el templo malates tiano - Emilia Romagna Turismo

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Riviera di Rimini
Travel Notes
Provincia di Rimini
Assessorato al Turismo
El Templo Malatestiano
y las iglesias del territorio riminés
Riviera di Rimini Travel Notes
Colección editorial turística
realizada por la
Provincia de Rímini
Concejalía de Turismo
Directivo Symon Buda
Textos
Pier Giorgio Pasini
Redacción
Marino Campana
Proyecto gráfico
Relè - Tassinari/Vetta
(Leonardo Sonnoli, Igor Bevilacqua)
coordinado por Michela Fabbri
Oficina de prensa
y comunicación
Cora Balestrieri
Foto de portada
Detalle de la fachada
del Templo Malatestiano de Rímini
fotografia de Paritani
Fotografías obtenidas
del Archivo fotográfico
de la Provincia de Rímini
Traducción
Professional Language Services,
Rímini
Se agradece a los fotógrafos
L. Bottaro, P. Bove,
S. Di Bartolo, L. Fabbrini,
R. Gallini, D. Gasperoni,
L. Liuzzi, M. Lorenzi,
Martinini, R. Masi,
G. Mazzanti, M. Migliorini,
T. Mosconi, PH Paritani,
D. Piras, V. Raggi,
E. Salvatori, R. Urbinati
Estampación
Graph, Pietracuta di San Leo - RN
Empaginación
Litoincisa87, Rímini
(Licia Romani)
Un agradecimiento especial al Maestro
Tonino Guerra por haber autorizado
el empleo de los dibujos inspiradores
-el pececito y la manzana cortada por
la mitad- de los símbolos de la Riviera
de Rímini y Malatesta & Montefeltro,
aplicados en las imágenes coordinadas del
material de comunicación de la Consejería
de Turismo de la Provincia de Rímini
Reservados todos los derechos.
Provincia de Rímini, Consejería de Turismo
Primera edición 2011
El Templo Malatestiano es
una publicación turístico-cultural
de difusión gratuita
Con la colaboración de
El Templo Malatestiano
y las iglesias del territorio riminés
5
Una difusión capilar
7
En Rímini y en San Leo: dos (más bien, tres) catedrales
para dos diócesis
11
El Templo Malatestiano, basílica y catedral
de la diócesis de Rímini
23
Antiguas Parroquias
29
Monasterios y Conventos
36
Tras las huellas de San Francisco de Asís
40
Las Iglesias de la Virgen
48
Pequeñas catedrales
54
Santos locales
57
Arte y memoria
60
Para saber más
64
Planimetría del Templo Malatestiano de Rímini
Antes de partir, ven a visitarnos
www.riviera.rimini.it
El Templo
MalateS
tiano
y las
iglesias
del
territorio
riminés
Una difusión capilar
El interior del territorio riminés debe a la presencia de un conjunto de relieves colinares y de dos rios (el Marecchia y el Conca) su conformación tan variada. Se trata de un territorio frecuentado por el hombre
desde la Prehistoria, especialmente en la parte donde las pendientes son más
frecuentes y más movidas; por ello, es una zona rica de pequeños y grandes
asentamientos, recorrida por una densa red de vías que la comunican con
las regiones cercanas y con el mar. Por su posición -entre los Apeninos y el
Adriático y a la vista de la llanura emiliana- siempre ha constituido una zona de
paso, de encuentro entre diversas culturas, pero también de luchas y enfrentamientos. El paisaje se caracteriza vistosamente por las huellas de esta condición inquietante, constituidas sobre todo por los restos de un Medievo guerrero y resplandeciente que todavía se asoma desde los montes de Montefeltro y
de San Marino, que aún corona de fortalezas y de ruinas las colinas, ciñe de
murallas las aldeas, indica con restos de torres los pasos estratégicos. Pero
el aspecto de tales huellas, tan ruinoso como pintoresco, demuestra que son
fruto de acontecimientos definitivamente finalizados y lejanos en el tiempo.
Menos vistosos y quizás menos pintorescos, pero más frecuentes, son los testimonios de naturaleza diversa: los que atañen a una
religiosidad difundida, que a veces tiene raíces profundas en la antigüedad
(como a menudo demuestra una cierta estratificación de los elementos)
pero que todavía hoy está viva y latente, mezclada y estrechamente conectada con las señales de una pacífica, secular laboriosidad. En las colinas,
entre los campos cultivados y a lo largo de las vías campesinas, es fácil
descubrir pequeñas celdas votivas que la devoción continuamente renueva;
mientras en los límites de las aldeas se encuentran a menudo oratorios
que un tiempo flanqueaban pequeños hospitales para los peregrinos, en las
aldeas y pueblos, encontramos iglesias parroquiales de variadas formas y
dimensiones o santuarios dedicados a la Virgen.
La última guerra mundial dañó durante tiempo la zona, en los
límites de la “línea gótica”, provocando numerosas víctimas y gravísimos daños en todos los asentamientos; y, naturalmente, también en las construcciones de carácter religioso, que frecuentemente custodiaban importantes testimonios, y ellas mismas eran preciados testigos de historia y de tradiciones,
de fe y de arte. También la despoblación de los campos, que tuvo su punto
máximo en los inicios de los años sesenta, ha incidido en la conservación de
las construcciones de carácter religioso del territorio. Aún así, todavía hoy,
los campanarios son elementos muy frecuentes, y en cierto sentido los más
característicos del paisaje, remarcando la presencia de edificios de culto
5
San Leo.
Interior de la catedral
(siglos XII-XIII).
más o menos modestos, y más o menos bien restaurados y conservados.
Quien quiera recorrer este territorio encontrará interesantes
y agradables testimonios de arte sacro, y ocasionalmente, auténticas obras
de arte, cuyo significado y belleza son exaltados por el hecho de ser conservadas en sus lugares originales y de asumir su uso original.
En Rímini y en San Leo: dos (más bien, tres) catedrales para dos
diócesis
El territorio riminés, por la confluencia de vías consulares romanas de gran tráfico y sobre todo por la presencia de un puerto eficiente
que unía África con Oriente, recibió precozmente el Cristianismo y Rímini
pronto fue considerada uno de los centros importantes de la nueva religión.
De ahí que en el 395 fuera elegida por el emperador Constanzo como sede
de un concilio que debería alinear a los obispos de Occidente con las posiciones arrianas mantenidas por el mismo emperador y por buena parte
de los obispos de las iglesias orientales. Desafortunadamente los restos
monumentales, o simplemente materiales, de este concilio (definido a continuación “conciliábulo” y no reconocido como válido por la Iglesia), como
todos los del inicio del cristianismo, resultan perdidos en nuestra zona.
Aún así, es cierto que la organización religiosa del territorio
pudo contar desde los primeros siglos con estructuras diocesanas con sede
en Rímini para la parte septentrional y marítima, y en San Leo para la
parte meridional y colinar. Ambas diócesis presumen de dos grandes y bellas catedrales.
La más antigua es la diócesis de San Marino-Montefeltro, cuyo
territorio, limitado por el valle del rio Marecchia, desde el 2009 forma parte
de la provincia de Rímini. Se trata de la catedral de San Leone, situada en
la ciudad-fortaleza de San Leo. Quizás consagrada en el 1173 pero seguramente terminada más tarde, es un gran edificio de formas románicas con
tres naves, construido enteramente con piedra arenisca, con un presbiterio
alzado sobre una gran cripta. Ampliamente restaurada, conserva todavía hoy
las características originales y un solemne interior dividido en tres naves con
pilares y columnas y con arcos ligeramente ojivales. En la construcción se
usó también material romano de expolio, sobre todo para los capiteles, las
7
En alto
San Leo.
La catedral
(siglo XII).
Debajo
Pennabilli.
Vista panorámica
de la catedral.
columnas y las bases de las mismas. En la cripta se conserva la tapa de doble declive del sarcófago en el que se depositaron los restos de San Leone,
fechada aproximadamente entre los siglos V-VIII. Este santo, según la tradición, fue amigo y compañero de San Marino y fue ordenado sacerdote por
el obispo riminés San Gaudenzo a finales del siglo III o inicios del IV. A él se
dedicó la catedral y de él procede el nombre de la ciudad. Su cuerpo, según
la leyenda local sin confirmación histórica, fue sustraído por el emperador
Enrique II en el 1014 y actualmente se encontraría en Voghenza (Ferrara).
La catedral está perfectamente “orientada”, es decir, con los
ábsides hacia oriente, como todos los antiguos edificios cristianos sagrados;
por esta razón, la entrada se localiza en el lado meridional. Al visitante que
llega desde la plaza del pueblo, muestra sus bellos ábsides redondos coronados por pequeños arcos y con los macizos muros salpicados de lesenas (n.t:
lesena: también llamada “faja lombrada”, banda o faja vertical decorativa en
relieve). En el lado opuesto a la entrada, se levantaban las construcciones de
la sede del obispado y junto a ellas, la alta torre del campanario; ésta, ahora
aislada, mientras exteriormente tiene la forma de un alto prisma cuadrangular
(con 32 m. de altura), internamente es redondeada. También ella es del siglo
XII. Durante la restauración de la catedral en 1973, se recuperaron amplias
partes de un ciborio y de un plúteo de finales del siglo VIII (n.t: plúteo: balaustra formada por placas rectangulares macizas, de metal, madera o piedra, que
divide en dos partes un edificio), evidentemente pertenecientes a un edificio
sacro precedente al actual: tales esculturas, interesantísimas, se exponen en
el local Museo de Arte Sacra.
Poco después de la mitad del Quinientos, Guidobaldo II della
Rovere, independientemente de la importancia para todo el estado de Urbino
de la fortaleza de San Leo, pidió al obispo de Montefeltro de transferir la
función de catedral a la colegiata de Pennabilli, hecho que ocurrió efectivamente en 1572. Desde entonces, Montefeltro tiene una catedral con dos sedes
diversas. La “nueva” catedral, fundada en Pennabilli en el 1577, fue ultimada
a finales del mismo siglo y está dedicada a San Pio V; modificada varias veces, gracias a las “restauraciones” llevadas a cabo entre el Ochocientos y el
Novecientos ha adquirido un carácter decididamente ecléctico y académico;
en los numerosos altares se conservan grandes retablos del Seicientos y del
Setecientos, en gran parte derivados de pinturas de Federico Barocci.
