Autogenerado - Diario Judicial

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Poder Judicial de la Nación
CAMARA CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO FEDERAL
SALA III
Causa 55.033/2003, GAGARSKII FEDOR Y OTRO
ECONOMIA Y OTRO s/DAÑOS Y PERJUICIOS. CMP
En Buenos Aires, a los
5
c/
EN-PEN-M°
días del mes de junio de 2014,
reunidos en acuerdo los señores jueces de la Sala III de la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal, para resolver el recurso
interpuesto contra la sentencia de primera instancia dictada en los autos
“Gagarskii Fedor y otro c/ EN – PEN – Mº de Economía y otro s/ Daños y
perjuicios”, expte. 55033/2003, y planteado al efecto como tema para decidir si se
ajusta a derecho el fallo apelado, el Dr. Jorge Esteban Argento dijo:
I.
La sentencia de primera instancia de fs. 454/458 vta. rechazó
la demanda interpuesta por Fedor Gagarskii y Aleksei Gagarsi contra el Estado
Nacional – Poder Ejecutivo Nacional – Ministerio de Economía, que tenía por
objeto reclamar los daños y perjuicios que le habría provocado el denominado
“corralito financiero” que se impuso en nuestro país en el 2001, y cuya
indemnización cuantificaron en $ 570.000.
Cabe precisar que los daños alegados en la demanda son: (i) el
lucro cesante por la pérdida de un contrato de trabajo que los coactores debían
cumplir en enero de 2002, y no lo habrían hecho debido a que todos sus recursos
económicos quedaron inmovilizados en el banco; (ii) el daño moral por la muerte
de la Sra. Natalia Chapavalova, madre y esposa de los coactores, que habría sido
producto del cáncer que la situación de estrés y depresión por el “corralito
financiero” le generó a la mujer; (iii) el daño moral y psíquico que produjo en los
coactores la situación de estrés vivida.
Para rechazar la pretensión de los coactores, y luego de reseñar las
circunstancias de hecho y los criterios generales en torno a la responsabilidad del
Estado y su procedencia, el juez consideró que de las constancias de las
actuaciones surge que “los daños sufridos por los actores no fueron generados por
el accionar del estado nacional, sino por un una situación fortuita, que sin
perjuicio de ser considerada particular, pudo haber afectado a cualquier persona
en cualquier momento de su vida, teniendo en cuenta que el padecimiento pudo
haber ocurrido independientemente de las normas dictadas por el estado en una
situación de emergencia” (fs. 457). Agregó que ello era así “[m]áxime teniendo en
cuenta que si omitimos el dictado de las normas citadas, no es posible aseverar
que las patologías padecidas no se hubieran presentado con las consecuencias
sucedidas” (fs. 457 y vta.).
Por su parte, el juez señaló que “sin perjuicio de que se ha
demostrado en las actuaciones la existencia de los padecimientos de los actores,
constituido por la enfermedad (cáncer en la glándula mamaria izquierda,
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metástasis de los nódulos linfáticos de la región axilar izquierda, múltiples
metástasis en los huesos del esqueleto […]) y posterior deceso de la señora
Natalia Chapovalova (ver fs. 394) , como así también la enfermedad del co-actor
Fedor Gagarskii (con diagnóstico de Hiperplasia benigna. Prostatitis crónica – ver
fs. 315 de las actuaciones), no se demostró en las presentes actuaciones que los
padecimientos, hayan sido por una acción y/o negligencia atribuible a la
demandada. En efecto, si bien de la documentación y las pruebas producidas en la
presente causa resulta que, los demandado padecieron situaciones de enfermedad
y posterior deceso, no pudo aportar ninguna prueba útil que permita considerar,
que el hecho dañoso fue motivo de un accionar del demandado. Aquí vale precisar
que para poder considerar la imputación del supuesto perjuicio resulta
trascendente que se pruebe que el hecho dañoso invocado fue producto de un
accionar negligente, porque recién a partir de ello podría atribuirse al demandado
una conducta antijurídica, en cuanto a sus funciones” (fs. 457 vta.).
