INICIOS DE LA EDAD MEDIA

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LA FILOSOFÏA EN LA EDAD MEDIA.
Edad media Periodo de la historia europea que transcurrió desde la
desintegración del Imperio romano de Occidente, en el siglo V, hasta el siglo
XV. No obstante, las fechas anteriores no han de ser tomadas como
referencias fijas: nunca ha existido una brusca ruptura en el desarrollo cultural
del continente. Parece que el término lo empleó por vez primera el historiador
Flavio Biondo de Forli, en su obra Historiarum ab inclinatione romanorun imperii
decades (Décadas de historia desde la decadencia del Imperio romano),
publicada en 1438 aunque fue escrita treinta a os antes. El término implicó en
su origen una parálisis del progreso, considerando que la edad media fue un
periodo de estancamiento cultural, ubicado cronológicamente entre la gloria de
la antigüedad clásica y el renacimiento. La investigación actual tiende, no
obstante, a reconocer este periodo como uno más de los que constituyen la
evolución histórica europea, con sus propios procesos críticos y de desarrollo.
Se divide generalmente la edad media en tres épocas.
LA FILOSOFÍA EN LA EDAD MEDIA
Durante los primeros siglos de la Edad Media, la filosofía se nutre de savia
teológica. La pagana había venido a parar a la negación. La exageración de los
principios platónicos había conducido a negar el conocimiento, sustituido por el
éxtasis; el éxtasis arrastraba a la anulación de la individualidad, y la gran
Unidad, Dios mismo, venia a ser implícitamente negado: porque la unidad
simplicísima excluye hasta la existencia, que es ya una complicación. Los
sistemas del lado opuesto habían engendrado el escepticismo y el
materialismo. La negación circundaba el pensamiento por todas partes.
El cristianismo, basado en la revelación, descendía de Dios al hombre; es
decir, tenía un carácter sintético, por lo cual aprovecha de la antigua ciencia
cuanto conviene a su desenvolvimiento. Los grandes hombres del cristianismo
sienten ante todo el apremio de defender la religión de los ataques asestados
por los paganos y de patentizar las excelencias de su doctrina. De tal
necesidad nace la filosofía apologística.
Vencido el paganismo, la Iglesia experimentó la urgencia de edificar, de fijar el
dogma, y entonces acude a la ubérrima tradición platónica juzgándola como
una preparación de la doctrina revelada.
Los filósofos de la Edad Media aceptaron más o menos que el cristianismo era
lo verdadero. Pero la cuestión que en ésta época se plantea es que si había
que tener fe para así creer en los milagros cristianos o también se podía
acceder a las verdades cristianas mediante la razón. La filosofía medieval se
basó prácticamente en la cuestión de que si eran compatibles la fe y la razón.
Pensadores
Avicena:
Nació en la región de bokhara, el año 370 de la hégira. Aprendió todos los
artículos del Corán y luego, en aquel rincón de Oriente, Avicena continuó sus
estudios con la Lógica de Aristóteles, la Geometría de Euclides y la Geografía
de Ptolomeo. Se dedicó primero y con verdadero amor a la medicina que
ejerció hasta obtener el cargo de visir del emir de Hamadán. Por su
extraordinaria cultura en aquella época, mereció el sobrenombre de: Príncipe
de los Médicos.
Avicena no cree en la posibilidad del vacío absoluto (horror vacui); tampoco
cree que el Universo sea infinito, existe un punto en que se acaba la materia;
más allá hay el no ser, que no es exactamente el vacío. Cree que el Mundo es
eterno y existe por necesidad; Dios da forma a las cosas, las anima y sostiene
pero por un intermediario, la inteligencia, que hoy llamaríamos espíritu. El
Corán facilita esta solución cuando dice que lo primero que Dios creó es la
inteligencia, y de ella se derivan, para Avicena, todas las cosas. Avicena se
convirtió en el principal blanco de los ataques de los teólogos suníes, como
Algazel. No obstante, la filosofía de Avicena fue muy influyente a lo largo de la
edad media.
Es interesante la discusión que nace del problema que más tarde será una de
las cuestiones candentes de la escolástica cristiana: La relación de los
universales con los particulares, y que resuelve diciendo que los universales
estaban en el pensamiento de Dios antes que los correspondientes particulares
existieran, pero fueron incorporados en estos, de los que la mente humana los
deriva por un proceso de abstracción. Su sistema es principalmente una
codificación de la filosofía de Aristóteles modificada por consideraciones de
origen neoplatónico, tratando de armonizar las formas abstractas de filosofía
con la fe religiosa musulmana. Avicena introdujo muchas innovaciones en la
lógica, apartándose en algunos puntos de los peripatéticos y aproximándose a
los estoicos; prestó suma atención a la lógica de las proposiciones y a los
silogismos hipotéticos. El avicenismo tuvo vigencia durante el siglo XIII y parte
del XIV.
Averroes (1126-1198),
Filósofo, físico, jurista malikí y teólogo asharí hispanoárabe. Introductor del
pensamiento aristotélico en Occidente, su figura ocupa un lugar de honor en la
historia del pensamiento medieval.
Aunque en realidad Averroes no propuso la existencia de dos tipos de
verdades, filosófica y religiosa, sus ideas fueron interpretadas por los
pensadores cristianos, que las clasificaron de "teoría de la doble verdad".
Rechazó el concepto de la creación del mundo en el tiempo: mantenía que el
mundo no tiene principio. Dios es el "primer motor", la fuerza propulsora de
todo movimiento, que transforma lo potencial en lo real. El alma individual
humana emana del alma universal unificada.
Averroismo:
A través de la escuela de Alejandría, y de la patrística vemos proyectado sobre
la Europa medioeval el pensamiento de Platón que, conservado en los
monasterios durante las invasiones de los bárbaros, va a llegar hasta nosotros
mediante sucesivas y no siempre correctas elaboraciones. A través de los
árabes y sigue siendo el mismo camino de Alejandría por el norte del Africa
hasta Espa a va a llegar un tanto más tarde el pensamiento de Aristóteles.