9
Rímini. León Baptista
Alberti, fachada
y lateral del Templo
Malatestiano
El Templo Malatestiano, basílica y catedral de la diócesis de Rímini
La catedral más célebre e importante de la provincia, aunque
no la más antigua, es la catedral de Rímini, que desde 1809 se “aloja” en el
Templo Malatestiano: una iglesia de orígenes benedictinos y posteriormente
franciscana (ver planta del edificio al final de esta publicación), convertida
en catedral por voluntad de Napoleón. Tiene el título de “Santa Colomba”,
como la antigua catedral original, demolida a inicios del siglo XIX, pero sus
títulos más antiguos son los de Santa Maria in Trivio y San Francesco. Reconstruida por los Franciscanos a lo largo del Doscientos, se levantaba en
los límites de la ciudad, junto al gran cementerio con las tumbas de los
personajes ciudadanos más importantes y, naturalmente de los señores de
la ciudad, los Malatesta, que eran devotos de San Francisco y favorables a
la actividad pacificadora de los Franciscanos. A finales del mil doscientos o
inicios del siglo sucesivo, parece que Giotto pintó al fresco el ábside bajo
comisión de los Malatesta: lamentablemente del trabajo del gran pintor toscano hoy sólo se conserva una gran Crucifijo pintado sobre tabla, mutilado
en los ápices. En el 1447 Sigismondo Malatesta mandó construir dos capillas
gentilicias y funerarias, para él mismo y para su amante (y posteriormente
esposa), Isotta degli Atti. Seguidamente su intención fue renovarlas totalmente y poco después del 1450 comenzó los trabajos en el exterior bajo el
proyecto de León Baptista Alberti, siguiendo el estilo gótico tradicional de
las dos primeras nuevas capillas del interior, confiado a Matteo de’ Pasti y a
Agostino di Duccio. El edificio, que según el proyecto de Alberti tenía que tener una cubierta de bóveda y ser rematado con una grande cúpula redonda,
no se llevó a cabo debido a la excomunión (1460), derrota (1463) y posterior
muerte de Sigismondo (1468). El proyecto y el modelo predispuestos por el
arquitecto y aprobados por el señor (y naturalmente por los Franciscanos,
que continuaban a ser los legítimos propietarios de la iglesia), no han sido
conservados y sólo una medalla modelada y fundida por Matteo de’ Pasti
nos da una idea de cómo tenía que ser completado el edificio.
A pesar de no ser finalizado, el Templo Malatestiano es uno
de los monumentos más conocidos e importantes del primer Renacimiento,
sea por su arquitectura exterior, inspirada a la Antigüedad, sea por el rico
interior decorado con delicadas esculturas de Agostino di Duccio. “Qui-
11
En alto
Rímini. Interior del
Templo Malatestiano.
Debajo, a la izquierda
Rímini, colección
privada. Medalla
moldeada y fundida por
Matteo de’ Pasti con
la representación del
Templo Malatestiano
según el proyecto de
León Baptista Alberti.
Debajo, a la derecha
Rímini, Templo
Malatestiano. Giotto,
Crucifijo.
zás no exista monumento, o apenas la cúpula de Santa Maria del Fiore,
que tenga, como el Templo Malatestiano, la posibilidad y casi el derecho
de presentarse como emblema mismo del Renacmiento”, escribió en 1956
Cesare Brandi. Incluso los contemporáneos comprendieron los valores de
novedad que aportaba. Se puede decir que ya durante su construcción fue
considerado un símbolo del Renacimiento y sus contradicciones; como tal,
de hecho, fue ensalzado y denigrado, atentamente considerado e ignorado.
Su nombre es significado de una concepción nueva de la vida, del arte y
de la religión, con referencias al templo clásico y a la familia que lo hizo
construir, y no al santo al cual está dedicado.
Como los antiguos monumentos romanos, está revestido de
cándidas piedras. La fachada, formada por tres arcos encuadrados por semicolumnas, es solemne y demuestra una atenta observación del riminés Arco
de Augusto. Los laterales, extraordinariamente severos y armoniosos en su
semplicidad, están formados por una serie de pilares y arcos bajo los cuales
tenían que ser situadas las arcas de las personalidades más ilustres de la
corte malatestiana (aunque sólo se llevó a cabo parcialmente en el lado derecho). En los laterales, entre los pilares del Cuatrocientos y la pared interna,
es bien visible una crujía y una falta de correspondencia entre las aberturas,
buscadas ciertamente por el arquitecto, indiferente a la arquitectura gótica
del interior e interesado a crear una arquitectura de “lógica” armonía, fundada sobre la “fe en la religión” y sobre el ejemplo de la arquitectura clásica.
Todo el edificio se levanta sobre un podio coronado por una franja en la cual están presentes numerosos elementos heráldicos malatestianos,
que encontramos de nuevo en el interior: desde el auténtico escudo de la familia (con las bandas a cuadros) al escudo con la firma personal de Sigismondo
(S e I), alternados con otros elementos, como la rosa de cuatro pétalos y el
elefante. Al interior la figura del elefante se utiliza también para mantener pilares y sarcófagos, para coronar escudos tradicionales, para formar el sitial de
la estatua de San Sigismondo: animal simbólico de múltiples significados, el
elefante fue uno de los preferidos de Sigismondo y de su hermano Malatesta
Novello, que lo acompañó al lema: “el elefante indiano no teme los mosquitos”.
La inscripción latina que corre a lo largo de la fachada y dos
inscripciones griegas a los lados, declaran que Sigismondo Malatesta construyó el edificio en el Año Santo 1450 (obviamente se trata de una fecha sim-
12
Rímini,
Templo Malatestiano.
Capilla de la Virgen
del Agua.
bólica, o mejor dicho, convencional) por un voto hecho durante las “guerras
itálicas”, dedicado a Dios y a la ciudad. Cierto es que inicialmente las intenciones del señor riminés eran más modestas y suponían sólo la construcción
de dos capillas gentilicias en el lado derecho de la vieja iglesia franciscana.
Posteriormente razones de carácter religioso (el voto), propagandístico (un
gran mausoleo dinástico) y quizás también estático (los trabajos de las dos
primeras capillas podían haber puesto en peligro la estabilidad de la construcción) convencieron al señor a intervenir sobre todo el edificio y a solicitar
un proyecto a Alberti, arquitecto humanista querido en la corte papal y en
la corte estense. En el interior los trabajos fueron realizados según el estilo
adoptado en las dos primeras capillas de la derecha, cuya parte mural estaba
ya construida: en el actual edificio, el exterior clásico se contraponía a un
interior gótico que bien reflejaba la tradicional decoración del gusto de la
corte, apenas retocada por “correcciones” probablemente aconsejadas por
el mismo Alberti. El único elemento unificador de las dos partes es un propósito celebrativo: al exterior, el hombre nuevo, que domina la historia y que es
consciente de su nobleza intelectual; en el interior, el principe que se complace de su riqueza, de su corte de eruditos, de su séquito de capitanes, para los
cuales ha predispuesto solemnes arcas funerarias en los laterales del edificio.
Como se ha indicado, es muy probable que León Baptista Alberti haya dado competentes consejos incluso para la disposición interna
del edificio, de la cual han sido excluidos completamente ciclos de frescos
para privilegiar bajorrelieves y revestimientos de mármol. De hecho, al menos en parte, se corresponde con su concepción decorativa explicada en el
célebre tratado de arquitectura (De re aedificatoria) que estaba escribiendo justamente en aquellos años y que conserva un marcado gusto gótico.
Sólo las primeras seis capillas son del Cuatrocientos; se caracterizan por balaustradas de mármol altas y salientes, arcos, bóvedas y
ventanas góticas, revestimientos marmóreos, bajorrelieves y estatuas. Todas las esculturas del Templo se atribuyen al florentino Agostino di Duccio,
que con sus “obreros” trabajó durante un decenio, al menos hasta el 1456; la
disposición arquitectónica-decorativa en cambio se debe al veronés Matteo
de’ Pasti, medallista, realizador de miniaturas, arquitecto y superintendente
de todas las construcciones queridas por Sigismondo. Estos dos artistas
incluso firmaron su trabajo con inscripciones, posteriormente eliminadas.
15
Rímini,
Templo Malatestiano.
Capilla de los Ángeles
con el sepulcro de
Isotta.
Respecto a la temática de las figuraciones que decoran las capillas, ésta
fue sugerida por eruditos de la corte (con la contribución del mismo Sigismondo y de Alberti) y se basaba en estudios de humanistas del cálibre de
Guarino da Verona, Basinio da Parma, Roberto Valturio, Poggio Bracciolini.
La primera capilla de la derecha se fundó en primer lugar y
fue solemnemente consagrada a San Sigismondo en 1452; pero en el 1449
estaba ya terminada, y era a la espera de ser decorada con frescos según la
tradición. Quizás por sugerencia de León Baptista Alberti en cambio fue revestida de mármoles: aún así, el pintor propuesto para la decoración, Piero
della Francesca, realizó el fresco de San Sigismondo venerado por Sigismondo, firmado y fechado en 1451, en el modesto vano contiguo, llamado Celda
de las Reliquias. Sobre el altar se situaba la estatua de San Sigismondo, rey
de Borgoña, sentado sobre un trono formado por dos elefantes; parejas de
elefantes mantienen los pilares, que recogen la representación de las Virtudes teológicas y cardinales (fe, esperanza y caridad; prudencia, temple,
fuerza: falta la justicia). Junto a esta capilla, que originalmente fue pensada
como capilla gentilicia y funeraria, en la pared interna de la fachada está
el sepulcro marmóreo de Sigismondo, muerto con poco más de cincuenta
años en el 1468 (la inscripción especifica: con 51 años, 3 meses y 20 dias).
Entre la primera y la segunda capilla se encuentra la Celda de
las Reliquias, originalmente destinada a sacristía y al tesoro: aquí se situaban
preciados paramentos e insignes reliquias donadas por Sigismondo y, posteriormente, por otros. Actualmente este espacio recoge elementos marmóreos
procedentes del Templo y de la antigua catedral, Santa Colomba, con algunos
restos procedentes de la tumba de Sigismondo y sobre todo de la llamada
“sinopía” de Piero della Francesca (en realidad se trata del “boceto” con pocos
trazos preparatorios para el fresco que, por suerte separado de la pared durante la última guerra, hoy se expone en la cuarta capilla de la derecha).
La segunda capilla acoge en el tabernáculo central la estatua
de mármol de San Michele Arcangelo; delicadísimas formas de ángeles que
tocan instrumentos y cantan, decoran los pilares, graciosos ángeles niños
(los “putti” malatestianos) decoran la balaustra. Al centro de la pared de
la izquierda encontramos la tumba de Isotta degli Atti, amante y posteriormente tercera esposa de Sigismondo, sujetada por elefantes y coronada
por un escudo malatestiano que tiene en la cumbre una doble cabeza de
16
Rímini,
Templo Malatestiano.
Agostino di Duccio:
forma con ángeles
niños que juegan en
el agua, Capilla de los
Ángeles custodios.
elefante con el lema bíblico Tempus loquendi, tempus tacendi. Las recientes
restauraciones han puesto en evidencia la bella decoración con falsas telas
que hacen de telón a la tumba, cuya placa dorada muestra el año 1450, y que
hace referencia al Año Santo y no a la muerte de Isotta (que falleció en el
1474). En esta capilla se localiza también un sepulcro de obispos rimineses.
