AP La Rioja 12 feb 2016Abre en nueva ventana

Anuncio
AUD.PROVINCIAL SECCION N. 1
LOGROÑO
SENTENCIA: 00017/2016
VICTOR PRADERA 2
Teléfono: 941296484/486/487
N85850
N.I.G.: 26089 43 2 2014 0029349
PO PROCEDIMIENTO SUMARIO ORDINARIO 0000007 /2014
Delito/falta: ASESINATO
Denunciante/querellante: FUNDACION TUTELAR DE LA RIOJA FUNDACION TUTELAR DE LA RIOJA
Procurador/a: D/Dª MONICA NORTE SAINZ
Abogado/a: D/Dª SERGIO RUIZ PERRELLA
Contra: FRANCISCO JAVIER LEON MARTINEZ, ADRIAN VELASCO ALVAREZ
Procurador/a: D/Dª JOSE TOLEDO SOBRON, REGINA MARIA DODERO DE SOLANO
Abogado/a: D/Dª ISIDRO JESUS CARO RODRIGUEZ, JON ZABALA BEZARES
SENTENCIA Nº 17/2016
==========================================================
ILMOS/AS SR./SRAS
Presidente/a:
D. ALFONSO SANTISTEBAN RUIZ
Magistrados/as
Dª CARMEN ARAUJO GARCÍA
D. FERNANDO SOLSONA ABAD
==========================================================
En LOGROÑO, a doce de Febrero de dos mil dieciséis.
VISTA en juicio oral y público, ante esta Audiencia Provincial, la causa
instruida con el número 7/14 procedente de PROCEDIMIENTO ORDINARIO (
SUMARIO) nº 001/14, del Juzgado de Instrucción nº 2 de Logroño y seguida
por el trámite de PROCEDIMIENTO ORDINARIO por el delito de robo con
violencia en casa habitada y asesinato contra A. V. Ácon DNI ., nacido el 26 de
junio de 1987 y condenado en Sentencia de 4 de diciembre de 2008 por un
delito de lesiones y en sentencia de 30 de mayo de 2009 por un delito de Robo
a la pena de 3 meses y 10 días de prisión, sustituida por multa, que dejo
extinguidas el 4 de febrero de 2010, privado de libertad por esta causa desde
fecha 17 de febrero de 2014 (detenido policialmente en fecha 17 de febrero de
2014 y sujeto a medida cautelar de prisión provisional por Auto del Juzgado de
Instrucción nº 3 de Logroño de fecha 20 de febrero de 2014, ratificado luego
por Auto del Juzgado de Instrucción nº 2 de Logroño de 27 de febrero de 2014
que resultó competente para la instrucción), representado por el Procurador
Sra. Dodero de Solano y defendido por el Letrado D. Jon Zabala Bezares, y
contra F. J. L.M., DNI x, nacido el 26 de marzo de 1987 y condenado en
Sentencia de 31 de diciembre de 2008 por un delito de lesiones, en Sentencia
23 de marzo de 2009 por un delito Contra la Salud Publica y un delito de
atentado, en sentencia de 30 de mayo de 2009 por un delito de Robo, en
Sentencia
de 10 de septiembre de 2009 por un delito de atentado y en
Sentencia de 26 de noviembre de 2009 por un delito de lesiones que dejo
extinguidas el 29 de marzo de 2013, en Sentencia de 4 de octubre de 2010 por
un de Robo a la pena de 1 año de prisión que fue sustituida por multa y dejo
extinguida el 14 de febrero de 2014 y Sentencia de 18 de diciembre de de 2012
por un delito de lesiones, privado de libertad por esta causa desde fecha 17 de
febrero de 2014 (detenido policialmente en fecha 17 de febrero de 2014 y
sujeto a medida cautelar de prisión provisional por Auto del Juzgado de
Instrucción nº 3 de Logroño de fecha 20 de febrero de 2014 , ratificado luego
por Auto del Juzgado de Instrucción nº 2 de Logroño de 27 de febrero de 2014
que resultó competente para la instrucción) representado por el Procurador Sr.
Toledo Sobrón y defendido por el Letrado D. Isidro Caro Rodríguez. Siendo
parte acusadora la Fundación Tutelar de La Rioja representada por la
Procuradora Sra. Norte y asistida por el letrado Don Sergio Ruiz Perrilla y el
Ministerio Fiscal; y como ponente el Magistrado de esta Audiencia Provincial
Ilmo Sr. D. Fernando Solsona Abad.
ANTECEDENTES DE HECHO
PRIMERO.- La presente causa, incoada por el Juzgado de Instrucción nº
2 de Logroño fue finalmente elevada a esta Audiencia Provincial tras el
cumplimiento de los trámites correspondientes, fue remitida a este Tribunal
para la celebración del correspondiente juicio oral. Se siguió su tramitación de
conformidad con las Leyes procesales, señalándose fecha para la celebración
del Juicio Oral los días 1, 2 y 3 de febrero de 2016 citándose a los acusados y
demás partes.
SEGUNDO.- En esta fecha prevista se celebró juicio oral y público con la
presencia de las partes indicadas en el encabezamiento de esta resolución con
el resultado que consta en la grabación audiovisual en la que se registró la
vista. Se planteó por la defensa de A. V. Á cuestión previa acerca de la nulidad
de cierta documental obrante, lo cual fue resuelto en sentido de estimarse por
la Sala que no se tendría en cuenta la referida prueba documental. A
continuación se practicaron las pruebas propuestas y admitidas, con el
resultado que figura en el acta y grabación que al efecto se extendió y que
constan unidas a las actuaciones. Por el Ministerio Fiscal y los letrados de los
procesados se solicitó que se tuviera la documental por reproducida. Por el
Ministerio Fiscal se solicitó además que por el Tribunal se examinase la pieza
de convicción consistente en estatuilla de escayola, a lo que se accedió,
procediéndose a dicho examen.
TERCERO.- El Ministerio Fiscal, en sus conclusiones definitivas (en las
que introdujo ciertas matizaciones sobre su alegación primera en los términos
que constan en la grabación), vino a calificar los hechos de la siguiente forma:
los hechos relatados son constitutivos de: A)
Un delito de Robo con violencia
en casa habitada en grado de tentativa de los Art. 242.1º y 2º CP en relación
con Art. 16 y 62 CP. con la concurrencia en el caso de F. J. L.M., de la
agravante de reincidencia del Art. 22.8 CP. B) Un delito de Asesinato del Art.
139.1º CP Solicitó para los acusados las siguientes penas a imponer a cada
uno de los acusados: a) Por el delito de Robo la pena de 3 años y 6 meses
menos 1 día de prisión con accesoria de inhabilitación para el sufragio pasivo y
costas. b) Por el delito de Asesinato la pena de 18 años de prisión con
accesoria
de
inhabilitación
absoluta
y
costas.
En
concepto
de
la
responsabilidad civil derivad de la infracción penal solicitó que los acusados
indemnizaran D.I en 120.000 euros y a L.C. C.n en 10.000 euros, mas
intereses legales del art 576 LEC.
Por la acusación particular Fundación Tutelar de La Rioja, elevando a
definitiva su calificación provisional, se vino a calificar los hechos de la
siguiente forma: los hechos relatados son constitutivos de A)
Un delito de
Robo con violencia en casa habitada en grado de tentativa de los Art. 242.1º y
2º CP en relación con Art. 16 y 62 Código Penal; B) Un delito de Asesinato del
Art. 139.1º.3º y 140 Código Penal; entendió que concurrían las circunstancias
agravantes de abuso de superioridad ( artículo 22.2.del Código Penal) y en A.
V. Á., la agravante de abuso de confianza del artículo 22.6 del Código Penal;
en F. J. L.M., y en relación al delito de robo entendió que concurría la
agravante de reincidencia del artículo 22.8 del Código Penal. Solicitó por todo
ello para los acusados las siguientes penas a imponer a cada uno de los
acusados: a) Por el delito de Robo la pena de 3 años y 6 meses de prisión con
accesoria de inhabilitación para el sufragio pasivo y costas incluidas las de la
acusación particular. b) Por el delito de Asesinato la pena de 25 años de prisión
con accesoria de inhabilitación absoluta y costas incluidas las de la acusación
particular. En concepto de la responsabilidad civil derivada de la infracción
penal solicitó que los acusados indemnizaran a D. I. en 300.000 euros y a L.
C. C. en 15.000 euros, mas intereses legales del art 576 LEC.
CUARTO.- Por la defensa de A. V. Á., se modificó sus conclusiones
provisionales entendiendo que procedía que A. V. Á., fuera condenado como
autor de delito de robo en casa habitada en grado de tentativa y en todo caso
con la atenuante de grave adicción a sustancias estupefacientes. En lo demás
nada más modificó en conclusiones definitivas (por lo que se tuvieron por
elevadas sus conclusiones provisionales a definitivas).
Por la defensa F. J. L.M., se modificó sus conclusiones provisionales
entendiendo que procedía que F. J. L.M., fuera condenado como autor de
delito de robo en casa habitada en grado de tentativa y en todo caso con la
atenuante de grave adicción a sustancias estupefacientes, a la pena de 18
meses de prisión. En lo demás nada más modificó en conclusiones definitivas
(por lo que se tuvieron por elevadas sus conclusiones provisionales a
definitivas).
QUINTO.-. Tras ello el Ministerio Fiscal, la letrado de la acusación
particular y el letrado del acusado emitieron informe de la forma que consta en
la grabación. Después se dio la palabra a
A. V. Á.,
y a
F. J. L.M.,
los cuales
ejercitaron su derecho a la última palabra de la forma que consta en la
grabación del juicio. Tras ello el procedimiento quedó concluso para sentencia.
SEXTO.- En la tramitación de la presente causa se han observado las
prescripciones legales siendo ponente el magistrado de esta Audiencia
Provincial Don Fernando Solsona Abad.
HECHOS PROBADOS
Apreciando
en
conciencia
la
prueba
practicada,
expresa
y
terminantemente se declaran probados los hechos siguientes:
PRIMERO.- En fecha 17 de febrero de 2014, Doña M. C. C. I., nacida
en fecha 9 de octubre de 1960 (53 años en el momento de los hechos) residía
en el piso 2ºA del edificio de la calle Vara de Rey nº 67 de Logroño.
Doña M. C. C. I., vivía sola en su casa.
A esa fecha sus parientes más próximos eran su madre Doña D.I y su
hermano L.C.C; ambos habían sido incapacitados judicialmente, habiendo sido
designado tutor de ambos por sentencia firme la Fundación Tutelar de La Rioja.
Doña M. C. C. I., no tenía relación estrecha con ninguno de sus vecinos,
y cuando se los encontraba en la escalera o en el ascensor en sus idas y
venidas a su domicilio, les solía hacer comentarios alusivos a que tenía mucho
dinero, o acerca de los negocios que decía tener (les decía que iba o venía a la
gestoría, etc). El modo de vida y aspecto de Doña M. C. C. I., eran un tanto
extravagantes, y entre el vecindario de su edificio se comentaba que podía
padecer algún trastorno (algunos la llamaban “la loca”), si bien a diferencia de
su hermano y de su madre, que habían sido declarados judicialmente
incapaces a instancias del Ministerio Fiscal, la referida Doña M. C. C. I., no
había sido declarada judicialmente incapaz: ella vivía en su casa, no consta
que causase ningún problema ni para sí ni para terceros, y gestionaba con total
independencia su persona y patrimonio.
SEGUNDO.- En fecha 17 de febrero de 2014, el acusado A. V. Á.,,
cuyas circunstancias constan reseñadas en el encabezamiento de esta
resolución, residía desde mediados de 2012 en el mismo edificio que Doña
María del Carmen Calderón Ibáñez. En concreto, A. V. Á.,
residía en el
domicilio de su novia Jessica Caleño Catagua, sito en C/ Vara del Rey nº 67,
piso 5º A. V. Á., no realizaba actividad laboral alguna y carecía de medio lícito
de vida, de forma que Adrián y su novia vivían esencialmente del dinero que les
proporcionaba la hermana de ésta última, Doña C. K. M. C., la cual sí
trabajaba, y llegó a convivir en ese piso con Adrián y su novia durante los dos
primeros meses, marchándose luego a otro domicilio.
Ni A. V. Á.,, ni su novia Jessica, ni C. K. M. C, mantenían contacto
alguno con los vecinos del edificio, salvo con Doña M. C. C. I.,, con la cual sí
tenían una somera relación vecinal, saludándose con un “hola” o un “adiós”
cuando se encontraban por la escalera. No obstante el acusado A. V. Á.,, que
usualmente subía y bajaba por el edificio y merodeaba por las escaleras, y que
de esa forma conocía la rutina de Doña M. C. C. I.,, empezó a mantener con
ésta un trato algo mayor que el simple saludo, aunque en absoluto intenso,
estrecho o fluido, ni susceptible de ser calificado como de amistad. Dicho trato
derivó del hecho de que la Sra. M. C. C. I., le encargó algún favor, de forma
que Adrián incluso había estado en una ocasión en el domicilio de Doña M. C.
C. I., para examinar el telefonillo por haberse estropeado el suyo.
TERCERO.- En virtud de esa relación, A. V. Á., se convenció de que su
vecina del 2ºA, Doña M. C. C. I., áñez tenía mucho dinero, otorgando de esa
forma plena credibilidad a los comentarios que M. C. C. I., hacía en ocasiones
acerca de sus negocios y de su dinero. Así, por ejemplo, un día A. V. Á., dijo a
C. K. M. C gua que “la loca está forrada porque la he visto con un mercedes”.
Este convencimiento excitó el afán depredatorio de A. V. Á.,, de forma
que con ánimo de enriquecerse ilícitamente, decidió apoderarse de lo que
pudiera haber en el domicilio de Doña M. C. C. I., y de lo que ésta pudiera
tener, y decidió hacerlo cuando ella estuviera dentro del mismo.
A tal fin, el día 17 de febrero de 2014 decidió buscar un compañero para
la perpetración del plan que había ideado, de forma que contactó con un
conocido suyo. Ambos quedaron en verse en el Parque Gallarza de Logroño y
una vez allí, le dijo si quería participar en “algo serio”, en “algo fuerte”, sin que
conste que especificase nada más. x le manifestó que no quería intervenir, y A.
V. Á., le indicó que en todo caso no se lo dijera a nadie.
A continuación A. V. Á., se puso en contacto con otro conocido suyo, el
acusado
F.
J.
L.M., ,
cuyas
demás
circunstancias
constan
en
el
encabezamiento de esta resolución y que en la fecha de los hechos fecha tenía
antecedentes penales por robo no cancelados, del cual sabía que hacía artes
marciales (en concreto el arte marcial conocido como “muay thai”). A. V. Á., le
dijo a F. J. L.M., que tenía una vecina con mucho dinero y éste aceptó el plan
trazado por Adrián.
El plan ideado por A. V. Á., y aceptado por F. J. L.M., consistía en
llamar a cara descubierta a la puerta del domicilio de M. C. C. I., cuando ella
estuviera dentro –siendo A. V. Á., conocedor de que regresaba todos los días a
su vivienda sobre las 15 horas-, con el pretexto de que comprobar el telefonillo
de M. C. C. I., porque el de su casa se había estropeado; y cuando M. C. C. I.,,
que conocía a Adrián, les abriera la puerta voluntariamente, F. J. L.M., la
reduciría e inmovilizaría, y procederían a registrar la casa llevándose lo que de
valor pudiera haber y además, valiéndose para ello de toda la violencia que
fuera necesaria, le sacarían a M. C. C. I., la información bancaria y el número
"pin" de las libretas bancarias y de las tarjetas de crédito. Tras ello tenían
previsto marcharse, asegurándose en todo caso del modo que fuere que nadie
les pudiera luego identificar. A tal fin, el tener que matar a Doña M. C. C. I., era
contemplado de esta forma por los acusados como algo que seguramente
sería necesario para facilitar su ulterior impunidad, y todo caso, estaban
dispuestos a llevarlo a cabo.
CUARTO.- De acuerdo con el plan prediseñado, aproximadamente
sobre las 15,45 horas del día 17 de febrero de 2014, después de comprar una
caja de guantes de látex en un supermercado cercano A. V. Á., y F. J. L.M., se
dirigieron a casa de Doña M. C. C. I.,. Llevaban también consigo con el fin de
consumar sus propósitos, otros elementos: unas bridas atadas en forma de
pulsera o esposas con el fin de inmovilizar en caso necesario a la Sra. M. C. C.
I.,, un calcetín con el cual eventualmente silenciar sus posibles gritos de auxilio,
y cinta aislante.
Una vez allí, llevando ya puestos cada uno de ellos en ambas manos
varios guantes de látex (uno encima de otro) con el de no dejar al marcharse
ninguna huella que permitiera su ulterior identificación, y actuando ambos a
cara descubierta, llamaron a la puerta del domicilio de Doña M. C. C. I.,
Cuando la M. C. C. I., abrió, A. V. Á., le dijo a ésta que tenía que
examinar el telefonillo, situado en la cocina, dependencia ubicada junto a la
entrada de la casa.
M. C. C. I.,, que conocía a A. V. Á., por la razón de vecindad y el trato
antes descrito, no dudó en franquearles la entrada de su casa a ambos
acusados, procediendo éstos a ir a la cocina (situada junto a la puerta de la
casa) donde estaba el telefonillo, quedando la M. C. C. I., junto a la puerta. En
ese momento los acusados continuaron con su plan; y situándose F. J. L.M.,
detrás de la M. C. C. I.,, de súbito e inesperadamente la agarró fuertemente
bien por el cuello, bien por los hombros, inmovilizando completamente sus
movimientos, e inmediatamente ambos acusados la llevaron arrastras por la
fuerza por el pasillo hasta el dormitorio, perdiendo en el trayecto Doña M. C. C.
I., zapatillas que calzaba y las gafas que llevaba puestas, las cuales se
rompieron. Una vez en el dormitorio los acusados arrojaron con fuerza a la Sra.
M. C. C. I., contra el suelo, quedando ésta boca arriba.
Estando de esa guisa Doña M. C. C. I.,, en el suelo y sin ninguna
posibilidad de evitar la agresión ni de huir, los acusados, bien porque la Sra. M.
C. C. I., hizo algún movimiento defensivo o de petición de auxilio, bien porque
no les facilitaba la información que pensaban obtener acerca de la ubicación de
las joyas y el dinero que pensaban encontrar en la casa o el número "pin" de
las tarjetas y libretas bancarias, bien porque concluyeron que
era muy
probable que M. C. C. I., les iba a identificar y a denunciar después, empezaron
a desplegar actos dirigidos a acabar con la vida de Doña M. C. C. I.,,
asumiendo cada uno de los acusados los actos que el otro ejecutaba. Así, la
golpearon en la cara una vez con mucha fuerza con una pesada figura de
escayola de unos treinta centímetros de longitud que allí había, al tiempo que
simultáneamente, o de forma inmediata, con la intención de asfixiarla, le
cubrieron la cara con la alfombra sobre la que yacía y además le comprimieron
con gran fuerza tanto el cuello como también la zona toraco-abdominal, hasta
producirle la muerte por asfixia, asfixia que fue de origen mixta y triple: por
sofocación , estrangulación y compresión toraco-bdominal, siendo cualquiera
de estos mecanismos de forma independiente apto para causar por sí solo la
muerte por asfixia.
La figura o estatuilla de escayola utilizada por los acusados Doña M. C.
C. I., golpear a Doña M. C. C. I., lleva un soporte de material metálico en su
interior con el fin notorio de dotar a esa figura de peso y estabilidad. La figura
de escayola quedó manchada de sangre de la víctima junto al cadáver de ésta,
donde luego fue hallada por la Policía .El cadáver de Doña M. C. C. I.,
presentaba restos de escayola en el lado derecho de la cabeza.
QUINTO.- Los acusados, al ejecutar los hechos, se mancharon de
sangre de la Sra. M. C. C. I., en la parte exterior de los guantes que llevaban
puestos en sus dos manos. F. J. L.M., también se manchó en los puños de la
chaqueta que llevaba puesta y A. V. Á., en los puños de la cazadora que
vestía.
SEXTO.- Una vez que los acusados dieron por muerta a M. C. C. I.,
(como efectivamente así era), permanecieron juntos en el piso de la Sra M. C.
C. I.,. Con el fin de apoderarse de cuanto hubiera allí de valor y pudieran
encontrar, iniciaron un prolongado y minucioso registro de todas las
dependencias de la vivienda, abriendo todos los armarios y cajones de las
distintas habitaciones (incluida la cocina), sacando las tarjetas de crédito de los
bolsos, mirando saldos de libretas de ahorro, y apoderándose de los objetos
que en ese registro les iban interesando. En concreto cogieron un pasador de
corbata dorado con el símbolo de la Guardia Civil, unos pendientes dorados de
pinza con una piedra engarzada de color azul, una pitillera plateada en su parte
exterior y dorada en su interior, una cadena dorada de eslabones, unas
monedas doradas que había en un estuche, y la tarjeta sanitaria de Doña M. C.
C. I.,
Así estaban, cuando en un momento dado, al registrar el armario del hall
principal, encontraron la tapa metálica de una caja enclaustrada en la pared.
Los acusados creyeron que se trataba de una caja fuerte, motivo por el cual
trataron de forzarla, si bien al no conseguirlo continuaron con el registro. Sin
embargo, la indicada caja resulto no ser la caja fuerte que A. V. Á., y F. J.
L.M., habían creído que era, sino la centralita del sistema de seguridad de la
que se había dotado Doña M. C. C. I.,, de forma que al manipularla los
acusados, emitió avisos a la central de alarmas que, a su vez, dio el oportuno
aviso a la Policía.
SÉPTIMO.- La Policía (en concreto los agentes de Policía nº 106140 y
115634 y desde la calle como apoyo los agentes de Policía nº 106618 y nº
109043) se personó en el lugar sobre las 17 horas.
Los agentes nº 106140 y 115634, al ver luz a través de la mirilla y
escuchar ruidos en el interior, llamaron insistentemente pidiendo que les
abrieran, haciendo caso omiso los acusados.
Los acusados, al percatarse de la llegada de la policía trataron de huir
juntos del lugar, saliendo ambos al balcón del salón, y desde allí, a través del
alfeizar (donde perdieron dos de las monedas doradas que habían
cogido), pasaron los dos al balcón o terraza del piso vecino (2º B).
Una vez en ese balcón, se quitaron los pares guantes que hasta
entonces habían llevado puestos en ambas manos y los ocultaron burda y
apresuradamente en diversos sitios, principalmente en una jardinera que había
en ese balcón. Como los dos acusados llevaban puestos varios pares de
guantes puestos unos encima de otros, cuando se los quitaron, alguno de los
guantes quedó embutido dentro de otros, siendo encontrados luego de esa
forma por la Policía.
Los acusados también trataron de ocultar de forma burda en esa misma
jardinera del balcón del 2ºB, las bridas y demás elementos que todavía
llevaban, así como los diversos objetos, antes descritos, que habían cogido de
casa de Doña M. C. C. I.,, excepción hecha de uno de los pendientes dorados
de pinza con una piedra engarzada de color azul y de la tarjeta sanitaria de la
Sra. M. C. C. I.,, objetos ambos que siguieron en poder de A. V. Á.,
Los agentes de Policía nº 106140 y 115634 exigieron a los acusados
que pasaran desde la terraza del piso 2ºB donde se encontraban, hasta el
salón donde se hallaban los policías, y una vez que estuvieron allí, procedieron
a su detención y a su inmovilización.
Estando inmovilizados por la Policía en el suelo del piso 2º B, los
acusados, con el fin de eludir su eventual responsabilidad, dijeron a los
Agentes de Policía que había otras dos personas (dos rumanos) dentro del piso
2ºA y que no sabían lo que podría haber pasado, diciendo en concreto A. V.
Á., al agente de Policía- instructor del atestado- nº 83361 (al que conocía de
otras veces anteriores en que lo habían detenido) que “se la habían jugado” (en
referencia a esos supuestos rumanos). Por tal motivo, los agentes de la Policía
que entraron en primer lugar en el piso de M. C. C. I., lo hicieron adoptando las
precauciones necesarias por si fuera cierto que allí había más personas, pero
no encontraron a nadie más que a la fallecida.
OCTAVO.- Los Agentes de la Policía científica realizaron una primera
inspección ocular de la vivienda de Doña M. C. C. I.,, y además de apreciar que
todas las habitaciones estaban revueltas y con signos de haber sido
ampliamente registradas, encontraron un estuche de una colección de
monedas en la que todavía había una de esas monedas, que era dorada y
similar a las que habían sustraído los acusados. En el balcón del piso de Doña
M. C. C. I., (2ºA) la Policía encontró dos monedas doradas en el alféizar. En la
terraza o balcón del piso vecino ( 2ºB) donde fueron detenidos los acusados, la
Policía Científica encontró los guantes y los demás elementos antes descritos
(cinta aislante, bridas, etc) que los acusados habían dejado u ocultado allí, así
como lo el resto de los objetos que los acusados habían cogido de casa de la
Sra. M. C. C. I., n, y que antes se han descrito, excepción hecha de la tarjeta
sanitaria de la Sra. M. C. C. I., y de uno de los dos pendientes (objetos que
más tarde fueron encontrados en poder de A. V. Á., cuando fue cacheado en
dependencias policiales).
Posteriormente, en una segunda inspección ocular llevada a cabo al día
siguiente, en casa de M. C. C. I., se encontró una raqueta de tenis rota cuya
relación con los hechos no se ha determinado.
NOVENO.- Los guantes de látex, una vez recogidos por Policía
Científica, se mantuvieron separados entre sí para evitar contaminaciones o
transferencias de vestigios. Fueron identificados o numerados por la Policía
Científica como muestras
nº 11, 17 y 22. Tras ello, fueron debidamente
remitidos a la Unidad Central de Análisis Científicos de la Comisaría General
de Policía Científica a los efectos de la práctica de análisis, en particular de
ADN.
La Policía también intervino la cazadora que vestía A. V. Á., en el
momento de su detención y la chaqueta que llevaba puesta F. J. L.M., en el
momento de su detención. Ambas prendas fueron asimismo remitidas para su
análisis a la Unidad Central de Análisis Científicos de la Comisaría General de
Policía Científica.
Está probado que había patentes manchas de sangre de Doña María del
Carmen Calderón Ibáñez tanto en la chaqueta de F. J. L.M., como en la
cazadora de A. V. Á.,
Fue hallada también sangre de Doña María del Carmen Calderón Ibáñez
en los guantes que cada uno de ellos llevaba en las dos manos.
Se halló el perfil de ADN de A. V. Á., en el interior de los guantes que
llevó puestos y que estuvieron en algún momento en contacto con su piel. Se
halló el perfil de ADN de F. J. L.M., en el interior de los guantes que llevó
puestos y que estuvieron en algún momento en contacto con su piel.
Fueron asimismo tomadas muestras de las uñas de ambas manos de
Doña M. C. C. I., y se remitieron al Instituto Nacional de Toxicología para que
procediera al análisis de ADN. El análisis de las uñas realizado por el Instituto
Nacional de Toxicología halló restos de sangre humana en las uñas de ambas
manos. Practicados los análisis de ADN, en cuanto a marcadores STRs
específicos de Cromosoma “Y” no hubo resultados concluyentes a partir del
lavado de las uñas de la mano derecha, pero a partir del lavado de las uñas de
la mano izquierda, se obtuvo un haplotipo de varón que debidamente analizado
correspondió a F. J. L.M., y además se obtuvo, con menor intensidad, otros
picos que podrían ser indicativos de otra contribución muy minoritaria de varón.
FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO.- CUESTIONES PREVIAS.-
Una sola cuestión previa dedujo el letrado de
A. V. Á.,
, y consistió en
reiterar ante esta Sala lo que ya en fase de instrucción solicitó mediante escrito
de 4 de noviembre de 2014, y que en aquella ocasión le fue (indebidamente)
denegado, como es la declaración de nulidad de las alusiones que en la causa
pudiera haber a las grabaciones que fueron realizadas con ocasión de un
traslado en furgón policial al acusado
A. V. Á.,,
y que fueron acordadas en otra
causa penal por el Juzgado de Instrucción nº 1 de Logroño y cuyo testimonio,
en lo que pudiera ser procedente, se remitió en su día por dicho Juzgado de
Instrucción nº 1 de Logroño al Juzgado de Instrucción nº 2 de Logroño, el cual
lo incorporó a esta causa.
Es relevante que ni el Ministerio Fiscal ni la acusación particular, en sus
respectivos escritos de conclusiones provisionales, solicitaron esta prueba ni
invocaron su eficacia, seguramente por ser conscientes de su nulidad.
En todo caso, la defensa de
A. V. Á.,
planteó en juicio oral la antedicha
cuestión previa, y concedida la palabra a las partes, ninguna de ellas se opuso
a que no se tuvieran en cuenta estas diligencias, señalando explícitamente el
Ministerio Fiscal que no debían ser tenidas en cuenta por esta Audiencia
Provincial.
