Derecho a la Privacidad y Protección de Datos Personales

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Derecho a la Privacidad y Protección de Datos Personales
Privacidad y protección de datos personales: perspectivas y dilemas
Macorina
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Índice
Introducción...........................................................................................................................................3
Privacidad y protección de datos personales: perspectivas y dilemas.....................................................4
Delimitación de conceptos......................................................................................................................4
Datos personales: derechos y obligaciones.............................................................................................5
Los principios de protección de datos......................................................................................................9
Derechos ARCO, definición y ejercicio....................................................................................................12
Desconocimiento, el pequeño gran problema.......................................................................................14
Privacidad.............................................................................................................................................18
Propuestas y conclusiones.....................................................................................................................25
Bibliografía...........................................................................................................................................26
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3
Introducción
El presente ensayo pretende servir al lector como un acercamiento a la Ley
Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares, un
vehículo puntual y sencillo para comprender mejor esta legislación tan importante hoy
en día, así como las aplicaciones de su Reglamento.
También busca ser un fomento a la reflexión referente a los conceptos de
privacidad y protección de datos, sus alcances e implicaciones. Para tal fin, el trabajo
se dividió en diversos apartados.
En primera instancia, se delimitarán los conceptos más importantes para la
comprensión de este trabajo. Posteriormente, se hará un breve recuento de los
derechos que todo ciudadano posee respecto a la protección de datos personales, y se
presentarán casos relacionados con el tema. También se discutirá la privacidad, su
relación con la democracia y los dilemas que la misma presenta. Por último, se
propondrán diversas líneas de acción para el correcto ejercicio del derecho a la
protección de datos personales y la privacidad.
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Privacidad y protección de datos personales: perspectivas y dilemas
La igualdad es una necesidad vital del alma humana. La misma
cantidad de respeto y de atención se debe a todo ser humano, porque
el respeto no tiene grados. Simone Weil.
Vigente desde julio de 2010, la Ley Federal de Protección de Datos Personales
en Posesión de los Particulares es el cuerpo normativo de la legislación mexicana
encargado de regular a los particulares físicos o morales que recaben cualquier tipo de
dato personal. Para fines de este ensayo, se retomaron diversos conceptos
establecidos en dicha ley, mismos que se explicarán a continuación.
Delimitación de conceptos
El Diccionario de la Real Academia Española define privacidad como el “ámbito
de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión”. Por su
parte, la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su artículo 12
que toda persona tiene derecho a recibir protección legal contra ataques a su vida
privada, domicilio o correspondencia.
Ernesto Villanueva (2003) citado por Jorge Mirón conceptualiza este derecho
como “la prerrogativa que tienen los individuos para no ser interferidos o molestados,
por persona o entidad alguna, en el núcleo esencial de las actividades que
legítimamente deciden mantener fuera del conocimiento público".
La Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los
Particulares define datos personales como “cualquier información concerniente a una
persona física identificada o identificable”. Éstos incluyen nombre, teléfono, celular,
domicilio, huellas dactilares y cualquier otra forma de identificar a una persona. Por otro
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lado, los datos sensibles son aquellos que afectan directamente la intimidad de su
titular y que, de ser divulgados, podrían derivar en la discriminación del mismo. Tal es el
caso de las creencias religiosas, el estado de salud o las preferencias sexuales.
Se conoce como derechos ARCO al derecho que tiene todo ciudadano de
acceder, rectificar y/o cancelar el uso de sus datos personales en posesión de
particulares, así como oponerse a que sean usados. Más adelante se ahondará en
cada uno de ellos, así como la manera de ejercerlos.
Se entiende por titular a la persona a quien corresponden los datos personales
recabados por cualquier medio o institución. El responsable de estos datos decide
sobre su tratamiento y debe velar por su protección.
Un aviso de privacidad es un documento puesto a disposición de toda persona
antes del tratamiento de sus datos personales, informando cuáles datos se recabarán y
con qué fines.
A partir de este momento, utilizaremos Ley para referirnos a la Ley Federal de
Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares; y Reglamento para
referirnos al reglamento correspondiente a dicha ley.