La tercera capilla, toda revestida de mármol rojo de Verona,
tenía que dedicarse a San Jerónimo; se conoce con el nombre de “la capilla
de los planetas”, por las representaciones de los planetas y de los relativos
signos del zodíaco, considerada como una de las obras maestras absolutas
de Agostino di Duccio y de la escultura italiana del Cuatrocientos. Su disposición sobre los pilares ilustra fielmente la idea del firmamento que se tenía
en el Medievo, evocando la perfección y la armonía del cielo.
Una perfección, una armonía a la cual sobre la tierra tienen
que tender los hombres con sus actividades: de hecho, especular a esta de
los planetas, tenemos en el lado opuesto de la nave, la capilla llamada “de
las artes liberales” (hoy dedicada a San José, con una estatua de bronce
de Enrico Manfrini, del 1999). Las delicadas figuraciones de los pilares, que
tienen como sujeto a las Musas y las Artes, se encuentran entre las últimas
esculpidas en Rímini por Agostino di Duccio (1456). Por su refinamiento
fueron consideradas durante largo tiempo obra de antiguos escultores griegos, tomadas por Sigismondo en Morea (o Peloponeso, península griega)
durante su última campaña contro los Turcos (1464-66). Siguiendo este lado
de la capilla llamada “de los juegos infantiles”, en origen dedicada al arcángel Rafael, decorada con bajorrelieves que representan pequeños ángeles
y amorcillos que juegan, en perfecta simetría de formas y de significados
con la capilla que está en frente suyo, la del arcángel Miguel. En el nicho
del Cuatrocientos hoy vemos el relicario de plata de San Gaudenzo, obispo
y mártir, patrón de la ciudad, obra del platero alemán Franz Rupert Lang
(1735), donado por Pío IX a la catedral en 1857. Sobre la pared de la derecha
se encuentra una tabla del pintor riminés Bartolomeo Coda, que representa
el Pentecostés (1510), procedente de la antigua catedral de Santa Colomba.
La capilla sucesiva (precedida de la capilla de los Caídos, simétrica a la de las Reliquias, en el lado opuesto), es la última hacia la fachada. Dedicada a los mártires o mejor al “martirio de Cristo”, hoy está dedicada a la Virgen del Agua, invocada como protectora contro las calamidades
19
Rímini,
Templo Malatestiano.
Piero della Francesca,
detalle del fresco
que representa
“Sigismondo rezando
ante San Sigismondo”
(1451).
naturales. La imagen de alabastro situada en el nicho central y que representa la Virgen con Jesús muerto sobre las rodillas (la Piedad) es una obra
alemana de la primera mitad del Cuatrocientos. Sobre los pilares -apoyados
en elefantes como los de la capilla de enfrente- están esculpidas las figuras
de las Sibilas y los Profetas que han previsto la reencarnación y la muerte de
Cristo; en los dados inferiores, dos retratos de Sigismondo.
El sarcófago de los antepasados y descendientes de Sigismondo, situado en un suntuoso drapeado de gusto gótico sobre la pared de la
izquierda, presenta dos bajorrelieves que simbolizan los méritos de Sigismondo y su familia en las empresas culturales (el triunfo de Minerva) y la
gloria obtenida con las victorias militares (el triunfo de Escipión). La capilla
fue redecorada en el 1862 con un diseño del arquitecto Luigi Poletti: a esta
redecoración se debe el brillo de los dorados y el esplendor de los azules
actuales. Pero seguramente todo el Templo en origen fue pensado con un
suntuoso interno polícromo, azul y oro, además de rojo, verde y blanco (los
colores malatestianos), rico de decoraciones pintadas y brillantes dorados.
La huella malatestiana es evidente en todas las partes realizadas
en el Cuatrocientos del edificio, marcado por elementos heráldicos, inscripciones y símbolos malatestianos. A esta huella y al despliegue de formas clásicas,
con citaciones eruditas, el edificio debe su fama de “templo pagano”, recibida
y ampliada por Pío II, entre las muchas -auténticas o presuntas- fechorías de
Sigismondo, incluidas las de esta construcción. En realidad se trata de una
primera, inédita tentativa de dar formas clásicas a un edificio cristiano y a representaciones plásticas de significado tradicionalmente cristiano: de hecho
también las imágenes aparentemente más profanas, como las que representan
la belleza y la perfección del firmamento (los planetas y los signos del zodíaco)
y el trabajo del hombre (las artes liberales), están bien presentes en las iglesias
ya desde época altomedieval, pero ciertamente no habían sido representadas
con formas tan fantasiosas y al mismo tiempo tan alusivas a la antigüedad.
Después de la caída de Sigismondo Pandolfo Malatesta, los
Franciscanos tuvieron que completar como mejor pudieron el edificio, construyendo el campanario y el ábside. Éste último, construido varias veces,
desde el 1548 al 1809, tuvo al centro un gran cuadro de Giorgio Vasari que
representaba San Francisco que recibe los estigmas, expuesto hoy en la capilla de la izquierda. Actualmente al centro del ábside se conserva la única
21
Santarcangelo
di Romagna.
Exterior e interior
de la parroquia
de San Michele
(siglo VI).
reliquia de la antigua iglesia del Trescientos: un grande y bellísimo Crucifijo
pintado sobre tabla por Giotto alrededor del año 1300.
Durante la segunda guerra mundial, el edificio fue dañado varias veces por numerosas bombas que destruyeron el ábside, las capillas
del Setecientos, las sacristías y los antiguos objetos lutúrgicos, balaustras y
altares, bajorrelieves y parametros externos. También el convento franciscano adyacente al Templo, por entonces sede del Museo Cívico, fue destruido.
La reconstrucción y la restauración de la iglesia, realizadas gracias a una
importante contribución del “Comité americano para la restauración de los
monumentos” , finalizaron con la consagración en 1950.
Con ocasión del último Año Jubileo -que coincidió con el 450°
aniversario de la fundación oficial del edificio y con el 50° de su reconstrucción postbélica- una nueva restauración general, llevada a cabo con la
participación del Estado y de la Fundación Cassa di Risparmio di Rimini, ha
devuelto al Templo su antiguo decoro y ha permitido la parcial recuperación
de la policromía original. Finalizada la restauración, la zona de celebración
fue acondicionada para uso litúrgico siguiendo las normas canónicas, y el
viejo altar mayor del Setecientos (procedente de la desaparecida iglesia de
los Teatini) fue colocado en la última capilla de la derecha, que ya acogía un
bonito monumento neoclásico (obra de Giacomo de Maria, 1828). En el 2002
a la catedral de Rímini se le concedió el título de Basílica.
Antiguas Parroquias
La difusión del Cristianismo en el territorio de Rímini y de Montefeltro está rodeada de historias fabulosas, de leyendas en las cuales es
difícil separar lo real de lo fantástico. Probablemente fue bastante precoz,
considerando el papel no secundario de la ciudad y de su puerto en los intercambios con África y con Oriente en época tardo romana.
Considerando después las estrechas relaciones de la ciudad con
el territorio del que dependía, podemos suponer una difusión bastante rápida del Cristianismo, incluso en las zonas del interior. Efectivamente los documentos medievales hablan de una red suficientemente densa de parroquias (al
menos dieciséis en el territorio riminés anteriores al siglo X y dieciocho en el
territorio de Montefeltro anteriores al siglo XII) a la cabeza de los lugares más
23
San Leo. Interior
de la parroquia
románica (siglo XI).
habitados e importantes, dispuestas en gran parte sobre las vías que unían la
ciudad con los mayores centros de la península: las importantes y bien conocidas vías consulares Emilia y Flaminia, la vía Aretina (hoy Marecchiese), la Flaminia Minor, o la Via Regalis (hacia Las Marcas). Pero los testimonios monumentales fueron en gran parte destruidos hace siglos y de algunas parroquias
se ha perdido también la memoria de la localización topográfica, mientras que
de otras quedan sólo reconstrucciones relativamente modernas. Lo mismo sucedió al interno de la ciudad de Rímini, en la cual todos los edificios sagrados
más antiguos desaparecieron completamente, incluso la primitiva catedral dedicada a Santa Colomba, desacralizada y demolida en época napoleónica.
De los edificios sagrados del territorio que han sobrevivido, el
más antiguo y fascinante lo constituye la parroquia de Santarcangelo di Romagna, dedicada al arcángel Miguel. Se levanta a un kilómetro del pueblo,
hacia el rio, en una zona de llanura, y se presenta como un edificio con una
única nave de proporciones muy calculadas y con un interior luminoso, con características típicas del arte bizantino de la Rávena del siglo VI: ábside exterior
poligonal, muros de finos ladrillos, armoniosa serie de ventanas cimbradas.
Algo que no debería sorprendernos porque todo el territorio riminés formaba
parte de la pentápoli bizantina y fue defendido durante mucho tiempo contra
los bárbaros, ya que la Iglesia de Rávena tuvo durante siglos varias posesiones
entre Romaña y Las Marcas. Una de las pocas huellas que han sobrevivido
bajo estas condiciones es la presencia de dedicatorias de numerosas iglesias
a santos bizantinos y longobardos (también San Miguel Arcángel es una de
ellas). Nuestra parroquia hoy se presenta priva de decoraciones pero las excavaciones arqueológicas han permitido recuperar fragmentos de mosaicos para
suelos e incrustaciones marmóreas, documentando así una notable riqueza
decorativa. Su continuidad en el tiempo se testifica en el campanario construido delante de la fachada en los siglos XII-XIII, y el hito sobre el que se apoya
todavía hoy la mesa del único altar: una escultura altomedieval con sarmientos
de hojas y un ave rapaz que con sus garras levanta un pequeño cuadrúpedo,
representado con trazos superficiales y un duro corte de gusto barbárico.
Para encontrar enteros, aunque no intactos, monumentos de antigua arquitectura sagrada se debe subir el valle del rio Marecchia. Apenas se
pasa Villa Verucchio, se puede admirar la parroquia de San Martino, de rústica
arquitectura románico-gótica, en un declive sombreado por olivos, a los pies del
25
En alto
Pennabilli.
La parroquia de
San Pietro en Ponte
Messa (siglo XII).
