el proceso de recuperación familiar

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EL PROCESO DE RECUPERACIÓN FAMILIAR
Manual para familias que se están recuperando de la dependencia química y de sus
efectos
Tema Uno
Introducción
Hoy en día, la dependencia química es una epidemia en todo el mundo. Afecta a casi todos los
hombres, mujeres y niños de cualquier país. Los efectos de la dependencia química sobre la
economía y sobre el índice de criminalidad alcanzan a todas las familias sin excepción. Casi
todo el mundo tiene algún conocido, amigo o pariente químicodependiente.
La epidemia del alcoholismo y la drogadicción que nos asedia ha producido una avalancha de
hogares rotos y familias disfuncionales. Cada adicto influye de manera significativa en una
media de cuatro personas. Esto cuadruplica los efectos reales de la dependencia química
individual. El dolor de la adicción de un drogodependiente se refleja en la vida de sus padres, su
cónyuge y sus hijos. ¡Los números son increíbles! Pocas familias se han librado de esta plaga.
El ver a un ser querido atrapado en el abuso de las drogas deja destrozadas a familias creyentes
y no creyentes por igual. La plaga del abuso de las drogas, como un virus mortal, ha invadido
nuestros colegios, nuestras iglesias y nuestros hogares, perturbando la vida de todos los
miembros de la familia.
Vivir con un adicto tiene el mismo efecto sobre la familia que vivir con una serpiente de
cascabel viva y en libertad. (Es posible hacerlo, pero no sin trauma.) Todos los miembros de la
familia se centran en la persona más enferma (el adicto), que ejercita su poder para controlar el
clima emocional, económico y espiritual de toda la familia.
En una familia normal, sana, el centro de atención no lo ocupa siempre la misma persona. Se le
presta atención a las necesidades de cada uno de los miembros. Hay un tira y afloja normal entre
padres e hijos. Desgraciadamente, en la familia del adicto no existe este equilibrio.
En este manual estudiaremos la dependencia química, lo que le hace al individuo que cae en sus
redes y los devastadores efectos que tiene sobre la familia. También analizaremos la codependencia, la enfermedad que se produce en los demás miembros de la familia como
resultado de la dependencia química.
También examinaremos un proceso por medio del cual muchas familias han logrado recuperarse
de estos efectos. Estas personas viven ahora vidas más sanas que el resto de la gente. No sólo
pueden enfrentarse a sus problemas cotidianos y a las crisis, sino que además pueden ayudar a
otras personas. Como veréis en este tema, el Proceso de Recuperación Familiar, hay esperanza
para el dolor. Hay cura para los afectados por esta epidemia.
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¿Qué es la dependencia química?
La dependencia química es una adicción física a sustancias químicas que alteran el estado de
ánimo. La adicción física va acompañada de compulsión mental. La dependencia química
comprende las adicciones a todas las drogas y al alcohol. Es un problema que no tiene cura. Es
progresivo y fatal si no se trata. Es más complejo que una simple falta de fuerza de voluntad
para parar la necesidad compulsiva de beber y drogarse.
La dependencia química implica a la persona entera: cuerpo, alma y espíritu. Afecta
radicalmente a la relación de una persona con Dios, consigo mismo y con su pareja. Disminuye
el respeto de una persona por sí mismo, reduciéndonos a un nivel por debajo del que teníamos
antes de la adicción. Alcohólicos Anónimos describe la adicción como "astuta, desconcertante y
poderosa".
La dependencia química tiene también ciertas características objetivas que se pueden describir
en todos los adictos. El abuso del alcohol o las drogas produce estas características en todos los
individuos, sin importar la edad, la clase social, la religión, la inteligencia o la localización
geográfica. Estos cinco denominadores comunes están presentes en cada uno de los individuos
que tiene un problema de dependencia química.
I - Abuso Compulsivo
Cuando el adicto se encuentra dentro del abuso compulsivo, puede decidir cuándo empezar a
usar sustancias químicas, pero no cuándo parar. Es decir, el afectado por el abuso compulsivo
pierde por completo el control de su uso de la sustancia. Una vez que empieza a usar sustancias
químicas y a notar el sentimiento de euforia (el colocón), el adicto pierde su fuerza de voluntad.
Siente un impulso irresistible e irracional que le lleva a seguir ingiriendo la sustancia que le
altera el ánimo. Este problema se repite a pesar de los obvios efectos dañinos.
II - Negación y Proyección
En la dependencia química, a medida que el cuerpo va dependiendo físicamente cada vez más
de las sustancias químicas, se desarrolla otro proceso al mismo tiempo: ¡la contaminación de la
mente! La mente expresa esta contaminación a través de la negación y la proyección. La
contaminación mental puede ser más grave que la adicción física. Requiere un tratamiento más
allá que un simple ponerse sobrio. Si no se trata adecuadamente, hará que un adicto sobrio
vuelva al abuso compulsivo.
Los patrones de pensamiento de todos los seres humanos desde Adán y Eva han estado
contaminados con la negación y la proyección, pero para el adicto, este modo de pensar se
intensifica. El adicto se hace adepto al arte de negar sus propios problemas, culpando de ellos a
todos y a todo--menos a sí mismo.
La negación es un mecanismo de defensa. Sirve para que el adicto se defienda de sus temores.
La negación le ayuda a evitar y a suprimir la realidad. Le ciega ante los problemas tan obvios
que le causa su abuso compulsivo de sustancias químicas. El adicto que pasa por esto dice: "Yo
no tengo ningún problema con las sustancias químicas." Rehusa enfrentarse a la verdad que
puede liberarlo. En su actitud de negación podría decir también: "Bueno, quizá tenga un
problemilla, pero no es tan grave, y puedo controlarlo." Esta forma minimizadora de negación
es como decir: "¡Estoy un poquito embarazada!"
Cuando Adán pecó en el Jardín del Edén (Génesis 3), experimentó por vez primera el temor de
Dios. Había hecho lo que Dios le había dicho que no hiciera. En vez de caminar con Dios y
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estar en intimidad con Él, se escondió detrás de un árbol. Por primera vez experimentó la
vergüenza. Ya no se sentía seguro y protegido. Se dio cuenta de que estaba desnudo e intentó
taparse. No sabía cómo iba a tratarlo Dios, y parece que no quería averiguarlo. En vez de buscar
a Dios y confesar lo que había hecho y pedirle ayuda, se escondió. Podría haberse quedado
escondido para siempre si Dios no hubiera salido a buscarlo. Las personas químicodependientes
y sus familias manifiestan comportamientos parecidos al de Adán.
La proyección es el proceso que usa el adicto para descargar sobre los demás el odio que siente
hacia sí mismo. Como la negación, es otro mecanismo de defensa y le sirve para defenderse de
cualquier cosa que le dé miedo. La actitud de proyección del adicto consiste en culpar a otras
personas, lugares y cosas por las consecuencias de su propio comportamiento. Un adicto podría
decir: "Sí, es verdad que bebo mucho, pero ¡tú también beberías si conocieras a mi mujer!" La
proyección le permite al adicto culpar de sus problemas a todo lo demás, sin aceptar nunca la
responsabilidad de su propio uso de sustancias químicas.
Cuando Dios se dirigió a Adán con referencia a su claramente nueva actitud de esconderse y
tapar su desnudez, le preguntó por qué había comido del fruto prohibido. A Adán le faltó tiempo
para explicarle a Dios que fue Eva (..."la mujer que me diste, Dios"...) la que le dio la fruta. Eva
tardó poco en aclararle a Dios que la serpiente la había engañado a ella. Adán, Eva y la serpiente
proyectaron la responsabilidad de sus acciones fuera de ellos mismos.
En medio de su adicción, el adicto detesta admitir que esté haciendo nada malo, o si quiera que
tenga algún problema en absoluto. Con la negación y la proyección trabajando unidas y a toda
marcha, el adicto pasa por un desastre detrás de otro. En ningún momento se da cuenta de que
tiene un problema de adicción a sustancias químicas. Cuando se le confronta con los hechos de
su problema y los efectos que tiene sobre él y sobre los que le rodean, le echa la culpa a Dios, a
su pareja, a su jefe, a sus padres, etc. Al no querer aceptar la responsabilidad de sus propias
acciones, sólo prolonga e intensifica el problema y los dolores que lo acompañan.