Datos personales: derechos y obligaciones
Según el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos
(2013) el derecho a la protección de datos personales es “el poder de disposición y
control que faculta a su titular a decidir cuáles de sus datos proporciona a un tercero,
así como el saber quién posee esos datos y para qué, pudiendo oponerse a esa
posesión o uso”. También puede referirse al derecho que tienen todos los ciudadanos a
saber quién, cómo y para qué se recaban sus datos personales.
Como bien menciona Vélez (2011), este derecho surge debido a la creciente
amenaza a la privacidad que pueden representar las nuevas tecnologías, al modificar la
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manera en que se distribuyen y almacenan los datos personales. Además, “tiene que
ver con el libre desarrollo de la personalidad debido a que los datos personales forman
parte de las referencias que conforman a un individuo” (Vélez, 2011).
Tenemos pues que los datos personales, más allá de mera información de
referencia a un individuo, aún los sensibles, son parte inherente de la personalidad del
mismo. Tener esto en cuenta es primordial para comprender la importancia de contar
con un legislación actualizada y vigente para garantizar la protección de datos
personales.
En el Capítulo II de la Ley se establece que todos los titulares de datos
personales pueden ejercer sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y
oposición al tratamientos de sus datos (artículos 22 a 27). También se establece una
serie de situaciones en las que el responsable de los datos no estará obligado a
cancelarlos (artículo 26), a saber:
Se refiera a las partes de un contrato privado, social o administrativo y
sean necesarios para su desarrollo y cumplimiento;
Deban ser tratados por disposición legal;
Obstaculice actuaciones judiciales o administrativas vinculadas a
obligaciones fiscales, la investigación y persecución de delitos o la
actualización de sanciones administrativas;
Sean necesarios para proteger los intereses jurídicamente tutelados del
titular;
Sean necesarios para realizar una acción en función del interés público;
Sean necesarios para cumplir con una obligación legalmente adquirida
por el titular, y
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7
Sean objeto de tratamiento para la prevención o para el diagnóstico
médico o la gestión de servicios de salud, siempre que dicho
tratamiento se realice por un profesional de la salud sujeto a un deber
de secreto.
Además de los derechos de los titulares de datos personales, es importante
conocer las obligaciones impuestas a los encargados de tratarlos. Éstas se especifican
en el artículo 50 del Reglamento e incluyen:
Tratar únicamente los datos personales conforme a las instrucciones del
responsable.
Abstenerse de tratar los datos personales para finalidades distintas.
Implementar las medidas de seguridad conforme a la Ley, el Reglamento
y las demás disposiciones aplicables.
Guardar confidencialidad respecto de los datos personales tratados.
Suprimir los datos personales objeto de tratamiento una vez cumplida la
relación
jurídica
con
el
responsable
o
por
instrucciones
del
responsable, siempre y cuando no exista una previsión legal que exija
la conservación de los datos personales.
Abstenerse de transferir los datos personales salvo en el caso de que el
responsable así lo determine, la comunicación derive de una
subcontratación, o cuando así lo requiera la autoridad competente.
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¿Qué se debe sancionar?
El artículo 63 de la Ley establece 19 conductas que, de ser llevadas a cabo por
el responsable y/o por el encargado del manejo de datos, ameritan una sanción. Entre
ellas destacan:
No cumplir con la solicitud del titular para el acceso, rectificación,
cancelación u oposición al tratamiento de sus datos personales, sin
razón fundada, en los términos previstos en esta Ley.
Actuar con negligencia o dolo en la tramitación y respuesta de solicitudes
de acceso, rectificación, cancelación u oposición de datos personales.
Declarar dolosamente la inexistencia de datos personales, cuando exista
total o parcialmente en las bases de datos del responsable;
Dar tratamiento a los datos personales en contravención a los principios
establecidos en la presente Ley.
(…) no efectuar las rectificaciones o cancelaciones de los mismos que
legalmente procedan cuando resulten afectados los derechos de los
titulares.
Incumplir el deber de confidencialidad establecido en el artículo 21 de
esta Ley.
Cambiar sustancialmente la finalidad originaria del tratamiento de los
datos, sin observar lo dispuesto por el artículo 12.
Transferir datos a terceros sin comunicar a éstos el aviso de privacidad
que contiene las limitaciones a que el titular sujetó la divulgación de los
mismos.