Debajo
Pennabilli. Detalle del
portal de la parroquia
de San Pietro en Ponte
Messa.
espolón sobre el que se levanta Verucchio. Pero sólo adentrándose en el valle,
en el territorio del Montefeltro, encontramos las parroquias románicas más características. La primera, en San Leo, donde existe una importante parroquia
dedicada a Santa Maria Assunta, del siglo XI pero levantada sobre un edificio
más antiguo, de al menos dos siglos anterior, como demuestra en su interior
un bonito cimborrio. Se asoma a la plaza del pueblo con tres ábsides de gusto
lombardo coronados por pequeños arcos; se accede por los laterales porque,
siendo una catedral perfectamente “orientada”, su fachada se construyó sobre
un despeñadero. El interior se divide en tres naves por pilares y columnas desnudas, con capiteles romanos reutilizados, y está constantemente envuelto en
la penumbra, apenas alumbrado por la luz que entra por las puertas laterales y
por las pequeñas ventanas con una sola abertura de los ábsides y de la fachada.
Sobre el prebisterio elevado se ha reconstruido el cimborrio del duque Orso,
en cal blanca, mantenido por cuatro columnas con bellos capiteles contemporáneos y decorado simplemente con una larga escritura que recorre todo el
perímetro, especificando el nombre del mandante (el duque Orso) y el templo
en el cual fue construido (el del Papa Giovanni y del emperador Carlo III, con la
indicción XV, es decir, entre el 881 y el 882). (n.t: la indicción es un período de 15
años establecido por el emperador Constantino en el 312).
Subiendo el curso del rio Marecchia encontramos la parroquia
de Ponte Messa (en la aldea de Pennabilli), que representa un buen ejemplo de arquitectura románica de finales del siglo XII. Dedicada a San Pedro y
construida sobre un edificio de culto de al menos dos siglos anterior, conservó su función de parroquia con la pila bautismal por lo menos hasta la mitad
de Quinientos. Posteriormente empezó a decaer: sus naves laterales fueron
destinadas a uso agrícola, se perdió el ábside, el techo, el campanario, la
pared alta de la fachada, reutilizándose los materiales en otros monumentos.
La restauración de la postguerra ha recuperado en parte la forma; ahora se
presenta con un vano esbelto, dividido en tres naves por pilares con arcos y
un alto presbiterio con la cripta subterránea; la mesa del único altar, situada
en el presbiterio, se apoya sobre un hito romano. La parte más interesante
del edificio es la fachada, caracterizada por cordones arquitectónicos horizontales y pilastras que forman una retícula cuadrangular con un bonito
pórtico avanzado. En éste, como en algunos capiteles del interior, abundan
las esculturas de gusto “barbárico”, con animales fantásticos y monstruos.
27
En alto
Rímini, Iglesia de
San Giuliano. Bittino
da Faenza, políptico
con la historia de
San Giuliano (1409).
Debajo
Rímini, Iglesia de
San Giuliano. Pablo
Veronés, retablo con
el “Martirio de
San Giuliano” (1588).
Monasterios y Conventos
En los documentos del altomedievo encontramos frecuentemente citas de monasterios, pero en general se trataba de pequeñas iglesias así llamadas porque se confiaban a un sólo sacerdote o, si se localizaban en los campos, de pequeñas ermitas. En el territorio riminés, las primeras auténticas comunidades de monjes que practicaban una vida “regulada”
fueron los benedictinos.
Rímini presume de tres importantes iglesias y abadías benedictinas, situadas a las afueras de la ciudad, junto a las entradas principales a la misma: la de San Pietro, en el centro del Borgo San Giuliano, al
principio de la via Emilia; la de San Gaudenzo, en los márgenes del Borgo
San Giovanni, al final de la via Flaminia; y la de Santa Maria in Trivio, cerca
del antiguo puerto. Ésta última, pasada en el siglo XIII a los Franciscanos,
reedificada por los mismos y posteriormente transformada por Sigismondo
Malatesta en el Templo Malatestiano, es hoy la Catedral de la ciudad. De
la segunda -levantada junto a una antigua necrópolis pagana y cristiana- no
quedan restos después de las supresiones seguidas a las guerras napoleónicas. De la primera, sobrevive la iglesia, hoy parroquia con el título de San
Giuliano: de gusto decididamente véneto, se caracteriza también por una
gran bóveda de cañón que otorga al espacio una notable solemnidad. Fue
reconstruida enteramente en el siglo XVI por los monjes de San Giorgio in
Alga, a los cuales se debe el bonito retablo de Pablo Veronés que representa
el Martirio del santo (1587), conservado en el ábside, al centro de un imponente marco arquitectónico de madera dorada. En la tercera capilla de la izquierda se expone un espléndido políptico de Bittino da Faenza (1409), que
cuenta la leyenda de San Giuliano y el milagroso traslado, llevado a cabo
por los ángeles, de su cuerpo desde Istria hasta la costa riminesa en una
grande arca romana (todavía hoy conservada detrás del altar). En las otras
capillas existen preciadas pinturas del Setecientos, entre las que destacan
los retablos de Andrea Sirani (La Anunciación, de alrededor del 1650) y de
Pietro Ricchi (La entrega de las llaves a San Pedro, 1649).
Bastante más reciente es una cuarta abadía benedictina, de
la “rama” de los Olivetani (los “monjes blancos”), que se levanta sobre la
colina de Covignano, en los alrededores de Rímini, llamada de Santa
29
Rímini, Iglesia de
San Fortunato. Giorgio
Vasari, retablo con
la “Adoración de los
Reyes Magos” (1547).
Maria di Scolca; ha sobrevivido la iglesia, hoy conocida con el título parroquial de San Fortunato. Fue fundada a inicios del siglo XV por Carlo
Malatesta y gracias a la protección de los Malatesta, en breve tiempo extendió sus posesiones y derechos sobre muchos lugares del territorio, adquiriéndo también el antiguo monasterio de San Gregorio in Conca (cerca
de Morciano) con todas sus pertenencias. La iglesia ha sufrido durante
siglos transformaciones importantes pero conserva todavía la estructura
y la fachada del Cuatrocientos, un bonito techo renacentista y una capilla
con excelentes frescos del 1512, atribuidos a los pintores Bartolomeo Coda
y Girolamo Marchesi da Cotignola. En el mismo 1512, en el monasterio
adyacente a la iglesia, se alojó el pontífice Julio II. Pero también tenemos
que recordar a otro húesped célebre: el pintor Giorgio Vasari se alojó aquí
en el 1547. Mientras un monje “literario” le transcribía y corregía el manuscrito de Las vidas de los más célebres arquitectos, pintores y escultores
italianos (posteriormente impreso en Florencia en 1550), él, en compañía
de numerosos alumnos, realizaba pinturas para la iglesia de la abadía,
que todavía hoy conserva en su ábside del Setecientos una espléndida
Adoración de los Reyes Magos, quizás la obra maestra del artista y una de
las obras más bellas del Manierismo italiano. El origen benedictino de la
iglesia es todavía hoy evidente gracias a la presencia de cuatro imponentes estatuas de santos olivetanos que animan la luminosa nave principal
y de dos grandes retablos de altar pintados alrededor de la mitad del
Seiscientos por el padre Cesare Pronti, y que representan santos monjes
benedictinos con cándidas vestiduras junto al mismo San Benito.
En el territorio, sólo el valle del Conca conserva todavía alguna
huella de las antiguas y numerosas abadías benedictinas que surgieron en
el Medievo y a las cuales se debe un primer saneamiento y una primera organización de la parte baja del valle. Desde la más antigua, dedicada a San
Gregorio y fundada por San Pier Damiani hacia el 1060, quedan consistentes
y nobles ruinas, hoy casi “ahogadas” por modernas construcciones en la periferia de Morciano. Este pueblo probablemente debe su origen precisamente a la protección de la abadía, como lugar de mercado. Todavía hoy se lleva
a cabo una grande feria durante la semana de San Gregorio (12 de marzo).
Los acontecimientos napoleónicos llevaron a la supresión,
hacia finales del siglo XVIII, de todas las comunidades religiosas de la
31
En alto
Rímini. Interior
de la Iglesia de
Sant’ Agostino
(siglos XVII-XVIII).
Debajo, a la izquierda
Rímini. Detalle de un
fresco del Trescientos
en la Iglesia de
Sant’Agostino.
Debajo, a la derecha
Rímini. Detalle
del Juicio Universal
(siglo XIV), entonces
en la Iglesia de
Sant’Agostino y
actualmente en el
Museo della Città.
Romaña y del Montefeltro: ninguno de los numerosos monasterios benedictinos del territorio fue reconstruido en época de restauración, ya que
los edificios fueron demolidos rápidamente o transformados de manera
radical, y sus restos vendidos o perdidos.
También muchas otras órdenes del territorio riminés se perdieron, entre ellas la de los Agustinos, que poseían numerosos y florecientes conventos. El más importante fue seguramente el de Rímini, fundado en el siglo
XIII en el centro de la ciudad. Su iglesia, convertida en parroquia, estaba dedicada a San Giovanni Evangelista, pero es más conocida como Sant’Agostino.
Es una de las más grandes de la ciudad y conserva en el ábside y en la capilla
del campanario los mayores y mejores testimonios de la “escuela” pictórica riminesa, que constituye uno de los movimientos artísticos más importantes del
siglo XIV de la Italia septentrional y que tuvo como iniciadores al miniaturista
Neri y a los pintores Giuliano y Giovanni da Rimini. Se trata de frescos dedicados a la Vida de la Virgen y a la Vida de San Juan Evangelista; en la pared
de fondo del ábside, encontramos representaciones de Cristo, de la Virgen en
maestá y la escena del Noli me tangere. A los mismos pintores se debe un Crucifijo pintado sobre tabla, en la pared a la derecha de la nave principal, y una
grandiosa escena con el Juicio Universal, en el arco triunfal, que se encuentra
actualmente en el Museo della Città. La iglesia sufrió importantes transformaciones entre el Seicientos y el Setecientos y su aspecto actual es claramente
barroco. Además de los numerosos retablos de altar del Setecientos, notamos
la presencia de estatuas de estuco de Carlo Sarti (1750) y un bonito techo de
Ferdinando Bibiena con pinturas de Vittorio Bigari (1722), y sobre todo, en el
primer altar de la derecha, una bella estatua de madera del Doscientos con
el Descendimiento de la cruz (que originalmente tenía que formar parte de un
Calvario) procedente de la antigua catedral de Santa Colomba.
De los Agustinos en el territorio riminés se han salvado el monasterio y la iglesia de Verucchio, construidos sobre una estupenda posición panorámica, al límite del espolón sobre el que se levanta el pueblo.
El convento, hoy propiedad del ayuntamiento, se caracteriza por una pulcra
y simple arquitectura, recientemente restaurada para alojar el importante
museo de la civilización villanoviana verucchiese. La iglesia contigua es
apreciable por sus estucos barrocos y por sus fantasiosos retablos dorados
que enmarcan bellas pinturas del Seicientos y del Setecientos.
32
Rímini, Museo della
Città. Ghirlandaio,
retablo con los “Santos
Vincenzo Ferrer,
Sebastiano, Rocco y
los componentes de
la familia de Pandolfo
IV Malatesta” (1494),
entonces en la Iglesia
de los Dominicos.
