
necesario para cursar los tres años que implica cursar la enseñanza secundaria, al término de
la cual tendrá unos quince años. Para superar las etapas que requiere una educación
profesional, es además indispensable el acreditamiento de seis semestres de bachillerato,
periodo que el menor podría finalizar cumplidos ya los dieciocho años.
En este contexto, subraya el tribunal, es claro que el derecho de un hijo a recibir una
profesión sólo es exigible una vez finalizada la cadena sucesiva de ciclos educacionales, que
dura doce años. Por tanto, afirma, no puede interpretarse el artículo 434 del Código Civil
local de forma letrista y concluir que el derecho de un menor a recibir lo necesario para
desempeñar una profesión termina cuando llega a la mayoría de edad. Ello, argumenta,
desnaturalizaría la finalidad de los deberes alimentarios que tienen los padres respecto de sus
hijos, pues todo el esfuerzo previo encaminado a la consecución de una profesión se vería
frustrado con sólo traspasar el umbral de la mayoría de edad. Esta interpretación, en términos
generales, chocaría con el principio de justicia orientado a reconocer el correcto equilibrio en
la asignación de los derechos de los descendientes y los deberes de los progenitores.
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
Este Tribunal Colegiado afirma, pues, que no tiene ningún efecto práctico establecer en la ley
el derecho a obtener una profesión en favor de los hijos menores si el presupuesto de su
efectividad es que la misma se obtenga antes de alcanzar la mayoría de edad.
Por otra parte, el Quinto Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito considera
necesario traer a colación el principio de utilidad, según el cual se debe enseñar a los hijos a
no dejar inconclusas las tareas que han emprendido, a aprovechar el tiempo y los recursos
invertidos en la educación, a reconocer la dignidad de las personas, a dar ejemplo y a ser
recíprocos al devolver los beneficios obtenidos en la vida.
Este Tribunal Colegiado puntualiza que, aunque un hijo mayor de edad tiene el derecho de
recibir una profesión por parte de sus padres en los términos apuntados, la existencia de dicho
derecho está condicionada por el hecho de que el acreedor alimentista debe cursar un grado
de escolaridad acorde no sólo con su edad, sino con todas sus condiciones particulares ajustada al entorno familiar, emocional, académico y social en el cual se ha desarrollado-. El
colegiado afirma que el hecho de que dicho derecho se conceda en cada caso considerando
las particularidades del acreedor, impide que alguien se vea privado del mismo por cuestiones
ajenas a su voluntad -el Tribunal Colegiado cita el ejemplo de menores que inician
tardíamente sus estudios por causas ajenas a su voluntad, o que los interrumpen por alguna
enfermedad, a quienes no se les puede negar este derecho solamente en razón de su edad-.
El colegiado concluye, pues, que la correcta interpretación del artículo 439 del Código Civil
del Estado de Jalisco lleva a considerar que el derecho de un hijo a recibir alimentos no se
pierde por el solo hecho de que alcance la mayoría de edad si demuestra que los necesita
mientras cursa estudios acordes con su edad y particularidades.
El colegiado opina que esta interpretación armoniza el contenido de los distintos artículos
aplicables: el artículo 439 -que establece, entre otras cosas, que los hijos menores tienen
derecho a una profesión-; el 434 -según el cual la obligación de los padres de dar alimentos a
sus hijos termina cuando éstos llegan a la mayoría de edad-, y el 451, fracción II -que prevé
la finalización de la obligación de dar los alimentos cuando el acreedor alimentario deja de
necesitarlos-. A su juicio, esta interpretación evita una pregunta lógica que sigue a la
detección de la antinomia que existe entre dichas normas: ¿qué sentido tiene el derecho a una
profesión que el artículo 439 otorga a los hijos menores si el artículo 434 lo cancela al prever
la finalización de la obligación alimentaria cuando llegan a la mayoría de edad?
El colegiado considera que la interpretación según la cual la obligación de los padres de dar
una profesión a sus hijos menores debe satisfacerse aunque hayan alcanzado la mayoría de
edad, en función de sus capacidades, potencialidades y sus circunstancias particulares, deriva
de la regla de la hermenéutica según la cual las normas deben interpretarse evitando las
antinomias entre ellas, procurando dar la mayor efectividad a todas ellas.
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
Finalmente, este colegiado afirma que el citado derecho de los hijos, siempre que se den las
condiciones apuntadas, subsiste mientras subsista la necesidad de recibirlos, según establece
el artículo 451, fracción II, del Código Civil del Estado de Jalisco. A su juicio ello se debe a
que el artículo 439 contiene una regla especial cuya observancia es preferente a la regla
general establecida en el artículo 434, según la regla contenida en el artículo 14 de dicho
código: Las leyes que establecen excepciones a las reglas generales, no son aplicables a caso
alguno que no esté expresamente especificado en las mismas leyes.
B) El Primer Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito, por su parte, sostiene
que el legislador estableció de forma clara en el artículo 434 del Código Civil del Estado de
Jalisco que la obligación de los padres de dar alimentos a sus hijos concluye cuando éstos
adquieren la mayoría de edad -esto es: cuando cumplen dieciocho años, según el artículo 48
del mismo cuerpo legal-. Este tribunal sostiene que la única excepción a esta regla se da en el
supuesto de que los hijos sean incapaces, entendiendo por éstos quienes encuadren en los
supuestos que enumera el artículo 49 de dicho código -los menores de edad, los mayores de
edad que padezcan enajenación psíquica aun cuando tengan intervalos de lucidez, y los
sordomudos que no sepan darse a entender-.
Este Tribunal Colegiado considera que la obligación paterna de dar alimentos a sus hijos está
delimitada en el tiempo por un plazo específico, cuyo término se ubica en el momento en que
éstos adquieren la mayoría de edad e insiste que este plazo admite una única excepción, que
se da cuando los hijos sean incapaces.
Finalmente, argumenta que el artículo que establece el ámbito temporal de dicha obligación
es suficientemente claro. El mismo no se opone ni excluye lo previsto en el artículo 451 o
algún otro regulador de la institución de los alimentos. Por el contrario, observa, el contenido
normativo de dicho artículo se reitera en el 418, que establece que la obligación de los padres
divorciados de otorgar alimentos a sus hijos subsiste hasta que lleguen a la mayoría de edad o
hasta que contraigan matrimonio. Por tanto, concluye este colegiado, es suficiente que el hijo
de un deudor alimentario llegue a la mayoría de edad para que cese su derecho a recibir
alimentos.
3. Sentado lo anterior y a la luz de las síntesis anteriores, esta Primera Sala estima que la
contradicción de tesis existe.
En primer lugar, hay que señalar que los tribunales contendientes analizan la misma cuestión
jurídica: determinar si, conforme al Código Civil del Estado de Jalisco, el hecho de que una
hija o un hijo alcance la mayoría de edad hace cesar o no automáticamente el derecho a
recibir de sus padres (o quienes sean los deudores alimentarios en el caso) los recursos
necesarios para allegarse de una profesión, como parte de la obligación general que tienen
-13-
CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
estos últimos de otorgarles alimentos.
