No hay igualdad sin diferencia - Revista La Manzana de la Discordia

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«No hay igualdad sin diferencia»:
conversación con Marcela Sánchez
Entrevista de Andrés Felipe Castelar
Marcela Sánchez, ampliamente conocida en
Colombia como la directora de la Fundación
Colombia Diversa, entidad que ha tenido un gran
impacto por sus esfuerzos a favor de la legislación social para el sector LGBT (lesbianas, gays,
bisexuales y personas «trans»: transexuales,
transgeneristas, etc.), es trabajadora social, con
un magíster en Género de la Universidad Nacional de Colombia. La entrevista fue realizada el
24 de junio de 2008 por Andrés Felipe Castelar,
psicólogo, quien ha abordado el tema de la diversidad sexual desde la investigación en filosofía y
las ciencia sociales, y se produjo en el marco del
Primer Coloquio sobre Identidades Colectivas:
Etnia, «Raza», Género y Sexualidad, realizado
en Cali, en la Universidad del Valle en Cali y
organizado por el grupo de Investigación en
Identidades Colectivas y Reconocimiento, de
dicha universidad.
De la participación en el activismo LGBT
E: ¿Qué implica hacer activismo en Colombia?
MS: El asunto no es fácil, sobre todo porque en
un país como el nuestro, el hecho de que uno se
dedique a una causa tan específica como la lucha
por el reconocimiento de derechos para el sector
LGBT es algo mirado con sospecha. Algo así como:
...Nosotros con tantos problemas ¿y ustedes
pensando en los asuntos de los gays? Como si ello
fuera ilícito o ilegítimo, como si no se pudiera optar
por una población en particular. Hay mucho por lo
cual trabajar. Es distinto ser activista en un país
nórdico, quizás.
E: Quizás algunas personas dirían que en el
país es más urgente acabar con la pobreza, con
la violencia o con la corrupción, pensando en
La manzana de la discordia, julio- diciembre, 2008. Vol. 3, No. 2: 107-114
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Conversación con Marcela Sánchez
que las demandas del sector LGBT ¿son de orden
más simbólico?
MS: Primero eso, pero también está la situación
misma de conflicto. El hecho de que el conflicto
armado como tal centra la atención de la opinión
pública. Por ejemplo, un elemento que se presentó
en la Marcha del Orgullo Gay del año pasado [2007],
pues ocho días antes habían asesinado a los 11
diputados de la Asamblea del Valle, secuestrados por
las FARC, y era imposible no decir nada. Nos habría
parecido vergonzoso no incluirlos y de hecho nosotros
abrimos la marcha con una pancarta que decía: «Ellos
también tenían derecho a ser libres». Si bien nosotros
tenemos una tarea bien específica, no podemos estar
tan de espaldas al país. Es imposible y por más que
se quisiera.
Ahora bien, estar en Bogotá también tiene sus
ventajas pues ello implica mayores ventajas, mayores
recursos, mayores avances, pero también implica
muchos reclamos, como el del centralismo. Estar en
Bogotá implica retos distintos pues, ¿Cómo no estar
cerca al Congreso, cerca a la Corte Constitucional,
cerca de los centros de poder nacional, y no hacer
nada? No podríamos dedicarnos a trabajar sólo por
Bogotá.
Y además, ello implica también que la vida
personal muchas veces quede en un segundo plano,
recibir llamadas a media noche, trabajar los domingos,
y aunque se pueden poner límites pero a veces es
difícil.
E: ¿Y qué implica ser mujer que participa en
el activismo en Colombia? Al menos, yo pensaba
que el hecho de ser mujer y pertenecer a un sector
con una orientación sexual no hegemónica lo que
hacía era poner de relieve la vida privada.
MS: Sí, claro, en la vida cotidiana no hay por qué
decir que orientación sexual tiene uno, pero si la pone
al servicio de una causa, entonces hay que decirlo,
pero más por una postura política. Sin embargo, yo
me refería al manejo de la vida íntima, de lo personal,
del uso tiempo, de todo lo que hay que dedicarle a la
causa.
