Tendencias laborales en España

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ESQUEMA
Título: Tendencias Laborales En España.
INTRODUCCIÓN.
Los grandes cambios sociales, económicos, culturales e ideológicos que tuvieron lugar a partir del derrumbe
de las sociedades agrarias tradicionales, bajo el impacto de la Revolución Francesa y Revolución Industrial,
abrieron paso a una nueva época histórica en cuya estela de influencias aún nos encontramos. El cielo que se
abrió entonces puede caracterizar se como uno de los períodos mejor estudiados y analizados en toda la
evolución de la humanidad.
La labor desarrollada por una considerable pléyade de analistas en diferentes ciencias sociales nos permite
resaltar dos grandes rasgos en este ciclo de transición social. En primer lugar, la intensificación de todos los
procesos de cambio, de forma que en pocos años tuvieron lugar un gran número de transformaciones sociales
y económicas como nunca se habían conocido antes. En segundo lugar, los cambios fueron precedidos y
acompañados por la difusión de un decidido gitimismo y fe en las posibilidades del progreso y avance social.
El Ilusionismo, el espíritu ilustrado y las nuevas ideologías y concepciones impulsoras del cambio económico
y social influyeron decisivamente en la formación de un cuerpo de actitudes y valoraciones indebidas de un
claro optimismo histórico. A partir de entonces, varias generaciones de seres humanos han contemplado el
futuro como una perspectiva abierta a mejoras contínuas en lo que se refiere a oportunidades de trabajo, de
nivel de vida, reconocimiento de derechos, etc.
El horizonte histórico de nuestra época, el liberalismo, primero, y el socialismo y comunismo, después,
desempeñaron un papel fundamental de cara a alimentar durante bastantes años las esperanzas de un futuro
mejor, en un marco general de importantes transformaciones en los sistemas sociales.
Las perspectivas de optimismo sobre el futuro, que se han mantenido prácticamente a lo largo de los dos
últimos siglos, han formado parte de una trayectoria valorativa y el pensamiento que enfatizaba la idea de un
destino superior que era posible alcanzar al final de un proceso por el que se transitaría temporalmente.
Aunque si bien es cierto que en determinados momentos históricos han tenido lugar inflexiones significativas
en esta tendencia, por ejemplo, en la coyuntura de influencias marcadas por la Gran Depresión, en los años
fronterizos a la 2ª Guerra Mundial en los que las condiciones y barbaries, después, supusieron un duro
aldabonazo en la conciencia social de millones de seres humanos. Pero en estas cosas se trató más bien de
breves paréntesis o inflexiones en una perspectiva actitudinal y valorativa de más largo alcance, que tenía
lugar en sociedades con una enorme capacidad de dinamismo y cambio social.
Sin embargo, en nuestros días, la etapa de transformaciones tecnológicas, económicas y políticas en que nos
encontramos no parece que esté siendo acompañada por una intensificación de las expectativas de mejora en
el futuro. Por primera vez en mucho tiempo, la mayoría de los ciudadanos contemplan el futuro con un tono
de preocupaciones que altera una acentuada tendencia de confianza en el progreso ininterrumpido.
A pesar de que la mayoría de las encuestas realizadas en los últimos años han venido reflejando unas
valoraciones positivas generales sobre las posibilidades de las nuevas tecnologías, lo cierto es que las
investigaciones más recientes permiten comprobar que, cuando se intenta profundizar y concretar en estas
nuevas perspectivas, afloran serias preocupaciones e incertidumbres, no tanto sobre las posibilidades
científico, tecnológicas en sí como sobre algunos de sus impactos y consecuencias sociales.
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Algunas de las percepciones e interpretaciones negativas sobre el futuro implican un contraste con los
enormes posibilidades que encierra el nuevo ciclo de innovaciones científico−tecnológicas en lo que se refiere
a impactos en el terreno de la salud y la calidad de vida, la comodidad en el trabajo, el uso de nuevas fuentes
de energía, las perspectivas de creación de riqueza, etc. Sin embargo, los datos nos sugieren que nos
encontramos ante una inglexión significativa en las valoraciones colectivas sobre los procesos de cambio.
Esta inflexión valorativa puede tener consecuencias y efectos muy importantes en todos los procesos sociales,
e incluso puede modificar algunas interpretaciones colectivas sobre el propio papel de la ciencia y la
innovación tecnológica. De ahí la necesidad de profundizar en el estudio de sus causas, su posible evolución y
sus eventuales efectos.
Sin embargo las nuevas perspectivas valorativas acerca del futuro está dando lugar a reacciones peculiares en
determinados círculos sociológicos que, tenemos de los efectos de algunas reacciones populares de eventual
rechazo a la dinámica científico−técnica, en ocasiones se niegan a reconocer el problema y a indagar sobre sus
causas y perspectivas de evolución.
El análisis sociológico no puede limitarse a considerar esta cuestión analizando únicamente la eventual
carencia de fundamentación objetiva en algunos temores y suspicacias o realizando una nueva interpretación
superficial sobre ciertas series de estadísticas e indicadores macroeconómicos. No se puede hacer, porque
desde hace bastante tiempo se sabe que las definiciones subjetivas de las actores sociales fueron parte de la
propia situación objetiva.
Esto es, las propias percepciones subjetivas sobre las situaciones se acaban convirtiendo en elementos que
influyen en la conformación y evolución objetiva de la realidad social. Debido a esto no puede desconocerse
que la difución puede influir en diversas iniciativas sociales y comportamientos personales, que pueden acabar
condicionando la propia dinámica práctica de la evolución social en la senda apuntada por los augurios
pesimistas.
Según investigaciones sociológicas, los más pesimistas son los que se identifican como clase obrera y
trabajadora, los que han causado menos estudios, los que no tienen ideas religiosas, así como los parados y los
que tienen orientaciones políticas de izquierdas. Y por el contrario los más optimistas son los pertenecientes a
las clases altas y media−alta, los empresarios y con esto podemos concluir la introducción, hay que decir que
dentro del grupo de personas que ven el futuro con cierto pesimismo, este va aparecer en determinadaos
problemas siendo los más importantes:
El paro.
Las guerras.
La escasez de alimentos.
El medio ambiente.
El incremento social, sobre todo de los jóvenes, en el mundo de las drogas.
DESARROLLO DEL TEMA.
Enfoque sobre los desequibrios existentes del poder primario y secundario.
Las crisis económicas se definen por la circunstancia de que producen paro y subempleo como fenómenos
masivos. Los gobiernos y sindicatos de todos los países capitalistas desarrollados coinciden en considerar que
la superación de ese fenómeno de desempleo de masas ha de constituir un objetivo preferente de la política
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estatal.
Esto posición de primera fila de pleno empleo como una meta política es tanto más marcada, por la parte de
los gobiernos, cuanto más se trata de gobiernos de estados de bienestar, es decir, cuanto más se encuentran
sujetos a una obligación legal de pasar a los grupos de población afectados por el paro algún tipo de
prestaciones sustitutorias, como por ejemplo el subsidio de paro, y garantizar la capacidad de respuesta de los
presupuestos del sistema de seguridad social.
Un motivo adicional, que actúa de modo directo sobre la política estatal, es el que representa el dato de que el
desempleo y las pérdidas que comparta de parte de las empresas producidas por la actitud económica de la
población repercuten directamente en el capítulo de empresas de los presupuestos públicos, afectando así al
estado en su condición de Estado Fiscal. El interes de los sindicatos por el pleno empleo resulta de su
condición de con aligaciones de ofertantes de trabajo. En esta condición persiguen por principio tres grandes
categorías de intereses: El interés por el mantenimiento y aumento de los ingresos derivados del trabajo en
términos reales, el interés en unas condiciones de trabajo favorables, y el interés en un elevado índice de
empleo. Estas coaligaciones sólo en medida muy limitada disponen de medios estadísticos con los que poder
fomentar el objetivo de un aumento del empleo, esto es así siempre que se tenga presente la compatibilidad de
los medios con el mantenimiento de la propia organización sindical.
Al objetivo político que constituye el pleno empleo, sin ambargo, no corresponde ningún medio para alcanzar
ese objetivo que resulte consensuado política y teóricamente desde todos los puntos de vista y que a la vez
resulte en la práctica aplicable. Aun en el supuesto de que se llegara a un acuerdo sobre el punto de partida de
que la regeneración del pleno empleo no será posible sin crecimiento conómico y éste no sin el aumento de la
inclinación inversora de los empresarios, a la hora de seguir con la aplicación de este enfoque teórico se
producen dos complicaciones importantes:
a). Aunque se lograra fortalecer la intención inversora de los empresarios, el efecto ocupacional de ahí
resultante podría ser bien insignificante, ya que, a causa de los inversores en racionalización, en muchos casos
la repercusión sería negativa.
b). Aunque se consiguiera producir un efecto ocupacional positivo, continuaría siendo incierto si efecto
alcanzaría también a los llamados grupos problemáticos del mercado de trabajo.
En las economías capitalistas desarrolladas de Europa Occidental y Norteamérica nos enfrentamos en la
actualidad no sólo con un desempleo elevado, sino también marcadamente estructurado, es decir, que afecta a
grupos diversos en una medida altamente diferenciada. A la vista de esto se plantea el problema de la política
de mercado no sólo con el de incremente global de la demanda de fuerza de trabajo, sino que además con el
problema de una distribución equilibrada y adecuada de esa demanda entre las categorías de la población
activa que se ven afectadas, de manera sumamente distinta, por las crisis del mercado de trabajo. En este
segundo problema de la desigual distribución, en cuanto a grupos, de los riesgos del mercado de trabajo a
cuya clarificación nos queremos dedicar en el plano teórico a lo que sigue.
El problema necesitado de una explicación resulta de la contemplación conjunta de 3 supuestos de hecho:
1º. Nos encontramos con una conglomeración característica a la distribución social de las crisis del mercado
de trabajo.
2º. Se perfila el hecho de que estas características no sólo se encuentran entre sí en una situación de estrecha
dependencia recíproca, sino que además lo están en relación a otros atributos sociales que no son adquiridos
en el mismo en que lo son la educación, la rente, etc; sino que vienen asignados socialmente y conectan con
cualidades que en la práctica no se pueda modificar individualmente. Tales características adscriptivas de los
individuos revisten un interés tanto mayor para la sociología desde el momento en que se admite en amplia
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medida que en el proceso de modernización de las sociedades occidentales su significado para la distribución
de las oportunidades vitales ha retrocedido y habría que retrodeder aún más.
3º. Desde los años 60 se puede consignar una marcada desagregación, específica en relación con determinados
grupos, de la política pública de mercado de trabajo.
Tomados en conjunto, estos 3 elementos fácticos arrojan la siguiente imagen: nos enfrentamos con una
distribución sumamente desigual e intensamente estructurada de los riesgos del mercado de trabajo. Y estos 3
elementos fácticos los hemos de encontrar porque la sociedad laboral, apoyada sobre la institución basal del
libre contrato de trabajo o del libre mercado de trabajo, en opinión de muchos sociólogos ha de tener las
siguientes características: en el marco de una igualdad de oportunidades y de una libertad de contratación
universales las especialidades particularizantes de la situación social experimentan un proceso de
difuminación, además tiene lugar una emancipación frente a la determinación de los presupuestos de la vida
de los individuos.
Es de esta manera como se genera el tipo del trabajador normal abstracto, cuya situación social ya no viene
determinada por estatus grupales heredados, sino exclusivamente por una situación colectiva de clase y por
procesos anónimos, por una parte; y solo en el mercado de sus premisas y limitaciones, por los atributos
estrictamente individuales del rendimientos y del éxito en el mercado, por otra parte.
Es esta imagen de una clase trabajadora abstracta y ampliamente homogénea, en la que los principios
estructurados internos cuasicorporativos y otros de corte igualmente especificamente grupal, están llamados a
desempeñar un papel subordinado y cada vez menor, donde surge al menos una cierta necesidad de revisión.
Ello sucede especialmente cuando se puede demostrar que las inhomogeneidades en el seno de la supuesta
normalidad de la situación del trabajador no tiene el carácter de supervivencia y de antiguallas de estructuras
sociales premodernas, sino que se han generado en el propio proceso de modernización y han sido provocadas
por sus crisis.
DESIGUALDADES ECONÓMICAS
Podemos establecer un consenso general acerca de que las desigualdades económicas han estado
disminuyendo, al menos entre los paises europeos occidentales, a lo largo del siglo XX, y concretemente a
partir de la 2ª Guerra Mundial. El crecimiento económico alto y sostenido y el pleno empleo han estado detrás
de esta tendencia. Aunque también hay que destacar la importancia decisiva de la intervención del Estado, que
con políticas directas e indirectas ha contribuido a suavizar o reequilibrar las diferencias extremas que de otra
forma se hubieran producido.
Con el desarrollo del Estado de Bienestar se potencian servicios como son la educación o la sanidad con
carácter igual y gratuito para todos los ciudadanos se establece el sistema de seguridad social con prestaciones
económicos como las de jubilación, invalidez, subsidios de paro, salarios de integración, becas y otros tipos de
ayudas y protección, dirigidas de forma generalizada a toda la población, pero beneficiando de modo
particular a las capas más déviles.
Además el Estado está presente en lo que ha venido en llamarse el modelo de relaciones industriales,
intervinienen junto a sindicatos y empresarios en la concertación social y regulando el mercado laboral;
salarios mínimos, convenios colectivos, reglamentacion de las condiciones de despido, higiene y sanidad,
vacaciones, etc...
La contrapartida de estas tendencias ha sido la obligada participación creciente del sector público en la
economía, complementada por el despliegue de un sistema tributario que ha aumentado en paralelo al Estado
de Bienestar y que al gravitaven los impuestos directos sobre la renta, el patrimonio, sucisiones, sociedades y
otros, ha contribuido a reducir también las desigualdades económicas por el carácter progresivo que lo ha
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caracterizado.
Este modelo culmina, concretamente en el caso de España en los años ochenta, decisivos en el camino de
construir una sociedad más igualitaria y solidaria. Sim embargo, a partir de los noventa esta tendencia parece
quebrarse de forma generalizada en el mundo occidental y concretamente en nuestro país.
En efecto, durante la decada de los ochenta surgen las primerar expresiones del denominado neoliberalismo
económico y las primeras políticas económicas y sociales subsecuentes que tiene como consecuencia un
cambio de tendencia en la distribución de la renta que se forma más desigualitaria, tal y como sucedió en
Inglaterra y EEUU. En aquellos años.
En nuestro país todo parece indicar, al igual que en otras sociedades, que ese cambio de tendencia ha
comenzado en los noventa. El comun denominador es en tales los casos el rechazo de la intervención
económica estatal, la desregulación y la confianza en el mercado y la competitividad . El resultado más
inmediato está siendo una limitación del Estado de Bienestar, el recorte de las rentas salariales y el deterioro
del mercado de trabajo, en términos de paro y precariedad, todo ello con efectos directos sobre la desigualdad
y el incremento de la pobreza, que colocará a los excluidos en una situación de dependencia, de una
solidaridad familiar cada vez más invariable.
ANALISIS DE LAS TENDENCIAS EN LOS VALORES DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA. EL SECTOR
SERVICIO:
La Dimensión Educativa
Empezaremos dando un enfoque acerca de la proporción de personas que acceden a los estudios de segundo
grado, es decir, el Bachillerato o equivalente.
En 1981 sólo 78 personas de cada 1000 de edades comprendidas entre los 45 a 54 años habián conseguido el
grado de Bachiller Superior. Diez años mas tarde la tasa es de 198 para las personas de esa misma edad, es
decir, que en diez años se ha más que duplicado, aunque hay que aclarar que laspersonas de 45−54 años en
1991 acabaron el Bachiller por los años 50, y en estos años ya se notaba un cambio notable en el nivel
secundario, posibilitando años más tarde la formidable expansión universitaria.
Pero principalmente sobresale lo que se conoce como el gradiente generacional, esto es, la diferente
oportunidad educativa que tienen los padres y los hijos. Por ejemplo en 1991 un 70% de los chicos con edades
comprendidas entre 20 y 24 años cuentan un bachillerato frente al 20% de sus padres generalmente hablando.
Pero esta relación generacional no lo es tanto cuando comparamos varones y mujeres de la misma edad.
Tradicionalmente ha funcionado el principio de discriminación. Una familia con recursos escasos, en caso de
duda, elegía al chico sobre la chica para cursar estudios secundarios. Las chicas maduraban antes, ayudaban
en casa y se casaban más pronto. El principio de discriminación funciona para todas las edades y para las
distintas fechas consideradas. Ahora bien, el índice de discriminación por sexo va siendo cada vez menor a
medida que nos acercamos a fechas más cercanas al presente. El cambio es tan decisivo que para el grupo de
jóvenes de 1991 se puede decir que la discriminación ha desaparecido.
En cuanto a la proporción de las personas que llegan a cursar estudios medios, hay que decir que la expansión
decenal no se aprecia nada durante los años 50 pero se va incrementando a medida que vamos avanzando
enlos años, hasta llegado los años 70, durante dichos años se aminora la discriminación por el sexo
produciéndose una relación opuesta llegando a aumentar el número de jovenes varones. Debido a esto se
desarrollaron muchas carreras medias de servicios que atraen las vocaciones femeninas como fueron las
diferentes carreras de Magisterio, Enfermería, Asistencia Social, etc.
En cuanto a los estudios superiores también se observa una prodigiosa expansión ya que siguiendo el ejemplo
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anterior del año 1991 los licenciados universitarios son un 8% de las personas con edades comprendidas entre
25−34 años, frente a un sólo 2% de sus padres. De nuevo lo más sorprendente es el declinar del índice de
discriminación según se desciende por la escala de las edades hacia los jóvenes. En 1981 todavía eran casi el
doble los varones de 25−34 años que contaban con un título de licenciado en relación a las mujeres. Diéz años
más tarde la relación se ha invertido. Esta transformación ha sido prácticamente expontánea ya que no lo
había previsto ningún plan oficial, no la incluía ningún partido político, ni siquiera era un objetivo sobre el
que podían actuar positivamente organizaciones como el Instituto de la Mujer. Es un caso que los sociólogos
denominan como consecuencias no anticipadas de la acción social.
A pesar de los avances educativos de los últimos años del franquismo, el hecho es que en 1976 las mujeres
estaban en minoria en todos los diferentes grados de la enseñanza. Esta situación se ha venido corrigiendo
sistemáticamente hasta que en 1990 las mujeres son mayoría en el Bachillerato y en la Facultades o Colegios
Universitarios. Sólo se puede decir que continúa una leve discriminación por el sexo en las Escuelas Técnicas
superiores, aunque el ritmo de cambio es ahí relativamente más notable, las mujeres han pasado a representar
el alumnado en dichas Escuelas Técnicas en un 20% del alumnado frente al escaso 4% que representaba en los
años 70.
No sólo estudiaba una mayor proporción de mujeres, sino que la impresión de los profesores es que las chicas
rinden más que los chicos. Un reportaje periodístico da cuenta de este fenomeno a escala universitaria: ellas
son más listas aplicadas, responsables y empollonas, Participan menos en clase, les falta la iniciativa
masculina, pero son al final las que triunfan en los exámenes, las que más aprueban y las que obtienen
mejores calificaciones en general, presentado en consecuencia, una tasa de conflictos escolares y de abandono
mucho más baja que la de sus compañeros.
Una de las claves para entender la formidable expansión educativa es que el coste se ha repartido entre los
contribuyentea través de una ampliación sistemática de la enseñanza publica, e incluso de la subvención a la
privada y las transferencias al estudiantado a través de una política generosa de becas.
Ahora bien en contra de lo que se podría pensar, la ampliación de la enseñanza publica no es un hecho
reciente, tuvo lugar sobre todo durante el primer periodo de la transición de 1976 a 1982, gobernando la UCD
y en medio de la más honda crisis económica. A partir de 1982 continúa la progresión del peso de la
enseñanza pública pero ya a menor ritmo. En la actualidad se puede decir que la enseñanza es hoy una
actividad económica prácticamente nacionalizada, es decir, que la pagan los contribuyentes más que los
usuarios.
Pero no todo es positivo en esa tendencia hacia la dilatación del sector público de la enseñanza. Seguramente
se ha hecho a costa de un notable descenso de la calidad. Desde el punto de vista de la clientela, una mayor
apetencia educativa significa una solución alternativa para llenar un tiempo muerto de los jóvenes, que de otra
forma no tiene más opción que la vagancia parasitaria. Dicho en términos más benévolos, el deseo de
proseguir los estudios de muchos adolescentes es una respuesta a las dificultades de empleo que supone la
temida reconversión industrial. Esta opción funciona mejor para las mujeres porque para ellas es más difícil el
papel de continuar en el negocio familiar o se les presentan más trabas para aceptar empleos de completa
dedicación. Pero la evolución social escribe derecho con renglones torcidos porque esa decisión de muchas
mujeres de estudiar más alla del grado obligatorio, que se inicie como remedio, acaba siendo una excelente
estrategia para encontrar trabajo.