En segundo lugar, ambos Tribunales Colegiados sostienen sobre la cuestión analizada
posiciones contradictorias entre sí: mientras que el Quinto Tribunal Colegiado en Materia
Civil del Tercer Circuito sostiene que es irrelevante que un hijo llegue a la mayoría de edad
para reconocerle el derecho a seguir recibiendo lo necesario -particularmente el pago de los
estudios- para desempeñar una profesión, derivado de las prestaciones alimentarias que la ley
le reconoce, siempre y cuando se satisfagan una serie de condiciones, el Primer Tribunal
Colegiado de la misma materia y circuito sostiene que la mayoría de edad de los hijos hace
cesar la obligación alimentaria de los padres, por lo que después de este punto éstos no tienen
la obligación de seguir proveyendo a los primeros lo necesario para permitirles el desempeño
de una profesión.
Finalmente, las posiciones contradictorias se encuentran en las interpretaciones jurídicas de
ambos colegiados: la interpretación que los mismos realizan de los artículos del Código Civil
del Estado de Jalisco que regulan la institución alimentaria. Los colegiados concentran
particularmente su esfuerzo interpretativo sobre los artículos 434 y 439 de dicho cuerpo legal.
SEXTO. Estudio de fondo. Las consideraciones jurídicas que fundamentan el fallo serán
divididas en tres apartados. En el primero de ellos, enunciaremos cuál es la cuestión jurídica
que los términos de la contradicción nos instan a resolver en la presente instancia. En el
segundo, justificaremos por qué la presente contradicción conserva su materia a pesar de la
aparente existencia de criterios previos de esta Suprema Corte sobre la cuestión jurídica
relevante. Finalmente, desarrollaremos las consideraciones que sustentan la tesis que debe
prevalecer, en los términos expresados al final de este considerando.
1. Delimitación de la cuestión jurídica a resolver. Como destacamos en el apartado anterior,
el Quinto Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito considera que el artículo
434 del Código Civil del Estado de Jalisco, según el cual los padres están obligados a dar
alimentos a sus hijos sólo hasta que alcancen la mayoría de edad, a menos que se encuentren
en estado de incapacidad, no impide reconocer a los hijos llegados a la mayoría de edad el
derecho que les otorga el artículo 439 del mismo código. Este último precepto establece que
los alimentos comprenden el derecho a recibir los elementos de subsistencia material y
educativa, entre los que enumera textualmente los gastos para la educación de jardín de
niños, primaria y secundaria del acreedor alimentario y para proporcionarle algún oficio, arte
o profesión honestos y adecuados a sus capacidades, potencialidades y circunstancias
personales.
Según la argumentación del Quinto Tribunal, sólo esta interpretación otorga eficacia real al
derecho que tienen los menores de edad de recibir una profesión como parte de su derecho
general a alimentos, pues -argumenta- hoy en día se accede a los estudios que aseguran una
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
profesión una vez alcanzada la mayoría de edad. En su opinión, reconocer la obligación
paterna sólo mientras los hijos conservan la minoría de edad convierte en letra muerta las
previsiones del artículo citado, y convierte la obligación de proporcionar un arte, profesión u
oficio en algo que los hijos no tendrán la posibilidad de exigir.
El Primer Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito, por el contrario, estima
que la regla contenida en el artículo 434 del Código Civil de Jalisco no deja lugar a dudas: los
hijos mayores de edad ya no tienen derecho a recibir alimentos de sus familiares, siendo la
única excepción a ello que los hijos se encuentran en un estado de incapacidad. Por ello
considera exenta de todo posible cuestionamiento la afirmación de que los hijos mayores de
edad no tienen derecho a recibir alimentos -tampoco el derecho alimentario que tienen los
hijos menores a una profesión-.
Así las cosas, la cuestión que esta Sala debe resolver es la siguiente: el artículo 434 del
Código Civil del Estado de Jalisco, que establece que los padres no están obligados a
proporcionar alimentos a sus hijos cuando lleguen a la mayoría de edad, a menos que éstos se
encuentren en estado de incapacidad ¿impide que los hijos llegados a la mayoría de edad
exijan a sus padres lo necesario para atender a su derecho a recibir una profesión, como parte
integrante del derecho general a alimentos que el artículo 439 del citado cuerpo legal
reconoce a los menores? En el contexto normativo aplicable en el Estado de Jalisco, el
derecho a recibir cualquiera de los rubros que la ley señala como integrantes de la obligación
alimentaria ¿finaliza cuando los menores alcanzan la edad de 18 años o, por lo que se refiere
al derecho a recibir lo necesario para desempeñar una profesión u oficio, subsiste más allá de
la misma?
Como desarrollaremos con posterioridad, esta Sala coincide esencialmente con el criterio
sustentado por el Tribunal Colegiado denunciante de la contradicción y estima que debe
prevalecer el criterio según el cual, en las condiciones que señalaremos, los mayores de edad
pueden conservar el carácter de acreedores legales del derecho alimentario hasta completar la
formación que debe permitirles desempeñar una profesión u oficio.
Esta conclusión converge con los razonamientos acogidos por esta Suprema Corte en asuntos
semejantes al presente, en los cuales se analizaron las previsiones de los Códigos Civiles de
otras entidades federativas. Sin embargo, como justificamos inmediatamente, ello no deja sin
materia la presente contradicción.
2. Necesidad de resolver la cuestión jurídica planteada. En las contradicciones de tesis 73/96
y 125/2003-PS, falladas el once de junio de mil novecientos noventa y seis y el veinticinco de
febrero de dos mil cuatro, respectivamente, esta Primera Sala no emitió una resolución de
fondo, al considerar que las cuestiones a dilucidar habían sido ya resueltas por la extinta
Tercera Sala de esta Corte cuando resolvió la contradicción de tesis 16/90, el cinco de
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
octubre de mil novecientos noventa.
Sin embargo, en el presente caso no podemos llegar a una conclusión análoga porque las
premisas normativas que deben ser objeto de análisis presentan una diferencia fundamental
que nos obliga a pronunciarnos sobre un punto que en tales ocasiones quedaba fuera del
ámbito de la controversia. En las dos contradicciones citadas no se discutía que los hijos
llegados a la mayoría de edad tuvieran derecho a recibir alimentos de sus padres: ello
constituía una de las premisas, no discutidas, de la cuestión jurídica que debía resolverse. Y
la cuestión a resolver se relacionaba con la carga de la prueba: ¿eran los padres o los hijos,
los que tenían la carga procesal de probar o desvirtuar la necesidad de recibir recursos por ese
concepto?