Ahora bien, el ser mujer también ha sido un reto
porque la gente está acostumbrada a tener un
estereotipo más positivo frente a los gays y menos
frente a las lesbianas. Pero creo que es distinto y
ello ha ido cambiando: las personas están acostumbradas al trabajo masculino en este campo. Siempre
ha habido hombres pero, de hecho, hoy en Bogotá
hay más mujeres que hombres que somos visibles y
eso causa un cambio, un impacto más positivo.
E: Si, pues finalmente, hay una especie de
esfuerzo por hacer de la imagen gay algo positivo,
de persona amistosa, festiva, animada.
MS: No sabría explicarlo, pero creo si bien hay
hoy mucho rechazo hacia las lesbianas, el que una
lesbiana sea activista, me parece de buen recibo. Esto
no ha sido tan rechazado como para los hombres
activistas, como podría creerse.
E: Mi pregunta surgía pues yo veía un riesgo
doble para usted. La mujer que lucha por los
derechos y que pertenece a un sector discriminado, ¿no ostentaría un doble rechazo, una doble
discriminación, una doble subordinación?
MS: Sí, por eso es muy paradójico y no lo podría
explicar el que aunque haya tantos estereotipos contra
las lesbianas pero a la hora de ser activista sea menos
rechazada que un hombre. Posiblemente influye mucho
el que los estereotipos sobre lo masculino, su
hipersexualidad, la sexualización de su vida, la banalidad
o la superficialidad que se le atribuye a los gays,
también influirían y les restaría peso a su trabajo.
E: Una pregunta que juzgo infaltable es: ¿qué
la llevó a dedicarse al activismo político y no una
participación distinta? ¿Por qué la lucha abierta,
política, jurídica, por el sector?
MS: Yo empecé en diversas organizaciones de
mujeres y desde que estaba en la universidad, pues
allí recibí una formación feminista y de género,
cercana a promover los derechos de las mujeres.
Creo que eso me marcó mucho en mi vida política y
profesional: eso fue muy significativo y me hizo una
mujer comprometida políticamente, especialmente en
los temas de violencia contra las mujeres. Ahora bien,
en este campo hay un componente legal muy grande,
así como en investigación, en temas también muy
álgidos como el maltrato, la participación política de
las mujeres, etc.
Entrevista de Andrés Felipe Castelar
Con todo, yo veía que la participación de las
mujeres lesbianas era muy escasa, en Colombia era
poco o nada y las lesbianas hasta ese momento
estaban invisibilizadas. Realmente la primera vez que
aparece la palabra «lesbiana» en un documento legal
sería en el año 1981, cuando en el Primer Encuentro
Feminista Latinoamericano y del Caribe hubo un
grupo de lesbianas que estuvo presente e intentó decir
cosas, pero en lo programático y en la agenda política
del movimiento, ello no se vio reflejado. En realidad
el primer documento del movimiento oficial de
mujeres será el Informe Sombra, preparado para la
Conferencia de Beijing en 1995. Entonces resultaba
interesante que el documento de Colombia tuviera al
menos un pequeño párrafo en el que se mencionara
que las lesbianas estaban presentes.
Por esto, al ver ese vacío, desde más o menos
1994 empezamos a movernos sobre el tema, pues yo
trabajé en Profamilia y allí recibí mucho apoyo. Antes,
cuando trabajaba en investigación, no vinculaba lo
personal con lo profesional, pero en esta institución
sí tuve la oportunidad de vincularlo claramente con
mi trabajo y de abrir un campo para tocar este tema,
para hablarlo de frente y hacerlo técnicamente. Allí
es donde me encuentro con la gente del movimiento
que trabaja: con Germán Rincón, con Manuel
Velandia: y lo que más nos impulsa a trabajar
visiblemente, son los proyectos de ley. Ello a partir
de 1999.
E: Lo que sería lo más destacado en la opinión
pública sobre el trabajo de ustedes.
