Antares - Observatorio Virtual - P11 : Observación de campos celestes

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Antares - Observatorio Virtual - P11 : Observación de campos celestes
ANTARES
OBSERVATORIO VIRTUAL
OBSERVACIÓN DE CAMPOS CELESTES PARA UNA DETERMINADA ÉPOCA
DEL AÑO
PRÁCTICA 11:
●
Objetivos
●
Material
●
Introducción
●
Orientación mediante las estrellas
●
La región circumpolar Norte
●
El cielo de primavera
●
El cielo de verano
●
El cielo de otoño
●
El cielo de invierno
●
Propuestas de observación
Objetivos:
Orientación mediante las estrellas. Reconocimiento de las principales constelaciones. El
cielo de las diferentes épocas del año.
Material:
Planisferio. Simulador del planisferio en el observatorio virtual. Brújula. Prismáticos.
Introducción
Durante miles de años, el hombre no tuvo otros medios para contemplar el cielo que sus
propios ojos. Y sin embargo, la astronomía visual, ayudada de toscas herramientas para
medir ángulos o fijar posiciones, como cuadrantes, astrolabios, compases, ballestillas,
etcétera, permitió sensacionales avances en el conocimiento del cielo y sus movimientos.
Se catalogaron miles de estrellas, se midieron magnitudes, se calculó la duración del día,
de las fases lunares, del año; se descubrió la estructura del sistema planetario y las leyes
fundamentales que rigen los movimientos sidéreos.
Hoy, los gigantescos telescopios, los detectores de estado sólido, la espectroscopía, la
radioastronomía, la informática y los satélites espaciales han multiplicado nuestro
conocimiento del Universo. Sin embargo, el órgano de la vista sigue siendo insustituible en
Astronomía, y mas que en ningún otro caso, en Astronomía amateur.
Uno de nuestros primeros objetivos debe ser aprender a conocer bien el cielo. Es una
necesidad de la que no se puede ni debe librar nadie interesado en el mundo de la
Astronomía. En una noche oscura podemos distinguir a simple vista entre tres mil y cuatro
mil estrellas. Aunque nos puede parecer un número casi infinito, con mucha facilidad
podemos comprobar que las estrellas visibles no son tantas como parecen. De hecho, en
plena ciudad iluminada, tal vez el número de estrellas apreciables a simple vista no pase de
cien.
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OBSERVACIÓN DE CAMPOS CELESTES PARA UNA DETERMINADA ÉPOCA
DEL AÑO
PRÁCTICA 11:
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Objetivos
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Material
●
Introducción
●
Orientación mediante las estrellas
●
La región circumpolar Norte
●
El cielo de primavera
●
El cielo de verano
●
El cielo de toño
●
El cielo de invierno
●
Propuestas de observación
Orientación mediante las estrellas:
Lo primero que debemos hacer cuando contemplamos el cielo en una noche oscura es
orientarnos. Ante todo, hemos de saber dónde está el Norte. Cualquier conocedor del cielo
sigue el proceso inverso: se orienta por las estrellas, reconoce las constelaciones y éstas le
proporcionan la dirección de los puntos cardinales. Si no conocemos ni remotamente el
cielo, debemos primero averiguar dónde está el Norte y buscar en esa dirección la Estrella
Polar, o bien la constelación de figura más inconfundible, la Osa Mayor. En el hemisferio
Sur, el papel de la Osa Mayor lo juega otra constelación no menos sencilla de reconocer, la
Cruz del Sur.
Otra condición indispensable es tener en cuenta el día y la hora en que se echa un vistazo
al cielo, pues ya es sabido que la esfera celeste experimenta un movimiento completo de
rotación en venticuatro horas, y otro, trescientas sesenta y cinco veces más lento, en un
año. Hacia la región del polo vemos siempre las mismas estrellas y constelaciones, aunque
en posición distinta según el día y la hora. Hacia el meridiano (mirando hacia el Sur para
observadores desde la península ibérica) el aspecto del cielo es mucho más variable y
hemos de tener en cuenta, ante todo, la estación de l año en la qu nos encontramos. Debido
a esta mayor mobilidad de las estrellas que pasan por el meridiano, es preferible empezar a
orientarnos por las circumpolares.