En Montefeltro recordamos también el destruido convento agustino de Poggiolo, en Talamello, de cuya iglesia procede una obra
maestra de la escuela riminesa del Trescientos: un Crucifijo durante tiempo
atribuido a Giotto, pero perteneciente a Giovanni da Rimini y conservado en
el iglesia de San Lorenzo de Talamello (hoy parroquial pero de fundación
agustina); y la iglesia de San Cristoforo (llamada de Sant’Agostino) de Pennabilli, reconstruida depués del 1521 y modificada en el Ochocientos, y que
conserva una milagrosa imagen mariana del siglo XV junto a un grande órgano de Paolo Cipri del 1587. Pero la iglesia agustina más antigua de Montefeltro es quizás la de Miratoio, fechada en 1127 (aunque muy transformada)
y que conserva las reliquias del beato Rigo da Miratoio, ermitaño agustino
fallecido en 1347. También los Dominicos, ya en el Doscientos, constituyeron
una presencia importante: tenían en Rímini un gran convento con una iglesia
dedicada a San Cataldo, completamente demolida. De una de sus capillas
procede el bonito retablo malatestiano del Ghirlandaio, hoy conservado en el
Museo della Città, que representa a los Santos Vincenzo Ferreri, Sebastiano
y Rocco venerados por Pandolfo IV Malatesta con su familia (1494).
Las ruinas de un imponente convento dominico se pueden
ver en el valle del Marecchia sobre una planicie cerca de Pietracuta.
Fue construido a inicios del siglo XVII gracias a las donaciones del riminés
Giovanni Sinibaldi y fue terminado en 1664. Suprimido en 1812, posteriormente fue en parte demolido y en parte abandonado a ruinas. Aún así, hoy
podemos admirar la imponente fachada, parte del claustro y la iglesia del
1640, de la cual procede un bonito Crucifijo pintado sobre tabla en el tardo
Trescientos, hoy conservado en el Museo d’arte sacra de San Leo.
Por útlimo recordamos la congregación de los Jerónimos, que
poseía iglesias y conventos en todos los centros importantes. Aquí se pueden
indicar dos iglesias conservadas, ambas dedicadas a San Girolamo (San Jerónimo): una en Saludecio y una en Sant’Agata Feltria. La segunda conserva importantes obras de arte y principalmente un grande y preciado retablo de
la escuela de Pietro da Cortona (representa la Virgen con el niño y los Santos
Jerónimo, Cristina, Francisco y Antonio de Padúa, 1640), quizás la única pintura
verdaderamente “barroca” de todo el territorio, debido a la munificencia de los
marqueses Fregoso, señores de Sant’Agata desde el 1506: se conserva en el
altar mayor, enmarcado por un espléndido retablo de madera dorada y pintada.
35
En alto
San Leo. Claustro del
convento franciscano
de Sant’Igne (siglo
XIV).
Debajo
Verucchio. Claustro del
convento franciscano
de Villa Verucchio, con
el secular “ciprés de
San Francisco”.
Tras la huellas de San Francisco de Asís
Más arraigada en la sociedad local y más acorde con la mentalidad y devoción popular, la Orden Franciscana ha logrado conservar,
o mejor dicho, readquirir, muchos de los conventos que poseía antes de
las supresiones napoleónicas y aquellas, no menos rapaces, posteriores a
la Unificación de Italia. Del resto, el mensaje franciscano tiene profundas
raíces que se remontan a la presencia de San Francisco: según la tradición, el santo recorrió estos lugares en mayo del 1213, bajando el valle del
Marecchia después de haber recibido en San Leo por parte del messer
Orlando de’ Cattanei da Chiusi, la donación del Monte La Verna. En San
Leo, en el palacio Nardini, sobre la plaza principal, todavía hoy se indica
la zona donde se produjo tal donación. Siempre según la tradición, antes
de llegar a San Leo, el santo supuestamente se alojó en los alrededores
del pueblo, en un lugar a él indicado por un misterioso fuego. Ahí surgió en
el 1244 el convento de Sant’Igne, todavía hoy existente, con un sugestivo
claustro dominado por un bello campanario a vela y su pequeña iglesia
dedicada a la Virgen.
Continuando su viaje hacia Rímini, el santo paró en una selva
a los pies de la colina de Verucchio, donde se levantaba un pequeño eremitorio dedicado a la Santa Cruz, y aquí sucedieron varios milagros: ordenó
a los pájaros no molestar con su canto durante el recogimiento, hizo surgir
un manantial de agua pura, plantó y hizo revivir un seco ciprés. Enseguida
el eremitorio se tranformó en convento, contiguo a una iglesia dedicada a la
Santa Cruz, todavía hoy existente en Villa Verucchio (se trata de la más
antigua fundación de la Provincia Franciscana de Bolonia). El lugar en el
que se levanta, por su aislamiento y por la presencia de olivos y cipreses,
es muy sugestivo. Cerca del mismo nacen aguas curativas que recuerdan
el milagro del manantial, mientras que en el claustro del convento se puede
admirar el ciprés plantado por San Francisco: un colosal, rarísimo monumento vegetal que los botánicos, reforzando la leyenda seráfica, consideran antiguo al menos setecientos años. Además del ciprés (su altura natural, después del derrumbe de la cima ocurrido el 6 de diciembre de 1980, es
de alrededor 25 m., con una circunferencia máxima del tronco de 7,37 m.),
en la zona del convento se señala el lugar en el cual, según la tradición, se
36
En alto
Santarcangelo di
Romagna, Museo
Storico Archeologico.
Jacobello di Bonomo,
políptico con la Virgen
y santos, entonces
en la Iglesia de San
Francisco (1385).
Debajo
Rímini, Santuario
de Santa Maria
delle Grazie.
Ottaviano Nelli,
“La Anunciación”
(siglo XV).
levantó la cabaña de San Francisco. Pero no podemos olvidar contemplar
también la iglesia, con su bello portal del Trescientos: de vasto interior
neoclásico, con un refinado coro renacentista entallado, sobre la pared de
la izquierda, entre los arcos del Ochocientos, un fresco de colores claros,
con numerosas figuras, representa la Crucifixión, pintado hacia la primera
mitad del Trescientos por un excelente artista de la “escuela riminesa”.
En el territorio riminés, entre Verucchio, Rímini, Santarcangelo, Montefiore y Cattolica, están todavía hoy presentes los Franciscanos
de las tres Órdenes (Conventuales, Menores y Capuchinos). Naturalmente
cada convento se acompaña de iglesias interesantes por su arquitectura y
ruinas. Entre las iglesias franciscanas destruidas recordamos una del Doscientos de los Franciscanos Conventuales de Santarcangelo, una gran
mole con numerosas obras de arte. De ella procede un suntuoso políptico, hoy en el Museo de Santarcangelo, una obra importante y justamente
famosa del veneciano Jacobello di Bonomo (1385): su marco gótico de
fínisimo tallado recoge dieciséis tablas en las cuales se representa, sobre
fondo dorado, la Crucifixión y La Virgen con el Niño entre numerosas figuras de santos.
Entre los testimonios de Rímini, muchos hablan de San Antonio de Padua, que supuestamente obró el milagro de los peces y el de la
mula para confundir y convertir a los heréticos Patarinos. En recuerdo de
éste último milagro, en el siglo XVI se construyó un templete dedicado a
San Antonio en la plaza mayor de la ciudad, hoy llamada Piazza Tre Martiri.
Pero sin lugar a dudas, la iglesia franciscana más importante de Rímini es
el célebre Templo Malatestiano, el cual, como ya mencionado, se convirtió
en 1809 en la Catedral de la ciudad; junto a él se levantaba un imponente
convento completamente destruido en la guerra.
En el territorio que forma parte de la diócesis del Montefeltro,
entre los conventos e iglesias franciscanas que han sobrevivido, recordamos al menos aquellas del Quinientos de Maciano (en la localidad de
Pennabilli) y de Montemaggio (en San Leo). Esta iglesia se caracteriza
por un rico interior barroco, un techo formado de recuadros (1707) y altares
con bellos retablos de madera tallada dorada además de fantasiosos frontales del Setecientos en escayola polícroma.
38
Rímini. Interior de la
Iglesia della Colonnella
(1510).
Las iglesias de la Virgen
Muchas iglesias franciscanas están dedicadas a la Virgen,
como franciscano es el santuario mariano más antiguo de la provincia riminesa. Se trata de la iglesia de la Virgen delle Grazie, que se levanta cerca
de Rímini, sobre la colina de Covignano. Sus orígenes están rodeados,
como en muchos otros casos, de hechos milagrosos y legendarios. En el
1286, un pastorcillo que vigilaba sobre esa colina su rebaño, esculpió en el
tronco de un árbol una Virgen, imagen posteriormente finalizada por los
ángeles. El boceto fue terminado de manera prodigiosa y tomó la via del
mar para desembarcar en Venecia, donde todavía hoy es venerado como la
“Virgen de Rímini” en la iglesia de San Marziale. Sobre la colina de Covignano, en el lugar del milagro, se construyó una capilla y posteriormente una
iglesia (1391) con el título de Virgen delle Grazie, ampliada (y aumentada
con el añadido de una nueva nave) en el siglo XVI. Sobre el altar mayor, se
sitúa una bella Anunciación, realizada por el pintor umbro Ottaviano Nelli
a inicios del Cuatrocientos (hasta época reciente, fue atribuída a Giotto).
Tanto el Santuario como el Convento delle Grazie fueron gravemente dañados durante la última guerra, pero el pequeño claustro, aunque reconstruido, conserva su blancura y su color en la sencilla arquitectura franciscana.
La nave izquierda de la iglesia -cubierta con un bello techo carinado de
gusto véneto, del Cuatrocientos- refleja una sosegada belleza con notables
obras de arte y una interesante serie de retablos votivos. De la construcción
primitiva, una importante reliquia la representa la fachada, bajo un pórtico
del Seiscientos, con un portal gótico junto a fragmentos de frescos que
representan La Anunciación, probable obra de Ottaviano Nelli.
El primero de los grandes santuarios marianos rimineses del
Quinientos es el de la Virgen della Colonnella, construido por el ayuntamiento hacia el 1510 en honor a una imagen de la Virgen con el Niño pintada
en el 1483 en una pequeña celda de la via Flaminia, hecha famosa en el 1506
por haber salvado de la horca a un peregrino injustamente acusado de homicidio. El edificio sufrió graves daños durante la guerra pero fue muy bien
restaurado. Se trata de una auténtica obra de arte del Renacimiento por la
armonía de su estructura arquitectónica y a la contenida riqueza de las decoraciones, constituidas por lesenas y cornisas en materiales cocidos, deli-
40
Montegridolfo,
Oratorio de San Rocco.