III - Alienación de Dios
El adicto pierde toda la fe en Dios que pudiera tener antes de que empezara su adicción. Ahora
depende del alcohol o las drogas como vía de escape, para sentir alivio temporal, falso valor y
pseudo confianza. Toda su fe es transferida a la sustancia química.
A través de comportamientos egocéntricos e infantiles, el adicto le vuelve la espalda a Dios. Se
erige a sí mismo en "Jefe Número Uno." Se reconoce sólo a sí mismo como la única autoridad.
En otras palabras, se convierte en su propio dios.
A medida que la adicción va empeorando progresivamente, la moralidad y la santidad ya no le
importan. Empieza a perder los valores morales. La doble moral es ahora su norma.
Racionaliza: "Si yo lo hago, tiene que estar bien. Si me lo hacen otros, está mal." Sus valores
espirituales, morales y relacionales sufren un tremendo deterioro.
IV - Aislamiento de uno mismo
En la mayoría de los casos, la vida de los adictos antes de empezar la adicción no era demasiado
buena. Incluso antes de la primera copa, o de la primera droga, tenía problemas tales como baja
auto-estima, vergüenza, sentimiento de culpa, miedo y soledad. En muchos casos, reaccionaba
al dolor de su vida familiar aislándose. Descubría que cuando usaba sustancias químicas, sentía
algo de alivio en sus luchas. ¡Se sentía bien!
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Desgraciadamente se trataba de un alivio temporal. Cuanto más abusaba de las sustancias, más
extraño se volvía su comportamiento. A medida que se deterioraba su comportamiento,
empezaba a violar sus propias convicciones y valores. Esto le hacía odiar a la persona en que se
había convertido. En vez de proporcionarle alivio continuado, la adicción aumentaba su
aislamiento alimentando el odio que sentía hacia sí mismo.
Al final, la adicción le llevaba a una guerra total por mantenerse apartado de la persona en que
se había convertido. La negación y la proyección le servían para convencerse de que él estaba
bien y de que todos los demás estaban enfermos. Tenía una visión totalmente distorsionada de sí
mismo.
V - Aislamiento de los seres queridos
"El que se aparta busca su propio deseo, y estalla en disputa contra toda iniciativa"
(Proverbios 18.1). Al haber cubierto su verdadero yo con años de negación y proyección, el
adicto construye muros de defensa a su alrededor. Estos muros de defensa son como las capas
una cebolla. Le sirven para protegerse de todos los que están "allí fuera", a quienes él considera
su problema. No permite entrar a nadie y sólo sale cuando quiere algo. Los problemas que
controlan su vida le llevan a comportarse de manera extraña, lo cual causa la ruptura de las
relaciones con su familia y sus amigos.
Lo que empieza como bebida social acaba como un comportamiento antisocial que le aísla de
sus seres queridos. Este comportamiento tiene un impacto mayor sobre las personas que lo
quieren de lo que su cerebro, cegado por las sustancias químicas, puede entender. Él se separa
de ellos a medida que se mete cada vez más en su "cebolla" y se exime a sí mismo de toda
responsabilidad. A sus ojos, son ellos los que parecen locos. Incluso si está en casa todas las
noches, retira su puente levadizo emocional. Permanece solo en la multitud de su familia y
amigos más cercanos. Las personas que más ama y aprecia son a las que empuja más lejos.
Tema Uno . . . Introducción
Ejercicio individual y en grupo (ver página 63)
1.
¿Por qué es malo que todos los miembros de la familia se centren en el miembro más
enfermo?
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2.
¿Por qué es la adicción química más que una simple falta de fuerza de voluntad?
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3.
¿De qué manera son la negación y la proyección mecanismos de defensa?
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4.
¿Cómo se aísla de Dios la persona adicta a las sustancias químicas?
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5.
¿Cómo le aísla el uso de sustancias químicas al adicto de quien realmente es?
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6.
¿Cómo se aísla el adicto de los demás?
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Tema Dos
Cómo afecta la dependencia química a la familia
Cuando unas sustancias químicas que alteran la mente controlan a cualquier miembro de una
familia, la vida de esa familia no puede ser normal. La dependencia de las sustancias químicas
hace que los que las usan se comporten de manera que lastiman a las personas que más quieren:
domina sus pensamientos y sus prioridades; ocupa su tiempo, su dinero y su atención; deteriora
sus valores y su comportamiento. Estos cambios afectan a la familia directamente. El resultado
normal es que los que no usan estas sustancias acaben teniendo problemas emocionales y
físicos. Luchan por adaptarse a los comportamientos amenazadores del adicto.
Si no se vive de primera mano, es casi imposible imaginarse el dolor que sufren los miembros
de la familia del adicto. Sus vidas se llenan de enojo, de sentimiento de culpa, de vergüenza, de
miedo y de soledad. Sufren rechazo, abandono y abusos de toda clase. Viven sin poder predecir
lo que va a pasar. La familia gira alrededor del adicto, quien, a su vez, gira alrededor de las
sustancias químicas. Por un lado, el adicto no puede controlar su propia vida. Por otro, su
problema tiene un efecto tan grande sobre su familia que él controla la vida de los miembros de
la familia.
Breves periodos de sobriedad o abstinencia sirven de poco a la hora de reducir la tensión. La
familia aprende a no confiar en las promesas del adicto. La sensación de que se acerca otra
recaída produce más dolor. La familia sufre de falta de confianza.
La familia también pierde la capacidad de comunicarse de manera sana. Cada uno aprende por
experiencia a no hablar de sus propios problemas. La práctica les ha demostrado que esto sólo
les lleva a peleas familiares y a más dolor.
La familia también pierde su capacidad para tratar con las emociones de manera sana. A medida
que avanza la adicción, los sentimientos de tensión y de desesperanza de la familia aumentan.
Su amor se confunde con sentimientos de odio. Llega el momento que son incapaces de separar
la persona del problema.
La adicción química, especialmente en sus etapas posteriores, causa estrés a todos los miembros
de la familia. Cuando la adicción avanza en un miembro de la familia, los demás miembros
experimentan emociones negativas. Puede que sean reacios a hablar sobre sus sentimientos
dolorosos abiertamente, pero no por ello dejan de tenerlos.
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ENOJO: Entre los miembros de la familia, el enojo es con frecuencia la consecuencia de
relaciones de amor y odio. Los miembros de la familia aman al adicto, pero detestan las
dolorosas experiencias por las que todos tienen que pasar debido a su adicción. Los
acontecimientos dolorosos suscitan enojo y resentimiento hacia el adicto. Resulta cada vez más
difícil separar la adicción de la persona.
VERGÜENZA: Debido a las dolorosas experiencias que resultan del comportamiento de la
persona con dependencia química, la familia se avergüenza de él. Conforme la situación
familiar empeora, la vergüenza también crece. Los miembros de la familia no se avergüenzan
sólo del adicto, sino que empiezan a avergonzarse de toda la familia, incluidos ellos mismos. La
vergüenza, a su vez, produce sentimientos de baja auto-estima en los miembros de la familia.
SENTIMIENTO DE CULPA: Los miembros de la familia empiezan a culparse a sí mismos y a
los demás por sus experiencias dolorosas. Todos los miembros de la familia piensan en secreto
que son responsables de la adicción. Se dicen a sí mismos: "Si yo pudiera cambiar, todo iría
bien." Esto sólo produce más sentimiento de culpa y vergüenza.
DOLOR: El dolor emocional puede ser ancho y profundo. Es doloroso ver a una persona
querida deteriorarse a medida que la dependencia química avanza. Duele verse metido en
discusiones, o presenciar cómo otros miembros de la familia hablan enfadados. Muchas veces el
adicto culpa a los demás de su abuso del alcohol o las drogas. Mensajes tales como: "Si no me
molestaras, no bebería," o "Quieres saber por qué bebo? ¡Mírate al espejo!" causan un profundo
dolor emocional. También aumentan el sentimiento de culpa y vergüenza. El adicto no se
preocupa --o es incapaz-- de suplir las necesidades emocionales del resto de la familia. Esto
también produce dolor.
MIEDO: Vivir en una familia angustiada que está en constante cambio produce miedo: miedo a
las discusiones, miedo a los problemas económicos, miedo al uso de las sustancias químicas por
parte del adicto, miedo a que el adicto se emborrache. Quizás incluso exista el miedo de que
todo siga igual. También surge el miedo al futuro, miedo a lo que le ocurrirá a la familia si las
cosas siguen empeorando. El miedo se convierte en un factor dominante en la interacción
familiar.
