Que pase el siguiente

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LATERCERA Domingo 25 de septiembre de 2016
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El vínculo con Chile del presidente interino de Brasil
El revés de la trama Héctor Soto
FOTO: ARCHIVO GRUPOCOPESA
Que pase el siguiente
E
En principio, no es por fuerza una calamidad que la carrera presidencial se haya anticipado. Si así ocurrió, no todo responde al
apetito de los precandidatos. El enorme
vacío de poder que Chile viene arrastrando hace meses también cuenta. Como el gobierno está inmovilizado, como pareciera
haber agotado su carpeta de reformas mal
concebidas y peor implementadas, y como
los ministros están dedicados a dar explicaciones del fracaso o a echar baldes de agua
fría por las restricciones de caja al fogón de
las demandas que hasta hace poco el propio gobierno estaba atizando, es lógico que
la atención se desplace al gobierno que vendrá. Que pase el siguiente. Así mirado, no
es un mal dato. Lo que no es tan bueno es
que la elección del 2017 termine dirimiéndose en función de imágenes y sensaciones
asociadas a políticos con mayor o menor
buena onda y sin atender ni a las ideas ni a
los proyectos.
Afortunadamente, queda año y medio todavía para la gran decisión. En algún momento las ideas deberían comenzar a pesar
más que las sonrisas. Chile ya apostó con el
retorno de Bachelet al poder por un liderazgo emocional y mesiánico, y sería muy lamentable que el país volviera a cometer el
mismo error. Los chilenos nos habríamos
ahorrado buena parte de los problemas actuales de haber leído -era un tema de simple lectura- lo que Bachelet quería hacer para
haberle exigido al menos algunas explicaciones. Pero primaron la cercanía, la emocio-
nalidad, el arrebato, el fetiche del nuevo ciclo, la revancha, incluso, y el país terminó
comprándose más problemas de los que creyó estar solucionando.
Como se ha visto, los inicios de la previa
presidencial están siendo duros. Probablemente, el ex Presidente Lagos sabía a lo que
se estaba exponiendo al declarar hace dos semanas su intención de competir. Lo que no
podía saber es que esa declaración le iba a
costar varios puntos de rating en las encuestas. Después de todo, se trata de una figura
de enorme peso político, que en principio
concita apoyos en la izquierda, el centro y la
derecha. Pero por lo visto, lo que pesa en el
escenario político no necesariamente pesa en
el sentir de la gente. Una explicación sería que
la sociedad chilena cambió demasiado como
para que pueda volver a conectarse con una
figura política tan autoritaria y majestática
como la del ex presidente. Otros opinan que
la cosa no va por ahí y que más bien se trata
de otra evidencia más de la brecha que existe en Chile no entre la ciudadanía y las elites, que es lo que se viene repitiendo con majadería en el último tiempo, sino simplemente de la desconexión que hay entre la
política y las prioridades de la gente.
Cuentas bastante más alegres ha podido sacar en los últimos días el senador Alejandro
Guillier. Todavía es muy incierto que él pueda ser quien finalmente aglutine a todo el espectro político de la Nueva Mayoría. Obviamente, su experiencia y estatura política
son menores, pero esta misma circunstancia, lejos de limitarlo, pareciera estar fortaleciéndolo. Ahora bien, tampoco es que a él
Lo que Lagos no podía saber
es que su disponibilidad lo
podía perjudicar en las
encuestas.
El miércoles 21, el embajador de Chile en Brasil,
Jaime Gazmuri, realizó la tradicional celebración
de Fiestas Patrias, ocasión en la que participó el
Presidente interino de Brasil, Rodrigo Maia,
quien está reemplazando a Michel Temer, de
viaje en Estados Unidos. Fue ahí cuando Maia
recordó que él nació en Santiago en 1970, cuando su padre, César Maia, huía de la persecución
de los militares que controlaban su país.
“Mi madre es chilena, mi padre es brasileño.
Hoy vengo a dejar un fuerte abrazo al pueblo
chileno, que acogió a mi padre en un momento
de turbulencia en Brasil, a fines de los años
1960”, dijo.
las cosas le hayan salido gratis. De hecho, ya
se le han estado pidiendo explicaciones asociadas al desempeño que tuvo como periodista –en especial, el rol que jugó en el episodio del juez Calvo en los inicios del caso
Spiniak-, y luego como senador, como cuando adujo hace poco haber sido víctima del
gol que le pasó el gobierno al aprobar la
norma que penaliza las filtraciones de los fiscales en medio de las investigaciones judiciales. Hasta ahora nadie diría, en cualquier
caso, que conoce lo que piensa el senador en
temas sustantivos. Tanta es la nebulosa al respecto, que con la misma facilidad con que
algunos ven a Guillier como abanderado de
los grupos más radicalizados de la izquierda, aquellos que no entraron a la Nueva Mayoría hay quienes lo consideran el mejor
rostro que tiene hoy por hoy el tronco socialdemócrata del oficialismo para sacar la cara
por la moderación. Está claro que hay un tipo
de candidatos, pragmatismo mediante, que
puede servir para todo. Para lo que no pueden servir, sin embargo, es para andar al mismo tiempo para adelante y para atrás. La
multifuncionalidad no da para tanto.
Era previsible que el senador recibiera cos-
corrones del laguismo cuando ninguneó al
ex presidente dando a entender, muy al voleo, que el del ex presidente era un liderazgo que se había quedado en el siglo XX y que
hoy no era ahora el momento de quienes,
alertando de una crisis, se presentan como
salvadores de la patria. Puesto que él mismo
en otro momento había dicho que jamás se
postularía a la presidencia si el Presidente Lagos llegaba a competir, es obvio que también
en este frente faltan algunas explicaciones
suyas. Pedirlas puede parecer antipático en
la hora actual, pero no darlas equivale a
asumir que en política da lo mismo lo que
se prometa o lo que se diga toda vez que se
tenga facilidad de palabra y apelando a un
concepto harto liviano de la responsabilidad.
No es porque tenga muchas opciones, sino
precisamente porque tiene muy pocas, que
a la Nueva Mayoría le va a costar bastante más
trabajo que a Chile Vamos definir a su candidato. No es fácil reivindicar como proyecto de futuro la continuidad de un gobierno
que hoy apenas interpreta al 20%. Con eso
no se hace un gobierno. Ni siquiera alcanza
para hacer oposición. Si no, que lo diga la
oposición actual.R
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