Los habitantes del Hemisferio Norte no tenemos pérdida posible. No sólo disponemos de
una Estrella Polar, sino que la Osa Mayor, mediante una fácil alineación nos conduce con
toda seguridad al polo celeste. La línea Beta-Alfa de la Osa Mayor, prolongada cinco veces
nos lleva hasta la Estrella Polar.
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Para la orientación en el cielo es también muy importante saber evaluar, siquiera
aproximadamente, distancias angulares. Un palmo con el brazo extendido se corresponde
con unos veinte grados. El puño son unos diez grados. El dedo meñique de nuestra mano,
con el brazo extendido corresponde a un grado. Así, el cuerpo de la Osa Mayor tiene
aproximadamente diez grados, por lo que debe corresponder a un puño. La cola de la Osa
Mayor tiene unos quince grados. De Vega a Antares hay sesenta y cinco grados. Del
horizonte al cénit tiene que haber noventa, o sea, cuatro palmos y un puño.
Como la esfera celeste gira quince grados en una hora, no es disparatado utilizar la mano
para calcular la hora. A falta de un anuario u otra indicación, el sistema nos puede servir
para estimar cuantas horas tardará en anochecer, o en qué momento de la noche
desaparecerá la Luna por debajo del horizonte.
Aunque no sea estricitamente parte de los métodos de orientación propiamente dichos, es
fundamental que nos habituemos a evaluar magnitudes. Las estrellas más brillantes que
vemos en el cielo son de primera magnitud. Las más débiles son de sexta magnitud. Una
estrella que es de una magnitud inferior a otra, es dos veces y media menos brillante. Sin
embargo, es mejor que nos habituemos con la práctica. Una vez que hayamos comprobado
el brillo de una serie de estrellas mediante un catálogo o el propio planisferio, podremos
comparar con el brillo de otras estrellas y estimar magnitudes por nuestra cuenta. Una
persona muy acostumbrada puede advertir diferencias de hasta una décima de magnitud.
Para aprender a estimar magnitudes podemos utilizar las estrellas de la Osa menor (ver
figura). Las cuatro que forman el carrito son de segunda, tercera, cuarta y quinta magnitud.
Hagamos prácticas con ayuda de un planisferio y un catálogo de estrellas y veremos como
poco a poco vamos conociendo el cielo. En la tabla se han recogido las estrellas más
brillantes del cielo.
Estrella
Designación Distancia Tipo
Magnitud Luminosidad
(años-luz) Espectral aparente (Sol=1)
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Sirio
α C Ma
8.6
A1 V
-1.44
26
Canopus
α Car
313
F0 I
-0.62
14.000
Arcturo
α Boo
37
K2 III
-0.05
190
Rigil Kent α Cen
4.4
G2 V
-0.01
1.8
Vega
α Lyr
25
A0 V
+0.03
62
Capella
α Aur
42
G8 III
+0.08
180
Rigel
β Ori
773
B8 Ia
+0.18
700.000
Proción
α C Mi
11
F5 V
+0.40
8
Achernar
α Eri
144
B3 IV
+0.45
5.200
Betelgeuse α Ori
427
M2 Iab
+0.45 var 41.000
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OBSERVACIÓN DE CAMPOS CELESTES PARA UNA DETERMINADA ÉPOCA
DEL AÑO
PRÁCTICA 11:
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Objetivos
●
Material
●
Introducción
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Orientación mediante las estrellas
●
La región circumpolar Norte
●
El cielo de primavera
●
El cielo de verano
●
El cielo de otoño
●
El cielo de invierno
●
Propuestas de observación
La región circumpolar Norte:
Si vivimos en la región templada del Hemisferio Norte (afirmación válida para todo el
territorio español incluidas las islas Canarias) es lógico que comenzemos por aquel
conjunto de estrellas que nunca se ocultan bajo nuestro horizonte.
Para un observador del hemisferio Norte, la Estrella Polar brilla exactamente en la dirección
del punto cardinal Norte. Podemos comprobarlo con una brújula. La altura que alcanza esta
estrella sobre el horizonte es precisamente la latitud del lugar. En Madrid alcanzará los
cuarenta grados, mientras que en Santa Cruz de Tenerife no llegará a los treinta grados de
altura.
