Sexo comercial e infecciones de transmisión sexual (ITS)

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Sexo comercial e infecciones de
transmisión sexual (ITS) en
la Ciudad de México
Patricia Uribe Zúñiga y Griselda Hernández Tepichín
Consejo Nacional de Lucha Contra el Sida
Resumen
Desde 1987 Conasida, a través de sus centros
de información, ha realizado diferentes
estudios en población de mujeres trabajadoras
del sexo comercial. Con ellos se ha logrado
conocer cómo influyen diversos aspectos en el
ejercicio de la prostitución en la Ciudad de
México, así como la prevalencia de la
infección por VIH que, a diferencia de otras
enfermedades de transmisión sexual (ETS), se
ha mantenido baja ( 0.04 por ciento- 0.2 por
ciento). Los factores relacionados con mayor
uso del condón fueron: nivel de escolaridad,
no tener hijos, mayor experiencia en el
comercio sexual y menor edad. De acuerdo con
el marco jurídico existente, es importante
promover diversas estrategias de prevención,
ya que ninguno de los sistemas actualmente
utilizados ofrece las condiciones adecuadas
para promover la prevención del VIH/SIDA.
Abstract
Since 1987 The National AIDS Council in
Mexico (Conasida), has conducted research
projects among female CSW, who are seen at
the AIDS Information Centers. Through these
studies there had achieve to find out how
different issues influence commercial sex work
in Mexico City. Since we began our studies in
1989 the HIV prevalence in this particular
group, has remained low (0.04 per cent - 0.2
per cent). Mandatory HIV testing is not useful
as a preventive measure among sex workers.
Persuasive and structural interventions must be
implemented in accordance with local and legal
situations.
Introducción
L
a prostitución, recientemente denominada sexoservicio o comercio
sexual, se define como “... la actividad en la que alguien intercambia
servicios sexuales a cambio de dinero o cualquier otro bien.” (World
Health Organization, 1989). Es un fenómeno complejo, en el cual están
involucrados un grupo heterogéneo de individuos —trabajadores sexuales,
clientes, dueños o administradores del local, cantineros, garroteros, meseros,
padrotes o madams, cónyuge, familiares y autoridades— que se organizan en
diferentes niveles de acuerdo con el nivel socioeconómico, sistema social y
manejo de la sexualidad existente en cada zona (De Zalduondo, 1992). El término
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prostitución se utiliza como sinómino de trabajo sexual, el cual incluye desde
situaciones en las cuales usualmente no hay relaciones sexuales con el cliente
como sucede con las bailarinas, personas dedicadas al stripteese o con las
ficheras ; hasta la contratación específica de un servicio sexual en un prostíbulo.
Frente al surgimiento de la infección por VIH/sida, como problema de salud
pública, se ha discutido el papel que los individuos que ejercen la prostitución
juegan en su diseminación (Padian, 1988). Existen diversos factores que podrían
favorecer la infección del VIH/sida en este grupo, entre los cuales se encuentran:
1.
Tasa de seroprevalencia al VIH existente en el área de procedencia y
residencia de las trabajadoras sexuales y clientes.
2.
Eficiencia de transmisión del VIH en esa población.
3.
Mayor número de parejas sexuales.
4.
Tipo de prácticas sexuales.
5.
Nivel socioeconómico bajo.
6.
Nivel de oferta y demanda de la prostitución en cada zona o país.
7.
Uso de anticonceptivos hormonales y presencia de otras infecciones de
transmisión sexual (ITS).
8.
Estigmatización y bajo acceso a servicios de salud o educativos.
9.
Asociación con el consumo de alcohol y drogas.
10.
Asociación con otras prácticas de riesgo (transfusión, pareja estable
infectada, drogadicción intravenosa, etcétera).
11.
Poca habilidad para negociar con los clientes medidas preventivas.
En 1987 Conasida inició la detección del VIH entre mujeres y hombres
dedicados al comercio sexual, a partir de entonces se ha logró sistematizar y
ampliar este servicio , con lo cual hemos obtenido un mayor conocimiento de
cómo y en qué grado influyen los factores previamente mencionados en el
trabajo sexual en nuestro país.