Esta Primera Sala consideró en las dos contradicciones citadas que esta cuestión quedaba
resuelta por lo sentado por la extinta Tercera Sala al resolver la contradicción tesis 16/90,
cuyos razonamientos torales condensa la siguiente tesis de jurisprudencia:
"ALIMENTOS. CORRESPONDE AL DEUDOR ALIMENTARIO LA CARGA DE
PROBAR QUE LOS HIJOS MAYORES QUE ACREDITEN SE ENCUENTRAN
ESTUDIANDO UN GRADO ESCOLAR ADECUADO, NO LOS NECESITAN. Esta Tercer
Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la jurisprudencia publicada con el
número 141, en la página 236, de la Segunda Parte del Apéndice al Semanario Judicial de la
Federación de mil novecientos diecisiete a mil novecientos ochenta y ocho, sostuvo el criterio
de que la obligación de proporcionar alimentos a los hijos mayores de edad no desaparece por
el solo hecho de que lleguen a esa edad, en virtud de que su necesidad no se satisface
automáticamente por la realización de esa circunstancia, toda vez que al igual que los hijos
menores de edad, tienen la presunción de necesitar los alimentos, salvo prueba en contrario,
correspondiendo tal carga en esos casos al deudor, quien debe justificar que el actor no los
necesita, ya sea porque tiene bienes propios o porque desempeña algún trabajo o alguna
profesión, oficio o comercio; sin embargo, tal criterio debe quedar limitado, para que
prospere la acción de alimentos intentada por el hijo mayor de edad que afirma estar
estudiando, al hecho de que justifique además de su calidad de hijo y de que el deudor tiene
posibilidad económica para sufragarlos, el de demostrar que efectivamente se encuentra
estudiando y que el grado de escolaridad que cursa es adecuado a su edad, pues atendiendo a
que los alimentos deben ser proporcionados en razón a la necesidad del que debe percibirlos,
no sería jurídico ni equitativo condenar al padre o deudor a proporcionar alimentos al hijo
que cuenta con edad avanzada y estuviera realizando estudios que no corresponden a su edad
y situación."(3)
Como puede observarse, la Tercera Sala de esta Suprema Corte de Justicia de la Nación
resolvió, bajo la premisa ya dada de que los hijos mayores de edad conservan el derecho a
recibir alimentos de sus padres, una serie de reglas referentes a las cargas probatorias que
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
deben satisfacerse para la obtención de una resolución que condene a un progenitor a pagar
alimentos a un hijo mayor de edad que curse los estudios necesarios para obtener una
profesión.
Del texto también se desprende que la Tercera Sala no siempre tuvo como dada esa premisa,
sino que la fue formulando y afianzando en diversas resoluciones. Sin embargo, en todas las
ocasiones en las que la Tercera Sala tocó el tema, se partía de normas legales que no incluían
una disposición expresa según la cual el derecho de alimentos se extingue a la mayoría de
edad -como sí establece, en nuestro caso, el artículo 434 del Código Civil del Estado de
Jalisco-. Como muestra la lectura de las tesis que transcribiremos a continuación, la extinta
Tercera Sala basó sobre dos argumentos principales el criterio de que los hijos mayores
conservan el derecho de exigirles a sus progenitores deberes alimentarios. El primero
señalaba que ninguno de los códigos analizados incluía una norma expresa estableciendo que
el deber alimentario de los padres se extinguiese cuando los hijos alcanzasen la mayoría de
edad, lo cual le permitió inferir a contrario sensu que dicha circunstancia no podía contarse
entre las causales de cesación de esta obligación. El segundo argumento descansaba en una
apreciación global de la institución de los alimentos: si el sentido de la obligación
alimentaria, estimó la Tercera Sala, debía ser encontrado en el imperativo que tienen los
progenitores de satisfacer las necesidades vitales de sus hijos, entonces la misma no debe
desaparecer sólo por el hecho de que los hijos lleguen a la mayoría de edad, porque es obvio
que sus necesidades vitales no se satisfacen automáticamente al llegar a este punto; ello
obliga a los Jueces, se concluyó, a analizar las características del caso concreto para
determinar la existencia de esta necesidad y sus alcances concretos, mas no a negar a los hijos
mayores su derecho a recibir alimentos. Las tesis que recogen estos criterios son las
siguientes:
"ALIMENTOS. HIJOS MAYORES DE EDAD. OBLIGACIÓN DE PROPORCIONARLOS
(LEGISLACIÓN DEL ESTADO DE PUEBLA). Es incontrovertible que los hijos tienen a su
favor la presunción de necesitar alimentos, salvo prueba en contrario, siendo a cargo del
deudor alimentista el probar la cesación o inexistencia de esa necesidad. Si el hijo ha
alcanzado la mayoría de edad, ese hecho no desvirtúa o extingue la presunción que existe a su
favor de necesitar alimentos, dado que la mayoría de edad de los hijos acreedores
alimentarios de sus padres no está comprendida dentro de las causas de cesación de esa
obligación señaladas por el artículo 281 del Código Civil del Estado de Puebla, más aún si se
toma en cuenta que el artículo 201 del propio ordenamiento no establece limitación alguna a
esa obligación, el que, relacionado con el 204 en el cual se dispone que los hermanos sólo
tienen obligación de dar alimentos a sus hermanos menores mientras no lleguen a la edad de
dieciocho años, interpretado a contrario sensu, lleva a concluir que los padres deben
continuar dando alimentos a sus hijos en tanto éstos los necesiten, independientemente de la
edad que tuvieren. Lo expresado está acorde con el sentido de la tesis jurisprudencial número
39, visible a fijas 131 de la última compilación del Semanario Judicial de la Federación, tomo
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
correspondiente a la Tercera Sala, que se transcribe: ‘ALIMENTOS, NECESIDAD DEL
PAGO DE. CARGA DE LA PRUEBA. El marido tiene la obligación de alimentar a la mujer
y a los hijos, quienes tienen a su favor la presunción de necesitar los alimentos, salvo prueba
en contrario. La obligación cesa cuando los acreedores ya no tienen necesidad de ellos, pero
la carga de la prueba corresponde en estos casos al deudor.’.(4)
"ALIMENTOS. HIJOS MAYORES DE EDAD. OBLIGACIÓN DE PROPORCIONARLOS
(LEGISLACIÓN DEL ESTADO DE VERACRUZ). De acuerdo con el texto del artículo 234
del Código Civil del Estado de Veracruz, el derecho de los hijos para percibir alimentos a
cargo de los padres, no se encuentra limitado en forma alguna respecto a la edad, en tanto que
cuando son a cargo de los hermanos y demás parientes, colaterales a que se refiere el artículo
236, ese derecho cesa al cumplir los acreedores alimentarios dieciocho años, si son menores
de edad, es decir, cuando alcanzan la mayoría de edad, por lo que, por disposición expresa de
la ley e interpretando a contrario sensu el artículo 237 citado y transcrito, los padres deben
continuar dando alimentos a sus hijos en tanto éstos los necesiten independientemente de la
edad que tuvieren, tanto más cuanto que, la mayor edad de los hijos como acreedores
alimentarios de los padres, no se contempla como causal que motive la cesación de la
obligación relativa, según se desprende de la enumeración limitativa que de dichas causales
hace el artículo 251. Este Alto Tribunal considera, acorde con las consideraciones legales
anteriores, que ésta es la interpretación que conforme a derecho debe darse a la jurisprudencia
número 39, visible en la página 131, Cuarta Parte, del nuevo Apéndice de jurisprudencia de
1917-1975, que dice: ‘ALIMENTOS, NECESIDAD DEL PAGO DE. CARGA DE LA
PRUEBA. El marido tiene obligación de alimentar a la mujer y a los hijos, quienes tienen a
su favor la presunción de necesitar los alimentos, salvo prueba en contrario. La obligación
cesa cuando los acreedores ya no tienen necesidad de ellos, pero la carga de la prueba
corresponde en estos casos al deudor.’."(5)
"ALIMENTOS. HIJOS MAYORES DE EDAD. OBLIGACIÓN DE PROPORCIONARLOS.