MS: Sí. Realmente creo que si bien las sentencias
de la Corte trabajan el tema y lo vuelven público, es
más un tema de dignidad personal de los gays y las
lesbianas. Pero las sentencias de la Corte empiezan
a conformar un movimiento de apoyo a tales
procesos. Uno escuchaba que las tutelas se fallaban
y la gente decía: «Qué bien, felicidades, que lucha
tan importante», pero no era algo que convocara a la
colectividad.
E: Eran triunfos personales.
MS: Sí, las tutelas eran triunfos personales, que
beneficiaban a una persona y que se celebraban en
lo colectivo. Pero nuestro grupo empieza a gestar,
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paralelamente, el proyecto de ley [de unión de parejas
del mismo sexo] que es algo trabajado en lo colectivo,
con el apoyo a Piedad Córdoba, y si bien se vinculaba
con la persona de Piedad, se necesitaba un grupo de
trabajo que estuviera gestionando detrás. Con muy
poco poder, por supuesto, pero con la posibilidad de
captar la atención de los medios. Ninguna mujer sale,
ninguna mujer quiere dar la cara.
Por ejemplo, recuerdo una anécdota particular, y
es cuando yo salgo del closet ante los medios, porque
fue precisamente un día del Orgullo Gay, y estaba en
la marcha con Manuel Velandia. Él me dice: «Pero
cómo así, ¿no va a hablar ninguna mujer?», y le digo:
«yo salgo pero no doy la cara», pero enseguida me
doy cuenta que es precisamente en el Orgullo Gay la
ocasión en la que lo puedo hacer. Es así como empezamos a pensar más en lo colectivo, sin desconocer
la historia de actividades y de procesos pasados, pero
articulando todo a un trabajo concreto: no los derechos
en abstracto sino algo aterrizado.
Del trabajo de las organizaciones LGBT: el caso
de Colombia Diversa
E: En ese sentido, hay un trabajo muy interesante de la organización Colombia Diversa, que
es el trabajo del cabildeo [Lobby] político. Esta
es una práctica política común hoy en día y países
como los Estados Unidos, donde se inventó el término, lo usan mucho; sin embargo, en el país es
algo novedoso; se podría decir que hay un estilo
particular de hacer lobby, dado que una práctica
asociada más al poder de las familias, a la tradición y a la opinión de un jerarca o al tráfico de
influencias de un cacique político, que al beneficio común y a la gestión de un sector, pensando
en un beneficio lo más general posible. Cuénteme
del trabajo de lobby que hace la organización a
la que usted pertenece.
MS: Colombia Diversa es el resultado del hundimiento del proyecto de ley [de unión de parejas] en
el 2003. Intentamos llevar a cabo algunas acciones
desde la minúscula sociedad civil gay en Bogotá para
lograr la aprobación de este proyecto: al ver el fracaso
de la aprobación, entre nosotros empezamos a pensar
que se necesitaba una organización mucho más
estratégica: contar con un recurso humano y fijarnos
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Conversación con Marcela Sánchez
objetivos a mediano y largo plazo. Nos dimos cuenta
que esto no era solamente algo de marchas ni de
proyectos de ley, sino también acciones mucho más
decididas y concretas. Tomamos la decisión de
convertirnos en una organización dedicada ala incidencia política. Así, Colombia Diversa se funda como
eso: como una organización de incidencia política,
entendiendo esta metodología como algo integral, que
no se queda en el lobby sino que lo supera, y llega
hasta los tomadores de decisión.
Dejamos el tema del SIDA de lado; dejamos el
tema de los servicios, como la psicología, las temáticas culturales y los espacios comunitarios, de lado.
Así, se afianzó el tema de la incidencia política, pues
nos percatamos de la gran cantidad de discriminación
presente en la ley. A riesgo de que nos dijeran lo que
mencioné antes, sobre el trabajo tan específico, lo
irrelevante que sería para muchos la unión de parejas,
etc. Apostamos por ello. Y diseñamos la estrategia.
