La madre de las extinciones en masa

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La Madre de las Extinciones en Masa
Cuando de una gran extinción hablamos solemos pensar de manera
casi automática en los dinosaurios; carismáticos y gigantes animales que
reinaron en la Tierra durante 135 millones de años y que Spielberg llevó al
cine. En ellos y en como hace 65 millones de años el impacto de un
meteorito acabó con su dominio. Ahora bien, la cifra de los organismos
extintos durante ese cataclismo, un 65%, palidece frente al 95%, casi la
totalidad de la vida, que desapareció durante la denominada “mother of
mass extinction”.
Habríamos, para presenciarla, de viajar en el tiempo hasta hace 250
millones de años, al final del periodo Pérmico, y nos encontraríamos con
una Tierra en situación de Pangea. Es decir, con un planeta en el cual
todas las placas tectónicas continentales hubiesen confluido para formar
un único supercontinente que se extendía de polo a polo.
Nosotros viajeros detectivescos del tiempo recién llegados a Pangea
podríamos preguntarnos: ¿seremos testigos de un impacto meteorítico o
hemos de buscar otro “asesino”? Pues lo cierto es que aunque la máquina
del tiempo no se haya inventado la historia de nuestro planeta está escrita
en las capas de sedimentos y estos parecen contestar que no. Cuando un
gran cuerpo impacta con la Tierra deja tras de sí un rastro de polvo y roca
fragmentada que son impulsados por todo el planeta debido a la violencia
de la colisión. Por lo tanto, en las rocas pérmicas habríamos de encontrar
una delgada capa depositada justo después de la explosión, la cual
poseería unas características muy específicas: cuarzo fragmentado e iridio,
un componente común de los meteoritos. Sin embargo, nada de ello
aparece.
Descartado el sospechoso extraterrestre entonces, ¿qué otros
factores llevaron a la casi aniquilación de la vida? Actualmente en la
comunidad científica parece existir el consenso de que en esta extinción
en masa, la más masiva de todas, actúo una red compleja de mecanismos
y no uno sólo. Quizás entre ellos el más apocalíptico dejó sus huellas bajo
el hielo Siberiano: una llanura de lava de más de mil kms de diámetro
resultado de una ingente actividad volcánica inducida por el choque de
placas que conformó el supercontinente Pangea.
Existe hoy en día una gran región de roca volcánica bautizada como
los “Traps Siberianos” que cubre dos millones de kilómetros cuadrados y
que se calcula fue resultado de una serie de erupciones masivas que se
prolongaron durante millones de años. Estas erupciones de manera
evidente alteraron el clima enfriándolo primero a causa de las cantidades
ingentes de polvo y ceniza que taparon la luz solar; y calentándolo
después, debido a las emisiones de dióxido de carbono, uno de los
principales gases invernadero.
(http://academic.emporia.edu)
(http://en.wikipedia.org/wiki/Siberian_Traps)
Sin embargo, los científicos creen que esta actividad eruptiva no fue
suficiente para ocasionar la gran mortandad del Pérmico. No obstante, sí
que debió sin duda, de ser parte de la serie de catastróficas desgracias que
la generaron. Se cree que las erupciones incrementaron unos 5 grados la
temperatura media de la Tierra y que este aumento pudo provocar el
derretimiento del metano congelado en los océanos; derretido dicho
metano se incorporó también a la atmósfera agudizando aún más el
efecto invernadero e incrementando otros 5 grados la temperatura del
planeta, cambio que resultó dramático para la vida.
Fuera como fuera la Tierra, nuestro planeta, funciona como un
sistema complejo y dinámico sujeto al continuo cambio y evolución. Así
bien, lo que algunos podrían ver como cataclismo otros pueden entender
como una posibilidad de regeneración. La extinción del Pérmico acabó con
la dominancia de los reptiles terápsidos y dio la oportunidad a los
dinosaurios de ocupar su lugar, imponerse y diversificarse durante toda
una era geológica. Sin embargo, estos también se verían relegados por un
evento catástrófico, "pero esa es otra historia y debe ser contada en otra
ocasión."
Dimetrodon, pelicosaurio del Pérmico.
(http://kerchak.com)
Para más información:
https://www.youtube.com/watch?v=jvKVC5nf0C8
La Sexta Extinción. Richard Leakey, Roger Lewin.
Escrito por Carla P. Yanes Martín estudiante de geología, promoción
del 2014 del Curso de Edafología, Química Agrícola y Biología Vegetal de
la Unesco en la EEZ.
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