En juez concluyó que “en el presente caso la parte actora no
acreditó la existencia de una relación de causa efecto entre el hecho que se le
imputa y el daño producido; máxime teniendo en cuenta que ello es una condición
indispensable para que pueda atribuirse el deber de resarcir ese daño” (fs. 458).
Por ende, consideró “imposible configurar en la especie la existencia de un daño
imputándoselo a la aquí demandada para la procedencia del reclamo de los daños
reclamados” (fs. 458)
La sentencia impuso las costas en el orden causado, con el
argumento de que la actora pudo creer que le asistía un mejor derecho (art. 68,
segundo párrafo, del CPCCN).
II. La actora apeló esta sentencia a fs. 461, la que fue concedida a
fs. 462, y expresó agravios a fs. 472/475.
Sostiene que el a quo ha efectuado “una apreciación dogmática de
la situación, sin siquiera analizar una sola de las pruebas arrimadas a autos, que
acreditarían acabadamente la relación causa-efecto y más aún ni siquiera tuvo en
cuenta una prueba vital como ha sido la del Cuerpo Médico Forense y la de la
Academia de Medicina” (fs. 472 vta.).
Agrega que el juez no ha tenido en cuenta “los hechos concretos de
la causa así como su plexo probatorio no fue objeto de una especial ponderación
en la sentencia en crisis. Ni siquiera se puntualizó cuáles serían los elementos
convictivos —con suficiente eficacia probatoria— que descalifican la pretensión
la pretensión de mis representados” (fs. 472 vta.).
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Expresa que la sentencia “ni siquiera ha considerado o evaluado las
pruebas arrimadas a autos, para demostrar el nexo causal entre el accionar ilícito
del Estado Nacional, y la salud física de los actores” (fs. 473), agregando que de
la sentencia “no surge en qué se basa el a quo para decir que no existe nexo
causal” (fs. 473), por lo cual acusa a la sentencia de dogmática.
Sostiene que el juez “ni siquiera ha considerado que el accionar del
Estado ha sido ilícito en razón de la inconstitucionalidad de las normas dictadas,
puesto que, la sanción de una norma declarada inconstitucional configura un
supuesto de responsabilidad del Estado Nacional por accionar ilícito” (fs. 473).
Alega que está acreditado en autos con el expediente de amparo,
que “por normativa vigente al ser extranjeros con dinero traído por ellos, no
debían ser tratados de igual manera que el ahorrista argentino, sin embargo el
Poder Judicial no lo entendió así y aplicó las mismas normas a los aquí actores”
(fs. 473 vta. y 474). Agrega que a consecuencia de ello no tenían acceso a sus
ahorros para poder vivir, apenas entendían el castellano, se encontraban
impedidos de acceder a su patrimonio y por ende de regresar a su país de origen, y
debieron salir a pedir prestado a vecinos “como méndigos” (fs. 474). Añade que si
a eso se suma que han perdido su trabajo en razón de no estar presente el día del
embarque “no cabe ninguna duda que la situación de stress que provocó ello caló
hondo en la salud de la Sra. Natalia Chapovalova” (fs. 474). Sostiene que esa
situación “ha generado la afección psíquica de la mencionada, dada la violación
de su derecho de propiedad y de su tranquilidad de espíritu ante la incertidumbre
del futuro. Es que, apareciendo concatenados en una única afección, la afectación
de la tranquilidad del espíritu —daño moral— y el equilibrio emocional —daño
psíquico— del conculcados por la decisión estatal, se generó una enfermedad que
a la luz de lo expresado por el cuerpo médico forense y por la Academia de
Medicina una enfermedad mortal que al producir en poco tiempo una gran
metástasis causó la muerte de la mencionada Natalia y ello debe ser resarcido por
el Estado Nacional” (fs. 474).
Por su parte, se agravia de la sentencia en cuanto consideró que la
situación de los actores se trató de una situación fortuita. Al respecto, sostiene que
ello es una especulación dogmática. Agrega que esa interpretación carece de
razonabilidad jurídica dado que “el inferior reconoce que los actores perdieron el
trabajo que cuando dispusieron de una parte de los fondos procedieron a irse del
país, pero la llegada tardía produjo la pérdida de la fuente laboral” (fs. 474 vta.).
