La Economia Veracruzana. Ultimos años del siglo XX e inicios del

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LA ECONOMÍA VERACRUZANA.
ULTIMOS AÑOS DEL SIGLO XX. PRIMEROS AÑOS DEL SIGLO XXI
HILARIO BARCELATA CHÁVEZ
Facultad de Economía. Universidad Veracruzana
[email protected]
Doctor en Finanzas Públicas. Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la
Universidad Veracruzana. Articulista de análisis económico en medios impresos y en
programas de radio y televisión. Ha recibido el Premio Nacional de Periodismo en 1997 y
en 1999, y el Premio Estatal de Periodismo en 2000, 2003, 2007 y 2009. Es autor de más de
20 libros sobre Economía y Finanzas públicas.
Introducción
Este trabajo tiene como propósito presentar un análisis de la evolución de la economía
veracruzana y de la compleja problemática que se ha ido conformado a lo largo de las
últimas décadas del siglo XX y las primeras del siglo XXI, en donde destaca el
estancamiento económico estructural derivado de la baja competitividad de la estructura
productiva escasamente diversificada y dominada por formas arcaicas y obsoletas de
producción y de organización.
En su evolución histórica, esta estructura económica ha sido incapaz de propiciar una
modernización integral capaz de favorecer el progreso generalizado y evitar el deterioro de
su capacidad productiva, conduciendo a una pérdida de la importante presencia nacional
que tenía el estado en casi todas las actividades económicas a nivel nacional.
El desarrollo desigual
La dinámica de la actividad económica en Veracruz durante el siglo XX propició un
acelerado proceso de desarrollo económico, sobre todo a partir de la década de los cuarenta
en que se inicia una rápida industrialización y una fuerte expansión de la producción
agrícola.
El progreso, sin embargo, no se distribuyó de manera homogénea a lo largo de todo el
territorio estatal, por lo contrario, generó un fuerte patrón de concentración geográfica,
1
debido a la carencia de mecanismos capaces de redistribuir regionalmente los beneficios del
desarrollo. A mayor concentración geográfica de la producción correspondió una mayor
concentración geográfica de los beneficios. De esta manera se conformó un patrón de
desarrollo desigual en el que mientras unas regiones se desarrollaban, otras permanecieron
en el atraso, ampliándose, con el tiempo, la diferencia entre ellas.
Este desarrollo desigual fue alimentado principalmente por tres factores:
1.- La propia dinámica del crecimiento económico que requería para su reproducción
ampliada, un esquema de concentración geográfica de la producción, lo cual significa
concentrar espacialmente la inversión como mecanismo fundamental para generar un nivel
elevado de ganancias.
2.- La concentración de la población, que se convirtió en una fuerte presión para los
gobiernos que tuvieron que atender las crecientes necesidades, lo que propició el desarrollo
de la infraestructura en general y la urbana en particular.
2.- La política económica implementada por los gobiernos estatales al privilegiar con
estímulos e inversión pública a aquellas regiones de mayor dinámica productiva, para
inducir ahí la localización de proyectos de inversión privada, ya que de ese modo las
políticas de fomento serían más rentables. De aquí, entonces, que la política económica se
haya movido bajo principios de eficiencia y rentabilidad económica en detrimento de una
distribución más equilibrada e igualitaria del desarrollo regional.
En el análisis de esta estructura económica concentrada, desigual y desequilibrada, y su
dinámica, destacan tres importantes fenómenos que han caracterizado de modo particular la
economía veracruzana:
A) La existencia de un proceso combinado de pulverización-concentración de la población
en zonas rurales-urbanas que han obstaculizado el desarrollo. Al inicio del Siglo XXI,
Veracruz era todavía un estado eminentemente rural, ya que de un total de 21,514
localidades, el 99.39% de éstas era de tipo rural, ámbito donde se asentaba el 43.8% de la
población total. En contraste, sólo el 0.61%, de las localidades eran de tipo urbano, aunque
ahí se localizaba el 56.2% de la población total. Esto habla de dos grandes problemas:
a) una profunda pulverización de la población en un elevado número de pequeñas
localidades, lo que dificulta la dotación de servicios y su integración al desarrollo;
2
b) una aguda concentración de la población en un número muy reducido de localidades
de mayor tamaño, lo que representa una enorme demanda de recursos público y
privados para garantiza niveles adecuados de bienestar de la población.
B) Las actividades económicas de mayor productividad tenían un carácter eminentemente
urbano y las empresas dedicadas a esas actividades estaban excesivamente concentradas en
un reducido número de municipios, lo que propició desigualdad económica y atraso social.