En este artículo se resumen los hallazgos mas relevantes obtenidos en
investigaciones, los cuales han sido publicados de manera detallada en diversos
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artículos, y en la información recabada a través de los servicios que se ofrecen
en los centros de Conasida.
Marco jurídico
El ordenamiento jurídico-legal de la prostitución ha sido una preocupación a
través de la historia, pero, independientemente del sistema que se establezca en
cada país (reglamentarista, abolicionista o prohibicionista), la clandestinidad
asociada a la prostitución es imprevisible y responde a diversos factores
socioculturales y a la doble moral sexual existente en la mayoría de las
sociedades.
En las últimas dos décadas han predominado dos sistemas jurídicos en el
comercio sexual en México y en la mayor parte del mundo: el sistema
reglamentarista y el abolicionista.
El apogeo del sistema reglamentarista se dió con el avance científico de la
medicina. Inmediatamente después del Primer Congreso Médico Internacional
(París, 1867), se comenzó a reglamentar la prostitución (De Felia, 1958) y en
México se tienen antecedentes de 1865 —durante el periodo de Maximiliano—
cuando se promulgó un decreto reglamentando el comercio sexual y
posteriormente en los códigos sanitarios de 1891, 1894, 1926 y 1934. Este control
no sólo era argumento para reforzar actitudes moralistas contra las prostitutas;
también preconizaba su carácter científico con medidas de higiene para defender
la mayor parte de la sociedad. La postura reglamentarista predominó hasta la
Segunda Guerra Mundial y posteriormente fue cayendo en desuso, predominando
la tendencia abolicionista.
El sistema reglamentarista establece una reglamentación para las áreas
donde se permite el ejercicio de la prostitución, como en “zonas de tolerancia”,
“zonas rojas”, “casas de citas”, etc., basada en la protección de la salud de la
mayor parte de la sociedad, a través de medidas higiénicas para la prevención
y control de enfermedades de transmisión sexual. La reglamentación establece
el registro obligatorio de las mujeres que trabajan en la zona o casa, la obligación
de dar aviso de todo nuevo ingreso, el cumplimiento de exámenes médicos
periódicos para todas las personas dedicadas a la prostitución y la obligación de
no ejercerla en locales distintos del autorizado.
Bajo el sistema reglamentarista las “zonas de tolerancia” o “casas de citas”
se convertían en cárceles para las mujeres dedicadas a la prostitución y sus hijos,
bajo una explotación que establecía obligaciones y sanciones, sin ningún derecho
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y con frecuentes violaciones a los derechos humanos de las mismas; por lo cual
varios países encabezados por Francia promovieron la abolición del sistema
reglamentarista.
En 1938 México se adhirió al Convenio internacional para la represión de la
trata de mujeres mayores de edad y la explotación de la prostitución, convenio
que estableció las bases del sistema abolicionista. A partir del 9 de abril de 1940
quedó abolida la reglamentación en el Distrito Federal y fue derogado el
reglamento para su ejercicio que se encontraba vigente desde el 24 de febrero
de 1926 (Piña y Palacios, 1972).
El régimen abolicionista nace de la necesidad de reprimir la explotación por
terceros de las personas dedicadas a la prostitución; no persigue la prohibición
de la prostitución, sino que pugna por la libertad para ejercerla bajo ciertos
lineamientos y por la igualdad de sexos. Su principal postulado gira en torno a
la protección de menores y mujeres adultas.
En nuestros días —de acuerdo con informes de la Dirección General de
Asuntos Jurídicos e Internacionales de la Secretaría de Salud— 13 estados del
país reglamentan la prostitución: Aguascalientes, Baja California Sur, Coahuila,
Colima, Chiapas, Durango, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Nuevo León,
Querétaro, Sinaloa y Zacatecas; y de acuerdo con conclusiones del Dr. Ricardo
Franco Guzmán, presentadas en su discurso titulado “El Régimen Jurídico de la
Prostitución en México”, para su ingreso a la Academia Mexicana de
Jurisprudencia y Legislación, sólo mantienen el abolicionismo el Distrito
Federal y los estados de México, Puebla y Guanajuato (Piña y Palacios, 1972).