Por último, dice que el juez no ha tenido en cuenta que “se ha
acreditado por parte del informe de la Dirección de Inmigraciones de perfecto
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estado de salud que poseían mis mandantes y la mencionada Natalia, y que
conjugado con el stress, producto de las medidas tomadas por el Estado,
colocaron a los mismos en una situación extrema, donde al decir de los
facultativos médicos que el haber sufrido un factor estresante este haya influido
en su desarrollo y evolución (respuesta a pregunta 6 del informe médico) para
agregar en su pregunta 7 que no puede negársele trascendencia al evento sufrido
por Natalia” (fs. 474 vta. y 475).
IV.
Corresponde de forma preliminar recordar que los jueces no
están obligados a analizar todas y cada una de las argumentaciones de las partes,
sino tan sólo aquéllas que sean conducentes y posean relevancia para decidir el
caso y que basten para dar sustento a un pronunciamiento válido (cfr. Fallos:
258:304; 262:222; 265:301; 272:225; 278:271; 291:390; 297:140; 301:970, entre
otros).
V.
Ingresando en el análisis de las cuestiones traídas a
conocimiento, cabe señalar que, en sustancia, se encuentra en discusión en estos
autos el nexo de causalidad entre un acto estatal y los daños que habrían sufrido
los actores, como requisito para la procedencia de la responsabilidad del Estado.
VI.
En ese marco, en primer término corresponde precisar que,
a diferencia de lo que sostiene la actora, de la demanda y de las constancias de
autos surge que ésta causa se trata de un supuesto de responsabilidad
extracontractual del Estado por su actividad lícita. En efecto, el acto estatal que la
actora acusa que le habría generado un daño, se trata del denominado “corralito
financiero” instaurado por el decreto 214/02 y el decreto de necesidad y urgencia
1570/01, cuya constitucionalidad la parte demandante cuestionó en la causa
“Gagarskii, Fedor y otros c/ Poder Ejecutivo Nacional y otros s/ amparo”,
expediente 20.567/02, que se inició ante el Juzgado de Primera Instancia en lo
Contencioso Administrativo Federal 10 el 19 de febrero de 2002 (cfr. fs. 15 vta.
del citado expediente) y que se encuentra agregado con carácter probatorio a éstos
autos. De la mencionado expediente surge que en su sentencia obrante a fs.
493/495, la Corte Suprema de Justicia de la Nación remitiendo al precedente
“Massa, Juan Agustín c/ Poder Ejecutivo Nacional – dto. 1570/01 y otro s/
amparo ley 16.893”, causa M.2771.XLI., revocó la sentencia de éste Tribunal de
fs. 393 y vta. que, al confirmar el fallo de primera instancia, había declarado la
inconstitucionalidad del denominado “corralito financiero”.
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En consonancia con lo decidido en ese caso concreto, con
posterioridad ésta Cámara ha señalado que en la causa “Massa” la Corte Suprema
de Justicia se pronunció -con carácter general- por la constitucionalidad del
régimen instaurado tras la declaración de la emergencia por ley 25.561, con
relación a los depósitos en entidades financieras (cfr. Sala IV, "Gutiérrez Roberto
Ricardo c/ PEN - Ley 25.561 – Dtos. 1.570/01 214/02 (Nación) s/ proceso de
conocimiento ley 25.561", 19.706/02, sentencia del 21/08/07). En igual sentido, se
ha pronunciado la doctrina (cfr. Galdós, Jorge Mario, “El caso ‘Massa’ y la
responsabilidad del Estado por daños”, Sup. Esp. La emergencia y el caso Massa
2007 (febrero), Responsabilidad Civil, Doctrinas Esenciales, Tomo IV, 1225).
En síntesis, según el resultado del mencionado expediente
20.567/02, la actora no resultó victoriosa en su pretensión de que se declare la
inconstitucionalidad del plexo normativo que había inmovilizado sus depósitos
bancarios, por lo cual, descartada la ilegitimidad del actuar estatal, corresponde
encuadrar la causa como un supuesto de responsabilidad del Estado por su
actividad lícita, según lo solicitado en forma supletoria en la demanda (fs. 39 y
siguientes).