Figura central en el pensamiento árabe es Averroes que va a dar pie a lo que
se conoce con el nombre de Averroísmo: eternidad del mundo, mortalidad del
alma personal, e inmortalidad del alma común universal de todos los hombres,
gobierno por la fuerza. La cultura árabe del siglo XII es la más avanzada de la
época, esto explica por que la Espa a musulmana alcanzó desde el siglo XII la
madurez que los demás estados europeos solo alcanzarían a partir del siglo
XVI. Las escuelas de traductores fueron seguramente la fuente de donde
surgió el despertar renacentista.
Pedro Avelardo (1079-c. 1142, filósofo y teólogo francés)
El atractivo romántico de la vida de Abelardo a menudo oscurece la importancia
de su pensamiento. Fue, sin embargo, uno de los pensadores más destacados
de la edad media. En el énfasis que puso en la discusión dialéctica, Abelardo
seguía al filósofo y teólogo del siglo IX Juan Escoto Eriúgena , y precedía al
filósofo escolástico italiano santo Tomás de Aquino. La principal tesis dialéctica
de Abelardo es que la verdad debe alcanzarse sopesando con rigor todos los
aspectos de una cuestión y se presentó en Sic et Non (Así y de otra forma, c.
1123). También se anticipó a la posterior dependencia teológica de la obra de
Aristóteles, más que de la de Platón.
Abelardo reaccionó con fuerza contra las teorías del realismo extremo,
negando que los conceptos universales tengan existencia independiente fuera
de la mente. Según Abelardo, 'universal' es una palabra funcional que expresa
la imagen combinada de esas asociaciones comunes de palabras dentro de la
mente. Esta posición no es nominalista, porque Abelardo subraya que las
asociaciones de las cuales está formada la imagen y a las que se da un
nombre universal tienen una cierta semejanza o naturaleza común. Su teoría
es un paso definitivo hacia el realismo moderado de Aquino, pero carece de
una explicación del proceso por el que se forman las ideas. En la evolución de
la ética, la mayor contribución de Abelardo fue sostener que un acto debe ser
juzgado por la intención que guía a quien lo realiza.
Además de las obras mencionadas, Abelardo escribió muchos libros en latín
sobre ética, teología y dialéctica, así como poesía e himnos religiosos.
San Agustín. (354-430)
Durante el transcurso de su vida pasó por varias religiones y corrientes
filosóficas antes de convertirse al cristianismo.
Fue maniqueo. Secta religiosa de la Antigüedad tardía. Basada en una doctrina
de salvación mitad religiosa, mitad filosófica, en la que la idea del mundo
estaba dividido en contrarios. (bien-mal. Luz-oscuridad...)
Estuvo influenciado por la filosofía estoica en la cual no existía separación
entre el bien y el mal, siendo contraria a ésta última.
También se relacionó con el neoplatonismo, en la cual encontró de que toda
existencia tiene naturaleza divina. Para ello habrá que recurrir a Platón. El
propio San Agustín no veía distinción entre el cristianismo y la filosofía de este
autor. Hasta el punto de llegar a decir que San Agustín "cristianizó" a Platón.
Descubrió que la razón podía llegar a ciertos límites ya que el cristianismo es
un misterio en el que sólo se puede llegar mediante la fe.
Opinaba que antes que Dios crease el mundo, las "Ideas" existían en sus
pensamientos, incorporando así sus ideas platónicas en Dios.
Agustinismo.
Entendemos con este nombre el movimiento filosófico fundamentado en las
tesis originales de San Agustín; sus características generales son:
1. SU platonismo un tanto académico contrapuesto al Aristotelismo de los
Tomistas. De ahí su sentido más vivencial, menos racionalista.
2. Primacía de la voluntad sobre el entendimiento, como facultad humana
imperativa; en contra de la primacía que dan los Tomistas al
entendimiento como facultad iluminativa y guiadora.
3. Concepto platónico del Dios-Caridad del cristianismo, frente al DiosVerdad de los Tomistas.
4. Providencialismo un tanto exagerado y casi quietista cuando se trata de
definir la propia actitud en el mundo.
5. Sentido más mundano (más histórico, más espacio-temporal) de la vida,
contra el escatologismo un tanto exagerado de los Tomistas.
6. Incorporación más integral de todas las facultades del hombre a la vida
sobrenatural que para los Tomistas se queda en la esfera del
entendimiento, aunque no en forma cerrada como quieren hacerlo notar
los antitomistas actuales.
Tomás de Aquino, Santo (1225-1274), filósofo y teólogo italiano, en ocasiones
llamado Doctor Angélico y El Príncipe de los Escolásticos, cuyas obras le han
convertido en la figura más importante de la filosofía escolástica y uno de los
teólogos más sobresalientes del catolicismo.
Antes de Tomás de Aquino, el pensamiento occidental había estado dominado
por la filosofía de san Agustín, el gran Padre y Doctor de la Iglesia occidental
durante los siglos IV y V, quien consideraba que en la búsqueda de la verdad
se debía confiar en la experiencia de los sentidos. A principios del siglo XIII las
principales obras de Aristóteles estuvieron disponibles en una traducción latina
de la Escuela de traductores de Toledo, acompañadas por los comentarios de
Averroes y otros eruditos islámicos. El vigor, la claridad y la autoridad de las
enseñanzas de Aristóteles devolvieron la confianza en el conocimiento
empírico, lo que originó la formación de una escuela de filósofos conocidos
como averroístas. Bajo el liderazgo de Siger de Brabante, los averroístas
afirmaban que la filosofía era independiente de la revelación.
Reconciliando el énfasis agustino sobre el principio espiritual humano con la
afirmación averroísta de la autonomía del conocimiento derivado de los
sentidos, Tomás de Aquino insistía en que las verdades de la fe y las propias
de la experiencia sensible, así como las presentaba Aristóteles, son
compatibles y complementarias. Algunas verdades, como el misterio de la
Encarnación, pueden ser conocidas sólo a través de la revelación, y otras,
como la composición de las cosas materiales, sólo a través de la experiencia;
aun otras, como la existencia de Dios, son conocidas a través de ambas por
igual. Así, la fe guía al hombre hacia su fin último, Dios; supera a la razón, pero
no la anula. Todo conocimiento, mantenía, tiene su origen en la sensación,
pero los datos de la experiencia sensible pueden hacerse inteligibles sólo por la
acción del intelecto, que eleva el pensamiento hacia la aprehensión de tales
realidades inmateriales como el alma humana, los ángeles y Dios. Para lograr
la comprensión de las verdades más elevadas, aquellas con las que está
relacionada la religión, es necesaria la ayuda de la revelación.