El hecho es que la población estudiantil no sólo se expande de manera inusitada sino de forma incontrolada,
inesperada. La prueba la tenemos en el contraste entre las perspectivas de aumento de esa población y la
realidad. Para el curso 89−90 las cifras reales de alumnos de 1ð de BUP y de alumnos universitarios superan
en un 31 % y en 33% repectivamente a las previstas sólo media docena de años antes. No se tata de un simple
deseo de los políticos, sino de anticipaciones con todas las garantias estadísticas y del buen discutir
sociológico, hechos, además, desde la proximidad a las fuentes oficiales. Hay que decir, que la explicación de
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este margén de error tan abultado obedece a que los datos censados de los que se parte infraestiman
claramente la realidad. He aquí una consecuencia práctica.
Sobre la incapacidad del censo de población para reflejar adecuadamente la realidad. El efecto del error es que
seguramente no se habían puesto los medios necesarios y por consiguiente, disminuirá la calidad.
Los estudiantes tienen que viajar cada vez menos hasta el centro univesitario más próximo. Cuentan con ellos
todas las capitales de provincias y muchas ciudades que no lo son.
La consecuencia de éste es que las universidades son cada vez más provincianas. Si definimos uan provincia
universitaria con dos umbrales modestos, que la matrícula universitaria supere las 5000 alumnos y que más de
un 15% de las mismas provengan de fuera de la región, el hecho es que sólo 4 provincias alcanzarían esa
definicion y los cuales son Navarra, Zaragoza, Salamanca y Madrid. El resto desponen de instalaciones para
servir a los estudiantes de la provincia pero eso no es más que una segunda enseñanza ampliada o una reunión
de escuelas profesionales. La universidad, como su nombre sugiere, significa atracción del mayor número de
profesores y estudiantes reunidos de fuera, allende de fronteras incluso para ofrecer una abanico muy amplio
de carreras.
Mal que bien la universidad española sirve a los propósitos de preparar profesionalmente a los incesantes
hornadas de nuevos barbaros que cada año demandan un título de garantía para poder acceder a un trabajo
comodo. Más la operación de hacer ciencia queda muy desasistida. Hace años se escribía la siguiente
conclusión: Solo hay un país en el mundo que cuenta con una veintena de universidades − algunas de ellas
centenarias− y que no aloje en sus claustros a algún Premio Nobel. Ese país es España, cuyo desarrollo es más
cantidad que calidad, más riqueza que cultura y dentro de la cultura, más importación que creacción. (Martín
Moreno 79:31). Ha transcurrido más de un decenio desde esa conclusión y lo único que se podría decir en la
actualidad para corregir dicha conclusión es que España cuenta con una veintena de universidades pero sigue
sin disponer de un simbólico Premio Nobel que imparta algún curso en sus aulas.
El factor explicativo del provincianismo universitario está en el efecto del biliguismo. A igualdad de
circunstancias, las regiones biligues no logran atraer a muchos estudiantes de fuera de la región y hay que
suponer que tampoco a muchos profesores. He aquí un coste insospechado del bilinguismo o por lo menos un
coste del que púdicamente apenas se habla. Es pradójico que la existencia de dos lenguas signifique un
empobrecimiento de la vida cultural, una norma de la calidad de la enseñanza, un enfriamiento de la
movilidad geográfica.
Es difícil adentrarse por las variantes de la estimación de la calidad de la enseñanza universitaria. Se trata de
un concepto dinámico, que tiene una doble vertiente: la productividad del trabajo de los profesores y el
aprovechamiento del estudio por parte de los alumnos.
La producción intelectual de los profesores universitarios españoles resulta harto modesta. Por término mudio
un profesor universitario, a lo largo de un año, concluye un solo libro o monografía, algo más de un capítulo
de algún libro colectivo y seis o siete artículos; dirige una tesis doctoral y presenta un par de comunicaciones
en congreso. El dato más sorprendente es que la productividad se eleva a medida que los profesores van
teniendo más edad hasta hacerse máxima en el estrato de 60 −65 años. La paradoja se riza sobre sí misma
porque la administración ha decidido jubilar a los profesores en el momento más productivo se su carrera. La
escasa productividad de los profesores universitarios se dobe principalmente a que el criterio de las
investigaciones tiene poco que ver con la promoción y el sueldo.
La época de la transición democrática ha visto en España un desusado ritmo de dilatación de la población
universitaria, sobre todo femenina, pero no se puede concluir que estemos a la cabeza de Europa. Lo que si
sobresale extrañamente en España es la pauta que podriamos llamar escandinava por lo que estudían en mayor
proporción las mujeres que los varones.
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La explicación de este desusado ritmo de matriculación escolar no está solo en el hecho de que sea una
actividad subvencionada, sino que se apoya sobre la paradoja del paro..
La opción pública sobre esta relación entre los estudios y el desempleo repite una frase hecha: la universidad,
fabrica de parados. La frase procede de un libro con ese mismo título (Martín Moreno 79) que, a su vez, la
tomó nada menos que de Joaquín Costa. Naturalmente se trata de expresión retórica, en donde lo que se quiere
indicar es que muchos jóvenes éstan en paro a pesar de contar con un grado universitario De hecho, todos los
datos muestran que las personas con formación universitaria tienen una probabilidad más alta de conseguir un
empleo que aquellas que cuentan tan sólo con estudios primarios (interpretación de Alonso Zaldivar 92:129).
En casi todas las combinaciones sucede que las personas sin estudios o las que no han pasado de la primaria
son las que muestran tasas más altas de paro.Por este lado, está claro que la verdadera fábrica de parados es la
falta de años de escuela. Ahora bien, los universitarios no son los que muestran las mínimas tasas de paro más
que a partir de los 45 años. Los jóvenes recién licenciados revelan una tasa de paro bastante más alta que los
que cuentan sólo con estudios medios. Es decir, si nos valemos de ésta comparación más realista, no es ningún
desatino decir que la universidad es una fábrica de parados. Lo es en el sentido de que, con el grado
universitario, no se colocan más, de modo inmediato, que los que han dejado antes los estudios, este produce
una sensación muy frustantes para muchos recién licenciados.
El parado es una calificación que afecta sobre todo al grupo de los 20−24 años, a partir de esa edad va
descendiendo la tasa de desempleo, tanto si la calculamos del total de activos como del total de personas en
cada grupo de sexo y edad.
Todavía está más claro que lo que sobresale en la edad juvenil es la proporción de estudiantes. Las mujeres de
menos de 45 años de edad muestran por lo general tasas de paro y de estudios más visibles que los varones. La
excepción es el grupo de 25−29 años porque los varones prosiguen con más constancia los niveles de
postgrado o las carreras largas. Las mujeres se dedican más al estudio en edades relativamente tardías y a las
carreras prácticas de tipo medio. La explicación de esas vocaciones tardías por parte de las mujeres está
precisamente en las altas tasas de paro. Estas se hacen máximas, además, para las mujeres en el nivel
intermedio de estudios cuando los calculamos del total de población. En cambio, los varones vuelven a
registrar las máximas cuando presentan el nivel educativo más bajo. Si comparamos varones y mujeres con el
grado universitario, el desempleo es mucho más alto entre las mujeres con el grado universitario, el desempleo
es mucho más alto entre las mujeres de cualquier edad.
En definitiva más que la universidad fábrica de parados, se podría decir que EL INEM es la fábrica de
estudiantes, sobre todo de mujeres. Tanto el desempleo como el estudio sin actividades ampliamente
subvencionados, lo que para muchas mujeres jóvenes constituye un aliciente, si se comparan con la alternativa
de quedarse en casa sin hacer nada, que es otra forma de paro encubierto.
Sean cuales sean las causas de la extraordinaria ampliación de la matrícula universitaria, lo decisivo es que ese
hecho tiene interesantes consecuencias:
1. La alta movilidad intergeneracional. La distribución del nivel educativo de los padres de los actuales
alumnos universitarios se ve escorado a partir de Bachillerato. Persiste así una selección social del alumnado
universitario a pesar de su aparente universalización.
2. Herencia Educativa. Es algo mayor respecto a los padres cuando se trata de los que tienen una carrera. Las
personas cuentan con un mayor nivel educativo cuanto más jóvenes son o cuanto más alta es su posición
social.
3. Conocimientos de idiomas. El idioma extranjero dominante es el inglés. No hay diferencias significativas
entre varones y mujeres respecto al conocimiento de estos idiomas foráneos. Entre los jóvenes que dicen
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hablar inglés y los que lo estudian tenemos el 61% de los varones y el 67% de la mujeres.
Está última consecuencia provoca una ruptura de notables consecuencias respecto a una larga tradición
española de aislamiento y localismo, que se ha traducido en un contumaz dejamiento del aprendizaje de los
idiomas extranjeros.
Ahora bien, hay todavía regiones o comunidades bilingües que se resisten al aprendizaje del inglés como son
el País Vasco, Galicia o Cataluña.
Hablamos de regiones bilingües, pero es muy distinta la extensión del idioma propio o privativo de cada una
de ellas. Así, por ejemplo, un 90% de los entrevistados de Galicia hablan Gallego, un80% de los de Cataluña
hablan catalán y un 26% de los del País Vasco hablan vascuence. Todo hace suponer que los idiomas
regionales cobran cada vez más auge, visto el fenómeno del enfriamiento de las corrientes migratorias y el
decidido empuje hacia la protección oficial de esas lenguas privativas de algunas regiones.
LA ESTRUCTURA DE LA ACTIVIDAD LABORAL:
Una sociedad es compleja o desarrollada porque aprovecha de manera cada vez más efectiva sus recursos
naturales, de capital y humanos.
Primeramente hay que advertir que la distribución más o menos productiva de los recursos humanos de que
dispone una sociedad no depende sólo de la buena disposición de sus efectivos y de la acertada política de sus
gobernantes. Hay un factor bastante aleatorio o por lo menos incontrolable, que es la coyuntura internacional.
Tal y como vaya la economía de los países centrales, así se dibujará la raza de los países periféricos. España
es uno de ellos. Aunque pertenezca al primer cinturón periférico que rodea a las economías centrales.
Desde 1973 la economía mundial padece un estado de crisis intermitente. Hay ciclos más o menos largos de
bonanza o de infortunio. Los que nos importa es el estado de la coyuntura durante los últimos años. Pues bien,
la llegada de los socialistas al poder en España en 1982 supone un momento de ascenso en los niveles
generales de productividad, que a su vez, empiezan a languidecer a partir de 1987.
En ese año se gozaba de una inusitada tasa de incremento anual del producto superior al 5%, proporción que
va descendiendo año tras año, hasta un 1% en 1992, que es poco más de lo que crece la población.
La coyuntura económica puede medirse de dos maneras:
− Con un criterio subjetivo (Cómo percibe la gente la situación económica, si le va bien o no).
− Criterio objetivo (Las oscilaciones del producto real per cápita).
Respecto al primer criterio hay que tener en cuenta la constante cultural española del pesimismo.
Es notable la correspondencia entre los dos criterios, el subjetivo y el objetivo. Esto indica que la opinión
pública no anda muy descaminada respecto a la marcha de la economía.
Este pesimismo en la cultura española se incrementa a partir de los años 90 debido a un cierto cansancio
político, derivado de las frecuentes noticias sobre la corrupción y del sentimiento del mal funcionamiento de
las instituciones.
La riqueza es el valor del producto, PIB a precio de mercado, por habitante en pts. constantes. Es una medida
que lleva una tendencia creciente desde 1970 hasta la fecha.
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Sin embargo esta trayectoria no es rectilínea sino más bien ondular, ya que hay tres momentos críticos en los
que el incremento es menor que el de los años anteriores: 1975,1980 y 1992. De entre estos años el
verdaderamente crítico, es sin duda, el de 1975 a 1981 coincidente con unos elevados precios de la energía
que durante el último decenio vuelven a bajar.
La ocupación es la proporción existente entre en número de personas ocupadas y el de habitantes. La
tendencia es aquí el descenso desde 1970 en que comienza esta serie, hasta 1985, nada menos que desde un
37% a un 28% de la población. A partir de esta última fecha la proporción se recupera un poco, pero sin llegar
al nivel inicial. Esto no quiere decir que aumente solamente el número de parados sino que también se
produce un aumento en el número de inactivos( jubilados, estudiantes, etc.).
El período de fuerte pérdida del nivel de ocupación fue el verdaderamente crítico, el que va desde 1975 a
1985, que correspondió con los gobiernos de UCD y el primer gobierno socialista. Es el momento en el que la
fuente principal de productividad ya no puede ser el éxodo rural, ni la emigración hacia los países centrales de
Europa. No queda otro recurso para mejorar la productividad que propiciar la reconversión industrial que
significa un aumento del desempleo y de la población que se convierte en prematuramente inactiva, este es,
bajas incentivadas o jubilaciones anticipadas. Todo eso hay que pagarlo con los impuestos porque estamos en
la fase del Estado de bienestar.
Esta crisis de la tasa de ocupación se recupera con la mejora de la coyuntura en 1986, coincidente con la
incorporación de España a la Comunidad Europea. Pero esta mejora empieza a descender en el año 1991 y al
año siguiente vuelve a ser negativa.
La relación existente entre riqueza y ocupación que es lo que llamamos productividad. Las tasas de
productividad que se consiguen durante los años 60 y primeros de los 70, es decir, durante la época
desarrollista del franquismo, no han vuelto a alcanzarse después. Durante todo el régimen democrático se ha
mantenido una moderada tasa de incremento anual de la productividad en torno al 3% con ligeras
oscilaciones.
Ahora bien desde 1986 se ha venido hinchando artificialmente la nómina de ocupados, para contentar la
presión sindical y sostener un Gobierno Socialista que, poco a poco, va perdiendo su crédito inicial.
Hay un gran malentendido que es que el Gobierno crea puestos de trabajo. En todo caso, una determinada
política económica puede ayudar a que cristalicen las condiciones para que la sociedad amplíe más o menos
su nómina laboral. Pero lo interesante es que esa extensión tiene que hacerse al compás del incremento de la
productividad. Dicho de otra forma lo que se obtiene es una artificial ampliación de la fuerza de trabajo, que
puede llegar incluso a ser parasitaria. Cuando el Gobierno decide subvencionar actividades poco rentables,
está propinando la erosión de la productividad, con lo cual, está destruyendo empleo. Esto lo hace porque el
Gobierno no mira sólo por el bienestar social, sino por la consecución del poder para su partido.
En definitiva se puede decir que lo que produce trabajo es al avance de la productividad; lo que hace aumentar
el paro a la larga es la estabilidad de los trabajadores en puestos poco productivos. Los extraños sucesores
funcionales de Jose Luis de Arrese han sido durante los últimos años los líderes sindicales y los gobernantes
socialistas. A través de la política laboral al uso lo que han hecho es forzar a que mucha gente se ocupe en
tares poco productivas. Hay que sospechar incluso que los sindicatos reclutan su militancia de las empresas y
vamos en los que la productividad es particularmente baja. De ahí su actitud defensiva, la cual, sin
pretenderlo, propicia la destrucción de empleo. Los sindicatos, en realidad, solo agrupan una reducidísima
parte de la población activa.
Muchos empresarios pocos imaginativos tratan de adaptarse a este nuevo clima laboral y, en lugar de alentar
actividades con mayor productividad, se acomodan a la política de subvenciones. Esta es una manera de
seguir manteniendo actividades poco rentables y que favorecen el aumento del paro.
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Una de las claves de todo este asunto es el extraño papel de los sindicatos. Como ya he dicho se distinguen
por un bajísimo nivel de afilicación, solo el 14% de la población asalariada en 1991, frente a un 46% de
afiliados en Inglaterra. Aunque en esta diferencia de afiliados sindicales entre España e Inglaterra hay que
comprender que se trata de dos modelos de relaciones laborales diferentes. Pues, mientras que el porcentaje
para España lo superan solo los trabajadores de servicios de nivel alto (funciones cualificadas), en Inglaterra,
la mayor afiliación se da entre obreros cualificados.
Se han venido ensayando en el mundo un modelo en el que toda la fuerza de trabajo tenía su plaza asegurada,
rindiera poco o mucho. No había parados, aunque tampoco había muchos incentivos para la innovación. Por
lo menos de esta forma se repartía la escasez. Este modelo era el de la Unión Soviética. Por desgracia, se vino
abajo. Al final ya se ha visto que generaba más escaseces y en general infortunio.
Se podrían aportar numerosos ejemplos de decisiones de política económica o laboral en España que
confluyen en el resultado de forzar el mantenimiento de puestos de trabajo improductivos: subvenciones a
determinados empresas para que mantengan abiertas sus instalaciones, a pesar de que no sean rentables,
sostenimiento de los precios para que numerosas explotaciones agrícolas marginales puedan seguir
funcionando, restricciones a que los grandes almacenes puedan abrir los domingos, mayores facilidades para
la libertad de huelga y no para la libertad de despido.
Todas esta decisiones se han producido por una activa presión sindical, a la cual, el Gobierno socialista no ha
tenido más remedio que aceptarla porque no deseaba perder el apoyo electoral de los sindicatos, siempre
condicionado al éxito de esas presiones. Aunque todavía son peores para el empleo las decisiones políticas
que elevan considerablemente los costes de las obras públicas para mantener la cuota de comisiones
fraudulentas y tráfico de influencias. Este sentido patrimonialista de la administración pública desplaza
acciones más productivas y provoca el enriquecimiento de una casta empresarial parasitaria, que es la que ha
venido en simbiosis con el Estado. La impresión popular y periodística que domina es el número de parados,
cifras absolutas.
La estructura laboral es muy diferente para varones y mujeres, como corresponde a la división de tareas que
tradicionalmente han correspondido a uno y otro exo en la organización de la vida familiar. Asimismo, es una
convención que los papeles de criar a los hijos, cuidar de los viejos y enfermos de la familia o llevar la casa no
compartan contraprestación económica. Debido a esto, cuando se habla de ocupación, trabajo o empleo para
las mujeres, hay que referirse a la minoría que lo hace dentro del mercado laboral.
Entre los años 1981 a 1991, los varones de edades comprendidas entre 16 a 44 años han visto descender las
tasas de ocupados y de búsqueda del primer empleo mientras que aumentan las situaciones del estudio,
desempleo y retiro. Por lo tanto, el incremento del paro queda bastante compensado con la paralela
comprensión de la tasa de estudiantes.
Una situación tan confusa como la del retiro alcanza valores mínimos y experimentan pocas oscilaciones . Sin
embargo es un valor que se empieza a apreciar a partir de los 55 años y mucho más en 1991 que diez años
antes. Es decir, se vislumbra aquí el fenómeno de las jubilaciones anticipadas.
En cuanto a las mujeres presentan un cuadro algo distinto, nada menos que el 67% de este conjunto de edades
comprendidas entre 16 y 64 años se encontraban retiradas en 1981 (fundamentalmente dedicadas a las tareas
domésticas), pero su proporción se reduce decisivamente al 45% e 1991. Esta centena de mujeres que dejan
las tareas domésticas permiten que se expandan todas las demás dedicaciones.
El incremento del paro femenino no quiere decir que se estanque el empleo; éste crece también, como el
número de estudiantes a de mujeres que buscan el primer empleo. Aumenta el paro femenino precisamente
porque se generalizan las ofertas laborales y porque aumenta la centena de mujeres que dejan las tareas
domésticas para incorporarse al mercado laboral.
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Una mujer parada hoy no participa en el mercado laboral, como no lo hacía una mujer dedicada antaño a sus
labores. Lo diferente está en que la mujer apuntada al paro pretende cobrar un subsidio de desempleo, puede
que opte por estudiar o pretenda un trabajo remunerado. La situación actual puede que sea más incómoda para
muchas mujeres, pero es más productiva para el conjunto de la sociedad.
Lo interesante es la relación relativa entre la cuota de producto que corresponde a cada sector de actividad y la
población que ocupa, ésta es otra medida de la productividad. Tenemos así un sector con escasa productividad
relativa, como es el agrario, si bien se observa que con el transcurso del tiempo va mejorando relativamente su
posición.
Es lógico que a medida que emigran o se jubilan muchos agricultores, los que quedan van teniendo
explotaciones cada vez más rentables. El sector industrial mantiene la productividad relativa más elevada, que
además presenta una tendencia expansiva, como consecuencia de la política de reconversión.
La construcción presenta una productividad relativa más bien baja a partir de 1976, que no mejora, mientras
que los servicios muestran un interesante cambio de signo. Hasta 1982 mantienen una productividad
relativamente alta, pero cada vez decrece más. Quiere esto decir que la imponente ampliación laboral del
sector de servicios se ha venido inflando cada vez más con empleos poco productivos y en ocasiones hasta
parasitarios. Es el resultado de la mayor presión sindical sobre este sector, la duplicación de muchos servicios
públicos por la organización del Estado de las Autonomías y el hecho de que la reconversión es técnicamente
más difícil cuando se trata de actividades serviciales.
Todos los países ven descender el empleo agrario, mientras que España se distingue por ser uno de los países
que con más decisión han entrado por la pendiente de la reconversión industrial al ver como descienden los
efectivos ocupados en ese sector.
Todos los países muestran una vitalidad extraordinaria en los ramos de los servicios. Si acaso destacan los
países ibéricos, más Grecia e Italia, por un mayor dinamismo del comercio y de la hostelería, como economías
turísticos que son.
En resumen se puede decir que la transformación sectorial del empleo que ha experimentado España se
corresponde bastante bien con la que ha afectado a los países próximos.
La variación decenal en valores absolutos acusa un agudo descenso de las actividades del sector primario,
compensado con un significativo auge del sector de la industria y de los servicios, en cuanto se refiere a la
estructura laboral de España.