Del total de unidades económicas (exceptuando las unidades productivas agropecuarias y
de transportes y comunicaciones), el 50.9% se concentraba en 11 municipios: VeracruzBoca del Río, Xalapa, Poza Rica, Coatzacoalcos, Córdoba, Orizaba, Minatitlán, Tuxpan,
Martínez de la Torre e Ixtaczoquitlán. Dichas unidades daban ocupación al 59.6% de la
población ocupada. Esto significa que más de la mitad de las unidades económicas
existentes se concentraban en el 5.2% del total de los municipios, y que más de la mitad del
total de la fuerza de trabajo ocupada en esas unidades económicas se ubicaba en ese mismo
porcentaje de municipios.
De particular importancia es observar que esos 11 municipios basaban su dinámica
económica en actividades no agropecuarias y con una muy reducida proporción de
población ocupada en ese sector, comparado con el resto de los municipios: Orizaba tenía
1.7% del total de su población ocupada en el sector agropecuario, Poza Rica 1.9%,
Veracruz 2%, Xalapa 4.3%, Córdoba 10.5%, Minatitlán 20.7%, Tuxpan 25.8%, Martínez
de la Torre 39.4% y Papantla el 48.9%.
Como se puede apreciar, existe una conexión entre nivel de desarrollo y tipo de actividades
económicas prevalecientes en cada municipio. Esto significa que el desarrollo en Veracruz
ha sido un fenómeno predominantemente urbano y tiene como origen la mayor
diversificación económica existente en estos municipios; es decir, la mayor diversificación
de la economía municipal, el menor peso del sector agropecuario y la mayor presencia de la
industria, la minería (el petróleo en particular) y el comercio, se identifican con un
escenario de mayor desarrollo relativo, con una economía más dinámica, mejores
condiciones para la expansión productiva y mayor nivel de satisfacción de las necesidades
de la población, lo cual es consecuencia de las formas de organización que adopta la
producción en estos sectores, pero también, de las condiciones de orden político e
institucional que han favorecido la dinámica productiva en dichos sectores.
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C) El atraso económico ha sido, de manera muy marcada, un fenómeno rural. A fines del
siglo XX 68% del total de los municipios del estado concentraba más de 50% de su
población ocupada en el sector agropecuario; aunque en algunos casos este porcentaje
llegaba a más de 60% (13% de los municipios). En otros sobrepasaba 70% (21% del total)
y en los casos más extremos llegaba a más de 80 y hasta 93% del total de la población
ocupada (22% del total de municipios). Este predominio agropecuario es evidencia de un
patrón productivo muy escasamente diversificado en una amplia mayoría de los municipios
y expresa el predominio de actividades que se caracterizan, esencialmente por un profundo
atraso en la forma en que se organiza la producción, pero también por condicionantes de
carácter político e institucional que casi siempre han actuado en su contra. Esto ha
configurado un panorama de baja productividad e ineficiencia que les ha obligado a
mantenerse en un nivel de subsistencia.
4
Lo anterior se debe a que estas actividades se realizaban en condiciones inadecuadas
porque los productores carecían de tecnología, conocimientos, apoyo técnico, recursos
económicos propios y apoyos financieros de instituciones públicas o privadas para mejorar
la producción. En este sentido, se puede decir que la pobreza ha sido producto de la
precariedad con la que se ha llevado a cabo la producción agropecuaria, a la que contribuye
el hecho de que una gran proporción de unidades en este sector carecía de una integración
comercial adecuada y se encontraban desvinculadas de la lógica de funcionamiento de la
economía capitalista, es decir, no tenían relación con el mercado o era inadecuada o
temporal, por lo que estaban dominadas por una lógica de producción doméstica más que
por una lógica comercial.
La pobreza rural también ha estado relacionada con el tipo de propiedad de la tierra. Aquí
hay que destacar la estrecha correspondencia que ha existido entre los elevados niveles de
pobreza y la presencia de tierras de propiedad ejidal o comunal, relación que expresa una
profunda problemática dado que la superficie ejidal constituye una amplia proporción de las
tierras productivas del estado. A fines del siglo XX, el 39% del total de la superficie
territorial estatal era propiedad de tipo ejidal o comunal y se repartía entre 3,337 ejidos y
comunidades. La actividad más importante a la que se dedicaban estas tierras era la
agricultura, que concentraba el 45.9% del total de la superficie ejidal, y la ganadería, a la
que se destinaba el 40.4%. Un rasgo característico de estas tierras es que casi en su
totalidad eran de temporal (94.4%), mientras que el restante 5.6% eran tierras de riego.