Con más fortuna que ningún otro teólogo o filósofo, santo Tomás organizó el
conocimiento de su tiempo y lo puso al servicio de su fe. En su esfuerzo para
reconciliar fe con intelecto, creó una síntesis filosófica de las obras y
enseñanzas de Aristóteles y otros sabios clásicos: de san Agustín y otros
Padres de la Iglesia, de Averroes, Avicena, y otros eruditos islámicos, de
pensadores judíos como Maimónides y Solomon ben Yehuda ibn Gabirol, y de
sus predecesores en la tradición escolástica. Santo Tomás consiguió integrar
en un sistema ordenado el pensamiento de estos autores con las enseñanzas
de la Biblia y la doctrina católica.
El éxito de santo Tomás fue inmenso; su obra marca una de las escasas
grandes culminaciones en la historia de la filosofía. Después de él, los filósofos
occidentales sólo podían elegir entre seguirle con humildad o separarse
radicalmente de su magisterio. En los siglos posteriores a su muerte, la
tendencia dominante y constante entre los pensadores católicos fue adoptar la
segunda alternativa. El interés en la filosofía tomista empezó a restablecerse,
sin embargo, hacia el final del siglo XIX.
Tomismo:
Aquí también el nombre dice lo que es la orientación. Es costumbre
contraponer el pensamiento de San Agustín al de Sto. Tomás, así como el de
Platón al de Aristóteles, pero tal apreciación no es exacta. Realmente
Aristóteles supera a su maestro pero no va contra su pensamiento, de la misma
manera que el tomismo y el Agustinismo más bien se complementan que se
oponen. Las tesis originales de santo Tomás han sido el esquema principal del
pensamiento filosófico cristiano-catolico. El ilustre dominico padre A. D.
Sertillangues en su obra " las grandes tesis de la filosofía Tomista" resume el
pensamiento del gran filósofo en los siguientes puntos.
1. El objeto del conocimiento humano es el ser y sus causas; en la
apreciación del conocimiento se inclina hacia un idealismo moderado, de
sentido crítico.
2. El concepto de Dios, cognoscible pero indefinible, a partir de la aseidad.
Condenación del agnosticismo, del simbolismo y del antropomorfismo.
3. LA creación del mundo en el tiempo por parte de Dios.
4. La conservación y gobierno del universo como consecuencias
necesarias del entendimiento y de la voluntad divinos.
5. El concepto de la naturaleza basado en las nociones de sustancia,
accidente y cambio, con un profundo sabor aristotélico.
6. El hombre como coronación de la creación, dotado de alma racional e
inmortal creada por Dios directamente para cada hombre.
7. LA moral basada en la apreciación del fin ultimo y en la perfección de
cada acto humano personal y regida por la ley mediante la obligación y
la sanción.
8. El gobierno de los pueblos en conformidad con sus tradiciones,
costumbres e idiosincrasia.
La Filosofía Medieval
Nombre dado por la Iglesia católica a los autores que establecieron la doctrina
cristiana antes del siglo VIII. Los escritos de los Padres, o literatura Patrística,
sintetizaron la doctrina cristiana tal y como se encuentra en la Biblia,
especialmente en el Evangelio, los escritos de los Padres Apostólicos, las
máximas eclesiásticas y las decisiones de los concilios de la Iglesia. Facilitaron
un conjunto doctrinal articulado de la enseñanza cristiana para su transmisión
por todos los rincones del Imperio romano.
Hay que tomar en cuenta que al principio la Iglesia no quería saber nada de la
filosofía, ya que estaban bajo la impresión de la nueva vivencia de su fe.
Gracias a San Agustín, se puso un sí positivo a la filosofía. Nosotros queremos
dice San Agustín, hablar no solo con la autoridad de las sagradas escrituras,
sino también basados en la universal razón humana (Ratio: relación entre dos
cantidades). Si los filósofos han dicho algo que exacto ¿por qué no lo hemos
de aceptar?, al fin de cuentas puede incluso servir para razonar la fe y para
comprenderla mejor.
En el siglo IV, la Patrística alcanza su plena madurez. Es el momento en que
los herejías han alcanzado su mayor agudeza y el gran movimiento maniqueo,
que se extiende de oriente a occidente, amenazan a la Iglesia. Por otra parte el
pensamiento cristiano ha adquirido profundidad y claridad, y al mismo tiempo
vigencia social en el Imperio Romano. El mundo antiguo esta en su última
etapa. Los bárbaros están llamando desde hace tiempo a todas las puestas del
Imperio; a lo largo de sus fronteras se hace sentir la presencia de los pueblos
germánicos, que se van infiltrando lentamente, antes de realizar la gran
irrupción del siglo V. Y sobre todo el paganismo ha dejado de existir; la cultura
romana se agota en el comentario y sigue nutriéndose, al cabo de los siglos de
una filosofía la griega que no es capaz de renovar. En este momento aparece
San Agustín, la plenitud de la Patrística, que resume en su personalidad
inmensa el mundo antiguo, al que todavía pertenece, y la época moderna, que
anuncia, y cuyo punto de arranque es él mismo. En la obra agustiniana se cifra
este paso decisivo de un mundo a otro.
San Agustín (354 - 430).
Es una de las figuras más emblemáticas de su tiempo, del cristianismo y de la
filosofía. Su personalidad tan original y abundante deja una huella profunda en
todas las cosas donde pone su mano. La filosofía y la teología medievales, es
decir, lo que se ha llamado la Escolástica, toda la dogmática cristiana,
disciplinas enteras como la filosofía del espíritu y la filosofía de la historia,
ostentan la marca inconfundible que les imprimió. Más aun: el espíritu cristiano
y el de la modernidad están influidos decisivamente por San Agustín; y tanto la
Reforma como la Contrarreforma han recurrido de un modo especial a las
fuentes agustinianas.
a. Verdad
b. Dios
Tesis filosóficas de San Agustín: c. Creación.
d. Alma.
e. El Bien.
f. La Ciudad de Dios.