EL TRABAJO DE LOS JOVENES:
Hay que empezar ante todo hablando acerca de la estructura laboral, en cuanto a la adecuada renovación de la
fuerza de trabajo empieza por preparar lo mejor posible a los jóvenes. Es aquí donde comienzan las
inadecuaciones. Da la impresión de que el impulso que se ha dado al sistema educativo no ha servido para
reducir el desempleo juvenil, sino para ampliarlo todavía más. Un joven parado por algún tiempo es un
candidato a su ingreso en actividades próximas a la marginación o a la delincuencia. Es paradójico que los
jóvenes aprendan antes a consumir que a producir.
La noción de que el paro es una enfermedad juvenil es una expresión más del principio de clasificación por
edad que se aplica a la actual sociedad. consiste en que la fecha de nacimiento determina por sí sola la
posición social de los individuos. Una consecuencia de esas ideas es que, para dar trabajo a los jóvenes, lo
mejor es adelantar la edad de jubilación. Esta es una creencia bastante extendida por toda Europa. La
suscriben el 47% de los consultados en una encuesta dirigida a los países de la CE en 1990. La nuestra
española muestra un porcentaje más elevado, un 52% que a su vez, asciende todavía más cuando aislamos las
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respuestas de los vascos: un 59%.
Por un lado, se adelanta la edad de jubilación real, pero por otro lado, se retrasa todo lo posible el acceso al
mercado de trabajo. Muchas veces, los años de estudios, artificialmente prolongados, y el tiempo de espera
para conseguir el primer empleo funcionan como una especie de ritmo de paso flexible, que propicia la cultura
juvenil entre ociosa y desesperada.
La distinción de población activa o inactiva no es tan categórica como parece. Por ejemplo, una notable
proporción de estudiantes universitarios desarrollan al mismo tiempo una actividad laboral, aunque casi
siempre, se ocupan de manera precaria. En concreto, una tercera parte de los obreros del primer curso de la
Universidad Autónoma de Madrid mantienen al tiempo algún tipo de relación laboral. Un 12% están buscando
un trabajo fijo y casi todos ellos dejarían los estudios si lo encuentran.
Una gran paradoja es que el hecho de colgar los estudios puede significar no tanto un fracaso escolar como un
éxito laboral, porque índice que se ha accedido a un buen trabajo. Téngase en cuenta que de un tiempo a esta
parte contamos con unas hornadas de estudiantes universitarias que tienen que seguir una carrera que no ha
sido de su elección. Ante esta perspectiva, puede suceder que un empleo mediano sea más satisfactorio que
seguir una carrera sin interés. Sobre todo porque el abanico de empleos está mucho más abierto que las
limitadas opciones de los estudios. Muchos jóvenes que empiezan a trabajar comprueban que existe muy poca
relación entre los conocimientos de la carrera y las exigencias del puesto de trabajo.
La dificultad para que el tiempo de estudio se acomode al de trabajo no está solo en el gran número de jóvenes
parados, sino en que las condiciones de empleo de las que empiezan a trabajar son bastantes precarias.
Un empleo aceptable para los jóvenes sería aquel que fuera fijo, que estuviera bien pagado y que permitiera el
aprendizaje de un oficio o una profesión. Las proporciones que consiguen esos tres deseos son bastantes
modestas: un 40% de los jóvenes trabajadores se encuentran ante un empleo fijo, un 31% se consideran bien
pagados y un 68% entienden que aprenden algo en el puesto de trabajo que les puede facilitar una carrera
profesional. Podemos entender como satisfacción laboral la respuesta positiva a esos tres puntos.
Se prueba, una vez más, lo que los sociólogos han detectado multitud de veces, tanto que es ya un lugar
común; que la satisfacción laboral es un producto de la clase social. Es claro que un buen ambiente familiar y
un alto nivel educativo facilita el acceso a los mejores puestos de trabajo. Los jóvenes trabajadores más
satisfechos con el empleo son los varones sobre las mujeres y, dentro de cada sexo, los que pertenecen a una
posición acomodada. Esto contribuye a explicar que las mujeres prosigan estudiando más aun que los varones
probablemente para asegurar el empleo fijo, que para ellas es difícil de conseguir.
La precariedad de los empleos no se aprecia tanto por la duración de la jornada. La mayoría de los jóvenes
han accedido a empleos que les exigen 8 o 9 horas de trabajo, lo que supone una jornada laboral que alcanza
fácilmente las 40 horas semanales. Aunque bien es verdad que aquí se aprecia una interesante diferencia
según el nivel de estudios.
Los jóvenes que han superado el Bachillerato encuentran empleo a medio tiempo, bien porque así les
conviene para seguir estudiando o bien porque no les queda otra alternativa.
La expresión común de que es una suerte tener un buen trabajo se aplica literalmente, ya que, cuando el
empleo es fijo, está bien pagado o facilita el aprendizaje, sus titulares se consideran con buena suerte en una
proporción significativamente más elevada que los que se encuentran con otras condiciones laborales más
precarias. No funcionan aquí, tanto la dimensión de la felicidad. Solo a medida que sube la satisfacción con el
sueldo, aumenta el grado de felicidad, lo que no deja de ser un rechazo de la tesis tradicional de que el dinero
no da la felicidad, por lo menos, el sueldo sí parece que se la de a los jóvenes.
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Hay que decir también que el hecho de complementar los estudios con otros conocimientos asegure unas
mejores condiciones laborales.
Es fácil elegir que nuestros hábitos culturales dependen mucho del nivel de estudios. Por ejemplo, el de leer el
periódico todos los días, no es una costumbre muy extendida entre los jóvenes trabajadores, sólo el 42% dicen
leer el periódico todos los días. Naturalmente es un porcentaje que progresa conforme se avanza por la escala
educativa, hasta llegar a un 57% entre los que han superado el Bachillerato. Las condiciones laborales ejercen
también alguna influencia; más el hecho de que el empleo sea fijo y permita el aprendizaje y menos el que
esté bien remunerado. Solo cuando se cuenta estrictamente con un nivel de Bachillerato, sucede que las
mejores condiciones laborales precipitan ese hábito más frecuente de lectura del periódico. Ahora bien, la
jornada laboral sí marca diferencias significativas respecto a éste hábito cultural.
A igualdad de nivel de estudios, los jóvenes trabajadores con una jornada laboral completa se ve que sacan
más tiempo para leer el periódico. Puede que la variable tiempo sea muy elástica o puede que los que
dispongan de un empleo a tiempo parcial es porque estén más ocupados con otras funciones como los de
estudiar, el negocio familiar, las tareas domésticas, etc. El precipitado paradógico es ese, que cuantas más
horas se dedican a trabajar, más tiempo hay para leer el periódico. En cambio no hay una relación muy clara
entre la jornada laboral y el hábito de dedicar más o menos horas a la televisión. Esto último lo determina el
nivel de estudios, ya que, cuanto menor sea el grado de estudios mayor es le número de horas dedicadas a la
televisión.
También otro dato curioso es que los jóvenes con empleos precarios tienden a ser menos religiosos. Tanto
para varones como para mujeres, los empleos más precarios y sobre todo los peor pagados, afectan a los
jóvenes más alejados de la práctica religiosa.
La relación existente entre la jornada laboral y la radicalización política produce un efecto complicado según
sea el nivel de estudios. Cuánto más elevado es el grado educativo, más alta es la probabilidad de que los
jóvenes se sientan de izquierdas. Y dentro del grupo que ha pasado por la enseñanza postsecundaria, el tener
un empleo a medio tiempo hace elevar considerablemente la filiación izquierdista. Lo paradógico de esto es
que ese sentimiento venga determinado por el nivel de estudios de los jóvenes más que por las condiciones del
empleo.
LA SATISFACCION EN EL TRABAJO:
Los estudios que se han realizado sobre la satisfacción de los sujetos respecto a una serie de estímulos
tropiezan con una serie de escollos metálicos difíciles de evitar.
En primer lugar, el pesimismo congénito de los españoles, que los lleva a ocultar sus éxitos y satisfacciones.
De ahí que predominen las contestaciones cautelosas, del tipo de bastante o ni poco ni mucho, que el analista
no sabe muy bien cómo hay que interpretar. No se trata tanto de pesimismo congénito como de una actitud
reservada ante los éxitos o aciertos de cada uno, que no deben exhibirse ante cualquiera, o bien los trapos
sucios, que tampoco deben mostrarse.
Otro inconveniente es que esas apreciaciones subjetivas se comparan con las expectativas que cada uno tiene,
con lo que hay a su alrededor y ese es un blanco móvil. Por ejemplo, hoy una persona joven diría que su
matrimonio va muy bien si simplemente no se ha planteado el divorcio. La generación de sus padres habría
sido mucho más exigente respecto a ese juicio. De ahí que las conclusiones respecto a la satisfacción general
de la población española tenga que entenderse en ese contexto comparativo.
Lógicamente hay que aceptar un mínimo de satisfacción con el trabajo, la familia, los amigos y los demás
aspectos agradables de la vida; los que parcialmente uno ha elegido. Sería irracional la aceptación que uno se
ha equivocado respecto a todas esas decisiones. Por ejemplo, la gama de los coches es muy diferente, pero
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cada poseedor de un automóvil considera que su vehículo presenta algunas ventajas, que son las que él ha
considerado a la hora de adquirirlo. Lo mismo ocurre con la vivienda y con otros aspectos inmateriales de la
vida. Después de todo hay un cautelísimo mecanismo de selección social por el que los más descontentos con
su destino se van suicidando o van reduciendo el número y calidad de relaciones sociales.
El trabajo que uno tiene es una mezcla de decisiones individuales, de elementos fortuitos y de apoyos del
medio familiar o amical. Lo lógico es llegar a convencerse de que lo bueno de este trabajo se corresponde con
el esfuerzo o el mérito personal, mientras que se olvidan los otros factores fortuitos o hereditarios. Hasta el
hijo del dueño que continúa el negocio familiar acaba convenciéndose de que él es la persona más indicada
para ese menester.
El trabajo, naturalmente provee de recursos legítimos, pero también da un sentido a la vida, a la necesidad de
hacer algo útil. Por eso es tan fundamental el modo como los jóvenes se acercan al mercado de trabajo, porque
es un rito necesario para que puedan desempeñar los otros papeles de adultos. Esa es también la razón por la
que algunos viejos se les hace tan difícil la jubilación, porque significa renunciar a su papel esencial de
adultos.
Los estudios que se han realizado sobre los factores que se consideran importantes en un trabajo concluyen
que un buen sueldo es el elemento más destacado seguido de su carácter fijo. Por este lado, no podemos
entusiasmarnos mucho con el supuesto postmaterialismo de la sociedad española. Es más, se aprecia un
cambio sustancial en la consideración social del trabajo, en el sentido de que está dejando de ser el objetivo
central de la vida que antes era. Se entiende que es un medio para sobrevivir, pero como expresa mejor lo que
es fuera del empleo.
El hecho de que el trabajo no sea tan el centro de la vida como en tiempos pasados. No nos debe hacer olvidar
su aspecto instrumental. Entre los sociólogos, domina la interpretación del postmaterialismo: nos encontramos
en un momento histórico y en un entorno geográfico en donde la estabilidad y el bienestar económicos gozan
de unos índices aceptablemente altos (Villabín 92:30). Esta conclusión choca con otros resultados de ese
mismo estudio en los que el valor materialista resulta predominante.
Naturalmente no es lo mismo un puesto laboral que permite sobrevivir, que otro mejor remunerado y más
cómodo que posibilita otras funciones más variables y útiles. A partir de un cierto umbral de subsistencia se
exige que el trabajo no solo proporcione una retribución proporcional a la tarea desempeñada, sino que
suponga un elemento de satisfacción personal.
Las organizaciones no se conforman con pagar bien a sus directivos, y a sus empleados más insustituibles; se
preocupan de que estén contentos. Ya se conquistó el horario flexible, pero se flexibiliza incluso el periodo de
vacaciones de muchos empleados cualificados, que pueden distribuirlo a lo largo del año, según sus
conveniencias. Algunas actividades de los directivos, como convenciones o congresos, son una agradable
mezcla de ocio y trabajo. Hasta los clubes de fútbol no solo confían en las virtudes de entrenadores y
masajistas, sino que además añaden a la plantilla los psicólogos.
En otras encuestas se ha hecho una pregunta que resume muy bien dos ideas complementarias: la ética del
trabajo y el rechazo de la violencia o de la acción directa para resolver los conflictos laborales. El dato
sintético podría ser la proporción de personas que nunca estarían dispuestas a participar en huelgas ilegales.
Para el conjunto de los países de la Comunidad Europea esa proporción en 1990 es del 75% del total con
información. Para España el porcentaje es algo inferior, es del 65 %, y si a este porcentaje aislamos al País
Vasco, este porcentaje se reduce al 57%.
Si compartimos las horas trabajadas teóricamente, éstas representan una fracción cada vez menor de los años
que viven las personas. Cada vez se afilia uno más tarde a la suerte laboral y el retiro aparece más temprano.
Además, se reduce la jornada laboral que se sitúa a 35 horas semanales. A su vez, de este conjunto teórico hay
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que descontar las vacaciones, viajes más o menos profesionales, enfermedades o accidentes, ausencias al
trabajo más o menos justificadas, reuniones sindicales, asistencias a cursos, obligaciones familiares, fiestas,
huelgas, etc. Ahora bien, más difícil sería medir una reducción ulterior. El tiempo que realmente dedica el
trabajador a su tarea dentro de la jornada laboral normal. Este factor reductor debe de ser fortísimo en las
labores directivas y burocráticas, que son las que demandan cada vez más trabajadores. El resultado final es
que el trabajo representa una porción de energía y dedicación cada vez menor en la vida de las personas. Este
hecho se ve manifestado en las actuales historias televisivas o películas en donde sus protagonistas hacen
como que trabajan, pero su tiempo laboral lo dedica sobre todo a resolver problemas personales o
simplemente a tener relaciones con los compañeros de tareas o los clientes. Se entiende claro está, que se
realiza una exageración intencionada, pero como sucede en tantas ocasiones, la realidad acaba imitando a la
figuración.
Una de las consecuencias de la reducción de las horas realmente trabajadas es que cada vez se distingue
menos las posiciones de la persona ocupada y la desempleada. Más aún si el parado reciba un subsidio por su
situación. En ese caso, además, tiende a desaparecer la sensación de culpa que puede tener el parado de otros
tiempos anteriores.
Se ha estudiado el estado fatídico del lunes sobre la salud de los norteamericanos. Es el día en que se
producen más fallecimientos por ataque de corazón. La rutina semanal parece indicar que los americanos
viven para los fines de semana y que simplemente sobreviven a los días de trabajo (Lewis 81:102). No
podemos decir hasta qué punto ha irrumpido esta civilización en la sociedad española. Solo tenemos el dato de
que una tercera parte se siente con ganas de volver al trabajo el lunes. No son porcentajes que revelen a los
españoles como entusiastas de su trabajo. Claro que lo interesante es la precisión de qué circunstancias hacen
alterar esas proporciones medias.
La primera y la más elemental diferencia es la edad, ya que la satisfacción laboral es una cualidad que avanza
con la edad. La edad madura, es decir, edades entre 39−49 años, no presenta grandes variaciones de fecha a
fecha. En cambio la edad talluda, edades entre 40−64 años, si manifiesta el inicio de una tendencia a mayor
satisfacción laboral.
Junto a la edad, aparece de forma muy nítida la influencia de la clase social. Estar satisfecho con el trabajo es
una manifestación de la pertenencia a la clase alta, tanto para varones como para las mujeres. También es
verdad que dentro de las clases medias y altas. Las personas de más edad aparecen más satisfechas con su
actividad laboral.
Los sociólogos gustan de la expresión ética protestante para calificar la superior disposición a enaltecer el
trabajo. La expresión procede del seminal estudio de Max Weber sobre la ética calvinista, propicia a destacar
el valor de los primitivos hombres de negocios, volcados al trabajo, al ahorro y la emulación.
Un país católico como España no arrastraba esa tradición que destacaba el trabajo como un valor positivo,
especialmente el trabajo normal o servirla. La realidad actual ha dado en este sentido un vuelco. Una reciente
investigación señala que el 64% de los españoles conceden mucha importancia al trabajo.
La idea de que una vida mejor es consecuencia del trabajo tenaz, y no de la suerte, caracteriza otra vez a las
personas más religiosas y a las que se consideran de derechos.
Los sociólogos han detectado una asociación muy positiva , entre la importancia que se da a la religión y la
satisfacción con el trabajo. Está todavía más claro que, a medida que se hace más frecuente la práctica
religiosa, aumenta el gusto por el trabajo y la disposición a volver animados al trabajo después del fin de
semana. Conviene precisar que, aunque en general no hay grandes diferencias según el sexo, las católicos
practicantes varones sí manifiestan más satisfacción laboral que las mujeres.
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Como un último matiz hay que decir que la influencia del factor religioso se consigue verdaderamente cuando
los sujetos al menos cuentan con el grado de Bachiller. Es ante esa condición cuando la mayor práctica
religiosa hace que crezca la satisfacción laboral. En cuanto para los religiosos no cuentan el nivel de estudios,
entre los que no han llegado al Bachillerato, la religiosidad no interviene para determinar su satisfacción
laboral.
LOS INMIGRANTES EXTRANJEROS:
Este es un problema social nuevo. La colonia foránea es todavía reducida, pero ya han surgido los primeros
sucesos desagradables. Todo el mundo entiende lo que significa el cultismo de xenofobia. No es simplemente
el desprecio por el extranjero, sino la cautela del que convive cerca y representa un elemento de desorden, de
amenaza, aunque sólo sea en la imaginación de quien rechaza al que llega de fuera.
Aunque la pregunta resulte inquietante hay que cuestionar si los españoles somos o no racistas. Si hemos de
hacerla es que hay un racismo latente, cuanto manifiesto y hasta, podemos decir, violento. Se trata de un
fenómeno social sagaz desgraciado, pero universal. No se puede encontrar fácilmente un pueblo que no sea
racista, sobre todo si son dos o más etnias los que tienen que convivir, los cual es sólito el mundo.
La colonia de extranjeros residentes en España es muy reducida aunque creciente. Se trata de residentes
legales y por lo tanto no se cuentan bien los ilegales, clandestinos y marginales. Después de la reciente
campaña de regulación de los ilegales, es muy posible que haya aumentado la colonia de los trabajadores
provenientes de Africa e Iberoamérica. Los extranjeros legales que recoge las estadísticas son sobre todo
población inactiva. Predominan los jubilados de países ricos, que deciden retirarse con su pensión a alguna
urbanización de la costa mediterránea o canaria.
Hay que sospechar que la mayoría de los inmigrantes ilegales o sin papeles se abstienen también de registrarse
en el caso de la población. No tendría porqué tener esa cautela porque el censo no indaga la situación legal,
pero el temor a los papeles oficiales es lógico que exista entre los inmigrantes.
Resulta un poco extraño que no se conozca mejor el censo de inmigrantes extranjeros cuando está sujeto a un
control policial, que no existe para el resto de residentes. Se ha avanzado la explicación de que el fenómeno
ha cogido por sorpresa a una Administración que estaba seguramente acostumbrada al flujo contrario de la
emigración hacia otros países. La inercia burocrática ha hecho que haya subsistido hasta 1991 un Instituto
Español de Emigración, cuando ya apenas quedaban solicitudes de emigrantes. Por otra parte, el hecho de que
el paro sea el problema nacional más eminente obliga que las autoridades actúen con un prudente silencio a la
hora de reconocer que hay núcleos laborales que no se cubren fácilmente por españoles.
La mayor significación sociológica está en el fenómeno más reciente de los inmigrantes ilegales, es decir, los
que no tienen todos los papeles en regla para trabajar o residir en España de acuerdo con las leyes.
Por lo general, el inmigrante que se acoge a la regularización es una persona joven, de un país subdesarrollado
como por ejemplo, Marruecos, y países de Iberoamérica. La mayor parte de los que trabajan se dedican a los
servicios poco cualificados, como pueden ser a la agricultura o a la construcción.
Una reciente encuesta preguntaba la percepción del número de extranjeros que viven en España, si les
parecían pocos o muchos. Un 12% contestaba que demasiados y un 34% que muchos. Es decir, casi la mitad
de los españoles perciben el cuerpo de extranjeros residentes en España como voluminosos, cuando las cifras
de extranjeros en España son todavía modestas en comparación con otros países como Francia o Alemania.
Sea cual sea el cálculo sobre el número de extranjeros que residen en España, es evidente el contraste entre lo
minúscula que es esa fracción y la preocupación general que suscita su discriminación contra los inmigrantes,
por lo general, los de color o los provenientes de países pobres. Suelen tener denominaciones despectivas
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como: moros, sudacas, chinarros, negrazos, indios, etc.
Cuando se habla de inmigrantes extranjeros en este contexto de la xenofobia, hay que excluir a las colonias
pertenecientes a los países ricos. Sus miembros no suelen sentirse discriminados y, al contrario, llegan a gozar
de gran estima popular, más que nada, porque, por lo general, mantienen un alto nivel de vida. Este es el caso
eminente de algunos deportistas o artista de renombre, diplomáticos, empresarios, etc. Por eso hay que hablar
de inmigrantes marginados cuando nos referimos a los grupos que pueden suscitar rechazo por parte de los
nacionales. En realidad la actitud hostil se destaca precisamente por el carácter de marginalidad de los
inmigrantes( situación laboral indefinida, falta de recursos, posibilidad de dedicarse a negocios ilegales,
etc.)que les convierte en amenaza potencial.