Todo el mundo sabe distinguir la figura de la Osa Mayor. Formada por siete brillantes
estrellas, cuatro dibujan un trapecio bastante regular, mientras las otras delinean una cola
curva. Vista una vez no se nos volverá a olvidar nunca. Si seguimos la línea que une las
dos estrellas del trapecio opuestas a la cola y prolongamos la distancia que las une cinco
veces, llegamos a la Polar. La constelación de Casiopea ocupa una posición opuesta a la
Osa Mayor, con la Polar brillando justo a mitad de camino entre las dos constelaciones.
Casiopea está compueta por cinco estrellas brillantes situadas en forma de M ó W. Es
bueno no olvidar que la W se abre en dirección al polo.
Cerca de la polar (a unos quince grados) sólo se ven dos estrellas brillantes. Son la Beta y
la Gamma de la Osa Menor. La primera es de segunda magnitud mientras que la Gamma es
de tercera magnitud. Se las llama vulgarmente "las guardas". Si trazamos una línea desde
la Polar a las guardas, acabaremos en la punta de la cola de la Osa Mayor. Con ayuda del
planisferio intentemos reconocer otra serie de constelaciones más secundarias.
El cielo de primavera
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Cuando el cielo se obscurece a comienzos de una noche despejada del mes de Marzo o
Abril podemos ver aún hacia el Oeste alguna de las constelaciones del cielo invernal.
Orión, Géminis, Auriga...En general el cielo de primavera es menos espectacular que el de
los meses de Invierno. Desde nuestras latitudes sólo hay tres estrellas de primera
magnitud típicamente primaverales: Régulo, Spica y Arturo.
El panorama del cielo primaveral, hacia el Sur, está dominado por los grandes trapecios de
Leo y Virgo. La figura de Leo es muy alargada en sentido Este-Oeste. Casi veinte grados
por sólo ocho en sentido Norte-Sur. Su estrella principal, Régulo, se sitúa en la esquina
inferior derecha. Virgo, a media altura sobre el horizonte y al SE de Leo, forma un trapecio
más regular pero menos sencillo de reconocer. Su estrella más importante, Spica, ocupa el
ángulo SE y es fácil de reconocer por su intenso color azul.
Prolongando hacia el SW la línea que une la Gamma y la Alfa de Leo llegamos al Alfa de
Hidra. Se trata de la constelación más larga del cielo, constituyendo una línea ondulante de
estrellas al sur de Leo y de Virgo. Entre Virgo y la Hidra se encuentran dos pequeños
asterismos de forma curiosa la Copa y el Cuervo. Bastante al Este de Vrigo distinguimos
dos estrellas solitarias que constituyen parte de la constelación de Libra. Si cualquiera de
estas tres constelaciones zodiacales (Leo, Vrigo y Libra) aparece desfigurada por la
presencia de algún astro muy brillante, no dudemos en apuntarlo con nuestro telescopio
pues se trata sin ninguna duda de un planeta.
Lo que tal vez nos haya llamado la atención desde el primer momento es una estrella muy
brillante que se alza cada vez más por el nordeste. Es Arcturo, el Alfa de la constelación del
Boyero. Se trata de una estrella de magnitud cero, y junto con Vega, el Alfa de la Lira, la
estrella más brillante de todo el hemisferio Norte. Una serie de estrellas medianas que se
extienden hacia el Norte desde Arcturo completan la constelación del Boyero. Al nordeste
del Boyero se encuentra la Corona Boreal.
El cielo de verano
El cielo de una noche de Julio o agosto es inolvidable. Hacia el noroeste a Osa Mayor;
hacia el Oeste a media altura, la anaranjada estrella Arcturo. En lo alto del cielo, resaltando
por su brillo sobre el resto y con un color blanco muy puro, Vega. Entre la Corona Boreal y
Vega se extiende la constelación de Hércules., formada por varios trapecios enlazados.
