Las grandes ciudades y las mujeres

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Las grandes ciudades y las mujeres: la importancia de la transversalidad de
género en las políticas locales
El capítulo 1 de la Plataforma de Acción de Pekín dice: «La Plataforma de Acción reafirma el principio
fundamental de que [...] los derechos humanos de las mujeres y de las niñas son una parte inalienable,
integral e indivisible de los derechos humanos universales». Como parte de una agenda para la acción, la
Plataforma pretende promover y proteger el disfrute de los derechos humanos y de las libertades
fundamentales a lo largo de la vida de todas las mujeres.
De acuerdo con la Plataforma de Acción de Pekín, que celebra su vigésimo aniversario, y siguiendo las
líneas establecidas en el Plan de Acción de METROPOLIS 2015-2017, la Red Internacional Mujeres de
METROPOLIS preparó el siguiente documento, que asienta las bases del modelo de ciudad que
necesitamos en el futuro: la ciudad que integra la perspectiva de género.
Mujeres y hombres como centro de la ciudad
Tradicionalmente, la planificación de las ciudades se ha llevado a cabo para responder a las necesidades
comunes de los habitantes. Esta aparente neutralidad no tuvo en cuenta las diferencias de género, sino
que centró la planificación urbana en los roles masculinos que anteponen los intereses de los grupos
económicos sobre las demandas de amplios sectores de la población, dejando al margen las experiencias
e intereses de las mujeres y demás sectores excluidos de las decisiones del desarrollo.
Y esta realidad persiste. Hoy en día es esencial contar con que los hombres y las mujeres experimentan
diferentes procesos de socialización en virtud de los cuales se estructuran relaciones de poder desiguales
entre los géneros, a partir de la naturalización de los roles maternales, justificando así la subordinación
de las mujeres a la voluntad de los hombres y su exclusión de las decisiones de la ciudad y de la vida
pública en general. Por eso, la neutralidad de género esconde en realidad las diferencias de género y las
necesidades, intereses y propuestas ciudadanas específicas de las mujeres.
Así pues, debemos reforzar y desarrollar acciones, procesos y políticas públicas en torno a la equidad de
género para construir y mejorar las ciudades y que de este modo incluyan todas las voces y experiencias,
especialmente las de las mujeres. Estas son las personas que permiten el desarrollo y apoyan la vida en
los territorios que habitamos; son quienes continúan realizando la mayor parte de las tareas
relacionadas con la reproducción, el cuidado de otras personas y el del hogar. Los desafíos urbanos a los
que nos enfrentamos son importantes: cuando hablamos de ciudades, debemos empezar reconociendo
que el número de habitantes siempre aumenta. Desde el año 2008, más de la mitad de la población
mundial vive en áreas urbanas. Según las cifras de la ONU, se espera que aumente la población mundial
en un 1,84 % al año entre el 2015 y el 2020; en un 1,63 % entre el 2020 y el 2025; y en un 1,44 % entre el
2025 y el 2030. La mayor parte de este crecimiento tendrá lugar en los países en desarrollo. Esto exigirá
1
la respuesta a una mayor demanda de recursos, infraestructuras, servicios, trabajo y seguridad para
ofrecer a los habitantes de las ciudades las condiciones adecuadas de productividad, habitabilidad y
calidad de vida.
Cuando pensamos en las ciudades que deberemos construir en el futuro, las personas responsables de
las políticas, y quienes planifican el desarrollo a nivel arquitectónico y técnico, deberán tener en cuenta
que el desarrollo urbano es el soporte físico del desarrollo humano. Que las personas son el centro de las
ciudades. Esta es la perspectiva desde la cual deben planificar y construir nuestras ciudades.
El objetivo son las ciudades inclusivas. Debemos traspasar las fronteras de la creatividad e innovación
para conseguir ciudades de gran calidad que puedan proporcionar a sus residentes las condiciones
adecuadas para aprovechar todo su potencial. En el caso de la acción, esta debe facilitar e incluir la
diversidad de las voces y los aspectos distintivos de la planificación urbana, la cual implica que las
ciudades deben ser inclusivas en la medida en que su planificación y desarrollo urbano estén redefinidos
de acuerdo a las necesidades, intereses y propuestas de las poblaciones, grupos y sectores
históricamente excluidos.