Los niveles de pobreza están relacionados también con el tipo de cultivo y el grado de
diversificación de la producción agropecuaria. Particularmente, los ejidos mostraban una
marcada tendencia al monocultivo, a ello se debe su alta vulnerabilidad económica. Los
cultivos ejidales más importantes eran: el maíz, que se cultivaba en 64.8% del total de los
ejidos, la caña de azúcar en 13.3%, el café en 8.4% y la naranja en 5.5% del total. La
importancia del cultivo del maíz era más grande considerando su participación en el ámbito
municipal: en 35% de los municipios, 80% o más de las tierras ejidales se dedicaban a este
cultivo, en cambio, sólo 8% de los municipios tenían tierras ejidales ocupadas en un 80% o
más con caña de azúcar. Por otro lado la participación en tierras ejidales de los cultivos que
durante mucho tiempo fueron más rentables era muy escasa; es el caso del café, el cual era
producido en apenas 8% del total de los municipios y en tan sólo 2% de ellos se destinaba
5
entre un 20% y un 36% de sus tierras ejidales a su producción. Sucedió lo mismo con la
naranja, que la producían en tierras ejidales apenas 9% de los municipios, pero apenas 2%
destinaron entre 50% y 70% de sus ejidos a la producción de este cultivo.
Como se ve, las tierras ejidales se concentraban básicamente en la producción de maíz que
es de los cultivos menos rentables y de menor rendimiento por hectárea, en cambio los
cultivos más rentables (café, caña de azúcar y naranja) sólo se producían en unos cuantos
municipios y en proporciones muy reducidas. De ahí que el cultivo del maíz esté
relacionado con altos índices de pobreza, lo que se corrobora al observar que los
municipios con mayor porcentaje de tierras ejidales que cultivaban maíz presentaban los
índices de pobreza más altos.
Desde, luego las condiciones materiales en que se ha llevado a cabo la producción en los
ejidos tiene una influencia determinante en la precariedad de estos. Por ello es relevante
que, en total, 70% de los ejidos no utilizaban tractores para la producción agrícola y que
sólo 31% de ellos contaba con instalaciones agropecuarias. Asimismo, se observa que sólo
24.3% del total de los ejidos tenía acceso a agua entubada y 53.7% a luz eléctrica, mientras
que una alta proporción de municipios con ejidos carecía en su totalidad de ambos
servicios. De igual modo hay que anotar que apenas 14% del total de ejidos tenía acceso
por carretera pavimentada, 79.7% por camino de terracería y el restante 6.3% no tenía
acceso por estas vías. Esto habla de la limitada capacidad para comunicarse con los
mercados y, en general, de lo limitado de las vías de comercialización que tenían los
productores. También hay que mencionar que una alta proporción de las unidades de
producción agrícolas no estaba conectada con los circuitos de mercado porque destinaban el
total de su producto al autoconsumo, en este caso, se encontraban 38% del total de dichas
unidades.
Así, el predominio agropecuario en la mayoría de los municipios del estado derivó en un
proceso agudo de rezago económico, caracterizado por un bajo nivel de producto y la
insatisfacción crónica y permanente de las necesidades esenciales de la población. Todo
ello derivaría en una situación de estancamiento productivo impactando la capacidad de la
planta productiva estatal para crecer, propiciando pérdida del dinamismo económico y de la
presencia que tenía la economía estatal y sus sectores productivos, en el ámbito nacional.
6
El desempeño económico
Durante los últimos 40 años, el estado se ha visto inmerso en un proceso de pérdida de la
importante presencia nacional que tenía en casi todas las actividades económicas a nivel
nacional, cosa que se agudizó de modo particular durante la década de los noventa. En
1970, las actividades agropecuarias contribuían con el 10.3 % del PIB nacional de este
sector; a principios del siglo XXI, su contribución había disminuido a 7.6%. La minería
veracruzana representaba el 24.2% de la nacional en 1970 y pasó a representar 4.3%. La
industria manufacturera contribuía con 5% y descendió a sólo 3.6%. Las actividades de
transporte, almacenaje y comunicaciones que en 1970 contribuyeron con el 7%, cayeron a
un 3.9%. El mismo comportamiento tuvieron los servicios tanto financieros como
comunales, sociales y personales.