Verdad: en encendidas controversias con los escépticos hizo triunfar San
Agustín la posibilidad de conocer la verdad. Los escépticos dicen "no existe la
verdad; de todo se puede dudar"; a lo que San Agustín replica "se podrá dudar
todo lo que se quiere; de lo que no se puede dudar es de la misma duda".
Existe pues la verdad con lo cual queda refutado el escepticismo. San Agustín
busca el prototipo de la verdad en las verdades matemáticas, cuando dice, por
ejemplo, que la proposición 7+3=10, es una proposición de vigencia universal
para cualquiera que tenga razón. Aquí donde se ve que 7+3 tiene que ser igual
a 10, halla San Agustín lo que también en otros casos debe ser verdad para
todo espíritu racional, a saber, las reglas, ideas y normas conforme a las cuales
registramos y leemos lo sensible y al mismo tiempo lo estimamos y
rectificamos. Estas reglas son algo apriorístico, en lo cual el hombre, frente al
mundo y su experiencia, se demuestra superior, libre y autónomo.
Dios: el mismo San Agustín que busca la verdad en el interior del hombre, dice
a la vez con no menor énfasis: Dios es la verdad. San Agustín se eleva de lo
verdadero singular a la verdad una gracias a la que todo lo verdadero es
verdadero para tener participación en ella. Considera esta ascensión como
prueba de que existe Dios y el mismo tiempo de lo que Dios mismo es: el todo
de lo verdadero, el ser bueno de todo lo bueno, el ser de todo ser. Así Dios es
todo, pero a la vez no es nada de todo, pues sobre puja a todo, ninguna
categoría se le puede aplicar.
Creación: este concepto no es filosófico sino teológico. Por tanto, cuando San
Agustín trata de pensarlo, se le ofrecen inmediatamente dificultades filosóficas.
En este caso, habría que admitir también en Dios lo mutable. Por otra parte, la
creación proviene de un acto libre de la voluntad de Dios, y no es por tanto, una
procesión necesaria, como con frecuencia sé repitió contra la teoría de la
emanación. San Agustín deja por fin la cuestión en suspenso. Ve que no se
puede resolver con nuestros conceptos espaciales y temporales.
Alma: lo que San Agustín escribe sobre el alma, su fina intuición, su arte de ver
y dominar las cosas, su penetrante análisis y otras diversas cualidades lo
revelan como sicólogo de primer orden. El alma tenía para él especial interés.
"A Dios y al alma deseo conocer". El alma tiene un efecto el primado frente al
cuerpo. Cierto que San Agustín no es ya pesimista acerca del cuerpo: el
espíritu del cristianismo y su doctrina de la creación no lo permiten. No
obstante, para San Agustín el hombre es propiamente el alma. Y así, seguirá
pensándose, aun después de que en la alta edad media prospere la formula
aristotélica de la unidad del cuerpo y el alma.
El Bien: cuando San Agustín habla en lenguaje religioso, el bien no es para él
otra cosa más que la voluntad de Dios. Pero cuando trata de descubrir los
fundamentos más profundos, dice: "El bien se da con la ley eterna". Son las
ideas eternas en la mente de Dios que, como para los platónicos, también aquí
constituyen el fundamento de conocer, del ser y del bien. Son un orden eterno.
No solo el hombre es bueno, también los seres son buenos y el conocimiento
es verdadero, con tal que se orienten conforme a este orden eterno.
La Ciudad de Dios: siempre tendrá lugar en la historia del mundo la lucha entre
la luz y las tinieblas, entre lo eterno y lo temporal, entre lo supra sensible y lo
sensible, entre lo devino y lo antidivino. En su gran obra la Ciudad de Dios San
Agustín, muestra cómo los poderes del bien tienen que luchar constantemente
con los poderes del mal. Su sentido definitivo es el triunfo del bien sobre el mal.
El Escolasticismo.
Movimiento filosófico y teológico que intentó utilizar la razón natural humana,
en particular la filosofía y la ciencia de Aristóteles, para comprender el
contenido sobrenatural de la revelación cristiana. Principal movimiento en las
escuelas y universidades medievales de Europa, desde mediados del siglo XI
hasta mediados del siglo XV, su ideal último fue integrar en un sistema
ordenado tanto el saber natural de Grecia y Roma como el saber religioso del
cristianismo. El término escolástica también se utiliza en un sentido más amplio
para expresar el espíritu y métodos característicos de ese momento de la
historia de la filosofía o cualquier otro espíritu o actitud similar hacia el saber
encontrados en otras épocas. El término escolástica, que en su origen
designaba a los maestros de las escuelas monásticas o catedralicias
medievales, de las que surgieron las universidades, acabó por aplicarse a
cualquiera que enseñara filosofía o teología en dichas escuelas o
universidades.
Características Principales.
Los pensadores escolásticos sostuvieron una amplia variedad de ideas tanto
en filosofía como en teología. Lo que da unidad a todo el movimiento
escolástico son las metas comunes, las actitudes y los métodos aceptados de
un modo general por todos sus miembros. La principal preocupación de los
escolásticos no fue conocer nuevos hechos sino integrar el conocimiento ya
adquirido de forma separada por el razonamiento griego y la revelación
cristiana. Este interés es una de las diferencias más características entre la
escolástica y el pensamiento moderno desde el renacimiento.