SOLEDAD: Las situaciones familiares estresantes tienen como resultado la ruptura de la
comunicación familiar normal y gratificante. El amor y la preocupación por la familia se
pierden en el estrés y las crisis de la vida diaria. La soledad sobreviene debido a la falta de
comunicación de calidad en la familia afectada por la adicción. Esto produce más soledad para
todo el mundo.
RECHAZO: El adicto, en las etapas posteriores de la adicción, desarrolla una relación muy
fuerte con la sustancia química. Toda su vida se centra en las sustancias químicas. Los demás
miembros de la familia pasan a ocupar un lugar secundario en la vida del adicto. Las drogas se
convierten en el punto principal de su vida. Los miembros de la familia sacan como conclusión
que el adicto ama a las sustancias químicas más que a ellos. Esto lleva a un profundo
sentimiento de rechazo, que con frecuencia afecta a otras relaciones.
ABANDONO: Los miembros de la familia se pueden ver abandonados durante días o semanas,
sin saber si el adicto está vivo o muerto. Los impulsos del adicto le pueden llevar (a él y al resto
de la familia), sin previo aviso, a una aventura salvaje. No sólo abandona a la familia
físicamente, sino también emocional y económicamente. Esto les causa un dolor tremendo a los
miembros de la familia. Aumenta los sentimientos de miedo, enojo, humillación y desesperanza.
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ABUSO FÍSICO: En muchas familias, el abuso físico por parte del adicto es común. La familia
siente terror hacia el adicto debido a su brutalidad y al hecho de que es impredecible. El abuso
físico aumenta el miedo, el odio y los prejuicios que surgen a raíz de la amargura entre los
miembros de la familia
Tema Dos . . . Cómo afecta la dependencia química a la familia
Ejercicio individual y en grupo (ver p. 64)
1. ¿De qué manera afectan las sustancias químicas a la familia de un adicto?
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2. Identifica el dolor que siente la familia del adicto.
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3. ¿Por qué no puede confiar la familia en las promesas del adicto?
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4. ¿Por qué es tan difícil para la familia hacer una distinción entre el problema y la persona?
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5. ¿Cuáles son algunos de los miedos que experimenta la familia del adicto?
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6. ¿Por qué acaba sintiéndose rechazada la familia?
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Retrato de una familia
disfuncional
VÍCTOR VINO
El adicto
DARÍO
El
héroe
familiar
El primer hijo
PEPE
El
VICTORIA
La co-dependiente
ISA
La
hija
perdida
El tercer hijo
CURRO
La
mascota
chivo
de
la
expiatorio
El segundo hijo
familia
El cuarto hijo
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Tema Tres
La Familia Botella
Retrato de una Familia Disfuncional
La adicción química, ya sea alcoholismo o dependencia de otra droga, suele empezar por una
persona, pero acaba afectando a todos los miembros de la familia.
Para ayudarnos a entender el problema de la dependencia química y sus efectos sobre la familia,
observaremos a una familia disfuncional típica, a la que conocemos como "La Familia Botella."
A medida que vayamos conociendo a cada uno de los miembros de esta familia, veremos
ejemplos específicos de los problemas de la dependencia química y de la co-dependencia.
Empezaremos por el miembro adicto. En este caso, es el cabeza de familia.
"Víctor Vino"
(El adicto)
Aproximadamente sólo 3% - 5% de los alcohólicos acaba en la calle. La mayoría de los adictos
mantiene su trabajo y sus relaciones familiares. En este punto de nuestra observación, la familia
de Víctor continúa unida.
Tanto la familia como el trabajo de Víctor continúan intactos, pero él tiene problemas
específicos comunes a todos los dependientes químicos. Sin embargo, él no admite, ni siquiera
ante sí mismo, que tiene estos problemas. Con todo, resultan destructivos para Víctor, para la
familia de Víctor y para la sociedad de Víctor. Muchas otras personas son capaces de ver los
problemas de Víctor antes que él mismo.
El problema de dependencia química de Víctor no ocurrió de la noche a la mañana. Él no planeó
convertirse en adicto. Sin embargó, pasó por unos patrones bastante predecibles por los que
pasan casi todos los adictos. Víctor empezó a beber o a tomar drogas socialmente, por diversión.
Poco a poco, empezó a depender de las sustancias químicas para controlar su estado de ánimo.
Con el tiempo, llegó al punto de beber o tomar drogas para olvidar. La adicción de Víctor ha
avanzado hasta el punto de que las sustancias químicas ya no le hacen sentirse bien, ni siquiera
en su mejor día. Esto es frustrante para Víctor, pero se siente demasiado mal como para
considerar la vida sin el alcohol y las drogas.
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Esta trampa progresiva se ha apoderado de la vida de Víctor. Ahora usa el alcohol o las drogas
de manera compulsiva, aunque no le ayuden. En su mente niega que tenga un problema. Para él,
todo lo demás y todos los demás son la causa de sus problemas. Se trata de un caso clásico de
negación y proyección. Todos los adictos se caracterizan por la negación y la proyección.
Es peligroso estar cerca de Víctor si quieres encararte con él y decirle la verdad de su problema
de abuso del alcohol o las drogas. Es como intentar vivir con una serpiente de cascabel, porque
nunca sabes cuándo va a levantarse y atacar. Víctor se separa de Dios. Se esconde de sí mismo.
Se aleja de todas las personas importantes de su vida. Víctor piensa que todo está bajo control.
Por desgracia, todo está bajo el control de la dependencia química.
Cuando Víctor está "colocado", deja a su familia "descolocada" con su alejamiento de la
realidad. No importa el tipo de sustancia química que usa, ni la cantidad. Ni siquiera importa
con qué frecuencia la usa. La razón por la que sabemos que Víctor se ha convertido en adicto es
por el efecto que produce en su familia.
La adicción es evidente cuando el consumo de la sustancia química afecta a la existencia normal
de toda la familia. Cuando entramos en su casa, tenemos la sensación de que todo el mundo gira
alrededor de Víctor. Sus pensamientos son: "¿Estará bebiendo? ¿Estará de buen humor? ¿Irá a
explotar en cualquier momento? ¿Hemos hecho algo mal, o hemos olvidado hacer algo que
Víctor nos dijo que más nos valía hacer bien?"
Cuando Víctor dice con orgullo: "Sólo me hago daño a mí mismo, y a nadie más", no sabe lo
que está pasando a su alrededor. Si se atreviera a abrir los ojos, vería una familia que sufre.
Lamentablemente, eso añadiría más peso a la enorme carga de culpa de la que se esconde.
Víctor hace frente al sentimiento de culpa culpando a los demás y colocándose. Esto no
funciona, y él lo sabe. Tiene miedo de no poder soportar una mirada sincera a la verdad, así que
vuelve la cabeza. No es razonable esperar que Víctor mire a no ser que alguien o algo lo fuerce
a mirar.
Victoria
(La esposa co-dependiente)
Victoria es la típica esposa co-dependiente. Ha sido una esposa amante y fiel durante su
matrimonio con Víctor. Ha permanecido a su lado a las duras y a las maduras. Siempre ha
creído que podría ayudar a Víctor a superar su problema . Pero las cosas no han salido como
Victoria esperaba.
A medida que Víctor se iba enganchando a las drogas o al alcohol, Victoria se iba enganchando
a Víctor. Esta adicción es lo que llamamos co-dependencia. La conducta de Víctor afecta a
Victoria, y ella se obsesiona con su intento de controlarlo. Su vida se ve absorta en reaccionar al
extraño comportamiento de Víctor. Le parece que la manera de actuar de Víctor es el problema
principal de su relación.
Siempre hay un co-dependiente primario en la vida de cada adicto. El co-dependiente primario
no se separa del adicto, ni siquiera cuando otros miembros de la familia lo hacen. El codependiente primario es el que está más obsesionado con controlar la conducta del adicto. En la
familia de Víctor, como en la mayoría de las familias adictas, la mujer es la co-dependiente
primaria.