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Llevar a cabo la transferencia o cesión de los datos personales, fuera de
los casos en que esté permitida por la Ley;
Recabar o transferir datos personales sin el consentimiento expreso del
titular, en los casos en que éste sea exigible.
Recabar datos en forma engañosa y fraudulenta.
Continuar con el uso ilegítimo de los datos personales cuando se ha
solicitado el cese del mismo por el Instituto o los titulares;
Tratar los datos personales de manera que se afecte o impida el ejercicio
de los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición (…)
Cualquier incumplimiento del responsable a las obligaciones establecidas
a su cargo en términos de lo previsto en la presente Ley.
Como se verá más adelante, conocer estas conductas sancionadas lleva
inevitablemente a la defensa de los derechos de protección de datos personales. Pero
antes es necesario aclarar un poco más respecto al uso de los mismos.
Los principios de protección de datos
En el Capítulo II, Sección I, artículo 9 del Reglamento se establecen ocho
principios que todo particular deberá cumplir referentes a la protección de datos
personales. A continuación se presentará una breve explicación de cada uno de ellos,
así como el artículo del Reglamento en que están definidos:
Licitud: los datos personales deberán tratarse con apego a la ley nacional
e internacional (artículo 10).
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Consentimiento: los datos personales se obtendrán con autorización del
titular, explicando la finalidad con que son recabados (artículo 11).
Información: el responsable deberá explicar al titular cómo se usarán los
datos personales recabados (artículo 23).
Calidad: el responsable debe asegurarse de que los datos personales que
tenga en su poder sean exactos y estén actualizados, según la
finalidad con que fueron obtenidos (artículo 36).
Finalidad: los datos personales sólo se podrán utilizar para los fines con
que fueron recabados (artículo 40).
Lealtad: el responsable deberá tratar los datos personales dando prioridad
a la protección de los mismos, según lo establecido en la Ley (artículo
44).
Proporcionalidad:
sólo
se
podrán
recabar
los
datos
personales
indispensables y necesarios para la finalidad expresada en el aviso de
privacidad (artículo 45).
Responsabilidad: el responsable deberá responder por el uso que se le de
a los datos personales que están en su posesión (artículo 47).
El cabal conocimiento de estos principios cobra relevancia si uno hace una
pequeña reflexión: ¿estarán cumpliendo estos principios los particulares que
almacenan mis datos personales?
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Caso Telcel
En abril de este año, Radiomóvil Dipsa S.A. de C.V. (Telcel) recibió una multa de
9 millones 940 mil pesos por parte del Instituto Federal de Acceso a la Información y
Protección de Datos (IFAI) por mal uso de los datos personales de una usuaria (La
Jornada, 2014).
La demanda interpuesta fue porque Telcel accedió a los números frecuentes de
la usuaria, y los contactó para que la instaran a realizar pagos atrasados.
La multa impuesta fue por las diversas infracciones cometidas por Telcel:

Telcel reveló a terceros datos personales de la usuaria: nombre, número
de celular y número de contrato, buscando gestionar el pago del adeudo.

No cumplió con los fines con que recabó los datos personales, fines
expresados en el aviso de privacidad.

Además, Telcel accedió a información confidencial, los números
frecuentes, sin previa autorización de la afectada.
Como se puede apreciar, Telcel no respetó tres de los principios establecidos en
el Reglamento: licitud, ya que obró sin seguir la legislación; lealtad, porque no procuró
la protección de los datos personales en su poder; y proporcionalidad, ya que no
respetó la finalidad con que recabó los datos personales.
Coloquialmente podría decirse que esta historia tuvo un final feliz. Hubo una
sanción correspondiente a un delito. Más allá de la falta cometida por Telcel, una
auténtica falta de respeto a una usuaria y que es poco probable sea la única de su tipo,
lo realmente destacable de este caso es la denuncia misma. Tal vez sólo sea una, pero
si hubiera más ciudadanos puestos a tomar acciones ante las injusticias de las que son
sujetos, sin duda estaríamos en un país más justo.
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Igual de importante es dar la difusión necesaria a este tipo de casos. No porque
se trate de una empresa de la talla de Radiomóvil Dipsa, sino por la falta cometida. No
hay mejor enseñanza que el ejemplo.
