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TERCERA EDAD: ¿ EDAD DE EROTISMO?
Ibette Alfonso Pérez.
: Departamento de Humanidades
Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas. Universidad Agraria de La Habana, Cuba
E-mail: [email protected]
PALABRAS CLAVE: Envejecimiento, Tercera edad, Sexualidad.
RESUMEN:
El envejecimiento constituye hoy día una problemática social y psicológica a nivel mundial, pues en
los últimos años ha habido un incremento considerable de la población adulta mayor. Durante años
se ha adoptado una estrecha visión del desarrollo del adulto mayor que se ha reflejado en el
descuido de su estudio.
En las últimas décadas se ha sostenido una actitud negadora de la sexualidad en la tercera edad,
dada por una incorrecta asociación establecida entre sexo y reproducción, y por prejuicios referidos
al anciano. Sin embargo, muchas investigaciones dan fe que a pesar de los cambios biológicos y
psíquicos que ocurren en esta etapa, esto no constituye barreras para que la vida sexual y la
capacidad de disfrute se vean menguadas.
En la actualidad, las oportunidades para la discusión franca, la educación y la investigación en el
envejecimiento sexual normal se vuelven rápidamente en una realidad. La integración de la
información obtenida constituye un ejemplo de ello.
Introducción
El envejecimiento constituye hoy día una problemática social y psicológica a nivel mundial. En los
últimos años se ha constatado un incremento considerable de la población adulta mayor y sin
embargo, todavía se sigue adoptando una estrecha visión del desarrollo de estas personas, lo cual
se ha visto reflejado en el descuido de su estudio.
En las últimas décadas se ha sostenido además una actitud negadora de la sexualidad en la
tercera edad, dada por una incorrecta asociación establecida entre sexo y reproducción, y por
prejuicios referidos al anciano. Se ha identificado al anciano con un mundo emocional negativo,
donde sus roles funcionales están tipificados por actividades pasivas que manifiestan la
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subvaloración de sus capacidades. La experiencia y madurez, logros implícitos que se reconocen a
esta edad, se ven seriamente cuestionados pues se alega que es una experiencia desactualizada
en el tiempo y momento que se vive, por lo que se les tilda de tener un pensamiento rígido.
Además se les niega su derecho a amar y ser amado, vivir y disfrutar su sexualidad como en
cualquier edad del desarrollo, todo ello respaldado en el mito que "ya no están interesados ni son
capaces de comprometerse en la actividad sexual".
Por ello, muchos investigadores opinan que a pesar de los cambios biológicos y psíquicos que
ocurren en esta etapa, estos no constituyen barreras para que la vida sexual y la capacidad de
disfrute de los ancianos se vean menguadas. Por lo tanto, podemos afirmar que se hace necesario
una total preparación de todos los profesionales (y en general, de todos aquellos) que de alguna
manera interactúan con dichas personas con el fin de brindar el mayor bienestar posible a los
ancianos y, de hecho, estaremos contribuyendo a elevar su calidad de vida.
Desarrollo
Hay sobradas razones para creer que la mayoría de los hombres y las mujeres pueden adaptarse
al envejecimiento, mantener interés por el sexo y continuar considerándolo una fuente de
satisfacción. Puede que los contactos sexuales sean más espaciados, que cambien su ritmo, que
la percepción erótica sea menos intensa o que la respuesta sexual se altere.
El avance de los años no pone un límite preciso a la sexualidad. Para que las personas a medida
que envejecen se adapten sexualmente, no hay que dejar de lado la importancia fundamental que
tiene el conservar la buena salud, que depende de su carga genética, así como de la preocupación
que dedique a mantenerla, tanto en lo físico como en lo psicológico. Esto será más factible si
además goza de un razonable nivel socioeconómico y por supuesto, cultural.
La ciencia se ha dedicado al estudio de la sexualidad desde sus distintas aristas. Pero, ¿qué
entendemos por sexualidad?. Pues bien, la sexualidad es definida por un conjunto de fenómenos
emocionales y de conducta relacionados con el sexo, que marcan de forma decisiva al ser humano
en todas las fases de su desarrollo.