Victoria hace todo lo posible por proteger, escudar y rescatar a Víctor de las consecuencias de
su comportamiento. Lo saca de la cárcel por conducir borracho, luego le oculta los hechos a los
niños y a los abuelos. Llama al jefe el lunes para decirle que Víctor tiene la gripe (otra vez) y
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que no puede ir al trabajo. Puede que Víctor pierda su trabajo. Puede que gaste el dinero de la
familia en su adicción. Si es así, Victoria realizará dos trabajos para sacar a la familia adelante.
Victoria es la mejor y la peor amiga que tiene Víctor en su cada vez menor círculo de amigos.
Cada vez que Víctor sale a emborracharse o drogarse, Victoria carga con las consecuencias.
Víctor no puede "tocar fondo" porque Victoria está siempre allí, esperando para suavizarle la
caída. Víctor necesita sufrir, pero Victoria no le deja. Sin darse cuenta, lo está "matando" con su
amor.
Gracias a su disposición para trabajar tanto, Victoria, como todos los co-dependientes, hace
posible que el adicto funcione. En otras palabras, Víctor no puede seguir funcionando como
adicto durante mucho tiempo sin la continua conducta controladora de Victoria. En sus
esfuerzos por ayudar a Víctor a dejar el abuso de las sustancias químicas, está, de hecho,
permitiéndole continuar. Es decir, sus acciones permiten que Víctor actúe de la manera que lo
hace. Si ella dejara de sacarle de la cárcel y de disculparlo, él tendría que afrontar las
consecuencias de su adicción. Esto significaría que no le sería posible seguir con su adicción.
Sin un amor firme, Víctor enferma aún más. Mientras tanto, Victoria entra en patrones de vida
auto-destructivos. Se obsesiona con rescatar a su marido de su creciente serie de percances.
Como resultado, se descuida por completo a sí misma, y descuida también a los demás
miembros de la familia.
Los hermanos
Como ya hemos dicho, todos los miembros de la familia se ven afectados por la dependencia
química. Los hijos del adicto se ven afectados tanto por el padre, el adicto, como por la madre,
la co-dependiente. Ninguno de los dos funciona bien en medio de esta enfermedad. Los niños
observan ambos patrones de disfunción y tienden a imitarlos. Es natural que deseen la
aprobación, el afecto, la atención y el cuidado de ambos padres. Éste es un deseo dado por Dios.
La familia fue diseñada para la crianza y la educación de los niños hasta la madurez. Sin
embargo, en un hogar alcanzado por la dependencia química, no se suplen ni las necesidades
emocionales ni otras necesidades del desarrollo de los niños. El resultado de esto es lo que se
llama para-dependencia.
Cada niño reacciona a esta carencia de su propia manera, pero hay patrones en los que se suele
caer. Estos patrones pueden identificarse desde muy corta edad, y pueden seguir dándose a lo
largo de toda la vida si no se tratan adecuadamente. A veces los niños pasan de un patrón a otro,
probando a ver qué patrón de conducta funciona mejor. Ahora, conozcamos a los hijos de Víctor
y Victoria ...
Darío
(El héroe)
Darío, el héroe, es una estrella que brilla en esta familia disfuncional. ¡A la gente le extraña que
un niño tan maravilloso pudiera salir de una familia tan lamentable! Incluso Darío no
comprende por qué lo puso allí Dios. En casi todas las familias disfuncionales hay un niño que
asume las obligaciones del padre. Darío, el héroe, se hace cargo. Ha aceptado la responsabilidad
de hacer a su familia lo más normal posible.
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Darío prepara la comida para sus hermanos pequeños. Se ocupa de la economía familiar. A
veces desempeña el papel de consejero, resolviendo las discusiones de sus padres e intentando
reparar las relaciones rotas. A veces desempeña el papel de capacitador. Recoge al padre
alcohólico del bar y lo lleva a casa, limpia cuando el padre vomita y vacía las botellas de licor.
En cuanto a sus estudios, Darío suele rendir más de lo esperado. Sus notas están por encima de
la media y destaca en los deportes. Trabaja mucho. Llega a conseguir objetivos difíciles y se
gana la aprobación de sus profesores y de otras figuras de autoridad. El trabajo duro, la autodisciplina y un fuerte impulso por el éxito le empujan a posiciones de liderazgo en la iglesia y
en la comunidad. Es admirado por hacer el bien a pesar de su mala situación familiar.
Darío parece confiar en sí mismo y ser muy capaz, pero por dentro se encuentra victimizado por
sus heridas infantiles. Estas heridas le impiden tener relaciones íntimas con su familia y sus
amigos. Cubre los huecos de su desarrollo emocional buscando otros desafíos. Es muy
responsable y se esfuerza mucho por cuidar de los demás. Su adicción al trabajo alimenta el
fuego de su baja auto-estima. Darío puede llegar a ser pastor, médico o líder cívico. Siente el
impulso de cuidar de otros porque necesita que le necesiten. Esto le produce temporalmente la
sensación de ser importante, pero es una motivación poco sana que podría tener resultados
desastrosos. Darío se siente fuerte cuando cuida de los demás, pero se siente muy débil cuando
los demás no le quieren. Por esto se resiste a recibir la ayuda que necesita tan desesperadamente.
Pepe
(El chivo expiatorio)
Pepe ve que no puede igualar los logros de Darío, así que ni siquiera lo intenta. Al contrario,
Pepe va al extremo opuesto. Su actitud es que las reglas están para romperlas. Pepe siempre
anda metido en problemas. Se rebela contra la autoridad en casa, en el colegio y en cualquier
otro sitio. Se mete en tantos problemas que se convierte en el chivo expiatorio de la familia, y la
atención ya no se centra en Víctor sino en él. Víctor no queda tan mal cuando se le compara con
Pepe. Pepe se lleva las culpas de todos los problemas familiares. Él acepta esta falsa identidad,
porque la atención negativa es mejor que la falta de atención.
Como las drogas y el alcohol son algo común en la rebelión de los adolescentes, es probable que
Pepe experimente con ellos a una edad temprana. También es probable que pase al menos parte
de su adolescencia en reformatorios o centros de rehabilitación. Encuentra un sentido de
"familia" dentro de su grupo de amigos; la mayoría de las veces, sus padres piensan que este
grupo es el causante de sus problemas. No cuenta con la aprobación de sus padres, pero es fácil
conseguir la aprobación de los colegas. Tiene muchas probabilidades de acabar como otro
Víctor.
Pepe entra en la edad adulta resentido y con el instinto de tomar decisiones equivocadas.
Aunque físicamente es un adulto, emocional y mentalmente sigue siendo un niño. La resultará
difícil hacer que su matrimonio funcione.
Isa
(La hija perdida)
Cuando Isa era pequeña, jugaba con muñecas. Era tranquila, tímida y retraída. Nunca causaba
problemas. No le gustaban las disputas familiares y se quedaba en su habitación la mayor parte
del tiempo. De esta manera complacía a sus padres, ya que les aliviaba tener un hijo que no les
diera problemas.
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Ahora Isa es adolescente. Se ha fijado en el sexo opuesto con una necesidad desesperada de ser
amada. Como resultado, en vez de jugar con muñecas, Isa espera un bebé de verdad. Aunque no
esté preparada en absoluto para cuidar de este niño, encuentra cierto confort en el hecho de que
alguien la necesite.
La mayoría de las Isas se casan jóvenes y acaban siendo co-dependientes a su vez. Están llenas
de inseguridad, de enfermedades relacionadas con el estrés y de problemas sexuales. Se vuelven
personas emocionalmente frágiles, y son tratadas como tales.
El bebé de Isa suele crecer cuidando de mamá. Isa es propensa a tener varios niños más siendo
aún joven. Su familia aprende a no esperar de ella que sea emocionalmente fuerte. No la
rechazan porque piensan que no podrá soportar el rechazo. Isa encuentra un falso sentido de
seguridad en ser débil y necesitada, porque de esa manera nadie la trata mal.
Curro
(La mascota)
Como el payaso con la sonrisa pintada, Curro esconde su dolor y su frustración convirtiéndolo
todo en una broma. En su familia, la regla tácita es "no hables de problemas serios." Sin una vía
de escape para su dolor y su frustración, Curro ha aprendido que el humor puede calmar el enojo
y desviar las disputas familiares. Éste no es el humor que surge de un corazón sano. Curro usa el
humor como herramienta para manipular a la gente y para evitar conflictos.
Curro se ríe de los demás. Sabe miles de chistes. Le da vida a la clase y divierte a todos sus
amigos. Incluso a su profesor le resulta difícil disciplinarlo debido a lo gracioso y lo mono que
es.