Guido Cagnacci,
retablo “Virgen con
el Niño y Santos”
(alrededor de 1625).
cadamente decoradas con motivos grutescos (n.t: decoración caprichosa a
base de bichos, sabandijas, quimeras y follajes). Éstos son obra de Bernardino Gueritti, de Rávena, que fue quien construyó el edificio, singularmente
en sintonía con diversas e importantes arquitecturas de la zona de Forlí,
proyectadas o directamente inspiradas por Marco Palmezzano, cuyo armonioso arte puede ser reconducido a la creación arquitectónica del conjunto.
En Rímini también dentro del centro histórico existe un importante santuario mariano dedicado a la Virgen de la Misericordia. Es uno
de los más recientes y surgió después del prodigioso movimiento de los
ojos de una imagen de la Virgen, notado por primera vez el 11 de mayo
de 1850. La iglesia, conocida como Santa Chiara (porque originariamente
perteneció a las monjas clarisas), es de gusto ecléctico y se atribuye al
arquitecto riminés Giovanni Benedettini: al centro del ábside se sitúa dicha
imagen milagrosa, copia de una imagen igualmente milagrosa del pintor
Giuseppe Soleri Brancaleoni, gracias a un idéntico prodigio manifestado
medio siglo antes, y todavía conservada por la Cofradía de San Jerónimo
en el oratorio de San Giovannino.
A los Franciscanos se cedió durante más de dos siglos el santuario de la Virgen de Montefiore, el más célebre del valle del Conca. Sus
orígenes se remontan a los primeros años del Cuatrocientos, cuando el ermitaño Bonora Ondidei hizo decorar con frescos una pared de la celda que se
había construido entre los bosques, con imágenes de la Virgen amamantando
al Niño Jesús. En el 1409 el ermitaño dejó a los Franciscanos su pequeña
construcción, de la cual sólo sobrevive el muro con la imagen sagrada, todavía hoy llamada Virgen de Bonora. El santuario creció lentamente alrededor
de esta imagen, solemnemente encoronada en el 1926, pero fue restaurado y
radicalmente transformado en los primeros decenios del siglo XX.
En el valle del Conca, donde pasaba una via frecuentada por
peregrinos que se dirigían a Loreto, son numerosas las iglesias dedicadas a
la Virgen. A menudo se trata de construcciones modestas, pero en cualquier
caso revelan la gran difusión del culto mariano en la zona. En la misma Montefiore, por ejemplo, también la iglesia del hospital, surgida alrededor del
Cuatrocientos en la periferia de la zona habitada, está dedicada a la Virgen
de la Misericordia: el modesto ambiente conserva amplios fragmentos de los
frescos que representan el Juicio Universal, la Resurrección de los muertos, el
43
En alto
Montegridolfo,
Santuario de la
Virgen. Pompeo
Morganti, retablo con
la “Aparición de la
Virgen” (1549).
Debajo, a la izquierda
Pennabilli, Iglesia
de San Cristoforo
(Sant’Agostino). La
Virgen delle Grazie,
fresco (1432) sobre
un templete de mármol
del 1528.
Debajo, a la derecha
Montefiore Conca,
Oratorio de la Virgen
della Misericordia.
Detalle del fresco que
representa el Paraíso
(alrededor de 1485).
Infierno y el Paraíso y los cuatro Evangelistas: fueron realizados hacia el 14751480 por un buen pintor de cultura urbinate (de Urbino). Desde el ábside, un
retablo del 1485 que representaba la Virgen de la Misericordia con los santos
protectores del pueblo, dominaba el pequeño ambiente y fue probablemente
pintado por el mismo artista que realizó los frescos citados anteriormente.
El retablo fue atribuido a Giovanni Santi, después a Bartolomeo di Gentile
y más recientemente a Bernardino Dolci. Desde la postguerra se sitúa en el
altar mayor de la iglesia parroquial (San Paolo) que de su originaria estructura gótica conserva principalmente un bellísimo portal de piedra y de las
ornamentaciones antiguas, un gran Crucifijo pintado sobre tabla perfilada,
obra de un desconocido pintor riminés del siglo XIV.
Sobre las colinas de la parte meridional del territorio riminés, en la orilla derecha del rio Conca y a la vista del Foglia, al confín con
Las Marcas, Montegridolfo ofrece más de un motivo de interés por lo
que respecta al culto mariano. También aquí, en la periferia del pueblo,
se localiza una iglesia que por su posición y dedicatoria (a San Rocco),
debió surgir junto a un hospital para peregrinos. En la segunda mitad del
Cuatrocientos un pintor de Las Marcas decoró con frescos el ábside de
esta iglesia, representando una Virgen con el Niño entre los Santos Rocco
y Sebastián. Un siglo después, los fieles quisieron renovar completamente
la imagen, por lo que fue realizada encima de la anterior, siempre con la
técnica del fresco y sin mutar su iconografía, pero más grande y con formas más acordes con el clasicismo del Quinientos, llevada a cabo por un
pintor romañolo. La operación se repitió por tercera vez un siglo después
y la imagen adquirió formas adecuadas a la devoción del Seiscientos por
obra de Guido Cagnacci, que la pintó sobre tela añadiendo otro santo (San
Jacinto) a los ya presentes, modificando sensiblemente la relación entre
las figuras. Con una delicada operación de despegue, los frescos han sido
recientemente recuperados y restaurados: actualmente las tres obras se
exponen en la iglesia y además de mostrarse con toda su armoniosa belleza, ofrecen inspiración sobre la persistencia del culto, sobre la función de
las imágenes, sobre las finas variaciones de la iconografía en relación a la
devoción y sobre el cambio del gusto y de los estilos.
Siempre en Montegridolfo, en la localidad de Trebbio, se levanta un santuario mariano dedicado a la Beata Virgen delle Grazie. Sus
44
45
Talamello, Celda del
cementerio. Interior
con frescos de Antonio
Alberti (1437).
orígenes se relacionan con la aparición de la Virgen a dos campesinos: a
Lucantonio di Filippo el 25 de junio de 1548 y a Antonia Ondidei el 17 de
julio del mismo año. Pocos meses después, una bula de Paolo III autorizaba
la construcción de una capilla, que fue posteriormente reconstruida y ampliada gracias a la contribución de numerosos fieles. De la primitiva construcción se conservan pocos restos, pero sobre el altar mayor existe todavía
una pintura realizada por el pintor Pompeo Morganti, de Fano, en el 1549,
que se basó en el relato directo de los dos videntes: representa la Aparición
de la Virgen a la sexagenaria Antonia. En el bonito fondo (en el cual aparece
un fiel retrato de Montegridolfo y del paisaje rural de la zona) se representa
también el milagroso encuentro de Lucantonio con la que él mismo definió
como “la mujer más bella que jamás he visto, de gran estatura”.
También en el valle del Marecchia y en el Montefeltro abundan
las iglesias dedicadas a la Virgen. Relacionado con dos apariciones de la
Virgen, en 1517 y en 1522, en defensa del pueblo asaltado por los ejércitos
toscanos, es el santuario de la Virgen delle Grazie, de Pennabilli, en la
iglesia de San Cristoforo, ya agustina. En el edificio, reconstruido en el
1526, se venera una imagen de la Virgen, del Cuatrocientos, convertida
en milagrosa por primera vez el tercer viernes del marzo de 1489, cuando
derramó lágrimas. En origen constituía la imagen de una modesta capilla,
cuyo altar fue consagrado en el 1432. Después de dos milagrosas apariciones (1517 y 1522), se incorporó con la ampliación del edificio a una bellísima
tribuna de piedra de gusto renacentista, dorada y pintada, mantenida por un
capocielo del Quinientos en madera entallada dorada (n.t: el capocielo es
una baldaquino simple de madera o tejido, suspendido sobre el altar mayor).
En la zona de Pennabilli, precisamente en Maciano, en 1523 se produjo otra
aparición de la Virgen a una cierta Giovanna de San Leo, a la cual siguió
la construcción de una iglesia de bellas formas renacentistas, dedicada a
la Virgen dell’Oliva (actualmente en restauración), confiada en 1552 a los
Franciscanos Observantes, los cuales la añadieron a un convento que poseían, a pesar de las supresiones, hasta la mitad del Novecientos.
Entre las numerosas iglesias marianas del Montefeltro, vale la
pena recordar la Celda del cementerio de Talamello, del 1437, con frescos
del pintor ferrarese Antonio Alberti. Se trata probablemente de una celda
votiva, deseada por Giovanni Seclani, un franciscano que fue obispo de
47
En alto
Pennabilli, Iglesia
de San Cristoforo
(Sant’Agostino).
Interior.
Debajo
Maiolo, Iglesia de
la Virgen di Antico.
Interior con ábside del
1520 con al centro una
“Virgen con el Niño”
de cerámica de Andrea
o Luca della Robbia.
Montefeltro y que se hizo retratar (aunque hoy su imagen ha desaparecido)
en la pared del fondo, arrodillado junto a la Virgen con el Niño, sobre la cual
está pintada la escena de la Anunciación, con una versión muy parecida a la
de la Virgen delle Grazie de Pennabilli. En los lunetos laterales se representan (sobre una teoría de santos y santas) las escenas de la Adoración de los
Reyes Magos y de la Presentación en el Templo, fascinantes por la vivacidad
y riqueza de las figuras de pintorescos trajes “modernos”. En la bóveda de
crucería están pintados los Evangelistas y los Doctores de la Iglesia. La pequeña capilla es un raro y espléndido ejemplo de estilo tardogótico que ha
conservado milagrosamente su decoración original.
En cambio, la ha perdido en parte la iglesia de Santa Maria di
Antico, fundada al límite del Marecchiese, en la zona de Maiolo, por los
condes Oliva di Piagnano hacia la mitad del Cuatrocientos. Aún así, conserva todavía hoy un bonito portal original del Cuatrocientos y un presbiterio
de piedra (1520). Aquí encontramos una encantadora Virgen con el Niño en
terracota, revestida con vidrio al estilo de Andrea della Robbia, o quizás de
su hijo, Luca, fechable a finales del siglo XV o inicios del XVI.
Pequeñas catedrales
El período barroco dejó muchos rastros en la arquitectura y
en el arte religiosos. Mientras en el Seiscientos, por una sincera exigencia
devocional y de adhesión a los dictados de la Contrarreforma se renovaron
casi todos los retablos de altar, en el Setecientos fueron transformados o
retocados muchos edificios de culto, a menudo con formas grandiosas y
siempre con una notable atención hacia el decoro y la elegancia. La pintura
sacra de los siglos XVII-XVIII pasa de los fuertes acentos naturalisticos de
Cagnacci y Centino, activos en la primera mitad del Seiscientos tanto en la
ciudad como en el territorio riminés, a las clásicas y devotas composiciones de Guercino y de otros pintores boloñeses, a las arcaicas academias
barrocas de Giovan Battista Costa (un pintor riminés en activo hasta 1767),
sin olvidar las importantes obras maestras de Roma, Venecia o Urbino. En
cuanto a la arquitectura, se evitan los excesos del barroco más fantasioso y
fastuoso y se avanza hacia una línea romano-boloñesa con trazos racionalistas en la segunda mitad del Setecientos.