La Psicología en los últimos años ha hecho del envejecimiento uno de sus campos centrales de
investigación y ha influido y aportado con sus estudios importantes conocimientos a la ciencia. A la
vista del creciente número de personas mayores en la sociedad, originado por una mayor
esperanza de vida y por el descenso de la natalidad en los países más avanzados, ha cambiado la
relación entre las distintas generaciones y la comprensión de sus respectivos roles. Del mismo
modo que los jóvenes redefinen sus roles y papeles en la sociedad, la tercera edad empieza a
reivindicar nuevas funciones con más fuerza que en el pasado.
Según la definición más conocida, el envejecimiento empieza en el momento en el que la
capacidad físico-psicológica supera su momento más álgido y comienza un paulatino proceso de
declive. Debido a que este declinar se produce en cada individuo de forma distinta, sólo es posible
manifestar generalidades acerca del envejecimiento en sí.
Podemos decir además que este proceso ha sido abordado como una etapa de desarrollo y cambio
en la personalidad, de disminución en las funciones cognoscitivas unidas a importantes
afectaciones desde el punto de vista emocional por los cambios que ocurren en esta etapa y que
implican una reestructuración del sentido de la vida.
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Como en la definición más usual se hace alusión implícitamente a los cambios fisiológicos que
tienen lugar en este período del desarrollo, consideramos necesario mencionarlos. Por supuesto,
ellos inciden en la sexualidad de la tercera edad.
Dentro de los diversos cambios fisiológicos que se observan en esta etapa, se producen ciertas
alteraciones bioquímicas como aumento del sodio, cloro y del calcio y una disminución del potasio,
magnesio y fósforo. Se va produciendo una deshidratación progresiva de los tejidos, muy notable
en el cerebro del anciano, que se acompaña de una proliferación conjuntiva, particularmente de las
fibras colágenas.
Estos fenómenos también se manifiestan en las regiones perivasculares y coinciden con una
disminución del número de células en general, caso especialmente importante para aquellas que
no poseen la capacidad de regenerarse. Hay un acúmulo progresivo de granos pigmentarios
yuxtanucleares de naturaleza lipoidea, notable en las células nerviosas y mientras aumenta la
masa de tejidos metabólicamente inertes, disminuye la de tejidos activos, dando por resultado una
lenta evolución hacia la fibrosis, que es irreversible. Esta esclerosis conjuntiva es uno de los
sucesos más evidentes del envejecimiento.
Hay deshidratación y pigmentación del tejido elástico de la piel y los vasos, así como tendencia a la
descalcificación ósea, que lleva a la osteoporosis, que es la causa más frecuente de fractura del
cuello de fémur de la ancianidad, y además se presentan una serie de osteo- artropatías, sumado
al endurecimiento de los cartílagos, que pierden azufre en forma de glutation.
Estos cambios van determinando una involución ponderal, con pérdidas de peso, variable según
los órganos, con la consiguiente reducción de su actividad, aunque esta puede mantenerse por
largo tiempo a niveles suficientes, ya que ocurren en general de forma sumamente lenta.
El flujo cardíaco disminuye, dando cierto grado de insuficiencia cardíaca funcional, que reduce el
rendimiento cuando se ejecutan esfuerzos violentos sostenidos, sumado a que también va
disminuyendo la capacidad respiratoria.
Las arterias y venas se hacen menos musculosas y elásticas, lo que trae como consecuencia
reducción del flujo del corazón periférico y por tanto una mayor fatiga y una recuperación más lenta
y prolongada.
En cuanto a la actividad muscular, su deterioro será tanto más marcado cuanto menor haya sido el
ejercicio físico en etapas anteriores de la vida.
Indudablemente, por todo esto es considerada la tercera edad como la etapa de la vida del ser
humano más asociada a diversas patologías, muchas de ellas crónicas, que afectan a los ancianos
durante años, y que de alguna manera conviven con ellos hasta la muerte, sin ser a veces la causa
última de su defunción.
Hoy día, la medicina moderna contribuye en muchos casos a mejorar la calidad de vida de estos
ancianos, sin que por ello pueda evitar efectos indeseables que influyen negativamente en su
actividad sexual. A continuación nos referiremos a algunos de ellos.
En el hombre se produce una disminución de la libido y de la rigidez del pene, aumento del
estímulo peneano directo para alcanzar la erección, así como también, disminuye la fuerza
expulsiva eyaculatoria y se prolonga el período refractario. Sin embargo, la urgencia eyaculatoria
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disminuye, lo que protege de eyaculación precoz y facilita un coito prolongado. El exceso de
alcohol y enfermedades como hipertensión, diabetes y déficit de vitamina B12, afectan la
sensibilidad peneana. La enfermedad vascular es la primera causa de disfunción eréctil e incluye la
enfermedad arterial oclusiva y el escape venoso peneano.