Como no ha tenido modelos sanos durante la infancia, Curro llega a la adolescencia sin estar
preparado para afrontar los problemas. Como adulto, Curro no tendrá las destrezas necesarias
para resolver problemas y sus compromisos en la vida serán sólo de boquilla.
******
Todos los miembros de la familia de Víctor se han visto profundamente afectados por su
dependencia química. Cada uno de ellos se ha convertido hasta cierto punto en co-dependiente.
Todos han sufrido alguna pérdida en su relación con los otros miembros. Esto ha dejado a la
familia con la sensación de no estar relacionados los unos con los otros de una manera tierna y
cariñosa.
En consecuencia, cada miembro ha intentado encontrar amor y aceptación y sentirse importante,
lo cual desean y necesitan, de alguna otra manera. Algunos se han vuelto a las sustancias
químicas, otros al trabajo. Algunos han establecido otras relaciones con la esperanza de
establecer relaciones con personas que los acepten y los consideren importantes.
Podemos ver muy claramente que Víctor no es el único enfermo de esta familia. Puede que sea
el único con dependencia química, pero toda la familia se ve afectada.
15
Por esta razón, intentar ayudar a Víctor a superar su adicción sin que el resto de la familia
busque ayuda es como cambiar una rueda en un coche que tiene cuatro ruedas pinchadas.
Todos los miembros de una familia en que hay una persona químicamente dependiente
necesitan ayuda. Todos necesitan parar el patrón disfuncional, co-dependiente de su vida. Todos
tienen que aprender maneras nuevas, sanas y llenas de cariño, de relacionarse los unos con los
otros en la familia.
Lección Tres . . . La Familia Botella
Ejercicio individual y en grupo (ver p. 65)
1.
¿De qué manera podemos determinar con seguridad que Víctor se ha convertido en adicto?
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_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
2.
¿Por qué es Victoria la mejor y la peor amiga de Víctor?
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_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
3.
¿De qué manera compensa Darío su sentimiento de baja auto-estima?
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
4.
¿Cuál es la fuerza que impulsa a Pepe?
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_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
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5.
¿Por qué es Isa tan frágil, emocionalmente?
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_____________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________
6.
¿Qué se esconde en realidad detrás del humor de Curro?
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17
El Proceso de Recuperación
En esta próxima sección aprenderemos cómo se pueden tratar estos
problemas. Veremos el proceso por el cual nos podemos recuperar de
esta tremenda adversidad. Todos los miembros de la familia pueden
desarrollar el mismo proceso, que es muy simple. El proceso de
recuperación familiar se puede aprender desde muy corta edad.
Además, en el proceso de recuperación cada miembro encontrará el
amor, la atención, el cariño y la educación que necesita para vivir una
vida completa y sana en la familia de Dios.
El Proceso de Recuperación Familiar incluye seis sencillos términos:
1. - SEPARACIÓN. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos;
como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque
linaje suyo somos. (Hechos 17:28)
2. - BOMBAZO / ORACIÓN DE LA SERENIDAD. Por nada estéis
afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en
toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que
sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y
vuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 4:6,7)
3. - EXAMEN DE CONCIENCIA / INVENTARIO MORAL
DIARIO. Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y
conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y
guíame en el camino eterno. (Salmo 139:23,24)
4. - PERDÓN. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos,
perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros
en Cristo. (Efesios 4:32)
5. - SANIDAD. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y
todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible
para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicenses 5:23)
6. - RECONCILIACIÓN. Porque si siendo enemigos, fuimos
reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando
reconciliados, seremos salvos por su vida. (Romanos 5:10)
Vamos a ver detalladamente lo que significa cada uno de estos
términos, y cómo podemos empezar a aplicarlos desde este mismo
momento a nuestros problemas específicos.
18
Tema Cuatro
Separación
"Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas
también han dicho: Porque linaje suyo somos." (Hechos 17:28)
Para muchos cuyas vidas han quedado encadenadas a la vida de una persona químicamente
dependiente, el arte de la separación puede significar una vida nueva. Esta separación significa
vivir una vida que no está centrada en la adicción química de otra persona.
Cualquier familia que viva con la adicción química necesita aprender a separarse, aunque no
resulte fácil ni rápido. La separación es un ingrediente esencial para la felicidad y la serenidad.
La separación le devuelve a la gente la capacidad de pensar. Les libera, permitiéndoles hacerse
responsables de sí mismos, y no del adicto. Se vuelven capaces de responder a sus propias
necesidades.
La separación nos ayuda a entender que debemos trabajar en nuestros propios problemas.
Echarles la culpa a los demás de nuestra propia infelicidad es poco realista e inútil. También nos
ayuda a ver que somos responsables sólo de nuestro propio comportamiento, y que lo mejor que
podemos hacer por el adicto es volver a poner nuestra vida en orden.
La separación puede ser el paso más difícil en el proceso de recuperación familiar para el codependiente. También puede ser el peor entendido. La separación no significa que abandonemos
o nos divorciemos del adicto. No significa que tiremos la toalla. Significa que lo ponemos en las
manos de Dios. La Biblia nos enseña que en Dios vivimos y nos movemos y tenemos nuestro
ser (existencia). En la co-dependencia, vivimos y nos movemos y tenemos nuestro ser en
alguien que no es Dios.
Cuando nos relacionamos con otra persona como co-dependientes, y estamos continuamente
unidos a esa persona, la colocamos entre nosotros y Dios. De este modo, evitamos a Dios, y
¡esto es idolatría! Los cristianos son libres de servir a los demás, pero tienen que hacerlo de
maneras que los edifiquen y los enriquezcan. No podemos esclavizarlos ni controlarlos.
Tampoco debemos servir de manera que nos destruyamos a nosotros mismos. Si vamos a
aprender el arte de la separación, los siguientes pasos nos ayudarán. Debemos discernir dónde
acaba nuestra responsabilidad para con nuestros seres queridos y dónde empieza nuestra
responsabilidad para con Dios.
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1.
DEBEMOS AFRONTAR NUESTRAS PROPIAS LIMITACIONES.
Al final, tenemos que reconocer nuestra propia impotencia en nuestra relación con nuestro ser
querido. Debemos darnos cuenta de que hemos llegado a los límites de nuestro amor y sabiduría
humanos. Dispuestos a admitir la necesidad de dejar que Dios tome el mando, reconocemos que
estamos limitados en nuestra capacidad de ayudar al adicto. Nuestra única alternativa es dejarlo
en las manos de Dios.
Llegados a este punto, podemos afrontar la realidad de que nosotros no causamos su adicción
química, no podemos curarlo y no podemos controlarlo. Mientras no nos demos cuenta y
aceptemos el hecho de que estamos limitados en lo que podemos hacer, estaremos obsesionados
intentando cambiar, arreglar y controlar a nuestro ser querido. Reconocer nuestras limitaciones
nos permitirá quitarnos de en medio y dejar que Dios se ocupe de él.
2. DEBEMOS ADMITIR QUE DIOS ES EL DUEÑO.
Cuando no acertamos a reconocer que nuestro ser querido le pertenece a Dios, nos vemos a
nosotros mismos como dueños legítimos, e intentamos cambiarlo y controlarlo. Debemos
darnos cuenta de que la persona que tanto amamos es una creación de Dios, que Dios lo ama y
que le pertenece a Dios. El adicto no nos pertenece a nosotros. Podemos tener una postura de
cuidado y responsabilidad hacia él, pero la verdad es que le pertenece a Dios. Es
responsabilidad de Dios. Llegados a este punto, estamos listos para admitir que Dios es el dueño
y entregarle a nuestro ser querido.
3.
DEBEMOS OLVIDAR NUESTRAS EXPECTATIVAS.
Los co-dependientes van mucho más allá de las barreras normales y sanas del amor y la
compasión en su intento de ayudar al adicto. Debido a sus esfuerzos por ayudar, esperan que el
adicto cambie sus hábitos. Esta manera de pensar lleva a los co-dependientes al fracaso. El
adicto no cambia, y sus expectativas no se ven cumplidas. Esto puede causar profundas raíces
de amargura, enojo e incluso odio en el co-dependiente.
Aunque esperábamos mucho de la persona amada, vemos que esas esperanzas desaparecen a
causa de la adicción química. La separación nos hace renunciar a nuestras expectativas.