48
Rímini, Iglesia
dei Servi. Interior,
arquitectura de
Gaetano Stegani
y estucos de
Antonio Trentanove
(1766-1779).
Fue precisamente en el Setecientos cuando se renovaron las
mayores iglesias del territorio y de la ciudad. En Rímini se levanta la iglesia de los Jesuitas (llamada “del Suffragio”), siendo reconstruidas y profundamente modificadas, además de dotadas de nuevos retablos y de estucos,
sobretodo las iglesias de los Agustinos (San Giovanni Evangelista), de los
Carmelitanos (San Giovanni Battista) y de los Siervos (Santa Maria dei
Servi). Esta última, reconstruida según el diseño del arquitecto boloñés
Gaetano Stegani, entre 1774 y 1779 fue enriquecida con estupendos estucos
rococós de Antonio Trentanove, convertidos en dorados en 1887; conserva
pinturas de Francesco Albani (1621), Lucio Massari (1620), Gaetano Gandolfi (1784) e Giovan Battista Costa (1740).
Recorriendo el territorio se pueden encontrar oratorios de
modestas formas pero refinados, parroquias rurales externamente pobres
pero ricas en el interior de estucos y pinturas. El oratorio llamado “della
scuola”, en San Giovanni in Marignano, la iglesia parroquial de Mondaino y la de San Vito, la iglesia de las Monjas de Santarcangelo y la
del Suffragio de Verucchio, por ejemplo, son edificios delicados y monumentos de gran interés artístico por su arquitectura y por las obras de arte
que conservan. Pero la lista a realizar sería larga y, en definitiva, inútil.
Señalamos la tentativa, realizada en el Setecientos en los centros mayores de la diócesis, de valorizar y racionalizar de algún modo el ejercicio del culto y la vida del clero uniendo y reduciendo el número de edificios
sacros con la creación de las iglesias “colegiatas”. En Savignano la colegiata
fue construida en 1732, en Santarcangelo en 1744, en Verucchio en 1796
(pero por una serie de retrasos y de indecisiones, fue construida sólo entre el
1865 y el 1874), en Sant’Agata Feltria en 1709. Estas iglesias se concibieron casi como catedrales, no tanto por la constante presencia del coro para
los canónicos cuanto por las dimensiones notables y las formas aulicas.
La colegiata de Santarcangelo es un de los edificios del
Setecientos más grandes e importantes de todo el territorio riminés. Construida entre el 1744 y el 1758 por Giovan Francesco Buonamici, arquitecto
cameral y autor de la catedral de Rávena, tiene un interior grandioso, que
recuerda con sobriedad formas romanas y boloñesas. En la amplia cuenca
del ábside se conserva un bonito retablo que representa los Santos protectores del pueblo, obra de Giovan Gioseffo dal Sole. En la discreta sombra
51
En alto
Santarcangelo di
Romagna, Colegiata.
Guido Cagnacci,
retablo con “Jesús
con San José y San
Eloy” (1635), detalle.
Debajo, a la izquierda
Verucchio, Colegiata.
Interior, arquitectura
de Antonio Tondini
(1865-1874).
Debajo, a la derecha
Verucchio, Colegiata.
Giovan Francesco
Nagli, llamado el
Centino, retablo con
“San Martín y el
pobre” (alrededor
de 1650).
de las capillas laterales, sobre los altares de varias cofradías con frontales
del Setecientos de escayola polícroma, se conservan retablos de notable
belleza (nótese especialmente el del segundo altar de la izquierda, realizado por la cofradía de los carpinteros y herreros de Guido Cagnacci en
1635: representa a Jesús con San José y San Eloy). En cambio, en la grande
capilla de la derecha, se conserva un delicado Crucifijo pintado sobre tabla
por un pintor riminés (quizás Pietro da Rimini) en el segundo cuarto del
Trescientos, procedente de la Parroquia pero probablemente pintado para
la desaparecida iglesia de los Franciscanos.
Más rebuscada y melindrosa pero siempre imponente y solemne, es la colegiata de Verucchio, construida tardísimo por una serie de
circunstancias adversas (entre ellas, la ocupación napoleónica y las consecuencias de los relativos rencores y dificultades en la recuperación de
los bienes patrimoniales indispensables para la construcción). El proyecto
de esta iglesia es del verucchiese Antonio Tondini, erudito y notable artista de gustos eclécticos, arquitecto semi-diletante (su proyecto, de hecho,
fue firmado en 1863 por el riminés Giovanni Morolli, ya que Tondini estaba
“privado de autorización”). La estructura interna retoma motivos barrocos
y renacentistas; en origen, la decoración era en azul y blanco, con tonos
dorados, algo que la hacia demasiada neoclásica, de “estilo imperio”. Los
modernos repintes han terminado por alterar el espacio, que anteriormente
se exaltaba con frios reflejos de luz sobre los estucos colorados y sobre las
molduras salientes. En la colegiata se exponen varios retablos para altar y
adornos procedentes de otras iglesias de Verucchio, entre los cuales destaca el retablo para el altar mayor con San Martín dando su capa a un pobre,
de Giovan Francesco Nagli, llamado el Centino (alrededor de 1650).
Pero las auténticas obras maestras de esta iglesia son dos
Crucifijos pintados sobre tabla perfilada: el primero, en el presbiterio, es de
un desconocido artista riminés de la primera mitad del Trescientos (llamado “el Maestro de Verucchio”); el segundo es una obra veneciana de Catarino (por su carpentería en madera) y de Nicolò di Pietro (por la pintura).
La firma de Catarino y Nicolò, con fecha de 1404, aparece en la base de
la cruz. La Colegiata de Verucchio parece ser que fue concebida un poco
como “catedral” del medio Valmarecchia.
También el Valconca tiene una iglesia que puede considerarse
53
En alto
Saludeccio, Iglesia
de San Biagio.
Interior, arquitectura
de Giuseppe Achilli
(1794-1802).
Debajo
Saludecio, Museo
del Beato Amato
y de Saludecio en la
Iglesia de San Biagio.
Guido Cagnacci,
“Procesión
del Santísimo
Sacramento”,
detalle (1628),
la “catedral” del valle: se trata de la parroquia de Saludecio, dedicada a
San Blas. Se realizó entre el 1794 y 1802 (años realmente difíciles, de una
grave crisis económica y política) gracias al coraje y constancia de un ilustre
párroco local, padre Antonio Ronconi, venerado desde el siglo XIV como protector del pueblo. Esta iglesia, proclamada “santuario” en 1930, tiene formas
elegantes y armoniosas, fruto de una inteligente reelaboración y racionalización de esquemas centralizados de gusto barroco. Su autor es Giuseppe
Achilli, de Cesena, que aquí realizó su obra maestra y quizás la obra maestra
de toda la arquitectura del tardo Setecientos del territorio riminés. Los estucos de la iglesia, dispuestos con sobriedad para enriquecer la estructura
arquitectónica, son del artista riminés Antonio Trentanove, mientras que las
pinturas pertenecen a buenos artistas romañolos y de Las Marcas, del Seiscientos y del Setecientos. Entre las obras destacan dos espléndidos retablos
de juventud de Guido Cagnacci, que representan al Papa Sixto y La Procesión
del Santísimo Sacramento (1628). En algunas salas contiguas a la sacristía
se ha acondicionado el “Museo de Saludecio y del Beato Amato”, donde se
exponen pinturas, paramentos, adornos, ex votos sobretodo del Seiscientos
y del Setecientos procedentes de iglesias y oratorios de la zona eliminados a
finales del Setecientos, junto a varios testimonios referentes al Beato Amato.
Por último recordamos la colegiata de Sant’Agata Feltria,
reconstruida en 1776 con proyecto del riminés Giuliano Cupioli, de formas
barrocas de notable armonía. Con una única nave, capillas laterales enriquecidas con preciosos retablos de madera entallados y dorados del Seiscientos y Setecientos, con otras obras de arte de valor, como un dramático
Crucifijo de madera, de escuela alemana del siglo XV y un retablo con la
Virgen con el Niño y San Antonio de Padua, de Giovan Francesco Nagli,
llamado el Centino (1650).
Santos locales
Actualmente está abierto el proceso de santificación del Beato
Amato (de Saludecio) pero no es el único beato del territorio, al contrario:
cada pueblo tiene uno, más o menos antiguo y venerado, y más o menos oficialmente reconocido por la Iglesia. Podemos recordar, entre otros, a los beatos Giovanni Gueruli, Gregorio Celli y Bionda da Verucchio (de Verucchio),
54
Novafeltria. Iglesia
de Santa Marina
(siglos XIII-XVIII).
Alessio Monaldi (de Riccione), Simone Balacchi (de Santarcangelo), Cipriano Mosconi (de Saludecio), Enrico Ungaro (de Passano di Coriano),
el agustino Rigo da Miratoio y el franciscano Matteo da Bascio, fundador de
la Órden de los Capuchinos. En las pequeñas o grandes capillas o simples
altares en las iglesias parroquiales de los respectivos pueblos, se custodian las
reliquias y se recuerdan la vida y milagros de los santos. A menudo su culto,
demasiado limitado en cuanto a extensión territorial, se apoya en leyendas ingenuas, en narraciones populares ricas de milagros en los cuales se mezclan
fe, poesía y fantasía. Lo mismo podemos afirmar de los antiguos santos de las
ciudades y de ambas diócesis, come Arduino y Chiara da Rimini, y de los más
antiguos patrones, los santos Innocenza, Gaudenzo, Giuliano e Leone.
También la edad moderna ha dado hombres de vida ejemplar,
cuyos testimonios de santidad son bien conocidos y están bien documentados:
entre ellos podemos recordar al fraile Pio Campidelli, sor Elisabetta Renzi, sor
Bruna Pellesi o Alberto Marvelli. Actualmente está en curso la beatificación de
la venerable Carla Ronci, laica, y de las siervas de Dios sor Angela Molari, sor
Faustina Zavagli y Sandra Sabbatini.