Esta Sala resolvió verbalmente en ese Acto en el mismo sentido en el
que ahora dejamos constancia escrita, es decir, que no se tendrá por esta Sala
en cuenta en absoluto esas diligencias, por lo demás nulas, por vulneración de
los arts 17.3 y 24 CE, como así estableció en un caso semejante la Sentencia
del Tribunal Constitucional 145/2014 de 22 de septiembre, a cuyos argumentos
nos remitimos.
No obstante, en este razonamiento dedicado al estudio de cuestiones
previas, debemos dejar constancia de que el letrado de la defensa de
A. V. Á.,,
con ocasión de su trámite de informe ( esto es, una vez transcurrido ya el
trámite de cuestiones previas, una vez ya practicada la prueba y después
incluso de la calificación definitiva que hizo) , alegó que no debería de haberse
permitido la personación en esta causa de la acusación particular ( Fundación
Tutelar de La Rioja) porque no se había demostrado que las personas en cuyo
nombre actuaba la Fundación Tutelar de La Rioja como acusación particular,
esto es, Doña D. I. y L. C. C, fueran parientes y / o herederos de la finada. Con
base en este razonamiento, alegó también que la responsabilidad civil debiera
ser de cero euros, caso de ser condenados los acusados, extremo este sobre
el que volveremos cuando abordemos esa cuestión de la responsabilidad civil
“ex delicto”.
Pero en todo caso debemos adelantar ya ahora que si la defensa de A. V.
Á.,
consideraba que la Fundación Tutelar de La Rioja estaba indebidamente
personada como acusación particular, no debió introducir esa alegación ni
cuando la hizo ni como la hizo, esto es, en trámite de informe al final del juicio
oral, pues este
trámite
no está previsto para introducir novedosas
alegaciones, máxime si, como sucede en este caso, la parte respecto de la que
se hacían esas alegaciones (la Fundación Tutelar de La Rioja personada como
acusación particular) ya no tenía procesalmente turno de palabra posterior,
conforme a la Ley de Enjuiciamiento Criminal, para poder rebatirlas.
La defensa de
A. V. Á.,
ha tenido mucho tiempo a lo largo del
procedimiento para oponerse a la personación de la Fundación Tutelar de La
Rioja como acusación particular, o para discutir la condición que el Juzgado de
Instrucción atribuyó a Doña D. y a Don L.C. (con base en las sentencias de
incapacidad que obra en la causa) de parientes más próximos de Doña
C. I.,
M. C.
lo que motivó la personación como acusación particular de quien era su
tutor, la Fundación Tutelar de La Rioja.
Sin embargo, la defensa de A. V. Á., nada dijo durante la instrucción.
Tampoco dijo nada al respecto en su escrito de conclusiones
provisionales.
Tampoco alego nada al inicio del juicio oral, cuando, aun con
posibilidades de éxito harto dudosas (dado su silencio anterior) podría en su
caso haber introducido esta cuestión como cuestión previa, en la medida en
que afectaba a la posibilidad y capacidad de actuación en juicio de una de las
partes personadas.
Pero lejos de ello, guardó silencio sobre esta cuestión no solo en el
trámite de cuestiones previas, sino también luego, durante toda la intervención
en juicio de la acusación particular. Por no decir, en fin, ni siquiera introdujo
esta alegación en fase de conclusiones definitivas.
Así las cosas, debemos considerar que se trató de una alegación tardía,
extemporánea y realizada en un trámite procesalmente inadecuado para ello.
Por eso resulta improsperable. Todo ello sin perjuicio de lo que diremos al
estudiar la responsabilidad civil ex delicto.
SEGUNDO.- VALORACIÓN DE LA PRUEBA.-
I.- Situación y circunstancias la víctima.
Relación previa de la víctima con el acusado Adrián.-
Dedicaremos este punto I de este fundamento de derecho a valorar la
prueba que evidencia la situación y circunstancias de la víctima y su relación
con el acusado A. V. Á., que hemos descrito en los hechos probados.
Que ambos eran vecinos del mismo edificio no ha sido discutido: lo
reconoce
A. V. Á.,
momento de
y lo acredita la declaración en juicio de J.C.C. (novia en ese
A. V. Á.,
con el que vivía en ese inmueble desde hacía unos dos
años) y la de la hermana de ésta, C. K. M. C.
Estas declaraciones acreditan que
con su novia
J.C.C
A. V. Á.,
llevaba viviendo desde 2012
en el piso 5º de la C/ Vara del Rey nº 67, y que
tenía trabajo ni ingresos; al principio vivía con ellos Doña
C. K. M. C,
se marchó, no obstante lo cual vivían en buena medida
A. V. Á.,
no
pero luego
de lo que esta
aportaba.
Tanto la testigo
J.C.C
como la testigo
hicieron referencia a que Doña
M. C. C. I.,
(especialmente está última)
C. K. M. C
no se llevaba bien con el resto de los
vecinos y que la única relación que mantenía era con ellos, esto es, con A. V. Á.,,
J.C.C
y
C. K. M. C,
si bien
C. K. M. C
manifestó que dicha relación en absoluto era
algo fluido, era una relación de “ hola” y “adios” al encontrarse en las esclareas,
por lo que concluimos que no puede calificarse de intensa dicha relación, ni
siquiera puede calificarse de amistad.
Se trataba en suma de una simple buena relación de vecindad.
En el ámbito de esa mera relación de vecindad hay que ubicar también
el hecho acreditado de que de los tres ocupantes del piso 5º (A.
inicialmente
C. I.,
era con
que
A. V. Á.,
C. K. M. C)
A. V. Á.,
V. Á.,, J.C.C
con la persona que mayor trato tenía la finada Doña
Efectivamente, tanto
tenía más trato que ellas con
J.C.C
como
M. C. C. I.,,
C. K. M. C
e
M. C.
vinieron a indicar
pero lo derivaban del hecho
de que ella le pedía algún favor o arreglar algo (así lo dijo
C. K. M. C)
o del hecho
de que una vez se estropeó el “telefonillo” de su casa y A. V. Á., fue a casa de la
Sra.
M. C. C. I.,
para comprobar el telefonillo de ella. También aseveró Jessica
que nunca en todo ese tiempo quedaron con la Sra. M. C. C. I.,, ni nunca los invitó
por ejemplo a su casa a cenar o a tomar café. En definitiva: ni había especial
amistad entre Doña
M. C. C. I.,
y
A. V. Á.,,
ni tampoco especial grado de confianza.
Su relación era de mera vecindad.
Tampoco se ha discutido por las partes que la víctima Doña
M. C. C. I.,,
de
53 años de edad, ciertamente llevaba una vida un tanto extravagante: la propia
acusación particular y el Ministerio Fiscal hacen alusión a esta circunstancia en
sus escritos de conclusiones provisionales. Tanto la
C
manifestaron que Doña
M. C. C. I.,
J.C.C
como la testigo
C. K. M.
no tenía mucha relación con los demás
vecinos y que entre el vecindario del edificio se denominada a Doña
M. C. C. I.,
z
como “la loca”.
Ahora bien, pese a que la extravagancia en el modo de vivir, o de vestir,
o de de comportarse de Doña
M. C. C. I.,
pudiera ser mayor o menor en opinión
de sus vecinos, no significa que sus vecinos creyesen que Doña
M. C. C. I.,
era
una persona inhábil para manejar su persona y su patrimonio, el cual de hecho
gestionaba personalmente, ni puede presumirse tampoco que pudiera
pensarse cabalmente que la referida Doña
M. C. C. I.,
se hallaba en una situación
tal que no pudiera describir o recordar un acontecimiento grave que le pudiera
suceder .
A este respecto, no consta que Doña
M. C. C. I.,
tuviera diagnosticada
ninguna enfermedad mental. No consta tampoco que hubiera sido incapacitada
judicialmente. Sí consta, pues obran en la causa las sentencias de primera
instancia que así lo establecen, que su madre Doña D.y su hermano L.C.
fueron declarados judicialmente incapaces, habiendo sido designado tutor de
ambos la Fundación Tutelar de La Rioja. Incluso puede indicarse que esta Sala
tiene perfecto conocimiento de esta circunstancia, - y por lo tanto, del hecho
cierto de que Doña D era la madre de Doña
M. C. C. I.,
y Don L. C. su hermano-
porque se da la circunstancia de que fue esta misma Sala la que conoció del
recurso de apelación civil que la propia finada, que estaba personada en aquel
procedimiento de incapacidad, interpuso contra la sentencia de primer grado en
cuanto a la designación de tutor, aspecto este que podemos poner de relieve
habida cuenta del carácter público y la eficacia erga omnes de las sentencias
judiciales firmes.
En definitiva, tampoco consta en absoluto que Doña
M. C. C. I.,
padeciera
ninguna patología que le hiciera no acordarse de los hechos que le acontecían,
o que padeciera problemas de memoria, ni consta que los vecinos o alguien
pudiera razonablemente creer algo así.
Por el contrario, existen incluso en esta causa algunos indicios de alguna
medida que Doña
M. C. C. I.,
adoptó en el ámbito de la gestión de sus intereses,
como son el hecho al que luego aludiremos relativo a que contratase para su
casa un dispositivo de alarma de seguridad, o el hecho ya mencionado de que
se personas de en aquel procedimiento civil en defensa de lo que entendía que
eran sus intereses. Finalmente, no consta probado que la Sra. M. C. C. I., causase
problemas: ni para sí, ni para sus vecinos, ni para ningún tercero.
II.- Ideación de los hechos.
El plan de robar en casa de Doña M. C. C. I., ez fue idea de A. V. Á.,
Es un extremo que no ha sido negado, y que se compadece
perfectamente con el hecho de que
A. V. Á.,
era vecino de Doña
M. C. C. I.,,
y con
el convencimiento que Adrián había adquirido de que era cierto que Doña
C. I.,
tenía mucho dinero, o por utilizar la expresión que
A. V. Á.,
le dijo a
M. C.
C. K. M. C,
“estaba forrada”.
La testifical prestada en juicio por x acredita que
quiso
A. V. Á.,
acompañarse de otra persona para cometer los hechos, para lo cual se puso
en contacto en primer lugar con x. Según este testigo, aunque
A. V. Á.,
no le
contó en concreto en qué consistía su plan, sí que le dijo que estaba
preparando “algo serio” o “algo fuerte”, lo que evidencia que ya desde el
principio
A. V. Á.,
tenía previsto perpetrar hechos que desde su perspectiva eran
graves.
No habiendo aceptado x acompañar a
A. V. Á.,
en sus propósitos,
A. V. Á.,
se lo propuso a F. J. L.M.,
Adrián declaró que sabía que
F. J. L.M.,
practicaba un arte marcial
denominado Muay Thai (a la sazón, una suerte de boxeo tailandés); y que el
plan era que
F. J. L.M.,
entraría con él en casa de Doña
M. C. C. I.,
y que con la
técnica que F. J. L.M., conocía, este la reduciría dejándola inconsciente.
Por su parte,
F. J. L.M., ,
que a lo largo de su declaración reconoció que
efectivamente había practicado ese arte marcial denominado “Muay Thai”
desde el año 2011 en que salió de la cárcel, indicó que A. V. Á., lo planeó todo,
que le comentó que su vecina tenía mucho dinero, y que le dijo que reducirían
a la Señora cogiéndola del cuello, la llevarían a la habitación, le pondrían las
bridas que llevarían a tal efecto y que le sacarían el número "pin" de las tarjetas
y libretas bancarias, tras lo cual podrían sacar cada día unos seis mil euros.
Como vemos, en cuanto a la ideación del plan, la versión de los
acusados difiere en varios extremos – como enseguida veremos, luego aun
difiere más-, aunque coincide en un punto: que no hubo propósito previo de
matar a Doña
M. C. C. I.,,
tesis sustentada por ambas defensas, que sostienen
que el plan pactado entre ambos acusados fue solo el robo con violencia (de
forma que la decisión de matar a Doña
M. C. C. I.,
sobrevino durante la ejecución
del robo).
Las acusaciones sin embargo consideran que ambos acusados habían
decidido ya “ex ante” no solo robar, sino también matar a Doña
M. C. C. I.,,
o
cuando menos, contemplaban esta eventualidad como algo que probablemente
tendrían que llevar a cabo.
Es de destacar no obstante que en uno y otro caso, esto ni quitaría ni
pondría argumentos o gravedad a la conducta eventualmente desarrollada.
La acusación dirigida contra los acusados lo es por asesinato perpetrado
con alevosía. Que la idea de perpetrar la muerte de Doña
M. C. C. I.,
estuviera o
no preconcebida en el plan ideado, o que dicho plan inicialmente solo
consistiera en robar con violencia y el propósito homicida surgiera durante el
desarrollo de los hechos, no impide "per se" la apreciación de dicha alevosía, la
cual,
como luego veremos cuando abordemos esta circunstancia, es algo
distinto de la preideación de la muerte, más relacionada con la premeditación;
debiéndose añadir que la premeditación, como tal y en sí misma considerada,
no es relevante desde el momento en que conforme al Código Penal vigente,
no constituye una circunstancia de las que el artículo 139 del Código Penal
tipifica como determinantes de la agravación del homicidio en asesinato (sin
perjuicio de que pueda ser reveladora de un comportamiento alevoso), a
diferencia de lo que sucedía en el Código Penal de 1973.
No obstante, sobre esta cuestión debemos decir en todo caso que tras el
análisis de la prueba esta Sala ha llegado a la conclusión de que los acusados,
en todo momento, y ya antes de iniciar los hechos, sí tenían previsto desarrollar
actos de violencia física contra la víctima, Doña M. C. C. I.,. En concreto,
pensaban desplegar todos aquellos actos de violencia, fuesen estos los que
fueren, que resultasen necesarios para conseguir sus fines depredatorios con
impunidad; entre esos actos violentos que pensaban desarrollar, contemplaron
en todo momento el dar muerte a su víctima si de otra forma no lograban sus
fines y aseguraban su impunidad.
Esta conclusión resulta de los siguientes datos:
1.- En primer lugar, los acusados decidieron con toda intención cometer
el delito en un momento en que Doña M. C. C. I., estuviera en su domicilio, y no
fuera del mismo.
Ya hemos dicho que
A. V. Á.,
conocía cuándo entraba y cuando salía de
su casa Doña M. C. C. I.,.
En esa tesitura, Adrián, pudiendo optar por cometer el robo cuando su
víctima estuviera fuera de su casa (por ejemplo, forzando su puerta, lo que
hubiera impedido de raíz toda violencia física), optó por cometerlo cuando
sabía que Doña
M. C. C. I.,
estaba en su domicilio. No cabe duda de que
F. J. L.M.,
aceptó este plan así configurado, porque en juicio manifestó que el plan de
hecho, llamaron a la puerta, no la forzaron, y entraron porque Doña M. C. C. I., les
dejó pasar a su casa.
Por lo tanto, pudiendo haber elegido cometer el delito cuando Doña M.
C. C. I., estuviera fuera de su casa, los acusados decidieron cometerlo sin
embargo cuando sabían que estaba allí, lo que evidencia que desde el principio
sabían que iban a ejecutar actos violentos.
La razón de esto pudo estar en la explicación que ofreció en juicio el
acusado F. J. L.M., , quien dijo que pensaban “pedirle” que les diera el “pin” de
las tarjetas o libretas bancarias que ellos creían que iban a encontraban en la
casa.
A este respecto, esta Sala solicitó una aclaración final a este acusado
acerca de cómo pensaban obtener ese número “pin”, a lo que el mismo no
ofreció una explicación razonable, pues vino a indicar que creía que la señora
(la víctima) se lo diría. Pero es notorio que nadie facilita voluntariamente a un
tercero extraño el número “pin” de su tarjeta de crédito, dato éste por definición
secreto, en la medida en que proporciona el acceso al dinero de la cuenta; por
lo tanto, si como ha resultado probado, los acusados tenían desde el principio
la idea de exigir a la víctima que les facilitase el número “pin” de las tarjetas o
libretas bancarias que pensaban encontrar para luego hacer extracciones, es
porque “ ex ante” albergaban la idea de conminar a la Sra. M. C. C. I., a facilitar
esos datos mediante la violencia física.
2.- El relato de ambos acusados patentiza que ambos asumían que se
iba a desplegar violencia contra Doña M. C. C. I., desde el principio: A. V. Á.,
dijo que el plan era que después de entrar F. J. L.M., agarrase a la Sra. C. K.
M. C del cuello, dado que F. J. L.M., que conocía el precitado arte marcial
“Muay Thai” y que además sabía hacer el “ mataleones” (que es una suerte de
llave de inmovilización por el cuello) . Indicó que lo que pretendían era dejar a
Doña M. C. C. I., inconsciente y que no pensaron que se pudiera despertar. Por
su parte, F. J. L.M., manifestó que el propósito inicial era “reducir a la Sra”
cogerla del cuello (eso dijo al principio aunque luego mantuvo varias veces que
de los hombros), “hacerle una llave”, llevarla a la habitación, ponerle las bridas
que ellos llevaban al efecto y sacarle el Código pin de las tarjetas y robarla.
Por consiguiente, el empleo de la violencia -incluso con utilización de
“llaves” o de “artes marciales”- estaba prevista ya por los acusados antes de
los hechos, y no solo esto, sino que estaba previsto que tal acometimiento
violento se produjese en cuanto Doña M. C. C. I., les franquease la entrada de
su domicilio.
Obsérvese- y esto es relevante- que según la versión de los propios
acusados, a ellos nunca se les ocurrió, para consumar sus fines depredatorios,
utilizar ni la fuerza en las cosas ni la mera intimidación. Siempre partieron del
uso de la violencia contra la víctima, pues según su propia versión lo primero
que iban a hacer no era conminarle a que les diera dinero, o tratar de obtenerlo
mediante amenazas, sino,
directamente, agarrarla de cuello, inmovilizarla,
reducirla ,dejarla inconsciente… expresiones todas ellas empleadas por los
acusados en el curso de sus declaraciones en juicio.
3.-
Abordamos
ahora
dos
aspectos
que
queremos
resaltar
especialmente porque los consideramos significativos, a la vista de lo que
finalmente aconteció, que no fue otra cosa que la muerte de la Sra. M. C. C. I.,:
a) - Por un lado, el robo se perpetró a cara descubierta. Por lo tanto,
resulta meridiano que si Doña M. C. C. I., quedaba con vida, les iba a
reconocer fácilmente como autores del robo y podría denunciarlos y
describirlos ante la Policía. Máxime cuando conocía perfectamente a uno de
ellos, pues era su vecino (A. V. Á.,)
b) - Por otro lado, los acusados llevaban puestos desde el principio para
la comisión de los hechos, cada uno de ellos, varios pares de guantes de látex
que poco antes habían comprado en un supermercado cercano.
Según explicaron los acusados, los guantes se los pusieron no porque
desde el principio se hubiesen representado la idea de matar a Doña M. C. C.
I.,, sino con el exclusivo fin de no dejar huellas por las que pudieran ser
identificados como los autores del robo.
Sin embargo, esta explicación carece de lógica, pues si no querían ser
identificados como autores del robo, no se entiende que decidieran perpetrar
este delito cuando estaba dentro de la casa la Sra. M. C. C. I.,, y además, a
cara descubierta.
No resulta en absoluto razonable que se pusieran guantes a fin de no
ser identificados como autores de un robo que, al ser perpetrado a cara
descubierta, permitiría perfectamente su identificación por la víctima sin
necesidad de cotejo de huellas… siempre y cuando – claro está- la misma
permaneciese con vida.
Esto es muy claro en el caso de A. V. Á.,, porque la víctima lo conocía
perfectamente de antes debido a que ella era su vecina, e incluso le había
franqueado anteriormente la entrada de casa en alguna otra ocasión para que
le hiciera ciertos arreglos de aparatos (así lo declaró en juicio mediante
testifical la novia de A. V. Á.,).
Pero también en el caso de F. J. L.M., , pues aunque la víctima no lo
conocía anteriormente, es meridiano que si quedaba libre podría describir tanto
el aspecto del acusado F. J. L.M., (de evidente fuerte complexión) como su
fisonomía a la Policía, lo cual permitiría su identificación, la cual
además
estaría muy lejos de ser dificultosa, - bien mediante una eventual diligencia
policial de reconocimiento fotográfico, bien a través de otra pesquisa policial-,
pues no en vano F. J. L.M., tenía relación con A. V. Á., y tiene antecedentes
penales, lo que equivale a decir que su fotografía obra en los archivos
policiales, antecedentes penales que, además, lo son precisamente en virtud
de una condena por delito de robo.
No obstante, cada uno de los acusados insistió a lo largo del juicio, con
justificaciones diversas, en su tesis de que el hecho de que cometieran el delito
a cara descubierta y no obstante con guantes de látex, no significaba que
pensasen matar desde el principio a la Sra. Calderón.
Así, por ejemplo, A. V. Á., vino a indicar que pensaba que como la Sra
Calderón “estaba un poco demente”, cuando denunciase o no se acordaría o
nadie le haría caso; también aludió a que como F. J. L.M., la iba a dejar
inconsciente, tras ello la Sra. M. C. C. I., no iba a recordar nada, pues F. J.
L.M.,
conocía las técnicas del arte marcial que practicaba, las cuales
producían ese efecto, y porque la Sra M. C. C. I., “ estaba un poco demente, un
poco loca” ( ver grabación del juicio desde el minuto 10 y treinta segundos
hasta el minuto 13 y 28 segundos aproximadamente) .
Sin embargo, esta Sala considera absurdas esas explicaciones.
Nadie puede considerar razonablemente que la ejecución de una técnica
de cualquiera de las artes marciales, pueda llegar a provocar en quien recibe
un golpe o una “llave”, un episodio de pérdida de memoria. Desde luego, la
realidad de tan peculiares e ignotas técnicas, ni se ha probado, ni de ellas
existe noticia alguna.
Es también absurdo considerar que los acusados dieran por seguro que
Doña M. C. C. I., (que conocía perfectamente A. V. Á.,) no iba a recordar un
hecho tan grave como haber sido objeto de un robo con violencia en su casa,
o que si recordaba y denunciaba a los acusados ante los funcionarios de la
Policía, los agentes no le iban a hacer caso.
Sobre esta cuestión, ya hemos dejado indicado en el apartado anterior
(apartado I), que es cierto que Doña
M. C. C. I.,
era una persona que vestía y se
comportaba de un modo calificado por todos -incluso por la Fundación Tutelar
de La Rioja en el escrito de calificación-
como extravagante, y que era
conocida en el vecindario como “ la loca”, debido precisamente a las precitadas
extravagancias. Pero también hemos mencionado que no está acreditado ni
que dicha extravagancia fuese tal como para hacer pensar cabalmente a
alguien que la Sra.
M. C. C. I.,
padecía problemas de memoria, problemas éstos
que no es ya que no esté probado que los padeciese la víctima, sino que no
hay ni el más leve atisbo de prueba de que la Sra.
M. C. C. I.,
los sufriese. En
definitiva, para esta Sala resulta meridiano que el solo hecho de que una
opinión popular o vecinal calificase a una persona como la Sra
M. C. C. I.,,
por su
modo de vida y su aspecto, como de extravagante o incluso de “loca” (así,
entre comillas), no permitía extraer como consecuencia lógica o natural que, en
caso de sucederle algo grave, lo normal sería que esa persona no supiera
luego lo que le pasó o no lo recordase. Dicho de otra forma, no existe dato
alguno que cabalmente pudiera hacer pensar a una persona normal o
ciudadano medio que la Sra.
M. C. C. I.,,
que vivía sola sin necesitar a nadie y
gestionaba personalmente sus intereses, en caso de ser objeto de un robo
violento en su casa, no lo iba a recordar.
Por tal motivo consideramos irrazonable que los acusados pudieran
creer que pese a cometer el robo a cara descubierta, la Sra M. C. C. I., no lo
iba a recordar.
Tampoco consideramos verosímil que los acusados creyesen que si la
Sra. M. C. C. I., los recordaba y los denunciaba, la Policía no la iba a creer.
Máxime en este caso, cuando la denunciante podría identificar perfectamente a
uno de los autores en la persona de A. V. Á.,, respecto de la cual esa denuncia
difícilmente podría ser considerada sin más por la Policía como no creíble,
habida cuenta de que era vecino de la víctima (lo que le otorgaba la ocasión) y
tenía antecedentes penales y policiales que la Policía podría comprobar (lo que
otorgaría a la denuncia un principio de mayor verosimilitud). Cabe adicionar a
este respecto que es notorio que ante una denuncia, el deber de los
funcionarios de la Policía es, en principio, investigarla, siempre que lo
denunciado sea infracción penal (y no cabe duda de que un robo con violencia
en casa habitada sin duda alguna lo es), y ello, fuere quien fuere la persona
que pudiera interponer esa denuncia.
Item más: ya hemos dicho que el propio A. V. Á., había otorgado
credibilidad a las manifestaciones que usualmente hacía la Sra. M. C. C. I.,
relativas a que tenía mucho dinero y patrimonio, hasta el punto de que llegó a
decirle a C. K. M. C que “la loca está forrada” ( así lo manifestó C. K. M. C en
juicio). En definitiva, A. V. Á., se convenció de que la Sra. M. C. C. I., estaba
“forrada” ( por utilizar sus mismas expresiones) y fue eso precisamente lo que
le determinó a plantear el robo. Es por esto precisamente que a esta Sala le
sorprende tanto que el acusado A. V. Á., sostenga en juicio que cometieron el
delito a cara descubierta porque creía que como la Sra. M. C. C. I., no estaba
bien de la cabeza, no iba a recordar el robo, o que en todo caso, si denunciaba,
nadie la iba a creer;
y nos resulta sorprendente
que A. V. Á., realice
semejante alegación, cuando resulta que él mismo sí que había creído a la Sra.
M. C. C. I., cuando esta manifestaba por ahí que tenía mucho dinero, sin
cuestionarse para nada que tales afirmaciones pudieran ser fruto de esa
supuesta inestabilidad mental, hasta el punto de determinarle a planear la
comisión de un robo con violencia.
En definitiva, los acusados no han ofrecido ninguna explicación lógica o
razonable acerca porqué estaban tan seguros de que la víctima no les podría
luego reconocer cuando perpetraron el robo a cara descubierta, conociendo
como conocía la víctima perfectamente a uno de ellos. Y siendo que la víctima
los podría identificar, tampoco han explicado con qué finalidad llevaban
entonces los guantes de látex que portaban en sus manos, con el fin de no
dejar huellas.
Por eso nosotros estimamos que el hecho de que perpetrasen los
hechos a cara descubierta, y además con guantes de látex, constituye sin
duda un indicio harto poderoso de que no pensaban dejar testigos que les
pudieran reconocer;
les era indiferente que la víctima les pudieran ver y
reconocer (de hecho a uno de ellos – su vecino A. V. Á., - lo conocía
perfectamente), pues tenían previsto asegurarse, del modo que fuere, que
después de los hechos Doña M. C. C. I., no pudiera denunciarlos; si fuera
preciso (como así ha corroborado lamentablemente lo sucedido) quitándole la
vida. Y los guantes se los pusieron porque, eliminando ese único testigo (la
víctima), pensaban que portando esos guantes no dejarían huellas que
permitiera su identificación como los autores de los hechos, no solo del robo
sino también de la muerte que, cuando menos eventualmente, tenían previsto
dar a la propietaria de ese domicilio.
Esta decisión correspondió a los dos acusados: no solo al ideólogo del
plan en cuanto conocedor de la Sra. M. C. C. I., y su situación (A. V. Á.,) sino
también a la persona que se avino a llevarlo a cabo con él, F. J. L.M., , quien
no en vano personalmente fue a un supermercado cercano (establecimiento
“Simply”) a comprar los guantes y fue él quien inició la dinámica de actos
violentos hacia la Sra. M. C. C. I.,, agarrándola súbitamente y por sorpresa con
el fin de inmovilizarla, arrastrándola luego violentamente por el pasillo –
creemos que junto con A. V. Á.,, aunque correspondiendo
el principal
desarrollo de energía a Francisco Javier León- y arrojándola con fuerza sobre
el suelo del dormitorio.
III.- Ejecución de los hechos.No
es
discutido
que
los
hechos
se
perpetraron
a
partir
(aproximadamente) de las 15,45 horas del día 17 de febrero de 2014, ni que los
acusados poco antes de ir a la casa de Doña M. C. C. I., compraron una caja
de guantes de látex en un supermercado cercano, ni que A. V. Á., y F. J. L.M.,
se dirigieron juntos a vivienda de Doña M. C. C. I.,.
Tampoco se ha puesto en tela de juicio (y en todo caso está acreditado
en virtud del acta de Inspección Ocular llevada a cabo por la Policía Científica)
que los acusados a fin de perpetrar los hechos llevaban también consigo
diversas bridas atadas en forma de pulsera o esposas con el fin de inmovilizar
en caso necesario a la Sra. M. C. C. I., un calcetín con el cual eventualmente
silenciar sus posibles gritos de auxilio (así lo indicó el propio A. V. Á., en juicio,
señalando que el plan era que si gritaba, le pondrían el calcetín), y también
cinta aislante.
