PREHISTORIA

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PREHISTORIA
Yacimientos de la terraza de Aridos:
proceso de excavación (*)
M ANUEL SANTONjA
M " A NGELES QUE ROL
Los sirios de ocupación achelense de la terraza de Aridos se localizan en una posición
simil ar dentro de la unidad litoestratigráfica Arganda 1. Geogr áficamente se encuentran en
la orilla izquierda del río [arama, a menos de 3 km. al S.E. de su confluencia actual con el
Manzanares (Fig. 1) (1).
El sitio JR-AR-01 (2) fue descubierto por los obreros de Aridos, S.A. que en el curso de
sus trabajos en el año 1971 pusieron al descubierro importanres restos de dos defensas de
elefante,
i ') Estudio publicado en 1980 por la Diputación Provincial de Madrid, enla obra
Ocupaciones Achelenses en el Valle delJarama, págs. 63-79.
(2) Hoja nº 583 del M.T.N., escala1:50.000, 3º 30' 50' long. O. y 4oº 17' 30" lal. N.
(3) Las siglas empleadas para denominar estos yacimientos, hacen referencia en primer lugar al valle en que se encuentran-JR = Jarama-, al arenero o localidad concreta-AR = Aridos-, a las que se añade un númerode orden relativoa
cada localidad.
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Del hallazgo se dio cuenta a Alfredo Pérez González, geólogo, quien, en unión de la
Dr a. Da Nieves López emprendió poco después una campaña de excavación con objeto de
rescatar los restos paleontológicos, que afloraban con evidente peligro, y de comprobar la
naturaleza del yacimiento.
Esta primera excavación afectó a una superficie de unos 6 m 2 y fue interrumpida cuando se comprobó que se trataba de un yacimiento arqueológico absolutamente in situ, con
una asociac ión faunística excepcional, pues se registró ya entonces la presencia de abundantes vertebrados de pequeña talla y helícidos, además de Palaeoloxodon antiquus e industria lítica.
La zona excavada en 1971 fue cuadriculada previamente y todos los objetos recogidos
se cartografiaron en un mapa a escala 1:10. Estas precauciones han permitido integrar sus
resultados en el mapa general de la excavación realizada en el verano de 1976.
Posteriormente el foso producido en la cantera, origen del descubrimiento, que rodeaba la zona excavada en 1971, y el testigo reservado por el cual podía extenderse el yacimiento, fue rellenado por la empresa que explotaba la cantera.
Con estos antecedentes, en 1976 se organizó un equipo coordinado por los primeros
excavadores (Geología y Paleontología) y los autores de este capítulo (Prehistoria), que
pretendía excavar totalmente el testigo conservado ante su inminente desaparición (3).
Las primeras inspecciones del terreno mostraron que dicho testigo continuaba intacto,
si bien cubierto de maleza y afectado por las lluvias de los años transcurridos entre ambas
excavaciones (Fig, 2). Una vez efectuada una limpieza de la superficie y de los perfiles, se
procedió a topografiar y cuadricular la zona (Fig. 3), hacia el N. de la cual había una acumulación de vertidos que impidieron completar, en este momento, dicho trabajo. Las filas
de cuadrículas se denominaron con letras mayúsculas y las columnas con números, así una
letra y un número denominaban cada metro cuadrado. Los hallazgos efectuados dentro de
cada uno de ellos recibieron un número de orden correlativo, independientemente de
su naturaleza (hueso, industria, etc .), y con ese sistema fueron siglados y anotados en los
planos (4).
La topografía realizada permitió hacerse una idea sobre el terreno de la zona excavada
en 1971 (cuadrículas C1, C2, DI, D2, D3 , El, E2, E3, aunque no completas), y el área, al
N. de la excavada en dicha fecha, que había sido preparada para excavar, dejando a nivel
de la superficie el techo del nivel Iimo-areño-arcilloso B, que contenía el nivel arqueológico. Este quedó cubierto por un a capa de tan sólo 20 cm. de potencia, por término medio,
insuficiente para proteger los restos óseos de los agentes atmosféricos, que les han afectado durante los años transcurridos entre ambas campañas.