Derechos ARCO, definición y ejercicio
En el Capítulo III de la Ley Federal de Protección de Datos Personales en
Posesión de los Particulares se establece que todo ciudadano podrá ejercer los
derechos ARCO cuando considere conveniente, ninguno siendo requisito de otro.
Acceso
Todo ciudadano tiene derecho a acceder a sus datos personales en posesión de
terceros, ya sea para verificar que estén actualizados o para conocer los fines con los
que serán utilizados. También se puede solicitar el medio por el que fueron obtenidos, o
los terceros con los que se comparten.
Rectificación
Todo ciudadano puede solicitar la modificación de sus datos personales a los
particulares que los posean. Este derecho se ejerce cuando los datos no son correctos
o están desactualizados, hay inexactitudes y/o cualquier clase de error.
Cancelación
Todo titular puede exigir a los particulares que posean sus datos personales la
eliminación de los mismos, siempre que considere que no están siendo utilizados de
manera responsable o sin seguir los lineamientos establecidos por la Ley.
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Oposición
Todo ciudadano puede oponerse a que otros utilicen sus datos personales si
considera que su uso puede derivar en daños a su persona, o no desea que sean
utilizados para ciertos fines.
Ejercicio
En general, el ejercicio de cada uno de estos derechos se hace presentando una
solicitud directamente con el particular en posesión de los datos. Sin embargo, es
importante tener en cuenta que existen ciertas situaciones en las que no procederá la
cancelación u oposición al uso de datos personales, mismas que se enumeran a
continuación (IFAI):
Si los datos se refieren a las partes de un contrato privado, social o
administrativo y sean necesarios para su cumplimiento;
Si con su eliminación se obstaculizan actuaciones judiciales o
administrativas vinculadas a obligaciones fiscales, la investigación y
persecución de delitos;
Si son necesarios para proteger los intereses jurídicamente tutelados del
titular;
Si son necesarios para realizar una acción en función del interés público;
Si son necesarios para cumplir con una obligación legalmente adquirida
por el titular, y
Si son objeto de tratamiento para la prevención o para el diagnóstico
médico o la gestión de servicios de salud, siempre que dicho
tratamiento se realice por un profesional de la salud sujeto a un deber
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de secreto.
El Primer Estudio sobre Protección de Datos Personales entre Usuarios y
Empresas en México, presentado por la Asociación Mexicana de Internet, revela que 5
de cada 10 internautas mexicanos considera sumamente importantes los derechos
ARCO, y más de la mitad consideraría ejercer uno o varios de ellos, como se puede ver
en la Figura 1:
Fuente: elaboración propia con datos de la AMIPCI.
Si bien estos datos pueden ser esperanzadores, todavía falta un largo camino
con recorrer. Es afortunado saber que al menos la mitad de los internautas mexicanos
les conceden gran importancia a los derechos ARCO y los ejercerían en caso de ser
necesario.
Desconocimiento, el pequeño gran problema
Según datos de Parametría, en 2013 el 52% de los mexicanos desconocía la
existencia de la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los
Particulares, cifra alarmante porque evidencia el fallo gubernamental en la difusión de
tan importante ley. Además, el 73% no sabe a qué institución dirigirse en caso de que
algún particular haga mal manejo de sus datos personales. En este punto resulta más
que válido preguntarse: ¿cómo hará valer sus derechos una sociedad que los
desconoce?
Acaso más grave aún es el hecho de que las mismas empresas mexicanas
desconocen la legislación vigente en materia de protección de datos personales. Según
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15
el Primer Estudio sobre Protección de Datos Personales entre Usuarios y Empresas en
México, el 44% de las empresas nacionales desconocen parcial o totalmente la Ley
Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares (Figura 2),
lo cual evidentemente dificulta aún más el correcto ejercicio del derecho a la protección
de los datos personales.
Fuente: elaboración propia con datos de la AMIPCI.
Aunado a esto, el mismo estudio revela que cinco de cada diez empresas
carecen de conocimientos referentes a los derechos ARCO (Figura 3).
Fuente: elaboración propia con datos de la AMIPCI.
También llama la atención el hecho de que 74% de las empresas mexicanas
considera que no se le ha dado la difusión suficiente a la legislación vigente en materia
de protección de datos personales.