En la Ciudad de México se sigue el sistema abolicionista, por lo cual no existen
“zonas de tolerancia” ni tarjetas de control sanitario periódico de las personas
dedicadas a la prostitución. El lenocinio y la prostitución de menores son ilegales,
pero la prostitución en sí no es ilegal, sólo existen “infracciones cívicas” (antes
conocidas como sanciones administrativas) establecidas en el Reglamento
Gubernativo de Justicia Cívica para el Distrito Federal;1 esto quiere decir que la
sanción establecida no es penal. Al infractor se le sanciona con una multa
económica equivalente a 21 a 30 días de salario mínimo o con arresto de 25 a 36
horas y el encargado de observar su cumplimiento es el Departamento del
Distrito Federal.2 Estas sanciones son las mismas que se aplican a personas que
1
Publicado en el Diario Oficial de la Federación el 27 de julio de 1993, y en la Gaceta Oficial del
Departamento del Distrito Federal el 29 de julio de 1993.
2
Artículo 8º, fracción III y artículo 5º del Reglamento Gubernativo de Justicia Cívica para el Distrito
Federal, julio, 1993.
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ingieren bebidas alcohólicas en lugares públicos no autorizados, dañan árboles,
impiden o estorban el uso de la vía pública, matratan o ensucian las fachadas de
inmuebles, revendedores, etcétera.
Las infracciones cívicas solo pueden ser aplicadas cuando los actos son
realizados en lugares e inmuebles públicos o en el servicio público de transporte
y en inmuebles de propiedad particular (siempre que tengan efectos ostensibles
en los lugares señalados anteriormente). Por otro lado, “invitar a la prostitución
o ejercerla” no es una infracción cívica que se persiga de oficio, ya que sólo se
procede por queja de vecinos por escrito ante el juez, aún cuando estas
infracciones sean evidentes.3
En todo el mundo ha existido una gran discusión sobre la postura jurídica más
recomendable para la protección de la salud pública. Algunas autoridades han
planteado que bajo el sistema abolicionista se pierde el control de la prostitución
y se favorece la diseminación de las enfermedades de transmisión sexual (ETS),
basando su planteamiento en el resurgimiento mundial que han tenido este tipo
de enfermedades en las últimas décadas en países que siguen este sistema, como
Francia o Estados Unidos. Por otro lado, los defensores del sistema abolicionista
plantean que esta postura es la única acorde con la dignidad que debe mantener
cualquier país en su interior y ante el mundo, ya que el sistema reglamentarista
favorece violaciones a los derechos humanos de las personas dedicadas al sexo
comercial, asimismo estudios y estadísticas existentes acerca de la prevalencia
e incidencia de ETS en TSC muestran que éstas no son menores en un país o
estado que se rige con un sistema reglamentarista (Piña y Palacios, 1972).
Es nuestra opinión que ninguno de los dos sistemas ofrece condiciones
adecuadas para la prevención del VIH/sida en nuestro país. El sistema
reglamentarista no favorece el control de las ETS (incluyendo el VIH) y es
violatorio de los derechos humanos, basándose más en un sistema de control y
poder que en razones de salud pública. El sistema abolicionista, como es aplicado
por la mayor parte de las autoridades, tampoco favorece condiciones apropiadas
para la prevención, ya que se niega la existencia de este fenómeno, favorece la
explotación y la corrupción debido a que no existen normas o lineamientos claros
de cómo manejar el comercio sexual, y el acceso a la población de TSC se
dificulta ya que éstos se ocultan.
3
Artículo 7º del Capítulo II : De las Infracciones, del Reglamento Gubernativo de Justicia Cívica para
el Distrito Federal, julio de 1993.
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Consideramos que la solución para un mejor manejo del comercio sexual no
sólo es jurídica; existen aspectos relacionados con factores socioculturales,
como corrupción, manejo de la sexualidad y políticas existentes, que dificultan la
adecuada prevención del VIH/sida, pero se pueden establecer algunas
recomendaciones generales de acuerdo con el sistema jurídico vigente en cada
localidad. En el sistema reglamentarista habrá que recomendar medidas razonables
que favorezcan la prevención, por ejemplo, el uso obligatorio del condón en zonas
de tolerancia y la educación permanente de las personas dedicadas al comercio
sexual, como TSC, lenones, clientes, autoridades, etcétera.