Inmediatamente se realizó una prospección sistemática de los alrededores de la zona
topografiada, por si se detectaban indicios de que el yacimiento se prolongaba en alguna
dirección. El estrato correspondiente al yacimiento volvía a aparecer a una distancia mínima de 32 m. al N.O., y de 2 m. al S., pero en ninguno de estos puntos se registró la presencia del nivel arqueológico. Sin embargo, en un frente nuevo abierto para la extracción de
arenas, ya finalizada la excavación de 1976, al S.O . del yacimiento, a unos 10m. de distancia de la fila primera de cuadrículas, se recogieron (5) restos de O. cuniculus y de un individuo de Castorfiber que por su talla podría corresponder al mismo individuo que otros
restos aparecidos en la cuadrícula E9, aunque resulta imposible estar seguro pues los fragmentos no son adyacentes.
(3) Hay que agradecer a la dirección de laempresa Aridos, S.A. que respetara durante esos años eltestigo del yacimiento, así como todas las facilidades que nos dio para realizar laexcavación.
(4) Algunos restos hallados en posición estratigráfica, pero fuera de las áreas excavadas, no responden a este
sistema de siglas.
(5) Prospección realizada en enero de 1977. Materiales siglados 8-1 -77.
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Fig. 2: Aniba: vis/a geJIeral zo na riel yarimienro. Abajo:frell/e S. lE rielrrrro testigo, IlIIa cez limp!«.
Obs/ rcese la existeuria de una falla de mds de UII lile/ro de sal/o. EII el plallo If'I.YIII/ado de la falla, el nioe!
arqueológico se si/lÍa bajo las arenas mds rlaras.
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.
N.M •
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Fig. 3: Cuadriculado y topografía del testigo couseroado desde 1970. El/ la l/nea deptrntos contorno
de la superficie deyacimie/lto conseroada. Eq/lidistal/cia de las curoas de I/ivel: 50 cm
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En caso de que los fragmentos aludidos correspondieran a l mismo indi viduo poseeríamos un a evidencia de la extensión de este sue lo de ocup ación; en cu alquier caso estos restos sugieren la existen cia de un área de ocupación ligada con las que se han excavad o en
]R-AR-01, e ins isten e n el int e rés arqueológico de la unidad litoestrat igráfica Arganda 1
(tramo B).
El examen de los cortes inmediatos al yacimie nto permitió detectar la presencia de
abund'ante industria lítica en los dep ósitos are nosos (tramo A, de Arganda 1), por debajo
del sue lo achelense, así como la presencia de una nueva localid ad, 200 m. al N.E. de la
que ya se cono cía. En dich o punto afloraba n los restos de un elefante (F ig, 4), que habí an
sido puestos al descubierto por la pala de una máquina exca vadora. A este segundo yacimiento se le dieron las siglas ]R-AR-02.
La campaña de excavaciones (6) hubo de repartirse entre am bos yacimientos, cuya
excavación era absolutamente urgente. El primero corría un inminente peli gro de destrucción , pues la e mpre sa que explotaba e l arenero tenía necesidad de hacer desaparecer el
te sti go para pro seguir la extracción de aren a en es a zon a. En el seg undo yacimie nto, de
extensi ón mu y inferior - calculada ini cialmente en un os 10 m L , los restos del e le fant e
estab an expu estos a todos los ca m b ios ambi ental es y a un ni vel fre ático que e n los
comienzos de la excavación -julio de 1976- se encontraba solamente 50 cm. por debajo de
aquéllos, por lo que era evidente qu e no hubieran resistido mucho tiempo en tales condiciones.
También fue necesario realizar prospecciones sistem átic as en todos [os corte s abiertos
en el arene ro, para recoger la mayor cant idad posible de industria que facilitara el estudio
de los sitios de ocupación, pues era de suponer - te niendo en cue nta las características de
ocupaciones achelenses simi lares, conocidas por la bibl iografía y la exp eri encia de 1971que e n ellos sería escas a la industria lítica.