En la mujer, la libido disminuye por factores múltiples; si no hay reemplazo hormonal la
menopausia produce cambios involutivos en los órganos urogenitales, como atrofia vaginal y
disminución de la lubricación, lo cual es menor en las mujeres sexualmente activas. La capacidad
sexual y la sensación en el clítoris permanecen intactas. El orgasmo permanece hasta edad muy
avanzada pero es menos explosivo.
Por consiguiente, tanto las enfermedades como los efectos terapéuticos colaterales y secundarios
de los medicamentos pueden llegar a constituirse en factores negativos para el ejercicio de una
vida sexual sana que el terapeuta y el médico deberán estudiar atentamente para tratar de
subsanar en aquellos casos que así lo permitan.
Por ello, los deseos y necesidades de continuar la expresión sexual de las personas de edad
avanzada, han sido objeto frecuente de discusión en la literatura médica y psicológica en los
últimos años.
A los especialistas que se ocupan de esta tarea se les pide que brinden apoyo emocional y faciliten
la comunicación entre compañeros sexuales, proporcionando información acerca de la fisiología así
como sugerencias prácticas sobre la sexualidad en esta etapa de la vida.
Tanto Kinsey como Masters y Jhonson proporcionaron datos categóricos acerca de la persistencia
del interés sexual en los ancianos, así como la capacidad de respuesta sexual fisiológica.
La sociedad hasta hace pocos años había prestado poca atención a estas necesidades, así como
también se le daba poca importancia al papel del terapeuta para facilitar una expresión sexual
"cómoda" en pacientes de edad.
Los años en que se presenta la menopausia representan una etapa de la vida de muchos cambios
(fisiológicos, psicológicos, ginecológicos y sociales) que puede afectar a la mujer y a su pareja. Por
lo mismo, podemos afirmar que la etiología de los cambios sexuales en esta etapa es muy diversa
aunque no está totalmente claro el papel de las hormonas en la sexualidad femenina. En general,
se piensa que continúa sin cambios incluso después de la extirpación de ovarios y parece que los
factores sociales, educacionales, psicológicos y económicos, tienen un papel determinante en la
conducta sexual.
Si bien no se ha establecido el grado de influencia que la falta de esteroides sexuales tiene sobre el
ajuste sexual durante la menopausia y postmenopausia, es corriente asignar a esta declinación
hormonal la mayoría de los malestares físicos y problemas psicosexuales que aparecen en esta
etapa.
Las arrugas, las canas, la pérdida de elasticidad de la piel, la frecuencia con que se presentan las
várices, la tendencia a la obesidad, los senos caídos, etc., son factores que influyen negativamente
en la autoestima y en la negación de mostrar el cuerpo.
La mujer de más de 60 años se encuentra en un especial período de su existencia, en una crisis de
vida en la cual, así como en la adolescencia, es muy susceptible de ser influenciada por el medio
social que la rodea. La familia, las pautas religiosas, los mitos, influyen de manera negativa para
poder realizarse sexualmente y continuar con una actividad placentera que hasta hace poco
disfrutaba en
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forma natural.
Ese entorno social la llena de desaprobación, censura, vergüenza de su cuerpo y su sensibilidad,
llevándola a un gran conflicto en que se le hace sentir que la vejez es asexuada y que ya no es
lícito ni aceptable el gozar de la sexualidad, que el amor y el romance son derechos sólo de los
jóvenes.
Es importante además, resaltar una serie de cambios experimentados en el compañero sexual,
como disminución en el tiempo de mantenimiento de la erección, menor rigidez peneana y cambios
equivalentes en su aspecto físico, que influyen considerablemente, menoscabando la libido en
común, y la ansiedad consecuente no hace más que agravar el problema.
Se requiere además un cambio de actitudes y una correcta información para solucionar los
problemas que se presentan, sobre todo en el ámbito familiar, así como también una preventiva
educación sexual.
Con el advenimiento de los medios de comunicación social como revistas, radio, cine y televisión,
se produjeron cambios sustanciales dado que los estímulos y los mensajes transmitidos influyen
notoriamente sobre las costumbres establecidas, sobre los paradigmas y por ende, generan
cambios de actitudes en todos los grupos etáreos de la población. La familia, las pautas religiosas,
los mitos, influyen de manera negativa para que el anciano pueda realizarse sexualmente y
continuar con una actividad placentera.
