trata de personas- testimonios.

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TRATA DE PERSONAS- TESTIMONIOS.
A. Ana María
"Recuerdo que a los cinco años mi padre me secuestró y me llevó a vivir con sus amigas; él me dijo que
no iba a dejar que mi mamá me regalara al igual que a mis hermanas; me llevó a una casa vieja en el
barrio la Perseverancia, teníamos dos cuartos, en uno dormía mi papá con sus amigas y en el otro yo;
recuerdo que ellos jugaban conmigo, sobre una mesa me desnudaban me tocaban y me
besaban. Recuerdo sus caras y sus risas sobre mi, luego me sacaban a un patio, yo me montaba en el
triciclo y daba vueltas y vueltas, lloraba y pedaleaba con tanto dolor que los vecinos se percataron que
algo pasaba. Un día llegó mi mamá con la policía y me sacaron, mi papá fue a la cárcel; luego mi
mamá empezó a tener comportamientos raros, se vestía de muchos colores y regaba papel higiénico
por el piso diciendo cosas sin sentido. Yo fui llevada a un centro de Bienestar Familiar; por esos días la
gente preguntaba mucho por mi, salí en los periódicos.
Posteriormente fui a vivir con mi madrina; la hija de mi madrina me llevó a casa de un amigo, para ese
entonces yo tenía 11 años. Ese señor me engañó ofreciéndome un puesto como actriz, me maquillaron,
me pusieron una ropa de mujer grande, me pidieron que me acostara en una cama; luego apareció un
hombre mayor desnudo, me manoseó y me violó; todo esto fue grabado por alguien que estaba en el
mismo escenario; luego me dieron doscientos mil pesos y a mi prima le dieron $30.000; los hombres me
felicitaron por mi 'actuación', además me invitaron a volver. Al salir, mi prima me dice que está bien,
que hicimos mucha plata, que ella esto lo hace ya hace un tiempo y que no le ha pasado nada, me dice
que no llore, que podemos comprar ropa y me da una bolsa de pegante para que se me pase el dolor".
(American Bar Association)
B. Luisa
"Yo recuerdo que vivía con mi abuela y con cinco tíos en una habitación. Éramos muy pobres pero todos
nos rebuscábamos, robando, pidiendo o haciendo lo que fuera. Yo tenía como ocho años y me iba con
mis dos tías a la playa a conseguir dinero, porque mi 'abue' nos decía que teníamos que ayudar con lo
de la comida. Mis tías tenían 12 y 9 años. Yo y mi tía menor bailábamos 'champeta' para los turistas y
nos daban buena plata. Mi tía la mayor se iba con unos señores, generalmente extranjeros que eran los
que le daban más plata, a dormir con ellos. Nosotras la esperábamos o a veces nos metíamos debajo
de la cama mientras ella terminaba. Algunos le ofrecían más si dejaba que nos tocara, pero ella se
enojaba y decía que con nosotras no. Pero como nosotras también queríamos ganar plata comenzamos
a aceptar, además la 'abue' sabía y no le importaba. Cuando algunos de estos señores nos iban a
buscar en carro, la abuela aprovechaba para sacarles más dinero porque decía que nosotras nos
dejábamos 'tumbar' ". (American Bar Association)
C. Luisa
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“Tengo diez años y como cuatro de ser restavek (esclavo doméstico). Mi mamá se murió y, entonces, me
vine para acá. Pero más me gustaría estar con mi papá… Yo le mando recados y le digo que venga a
sacarme de aquí.
Casi siempre me despierto a las cinco y me acuesto a las siete. En la mañana trabajo y en la tarde voy a
la escuela. A mí me toca traer agua, limpiar la casa, traer leña y cocinar. También preparo arroz, caldo
de verduras...
Pero este trabajo no me gusta; es muy duro. Siempre tengo que hacer cosas para los chiquitos de la
casa, que son dos, uno de tres años y otro de cinco. Los peino, los baño, los llevo a la escuela, les hago
comida...
En la mañana voy por lo menos unas cinco veces a buscar agua… A veces jalo hasta tres galones de un
solo viaje.
Pero me duele la cabeza… y los hombros. Yo le digo a la familia, pero no dicen nada… Tampoco me dan
nada [de dinero]. Solo comida… un poco de arroz… y caldo de verduras. Pero en las tardes sólo como si
hay comida.
Lo que menos me gusta es que me peguen; me dan puñetazos, me gritan, me echan de la casa… Yo no
me quiero quedar aquí. Quiero ir a vivir con mi papá. Le dije cómo me trataban y él me dijo que me
quería mucho, pero que no tenía dinero para mandarme a la escuela.
¡Me gustaría tener vestidos bonitos… y zapatos… y unas cosas para peinarme!
La escuela también me gusta, porque aprendo a leer y a escribir; pero los compañeros no hablan
conmigo… me dicen apodos… me insultan…” (Visión Mundial Internacional)
Disponible en: http://bit.ly/12UYpgF
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