Todas estas tareas se realizaron de manera ininterrumpida entre el ocho de julio y el
diez de octubre de 1976. Se efectuaron noventa y cua tro jornadas de tr ab ajo, con' una
med ia de ocho excavadores diarios. Durante ese tiempo se excavaron uno s 112 m l e n ]RAR-01 y 12 m2 en ]R-AR-02. Para com prender mej or el ritmo de la excavación, hay que
tener presente la baja densidad de restos, incluso bastantes cuad rículas sin nada, la existencia de un solo nivel en el 90% de la super ficie excavada y la facilid ad de excavar un
depósito con una textura areno-lima-arcillos a.
En el transcurso de la excavación se sigló todo el material y se levigó e l 50% del sedimento correspo nd ie nt e al horizonte arq ueológico (7) y se prospect aron to dos los cortes
visibles sobre el terreno.
(6) En esta excavación han colaborado Dña, M' Rosa Bolívar, Dña. Aurora Coba, D. Rafael Coba, Dña. Dolores Flores, D.
Luis Fraile, Dña. Mercedes Gamazo, Dña. Margarita Genera, Dña. Esperanza Gómez, Dña. Teresa Gómez Galán, Dña.
Margarita López Oliva, D. José Luis Martín de laTorre, D. Dimas Mazarro, D. Antonio Méndez, D. Francisco Moreno,
D. Ignacio Pastor, O, José Luis Peña, D. Manuel Pozo, D. Salvador Rovira, D. Jesús Rueda, Dña. Inmaculada Rus de
Aracil, D. Juan Antonio Sánchez Belén, Dña. María Sanz, D. Javier Vallet, D. Gerardo Vega, así como otros colegas y
alumnos que participaron algunos días en estostrabajos. Atodos ellos nuestro sincero agradecimiento.
(7) El otro 50% se levigó en una campaña dirigida por N. López en el verano de 1977. En el tran scurso de esta campaña
se localizó otro posible sitio deocupación en lamisma unidad estratigráfica.
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Fig. 4: i1spi'r/o di' los IU/OS de i'1f'jr1ll/i'Ói' Aridos 2. Ói'SÓi' d 0. . ói'sp"ls de realizar tot« lilllpir(',a s"pl'ljiria/.
Obsl rcl'llsi' las costillasj mr/llmóas por la pala meainira.
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Para realizar la excavación se comenzó por fijar un nivel convencional al que pudieran
referirse las profundidades de todos los objetos registrados. Se cartografiaron todos los restos de industria lítica, fuese cual fuese su tamaño, y los restos faunísticos que se consideraron identificables, entre los pertenecientes a vertebrados de pequeña talla, y todos los que
podían corresponder a Elephas, independientemente también de su tamaño. La cartografía
se realizó en mapas independientes para cada cuadrícula, a escala 1:5. Las características
de cada objeto se anotaron en el cuaderno de campo. En las principales concentraciones
procuró recogerse con coordenadas todos los restos faunísticos, incluyendo la microfauna y
los huesos pertenecientes a vertebrados de pequeña talla (pequeñas aves, anfibios, reptiles, etc.); en cualquier caso se levigó todo el sedimento que englobaba el nivel arqueológico, separando las concentraciones más importantes.
En los mapas y cuadernos de campo se anotaron también observaciones referidas a la
textura del depósito, presencia de acumulaciones de materia orgánica, paleo-grietas de
retracción, fallas y cualquier dato especial observado en el curso de la excavación.
A medida que avanzaban los trabajos se fueron muestreando los niveles, en los puntos
más adecuados, para realizar los estudios sedimentológicos y palinológicos. Esta labor la
controló A. Pérez González, que ha realizado la parte geológica de este estudio.
Periódicamente visitaron la excavación la Dra. N. López -que ha coordinado el estudio
paleontológico- y el Dr. F. B. Sanchiz, que supervisaron el proceso de levigado durante
toda la campaña y fueron identificando sobre el terreno parte de la fauna que iba apareciendo.
Algunos de los problemas más delicados los planteó la excavación y extracción de los
materiales óseos de gran tamaño, especialmente de los restos de elefante en conexión anatómica del yacimiento ]R-AR-02. Este aspecto de la excavación estuvo supervisado por la
restauradora Oña. María Sanz, que expone lo que a ello concierne en un apéndice de este
capítulo. El proceso posterior de restauración en el laboratorio, se está realizando en el
Museo Arqueológico Nacional.