El objetivo esencial de los escolásticos determinó algunas actitudes comunes,
de las que la más importante fue su convicción de la armonía fundamental
entre razón y revelación. Los escolásticos afirmaban que el mismo Dios era la
fuente de ambos tipos de conocimiento y la verdad era uno de Sus principales
atributos. No podía contradecirse a Sí mismo en estos dos caminos de
expresión. Cualquier oposición aparente entre revelación y razón podía
deberse o a un uso incorrecto de la razón o a una errónea interpretación de las
palabras de la revelación. Como los escolásticos creían que la revelación era la
enseñanza directa de Dios, ésta tenía para ellos un mayor grado de verdad y
certeza que la razón natural. En los conflictos entre fe religiosa y razonamiento
filosófico, la fe era siempre el árbitro supremo, la decisión de los teólogos
prevalecía sobre la de los filósofos. Después de principios del siglo XIII, el
pensamiento escolástico puso mayor énfasis en la independencia de la filosofía
en su campo propio. A pesar de todo, durante el periodo escolástico la filosofía
estuvo al servicio de la teología, no sólo porque la verdad de la filosofía estaba
subordinada a la de la teología, sino también porque los teólogos utilizaban la
filosofía para comprender y explicar la revelación.
Esta postura de la escolástica chocó con la llamada teoría de la doble verdad
del filósofo y físico hispano-árabe Averroes. Su teoría mantenía que la verdad
era accesible tanto a la teología como a la filosofía islámica pero que tan sólo la
filosofía podía alcanzarla en su totalidad. Por lo tanto, las llamadas verdades de
la teología servían, para la gente común, de expresiones imaginativas
imperfectas de la verdad auténtica, sólo accesible por la filosofía. Averroes
sostenía que la verdad filosófica podía incluso contradecir, al menos de una
forma verbal, las enseñanzas de la teología islámica.
Como resultado de su creencia en la armonía entre fe y razón, los escolásticos
intentaron determinar el ámbito preciso y las competencias de cada una de
estas facultades. Muchos de los primeros escolásticos, como el eclesiástico y
filósofo italiano san Anselmo, no lo consiguieron y estuvieron convencidos de
que la razón podía probar algunas doctrinas procedentes de la revelación
divina. Más tarde, en el momento de esplendor de la escolástica, el teólogo y
filósofo italiano santo Tomás de Aquino estableció un equilibrio entre razón y
revelación. Sin embargo, los escolásticos posteriores a santo Tomás,
empezando por el teólogo y filósofo escocés Duns Escoto, limitaron cada vez
más el campo de las verdades capaces de ser probadas a través de la razón e
insistieron en que muchas doctrinas anteriores que se pensaba habían sido
probadas por la filosofía tenían que ser aceptadas sobre la base única de la fe.
Una de las razones de esta limitación fue que los escolásticos aplicaron los
requisitos para la demostración científica, recogidos al principio en el Organon
de Aristóteles, de una manera mucho más rigurosa que lo había hecho
cualquiera de los filósofos anteriores. Esos requisitos eran tan estrictos que el
propio Aristóteles rara vez fue capaz de aplicarlos en detalle más allá del
campo de las matemáticas. Esta tendencia desembocó de forma teórica en la
pérdida de confianza en la razón natural humana y en la filosofía, como quedó
caracterizada la primera época del renacimiento, y así lo asumieron los
primeros reformadores religiosos protestantes, como Martín Lutero.
Otra actitud común entre los escolásticos fue su sometimiento a las llamadas
autoridades, tanto en filosofía como en teología. Esas autoridades eran los
grandes maestros del pensamiento de Grecia y Roma y los primeros Padres de
la Iglesia. Los escolásticos medievales se impusieron a sí mismos pensar y
escribir mediante el estudio único e intensivo de los autores clásicos, a cuya
cultura y saber atribuían certezas inmutables. Tras alcanzar su plena madurez
de pensamiento y producir los primeros trabajos originales de filosofía,
siguieron citando a las autoridades para dar peso a sus propias opiniones,
aunque a estas últimas llegaban en muchos casos de manera independiente.
Críticas posteriores concluyeron de esta práctica que los escolásticos eran
meros compiladores o repetidores de sus maestros. En realidad, los
escolásticos maduros, como santo Tomás de Aquino o Duns Escoto, fueron
muy flexibles e independientes en su utilización de los textos de los clásicos; a
menudo con el fin de armonizar los textos con sus propias posiciones,
ofrecieron interpretaciones que eran difíciles de conciliar con las intenciones y
motivos inspiradores en los clásicos. El recurso a la cita de los clásicos fue, en
muchos casos, poco más que un ornamento estilístico para empezar o finalizar
la exposición de las propias opiniones e intentaba demostrar que las ideas del
exegeta eran continuidad del pasado y no simples novedades. Novedad y
originalidad de pensamiento no eran perseguidos de forma deliberada por
ninguno de los escolásticos sino más bien minimizadas lo más posible.
Los escolásticos consideraron a Aristóteles la máxima autoridad filosófica,
llamándole de modo habitual "el filósofo". El primer prelado y teólogo cristiano
san Agustín fue su principal autoridad en teología, tan sólo subordinado a la
Biblia y a los concilios oficiales de la Iglesia. Los escolásticos se adhirieron con
mayor intensidad y sin ninguna crítica a las doctrinas emitidas por la jerarquía
eclesial al admitir las opiniones de Aristóteles en materia de ciencias empíricas,
como la física, la astronomía y la biología. Su aceptación sin crítica debilitó a la
escolástica y fue una de las principales razones de su desdeñoso rechazo por
parte de los investigadores y sabios del renacimiento e incluso de mucho
tiempo después.
Principales Filósofos Escolásticos.
Entre los escolásticos más destacados de los siglos XI y XII se encuentran san
Anselmo; el filósofo, teólogo y profesor de lógica Pedro Abelardo y el filósofo y
clérigo Roscelino, que fundó la escuela de filosofía conocida como
nominalismo. Entre los pensadores judíos del mismo periodo, el rabino, filósofo
y físico Maimónides intentó armonizar la filosofía aristotélica con la revelación
divina como se entiende en el judaísmo, en un espíritu similar al de los
escolásticos cristianos. Los escolásticos de la llamada edad de oro del siglo XIII
incluyen a santo Tomás de Aquino y al filósofo alemán san Alberto Magno,
ambos pertenecientes a la orden de los dominicos; al monje y filósofo inglés
Roger Bacon, al prelado y teólogo italiano san Buenaventura, y a Duns Escoto,
todos pertenecientes a la orden de los franciscanos y al sacerdote seglar belga
del siglo XIII Henry de Ghent. El nominalismo se convirtió en la escuela
filosófica dominante del siglo XIV, cuando la escolástica empezó a declinar. El
nominalista más importante fue el filósofo inglés Guillermo de Ockham, un gran
lógico que atacó todos los sistemas filosóficos de los escolásticos precedentes
para mantener en cambio que la razón humana y la filosofía natural tenían un
campo de acción mucho más limitado del que sus antecesores habían
establecido.