La obligación de proporcionar alimentos a los hijos mayores de edad no desaparece por el
solo hecho de que éstos lleguen a esa edad, en virtud de que su necesidad no se satisface
automáticamente por la sola realización de esa circunstancia."(6)
"ALIMENTOS. HIJOS MAYORES DE EDAD. OBLIGACIÓN DE PROPORCIONARLOS
(LEGISLACIÓN DEL ESTADO DE GUANAJUATO). Dentro de las causales para la
suspensión de la obligación de dar alimentos a que se refiere el artículo 374 del Código Civil
del Estado de Guanajuato, no se encuentra expresamente la consistente en que el hijo haya
llegado a la mayoría de edad; y aun cuando pudiera interpretarse la fracción II de dicho
artículo 374 en relación con el artículo 496, fracción III, del mismo código, que la patria
potestad se acaba por la mayor edad del hijo y con ello concluye la obligación de darle
alimentos, en virtud de que al llegar a la mayoría de edad se supone que goza de absoluta
independencia para disponer tanto de sus bienes como de su persona por disposición expresa
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
de la ley civil, y esta independencia también supone su capacidad física, económica y jurídica
para ser autosuficiente a efecto de allegarse los alimentos que necesite para subsistencia, sin
embargo, por ser los alimentos a los hijos un problema de orden público ya que la sociedad se
encuentra interesada en toda cuestión familiar, debe considerarse que por el solo hecho de
llegar a la mayoría de edad no debe suspenderse la obligación de suministrar aquéllos, sino
que en cada caso, deben examinarse las circunstancias en que se encuentren los hijos al llegar
a esa edad, para saber si siguen necesitando alimentos; por tanto, cabe concluir que el padre
tiene la obligación de dar alimentos a sus hijos, sin límite de edad, y éstos tienen la
presunción de necesitarlos, salvo prueba en contrario, y la obligación cesa cuando el juzgador
tiene el pleno convencimiento de que deben suspenderse, por llenarse los extremos
expresados que señalan las distintas fracciones del artículo 374 citado, y no por el solo hecho
de haber cumplido los dieciocho años de edad.(7)
No existe, por tanto, un pronunciamiento anterior de esta Suprema Corte sobre un conjunto
de normas comparable al que suscita los pronunciamientos de los colegiados contendientes
en la presente instancia, lo cual impide declararla sin materia y nos insta a entrar al estudio de
las cuestiones jurídicas correspondientes.
3. Fundamentos jurídicos. Procedamos a continuación a transcribir los artículos del Código
Civil del Estado de Jalisco que resultan relevantes para el análisis de la cuestión jurídica
planteada:
"Capítulo II
"De los alimentos
"Artículo 432. El deber y la obligación de proporcionar los alimentos son recíprocos; el que
los da, tiene a su vez el derecho de recibirlos. Este deber y esta obligación alimentaria son
personales e intransmisibles."
"Artículo 433. Los cónyuges deben darse alimentos."
"Artículo 434. Los padres están obligados a dar alimentos a sus hijos, hasta que alcancen la
mayoría de edad o llegando a ella sean incapaces. A falta o por imposibilidad de los padres,
la obligación recae en los demás ascendientes por ambas líneas, que estuvieren más próximos
en grado."
"Artículo 435. Los hijos están obligados a dar alimentos a los padres cuando estos han
alcanzado una edad senil o por imposibilidad de trabajo o ingreso. A falta o por imposibilidad
de los ascendientes o descendientes, la obligación recae en los hermanos."
"Artículo 436. Cuando no exista otro apoyo, los hermanos mayores tienen la obligación de
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
dar alimentos a los menores, o a los mayores incapaces."
"Artículo 439. Los alimentos comprenden el recibir los elementos de subsistencia material y
educativa, como son: la comida, el vestido, la habitación y la asistencia en casos de
enfermedad. Respecto de los menores, los alimentos comprenden, además, los gastos para la
educación de jardín de niños, primaria y secundaria del acreedor alimentario y para
proporcionarle algún oficio, arte o profesión honestos y adecuados a sus capacidades,
potencialidades y circunstancias personales.
"También comprenden las atenciones a las necesidades psíquica, afectiva y de sano
esparcimiento y en su caso, los gastos de funerales."
"Artículo 440. El obligado a dar alimentos cumple la obligación asignando una pensión
adecuada al acreedor alimentario o incorporándolo a la familia. Si el acreedor se opone a ser
incorporado, compete al Juez, según las circunstancias, fijar la manera de ministrar los
alimentos."
"Artículo 442. Los alimentos han de ser proporcionales a la posibilidad del que debe darlos y
a la necesidad del que debe recibirlos."
"Artículo 445. La obligación de dar alimentos no comprende la de proveer de capital a los
acreedores alimentarios para ejercer el oficio, arte o profesión a que se hubieren dedicado."
"Artículo 451. Cesa la obligación de dar alimentos:
"I. Cuando el que la tiene carece de medios para cumplirla;
"II. Cuando el acreedor alimentario deja de necesitar los alimentos;
"III. En casos de injuria, falta o daños graves inferidos por el alimentario contra el que debe
prestarlos;
"IV. Cuando la necesidad de los alimentos depende de la conducta viciosa o de la falta de
aplicación al trabajo del alimentario, mientras subsistan estas causas; y
"V. Si el acreedor alimentario, sin consentimiento del que debe dar los alimentos, abandona
la casa de éste por causas injustificables."
"Artículo 452. El derecho de recibir alimentos es de orden público y no puede ser objeto de
transacción; es irrenunciable e intransmisible; pero sí pueden ser objeto de las operaciones
indicadas, las pensiones caídas."
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
"Artículo 453. Cuando el deudor alimentista no estuviere presente o estándolo, rehusare
entregar lo necesario para los alimentos de los miembros de su familia con derecho a
recibirlos, será responsable de las deudas que estos contraigan para cubrir esa exigencia, pero
solo en la cuantía estrictamente necesaria para ese objeto y siempre que no se trate de gastos
de lujo."
En el Estado de Jalisco, como sucede en otros ordenamientos civiles vigentes en nuestro país,
la institución de los alimentos cumple con funciones consideradas de orden público (según
dispone textualmente el artículo 452), pues se orienta a la eficaz satisfacción de las
necesidades básicas de subsistencia y bienestar (físico y psíquico) en el seno de un núcleo
social definido por la existencia de vínculos familiares.
Para este fin, el Código Civil de dicha entidad federativa prevé un complejo sistema de
obligaciones a cargo de los miembros de la familia, cuyo punto de equilibrio (según refleja el
artículo 442) se encuentra en la relación de proporcionalidad que debe existir entre dos
elementos: la necesidad de quien los puede exigir y la posibilidad de quien los debe dar. Éste
es el eje articulador del sistema, que incluye una serie de reglas de acotación referentes a la
calidad de los sujetos acreedores y deudores, así como un conjunto de previsiones sobre la
forma en que deben cumplirse las obligaciones alimentarias.
Desde la perspectiva marcada por el tema de la presente contradicción, y dejando de lado
aspectos como las reglas de sustitución de deudores en caso de ausencia de las personas en
quienes recae en primera instancia la obligación alimentaria (artículos 434 y 435) o las que
establecen las alternativas mediante las cuales los acreedores pueden ver satisfechas sus
necesidades (440, 441 y 443), estimamos necesario destacar cinco de las reglas que
caracterizan la regulación de la institución de los alimentos en el Estado de Jalisco.