En los sistemas abolicionistas es importante reconocer la existencia de este
fenómeno, establecer lineamientos y acuerdos claros entre los participantes,
proponiendo intervenciones específicas dirigidas a TSC y clientes en un marco
de derecho y respeto. Ofrecer servicios de salud de calidad es siempre un paso
fundamental para tener acceso e incidir en la población de TSC, y siempre es
mejor que establecer medidas coercitivas.
En México, algunos estados, principalmente aquellos que cuentan con un
sistema reglamentarista, han establecido la detección periódica del VIH a las
trabajadoras sexuales, como medida preventiva en las zonas de tolerancia o en
aquellas reguladas por el Estado. Esta medida ha sido útil para conocer la
prevalencia de la infección por VIH en estas poblaciones y deberá ofrecerse
como parte de un servicio de detección oportuna de enfermedades de transmisión
sexual. No debe utilizarse como una medida de prevención o de control
sanitario, ya que no debe olvidarse “la temporalidad del resultado” que, en caso
de ser negativo, indica únicamente que hasta el día de la toma de muestra no hubo
exposición al VIH. Debe enfatizarse siempre el uso del condón como medida
preventiva.
Características sociodemográficas y ámbito laboral
No se conoce con precisión cuántas mujeres se dedican al comercio sexual en
el Distrito Federal. Las delegaciones con mayor número de hombres y mujeres
en esta actividad son: Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, Benito Juárez y
Miguel Hidalgo.
De un promedio de 3 100 trabajadoras sexuales que acudieron al servicio
integral para la detección de enfermedades de transmisión sexual, 34.5 por ciento
son originarias de la Ciudad de México y el resto del interior de la República.
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La mayoría de estas mujeres ofrecen sus servicios en “puntos de calle” (48
por ciento) y bares (38 por ciento), ubicados principalmente en las delegaciones
Cuauhtémoc y Venustiano Carranza. Solamente el 8 por ciento laboran en
hoteles, prostíbulos, estéticas u otros servicios especiales. De un 6 por ciento se
desconoce el lugar de trabajo (Uribe Zuñiga, 1991 y Hernández Ávila, 1992).
Más que una distribución real, puede deberse a que las mujeres que ejercen en
la vía pública o bares se encuentran cautivas en virtud de registros obligatorios
o de permanencia temporal en zonas controladas y, por ende, son las de más fácil
acceso.
En las mujeres que acudieron al centro de Conasida durante 1992 y 1993, se
encontró que la edad promedio era de 27 años, 54 por ciento tenía estudios a nivel
primaria y 8 por ciento era analfabeta. La mayoría de ellas (70.7 por ciento) no
tienen pareja, pero 78 por ciento tiene hijos, siendo ellas el principal sostén de la
familia (cuadro 1). La edad promedio de inicio de relaciones sexuales fue de 17
años y la edad de inicio en la prostitución en el 75 por ciento fue entre 16 y 25
años.
En un muestreo realizado en los lugares de trabajo se encontró que 80 por
ciento de las mujeres de “puntos de calle” asiste regularmente a Conasida, 25.8
por ciento de las trabajadoras sexuales de bar y el 29.7 por ciento de estética,
existiendo un subregistro aproximado de 70 por ciento en estos dos últimos
ambientes de trabajo (cuadro 2).
Existe una gran variedad de modalidades del sexo comercial en la ciudad de
México, ya que hay mujeres que se dedican a la prostitución por la noche, sin
ser vistas; otras lo hacen de día, expuestas a la vista de cualquiera; algunas
trabajan todos los días, otras 3 a 4 veces a la semana y otras solo una vez por mes.
Al igual que en otros países, existen diferentes niveles, lo cual en parte está
determinado por el lugar y la zona económica de la ciudad donde trabajan. En
términos generales, las que trabajan en la calle son las de nivel socioeconómico
más bajo y después les siguen las de bar o club nocturno. En casas de masaje y
estéticas, habitualmente trabajan 15 a 20 mujeres como masajistas o estilistas,
ofreciendo todo tipo de servicios a clientes seleccionados. En el más alto nivel
están las llamadas call girls o acompañantes, que trabajan en casas de citas y
dan “servicios especiales”. En la ciudad de México existen departamentos
lujosos en áreas residenciales, donde las mujeres atienden a los clientes, mientras
las “acompañantes” sirven bebidas y aperitivos costosos (Hernández Ávila,
1992).