Cabe recordar, entonces, que respecto a esta especie de
responsabilidad la Corte Suprema de Justicia tiene dicho que “la doctrina y la
jurisprudencia, ante la ausencia de expresas disposiciones legales, han modelado
la responsabilidad del Estado por actos lícitos como un modo de preservar
adecuadamente las garantías constitucionales de la propiedad y la igualdad
jurídica”, y ha agregado que “cuando esa actividad lícita, aunque inspirada en
propósitos de interés colectivo, se constituye en causa eficiente de un perjuicio
para los particulares —cuyo derecho se sacrifica por aquel interés general— esos
daños deben ser atendidos (Fallos: 301:403; 305:321; 306:1409; 312:1656). De tal
manera, a la vez que se asegura a las ramas legislativa y ejecutiva la gerencia
discrecional del bien común, se tutelan adecuadamente los derechos de quienes
sufren algún perjuicio con motivo de medidas políticas, económicas o de otro
tipo, ordenadas para cumplir objetivos gubernamentales que integran su zona de
reserva (Fallos:301:403)” (CSJN, Balda, Miguel Angel c/ Buenos Aires, Provincia
de s/ daños y perjuicios Fallos 318:1990 [1995]).
También ha dicho que “el fundamento de la obligación del Estado
de resarcir ciertos daños que guarden relación de causalidad con el ejercicio
regular de sus poderes propios se halla, en última instancia, en el beneficio que
toda la comunidad recibe de las acciones que el Estado promueve por el interés
general y cuyas consecuencias eventualmente dañosas no es justo que sean
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soportadas exclusivamente por un individuo o grupo limitado -más allá de un
límite razonable- sino que deben redistribuirse en toda la comunidad a fin de
restablecer la garantía consagrada en el art. 16 de la Constitución Nacional”
(CSJN, Azzetti, Eduardo Narciso c/ la Nación - Estado Mayor General del
Ejercito s/ accidente en el ámbito militar y f. seguridad, Fallos 321:3363 [1998]).
Resulta necesario puntualizar, conforme lo ha sistematizado la
jurisprudencia, que la responsabilidad extracontractual del Estado por su actividad
lícita requiere para su reconocimiento que se acrediten los siguientes requisitos:
(i) la existencia de un daño cierto; (ii) la relación de causalidad entre el accionar
del Estado y el perjuicio; (iii) la posibilidad de imputar jurídicamente esos daños a
la demandada; (iv) la existencia de un sacrificio especial en el afectado; (v) la
ausencia de un deber jurídico a su cargo de soportar el daño (cfr.
CSJN,
Tejedurías Magallanes S.A. c/ Administración Nacional de Aduanas, Fallos
312:1656 [1989] y Columbia S.A. de Ahorro y Préstamo para la Vivienda c/
Banco Central de la República Argentina, Fallos 315:1026 [1992]). Por lo demás,
el Máximo Tribunal también ha dicho que el presupuesto de todo análisis sobre la
aplicación de la doctrina de la responsabilidad del Estado por su actuar legítimo,
consiste en que dicho actuar haya producido una lesión a una “situación
jurídicamente protegida” (in re, Revestek S.A. c/ Banco Central de la República
Argentina y otro, Fallos 318:1531 [1995]).
En la presente causa, el juez tuvo acreditado, en general, la
existencia del daño por parte de los demandantes, por lo cual corresponde analizar
si se encuentra acreditado el requisito de la relación de causalidad que se
encuentra discutido en autos.
Para ello, respecto a la relación de causalidad y a los daños que se
pueden reconocer, resulta necesario recordar que en éste supuesto de
responsabilidad no basta la mera acreditación de la existencia de nexo causal
suficiente entre la actividad legítima de los órganos estatales y los perjuicios de
cualquier orden que experimentasen los particulares, para suscitar la obligación de
indemnizarlos. En efecto, la lesión de derechos particulares susceptibles de
indemnización no comprende los daños que sean consecuencias normales y
necesarias de la actividad lícita desarrollada, puesto que las normas que legitiman
la actividad estatal productora de tales daños importan limitaciones de carácter
general al ejercicio de todos los derechos individuales singularmente afectados
por dicha actividad. Por ello, ésta especie de responsabilidad sólo comprende los
perjuicios que constituyen consecuencias anormales, vale decir, que van más allá
de lo que es razonable admitir en materia de limitaciones al ejercicio de derechos
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significan para el titular un verdadero sacrificio desigual, que no tiene la
obligación de tolerar (cfr. CSJN, Pistone, Ciro Alberto c/Estado Nacional s/daños
y perjuicios, Fallos 330:2464 [2007], y recientemente en Ma1ma Trading S.R.L.
c/ Estado Nacional - Ministerio de Economía y Obr. y Serv. Publ. s/ proceso de
conocimiento, causa M. 1378. XLVII, sentencia del 15/05/2014).