La primera es la contenida en el artículo 439, que establece qué rubros genéricos están
incluidos dentro de las necesidades materiales y educativas a cuya satisfacción se orientan las
obligaciones alimentarias: la comida, el vestido, la habitación, la asistencia médica, la
atención a las necesidades psíquicas, afectivas y de esparcimiento y, en su caso, los gastos
funerarios. Dicho precepto legal incluye una regla específica que pormenoriza los derechos
de los hijos en el ámbito educacional: los alimentos cubren en ese caso los gastos
correspondientes al jardín de niños, la primaria, la secundaria y los necesarios para allegarse
de algún oficio, arte o profesión honestos, adecuados a sus capacidades, potencialidades y
circunstancias personales.
La segunda regla es la contenida en el artículo 445, que acota el alcance de los derechos
alimentarios al establecer que "(l)a obligación de dar alimentos no comprende la de proveer
de capital a los acreedores alimentarios para ejercer el oficio, arte o profesión a que se
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
hubieren dedicado".
La tercera regla importante es la contenida en el artículo 451, que lista las causales de
cesación de las obligaciones alimentarias (y del correlativo derecho a recibirlas): cuando el
obligado carece de medios para cumplirla; cuando el acreedor alimentario deja de
necesitarlos; en caso de injuria, falta o daños graves ocasionados por el acreedor al deudor;
cuando la necesidad de los alimentos dependa de la conducta viciosa o de la falta de
aplicación al trabajo del deudor alimentario; o cuando el acreedor abandona la casa del
deudor por causas injustificables.
Finalmente, el Código Civil del Estado de Jalisco incluye dos reglas acerca de las
obligaciones alimentarias inherentes a una relación muy específica: la paternofilial. El
artículo 434 establece que los padres están obligados a dar alimentos a sus hijos hasta que
alcancen la mayoría de edad, a menos que en ese punto se encuentren en estado de
incapacidad, y el artículo 435 establece que los hijos están obligados a dar alimentos a los
padres cuando éstos alcancen una edad senil o por imposibilidad de trabajo o ingreso. La
primera de las reglas mencionadas es reiterada en el artículo 418, en el capítulo dedicado a la
regulación del divorcio, el cual dispone que los consortes divorciados tendrán la obligación
de contribuir, en proporción de sus bienes, a la subsistencia y educación de los hijos hasta
que lleguen a la mayoría de edad o contraigan matrimonio.
Como nos permite observar esta sintética descripción, el punto de discrepancia entre los
Tribunales Colegiados contendientes se ubica en la intersección entre las previsiones del
artículo 434, por un lado, y las del artículo 439, por el otro. Mientras que el artículo 434
establece que los padres están obligados a dar alimentos a sus hijos sólo hasta que alcancen la
mayoría de edad, a menos que sean incapaces, el artículo 439 establece que la obligación
alimentaria respecto de los menores, por concepto de necesidades educativas, incluye no
solamente los gastos correspondientes al jardín de niños y a la educación primaria y
secundaria, sino también los necesarios para allegarse de algún oficio, arte o profesión
honestos y adecuados a sus capacidades, potencialidades y circunstancias personales.
A juicio de esta Sala, los anteriores preceptos encierran, efectivamente, una antinomia
parcial. El contenido del artículo 434, así como el hecho de que el artículo 439 se refiera a los
derechos de los menores, apuntan a la tesis de que la obligación alimentaria respecto de los
hijos finaliza cuando éstos cumplen la mayoría de edad. El contenido del artículo 439, sin
embargo, lleva implícita la previsión de que dicha obligación puede perdurar más allá de ese
punto. En efecto: si la obligación alimentaria incluye los gastos necesarios para cubrir no sólo
la educación secundaria sino también la que dará la posibilidad al acreedor alimentario de
allegarse de una profesión u oficio, es evidente que en el contexto del sistema educativo que
rige en México la mayoría de edad será superada en una inmensa cantidad de casos. Como
destaca uno de los tribunales contendientes, hoy en día los menores deben cursar la educación
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
primaria entre los seis y los catorce años, según el artículo 31 de la Ley de Educación del
Estado de Jalisco. Suponiendo que un menor inicie la primaria a los seis años, muy
probablemente la terminará cuando tenga doce años, etapa que es el antecedente necesario
para cursar los tres años que implica cursar la enseñanza secundaria, al término de la cual
tendrá unos quince años. Y para superar las etapas que permiten iniciar una educación
profesional, es además indispensable el acreditamiento de seis semestres de bachillerato,
periodo que el menor podría finalizar cumplidos ya los dieciocho años.
¿Cómo deben ser interpretadas y armonizadas estas dos previsiones? A nuestro juicio, y
resultando evidentemente inaplicables los criterios según los cuales la norma superior
prevalece sobre la inferior y la posterior sobre la anterior, puesto que estamos ante normas
contenidas en una mismo texto legal, tampoco resulta posible solucionar este caso mediante
el criterio de prevalencia de la norma más específica.
Ello se debe a que no hay base para afirmar que la norma incluida en el artículo 434 es más
específica que la incluida en el artículo 439. Ciertamente, las dos normas delimitan el
supuesto de hecho regulado mediante criterios distintos (la primera es una regla que pivota en
torno a los sujetos, esto es, en torno a los titulares de los derechos y deberes implicados, y la
segunda pivota en torno al contenido del derecho, esto es, en torno a lo que es debido y
exigible, respectivamente, por esos sujetos); pero las dos establecen en realidad
determinaciones sobre ambos aspectos (tanto sobre los titulares del derecho como sobre el
contenido del mismo): la norma que establece que las obligaciones alimentarias benefician a
los hijos hasta que alcancen la mayoría de edad está sentando al mismo tiempo la regla de
que las mismas no cubren, pongamos por caso, la educación universitaria, puesto que, dada la
estructura de las etapas educativas en el país, este tipo de educación no puede ser finalizado
antes de los dieciocho años; complementariamente, la norma según la cual la obligación
alimentaria cubre, más allá de la educación secundaria, la necesaria para poder desempeñar
un arte, profesión u oficio, obliga a concluir que sus titulares pueden ser personas mayores de
dieciocho años, que es la edad a la que ordinariamente se inicia el tipo de educación
profesional que resulta imprescindible para desarrollar una inmensa cantidad de artes,
profesiones y oficios hoy en día.
Las dos normas acaban así refiriéndose a las mismas hipótesis normativas, sin que pueda
afirmarse que el supuesto de hecho regulado por una de ellas es más específico que el
regulado por la otra. El supuesto es el mismo, y la solución normativa con la que se
correlaciona en cada caso, distinta. No será, por consiguiente, en la estructura y el juego de
los ámbitos de aplicación de las normas donde se halle una razón para justificar la opción de
hacer prevalecer la regla del artículo 434, aun a riesgo de dejar sin posibilidades de
realización real la vertiente educacional de la obligación alimentaria tal como la contempla el
artículo 439 -como incluyendo "los gastos ... para proporcionarle algún oficio, arte o
profesión honestos y adecuados a sus capacidades, potencialidades y circunstancias
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
personales"-.
En nuestra opinión, la articulación entre las previsiones legales analizadas debe tener
necesariamente en cuenta los derechos e intereses protegidos por las mismas (lo cual equivale
a atender a las finalidades y funciones de la institución de los alimentos) y deberá privilegiar
la opción que los proteja y armonice de mejor forma y la que sea más congruente con las
previsiones constitucionales aplicables al caso.