Especialmente en los últimos años, se propone una nueva imagen de la mujer mayor, en torno a
una vida sana, años bien llevados, llenos de jovialidad y alegría de vivir, que en muchos casos va
asociado a su compañero de vida. En este arquetipo, es indudable la presencia de estímulos
sexuales positivos que se internalizan y contribuyen al mejoramiento del yo sexual.
No obstante, son varias las ideas admitidas sobre el sexo del anciano, que han originado mitos
infelices que aún en nuestros días tienen validez en una sociedad que se supone con un
esclarecimiento sexual relativo.
Uno de ellos es que la falta de potencial de procreación vaya acompañada de una declinación del
interés sexual, hasta llegar a ser mínima o ausente. La capacidad del hombre para el pensamiento
abstracto y el placer, ha incrementado la sexualidad básica que en el resto del reino animal
conduce a la conservación de la especie. La mujer postmenopáusica ya no puede concebir,
mientras el hombre mayor puede mantener su poder fecundante hasta los setenta u ochenta años.
Pero esto no excluye la continuidad de la actividad sexual como fuente de felicidad y placer, como
expresión psicofísica de una relación humana, madura y amorosa. Pueden seguir disfrutando de
las delicias de la intimidad y del contacto físico, cualquiera sea el estado de fecundidad.
La actividad sexual es una fuerza positiva y estimulante en la vida de la pareja. Los profesionales
deben aconsejar conveniente y adecuadamente a las pacientes que están preocupadas por su
felicidad sexual, tanto de sí mismas como de sus parejas.
Otro de los mitos es que al ir variando y alterándose las características externas a medida que
pasan los años, estos cambios deberían implicar niveles bajos de atracción física, de tensión y de
expresión sexual. Nuestra sociedad idealiza la belleza del rostro y cuerpo jóvenes y la asocia con
atracción sexual. Se ignoran los múltiples factores que influyen en que las personas deseen
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compartir los acontecimientos sociales y sexuales. Los antecedentes educacionales y vivenciales,
los puntos de vista culturales y políticos, las creencias religiosas, los objetivos coincidentes, son
algunos de los diversos factores que crean la oportunidad de atracción en las parejas, que rara vez
excluyen la posibilidad de compañía sexual y social basándose en el ideal de belleza física del
momento. Otra idea es que como el envejecimiento interfiere de diversas maneras sobre las
personas, se supone que la libido disminuye en consecuencia, modificándose en cantidad y
calidad.
Respecto a la edad, uno de los mitos que todavía se conservan es la diferencia de edad,
suponiéndose que debe prevalecer la mayor edad del hombre sobre la mujer. Desde siempre es
costumbre que la sociedad apruebe que el varón sea no sólo un poco mayor que la mujer, sino que
también llegue a duplicar y aun triplicar la edad. Lo contrario sucede cuando una mujer tiene una
pareja cinco años menor o más, en que se plantea como una anormalidad, pronosticándosele poco
tiempo de duración. Hay un tratamiento verdaderamente peyorativo hacia la mujer, se la trata de
desubicada y al varón poco menos de gigoló. Si esta situación se traslada a una mujer de la tercera
edad, que elige y encuentra una pareja mucho menor, el rechazo de la sociedad se hace más
notorio, lo que en definitiva menoscaba la autoestima de la pareja así constituida, creando
conflictos de difícil solución.
La histerectomía y la sexualidad son motivos frecuentes de diversos problemas. De acuerdo al
informe de Kinsey, el 34% de las mujeres operadas no experimentan cambios en el deseo sexual,
un 17% manifiesta un aumento del deseo y el porcentaje restante dice lo contrario. Aquellas
mujeres que antes de la operación sufrían hemorragias, dolores, prolapso, miedo al embarazo, etc.,
pueden sentir un aumento del deseo luego de la intervención. Las que consideran que el útero
simboliza la esencia de su feminidad por la capacidad de procrear, pueden sentirse mutiladas o
desfeminizadas. Hay algo concreto: si las mujeres gozaban del sexo antes de la histerectomía, les
será más fácil seguir haciéndolo después, a no ser que la operación les sirva de excusa para no
tener relaciones sexuales indeseadas o frustrantes.