E: Que aún hoy continúa.
MS: Sí, claro. La estrategia continúa. Porque
nuestro objetivo no es solamente conseguir la ley.
Por ejemplo, cuando conseguimos la primera sentencia de la Corte Constitucional a nuestro favor, eso
significó también que la Superintendencia de Notariado hiciera una circular informativa, pues de lo
contrario los notarios no habrían hecho nada; también
era necesario informarle a la gente, decirle cómo
hacerlo, etc.
E: Es decir que el trabajo no se queda en lo
estratégico, en lo macro, si no que tiene que llegar
a acciones puntuales, directamente con la gente.
MS: Claro. Nos preocupamos por hacer incidencia
desde la investigación. Y para ello, necesitamos que
la gente denuncie, nos cuente sus casos, que procuren
alcanzar una solución a sus problemas desde los
tomadores de decisión. Nosotros decidimos trabajar
el tema de la unión de parejas en el Congreso y en la
Corte no solamente porque era un tema de discriminación en la ley, que conducía a la vulnerabilidad
de las personas, si no incluso, en algunos casos, de
supervivencia de uno de los miembros de la pareja.
Y tuvimos que hacerlo con muchos más argumentos.
Porque, según vimos, en este país, la sola evidencia de discriminación no es suficiente para generar
un cambio legal. Leía yo hace poco un editorial de
claudia López en el que ella señalaba cuán titánica
era la tarea de mostrarle al país que un problema
puede ser solucionado a través de una ley, o que esta
puede transformar al país. Debíamos argumentar una
y otra vez las implicaciones de esto ante los órganos
legislativo y judicial.
E: Me surge una pregunta que puede sonar
mal intencionada. Un país como el nuestro, con
un legislativo tan deslegitimado, tan cuestionado,
¿no le resta credibilidad al trabajo de ustedes?
Es decir, ¿trabajar con el Congreso no resulta
mucho más difícil? Porque pactar con el legislativo significa no solamente pactar con quienes
discriminan abiertamente sino también hacerlo
con quienes no están interesados en el tema ni
ven en este cambio una transformación positiva
para el país.
MS: De hecho, nosotros dejamos de apostarle al
Legislativo pues veníamos de un fracaso reciente y
por ello, pasamos al Judicial. Sin embargo, el trabajo
continuó por casualidad, ya que el senador Álvaro
Araújo presentó ante el Senado la propuesta de ley y
nos invita a asesorarlo, a plantearle cómo trabajábamos. Esto significó un cambio en la agenda porque
no lo teníamos preparado. Era un proyecto conciso,
adecuado. Y trabajamos mucho, en realidad. Cuando
faltaban las dos últimas votaciones de ley, el Congreso
cambia, con todo lo que ello implicó, pues como
vemos hoy, este Congreso es mucho más ilegítimo
que el anterior.
Y aunque tenemos tres proyectos de ley, sabemos
que el Congreso no nos escuchará y nos archivarán
las propuestas. Por ello, nuestro interés de trabajo
con ellos es cada vez menor. Con el sistema político
es muy difícil llegar a acuerdos concretos y el nivel
de discusión es menor que en otros sectores. Es muy
difícil alcanzar, y aún peor sostener la mayoría simple
[la mitad más uno de los votos]. Pero aún así, la fuerza
de los debates del Congreso permea al país, a las
altas Cortes, donde las discusiones son mucho más
restringidas.
Entrevista de Andrés Felipe Castelar
E: Y donde se lleva a cabo una discusión jurídica, mucho más filosófica.
MS: Por supuesto, pues en el Congreso a veces
es triste ver el debate que se genera y las estrategias
que usan, tales como el ausentismo selectivo: retirarse
de las discusiones y hacerse presentes cuando se
disponían a votar en contra del proyecto.
E: ¿Qué piensa de la oposición al activismo
LGBT? ¿Es posible afirmar que existe oposición?
MS: Sí, en Colombia hay oposición real, con mucho
poder.