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Mientras que las mujeres que trabajan en la calle están expuestas y
generalmente registradas o son conocidas por las autoridades, así como las que
trabajan en los bares y clubs nocturnos; la localización de las estéticas, “casas
especiales”, y call girls son secretas y menos accesibles para los investigadores
(Hernández Ávila, 1992).
CUADRO 1
PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS DE
UNA MUESTRA DE 3 100 TRABAJADORAS SEXUALES
ATENDIDAS EN EL CENTRO DE CONASIDA.
1992-1993
Características
Edad promedio: 27 años
Nivel de escolaridad
Analfabeta
Primaria incompleta
Primaria
Técnico
Secundaria
Preparatoria
Profesional
Desconocido
Estado civil
Soltera, viuda o divorciada
Casada
Otro
Hijos
Sin hijos
1-2
3-10
Cantidad
absoluta
Cantidad
relativa (%)
248
775
899
205
474
195
78
226
8.0
25.0
29.0
6.6
15.3
6.3
2.5
7.3
2 192
127
781
70.7
4.1
25.2
682
1 488
930
22.0
48.0
30.3
continúa
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CUADRO 1
PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS DE
UNA MUESTRA DE 3 100 TRABAJADORAS SEXUALES
ATENDIDAS EN EL CENTRO DE CONASIDA.
1992-1993
(CONTINUACIÓN)
Cantidad
absoluta
Características
Nivel socioeconómico
Cantidad
relativa (%)
Calle ( n= Bar (n = 1178)
1488)
150 (10.1%)
393 (33.4%)
368 (24.7%)
348 ((29.5%)
970 (65.2%)
437 (37.1%)
2 325
75.0
214
6.9
2 666
86.0
2 753
88.8
93
0.3
Bueno
Regular
Malo
Edad de inicio en el comercio sexual
Antecedente de transfusión sanguínea
Uso de métodos anticinceptivos
Uso de condón
Antecedente de uso de drogas intravenosas
Estado civil del cliente
Casado
2 201
Soltero
434
Desconocido
465
Nivel socioeconómico de los clientes de acuerdo con la percepción de las
trabajadoras sexuales
Alto
651
Medio
1 147
Bajo
1 302
71.0
14.0
15.0
21.0
37.0
42.0
Fuente: s/f.
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CUADRO 2
DISTRIBUCIÓN POR LUGAR DE TRABAJO DE MUESTRA ALEATORIA
DE 817 TRABAJADORAS SEXUALES
CIUDAD DE MÉXICO. ENERO-NOVIEMBRE DE 1993
Lugar de trabajo
Total de
personas
encuestadas
Núm. de mujeres por
sitio de trabajo
Promedio
Bar n = 23
Rango
% promedio Rango (% )
x lugar
376
16.34
3-31
25.8
0-90.9
*
*
*
*
0*
70
50-98
169
Calle n = 14
Antecedente de centro
Conasida
367
8.5
25
4-16
9-50
0
Estética n = 11
74
6.7
3-14
29.7
0-85.7
Fuente: estos datos corresponden a la población periférica masculina (meseros, garroteros, cantineros,
etc), que se encuestó en la muestra al azar de los bares estudiados.
Prevalencia de la infección por VIH
Ante la aparición de cualquier ETS, las personas dedicadas al sexo comercial son
vistas como posibles fuente de contagio y un puente para la diseminación entre
la población heterosexual (Padian, 1988 y Muecke, 1990). No obstante,
frecuentemente se sobreestima el riesgo real de la infección por VIH a partir de
personas dedicadas al sexo comercial, ya que la mayor parte de los estudios son
realizados en las poblaciones de más fácil acceso, que son las de recursos
económicos más bajos; también frecuentemente se refiere como factor de riesgo
el contacto con trabajadoras sexuales debido a que socialmente es más aceptado
que tener prácticas homosexuales o ser adicto a drogas intravenosas (Padian,
1988).