Una vez allí, los acusados llevaban puestos en las manos varios guantes
de látex con el de no dejar al marcharse ninguna huella que permitiera su
ulterior identificación. La intervención posterior de esos guantes por la Policía,
tanto en el domicilio de la víctima como en el balcón del piso vecino al que
huyeron los acusados al advertir la presencia policial (ver acta de Inspección
Ocular llevada a cabo por la Policía Científica), como el análisis de ADN
positivo llevado a cabo por los Funcionarios de la Unidad Central de Análisis
Científicos de la Comisaría de Policía Científica nº 001B y 166T obrante en la
causa y sobre el que luego volveremos, como el hecho de que no se constatara
huella dactilar alguna de los mismos en el piso de Doña M. C. C. I.,, evidencia
que los acusados llevaban puestos esos guantes desde el principio.
Ya se ha dicho que ambos reconocieron haber actuado cara
descubierta, extremo este nunca discutido.
Tanto A. V. Á., como F. J. L.M., han reconocido que llamaron a la
puerta del domicilio de M. C. C. I., y que cuando la Sra M. C. C. I., abrió,
utilizaron como pretexto para entrarla necesidad de examinar el telefonillo o
portero automático, situado en la cocina, dependencia que el plano levantado
por la Policía científica y que aparece incorporado en el acta de Inspección
Ocular llevada a cabo por la Policía Científica, acredita que estaba situada
precisamente junto a la entrada del domicilio.
No se discute que tras abrir Doña M. C. C. I., la puerta y permitir el paso
a su casa de los dos acusados, estos fueron a la cocina quedando la Sra. M. C.
C. I., junto a la puerta. En ese momento fue agarrada por detrás por F. J.
L.M., , tal como los dos acusados tenían previsto.
Que el acometimiento a M. C. C. I., fue súbito, inesperado y por
sorpresa, no cabe duda: había abierto la puerta y dejado pasar a los acusados
porque conocía como vecino a A. V. Á.,, y porque creyó la historia que
contaron relativa a que tenían que comprobar el telefonillo de la puerta. Es
evidente que si la Sra. M. C. C. I., hubiera sospechado algo, no les habría
dejado pasar.
A. V. Á., declaró que F. J. L.M., agarró por el cuello a la Sra. M. C. C. I.,
( aludió a una inmovilización mediante una “ llave” denominada “ mataleones”) ,
mientras que F. J. L.M., , si bien en la primera descripción de los hechos que
hizo aludió a agarrarla por el cuello, luego dijo en todo momento que la cogió
por los hombros. Sea como fuere, no es tan relevante, pues lo importante, y de
lo que no cabe duda, fue lo inopinado, súbito, sorpresivo y también, efectivo del
ataque.
Ciertamente el ataque fue efectivo, pues ambos acusados coinciden en
que quedó inmovilizada. F. J. L.M., fue más explicito: declaró que al ser
atacada por él (según su versión sujetándola por los hombros, según A. V. Á.,
cogiéndola del cuello), la Sra. M. C. C. I., quedó “como en shock”, “paralizada”,
“asustadísima”, todo lo cual refuerza más la prueba de lo sorpresivo del
acometimiento.
Tras ello la llevaron arrastras a la habitación. El acta de Inspección
Ocular llevada a cabo por la Policía Científica acredita este hecho y también
que en el trayecto perdió las dos zapatillas que calzaba y también las gafas que
llevaba, que resultaron rotas.
Finalmente F. J. L.M., manifestó que una vez en la habitación “la tiraron
al suelo fuerte”, indicando más precisamente que no la depositaron en el suelo,
sino que la tiraron allí con fuerza. .
En cuanto a cuál de los dos acusados fue el que materialmente realizó
esta conducta, concluimos que es evidente que ambos tuvieron el dominio
funcional del hecho, fuere quien fuere quien la materializó, ya fueran los dos, o
uno solo de los acusados, pues es indudable que ambos estaban de acuerdo
en ejecutar el robo con violencia y que esa violencia desplegada, sin perjuicio
de lo que luego se dirá, formaba parte precisamente de la que los acusados
asumían utilizar para perpetrarlo: basta recordar el relato , ya descrito, que
cada uno de ellos hizo en juicio acerca de cuál era su plan.
No obstante, a mayor abundamiento diremos que es cierto que A. V. Á.,
sostuvo que quien la llevó arrastras fue solo F. J. L.M., lo cual ciertamente
parece compatible con el dictamen pericial emitido por los Funcionarios del
Instituto Nacional de Toxicología nº 58377 y 28246, obrante en al causa, que
acredita que en las uñas de la mano izquierda de la víctima se obtuvo un
haplotipo de varón que debidamente analizado correspondió a F. J. L.M., Por
su parte, F. J. L.M., manifestó que la llevaron entre los dos, lo cual no es sin
embargo inviable, desde el momento en que es perfectamente factible que
correspondiendo el principal desarrollo energético en esa conducta a F. J.
L.M., , el otro acusado (A. V. Á.,) no permaneciese sin embargo impasible o
inactivo sino que le ayudase, pues ambos tenían el mismo propósito común
que les había llevado allí. Corrobora esta idea el hecho de que a tenor del
referido dictamen emitido por los Funcionarios del Instituto Nacional de
Toxicología nº 58377 y 28246 y a tenor de lo que ambos funcionarios
declararon en juicio, está probado que además del haplotipo de varón
correspondiente a F. J. L.M., que fue hallado en las uñas de la mano izquierda
de la víctima, se obtuvo, con menor intensidad, otros picos que podrían ser
indicativos de otra contribución muy minoritaria de otro varón distinto, lo que
unido permite cabalmente entender que ese otro varón no era sino A. V. Á.,,
único presente en ese lugar junto con el ya mencionado F. J. L.M., .
Sea como fuere, lo que queremos destacar ahora muy especialmente es
que lo hasta ahora descrito, patentiza un escenario general de violencia
desatada desde el principio y sin solución de continuidad contra Doña M. C. C.
I.,: tras conseguir que la víctima les abra su vivienda valiéndose de un pretexto
falso, los acusados comienzan a ejecutar actos violentos ( nunca trataron de
valerse de la intimidación): la acometen con violencia inmovilizándola por
detrás, e inmediatamente, la arrastran por el pasillo con tal violencia que perdió
las zapatillas y se le rompieron las gafas, y al llegar a la habitación la arrojaron
con fuerza sobre el suelo, quedando la víctima en “shock” y “asustadísima”.
Así las cosas, a esta Sala le cuesta creer, que en este marco de
violencia asumida por ambos acusados, alguno de ellos decidiera detener sus
actos de violencia a partir de ese momento.
Decimos esto porque efectivamente, a partir de aquí, las dos versiones
de los acusados no pueden ser más distintas: cada uno responsabiliza en
exclusiva al otro de la muerte de Doña M. C. C. I.,, mantiene que él no hizo
nada más sino registrar la casa, y que nunca pensó que el otro mataría a la
víctima.
Así, A. V. Á., señala que lo que pasó fue que fue F. J. L.M., el que se
llevó a la víctima a la habitación, que él se quedó “registrándolo todo”, que al
volver a la habitación vio que ella estaba en el suelo y que en un momento
dado oyó un golpe , se volvió y vio a la Señora con la cara destrozada, y que
había al lado una figura, que le preguntó a F. J. L.M., y este le dijo que no
podía haber hecho otra cosa. Que le tocó el puso a la Señora y que no tenía.
Por su parte F. J. L.M., manifiesta que la llevaron a la habitación, la
arrojaron contra el suelo, y que cuando estaba en el suelo A. V. Á., cogió una
raqueta que había en un armario y le pegó dos raquetazos, y que él entonces
se quedó “blanco”. Indicó que “no sabe” de donde salió la figura que había al
lado de la víctima.
De lo expuesto queremos destacar tres consecuencias que se siguen de
lo expuesto:
a) En lo único en que coinciden los dos acusados es que la victima
estaba en el suelo cuando fue golpeada y cuando se le dio muerte. Por lo tanto,
debemos dar por probado este hecho, sobre todo porque resulta coincidente
con lo que resulta del acta de reconocimiento Médico Forense y el acta de
Inspección Ocular llevada a cabo por la Policía Científica.
b)
Ninguno de los acusados se refiere ni menciona el hecho –
incuestionable- de que Doña M. C. C. I., murió por asfixia, ni describe ninguna
conducta perpetrada hacia la víctima que hubiera podido provocar esa asfixia.
Y eso nos parece de verdad muy llamativo, a la vista de la contundencia del
dictamen de autopsia Médico Forense (folios 220-235 de la causa) y de la
igualmente contundente declaración en juicio de ambas profesionales médicas.
En virtud de esos medios de prueba resulta acreditado que Doña M. C.
C. I., no murió a consecuencia de ningún golpe, pues el golpe que ciertamente
recibió en la cara (uno o a lo sumo dos, según dijeron en juicio las médicos
forenses), aunque muy fuerte, no era apto por sí solo sin embargo para causar
la muerte inmediata de la víctima tal y como efectivamente se produjo: así lo
declararon en juicio las médicos forenses. La muerte, según enfatizaron en
todo momento las indicadas profesionales, se produjo por asfixia; asfixia que,
además, pudo ser causada por tres mecanismos distintos, cada uno de ellos
según las forenses desplegado en este caso sobre la víctima, y apto por sí
solo para provocar la muerte: compresión toraco-abdominal (1), sofocación (2)
y estrangulación (3).
El informe de autopsia evidencia que Doña M. C. C. I., presentaba
lesiones faciales, en el cuello, torácicas y abdominales, que sugerían la
antedicha asfixia de carácter mixto. En particular, las lesiones localizadas en la
región facial izquierda y mandibular, y hemorrágicas en región lateral izquierda
del cuello, eran a juicio de las forenses sugerentes de una compresión aplicada
con fuerza, utilizando la alfombra sobre la que estaba la víctima como elemento
intermedio en apoyo sobre la superficie corporal cefalo/cervical izquierda (ver
folio 234, informe de autopsia). Indicaron en juicio que la muerte en este caso
fue un proceso, y que se objetivaban varios mecanismos aptos para causar la
asfixia: así, la presión torazo-abominal que sufrió la victima fue apta para
causar la muerte por asfixia. Pero las lesiones el cuello que también
presentaba la Sra. M. C. C. I., (es relevante que tanto el dictamen de autopsia
como las forenses en el acto del juicio refrieron que se objetivaba en la víctima
fractura del hueso hioides) eran por si solas aptas, según las forenses, para
causar esa muerte por asfixia.
Dicho de otra manera: la violencia desplegada hacia la víctima en aras
de lograr que se asfixiase, fue dirigida contra diversas partes de su cuerpo
(zona torazo-abdominal, estrangulación del cuello, sofocación por la alfombra)
y cada una de ellas, por sí sola, fue apta para causar la muerte por asfixia.
Pues bien, siendo así los hechos, llama poderosísimamente la atención
de esta Sala que ninguno de los acusados, en su relato de los hechos,
describiese ningún acto desplegado hacia la víctima que pudiera causar su
muerte por asfixia. Y ello, pese a que la intensidad y el carácter pluriofensivo de
esos actos que ciertamente se perpetraron.
Cada uno alude a que el otro, por su propia iniciativa, en un momento
dado golpeó a la víctima (A. V. Á., dice que fue F. J. L.M., con la figura de
escayola, y por su parte F. J. L.M., afirma que fue A. V. Á., con la raqueta)
pero sorprendentemente ninguno vio lo que realmente causó la muerte de
Doña M. C. C. I.,, que fueron los necesariamente muy violentos actos que
finalmente le produjeron la asfixia.
Por lo expuesto, la conclusión que esta Sala obtiene, derivada de la
objetividad del dictamen Médico Forense, es que ninguno de los acusados dice
la verdad, pues resulta muy poco razonable, o más bien del todo inverosímil,
que ninguno participase o ni siquiera observase la realización de esos actos tan
violentos y relevantes, causantes de la muerte por asfixia de la víctima, y sin
embargo, sí vieran, supuestamente, como el otro la golpeaba.
Sobre el golpe, es cierto que Doña M. C. C. I., fue golpeada, como
hemos dicho, una o a lo sumo dos veces, afirmando la s forense que todos
estos mecanismos (los de asfixia y el golpe o golpes) fueron muy seguidos en
el tiempo, se produjeron en un breve lapso de tiempo. Ciertamente, la Sra. M.
C. C. I., presentaba fractura de mandíbula y rotura de dientes, lesión causada
en opinión de las forenses por un mecanismo contuso causado con gran
violencia ( ver dictamen), aclarando en juicio dichas profesionales que
consideraban que el golpe (que fue uno, o dos a lo sumo), fue causado con un
objeto necesariamente pesado, o utilizando una parte del cuerpo ( por ejemplo
una rodilla) con mucha fuerza o gran energía cinética. Pero las forenses
insistieron en que no fue esta lesión la causante de la muerte.
En cuanto a esta cuestión, esta Sala ha llegado a la conclusión que este
golpe, que fue muy fuerte (produjo rotura de mandíbula), fue causado con la
estatuilla de escayola que fue hallada junto al cadáver de Doña M. C. C. I.,
Llegamos a esta conclusión porque la figura o estatuilla de escayola,
(cuyas fotografías constan el acta de Inspección Ocular llevada a cabo por la
Policía Científica, folio 183 de la causa), que está registrada como pieza de
convicción, fue examinada en el acto del juicio y delante de las partes por esta
Sala, pudiendo advertirse su considerable peso, así como que a la altura del
cuello y en la base aparece la escayola rota y desprendida, dejando entrever
un soporte de material metálico, posiblemente hierro, que es el que dotaba
notoriamente de peso y estabilidad a la figura.
Es sin duda por lo tanto un instrumento apto para cuasar esta lesión.
Pero es que como ha quedado dicho, la figura de escayola fue
encontrada por la Policía junto al cadáver.
Además, estaba manchada de sangre: en cuanto a las manchas de
sangre en esta estatuilla, su realidad se acredita tanto por el informe Médico
Forense de reconocimiento del cadáver obrante al folio 210 (que las menciona),
como las fotografías obrantes en el acta de Inspección Ocular llevada a cabo
por la Policía Científica del folio 183, en las que pueden verse.
Por si esto no fuera suficiente, el informe Médico Forense de
reconocimiento del cadáver obrante al folio 210 acredita que el cadáver de
Doña M. C. C. I., presentaba restos de escayola en el lado derecho de la
cabeza, lo que permite concluir que fue ese instrumento, y no ninguna raqueta,
ni ninguna parte del cuerpo, con el que se propinó el golpe a la víctima.
Sobre la mencionada raqueta, no considera esta Sala que exista prueba
suficiente de que se utilizase por los acusados para golpear a Doña M. C. C. I.,
En este sentido, es verdad que la raqueta fue localizada en el lugar de los
hechos por la Policía, y que estaba rota, pero también que no se hallaron
vestigios (sangre) en la misma que haga suponer que las lesiones tan terribles
que se causaron a la víctima (rotura de mandíbula) fuera causada con ese
instrumento. Por otro lado, es también llamativo que la Policía Científica, que
llevó a cabo una minuciosa inspección ocular, reseñando y recogiendo todos
los vestigios que pudieran tener alguna relevancia con el caso con el fin de
analizarlos o estudiarlos, no hicieran mención alguna de la raqueta. Fue solo a
raíz de que uno de los acusados (F. J. L.M., ) mencionase la raqueta como
posible instrumento homicida en su declaración policial, cuando los agentes
acudieron una segunda vez (al día siguiente) al piso de la Sra. M. C. C. I., y la
recogieron. Pero las médicos forenses que depusieron en el plenario fueron
harto contundentes en relación a la raqueta: el traumatismo y golpe que
prestaba Doña M. C. C. I., no era compatible con haber sido causado con una
raqueta, debiendo haber sido su causación necesariamente, como ya hemos
explicado, con un objeto más contundente, bien muy pesado, bien sin tanto
peso pero en todo caso contundente y dirigido contra la víctima con gran fuerza
y energía cinética (las forenses señalaron que era compatible por ejemplo un
fuerte
golpe con la rodilla, aunque esta Sala ,por las razones expuestas,
considera probado que el golpe se causó utilizando la estatuilla de escayola).
Todo lo expuesto permite concluir a esta Sala que la muerte de Doña M.
C. C. I., se produjo cuando estaba inerme y desvalida en el suelo después de
haber sido agarrada por sorpresa y arrastrada por el pasillo, fue golpeada en la
cara una sola vez ( no hay prueba suficiente de que fueran más veces) pero
con mucha fuerza con la figura de escayola, al tiempo que simultáneamente, o
de forma casi inmediata, fue objeto de actos plurales dirigidos a asfixiarla: se le
cubrió la cara con la alfombra sobre la que estaba, y se le presionó con gran
fuerza tanto el cuello
producirle la muerte.
como
también
la
zona
toraco-abdominal,
hasta
En cuanto a la cuestión de qué actos concretos y específicos, en la
ejecución de esos hechos, llevó a cabo cada uno de los acusados, es claro que
no es posible saberlo con total seguridad. La víctima está muerta y no hay
testigos. Y como hemos dicho, las versiones de los acusados difieren
frontalmente entre sí (cada uno echa la culpa en exclusiva al otro), y hemos
concluido que ninguno de ellos dice la verdad, pues ninguno alude a los actos
desplegados para provocar la asfixia, que fueron los cruciales para la
causación de la muerte.
En este momento, creemos conveniente recordar las consideraciones
que el Tribunal Supremo ha hecho en su sentencia nº 72/2012 de 2 de febrero
de 2012 : "el proceso penal no es sino una estructura en la que se inserta una
actividad dinámica cuyo principal objeto es generar, atendiendo siempre a los
principios que legitiman la actividad jurisdiccional, conocimientos útiles para la
solución del conflicto social que constituye su objeto. Y esos conocimientos los
ofrece el resultado de la actividad probatoria desplegada por las partes. A
través de ella se llega a proclamar una verdad que, por definición, no es una
verdad científica, sino una verdad histórica de la que, por su propia naturaleza,
siempre será posible ofrecer una verdad alternativa, hasta el punto de que se
ha llegado a decir que el concepto de verdad procesal no es otra cosa que una
suerte de acotación cuantitativa de las probabilidades contrarias. Dicho con
otras palabras, la verdad que ofrece el proceso penal se alcanza cuando las
probabilidades de que lo contrario sea también cierto han quedado reducidas a
un límite tan reducidamente estrecho como para que convencionalmente se
acepte como verdad." (El subrayado es nuestro).
Pues bien, con esos parámetros, esta Sala considera que la prueba
practicada acredita de forma suficiente, que los dos acusados realizaron actos
eficaces dirigidos a promover y causar la muerte de Doña M. C. C. I.,, que
actuaron juntos, y que cada uno asumió lo que el otro ejecutaba; de forma que
son casi equivalentes a cero las probabilidades de que fuera uno solo de los
acusados el que por su exclusiva y sobrevenida iniciativa desarrollarse todos
los actos encaminados a matar a la Sra. M. C. C. I.,, mientras el otro
permanecía inactivo en ese lugar y ajeno a lo que el otro estaba perpetrando.
Tesis esta última que es en definitiva la que viene a sostener cada uno de los
acusados.
La prueba más relevante (aunque no la única) viene dada por el hecho
de que los guantes que llevaban los acusados puestos en ambas manos, así
como los puños de la chaqueta que vestía F. J. L.M., y los puños y los bolsillos
delanteros de la cazadora que vestía A. V. Á.,, aparecieron manchados de
sangre de la víctima Doña M. C. C. I.,.
Efectivamente, cuando tras los hechos los Agentes de la Policía
científica realizaron la inspección ocular de la vivienda de Doña M. C. C. I.,,
además de apreciar que todas las habitaciones estaban revueltas y con signos
de haber sido ampliamente registradas, encontraron en el dormitorio en el que
fue localizada la fallecida los agentes encontraron dos “dedos de guantes de
látex” rotos manchados de una sustancia rojiza (así resulta del acta de
Inspección Ocular llevada a cabo por la Policía Científica folio 182 de autos).
Tal como resulta en virtud del informe de Inspección Ocular llevada a
cabo por la Policía Científica (folios 167 y siguientes) y la declaración de los
agentes de la Policía Científica nº 80316 y 82384 que hicieron esta inspección
y que declararon en juicio oral, en la terraza del balcón del piso vecino (2ºB)
donde fueron detenidos los acusados, y que da a la calle vara de Rey, fueron
encontrados por la Policía Científica unos guantes de látex usados
encontrándose unidos a una media de color marrón (identificados por al Policía
como muestra nº 11).
Si bien en el informe inicial la Policía alude a dos
guantes, en realidad fueron cuatro guantes, pues uno estaba embutido en otro.
De hecho, esta muestra nº 11 fue inmediatamente remitida la Comisaría
General de Policía Científica para su análisis de ADN,
informe
resultando que el
de ADN al que luego aludiremos en profundidad, se describe
perfectamente los guantes como cuatro -uno embutido dentro de otro y los
otros dos separados, tal como resulta del informe de ADN-. Por otra parte,
ocultos debajo de una jardinera decorativa que había en
agentes
esa terraza, los
encontraron tres guantes de látex, embutidos uno dentro de otro,
faltando algún fragmento en alguno de ellos , que fueron identificados por la
Policía como muestra nº 17.En contaron también un cable blanco de conexión
de puerto “USB” marca “ Lg” manchado con sustancia rojiza y otros tres de
guantes de látex usados, embutidos uno dentro de otro, manchados con una
sustancia rojiza (identificados por al Policía como muestra nº 22).
Tal como resulta probado del acta de Inspección Ocular llevada a cabo
por la Policía Científica (folios 170 y ss) y lo que declaró el agente de la Policía
Científica nº 80316, los grupos de guantes de látex antes descritos, una vez
recogidos, se mantuvieron separados entre sí para evitar contaminaciones o
transferencias de vestigios y fueron identificados o numerados por la Policía
Científica, tal como ha quedado expuesto, como muestras nº 11, 17 y 22.
Tras ello, fueron remitidos a la Unidad Central de Análisis Científicos de
la Comisaría General de Policía Científica a los efectos de la práctica de
análisis, en particular de ADN.
A esos efectos se remitieron también separadamente otros elementos
intervenidos (una torunda de la figura de escayola, el cable USB encontrado
debajo de la jardinera del balcón del piso 2ºB y el calcetín) Así resulta también
del informe de ADN emitido por la Unidad Central de Análisis Científicos de la
Comisaría General de Policía Científica , que no ha sido impugnado y que obra
a los folios 367 y ss de la causa, y ha sido ratificado en juicio oral por sus
autoras, las funcionarios con nº de identificación 001B y 166T).
Consta probado en virtud del acta de Inspección Ocular llevada a cabo
por la Policía Científica y en atestado, que les fueron intervenidas a los
detenidos A. V. Á., F. J. L.M., ÍNEZ por la Policía la cazadora y chaqueta que
vestían respectivamente en el momento de los hechos.
Así, al detenido A. V. Á., se le intervino la cazadora marca “Pull&Bear”
de color blanco que vestía en el momento de los hechos, y al detenido F. J.
L.M., se le intervino la chaqueta que vestía en el momento de los hechos, de
color blanco con aplicaciones de tela vaquera. Ambas prendas aparecían con
manchas patentes de lo que parecía ser sangre, y por ello se remitieron
también a la Unidad Central de Análisis Científicos de la Comisaría General de
Policía Científica a los efectos de práctica de análisis, en particular de ADN.
Se remitió también a la Unidad Central de Análisis Científicos de la
Comisaría General de Policía Científica muestras tomadas de las manos de los
detenidos (torundas con las que se les realizaron frotis de las manos), y como
muestras indubitadas, muestras de sangre tomadas de la víctima Doña M. C.
C. I.,, y frotis bucales de cada uno de los dos acusados. Para la obtención de
sus muestras de ADN los acusados prestaron su consentimiento informado (así
resulta acreditado en virtud de los folios 458 y ss de la causa).
Tal como explicaron en juicio las Funcionarios de la Unidad Central de
Análisis Científicos de la Comisaría de Policía Científica nº 001B y 166T y tal
como resulta en el informe de esa Unidad obrante a los folios 367 y ss, para
llevar a cabo los análisis, los peritos de la Comisaría General de Policía
Científica identificaron los guantes recibidos de la siguiente forma:
a) guantes 1, 2, 3 y 4 , los correspondientes a la muestra nº 11;
b) guantes 5, 6 y 7 los correspondientes a la muestra nº 17;
c) guantes 8,9 y 10 los correspondientes a la muestra nº 22.
Tal como resulta probado en virtud del informe de ADN emitido por la
Unidad Central de Análisis Científicos de la Comisaría General de Policía
Científica - que no ha sido impugnado y que obra a los folios 367 y ss de la
causa-, y de la declaración en juicio de las funcionarios con nº de identificación
001B y 166T que realizaron dicho informe los análisis efectuados por la Unidad
Central de Análisis Científicos de la Comisaría General de Policía Científica
arrojaron los siguientes resultados:
1) Se evidenciaron restos de sangre en los guantes, el calcetín y cable,
en la cazadora de A. V. Á., y en la chaqueta de F. J. L.M., Z, si bien en el
cable y en el puño derecho de la cazadora de Adrián, en cantidad no suficiente
como para extraer ADN nuclear ( véase informe de ADN, folio 371, que alude
expresamente a la evidencia de existencia de sangre en esas muestras).
2) El perfil genético perteneciente a Doña M. C. C. I., fue hallado, con
una probabilidad de veintisiete mil cuatrillones de veces, en el exterior de los
guantes nº 1, 3, 5, 7, 9, en el interior del guante 10 y en el guante 10.
3) El perfil genético correspondiente a F. J. L.M., fue hallado, con una
probabilidad de varios cuatrillones de veces, en el interior del guante nº 2 y en
el interior del guante 4, en este último caso además mezclada con perfil
genético de la víctima Doña M. C. C. I.,.
En definitiva, el ADN del acusado F. J. L.M., se encontró en el interior
de los guantes 2 y 4 ( en este último caso demás mezclada con la ADN de M.
C. C. I.,) , lo que implica cabalmente que en algún momento los llevó puestos;
por otra parte, los guantes 1,2, 3 y 4 ( muestra nº 11) fueron encontrados juntos
(uno estaba dentro de otro), lo que determina que quien llevaba los guantes 2 y
4, llevaba también los guantes 1 y 3. Y está probado, como hemos dicho, que
los guantes 1 y 3 aparecían en su parte exterior con sangre de la víctima (no ya
ADN, sino sangre).
4) El perfil genético correspondiente a A. V. Á., fue hallado, con una
probabilidad de varios cuatrillones de veces más probable, en el interior de los
guantes nº 6, 7 y 8 , dándose además el caso que en el caso de los guantes nº
6 y 7 el perfil genético del acusado se encontró mezclado con el de la víctima.
Esto significa que A. V. Á., llevó puestos en algún momento estos
guantes en los que también apareció el ADN de Doña M. C. C. I.,
Pero si tenemos en cuenta que el guante nº 6 fue encontrado dentro del
guante nº 5 (ver acta de Inspección Ocular llevada a cabo por la Policía
Científica en la que se intervinieron los guantes y designaron como muestra nº
17, y ver sobre todo informe de ADN, folio 369, segunda línea) y que el guante
nº 5 estaba manchado de sangre de Doña María del Carmen Calderón Ibáñez,
la conclusión es que A. V. Á., llevaba puesto ese guante nº6 y que encima
llevaba el guante nº 5 que en su parte exterior estaba manchado de sangre de
la Sra. M. C. C. I.,
A ello se añade que los guantes nº 9 y 10, que aparecieron junto al
guante nº 8 (muestra nº 22) tenían sangre de la víctima en la parte exterior,
según declararon las Funcionarios de la Unidad Central de Análisis Científicos
de la Comisaría de Policía Científica nº 001B y 166T en juicio oral. Este dato
debe ser unido al hecho probado en virtud de este análisis de ADN ,
consistente en que el guante nº 8 tenía en su parte interior sangre de A. V. Á.,
5) Se comprobó la existencia de patentes manchas de sangre en la
cazadora de A. V. Á.,, tanto en su puño derecho, como en su puño izquierdo,
como en el interior del bolsillo delantero izquierdo como en el interior del bolsillo
delantero derecho.
El hecho de que se halló sangre (no vestigios de ADN, sino
específicamente sangre) en estos lugares está probado por el informe de ADN
de la Unidad Central de Análisis Científicos de la Comisaría de Policía
Científica (ver folio 371).