Si bien es cierto que estos autores representan a la filosofía medieval, ahora
veamos de una forma más detallada uno a uno a los más importantes de estos
en cuanto a la Escolástica:
Averroes (1126-1198).
Filósofo árabe musulmán, físico, jurista maliki y teólogo ashari, nació en
Córdoba, España. Su padre, un juez de Córdoba, le enseñó jurisprudencia
musulmana. En su ciudad natal también estudió teología, filosofía occidental y
matemáticas con el filósofo árabe Ibn Tufayl, y medicina con el médico árabe
Avenzoar. Averroes fue designado juez en Sevilla en 1169 y en Córdoba en
1171; en 1182 se convirtió en el médico de Abu Yaqub Yusuf, el califa
almohade de Marruecos y de la España musulmana. La idea de Averroes de
que la razón prima sobre la religión le llevó al exilio en 1195 por orden de Abu
Yusuf Yaqub al-Mansur; fue restituido poco antes de su muerte.
Averroes mantenía que las verdades metafísicas pueden expresarse por dos
caminos: a través de la filosofía (según pensaba el griego clásico Aristóteles y
los neoplatónicos de la antigüedad tardía) y a través de la religión (como se
refleja en la idea simplificada y alegórica de los libros de la revelación). Aunque
en realidad Averroes no propuso la existencia de dos tipos de verdades,
filosófica y religiosa, sus ideas fueron interpretadas por los pensadores
cristianos, que las clasificaron de "teoría de la doble verdad". Rechazó el
concepto de la creación del mundo en el tiempo: mantenía que el mundo no
tiene principio. Dios es el "primer motor", la fuerza propulsora de todo
movimiento, que transforma lo potencial en lo real. El alma individual humana
emana del alma universal unificada. Los amplios comentarios de Averroes
sobre la obras de Aristóteles fueron traducidos al latín y al hebreo y tuvo gran
influencia tanto en la escolástica y la filosofía cristiana (en la Europa medieval)
como en los filósofos judíos de la edad media. Su principal obra original fue
Tahafut al-Tahafut (árabe, "La destrucción de la destrucción"), donde rebate
una obra del teólogo islámico Algazel sobre la filosofía. Es también autor de
obras sobre medicina, astronomía, derecho y gramática.
Santo Tomás de Aquino (1225-1274).
A veces llamado doctor angélico y el príncipe de los escolásticos, filósofo y
teólogo italiano, cuyas obras lo han convertido en la figura más importante de la
filosofía escolástica y uno de los teólogos sobresalientes del catolicismo.
Nació en una familia noble en Roccasecca (cerca de Aquino, en Italia) y estudió
en el monasterio benedictino de monte Cassino y en la Universidad de
Nápoles. Ingresó en la orden de los dominicos todavía sin graduarse en 1243,
el año de la muerte de su padre. Su madre, que se oponía a la entrada de
Tomás en una orden mendicante, le confinó en el castillo familiar durante más
de un año en un vano intento de hacerle abandonar el camino que había
elegido. Le liberó en 1245, y entonces Tomás viajó a París para completar su
formación. Estudió con el filósofo escolástico alemán Alberto Magno,
siguiéndole a Colonia en 1248. Porque Tomás era de poderosa constitución
física y taciturno, sus compañeros novicios le llamaban buey mudo, pero
Alberto Magno había predicho que "este buey un día llenará el mundo con sus
bramidos".
Tomás de Aquino fue ordenado sacerdote en 1250, y empezó a impartir clases
en la Universidad de París en 1252. Sus primeros escritos, en particular
sumarios y explicaciones de sus clases, aparecieron dos años más tarde. Su
primera obra importante fue Scripta super libros Sententiarum (c. 1256), que
consiste en comentarios sobre una obra influyente relacionada con los
sacramentos de la Iglesia, conocida como el Sententiarum libri quatuor, del
teólogo italiano Pedro Lombardo. En 1256 a Tomás de Aquino se le concedió
un doctorado en teología y fue nombrado profesor de filosofía en la Universidad
de París. El papa Alejandro IV, que ocupó la silla pontificia desde 1254 hasta
1261, le llamó a Roma en 1259, donde sirvió como consejero y profesor en la
curia papal. Regresó a París en 1268, y en seguida llegó a implicarse en una
controversia con el filósofo francés Siger de Brabant y otros seguidores del
filósofo islámico Averroes.
Estudio de Aristóteles y los averroístas para comprender la crucial importancia
de esta polémica en la evolución del pensamiento de Occidente, es necesario
considerar el contexto en que se produjo. Antes de Tomás de Aquino, el
pensamiento occidental había estado dominado por la filosofía de san Agustín,
el gran Padre y Doctor de la Iglesia occidental durante los siglos IV y V, quien
consideraba que en la búsqueda de la verdad se debía confiar en la
experiencia de los sentidos. A principios del siglo XIII las principales obras de
Aristóteles estuvieron disponibles en una traducción latina de la escuela de
traductores de Toledo, acompañadas por los comentarios de Averroes y otros
eruditos islámicos. El vigor, la claridad y la autoridad de las enseñanzas de
Aristóteles devolvieron la confianza en el conocimiento empírico, lo que originó
la formación de una escuela de filósofos conocidos como averroístas. Bajo el
liderazgo de Siger de Brabant, los averroístas afirmaban que la filosofía era
independiente de la revelación. Esta postura amenazaba la integridad y
supremacía de la doctrina católica, apostólica romana y llenó de preocupación
a los pensadores ortodoxos. Ignorar a Aristóteles, tal como lo hacían los
averroístas, era imposible, y condenar sus enseñanzas era inútil. Tenía que ser
tenido en cuenta. San Alberto Magno y otros eruditos habían intentado hacer
frente a los averroístas, pero con poco éxito. Santo Tomás triunfó con
brillantez.