Esta notoria pérdida de presencia nacional se explica por las profundas transformaciones
internas que sufrió el aparato productivo estatal, ya que algunas actividades económicas
mostraron un notable deterioro, como es el caso del sector agropecuario, que en 1970
contribuía con el 19.3% del Producto Interno Bruto Estatal (PIBE) y a principios del siglo
XXI participó con sólo el 10.3%. Lo mismo sucedió con la minería que muestra un
desplome desde un 9.4% hasta un 1.4% en el mismo período. La industria manufacturera,
que es la actividad con mayor participación en el PIBE durante todos estos años, permanece
prácticamente sin cambios. En cambio, las actividades del sector terciario van a
incrementar sustancialmente su participación: el transporte, almacenaje y comunicaciones
crece de un 5.2% a un 9.9%; los servicios financieros, seguros, actividades inmobiliarias y
de alquiler pasan de un 11.3% a un 17% y los servicios comunales, sociales y personales
incrementan su contribución de un 10% a un 17.3%. Esto significa que la pérdida de la
participación que mostraron algunas actividades productivas, debido a su deterioro
productivo, fue acompañado del avance que mostró el sector servicios. Es decir, el estado
presenció un proceso de tercerización de la economía, en donde las actividades productoras
de bienes son suplidas por actividades “productoras de servicios”.
Esto queda demostrado al sumar la participación en el PIBE de todas las actividades del
sector primario y secundario, por un lado, y las del sector terciario, por el otro. Se observa
que las primeras, en conjunto, producían el 52.9% del PIBE en 1970; en cambio en 1999
7
generan el 39.6%; mientras que las segundas, pasaron de un 47.1% del PIBE a 61.5% en el
mismo período.
Veracruz. Participación percentual de cada sector productivo en
el PIBE.
1970-1999
63.6
61.5
52.9
47.1
39.6
37.9
1970
1975
1980
1985
1988
1993
1994
Sector Servicios y Comercio (Terciario)
1995
1996
1997
1998
1999
Sector Productivo (Agropecuario e Industrial)
Fuente: Elaboración propia con datos de INEGI, Sistema Nacional de Cuentas Nacionales
Estos profundos cambios expresan una trascendental transformación del patrón productivo
de Veracruz, en donde pierden presencia las actividades más importantes de la economía
estatal, para dar paso a otras cuya capacidad para impulsar el crecimiento es muy pobre.
Ésta parece ser la razón del rezago económico del estado con respecto a lo que pasa en el
resto del país y con respecto a sus propias necesidades de desarrollo. Y a la vez, resulta ser
la consecuencia de un deterioro de la capacidad productiva de empresas e individuos que, al
perder oportunidades en la agricultura y en la industria, recurren al comercio u otro tipo de
servicios como un recurso de última instancia.
Esta problemática se explica por la forma en que se transformó la estructura económica del
estado, cuya dinámica durante medianos y finales del siglo XX sigo basándose en el
“modelo primario exportador” de principios del siglo, sin aprovechar las oportunidades que
abrió el proceso de industrialización sustitutiva a partir de la década de los cincuenta, para
modificar su patrón productivo. Por el contrario, dada su dotación de recursos naturales 8
petróleo y productos agropecuarios- reforzó el predominio de estas actividades primarias
manteniéndolas como el eje de su crecimiento económico y sin propiciar su modernización.
Mientras la dinámica de la economía nacional estuvo sustentada por el “modelo de
industrialización sustitutiva”, las barreras comerciales protegieron de la competencia a las
actividades primarias, lo cual permitió a Veracruz mantener su crecimiento económico.
Pero al llegar la etapa de apertura comercial en la década de los ochenta y noventa, el
estado se encontraba dominado por una estructura económica tradicional, obsoleta, poco
diversificada, incapaz de recibir inversión extranjera o de aprovechar los espacios
internacionales que se abrieron para nuevos productos primarios. En contraste, otras
entidades fueron creando sus bases industriales durante todo el siglo XX, por lo que al
darse el proceso de apertura comercial, lograron captar mercado para sus productos y
espacios para la inversión extranjera, lo que desarrolló y modernizó la producción.
Lo anterior explica la desigual evolución histórica de la economía veracruzana. De 1970 a
1980 el PIBE mostró un incrementó de 71% que es un valor muy cercano al que tuvo el
PIB nacional, que fue de 90% en el mismo período. Sin embargo, a partir de la década de
los ochenta, la situación económica del estado cambió porque de 1980 a 2010 el PIBE
creció un 55 por ciento, es decir, en 30 años la producción creció mucho menos que en los
10 años de la década 1970-1980; pero además, contrasta con la expansión que tuvo la
economía nacional durante esos 30 años, que fue del 102% (el doble que Veracruz). La
desaceleración del estado en un entorno de expansión nacional hace suponer que en el país
hubo oportunidades para crecer, pero que en algún momento, en estos 30 años, no se
tomaron las medidas necesarias para aprovecharlas y recuperar el dinamismo de los
setentas.