El perfil de ADN de la sangre hallada en el bolsillo derecho e izquierdo
de la cazadora de A. V. Á., así como la hallada en el puño izquierdo de esta
cazadora, corresponde a Doña M. C. C. I.,, con una probabilidad superior a los
27 mil cuatrillones. El perfil de ADN de Doña M. C. C. I., hallado en el puño
izquierdo y en el bolsillo izquierdo de la cazadora, aparece mezclado con el
ADN del propio A. V. Á.,
En virtud del informe de ADN de la Policía Científica (folios de la causa
375-377) y en virtud de lo manifestado por las Funcionarias de la Unidad
Central de Análisis Científicos de la Comisaría de Policía Científica nº 001B y
166T en juicio, está probado que no se pudo extraer un perfil de ADN de la
sangre hallada en el puño derecho de la cazadora de A. V. Á.,, pero de lo que
no hay duda, pues así lo dice el referido informe de ADN, es que esa mancha
es de sangre, lo que cabalmente permite concluir, a la vista de que Adrián no
ha ofrecido explicación alguna acerca de a quién puede pertenecer esa sangre,
y al hecho ya mencionado de que en la sangre que manchaba el otro puño de
su cazadora sí que se obtuvo el ADN de la víctima,
que la sangre que
manchaba ese puño derecho de la cazadora de A. V. Á., pertenecía también a
la Sra. M. C. C. I.,
6) Se comprobó la existencia de patentes manchas de sangre en la
chaqueta de F. J. L.M., , tanto en su puño derecho, como en su puño izquierdo.
El hecho de que se halló sangre (no vestigios de ADN, sino específicamente
sangre) en estos lugares está probado por el informe de ADN de la Unidad
Central de Análisis Científicos de la Comisaría de Policía Científica (ver folio
371). En virtud del informe de ADN de la Policía Científica (folios de la causa
375-377) y en virtud de lo manifestado por las Funcionarios de la Unidad
Central de Análisis Científicos de la Comisaría de Policía Científica nº 001B y
166T en juicio, está probado que la sangre hallada en los puños derecho e
izquierdo de esta chaqueta, corresponde a M. C. C. I.,, con una probabilidad
superior a los 27 mil cuatrillones. El perfil de ADN de Doña M. C. C. I., hallado
en el puño izquierdo aparece mezclado con el ADN del propio F. J. L.M.,
Cada uno de acusados, - pues insistimos en que cada uno
responsabiliza en exclusiva al otro de la muerte de la Sra. M. C. C. I., - , ha
tratado de alegar que si se mancharon de sangre tanto en sus guantes como
en su ropa, pudo ser porque le tomaron el puso a la Sra. M. C. C. I., después
de fallecida, o porque les pudo salpicar la sangre del golpe que el otro daba a
la víctima.
Sin embargo, no creemos esto factible, pues por un lado, se trata de
manchas patentes, no casuales.
En este sentido las Funcionarios de la Unidad Central de Análisis
Científicos de la Comisaría de Policía Científica nº 001B y 166T , a preguntas
del letrado de A. V. Á.,, descartaron que las manchas de sangre que aparecían
en las prendas de ambos acusados fueran manchitas pequeñas o minúsculas,
enfatizando que se trataba de manchas patentes.
Además, están situadas en distintos y muy significativos lugares: puños
de la ropa, guantes de ambas manos que llevaban puestos.
En cuanto a que esas manchas pudieran haberse causado por
salpicadura, es relevante que cada uno de los acusados viene a mantener que
cuando el otro mató a la Sra M. C. C. I.,, ni siquiera estaba mirando, de forma
que fue solo cuando oyó un ruido, miró y vio que su compañero había
golpeado a la Sra. M. C. C. I., (A. V. Á., dice que fue F. J. L.M., con una
estatuilla de cerámica, F. J. L.M., dice que fue A. V. Á., con una raqueta). Por
consiguiente, si en la versión que cada uno de los acusados sostiene, se viene
a decir que no estaba al lado de la Sra. M. C. C. I., porque estaba en otro sitio,
resulta difícil considerar que la sangre les pudiera salpicar; menos verosímil
resulta que casualmente que lo hiciera en ambos guantes y también en partes
muy significativas de la ropa que vestían (en concreto en las mangas, y no en
otra parte distinta).
Hemos dicho que cada uno de ellos alegó en su defensa que las
manchas en sus guantes y en su cazadora se debió a que después de que el
otro matara a la Sra. M. C. C. I.,, le tomó el pulso para comprobar si vivía.
Sin embargo, al margen de que no existe indicio alguno de que
desarrollasen tal conducta (cuesta creer que alguien pueda considerar factible
el tomar el puso a una persona con varios pares de guantes de látex puestos,
amén de que no consta que los acusados posean conocimiento alguno para
llevar a cabo una practica de este tipo), resulta en todo caso meridiano que el
hecho de tomar el pulso a una persona, - para lo cual se necesita tan solo dos
dedos de una mano- difícilmente puede dar lugar a que se manchasen con
tanta intensidad y de la forma que lo hicieron: no solo los guantes de una mano
sino de las dos, no solo las manos sino también, y de forma patente, los puños
( los dos) de las cazadoras que cada uno de ellos llevaba.
Pero es que además de estas evidencias ya analizadas, no podemos ni
debemos olvidar una serie de datos que concurren y que refuerzan la
conclusión que se obtiene de las indicadas pruebas:
a) No podemos olvidar que ambos acusados actuaban juntos desde el
principio, desarrollando el mismo plan; ambos se proveyeron de los
instrumentos necesarios para ello; ambos habían desplegado hasta ese
momento el plan que A. V. Á., había ideado, que partió siempre, precisamente,
de la utilización de la violencia física: nunca la fuerza en las cosas, nunca la
intimidación.
b) Debemos volver a referirnos al hecho de que la víctima conociese a
Adrián debido a
que eran vecinos, y que pese a ello actuasen a cara
descubierta y no obstante, con guantes de látex. Damos por reproducido en
este momento todo lo que en el apartado II anterior
hemos explicado a
propósito de que el hecho de que esas circunstancias en su plan contemplaban
ya la idea como una probabilidad harto realizable, de tener que matar a Doña
M. C. C. I., para que luego no les pudiera identificar o denunciar. De ahí que lo
hicieran a cara descubierta (nadie les podría identificar si mataban a la única
testigo, la M. C. C. I.,) y de ahí los guantes de látex (para no ser identificados,
no solo como atores del robo sino también del homicidio).
c) No deja de ser significativa la conducta tanto de A. V. Á., como de F.
J. L.M., después de haberse producido la muerte de Doña M. C. C. I.,
Recordemos que cada uno de ellos viene a sostener que solo pensaba
cometer un robo, que nunca pasaba por su imaginación el matar a la Sra. M. C.
C. I., y que fue el otro el que, de pronto, dio un golpe a la Sra. M. C. C. I., y la
mató ( según A. V. Á.,, fue F. J. L.M., con la estatuilla d escayola, según F. J.
L.M., fue A. V. Á., con la raqueta), de forma que cada uno sostiene que
permaneció en todo momento
ajeno a la conducta homicida del otro, que
habría sido inesperada y nunca preacordada.
Pues bien, en esa tesitura, de ser cierta la versión que tanto A. V. Á.,
como F. J. L.M., mantienen, sorprende sobremanera que la reacción ante una
conducta tan terrible e inesperada por ellos, fuera simplemente la de seguir
registrando la casa.
F. J. L.M., llegó incluso a declarar que cuando vio que A. V. Á., había
matado a la Sra. M. C. C. I., “ se quedó blanco”;
sin embargo,
sorprendentemente, no se marchó del lugar. Antes al contrario, lo que hizo fue
registrar la casa de la ya fallecida Doña M. C. C. I.,, en busca de dinero y cosas
de valor. Lo mismo A. V. Á.,: si la conducta de F. J. L.M., fue para él tan grave
– por lo inesperada y sorprendente-, no se explica cómo no se marchó del
lugar y comenzó a registrar la casa.
De hecho, el registro de la casa de la víctima que llevaron a cabo los
acusados, fue minucioso, y por ende, necesariamente prolongado en el tiempo.
El hecho de que ese registro fue amplio y minucioso, ha sido probado
por lo manifestado por diversos agentes de Policía que depusieron en el
plenario , y está asimismo acreditado de forma contundente en virtud del
informe de inspección ocular de la Policía científica que obra a los folios 150 a
200 de la causa (en la que se alude, por ejemplo, - ver folio 165-, a “ grandes
signos de registro, con cajones fuera de su sitio, prendas de ropa , cajas y
documentos esparcidos por la habitación, maletas abiertas, etc.”) así como con
el abundante número de fotografías de la vivienda que fueron obtenidas en
esa inspección ocupar por la Policía y que obran en la misma ( ver folios 150 al
200 de la causa). Por su parte, los agentes de Policía nº 106618 , 83243,
84416
y 93013 indicaron de forma rotunda que la casa tenía el desorden
propio de haber sido registrada, con cajones abiertos en todas las estancias,
etc., manifestando en concreto este último agente que por la experiencia que él
tiene, en este caso por lo que pudo ver se había registrado y de manera muy
concienzuda, y que ese registro se había producido en todas las habitaciones;
e indicando el agente 84416 que aunque a la casa le faltaba un orden, se veía
que además había sido registrada, que estaba “todo fuera de su sitio”.
Pues bien, esta Sala considera que el hecho de que los acusados, que
fueron juntos a casa de Doña M. C. C. I., con idéntico propósito, que
desplegaron actos de violencia juntos conforme
al plan en ese sentido
preconcebido por A. V. Á.,, que estaban juntos cuando se dio muerte a la
Doña M. C. C. I.,, y que después de morir esta, lejos de huir del lugar ante ese
hecho tan grave,
permanecieron también juntos haciendo caso omiso del
cadáver de la víctima, dedicándose durante mucho tiempo
a consumar el
propósito lucrativo que les había llevado allí (robar), registrando para ello con
amplitud y minuciosidad toda la vivienda de la muerta, patentiza que si esto fue
así fue porque ambos, también juntos, dieron muerte a la Sra M. C. C. I.,,
ejecutando conductas dirigidas a ello ( de ahí que los dos acusados se
manchasen de sangre) fueren los que fueren los actos concretos dirigidos a tal
fin común que cada cual realizó, pues cada uno de ellos asumía los que el otro
llevaba a cabo en aras a ese común propósito homicida.
IV.- Llegada de la Policía, detención y hallazgo de efectos e
instrumentos.
En virtud de lo reconocido por los acusados, cuando se hallaban
registrando la casa llegó la Policía. En virtud de lo declarado por los Agentes de
Policía que depusieron en el plenario, así como lo que el propio F. J. L.M.,
reconoció en juicio, la llegada de la Policía se produjo porque con ocasión del
registro que los acusados estaban llevando a cabo en la vivienda de Sra. M. C.
C. I., n después de matarla, trataron de abrir una caja correspondiente a la
centralita del sistema de seguridad que había enclaustrada en la pared en el
hall principal, y que confundieron con una caja fuerte (así lo declaró F. J.
L.M., ).
Está acreditado en virtud de la declaración en el plenario de los Agentes
de Policía nº 106140, 115634, nº 106618 y nº 109043 que los acusados, al
percatarse de la llegada de la policía trataron de huir juntos del lugar, saliendo
ambos al balcón del salón, y desde allí, a través del alfeizar pasaron los dos al
balcón o terraza del piso vecino (2º B).
Efectivamente, los agentes de Policía que llegaron al lugar de los hechos
fueron los nº 106140 y 115634 ( junto con los agentes de Policía nº 106618 y
nº 109043 que estaban en la calle como apoyo ). Consta en el atesado que se
personaron en el lugar sobre las 17 horas. Los agentes nº 106140 y 115634
declararon que al ver luz a través de la mirilla y escuchar ruidos en el interior,
llamaron insistentemente pidiendo que les abrieran, haciendo caso omiso los
acusados; que llamaron entonces al piso de al lado (2º B) y si bien inicialmente
no les abrieron , y por eso uno de los agentes subiera al piso de arriba para ver
si podía ver algo desde allí; que sin embargo, al poco tiempo una persona que
residía en ese piso 2ºB les abrió la puerta, pasando los agentes al interior al
salón de la casa, desde donde vieron que en el balcón o terraza de esta
vivienda había dos personas.
Los agentes de Policía nº 106140 y 115634 exigieron a los acusados
que pasaran desde la terraza del piso 2ºB donde se encontraban, hasta el
salón donde se hallaban los policías, y una vez que estuvieron allí, procedieron
a su detención y a su inmovilización.
Fue en ese momento cuando los
acusados, dijeron que había otras dos personas (dos rumanos) dentro del piso
2ºA y que no sabían lo que podría haber pasado. El hecho de que los acusados
dijeron a la policía al se detenidos que dentro del piso de Doña M. C. C. I.,
había dos rumanos está probado en virtud de la declaración en juicio del
agente de Policía- instructor del atestado- nº 83361 , quien declaró en el
plenario que conocía a A. V. Á., de otras veces anteriores en que lo había
detenido, y que en ese momento en que A. V. Á., estaba inmovilizado le dijo
“jefe, jefe, me la han jugado”, en referencia a esos supuestos rumanos).
También está probado en virtud de lo que manifestaron en juicio oral los
agentes de Policía nº 93013 y 95831, que fueron los agentes que al escuchar
esto, entraron en el piso de la Sra M. C. C. I., adoptando las precauciones
necesarias por si dentro hubiera esas otras personas. Precisamente por tal
motivo, los agentes de la Policía que entraron en primer lugar en el piso de
Doña M. C. C. I.,, lo hicieron, tal como relataron en juicio, adoptando las
precauciones necesarias por si fuera cierto que allí había más personas, pero
no encontraron a nadie más que a la fallecida.
Esta Sala pone de relieve esta circunstancia porque de nuevo evidencia
que los acusados, aun en ese momento en que ya estaban detenidos,
actuaban de consuno. Ambos mantuvieron esa peculiar versión – por otra parte
enseguida desechada una vez que se percataron de su incredibilidad en las
dependencias policiales-, relativa a esos supuestos rumanos. La finalidad,
aunque endeble en sus posibilidades de prosperar por razones obvias, parece
clara: pretendían engañar a la Policía tratando de responsabilizar a unos
hipotéticos e inexistentes rumanos, que les habían acompañado en el robo, de
la muerte de la Sra. M. C. C. I.,, exonerándose con ello ambos acusados. Pero
fuera o no ese el propósito de los acusados al decir esta mentira, lo relevante, y
solo por eso lo destacamos, es que todavía en ese momento seguían juntos,
actuando juntos, y manteniendo una unidad de acción; unidad que solo se
quebró cuando ya en dependencias policiales, consientes de que esta última y
desertada tentativa de exonerase carecía de sentido, empezó cada uno de
ellos a vislumbrar la posibilidad de exonerarse responsabilizando en exclusiva
a su compañero de la muerte de la Sra. M. C. C. I.,.
En cuanto a los efectos e instrumentos del delito, resulta probado en
virtud del informe de Inspección Ocular llevada a cabo por la Policía Científica
(folios 167 y siguientes) y de la declaración de
los agentes de la Policía
Científica nº 80316 y 82384 que hicieron esta inspección y que declararon en
juicio oral, los siguientes hechos: (i) se encontró un estuche de monedas en el
piso de la Sra. M. C. C. I.,, faltando varias de esas monedas; (ii) en el alféizar
de la ventana desde que los acusados pasaron de balcón a balcón se hallaron
otras dos de esas monedas doradas; (III) en la terraza del balcón del piso
vecino ( 2ºB) donde fueron detenidos los acusados, y que da a la calle vara de
Rey, fueron encontrados por la Policía Científica los siguientes efectos y
objetos: a) Sobre las piedras decorativas de la jardinera que recorre de lado a
lado la terraza, dos monedas doradas similares a las que habían sido halladas
en el salón del piso y en el alféizar del balcón de Doña M. C. C. I.,; cuatro
bridas entrelazadas formando pulsera o esposas de las que los acusados
habían llevado para comete el robo y también la cinta adhesiva de color negro.
Otras bridas se encontraron junto a la víctima, sin usar. b) Sobre el suelo de
esa terraza fueron hallados por los Agentes de Policía Científica, un pasador de
corbata dorado con el símbolo de la Guardia Civil propiedad de Doña M. C. C.
I., una brida de color blanco similar a las otras la caja ya vacía de diez pares
de guantes de látex marca “Auchan” que los acusados había comprado para
perpetrar los hechos. c)
Ocultos debajo de la ya aludida jardinera de esa
terraza, se encontró un pendiente dorado de pinza con una piedra engarzada
de color azul propiedad de Doña M. C. C. I.,, estando probado que el otro
pendiente le fue ocupado a A. V. Á., cuando fue cacheado, junto a la tarjeta
sanitaria de la víctima Sra M. C. C. I., ( así resulta probado por la declaración
en juicio de los Agentes de Policía que llevaron acabo este cacheo). Debajo de
esa jardinera también se hallaron diversos papeles, una pitillera plateada en su
parte exterior y dorada en su interior, propiedad de Doña M. C. C. I., y una
cadena dorada de eslabones con restos de cabello negro, asimismo propiedad
de Doña M. C. C. I.,.
Diana L.I. S., titular del balcón o terraza donde se encontraron esos
objetos y efectos, declaró en juicio que ninguno de estos efectos que se
encontraron en su balcón era de su propiedad, lo que unido a lo anterior,
acredita que se trataba de efectos sustraídos pos los acusados en casa de la
M. C. C. I.,
TERCERO.- DELITO
DE
ROBO
CON
VIOLENCIA EN
CASA
HABITADA EN GRADO DE TENTATIVA: CALIFICACIÓN JURÍDICA .COAUTORÍA .-
Los hechos declarados probados constituyen, en primer lugar, un delito
de robo con violencia en casa habitada en grado de tentativa previsto y penado
en los artículos 237,242.1º y 2º, 16 y 62 del Código Penal del que son
responsables en concepto de autor
A. V. Á.,
y
F. J. L.M.,
( arts 27 y 28 del Código
Penal).
La conducta delictiva del robo comporta según el artículo 237 el
considerar reos de dicho delito a los que con ánimo de lucro, se apoderaren de
las cosas muebles ajenas y cuando dicho robo se realiza utilizando la violencia
o la intimidación en las personas dicha conducta la prevé el artículo 242.1 y si
además se comete en casa habitada o en cualquiera de sus dependencias la
regulación es la prevista en el 242.2 del Código Penal.
Así pues según la Jurisprudencia si cuando el delincuente se halla en
pleno proceso apoderativo precisa para culminarlo ejercer violencia o fuerza
física, frente a quien quiera impedir que la apropiación se consolide, está
cometiendo un robo y no un hurto.
El empleo de la "vis physica" o la intimidación "vis compulsiva" tiene por
objeto conseguir la desposesión y la disponibilidad de la cosa y precisamente
para alcanzar esa disponibilidad el agente se ve obligado a eliminar el
obstáculo constituido por una o más personas, que quieren impedir la
sustracción. En suma, cuando la fuerza o intimidación se desarrollan antes de
la consumación del delito y tienen por objeto vencer la resistencia personal que
impide al culpable la disponibilidad del bien codiciado, estamos ante un delito
de robo, ya afloren las violencias antes, durante o después de la aprehensión
material de las cosas (Sentencia del TS 956/06 de 10 de Octubre .)
La violencia debe ser relevante, jurídicamente típica y ejercerse de forma
inconsentida, pues de mediar consentimiento la conducta carecería de la nota
de relevancia penal (Sentencia del Tribunal Supremo 110/02 de 29 de enero).
La violencia es un hecho de desapoderamiento; la violencia es causa
determinante del mismo. La violencia es un modo de vencer la resistencia real
o presunta del desapoderamiento. La violencia supone el empleo de
acometimiento o fuerza física sobre la persona mediante el cual se vence o
evita su física oposición o resistencia al apoderamiento perseguido, y puede
tener lugar tanto para ejecutar el delito como para asegurarlo (Sentencia del
Tribunal Supremo 112/99 de 30 de enero). Se aprecia violencia cuando se
procede a la sujeción de la víctima (STS 696/99 de 8 de mayo ) o se procede a
la agresión de la víctima ( Sentencia del Tribunal Supremo 1480/99 de 13 de
Octubre ). La diferencia entre la violencia y la intimidación radica en que la
violencia se desarrolla para lesionar la capacidad de actuación del sujeto
pasivo en defensa del bien jurídico mueble bajo su ámbito de dominio, en tanto
que la intimidación es aquella que se desarrolla para lesionar la capacidad de
decisión del sujeto pasivo de actuar en defensa del bien mueble que se
pretende sustraer ( STS 373/02 de 28 de febrero ).
En cuanto al subtipo agravado del robo cometido en casas habitada,
del art. 242 .2 del Código Penal
tiene su razón de ser no sólo en la
peligrosidad del robo en casa habitada sino también en la mayor antijuricidad
que acompaña al ataque suplementario a lo que constituye marco de intimidad
personal o familiar merecedor de protección añadida.
Pocas líneas debemos dedicar a explicar porqué entendemos que los
acusados son autores de este delito, pues ninguno de los dos acusados negó
en juicio su participación como autores de este delito, y tampoco lo negaron
sus respectivas defensas en sus conclusiones definitivas. No cabe duda de
que el delito se cometió por ambos acusados, desde el momento en que los
dos juntos, con el fin de enriquecerse ilícticitamente, secundando el plan
previamente ideado por A. V. Á.,, consiguieron que la Sra.
M. C. C. I.,
les permitiera
el acceso a su casa valiéndose de un pretexto falso, y una vez allí, ejecutaron
actos de violencia sobre Sra.
M. C. C. I.,
con el fin de consumar sus fines,
registrando luego todo el piso y llevándose ciertos objetos propiedad de Doña
M. C. C. I.,.
El delito fue cometido en grado de tentativa, pues no lograron su
propósito de apoderarse definitivamente los objetos que habían cogido en casa
de la Sra.
M. C. C. I.,,
al haber sido detenidos por la Policía después de que
forzasen la caja de la alarma o dispositivo de seguridad que la Sra.
M. C. C. I.,
había instalado en su casa, confundiéndola con una caja fuerte.
CUARTO.- DELITO DE ASESINATO (I): CALIFICACIÓN JURÍDICA.
Los hechos son constitutivos de un delito de asesinato
previsto y
penado en el artículo 139.1 del Código Penal vigente a la fecha en que se
cometieron los hechos ( antes de la entrada en vigor de la Ley Orgánica 1/2015
de 30 de marzo).
Tal como ha quedado descrito en el relato de “hechos probados” de esta
resolución y tal como ha quedado ampliamente explicado en el fundamento de
derecho segundo de esta resolución (a los cuales nos remitimos) los acusados
mataron a la Sra.
M. C. C. I.,.
Después de que ésta les abriera la puerta, la
agarraron con violencia inmovilizándola, la arrastraron con fuerza por el pasillo,
la echaron contra el suelo y cuando estaba así, en el suelo, la golpearon con
una pesada estatuilla de escayola en el rostro rompiéndole la mandíbula y los
dientes, y seguidamente o simultáneamente la asfixiaron mediante mecanismo
mixto (estrangulamiento, presión torazo_abdominal y sofocación).
De que concurrió “ánimo de matar”, no cabe ninguna duda: se trató de
actos intencionales y manifiestamente aptos, por si solos y autónomamente,
para acabar con la vida de una persona. Que se perpetrasen fortuitamente o
por imprudencia queda por completo descartado, y desde luego, nadie lo ha
alegado. En este sentido, la doctrina jurisprudencial, como señala la Sentencia
del Tribunal Supremo 397/2012, de 18 de enero , viene considerando como
criterios de inferencia para colegir el dolo de matar los datos existentes acerca
de las relaciones previas entre agresor y agredido; el comportamiento del autor
antes, durante y después de la agresión, lo que comprende las frases
amenazantes, las expresiones proferidas, la prestación de ayuda a la víctima y
cualquier otro dato relevante; el arma o los instrumentos empleados; la zona
del cuerpo a la que se dirige el ataque; la intensidad del golpe o golpes en qué
consiste la agresión, así como de las demás características de ésta; la
repetición o reiteración de los golpes; la forma en que finaliza la secuencia
agresiva; y en general cualquier otro dato que pueda resultar de interés en
función de las peculiaridades del caso concreto ( Sentencias del Tribunal
Supremo nº 57/2004, de 22 de enero ; 10/2005, de 10 de enero 140/2005, de 3
de febrero ; 106/2005, de 4 de febrero ; 755/2008, de 26 de noviembre ;
y 140/2010, de 23 de febrero ). En nuestro caso, la intensidad del golpe
propinado con la estatua es claro que iba dirigido a provocar la muerte; pero
sobre todo, las circunstancias que produjeron la muerte por asfixia, con un
triple mecanismo (sofocación- estrangulación- presión torazo- abdominal) aptos
cada uno de ellos, por sí solos, para causar la muerte, evidencian de un modo
cristalino la concurrencia del ánimo de matar.
Es irrelevante a este respecto, pese al acento que en este punto
pusieron los abogados de las defensas en su por otra parte esforzada defensa,
que los acusados no llevasen armas cuando perpetraron los hechos. El dolo de
matar no exige que tenga que ser con armas. Y no cabe duda de que las
circunstancias concurrentes que acabamos de describir evidencian el dolo de
matar, para lo cual no precisaron llevar armas “ex ante”, sin perjuicio de que en
la ejecución de sus actos violentos sí que utilizaron cuando menos el
instrumento peligroso que constituyó la estatuilla de
escayola, apta desde
luego de forma evidente para matar a una persona.
Partiendo por lo tanto de que estamos ante una muerte causada
dolosamente, la cuestión que se plantea es si la conducta ha de calificarse
como de homicidio (artículo 138.1 del Código Penal), o por el contrario,
como asesinato ( tipificado en el artículo 139 del Código Penal, y que es una
modalidad agravada del homicidio, que concurre cuando además de matar a
una persona, esta conducta se lleva a cabo con la concurrencia alguna de las
circunstancias que enumera ese artículo 139.1 del Código Penal), tal y como
pretenden el Ministerio Fiscal y la acusación particular, En este sentido, tanto el
Ministerio Fiscal como la acusación particular coinciden en que los hechos
serían constitutivos asesinato porque se ejecutaron con alevosía, que es la
primera de las circunstancias que prevé el artículo 139.1 del Código Penal
(artículo 139.1.1 del Código Penal). La acusación particular entiende además
que se ejecutaron con ensañamiento que es la circunstancia prevista en el nº 3
dl artículo 139.1 del Código Penal (con ensañamiento, “aumentando deliberada
e inhumanamente el dolor del ofendido”, dice el Código Penal).
Para resolver esta cuestión, nada mejor que analizar en qué consisten
estas circunstancias invocadas de los nº 1º (alevosía) y 3º (ensañamiento, es
decir, aumento intencionado e inhumano del sufrimiento de la víctima) del
artículo 139 del Código Penal, y confrontarlas con los hechos que hemos
declarados probados
ALEVOSÍA: CONCURRE.Sobre la alevosía , la Sentencia del Tribunal Supremo nº 838/2014, de 2
de marzo, con cita de las Sentencias del Tribunal Supremo nº 703/2013, de 8
de octubre, nº 599/2012, de 11 de julio , y nº 632/2011, de 28 de junio, expresa
que el Tribunal Supremo viene aplicándola a todos aquellos supuestos en los
que por el modo de practicarse la agresión quede de manifiesto la intención del
agresor de cometer el delito eliminando el riesgo que pudiera proceder de la
defensa que pudiera hacer el agredido, es decir la esencia de la alevosía como
circunstancia constitutiva del delito de asesinato , (art. 139.1) o como agravante
ordinaria en otros delitos contra las personas (art. 22.1), radica en la
inexistencia de probabilidades de defensa por parte de la persona atacada.
En cuanto a su naturaleza, aunque el Tribunal Supremo unas veces ha
destacado su carácter subjetivo, lo que supone mayor culpabilidad, y otras su
carácter objetivo, lo que implica mayor antijuridicidad, en los últimos tiempos,
aun admitiendo su carácter mixto, ha destacado su aspecto predominante
objetivo pero exigiendo el plus de culpabilidad, al precisar una previa
escogitación de medios disponibles, siendo imprescindible que el infractor se
haya representado su modus operandi suprimiendo todo eventual riesgo y toda
posibilidad de defensa procedente del ofendido.
En definitiva, y en síntesis, puede decirse que la alevosía es una
circunstancia de carácter predominantemente objetivo que incorpora un
especial elemento subjetivo, que dota a la acción de una mayor antijuridicidad,
denotando todo riesgo personal, de modo que el lado de la antijuridicidad ha de
apreciarse y valorarse la culpabilidad (Sentencia del Tribunal Supremo 16-1096) lo que conduce a su consideración como mixta ( Sentencia del Tribunal
Supremo 28-12-2000 ).
En cuanto a la "eliminación de toda posibilidad de defensa de la víctima
debe ser considerada desde la perspectiva de su real eficacia, siendo
compatible con intentos defensivos ínsitos en el propio instinto de
conservación" (STS 13/03/2000 ).