De acuerdo con esto, el diseño urbano debe ser funcional y basarse en el apoyo a las necesidades de
todo tipo de personas, consiguiendo que los lugares y programas sean accesibles y de un uso fácil para la
mayor audiencia posible. Esto obliga a implicar a toda la comunidad en una planificación en la que los
proyectos siempre se fundamenten en un contexto y nazcan de las necesidades, recursos y cultura de las
comunidades y del entorno en el que se desarrollan. Mediante los proyectos de participación real y
efectiva, las comunidades fortalecen su sentimiento de pertenencia y compromiso con el proyecto, y así
se consigue aumentar la efectividad de las intervenciones.
Extender la aplicación de una seguridad humana que fortalezca la convivencia sin violencia en las
ciudades implica el establecimiento de las perspectivas de la construcción de territorios y relaciones más
inclusivos y equilibrados para hombres y mujeres. El compromiso de las ciudades más seguras implica
de forma implícita, como condición indispensable, la erradicación de la violencia contra las mujeres, su
empoderamiento y la promoción de sus derechos como ciudadanas.
La violencia contra las mujeres, que tiene causas estructurales e ideológicas profundas en los modelos de
desarrollo de las ciudades, incluye una serie de dimensiones complejas a las que se enfrenta toda la
ciudadanía en relación con las ciudades, donde uno de los retos emergentes es el crecimiento de la
población y la acogida de personas, lo que en ocasiones supone una fuente de miedo. La violencia y la
inseguridad se manifiestan de diversas maneras y afectan a todas las personas. Sin embargo, se
experimentan de diferente manera por parte de los hombres y las mujeres, de los jóvenes y los ancianos,
y de los pobres y los ricos. La violencia afecta a la calidad de la vida diaria de las personas y a su
capacidad de ejercer sus derechos como ciudadanos y ciudadanas.
Las ciudades serán inclusivas mientras se respeten los principios de justicia social, igualdad y no
discriminación, responsabilidad cívica democrática, calidad de vida y la promoción de sus habitantes.
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La transversalidad de género en las políticas locales es la clave
La importancia del género como enfoque analítico en la creación de políticas y en su aplicación es
innegable. Para adoptar una posición que abarque las diferentes situaciones de discriminación a las que
las mujeres todavía deben hacer frente, es necesario incluir la perspectiva de género de forma
transversal en el diseño, ejecución y evaluación de las políticas públicas1 (cambio de procedimiento), así
como la revisión de las estructuras y formas de organización de la administración pública (cambio
estructural).
La incorporación de la perspectiva de género supone la inclusión y aplicación del principio de la igualdad
de trato y oportunidades entre mujeres y hombres en las políticas públicas para garantizar el acceso a
todos los recursos en igualdad de condiciones, la planificación de las políticas públicas teniendo en
cuenta las desigualdades existentes, las diferentes situaciones y posiciones sociales de las mujeres y
hombres, y la identificación y evaluación de los efectos e impactos que estas producen para evolucionar
hacia una igualdad real.
La política pública tiene la capacidad de perpetuar o eliminar la discriminación y la desigualdad de
género. Solamente haciendo del género un factor clave en el desarrollo y aplicación de las políticas
públicas, podremos promover la igualdad de género y los derechos humanos en nuestras ciudades.
La aplicación de la perspectiva de género en las políticas locales para alcanzar la igualdad de
género
La incorporación de la perspectiva de género ha sido definida como «la reorganización, mejora,
desarrollo y evaluación de los procesos políticos para que la perspectiva de la igualdad de género se
incorpore a todas las políticas y a todos los niveles y estados, por parte de los actores que forman parte
de la formulación de las políticas» (Consejo de Europa, 1999) y representa una de las prioridades ya que
es una estrategia más efectiva para construir la sociedad de igualdad entre mujeres y hombres.
«La perspectiva de género es una estrategia que las organizaciones (y las autoridades locales de las
grandes ciudades) adoptan para promover la igualdad de género. La estrategia asegura que los procesos
de creación de políticas sean accesibles a ambos géneros, y que las necesidades y deseos de los hombres
y mujeres se integren de forma justa, minimizando la discriminación de género no intencionada y
promoviendo la igualdad de género a largo plazo».2.