Debemos darnos cuenta de que Dios seguirá dando sentido a nuestra vida, aunque puede que no
sea en el momento que nosotros queríamos, ni de la manera que habíamos planeado.
4.
DEBEMOS PERMITIR QUE LOS DEMÁS AFRONTEN LAS CONSECUENCIAS DE
SUS ACCIONES.
Dejar que nuestro ser querido se enfrente a las consecuencias de sus propias acciones puede ser
la parte más difícil de la separación. Experimentará dolor e incomodidad en el proceso. Sin
embargo, las consecuencias de las acciones del adicto le llevan a darse cuenta de que tiene un
problema y de que necesita ayuda.
Si no dejamos que el adicto se enfrente de lleno con las consecuencias de sus acciones, haremos
posible que continúe bebiendo o drogándose sin ningún coste significativo. Algunas de las
formas más comunes de darle esta posibilidad son sacarlo de la cárcel, cubrir sus cheques sin
fondos, inventar excusas o mentir por él, o darle dinero para que pague sus cuentas.
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Cuando no dejamos que las consecuencias de las elecciones del adicto le afecten, anulamos su
capacidad de aprender de sus errores. Lo que aprende, en cambio, es que puede hacer lo que
quiera sin que pase nada. Estos comportamientos son obviamente dañinos para el adicto y para
la familia.
Hace falta tener un amor firme para dejar que el adicto acepte la responsabilidad de sus propias
elecciones. El amor que nos impulsa a dejar que el adicto se enfrente a las consecuencias de sus
acciones es mucho más fuerte y más maduro que el amor que sólo quiere aliviar su dolor.
5. DEBEMOS DEJAR DE ESFORZARNOS POR CONTROLAR LAS CIRCUNSTANCIAS.
Si hubiera una palabra que describiera la co-dependencia, probablemente sería control. El codependiente intenta controlar las circunstancias y las situaciones de todas las maneras
imaginables para evitar que la persona amada beba o se drogue. Una persona co-dependiente es
alguien que ha dejado que el comportamiento de otra persona le afecte y está obsesionada con
controlar el comportamiento de esa persona. Las familias de algunos adictos incluso han
establecido su propio programa de rehabilitación en casa. Han intentado curar al adicto ellos
mismos.
Los co-dependientes necesitan identificar maneras específicas en que han intentado controlar al
adicto y las circunstancias que le rodean. En esas áreas específicas, pueden empezar a practicar
una verdad fundamental: Dios puede arreglar la situación de la persona amada mejor que
cualquier otra cosa que se le pueda ocurrir al co-dependiente.
Para dejar de controlar al adicto, el co-dependiente debe dejar de controlar sus propias
circunstancias también. Dejar que el adicto se enfrente a las consecuencias de sus propias
acciones puede requerir hacer frente al pago mensual de una hipoteca sin el ingreso del adicto.
Puede significar la necesidad de buscar un segundo trabajo mientras el adicto entra en un
programa de rehabilitación, o va a la cárcel. Puede que haya que afrontar muchas circunstancias
dolorosas, y esas circunstancias pueden ser aterradoras. El co-dependiente tendrá que ejercitar
su fe en Dios para atravesar las circunstancias negativas.
El Fruto de la Separación
Muchas veces es difícil poner en práctica la separación. Puede que tengamos que esforzarnos
por cambiar la manera en que respondemos y reaccionamos ante el adicto y sus acciones. A
medida que aprendamos a dejar de controlar al adicto y a dejar que Dios empiece a trabajar,
veremos cambios en nuestra manera de pensar. Tendremos la paz de saber que Dios tiene el
control de nuestras vidas. Esto, a su vez, nos producirá seguridad y libertad.
SEGURIDAD
La verdadera separación pone a prueba los cimientos en los que se basa nuestra vida. Jesús
hablaba sobre la necesidad de poner nuestro afecto en las cosas de arriba, pero la mayoría de
nosotros debe admitir que nuestro afecto está casi siempre dirigido a la tierra.
Nos preocupamos mucho por nuestra familia, nuestros amigos y nuestros trabajos. Éstas son
preocupaciones legítimas. Cuando Dios nos dice que quiere que le amemos más que a nadie, no
quiere decir que tengamos que preocuparnos de no amar a los demás más de la cuenta. Sin
embargo, Él quiere que nuestro compromiso primordial y nuestra seguridad final estén en Él.
21
El mundo en que vivimos es inestable y las personas que más nos importan no son pilares
inquebrantables. La seguridad en Dios no es una opción. Es una necesidad total si queremos que
nuestras vidas se basen en algo sólido. Nuestra seguridad ha estado demasiado basada en algo o
alguien quebrantable. La separación puede ayudarnos a soltar esa cosa quebrantable y a
agarrarnos de nuevo al Eterno e Inquebrantable.
LIBERTAD
Cuando dejamos a nuestro ser querido al cuidado de Dios, nos liberamos de una existencia que
es como una montaña rusa emocional. Nuestro estado de ánimo ya no depende de las acciones
de nuestro ser querido. No es que no nos afecten sus acciones, es que no nos controlan.
El principal beneficio de la separación es que nuestra mente y nuestro corazón pueden centrarse
libremente en nuestra relación con Dios. Podemos plantearnos nuestras necesidades personales
y nuestras relaciones con otras personas. Cuando estamos tan enganchados con alguien,
descuidamos las otras relaciones y responsabilidades.
También nos liberamos del sentimiento de culpa y de responsabilidad por las elecciones y
acciones del adicto. La separación nos da la libertad de amar a esa persona de una manera más
relajada, menos posesiva. Esto también le permite elegir a Dios por sí mismo, libre de la presión
de nuestras expectativas.
Lección Cuatro . . . Separación
Ejercicio individual y en grupo (ver p. 66)
1.
¿Qué tres limitaciones debemos reconocer para empezar a separarnos del adicto?
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2. ¿Por qué es importante que reconozcamos que Dios es el dueño de nuestro ser querido?
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3. ¿Por qué debemos renunciar a nuestras expectativas?
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4. En la mayoría de los casos de dependencia química, ¿qué es lo que lleva al adicto a darse
cuenta de que realmente tiene un problema?
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5. ¿Cuál es la verdad fundamental que todo co-dependiente debe aprender sobre el intento de
controlar al adicto?
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6. ¿De qué manera le produce seguridad y libertad la separación al co-dependiente?
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Tema Cinco
La Teoría del Bombazo
y
La Oración de la Serenidad
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda
oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,
guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús." (Filipenses 4:6,7)
"No puedo cambiar a otra persona a través de la acción directa.
Sólo puedo cambiarme a mí mismo, por la gracia de Dios.
Otros tenderán a cambiar como reacción a mi cambio."
Llamamos al segundo paso del Proceso de Recuperación Familiar "El Bombazo." Cuando
empieces a poner en práctica esta sencilla teoría en tu vida, su efectividad te alucinará.
Como miembros de la familia, nos hemos consumido intentando cambiar al adicto. Toda nuestra
energía mental se ha colocado en el adicto, el miembro más enfermo de la familia. Esperamos
curarlo de su problema de adicción. Como co-dependientes, pasamos más tiempo y energía
intentando cambiar a nuestro ser querido que cuidando de nosotros mismos.
Cuando asumimos la Teoría del Bombazo, nuestros esquemas de pensamiento en relación con la
familia se ven desafiados. A medida que aplicamos las verdades de la Teoría del Bombazo a
nuestra propia vida, inmediatamente empezamos a experimentar una relación más sana y más
íntima con Dios. Esto tiene como resultado una relación menos estresante con el adicto. Éstos
son los conceptos básicos de la Teoría del Bombazo:
1. NO PUEDO CAMBIAR A OTRA PERSONA A TRAVÉS DE MI ACCIÓN DIRECTA.
Si miramos hacia atrás y medimos el tiempo, la energía y los recursos que hemos gastado
intentando cambiar al adicto, tendremos que admitir que lo que hemos hecho no ha funcionado.
Hemos pasado muchas horas y agotado nuestros recursos y nuestra energía mental con la
esperanza de cambiar el estilo de vida de nuestro ser querido. No sólo no hemos conseguido
cambiarlo con nuestros esfuerzos, sino que además hemos caído enfermos. Nos hemos centrado
en el adicto, no en nosotros mismos. Los aspectos emocionales, espirituales y físicos de nuestra
vida han sufrido mucho.