Lo primero que hay que destacar es que la obligación alimentaria tiene su origen en un deber
ético que ha sido incorporado al sistema jurídico con el valor de elemento de orden público e
interés social. Su propósito es hacer efectivas, en el contexto familiar, las redes de justicia y
solidaridad humana por las cuales las generaciones maduras y estables permiten a las
generaciones vulnerables acceder a determinados estándares de bienestar, y a los individuos
más favorecidos mitigar la condición de los injustamente desfavorecidos. Este deber se
concreta en la obligación que tienen los familiares favorecidos más cercanos de asegurar a los
menos favorecidos las bases de la subsistencia material y del bienestar mínimo. De ahí que,
según dispone el artículo 439 del Código Civil del Estado de Jalisco, dicha obligación
comprenda la cobertura de la comida, el vestido, la habitación, la asistencia en casos de
enfermedad, la atención a las necesidades psíquicas, afectivas y de esparcimiento y, en su
caso, los gastos funerarios.
Cuando los acreedores alimentarios son los menores, la obligación alimentaria comprende
además los gastos necesarios para proporcionarles una educación formalizada: jardín de
niños, primaria y a la secundaria, así como la formación necesaria para desempeñar un oficio,
arte o profesión, adecuados a sus capacidades, potencialidades y circunstancias personales.
Esta obligación participa del sentido general de la institución alimentaria, pero la intensidad
de las responsabilidades que puede llegar a revestir se explica tanto por el especial deber de
cuidado y atención a los menores implícito en el ejercicio de la paternidad como por la
singular posición que los menores ocupan en el ordenamiento jurídico. Es sabido que los
niños gozan de una posición especial en el ordenamiento jurídico de un Estado democrático,
reflejada en la consagración, tanto en la mayoría de Constituciones actuales como en
instrumentos internacionales específicos, de los que se conocen como derechos de los niños.
El artículo 4o. de la Constitución Federal, por ejemplo, establece que "los niños y las niñas
tienen el derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y
sano esparcimiento para su desarrollo integral", y puntualiza que "los ascendientes, tutores y
custodios tienen el deber de preservar esos derechos. El Estado proveerá lo necesario para
propiciar el respeto a la dignidad de la niñez y el ejercicio pleno de sus derechos"; "(e)l
Estado", precisa, "otorgará facilidades a los particulares para que coadyuven al cumplimiento
de los derechos de la niñez". El mismo principio encuentra reflejo expreso y preciso en el
articulado del propio Código Civil del Estado de Jalisco, cuyo artículo 570 establece que
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
"Ninguna de las disposiciones enunciadas en este código, debe ser interpretada en forma
restrictiva respecto de los derechos y de los intereses superiores de la niñez;". La fuerza
expansiva de los derechos e intereses de los niños debe naturalmente reflejarse en la tarea
interpretativa de los Jueces, y en particular en la resolución de los problemas de
interpretación legal a los que la Corte se ve enfrentada por la vía de la contradicción de tesis.
Es cierto que estamos hablando de un imperativo relativo a los "niños", noción que
usualmente se equipara legalmente al segmento de personas que no han alcanzado la mayoría
de edad,(8) de modo que en su literalidad, no es conclusivo respecto de la cuestión que nos
ocupa. Sin embargo, a nuestro juicio, sí lo es por vía de consecuencia. En opinión de esta
Primera Sala, la satisfacción de los derechos e intereses de los acreedores alimentarios
quedaría frustrada si, en el presente caso, se interpretara que la mayoría de edad marca el
límite ineludible hasta el cual las prestaciones del deudor alimentario por concepto de
educación o formación resultan exigibles.
Es fácil imaginar que, en el pasado, la regla general según la cual las obligaciones
alimentarias respecto de los hijos llegaban sólo hasta la mayoría de edad no planteaba
grandes problemas de articulación con el imperativo de que las mismas cubrieran la
educación necesaria para desempeñar un arte, profesión u oficio; en esa época, la etapa
formativa y no económicamente activa o productiva de las personas solía cerrarse antes de la
mayoría de edad.
Sin embargo, a nadie se le oculta que las cosas son muy diferentes hoy día. La educación es
un servicio público altamente reglamentado por el Estado -sobre las bases establecidas en el
artículo 3o. de la Constitución Federal-, y la evolución del mercado laboral y de las
estructuras familiares y sociales hace que los ciclos educacionales que una persona debe
seguir para estar en aptitud de desarrollar una inmensa cantidad de profesiones y oficios se
prolonguen más allá de la mayoría de edad.
Si el sentido de la institución alimentaria es garantizar a los hijos la posibilidad de atravesar
una etapa económicamente inactiva, en la que se hagan de los recursos humanos que les
darán la base para desarrollar sus planes de vida, hay que concluir que conservan el derecho
de recibir de sus padres los recursos necesarios para satisfacer la etapa educativa en la que se
encuentran. Escaso efecto práctico tendría, en las circunstancias actuales, atribuir legalmente
a los menores el derecho a obtener lo necesario para desempeñar una profesión si el límite
infranqueable de sus prestaciones fuera la mayoría de edad. La prevalencia rígida de la regla
temporal del artículo 434 sustraería, en muchísimas ocasiones, toda virtualidad práctica al
derecho a recibir de los padres lo necesario para recibir una educación congruente con las
capacidades, necesidades y condicionamientos reales de cada uno. Una inversión económica
y humana de años, encaminada a la consecución de la formación necesaria para desempeñar
una profesión u oficio, podría verse fatalmente frustrada por una interrupción del apoyo
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
económico en un momento en el que la misma todavía no puede dar sus frutos esperados, que
dependen en gran medida de la conclusión de los estudios emprendidos.
En nuestra opinión, pues, aceptar que la llegada de la mayoría de edad es causal de cesación
definitiva de las obligaciones correspondientes, amenazaría la funcionalidad de la institución
que pretende satisfacer las necesidades reales de una de las partes de la relación jurídica en
proporción con las posibilidades concretas de la otra, y sería además incoherente con otras
facetas de lo que generalmente se entiende como una educación adecuada -la cual incluye, a
buen seguro, el enseñar a los hijos a no dejar inconclusas las tareas que han emprendido, a
aprovechar el tiempo y los recursos invertidos en la educación, a reconocer la dignidad de las
personas, y a dar ejemplo, ser solidarios, y "devolver" de algún modo los beneficios
obtenidos en la vida-.
Por ello, esta Sala sostiene que los acreedores alimentarios conservan, siempre que se den
ciertas circunstancias que el propio Código Civil de Jalisco prevé y que a continuación serán
destacadas, el derecho de recibir de los deudores alimentarios lo necesario para concluir el
ciclo educativo o formativo en el que se encuentran, aunque en el ínterin alcancen su mayoría
de edad.
A nuestro juicio, este criterio no amenaza el principio de justo equilibrio entre acreedores y
deudores que articula transversalmente el régimen de alimentos, ni es esperable que propicie
demandas abusivas por parte de los acreedores alimentarios, porque se trata de un derecho
legalmente condicionado -debe reconocerse en un caso concreto sólo si se dan determinadas
condiciones-; el Código Civil para el Estado de Jalisco incluye previsiones suficientes para
impedir potenciales injusticias en los casos concretos.