El prejuicio xenófobo se asienta sobre la noción que los extranjeros son más violentos. De momento, son
útiles para la clase empresarial, sobre todo, porque producen a bajo coste, pero a la larga pueden llegar a
producir un desequilibrio social. Este es el razonamiento que se maneja, incluso por parte de sesudos trabajos
sociológicos, y se puede ver en la siguiente muestra: En las sociedades avanzadas la amenaza de tensiones
racionales pone en entredicho la utilidad, a largo plazo, de la utilización de mano de obra menos costosa pero
más conflictiva que la autóctona (Sole 91.9). Habría que ver lo conflictivos que se volverían los españoles si
se les insultara, se les vetara el acceso a ciertos viviendas o se les prohibiera la entrada en determinados bares
o centros de diversión, sucesos comunes entre la población de inmigrantes marginados, residentes en
Cataluña, según documenta el estudio citado( Solé 91:49).
La noción de inmigración representa una amenaza para el orden social, se expresa incluso en un documento
tan oficial como una Comunicación que envía el Gobierno al Congreso de los Diputados en octubre de 1990
sobre la política de inmigración. El principio de esa política es éste: No debemos acoger más que aquellos que
podamos integrar. Y concluye Aunque porcentualmente la presencia extranjera en España sea muy inferior a
la existente en otros países europeos, la aceleración de los flujos y concentración de éstos en determinadas
áreas urbanas podrían deteriorar rápida y gravemente el equilibrio social de dichas áreas. (Economía y
sociología del Trabajo, 11 de Marzo de 1991, p.272).
Los datos del estudio distado de CIRES confirman los de otras investigaciones, en el sentido de que las
actitudes de discriminación contra los inmigrantes marginados no son muy llamativas, sobre todo si las
ponemos en relación con el rechazo mucho mayor que suscitan otros grupos marginales, Concretamente éste
es el orden que se obtiene en esa encuesta sobre los grupos que les molestaría tener como vecinos:
1. Drogadictos
2.Prostitutas
3.Homosexuales
4.Gitanos
5.Expresos
6.Personas con problemas psíquicos.
7.Marroquíes
8.Africanos,concretamente de raza negra
9.Personas con animales domésticos.
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10 Sudamericanos.
De esta forma se prueba que el temor lo suscitan grupos cerrados, con los que se presume que puede haber
delincuencia.
El estudio CIRES certifica que aparece igualmente en diversas pesquisas sociológicas: el prejuicio xenófobo
se alza conforme se baja la posición social o educativa, según se para de izquierda a la derecha del abanico
ideológico, a medida que se tienen más años, En definitiva, el prejuicio étnico sería una manifestación
defensiva de los grupos sociales más débiles y más conservadores, lo que temen que van a perder con una
sociedad más compleja.
Hay varias razones lógicas para que funcione la anterior relación. En primer lugar, las personas socialmente
más desasistidas temen la competencia de los trabajadores extranjeros, que contribuyen a que no suban tanto
los salarios modestos. En segundo término, las personas con ideas más simples, con menos relaciones
sociales; ven más amenazada su tranquilidad cuando tienen que codearse con personas simplemente distintas.
Hay un tercer motivo más sutil o cínico, según se mire, y que las personas con más educación o más recursos
de toda índole saben lo que tienen que decir ante la situación de una entrevista, sea por un sociólogo o un
periodista. Ante actitudes de dudosa legitimidad como ésta del rechazo de los extranjeros. Lo que impone la
norma de la conveniencia social, es que disimulen todo lo posible.
En realidad, se pueden decir, que muchos españoles pueden seguir en el paro subvencionado porque los
inmigrantes extranjeros marginados aceptan los puestos de trabajos inferiores que los españoles prefieren
ignorar. Claro que también es cierto que los salarios se mantienen a la baja o por lo menos no suben debido a
esa ocupación de los inmigrantes.
El caso más ilustrativo es el del servicio doméstico. Sería un buen documento la comprobación de que muchas
personas con criadas extranjeras exhiban una actitud más condescendiente a liberal con el hecho de la
inmigración.
Como resumen a todo lo dicho se puede decir que las encuestas no registran bien el fenómeno racista o
xenófobo cuando se pregunta directamente si los entrevistados discriminarían a los extranjeros. Las personas
de clase acomodada saben practicar esa virtud tan española como es el arte del disimulo. Por eso son mucho
más válidas las preguntas que se refieren a la política inmigratoria. Pocas personas reconocen que rechazarían
a los extranjeros, pero más de la mitad de los españoles están a favor de la política restrictiva que es la
propuesta por el Gobierno.
MOVIMIENTOS SOCIALES:
Si la afiliación es reducida, la aceptación de los movimientos sociales es mucha.
En los años anteriores los hombres eran los que se asociaban en mayor número que las mujeres, sin embargo,
en los últimos años esto está cambiando de signo, ya que, la sociedad femenina es la que aprueba
mayoritariamente los movimientos sociales. Esta favorabilidad de las mujeres viene a compensar su menor
activismo asociativo.
La edad separa a la población en dos segmentos; el de 18 años a los 44 años, algo más favorable a los
movimientos, y otro segmento es el de los que pasan de los 45 años, algo menos favorable.
Lo más jóvenes, los de edades comprendidas entre 18 a 24 años, no son simple los más entusiastas de esos
movimos, sólo superan al activo grupo de los 25 a 34 años en el movimiento ecologista y en el antinuclear.
De todas formas, las diferencias por edad son reducidas. Aunque quizá habría que tener en cuenta en que son
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distintos los contenidos de los movimientos que interesan a los jóvenes. En la encuesta de la juventud de 1989
recogimos la opinión de los jóvenes antimilitarista sobre tres movimientos próximos a ellos y de actualidad en
1991: el pacifista, y el ecologista.
En los tres casos se conceptúan estos movimientos mayoritariamente dentro del área de la política, dentro del
sistema, tanto de los jóvenes como de adultos, sin que necesariamente deban considerarse como la izquierda
radical (revolucionarios) o antipatriotas. Bien es cierto el que más se desvía de este perfil es el movimiento
antimilitarista, en el que se observa mas combatividad: política, antisistema, de izquierda radical y
antipatriota. Pero es interesante puntualizar que tanto por lo que se refiere al movimiento ecologista como el
pacifista, no se perciben como fenómenos marginales a la sociedad, sino integrados en ella.
Así resulta que todos estos movimientos disfrutan de un fuerte apoyo social, se encuentran ampliamente
extendidos entre la población, se están universalizando. Constituyen los issues y las formas de esa nueva
concepción de la política a la que llevan los valores posmaterialistas. Esta universalidad del fenómeno es la
que hace que las diferencias que promueven las distintas variables sociodemográficas sean relativamente por
significativas.
Por eso ocurre, además, que las diferencias por clase o niveles sociales especifican muy poco, excepto un
atisbo de que las clases altas y medias.altas se resisten más a aceptar ciertos movimientos sociales, como
pueden ser el antinuclear y el feminista.
Desde el punto de vista ocupacional, los más entusiastas de los movimientos sociales son los desempleados,
ocupado en gran parte por gente joven y sobre todo estudiantes.
La distinción entre hombres y mujeres se acentúan cuando consideramos los dos sexos entre la población
trabajadora. Las mujeres que trabajan o han trabajado son más entusiastas de estos movimientos que los
hombres que trabajan o ha trabajado, y lo son tanto las mujeres ocupadas en trabajos no normales como los
que están en trabajo normales. Este progresismo femenino es uno de los datos más relevantes de la sociedad
española de los noventa.
Aunque por supuesto, se mantiene una ligera tendencia a que la aprobación de esos movimientos se acentúe
conforme se pasa a posiciones de izquierda ideológica, fenómeno más visible en la escala política que en la
religiosa.
Pero la extensión del fenómeno de los movimientos sociales no impide que subsista un diferencial de
aceptación entre materialistas y postmaterialistas, mayor que el que promueve la capacidad de movilización
política.
El fenómeno, pues, atraviesa en buena media las diferencias sociodemográficas e incluso de movilización
política, pero viene descriminado sustantivamente por los valores, materiales o postmateriales, que más se
asocian con los nuevos movimientos sociales.
Una sociedad informada, asociada y participante es una sociedad más vertebrada, con mayores posibilidades
de integración.
La participación en asociaciones se cuenta entre la serie de accesos y de medios de que disponen los
individuos para ello.
Las instituciones por medio de los cuales funciona una sociedad constituyen, por otro lado, las mediaciones
que contribuyen a entramar su tejido. De ahí que en la medida en que esta instituciones tengan fuerza, en la
medida que susciten confianza y credibilidad en esa misma medida contribuyen a integrar a los individuos en
la sociedad,
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Como ya hemos dicho la desconfianza y la escasa afiliación a las instituciones se ve reflejada sobre todo en
los años 60 hasta más o menos la década de los ochenta donde se empieza a incrementar el número de
movimientos sociales y una cierta confianza en las instituciones. Pero es a partir de los noventa donde se
acentúan los niveles de confianza y sobre todo en el sistema educativo, en la prensa, en las Grandes Empresas
y en los sindicatos, pero ha bajado en la política, el sistema de leyes, en las fuerzas armadas y en los
funcionarios. En conjunto podemos decir que no se ha producido un deterioro de las instituciones sino que
unos suben y otros bajan. Lo que sucede es que las que han subido son mayoritariamente pertenecientes al
ámbito privado o no estatal y los que han bajado son las de ámbito estatal o público.
En 1981 sólo 3 instituciones superaban la cota del 50% de confianza, a saber: la policía, las Fuerzas Armadas
y la Iglesia. En 1991 son cinco las instituciones que superan esa cota. Se ha descabalgado a las Fuerzas
Armadas que pierden bastantes puestos y se han incorporado la prensa, la Comunidad Europea y la
Enseñanza.
No cabe duda de que quienes declaran sin confianza hay un fuerte componente psicológico de inclinación a
estar de acuerdo con las cosas que hay, con lo establecido, que surge en toda clase de juicios y que es tanto
más acusado cuanto mayor es la edad y cuanto más bajo es el nivel de estudios; que hoy por hoy, se da algo
más en las mujeres que en los hombres, sobre todo en las que son amas de casa y en la clase baja.
EL VALOR SOCIAL DEL DINERO Y EL CONSUMO:
Ante todo hay que decir que el bienestar social, es el bienestar físico, es decir, la salud y la comodidad, pero
es también una cuestión de valores, de los elementos de satisfacción que se aprecian.
El dinero posee una cualidad, entre otras muchas, que sirve muy bien a las apetencias de nuestro tiempo: es
cuantitativo, lo es más que ningún otro bien. Lo que se aprecia hoy no es tanto la riqueza material, sino su
traducción cuantitativa a través del dinero. La obsesión cuantitativa afecta no sólo a las personas privadas,
sino a las públicas y a las instituciones. El éxito de un medio de comunicación lo determinan los medios de
audiencia. Las empresas se miden por la cuenta de resultados; los deportistas por sus marcas, sus tiempos o
por los goles, los artistas por el precio de sus obras, los profesionales por los contratos que consiguen.
Según señala el filósofo Marías que lo bueno del dinero es no tener que ocuparse de él, y en las sociedades de
nuestro tiempo, el sistema tributario nos obliga a ocuparnos de él por poco que tengamos... la declaración de
la renta y sus aledaños produce extraordinario malestar. Esa operación destruye la holgura, de que antes
gozaba el que tenía lo suficiente (Marias 87.62).
Es más importante de lo que parece ese rito primaveral de la declaración de la renta, que es una especie de
secularizada confesión por Pascua Florida. Obliga a que casi toda la población tenga que llevar un mínimo de
contabilidad de sus partidas de ingresos, gastos e inversiones. Hace que los consumidores o los trabajadores
que somos todos ejercitemos también, aunque sea de forma vicaria, el papel de empresarios. El resultado
puede interpretarse como materialismo o monetización, pero lleva también a una integración social. Los
impuestos indirectos, menos visibles, no logran ese mismo resultado de solidaridad. El dinero se aprecia más
si, de cada unidad que se percibe, una parte revierte al común a través de los impuestos.
El aprecio por el dinero no es tanto codicia como seguridad y protección. Esto es lo que da cuenta en un
banco, pero también un seguro, la afiliación a una empresa de asistencia en carretera o ayuda al turista, la
tarjeta de crédito, el pago de la hipoteca. Todo esto implica un desembolso, pero se hace con gusto porque el
secreto de toda transacción económica está en que las 2 partes creen que ganan, es decir, implícitamente se
hacen la ilusión de que con la compra o con la vena han engañado a la otra. Aquí reside, por ejemplo, el éxito
de las rebajas de los grandes almacenes y cada vez más de las pequeñas tiendas.
Para entender el significado del valor del dinero en la sociedad española, tendríamos que explorar la reciente
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evolución de la coyuntura económica. Pero ese menester corresponde más concretamente a un informe
económico, el cual está fuera de los objetivos de este trabajo.
Más que las diferencias en el consumo, nos interesa la utilización que hacen los españoles de los instrumentos
de lo que podríamos llamar como dinero invisible. La primera fase del desarrollo de las sociedades consiste en
pasar del trueque a los intercambios de dinero. La segunda fase se refiere a la creación simbólica del dinero a
través del uso regular de los instrumentos financieros o de crédito. Sólo la tarjeta de sacar dinero ha llegado a
cerca de la mitad de la población activa.
En principio existen diferencias sustanciales según el sexo o la edad que expliquen el acceso a esas facilidades
financieras. Únicamente destaca que las mujeres son un poco más aficionadas a las tarjetas de crédito y el
grupo de menos edad, en torno a los 35 años, los que utilizan más las tarjetas y los préstamos bancarios.
También hay que señalar que el hecho de residir en el estrato metropolitano influye mucho más a la hora de
utilizar las tarjetas de crédito.
Las críticas más acerbas a la sociedad del consumo se centran en el supuesto de que los objetos materiales que
nos rodean, los que se renuevan por la técnica, llegan a ser como una segunda naturaleza, se hacen
imprescindibles. Por ejemplo, el bien más necesario es el automóvil, el cual un 69% de las personas activas lo
señalan como imprescindible, Además hay otra serie de objetos que se están convirtiendo en objetos
imprescindibles para las personas como son las tarjetas de crédito, el vídeo, los ordenadores, el horno
microondas o el lavavajillas, éstos últimos se hacen más necesarios para los varones que para las mujeres.
Según un destacado politólogo, colaborador del Gobierno Socialista: Son nuestros gobernantes actuales los
responsables de que el lucro por el lucro, el culto al dinero ganado rápida y fácilmente, se haya convertido en
uno de los valores supremos de nuestro sistema democrático ( De Esteban 92:399; escrito originariamente en
1989).
El que fuera vicepresidente del Gobierno del la UCD, Enrique Fuentes Quintana, sostiene que la cultura
económica del enriquecimiento rápido ha conquistado definitivamente a nuestra juventud, entrevista con
Isabel San Sebastián del periódico ABC el 14 de Febrero de 1993).
Los resultados de un sondeo de Demoscopia (Octubre de 1988) muestra que nueve de cada diez personas
suscriben la opinión de que en España la gente de hoy solo piensa en vivir mejor y en ganar como sea el
mayor dinero posible y siete de cada diez considera que nuestra sociedad actual valora más a quienes triunfan
y logran ganar mucho dinero que a quienes se esfuerzan por vivir con valores y principios morales, Ureta
92;104. Se trata del juicio sobre lo que hacen los otros, que a cada uno le parece mal. La gente admite que hay
fiebre del dinero, y le parece mal, pero nadie quiere reconocer que son ellos mismos quienes la padecen.
SOCIEDAD DEL TRABAJO
DIFERENCIACION DEL INTERES Y UNION SINDICAL
El concepto de sindicato unitario, tal y como se utiliza en la bibliografía sindical y científico−social se refiere
al carácter superpartidista en lo político−ideológico o a la independencia frente a los partidos de la
organización y a la política sindicales. El concepto de sindicato unitario reposa sobre la idea de que el
movimiento obrero sindical puede alcanzar de la manera más efectiva sus objetivos en tanto en cuanto se
encuentre organizado en su orientación político−ideológico.
Esta unión de organización y acción parte de la convicción de la unión red y de la comunidad de intereses de
todos aquellos hombres que, privados de propiedad, se encuentran abocados a su fuerza de trabajo y dependen
materialmente del salario que reciben a cambio de esa fuerza de trabajo. Frente a los intereses comunitarios
que forzosamente se derivan de la situación socioeconómica, tal es la hipótesis fundamental del movimiento
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obrero, los intereses particulares que pueden derivarse de factores como el tipo de oficio, la rama de
producción, el sexo, la nacionalidad o cualquiera otros en cada uno de los distintos trabajadores, juegan el
papel subordinado.
Resulta cuestionable que esta hipótesis puede continuar en la actualidad como política sindical como
consecuencia de factores culturales, económicos y político organizacionales.
El problema de política sindical lo constituye la cuestión de si en que forma la unión de intereses de todos los
trabajadores que en la sociedad industrial capitalista avanzada ya no puede presuponerse sin más trabajo
previamente dada, podría ser reconstituida por la organización sindical, o cuando evitar su disolución. La
organización no se limita en su actuación política a la condición de trabajadores sino adicionalmente a las
condiciones de vida asignados tradicionalmente a la política en total.
Crisis de orientación en la política obrera.
Los jóvenes constituyen el desafío político creciente no sólo para nuestros partidos populares. El problema
específico de los sindicatos lo constituye el claro distanciamiento de los jóvenes frente a la organización
sindical, no se muestra tanto en el desarrollo cualitativo del nivel organizacional de los trabajadores jóvenes
cuanto cualitativamente en el descenso de actividad de los jóvenes en las fábricas y los sindicatos. Así como
por el sentido de la significación burocrática de la acción juvenil de los sindicatos
Este escepticismo frente a la Organización Sindical puede interpretarse como signo de la crisis de orientación
en la conciencia obrera especialmente notaria en los jóvenes, asimismo resulta poco alentadora tras la edad
juvenil. Para muchos jóvenes trabajadores la lucha colectiva sindical guiada contra las malas condiciones
laborales ha dejado de ser el toma que los movilice. En la medida en que partes relevantes de los jóvenes
dejen de considerar el centro de trabajo, la profesión u oficio y el conflicto de intereses como el punto central
de su vida y en lugar de ello se retraigan de la vida laboral regular y traten de encontrar su futuro al margen o
enteramente fuera del sistema de la economía productiva, los sindicatos y su política quedan en la situación
sin perspectivas para los jóvenes.
Esta crisis de orientación en los jóvenes está condicionada por la posición en el modo de trabajar, críticamente
empeorada. Para ellos los dos problemas capitales los constituyen, por la parte intensa reglamentación y
heterodeterminación que experimenta en el puesto de trabajo y que por otra parte, el déficit creciente de
puestos de trabajo.
Conocemos por estudios empíricos que los trabajadores plantean frecuentemente nuevas pretensiones al
trabajo, por ejemplo , de más autorrealizaciòn en al trabajo y posibilidades considerablemente mayores de
autodeterminaciòn y congestiòn. Ahora bien, a causa de las mayores intensificaciòn y reglamentación
laborales así como los riesgos ocupacionales de los jóvenes, estas pretensiones no encuentran ninguna
posibilidad de realización. Consecuencia de ello es que los jóvenes trabajadores huyan subjetivamente del
mundo laboral, en forma de absentismo, aumento de las fluctuaciones o de comportamientos desviados como
el consumo de drogas por la violencia. Entre los jóvenes ocupados en definir su papel en la sociedad parece
imponerse actitudes que se aportan abiertamente del modelo tradicional de la actividad
econòmico−profesional continuada como el criterio definidos normal (al menos para los varones) y también
central de su destino final.
Estudios empíricos sobre las transformaciones producidas en la orientación laboral que se han llevado a cabo
en la RFA nos informa que entre los jóvenes trabajadores ( menores de 35 años) por lo general han perdido
significación valores tradicionales y orientaciones referidas al trabajo (seguro de la renta, el celo laboral, la
subordinación, la disciplina, etc.) Su lugar lo han ocupado en parte valores nuevos tales como la
utorrealización personal, la creatividad y la libertad de decisión. Parejo a este cambio en los valores marcha,
con cierta forzosidad.
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El cambio de las esferas vitales en lo que esos valores pueden y deben realizarse; desciende la significación
subjetiva de la esfera del trabajo y crece la de la esfera del tiempo libre. También estos datos apuntan en el
sentido de que aquí no se trata ni de el problema coyuntural ni de el problema característico meramente de
determinadas fases de la vida, sino que tiene que ver con el cambio estructural, que no deja incólume a la
comparación social y a la organización de la sociedad laboral industrialmente y, por ende, a los propios
sindicatos.
En cualquier caso, resultaría ciertamente errado o, cuando menos considerablemente apresurado, si se quisiera
diagnosticar o predecir un cambio valorativo general que afecta a todos los estratus y grupos de edad de la
clase trabajadora. No es posible esperar la uniformización sobre la base de nuevos valores culturales.