1
El Consejo Económico y Social de la ONU acordó las conclusiones 1997/2 en relación con la incorporación de la perspectiva de género en todas las políticas y programas de
los sistemas de Naciones Unidas en el segmento de coordinación de ECOSOC del 18 de julio de 1997. La importancia de la estrategia de inclusión desde la perspectiva de
género se reiteró en la Asamblea General en su 23ª sesión especial en junio de 2000 y en sus posteriores resoluciones. En 2004, el Consejo examinó la aplicación de las
conclusiones acordadas 1997/2. La resolución más reciente ligada a la incorporación de la perspectiva de género se aprobó en las sesiones sustantivos de ECOSOC de 2006
(resolución 2006/36).
2
«Directriz sobre la política de incorporación de la perspectiva de género en Seúl. Revisión de las políticas urbanas desde los puntos de vista de las mujeres». Fundación de
Seúl de la Mujer y la Familia (diciembre de 2013).
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La incorporación de la perspectiva de género en la planificación de las ciudades es un ejemplo de esto.
Incluir la perspectiva de género implica la consideración del conocimiento y necesidades derivados de la
experiencia de las mujeres como base del desarrollo urbano, muy distinto al discurso predominante
fundamentado en la generalización y neutralidad de las experiencias (discurso masculino), sin considerar
la diversidad real de las personas que viven en los territorios.
A pesar de que los usos que los hombres y mujeres dan a las ciudades son diferentes, la perspectiva de
género no se tiene siempre en cuenta. Jane Jacobs en su libro Muerte y vida de las grandes ciudades
americanas, es precursora de este enfoque, tal y como define su propia publicación: «un ataque a la
planificación y reconstrucción urbanas actuales (...), un intento de introducir nuevos principios en la
planificación y reconstrucción de las ciudades, diferente, e incluso opuesto, al que nos enseñaron...».
Cuenta que las personas y sus vidas diarias están infravaloradas, que no se tienen en cuenta y que no
forman parte de la ecuación de los proyectos urbanos más importantes.
Siguiendo las mismas líneas de Jacobs, es importante reflejar que la incorporación de la perspectiva de
género implica que el rol de la mujer incluye un uso del espacio y de la ciudad diferente al que se
presenta y se considera predominante, y que por eso debe abordarse desde otras lógicas y puntos de
vista para hacer de las ciudades un lugar seguro y agradable para las mujeres. Deberíamos aspirar a que
las ciudades no fuesen más inclusivas solamente para las mujeres, sino para todas las personas,
independientemente de su edad, su origen, su estado físico o mental, etc.
Hacer más visibles las experiencias, percepciones y realidades de las mujeres de hoy significa valorar,
social y económicamente, las tareas de la reproducción: el cuidado de otras personas y del hogar. En
este sentido, debemos hacer visible lo que estas tareas suponen para la salud y la vida de las mujeres y,
en consecuencia, para el pleno acceso a la igualdad de oportunidades y al ejercicio de su ciudadanía.
Asimismo, debemos tener en cuenta que las mujeres aportan una visión completa a la mesa gracias a los
múltiples papeles que juegan en sus familias y comunidades.
La incorporación y visualización de las necesidades de las mujeres se abordan desde una perspectiva
intersectorial, es decir, se tienen en cuenta una amplia diversidad de situaciones, de acuerdo con las
siguientes variables: edad, origen, estatus socioeconómico, orientación sexual y salud, entre otras. En
otras palabras, es necesario que las ciudades integren y visualicen las necesidades, los intereses y las
propuestas de todas las mujeres en su diversidad.
En un contexto en el que las ciudades crecen exponencialmente, apostar por el progreso hacia ciudades
inclusivas es un verdadero desafío para la arquitectura, para la planificación urbana, para los programas,
proyectos y políticas públicas. Necesitamos que las ciudades estén planificadas desde una base de
diagnóstico urbano que incluya la visión de las mujeres y de todos los ciudadanos; un diagnóstico que
haga posible identificar cuáles son los aspectos que hay que adaptar a las necesidades diarias, teniendo
en cuenta los usos y percepciones de las personas con respecto al diseño y la gestión de los espacios
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urbanos. Esta es una tarea esencial que deben asumir los gobiernos, los actores no gubernamentales y
también la sociedad de forma integral para promover una construcción urbanística más democrática.