Las trabajadoras sexuales, al igual que otras mujeres, se han infectado por
drogadicción intravenosa o por transmisión sexual, a partir de sus clientes o de
su pareja estable. En un estudio realizado en África encontraron que solamente
el 1.4 por ciento de los clientes masculinos de sexoservidoras con altas
prevalencias a VIH se infectaron, mientras que la tasa de infección clientesexoservidora fue del 6.7 por ciento (Ayehunie, 1987). Por otro lado, la mujer
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Sexo comercial e infecciones de transmisión sexual ... P. Uribe y G. Hernández
tiene pocas posibilidades de negociar el uso del condón y frecuentemente lo
rechaza, incluso ofrece más dinero para no utilizarlo (Uribe Zúñiga, 1991). En un
análisis del uso de condón que se realizó entre clientes de mujeres trabajadoras
sexuales en la Ciudad de México, se encontró que el 89 por ciento nunca lo
usaban (Romieu, 1991).
La prevalencia de la infección por VIH entre quienes ejercen el sexo
comercial varía considerablemente a nivel mundial, dependiendo de la región
geográfica y los factores socioeconómicos y culturales de cada país. En algunas
regiones de África desde la década de los 80 existe evidencia de transmisión de
sida de mujer a cliente y de cliente a mujer (Piña y Palacios, 1972; Van de Perre,
1985 y Clumeck, 1985). Actualmente en África y el Caribe existen regiones con
una seroprevalencia a VIH mayor del 80 por ciento entre trabajadoras sexuales,
la mayoría por transmisión sexual. (Padian, 1988; Estébañez, 1993 y Wofsy,
1990). En cambio, en Europa y Estados Unidos, existe una alta incidencia de
drogadicción intravenosa asociada al sexo comercial, se encuentra este
antecedente en más del 70 por ciento de los casos y seroprevalencias al VIH del
31.3 por ciento al 57.9 por ciento, en lugares donde drogadicción y sexoservicio
se mezclan , mientras que en donde no existe esta asociación las seroprevalencias
son menores al 5 por ciento (Padian, 1988; Estébañez, 1993 y Wofsy, 1990).
En México existen diversos reportes de seroprevalencia al VIH entre
mujeres dedicadas a la prostitución: de 1986 a 1987 en Guadalajara se encontró
una seroprevalencia del 0.4 por ciento (Torres Mendoza, 1988, 1990); en 1987
y 1988 la Dirección General de Epidemiología reportó en seis ciudades del país
una seroprevalencia a VIH del 0.9 por ciento al 5.2 por ciento (Dirección General
de Epidemiología, 1989). En estudio de seroprevalencia al VIH en 3 612
trabajadoras sexuales de 20 ciudades del país encontrándose el 0.4 por ciento
VIH positivas (Valdespino, 1990).
En las trabajadoras sexuales del Distrito Federal la seroprevalencia se ha
mantenido a través de los años menor a 1 por ciento, variando desde 0.04 en 1994
hasta 0.36 por ciento en 1999 (cuadro 3), es decir, la seroprevalencia al VIH en
mujeres del sexo comercial en México no es superior a la de mujeres de población
abierta.
El antecedente de drogadicción intravenosa en la población de sexoservidoras
que acuden a Conasida es de 0.3 por ciento, a diferencia de lo que sucede en
Europa y Estados Unidos (Estébañez, 1993 y Wofsy, 1990). Esta baja asociación
a drogadicción intravenosa también ha sido reportada por otros investigadores
en México (Valdespino, 1990).
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CIEAP/UAEM
CUADRO 3
SEROPREVALENCIA A VIH ENTRE LA POBLACIÓN ATENDIDA EN EL CENTRO
DE INFORMACIÓN Y ATENCIÓN SOBRE SIDA, DE CONASIDA, DIRIGIDO A
MUJERES DEDICADAS AL SEXO COMERCIAL.
CONASIDA. 1995-1999
Año
1994 1995 1996
1997
1998
1999
Núm. de pruebas realizadas en mujeres
dedicadas a la prostitución
Núm. de pruebas positivas
Seroprevalencia VIH (%)
6 304 4 001 2 128
2 482
2 329
1915
6
0.24
6
0.25
7
0.36
13
0.19
5
0.2
5
0.2
Fuente: reportes de actividades de Conasida, 1994 a 1999.