Reconciliando el énfasis agustino sobre el principio humano espiritual con la
afirmación averroísta de la autonomía del conocimiento derivado de los
sentidos, Tomás de Aquino insistía que las verdades de la fe y las propias de la
experiencia sensible, así como las presentadas por Aristóteles, son
compatibles y complementarias. Algunas verdades, como el misterio de la
encarnación, pueden ser conocidas sólo a través de la revelación, y otras,
como la composición de las cosas materiales, sólo a través de la experiencia;
aun otras, como la existencia de Dios, son conocidas a través de ambas por
igual. Así, la fe guía al hombre hacia su fin último, Dios; supera a la razón, pero
no la anula. Todo conocimiento, mantenía, tiene su origen en la sensación,
pero los datos sensibles pueden hacerse inteligibles sólo por la acción del
intelecto, que eleva el pensamiento hacia la aprehensión de tales realidades
inmateriales como el alma humana, los ángeles y Dios. Para lograr la
comprensión de las verdades más elevadas, aquellas con las que está
relacionada la religión, es necesaria la ayuda de la revelación. El realismo
moderado de santo Tomás afirmó los grandes conceptos de su sistema en el
pensamiento, en oposición al realismo extremo, el cual los proponía como
independientes del pensamiento humano. No obstante, admitía una base para
los universales en las cosas existentes en oposición al nominalismo y
conceptualismo. En su filosofía de la política, a pesar de reconocer el valor
positivo de la sociedad humana, se propone justificar la perfecta racionalidad
de la subordinación del Estado a la Iglesia.
Santo Tomás primero sugirió su opinión madurada en De unitate intellectus
contra averroistas (1270). Esta obra volvió la tendencia contra sus oponentes,
quienes fueron censurados por la Iglesia.
Santo Tomás dejó París en 1272 y se fue a Nápoles, donde organizó una
nueva escuela dominica. En marzo de 1274, mientras viajaba para asistir al
Concilio de Lyon, al que había sido enviado por el papa Gregorio X, cayó
enfermo. Murió el 7 de marzo en el monasterio cisterciense de Fossanova.
Con más fortuna que ningún otro teólogo o filósofo, santo Tomás organizó el
conocimiento de su tiempo y lo puso al servicio de su fe. En su esfuerzo para
reconciliar fe con intelecto, creó una síntesis filosófica de las obras y
enseñanzas de Aristóteles y otros sabios clásicos: de san Agustín y otros
Padres de la Iglesia, de Averroes, Avicena, y otros eruditos islámicos, de
pensadores judíos como Maimónides y Solomon ben Yehuda ibn Gabirol, y de
sus predecesores en la tradición escolástica. Esta síntesis la llevó en la línea
de la Biblia y la doctrina católica.
El éxito de santo Tomás fue inmenso; su obra marca una de las escasas
grandes culminaciones en la historia de la filosofía. Después de él, los filósofos
occidentales sólo podían elegir entre seguirle con humildad o inclinarse hacia
alguna otra dirección diferente. En los siglos posteriores a su muerte, la
tendencia dominante y constante entre los pensadores católicos fue adoptar la
segunda alternativa. El interés en la filosofía tomista empezó a restablecerse,
sin embargo, hacia el final del siglo XIX. En la encíclica Aeterni Patris (Del
Padre eterno, 1879), el papa León XIII recomendaba que la filosofía de santo
Tomás fuera la base de la enseñanza en todas las escuelas católicas. El papa
Pío XII, en la encíclica Humani generis (1950), afirmaba que la filosofía tomista
es la guía más segura para la doctrina católica y desaprobaba toda desviación
de ella. El tomismo permanece como una escuela importante en el
pensamiento contemporáneo. Entre los pensadores, católicos y no católicos,
que han trabajado dentro del marco tomista, han estado los filósofos franceses
Jacques Maritain y Étienne Gilson.
Santo Tomás fue un autor prolífico en extremo, con cerca de 800 obras
atribuidas. Las dos más importantes son Summa contra Gentiles (1261-1264),
un estudio razonado con la intención de persuadir a los intelectuales
musulmanes de la verdad del cristianismo y la Summa theologica (1265-1273),
en tres partes (sobre Dios, la vida moral del hombre y Cristo), de la que la
última está inacabada.
BIBLIOGRAFIA
"Enciclopedia Microsoft Encarta 99".
GARCÍA M. Manuel; (1971). "Lecciones Preliminares de Filosofía." Editorial
Porrúa. 3ra edición. México D.F., México.
HIRSCHBERGER, J.; (1968). "Breve Historia de la Filosofía." Edittorial Herder.
2da edición. Barcelona, España.
MARÍAS, Julián; (1960). "Historia de la Filosofía." Ediciones Castilla. 12ª
edición. Madrid, España.
La Edad Media comienza con un acontecimiento histórico, la caída del Imperio
Romano, que en el siglo V. da fin a la Edad Antigua, y finaliza en el año 1453,
con la toma de Constatinopla por los turcos.
El Imperio de Occidente declinó debido a la disminución de su población, su
vitalidad económica y por el tamaño y la importancia de sus ciudades, siendo
afectado también por una masiva migración de pueblos que ya había
comenzado en el siglo III.
Estos nuevos pueblos, llamados bárbaros, formaron nuevos reinos que fueron
testigos de la fusión gradual de las tradiciones políticas y culturales de
bárbaros, cristianos y romanos.
El reino de más larga duración, el de los francos, fue la base de los estados
europeos posteriores. Carlomagno, el gobernante más destacado de la Edad
Media, surgió de este reino.
En la Edad Media, el saber filosófico tiene como fundamento al dogma, la
verdad revelada por la fe.
En la primera etapa de la edad media, siglo V., el teólogo cristiano, Agustín de
Hipona, (354-430), quien en su juventud había adoptado el Maniqueísmo; se
convirtió al cristianismo bajo la influencia de San Ambrosio, siendo nombrado
posteriormente obispo de Hipona, cargo que desempeñó hasta su muerte.