E: Pero con pocos argumentos.
MS: Evidentemente. Cada vez los argumentos de
la oposición se diluyen más. Por ejemplo, algunos
han llegado a decir «Está bien, que exista el matrimonio pero que no se llame así», porque se quedan
sin vías para decir que no se puede dar y negar ese
derecho. Creo además que eso se da de forma directamente proporcional a la visibilidad del movimiento.
Un movimiento que no es solamente de los activistas
gay sino también en sus aliados: periodistas, líderes
de opinión, la academia, etc. Hay un montón de gente
ve apoya esta causa y no resulta ni legal ni democrático un país que incorpora a todos sus ciudadanos
sin ninguna posibilidad de diferencia, de modo que
hay ventajas ganadas, frente a los opositores, que
cada día pierden adeptos serios. Se nota la presencia
de 15.000 personas cristianas marchando por la
carrera Séptima en Bogotá, pero su poder discursivo
se reduce a cero.
E: ¿Qué le pediría a esos opositores? ¿Más
argumentos de peso? ¿Sentarse al diálogo? Porque una oposición basada en argumentos moralistas no es una oposición política real.
MS: Más bien, no es una oposición política seria.
La oposición es bienvenida y resulta necesaria para
la política en general, pero que sea seria.
E: ¿Ha sido fácil para el trabajo de los y las
activistas la realización de alianzas, sean estas
estratégicas o reales, con grupos y actores
políticos?
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MS: Definitivamente, sí. La academia, por ejemplo, ha jugado un papel importante, así como los
movimientos de mujeres, que han apoyado mucho
en el tema. También las ONG’s de derechos humanos
han participado; la Sociedad Colombiana de Juristas,
los movimientos de víctimas que llevan 20 años
trabajando en este país y nunca se habían planteado
el tema [de la discriminación por razones sexuales]
y hoy lo incorporen en sus informes; los partidos
políticos han aportado ventajas, pues hay votantes
para el legislativo en todos los partidos: desde la
oposición hasta el ala más cercana a nosotros, el Polo
Democrático Alternativo, pasando por el partido
oficialista. Así, el espectro se ampliaba más.
E: ¿Qué más necesita el trabajo de Colombia
Diversa? ¿Qué tipo de apoyo requiere y de quién
o quiénes?
MS: Claramente, necesitamos apoyo económico.
Sea en forma de donaciones, por ejemplo. No hemos
logrado aún acertar en el blanco de la financiación
económica. Nosotros hemos conseguido una estrategia de financiación mixta, que casi ninguna ONG
tiene. No solamente hemos logrado la aprobación y
la realización de algunos proyectos, a menor escala,
con la Alcaldía [de Bogotá] y con cooperación
internacional, sino que además recibimos donaciones
de personas naturales. Como se sabe, las ONG’s
viven de la cooperación. Pero nosotros hemos recibido
apoyos complementarios. La financiación mixta
apenas está empezando a calar: sólo ahora empieza
a ser visible.
Además de lo anterior, creo que la academia tiene
mucho por aportar. A veces es importante sentarnos
a pensar qué hemos hecho, para dónde vamos, por
qué ha pasado lo que ha pasado y creo que es
importante replicar esta experiencia a nivel local, en
otros lugares.
Del activismo colombiano en general
E: Pasemos a uno de los temas clave para el
movimiento y en especial para el activismo del
sector. En el caso particular, el acto más reconocido a nivel mediático es la marchar del Orgullo
Gay. Es posible pensar en una transformación
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Conversación con Marcela Sánchez
positiva de la marcha, pues se reciben más participantes, tiene más asistentes, goza de mayor cobertura mediática. ¿Qué le ha significado a Colombia
la marcha del Orgullo Gay en los últimos años?