En primer lugar, debe destacarse que sustraer peso al límite de edad incluido en el artículo
434 no equivale a reconocer a los hijos un derecho ilimitado a estudiar, con los gastos
pagados, donde quieran, hasta el momento que quieran y con independencia de la seriedad
con la que desarrollen su tarea (recordemos se trata definir no lo que los padres pueden hacer
por sus hijos, sino lo que un Juez puede obligarles a hacer por sus hijos, en contra de su
voluntad). La exigibilidad de ese derecho está condicionada a que el acreedor alimentario
curse un grado de escolaridad acorde no sólo con su edad, sino con todas sus condiciones
particulares -ajustada al entorno familiar, emocional, académico y social en el cual se ha
desarrollado, y respaldada por el debido aprovechamiento-. Se trata de un derecho, no lo
olvidemos, que el artículo 439 del código analizado otorga "en función de sus capacidades,
potencialidades y sus circunstancias particulares".
La necesidad de tomar en consideración las particularidades del acreedor impedirá que
alguien se vea privado de apoyo educativo por cuestiones ajenas a su voluntad pero también
impedirá, en sentido inverso, que los deudores alimentarios se vean obligados a seguirles
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
destinando recursos económicos en circunstancias anómalas. Como destacó en su momento
la extinta Tercera Sala de esta Suprema Corte de Justicia de la Nación al resolver la
contradicción de tesis 16/90, "no sería jurídico ni equitativo condenar al padre o deudor a
proporcionar alimentos al hijo que cuenta con edad avanzada y estuviera realizando estudios
que no corresponden a su edad y situación".
En segundo lugar, hay que señalar que el Código Civil para el Estado de Jalisco incluye otras
reglas que están destinadas a funcionar como contrapeso esencial y efectivo frente a virtuales
demandas abusivas por parte de hijos mayores. Así, la fracción II del artículo 451, según el
cual el derecho a alimentos subsiste sólo mientras subsista la necesidad de recibirlos, así
como lo dispuesto por el artículo 445, según el cual "(l)a obligación de dar alimentos no
comprende la de proveer de capital a los acreedores alimentarios para ejercer el oficio, arte o
profesión a que se hubieren dedicado.", evidencian la voluntad del legislador de no dar
cobertura a demandas caprichosas o desmedidas. El deber de satisfacer los gastos de
educación de una persona está orientado a garantizar que ésta tendrá un punto de partida para
desenvolverse, una base formativa que debe permitirle desarrollar un plan de vida, pero
evidentemente no incluye un derecho a recibir todos los ingredientes necesarios para el éxito
de ese plan de vida.
Complementariamente, debe destacarse que el derecho a la educación garantizado por esa vía
no es un derecho a la mejor educación posible, ni siquiera un derecho a toda la educación que
el acreedor alimentario merece dadas sus capacidades intelectuales. Los alimentos otorgan a
los acreedores un derecho al apoyo económico necesario para cubrir las necesidades
comprendidas en ese concepto, incluida la de recibir una formación que les permita empezar
en la vida y, como hemos sostenido con anterioridad, ello puede muy bien implicar una
educación que no finaliza a los dieciocho años; pero muy difícilmente va a poder un acreedor
alimentario justificar ante el Juez de lo familiar que este derecho obliga a sus progenitores a
pagarle (contra su voluntad) los estudios hasta cualquier momento del futuro que a él le
parezca conveniente.
Por otro lado, la fijación de los alimentos debidos en un caso concreto habrá de tener en
cuenta también lo dispuesto en la fracción I del artículo 451, según el cual la obligación de
dar alimentos cesa cuando su titular carece de medios para cumplirla. Esta previsión impedirá
que, con independencia de la persistencia de las necesidades del acreedor, se exijan al deudor
alimentario prestaciones desproporcionadas respecto de sus posibilidades económicas.
Los juzgadores, en definitiva, siempre que conozcan de un reclamo alimentario, deberán
ponderar con cuidado y sentido común, y a la luz de las características particulares del caso,
las exigencias derivadas del conjunto normativo analizado. Establecer en qué casos los hijos
mayores de edad pueden seguir reclamando las prestaciones derivadas del artículo 439 y en
qué casos no, presupone un estudio cuidadoso de las pretensiones enfrentadas y del grado en
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
que las cargas probatorias correspondientes han quedado satisfechas, siempre con el
imperativo de mantener la proporcionalidad y el equilibrio que deben impregnar cualquier
decisión sobre el tema.
4. Recapitulación. El análisis desarrollado en la presente resolución nos ha llevado a sostener
que la correcta interpretación del régimen de alimentos incluido en el Código Civil para el
Estado de Jalisco es la que considera que el derecho de un hijo a recibir alimentos no se
pierde por el solo hecho de que alcance la mayoría de edad, si demuestra que los sigue
necesitando mientras cursa estudios acordes con su edad, capacidad y otras circunstancias
personales, pudiendo de este modo concluir la formación que le otorgará las bases para
desempeñar una profesión u oficio.
Esta interpretación es la que resuelve de manera más satisfactoria la contraposición entre el
artículo 439 -que establece que, respecto de los menores, los alimentos comprenden los
gastos para la educación de jardín de niños, primaria y secundaria del acreedor alimentario y
también aquellos necesarios para proporcionarles algún oficio, arte o profesión honestos y
adecuados a sus capacidades, potencialidades y circunstancias personales- y el artículo 434 según el cual las obligaciones alimentarias de los padres terminan cuando los menores
alcanzan la mayoría de edad-, a la luz de los intereses y derechos cuya protección justifica la
institución de los alimentos. Se trata de la solución que puede evitar la frustración del fruto de
prestaciones por concepto de educación satisfechas durante años (preservando de este modo
la efectividad real de los derechos involucrados) y que al mismo tiempo deja intactas las
herramientas legales que van a impedir en los casos concretos abusos en detrimento de los
deudores alimentarios.
Los juzgadores civiles deberán así ponderar cuidadosamente las particularidades del caso
sometido a su conocimiento y tener en cuenta tanto el derecho de los hijos a recibir recursos
para hacerse de la formación que habrá de permitirle ejercer una profesión u oficio, sin tomar
la mayoría de edad como un límite infranqueable, como la norma que releva del deber de
proporcionar alimentos si no se cuenta con los medios para ello, la que prevé que los mismos
dejarán de administrarse cuando el acreedor no los necesite, o las que sugieren la necesaria
acotación de lo que un Juez puede obligar a entregar por concepto de gastos de formación
(nos referimos a la precisión legal de que la educación debida será en función de las
capacidades, potencialidades y circunstancias particulares del acreedor, y la que establece que
la obligación de alimentos no comprende la provisión del capital necesario para ejercer el
oficio, arte o profesión que el acreedor escoja). La decisión judicial deberá en todos los casos
satisfacer la relación de proporcionalidad entre las necesidades de los acreedores y las
posibilidades de los deudores que inspira y articula la regulación legal de la institución
alimentaria.