También se ha dicho que la relación de causalidad debe ser “directa
e inmediata” entre el accionar del Estado y el perjuicio (CSJN, Sociedad Anónima
Azucarera Argentina Comercial e Industrial c/ Estado Nacional (Ministerio de
Economía) s/ proceso de conocimiento, causa S. 152. XXXII, sentencia del
10/12/1997). Incluso, el Máximo Tribunal ha dicho respecto a éste requisito que
el reconocimiento del carácter objetivo de la responsabilidad estatal por actividad
lícita no es óbice para que resulte necesario acreditar “la existencia de una
relación directa, inmediata y exclusiva, de causa a efecto, entre la conducta
impugnada y el perjuicio cuya reparación se persigue, sin intervención extraña
que pudiera influir en el nexo causal” (CSJN, Ledesma SA. Agrícola Industrial c/
Est. Nac. (M°. de Economía) s/ nulidad de resolución, Fallos 312:2022 [1989]),
criterio que prima en pronunciamientos más recientes (CSJN, El Jacarandá S.A.
c/ Estado Nacional s/ juicios de conocimiento, Fallos 328:2654 [2005], y
Distribuidora Química S.A. c/ Estado Nacional s/acción declarativa, causa D.
439. XXXIII, sentencia del 24/05/2011).
Además, constituye un criterio de que los jueces deben actuar con
suma prudencia cuando se trata de resarcir daños causados por actos estatales
dispuestos por razones de interés general, verificando si tales daños efectivamente
se han producido y son una consecuencia directa e inmediata del obrar del Estado
(doctrina de CSJN, El Jacarandá S.A. c/ Estado Nacional s/ juicios de
conocimiento, Fallos 328:2654 [2005]).
VII.
Sentado lo que antecede, se advierte que en su expresión de
agravios la parte actora acusa al juez de no valorar en su sentencia la prueba
producida, pero sólo mínimamente se refiere a qué elementos probatorios
acreditan los hechos que invocó en su demanda. En efecto, la actora parecer
entender equivocadamente que correspondía al juez fundamentar que no existe
nexo causal, siendo que en virtud del artículo 377 del Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación, es la demandante la que debe tiene la carga de acreditar,
en éste caso, los requisitos para la procedencia de la responsabilidad del Estado
por su actividad lícita resumidos en el apartado anterior.
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En ese estado de cosas, si bien el apelante sostiene, por caso, que
“el a quo no ha tenido en cuenta hechos concretos de la causa así como su plexo
probatorio no fue objeto de una especial ponderación” (fs. 472 vta.), o que el juez
“ni siquiera ha considerado o evaluado las pruebas arrimadas a autos, para
demostrar el nexo causal (…)” (fs. 473), ellas sólo constituyen expresiones
genéricas que no resultan suficientes para considerarlos agravios como es
requerido. En efecto, para constituir una crítica concreta y razonada a la sentencia
de primera instancia, el apelante debió haber indicado y analizado cuáles son las
pruebas producidas en la causa que acreditan sus pretensiones, en especial, el
nexo de causalidad entre el “corralito financiero” y los daños reclamados, con las
características de que, como mínimo, ese vínculo sea “directo e inmediato”. Sin
perjuicio de lo expuesto, del cotejo de la expresión de agravios y las constancias
de la causa, cabe señalar que:
1) Según las constancias de la Agencia Marítima Golden Marvel
of Ukraine, está acreditado en autos que Fedor Gagarskii debía presentarse a la
nave para el trabajo en el cargo de mecánico principal, según un contrato de
duración de nueve meses desde el 5 de enero de 2002, que “él no pudo
presentarse al bordo de la nave en el plazo fijado” y que “a ésta causa el contrato
no se concluyó” (fs. 242). Lo mismo certifica dicha compañía en iguales términos
respecto a Aleksey Gagarskii, para el trabajo en el cargo de segundo de a bordo,
por un contrato de nueve meses, desde el 10 de enero de 2002 (fs. 309). Lo cierto
es que en el certificado no consta en qué país debían abordar la nave, pero sobre
todo las fechas resultan incongruentes con los hechos de la actora expuestos en su
demanda donde dijo: “en febrero…debieron acudir a la justicia para lograr la
liberación de sus fondos, ya que se acercaba la fecha de regresar a Europa a los
fines de retomar la actividad laboral…” (fs. 33/34 vta.) y en el expediente
20.567/02 en el que sostuvieron que “al llegar a Buenos Aires, ya teníamos
previsto volver a Ucrania con fecha 3-3-02 tal como surge de los pasajes que en
fotocopia en este acto se acompaña, para poder retornar a mi trabajo, pero se
complica ahora tal posibilidad” (fs. 3 vta. y 4).