Factores relacionados con la utilizacion de condón
Los factores que se han encontrado asociados a un mayor uso de condón son:
un mayor nivel de escolaridad (p < 0.001), no tener hijos, trabajar en calle vs bar,
tener mayor tiempo en el ejercicio de la prostitución y ser menor de 44 años
(Uribe Zúñiga, 1990). Esto último sucede porque la mujer joven tiene mayores
posibilidades que una mayor de encontrar a otros clientes si rechaza a uno que
no quiere utilizar el condón. Lo mismo sucede con la mujer que trabaja en
“puntos de calle”, donde se tiene una mayor demanda de clientes que en un bar.
En este último, si rechaza a un cliente probablemente sea el único de la noche,
debido al tipo de relación que se establece en estos ámbitos de trabajo. Las
mujeres sin hijos tienen menos presiones económicas y pueden rehusarse a dar
servicio a un cliente si no quiere usar condón. No obstante, la experiencia de
cómo convencer al cliente de usarlo fue otro factor determinante para lograr que
la mujer negociara y propusiera el uso de condón.
A pesar de que en las encuestas más del 88 por ciento de las mujeres reportó
que usaba condón con los clientes (cuadro 1), en las entrevistas profundas y la
observación participante se encontró que frecuentemente no lo utilizan por miedo
a perder al cliente, ofrecimiento de más dinero o irritación vaginal secundaria al
nonoxynol-9 y falta de lubricación. Asimismo, las prevalencias de otras
enfermedades de transmisión sexual encontradas en el mismo grupo de TSC de
la Ciudad de México por Conde y colaboradores sugieren bajo uso de condón:
sífilis 10.1 por ciento, antiHbc 9 por ciento, Herpes simple tipo 2 69.8 por ciento,
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Sexo comercial e infecciones de transmisión sexual ... P. Uribe y G. Hernández
gonorrea 2.1 por ciento, y Chlamydia trachomatis de 23.7 por ciento (Conde
González, 1993). Durante 1998 estudios de muestras cervicales demostraron en
esta misma población las siguientes prevalencias: Chlamydia: 11.97 por ciento;
vaginosis bacyteriana: 26.97 por ciento; tricomoniasis: 2.8 por ciento. Juárez y
colaboradores del INSP, en el mismo año, en 495 muestras cervicales de estas
mismas mujeres encontró una prevalencia del virus papiloma humano (VPH) del
48.9 por ciento, de los cuales 43 por ciento fueron de los genotipos relacionados
con cancer cervicouterino. Por otro lado, en un estudio realizado en clientes de
mujeres dedicadas al comercio sexual se encontró que 89 por ciento declaró
nunca usar condón y solamente 9 por ciento reportó usarlo siempre (Romieu,
1991).
Dsurante 1994 se realizó un estudio en la Ciudad de México, denominado
“Relaciones de género, negociación sexual empoderamiento de la mujer y el
condón femenino en México”(Hernández Tepichin, 1995). Con la finalidad de
conocer los diferentes factores que influyen en la negociación sexual y la
aceptación de condón femenino, se realizaron entrevistas a profundidad y grupos
focales en estéticas y con trabajadoras sexuales que asisten a Conasida; así
encontramos que aún en aquellos casos en que la mujer percibe el riesgo y
propone la utilización de condón, la negociación final se hace por el pago con los
clientes o por afecto con la pareja estable. Este último es un factor que dificulta
las intervenciones educativas en esta población, ya que aún en los casos de
sexoservidoras que habitualmente proponen el uso de condón a sus clientes, en
su vida privada la confianza,la búsqueda de afecto y el deseo de “no poner
barreras” influye y al igual que sucede con las mujeres no dedicadas al sexo
servicio; no usan el condón.
En este mismo estudio se encontró que el condón femenino resulta una buena
alternativa para la prevención de la transmisión de ETS. En general, entre las
TSC tuvo una buena aceptación, especialmente porque algunas mujeres pudieron
utilizarlo sin que el cliente lo notara y no requirió de negociación. Cuando el
condón femenino fue propuesto abiertamente la primera reacción fue de
rechazo, debido al aspecto y sobre todo por el hecho de que el anillo es claramente
visible sobre los genitales. Después de la primera impresión, la mayoría de los
hombres refirieron sentirse más cómodos que con el condón masculino (Hernández
Tepichín, 1995).