En general, se observa que la mujer resulta traumatizada emocionalmente a causa de operaciones
mutilantes, como una histerectomía o mastectomía, pertenece a estratos sociales con menor
acceso a una información objetiva. Sería recomendable un tratamiento psicoterapéutico pre y post
quirúrgico y brindar la mayor información posible para prevenir consecuencias. La sexualidad en
una abuela está tácitamente negada, mas aún cuando se trata de viudas con deseos de reanudar
una vida social o formar una nueva pareja.
Aún en la actualidad las mujeres reciben con angustia y sensación de fracaso la llegada de la
menopausia. Esta situación se traslada también al hombre, que siente que es una etapa
desgraciada y difícil de soportar. Todas estas consideraciones alimentan el mito de que la
sexualidad cesa alrededor de los 60 años.
En el mundo occidental se exalta la juventud como único estado ideal en la vida, menospreciando
la madurez y la vejez. En el oriente se le reconoce a los ancianos la sabiduría y además se
privilegian de alcanzar placer sexual más prolongado y elaborado, fruto de la experiencia adquirida
a lo largo de su vida. En nuestro medio, es regla negarles la experiencia y el derecho a la
sexualidad. Sus funciones fundamentales están relacionadas con el cuidado de los nietos, lo que
los limita en su vida social.
La sexualidad está casi totalmente negada sobre todo cuando se trata de abuelas viudas con
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deseos de reanudar una vida social que en ocasiones las pueden llevar a formar una nueva pareja.
No es infrecuente ver que ante tales circunstancias los hijos reaccionan con un celo marcadamente
injustificado llegando a veces a frustrar el intento que de por sí, dadas las costumbres y la cultura,
fue tímidamente iniciado.
Durante mucho tiempo la expresión sexual ha estado estrechamente ligada a la función
reproductiva y nuestra sociedad no ha podido emanciparse aún de esta idea. A esto se le suma un
prejuicio general contra los ancianos y el muy difundido sentimiento de que la vida, el amor y el
romance son patrimonio exclusivo de los jóvenes. Por lo tanto, los individuos de edad intermedia se
comportan y actúan casi compulsivamente, como si aún fueran adultos jóvenes y se conducen
como si pertenecieran al grupo generacional de sus propios hijos, negando su edad. A partir de
entonces se puede apreciar la pérdida de seguridad en su comportamiento sexual, que se va
agudizando según avanza el tiempo.
Otra creencia común de la que se han valido tradicionalmente los moralistas antisexuales estipula
que el agotamiento del organismo mediante la masturbación o el coito en la juventud producen
impotencia precoz, en contraposición del individuo que practica la abstinencia.
Otro mito sostiene que la eyaculación del semen es debilitante y tiende a acelerar el envejecimiento
y la muerte. Sin embargo, hoy sabemos que ni el coito ni la masturbación debilitan el organismo. La
conducta social suele ser contradictoria; cuando la mujer abuela abraza o acaricia a los niños, su
actitud es y parece natural, pero cuando estas acciones son ejecutadas por un hombre, suele
decirse que es un viejo sucio, teniéndose la creencia que los hombres son más propensos a incurrir
en abusos sexuales que las mujeres.
Un mito muy arraigado en todas las edades pero particularmente en aquellas donde se tienen
mayor cantidad de años es que ciertos alimentos o vitaminas tienen cualidades estimulantes o
afrodisíacas capaces de mantener o aumentar la sexualidad. Lo sí podemos aceptar es la
existencia de sustancias que por su naturaleza u origen son capaces de surtir un efecto por el
poder de sugestión psicológico y emocional sobre el hombre, denotando confianza para
desempeñarse con eficacia.
Finalmente podría decirse que mitos hay tantos y son tan diversos como fantasías sexuales tienen
los hombres, en todas las épocas y sociedades que han existido.
Luego, somos del criterio que para que la pareja continúe con su expresión sexual en la vejez se
requieren de ciertas circunstancias como son:
- Se interese y disfrute su actividad sexual.
- Tenga un buen sentido de la vida y esta le sea agradable.
- Tenga un razonable estado de buena salud.
- Su situación sea satisfactoria, sin angustia.
- Conviva entre personas que tengan el mismo concepto.
Con estas circunstancias que podríamos llamar ideales, se puede hablar del amor en tiempos de
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vejez, el cual debe ser expresado siempre con mucha ternura, lleno de manifestaciones románticas
y un indeclinable deseo de mantener la sensualidad y sexualidad.