MS: Como tú dices, lo primero es la mayor
visibilidad, que finalmente es su apuesta. En eso se
ha logrado mucho. Hay un fenómeno interesante y
es el acto de «tomarse la ciudad»: que se Bogotá
sienta tomada por los gays. Porque lo más interesante
de ese acto no es la marcha misma si no la gente que
sale a verla, a presenciar el carnaval, el espectáculo,
las luces, los colores. Es todo un logro haber obtenido
el respaldo del gobierno local, que ayude a organizarla,
aporte el sonido, la tarima. Que se gaste nosécuántos
millones de pesos gestionándola, organizándola,
haciendo también una apuesta por los derechos, por
la participación y la visibilización del sector.
Y creo que también ha significado otro escenario
más para poner en el tapete el tema de los derechos:
como por ejemplo, la diversidad; poder ver desde la
travesti, desde los hijos de los gays que van disfrazados porque no quieren salir del clóset; hasta los
activistas, los políticos que empiezan a ir a la marcha,
porque en la última campaña, todos los candidatos a
la Alcaldía de Bogotá estuvieron presentes en ella.
No sé si el Alcalde esta vez asistirá, pues los anteriores
lo han hecho.
E: El movimiento LGBT en Colombia ha
logrado triunfos significativos en el plano de lo
jurídico, lo que implica obtener triunfos reales,
concretos, que obligan a redistribuir los derechos. Para algunos, la separación entre la
redistribución de lo material y la transformación
de lo simbólico aún se mantiene. En ese sentido,
quiero volver a lo que mencionó anteriormente,
sobre el poder que tendría una ley para transformar el imaginario de las personas y al hecho
de que ustedes dejen en un segundo plano la
incidencia en ese plano de los imaginarios y las
representaciones sociales. ¿Cómo cree que los
logros del sector en materia judicial, transformarían lo simbólico?
MS: Yo creo que el logro básico es convertir el
tema LGBT en algo que ya no es privado, y
convertirlo en un tema de Estado, que espera
respuestas gubernamentales en forma de políticas
públicas no solamente nacionales si no también
locales, porque además se ha logrado presionar al
Estado por una respuesta a las necesidades que se
le han demandado.
Y no solamente con el tema de la Corte Constitucional si no también con los Informes Sombra que
se emiten, como el Informe sobre Derechos Civiles
y Económicos, o un informe sobre los Derechos del
Niño. Estamos diciendo siempre: aquí está Colombia
y estamos respondiendo internacionalmente.
E: ¿Cómo ve a Colombia frente a las transformaciones que ha generado el movimiento LGBT
a nivel mundial? Hemos visto los logros en materia de unión de parejas en la Argentina, cada
vez más países de Europa la aprueban, así como
algunos Estados de los Estados Unidos...
MS: Yo a Colombia la veo muy aislada. Creo que
nos hace falta abrirnos más en materia de articulación
latinoamericana. Incluso reflexionábamos hace poco,
a raíz de la publicación del Mapa de Derechos de la
ILGA (Asociación Internacional de Gays y Lesbianas) el hecho de que Colombia no aparece
coloreada con derechos porque tiene cero legislación.
Y la razón es simple: ellos privilegian las leyes por
encima de las sentencias. Eso habla un poco de las
características de Colombia y de lo alejados que
estamos del concierto internacional. Aunque las
sentencias de la Corte de Colombia son más importantes en proporción que las leyes de la ciudad de
Buenos Aires o que las decisiones de estados en los
Estados Unidos. Nuestras sentencias son de corte
nacional y no local o regional.
Si se analiza detenidamente este fenómeno, se
puede ver que estamos por encima de muchos países
latinoamericanos y solamente nos supera Uruguay
en cuestión legislativa en el sector LGBT. Pero
nosotros contamos con una Ley de Concubinato que
fue emitida desde 1990 y es lo que nos ha permitido
luchar por la unión de parejas del mismo sexo. De
modo que no nos conocen mucho en el exterior: pese
a que el movimiento argentino es muy fuerte, así como
el mexicano, no se puede comparar. Por ejemplo, el
Movimiento Homosexual de Lima, nuestro equivalente, tiene 30 años. Nos llevan 25 años de
Entrevista de Andrés Felipe Castelar
diferencia histórica. Y eso nos alienta mucho, porque
los logros nuestros han sido muchos en poco menos
de 10 años.