Las ciudades son democráticas cuando sus habitantes tienen el derecho a la ciudad: cuando las
personas que las habitan experimentan la ciudadanía total como portadoras de derechos, es decir, entre
otras cosas, la libertad de elección de dónde y cuándo moverse por la ciudad, el disfrute de los espacios
públicos, y el acceso a la vivienda y a entornos urbanos adecuados. En definitiva, cuando tienen el mismo
acceso a las oportunidades. En este sentido, es necesario asegurar el derecho a la ciudad, definido como
el usufructo igualitario de las ciudades dentro de los principios de sostenibilidad, democracia, igualdad,
participación ciudadana y justicia social. Este derecho colectivo de los habitantes de las ciudades,
especialmente de los grupos vulnerables y marginados, es el que legitima la acción y organización, y se
basa en sus usos y costumbres, con el objetivo de alcanzar el ejercicio absoluto de la autodeterminación
y un nivel de vida adecuado.
Estamos convencidos de que la democracia plena y segura solo se consigue con una participación
igualitaria de las mujeres, las cuales representan un 51 % de la población mundial. Su voz, experiencias y
la posibilidad de trabajar en red nos permitirán generar nuevas prácticas dirigidas al empoderamiento de
más mujeres que puedan participar en la política y en la sociedad civil.
Es fundamental promover la participación y representación política de las mujeres ya que su implicación
contribuye al fortalecimiento de la gobernanza democrática y de la calidad institucional, a la
construcción de vínculos igualitarios, garantiza escenarios de mayor diversidad, promueve la
construcción de la ciudadanía, genera las condiciones para su empoderamiento y mayor protagonismo y
aumenta la concienciación acerca del ejercicio de sus derechos.
La participación es un principio democrático: un derecho y un deber. El impacto de la participación de las
mujeres se concentra en las esferas de las decisiones públicas y privadas, en planes y políticas con una
perspectiva de género que garanticen el acceso a las mismas y una distribución igualitaria de recursos,
bienes y oportunidades.
Los gobiernos locales tienen el papel de asegurar el Derecho a la Ciudad a todos los ciudadanos.
Los desafíos más importantes de las ciudades para alcanzar la igualdad de género
-
Erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas (violencia física,
psicológica, sexual, laboral, sociopolítica, económica, simbólica, doméstica, acoso y explotación
sexual, entre otras).
-
Promoción de los estudios en tiempo y espacio para hombres y mujeres. Promoción de una
nueva organización del tiempo en las ciudades que permita una mejor conciliación del trabajo, la
familia y la vida social de las personas para conciliar el papel productivo y reproductivo de las
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mujeres. Impulso de una nueva cultura de la responsabilidad de los hombres para conseguir una
distribución más justa e igualitaria de la reproducción.
-
Mejora de acciones positivas para alcanzar una paternidad responsable y para que el cuidado de
los hijos se asuma como una responsabilidad colectiva y social y no únicamente materna.
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Inclusión de todos los niños y niñas en la educación obligatoria y apoyo a la educación
permanente para empoderar a las mujeres y permitir que alcancen puestos más altos dentro de
las empresas (y así evitar el «techo de cristal»).
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Inclusión de la perspectiva de género en la planificación política, en los programas y acciones en
las ciudades con las diferentes partes interesadas (gobiernos locales, organizaciones de mujeres,
ámbito académico, sector privado, partidos políticos, medios de comunicación, etc.) como
mecanismo efectivo para llevar a cabo cambios positivos y reales en nuestras ciudades.
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Mejora de las oportunidades de empleo y de las condiciones de trabajo de las mujeres.
Erradicación de la diferencia salarial de género y de cualquier otra desventaja laboral de las
mujeres.
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Aumento del apoyo a las mujeres de colectivos desfavorecidos (mujeres con discapacidad,
inmigrantes y madres solteras). Aplicación de programas de orientación para mujeres.
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Atención sanitaria a lo largo de la vida, especialmente en lo que respecta a la salud sexual y
reproductiva.
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Financiación garantizada del apoyo a las políticas y programas de incorporación de la perspectiva
de género. Aplicación de un presupuesto responsable en relación con el género de las
administraciones locales para asegurar mecanismos controlados y monitorizados.
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Promoción de la participación y representación cívica de las mujeres.
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Aplicación de medidas que garanticen el sufragio de las mujeres y aseguren el liderazgo y
participación política de las mujeres, así como un acceso a todas las esferas políticas (como
votantes, candidatas, cargos electos y miembros del funcionariado), entre otras cosas.
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Garantía de acceso de las mujeres a toda clase de información (políticas sociales, créditos, etc.).
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Mejora del espacio urbano para garantizar la seguridad de las mujeres.
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Facilitación del acceso de las mujeres y niñas a las TIC para que puedan beneficiarse de las
nuevas tecnologías y así cerrar la brecha digital.