El problema consiste más bien en la acentuación de las líneas de escisión económicas y morales en el seno de
la clase trabajadora producida en la situación económica de crisis y de tendencias de cambios culturales, esto
es: de la diferencia creciente de la situación objetiva de los distintos grupo trabajadores así como de su
percepción e interpretación subjetiva. Estas líneas de escisión hacen acto de aparición cada vez más
claramente sobre todo a consecuencia del empeoramiento de la situación del mercado de trabajo.
Especialmente afectados por lo que se ha dado en llamar la persistente miseria de la política ocupacional lo
son los grupos problemáticos del mercado de trabajo, esto es, los jóvenes, las mujeres, las personas de edad y
los minusvalidos. Esta distribución desigual del desempleo se ha agudizado en los últimos años. Muchos de
los afectados se ven relegados a papeles alternativos: los extranjeros fueron reenviados a sus países de
procedencia, las personas de edad obtuvieran una jubilación anticipada, los jóvenes tratan de aplazar su
ingreso en la vida laboral ampliando la estancia en los centros de enseñanza o en su condición de miembros
cooperantes dentro de la familia y a las mujeres casi se les sugería su paro a tiempo completo a los papeles de
ama de casa y madre.
De esta manera se consiguió atemperar políticamente y de modo parcial el problema del desempleo. Los
costos de la crisis se endosaron en buena medida a los grupos problemáticos menos capacitados para ofrecer
resistencia y ocultados en los distintos puestos de la reserva tácita del modo de trabajo. Conforme, a ello, las
consecuencias psíquicas y sociales del continuado desempleo, en oposición a sus costos para la economía y la
S.Social, quedaron fuera del punto de mira del la atención pública.
El riesgo de convertirse en parado lo experimenta la mayoría de los trabajadores como la amenaza e
inseguridad individual a la que no se puede oponer ninguna perspectiva colectiva y solidaria. Esta actitud de
impotencia y falta de perspectivas, que hace que el desempleo se presente más como el fracaso el riesgo
individual que como el volúmen del fallo constructivo de nuestro sistema económico, guarda relación
presumidamente también con el hecho de que los sindicatos y los partidos políticos han conseguido la
interpretación colectiva que contempla a los trabajadores en su conjunto. Si apenas existe ya la cultura obrera
que puede servir de soporte a la interpretación colectivo−solidaria de la situación como ésa igualmente
dispares e incluso contradictorias lo son las reacciones subjetivas al desempleo y el riesgo ocupacional de los
distintos grupos de trabajadores. En muchos crece la predisposición al compromiso sindical, mientras que en
otros se expanden concepciones conservadoras y económicamente liberales que motivan acto seguido un
comportamiento oportunista marcadamente individualista.
Los sindicatos han llegado a intentar una unificación de la interpretación de la crisis de la manera ciertamente
insatisfactoria al poner las esperanzas durante mucho tiempo en la política económica y ocupacional del
Estado. Como consecuencia empieza a apuntarse un vacío de orientación en parte responsabilidad de las
organizaciones sindicales con concepciones contrapuestas acerca de las causas y consecuencias de la crisis,
así como condiciones para ser superación. Por ello cada vez va a resultar posible en menor medida de la
unificación y movilización de las organizaciones sindicales.
La esfera del trabajo ya no puede ser contemplada subjetivamente por todos los trabajadores asalariados como
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el hecho vital central, el dato dominante del que derivan intereses, conflictos y relaciones de comunicación
sociales. La sociedad alimenta y provoca orientaciones subjetivas que no están en consonancia con este
carácter. Eso tal vez guarda relación en última instancia con el extremo de que la familia, el Estado de
bienestar tiempo de trabajo en el conflicto político. Social e industrial.
El año 1984 marca el punto final desde el punto de vista de la negociación colectiva de la paz en el frente de
la jornada de trabajo, que se produjo tras el recuerdo de las confrontaciones en la negociación colectiva de la
industria del metal, en la que los sindicatos habían exigido la semana de 35 joras, y la consiguiente fijación
del status fue de los convenios colectivos y de cobertura de la mayoría de las ramas.
La derrota sindical en la batalla en pro de la semana de 35 horas del año 1979 cerró, al menos temporalmente,
la posibilidad de contribuir mediante reducciones de la jornada de trabajo a la eliminación del elevado y
creciente nivel de desempleo. Pese a la tregua obtenida en las negociaciones colectivas, el tema de la
reducción del tiempo de trabajo y de otras formas de la política de tiempo de trabajo y de otras formas de la
política de tiempo de trabajo cobra actualidad y atención desde múltiples perspectivas por la nueva razón de la
permanencia de la crisis ocupacional. Una política de reducción y flexibilización de la jornada de trabajo es la
única estrategia en algunos medios exitosa que todavía puede considerarse para la lucha contra el crecimiento
de desempleo masivo la vez que los medios habituales de la política de coyuntura se han agotado en su
efectividad económica y/o se ha patentizado como no imponibles por vías políticas. Esta tesis se fundamenta
en lo siguiente:
El desarrollo del equilibrio en el modo de trabajo está determinado por tres magnitudes:
.− El desarrollo del potencial de personas que buscan en el trabajo el medio de ganarse el sustento.
.− La tasa de incremento de la productividad
.− La tasa de crecimiento de la población.
Estas tres magnitudes se desarrollan en la actualidad en el sentido que surge el desequilibrio del modelo de
trabajo, esto es un exceso de ofertas de fuerza de trabajo y, por lo tanto, desempleo. Esto se produce
esencialmente por el elevado número de nacimientos, por la relativa debilidad de los grupos de edad que
abandonan la vida económica activa, la creciente orientación hacia la vida económica activa de las mujeres, la
mayor duración de la vida activa, y a su vez la creciente resistencia a la postergación. Por otra parte, a causa
de las transformaciones experimentadas en el llamado retorno emigratorio.
Si bien la evolución de la productividad del trabajo ciertamente desde los años 50 ha experimentado el
proceso de ralentización paralelo al aplazamiento del crecimiento de la producción, hay dudas fundadas
acerca de si habrá de continuar en le futuro esa evolución paralela. No es solo que la agudización de la
competencia en los mercados mundiales obligue a forzar las inversiones de racionalización, sobre todo la
microelectrónica en conexión con la técnica de tratamiento de datos y la informática. En virtud de que la
microelectrónica ahorra trabajo y capacidad. Es de esperar la rápida difusión de esta tecnología, especialmente
en el sector servicios y comercio lo que provoca la reducción de la dispersión de las tasas sectoriales de
crecimiento de la productividad.
Si se trata de reconstruir el pleno empleo las tasas de crecimiento han de situarse en torno a la cifra del 10% y
al mismo tiempo para que las personas que entran por primera vez en el mercado de trabajo encuentren
adicionalmente ocupación. Sin embargo tasas de ese orden a medio plazo resultan irreales, por los
desplazamientos de la producción, atascos de inversión, situación de algunos bienes de uso y sobre carga del
medio ambiente. El progreso de la productividad falle en gran medida por la serie de razones políticas y
económicas. A consecuencia de todo ello, sólo queda las alternativas de:
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1) Incrementar el crecimiento económico, y, por ende, la demanda de fuerza de trabajo.
2) Reducir el volumen de trabajo ofertado, lo que a su vez solo queda alcanzarse mediante la reducción del
tiempo para el que buscan ese trabajo, siendo también posible formas intermedias entre ambas variantes de
reducción del volumen de trabajo.
Otras medidas serían estimular la producción de tal manera que las tasas de crecimiento se produzcan en la
medida necesaria. Crecen las resistencias políticas frente a esta medida por el crecimiento endeudamiento del
Estado que lleva consigo. Pero también resulta el riesgo de que los empujones de la demanda inducidos desde
el Estado conduzcan más bien a la inflación de los precios que a unos efectos positivos en lo que atañe a la
inversión y el empleo. No menos cuestionable es, por otra parte, si la política de empleo orientada hacia la
oferta, conduce a través de un fortalecimiento de la capacidad de inversión de las estadísticas y el crecimiento
de empleo o también política de atocuración del mercado habría de chocar con crecientes recelos e incluso
resistencias en amplias partes de la población.
Otra alternativa a tener en cuenta es la reducción de la oferta de trabajo (personal). El mango del mercado de
trabajo se presenta en los años 70 como relativamente exitoso, entre otras razones por que la vía de la
exclusión o prescripción resultaba posible reconducir parte del potencial de fuerza de trabajo hacia la llamada
reserva tácita. Las posibilidades de dejar en papeles alternativos fuese del modo de trabajo en las partes
excedentes del volumen laboral ofrecido y, de esta manera, eliminar el exceso de oferta en términos
relativamente pacíficos y desapercibidos, parecen entre tanto haberse agotado en amplia media. Los
trabajadores extranjeros a todas luces se encuentran cada vez en menor medida dispuestos a servir de masa de
maniobra de la política interior del mercado de trabajo y a retornar a sus países de orígenes, si así lo exigiesen
las circunstancias internas.
El alargamiento del periodo de escolaridad obligatoria o el alojamiento de jóvenes en cursos de preparación
profesional organizados en moldes escolares chocan con barreras y resistencias motivacionales entre los
afectados que cada vez en mayor medida perciben y rechazan el nuevo aparcamiento que se produce en el
sistema educativo; la exclusión de trabajadores de edad y afectados por minusválidos mediante la rebaja del
límite flexible de edad o diversas medidas especiales encuentra sus límites en la capacidad financiera de
resistencia de los asegurados sociales o en su caso en la disposición relativamente reducida de los afectados a
soportar recortes en sus pensiones. La mujer también experimenta incremento en su participación en la vida
activa.
Ahora bien, componer el equilibrio en el mercado de trabajo no se puede proceder sólo de manera tal que se
excluye a determinados categorías de personas de la oferta, sino que también es necesario que se reduzca el
volumen de trabajo ofertado en términos de trabajo. Aun resta, pues, la estrategia de acercar a el compromiso
y a otra de las partes. El potencial papel político ocupacional de la política de tiempos de trabajo que se hace
cada vez más significativo.
Las razones por las que los trabajadores y en parte sus organizaciones reducciones y flexibilizaciones del
tiempo de trabajo, así como las razones de los empresarios para acceder a tales exigencias de oponerse a ellos
y también los motivos de la política estatal de jornada de trabajo constituyen el entramado de valores de
intereses diversos de los cuales los más impuestos se pueden sistematizar de la siguiente manera:
− El interés de los trabajadores por la reparación y regeneración de sus fuerza de trabajo mediante el aumento
de tiempo libre; en su caso mediante concesiones en pausa reguladas dentro de la jornada de trabajo.
− El interés de los trabajadores y de sus organizaciones por el escaseamiento de la oferta de trabajo y la
distribución más igualitaria.
− El interés de grupos específicos de trabajadores que pueden definirse con más o menos claridad (según
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edad, situación familiar, sexo, orientaciones valorativas, culturales, etc.) por un incremento de su soberanía de
tiempo.
− El interés de los empresarios, sobre todo en sector servicio, por poder, utilizar la fuerza de trabajo
ajustándose a la generación discontinua de tareas laborales.
− El interés de los empresarios en el aumento de la productividad horaria, que se puede obtener por la vía del
trabajo a tiempo parcial y la jubilación anticipada.
Intereses político−sociales y político.económicos del estado para impedir el desgaste de los presupuestos de
SS e incrementar el consumo de bienes y servicios.
Otras razones se derivan de objetivos de político−educacional o por el incremento del gasto del tiempo en
actitud de autoservicio.
En la realidad de la negociación colectiva y política social no comparecen tan claramente diferenciadas.
La política de los sindicatos ante la transformación del cuadro general.
En líneas generales los sindicatos cuentan con tres distintos planos de acción para imposición de sus
exigencias a los que se asigna la significación que varía intensamente según sea el respectivo cuadro de
condiciones políticas y económicas del momento. Estos tres planos de acción son:
a)El plano de los convenios colectivos,
b)El plano de la política y acuerdos con los centros de trabajo
c)El plano de la influencia política ejercida sobre los factores de la política estatal.
Actualmente predomina la primera.
Las normativas contenidas en los convenios colectivos han de imponerse y traducirse en el pleno de los
centros de trabajo antes de que lleguen a constituirse en elementos integrantes de la nota laboral. Sin embargo
este procedimiento de transformación escapa al control inmediato y formas de los sindicatos en amplia
medida por la dualidad de intereses del consejo de empresa y sindicato. A pesar de todo, por la vía de los
acuerdos de centros de trabajo se consigue siempre mejorar de política social para grupos aislados de
trabajadores que se convirtieron en el ejemplo a seguir en las regulaciones territoriales contenidas en
convenios colectivos y/o leyes.
Sin embargo, a la vista de la evolución económica esperable para los años 80 así como de las previsibles y
considerables transformaciones técnico−organizacionales (ej.: la microelectrónica), las plantillas de las
empresas van a caer en la presión creciente no sólo con respecto a la seguridad en el empleo, sino también en
lo que concierne a la calidad de trabajo (cualificación, condiciones de trabajo).
En la situación como ésta existe el peligro de que las representaciones de intereses de los centros de trabajo se
vean forzados a imponer preferentemente regulaciones específicas a los centros de trabajo que tratan de
preservar la posición relativamente privilegiada de los núcleos originarios de las plantillas.
Aunque existe toda la serie de intentos logrados y estrategias prometedoras de vincular la política de centros
de trabajo (p.e. a través de enlaces sindicales) a la política sindical y así producir en alguna medida una
unificación por encima del nivel de los centros de trabajo, en sentido inverso se presentan ya hoy tendencias
que apuntan a la autonomización de la representación de intereses en los distintos centros de trabajo frente a la
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política sindical.
En todo caso, el problema de la unificación de las situaciones de interés parece haberles complicado aún más
a los sindicatos a causa del mayor valor que ha adquirido el plano de los centros de trabajo y el pero creciente
en consonancia, de las exigencias de carácter egoísta de los centros de trabajo.
El consejo de empresa debe conducir a tendencias centrífugas de la política sindical, lo que quiere decir: al
agravamiento del problema de la unificación.
Desde el punto de vista la política organizacional, los consejos de Empresa han adquirido influencia dentro de
los sindicatos en los últimos años.
Igualmente, también han aumentado los conflictos de centro de trabajo en relación con los conflictos del plano
de la negociación colectiva. Algunos autores interpretan a esas luchas de trabajo como un agravamiento
general de los conflictos de clase.
No resulta posible excluir formas cooperativas de colaboración en el plano político. Existen suficientes
motivos para una regulación cooperativa de los conflictos y de las crisis. Esa cooperación se paga con el
precio de la difuminación adicional de la capacidad de integración o unificación interna. Además de la
estrategia cooperativa no se aprovechan en igual medida los trabajadores. Los sindicatos en la medida en que
se vinculan en la responsabilidad en pro del cumplimiento de funciones y condiciones de estabilidad de
carácter económico−global, caen en la precaria situación de tener que retirar del tráfico ampliamente sus
ideologías, símbolos y perspectivas movilizadoras al objeto de poder cumplir con éxito su papel de
interlocutores fiables, responsables y capaces de mantener los compromisos de la política estatal.
De esta manera renuncian al repertorio de los recursos intraorganizaciones de la comunicación y unificación,
sólo con cuya ayuda se podrían superar las tendencias centrífugas y de fragmentación que hoy en día se
caracterizan en términos generales la situación y la conciencia de los trabajadores y el mercado de bienes y
servicios ofrecen la gran cantidad de refugios en los que, aunque sean con considerables privaciones
materiales, resulta posible subsistir al menos temporalmente sin necesidad de entregar al mercado de
trabajadores la propia fuerza de trabajo.
De este hecho surgen problemas para la organización y la política de los sindicatos, en su objetivo de
liberación del trabajo, que se vuelve equívoco y contradictoria.
FACTORES ECONOMICOS: CRISIS OCUPACIONAL Y ESCISION DEL MERCADO DE TRABAJO
En la actualidad existen numerosos apoyos en proporción de la idea de que la tendencia de polarización y
escisión del mercado de trabajo conduce a la contradiscoriedad relativa de las situaciones de interés de los
distintos grupos de trabajadores y de que estas contradicciones penetran en la propia organización sindical. En
distinta medida, la crisis y la escisión del mercado de trabajo llevan a los sindicatos de modo creciente a la
situación altamente problemática de que los intereses de los grupos bien organizados y que marcan la pauta
solo pueden defenderse exitosamente por sus miembros si al mismo tiempo se asume el cierto perjuicio de los
intereses de otros grupos y segmentos. En los años venideros incluso se agudizará esta problemática.
Según los pronósticos acerca del desarrollo del mercado de trabajo en la RF el desempleo habrá de crecer
intensamente a causa del crecimiento del potencial de personal.
Incluso al nivel actual de desempleo solo podría estabilizarse si el Prod. social creciera anualmente. Esta
situación se ve agravada por la razón de que la tasa de productividad no experimentará retrocesos esenciales
porque en los próximos años se harán notar las repercusiones masivas del cambio técnico, que se sitúa
dominantemente en la línea de desarrollo de la microelectrónica y que tiene como consecuencia un ahorro de
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trabajo.
Como quiera que la política de demanda global la eynesiana se manifestó en los últimos años como de
eficacia limitada en lo que a la ocupación se refiere y su continuación choca con unas crecientes resistencias,
entre otras cosas a causa del endeudamiento del Estado, cobra la significación redoblada la política sindical
orientada a la reacción de empleo, completada en la reducción de la jornada de trabajo y en la flexibilización
del mercado laboral, que se designa como la contribución de los sindicatos a la reducción del problema
ocupacional.
El crecimiento global del desempleo, afectará, sin embargo, de manera extremada distinta a las distintas ramas
de la economía y a las distintas regiones. También aquí la política sindical se encuentra consiguiente expuesta
a agravados problemas de unificación.
Aparte de la racionalización, los sindicatos se verán en la necesidad de ocuparse preferentemente, aparte de
con cuestiones salariales y de jornada de trabajo de signo cuantitativo, también con cuestiones cuditativas, que
se refieren a grupos de trabajadores claramente debilitados.
La introducción de nuevas tecnologías, por lo demás, ofrece a las empresas márgenes considerablemente
ampliados de control y vigilancia de los ocupados mediante sistemas de información personal categorizando a
los ocupados con datos y confrontarlos entre sí, en todo lo cual resultan nuevos desafíos para la política
sindical y estatutaria.
Todos estos puntos de vista y todas esas previsibles líneas de evolución apuntan a que los conflictos de
intereses y las relaciones competitivas entre distintos trabajadores y grupos de trabajadores habrán de
intensificarse en diversos sentidos, entre los trabajadores cualificados navenciales y de sexo masculino de
edad media, por una parte, por la otra los grupos menos cualificados y más expuestos a los riesgos del
mercado de trabajo (mujeres, extranjeros, jóvenes, trabajadores de edad, minusválidos).
Como ha quedado demostrado por ejemplo en circunstancia de paro intenso y altamente estructurado,
regulaciones de convenios colectivos, jubilaciones anticipadas, despidos o planes sociales con lo que queda
perjudicada la cohesión de las posiciones sindicales como poder de oposición.
Por ello la capacidad de acción de los sindicatos y las organizaciones en ella integradas vendrán definidas en
el futuro considerablemente por la respuesta a la pregunta de en que medida se consigue volver a integrar a los
grupos ocupaciones marginalizados, o cuando menos evitar que continúe produciéndose el distanciamiento
objetivo y subjetivo frente a la situación de los grupos nucleares de los trabajadores.
Aquí se apuntan unos problemas de unificación del sindicato unitario que, por lo que respecta a la magnitud y
a los riesgos que comporta, hasta la fecha no parece haberse comprendido suficientemente.
Los factores e intereses de los objetivos de la política de tiempo de trabajo por mezclar complejas de interés y
condiciones de distintos actores y sus organizaciones. Por lo que resulta de especial interés constatar si se ha
producido la actitud modificada en relación con el trabajador, mas corto y/o más flexible.
Esta cuestión se dirige a la evolución de la estructura social y el sistema de valores de las organizaciones
capitalistas avanzadas que contribuyen a la transferencia del papel y de la valoración de la Actividad
Económica Profesional, con el incremento de la soberanía del tiempo y de la emancipación personal frente al
régimen del tiempo.
Una tipología de las regulaciones en materia de política de tiempo de trabajo debe diferenciar 3 dimensiones:
• La localización institucional o el plano de la regulación: ¿Cómo se regula?. Si se prescinde del plano de
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control de trabajo se distinguen 3 planos:
• Plano del centro de trabajo.
• El sistema del negocio colectivo.
• El plano establecido en el reglamento.
• El objeto de la regulación. ¿Qué es lo que se regula del tiempo de trabajo?, regulaciones cronométricas, de
sistema de trabajo cronológicas.
• Los destinatarios de la regulación ¿Quién es el objeto de la regulación?
• En el mercado de la oferta (trabajadores).
• En el mercado de la demanda (empresarios).
De la combinación de los 3 planos regulativos con los 2 objetos de regulación del tiempo de trabajo, así como
con los 2 destinatarios es posible clasificar y distinguir todas las medidas a seguir.
Los 3 procedimientos regulativos considerados (negociaciones en el plano de los centros de trabajo, convenios
colectivos, leyes/reglamentos) no solo presenta límites específicos de su eficacia que resultan decisivos en
tomar a sí en que medida los intereses de política ocupacional, empresariales e individuales se hacen valer de
hecho.