La imposibilidad material de construir algún tipo de estructura que protegiera la excavación, así como de que los restos permanecieran in si/ti, condicionó la estrategia de la
excavación. Sin contar con una protección suficiente era muy poco prudente mantener al
descubierto superficies amplias del suelo excavado, pues corrían el peligro de verse afectadas por la lluvia y las inclemencias del tiempo. En ocasiones fue indispensable mantener
sin levantar alguna porción reducida del suelo para hacernos una idea clara de sus relaciones con áreas colindantes, y lo mismo sucedió con los huesos de gran tamaño, que requirieron un lento proceso de consolidación in si/ti.
Se comenzó a excavar por la zona abierta en 1971, y se continuó en dirección N. (convencional de la excavación, 56° N.), abriendo cuadrículas salteadas que permitieran una
idea previa sobre la extensión de las concentraciones que iban apareciendo. En primer
lugar fue necesario dejar el terreno a nivel de la superficie del depósito areno-limo-arcilloso que contenía el horizonte arqueológico; previamente se había comprobado que los suelos achelenses no se encontraban estrictamente a techo de este nivel, sino que había un
primer tramo más arenoso estéril -con microfauna esporádica-, claramente distinguible,
pues tardaban en aparecer en él grietas de desecación, mientras que en el nivel arqueológico aparecían con mayor rapidez.
Este nivel estéril no poseía una potencia uniforme, oscilando entre 5 y 25 cm. En las
áreas donde no existía ningún vestigio prehistórico resultaba problemático seguir la superficie del suelo, pues las grietas de desecación aludidas, que sobre el perfil permitían delimitar los niveles, no aportaban la suficiente precisión.
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FiK. s: lln iba: Aridos 1 el! ei transtu rso de la exmoariáu. Sr apr ecia d Il/Izalllimlo al Oeste dr/ uioe! lim oarrillo-nrm osa qllr contiene rl uioe! al7ll1ro!ógiro. Abajo : lIivrllilllo-arrillo-(//nJoso qllr contiene los S IIr/OS
arqllro!óKiros. /.;; tramo superior - lIIríS arenosa- espnírlimlllflllr rslflil. los slIrlos arhrlmsrs se enrnentra » fII
la zona mds aglirlar!a.
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En toda la supe rficie excavad a se profundizó lo suficie nt e para poseer un a ce rteza
absoluta de qu e se había sobre pasado el suelo corre spondiente al nivel arqueológico, pero
las dificu ltades ex puestas en el párr afo ant e rior, impid ier on realizar por com ple to una
topografía pre cisa de dicho suelo, pu es sólo fue posibl e dond e existía un a concentración
de restos importante. Las zonas más favorables, han pe rmitido trazar perfiles (Fig. 6) que
dan un a idea de la accidenta da microtopografía. Es preci so tener en cuenta que las principales alteraciones - sistema de fallas, deformacione s provocadas por la neotectónica, marmit as- son posteriores a la ocupación de l yac imient o; si n embargo, el examen del nivel
superficial del paquete areno-limo-arcilloso ind ica qu e los suelos de la ocupación ache lense no fueron absolutame nte planos, sino relati vamente ond ulados: la superficie observada
presenta frecu entes hoyas y depresiones -independientemente de las originadas secundariamente por las marmitas- con de sn iveles que alcanzan con frecuencia, y a veces sup eran,
10 cm., y un aspecto simil ar presentaría la superficie del terreno en e l momento de las ocupaciones achele nses (8).
En e l se nti do de su eje N . la excavación presentab a, al nivel arq ueológico, una pendiente media del orden del 4,5% hacia el N . (N.K geográfico), que no era un iforme y en
algunos sectores llegaba al 9 ó 10%. En sentido del eje K -O. de la exca vación, la inclinación del su e lo era mucho más var iable debid o al sistema de fallas; en amplios sectores,
como en la falla principal, en la sup erficie correspondiente a su labio levantado, el buzamiento hacia el K llegaba al 22% (Figs. 5, 6, 7).