Esto se ha favorecido por las características del
sistema legal colombiano, respecto de otros países
de América Latina: a la Corte puede arribar cualquier
ciudadano, así no sepa leer.
E: Un posible obstáculo que se puede enfrentar, es el posible cambio en la composición de la
Corte Constitucional para enero de 2009. Los
logros jurídicos, ¿siguen dependiendo solamente
de un grupo tan pequeño pero tan interesante
como la Corte constitucional? ¿Cómo evitar que
los avances se frenen o que haya retrocesos si a
futuro se cambia la composición de magistrados
de esta corte?
MS: Su estructura es muy frágil debido a su
composición. Pero ello ocurre también con las leyes,
que se ganan y al tiempo se demandan por inconstitucionales. Nunca se saben a ciencia cierta de las
posibilidades de éxito a largo plazo de leyes o sentencias y además si ello no es posible, no habría
verdadera democracia.
De otro lado, un retroceso en materia de derechos
sería muy impopular. La sociedad no se cambia por
decreto, es cierto, pero las decisiones legales cambian
los modos de pensar de la gente sobre los gays. Y al
contrario. Ello pues la Corte no habría tomado esta
decisión si la opinión sobre los gays no fuera
favorable. Los jueces tampoco son tan alejados de
lo político. Sería muy mal visto por la opinión pública
una vuelta atrás en el tema de lo legal. Es más, la
gente del común piensa que tenemos derechos plenos.
E: ¿Cuáles son las necesidades actuales del
sector LGBT? ¿Se necesita gozar de la igualdad
o del reconocimiento de la diferencia? ¿O se
necesita abolir la rígida diferenciación entre homo
y hetero? ¿Cuál puede ser el centro de esa transformación?
MS: Yo creo que no hay igualdad sin diferencia.
Al menos para evitar la discriminación, es necesario
reafirmar las diferencias, así sea momentáneamente.
Y no sé qué necesita el mundo como totalidad. Creo
que es muy difícil señalar una sola vía: si es la
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diferencia radical o la indiferenciación sexual, apelando a una perspectiva queer, porque eso de las
particularidades de cada país. Pensemos en Noruega
o en Bélgica, que han aprobado el matrimonio gay,
comparados con Colombia, pues hay una distancia
muy grande y la estrategia política es incomparable.
Y el nivel de recepción de la sociedad también cambia.
Creo que el derecho a la indiferencia (como alguna
vez decía Florence Thomas), eso de «no me importa
tú qué seas» es muy prematuro pensarlo. Y ello por
dos razones. Primero porque me parece que es
importante reafirmar la diferencia, para alcanzar la
igualdad, dado que no se ha hecho del todo, y dos:
porque creo que si tanto estorba tanto la diferencia y
lo que quieren es que pasemos desapercibidos, pues
no, hay que remarcarla más: si lo que quieren es que
pasemos desapercibidos, pues más debemos estar
ahí y hacernos notar. Ellos ven irreverencia donde
nosotros vemos derecho a estar y a ser.
E: Ese punto me parece muy importante. Porque la pseudotolerancia del lenguaje políticamente correcto usado por los contradictores del
movimiento e incluso por los indiferentes, es la
invitación a la discreción.
MS: Claro. Es la falsa igualdad. Es la negación
de la igualdad y también la negación de una realidad,
que es la discriminación, lo cual les resulta muy
conveniente: decir «todos somos iguales» significa
decir que no está pasando nada, no hay discriminación. Pero, ¿les estorban los negros? Nada que
hacer, ahí están. ¿Estorban los niños? Ahí están.
¿Estorban los discapacitados? Ahí están. En esta
política, especialmente, estorbamos porque somos
moralmente problemáticos para ellos. Pero no nos
movemos.