Redes sociales: arma de doble filo
Según Ramírez, Gaitán y Cataluña (2012) un servicio de redes sociales (SRS)
se define como “servicios basados en Web que permiten a los individuos construir un
perfil público o semipúblico dentro de un sistema limitado, articular una lista de otros
usuarios con los que comparten una conexión, y ver y recorrer su lista de las
conexiones y las hechas por otros dentro del sistema”.
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El Segundo Estudio sobre MKT y Redes Sociales en México presentado por la
AMIPCI en 2013 indica que nueve de cada 10 internautas mexicanos accede a al
menos una red social. Según datos del mismo estudio, Facebook y Twitter son las dos
redes sociales de mayor uso en el país, seguidos de Youtube y Google+ (Figura 4).
Fuente: elaboración propia con datos de la AMIPCI.
Por otra parte, el mismo estudio indica que 8 de cada 10 empresas mexicanas
tiene un perfil en al menos una red social, siendo la más utilizada Facebook (Figura 5).
Fuente: elaboración propia con datos de la AMIPCI.
Datos de la misma AMIPCI arrojan que el 77% de los internautas mexicanos han
depositado algún tipo de dato personal en una red social, siendo la mayoría datos de
identificación. Lo más alarmante, sin embargo, es que el 61% de los inscritos a una red
social no saben cómo se usarán los datos personales que proporcionaron. Esto se
debe, en gran medida, a la poca o nula atención que se le dedica a la lectura del aviso
de privacidad de cada red social. Como se puede ver en la Figura 6, apenas el 43% de
los internautas revisan de manera regular dicho aviso:
Fuente: elaboración propia con datos de la AMIPCI.
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Entonces, tenemos que buena parte de los mexicanos ha depositado datos en
alguna red social, pero menos de la mitad es consiente de para qué serán utilizados
esos datos.
Tal vez esto para muchos no represente un problema, en primera instancia.
¿Qué tiene que temer un joven estudiante que no se dedica a la delincuencia? ¿O un
trabajador que paga sus impuestos?
Si bien en la Ley se estipula que todo particular, nacional o extranjero, debe
cumplir con la legislación vigente en materia de protección de datos personales,
también hay que tomar en cuenta que esos particulares están bajo la legislación de sus
propios países. Y cuando se trata de países como Estados Unidos, con sus
cuestionables políticas de espionaje a sus ciudadanos, el asunto se vuelve cada vez
más grave.
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Privacidad
La democracia es una forma superior de gobierno, porque se basa
en el respeto del hombre como ser racional. John F. Kennedy.
Para iniciar este apartado vale la pena profundizar un poco en los derechos
fundamentales. Estos derechos no son absolutos ni ilimitados, ya que están sujetos a
límites impuestos por la legislación de cada país. Con estas limitaciones no se les resta
importancia ni valor ante la ley, sino que se les legitima a través de ella (Tórtora, 2010)
Las limitaciones mencionadas se pueden clasificar de diversas maneras; por
ejemplo, las circunstancias en que operan, por su origen, por la norma de la que
surgen, etc. La privacidad, como derecho fundamental reconocido, está sujeto a
limitaciones en la legislación mexicana.
Si bien ya se proporcionó una definición de privacidad, la instituida en la
Declaración Universal de Derechos Humanos, resulta primordial esclarecer aún más
este concepto, además de diferenciarlo de la intimidad. Ríos (2005) citado por Vélez,
establece que la intimidad hace referencia a un aspecto interior en una persona, ajeno
a cualquier otro y que no se exterioriza. La vida privada, por su parte, se refiere a
sucesos ocurridos en un grupo de personas cercanas, y que se presta a la divulgación.
Esta diferenciación resulta relevante cuando se trata de definir que se debe o no
divulgar sobre un funcionario público, por ejemplo. Sin embargo, este aspecto se
abordará más adelante. Primero vale la pena hablar un poco de la relación entre la
privacidad y la democracia.
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Democracia
Vélez (2011) afirma que la diferenciación entre la vida pública y la privada es un
rasgo característico de las democracias hoy en día, ya que “de no existir esta
diferenciación podría caerse en la violación de los derechos fundamentales más
importantes de un Estado constitucional, como la libertad de creencias, libertad
ideológica, derecho a la inviolabilidad del domicilio, etc.”. A continuación ahondaremos
más en esta relación.