Solamente en la cuadrícula B7 pudo comprobarse con seguridad la existencia de dos
suelos arq ueológicos dist intos. En es ta cuadrícula apareció un omóplato de elefante, y por
encima de él una de nsa conc entración de restos faun ísticos (vertebrados de pequeño tamaño casi exclu sivamente). Entre ambos horizontes existía una capa de arcilla es té ril, con una
potencia de 8 cm. al sur -convencional- de la cuadrícula, mientras que iba disminuyendo
el esp esor hacia el N., donde llegaba a aflorar el omóplato al nivel de esta concentración; el
omóplato se encontraba claramente buzando hacia el sur. En las cuadrículas inmed iatas
podía segu irse este 2° suel o (9) de la cuad rícula B7; sin embargo, cuanto más nos alejamos
de est a cuad rícula y decrec e la densidad de restos, más probl e mático resulta establecer
relaciones, teniendo en cue nta las pec uliaridades topo gráficas precisas de cada objeto con
algun o de los dos suelos detectad os en B7. Estas relaciones sólo han podido establecerse
con segur idad cuando se han hallado piezas faunísticas correspondientes al mismo individuo.
Todo indica que la separación temporal entre amb as ocupaciones fue mu y reducida,
hipotéticamente se puede eva luar en una sola crecid a del río, y de acuerdo con la microtopogr afía encontra da, hay qu e supone r .que en e l momento de la segunda ocupación, aún
aparec e rían a la vista part e de los resto s del el efante troceado e n la prim era ocupación ,
especialmente los restos del cráneo -B 2- y la acumulación en torn o a la cuadrícula G3. En
los capítu los posteriores se analizarán todos los restos y concentraciones e ncontrados en
este yacimiento.
La excavación permitió hacerse la idea de que en este yacim ient o existían dos ocupaciones claramente se paradas, a la primera de las cual es corres ponde ría la desconexión de
los resto s de un elefante y casi toda la industria lítica; a la seg unda una concentración de
resto s de anima les de pequeño tamaño, con algo de industria lítica.
(8) No obstante se tiene en cuenta que losniveles arenosos que se depositaron sobre B, pudieron acentuar dicho microrrelieve.
(9) Cuando se habla de suelo arqueológico en este yacimiento, se hace referencia a una superficie sobre la que se
encuentran restos arqueológicos estrictamente contemporáneos, máxime si tenemos en cuenta las características
generales de este tipo de ocupaciones desarrolladas, de acuerdo con las interpretaciones corrientemente admitidas,
en lapsos muy breves de tiempo. Por lo que se refiere a ia naturaleza de un suelo arqueológico véase Bo rdes 1975, Y
por lo que se refiere a las características de este tipodeocupaciones, Isaac 1971 , YVilla1976.
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Fig. 6: Superficie delyacimiento JlJidos f COII trazado de las priucipates f allas. Perfiles al uioe! del suelo
arqueológico mds antiguo. E lI1í1lea deplllltoS "marmitas degigante"desarrolladas a partir de la sllpelficie
del nioe! arcilloso, y queIlegaJl a afectar los Jliveles arqueológicos.
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Fig. 7: sistema de micro-faltas -salro / -2 rm.- en fa maddmfa C9.
Lo s resto s líticos qu e aparec iero n e n la excavación del sitio AR-Ol , aparec ieron co n las
aristas abso luta mente vivas, sin ninguna hu ell a de e rosión flu vial ni de nin gún otro tip o.
Se docume ntaron lascas pa rtidas in si/ti, mu y pr ob a bl em ente po r efecto de p isadas, y
nume rosos fragm en tos y út iles qu e e ncaja ba n e n otros y cuya di sp er sión permite esta blece r relacion es e ntre d iversas áreas. Tod o hace pen sar qu e estos resto s se en contraban abso lut ame nte in si/ti, sin que e l medio q ue dep ositó los ma te riales q ue c ubrían e l yacimiento
hubiera poseído com petencia sufic ie nte para provocar desplazam ien tos importantes de los
ob jetos arqueo lógicos (lO).
Le ve s alte rac iones en la di spersión de re sto s pu ed en hab e r pr ovocad o los roe do res;
algunos hu esos m uestran hu el las claras de d ie ntes de es tos anima les . No hay ninguna evide ncia de alteraciones en la dispersión po r influ en cia de carnívoros, que pud ie ron habe rse
prod ucido.
