EL MARCO JURÍDICO DE LA INVERSIÓN EXTRANJERA

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EL MARCO JURÍDICO DE LA INVERSIÓN EXTRANJERA
DIRECTA EN OTROS PAÍSES
Federico Escóbar Klose
Asesor Legal
Ha sido noticia el informe titulado “La inversión extranjera directa en América Latina y
el Caribe” publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(CEPAL). De dicho informe se evidencia que Bolivia, en lo que respecta al año 2011, ha
recibido menos del 1% de la Inversión Extranjera Directa (IED) en la región,
encontrándose en los últimos lugares de países receptores; situación que no ha cambiado
en el tiempo.
Existen varias causas para ello, algunas de ellas son de orden legal, tienen que ver con el
ordenamiento jurídico, con las reglas que regulan la inversión, nacional y extranjera, en
el país; pero no tanto en el contenido de las normas, sino y sobre todo con el grado de
respeto y de cumplimento de ellas.
En ese sentido, a continuación revisamos algunos aspectos de las legislaciones que
regulan la IED en los países más receptores, según el informe de la CEPAL: Brasil,
Chile, Colombia y Perú. Todos ellos, el año 2011, alcanzaron récords históricos de
inversión extranjera.
En Brasil rige la Ley N° 4131/62 “Lei do Capital Estrangeiro”, en la cual encontramos
las siguientes regulaciones:
El capital extranjero recibe tratamiento jurídico idéntico al concedido al capital
nacional, con igualdad de condiciones, estando prohibida cualquier tipo de
discriminación no prevista legalmente.
Las firmas extranjeras pueden participar en las privatizaciones, a condición de
que los capitales invertidos en dichos planes permanezcan en Brasil por un
período de por lo menos 6 años.
Están permitidas las transferencias sin limitaciones al exterior de dividendos y
utilidades provenientes de capitales debidamente registrados cuando se ajusten a
las normas contables y la legislación tributaria local.
Con referencia a los incentivos especiales relacionados a las inversiones
extranjeras, se otorga una reducción de la alícuota del impuesto aduanero sobre la
importación de un bien de capital, a ser utilizado en la implantación de la
industria objeto de la IED.
Cabe mencionar que Brasil firmó 14 tratados Bilaterales de Protección y Promoción de
Inversiones.
Por su parte, en Chile nos encontramos con el denominado “Estatuto de la Inversión
Extranjera” (Decreto Ley N° 600), en la cual se tienen las siguientes disposiciones:
Toda persona nacional o extranjera, tiene el derecho a desarrollar cualquier
actividad económica que no sea contraria a la moral, el orden público o a la
seguridad nacional, respetando las normas legales que las regulan.
El capital sólo podrá ser remesado transcurrido un año de su internación y
liquidación en el mercado cambiario formal. Las remesas de utilidades no están
sujetas a ninguna restricción. Las ganancias de capital se encuentran sujetas a la
legislación tributaria general.
En cuanto a incentivos a la inversión extranjera sobre la doméstica se establece el
derecho de los extranjeros a optar por un sistema de invariabilidad tributaria
durante un período máximo de 10 años.
Los inversionistas extranjeros y las empresas receptoras gozan de la franquicia de
exención del impuesto al valor agregado a los bienes de capital que formen parte
de un proyecto de inversión extranjera, formalmente convenido con el Estado.
Asimismo, la Constitución chilena establece el principio de no discriminación en el trato
otorgado por el Estado y sus organismos en materia económica, es decir, igualdad de
condiciones para la inversión nacional y la inversión extranjera. Un aspecto, que es
diferente en nuestra Constitución Política, puesto que la inversión nacional debe
priorizarse frente a la extranjera (Art. 320-I CPE Bolivia).
Finalmente, señalar que Chile firmó 45 tratados Bilaterales de Protección y Promoción
de Inversiones.