Aun dejando de lado la falta de claridad en torno al modo y tiempo
en que debían cumplir los contratos, no se encuentra acreditado por los citados
certificados ni por otra prueba en el expediente, que para cumplirlos y embarcase
los actores debían disponer de dinero que no poseían al momento de adoptarse el
“corralito financiero”, siendo sus únicos fondos los que se encontraban en el
Banco, lo que de alguna manera permitiría vincular el acto estatal legítimo con el
daño. Cobra relevancia que la situación de mendicidad invocada en que se habrían
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encontrado la familia Gagarskii, así como el contexto socio económico que
vivieron en ese momento, no fue objeto de prueba alguna. Desde otro enfoque, no
está probado que únicamente si la parte actora hubiese podido disponer de los
fondos sujetos al “corralito financiero”, podría haber cumplido el contrato, siendo
que, como ya se dijo, se requiere que el daño sea una consecuencia directa e
inmediata de la medida estatal, apreciando dicha relación con criterio restrictivo.
Por lo demás, aunque se acredite tal extremo, las circunstancias de
la causa tampoco permiten inferir que los actores hayan sufrido un daño
diferenciado o desigual al que padeció el resto la población por la medida estatal
—declarada legítima— adoptada en el marco de una crisis económica que
padeció el país.
2) En relación al fallecimiento de la Sra. Natalia Chapovalova, la
recurrente cita a su favor como prueba del vínculo de causalidad entre el estrés
padecido como consecuencia de la situación generada por el “corralito financiero”
y la muerte, el informe del Médico Forense y de la Academia Nacional de
Medicina.
Vale decir que en relación al informe del Médico Forense obrante a
fs. 171/175, del mismo se extrae que ante la pregunta 3: “¿qué relación puede
establecerse entre desarrollo de un tumor maligno mamario y una circunstancia o
evento vital traumático generador de estrés?”; la respuesta del galeno fue “en
principio ninguno”, sin perjuicio de lo cual agregó que existen trabajos
académicos relacionados al respecto, los que referenció, pero que claramente no
modifican la respuesta brindada en primer término. También, ante la pregunta 4
¿qué factores de riesgo pueden definirse frente a una enfermedad maligna?, el
médico contestó: “la edad, la raza, el sexo, la exposición a substancias químicas,
radiaciones, factores genéticos, alternaciones hormonales, tabaco, factores
nutricionales, manifestaciones de alteración inmunológicas (HIV SIDA) herencia,
constituyen elementos que en mayor o menor grado se relacionan con la aparición
de procesos oncológicos”. Esas respuestas deben tenerse en cuenta para evaluar
las esbozadas ante la pregunta 6 y 7 del informe, en el que el médico dice que “es
posible” o que “no puede negarse” que un evento estresante como el de autos
tenga incidencia en el desarrollo y evolución del cáncer mamario. Pero también, y
en relación al invocado perfecto estado de salud de la Sra. Chapovalova, que ante
la pregunta 10 de si el médico de la Dirección Nacional de Migraciones debió
detectar el cáncer de mamas de la Sra. Natalia con la revisión médica efectuada,
el galeno contesto: “si la patología tiene una manifestación clínica seguramente sí.