En otro orde n de cosas, es seg uro q ue la nc ot e ct ónica ha alterado e n m uch os casos la
disposición de los restos sobre la superficie. Así, aunq ue siste má ticamente hem os anotado
la orientación de los planos principa les de todos los objetos cartografiados con respecto al
suelo en que yacían, dudamos m ucho acerca de la significación de este dato por lo que a
este yac imiento se refiere, por lo menos globa lmente, aunq ue en algu nos casos concretos
esta orientación pueda aportar precisiones int e resant es.
En ningún punto de las superficies excavadas se detectó la presencia de alguna moda lidad de estructura artificial; ni siquiera de rocas alóctonas no re lacionables con la industria
lítica (manuports), Importantes cu idados se d irigieron a encontrar re sto s de carbones o de
maderas; sin embargo, los esporád icos restos de ca rbón encontrados - de dimensiones milimétricas- no permiten afirmar nada seguro con respecto al uso del fuego por los primitivos
ocupantes. Oc asionalmente apareció tam b ié n algú n hueso con hue llas de haber sido que-
(10)Con alguna pequeña salvedad: en la cuadrícula E9 se reg istró unaumento, muy local, del tamaño medio del depósito; aparecieron gravillas con untamaño medio de2-3mm. y uncentil de25 mm.
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mado, y también diversos fragmentos de un bloque de sílex con un lustre característico de
haber sido sometido a un calentamiento brusco. En ninguno de estos casos puede eliminarse con total seguridad la influencia de incend ios naturales, que en el caso del bloque de
sílex han podido afectarle incluso antes de ser recogido por los homínidos que aquí desarrollaron sus actividades; pero si algún incendio natural hubiese afectado al yacimiento es
bastante probable que una mayoría de los huesos recogidos en el yacimiento presentase
trazas de fuego , cosa que no ocurre y permite pensar, dentro de un margen razonable de
incertidumbre, que los primitivos ocupantes emplearon de alguna manera el fuego en sus
actividades en este lugar.
En el yacimient o AR-02 se aplicó un sistema de excavación idéntico, si bien muy condicionado por la necesidad de extraer los restos conservados en conexión anatómica en un
solo bloque, pues era muy difícil proceder parcialmente, debido a las deformaciones que
habían experimentado a consecuencia de las fallas que los comprimían.
En este segundo yacimiento la reducida área que ocupaban los restos -unos seis metros
cuadrados- y sus características, permitieron establecer con toda seguridad la existencia de
una contemporaneidad estricta entre los restos óseos y la industria lítica. No se halló en
este yacimiento ningún resto óseo que no perteneciera al ejemplar de Elephas aludido.
De acuerdo con lo que establece la autorización de la Dirección General del
Patrimonio Artístico para realizar la excavación, todos los materiales se depositaron en el
Museo Arqueológico Nacional de Madrid (11).
Bibliografía
Bordes, F. (1975): Sur la notiou de sol d'habitat en préhistoire paléolithique. Bul\. Soco Prh . Fr,
T 72, c.r.s.m. n° 5, pp. 139-144.
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Lazaret. (Nice), Mem. SocoPrh. Francaise, t. 7 (cf. pp. 13-15).
Villa, P. (1976): SoIs et uioeau« d'habitat du Paléolithique 'inferieur en Europe et au Proche Oriento
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Colloque X, sous la direction de J. Combier. Págs. 139-155 (cf. p. 144 Y sgts.) . El
mismo estudio puede consultarse en Quaternaria XIX, pp. 107-134, 1976-77).
Noticias preliminares sobre el yacimiento:
Pérez González, A. (1971): Estudio de los procesos de hll1ldiiJliellto en el valle del río Jarama )'
sus terrazas (nota preliminar), Estudios Geológicos, vol. XXVII, pp. 317-324.
Santonja, M.; López, N.; Sanchiz, F.; Pérez González, A. (e.p.): Sitios de ocupación achelense en el valle del Jarama (Arganda, Madrid, España). Campaña de 1976.
Resultados preliminares . Noticiario Arqueológico Hisp ánico (Madrid) y Curren:
Anthropology (Chicago).
(11 )Agradecemos a la Dirección del Museo Arqueológico Nacional todas las facilidades que nos han concedido para realizar el estudio de estos materiales en sus dependencias.
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