Por ello el Tribunal Supremo establece que la alevosía requiere
invariablemente la concurrencia de los siguientes elementos (Sentencias del
Tribunal Supremo de 26 de octubre de 2015 y también la sentencias del Tribunal
Supremo nº 155/2005, de 15 de febrero , y nº 375/2005 de 22 de marzo):
a) En primer lugar, un elemento normativo. La alevosía solo puede
proyectarse a los delitos contra las personas.
b) En segundo lugar, un elemento objetivo que radica en el "modus
operandi", que el autor utilice en la ejecución medios, modos o formas que han
de ser objetivamente adecuados para asegurarla mediante la eliminación de las
posibilidades de defensa, sin que sea suficiente el convencimiento del sujeto
acerca de su idoneidad.
c) En tercer lugar, un elemento subjetivo, que el dolo del autor se
proyecte no sólo sobre la utilización de los medios, modos o formas
empleados, sino también sobre su tendencia a asegurar la ejecución y su
orientación a impedir la defensa del ofendido, eliminando así conscientemente
el posible riesgo que pudiera suponer para su persona una eventual reacción
defensiva de aquél. Es decir el agente ha de haber buscado intencionadamente
la producción de la muerte a través de los medios indicados, o cuando menos,
aprovechar la situación de aseguramiento del resultado, sin riesgo.
d) Y en cuarto lugar, un elemento teleológico, que impone la
comprobación de si en realidad, en el caso concreto, se produjo una situación
de total indefensión, siendo necesario que se aprecie una mayor antijuricidad
en la conducta derivada precisamente del modus operandi, conscientemente
orientado a aquellas finalidades.
De lo antes expuesto se entiende que la esencia de la alevosía se
encuentra en el aniquilamiento de las posibilidades de defensa; o bien en el
aprovechamiento de una situación de indefensión, cuyos orígenes son
indiferentes (Sentencia del Tribunal Supremo nº178/2001 de 13 de febrero ).
(El subrayado es nuestro).
Entre las distintas modalidades ejecutivas de naturaleza alevosa, el
Tribunal Supremo, por ejemplo en Sentencia del Tribunal Supremo nº 49/2004,
de 22 de enero, viene distinguiendo:
a) Alevosía proditoria, equivalente a la traición y que incluye la
asechanza, insidia, emboscada o celada, situaciones en que el sujeto agresor
se oculta y cae sobre la víctima en momento y lugar que aquélla no espera.
b) Alevosía súbita o inopinada, llamada también "sorpresiva", en la que
el sujeto activo, aun a la vista o en presencia de la víctima, no descubre sus
intenciones y aprovechando la confianza de aquélla actúa de forma imprevista,
fulgurante y repentina. En estos casos es precisamente el carácter sorpresivo
de la agresión lo que suprime la posibilidad de defensa.
c) Alevosía de desvalimiento, que consiste en el aprovechamiento de
una especial situación de desamparo de la víctima, como acontece en los
casos de niños de corta edad, ancianos debilitados, enfermos graves o
personas invalidas, o por hallarse accidentalmente privada de aptitud para
defenderse (dormidas, drogada o ebria en la fase letárgica o comatosa).
En estos casos, hay una mayor peligrosidad y culpabilidad en el autor
del hecho, que revela con estos comportamientos un ánimo particularmente
ruin, perverso, cobarde o traicionero (fundamento subjetivo) y también una
mayor antijuricidad por estimarse más graves y más lesivas para la sociedad
este tipo de conductas en que no hay riesgo para quien delinque (fundamento
objetivo).
De lo hasta ahora expuesto, se entiende que la esencia de la alevosía se
encuentra en la existencia de una conducta agresiva, que tienda objetivamente
a la eliminación de la defensa. Como señala la Sentencia del Tribunal Supremo
de 19/10/2001, es precisamente el carácter sorpresivo de la agresión lo que
suprime la posibilidad de defensa, pues quien no espera el ataque difícilmente
puede prepararse contra él, al menos en la medida de lo posible. Esta
modalidad de la alevosía es apreciable en los casos en los que se ataca sin
previo aviso.
La mencionada Sentencia del Tribunal Supremo 838/2014, de 12 de
diciembre, analiza también la llamada alevosía sobrevenida, que se produce
"cuando no se halla presente en el comienzo de la acción, pero tras una
interrupción temporal se reanuda el ataque, aunque sea de distinta forma o
modo, durante el que surgeel aprovechamiento de la indefensión del agredido,
propiciada por la intervención de terceros o también por el propio agente
( SSTS.
1115/2004,
de
11
de
noviembre, 550/2008,
de
18
de
septiembre, 640/2008, de 8 de octubre , 790/2008, de 18 de noviembre).
En el presente caso, no tenemos duda de la concurrencia de alevosía,
que resulta palmaria, pues las posibilidades de la victima cuando fue atacada
con los actos que acabaron con su vida, eran equivalentes a cero, y de ello se
aseguraron perfectamente los acusados.
De hecho, nos encontramos con una alevosía que es tanto súbita o
inopinada (llamada también "sorpresiva”), como por desvalimiento.
- Es alevosía súbita o inopinada, porque la víctima, cuando abrió la puerta a su
vecino A. V. Á., y a la persona que le acompañaba, nunca podía imaginar que
iba atacada de la forma en que lo fue, en su propia casa, y por una persona
con la que, aunque no mantenía amistad, sí tenía relación de vecindad, la
conocía, y la había dejado entrar a su casa. Recuerdes que los acusados
llamaron a la casa de la Sra. M. C. C. I., con un pretexto (arreglar un telefonillo)
, no descubriendo nunca sus intenciones mientras ésta no les abrió la puerta y
les dejó entrar a su casa. Pero es más; es que una vez entraron, siguieron
unos instantes con su farsa, dirigiéndose a la cocina, y en ese momento fue
cuando de repente agarraron por detrás ( en definitiva por sorpresa,
súbitamente) a Doña M. C. C. I., y la inmovilizaron, dando comienzo sus actos
de violencia en los que la moradora de esa casa ya no tuvo oportunidad alguna
de defenderse. Es evidente el carácter sorpresivo del acometimiento a la
víctima en este caso, y es evidente que la Sra. M. C. C. I., no tuvo ninguna
posibilidad de defensa, pues quien no espera el ataque difícilmente puede
prepararse contra él y reaccionar en consecuencia.
- Pero también es alevosía por desvalimiento: y es que cuando comenzaron los
actos de violencia en el dormitorio que fueron los que a la postre la mataron,
Doña M. C. C. I., estaba en el suelo, donde como ya hemos explicado fue
arrojada con fuerza después de ser arrastrada con violencia por el pasillo.
Resulta innegable que las posibilidades de defensa de una persona que se
halla sola en el suelo frente de una casa, frente a dos atacantes que la quieren
matar, son muy pocas. Si esa persona es una mujer de 53 años y frente a ella
tiene a dos hombres jóvenes como eran los acusados (en torno a 26 años) ,
uno de ellos conocedor de artes marciales y de fuerte complexión y el otro
bastante alto según pudo comprobar esta Sala en el acto del juicio,
las
posibilidades de defensa son ya reducidísimas. Si finalmente, esas dos
personas golpean inmediatamente a esa mujer que está en el suelo con
violencia con una pesada figura de escayola y simultánea o inmediatamente
proceden a desplegar actos de violencia múltiples dirigidos a provocarle la
asfixia, las posibilidades de defensa se extinguen por completo.
Creemos en suma que los acusados buscaron y se aseguraron de que
Doña M. C. C. I., no tuviera ninguna posibilidad de haber quedado con vida. En
todo caso, se aprovecharon de esa situación para poder matarla.
ENSAÑAMIENTO, O AUMENTO DELIBERADO E INHUMANO DEL
DOLOR DE LA VÍCTIMA: NO CONCURRE.-
Al abordar esta circunstancia, lo primero que debemos decir es que en el
ámbito que nos encontramos, que es el de un Proceso Penal regido por el
Principio de Legalidad, lo que ha de aplicarse es la Ley Penal.
Es dicha Ley la que establece lo que es delito y lo que no lo es, lo que es
una agravación y lo que no.
También es esa Ley Penal, -el Código Penal en este caso-, la que define
los conceptos jurídico que dicha Ley utiliza; y ello, con independencia de que
pueda suceder que esa misma palabra que corresponde a ese concepto
jurídico (en nuestro caso, “ensañamiento”), socialmente, o coloquialmente, o en
general, en otros ámbitos distintos al Proceso penal, pueda tener otros
significados u otros sentidos no exactamente equivalentes al concepto legal
penal.
A este respecto, “ensañamiento” es un concepto jurídico que está
expresamente definido por el Código Penal, el cual establece expresa y
diáfanamente qué ha de entenderse por ensañamiento. Por lo tanto, en un
proceso penal, solo puede entenderse que concurre ensañamiento cuando los
hechos probados que se han producido se identifican con esa definición
expresa que contiene el Código Penal. Esa definición viene dada en los
artículos 139.1.3º y 22.5 de ese texto Legal. En concreto, el artículo 139.1. 3
del Código Penal , que es el que aquí nos ocupa, tipifica el ensañamiento como
agravante específica del asesinato con la expresión "aumentando deliberada e
inhumanamente el dolor del ofendido". De otra parte, el artículo 22.5ª, sin
utilizar el término " ensañamiento ", considera circunstancia agravante genérica
"aumentar deliberada e inhumanamente el sufrimiento de la víctima, causando
a ésta padecimientos innecesarios para la ejecución del delito".
Por lo tanto, solo concurrirá enseñamiento si se cumple lo que la Ley
exige, que es que se haya probado que el autor ha ejecutado los hechos
aumentando deliberada e inhumananmente el dolor del ofendido; y ello por más
que socialmente o coloquialmente, o en el lenguaje usual, pueda existir una
idea de ensañamiento que no coincida con este concepto legal. El Tribunal
Supremo se ha pronunciado en este sentido, con mejor prosa que nosotros,
diciendo lo siguiente: “El ensañamiento -hemos dicho en STS. 919/2010 de
14.10 -, es un concepto jurídico precisado en la Ley que no coincide
necesariamente con una conceptuación coloquial o, incluso gramatical, de la
propia expresión, de modo que los Tribunales han de sujetarse a los términos
en los que el legislador lo ha definido, para determinar si, en el caso concreto
sometido a enjuiciamiento, concurre o no la referida circunstancia de
agravación, bien entendido que el derecho penal español está sujeto al
principio de legalidad, de forma que nadie puede ser condenado sino por una
conducta tipificada por Ley, previa y cierta, norma jurídica que no podrá ser
objeto de interpretación extensiva o aplicación analógica, en contra del reo
( STS. 775/2005 de 12.4 ).”
Sentado lo anterior, diremos que la jurisprudencia de del Tribunal
Supremo, en sentencias como la de fecha 16 de julio de 2015 y en otras como
las nº 319/2007, de 18-4 ; 611/2007, de 4-7; 1081/2007, de 20-12 ; 713/2008,
de 13-11 ; 949/2008, de 27-11 ; 99/2009, de 2-2 ; 748/2009, de 29-6 ;436/2011,
de 13-5 ; y 66/2013, de 25-1 , ha analizado el ensañamiento, señalando que
hace referencia a una forma de actuar en la que el autor, en el curso de la
ejecución del hecho, además de perseguir el resultado propio del delito, - la
muerte de la víctima- , causa además, de forma deliberada, otros males que
exceden de los necesariamente unidos a su acción de matar, innecesarios
objetivamente por tanto para alcanzar el resultado de muerte perseguido,
buscando la provocación en la víctima de un sufrimiento añadido.
Se requieren, pues, dos elementos para apreciar la agravación
específica:
a) uno objetivo: constituido por la causación de males objetivamente
innecesarios para alcanzar el resultado típico, que aumentan el dolor o
sufrimiento de la víctima; Por lo tanto, si los males causados son solo los
necesarios para darle muerte, o si los males causados no aumentan el dolor de
la víctima, falta este elemento objetivo.
b) otro subjetivo: consistente en que el autor debe ejecutar, de modo
consciente y deliberado, unos actos que ya no están dirigidos de modo directo
a la consumación del delito, sino al aumento del sufrimiento de la víctima.
En nuestro caso, debemos centrarnos en los actos dirigidos a matar a la
víctima, esto es, el golpe con la estatuilla y los actos de asfixia.
Los anteriores actos de violencia ejecutados por los acusados, aunque
ciertamente relevantes, iban dirigido a inmovilizar a la víctima y a llevarla hasta
el dormitorio, no matarla.
Pues bien, centrándonos como decimos en esos actos con propósito
homicida, no podemos considerar que esté probado que los acusados
desplegasen una conducta que fuera dirigida intencionadamente a hacer sufrir
a la victima más de lo necesario para matarla.
Las médicos forenses fueron claros en juicio en que la víctima solo
recibió un golpe en la cabeza (muy fuerte, eso sí), o a lo sumo dos. No hubo
por lo tanto una pluralidad de golpes que pueda hacer pensar que su propósito
fue causarle dolor.
Las forenses también indicaron que los mecanismos dirigidos a asfixiarla
se produjeron simultánea o muy inmediatamente.
Las forenses jamás manifestaron (ni en juicio ni en su informe) que tales
mecanismos se ejecutaran de forma que hicieran sufrir a la victima más allá de
lo necesario para matarla.
Por consiguiente, es claro que los acusados pretendieron matar a Doña
María del Carmen Calderón Ibáñez de un fuerte golpe en la cabeza propinado
con la estatuilla, tal como hemos declarado probado ( ya hemos dicho que
habiendo duda en si fue un golpe o dos, no puede interpretarse en perjuicio de
los acusados que los golpes fueran dos). Y no consiguiéndolo (las forenses
fueron muy claras al indicar que el golpe, pese a ser muy fuerte, no era apto
para matarla en ese momento) o en su caso, para asegurase su propósito,
iniciaron los actos necesarios para asegurase su muerte por asfixia.
Ambas conductas de los acusados, tan próximas en el tiempo, no iban
dirigidas a hacer sufrir a la víctima de modo innecesario, sino en todo caso a
matarla.
Nada menos, desde luego, pero nada más.
La primera conducta analizada (el golpe con la estatuilla) pretendía
manifiestamente aniquilar su vida de un fortísimo golpe contuso. No hubo por
ejemplo una pluralidad de golpes que pudiera hacer sugerir otra finalidad.
La segunda conducta, iba toda ella dirigida a conseguir la muerte por
asfixia. No consta ningún golpe “gratuito”, o que no fuera dirigido a buscar la
muerte de Doña M. C. C. I., ñez sino solo su mayor dolor.
En definitiva, consideramos que la conducta de los acusados fue muy
grave, -y como tal la hemos considerado y juzgado-, en la medida en que
arrebató su vida a una víctima indefensa con actos de gran violencia física.
Pero esa conducta de los acusados no puede decirse ni que aumentase
inhumanamente el sufrimiento de la victima más allá del aseguramiento de la
muerte que pretendían los acusados, ni tampoco que la intención de estos, al
ejecutar esos hechos, fuera no solo matar a la Sra. M. C. C. I.,, sino además,
hacerla sufrir.
Por estos motivos no apreciamos la concurrencia de ensañamiento.
QUINTO.- DELITO DE ASESINATO (y II): COAUTORÍA.-
Esta Sala considera que son autores del delito de asesinato A. V. Á., y
F. J. L.M., , conforme a los arts 27 y 28 del Código Penal.
Debemos partir de que, como afirma el Tribunal Supremo, toda
participación en la comisión del hecho delictivo -para implicar una
responsabilidad criminal- ha de ser consciente y querida.
Es lo que constituye el elemento subjetivo de la coautoría.
El otro elemento -el objetivo-, se concreta en la ejecución conjunta del
hecho criminal.
Sobre esta base, diversas han sido las tesis sustentadas por la doctrina
para determinar cuándo concurren ambos elementos.
Así, cabe hablar de la denominada teoría del "acuerdo previo" ("pactum
scealeris" y reparto de papeles), según la cual responderán como autores los
que habiéndose puesto de acuerdo para la comisión del hecho participan luego
en su ejecución según el plan convenido, con independencia del alcance
objetivo de su respectiva participación.
Otra teoría es la del "dominio del hecho" (en cuanto posibilidad
de interrumpir a voluntad el desarrollo del proceso fáctico), que en la coautoría
debe predicarse del conjunto de los coautores; cada uno de ellos actúa y deja
actuar a los demás, de ahí que lo que haga cada coautor puede ser imputado a
los demás que actúen de acuerdo con él, lo que sin duda sucede cuando todos
realizan coetáneamente los elementos del tipo penal de que se trate.
Lo importante, en definitiva, es que cada individuo aporte una
contribución objetiva y causal para la producción del hecho típico querido por
todos. Lo único verdaderamente decisivo, en suma, es que la acción de coautor
signifique un aporte causal a la realización del hecho propuesto. La doctrina
habla en estos supuestos de "imputación recíproca" de las distintas
contribuciones causales, en virtud de la cual todos los partícipes responden de
la "totalidad" de lo hecho en común.
En la definición de la coautoría acogida en el art. 28 del Código Penal de
1995 como "realización conjunta del hecho", implica que cada uno de los
concertados para ejecutar el delito colabora con alguna aportación objetiva y
causal, eficazmente dirigida a la consecución del fin conjunto. No es, por ello,
necesario que cada coautor ejecute, por sí mismo , los actos materiales
integradores del núcleo del tipo, pues a la realización del delito se llega
conjuntamente, por la agregación de las diversas aportaciones de los
coautores, integradas en el plan común, siempre que se trate de aportaciones
causales decisivas.
Así lo ha entendido el Tribunal Supremo.
Efectivamente, el Tribunal Supremo en sentencias como la de 12 de julio
de 2014 o la de 16 de abril de 2014 , analiza la coautoría y señala que cuando
varios participes dominan en forma conjunta el hecho (dominio funcional del
hecho), todos ellos deben responder como coautores. La coautoría no es una
suma de autorías individuales, sino una forma de responsabilidad por la
totalidad del hecho no puede, pues, ser autor solo el que ejecuta la acción
típica, esto es, el que realiza la acción expresada por el hecho rector del tipo
sino también todos los que dominan en forma conjunta, dominio funcional del
hecho.
Esta doctrina fue ya definitivamente asentada en la Sentencia del
Tribunal Supremo de 11 de septiembre de 2000, que con cita de la Sentencia
del Tribunal Supremo de 14/12/98 , señala que "la nueva definición de la
coautoría acogida en el art. 28 del Código Penal 1995 como "realización
conjunta del hecho" viene a superar las objeciones doctrinales a la línea
jurisprudencial que ya venía incluyendo en el concepto de autoría, a través de
la doctrina del "acuerdo previo", a los cooperadores no ejecutivos, es decir a
quienes realizan aportaciones causales decisivas, pero ajenas al núcleo del
tipo la "realización conjunta del hecho" implica que cada uno de los
concertados para ejecutar el delito colabora con alguna aportación objetiva y
causal, eficazmente dirigida a la consecución del fin conjunto. No es, por ello,
necesario que cada coautor ejecute, por si mismo, los actos materiales
integradores del núcleo del tipo, pues a la realización del mismo se llega
conjuntamente, por la agregación de las diversas aportaciones de los
coautores, integradas en el plan común. En consecuencia, a través del
desarrollo del "pactum scaeleris" y del condominio funcional del hecho, cabe
integrar en la coautoría, como realización conjunta del hecho, aportaciones
ajenas al núcleo del tipo, como la de quienes planifican, organizan y dirigen a
distancia la operación, sin intervenir directa y materialmente en su ejecución".
En este tema la Sentencia del Tribunal Supremo de 20-7-2001 precisa
que la autoría material que describe el art. 28 del Código Penal no significa, sin
más, que deba identificarse con una participación comisiva ejecutiva, sino que
puede tratarse también de una autoría por dirección y por disponibilidad
potencial ejecutiva, que requiere el conocimiento expreso o por adhesión del
pacto criminal, al que se suma en la consecución conjunta de la finalidad
criminal, interviniendo activa y ejecutivamente, o solamente si el caso lo
requiere, en función de las circunstancias concurrentes.
La coautoría aparece caracterizada, como hemos señalado, desde el
plano subjetivo, por una decisión conjunta de los autores que permite engarzar
las respectivas actuaciones enmarcadas de una división de funciones
acordadas. Desde el plano objetivo, las acciones de los coautores deben estar
enmarcadas en fase de ejecución del delito. Las sentencias del Tribunal
Supremo 29-3-93, 24-3-98 Y 26-7- 2000, han admitido como supuesto de
coautoría, lo que se ha denominado participación adhesiva o sucesiva y
también coautoría aditiva, que requiere la concurrencia de los siguientes
elementos.
1) Que alguien hubiera dado comienzo a la ejecución del delito.
2) Que posteriormente otro u otros ensamblen su actividad a la del
primero para lograr la consumación del delito cuya ejecución había sido
iniciada por aquel.
3) Que quienes intervengan con posterioridad ratifiquen lo ya realizado
por quien comenzó la ejecución del delito aprovechándose de la situación
previamente creada por él, no bastando el simple conocimiento.
4) Que cuando intervengan los que no hayan concurrido a los actos de
iniciación, no se hubiese producido la consumación, puesto que, quien,
interviene después, no puede decirse que haya tomado parte en la ejecución
del hecho.
En este sentido la Sentencia del Tribunal Supremo 1320/2011 de 9 de
diciembre establece, por ejemplo, que todos los que intervienen en una pelea
para la que existe una decisión común de agredir, aceptan lo que cada uno de
ellos haga contra la seguridad física de las víctimas, resultando también
coautores desde el punto de vista del dominio del hecho (Sentencia del
Tribunal Supremo 1503/2003, de 10 de noviembre).
Este principio de imputación recíproca rige entre los coautores, mediante
el cual a cada uno de los partícipes se les imputa la totalidad del hecho con
independencia de la concreta acción que haya realizado.
Ahora bien, también dice el Tribunal Supremo que en estos supuestos
es preciso comprobar que cada uno de los intervinientes sea, verdaderamente,
autor, esto es, tenga un dominio del hecho, y comprobar la efectiva acción
para evitar que le sean imputables posibles excesos no abarcados por la
acción conjunta bien entendido que no se excluye el carácter de coautor en los
casos de decisiones de alguno de los partícipes del plan inicial, siempre que
dichas decisiones tengan lugar en el marco habitual de los hechos
emprendidos, es decir, que de acuerdo con las circunstancias del caso
concreto, no quepa considerar imprevisibles para los partícipes.
Doctrina que reiteren las sentencias del Tribunal Supremo 1099/2007, de 14
de junio y º 338/2010, de 16 de abril, que no es necesario que cada coautor
ejecute por sí mismo los actos materiales integradores del núcleo del tipo, es
decir, la agresión letal en el caso del homicidio o del asesinato, pues a la
realización del delito se llega conjuntamente por la agregación de las diversas
aportaciones de los coautores, integrados en el plan común, siempre que se
trate de aportaciones causales decisivas. , -Sentencias del Tribunal Supremo
1240/2000 de 11de septiembre, y 1486/2000, de 27 de septiembre- que
señalan que la coautoría aparece cuando varias personas, de común acuerdo,
toman parte en la ejecución de un hecho típico constitutivo de delito. Tal
conceptuación requiere, de una parte, la existencia de una decisión conjunta,
elementos subjetivos de la coautoría y un dominio funcional del hecho con
aportación al mismo de una acción en la fase ejecutoria, que integra el
elemento objetivo. La mencionada decisión conjunta es consecuencia de un
acuerdo que puede ser previo o simultáneo a la misma ejecución, debiendo
valorarse, en su caso, la posible existencia de un exceso en algunos de los
coautores, pudiendo quedar exceptuados los demás de la responsabilidad por
el resultado derivado del mismo.
Por ejemplo, el Tribunal Supremo consideró la existencia de coautoría
en un asesinato en su Sentencia del Tribunal Supremo de 12 de julio de 2014 .
Es destacable que los hechos probados analizados en esa sentencia del
Tribunal Supremo guardan cierta similitud con los hechos que nos ocupan, en la
medida en que se trató de un robo con violencia cometido por varias personas en cuyo
curso se produjo resultado de muerte, y que como en nuestro caso, fue perpetrado sin
que los autores llevasen previamente armas o instrumentos peligrosos para cometer el
delito, sino que tomaron los instrumentos peligrosos con los que perpetraron el crimen
en el mismo lugar de los hechos. El Tribunal Supremo consideró a todos los
intervinientes como autores de asesinato.
Los hechos probados en aquel caso fueron literalmente los siguientes: “….los
procesados Calixto Teodulfo; Celso Florian , Fulgencio Inocencio y la cuarta
persona no identificada se dirigen a la edificación donde dormían los pastores
en dicha finca y se disponen a forzar la puerta de acceso a dicha vivienda,
dirigiendo patadas y golpes a la puerta, con tal virulencia que lograron forzar la
misma y arrancar parte del marco de la entrada de la puerta. Así las cosas,
portando piedras que habían tomado de la finca y utilizando una horca de
hierro que encontraron en una dependencia de la casa, se dirigieron a la
habitación donde se encontraba durmiendo Anton Everardo , a quien atacan de
forma sorpresiva mientras se encontraba durmiendo en la cama, cubriéndole la
cabeza, atándole las manos con un cinturón, propinándole diversos golpes en
el cuerpo valiéndose de piedras y la horca de hierro, diciéndole al tiempo
"dinero, dinero, te mato, te mato" y preguntándole si había alguien más allí.
Durante la agresión le echaron un líquido por la cara, que resultó ser cerveza,
pero que en dicho momento le hizo temer a Anton Everardo que fuera algún
líquido inflamable y que pudiera prenderle fuego.
Se apoderan del teléfono móvil Nokia 227Fold núm. NUM003 con IMEI.
Núm. NUM004, propiedad del pastor Anton Everardo , y cuarenta euros en
efectivo que portaba en su cartera. Uno de los agresores increpa al resto no le
peguen mas y salen de dicha habitación, logrando desasirse por sí mismo
Anton Everardo (…) . Los procesados, Calixto Teodulfo , Fulgencio Inocencio ,
Celso Florian , y la cuarta persona no identificada, salen del dormitorio Anton
Everardo y en la habitación dedicada a sala de dicha estancia, observan la
presencia pastor Jacinto Porfirio - quien probablemente se levantó alertado del
ruido - y al cual le atacan de forma violenta, despreciando y asumiendo un
resultado mortal, propinándole golpes con piedras en la cabeza y cara, tórax,
extremidades inferiores, especialmente en hombro, codo y mano derecha;
extremidades inferiores derecha e izquierda, hasta causarle la muerte. A
consecuencia de los múltiples golpes propinados a Jacinto Porfirio, se
ocasionaron múltiples hematomas y erosiones y un politraumatismo severo que
le llevan a una hemorragia interna aguda que le ocasiona el fallecimiento.
Culminada dicha agresión, y estando el fallecido en el suelo, los procesados
acuerdan mover el cadáver y lo dejan caer en el sofá de dicha sala, como
simulando estuviera sentado; Tras ello, en un momento determinado, pero
posterior a la agresión, Calixto Teodulfo se bebe una cerveza en lata en el
lugar de los hechos. Los procesados se apoderan del teléfono móvil Nokia N95.
Núm NUM005 e IMEI NUM006 propiedad del pastor Jacinto Porfirio , y de un
reloj de pulsera….”
Con base en este relato fáctico, el Tribunal Supremo, en esta
sentencia de 12 de julio de 2014 analiza la coautoría, efectuando una serie de
razonamientos que esta Audiencia Provincial asume porque los considera
perfectamente transponibles al caso que nos ocupa: “Se aprecia que la acción de
estos dos coacusados no fue algo extraño en la dinámica comisiva conjunta del
ataque y su actuación se inscribe, en el ámbito a la llamada teoría de las
desviaciones previsibles, reiteradamente aplicada por esta Sala -SSTS.
434/2008 de 20.6 , 1278/2011 de 29.11 , 1320/2011 de 9.12 , al examinar la
cuestión de la comunicabilidad de la responsabilidad por la muerte o las
lesiones producidas a la víctima del acto depredatorio por uno de los
integrantes del robo. A este respecto, la jurisprudencia de este Tribunal ha
establecido que «el previo concierto para llevar a término un delito de robo con
violencia o intimidación que no excluya «a priori» todo riesgo para la vida o la
integridad corporal de las personas, responsabiliza a todos los partícipes
directos del robo con cuya ocasión se causa una muerte o unas lesiones,
aunque sólo alguno de ellos sean ejecutores de semejantes resultados
personales», pues el partícipe no ejecutor material del acto homicida o lesivo
que prevé y admite del modo más o menos implícito que en el «iter» del acto
depredatorio pueda llegarse a ataques corporales, cuando menos se sitúa en el
plano del dolo eventual, justificándose tanto en el campo de la causalidad como
en el de la culpabilidad su responsabilidad en la acción omisiva o lesiva ( SSTS
de 31 de marzo de 1993 , 18 de octubre y 7 de diciembre de 1994 , 20 de
noviembre de 1995 y 20 de julio de 2001 ), especificando la Sentencia del
Tribunal Supremo de 21 de diciembre de 1995 que no se excluye el carácter de
coautor en los casos de desviaciones de alguno de los partícipes del plan
inicial, siempre que dichas desviaciones tengan lugar en el marco habitual de
los hechos emprendidos , es decir, que de acuerdo con las circunstancias del
caso concreto, no quepa considerar imprevisibles para los partícipes.