Es propicio entonces exponer el Decálogo de los Derechos de la Vejez expuestos en 1984 por el
médico sexólogo Alonso Acuña Cañas en su libro "Sexo y Edad: de la madurez a la vejez":
1. El ejercicio de la sexualidad es una libre opción que estoy en capacidad de tomar.
2. Mi expresión sexual es permanente y no depende de la edad. Es una faceta vital que varía con
cada persona.
3. Tengo el mismo deseo y derecho a recibir y dar caricias tal y como sucedía en mi niñez y
juventud.
4. Estoy en capacidad de expresar sanamente el afecto hacia las personas que me atraen.
5. Puedo constituir pareja y compartir mis sentimientos sin límite de edad.
6. Soy capaz de trabajar, de producir, hacer deporte y divertirme. Mi situación de retiro o pensión
no me lo impide, antes bien lo facilita.
7. Como persona mayor puedo tener el don de la elementariedad, como sucede en la niñez. Soy
capaz de gozar de la transparencia del aire, del aroma de la flor, el color de las mariposas, el roce
de una mano amiga, la ternura de una caricia, el murmullo de un manantial. Cada vez más en
virtud de mi experiencia.
8. Me aferro a la vida porque se de su valor y percibo el placer de vivirla, aunque en ocasiones
disfrute en la
soledad de mis recuerdos y parezca persona huraña.
9. Tengo derecho a cuidar y mejorar mi imagen exterior, a transmitir a los demás la belleza interior
que brota de mi cuerpo y gozar de toda clase de sensaciones que de él provengan.
10. El llegar a la vejez significa que he sobrevivido y triunfado sobre la enfermedad y la muerte.
Puedo transmitir con orgullo estas ideas a mis hijos, nietos y amigos, para que a su vez si ellos
logran alcanzar la vejez, tengan entonces el privilegio de transmitirlas también a sus nietos, hijos y
amigos.
Por lo tanto, no es necesaria una erección total para lograr un acto sexual satisfactorio; ni siquiera
la ausencia de erección tiene que significar el fin del sexo, siempre que no lo definamos como una
acción restringida y estereotipada. Hacer el amor es mucho más que penetración, implica miradas,
caricias, roces, abrazos, palabras, disfrutar del contacto corporal y del solo hecho de estar juntos.
Conclusiones
Finalmente podemos decir que el plano sexual es considerado el más controversial del ser humano
pues durante el desarrollo psicológico y social de los individuos, se ha hecho manifiesto lo
contradictorio de las ideas que de él se derivan producto de las disímiles interpretaciones que los
seres humanos le damos y actuamos en consecuencia de ellas.
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La tercera edad no ha escapado a esto, viéndose afectada mayormente por prejuicios referidos a
su sexualidad, negada y reprimida socialmente. De hecho, ..."cuando reprimimos y ocultamos esta
parte de nosotros, los resultados son tan destructivos como cuando mantenemos encerradas
nuestras emociones. Perdemos el sentido de quienes somos y despojamos nuestra vida de
autenticidad y pasión". Pensemos entonces en la necesidad de crear espacios para el disfrute de la
vida en dichas personas, mejorando su autoestima y experimentando placer.
Se nos impone un gran reto: mejorar la calidad de vida y el bienestar de los ancianos, que debe ser
abordada con seriedad y sin falsos prejuicios.
Bibliografía
. Coperías, Enrique M.: "Sexo con seso", en Revista muy interesante. Agosto, 2003.
. "Envejecimiento": en Microsoft Encarta, Biblioteca de Consulta 2003.
. "Gerontología": en Microsoft Encarta, Biblioteca de Consulta 2003.
. Kinsey, Alfred, et. al.: "Conducta sexual del hombre". Editorial Siglo Veinte, Argentina,1967.
. Masters, William, Jhonson Virginia: "Respuesta sexual humana". Editorial Intermédica, 1981.
. Mederos, Alicia, Puente, Antonio: "La vejez" en Microsoft Encarta, Biblioteca de Consulta 2003.
. "Psicología del envejecimiento": en Microsoft Encarta, Biblioteca de Consulta 2003.
. "Sexualidad": en Microsoft Encarta, Biblioteca de Consulta 2003.
. "Tercera edad": en Microsoft Encarta, Biblioteca de Consulta 2003.
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