Del griego démos, pueblo, y krátos, poder, a democracia es fundamentalmente el
gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. En México, república federal, la
democracia se ejerce mediante la elección de nuestros representantes en los distintos
niveles de gobierno (al menos teóricamente).
Es justamente por nuestra forma de gobierno que la privacidad resulta esencial.
Un gobierno elegido para servir a sus ciudadanos y velar por sus intereses, pero que
espía indiscriminadamente, no puede ser, de ninguna manera, un gobierno justo.
Tal vez el caso más sonado sea el de Estados Unidos. El espionaje monumental
a sus ciudadanos, develado por Edward Snowden, causó gran conmoción e
indignación a nivel internacional. Más allá de las implicaciones diplomáticas de espiar a
otros países (práctica claramente reprochable), está la violación continua a un derecho
fundamental. En realidad no hay justificación. Se podrán alegar cuestiones de
seguridad nacional, de paranoia, de preocupación por los ciudadanos norteamericanos,
pero en el fondo prevalece un deseo bastante evidente: control.
Aquí vale la pena hacer un paréntesis y mencionar la (por ahora) inconclusa
reforma a la ley de telecomunicaciones de nuestro país. Pareciera seguir los pasos de
nuestros vecinos del norte, particularmente en su Título Octavo: De la colaboración con
la Justicia. Para cerrar este apartado, quedará al artículo 190 de este proyecto de ley.
Un mayor conocimiento del mismo bien podría resultar en una mayor preocupación de
la ciudadanía por defender su privacidad:
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Artículo 190. Los concesionarios de telecomunicaciones y, en su caso, los
autorizados deberán:
I. Colaborar con las instancias a que se refiere el artículo anterior, en la
localización geográfica, en tiempo real, de los equipos de comunicación móvil,
en los términos que establezcan las leyes aplicables (…).
II. Conservar un registro y control de comunicaciones que se realicen desde
cualquier tipo de línea que utilice numeración propia o arrendada, bajo
cualquier modalidad, que permitan identificar con precisión los siguientes
datos:
a) Nombre, denominación o razón social y domicilio del suscriptor;
b) Tipo de comunicación (transmisión de voz, buzón vocal, conferencia,
datos), servicios suplementarios (incluidos el reenvío o transferencia de
llamada) o servicios de mensajería o multimedia empleados (incluidos los
servicios de mensajes cortos, servicios multimedia y avanzados);
c) Datos necesarios para rastrear e identificar el origen y destino de las
comunicaciones de telefonía móvil: número de destino, modalidad de líneas
con contrato o plan tarifario, como en la modalidad de líneas de prepago;
d) Datos necesarios para determinar la fecha, hora y duración de la
comunicación, así como el servicio de mensajería o multimedia;
e) Además de los datos anteriores, se deberá conservar la fecha y hora de la
primera activación del servicio y la etiqueta de localización (identificador de
celda) desde la que se haya activado el servicio;
f) En su caso, identificación y características técnicas de los dispositivos,
incluyendo, entre otros, los códigos internacionales de identidad de
fabricación del equipo y del suscriptor;
g) La ubicación digital del posicionamiento geográfico de las líneas
telefónicas, y
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h) La obligación de conservación de datos a que se refiere la presente
fracción cesa a los doce meses, contados a partir de la fecha en que se haya
producido la comunicación.
Los concesionarios de telecomunicaciones y, en su caso, los autorizados,
tomarán las medidas técnicas necesarias respecto de los datos objeto de
conservación, que garanticen su conservación, cuidado, protección, no
manipulación o acceso ilícito, destrucción, alteración o cancelación, así como
el personal autorizado para su
manejo y control; (…).
***
Entonces, ¿todos somos iguales?
Tal vez el concepto de privacidad se presente en toda su complejidad cuando se
trata de figuras de la vida pública. Aquí es pertinente hacer una aclaración al respecto.
Un funcionario público, debido a la naturaleza misma de sus responsabilidades, debe
asumir el hecho de que su privacidad estará en inevitable escrutinio. Sin embargo,
como indica Jorge Carpizo (2004) “cuando no existe un probable delito, el funcionario
público, como toda persona, tiene el derecho al respeto de su vida privada, salvo que
sus actos incidan en su función pública”.