Vega está rodeada de un grupito de estrellas que forman la constelación de la Lira. A su
vez, la Lira se encuentra al pie de una gran cruz que dibuja la constelación del Cisne. La
cabeza de la cruz está constituida por Deneb, una estrella de primera magnitud.
Observemos que la línea principal de la cruz coincide con la Vía Láctea. Esta senda de luz
nos lleva a la constelación del Águila, donde destaca otra estrella de primera magnitud
llamada Altair. Entre Vega Deneb y Altair conforman el llamado triángulo del verano.
En la zona del Águila la Vía Láctea se bifurca para formar dos ramas. Una va a parar a la
constelación de Escorpio, en la dirección SSW. Allí destaca la estrella Antares, de un fuerte
tono rojizo. A su derecha (el Oeste) se sitúan las garras del escorpión, mientras que hacia
el Sur y luego el Este se despliega la cola, que finaliza en una pareja de estrellas de
segunda magnitud. La otra rama de la Vía Láctea sigue recta desde el Águila hacia el Sur,
atravesando la peuqeña constelación del Escudo. Esta zona no tiene estrellas brillantes
pero las nubes de la Vía Láctea alcanzan una condensación muy alta. Un poco más abajo
se encuentra Sagitario, siempre baja en el horizonte y en la que los norteamericanos
reconocen una tetera.
El cielo de otoño
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Después de lo agradable que resulta la observación en verano, la llegada del Otoño supone
una disminución en la cantidad y calidad de nuestras observaciones. Son dos los factores
que contribuyen a ello. Por un lado el empeoramiento del tiempo atmosférico, con una
mayor cantidad de noches nubladas, y por otro, nuestra vuelta a las obligaciones
profesionales. Sin embargo el cielo de Otoño presenta la ventaja del progresivo aumento
de las noches, lo que hace que podamos observar el cielo estrellado cada vez a una hora
más temprana de la tarde.
Desde nuestras latitudes el cielo otoñal es francamente pobre. La única estrella típicamente
de Otoño es Formalhaut, el Alfa del Pez Austral y que nunca alcnaza una gran altura sobre
el horizonte. Al menos tenemos un tramo de la Vía Láctea que discurre por las
constelaciones de Cefeo y Casiopea. Mirando hacia el Sur destaca el gran cuadrado de
Pegaso. Se trata de cuatro estrellas de igual brillo y equidistantes unas de otras. De la
esquina superior izquierda arrancan las tres estrellas de Andrómeda. Se sitúan
perfectamente alineadas en dirección ENE. Hay que precisar que la primera estrella de
Andrómeda es también, por un capricho de la historia, una de las cuatro del cuadrado de
Pegaso.
Al Sur del gran conjunto Pegaso-Andrómeda tenemos cuatro signos zodiacales:
Capricornio, Acuario, Piscis y Aries. Del primero lo más fácil de distinguir son tres estrellas
en línea recta, mientras que el resto son débiles y nada sencillas de identificar. De la
constelación de Acuario lo más destacable es el "jarro", una alineación ondulante de cuatro
estrellas bastante próximas entre sí situadas al SW del cuadrado de Pegaso. La
constelación de Piscis consiste en un círculo dibujado por estrellas de cuarta magnitud y
una alineación de estrellas débiles. Aries es una pequeña y concentrada constelación al
Sur de Andrómeda. Se trata de una forma de cuerno con punta curva que dibujan las tres
estrellas principales. Entre Aries y Andrómeda brillan las tres estrellas del Triángulo, un
triángulo muy agudo. Al sur está la constelación de la Ballena, que si queremos localizar,
requerirá una gran dosis de paciencia y cuidado. Por último, en la prolongación de la línea
Alfa-Beta de Pegaso, siempre muy baja en el horizonte, encontramos de nuevo a
Formalhaut.
El cielo de invierno
Desafortunadamente, la zona más bonita del cielo se corresponde en nuesrtas latitudes
con el Invierno, mientras que para los aficionados del hemisfereio Sur están disfrutando del
Verano. En nuestro país, los meses de Diciembre, Enero y Febrero ofrecen pocas noches
despejadas, aparte de que las bajas temperaturas son un enemigo muy serio para todo
aficionado al observación del cielo.