Es evidente que los distintos gobiernos estatales, durante esta etapa, no fueron exitosos en
la creación e implementación de una estrategia de desarrollo que permitiera superar los
problemas estructurales que enfrentaba el estado. Desde luego, algunos gobiernos tuvieron
mejores resultados que otros.
Durante el predominio del modelo de sustitución de importaciones, en el gobierno de
Murillo Vidal (1968-1974), se vivió una expansión del PIBE del 22% y un mejoramiento
del nivel de vida reflejado en un aumento del PIBE per cápita (PIBEpc) del 4%. Asimismo,
9
el gobierno de Hernández Ochoa (1974-1980) fue exitoso ya que impulsó el crecimiento
del PIBE en un 40% y un 15% el PIBEpc.
Indice de crecimiento del PIB nacional y PIBE Veracruz 1970-2010
(Año Base 1970=100 primera serie. y 1980=100 segunda serie)
180.0
172.6
174.8
170.5
170.0
160.0
155.3
150.0
140.0
Veracruz
130.0
Nacional
120.0
110.0
2010
2008
2006
2004
2002
2000
1998
1996
1994
1992
1990
1988
1986
1984
1982
1980
1978
1976
1974
1972
1970
100.0
Fuente: Elaboración propia con datos de Inegi, Sistema de Cuentas Nacionales, PIB de lsa entidades federativas, vario a ños.
En los ochenta llegó la apertura comercial y la crisis nacional, lo que propició una
desaceleración económica durante el gobierno de Acosta Lagunes (1980-1986) período en
que sólo se logró incrementar el PIBE un 12.2% (una cuarta parte del incremento del
sexenio anterior) y una expansión de apenas 2.6%, del PIBEpc. Pero las peores épocas
estaban por llegar al profundizarse el proceso de integración comercial de México. Durante
el sexenio de 1986-1992 que gobernaran Gutiérrez Barrios y Dante Delgado, la economía
entró en la más profunda crisis de las últimas décadas, ya que el PIBE decreció un -4.7%
durante los seis años, correspondiendo un -1.6% a los dos años de gobierno de Gutiérrez
Barrios (1986-1988) y un -3.2% a los cuatro años de Dante Delgado (1988-1992). De igual
modo, el bienestar social sufrió un fuerte deterioro, ya que el PIBEpc se redujo en un -
10
12.7% durante todo el sexenio (-4.3% con Gutiérrez Barrios y -8.8 por ciento con Dante
Delgado).
La economía veracruzana tuvo una ligera recuperación económica con el gobierno de
Chirinos Calero, que logró un crecimiento del 11% en el PIBE en el período 1992-1998;
expansión que si bien fue importante, apenas permitió alcanzar el nivel de producción que
se observó en 1985 y fue poco para recuperar el nivel de bienestar perdido desde entonces,
a pesar de que el PIBEpc aumentó un 4.6%. Al cierre de este sexenio (1998), el PIBEpc fue
menor en 12 puntos porcentuales comparado con el de 1985.
Durante el gobierno de Miguel Alemán, las cosas no fueron mucho mejor pues el
crecimiento económico fue de la misma magnitud que el de su predecesor, 11%. Sin
embargo, aún con ello el nivel de bienestar medido por el PIBEpc no logró recuperar el
registrado en 1985, a pesar de haber crecido un 7.7%.
La recuperación económica se alcanzó durante el gobierno de Fidel Herrera Beltrán (20042010) en el cual el aumento del PIBE fue de 17%, superior al registrado en los cuatro
sexenios precedentes, de tal manera que el valor de este indicador fue en 2010 superior en
un 42% al observado en 1980. Y esa expansión productiva supero la observada a nivel
nacional, que fue del 12% en el mismo período. Asimismo, se recuperó el nivel de bienestar
social que se alcanzó en los ochenta, superando en más de 10 puntos porcentuales el nivel
alcanzado en 1985 gracias a un incremento de 14% en el PIBEpc, el cual también superó al
observado a nivel nacional que tuvo un ascenso de apenas 2%.
Como consecuencia del bajo desempeño de su economía durante este largo período,
Veracruz fue perdiendo presencia a nivel nacional. En 1970 el estado producía el 5.1% del
PIB nacional, en 1975 esta participación subió a 5.4 % y para 1985 se redujo a 4.5%.
Como resultado de la crisis estatal de fines de los ochenta y principios de los noventa, al
inicio del siglo XXI su aportación fue de sólo 4.1%, lo que incluso provocó que pasara del
5º al 6º lugar entre las economías estatales más grandes del país.