Por su parte, Vélez (2011) menciona que las personas que desempeñan un
cargo público “tienen menos oposición normativa general que los ciudadanos comunes
en términos de intimidad y respeto al honor, frente a actuaciones en los medios de
comunicación”. También asegura que el conocimiento de ciertos datos bien podría ser
de interés público, especialmente si tienen alguna implicación o consecuencia con el
desempeño de su cargo.
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Aparece ahora el forzoso cuestionamiento: ¿cómo se decide que un aspecto de
la vida privada de un funcionario afecta sus funciones? ¿Cuál es el parámetro para
decidir qué y cuánto perjudica el ejercicio de sus funciones?
Existen innumerables formas de ejemplificar este dilema. A principios de este
año, la organización Artículo 19 interpuso un juicio de amparo ante el Juzgado Sexto de
Distrito en Materia Administrativa del Distrito Federal, argumentando que era necesario
contar con información sobre el estado de salud del Presidente (Animal Político, 2014).
Tanto el Instituto Federal de Acceso a la Información como la Presidencia y el juzgado
negaron el acceso a tales datos. Sin embargo, ante una contradicción por parte del juez
durante el proceso, Artículo 19 interpuso un recurso de revisión, argumentando que la
salud del mandatario es de interés público debido al acto impacto que tiene sus
decisiones en los distintos niveles de la vida nacional.
Poco tiempo después, el Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del
Primer Circuito resolvió que esta información debía conservar su carácter “privado y
reservado” (Animal Político, 2014), sin importar el cargo público que desempeñe. En
esta resolución se incluye que la protección de los datos personales debía prevalecer
debido a su carácter de derecho humano fundamental, limitando así la posibilidad de
conocer el estado de salud de cualquier otro funcionario federal.
¿Fue la resolución correcta? Es válida, sin duda, debido a la instancia que la
emitió, pero vale la pena cuestionarse si fue la mejor.
Medios de comunicación y privacidad: ¿es posible la armonía?
Es conveniente hacer una reflexión sobre el papel de los medios de
comunicación en el respeto a la privacidad. El artículo 6 de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos, referente a la libertad de expresión, se establece que
ésta no será motivo de inquisición “sino en el caso de que ataque a la moral, los
derechos de terceros, provoque algún delito o perturbe el orden público”. Asimismo, el
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23
artículo 7 de la Carta Magna dicta que la libertad de prensa no tendrá más límites que
“que el respeto a la vida privada, a la moral o a la paz pública”.
Como se puede observar, en ambos artículos se da prioridad a los derechos de
terceros, específicamente el derecho a la privacidad que ya hemos mencionado debido
a su carácter de fundamental.
La Ley de Imprenta, vigente en México desde 1917, delimita en su artículo 1º lo
que se considera como ataque a la vida privada:
Toda manifestación o expresión maliciosa hecha verbalmente o por
señales en presencia de una o más personas (…) que exponga a una
persona al odio, desprecio o ridículo, o pueda causarle demérito o en
su reputación o en sus intereses;
Toda manifestación o expresión maliciosa hecha (…) contra la memoria
de un difunto con el propósito o intención de lastimar el honor o la
pública estimación de los herederos o descendientes de aquél, que aún
vivieren;
Todo informe, reportazgo o relación de las audiencias de los jurados o
tribunales, en asuntos civiles o penales, cuando refieran hechos falsos
o se alteren los verdaderos con el propósito de causar daño a alguna
persona, o se hagan, con el mismo objeto, apreciaciones que no estén
ameritadas racionalmente por los hechos, siendo éstos verdaderos;
Cuando con una publicación prohibida expresamente por la Ley, se
compromete la dignidad o estimación de una persona, exponiéndola al
odio, desprecio o ridículo, o a sufrir daños o en su reputación o en sus
intereses, ya sean personales o pecuniarios.