25
Cuando nos damos cuenta de que no podemos ni cambiar ni controlar a otra persona a través de
la acción directa, damos nuestro primer paso para salir de la co-dependencia.
2. SÓLO PUEDO CAMBIARME A MÍ MISMO, POR LA GRACIA DE DIOS.
Cuando por fin llegamos a la conclusión de que no podemos cambiar al adicto, estamos libres
para trabajar en nosotros mismos, la persona que sí podemos cambiar.
Tenemos que quitar de nuestro pensamiento los problemas del adicto y examinar nuestras
propias responsabilidades. Somos responsables de nuestras reacciones frente al adicto. En el
pasado, ni siquiera éramos conscientes de nuestras reacciones, sólo nos preocupábamos por las
acciones del adicto.
Cuando el centro de nuestra vida cambia del adicto a nosotros mismos, empezamos a ver los
defectos de nuestra personalidad en los que Dios quiere trabajar. Llegados a este punto,
podemos empezar a admitir nuestros propios problemas y, a través de la oración, pedirle a Dios
que nos ayude a superarlos.
3. OTROS TENDERÁN A CAMBIAR COMO REACCIÓN A MI CAMBIO.
A lo largo de los años las reacciones del co-dependiente se han hecho tan predecibles como las
acciones del adicto. La reacción del co-dependiente en el pasado era intentar rescatar al adicto o
resolver sus problemas, para evitar la vergüenza de la familia. La esposa co-dependiente ha
tratado al adicto como un niño, más que como un esposo.
Cuando el co-dependiente tiene algún cambio positivo, sano en su vida, sus reacciones frente el
adicto también cambian. Responderá ante el adicto de manera distinta a como solía hacerlo.
Empezará a dejar que el adicto sea responsable de sí mismo. Eso significa que tendrá que
enfrentarse a sus propios problemas y tratar de resolverlos por sí mismo.
Esta nueva respuesta, en la que se le deja al adicto que afronte la realidad de su condición, es
absolutamente necesaria para la recuperación tanto del adicto como de la familia.
Cuando ve que el co-dependiente no está allí para solucionarle los problemas, el adicto se
encuentra en una situación única. No tiene a nadie que le cuide. No tiene a nadie que le
solucione los problemas, ni a quien culpar de sus problemas. Casi todas las personas
químicamente dependientes deben pasar por esto antes de que decidan buscar ayuda.
La Oración de la Serenidad
"Dios, dame la serenidad de aceptar
las cosas que no puedo cambiar;
el valor de cambiar lo que sí puedo;
y la sabiduría de ver la diferencia."
Los viejos esquemas de pensamiento y de comportamiento están muy arraigados en la vida del
co-dependiente. Es muy difícil poner en práctica el arte de la separación y aplicar la Teoría del
Bombazo en la vida diaria.
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Las viejas reacciones de control no mueren con facilidad. Los sentimientos de culpa y
responsabilidad pueden salir a la superficie en cualquier momento. El co-dependiente puede
sentir la tentación de volver a hacer el papel de dios para arreglar una situación negativa. En un
momento así, el co-dependiente debe aplicar la Oración de la Serenidad a su vida. Vamos a
examinar cada uno de los aspectos de esta conocida oración para descubrir cómo puede
ayudarnos.
"Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar." Cuando el codependiente ve que la persona amada se deteriora bajo el peso de la adicción química, tiene que
confiar en su relación con Dios para evitar la locura o un ataque de nervios. Cuando le pedimos
a Dios serenidad, le estamos pidiendo la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento. Sólo
Dios puede darnos la paz interior que nos permita aceptar lo que está pasando en nuestra
familia. Sólo Dios puede hacernos comprender que estas cosas están más allá de nuestro
control, pero no del Suyo.
Nuestra capacidad para aceptar estas cosas que no podemos cambiar no viene de nuestra propia
fortaleza humana. Viene del don de la serenidad, que Dios nos ha dado. Este don de paz nos
permitirá aceptar y superar cualquier prueba en nuestra vida. Nuestra confianza en Dios es el
paso principal de nuestro proceso de recuperación.
"El valor de cambiar lo que sí puedo." En el hogar alcohólico típico, todo el mundo intenta
cambiar a los demás. Este aspecto de la oración de la serenidad nos obliga a centrarnos en las
cosas de las que somos responsables y, con la ayuda de Dios, a hacer el cambio necesario.
En la parte de arriba de la lista estamos nosotros mismos. Es natural que le tengamos miedo a
los cambios, pero sobre todo nos da miedo cambiarnos a nosotros mismos. Sin embargo, a
medida que busquemos a Dios, Él nos revelará ciertos cambios que tenemos que hacer para salir
del estilo de vida co-dependiente. Son cambios positivos en nuestra actitud, nuestra motivación
y nuestras acciones. Cuando hacemos esos cambios, traen salud, seguridad y libertad a nuestra
vida y a la vida del resto de nuestra familia.
Para empezar a llevar a cabo los cambios necesarios debemos pedirle a Dios el valor de dar un
paso de fe y confiarle a Él nuestra vida y la vida de nuestra familia.
La esposa co-dependiente ha funcionado durante muchos años convencida de que debe
continuar cuidando del adicto. Al satisfacer cada una de sus demandas, ella está cumpliendo con
sus deberes de buena esposa. También razona que si ella no se hiciera responsable de él y se
ocupara de todas sus necesidades, él podría morir. Este tipo de miedo disfuncional y falsa
responsabilidad está muy arraigado en la co-dependiente. La pregunta que se hace es: "Si yo
cambio, ¿qué será de él?" Aquí es donde el co-dependiente necesita valor y fortaleza para
empezar un nuevo estilo de vida.
Dios es el que nos da el valor de cambiar las cosas que podemos cambiar. Miramos a Dios
buscando el valor que necesitamos para dar estos nuevos pasos en nuestra vida. Cuando
empezamos este proceso, poco a poco nos vamos dando cuenta de que Dios es fiel. Él no nos va
a pedir que hagamos algo en lo que Él no esté dispuesto a ayudarnos.
"Y la sabiduría de ver la diferencia" La Palabra de Dios nos dice en Santiago 1:5: "Y si alguno
de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin
reproche, y le será dada."
Tenemos que pedir continuamente a Dios que nos dé sabiduría para discernir lo que podemos
cambiar (de lo que somos responsables) y lo que no podemos. Esto determinará si seguimos en
nuestros esquemas de co-dependencia disfuncional o si entramos en un proceso de recuperación
sano.
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Debemos entender los límites entre ayudar al adicto y facilitarle la adicción. No hay una línea
visible entre las dos cosas. Por eso es difícil definir cuál debería ser nuestra respuesta. Para eso
necesitamos la sabiduría de Dios. Entender la diferencia entre lo que puede y lo que no puede
cambiarse puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte para el adicto y su familia.
Lección Cinco . . . La Teoría del Bombazo y la Oración de la Serenidad
Ejercicio individual y en grupo (ver p. 67)
1. ¿Qué le pasa al co-dependiente cuando intenta cambiar al adicto a través de la acción
directa?
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2. ¿Qué pasa en el interior de la persona co-dependiente cuando el centro de su vida ya no es
el adicto, sino ella misma?
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_____________________________________________________________________________
3. ¿Qué le pasa al adicto cuando el co-dependiente empieza a cambiar?
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_____________________________________________________________________________
4. ¿Por qué es la confianza en Dios el paso principal en el proceso de recuperación del codependiente?
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5. ¿Por qué necesita valor y fortaleza el co-dependiente para empezar su nuevo estilo de vida?
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6. ¿Por qué necesita el co-dependiente sabiduría de Dios?
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Tema Seis
El Inventario Moral Diario
"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay
en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno." (Salmo 139:23-24)
El tercer paso en el Proceso de Recuperación Familiar es el Inventario Moral Diario (IMD). El
IMD es una herramienta que nos ayuda a identificar ciertas actitudes que hemos expresado a
través de nuestras acciones y reacciones durante el día anterior.
Funciona como un espejo que nos ayuda a ponernos en contacto con nuestra propia alma. Si lo
hacemos con sinceridad, nos ayudará a comprender las actitudes que motivan nuestro
comportamiento. Llevar nuestro propio IMD no es fácil, porque es una práctica poco natural.