Algunos gobiernos, durante ese período tuvieron una mayor responsabilidad que otros
respecto a esta pérdida. Así, durante el gobierno de Murillo Vidal, el estado perdió 0.39
puntos porcentuales de su contribución al PIB nacional. En el de Hernández Ochoa y de
Acosta Lagunes fue menor: de 0.25 el primero y 0.26 el segundo y durante los gobiernos de
Chirinos Calero y Alemán Velasco, fue de 0.31 y 0.30 respectivamente. Sin embargo,
11
durante el sexenio de Gutiérrez Barrios-Dante Delgado, la pérdida fue superior en más de
tres veces a cualquiera de las observadas en el resto de los sexenios, pues la participación
del estado se redujo en 0.87 puntos.
VERACRUZ. PARTICIPACIÓN EN EL PIB NACIONAL.
1970-2009
5.4
5.1
4.8
4.8
4.6
4.5
Fuente: Elaboración propia con datos de Inegi,
Sistema de cuentas nacionales, PIB por entidad
federativa 2009.
4.1
El favorable desempeño observado durante el período 2004-2010 permitió que, hacia 2006,
la participación de Veracruz en el PIB nacional creciera a 4.6%, y en 2010 alcanzara un
valor de 4.8%, con lo que fue posible que volviera a ser la quinta economía estatal del país.
Por supuesto, los resultados obtenidos en cada época están influidos por diversos factores;
sin embargo, es muy amplia la capacidad de cada gobierno estatal para implementar una
estrategia propia que le permita revertir tendencias negativas a través de medidas que
impulsen la dinámica local con independencia de otros fenómenos exógenos. Esto es
posible a través del conjunto de políticas públicas que se implementan mediante el ejercicio
del gasto público, que resulta ser el principal instrumento mediante el cual los gobiernos
adquieren capacidad para influir sobre la actividad económica y sobre el bienestar social.
Se entiende que entre mayor sea el volumen de recursos financieros públicos, mayor será
esa influencia y más amplios los efectos positivos que se logren. Desde luego, ese volumen
12
depende de la magnitud de los ingresos públicos, lo cual está determinado por la eficiencia
con la que los gobiernos realizan las tareas de recaudación tributaria y no tributaria.
En ese sentido, cobra particular importancia observar la evolución histórica de esta variable
financiera y el modo en que se relaciona con el resto de las variables macroeconómicas del
estado.
Finanzas públicas y desempeño económico.
El Gasto Público del estado tuvo un incremento muy importante durante la década de los
setenta al pasar de 512.8 millones de pesos reales (de 1994) en 1970, a 3,051.1 millones de
pesos en 1980, un incremento real de cerca de 600% en diez años, lo cual permitió que el
gasto público per cápita (que es una manera de evaluar el nivel de atención a las
necesidades sociales que se alcanza con el gasto público) se incrementara de 134.4 pesos en
1970 a 566.3 pesos, un crecimiento de poco más de 400% en el mismo período. Este
impresionante aumento que no se ha vuelto a repetir en los años posteriores, permitió que la
economía veracruzana viviera una época de crecimiento económico también sin precedente,
a una tasa media anual de alrededor de 5%.
A partir de 1980, sin embargo, comienza a observarse una severa restricción presupuestal
que va a continuar a lo largo de casi toda esa década. El gasto público en 1987, registró un
valor de 1,811.8 millones de pesos constantes, cantidad que representa apenas un 60%
superior al de 1980. A partir de ese año, se empieza a notar una recuperación que apenas en
1991 va a permitir que el presupuesto estatal alcance, en términos reales, la magnitud que
tenía en 1980. Debido a esa restricción, el gasto per cápita sufrió una reducción de igual
magnitud, aunque más pronunciada ya que en 1991 registró un monto de 303.2 pesos,
cantidad que equivale a la mitad del valor observado en 1980. La recuperación del gasto per
cápita se va a dar de manera más lenta y sólo hasta 1994 su monto va a superar de manera
considerable el de 1980.
La década de los noventas es una época de altibajos para el gasto público estatal. Si bien en
1994 alcanza un valor histórico de 5,570.5 millones de pesos constantes (el mayor
observado hasta ese momento) para los años siguientes, vuelve a presentar una reducción
tal, que en 1996 registra un valor muy cercano al existente en 1980. Sólo para 1999 es
13
notoria una recuperación al registrar un monto de de 5,073.8 millones de pesos constantes,
monto que, sin embargo, apenas supera al de 1995.
Estos altibajos se ven reflejados también en el gasto per cápita que igualmente alcanza un
máximo histórico en 1994 sumando 842.7 pesos constantes, pero en los años siguientes
retrocede de manera considerable. En 1999 muestra una notable recuperación sumando
709.6 pesos constantes, sin embargo, no alcanza el nivel de 1994.