La mayoría de las mujeres también refirieron mayor sensibilidad que cuando
utilizan el condón masculino después de probarlo varias veces y haber vencido
la desconfianza de usarlo incorrectamente. En varios casos refirieron haber
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alcanzado el orgasmo con mayor rapidez que cuando no usaban condón o en
caso de usar el masculino (probablemente por la estimulación secundaria
debida a los anillos del condón).
Sin embargo, en muchos casos, el uso de condón femenino disminuyó en
relación directa con el tiempo transcurrido posterior a la intervención, no
agotándose la dotación de condones femeninos recibidos.
Es por ello que actualmente se diseñan intervenciones cortas, en las que se
ofrece diferentes alternativas que aumenten la autoestima y la percepción de
riesgo, ya que la trabajadora sexual cuenta con una serie de estrategias de
convencimiento para uso del condón que resultarían muy eficaces si se lograra
que, en todos los casos, el objetivo fundamental de la negociación sea su
protección.
Conclusiones
La infección por VIH entre las trabajadoras sexuales del sexo femenino en
México se ha mantenido baja; sin embargo no debe perderse de vista que es
importante mantener esta población en estudio, dado que es un grupo con
prácticas de alto riesgo. Desafortunadamente esta baja prevalencia de VIH entre
las mujeres sexoservidoras es más el reflejo de la concentración de la epidemia
entre la población de hombres que tienen sexo con otros hombres, que de la
adopción de medidas preventivas. Lo cual es evidente por las altas prevalencias
encontradas entre hombres sexoservidores (15,25 por ciento), así como la
frecuencia elevada de otras ETS entre las sexoservidoras, que denotan poco uso
de condón.
México se encuentra en un momento fundamental para evitar que se den
experiencias como la reportada en Tailandia, donde a partir de 1988 hubo un
aumento explosivo de los casos de infección por VIH entre trabajadoras
sexuales, las cuales se estima que constituyen de 2 a 4 por ciento de la población
total (500 000-1 000 000 mujeres). En 1988 Tailandia reportó prevalencias a VIH
en trabajadoras sexuales de 0.09 por ciento y en 1990 de 17 al 72 por ciento
(Muecke, 1990). Esta misma experiencia se ha observado recientemente en
Calcuta, India (Estébañez, 1993), con un aumento posterior de la tasa de
prevalencia a VIH en la población heterosexual y una situación similar ocurrió
en Honduras, reportándose una seroprevalencia a VIH en TSC de 25 por ciento
en San Pedro Sula, en 1990 (Beach, 1990).
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Las pruebas de detección del VIH, de manera obligatoria, han demostrado
su ineficacia como medida de prevención, por lo que habría que plantearse como
principales estrategias la educación a todos los individuos que participan en el
sexoservicio, así como realizar intervenciones que modifiquen los factores que
no permiten el cambio, como es un mayor acceso a servicios, la no
estigmatización, la accesibilidad a los condones, etc. Una de las evidencias más
contundentes de la efectividad del condón, que ha sido divulgada como una
experiencia exitosa a nivel mundial por el Programa Mundial de Sida de
Naciones Unidas, es el Programa Condón al 100 por ciento realizado en
Tailandia en 1997, dónde se observó una disminución de 87 por ciento de las ETS
y se logró disminuir las altas prevalencias que se registraban entre reclutas y
mujeres embarazadas.
Es importante conocer los factores individuales (necesidades económicas,
historia personal, contexto familiar, creencias, significados, procesos internos
para la toma de decisiones, prácticas sexuales, habilidades, nivel de organización)
y determinantes contextuales que facilitan esos comportamientos o que dificultan
el cambio de los mismos (cultura sexual existente, normas socioculturales para
las relaciones de género, grado de estigma asociado al sexo servicio, políticas,
marco jurídico, acceso a servicios), para establecer las intervenciones necesarias
para evitar la diseminación de la infección por el VIH y otras ETS en TSC en
México.
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