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Esta ley de apenas 8 páginas deja, sin duda, muchas cuestiones al aire. Pasa
por alto prácticamente la mitad del problema, es decir, el discernimiento entre lo que
debe o no ser público sobre un funcionario, en función del perjuicio que pueda resentir
el desempeño de su cargo. Es posible comprender los motivos de la omisión, puesto
que la ley tiene casi cien años y fue escrita en tiempos en que la información no se
difundía tan rápidamente; pero este hecho sólo enfatiza la necesidad de ajustarla a la
época en que nos encontramos.
Caso Tekax
En febrero de este año, buena parte del estado de Yucatán se conmocionó ante
la sorpresiva filtración de fotografías que mostraban a un funcionario de Tekax
participando en una orgía. Esto llevó casi inmediatamente a su despido.
No serán pocas las personas que consideren algo más que reprochable la
conducta de dicho funcionario; sin embargo, más allá de lo que unos puedan
considerar apropiado yace la problemática ya mencionada. ¿Debía la sociedad conocer
esto, a pesar de la clara violación a su privacidad?
Según los parámetros establecidos por la Ley de Imprenta, con esta noticia se
expuso al funcionario al “odio, desprecio o ridículo”, causándole “demérito o en su
reputación o en sus intereses”. No queda claro, sin embargo, si la conducta expuesta
atenta directamente con su capacidad para desempeñar su cargo.
Una última consideración
Ya se mencionó que la preocupación por la privacidad surge en gran medida
debido al rápido desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación, que permiten la
difusión de todo tipo de información a velocidades insospechadas. Al respecto,
Piacenza (2010) afirma que la defensa de nuestra privacidad debe realizarse en
función del panorama tecnológico actual, ya que “no se trata solo de excluir nuestra
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esfera personal del conocimiento ajeno, sino de preservar nuestra identidad y nuestra
libertad frente al control al que proporciona la informática”.
Propuestas y conclusiones
La probabilidad de perder en la lucha no debe disuadirnos de apoyar
una causa que creemos que es justa. Abraham Lincoln.
Como se ha presentado, la privacidad y la protección de datos personales son
cuestiones sumamente importantes y delicadas, con numerosas implicaciones a tener
en cuenta.
Es evidente el desconocimiento de la población sobre sus derechos para la
protección de datos personales. Resulta más que necesario implementar campañas de
difusión sobre la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los
Particulares y su Reglamento, sus alcances y aplicaciones. Desde luego, esta difusión
debe hacerse tanto para los usuarios como para las empresas en posesión de datos
personales.
Por otra parte, es urgente fomentar la cultura de la protección de datos y de la
defensa de la privacidad. De poco o nada sirve la legislación, con sus méritos y sus
fallas, si los ciudadanos no se preocupan por conocerla y, más importante aún, hacerla
cumplir.
Vivimos en una época llena de cambios, prisas y velocidad. Día tras día surgen
nuevas posibilidades tecnológicas y con ellas nuevas interacciones entre usuarios y
empresas de todo tipo. Intentar regularlas en su totalidad sería un claro atentado a la
libertad; sin embargo, es posible establecer guías y pautas de conducta que velen por
los intereses de todos y fomenten el respeto a los derechos fundamentales.
Afortunadamente, México ya ha despertado ante la vertiginosa evolución que se
ha dado en la última década. El derecho al acceso a la información fue un primer paso,
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seguido de la protección de datos personales y el derecho a la privacidad. Ha sido un
despertar gradual, con tropiezos y omisiones, pero despertar al fin y al cabo.
Considero que la legislación pertinente para la defensa de los derechos ya
mencionados ha llegado a un punto, al menos en el país, en que si no se va hacia
delante se está retrocediendo. Un claro ejemplo de esto es la Ley de Imprenta, con casi
un siglo de vida y sin cambio. Mantener multas tan francamente ínfimas como cien a
mil pesos por ataques a la vida privada no es sólo estar desactualizado, también es un
fomento a la falta misma. Corresponde a los ciudadanos exigir los cambios que sean
necesarios para asegurar un correcto ejercicio de la libertad de expresión, fomentar el
respeto a la vida privada y defender el derecho a la protección de datos personales.
Estamos en un momento clave de la revolución tecnológica. Las decisiones que
tomemos (o dejemos de tomar) repercutirán directamente en la forma que piensan y
ven los medios de comunicación esa generación que hoy está naciendo y viviendo sus
primeros años en compañía de una tablet. Es momento de sentar las bases para su
uso.
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