Durante el período 1998-2003, el gasto público mostró un fuerte dinamismo al crecer un
9.5 por ciento lo cual propició que se modificara su valor como proporción del PIBE pues
pasó de un 11.2% en 1998 a un 12% en 2003. En contraste, el gasto público per cápita tuvo
un crecimiento de apenas 1.6%, lo cual significa que, durante este período, la capacidad
para atender las necesidades sociales, prácticamente no creció. Sin embargo, es necesario
precisar que el incremento del gasto público parece no haber tenido un impacto importante
sobre el nivel de crecimiento del PIBE, pues éste aumentó apenas 2.2% en el mismo
período; en cambio, de 2000 a 2003, aunque el gasto público se incrementó en un 5 por
ciento, el PIBE disminuyó -1.8%. De igual manera, en el mismo período, el gasto público
per cápita se incrementó 4.2 por ciento a pesar de lo cual el PIBEpc disminuyó -3.1%.
Por lo que respecta a los ingresos públicos que el gobierno del estado recauda para el
financiamiento del desarrollo, puede observarse que en los últimos 30 años se
incrementaron de manera sustancial al pasar de 12.2 mdp pesos en 1980, a 70,250 mdp en
2010, lo cual representa un crecimiento en términos reales de 426%.
En este período se pueden distinguir tres grandes etapas en las finanzas públicas de
Veracruz. La primera va de 1980 a 1992 que es de estancamiento, dado que los ingresos
casi se mantienen al nivel del año inicial, con una tasa de incremento promedio anual del
0.46%, lo cual le permite crecer apenas un 6% en esos 12 años. De 1993 a 1997 es una
etapa de crecimiento moderado, en que el ingreso crece a una tasa media anual del 12%,
con una expansión para todo el período del 96%. Finalmente, de 1998 a 2009, es una etapa
de gran crecimiento con una expansión del 138% en todo el período y una tasa media anual
del 7%.
La expansión de los ingresos durante todo el período de análisis es resultado del aumento
que tuvieron los recursos que el gobierno del estado recibe de la federación, los cuales
crecieron un 706%. En cambio, los ingresos propios, es decir, los que se derivan de la
14
recaudación de impuestos y derechos estatales, se redujeron en un -16% en el mismo
período. El incremento de los ingresos federales se explica por una aumento en las
Participaciones Federales, las cuales se aumentaron un 134%, sin embargo, la variable de
mayor crecimiento fueron las Aportaciones Federales, las cuales tuvieron un crecimiento de
241% desde 1995 hasta 2010.
Como proporción del PIBE, los ingresos públicos estatales mostraron un importante
crecimiento. En 1980 representaban el 4.9%, mientras que en 2010 alcanzaron un valor de
12.5%, aunque el nivel más elevado se registró en 2002 cuando representaron el 15.8% del
PIBE. Sus componentes también se han movido al alza, de modo que las Participaciones
Federales pasaron de un 2.6% a un 4.3% como proporción del PIBE en el mismo período,
Asimismo, las Aportaciones pasaron de un 3.4 en 1995 a un 6.6% en 2010. Esto significa
que los Ingresos Federales evolucionaron de 2.6% del PIBE en 1980 a un 10.9% en 2010.
En cambio los Ingresos Propios se redujeron de un 1.8% en el primer año, a tan sólo un
0.6% en el segundo.
El comportamiento de los ingresos anteriormente referido trajo como resultado una
creciente y muy amplia dependencia financiera del gobierno estatal respecto a los recursos
que transfiere la federación, y por lo mismo una debilidad estructural profunda, es decir,
una reducida capacidad del gobierno estatal para determinar el volumen de recursos que
podrá utilizar para financiar el desarrollo. Así, mientras que en 1980 los ingresos propios
representaban 37.7% del total estatal y las transferencias federales participaban con el 52%,
en 2009, los primeros representaron apenas 5% del total, en tanto que los recursos federales
tuvieron un peso de 88%, por lo que Índice de Dependencia Financiera (IDF) del estado
pasó del 58.0 en 1980 a un 94.9 en 2010.
Esto sucede a pesar de que la recaudación de impuestos ha recibido un impulso importante
como resultado de la creación de los Impuestos sobre Nóminas y sobre Servicios de
Hospedaje y a pesar de que la federación transfirió las potestades recaudatorias para el
cobro y aprovechamiento de los Impuestos a la Tenencia Vehicular, el Impuesto sobre
automóviles nuevos (ISAN), el Régimen de Pequeños Contribuyentes en el ISR; IVA y IETU
y una parte de la tasa que se cobra al Régimen Intermedio del ISR. Como resultado de esta
cesión de potestades tributarias, la recaudación de impuestos propios se incrementó
considerablemente a partir de 2001 creciendo un 1,200% durante el período 2000-2010.