E: Me gustó la frase «resaltar la diferencia
para alcanzar la igualdad». ¿Es posible pensar
en resaltar la diferencia para conquistar la igualdad? ¿Ello no marca una distancia insalvable?
MS: No lo creo, porque hablamos de tener acceso
a igualdad de oportunidades y resaltamos la diferencia
en términos culturales, de los significados y valoraciones que hacemos. Pedimos no ser agredidos por
tener esa diferencia.
114
Conversación con Marcela Sánchez
E: Entonces, ¿es factible promover la diferencia para alcanzar la igualdad?
MS: Sí, yo creo que sí. ¿Por qué renunciar a algo
que siempre se ha hecho? Luchamos por resaltar la
diferencia pero hacerlo de manera positiva. Siempre
hemos sido discriminados y se ha recalcado la
diferencia pero negativamente. Esta vez queremos
resaltar lo positivo.
E: Así, la posibilidad de visibilizarse mediáticamente, ¿implica entonces resaltar la diferencia
en positivo?
MS: Por supuesto que sí. Definitivamente.
E: ¿Y cómo una persona del común, interesada
en el tema o simpatizante de las reclamaciones
del sector, puede participar, aportar en esa transformación social?
MS: Es importante hacerse visible. No importa
cómo, pero mostrarnos como lo que somos: humanos.
Tampoco estoy de acuerdo con esa idea de mostrarnos como ángeles, totalmente buenos y salir a
decir: «no tomamos, no tenemos sexo, no tenemos
vicios, etc.».
Yo no veo como válida la estrategia del «pasar
por buenos para que nos dejen»: de decir «Yo soy
gay pero de los buenos...». Y el esforzarnos por
mostrar una cara que elimina los defectos y tratar de
que nos vean como los buenos hijos, los buenos
amigos, «...perdónenme lo gay porque de resto soy
bueno».
E: Y resaltar que, aunque tengamos los defectos que tengamos, ello no se debe a que tengamos
una orientación sexual distinta: no hay que asociar una determinada condición sexual al hecho
de que tenemos defectos o vicios.
MS: Es que hay una diferencia con lo de ser negro
o negra, pues hay una cultura construida en torno a
ellos y han construido además una contracultura, y
no quieren dejar de lado nada de lo suyo. En cambio,
en la cultura gay, lo único que nos une es con quién
nos acostamos: de resto todo está por construir. Y lo
estamos haciendo bien en torno de ese discurso de
derechos, pero falta todo lo demás. Y no se puede
encasillar a todo un conjunto en torno de una «ropa
gay», «sitios gay», de modo que no se puede hablar
de una única identidad sexual pero sí se puede hablar
de una identidad política.
E: Es cierto. Para muchos, la identidad gay
está basada en el consumo. En el porte de una
indumentaria que se circunscribe a unas prendas
de vestir y demás...
MS: Sí, pero esa moda es para hombres, adultos,
blancos, de una posición acomodada.
E: Y que es un sector muy pequeño dentro del
colectivo, del mundo de la diferencia sexual.
MS: Y que responde a una estrategia que fue el
lobby gay norteamericano: el consumismo refleja la
estrategia política que ellos definieron, pues era obvio
tratar de demostrar que tenían poder económico y
que pagaban impuestos y que por tanto podían decidir.
Ello derivó en la creación de un nicho de mercado:
«Nosotros somos una fuerza, nos deben mirar los
grandes productores, las grandes marcas». Eso fue
toda una estrategia política y no es lo light por lo
light. Acá la estrategia fue distinta. Y no es lo mismo.
E: ¿Cómo ve el futuro de Colombia Diversa y
en general del sector, en unos años?
MS: No lo sé del todo. Apenas estamos
empezando, y vamos recorriendo el camino de los
movimientos de mujeres: recopilar los problemas, ir
a la parte técnica, dialogar con funcionarios, crear
indicadores, etc. Eso por un lado, pero por el otro
está la fuerza política y el alcance de una mayor
visibilidad. En eso sí necesitamos seguir trabajando,
y mucho.
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