En Invierno pasa ante nosotros una buena parte de la Vía Láctea, con un gran número de
estrellas y objetos interesantes. Hacia el Sur brilla inconfundible la constelación de Orión.
Se trata de un gran trapecio situado a media altura sobre el horizonte. En el ángulo NE se
encuentra la roja Betelgeuse, mientras que en la esquina opuesta está la muy azul Rigel. El
cinturón central lo constituyen tres estrellas de segunda magnitud en una alineación casi
perfecta. Se las conoce como las Tres Marías, los Tres Reyes Magos, etcétera. Prolongando
la alineación del cinturón de Orión vamos a parar a Sirio, Alfa del Can Mayor y la estrella
más brillante del cielo. Prolongando en dirección opuesta hacia el NW llegamos a
Aldebarán, la anaranjada Alfa de Tauro, rodeada de varias estrellas débiles que configuran
el cúmulo abierto de las Híades. Un poco más hacia el NW nos llama la atención un grupito
de estrellas que casi seguro nos habrán llamado desde el comienzo la atención. Se trata de
las Pléyades, un cúmulo de más de cuarenta estrellas de las que podemos ver a simple
vista al menos seis. ¿Alcanzamos a ver alguna más?.
Al Norte de la constelación de Orión, se elevan majestuosamente las esplendideces de
Perseo y Auriga o el Cochero, con la brillante Capella, entre las cinco estrellas más
brillantes del cielo. Prolongando una vez y media la línea que une Rigel y Betelgeuse
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llegamos a Géminis o los Gemelos. En esta constelación destacan dos estrellas de primera
magnitud que no son otras que Cástor y Póllux. Se trata de las dos estrellas de primera
magnitud mas cercanas en el firmamento. Por último, al Este de Orión brilla otra estrella de
primera magnitud, Proción, el Alfa del Can menor, en medio de una zona visualmente
aburrida pero telescópicamente extraordinaria.
Con las estrellas de primera magnitud del cielo de Invierno, muchas personas reconocen a
una gran letra G que dominaría toda esta región del firmamento. Comenzaría en Capella,
pasando por Cástor y Póllux, yendo luego hasta Proción, Sirio y por último para terminar
en Rigel y Betelgeuse. ¿Logramos verlo?.
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Orientación mediante las estrellas
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La región circumpolar Norte
●
El cielo de primavera
●
El cielo de verano
●
El cielo de otoño
●
El cielo de invierno
●
Propuestas de observación
Propuestas de observación
Son muchas las posibles actividades que se pueden realizar para conocer el firmamento.
En cualquier libro podemos encontrar toda una serie de posibilidades. Aquí van algunas:
● Elíjase una noche clara y sin nubes. Con ayuda de un planisferio, inténtese reconocer
el mayor número posible de las estrellas más brillantes del cielo que aparecen en la
tabla. ¿les vemos algún color?
●
Con ayuda de un planisferio, inténtese reconocer el mayor número posible de
constelaciones del zodiaco. ¿Cúales son fáciles de reconocer?¿Hay algún planeta
presente?
●
Con ayuda de un pequeño telescopio, intentemos observar la Luna. Hagamos un
dibujo de todos los mares, cráteres y detalles que logremos apreciar en una zona
concreta. Repitamos la operación unos días después. ¿Se han producido muchos
cambios?
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●
Intentemos observar el cielo desde un lugar lejos de la contaminación lumínica y
atmosférica de las grandes ciudades. Tratemos de reconocer la Vía Láctea. Hagamos
un recorrido con los prismáticos por la zona fijándonos en cúmulos de estrellas y
nebulosas. Posteriormente podremos identificarlos en cualquier atlas del cielo.
●
Elíjase una referencia lejana (por ejemplo una torre de una iglesia). Una vez a la
semana, siempre a la misma hora,observemos qué constelación se encuentra en esa
zona del cielo. Poco a poco, podremos comprobar cómo el cielo va avanzando para
dar una vuelta completa sobre sí mismo a lo largo de un año.
●
Con ayuda de un pequeño telescopio, observemos diferentes estrellas. Intentemos
apuntar a la nebulosa de Orión o algún otro objeto interesante.
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