En definitiva es doctrina consagrada, por todas STS 474/2005, de 17-3 ,
que todos los que concurren en la ejecución de un hecho se ven ligados por un
vínculo solidaridad que les corresponsabiliza en el mismo grado, cualquiera
que sea la parte que cada uno tome, ya que todos de modo eficaz y directo a la
persecución del fin puesto con independencia de los actos que individualmente
realizasen para el logro de la ilícita finalidad perseguida.” (El subrayado es
nuestro).
En este mismo sentido, la Sentencia del Tribunal Supremo Penal de 9 de
julio de 2015 establece muy claramente, en relación precisamente al caso de robo
con violencia en los que se produce la muerte de la víctima, que “la jurisprudencia
de este Tribunal ha establecido que «el previo concierto para llevar a término
un delito de robo con violencia o intimidación que no excluya «a priori» todo
riesgo para la vida o la integridad corporal de las personas, responsabiliza a
todos los partícipes directos del robo con cuya ocasión se causa una muerte o
unas lesiones, aunque sólo alguno de ellos sean ejecutores de semejantes
resultados personales», pues el partícipe no ejecutor material del acto homicida
o lesivo que prevé y admite del modo más o menos implícito que en el «iter»
del acto depredatorio pueda llegarse a ataques corporales, cuando menos se
sitúa en el plano del dolo eventual, justificándose tanto en el campo de la
causalidad como en el de la culpabilidad su responsabilidad en la acción
omisiva o lesiva ( SSTS de 31 de marzo de 1993 , 18 de octubre y 7 de
diciembre de 1994 , 20 de noviembre de 1995 y 20 de julio de 2001 ). Así en
la Sentencia del Tribunal Supremo de 21 de diciembre de 1995 se indica que
no se excluye el carácter de coautor en los casos de desviaciones de alguno de
los partícipes del plan inicial, siempre que dichas desviaciones tengan lugar en
el marco habitual de los hechos emprendidos, es decir, que de acuerdo con las
circunstancias del caso concreto, no quepa considerar imprevisibles para los
partícipes.”
Lo hasta ahora expuesto determina claramente la coautoría de los dos
acusados, y ello por dos grupos de razones:
1.- La primera y principal razón es que se ha probado que los dos la
mataron: la sangre de Doña M. C. C. I., en la cazadora A. V. Á.,, en la
chaqueta de F. J. L.M., y en los guantes que los dos acusados llevaban en sus
dos manos, unido al hecho de que siempre permanecieron juntos, que tras la
muerte de Sra. M. C. C. I., ambos permanecieron juntos realizando un
prolongado y exhaustivo registro de la casa, que fueron detenidos cuando
estaban huyendo juntos por el balcón, que ninguno de ellos mencionó la
ejecución de los actos por los cuales la víctima resultó asfixiada, evidencia que
ambos ( los dos) ejecutaron los actos homicidas conjuntamente, asumiendo lo
que el otro hacía, por más que no pueda individualizarse qué golpe o qué acto
concreto propinó o ejecutó cada cual contra la Sra. M. C. C. I., pues lo
relevante es que ambos llevaron a cabo actos eficaces y decisivos a tal fin.
2.- Lo hasta aquí expuesto es suficiente para entender que hubo
coautoríae en el asesinato.
No obstante, la segunda razón por la que entendemos que en todo caso
los acusados son coautores del asesinato deriva de que aun en la hipótesis
(que no compartimos) de que todos esos actos ejecutivos dirigidos a matar a
Doña M. C. C. I., hubiesen sido realizados por uno solo de ellos y el otro
acusado hubiera permanecido físicamente inactivo, también apreciaríamos la
A. V. Á., Adrián pero asumido por F. J. L.M., , estaba contemplado en todo
momento el que la Doña M. C. C. I., no pudiera luego identificarlos, matándola
en un más que probable caso necesario. De ahí que eligieran hacerlo cuando
ella estaba en su casa, y, sin emplear la fuerza ni la intimidación, valiéndose
exclusivamente de la violencia, portando guantes pero no obstante a cara
descubierta, pese a que la Sra. M. C. C. I., conocía perfectamente a su vecino
A. V. Á., n y lo podría identificar caso de quedar viva. Por lo tanto, no fue
ninguna desviación del plan, sino precisamente la ejecución de lo que cuando
menos a título de dolo eventual (más que eventual habría) que decir en este
caso) estaba previsto desde el principio, y asumido y aceptado por los dos, que
poseían el dominio funcional del hecho.
En definitiva, y aunque ya hemos dicho en el punto 1 que está probado
que los dos acusados mataron a la Sra. M. C. C. I.,,
aunque aceptásemos
como simple hipótesis de trabajo que los actos ejecutivos los causó solo uno
de los acusados y no los dos, ha de reputarse coautores a los dos conforme al
artículo 28 del Código Penal. Pues debemos insistir en que los acusados
estaban previamente concertados para ejecutar un robo en una casa en la que
no sólo sabían que Doña M. C. C. I., vivía sola, sino en la que, además,
conocían que esa persona estaba en ese momento en su interior pues su
presencia, según el plan ideado por A. V. Á., y aceptado por F. J. L.M., , era
indispensable para lograr acceder a aquella y lograr sus propósitos. En tales
condiciones el reparto de papeles previo es lógico. Lo revela ya el hecho
mismo de que ambos hubieran acordado que primero A. V. Á.,, vecino de Sra.
M. C. C. I.,, hablase con la señora para que les dejase entrar, y que luego,
después entrar, F. J. L.M., agarrase a la víctima inmovilizándola
efectivamente
y que
luego se hiciese así, lo que denota una distribución de
funciones. En definitiva se produjo entre ellos una participación conjunta en el
que la contribución de cada uno era decisiva para lograr el fin buscado.
A este respecto, los acusados y sus respectivas defensas, aunque sin
utilizar esta denominación técnica, han tratado de introducir la tesis de la
“desviación del plan acordado”, en el sentido de que, como hemos explicado
muchas veces, la defensa de cada uno de los acusados se basa en afirmar que
a lo que fueron exclusivamente fue a robar, y que fue el otro acusado el que,
excediéndose o desviándose del plan inicialmente concertado por ambos ,
mató por su exclusiva cuenta y por decisión propia a la Sra. M. C. C. I.,. Por lo
tanto, según esta tesis que cada uno de los acusados esgrime, habría sido el
otro acusado el que se excedió en su conducta y por su cuenta en cuanto a la
ejecución del plan acordado inicialmente, con lo que no sería imputable al otro
el resultado de muerte producido.
Sin embargo debe descartarse tal posibilidad. En primer lugar, los dos
acusados fueron conscientes de que la muerte de Doña M. C. C. I., se
producía; los dos eran conscientes del proceso de asfixia a la que se la
sometió. Dicho de otra manera, aun de ser cierta la tesis que cada uno de los
acusados esgrime, relativa a que fue el otro acusado (y solo el otro acusado)
quien desarrolló los actos dirigidos a matar a la Sra. M. C. C. I.,, es claro que
ese acusado que así trata de defenderse y que según esta tesis
supuestamente habría permanecido inactivo, no podía ignorar, con los actos
de violencia que hasta entonces había visto, lo que se le estaba haciendo a la
Sra. M. C. C. I.,, sobre todo si tenemos en cuenta que los dos aceptaron
cometer los hechos a cara descubierta pese a que la víctima les habría podido
identificar si la dejaban viva, lo que unido a que llevaban guantes, sugiere que
pensaban no dejar testigo alguno que les pudiera reconocer. En consecuencia
cada uno era conscientes del peligro que sus actuaciones y también del peligro
de las que el otro implicado pudiera ejecutar, ninguno de
los dos llegó a
abandonar la casa antes que el otro, ni huyó al ver que el otro la había matado,
sino que por el contrario permanecieron juntos en todo momento en la vivienda
registrando durante un buen rato todas las dependencias de forma minuciosa,
registro que solo fue interrumpido cuando llegó la Policía, tras lo cual, lejos
todavía de separarse, siguieron juntos, trataron de huir juntos pasando al
balcón vecino, lugar en el que los dos fueron detenidos; y es más, aun en ese
momento, ninguno de ellos le dijo a la policía que el otro había matado a la Sra.
M. C. C. I.,, sino que, por el contrario, de nuevo juntos manifestaron
falsamente, con el fin de exonerarse (los dos) de la muerte de Doña M. C. C. I.,
, que además de ellos, había dos rumanos, los cuales todavía permanecían en
la casa de la Sra. M. C. C. I.,
SEXTO.-
CIRCUNSTANCIAS
MODIFICATIVAS
DE
LA
RESPONSABILIDAD CRIMINAL (I): REINCIDENCIA EN CUANTO AL ROBO
EN RELACIÓN A F. J. L.M., .-
No es discutido – y así consta en su hoja histórico penal- que cuando se
cometieron los hechos
F. J. L.M.,
tenía antecedentes penales no cancelados por
delito de robo. En concreto fue en su día condenado por hechos perpetrados
en fecha 26 de marzo de 2007 por sentencia firme del Juzgado de lo Penal nº 1
de Logroño de 4 de octubre de 2010 como autor de un delito de robo con
fuerza en las cosas de los artículos 237 y 238 del Código Penal a la pena de un
año de prisión
y multa
, y fue también anteriormente
condenado por
sentencia de 30 de mayo de 2009 , firme en esa fecha,
del Juzgado de
Instrucción nº 2 de Logroño como autor de otro delito de robo con fuerza en as
cosas perpetrado el 29 de mayo de 2009, a la pena de 3 meses y diez días de
prisión.
Por lo tanto, conforme al artículo 22.1.8, y en cuanto al delito de robo
con violencia perpetrado, concurre en
F. J. L.M.,
la agravante de reincidencia,
pues cuando cometió el delito de robo contra la Sra.
M. C. C. I.,,
tenía
antecedentes penales vigentes por un delito de igual naturaleza (robo) ,
comprendido en el mismo título del Código Penal.
SEXTO.-
CIRCUNSTANCIAS
MODIFICATIVAS
DE
LA
RESPONSABILIDAD CRIMINAL (II): ABUSO DE CONFIANZA, NO SE
APLICA.-
La acusación particular solicitó respecto de A. V. Á., la aplicación de la
circunstancia agravante de abuso de confianza (artículo 22.6 del Código
Penal), sobre la base de la relación previa que mantenía con la víctima, de la
que era vecino, fue lo que determinó a ésta a abrir la puerta permitiendo a los
acusados consumar los hechos.
Dos son las razones por lo que es inviable la apreciación de esta
circunstancia:
1) Porque la relación entre Doña M. C. C. I., Ibáñez y A. V. Á.,, aunque
existente por razón de simple vecindad, carecía de la intensidad y estrechez
que exige la aplicación de esta circunstancia.
2) En particular en cuanto al asesinato, porque habiéndose condenado a
los acusados como autores de asesinato con alevosía, la apreciación de la
alevosía impide la apreciación además del abuso de confianza, so pena de
incurrir en un bis in idem.
Nos explicamos.
1.- Ciertamente el artículo 22.6 del Código Penal establece que es
circunstancia agravante el obrar con abuso de confianza.
El Tribunal Supremo ( por ejemplo, Sentencia del Tribunal Supremo de
24-4-02 o el Auto del Tribunal Supremo de 19-4-2007, num. 719/2007 ) ha
enfatizado que esta agravante ha de ser objeto de interpretación restrictiva,
reservándose su apreciación para casos en que, definida una especial relación
entre agente y víctima, se aprecie manifiestamente un atropello de la fidelidad o
lealtad con la que se contaba. En definitiva, se tata de casos en los que la
relación sea subjetiva y anímica, y además suficientemente estrecha o íntima, o
en los que exista un quebrantamiento de la fidelidad que la víctima depositaba
en su agresor derivada de su previa relación personal.
En el presente caso, esta Sala considera que la relación de la víctima
con Adrián no era de tal naturaleza o intensidad como para poder apreciar esta
circunstancia agravante.
Las testigos J.C.C y C. K. M. C fueron claras cuando refirieron que la
relación era eminentemente vecinal , poco más que de “ hola” o ”adios” cuando
se encontraban en la escalera, y que aunque la relación de A. V. Á., con la
víctima era un poco mayor que la de ellas, tampoco era intensa ni fluida, se
limitaba al hecho de que la víctima le había solicitado algún favor o algunos
arreglos de aparatos . Pero eso solo patentiza una relación superficial derivada
de que se conocían por porque eran vecinos del mismo edificio, pero sin que
pueda hablarse ni de “convivencia vecinal” , cuya existencia no consta en este
caso, pues una cosa es conocer al vecino y tener una relación superficial con
él, y otra muy distinta la “convivencia vecinal” que a veces menciona el Tribunal
Supremo como configuradora de esta agravante (ejemplo en la Sentencia núm.
459/2014, de 4 junio), pues esa convivencia sugiere una relación estrecha,
vivencias juntas o compartidas de ambas personas que son vecinas ( de ahí la
expresión “ convivencia”), lo que desde luego no se da por el hecho se saber
quién es el vecino, saludarle con un “ hola” o un “adios” por la escalera, o
pedirle algún favor vecinal puntual. En este caso, desde luego no consta que
Doña M. C. C. I., hubiera ido nunca a casa de A. V. Á.,, ni que éste o su novia
hubiera sido invitados ( por ejemplo a cenar o a merendar, etc) por la Sra. M. C.
C. I., a ir a su casa; lo único que consta es que antes de los hechos A. V. Á.,
estuvo una vez en casa de Sra. M. C. C. I., para ver su telefonillo porque el de
su casa se había estropeado, pero de ahí no cabe suponer ese deber de
lealtad y en definitiva fidelidad al que alude la Jurisprudencia, ni una relación
estrecha y /o íntima entre ambos. .
En definitiva, sí es cierto que A. V. Á., aprovechó esa relación vecinal
superficial que tenía con la víctima para conseguir que esta le abriera al puerta
a él y a F. J. L.M., el día de los hechos, y sí es verdad que fue esa relación
vecinal la que determinó a la Sra. M. C. C. I., a creer en le pretexto que ambos
acusado utilizaron para que ella les abriese ( que se había roto el telefonillo).
Pero eso no supone un quebrantamiento de un deber de fidelidad ese
aprovechamiento.
2.- Pero es que además, aun prescindiendo de todo lo anterior, en lo
referido
al delito de asesinato existe otro argumento harto poderoso que
impide la apreciación de la agravante genérica de abuso de confianza, como es
el hecho de que se ha apreciado la alevosía.
Efectivamente, utilización por los acusados del ardid que utilizaron,
basado en la relación de vecindad de A. V. Á., con la víctima, para conseguir
que ésta les abriese la puerta de su casa, de hecho, ya lo hemos tenido en
cuenta al apreciar la alevosía, pues no cabe duda de que el carácter sorpresivo
y repentino del ataque que cogió indefensa a la víctima fue conseguido en
buena medida gracias a que la Sra. M. C. C. I., estaba tranquila y sin
sospechar anda debido a que quien entraba a su casa era su vecino y un
amigo de éste. Volver ahora a tener en cuenta esta circunstancia, supondría
tener en cuenta el mismo hecho dos veces (bis in idem), por un lado para
configurar la alevosía, por otro para configurar esta , por otra parte, inexistente
agravante.
No puede olvidase que en este caso la condena producida lo es por
asesinato por expresa apreciación de la alevosía, atendidas las circunstancias
del acometimiento causante de la muerte de la víctima, y esta permitiría
subsumir en la configuración de la alevosía el abuso de confianza en los
términos en que se plantea en el presente caso, so pena de incurrir en un bis in
idem en cuanto a las circunstancias agravantes la alevosía, que lleva a la
calificación delictiva de asesinato, y el abuso de confianza , atendido lo que
señala la importante sentencia de la Sala 2ª del Tribunal Supremo, nº
479/2001, de veinte de marzo (rec. 524/2000 ) , en su fundamento de derecho
cuarto:
"... Se combate la aplicación de la agravante de abuso de confianza en
la muerte de María Antonieta. Este motivo, que es apoyado por el Ministerio
Fiscal, debe ser estimado. El Tribunal de instancia ha apreciado tanto la
agravante de alevosía como la de abuso de confianza en la muerte de María
Antonieta.
Tiene declarado esta Sala (Cfr. sentencia de 22 de junio de 1993 ) que la
alevosía requiere de un elemento normativo que se cumple si acompaña a
cualquiera de los delitos contra las personas; de un elemento instrumental que
puede afirmarse si la conducta del agente se enmarca, en un actuar que
asegure el resultado, sin riego para su persona, en algunas de las modalidades
que doctrina y jurisprudencia distingue en el asesinato alevoso; y de un
elemento culpabilístico, consistente en el ánimo de conseguir la muerte sin
ofrecer a la víctima posibilidad alguna de defensa. En cuanto a los modos,
situaciones o instrumentos de que se valga el agente para asegurar el
resultado excluyendo toda defensa y consiguiente riesgo para su persona, la
doctrina de esta Sala distingue tres supuestos de asesinato alevoso. La
alevosía llamada proditoria o traicionera, si concurre celada, trampa o
emboscada; la alevosía sorpresiva, que se materializa en un ataque súbito o
inesperado; y la alevosía por desvalimiento, en la que el agente se aprovecha
de una especial situación de desamparo de la víctima que impide cualquier
manifestación de defensa.
Y es asimismo doctrina de esta Sala, como es exponente la Sentencia
de 11 de diciembre de 2000 , que elabuso de confianza exige, como
circunstancia agravante, una relación especial subjetiva y anímica, entre el
ofensor y la víctima, relación de confianza que ha de encontrar su razón o
causa en una serie de circunstancias distintas, nacidas de diversas
motivaciones, bien sean relaciones laborales, amistosas, convivencia de
vecindad, razones familiares o cualquier otra, que genere una especial
confianza en virtud de la cual se inhibe la sospecha o la desconfianza. La
agravante requiere además que el autor se aproveche de las facilidades que
para la comisión del delito implican los referidos vínculos, lo que significa una
mayor posibilidad en la ejecución del mismo. Y esa confianza ultrajada se
manifiesta como un plus de culpabilidad, al revelar una mayor perversión en la
ejecución de unos actos constitutivos de unos delitos que no llevan implícita el
abuso de la confianza como elemento esencial o constitutivo de la figura
delictiva de que se trate.
Esta Sala igualmente ha examinado la compatibilidad o no de la
agravante de alevosía con la de abuso de confianza . Así en la sentencia de 31
de marzo de 1990 se inclina por la incompatibilidad, aunque otras sentencias
ven necesario precisar la modalidad alevosa que se ha tenido en cuenta antes
de pronunciarse sobre esa compatibilidad. Con ese criterio, la Sentencia de
esta Sala 1443/2000, de 20 de septiembre , señala que la alevosía proditoria o
a traición destaca como elemento esencial el abuso de confianza con el que
actúa el sujeto activo respecto al pasivo que no teme, dada la relación de
confianza existente, una agresión como la efectuada, y nos recuerda otra, la
210/96, de 11 de marzo en que se declara que "la alevosía requiere
esencialmente más el aprovechamiento de la confianza de la víctima,
generadora de la situación de indefensión, que una superioridad física y
material del autor". En el mismo sentido la STS 343/2000, de 7 de marzo , en la
que se afirma que la modalidad de alevosía proditoria "requiere traición y éste
presupone una especial relación de confianza que ha sido defraudada por el
autor".
En el caso que examinamos en el presente recurso, indudablemente
existía una relación afectiva entre el acusado y María Antonieta , con la que
había tenido el hijo cuya muerte violenta igualmente causó, y la convivencia
que ambos mantenían es lo que a juicio del Tribunal del Jurado y del Tribunal
Superior de Justicia justifica la agravante de abuso de confianza por haberse
aprovechado, se dice por este último, de los lazos delealtad y confianza que
tenía con la víctima. Sin embargo, conforme a la doctrina jurisprudencial antes
expresada, hay que destacar que la apreciación de la agravante de alevosía ,
según razona el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, surge por la
inexistencia de reacción defensiva al encontrarse la víctima durmiendo o que al
menos hubo una agresión súbita e inesperada que impide la reacción y permite
rematar a la víctima, actuación alevosa en cuanto se aprovecha la sorpresa
para asegurar el resultado y eliminar el riesgo de una eventual defensa de la
ofendida. Y estos razonamientos de la sentencia recurrida en casación
permiten sostener que, en este caso, ha sido esa especial relación personal y
de convivencia que la víctima mantenía con su agresor la que le indujo a
quedarse dormida o mantener una actitud de confianza que fue aprovechada
por su agresor para causar la muerte sin ofrecerle posibilidad alguna de
defensa.
Así las cosas, apreciada la agravante de alevosía , en este caso no
puede aplicarse, asimismo, la de abuso de confianza en cuanto responde a una
mayor facilidad comisiva que está implícita en aquella, y la apreciación de
ambas supondría penar dos veces el aprovechamiento por el agresor de la
ausencia de reacción defensiva basada en una relación de confianza que
inhibe la sospecha frente a una posible agresión ...".
En similar sentido, expone sintéticamente la Sentencia del Tribunal
Supremo
de fecha 7 de junio de 2007 , que "... Respecto a la agravante
de abuso de confianza , el Ministerio Fiscal ha apoyado el motivo. Dice el Fiscal
que toda la acción desde su inicio tiende a asegurar la ejecución del delito
como medio de comisión alevosa, lo que conlleva que el aprovechamiento de la
relación de confianza quede embebido en la alevosía. La Sala comparte ese
criterio. En la mayor parte de los casos, especialmente en los ataques
sorpresivos y a traición, la alevosía implica el aprovechamiento por el autor de
un cierto grado de confianza de la víctima, que no espera la agresión. En el
caso, es precisamente el aprovechamiento de la confianza de la víctima lo que
permite a la recurrente ejecutar el hecho de la forma alevosa en que lo hizo. ..".
SÉPTIMO.RESPONSABILIDAD
CIRCUNSTANCIAS
CRIMINAL
(III):
MODIFICATIVAS
AGRAVANTE
DE
DE
LA
ABUSO
DE
SUPERIORIDAD, SE APLICA AL DELITO DE ROBO EN LOS DOS
ACUSADOS .-
La acusación particular solicitó respecto de ambos acusados la
aplicación de la circunstancia agravante de abuso de superioridad (artículo 22.2
del Código Penal), solicitud de aplicación que hizo extensiva a ambos delitos
por los que acusó, pues no distinguió; esto es, al robo y al asesinato.
Nosotros sin embargo sí vamos a distinguir entre el delito de asesinato y
el delito de robo.
Y así:
1.- En cuanto al delito de asesinato, resulta cristalino que no se puede
aplicar la misma, y no porque no existiera esa situación de superioridad, (que
existió) sino porque ya la hemos tenido en cuenta al configurar el asesinato por
alevosía.
La Jurisprudencia viene reiterando desde antiguo que la aplicación de
alevosía excluye necesariamente la aplicación del abuso de superioridad.
Ambas agravantes surgen de un tronco común, consistente en ejecutar la
agresión
buscando
de
propósito
o
aprovechándose
consciente
y
deliberadamente de las circunstancias concurrentes para llevar a cabo la
acción punible en una situación de ventaja respecto de la defensa que pueda
oponer la víctima del ataque. Cuando esa ventaja o desproporción entre
agresor y agredido es absoluta, surge del tronco común la rama de la alevosía,
en aquellos casos en los que ya no se está ante un desequilibrio de fuerzas
que limita la defensa de la víctima, sino ante una situación objetiva de absoluta
indefensión que impide toda posibilidad de defenderse al atacado y asegura la
ejecución sin riesgo para el atacante. Como se dice en la Sentencia del
Tribunal Supremo 76/2009, de 4 de febrero, "es claro, pues, que el abuso de
superioridad se encuentra insito en la alevosía.”
El abuso de superioridad no es, por lo tanto, sino una “alevosía menor” o
“de segundo grado.”
Por consiguiente, si se aprecia alevosía (aseguramiento de la
imposibilidad de defensa), es imposible apreciar, además, el abuso de
superioridad (dificultad de defensa), so pena de aplicar dos veces en perjuicio
del reo la misma circunstancia, incurriendo en un flagrante y censurable “ bis in
idem”.
Por lo expuesto, siendo la condena de los acusados de asesinato con
alevosía, se rechaza la aplicación de la circunstancia de abuso de superioridad.
2.- En el caso del delito de robo con violencia en casa habitada,
creemos empero que no existe óbice alguno a la aplicación de esta
circunstancia de abuso de superioridad, pues concurren todos sus elementos.
La sentencia de la Sala 2ª del Tribunal Supremo de 16 de abril de
2014 (nº 311/2014, rec. 10775/2013 ), reconociendo que no son abundantes
los pronunciamientos sobre la existencia de esta agravante de abuso de
superioridad en delitos violentos contra el patrimonio ( como lo es el robo con
violencia), indica que su compatibilidad no tiene que ofrecer cuestión alguna, ya
que esta circunstancia agravante se puede afirmar en todas aquellas conductas
delictivas que presupongan una agresión física a la vida, sin que exista razón
alguna que limite su aplicación a los delitos contra la vida o integridad física; y
termina precisando que tres serían las situaciones que podrían producirse:
1º varios acusados que intervienen en la intimidación o violencia hasta
que se consuma el apoderamiento: robo con violencia, tipo básico del art. 242.1
con agravante genérica abuso superioridad, art. 22.2.
2º un solo acusado que hace uso de arma para cometer el robo: tipo
agravado, art. 242.2.
3º varios acusados armados, todos o alguno de ellos, que ejecutan así el
acto de apoderamiento: tipo agravado art. 242.2 con la agravante genérica
de abuso de superioridad personal, art. 22.2.
Pues bien, en el presente caso es claro que los agentes conocían y se
aprovecharon de un claro desequilibrio numérico a su favor. Recuerdes que
Adrián fue quien ideó el plan, pero pudiendo cometerlo él solo, decidió hacerse
acompañar de otra persona, con el fin de asegurarse el éxito de sus propósitos.
Primero intentó que le acompañase x y al no querer éste, se lo propuso a
L.M., ,
F. J.
al que consideraba que conocía las artes marciales ( “muay thai”) y que
podía hacer una llave “mataleones”.
F. J. L.M.,
aceptó acompañar a
A. V. Á.,
y el
plan de éste. En definitiva, buscaron la superioridad numérica, y de hecho, los
autores eran dos, jóvenes, uno de ellos de fuerte complexión y conocedor de
artes marciales, mientras que su víctima era una mujer de 53 años que vivía
sola en su casa, lugar donde la pensaban abordar.
Se puede plantear si es factible apreciar esta circunstancia agravante de
abuso de superioridad por lo que se refiere al delito de robo con violencia,
habiendo apreciado también la situación de indefensión de la víctima para
entender concurrente la alevosía y por ende, la comisión del delito de
asesinato.
Pero no vemos impedimento ninguno para ello.
Se produciría bis in idem si en el delito de asesinato por alevosía por el
que hemos condenado, además, apreciásemos el abuso de superioridad (cosa
que ya hemos explicado que no es posible y que descartamos de plano pese a
la solicitud en tal sentido de la acusación particular). Sin embargo, no hay bis in
idem por el hecho de apreciar esta agravante, cuya aplicación impetra la
acusación particular, en cuanto al delito de robo por el que los acusados han
sido también condenados, en el cual por razones obvias no se solicitó por las
acusaciones la alevosía (el artículo 22.1 del Código Penal establece que la
alevosía solo cabe apreciarla en los “delitos contra las personas” y el delito de
robo se encuentra dentro del título relativo a los delitos contra el patrimonio).
En este sentido que exponemos, adelantamos ya (aunque enseguida lo
veremos con más pormenor) que el Fundamento de Derecho Sexto de la
Sentencia del Tribunal Supremo de 29 de enero de 2014 (Ponente Ecxmo. Sr.
Varela Castro) , que confirmó una condena por delito de asesinato con alevosía y
además delito de robo con violencia con abuso de superioridad, razonó que “en
cuanto a la apreciación de la agravante de superioridad en este delito (se
refiere al robo con violencia) - que no admite la estimación de la alevosía por
falta del presupuesto normativo de no ser delito contra las personas- basta
atender a lo descrito como probado para hacer arbitraria cualquier duda sobre
la asimetría de fuerzas y capacidad de agresión entre el plural grupo de
coautores y las dos víctimas.”
A mayor abundamiento, obsérvese que en la hipótesis de que los
acusados no hubieran matado a la Sra.
M. C. C. I.,,
y se hubieran limitado a
cometer el delito de robo con violencia, no cabría duda ninguna de la
apreciación de esta agravante de abuso de superioridad: como hemos dicho,
los acusados eran dos, jóvenes, uno de ellos conocedor de artes marciales, y
se aprovecharon de esta desigualdad para acometer a la víctima, no en vano
inmovilizada por detrás por uno de ellos. Por lo tanto, no tiene sentido dejar de
aplicar esta agravante en cuanto a ese robo cometido de esta forma, si además
de cometer ese robo intentado de la forma expuesta, dan muerte a la Sra.