Referente a Colombia podemos mencionar la Ley N° 963 –Régimen de estabilidad
jurídica para los inversionistas-, cuyo objetivo principal es fortalecer las inversiones ya
existentes en dicho país y adicionalmente incentivar la inversión ya sea nacional o
extranjera. La normativa colombiana establece que quienes suscriban el contrato de
estabilidad jurídica tendrán derecho a que durante la vigencia del mismo, se les sigan
manteniendo las normas que fueron determinantes para tomar la decisión de invertir, en
caso de que estas cambien perjudicando los intereses de su inversión. Si la normatividad
cambia en beneficio de sus intereses pues obviamente podrá ser adoptada por el
contratante. Países como Chile, Panamá y Perú tienen contemplado dentro de su
ordenamiento jurídico, normas similares a la contenida en la Ley N° 963 de Colombia.
País en el que la normativa que atañe a la IED se caracteriza por:
La inversión extranjera recibe el mismo tratamiento que la nacional. No se
admiten imposiciones de condiciones ni tratamientos discriminatorios a los
inversionistas extranjeros. La legislación establece trato nacional por lo que no se
le puede otorgar un tratamiento más favorable a los inversionistas extranjeros que
el otorgado a los inversionistas nacionales.
Una vez registrada la inversión, es posible remitir al exterior las utilidades netas
comprobadas por la autoridad competente que generen periódicamente las
inversiones y remitir al exterior las sumas recibidas como producto de la
enajenación de la inversión dentro del país, o de la liquidación de la empresa o
portafolio, o de la reducción de su capital.
Por su parte, en el Perú encontramos las siguientes disposiciones legales:
Los derechos de los extranjeros se sujetan a las mismas condiciones que se
aplican a los nacionales. Las empresas establecidas en el país son a efectos de la
legislación local, consideradas como empresas nacionales y se encuentran en
igualdad de condiciones independientemente de la estructura de capital.
La legislación garantiza la libre remesa de moneda extranjera, incluyendo la
totalidad de las utilidades y capital una vez deducidas de los impuestos
correspondientes.
Todo incentivo existente para un inversor peruano puede ser utilizado en las
mismas condiciones por un inversor extranjero.
Perú firmó 22 tratados Bilaterales de Protección y Promoción de Inversiones.
De forma general, no vamos a encontrar muchas diferencias entre las normas sobre
inversiones, particularmente sobre IED, de los países que hemos mencionado, con las
normas bolivianas. Una diferencia podría ser la prevista en el Art. 320-I de nuestra CPE
que establece que la inversión nacional se priorice frente a la extranjera; no obstante a
ello, en el mismo artículo, en su parágrafo III, se establece que las relaciones económicas
con Estados o empresas extranjeras deben realizarse en condiciones equitativas; y la CPE
obliga al Estado a respetar la seguridad jurídica (Art. 311). Asimismo, nuestro país firmó
y ratificó 22 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de Inversiones.
Además, contamos con una Ley de Inversiones, vigente desde 1990, en la que
encontramos las siguientes regulaciones:
Se reconoce al inversionista extranjero los mismos derechos, deberes y garantías
que las normas otorgan a los inversionistas nacionales, sin otra limitación que las
establecidas por Ley.
La inversión privada no requiere autorización previa ni registro adicional a más
de las determinadas por Ley.
Se garantiza el derecho de propiedad para las inversiones nacionales y
extranjeras, sin ninguna otra limitación que las establecidas por Ley.
Se dispone la no existencia de restricciones para el ingreso y salida de capitales,
ni para la remisión al exterior de dividendos, intereses y regalías por transferencia
de tecnología u otros conceptos mercantiles.
Se garantiza la libertad de producción y comercialización (interna, de exportación
e importación) de bienes y servicios, así como la libre determinación de precios.
Las actividades de producción y comercialización, así como de intermediación
financiera deben realizarse dentro de un marco de eficiencia económica y
competitividad.
Es decir, en los hechos no estamos en la cola de los países receptores de IED por nuestra
normativa en sí; sino, como sosteníamos a un comienzo, una de las causas para ello, para
no contar con un clima óptimo para las inversiones, es el incumplimiento de nuestras
propias normas y de los tratados internacionales, es la insuficiente protección eficaz de
los derechos de los inversionistas.
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