Pero si la patología está en una etapa subclínica es decir en ciernes, se hace muy
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difícil su diagnóstico salvo que se encuentre con equipos especialmente
entrenados en la pesquisa subclínica y elementos ad hoc que contribuyan a su
diagnóstico”, agregando que “esta situación es prácticamente imposible en un
organigrama como la Dirección General de Migraciones”.
Por su parte, el informe de la Academia Nacional de Medicina de
Buenos Aires obrante a fs. 135/136 no aporta elementos que permitan sustentar la
postura de la parte actora. En efecto, dicha institución expresa que en humanos
“las investigaciones que vinculan las variables psicológicas con la iniciación del
cáncer y agravamiento son inconsistentes, y que no está comprobado el papel del
sistema inmune en la mediación de cualquier efecto psicológico en la evolución
de las enfermedades”.
Si nos atenemos a las pruebas brindadas en la causa, se puede
extraer en primer término, que no existe una relación certera de causa/efecto entre
una situación de estrés y el cáncer que ello pueda generar en una persona, y en
éste punto es tajante la respuesta a la pregunta 3 del Médico Forense. En segundo
término, y según el citado Médico, que hay una serie de factores (edad, sexo,
alternaciones hormonales, tabaco, factores nutricionales, etc.) que se relacionan
con la aparición de procesos oncológicos.
Pero es importante aclarar que no es esa relación en términos
genéricos lo que se encuentra en discusión en autos, sino si el “corralito
financiero” que afectó a la familia Gagarskii produjo en la Sra. Natalia
Chapovalova una situación de estrés y depresión que le ocasionó cáncer, que
luego devino en su muerte. Es decir, si la citada medida estatal legítima, fue la
causa eficiente directa, inmediata y exclusiva que ocasionó el cáncer y la muerte
de la Sra. Chapovalova.
Es así que tal como está planteada la cuestión, y de acuerdo a las
constancias de la causa, la pretensión no puede prosperar, toda vez que: (i)
ninguna prueba idónea se ha producido para acreditar que la Sra. Chapovalova
padeció una situación de estrés y depresión, y, a su vez, que ello fue ocasionado
por el “corralito financiero”; en efecto, tal como ya se dijo, no se ha acreditado el
contexto socio-económico en que se vio inmersa la familia Gagarskii luego del
dictado de la medida estatal; (ii) en relación a ello, aunque se hubiere dado esa
situación, tampoco se demostró que ella haya sido la causa eficiente que ocasionó
el cáncer, y a su vez la muerte, es decir, desde otro punto de vista, que no existió
otro episodio que pudo haber incidido en la enfermedad de la víctima; (iIi) no se
ha demostrado la relevancia o incidencia que otros factores en la Sra.
Chapovalova como su edad, la raza, el sexo, la genética, las alternaciones
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hormonales, el tabaco, el estado nutricional, etc. pudieron haber tenido en la
enfermedad.
Esos extremos serían los que, como mínimo, se debería acreditar
para que se pueda empezar a evaluar la responsabilidad del Estado por su
actividad lícita. Es que si los informes de los expertos ya dan cuenta que no existe
una relación directa de causa/efecto entre la situación de estrés y la aparición del
cáncer, más difícil resulta admitir sin verificar la incidencia de múltiples factores
—como podría ser otras causas o las características de la víctima— que sea una
medida estatal como el corralito financiero la que ocasionó la enfermedad, pues
esa causa debería ser, en criterio de la Corte Suprema de Justicia, directa,
inmediata y exclusiva. En éstas actuaciones, y en el mejor de los casos, no está
probado que el corralito financiero haya sido siquiera la causa directa e inmediata
del daño.
A mayor abundamiento, reafirman la conclusión a la que se arriba
dos elementos probatorios. Primero, el informe del Instituto Nacional del Cáncer
dependiente del Ministerio de Salud de Ucrania, obrante a fs. 336, según el cual la
Sra. Chapovalova estuvo internada allí desde el 29/02/2002 hasta el 14/09/2002,
es decir, al poco tiempo de que se habían iniciado las medidas de restricción a los
depósitos bancarios en Argentina, lo que además da cuenta que la mujer viajó y se
trató su enfermedad en Ucrania. Segundo, que según el Médico Forense, la
Dirección Nacional de Migraciones pudo no detectar la enfermedad en la Sra.