C. I.,
M. C.
, valiéndose no solo de esa superioridad sino además, del efecto sorpresa
causado por el previo conocimiento que la Sra.
M. C. C. I.,
tenía en uno de los
acusados y que a había determinado a dejarlos entrar en la casa (alevosía
sorpresiva), y además, el desvalimiento en que esta se encontraba cuando
estando en el suelo recibió los actos de violencia que propiciaron su muerte (
alevosía por desvalimiento). Lo contrario produciría, en cuanto al delito de robo,
el efecto paradójico de “premiar” (permítasenos la expresión) a los acusados en
el caso de que, además de cometer el robo , matasen a la
M. C. C. I.,;
pues si no
lo hubieran hecho, se les hubiera aplicado en el robo sin duda alguna la
agravante de abuso de superioridad; sin embargo, según esta tesis, en el caso
de que además de robar matasen a la víctima, dejaría de aplicarse en el robo la
agravante citada, por el hecho de serles apreciada respecto de una infracción
distinta ajena por completo al robo ( delito contra las personas consistente en
dar muerte a la victima) la circunstancia de alevosía, configurando el delito de
asesinato.
En este sentido, ya hemos adelantado que existen sentencias del
Tribunal Supremo que avalan este criterio.
Podemos citar al respecto por ejemplo:
- a) La Sentencia del Tribunal Supremo nº 434/2015 de 25 de junio de
2015, ponente Excmo Sr. Maza Martín.Esta sentencia confirma la sentencia que había dictado la Audiencia Provincial de
Murcia sección 5ª en fecha 7 de octubre de 2014, en la cual se había condenado a los
acusados, entre otros delitos por asesinato por alevosía y por delito de robo con violencia
con la concurrencia de la circunstancia de abuso de superioridad.
Los hechos probados de los que partió esta sentencia del Tribunal Supremo fueron
los que declaró probados la Audiencia Provincial, y fueron los siguientes: “HECHOS
PROBADOS: "Son hechos probados, y así se declaran, que los acusados,
Ceferino…; Constancio ,….y Diego ….idearon un plan para acceder a la
vivienda sita en la FINCA000 NUM003 de la localidad de Cuesta Blanca,
término municipal de Cartagena, en la que residía el matrimonio formado por
Marco Antonio , nacido el NUM004 de 1948, y Begoña , nacida el NUM005 de
1951, tratándose de una vivienda unifamiliar, tipo chalet, aislada de otras
viviendas, si bien existen naves frente a recinto, a la que se accede a través de
un camino de tierra delimitado a ambos lados por cañares y matorrales, y en
cuya finca Marco Antonio tenía un negocio de explotación de cerdos y venta de
productos cárnicos derivados del mismo, denominado Cárnicas Franvi. Así, el
día 18 de septiembre de 2010 los tres acusados se reunieron en la vivienda de
Diego , sita en el PARAJE000 , nº NUM006 , de la localidad de Perín, a 5,5
kilómetros de la vivienda de las víctimas, planeando como iban a actuar, en
concreto los acusados Constancio y Ceferino entrarían en la vivienda y
amordazarían al matrimonio, Diego los esperaría en un vehículo y, una vez que
aquéllos terminaran, lo llamarían y los recogería, entregando Diego a los otros
acusados las armas que iban a utilizar, concretamente a Ceferino una escopeta
de cañones recortados, que cargó en ese momento, y a Constancio un
machete, armas que Diego tenía en su domicilio, aceptando los tres las
consecuencias de su uso. A continuación, sobre las 12:00 horas de la noche,
aproximadamente, los tres acusados, en un turismo marca BMW 320, matrícula
G-....-GF , usado habitualmente por Constancio , se dirigieron a aquella
vivienda del matrimonio y, una vez allí, Ceferino , portando la escopeta de
cañones recortados cargada, y Constancio , con el machete, y usando ambos
pasamontañas y guantes de color oscuro, accedieron al interior de la vivienda a
través de una ventana, situada a unos dos metros del suelo y que daba al
dormitorio del matrimonio, rompiendo para ello la tela metálica de la ventana.
Encontrándose en ese momento el matrimonio en la habitación, sobre la cama,
Ceferino y Constancio se abalanzaron sobre ellos y los ataron de pies y manos,
concretamente a Marco Antonio lo ataron con las manos a la espalda y los
tobillos con cita americana, por lo que era completamente incapaz de oponer
resistencia, y al tiempo que les exigían dinero les manifestaban que los iban a
matar. En esa situación Constancio apuntaba con el machete a Begoña y
Ceferino con la escopeta apuntaba a Marco Antonio , hasta que, en un
momento dado, Constancio salió de la habitación para ir a buscar dinero y en
ese momento Ceferino disparó en la cabeza de Marco Antonio , haciéndolo a
cañón tocante y en todo caso a una distancia inferior a 70 centímetros,
causando la destrucción del macizo facial por encima de la nariz, afectándose
toda la parte superior de la cabeza, así como estallido de la bóveda craneal con
pérdida de masa encefálica y, en consecuencia, el fallecimiento de Marco
Antonio . A continuación, de forma inmediata, Ceferino y Constancio huyeron
del lugar y llamaron a Diego , que los recogió en la finca, dirigiéndose al
domicilio de este último en el referido vehículo, y seguidamente, mientras que
Constancio y Ceferino se marcharon en el mismo vehículo, llevándose los
pasamontañas y los guantes, de los que Constancio se deshizo en el camino
hacia la Aljorra donde residía Ceferino , Diego se quedó en su vivienda con la
escopeta y el machete, que destruyó e hizo desaparecer.”
La sentencia recurrida, que la había dictado la Audiencia Provincial de
Murcia sección 5º en fecha 7 de octubre de 2014 , amén de condenar a los autores
como reos de asesinato por alevosía, había razonado la aplicación de la agravante del
abuso de superioridad en cuanto al delito de robo de la siguiente forma: “en el presente
caso es claro que los agentes conocían y se aprovecharon de un claro
desequilibrio medial a su favor. Conocían del aislamiento de la vivienda de las
víctimas (la casa más próxima se encuentra a unos cuatrocientos metros,
precisa en el plenario la Sra. Adelaida ), sabían que los moradores de esa
vivienda era un matrimonio ya de cierta edad (él tenía 62 años y ella 59 años)
y, de acuerdo con el plan criminal, la casa es asaltada por la noche, sobre las
12 horas de la noche, y los asaltantes fueron dos, varones con clara
superioridad física, que además iban bien armados, uno con una escopeta de
cañones recortados y el otro con un machete.”
La apreciación que hizo esa sentencia del abuso de superioridad en el delito de
robo, fue uno de los motivos de recurso de casación interpuesto por los
acusados, y el Tribunal Supremo desestimó este motivo de recurso en la
sentencia citada, sin cuestionarse en ningún momento que cupiera la aplicación
de la misma, sobre la base del siguiente razonamiento: “Acerca de la indebida
aplicación, al delito de robo, de las circunstancias agravantes de abuso de
superioridad ( arts. 22. 2 º y 65 CP ) y de disfraz ( art. 22. 2º CP ) a las que
aluden los motivos Décimo Quinto y Décimo Sexto, no sólo la tesis del Recurso
pugna con la literalidad del relato de hechos declarados como probados, sino
que de nuevo estamos, como en el apartado anterior, frente a la
comunicabilidad de las circunstancias de agravación concurrentes en el
ejecutor material del hecho delictivo hacia quienes, como quien aquí recurre,
planificaron con él un hecho en el que se incluían las bases para la presencia
de esas agravaciones, como lo son el empleo de armas o la utilización de
medios para ocultar la identidad de los autores.”
- b) La Sentencia del Tribunal Supremo de fecha 16 de abril de 2014
(Ponente Excmo sr. Berdugo), que confirma otra dictada por la Audiencia
Provincial de Las Palmas de Gran Canaria, Sección Primera, de fecha 21 de
mayo de 2.013, que condenó a los autores como reos de delito de asesinato
con alevosía en grado de tentativa y delito de robo con violencia en grado de
tentativa, con la concurrencia de la circunstancia agravante de abuso de
superioridad.
Son hechos probados de los que parte esta sentencia los siguientes:
“Probado y así se declara que sobre las 02:00 horas del día 1 de septiembre de
2010 los procesados don Antonio (también conocido como Octavio (mayor de
edad y condenado mediante sentencia firme de fecha 12 de agosto de 2009
como autor de un delito de tenencia ilícita de armas a las penas de dieciocho
meses de prisión y privación del derecho a la tenencia y porte de armas por
tiempo de seis años, y mediante sentencia firme de fecha 6 de octubre de 2010
por delito de lesiones a la pena de dos años y tres meses de prisión) y don
Emilio (mayor de edad y sin antecedentes penales), en compañía de un tercero
aun no enjuiciado, llamado Eleuterio , puestos previamente de acuerdo y con el
fin de apoderarse del dinero que don Casimiro pudiese tener en su domicilio,
sito en el n° NUM000 de la CALLE000 , en Puerto del Carmen (término
municipal de Tías, isla de Lanzarote y provincia de Las Palmas), se dirigieron al
mismo con una media que les cubría el rostro, a fin de no ser reconocidos, y,
tras saltar un muro, entraron en el jardín y desde éste a la terraza, entrando
primero el llamado Eleuterio , seguido de Antonio , quien portaba una katana de
grandes dimensiones, y, por último, Emilio , quien cubría a los demás portando
una pistola de fogueo marca Blow, previamente modificada por los acusados,
conocedores de que la misma era apta para el disparo de proyectiles,
igualmente modificados previamente a tal efecto. En el momento en que don
Casimiro se disponía a salir, desde el salón, a la terraza de su casa, entró en
aquél el llamado Eleuterio , forcejeando Casimiro con Eleuterio para tratar de
sacarlo al exterior. Durante dicho forcejeo el acusado Antonio comenzó a
golpear a Casimiro con la katana desde atrás, propinándole un primer golpe por
la espalda, para, seguidamente, golpearle varias veces en distintas partes del
cuerpo, momento que el llamado Eleuterio aprovechó para huir y marcharse de
la vivienda. Mientras Casimiro era golpeado con la katana por Antonio , el
acusado Emilio , apuntaba con la pistola a Casimiro y le decía que parase o le
disparaba, en alusión a que dejase de oponer resistencia. Seguidamente, el
acusado Antonio cayó al suelo, consiguiendo finalmente Casimiro zafarse y
cerrar con llave la puerta cristalera del salón, tras lo cual el acusado Emilio se
acercó a la puerta y, con el propósito de acabar con la vida de Casimiro , que
se encontraba aproximadamente a un metro de distancia, le apuntó con la
pistola hacia el pecho y le disparó, sin que consiguiese su propósito, dado que
el proyectil, tras atravesar el cristal, se desvió de su trayectoria al tratar
Casimiro de protegerse con el antebrazo izquierdo, donde resultó herido antes
de que el proyectil se alojase definitivamente en la cara anterior del tóraxabdomen, sin llegar a penetrar en dichas cavidades. No obstante lo anterior, los
acusados Antonio y Emilio intentaron forzar la cerradura de la puerta del salón
para abrir ésta, y, al no conseguirlo, se marcharon de la vivienda.”
En cuanto a la apreciación de asesinato intentado con alevosía, el
Tribunal Supremo comparte el criterio de la Audiencia Provincial que dictó la
sentencia apelada, pues razona así: “En el caso presente la sentencia de
instancia (fundamento jurídico 2º, Pág. 18), considera que la actitud alevosa en
la conducta de los acusados concurre durante toda la agresión de que fue
objeto la víctima, en las modalidades de alevosía sorpresiva y de prevalimiento.
"así, el inicio de los hechos, mediante la entrada en su vivienda, en horas de
madrugada, por parte de tres individuos se produjo de forma sorpresiva y, de
igual manera, fue utilizada la Katana por parte del acusado Antonio así, quien
atacó por la espalda a la víctima. Por otra parte, los medios en ejecución
empleados (una Katana y una pistola) objetivamente tienden a suprimir
cualquier defensa que pueda efectuar la víctima, a la que el acusado Emilio le
disparó en un momento en que no era previsible un nuevo ataque, puesto que
ya había logrado cerrar la puerta del salón, sino, además, cuando aquella tenia
notablemente mermadas sus posibilidades de defensa, pues previamente
había sido golpeada en varias partes del cuerpo con una Katana".
Razonamiento acertado pues inicialmente se produjo un ataque sorpresivo a la
víctima en su propio domicilio y a las dos de la mañana, en el momento en que
se disponía a salir, desde el salón a la terraza de su casa, y cuando forcejeaba
con uno de ellos, otro -el recurrente Antonio - le golpeó repetidamente con la
Katana por la espalda, y cuando a pesar de ser golpeado en distintas partes del
cuerpo, consiguió zafarse y cerrar con llave la puerta cristalera del salón, el
tercer asaltante se acercó a la puerta y le disparó al pecho con una pistola a un
metro de distancia.”
Sin embargo, el Tribunal Supremo también coincide con la Audiencia
Provincial en cuanto a que debía apreciarse la agravante de abuso de
superioridad en cuanto al delito de robo con violencia, sin cuestionarse jamás
que por el hecho de haber apreciado la alevosía para configurar el homicidio,
no cupiese apreciar la agravante de abuso de superioridad en el delito de robo
con violencia. Y dice el Tribunal Supremo: “Es cierto que no son abundantes
los pronunciamientos sobre la existencia de esta agravante de abuso de
superioridad en delitos violentos contra el patrimonio, sin embargo su
compatibilidad no tiene que ofrecer cuestión alguna, ya que esta circunstancia
agravante se puede afirmar en todas aquellas conductas delictivas que
presupongan una agresión física a la vida, sin que exista razón alguna que
limite su aplicación a los delitos contra la vida o integridad física ( SSTS.
1630/2003 de 28.11 , 842/2005 de 28.6 , 1020/2007 de 29.11 ).
El criterio de demarcación entre unos y otros supuestos punible será cuestión
de grado. En efecto, no cabe duda que el atentado violento contra la propiedad
hace imprescindible su coeficiente de imposición, necesario para doblegar la
voluntad o neutralizar la oposición del afectado, sin el que el mismo no podría
darse. Ahora bien, cuando el desarrollado en concreto hubiese resultado
manifiestamente innecesario por excesivo, para el fin del despojo, en términos
de experiencia corriente y a tenor de las circunstancias personales y de la
posición de los sujetos, esa violencia sobreabundante, que no debe quedar
impune, pasaría a constituir la circunstancia de agravación ( STS. 85/2009 de
6.2 ).
Es compatible con el robo con uso de arma, siendo necesario que el agente
conozca y se aproveche de este desequilibrio medial a su favor, cosa que no
ocurre cuando los tres los asaltantes de madrugada y portando un cuchillo
( STS. 872/99 de 25.5 ).
El abuso de superioridad nace de una situación objetiva que existe entre los
agresores y su víctima, conocida y aprovechada por todos los acusados que en
número de tres se concertaron para sustraerle el dinero que portaba,
aprovechándose sin duda de la casi imposible resistencia de una sola persona
frente a tantos agresores ( SSTS. 1630/2003 de 28.11 , 842/2005 de
28.5 , 1020/2007 de 29.11 ).
Es cierto que hay casos en que no puede ser apreciada en el delito de robo con
violencia y uso de arma, pero es en los casos en que el empleo de ésta es lo
que determina vía básicamente la superioridad de la que se abusaba ( STS.
1771/2002 de 23.10 ), en efecto en el delito de robo con violencia el tipo del art.
242 prevé el uso de armas u otros medios peligrosos que llevara el delincuente
constituyendo una agravación especifica de forma que las mismas no pueden
determinar la situación objetiva en que consiste el abuso de superioridad en la
mayoría de los casos ( STS. 335/2007 de 28.3 ), por cuanto puede observarse,
tanto la superioridad --y consiguiente disminución de las posibilidades de
defensa de la víctima-- que se derivan del empleo de armas o instrumentos
peligrosos, y la derivada del abuso de superioridad , ofrecen, cuando menos,
aspectos
comunes,
son,
por
decirlo
así
círculos
con
aspectos
tangentes/coincidentes, y es que como se dice en la STS de 10 de Noviembre
de 2006 , la manifestación más clara del abuso de superioridad está constituida
por el empleo de armas, que es la modalidad más usual de aquélla, por ello,
cuando la superioridad objetiva del agresor sobre la víctima está constituida por
la existencia de armas por parte del agresor, no procedería la utilización de
esta agravante. Pero en el abuso de superioridad puede distinguirse la física y
la instrumental, esto es requiere una situación de superioridad derivada de
cualquier circunstancia bien referida a los medios empleados (superioridad
medial) bien el hecho de que concurra una pluralidad de atacantes
(superioridad personal). Solo en el primer caso se produciría vulneración del
principio non bis in idem, pero si la situación de superioridad en el robo se
fundamenta en otra circunstancia que, incluso, excluido el uso de las armas,
seria por sí sola suficiente, tal vulneración no se produce (ver STS. 1091/2003
de 25.7 ).
En definitiva tres serian las situaciones que podrían producirse:
1º varios acusados que intervienen en la intimidación o violencia hasta
que se consuma el apoderamiento: robo con violencia, tipo básico del art. 242.1
con agravante genérica abuso superioridad, art. 22.2.
2º un solo acusado que hace uso de arma para cometer el robo: tipo
agravado, art. 242.2.
3º varios acusados armados, todos o alguno de ellos, que ejecutan así el
acto de apoderamiento: tipo agravado art. 242.2 con la agravante genérica
de abuso de superioridad personal, art. 22.2.
Siendo este último supuesto el del caso presente el motivo se desestima.”
-c) la Sentencia del Tribunal Supremo de 29 de enero de 2014, antes ya
citada (Ponente Ecxmo. Sr. Varela Castro) , que inadmite el recurso de casación
interpuesto la sentencia que había dictado la Audiencia Provincial de Cádiz, en
fecha 12 de febrero de 2013, y que había condenado a los autores como reos
de asesinato con alevosía y además autores de delito de robo con violencia
con la agravante de abuso de superioridad.
Los hechos probados de los que partió el Tribunal Supremo , y que
fueron los que declaró probados la Audiencia Provincial, fueron los siguientes:
“…Alexis , Aurelio y Juan Ramón…, previo acuerdo y con el propósito de
obtener un beneficio injusto, portando los dos primeros una navaja y el tercero,
un casco de moto como medio para amedrentar y asegurarse su propósito,
abordaron a Celso , de 20 años de edad y Eufrasia que se encontraban
tranquilamente sentados en un banco de la C/ Chiclana de Conil de la Frontera,
y aún cuando al aproximarse pidieron un cigarro, contestando ambos jóvenes
que no, una vez se colocaron Alexis de frente y los otros dos acusados, cada
uno a un lado, haciendo imposible una huida, esgrimiendo una navaja Alexis
exigió que dieran todo lo que llevaban encima, sin que diera tiempo a que
contestaran cuando, Juan Ramón dio un tirón del bolso que portaba Eufrasia
que se inclinó hacia delante, siendo sostenida por Celso para que no cayera
desde la parte superior del banco en el que estaba sentada. De forma
inmediata y sin más, Juan Ramón propinó un golpe en la cabeza a Celso con el
casco que portaba, reaccionando este instintivamente con una patada que no
consta alcanzara a Juan Ramón , quién volvió a propinar otro golpe en la
cabeza con el casco iniciando una conducta violenta que fue aceptada y
secundada por Alexis que le asestó dos puñaladas en la zona del tórax así
como por Aurelio que también hizo uso de la navaja que portaba agrediendo
con ella a Celso en la zona escapular. Al ser agredido por los 3 acusados,
cayeron al suelo, marchándose los acusados prácticamente al mismo tiempo al
percatarse de la sangre que emanaba de Celso sin hacer nada por ayudarlo ni
pedir auxilio.- Al salir corriendo quedó en el lugar el bolso de Eufrasia .- Celso
sufrió tres heridas causadas por arma blanca.- Una herida en la zona orbital
con edema y hematoma e infiltrado hemorrágico en los tejidos internos
subyacentes.- Una herida en la zona fronto-parietal derecha con depresión
lineal.- Erosiones en hemicara izquierda, frente y mejilla, así como en la cara
externa del codo izquierdo, y rodilla izquierda. Como consecuencia de la herida
incisa en el tórax se produjo un shock hipovolémico post-hemorrágico por las
hemorragias internas derivadas de las lesiones a nivel pulmonar y,
fundamentalmente cardiaco, que causó el fallecimiento de Celso ."
El Tribunal Supremo confirmó la calificación que había
hecho la
Audiencia Provincial relativa a que los hechos que acabamos de dejar descritos
constituían delito de asesinato con alevosía, y razonó al respecto “…a) que los
tres acusados se aproximaron a sus víctimas situándose frente a ellas y a
ambos costados, de suerte que no quedaba expedita vía alguna para elusión
del acorralamiento; b) y que de manera prácticamente simultánea, el Sr. Alexis
conminó esgrimiendo la navaja a las víctimas requiriéndoles la entrega de lo
que "llevaran encima", el otro acusado realizó un tirón del bolso de la Doña
Eufrasia y el recurrente golpeó a la víctima con el casco en la cabeza, todo ello
sin práctica solución de continuidad y de manera que las víctimas no
dispusieron de margen para reaccionar con efectividad; c) que de inmediato
reiteraron la agresión con otro golpe del casco y con las puñaladas que el
hecho probado narra acometidas por el Sr. Alexis , situado enfrente, y el Sr.
Aurelio apostado al costado de la víctima.” Con base en esa base fáctica, el
Tribunal Supremo concluyó razonando que “Es verdad que la mera asimetría
de potencialidad agresiva no acarrea sin más la agravante cuestionada, pero
es evidente la indefensión, buscada y aprovechada por los autores, cuando esa
asimetría implica, además, la conjura de todo riesgo proveniente de la víctima
para los agresores. Ese es el caso juzgado. ..”
Pero al mismo tiempo el Tribunal Supremo, en cuanto a la apreciación
de la agravante de abuso de superioridad respecto al delito de robo con
violencia que la Audiencia Provincial había apreciado, el Tribunal Supremo
confirmó esta decisión de una forma rotunda, razonando así: “ En cuanto a la
apreciación de la agravante de superioridad en este delito -que no admite la
estimación de la alevosía por falta del presupuesto normativo de no ser delito
contra las personas- basta atender a lo descrito como probado para hacer
arbitraria cualquier duda sobre la asimetría de fuerzas y capacidad de agresión
entre el plural grupo de coautores y las dos víctimas. El motivo se rechaza.”
Por último citamos también en el mismo sentido, porque nos parece
relevante, la Sentencia de la Audiencia Provincial de Valencia sección 2 de
29 de junio de 2015. En esa sentencia, fueron declarados hechos probados
los siguientes: “ … Sobre las 20 horas del día 17 marzo 2010 Florencio, Carlos
José, Nemesio y Casimiro, se dirigieron al domicilio reseñado, accediendo al
mismo y exigiendo a Landelino que les entregara la droga o el dinero o que les
indicara dónde los tenía escondidos. Al negarse Landelino a revelarlo; fue
golpeado sobre su cuerpo con palos y barras que portaban causándole
equimosis en el muslo y erosión en rodillas con hematomas en el parietal
derecho, posteriormente maniatado y amordazado para poder trasladarlo hasta
una caseta próxima, llamada " DIRECCION004 ", sita en el término municipal
de Villamarchante, que se encontraba a 2.4 km del domicilio de aquel, en
donde lo sujetaron a una silla, hasta que Florencio , en un momento
determinado, le disparó un tiro en la cabeza con una pistola que portaba, que le
causó la muerte instantánea. Inmediatamente después Nemesio en su propio
vehículo, acompañado de Casimiro , y Carlos José en el vehículo de Landelino
, marca Audi RS4, matrícula ....YGG , se dirigieron por la autovía A3 hasta el
kilómetro, 206.500, en el término municipal de Rubielos Altos de la provincia de
Cuenca, dejándolo en un descampado, donde le prendieron fuego aplicando
llama al menos en zona central lateral derecha de los asientos posteriores a la
altura del asiento del conductor e incluso a la altura de la rueda posterior
derecha. Los daños del vehículo ascienden a €11.568….”
La Audiencia Provincial condenó a los acusados como reo de asesinato
con alevosía sobre la base de que “El delito de asesinato no presenta duda
alguna tras la localización del cadáver sobre las 14:50 horas del día 18 marzo
siguiente con los brazos atados a la espalda y amordazado con un cinturón de
albornoz; así como por la práctica de la inspección ocular y posterior informe de
autopsia, que concluyeron inequívocamente que la víctima presentaba una
herida de bala en la cabeza con entrada por zona temporal derecha,
aproximadamente detrás de la oreja, y salida por la frente; y por el informe de
autopsia que reveló la muerte de violenta. La cualificación de homicidio
alevoso,
convertido
en asesinato por
la
concurrencia
de
la
primera
circunstancia del artículo 139, pertenece a la denominada alevosía por
desvalimiento, en la que el agente se aprovecha de una especial situación y
desamparo de la víctima que impide cualquier reacción defensiva ( STS
1265/2004 ,92/2009 o 93/2009 ).”
Pero además, condenó a los acusados como autores de delito de robo
con violencia, y aplicó aquí la agravante de abuso de superioridad, sobre la
base argumentativa
siguiente: “En la realización del delito de robo con
violencia y uso de armas que es objeto de acusación por el Ministerio Fiscal, se
aprecia la circunstancia agravante de abuso de superioridad , derivada
esencialmente de la participación física de cuatro de los acusados, aunque
deba extenderse también al quinto, en tanto que asumía íntegramente el
diseño ejecutor a que se ha hecho referencia, que tenía como objetivo procurar
la debilitación de la defensa y posteriormente facilitar la impunidad y el
anonimato, modalidad concebida como de alevosíamenor, en tanto que no
elimina, pero debilita y reduce la posible defensa, dada la situación de ventaja
que los autores del delito diseñan frente a su víctima, desequilibrio notorio por
la situación de poder desproporcionado sobre ella por cuanto la capacidad
agresiva se multiplica por la presencia de cuatro agresores frente a una
defensa sorprendida y en todo caso limitada por encontrarse a solas frente a
sus agresores, lo que sin duda se produjo con plena conciencia, que se explica
del estudio y diseño previo de la acción derivado de las vigilancias tendentes a
acreditar el momento más propicio y la inexistencia de otros eventuales
enemigos ( STS 2075/2002, 1556/2003 , 1338/2004 .310/2012).”
En conclusión y por todo lo expuesto, apreciamos la agravante de abuso de
superioridad en los dos acusados en relación al robo, pero no en cuanto al asesinato.
OCTAVO.-
CIRCUNSTANCIAS
MODIFICATIVAS
DE
LA
RESPONSABILIDAD CRIMINAL (y IV): ATENUANTE DE DROGADICCIÓN:
NO CONCURRE.Se ha alegado por cada una de las defensas la concurrencia en sus respectivos
patrocinados.
Debemos comenzar recordando en primer lugar que es tan antigua
como reiterada la doctrina del Tribunal Supremo que establece que la
apreciación de las circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal
exige que sus presupuestos fácticos estén tan probados como el hecho mismo
(Sentencias T.S de 11-10-01, 25-4-01 etc.), y que es a la defensa a la que
incumbe alegar y probar los presupuestos fácticos en que funda su existencia y
también- y esto es importante en el presente caso- su alcance y extensión.
Por otro lado, la jurisprudencia se ha pronunciado repetidamente sobre
la incidencia de la drogadicción en la imputabilidad, y así, la STS 672/2007,
Sala de lo Penal, sec. 1ª, de 19 de julio , Ponente: Excmo Sr. D. Juan Ramón
Berdugo y Gómez de la Torre, afirma que las consecuencias penológicas de la
drogadicción pueden ser encuadradas, dentro de la esfera de la imputabilidad,
bien excluyendo total o parcialmente la responsabilidad penal, (arts. 20.2 y 21.1
CP ), o bien actuando como mera atenuante de la responsabilidad penal, por la
vía del art. 21.2ª del Código Penal, propia atenuante de drogadicción, o como
atenuante analógica, por el camino del art. 21.6º ( hoy art. 21.7º).
Los requisitos generales para que se produzca dicho tratamiento
penológico en la esfera penal, podemos sintetizarles del siguiente modo:
1) Requisito biopatológico, esto es, que nos encontremos en presencia
de un toxicómano , cuya drogodependencia exigirá a su vez estos otros dos
requisitos: a') que se trate de una intoxicación grave, pues no cualquier
adicción a la droga sino únicamente la que sea grave puede originar la
circunstancia modificativa o exonerativa de la responsabilidad criminal, y b')
que tenga cierta antigüedad, pues sabido es que este tipo de situaciones
patológicas no se producen de forma instantánea, sino que requieren un
consumo más o menos prolongado en el tiempo, dependiendo de la sustancia
estupefaciente ingerida o consumida. El Código Penal se refiere a ellas
realizando
una
considerarse
enumeración
completa,
que
tomando
por
su
como
función
tales
las
integradora
drogas
puede
tóxicas,
estupefacientes, sustancias psicotrópicas u otras que produzcan efectos
análogos.