Su trabajo literario entre los que se destacan “Las confesiones”, meditación
autobiográfica sobre la gracia de Dios, “La ciudad de Dios”, tratado sobre la
naturaleza de la sociedad humana y el lugar del cristianismo en la historia, y
sus sermones y cartas, revelan la influencia del neolatonismo y mantienen un
debate con los defensores del maniqueísmo.
Sus visiones sobre la predestinación influyeron en teólogos posteriores,
particularmente en Juan Calvino.
En la segunda parte de la Edad Media, siglo XIII, Santo Tomás de Aquino,
(1224/5-1274), fue el más eminente filósofo y teólogo de la Iglesia Católica.
El gran logro de Aquino, fue integrar el rigor de la filosofía de Aristóteles al
pensamiento cristiano, así como los primeros padres de la Iglesia habían
integrado el pensamiento de Platón al cristianismo primitivo.
Santo Tomás estaba convencido que la razón era capaz de operar dentro de la
fe.
Los filósofos confían sólo en la razón mientras los teólogos aceptan la fe como
punto de partida, llegando posteriormente a una conclusión por medio de la
razón.
Ese punto de vista se prestaba a polémicas así como la creencia en el valor
religioso de la naturaleza y en que denigrar la perfección de la creación era lo
mismo que denigrar a su creador.
Para Santo Tomás, el alma humana es inmortal y una forma existente única; en
cuanto al conocimiento humano sostenía que se basa en la experiencia
sensorial, dependiendo también de la capacidad de reflexión de la mente.
Para él, todas las criaturas tienen una tendencia natural hacia Dios que puede
ser elevada a través de la gracia.
La filosofía de la edad media fue un movimiento teológico y filosófico,
denominado escolástico, que buscaba integrar el pensamiento secular del
mundo antiguo, como el de Aristóteles, con el dogma implícito en las
revelaciones del cristianismo.
Su meta era alcanzar una síntesis del saber con la teología, jerarquizando el
conocimiento.
Figuras principales de la escolástica fueron Pedro Abelardo, San Anselmo de
Canterbury, San Alberto Magno y Roger Bacon.
Este movimiento floreció, inspirado en los escritos de Santo Tomás de Aquino y
sentó las bases de muchos renacimientos posteriores con la influencia ejercida
por ejemplo, por los filósofos modernos como Jacques Maritain y el de Etienne
Gilson
Tabla de contenidos de Filosofía Medieval
1.Filosofía Medieval
2.Filosofía Medieval – Segunda Parte
La Filosofía se transforma cuando la verdad es el dogma
La Edad Media es el período histórico que abarca aproximadamente desde
finales del siglo V , con la caída del Imperio de Occidente; hasta el siglo XV,
con la toma de Constantinopla por los turcos.
Durante este período histórico la filosofía entró en una etapa oscura dominada
por el pensamiento filosófico basado en el dogma. No es una corriente
uniforme pero presenta características básicas en cuanto a su espíritu, método
y sistema.
Escolástica es la denominación que se le da a la filosofía que predominó en
Europa durante la Edad Media.
El espíritu de la Escolástica está profundamente unido a la religiosidad, por eso
el tema fundamental es la relación de la filosofía con la teología, priorizando
esta última y utilizando a la filosofía como fundamento y razón.
El método de los Escolásticos es la discusión de las proposiciones metafísicas,
teológicas, lógicas, etc., sobre la base del pensamiento de Aristóteles y de
Platón.
El sistema de esta doctrina se basa en una estructura racional que justifique el
milagro de la revelación y la tradición cristiana.
Por lo tanto, la escolástica es la filosofia cristiana medieval, que responde a las
necesidades de esa época y que se mantuvo viva en ciertos ámbitos culturales.
La Escolástica se divide en tres grandes etapas, la Preescolástica, desde fines
del siglo VII hasta el siglo XI; cuyas raíces se encuentran principalmente en
San Agustín; la Escolástica Temprana, desde fines del siglo XI hasta principios
del siglo XIII, cuya figura más destacada es Anselmo de Canterbury,
dominando esta época las luchas entre dialécticos y antidialécticos y la Alta
Escolástica, del siglo XIII, considerado el momento más brillante de la
Escolástica, con pensadores como Santo Tomás de Aquino y Duns Scoto;
siendo el factor condicionante de este período, la introducción del pensamiento
de Aristóteles.
Después de un período de decadencia encontramos nuevamente a partir del
siglo XIX, la Neoescolástica.
San Agustín (354-430) fue un teólogo cristiana nacido en el Norte de África
romana. En el año 387 se convirtió al Cristianismo y fue bautizado, bajo la
influencia de San Ambrosio.
Volvió a África con la intención de dedicarse a una vida contemplativa y en 396
fue nombrado obispo de Hipona.
Sus obras más conocidas son “Las confesiones”, que representa una
meditación autobiográfica sobre la gracia de Dios y “La Ciudad de Dios” acerca
de la naturaleza de la sociedad humana y el lugar del Cristianismo en la
historia.
Sus visiones sobre la predestinación influyeron en teólogos posteriores,
particularmente en Juan Calvino(1509-1564), figura prominente de la Reforma.
Santo Tomás de Aquino (1225-1274), filósofo y teólogo italiano, representa el
artífice de una metafísica capaz de explicar el mundo de acuerdo al
Cristianismo, cuya estructura principal es aristotélica en oposición al
Agustinismo y Platonismo dominante; y que aún se mantiene como la filosofía
tradicional del Catolicismo.
La originalidad del tomismo representó en su época la incorporación definitiva
de las ideas griegas al mundo cristiano. Aceptó como absolutamente verdadero
todo el contenido de la revelación, intentando llegar a probar con la razón
discursiva la existencia de Dios.
Establece un orden moral basado en la libre voluntad humana, capaz de
dirigirse hacia el Bien, que puede ser cognoscible intelectualmente.
La edición de la obra completa más cuidada es la Leonina, de la cual han
aparecido desde 1882, 16 volúmenes.
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