Chapovalova al ingresar al país, si la misma se encontraba en una etapa
subclínica, toda vez que el diagnóstico es muy difícil de realizar para el
organismo público. En síntesis, la descripta situación y hechos anteriores y
posteriores a la adopción de la citada medida económica por parte del Estado
Nacional, siembran importantes dudas sobre la responsabilidad concreta que en
definitiva pudo haber tenido la medida estatal en la producción del daño, lo que
conlleva a descartar el deber de responder, pues la relación debe ser directa,
inmediata y exclusiva.
3)
En relación al daño moral y psíquico, caben las mismas
consideraciones en torno a la orfandad probatoria y la falta de acreditación del
nexo de causalidad. Sin perjuicio de lo expuesto, es del caso poner de resalto que
según consta en el expediente 20.567/2002 citado, los actores iniciaron la
demanda de amparo con medida cautelar que dio origen a esas actuaciones el
19/02/2002 (cfr. sello fechado de fs. 15 vta.), el 28/02/2002 la juez de primera
instancia hizo lugar parcialmente a la medida cautelar, ordenando al Banco que
abone el 50% del depósito retenido (cfr. fs. 72/73), lo que se hizo efectivo el
Poder Judicial de la Nación
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Causa 55.033/2003, GAGARSKII FEDOR Y OTRO
ECONOMIA Y OTRO s/DAÑOS Y PERJUICIOS. CMP
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19/03/2002 (cfr. fs. 144). Es decir, a un mes de haber iniciado la demanda, los
actores obtuvieron por parte del Poder Judicial de la Nación la orden de que se le
restituyan la mitad de sus depósitos, la cual fue cumplida, abonándosele el resto
con posterioridad. Dicha circunstancia —el escaso tiempo en que a los actores se
les restituyó la mitad de sus depósitos— y el hecho que el país se encontraba
inmerso en una crisis económica, declarada por ley 25.561 y reconocida por el
Máximo Tribunal en precedentes como “Bustos” (Fallos 327:4495), conducen a
desechar una reparación en concepto de daño moral a cargo del Estado, pues si
bien es posible presumir que la familia Gagarskii sufrió molestias, percances y
angustias por el “corralito financiero”, ellas no son distintas —o no se ha probado
que lo sean— a las que padecieron los habitantes del país que poseían depósitos
bancarios por la medida adoptada, y que en definitiva tuvo por objeto conjurar la
situación de crisis económica, social, financiera y cambiaria que afectó a toda la
población en su conjunto. Es que, como lo sostuvo la Corte Suprema de Justicia
en Fallos 327:4495, “de la crisis de 2001 nadie ha salido indemne”.
4)
Por las razones expuestas, considero que se debe rechazar el
recurso de apelación de la parte actora y confirmar la sentencia de primera
instancia.
VIII. En relación a las costas, atento a la complejidad de la
cuestión y considerando que la actora pudo creerse con derecho a demandar como
lo hizo, entiendo que corresponde imponerlas en el orden causado en ambas
instancias (art. 68, segundo párrafo, del CPCCN).
Por las razones expuestas, voto por rechazar el recurso de
apelación de la parte actora, y confirmar la sentencia de primera instancia en
todas sus partes. Las costas ante ésta instancia se imponen en el orden causado
(art. 68, segundo párrafo, del CPCCN).
Los Dres. Carlos Manuel Grecco y Sergio Gustavo Fernández
adhieren al voto precedente.
En atención al resultado que informa el acuerdo que antecede, se
RESUELVE: rechazar el recurso de apelación de la parte actora, y confirmar la
sentencia de primera instancia en todas sus partes. Las costas ante ésta instancia
se imponen en el orden causado (art. 68, segundo párrafo, del CPCCN).
Poder Judicial de la Nación
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Regístrese, notifíquese y devuélvase.
JORGE ESTEBAN ARGENTO
CARLOS MANUEL GRECCO
SERGIO G. FERNÁNDEZ
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