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Cabe señalar que el mayor incremento se registró de 2000 a 2002, cuando aumentó 1,161%.
A partir de 2002 se observa un muy ligero crecimiento que hasta 2009 alcanza un valor de
11.8%, es decir, prácticamente una etapa de estancamiento.
Esta expansión permitió que la recaudación de impuestos propios se incrementara, de un
0.04% como proporción del PIBE en 2000, a un 0.41% en 2003. Sin embargo, a partir de
2004 se reduce para ubicarse en un valor de 0.25%, el mismo que conserva en 2010.
Con todo, disponer de más potestades tributarias no resolvió el grave problema de
dependencia financiera del estado, limitando las capacidades de gestión del gobierno
estatal.
A modo de conclusión
En Veracruz, hay un rezago económico y social que es resultado de la incapacidad para
superar, a lo largo de las últimas décadas, el subdesarrollo productivo existente tanto en el
ámbito agropecuario como en el industrial y de servicios.
Este atraso económico y social que ha enfrentando Veracruz en las últimas décadas,
evidencia una grave realidad económica, una estructura económica de baja productividad
caracterizada por el predominio de actividades productivas tradicionales, en las que
prevalecen formas de organización obsoletas y orientadas a la producción de bienes
tradicionales como es el caso de las actividades agrícolas, en donde la mayor parte de los
productores son de subsistencia y se dedican primordialmente a la producción de maíz,
frijol, azúcar, café y con escaso o nulo uso de tecnologías modernas. Productos poco o
nulamente integrados a los círculos comerciales regionales, nacionales o internacionales,
porque dejaron de responder a la lógica de esos mercados.
En la industria, la mayoría de las unidades productivas son micro o pequeñas empresas y
no cuentan con la tecnología y la organización para ser competitivas. Y el sector servicios
se convirtió en el receptáculo de aquellos que no encuentran una ocupación en ninguno de
los otros sectores, conformando un ámbito de muy baja productividad, al borde de la de
informalidad, sin recursos económicos propios y sin apoyos financieros por parte de las
instituciones públicas o privadas.
En una palabra, la pobreza es consecuencia de las precarias condiciones en las que se ha
venido realizando la producción, lo cual explica también por qué la mayoría de los
productores veracruzanos no se encuentran integrados a los circuitos comerciales
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regionales o nacionales, y se mantienen desvinculados de la lógica de funcionamiento de la
economía capitalista, particularmente en el sector agropecuario, donde incluso están
inmersos en una lógica de producción doméstica de subsistencia. Es decir, existe un escaso
desarrollo capitalista en Veracruz, lo que constituye el principal obstáculo al desarrollo
económico generalizado. Esta conclusión es crucial para entender por qué la apertura
comercial agravó la pobreza en el estado y por qué los productores veracruzanos no han
podido aprovechar las bondades de los tratados comerciales. La globalización requiere
economías plenamente capitalistas, con una base mínima de desarrollo y un conjunto de
problemas estructurales resueltos. Sin cumplir esos mínimos requisitos, en lugar de sacar
provecho, se reproducen las condiciones de atraso y el tránsito al capitalismo se convierte
en un proceso doloroso por el dramático saldo social que implica, ya que agudiza las
diferencias y contradicciones entre un sector moderno que se globaliza y un sector atrasado
que se pauperiza.
Las entidades federativas como Veracruz, que no estaban preparadas para acceder a la
"economía mundo", también carecen de mecanismos para contrarrestar los efectos que
genera en el ámbito interno la globalización y no tienen ni recursos ni habilidades
gerenciales, tanto en el ámbito público como en el privado, para implementar una
estrategia de quiebre estructural que les permita salir de la pobreza y aprovechar
ventajosamente la globalización.
Bibliografía
Hilario Barcelata Chávez, Veracruz. Pensar el Desarrollo, Universidad de Xalapa-Consejo
Académico de Veracruz, Xalapa, Ver., 2011.
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Veracruz, Colección Cuadernos del ColVer, No. 6, Xalapa, 2010.
----------------------------------Economía Veracruzana, Retrovisión y realidades, Universidad
de Xalapa, Xalapa 2010.
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Grupo Eumed.net, Universidad de Málaga, España. Edición electrónica en
www.eumed.net/libros/2010c/755/indice.htm.
----------------------------------Veracruz. Pobreza y crecimiento económico, Ediciones Grupo
Eumednet, Universidad de Málaga, España, abril 2010. Edición electrónica en
www.eumed.net/libros/2010a/632/index.htm
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