Además, resulta también determinante en esta materia cuales son los objetos de regulación que se eligen
(cronométricas o cronológicas. En una primera aproximación los sindicatos de todos los países han exigido y
propagado casi exclusivamente regulaciones cronométricas, mientras la parte empresarial, mas bien,
regulaciones cronológicas.
Las reducciones de los tiempos de trabajo exigidos en los convenios colectivos por los sindicatos como
contribución a la solución del problema ocupacional se vieron impedidos parte de los empresarios y sus
asociaciones hasta la fecha con éxito mediante la estrategia defensiva fundada sobre todo en los siguientes
argumentos:
• Los recortes de los tiempos de trabajo solamente de la manera reducida pueden contribuir a la eliminación
del desempleo, pues la estructura de los trabajadores en paro no guarda relación con la cualificación ni, por
lo que hace a la distribución regional, con las necesidades.
• Las reducciones de tiempo de trabajo son irreversibles y empeoran por ello a largo plazo el problema de la
escasez de fuerza de trabajo.
• La reducción de los tiempos de trabajo conduce a la fuerte sobrecarga de los costes de las empresas.
• La reducción del tiempo de trabajo significa la racionalización de las posibilidades de empleo, esto es: la
asignación de más tiempo libre y la retirada de ingresos.
Como quiera que, por razones institucionales, las transformaciones son rígidas a la baja, los empresarios se
preocupan tanto más de mantener variable a la baja la intensidad de trabajo en supuestos de presión de oferta.
Y como las resoluciones del tiempo de trabajo se desplazan a la inversa, los sindicatos son escépticos frente a
la flexibilización del tiempo de trabajo.
Se rechaza sobre todo aquellas regulaciones que fundamentan las relaciones laborales por debajo del tiempo
de trabajo normal, con los argumentos siguientes:
Las situaciones de tiempo de trabajo parcial existentes se mueven en que mayoría en el nivel bajo de
cualificaciones, por lo que apenas ofrecen oportunidades de ascenso y de adquisición de cualificaciones
adicionales, produciendo la inestabilidad coyuntural.
• Las regulaciones flexibles de tiempo de trabajo constituyen la estrategia empresarial de racionalización con
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la que se trata de alcanzar la intensificación del trabajo. A un mismo tiempo se suspenden distintos
derechos protectores y pretensiones.
• Regulaciones del tiempo de trabajo que se aportan de la jornada laboral normal sólo se toman en
consideración con respecto a trabajadores cuya familia no depende en exclusiva de la renta obtenida en las
correspondientes Relaciones Laborales.
• Mediante las regulaciones individuales de los tiempos de trabajo soslaya la regulación convencional, en
especial la estrategia de solidaridad tendente a la imposición de la semana de 35 horas.
De todo ello para los sindicatos deriva lo siguiente: La flexibilización movilidad del tiempo de trabajo no es el
medio aportado contra el desempleo ni válido para la creación de soberanía de tiempo.
Mas bien al contrario, de la introducción de regulaciones de esta clase de que se ha de temer son efectos
negativos para el conjunto de trabajadores.
Las reflexiones precedentes han puesto de manifiesto que la reforma de las estructuras de los tiempos de
trabajo implica la reforma de los procedimientos de negociación y decisión cuya realizabilidad política
actualmente no puede considerarse, por lo demás como muy propicia.
Aun en el supuesto de que se conocieran las regulaciones de política de tiempos de trabajo de los que se puede
esperar claramente la solución de los problemas de empleo y humanización y una consideración más intensa
de las preferencias de los trabajadores en materia de tiempo de trabajo, faltarían las estructuras decisorias que
de hecho pusieran a disposición esos instrumentos. Aquí nos enfrentamos al mismo tiempo con el problema
decisorio (esto es, con la cuestión de la elección correcta y efectiva de reglamentaciones) y con el problema
constitucional (esto es, con la cuestión de la conector composición, competencia, forma procedimental, etc.;
de los agentes decisorios).
Adicionalmente se plantea la cuestión de la fuerza y la distribución de los motivos que enfocan en el sentido
de la nueva política de tiempo de trabajo.
A pesar de los múltiples indicios acerca del retroceso en que se encuentra asumido, especialmente entre los
trabajadores más jóvenes, la orientación de acuerdo con las normas vigentes para el mundo del trabajo, no se
puede dar por sentado que de este cambio de valores derive del cuestionamiento político masivo de las
estructuras del tiempo de trabajo que hoy todavía predominan. Por las reflexiones formalizadas en la
temporada científico−social de la acción colectiva (ya que no de la experiencia cotidiana) sabemos que,
incluso la comprensión comúnmente compartida de la deseabilidad de la función de la determinada política no
resulta suficiente para formar e imponer políticamente los motivos que conducen a la elección justamente de
esa política.
Se presenta para los sindicatos, la cuestión de si los motivos para las reducciones de los tiempos de trabajo
reclamados por ellos desde distintos puntos de vista político ocupacionales también serán considerados
evidentes por la masa de los trabajadores dentro y fuera del propio ámbito organizacional y cobrarán de esta
manera una fuerza política de imposición.
Si se responde negativamente a esta pregunta, se plantea la cuestión adicional: ¿de que concepciones
materiales y formas institucionales se dispone para asumir el creciente volumen de tiempo de trabajo en al
mercado de trabajo regular ya no absorbe? ¿Qué formas de actividad con sentido y satisfactorias resultan
posibles (cuando menos) procuren posición social, identidad, contratos sociales y actividades solamente
reconocidas como lo hace el trabajo profesional asalariado?.
¿Qué presupuestos políticos y económicos han de darse para la experimentación con tales formas de actividad
externa al mercado de trabajo no venga acompañada con el riesgo de que las personas afectadas no sean
declarados indeseables alfiles en el tablero de la sociedad el trabajo y/o caigan a través de los agujeros
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(justamente previstos en este punto) de la red de la seguridad social?.
Las respuestas a estas cuestiones deberían obtenerse tanto mirando atrás, al sistema corporativo en el seno del
movimiento obrero y a sus formas de trabajo culturales y organizativas que afectan al ámbito de tiempo libre,
como llevando la mirada hacia delante, hacia la sociedad de servicios post−industrial, que, fijada en el
mercado de trabajo puesto desorganización de la asignación de personas o actividades, no ha resuelto por
ahora ni organizacional ni económicamente el problema de sus crecientes necesidades estructurales de
servicios.
Ampliamente indiscutible debería ser el dato de que el sistema de instituciones políticas de la democracia en
la actualidad, tanto en lo que hace a la participación política de los ciudadanos como a la ejecución de la
administración prestacional estatal, discurre en el vacío en gran medida y por razones que de modo inmediato
tienen que ver con los limitados márgenes de disposición temporales de los ciudadanos.
Presupuesto de la superación de la por doquier lamentada incompetencia participativa política de los
ciudadanos lo constituye sin duda alguna la mayor disponibilidad temporal a los fines de la propia
información y participación en el trabajo de las organizaciones políticas.
Y la con igual frecuencia lamentada inefectividad de la administración prestadora del Estado de bienestar,
gobernada a través de medios, dinero y derecho, sólo podía corregirse en la medida en que los organismos
estatales fueran completados y, en parte, sustituidos por el trabajo de grupos de autoayuda autónomos y otras
iniciativas similares para cuya actividad una vez mas es premisa necesaria a la mayor disponibilidad de
tiempo. A la vista de esta situación problemática, ¿Qué mas natural que el intento de crear posibilidades
institucionales con la ayuda de las cuales pudiera transferirse al puesto de tiempo del ciudadano político los
contingentes de tiempo del ciudadano económico que el mercado de trabajo no ha asumido?.
Esta panorámica concluyente en torno a las cuestiones adicionales que presenta la política de tiempo de
trabajo no puede prestar ningún servicio a su respuesta, pero en todo caso deberá haber dejado claro que la
política de tiempo de trabajo sólo tiene perspectivas de éxito en proporción del pleno empleo cuando
paradójicamente está dispuesta a abandonar la idea directriz de la absorción de la totalidad del volumen social
del trabajo por parte del mercado laboral, y por decirlo así, como medidas colaterales, formas de actividad útil
y satisfactorias que no puedan asignarse a través del mercado de trabajo.
FLEXIBILIDAD DEL TIEMPO DE TRABAJO
En el seno de casi todas las instituciones implicadas en el mercado de trabajo se ha impuesto la concepción de
que las modificaciones del tiempo de trabajo resultan aptas y necesarias para la solución del problema del
paro. Ahora bien, los que está en discusión es de que clase han de ser esas modificaciones.
Mientras que los sindicatos tratan de conseguir esos cambios mediante reducciones del tiempo de trabajo
plasmadas en los convenios, el gobierno federal, los empresarios y la organización patronal, así como algunos
científicos y periodistas ven en la flexibilización del tiempo de trabajo individual la oportunidad para procurar
a más personas acceso al trabajo remunerado
Los portavoces de la posición última referida remiten por regla general a la gran potencial de personas
ocupadas a tiempo completo y están dispuestas a la minoración de su tiempo de trabajo, aceptando la
consiguiente pérdida de venta, y considerar que esta circunstancia es el progreso social si se pretende que el
mundo del trabajo se aparte del esquema de las columnas militares (Nortert Brom) que las regulaciones
colectivas representan.
Los tiempos de trabajo reducidos colectivamente y los flexibles en términos individuales son de una
naturaleza distinta que difícilmente se puede presuponer unanimidad acerca de los criterios adecuados de
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comparación.
• Aspectos de la Demanda y de Oferta de trabajo flexible en el mercado de trabajo.
El indiscutiblemente amplio apoyo que encuentran los tiempos flexibles conduce engañosamente a la
sobrestimación del volumen de trabajo a título de demanda compensatoria de mano de obra, puede esperarse
una vez que se realizaran por las empresas los deseos de modificación del tiempo de trabajo.
Cómo y por qué los efectos ocupacionales, que apresuradamente se creyó que se producirían, se van
desvaneciendo en la medida que la reflexión toma los derroteros más realistas, es algo que se puede ilustrar
mediante (sencillo modelo de embudo. Estos desencadenantes contextos se imputan en parte, allí donde se
aprecian al déficit regulativo institucional, al que se acusa de oponerse a la estrategia efectiva de
flexibilización.
EL DEFICIT REGULATIVO
Quienes apoyan la flexibilidad del tiempo de trabajo critican la actividad de los sindicatos y los acusan a veces
de que incumpliendo su pretensión de defensores de la clase trabajadora, ignoran en la negociación colectiva a
aquellos trabajadores que desean voluntariamente tiempos de trabajos flexibles, no estandarizados. De esta
manera, las consecuencias no atractivas y disminudorias del trabajo a tiempo parcial (limitación en buena
medida a trabajadores del sexo femenino y en puestos profesionalmente inferiores, insuficiente de la colectiva
de los riesgos sociales, etc.).
Se presentan a priori como evitables solo con tal de que los sindicatos hubieran atendido a tiempo crecido la
diferenciación de las condiciones y las preferencias en materia de tiempo de trabajo.
Son esas características negativas las que aducen los sindicatos como razón de su rechazo de las
regularizaciones individuales y flexibles del tiempo de trabajo.
A ello subyace la idea de que los esfuerzos en pro de la regularización convencional de las condiciones
especificas de estas formas de tiempo de trabajo significan en última instancia también su reconocimiento por
los sindicatos y, por lo tanto, hubieran fomentado su difusión.
Una sujeción oportuna de las condiciones de flexibilidad en los tiempos de trabajo a los convencionales
colectivos habría resultado adecuada cuanto menos para evitar las consecuencias más granosas y acoplar mas
intensamente la configuración de esas formas de trabajo a la observancia de los intereses de los trabajadores
pero, esto no se produjo debido a condicionantes organizativo−estructurales de la política sindical de la
negociación colectiva.
Otro dato, es que la regulación restrictiva que no se llevó a cabo a tiempo no es sin más recuperable. Toda
nueva regulación de las condiciones de ocupación de trabajadores/as a tiempo parcial ha de conjurar enormes
conflictos con los patronos.
El déficit regulativo en materia de trabajo a tiempo parcial no se puede achacar exclusivamente a la falta de
sensibilidad organizacional y a la estancia de haber dejado pasar el momento oportuno, sino a dificultades de
la política sindical. Así, los tiempos de trabajador flexibles, por mas que desde la perspectiva de los
trabajadores a tiempo parcial afectados sea positivo, tienen siempre consecuencias negativas para las
condiciones generales de la representación sindical de intereses, y habrían de resultar perjudiciales, aunque
sólo fuera de modo indirecto para los trabajadores.
Se acrecentarían las desigualdades en las condiciones de trabajo de las clases trabajadoras, oponiéndose a la
unificación de objetivos y reivindicaciones y la acción solidaria.
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Perderían vigencia los convenios colectivos y en definitiva el de la fuerza negociadora de los sindicatos, a
favor de los acuerdos individuales. La mejora de situación de los trabajadores choca con dificultades
acrecentadas por la parte a la negociación colectiva de los tiempos de trabajos colectivos en detrimento de los
individuales.
Por otra parte, también sería de temer que con la intensivación de la productividad, no sólo posible, sino
también perseguida desde las empresas, por obra del trabajo a tiempo parcial, también crecieran las exigencias
de productividad frente a los empleados a tiempo completo.
Además, la predisposición para soportar condiciones retributivas y laborales menor favorables así como la
menor cobertura social podría tener represiones en la capacidad de contradicción y defensa de todos los
trabajadores frente a las pretensiones de sus empresarios.
En la política sindical, del déficit regulativo en lo ateniente a tiempos de trabajos reducidos y flexibles,
subyace no solo el influjo de la calidad de los puestos de trabajo a tiempo parcial, sino el impedimento de su
difusión, más estrictamente: La prohibición incluso del trabajo a tiempo parcial, sin importar de qué clase
pudiera ser éste. Por lo demás a falta de la regulación oportuna de las condiciones enmarcantes, en el pasado
no tuvo ninguna posibilidad de éxito una estrategia de prohibición. Como quiere que en el trabajo a tiempo
parcial originariamente constituía el complemento deseado de las relaciones laborales normales en materia de
tiempo de trabajo en el sistema de pleno empleo y sólo con el avance de la crisis ocupacional mudó su
carácter socioeconómico, difícilmente pudo haber un momento en el que hubiera alguna perspectiva de éxito
la iniciativa de prohibición.
Para el futuro previsible, la política de negociación colectiva de los sindicatos en relación con la cuestión de
flexibilización del tiempo de trabajo y del trabajo a tiempo parcial habrá de quedar atrapada, empero, en el
siguiente dilema: por la parte, no puede ignorar completamente los intereses de sus aficiones en la garantía de
su situación y en la mejora de las condiciones de trabajo a tiempo parcial, sobre todo cuando el número
creciente de trabajadores se ven en la necesidad de soportar tiempos de trabajo infranormales como si del mal
menor se tratara.
Por otra parte, empero, en ese frente de la negociación colectiva no sólo es apenas si pueda conseguirse algo
en la actualidad, sino que, aunque las cosas fueran de otro modo, con ello se arrastrarían también intereses de
organizaciones centrales e instituciones de poder de los sindicatos. El sacrificio en el seno de la negociación
colectiva de la jornada de trabajo normal como el caso típico producida cuando la inversión del largo
desarrollo económico en el de los componentes individuales del contrato de trabajo fueran sustituidos
progresivamente por las disposiciones de los convenios colectivos.
LA RESPUESTA INSTITUCIONAL: EL DISCURSO DE LA FLEXIBILIDAD LABORAL
La respuesta institucional se articula en torno a los requerimientos que implica el impulso a la nueva oleada de
cambio técnico que permite recomponer el proceso de acumulación de capital truncado en la crisis de los
setenta.
Ello supone la definición paulatina del nuevo modelo de crecimiento económico que, en la práctica de estas 2
últimas décadas, se está definiendo con tomo a varios ejes.
• La necesidad de promover el desarrollo tecnológico y su difusión lleva consigo el marco de mayor
flexibilidad en la asignación de los factores de producción. Se busca, por tanto la mayor movilidad de los
mismos al objeto de facilitar los ajustes a las situaciones cambiantes tanto en las condiciones productivas
como de la demanda. Esto constituye la esencia del modelo de especialización flexible, uno de cuyos
prolegómenos es el modo de organización de las actividades sumergidas, que surge como respuesta la
alternativa a la eclosión del modelo forolista.
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La búsqueda de economías de escala se articula ahora sobre un modo diferente de organizar las relaciones de
producción definiendo el orden jerárquico distinto en las cadenas productivas.
• El soporte teórico/ideológico para tener necesidades lo aporta la redefinición del paradigma
clásico−margindista, en sus versiones neoclásica y monetarista, enfatizando la virtualidad el mercado sin
interferencias externas como instrumento ideal para lograr un mayor nivel de eficiencia económica,
concepto que es de carácter autológico.
• Ambas cuestiones expuestas en los puntos anteriores abren camino al proceso enfatizando de desregulación
y/o liberación del funcionamiento de los mercados, particularmente el laboral.
• Como consecuencia de lo anterior, la mayor o menor capacidad de asimilación del cambio técnico y la
mayor o menor intensidad en el proceso de desregulación contribuyen a impulsar cambios significativos en
la estructura sectorial de los sistemas económicos nacionales. Las posibilidades de impulsar crecimientos
acumulativos de productividad se hace sobre la base del desarrollo y la asimilación de la innovación
tecnológica y la desinternacionalización de los costes de regulación, particularmente los laborales. Unos
sectores ganan en posición competitiva respecto a otro en el escenario nacional y en el externo a partir del
proceso mas acelerado de cambio técnico y de desregulación. Sin duda el desarrollo
económico−institucional bajo ambas premisas penetrará efectos de redistribución sectorial de los recursos
productivos.
• El proceso de mundialización está contribuyendo también a intensificar la desregulación en el ámbito
político−ideológico referenciado como el mecanismo de ganancia competitiva, particularmente en los
sectores productivos de demanda débil o media con sus respectivos ciclos tecnológicos ya maduros, e
incluso en fase de agotamiento. De forma simultánea los diferenciales en cuanto a intensidad reguladora de
diferentes marcos nacionales está justificando el fenómeno de la deslocalización productiva entre áreas
geográficas diversas. Frente a las situaciones de dumping social o ecológico, la respuesta de los países
centrales se oriente hacia la deslocalización y no hacia la redefinición del marco regulador de alcance
supranacional que atienda a las referidas diferencias nacionales en la intensidad reguladora.
En el ámbito específico del trabajo, el concepto sobre el que se inventan las reformas ha sido esencialmente el
de la flexibilidad laboral, que adquirió particular relevancia a partir de la crisis de los 70 y ha polarizado el
debate de la economía del trabajo desde entonces, aunque ya con anterioridad se puede encontrar el término
inserto en determinados discuross liberales.
Sin embargo, el propio significado del término ha estado siempre sujeto a interpretaciones diversas, en su
mayoría coincidentes con el discurso de determinados agentes sociales y que trataban de introducir reformas
en la legislación laboral.
Tradicionalmente el vocablo ha sido aplicado a la capacidad del sistema de trabajo, y específicamente el de
los salarios nominales, para adaptarse a las cambiantes circunstancias económicas, sociales y tecnológicas.
Dentro de la definición tan amplia es posible introducir todo tipo de matices, y así se puede apreciar que el
propio contexto viene a marcar el significado específico del término.
Así, por ejemplo, mientras en los E.E. U.U. flexiblemente se entiende como la libertad para distribuir la mano
de obra dentro de la empresa, en Europa Occidental, se relaciona, sobre todo, con la libertad de los
empleadores para despedir trabajadores según marquen las condiciones económicas.
Todo el debate nace, como se ha señalado tras la crisis del petróleo, en la que comienza a percibirse que el
funcionamiento de los mercados estaba siendo deficiente, cuyo indicador más expresivo eran las crecientes
tasas de desempleo y que constituía el obstáculo fundamental para el crecimiento económico. Específicamente
se señalaron algunos puntos que se configuraban como las causantes de esta inadecuación productiva: La
rapidez del precio de la mano de obra, las condiciones del empleo y la cantidad y calidad de los recursos
humanos.
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Todos estos factores estaban contribuyendo a la separación efectiva entre las nuevas circunstancias
económicas y lo que se suponía la respuesta adecuada desde el mercado de trabajo a las mismas. Por lo tanto,
era necesario revisar los postulados que hacían posible esas ripideces combinadas en los mercados de trabajo
y que se definían en torno a las restricciones institucionales, las políticas sociales, la legislación y los acuerdos
colectivos, las negociaciones centralizadas, la intervención sindical y las directrices gubernamentales.
Se puso en entredicho casi la generalidad del aparato legislativo dispuesto para regular los mercados de
trabajo, cuya reforma pasó a formar parte de la agenda política de muchos partidos de Europa occidental, en
un ataque sin precedentes a lo que había constituido el cascarón económico del Estado del Bienestar.
Según los reformistas, si se desechan mejoras significativas de las condiciones económicas del país en el
entorno de mayor mundialización era necesario redefinir el marco de relaciones laborales para hacerlo más
flexible.