Por lo expuesto, consideramos que deben prevalecer las siguientes tesis de jurisprudencia:
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
ALIMENTOS. LA OBLIGACIÓN DE PROPORCIONARLOS POR CONCEPTO DE
EDUCACIÓN NO SE EXTINGUE NECESARIAMENTE CUANDO LOS ACREEDORES
ALIMENTARIOS ALCANZAN LA MAYORÍA DE EDAD (LEGISLACIÓN DEL
ESTADO DE JALISCO).-La articulación de las disposiciones legales que integran el
régimen de alimentos previsto en el Código Civil del Estado de Jalisco debe atender a las
funciones de dicha institución, por ser de orden público e interés social. Por ello, ante la
contraposición existente entre el artículo 439 del citado ordenamiento legal -según el cual,
respecto de los menores, los alimentos comprenden, además de la comida, el vestido, la
habitación y la asistencia médica, en casos de enfermedad, los gastos para la educación de
jardín de niños, primaria y secundaria del acreedor alimentario y para proporcionarle algún
oficio, arte o profesión honestos y adecuados a sus capacidades, potencialidades y
circunstancias personales- y el artículo 434 del mencionado Código -el cual dispone que la
obligación de los padres de dar alimentos a sus hijos termina cuando éstos llegan a la mayoría
de edad, excepto tratándose de incapaces-, esta Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación concluye que la obligación de proporcionar alimentos por concepto de
educación no se extingue necesariamente cuando los acreedores alimentarios alcanzan la
mayoría de edad, y que estos últimos conservan ese derecho, siempre que se satisfagan los
requisitos contenidos en el aludido Código. Ello es así porque la evolución del mercado
laboral y de las estructuras familiares y sociales, hace que los ciclos educacionales que deben
cumplirse para estar en aptitud de desarrollar gran cantidad de profesiones y oficios, se
prolonguen más allá de la mayoría de edad, por lo que, si el sentido de la institución
alimentaria es garantizar a las personas la posibilidad de atravesar una etapa económicamente
inactiva en la que se alleguen de los recursos necesarios que les darán una base para
desarrollar sus planes de vida, es evidente que admitir como límite infranqueable la mayoría
de edad de los acreedores haría nugatorio su derecho de obtener lo necesario para
desempeñar una profesión u oficio, amenazando así la funcionalidad de una institución que
pretende satisfacer las necesidades reales de una de las partes de la relación jurídica en
proporción con las posibilidades concretas de la otra. Además, se trata de un derecho
legalmente limitado y condicionado, pues los artículos 439, 445 y 451 del Código Civil del
Estado de Jalisco evidencian la voluntad del legislador de impedir demandas caprichosas o
desmedidas, en tanto que: exigen que el acreedor alimentario curse un grado de escolaridad
acorde no sólo con su edad, sino con todas sus condiciones particulares; excluyen de la
obligación alimentaria la provisión del capital necesario para ejercer el oficio, arte o
profesión que el acreedor escoja; relevan del deber de proporcionar alimentos cuando no se
cuenta con los medios para ello, y prevén que éstos dejarán de administrarse cuando el
acreedor no los necesite.
ALIMENTOS POR CONCEPTO DE EDUCACIÓN. ELEMENTOS QUE EL JUZGADOR
DEBE TOMAR EN CUENTA PARA DETERMINAR SI PROCEDE RESPECTO DE
ACREEDORES ALIMENTARIOS MAYORES DE EDAD (LEGISLACIÓN DEL
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CONTRADICCIÓN DE TESIS 169/2006-PS.
ESTADO DE JALISCO).-Los juzgadores deben ponderar, a la luz de las características
particulares de cada caso, las exigencias derivadas del conjunto normativo que integra el
régimen de alimentos previsto en el Código Civil de la citada entidad federativa, lo cual
presupone un estudio cuidadoso de las pretensiones enfrentadas y del grado en que se
satisfacen las cargas probatorias, a fin de tomar en cuenta tanto la necesidad de preservar el
derecho de los acreedores a recibir los recursos necesarios para hacerse de los medios para
ejercer una profesión u oficio, sin considerar la mayoría de edad como un límite
infranqueable, como las normas que limitan y condicionan ese derecho con el objeto de evitar
demandas caprichosas o desmedidas. La decisión del juzgador siempre debe mantener el
equilibrio entre las necesidades de los acreedores y las posibilidades de los deudores que
inspira y articula la regulación legal de la institución alimentaria.
Por lo expuesto y fundado, se resuelve:
PRIMERO.-Existe contradicción entre las tesis sustentadas por los Tribunales Colegiados
Primero y Quinto en Materia Civil del Tercer Circuito, en los términos señalados en el sexto
considerando de esta resolución.
SEGUNDO.-Debe prevalecer con carácter de jurisprudencia el criterio sustentado por esta
Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en términos del último
considerando de esta resolución.
TERCERO.-Dése publicidad a las tesis sustentadas en la parte final del último considerando
en los términos del artículo 195 de la Ley de Amparo.
Notifíquese. Envíese testimonio de la presente ejecutoria a los tribunales mencionados en la
misma y, en su oportunidad, archívese el expediente.
Así, lo resolvió la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por unanimidad
de cuatro votos de los señores Ministros: Sergio A. Valls Hernández, Juan N. Silva Meza,
Olga Sánchez Cordero de García Villegas y presidente José Ramón Cossío Díaz (ponente).
Ausente el Ministro José de Jesús Gudiño Pelayo.
_________________
1. Véase la tesis plenaria de esta Suprema Corte L/94, publicada en la Gaceta del Semanario
Judicial de la Federación, tomo 83, página 35, de noviembre de 1994 (Octava Época), cuyo
rubro establece: "CONTRADICCIÓN DE TESIS. PARA SU INTEGRACIÓN NO ES
NECESARIO QUE SE TRATE DE JURISPRUDENCIAS.". Contradicción de tesis 8/93.
Entre las sustentadas por el Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Tercer
Circuito y el Segundo Tribunal Colegiado del Séptimo Circuito (en la actualidad Tribunal
Colegiado en Materia Penal). 13 de abril de 1994. Unanimidad de veinte votos. Ponente:
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Fausta Moreno Flores. Secretario: Juan Carlos Cruz Razo.
2. Véase la tesis jurisprudencial del Pleno 26/2001, consultable en el Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta, Tomo XIII, página 76 (Novena Época, abril de 2001), de rubro:
"CONTRADICCIÓN DE TESIS DE TRIBUNALES COLEGIADOS DE CIRCUITO.
REQUISITOS PARA SU EXISTENCIA."
3. Tesis de jurisprudencia 3a./J. 41/90, visible en la página 187 del Tomo VI, Primera Parte,
julio a diciembre de 1990 del Semanario Judicial de la Federación (Octava Época).
4. Tesis aislada 18, visible en la página 56 del Informe de 1977, parte II (Séptima Época).
5. Tesis aislada visible en la página 13 del Volumen 103-108, Cuarta Parte, del Semanario
Judicial de la Federación (Séptima Época).
6. Tesis de jurisprudencia, visible en la página 203 del Volumen 103-108, Cuarta Parte, del
Semanario Judicial de la Federación (Séptima Época).
7. Tesis aislada visible en la página 13 del Volumen 97-102, Cuarta Parte, del Semanario
Judicial de la Federación (Séptima Época).
8. El artículo 1o. de la Convención sobre los Derechos del Niño, por ejemplo, dispone que
"(p)ara los efectos de la convención, se entiende por niño todo ser humano menor de
dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado
antes la mayoría de edad".
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