2) Requisito psicológico, o sea, que produzcan en el sujeto una
afectación de las facultades mentales del mismo. En efecto, la Sentencia
616/1996, de 30 septiembre, ya declaró que "no es suficiente ser adicto o
drogadicto para merecer una atenuación, si la droga no ha afectado a los
elementos intelectivos y volitivos del sujeto". Cierto es que la actual atenuante
de drogadicción sólo exige que el sujeto actúe a causa de su grave adicción a
las sustancias anteriormente referidas, lo cual no permitirá prescindir
absolutamente de este requisito, ya que es obvio que la razón que impera en
dicha norma es la disminución de su imputabilidad, consecuencia presumida
legalmente, ya que tan grave adicción producirá necesariamente ese
comportamiento, por el efecto compulsivo que le llevarán a la comisión de
ciertos delitos, generalmente aptos para procurarse las sustancias expresadas
(STS 21.12.99), que declaró que siendo el robo para obtener dinero con el que
sufragar la droga una de las manifestaciones más típicas de la delincuencia
funcional asociada a la droga , la relación entre adicción y delito puede ser
inferida racionalmente sin que precise una prueba especifica.
3) Requisito temporal o cronológico, en el sentido que la afectación
psicológica tiene que concurrir en el momento mismo de la comisión delictiva, o
actuar el culpable bajo los efectos del síndrome de abstinencia, requisito éste
que, aún siendo necesario, cabe deducirse de la grave adicción a las
sustancias estupefacientes, como más adelante veremos. Dentro del mismo,
cabrá analizar todas aquellas conductas en las cuales el sujeto se habrá
determinado bajo el efecto de la grave adicción a sustancias estupefacientes,
siempre que tal estado no haya sido buscado con el propósito de cometer la
infracción delictiva o no se hubiere previsto o debido prever su comisión (en
correspondencia con la doctrina de las "actiones liberae in causa").
4) Requisito normativo, o sea la intensidad o influencia en los resortes
mentales del sujeto, lo cual nos llevará a su apreciación como eximente
completa, incompleta o meramente como atenuante de la responsabilidad
penal, sin que generalmente haya de recurrirse a construcciones de atenuantes
muy
cualificadas,
como
cuarto
grado
de
encuadramiento
de
dicha
problemática, por cuanto, como ha declarado la Sentencia de 14 de julio de
1999, hoy no resulta aconsejable pues los supuestos de especial intensidad
que pudieran justificarla tienen un encaje más adecuado en la eximente
incompleta , con idénticos efectos penológicos.
A) Pues bien la doctrina del Tribunal Supremo ha establecido que la
aplicación de la eximente completa del art. 20.1 será sólo posible cuando se
haya acreditado que el sujeto padece una anomalía o alteración psíquica que le
impida comprender la ilicitud de su conducta o de actuar conforme a esa
comprensión (STS 21/2005 de 19.1).
La jurisprudencia ha considerado que la drogadicción produce efectos
exculpatorios cuando se anula totalmente la capacidad de culpabilidad, lo que
puede acontecer bien cuando el drogodependiente actúa bajo la influencia
directa del alucinógeno que anula de manera absoluta el psiquismo del agente,
bien cuando el drogodependiente actúa bajo la influencia de la droga dentro del
ámbito del síndrome de abstinencia, en el que el entendimiento y el querer
desaparecen
a
impulsos
de
una
conducta
incontrolada, peligrosa
y
desproporcionada, nacida del trauma físico y psíquico que en el organismo
humano produce la brusca interrupción del consumo o la brusca interrupción
del tratamiento deshabituador a que se encontrare sometido (Sentencia de 22
de septiembre de 1999).
A ambas situaciones se refiere el art. 20-2º del Código Penal, cuando
requiere bien una intoxicación plena por el consumo de tales sustancias,
impidiéndole, en todo caso, comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme
a esa comprensión.
B) La eximente incompleta, precisa de una profunda perturbación que,
sin anularlas, disminuya sensiblemente aquella capacidad culpabilística aun
conservando la apreciación sobre la antijuridicidad del hecho que ejecuta. No
cabe duda de que también en la eximente incompleta, la influencia de la droga ,
en un plano técnicamente jurídico, puede manifestarse directamente por la
ingestión inmediata de la misma, o indirectamente porque el hábito generado
con su consumo lleve a la ansiedad, a la irritabilidad o a la vehemencia
incontrolada como manifestaciones de una personalidad conflictiva (art. 21.1ª
Código Penal).
Esta afectación profunda podrá apreciarse también – dice el Tribunal
Supremo- cuando la drogodependencia grave se asocia a otras causas
deficitarias del psiquismo del agente, como pueden ser leves oligofrenias,
psicopatías y trastornos de la personalidad, o bien cuando se constata que en
el acto enjuiciado incide una situación próxima al síndrome de abstinencia,
momento en el que la compulsión hacia los actos destinados a la consecución
de la droga se hace más intensa, disminuyendo profundamente la capacidad
del agente para determinar su voluntad (STS de 31 de marzo de 1997), aunque
en estos últimos casos solo deberá apreciarse en relación con aquellos delitos
relacionados con la obtención de medios orientados a la adquisición de drogas
.
C) Respecto a la atenuante del art. 21.2 Código Penal, se configura la
misma por la incidencia de la adicción en la motivación de la conducta criminal
en cuanto es realizada a causa de aquella. El beneficio de la atenuación sólo
tiene aplicación cuando exista una relación entre el delito cometido y la
carencia de drogas que padece el sujeto.
Esta adicción grave debe condicionar su conocimiento de la ilicitud
(conciencia) o su capacidad de actuar conforme a ese conocimiento (voluntad).
Las SSTS 22.5.98 y 5.6.2003, insisten en que la circunstancia que como
atenuante describe en el art. 21.2 CP es apreciable cuando el culpable actúe a
causa de su grave adicción a las sustancias anteriormente mencionadas, de
modo que al margen de la intoxicación o del síndrome de abstinencia, y sin
considerar las alteraciones de la adicción en la capacidad intelectiva o volitiva
del sujeto, se configura la atenuación por la incidencia de la adicción en la
motivación de la conducta criminal en cuanto realizada "a causa" de aquélla
(SSTS 4.12.2000 y 29.5.2003). Se trataría así con esta atenuación de dar
respuesta penal a lo que criminológicamente se ha denominado "delincuencia
funcional" (STS 23.2.99). Lo básico es la relevancia motivacional de la adicción,
a diferencia del art. 20.2 CP. y su correlativa atenuante 21.1 CP, en que el
acento se pone más bien en la afectación a las facultades anímicas.
La STS de 24.5.2000 declara que lo característico de la drogadicción , a
efectos penales, es que incida como un elemento desencadenante del delito,
de tal manera que el sujeto activo actúe impulsado por la dependencia de los
hábitos de consumo y cometa el hecho, bien para procurarse dinero suficiente
para satisfacer sus necesidades de ingestión inmediata o trafique con drogas
con objeto de alcanzar posibilidades de consumo a corto plazo y al mismo
tiempo conseguir beneficios económicos que le permitan seguir con sus
costumbres e inclinaciones. Esta compulsión que busca salida a través de la
comisión de diversos hechos delictivos, es la que merece la atención del
legislador y de los tribunales, valorando minuciosamente las circunstancias
concurrentes en el autor y en el hecho punible.
Respecto a su apreciación como muy cualificada, en STS 817/2006 de
26.7, recordaba el Tribunal Supremo que la referida atenuante es aquella que
alcanza una intensidad superior a la normal de la respectiva circunstancia,
teniendo en cuenta las condiciones del culpable, antecedentes del hecho y
cuantos elementos o datos puedan destacarse y ser reveladoras del
merecimiento y punición de la conducta del penado, SSTS 30.5.91, y en igual
sentido 482/98 de 26.3, y que no es aconsejable acudir en casos de
drogadicción a la atenuante muy cualificada, pues los supuestos de especial
intensidad que pudieran justificarla tienen un encaje más apropiado en la
eximente incompleta .
D) Por último, cuando la incidencia en la adicción sobre el conocimiento
y la voluntad del agente es mas bien escasa, sea porque se trata de sustancias
de efectos menos devastadores, sea por la menor antigüedad o intensidad de
la adicción, mas bien mero abuso de la sustancia lo procedente es la aplicación
de la atenuante analógica, art. 21.7 CP.
Es asimismo doctrina reiterada del Tribunal Supremo que el consumo de
sustancias estupefacientes, aunque sea habitual, no permite por sí solo la
aplicación de una atenuación , no se puede, pues solicitar la modificación de la
responsabilidad criminal por el simple hábito de consumo de drogas , ni basta
con ser drogadicto en una u otra escala, de uno u otro orden para pretender la
aplicación de circunstancias atenuantes , porque la exclusión total o parcial o la
simple atenuación de estos toxicómanos , ha de resolverse en función de la
imputabilidad, o sea de la evidencia de la influencia de la droga en las
facultades intelectivas y volitivas del Sujeto. En consecuencia, los supuestos de
adicción a las drogas que puedan ser calificados como menos graves o leves
no constituyen atenuación, ya que la adición grave es el supuesto límite para la
atenuación de la pena por la dependencia de drogas."
Es decir, para poder apreciarse la drogadicción sea como una
circunstancia atenuante, sea como eximente, aún incompleta, es imprescindible
que conste acreditada la concreta e individualizada situación del sujeto en el
momento comisivo, tanto en lo concerniente a la adición a las drogas tóxicas o
sustancias estupefacientes como al período de dependencia y singularizada
alteración en el momento de los hechos y la influencia que de ello pueda
declararse, sobre las facultades intelectivas y volitivas, sin que la simple y
genérica expresión narradora de que el acusado era adicto a las drogas , sin
mayores especificaciones y detalles pueda autorizar o configurar circunstancia
atenuante de la responsabilidad criminal en ninguna de sus variadas
manifestaciones (SSTS 16.10.00, 6.2, 6.3 y 25.4.01, 19.6 y 12.7.02).
En la STS 21.3.01 se señala que aunque la atenuante de drogadicción
ha sido en ciertos aspectos "objetivada" en el Código Penal, no cabe prescindir
de que la actuación del culpable sea causada, aunque solo sea ab initio, por su
adicción grave el consumo de droga .
La citada doctrina no es sino afirmación del mencionado criterio
jurisprudencial de que las circunstancias modificativas de la responsabilidad
han de estar acreditadas como el hecho típico de que dependen (SSTS
15.9.98, 17.9.98, 28.12.98, 29.11.99, 23.4.2001, en igual línea SSTS
21.1.2002, 2.7.2002, 4.11.2002 y 20.5.2003, que añaden que no es aplicable
respecto de las circunstancias modificativas el principio "in dubio pro reo").
Trasladando la doctrina que acabamos de exponer al caso sometido a
nuestra consideración esta Sala concluye que ninguno de los dos acusados, ni
A. V. Á., ni F. J. L.M., acreditan que padecieran a causa de su drogadicción
una merma de sus facultades intelectivas y volitivas en el momento de cometer
los hechos, ni que el delito se cometiera a consecuencia de una adicción de
este tipo, pues no está probado ni que esa hipotética adicción fuera la
motivación que les llevó a perpetrar los hechos, ni tampoco que dicha adicción
existiera, mucho menos que la misma fuera grave. En este sentido, ninguna
prueba hay -salvo lo que él mismo manifiesta, que huelga decir que no es
suficiente- de que F. J. L.M., padeciera una grave ( o leve) adicción a
sustancias estupefacientes. Por lo que se refiere a A. V. Á., tanto su novia
J.C.C como la hermana de esta C. K. M. C hicieron referencia a que de vez en
cuando fumaba “algún porro”, lo cual obviamente no es suficiente para
demostrar la existencia de una adicción por su parte, y menos aun que
cometiese el delito a consencuencia de ella, o que la misma mermase sus
facultades siquiera mínimamente. Otro tanto cabe decir, como hemos indicado
ya, F. J. L.M., .
NOVENO.-INDIVIDUALIZACIÓN DE LAS PENAS.-
A/ Asesinato.-
El delito de asesinato con alevosía, está castigado en el artículo 139.1 del Código
Penal vigente a la fecha de los hechos, con la pena de 15 a 20 años de prisión.
No concurren circunstancias modificativas de la responsabilidad en relación al
asesinato, por lo que es aplicable el artículo 66.6 del Código Penal en cuya virtud procede
aplicar la pena legalmente prevista en la extensión que esta Sala estime adecuada,
atendiendo a las circunstancias personales y a la mayor o menor gravea del hecho.
En nuestro caso, el Ministerio Fiscal solicita una pena que nos parece muy bien
ponderada, pues solicita para cada uno la pena de 18 años de prisión. La acusación
particular solicita la pena máxima, 25 años, pena que no se puede imponer porque la
solicitaba sobre la base de la concurrencia , que entendía procedente , del nº 3 del art. 139.1
del Código Penal en relación con el artículo 139.2 del mismo texto legal , que esta Sala ha
descartado por razones que han quedado debidamente explicadas; y no solo esto, sino
que la acusación particular también entendía aplicables las agravantes de abuso de
superioridad (para los dos acusados) y de abuso de confianza (para Adrián), que esta Sala
igualmente no ha considerado aplicables. En consecuencia, carecería de base legal esa
pena solicitada por la acusación particular.
Por el contrario, nos parece más atinada la pretensión de la Fiscalía de La Rioja, de
18 años de prisión; y es que aunque esta pena se sitúa en la mitad superior de la pena
abstracta prevista para este tipo penal, consideramos razonable su imposición atendidas las
circunstancias concurrentes, cuya relevancia y gravedad harían por el contrario injusto, por
excesivamente benévola, la imposición de la pena mínima pena prevista para el tipo penal
(quince años). Y es que no debe olvidarse que la muerte de la Sra. M. C. C. I., se produjo
mediante la ejecución de actos de violencia que, aunque no numerosos y en todo caso
dirigidos a propiciar la muerte de la acusada, tuvieron una intensidad y fuerza elevadas;
además, el delito fue cometido en el propio domicilio de la víctima y por quien era una
persona conocida – su vecino A. V. Á., y su acompañante, a los que la víctima había
dejado entrar; finalmente, el delito respondió y a un plan prediseñado – guantes de látex, etc, plan éste que siempre contempló la muerte de la Sra. M. C. C. I., como una eventualidad
que más que probablemente habría que llevar a efecto, a fin de asegura la impunidad.
Procede asimismo imponer las penas accesorias a la pena de prisión previstas en el
Código Penal.
B/ Robo con violencia en casa habitada en grado de tentativa.Debe tenerse en cuenta, en cuanto al robo, la concurrencia en A. V. Á., de la
circunstancia agravante de abuso de superioridad y la concurrencia F. J. L.M., de las
circunstancias agravantes de reincidencia y abuso de superioridad.
El robo con violencia en casa habitada está castigado en el artículo 242 .1 y 2 del
Código Penal con la pena de 3 años y seis meses a cinco años de prisión.
El delito se ha cometido en grado de tentativa, por lo que por aplicación del 62,
procede la aplicación inferior en uno o dos grados. En este caso, entendemos aplicable la
pena inferior solo en un grado y no en dos, debido igualmente a la relevancia de las
circunstancias concurrentes: singularmente, que el robo alcanzó un elevado grado en el iter
de consumación, pues los acusados fueron interceptados cuando estaban huyendo y ya
habían pasado para ello al balcón vecino, y portando objetos de los que se habían
apoderado por razón del robo en casa de la víctima. Además, debe ponderarse la
utilización por los acusados de la relación que aunque superficial, que la víctima mantenía
con uno de ellos, y la pluralidad de actos de violencia ejecutada.
La pena inferior en grado conforme al artículo 70 del Código Penal, es de 21 meses
hasta 3 años y seis meses menos un día de prisión.
A continuación debemos tener presentes las circunstancias concurrentes en cada
acusado:
1) En F. J. L.M., , en este delito de robo, concurren dos agravantes (abuso de
superioridad y reincidencia) y ninguna atenuante.
Es aplicable entonces el artículo 66.1. 3 del Código Penal, conforme al cual procede
aplicar la pena en su mitad superior, esto es, desde los 2 años 7 meses y 15 días de prisión
hasta los 3 años seis meses menos un día de prisión.
Tal sería el margen o arco en que habría de moverse a pena que procedería
imponer a F. J. L.M., .
La acusación particular solicitó la imposición de una pena que excede el limite
indicado (en un solo día, pero la excede) , de tres años y seis meses de prisión.
Frente a ello el Ministerio Fiscal solicita precisamente la imposición de la pena
máxima que es posible imponer atendidas las reglas expuestas, esto es, la de 3 años y seis
meses menos un día de prisión. Y esta Sala está de acuerdo. Lo está, porque aunque no
fue de F. J. L.M., de quien partió la idea de robar y no fue él quien planeó dicha infracción,
concurren en F. J. L.M., no solo una circunstancia agravante (lo cual ya sería bastante
para aplicar el artículo 66.1.3º del Código Penal) sino dos circunstancias agravantes, lo cual
debe tenerse en cuenta; además, como hemos dicho, los hechos fueron especialmente
graves al responder a un plan prediseñado que contempló desde el inicio actos de violencia
hacia la víctima para logra los fines depredatorios que se proponían los acusados, actos de
violencia que finalmente ejecutaron –agarrándola por detrás, arrastrándola por el pasillo y
finalmente causándole la muerte- con intensidad elevadísima.
1) En A. V. Á.,, en este delito de robo, concurre una agravantes (abuso de
superioridad) y ninguna atenuante.
Es aplicable entonces el artículo 66.1. 3 del Código Penal, conforme al cual procede
aplicar la pena en su mitad superior, esto es, desde los 2 años 7 meses y 15 días de prisión
hasta los 3 años seis meses menos un día de prisión.
La acusación particular solicitó la imposición de una pena que excede el limite
indicado ( en un solo día, pero la excede) , de tres años y seis meses de prisión.
Frente a ello el Ministerio Fiscal solicita también en relación a A. V. Á., la imposición
de la pena máxima que es posible imponer atendidas las reglas expuestas, esto es, la de 3
años y seis meses menos un día de prisión. Y esta Sala está también de acuerdo, porque
todo sucedió porque a A. V. Á., se le ocurrió. A. V. Á., era el vecino d ela Sra. M. C. C.
I.,. Era él el que, como vecino, conocía su rutina. Fue él quien escuchó de la Sra. M. C. C.
I., que tenía mucho dinero, y fue a él a quien, excitado en su ánimo lucrativo ilícito, se le
ocurrió el plan de robar a la finalmente fallecida, contactando para ello primero con x , y al no
acceder éste, con el acusado F. J. L.M., , a quien eligió teniendo en cuenta que sabía
artes marciales, lo que denota que su plan era desde el principio ejecutar el acto con
violencia. Junto a ello, debemos añadir, en fin, lo ya dicho tantas veces: que en el robo en el
que participó este acusado a título de autor, se perpetraron actos de violencia hacia la
víctima para lograr los fines ilícitamente lucrativos que se proponían los acusados –
agarrándola por detrás, arrastrándola por el pasillo y finalmente causándole la muerte- que
revestían una muy relevante entidad.
Por todo lo expuesto, el reproche penal que debe merecer la conducta de A. V. Á.,
ha de ser el solicitado por el Ministerio Fiscal, límite máximo de la pena a imponer, 3 años y
seis meses menos un día de prisión, y accesorias.
DÉCIMO.- RESPONSABILIDAD CIVIL.Según dispone el artículo 116.1 del Código Penal, "Toda persona
criminalmente responsable de un delito o falta lo es también civilmente, si del
hecho se derivaren daños o perjuicios. Si son dos o más los responsables del
delito o falta, los Jueces o Tribunales señalarán la cuota de que deba
responder cada uno".
El Ministerio Fiscal solicita que los acusados indemnicen a los familiares
de la fallecida (su madre Doña dy su hermano Don d) de la siguiente forma:
120.000 euros a Doña dy 10.000 euros a Don d.
La acusación particular (Fundación Tutelar de La Rioja) solicitó que se
indemnizase por los dos acusados a Doña d en 300.000 euros y a Don d en
150.000 euros.
La defensa de
A. V. Á.,
no dijo nada específicamente en conclusiones
definitivas, pero por vía de informe sí indicó que la indemnización debía ser de
cero euros porque no se habría probado que ni d ni Don ds sean familiares de
la víctima, por lo que no debió ni admitirse siquiera la personación de la
Fundación Tutelar de La Rioja como acusación particular.
Damos a este respecto por reproducido, todo lo que hemos expuesto
sobre esta cuestión en el fundamento de derecho primero.
La alegación de la defensa de
F. J. L.M.,
sobre la personación de al
Fundación Tutelar de La Rioja como acusación particular fue a todas luces
tardía y extemporánea, pues ni se dijo durante la instrucción, ni en el escrito de
defensa, ni se planteó en juicio como cuestión previa, ni se puso óbice alguno a
la intervención en juicio del letrado de la Fundación Tutelar de La Rioja, ni
siquiera se alegó, en fin, en las conclusiones definitivas.
Y si la Fundación Tutelar de La Rioja ha estado personada como
acusación particular en esta causa en todo momento, lo ha sido en cuanto
tutora que es de Doña d y Don d, ofendidos por el delito en cuanto parientes de
la finada, pues de otra forma su personación no habrá tenido sentido.
Condición ésta además (la de parientes de la finada de esas dos personas
tutelados por la Fundación Tutelar de La Rioja) que nadie discutió nunca.
De otro lado, las sentencias de incapacidad que obran en autos, aluden
a una hija de Doña da llamada M. C. C. I., y a una hermana de Don x llamad Doña
M. C. C. I.,
men; coincidiendo por cierto el segundo apellido de la finada con el
primero de Doña s, y los dos apellidos de la finada con los de s, lo que permite
cabalmente entender que Doña M. C. C. I., era efectivamente hermana de Don s,
y que Doña M. C. C. I., era hija de Doña s
Si bien lo expuesto es suficiente, a mayor abundamiento añadiremos
que en los Archivos de esta Audiencia Provincial 8 que es una Audiencia
Provincial mixta, civil y penal) obra que esas sentencias de incapacidad fueron
recurridas ante esta Audiencia Provincial en cuanto a la designación de tutor, y
que lo fueron precisamente por Doña M. C. C. I., en su calidad de hermana de d e
hija de Doña d, siendo desestimados por esta Sal, por cierto, sus recursos de
apelación. Eso ofrece a esta sala un cabal conocimiento, del que no puede
prescindir a la hora de resolver, de que Doña M. C. C. I., era ciertamente la hija de
dy la hermana de d.
Sentado el carácter de perjudicados de dy d, y acreditado que fueron
judicialmente incapacitados siendo su tutor la Fundación Tutelar de La Rioja,
debemos fijar ahora la indemnización. Es imposible en definitiva poner un
precio a la vida humana, porque no lo tiene. Tampoco esa vida humana es
económicamente evaluable; en sentido estricto, el daño moral de los afectados
por los hechos a los que se contrae la presente causa. Con todo, es preciso
establecer una suma con cuyo pago se repare o, cuando menos, compense
siquiera en parte y desde el punto de vista estrictamente material el evidente
perjuicio derivado de la pérdida sufrida. La jurisprudencia conocida por pacifica
y reiterada, que las muertes como la ahora enjuiciada determinan el sufrimiento
por los parientes y familiares directos de la victima de un daño moral "per se"
de forma inherente y connatural a la ofensa, con arreglo a un criterio lógico que
no necesita mayor precisión,
en el que además resulta meridiano que el
baremo previsto para la indemnización de los daños personales derivados de
accidente de tráfico es insuficiente, por cuanto que no estamos ante una
muerte de ese tipo. Lo que hay que hacer, en todo caso, es ponderar las
circunstancias concurrentes, a las que no puede ser ajena la sentencia de
incapacidad de Doña d, que objetiva (ver folio 18 de la causa) que la misma
tenía ya a la fecha de los hechos diagnosticado un deterioro cognitivo severo
derivado de la enfermedad de alzheimer que anulaba la capacidad de
autogobernarse , lo que deja dudas acerca de hasta que punto puede ser
consciente de la perdida de su hija y experimentar dolor por ello, pero cuya
pérdida objetiva es un hecho. Teniendo en cuenta todo esto, y aunque
ciertamente en casos como el presente sí que es usual que se concedan
indemnizaciones como la solicitada por la Fundación Tutelar de La Rioja para
la madre de una víctima de asesinato (300.000 euros), en este caso y pese a
la objetividad del perjuicio causado y pese a que deba subvenirse a las
necesidades de la madre que en su caso pudiera haber estado atendiendo la
hija fallecida, esta indemnización
nos parece excesiva por las razones
expuestas, debiéndose cifrar en todo caso una indemnización como la
solicitada por el Ministerio Fiscal, más ponderada, de 120.000 euros, que
consideramos además necesaria en todo caso a la vista del perjuicio insito que
unos hechos como los producidos generan en familiares tan directos.
En cuanto a la indemnización a favor del hermano D.d, sin embargo,
entendemos que la indemnización solicitada por el Ministerio Fiscal (10000
euros) se queda corta, atendida la cercanía del parentesco. De otro lado,
aunque Don d también fue judicialmente incapacitado, lo fue sobre la base de
un diagnóstico de esquizofrenia, lo que no cabe colegir que pueda haberle
dificultado la comprensión del hecho de que han matado a su hermana. Por tal
razón, atendido que se trata de un hermano (pariente de segundo grado, a
diferencia de la madre, que los es de primero) fijamos una indemnización de
40.000 euros.
En ambos casos con los intereses del artículo 576 Ley de Enjuiciamiento
Civil, y respondiendo solidariamente ambos autores de su pago.
DÉCIMO PRIMERO.-COSTAS DEL PROCEDIMIENTO.Conforme a los artículos 123, y 123 del Código Penal y 239 y 240 Ley de
Enjuiciamiento Criminal, las costas del procedimiento se impone por mitad a lso
acusados A. V. Á., y F. J. L.M., , incluidas las devengadas por la acusación
particular.
Por todo cuanto antecede y se deja expuesto, vistos los artículos citados
y demás de general aplicación, por UNANIMIDAD
FALLAMOS
1º.- Que DEBEMOS CONDENAR Y CONDENAMOS al acusado
y al acusado
F. J. L.M.,
A. V. Á.,
como autores penalmente responsables de un delito de
asesinato con alevosía, anteriormente definido, a las penas, a cada uno de
ellos, de 18 años de prisión e inhabilitación absoluta durante el tiempo de esta
condena.
2.- Que DEBEMOS CONDENAR Y CONDENAMOS al acusado
A. V. Á.,
y
al acusado F. J. L.M., como autores penalmente responsables de un delito de
robo con violencia en casa habitada en grado de tentativa, con la
concurrencia en el caso de
F. J. L.M.,
de la circunstancia modificativa de
responsabilidad criminal agravante de reincidencia, y con la concurrencia, tanto
en A. V. Á., como en F. J. L.M., , de la circunstancia modificativa de responsabilidad
criminal agravante de abuso de superioridad, todo ello anteriormente definido, a
las penas, a cada uno de ellos, de 3 años y seis meses menos un día de
prisión y accesoria de inhabilitación para el ejercicio del derecho de sufragio
pasivo.
3.- Que en concepto de responsabilidad civil derivada de la infracción
penal, debemos condenar y condenamos a
A. V. Á.,
y a
F. J. L.M.,
de forma
solidaria a indemnizar a Doña d en la suma de 120.000 euros, y a Don d en la
suma total de 40.000 euros, en ambos casos con el interés del artículo 576 de
la Ley de Enjuiciamiento Civil.
4.- Las costas del procedimiento, incluidas las de la acusación
particular, se impone a A. V. Á., y a F. J. L.M., por mitad y solidariamente entre sí.
Abónese a la pena de prisión impuesta al acusado
A. V. Á.,
el tiempo
cumplido por este acusado como prisión provisional (desde fecha 17 de febrero
de 2014). Se ratifica la pieza de responsabilidad pecuniaria.
Abónese a la pena de prisión impuesta al
F. J. L.M.,
el tiempo cumplido
por este acusado como prisión provisional (desde fecha 17 de febrero de
2014). Se ratifica la pieza de responsabilidad pecuniaria.
Pronúnciese esta sentencia en audiencia pública y notifíquese a las
partes con la advertencia de que, contra la misma, se podrá interponer recurso
de casación por infracción de Ley y/o quebrantamiento de forma para ante el
Tribunal Supremo, previa su preparación ante esta Sección de la Audiencia, a
medio de escrito, con firma de Letrado y Procurador, dentro de los cinco (5)
días siguientes al de la última notificación.
Así por esta nuestra Sentencia, lo pronunciamos, mandamos y
firmamos.
PUBLICACION.- En la misma fecha fue leída y publicada la anterior
resolución por el Ilmo. Sr. Magistrado que la dictó, celebrando Audiencia
Pública. Doy fe.
DILIGENCIA.- Seguidamente se procede a cumplimentar la notificación de la
anterior resolución. Doy fe.
Descargar