Debían romperse las rigideces que impedían recuperar el crecimiento mediante reformas que permitiesen
acercar el mercado de trabajo al tipo libre ideal. Con ello conseguirían reducirse las altas tasas de desempleo y
mejorar el funcionamiento del sistema productivo en general.
En otras palabras, se trataba de eliminar gran parte de la prerrogativas que habían adquirido los trabajadores
durante las décadas anteriores y que, paradójicamente, estaban jugando en contra de su futuro bienestar.
La comparación, en este sentido, del funcionamiento de los mercados de trabajo en Europa Occidental y los
E.E. U.U. se valoró como alentadora para sus postulados. Mientras que la recuperación económica produjo, en
este último una creación significativa de nuevos empleos, en Europa las tasas de desempleo se mostraron
reacias a reaccionar positivamente.
FLEXIBILIDAD VERSUS EMPLEO
Algunas características expuestas en diversos estudios vienen a demostrar que la relación entre ambas
variables es más endeble de lo que se cree.
Los argumentos sobre la flexibilidad se hacen sobre la asunción de lo que es bueno para la empresa a nivel
nacional, e incluso mundial.
INTEGRACION DE LOS MINUSVALIDOS EN LA SOCIEDAD TRABAJADORA:
Los cambios en la forma de entender las minusvalías desde las administraciones públicas, y por tanto, en su
clasificación y cuantificación, muestran el camino que ha seguido un concepto controvertido desde una
consideración de hecho aislado, casi individualizado, hasta convertirse en un fenómeno social.
La Construcción social de la marginación que hacía el INE en 1.974 era ambigua y confusa. Se consideraba
marginada aquella población privada de una participación plena en la sociedad debido bien a causas de origen
netamente social como a una serie de factores individuales y sociales que se conjugan en una medida
desconocida, como ocurre en los casos de suicidio, subnormalidad, etc..
Dejando al margen que en esas fechas la participación plena en la sociedad quedaba limitada a una parte muy
reducida de los españoles, al hacer hincapié en el origen la perspectiva no permite deslindar claramente que es
lo social y que es lo individual.
Veinte años después, en 1.994, el enfoque del INE había cambiado, ya que ahora se parte de la distribución
desigual de las oportunidades de bienestar. La desigualdad de los grupos se organiza verticalmente en estratos
ocupacionales y sociales, siendo más vulnerables a la desigualdad social y a sus efectos los estratos más bajos.
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El reparto social de las oportunidades de bienestar se articula en torno a un núcleo central, compuesto por los
que producen y consumen.
No obstante, en este núcleo pueden darse situaciones de pobreza, especialmente en la base de la pirámide
ocupacional, distinguiendo esta pobreza de la que se identifica con la marginación y la exclusión socialmente
aislados. Alrededor de este núcleo central hay una zona de inestabilidad ocupada por una masa fluctuante
caracterizada por el empleo precario, el paro juvenil y el femenino y las jubilaciones anticipadas.
Finalmente se encuentra la zona de exclusión de grupos desfavorecidos al margen de la estructura
ocupacional, entre los que se incluyen, a las minusválidos, los enfermos mentales o a los ancianos pobres,
discapaces o aislados.
Hasta 1.975 no tenemos una idea de la dimensión del fenómeno que se conocía por entonces como
minusvalía. Se definía ésta por entonces como marginados a los que no podían participar plenamente en la
sociedad, puntualizando que eran una minoría de la población.
Veinte años después la ambigüedad que rodea al concepto de minusvalía como sinónimo de subnormal,
deficiente, anormal, disminuido, tarado, etc., corresponde a una construcción social todavía confusa. Un tercio
de la población tiende a identificar minusvalía con defecto físico.
La OMS define las consecuencias de la enfermedad en tres niveles:
• Deficiencia: Se refiere a las manifestaciones de una enfermedad, en el órgano o en su función, sin importar
cual sea su causa
• La Discapacidad: se refiere a las consecuencias personales de la enfermedad. Se entiende por discapacidad
toda limitación grave que afecte de forma permanente a la actividad del que la padece y tenga su origen en
una deficiencia.
• La minusvalía: se refiere a las repercusiones sociales que tiene la enfermedad. Esto es, la situación de
desventaja que dejan las consecuencias de la enfermedad en el individuo para relacionarse con las personas
de su entorno.
La situación de marginación se articula sobre la dependencia de los otros, percibiéndose como un coste.
Mientras se ha mantenido la estructura familiar con división del trabajo y de papeles, encargándose la mayor
de las labores domésticas y del cuidado de los enfermos, minusválidos, siendo así un problema privado.
Pero con la incorporación de la mujer en el trabajo extradoméstico, el cuidado de los minusválidos se
convierte en un problema social. Los minusválidos resultan caros, ya que hay que cuidarlos y mantenerlos.
La eliminación de las barreras físicas es el paradigma del coste de la integración social de los minusválidos.
Las ciudades y las casas no están preparadas y su adaptación suelen tener un coste elevado.
El minusválido no está presente en lo cotidiano por la dificultad que presenta en lo cotidiano por la dificultad
que presentan para adaptarse a un paisaje físico que le es hostil.
Suele decirse que el tener un empleo implica integración social, pues el trabajo satisface una serie de
necesidades relacionadas con la independencias, el sentirse útil, etc. El minusválido se asocia a adjetivos
como latoso, pesado o molesto.
Aunque se reconoce que apenas a empezado la andadura de la integración se confía en que el proceso
mejorará en el futuro.
La motivación de las Administraciones Públicas ha sido de gran eficacia para el proceso de integración. La
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evolución del proceso de integración de los minusválidos, que pasa indefectiblemente por la inserción laboral,
se percibe con optimismo.
La independencia económica del minusválido resuelve dos problemas: no cuesta y no molesta. En definitiva
será autónomo, independiente podrá vivir sin depender de los demás.
La integración de los minusválidos pasa por la formación y la inserción laboral, pero también porque hay que
cambiar la forma de mirarles; hay que acostumbrarse a verles, convertir en normal, lo que todavía es
extraordinario. La integración de los minusválidos pasa porque los normales aprenden a convivir con ellos, a
tratarles como iguales.
Como conclusión de este apartado se pueden extraer una doble conjetura sobre la doble tendencia que se
apunta sobre la situación social de los minusválidos.
En el marco de la sociedad la tendencia es de la exclusión a la integración, como consecuencia de la
intervención de las Administraciones Públicas y de las Asociaciones y Fundaciones, que tienden a
materializarse en una carta de derechos, en la formación e inserción laboral.
Sin embargo en el marco familiar la tendencia se invierte pasando de la integración a la exclusión, como
consecuencia de factores como la incorporación laboral de la mujer, cambios en la función familiar, ruptura de
los lazos tradicionales y cambio de valores prolongación de la tendencia específica hacia la expansión del
sector servicios, permanece sumida casi por completo en definiciones negativas: el sector de servicios viene
definido por lo que no son.
Así comúnmente por servicios se entiende la totalidad de aquellas actividades que no se pueden asignar ni al
sector Primario, ni al secundario.
Estas definiciones residuales adolecen de que con la etiqueta de Servicios no se designa propiamente ningún
ámbito funcional de la sociedad autónomo y clasificado conceptualmente, sino que sólo se patentiza un
problema taxonómico socio−estadístico.
En la búsqueda de una definición conceptual del sector de servicios que no sea sólo residual se topa con la
pregunta de cuales son propiamente las unidades de investigación a los que hay que asignar el predicado de
pertenecer al sector de servicios.
Una característica definitoria negativa frecuentemente utilizada con respecto a los servicios es la no
materialidad del servicio: Como quiera que éste no se materializa en un producto físico, el resultado del
servicio no puede desplazarse en el tiempo y el espacio, es decir, no se puede transportar ni almacenar.
Frente a estas dificultades que caracterizan a una satisfactoria conceptualización teórica, gran parte de la
bibliografía, en especial la política−económica, reacciona con definiciones meramente enumerativas: por
actividades profesionales u organizaciones de servicios se entienden los bancos, el comercio, los seguros, la
educación, la justicia, etc.
De esta forma desaparecen todos los criterios con fundamentación teórica relativos a la inclusión de un sector,
como por ejemplo al de los bancos, o la no inclusión de otro sector, como por ejemplo el transporte de
mercancías.
La cuestión global de la dinámica evolutiva del sector servicios en las sociedades industriales capitalistas se
puede escindir en dos preguntas parciales sobre la base de las distinciones expuestas:
• ¿Qué magnitudes significantes determinan la extensión del conjunto de las actitudes de vigilancia y
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sus transformaciones marginales?.
• ¿Qué magnitudes determinan la distribución de las distintas actividades de servicios en las tres formas
organizacionales del trabajo de prestación de servicios que hemos descrito y las modificaciones
marginales de sus proporciones?.
Si el trabajo de prestación de servicios se define como trabajo de vigilancia o supervisión, cualquier
explicación de los cambios operados en su volumen ha de comenzar con la indagación de la naturaleza y la
extensión de los riesgos y amenazas para cuyo control se instauran los servicios.
La evolución del sector de servicios de la sociedad industrial capitalista en la suma de las reacciones
estratégicas a los riesgos estructurales de una sociedad que, por una parte, presenta un elevado grado de
diferenciación, pero por otra, resulta incapaz de coordinar espontáneamente los elementos diferenciados.
Para dar una respuesta aproximada a los interrogantes anteriores podemos decir lo siguiente:
El riesgo existencial que resulta para las unidades compresorales individuales a partir de su recíproca relación
de competencia; el desarrollo de los servicios se encuentra en parte situado en la perspectiva estratégica de las
unidades económicas de absorber y hacer controlables los riesgos de la lucha competitiva.
El riesgo existencial que resulta de los costes y exigencias de reproducción de los trabajadores dependientes y
de los conflictos de clase, que conllevarían el quedar por debajo de los costes de reproducción de una negativa
de los correspondientes exigencias; el desarrollo de los servicios se puede entender en parte como reacción
estratégica frente a este tipo de riesgos estructurales, esto es, como estrategia de socialización de la
reproducción de la fuerza de trabajo a través de la que, por la vía de racionalización, semanalmente se
contiene el crecimiento de los costes reproductivos que en otro caso se presentarían como exigencias
salariales.
El riesgo existencial que resulta de los costes y exigencias de reproducción de los trabajadores dependientes y
de los conflictos de clase, que conllevarían el quedar por debajo de los costes de reproducción do una negativa
de las correspondientes exigencias, el desarrollo de los servicios se puede entender en parte como reacción
estratégica frente a este tipo de riesgos estructurales, esto es, como estrategia de socialización de la
reproducción de la fuerza de trabajo a través de la que, por la vía de la racionalización, simultáneamente se
contiene el crecimiento de los costes reproductivos que en otro caso se presentarían como exigencias
salariales.
El riesgo existencial que surge de las tendencias al estancamiento económico de sector industrial; el desarrollo
de las actividades de servicios se encuentra en parte bajo la perspectiva estratégica político−estructural de
compensar los cuellos de botella ocupacionales resultantes de esas tendencias de excesiva industrialización y
por la vía de la política de empleo alojar en las nuevas actividades de servicios la fuerza de trabajo que de
forma continuada va liberando el sector industrial; en parte esto ocurre incluso con la esperanza de que el
desarrollo de los servicios no sólo compensen desde el punto de vista de esa política ocupacional las
tendencias al estancamiento, sino que incluso los eliminen asegurando la competitividad del capital nacional.
• Consideraciones Sociológicas:
La línea de cuellos que separa a los trabajadores de los empleados corresponde a la que separa dos clases de
trabajo de servicios (los conceptos empleados y trabajo de servicios se diferencian en que están situados en
distintos planos conceptuales, así como en que ambos conceptos manifiestan una amplitud distinta, los
empleados son siempre trabajadores por cuenta ajena, mientras que los servicios pueden ser llevados a cabo,
además de por trabajadores de esa clase, también por funcionarios públicos y por trabajadores autónomos). En
principio esta tesis no se refiere a las características pertenecientes a la sociología del mercado como, por
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ejemplo, la conformación de los puestos de trabajo y las condiciones de trabajadores o de los empleados, sino
que se refiere a las razones y a las finalidades estratégicas a partir de los que el trabajo de una u otra clase en
visto en definitiva como necesario por parte de los directores y de hecho es utilizado.
Contemplados los casos desde este prisma, el punto de referencia estratégico y la racionalidad específica del
trabajo de producción lo constituye la apropiación y la transformación de la naturaleza exterior a los fines de
la creación de riqueza social.
La definición estratégica de los fines del trabajo de producción empleado se cumple marginalmente mejor
cuanto más eficientemente es su organización, es decir, cuanto más regular, estandarizada, calculable y
controlable se ejecuta. Frente a ello, en el caso del trabajo de servicios implica la referencia teológica de la
garantía, a saber: la orientación estratégica por los rasgos, perturbaciones, irregularidades inseguridades, e
imparderabilidades del ambiente natural técnico y político que han de ser absorbidos, implica el predominio
de criterios de efectividad.
A partir de la función garantizadora definitoria del trabajo de servicios resultan problemas decisorios
específicos para las organizaciones que utilizan trabajadores de servicios.
Aquí predomina un punto de referencia estratégico de carácter defensivo−negativo. Se trata de rechazo de las
alteraciones e irregularidades a los que se ven confrontadas las empresas tanto en su entorno exterior como en
su ambiente interno.
Como quiera que esas irregularidades nunca pueden ser conocidas de antemano por lo que respecta a su
naturaleza y amplitud y al lugar y momento de su aparición, en interés de su dominio efectivo se debe
prevenir unos ciertos márgenes de disposición y capacidades de reserva. Incluso los contextos de problemas
para cuyo dominio se recurre al trabajo de los empleados son inciertos en una doble dimensión: distinguimos
así una incertidumbre de inputs y de outputs.
Por la sociología de las profesiones conocemos el problema permanente, característico de ese grupo
profesional, pero que en modo alguno se limita a él, de que nunca se puede establecer, en el sentido de unas
reglas técnicas claras y de probada validez, qué tipo y qué cantidad de acciones instrumentales se requieren y
bastan para provocar un resultado deseado. Toda acción de trabajo puede descomponerse en una secuencia de
medios, objetivos y funciones.
Este argumento debería dejar en claro que en el ámbito del trabajo de servicio tanto la relación entre medios y
objetivos de la acción de trabajo como la existente entre objetivos y funciones, por regla general en nuevos
directa y evidente que en la esfera de la producción.
Por todo lo expuesto podría esperarse que las entrecruzadas estrategias racionalizadoras a las que se ve
expuesta la situación laboral de los empleados condujera a una situación mixta característica para todos los
empleados.
De hecho, varios intentos sociológicos de definición de los empleados siguen a ese modelo teórico de un
tanto−como o por una parte−por otra postulado para todos los empleados: su posición intermedia consistiría
en que reciben tanto como importen instrucciones, ocupan una situación subordinada, pero con derecho a
promocionarse.
La defensa de comerciales de la Sociología laboral como esos, caracterizados por una vocación de absoluta
generalización, en la actualidad no resulta empíricamente sostenible ni necesaria siquiera para el apoyo de
nuestra tesis de que los empleados se encuentran en la encrucijada de una serie de estrategias contradictorias.
La diferencia que se hace sentir tanto dentro del ámbito de los trabajos de servicios como entre éstos y el
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trabajo productivo consistente, no en la diferenciación empírica entre todo puesto de trabajo de empleado y
todo puesto de trabajo de obrero, sino más bien en la eventualidad, a considerar en el cálculo estratégico, de
que en ámbito de los empleados cada incremento de eficiencia en un punto haya de ser compensada en otro
punto mediante la concesión de condiciones de trabajo menos controladas y menos estandarizadas.
• Crecimiento del Trabajo:
Una hipótesis de carácter evolutivo continuamente expuesta desde los años treinta acerca de la transformación
estructural socio−económica de las sociedades industriales dice que el porcentaje de trabajo de servicios en el
conjunto de trabajo social se encuentra comprometido en un proceso de crecimiento continuo y que este
crecimiento es de significación decisiva para las condiciones y relaciones de trabajo, el consumo y el
bienestar, la distribución del poder social y las estructuras políticas de dominación.
En la historia de la sociología es posible rastrear raíces de esta hipótesis evolutiva global incluso en fechas
anteriores al período de entreguerras como por ejemplo, en los estudios de Ladever (1.912) acerca del
incremento y la significación social de los empleados, en el concepto de Karl Renner de la clase de servicios o
incluso en las famosas especulaciones de Carl Marx sobre el advenimiento de una sociedad autonacional
contenidos en los Fundamentos (1.953, p.p. 592 y s.s.) donde habla de que la fuerza de trabajo humana va a ir
saliendo cada vez más del ámbito de la producción material para adoptar el carácter de un vigilante y
regulador de la producción.
No el pronóstico del desarrollo del trabajo en el sector de servicios y sus consecuencias globales ni el
inventario o pronóstico de los criterios político−sociales y culturales constituyen el objeto de las siguientes
reflexiones, que se limitan más bien a la pregunta por las hipótesis y los enfoques teóricos de que se dispone
para una explicación del crecimiento del trabajo terciario o del propio sector servicios. Tampoco la pregunta
que lógicamente y de modo manifiesto es previa acerca de si es posible constatar un crecimiento cuantitativo
del trabajo terciario y en su caso, afirmativo, según que procedimientos de medición, en qué países y para qué
lapso de tiempo.
A todo ello, se ha de recordar, que ese porcentaje de trabajo en el sector servicios de cuyo crecimiento se trata
debería ser problematizado en alta medida en relación a cada uno de sus tres determinantes matemáticos
(numerador, denominador, unidad de medida); esto es cierto en primer término por lo que hace al
denominador: ¿Cuál es el inverso del trabajo social a partir del cual puede determinarse el subconjunto del
trabajo de servicios? .
Normalmente se hace jugar aquí al trabajo contractual productivo que tiene lugar en las economías públicas
nacionales, con lo que uno se expone a la objeción de que un crecimiento del porcentaje del trabajo de
servicios así medido puede estar en dependencia muy fácilmente de la internacionalización indudablemente
constatable de la producción material, es decir, el desplazamiento de la producción de los no servicios al
extranjero.
Esta circunstancia, daría pie a la conclusión de que en el denominador del cociente se han de tener en cuenta
especies económica supranacionales.
Por lo que respecta al numerador ¿Se ha de reflejar en él solamente los servicios prestados en forma de trabajo
económicamente productivo o también el que revista la forma de trabajo doméstico o trabajo para uno
mismo?. En éste caso el propio concepto de trabajo se encontraría sujeto a debate.
Llama la atención el dato de que en las sociedades modernas la función sintetizadora de los servicios se
cumple en forma de trabajo, es decir, no por la vía de denominación personal o de tradiciones culturales. En la
medida en que en el concepto de trabajo se considera también una esquematización de las acciones de acuerdo
con medios y fines, se está produciendo una disonancia en el seno del concepto de trabajo de servicios:
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mientras que el trabajo lucrativo contractual se encuentra tanto más racionalmente organizado cuanto más
inequívocamente están fijadas sus resultados, cuanto menores son los márgenes de variación que se producen
en la utilización de los medios empresariales de carácter material y del tiempo de trabajo, cuanto mayores son
por tanto la controlabilidad de la actuación laboral y menores los márgenes de disposición dentro de los cuales
pueden hacerse valer motivos contradictorios de quienes llevan a cabo la actividad laboral, y cuanto más
estandarizado y uniforme es el ambiente del proceso laboral a la luz de la racionalidad inminente de los
servicios, tal y como acabamos de exponerla, las cosas se presentan de una manera enteramente distinta; aquí
el resultado esperado del proceso de actuación se alcanza tanto mejor cuanto menos esquemáticamente se
encuentran adscritos los fines y los medios, cuanto mayores márgenes de exposición y de interpretación se
dejan abiertos, cuanto menos se encuentra sujeta la motivación de las personas que prestan al trabajo de
servicios a controles exteriores y cuanto mayor sea por tanto la posibilidad de referirse a las especialidades
estandarizase.
El trabajo de servicios se encuentra pues, en el punto de intersección de dos racionalidades:
• La racionalidad económico−industrial de alta especificación de fases y medios, de controles verticales
directos del comportamiento laboral, de reducidos márgenes de disposición y elevada
esquematización.
• La racionalidad típica de la prestación de servicios que no es otra sino la de la mediación, que
presupone márgenes de actuación interpretables en términos situacionales.
La representación esquemática de los enfoques explicativos más importantes del desarrollo del sector
servicios:
Integración sistemática
(Condiciones de equilibrio)
Integración Social
(orientaciones de la acción)
Necesidades de gobierno ante el
crecimiento de la complejidad.
Cambios en la demanda de las
economías domésticas con
aumento de los niveles de renta.
Absorción de excesos de ofertas de
mercado de trabajo
estructuralmente crecientes.
Transformación de las preferencias
y del poder autónomo de definición
de los ofertantes de servicios.
La expansión de los trabajos de servicios representa un contramovimiento de signo compensador que rellena
el déficit regulativo surgido a través de la privatización o de la neutralización normativa de la actividad
económica o que satisface las exigencias de funciones de mediación de todo tipo que no cesan de surgir, como
por ejemplo los medios de comunicación, bancos, seguros, etc. Característico de una argumentación como
esta de la complejidad, orientada hacia las necesidades, resulta que el crecimiento de las funciones terciarias, a
diferencia de lo que resulta usual en las teorías de la sociedad postindustiral, no se sitúa en una tercera y en
todo caso tardía fase de la evolución social, sino como un proceso que discurre simultáneamente al despliegue
del modo de producción industrial−capitalista, del que en parte también se presenta como presupuesto.