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Mejora de la accesibilidad al transporte público y privado y de la movilidad, teniendo en cuenta
las necesidades y roles específicos de las mujeres.
6
-
Incorporación del criterio de género en la monitorización y evaluación de los sistemas.
¿Cómo podemos fomentar la perspectiva de género en las políticas locales para alcanzar la
igualdad de género en nuestras ciudades?
Algunas de las ciudades miembro de METROPOLIS han aplicado de forma efectiva las estrategias de
incorporación de la perspectiva de género en todos los aspectos del proceso de creación de políticas
urbanas para promover y garantizar la igualdad de género. A pesar de que la realidad y las prioridades de
nuestras ciudades miembro son diferentes, existen algunos elementos clave:
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El compromiso firme y concreto de los principales representantes políticos locales. El apoyo total
de los agentes municipales para asegurar que se cumplan las políticas de igualdad de género (y
evitar diferencias entre el discurso político y la aplicación real).
-
La aplicación de una doble estrategia dentro del área municipal/metropolitana: por una parte,
articulando políticas específicas para proteger los derechos y empoderar a las mujeres que viven
en las ciudades, y, por otra parte, comprometiéndose con la incorporación de la perspectiva de
género en todas las áreas municipales y priorizando los proyectos políticos (a través del
establecimiento de un comité de igualdad de género o grupos de coordinación con misiones y
recursos concretos).
-
El reconocimiento de que las estadísticas segregadas por género son un elemento fundamental
de la estrategia de incorporación de la perspectiva de género que hay que recabar y analizar.
GSS ofrece información básica de las necesidades de los ciudadanos y de las ciudadanas que
deben integrarse en las políticas de incorporación de la perspectiva de género en desarrollo.
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El establecimiento e institucionalización de comités de supervisión que incluyan a mujeres y
expertos en género para monitorizar y examinar cómo se aplica la incorporación de la
perspectiva de género en las políticas públicas.
-
La promoción del desarrollo de la capacidad y la capacitación en cuestiones de género en los
planes de estudio.
-
El cambio de mentalidad: desde el cumplimiento de las exigencias legales hasta un compromiso
real y positivo de la igualdad de género.
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La implicación de la sociedad como un todo (incluyendo a los hombres y a diferentes
generaciones) en los procesos de creación de políticas: en la planificación, ejecución y
monitorización de la incorporación de la perspectiva de género. A través de su participación,
podemos identificar las diferentes necesidades ciudadanas de mujeres y hombres. Para
conseguirlo, se recomienda involucrar a los grupos que incluyan a la sociedad civil, al
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funcionariado y a especialistas para que se encarguen de recopilar opiniones en cuestiones
políticas, de monitorizar la implicación y llevar a cabo sugerencias en diversos aspectos de la
creación de políticas.
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La necesidad del diseño y aplicación de programas de educación formal y no formal con
perspectiva de género para los agentes municipales que mejoren sus capacidades y
competencias en este ámbito.
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El desmantelamiento o reestructuración de los roles de género y de los estereotipos
(relacionados con aspectos culturales) en la educación.
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La asignación de los recursos financieros, administrativos, humanos y materiales necesarios, así
como la aplicación de iniciativas presupuestarias con perspectiva de género.
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El establecimiento de campañas de comunicación desde la perspectiva de género para promover
una agenda social para el cambio basada en la igualdad de género.
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La promoción de talleres orientados a inspirar y a guiar a mujeres para recuperar el autoestima y
el sentimiento de identidad, y establecer y alcanzar objetivos personales y profesionales, a
través de diferentes herramientas de empoderamiento.
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Promover y fortalecer el acceso de las mujeres a todas las fases de la planeación del desarrollo
local, incluyendo presupuestos participativos sensibles al género.
En definitiva, el compromiso firme por parte del gobierno y el apoyo total de los ciudadanos y las
ciudadanas son los elementos más importantes para alcanzar la incorporación de la perspectiva de
género.
Red Internacional de Mujeres de METROPOLIS
En colaboración con:
Women in Cities International
Centre per a la Igualtat i Recursos per a les Dones, Ajuntament de Barcelona
Empowerment Hub
Secretaría de Hábitat e Inclusión, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Seoul Foundation of Women and Family
Gender Hub, UN Habitat
Red Mujer y Hábitat de América Latina
UN Women
Secretaría Distrital de la Mujer, Alcaldía Mayor de Bogotá
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