Arte y memoria
Esta breve crónica pretende ser una simple invitación para descubrir el territorio de la provincia de Rímini siguiendo las huellas de una religiosidad que ha dejado testimonios notables. Las corrientes elegidas para
los recorridos delineados no son pretextos externos u ocasionales. De hecho
permiten componer coherentemente historia, arte, cultura y devoción. Claramente dentro de estas corrientes se pueden hacer distinciones y enumerar
preferencias, sobretodo con respecto a las temáticas artísticas. En cualquier
caso, para poder unir un discurso histórico con elementos ya de por sí fragmentados, tendremos que realizar integraciones recurriendo a los testimonios
recogidos en Rímini en el “Museo della Città”, en Saludecio en el “Museo di
Saludecio e del Beato Amato”, en San Leo en el “Museo d’Arte sacra”, en Pennabilli en el “Museo Diocesano”, que se forman con obras casi enteramente
procedentes del propio territorio y casi completamente de tema religioso.
Para concluir, podemos sugerir apenas dos o tres temas o
ideas de cierto interés artístico que merecería la pena profundizar. El pri-
57
Rímini, Templo
Malatestiano. Agostino
di Duccio, “Ángeles
que tocan” (alrededor
de 1455) Capilla de
San Michele.
mero sin lugar a dudas es el del arte medieval, con la arquitectura románica del Montefeltro y con la pintura riminesa del Trescientos. Las obras
arquitectónicas más antiguas se encuentran en el valle del Marecchia, sobretodo en San Leo y en Pennabilli, mientras que pinturas significativas de
la escuela riminesa del Trescientos se encuentran, además de en Rímini,
en Santarcangelo, Villa Verucchio, Verucchio y Talamello, en el Valle del
Marecchia, y en Montefiore y Misano en el Valle del Conca.
Otro tema de gran atractivo podría ser el de la pintura riminesa del Seiscientos, que tuvo su originalidad y una notable importancia en
el ambiente del naturalismo italiano gracias a la actividad de Guido Cagnacci y de Giovan Francesco Nagli, llamado el Centino. Sus obras se encuentran en Saludecio y en Montegridolfo, Montefiore, Santarcangelo, San
Vito, Verucchio, Pennabilli, Sant’Agata Feltria y, naturalmente, en Rímini.
Pero podremos también dedicarnos a la búsqueda de los reflejos del Renacimiento desarollado en los centros mayores, desde Venecia
a Florencia, desde Urbino a Roma, o bien a buscar las importaciones e
influencias de las capitales del arte barroco, como Roma y Bolonia.
De todos modos, téngase en cuenta que tanto en la ciudad
como en todo su territorio, tanto en la parte al abrigo del mar como en la
parte más interna y apenínica, las iglesias “son cúmulos gigantescos de
trabajo y historia del trabajo, coágulos de piedad individual y colectiva,
señales de la devoción pero también de elevadísima norma estética”, tal y
como ha escrito Andrea Emiliani, remarcando “la altísima dignidad cultural
y artística” que distingue los edificios de culto, tan frecuentes y densos de
memoria, “incorporados y encarnados en ese espesor vitalísimo que los
técnicos llaman territorio, y que nosotros tendremos que denominar más
bien ciudad y campo, diarquía tan exquisitamente italiana, oposición de
poderes y funciones...”
Justamente teniendo en cuenta tal “densidad” de memorias y
de su valor para la conservación y valorización de las específicas identidades culturales, se añaden al potenciamento de las realidades actuales las
Superintendencias competentes y las Diócesis. La Provincia de Rímini en
el Año Santo 2000 financió una serie de restauraciones de obras de arte
presentes en las iglesias del territorio, curando especialmente los pequeños centros.
58
Para saber más
A. Emiliani, Chiesa città campagna,
Rapporto della Soprintendenza per
i Beni Artistici e Storici, n. 27, Alfa ed.,
Bologna 1981
C. Curradi, Pievi del territorio riminese
fino al Mille, Luisè ed., Rimini 1984
Arte e santuari in Emilia Romagna,
Silvana ed., Milano 1987
P. G. Pasini, Guida per Rimini,
Maggioli ed., Rimini 1989
Storia illustrata di Rimini, I-IV, Nuova
Editoriale Aiep, Milano 1990
Il Santuario delle Grazie di Pennabilli, atti
del convegno, Pennabilli 1991
P. G. Pasini, La pittura del Seicento nella
Romagna meridionale e nel Montefeltro,
in La pittura in Emilia e in Romagna.
Il Seicento, Nuova Alfa ed.,
Bologna 1992
Il Montefeltro, 1, Ambiente, storia,
arte nelle alte valli del Foglia
e del Conca, a c. di G. Allegretti
e F.V. Lombardi, Comunità Montana
del Montefeltro, Pesaro 1995
P. G. Pasini, Arte in Valconca, I-II, Silvana
ed., Milano 1996-1997
Medioevo fantastico e cortese.
Arte a Rimini fra Comune e Signoria,
a c. di P. G. Pasini, Musei Comunali,
Rimini 1998
60
Il Montefeltro, 2, Ambiente, storia,
arte nell’alta Valmarecchia,
a c. di G. Allegretti e F. V. Lombardi,
Comunità Montana dell’Alta
Val Marecchia, Pesaro 1999
P. G. Pasini, Arte e storia della Chiesa
riminese, Skira ed., Milano 1999
E. Brigliadori, A. Pasquini, Religiosità
in Valconca, Silvana ed., Milano 2000
P. G. Pasini, Il Tempio malatestiano.
Splendore cortese e classicismo
umanistico, Skira ed., Milano 2000
Arte ritrovata. Un anno di restauri in
territorio riminese, a c. di P. G. Pasini,
Silvana ed., Milano 2001
B. Cleri, Antonio Alberti da Ferrara:
gli affreschi di Talamello, San Leo 2001
Seicento inquieto. Arte e cultura
a Rimini, cat. a c. di A. Mazza
e P. G. Pasini, Motta ed., Milano 2004
Arte per mare. Dalmazia, Titano
e Montefeltro, cat. a c. di G. Gentili
e A. Marchi, Silvana ed., Milano 2007
L. Giorgini, La bellezza e la fede. Itinerari
storico-artistici nella diocesi
di San Marino-Montefeltro,
Castel Bolognese 2009
61
El Templo Malatestiano de Rímini
E
D
F
C
G
B
H
I
A
Iglesia del siglo XI
“Santa Maria in Trivio” iglesia benedictina
(Pomposiana)
A Capilla de los Mártires, llamada de la Virgen del Agua
B Capilla de los Caídos
Iglesia del siglo XIII
Construida por los franciscanos y dedicada
a San Francisco
D Capilla de San José, llamada de las Musas
Iglesia del siglo XV
Transformación y ampliamento malatestianos
E Capilla del Santísimo Sacramento
Iglesia del siglo XVI
Nueva disposición del ábside
Iglesia del siglo XVIII
Nueva y definitiva disposición del ábside
C Capilla de San Gaudenzo, llamada de los juegos infantiles
y de las Artes Liberales
F Capilla de los Planetas
G Capilla de San Miguel Arcángel, llamada de Isotta
H Celda de las Reliquias
I
Capilla de San Sigismondo
Dónde estamos
Lugares e itinerarios de visita
Trento
Bellaria
Igea Marina
Torino
Helsinki
Oslo
Stoccolma
Dublino
Santarcangelo
di Romagna
Torriana
Montebello
Verucchio
Riccione
Talamello
Novafeltria
Sant’Agata Feltria
Casteldelci
San Leo
Maiolo
Pennabilli
AR
Varsavia
Amsterdam
Bruxelles
Berlino
Praga
Vienna
Parigi Monaco
Budapest
Milano
Bucarest
Rimini
Madrid
Roma
Londra
Rimini
Poggio Berni
Coriano
Repubblica
di San Marino
Milano
Misano Adriatico
Algeri
Tunisi
Genova
Mosca
Ravenna
Firenze
Perugia
Kijev
Rimini
Ancona
Roma
Bari
Napoli
Cagliari
Catanzaro
Ankara
Palermo
Atene
Montescudo
Cattolica
Montecolombo
San Clemente
fiume Conca
San Giovanni
Gemmano
Morciano
in Marignano
di Romagna
Montefiore Conca
Mondaino
Piacenza
Saludecio
Montegridolfo
Ferrara
Parma
fiume Marecchia
Maiolo
Iglesia de Santa Maria di Antico
Mondaino
Iglesia Parroquial
Montefiore Conca
Iglesia de San Paolo
Iglesia del hospital - Madonna della Misericordia
Santuario de la Madonna di Bonora
Montegridolfo
Iglesia de San Rocco
Santuario de la Beata Madonna delle Grazie (Trebbio)
Morciano di Romagna
Ex Abadía de San Gregorio
Pennabilli
Catedral diocesana San Pio V
Iglesia conventual de Sant’Agostino (Miratoio)
Iglesia de San Cristoforo llamada de Sant’Agostino y
Convento e Iglesia de Santa Maria dell’Oliva (Maciano)
Parroquia de San Pietro (Ponte Messa)
Santuario de la Madonna delle Grazie
Rímini
Iglesia del Suffragio
Iglesia de la Madonna della Colonnella
Iglesia de la Madonna delle Grazie
Iglesia de San Fortunato
Iglesia de San Giovanni Battista
Iglesia de San Giuliano
Iglesia de Sant’Agostino
Iglesia de Santa Chiara
Iglesia de Santa Maria dei Servi
Venezia
Bologna
Reggio Emilia
Templete de Sant’Antonio
Templo Malatestiano
Saludecio
Iglesia de San Biagio
Iglesia de San Girolamo
San Giovanni in Marignano
Oratorio della Scuola
San Leo
Catedral de San Leone
Convento de Montemaggio
Convento de Sant’Igne
Convento dominico de Monte di Pietracuta
Parroquia de Santa Maria Assunta
Sant'Agata Feltria
Iglesia Colegiata
Iglesia de San Girolamo
Santarcangelo di Romagna
Iglesia Colegiata
Iglesia delle Monache
Iglesia de San Vito
Parroquia de San Michele Arcangelo
Talamello
Celda del cementerio
Iglesia de San Lorenzo
Verucchio
Iglesia Colegiata
Iglesia del Suffragio
Convento de Santa Croce (Villa Verucchio)
Monasterio e Iglesia di Sant’Agostino
Parroquia de San Martino (Villa Verucchio)
Modena
Bologna
Ravenna
Forlì
Cesena
Rimini
San Marino
Principales distancias kilométricas
Ámsterdam, 1.405 km
Madrid, 1.856 km
Bolonia, 121 km
Berlín, 1.535 km
Múnich, 680 km
Florencia, 178 km
Bruselas, 1.262 km
París, 1.226 km
Milán, 330 km
Budapest, 1.065 km
Praga, 1.089 km
Nápoles, 586 km
Copenhague, 1.770 km
Estocolmo, 2.303 km
Rome, 343 km
Fránkfort, 1.043 km
Viena, 887 km
Turín, 493 km
Londres, 1.684 km
Zúrich, 645 km
Venecia, 235 km
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