La relación de competencia sí como el permanente riesgo de supervivencia de las economías a la creación de
cuadros de servicios que persiguen la finalidad estratégica de la percepción, la absorción y la prevención de
los riesgos generados por la competencia.
El conflicto entre el trabajo asalariado y el capital exige permanentes esfuerzos de regulación de los conflictos
y de control tanto en el plano organizacional como en el plano estatal, y el marco de las estructuras sociales
capitalistas, el cumplimiento de estas funciones sólo resulta inimaginable en la forma específica de los
monopolios competenciales.
Una de las razones de la poderosa fuerza de atracción que ejercen las actividades de servicios consiste
precisamente en que el valor de uso de la actividad en sí misma así como también sus composiciones
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materiales se encuentran mejor protegidos frente a controles exteriores y se pueden defender y ampliar
incomparablemente mucho más fácilmente que lo que sucede en el sector secundario.
Ese poder estructural de la oferta del sector de servicios que pueda considerarse como clave de la explicación
de su crecimiento, se ve por lo demás asegurada materialmente por la razón de que los costes del personal
correspondientes, o bien pueden ser obtenidas someramente por la vía de los presupuestos públicos o aparecen
en cuanto costes comunes, a todo lo cual en ambos casos se soslaya la virtualidad de cualquier control de
eficiencia.
Ese poder estructural resulta reforzado por el hecho de que los ofertantes pueden acogerse justificativamente a
la negociación colectiva de los sindicatos del servicio público.
• La Calidad Total como Ideología de la Sociedad de Servicios: (pag 465)
Se siguen fabricando objetos, y más que nunca, pero la muestra no es ya una sociedad fabril, sino de servicios.
Es el equivalente de la sociedad de consumo, pero vista desde el lado de las empresas. Fabricar es fácil: lo
difícil es diseñar, vender, tener contacto al personal y satisfecha a la clientela.
Hay muchas expresiones que sintetizan esa manera de entender la actividad empresarial, desde las relaciones
humanas a la calidad total. Esta última está hoy en auge.
La expresión calidad total resulta pretenciosa, arrogante y un tanto bárbara. En francés o en inglés la
calificación de total es simplemente un superlativo, que en castellano se forma mejor con un sufijo o con el
muy por delante.
Por ejemplo, la expresión totalmente de acuerdo resulta exagerada en el austero castellano; basta con estar
muy de acuerdo. Pero, en fin, la importación se impone y ya estamos todos hablando de calidad total, aunque
con ello no consigamos la máxima calidad de nuestro lenguaje.
El asunto de fondo no puede ser más simple. Se trata de la recuperación de un viejo principio ético: el hacer
las cosas como Dios manda.
El catecismo de la Iglesia Católica específica que los trabajos mal hechos constituyen una conducta contraria a
la moral del séptimo mandamiento. Lo que añade la escuela de la calidad total, aplicada a los negocios, es que
la realización de ese principio ahorra dinero y produce beneficios. Con la particularidad de que en este caso no
se trate de un juego de suma cero o competición; la prueba es que la empresa gana y el cliente queda
satisfecho.
No es casualidad que, aunque el movimiento de la calidad total surgiera en los E.E.U.U., su difusión se logra a
través de su decidida aplicación por empresas japonesas.
Estamos ante la ética del sumario, del culto a la excelencia, la emulación, la superación.
La opción de calidad total no trata de corregir las piezas defectuosas, sino de lograr un refuerzo positivo y
preventivo de la conducta del trabajador, simplemente para recuperar el gusto artesanal por la obra bien hecha.
Aunque hablamos del componente ético que tiene el movimiento de calidad total, la verdad es que resulta
impracticable si no se traduce a pesetas. Sólo si el productor y el consumidor ganan algo, se acepta la
innovación perfeccionista.
Para la cultura comercial española los clientes y usuarios son todavía poco exigentes. Pocas personas han
manejado el famoso libro de reclamaciones, del que se duda incluso su existencia.
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En realidad son hojas de reclamaciones los que ahora se tramitan, con mayor respaldo legal, pero el
escepticismo del que las rellena sigue siendo el mismo.
La divisa tradicional de las transacciones ha sido, desde los romanos, cáreat emptor, es decir, que vaya con
cuidado el que compra.
Poco a poco nos vamos deslizando hacia el otro polo, lo que podríamos llamar cáreat vender, esto es, que sea
el vendedor el que extreme los carteles. La venta con espírita de calidad no concluye hasta que el cliente se
encuentra satisfecho. Una ilustración modélica es la política típica de El Corte Inglés, seguido después por
otras empresas, de aceptar la devolución de lo comprado si el cliente no queda satisfecho con la mercancía.
Este recurso provoca un segunda visita del cliente, quien se suele llevar un objeto alternativo y aun alguno
más.
Las exigencias de la clientela no deben ser vistas por los vendedores, los empleados o los directivos como
molestias, sino como estímulos para poder establecer mejoras de la calidad del servicio.
Al final todo se reduce a algo tan elemental como que la gente esté contenta. Esta satisfacción se buscaba
tradicionalmente a través del ocio más que en el negocio. Esta nueva sensibilidad, busca directamente que las
organizaciones proporcionen a sus directivos, empleados y clientes un máximo posible de satisfacción
personal de creación, de participación, de reconocimiento.
Estos nuevos valores hacen que muchos trabajadores actúen, dentro de las empresas, con una mentalidad de
verdaderos profesionales y hasta de artistas, para desesperación de los directivos con poca imaginación. No
todos los empleados querrían ser jefes, pero todos desean que se cuente con ellos.
f) Concienciación de las Empresas por el Medio Ambiente:
Como nos recuerda Philippe Drieux, fue el gran biólogo Erast Haeckel (1834−1919) quien primero utilizó, en
1868, la voz Ecología, para con ese término referirse al estudio del hábitat.
En otras palabras, la ecología es la ciencia moderna que se ocupa de las complejas relaciones de los
organismos vivos con su medio.
Cualquier especie animal o vegetal se ve influida por el medio y antes que nada por los factores abiotices
como son los de índole climática, los edíficos (características del suelo) y los hidrográficos.
Está igualmente claro que ningún individuo de una especie concreta puede considerarse de forma aislada, sino
formando parte de una colectividad, de una población constituida por todos los de su misma progenie.
La ecología adquirió carta de naturaleza como ciencia ya muy entrando el siglo XIX, y en su concepción
situando al homo sapiens como protagonista se desarrolló en su rama de ecología humana, que analiza la
relación entre la humanidad y la biosfera, considerando esta última como todo lo que sobre el planeta en
susceptible de dar soporte a los seres vivos.
La ecología estudia, pues, las consecuencias de que el hombre vaya ocupando progresivamente el medio en el
que vive. Ocupación que cambia más y más la faz de la Tierra y que va transformando la composición de la
biosfera por los desechos que genera la propia civilización humana y que pueden clasificarse en:
• Desechos industriales que contaminan las aguas de las vías.
• Detergentes y basuras de origen doméstico que por su composición química no puedan ser
biodegradados por las bacterias.
• Insecticidas, origen a su vez de una toxicidad creciente que repercute en la alimentación humana y
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que acaban por no tener efecto sobre determinados insectos que llegan a hacerse resistentes.
• Subproductos de la industria nuclear y lluvia radiactivos que cabe considerar como especialmente
nocivos no sólo por su gravedad inmediata, sino también por la muy lugar derivación de sus efectos.
Mucha gente no había oído hablar de preocupación por el medio ambiente hasta la Conferencia de Estocolmo.
Y son muchos todavía los que no podrían diferenciar con claridad ecológica la geología o de patología. Pero
en todo caso de reunión de 1972 en la Capital sueca, más que el punto de arranque fue casi un punto de
llegada; o si se prefiere, el aumento de una nueva etapa de universalización de las preocupaciones
medioambientales.
En definitiva el hecho de que la universalización de la ecología política no se iniciase simbólicamente sino en
1972, no significa que no hubiera habido planteamientos muy anteriores sobre la necesaria preservación del
entorno. En cierto modo, puede afirmarse que formalmente se iniciaron en el siglo XVIII, en Inglaterra, a lo
cual no fue apena la fundación de la Sociedad Linneana.
Después en el primer tercio del siglo XIX, el conservacionismo se reforzó con la Sociedad Zoológica de
Londres (1830), así como otras entidades de estudio de la vida animal, vegetal y mineral.
Pasada la noche oscura de la Gran Depresión (1929−1939) y de la Segunda Guerra Mundial (1939−1945), en
la Segunda postguerra los diversos movimientos ecológicos se hicieron ya muy importantes en la Gran
Bretaña, acelerándose con ello todo el proceso a favor del conservacionismo, lo que imputa a dos razones.
• Porque la reconstrucción de los daños que habían causado los bombardeos, permitió introducir de forma
progresiva toda una serie de ideas sobre town and country planning1.
• El hecho de que con el final de la guerra, la gradual y definitiva pérdida del más amplio imperio de la
Historia, vino a significar una progresiva revalorización del territorio de las Islas Británicas.
1 Lord Beveridge, el padre de la Seguridad Social, autor del plan (1943) con base al cual se introdujo
oficialmente, hablaba del town and country planning como método para luchar contra uno de los cinco males
que afectan a la sociedad.
La historia norteamericana del conservacionista, es aún más rica e incluso más antigua que la Británica, pues
tiene su primer antecedente en los comentarios de William Pern sobre la necesidad de que en el proceso de
roturación se conservación al menos 1/6 de los bosques autóctonos. El reconocimiento del problema a escala
federal aún se demoró por largo tiempo.
Podría decirse que no se inició oficialmente hasta 1872, con la proclamación, por primera vez, del día del
árbol. Actualmente esta fiesta se ha difundido a casi todos los países y al ganar en extensión ha venido
trivializándose su significado.
También en 1872 se oficializó la idea de los parque nacionales, con la creación del primero de ellos, el de
Yellowstone. De esta forma arrancó todo lo que sería un vasto movimiento para la protección conjunta de los
espacios naturales.
En cuanto al plano internacional, puede afirmarse que el primer proyecto serio de cooperación con fines
conservacionistas se debe al Dr. Paul Sarasin, ciudadano suizo de Basilea, quien en el Octavo Congreso
Internacional de Zoología consiguió que se aceptara su propuesta de formar un comité con el fin de esbozar lo
que podría ser una Comisión Internacional o Mundial para la protección de la naturaleza.
El cometido de tal entidad, habría de consistir en extender su protección desde el polo norte al polo Sur,
cubriendo tanto los continentes como los mares. El proyecto fue acogido con interés, aunque por el momento
resultó inviable debido a la tensión internacional que en 1914 se tradujo en el estallido de lo que había de ser
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la Gran Guerra.
Terminada la contienda, a pesar de un conferencia internacional conservacionista que se celebró en París en
1923, y no obstante los esfuerzos del gobierno suizo para resucitar la idea de la Comisión Internacional, la
Cooperación ecológica a nivel mundial no prosperó de inmediato. Sólo con grandes dificultades, se logró, en
Julio de 1928, un acuerdo de los países europeos en virtud del cual se creó la Oficina Internacional para la
protección de la Naturaleza.
Su sede se estableció formalmente en Bruselas en 1934, pero antes de que la nueva institución tomara fuerza,
la Segunda Guerra Mundial acabó con el proyecto.
Después de la guerra, los británicos empezaban a preocuparse por entonces de la política medio ambiental,
enviaron una misión a visitar el Parque Nacional Suizo. Esto permitió el restablecimiento de la relación entre
los dos países europeos pioneros del conservacionismo, contactos que en Julio de 1947 fructificaron en la
promoción de la llamada Unión Internacional provisional para la protección de la Naturaleza. Esta nueva
entidad fue decididamente apoyada por Julián Huxley, quien en la reunión que la UNESCO celebró en
Fontaineblean en 1948 logró que la Unión quedara definitivamente formalizada como Interrational Unión for
the Conservvation of the Nature (IUCN).
Desde 1968, la IUCN ha venido realizando un trabajo modesto, pero que ha contribuido de forma muy
positiva a la necesaria mentalización de los medios oficiales en los mas diversos países.
Por otro lado la UNESCO, en su difusión de las preocupaciones ecológicas, auspició un programa de amplios
estudios sobre el medio humano que se tradujo en la Conferencia Internacional de la Biosfera celebrada en
París en 1968. Y fue precisamente en esta Conferencia donde se apoyó la idea de que la ONU promoviera un
encuentro mundial sobre problemas medioambientales.
Este fue el origen de la Conferencia que cuatro años después se celebraría en Estocolmo y en la cual se
decidió la creación del Programa de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA). El PNUMA
abarca una vasta área de cuestiones:
Asentamientos humanos, salud y bienestar, desertización, economía y tecnología del medio Ambiente,
océanos, conservación de la naturaleza y recursos genéticos. Se rige por un Consejo de Administración
compuesto por 58 miembros, de los cuales 16 son de países africanos, 13 de Asia, 6 de Europa Oriental, 10 de
América Latina, 13 de Europa Occidental y 13 de otras naciones, entre ellas E.E.U.U., Canadá y Japón.
Hay que destacar también la Estrategia Mundial para la Conservación (EMC), elaborada por la Unión
Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales (UICN), con la asesoría,
cooperación y apoyo financiero del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y del World
Wildlife Fund (WWF), y en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura.
Las aspiración de la Estrategia Mundial consiste en promover un enfoque integrado de la gestión de las
recursos vivos, proporcionando las orientaciones para su desarrollo.
Los puntos básicos de la EMC son los siguientes:
• Su finalidad consiste en alcanzar varios objetivos:
• Mantener los procesos ecológicos esenciales.
• Preservar la diversidad genética.
• Asegurar el aprovechamiento indefinido de las especies y de los ecosistemas, especialmente, la pesca, la
fauna silvestre, los bosques y pastos.
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• Estos objetivos han de cubrirse con gran rapidez, pues:
• La capacidad del planeta para sustentar a los seres humanos está disminuyendo irreversiblemente.
• En los países menos desarrollados, miles de millones de toneladas de suelo se pierden cada año debido a la
deforestación y al cultivo inadecuado. .
• Centenares de millones de habitantes rurales en los países menos desarrollados en la práctica se ven
obligados a la destrucción de recursos para liberarse en el día a día de la inanición y la miseria.
• La energía, los costes financieros y otros costes de suministros de bienes y de servicios aumentan en todo el
mundo.
• La misma base de recursos de las grandes industrias, disminuye. Los bosques tropicales están
desapareciendo con tanta rapidez que para principios del siglo XX quedará menos de la mitad de la
superficie que había en 1980.
CONCLUSION
Una vez desarrollado el trabajo y con las ideas mas claras respecto a los puntos tratados, podemos llegar a una
serie de conclusiones y punto de vista a modo personal del futuro que nos espera.
Desde siempre la sociedad ha tenido en mente y la certeza de que el futuro no se puede determinar. Sin
embargo, si se ha podido hasta hora predeterminar o hacer una serie de hipótesis acerca del futuro mas
inmediato, tras una serie de movimientos o avances producidos por el hombre o por la naturaleza.
En la actualidad a punto de entrar en el siglo XXI, no podemos hacer ni siquiera una predeterminación del
futuro ya que están sucediendo una serie de avances tecnológicos que a su vez están produciendo una serie de
avances abismales en nuestra sociedad que hasta ahora no se había producido en la historia y en u periodo de
tiempo tan corto.
Estos avances tecnológicos están influyendo sobre todo en el sector industrial y en el sector agrícola, ya que
con ayuda de las invenciones de nuevas máquinas las empresas consiguen igual o una mayor producción y
con una mano de obras mas reducida, de ahí que el mayor problema al que la sociedad se enfrenta es el del
empleo. De ahí que el sector servicio ha servido en los últimos años como una forma de escape de aquellas
personas que a pesar de tener un trabajo no tienen una visión clara de su futuro en la empresa.
Ahora bien mientras que la sociedad española mira hacia el futuro con cierto pesimismo, el gobierno español
intenta dar una imagen contraria, esto es optimista con una serie de eventos centrados principalmente en la
Unión Europea, la moneda única que se conoce con el nombre de Euro, las sucesivas subvenciones o ayudas
que recibirá y que ya ha empezado a recibir España debido a esa unión, a la libertad comercial entre los
diferentes paises, e.t.c. En definitiva nos intentan dar un futuro inmediato mas beneficioso para todos donde
no existe fronteras, en donde se desarrollan tanto las relaciones sociales como económicas y políticas entre los
diferentes paises europeos con el fin de crear una Europa mas unida. Pero las realidad es que se está
provocando una Europa mas competitiva y la mas perjudicada es la sociedad española debido a que otros
paises europeos están mas avanzados que nosotros y cada vez son mas los productos importados por España.
Entre los ciudadanos españoles quienes tienen una imagen mas pesimista sobre su futuro son los jóvenes. Por
eso los jóvenes en los últimos años tardan mas en independizarse y cada vez se encierran, en el mundo de la
educación pero sin tener un objetivo claro para su futuro. Un ejemplo de esto son las encuestas realizadas a los
jóvenes sobre lo que tienen pensado realizar después de terminar sus estudios, la respuesta general es la de
buscar empleo, cualquiera que sea, sin tener que ser paro lo que se ha estado preparando durante los años
universitarios, por eso es fácil ver a abogados, licenciados en economía o con cualquier otro título trabajando
como camareros, barrenderos, secretarios o simplemente están en el paro y viviendo con sus padres. También
ocurre el caso de aquellos jóvenes que ha logrado encontrar un empleo para el cual se habían preparado en la
universidad y cuando comienzan a trabajar se dan cuenta que gran parte de las cosas que tuvo que memorizar
y estudiar no le sirven ahora para nada en el mundo laboral y real. Esto hace que muchos jóvenes con edades
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comprendidas entre los 15 y los 20 años no valoren la vida y vivan de forma irresponsable, que padezcan
depresiones e intentos de suicidios o bien se adentren en el camino de las drogas, como si fuera esta una
escusa para olvidar sus problemas.
Cambiando de tema y como último enfoque de la conclusión hay que hablar de la concienciación de la
conservación del medio ambiente en el cual se están produciendo grandes progresos en la vida social, ya que
cada vez son mas los productos reciclables, cada vez se hace mas por proteger a especies que están en peligro
de extinción o se esta intentado frenar la deforestación de los bosques. Aunque hay que señalar que son
todavía muchas las industrias que no están adoptando las medidas pertinentes para frenar la contaminación, y
una de las causas principales por las que no se adoptan estas medidas es la del elevado valor que le supone su
instalación. Sobre este tema pienso que el gobierno debería ayudar a estas empresas mediante subvenciones o
bien intentar reducir los precios de estas instalaciones con las medidas que ellos vieran mas adecuadas.
Por otra parte aunque los científicos están intentado buscar nuevas fuentes de energía que sean menos
contaminantes yo creo que no están esforzándose lo suficiente, y los culpables de esa falta de estudios
científicos la tiene nuevamente el gobierno porque quizás por ahora no les interesa económicamente encontrar
una nueva fuente de energía menos contaminante porque puede ser que ésta sea mas cara de conseguir o bien
sea una energía muy fácil de obtener y su precio de venta sea mas barato que el petróleo, y por ello no les den
mas facilidades a los científicos para realizar sus estudios o crear prototipos. Un buen ejemplo es el del
automóvil que se mueve gracias a la energía solar y que aunque se ha demostrado científicamente mediante
prototipos que funcionan sin ningún problema, no se han puesto todavía en el mercado porque conllevaría
grandes pérdidas económicas para las empresas, y los países que viven principalmente de los beneficios
obtenidos por el petróleo.
También otro peligro evidente es el de los controles nucleares que aunque los riesgos de que haya fuga o
explosión que cause grandes daños ambientales sean mínimos, no deja de estar presente esta posibilidad. De
ahí que cada vez sean mas los grandes molinos que se están instalando para adquirir energía a través del
movimiento generado por el aire, aunque la energía adquirida no es suficiente como para sustituir las centrales
nucleares que son las que mayor cantidad de energía proporciona en la actualidad.
INDICE
1.− INTRODUCCION
2.− DESARROLLO DEL TEMA:
• Enfoque sobre los desequilibrios existentes del Poder primario y secundario.
• Desigualdades económicas.
• Análisis de las tendencias en los valores de la sociedad española:
• La Dimensión Educativa.
• La estructura de la actividad laboral.
• La satisfacción de los jóvenes.
• Los inmigrantes extranjeros.
• Regulación−desregulación de los mercados laborales y rasgos e implicaciones políticas en el mercado:
• Diferenciación de intereses y unidad sindical.
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• Flexibilización sindical tiempo de trabajo en el conflicto político−social industrial. Problemas de
regulación y rasgos de los tiempos de trabajo individuales.
• Integración de los minusválidos en la sociedad trabajadora.
• Análisis de las tendencias en los valores de la Sociedad española:
• El Sector Servicios:
• Dinámica evolutiva.
• Consideraciones sociológicas.
• Crecimiento del trabajo.
• Calidad total, ideología de la Sociedad de Servicios.
• Concienciación de las empresas por el medio ambiente.
3.− CONCLUSION
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