Nos hemos acostumbrado a llevar el inventario de todos los demás, especialmente del adicto de
nuestra familia. Esto nos ciega ante nuestras propias malas actitudes y nuestras reacciones
pecaminosas.
En la familia químicamente dependiente es normal que cada miembro vea los problemas de los
otros miembros de la familia, porque constantemente nos estamos examinando unos a otros.
Cada una de las personas de una familia disfuncional señala con el dedo a otra como causante
de los problemas.
Cada uno se hace experto en seguir un Inventario Moral Diario. Por desgracia, es el inventario
de otros miembros de la familia en vez del suyo propio. Si somos sinceros, admitiremos que
pasamos muy poco tiempo controlando nuestras propias actitudes, acciones y reacciones
individuales. No le damos a Dios prácticamente ninguna oportunidad de examinar nuestros
corazones.
Cada miembro de la familia químicamente dependiente desarrolla, en cierta medida, los mismos
mecanismos de defensa que el adicto. Él niega, proyecta y racionaliza sus propios problemas
echándole la culpa a los demás miembros de la familia, especialmente a su esposa.
Si le hiciéramos al adicto esta sencilla pregunta: "¿Cuál es tu problema?," probablemente
respondería diciéndonos que su mujer no para de darle la lata, que los niños se portan fatal, que
su jefe le exige muchísimo y que este país es un caos total.
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Pero lo que nunca le escucharás decir es cuál es su problema de verdad. No tiene ni idea de sus
propias actitudes y su extraño comportamiento. Desconoce los terribles problemas espirituales y
emocionales que lleva dentro. La negación y la proyección le permiten minimizar el deterioro
por el que están pasando las relaciones familiares.
Está ciego ante su propia actitud y su comportamiento, pero es muy consciente de los defectos
del carácter de los otros miembros de la familia. También le falta tiempo para señalarle estos
problemas a los demás miembros y para echarles la culpa del dolor causado por su propio estilo
de vida disfuncional.
Mientras tanto, los otros miembros de la familia adaptan ciertas reacciones a la constante
negación, proyección, racionalización y justificación del adicto. Sus propias reacciones codependientes pueden ser más perjudiciales para los miembros de la familia que las acciones del
adicto. Los miembros de la familia pueden empezar a negar, proyectar y racionalizar igual que
el adicto, o pueden reaccionar con enojo, odio o represalias. El co-dependiente también puede
sufrir un dolor de otro tipo, como la vergüenza, el sentimiento de culpa, el miedo, la autocompasión y la desesperanza.
Los co-dependientes tienden a copiar los mismos patrones de conducta defensiva que el adicto.
Se centran en todos los defectos de la personalidad de él y en su extraño comportamiento y se
olvidan de sus propias malas actitudes, heridas emocionales y reacciones pecaminosas.
Este tipo de vida disfuncional es común en casi todas las familias químicamente dependientes.
Se conoce como "el juego de la culpa." En el "juego de la culpa," cada uno de los miembros
culpa a los otros miembros por el dolor ocasionado a la familia. Para que la familia empiece su
recuperación, los miembros deben dejar de prestar atención a las acciones del adicto y empezar
a mirar hacia sus propias reacciones.
Es imposible vivir en una casa donde hay una persona químicamente dependiente y no verse
afectado. Pero es muy posible, con la ayuda de Dios, vivir en un hogar químicamente adicto y
no ser controlado por él. El Inventario Moral Diario es un eficaz instrumento que nos ayudará a
conseguirlo.
Para que la familia disfuncional experimente cierto grado de sanidad o recuperación, cada
miembro debe dejar que Dios le ayude con sus propias actitudes y problemas. Para reconocer
estos defectos de carácter en nosotros mismos, primero debemos presentarnos a Dios y pedirle
que nos los revele. Somos incapaces de examinarnos a nosotros mismos de manera eficaz, así
que el primer paso es pararse delante de Dios y pedirle que examine nuestro corazón. Eso es lo
que se llama nuestro Tiempo Devocional.
Tiempo Devocional
"Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en
sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional." (Romanos 12:1)
Si vamos a dejar que Dios examine nuestro corazón y que nos revele nuestros defectos de
carácter, debemos presentarnos a Él. Por eso necesitamos un tiempo devocional. Deberíamos
apartar un cierto tiempo cada día, preferiblemente por la mañana, para la meditación y la
oración.
Para que este tiempo sea lo más significativo posible necesitamos encontrar un lugar tranquilo y
apartado donde podamos estar completamente solos. Jesús con frecuencia se apartaba de la
multitud para estar solo con el Padre. También nosotros, si queremos parecernos cada vez más a
Él, debemos pasar tiempo solos con Dios. Tenemos que elegir un lugar que se convierta en
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nuestro "aposento" donde podamos encerrarnos, lejos del mundo, para tener un tiempo de
comunión con Él.
Este tiempo devocional tiene que ser nuestro tiempo personal con Dios. Tiene que convertirse
en parte de nuestro horario diario. Debemos presentarnos delante de Dios si queremos tener una
relación con Él. Durante nuestro tiempo devocional debemos orar cuidadosamente por cada una
de las actitudes de nuestro IMD y pedirle al Señor que nos muestre cuáles de esas actitudes nos
causaron problemas el día anterior.
CÓMO HACER UN INVENTARIO MORAL DIARIO
Hacer nuestro IMD es un proceso sencillo. No tenemos que hacer inventario de la historia de
nuestra vida en el IMD. Sólo revisamos las últimas 24 horas y anotamos nuestras actitudes
positivas y negativas.
En oración, revisamos las actividades de las últimas 24 horas. Pensamos en el trabajo del día,
las relaciones y todo lo que nos preocupe. Miramos más allá de la ofensa de los problemas
"causados" por otras personas para ver qué actitudes hemos expresado nosotros en nuestras
reacciones ante su comportamiento.
Luego miramos la hoja del IMD. En la parte de la izquierda vemos una lista de 15 actitudes
negativas. En la parte de la derecha vemos una lista con las 15 actitudes positivas
correspondientes. En la parte de arriba vemos números para los días del 1 al 31. En el centro hay
un gráfico con casillas para rellenar.
Empezando por el día 1, vamos bajando con el dedo por la lista de actitudes, de una en una. Nos
paramos en cada par de actitudes y nos preguntamos (a nosotros mismos, y al Señor en
nosotros): "Ayer, ¿he tenido la actitud de auto-compasión (ejemplo), o la actitud de serenidad
(ejemplo)? Si tuvimos auto-compasión , ponemos una X en la casilla correspondiente, o bien la
rellenamos de negro.
Si no hemos tenido auto-compasión, sino que hemos dejado libre al Espíritu Santo y
manifestado el fruto del Espíritu, la serenidad, (ver la explicación en la sección de la oración),
con agradecimiento colocamos un TIC en la casilla correspondiente.
Entonces bajamos por la lista al siguiente par de actitudes y nos hacemos la pregunta
correspondiente. Hay un comentario con definiciones para cada actitud al final de esta sección.
Después de completar el IMD, vamos al Señor en oración. Le pedimos que nos ayude con los
defectos de nuestro carácter y le damos las gracias por nuestras actitudes positivas.
ORACIÓN - EL VIAJE INTERIOR
Después de años de experiencia con personas heridas y en recuperación, hemos preparado un
método que sugerimos para estar en comunión con Dios en nuestro ser interior. Ésta no es la
única manera de estar en comunión con Él, puede haber distintos grados de profundidad en
nuestra comunión con el Señor en diferentes momentos de nuestra vida; incluso en diferentes
momentos del día. Sin embargo, el siguiente método ha ayudado a muchas personas a entrar en
comunión íntima y atenta con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
1.
Cierra los ojos. Esto crea una privacidad inmediata y te coloca en tu "aposento" privado.
33
2. Centra tu atención en dirigirte hacia el templo del Espíritu Santo en tu corazón. Si has
aceptado a Jesucristo como Salvador tuyo, Él vive en tu corazón a través de Su Espíritu Santo.
"...Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que
cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del
Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu
Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado." (Juan 7:37,38
3. Mira y ve (si puedes) al Señor en el trono de tu corazón. Dios creó una visión dentro de los
ojos de nuestro corazón. Jesús dijo: "Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero
vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis
que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros." (Juan 14:19,20)
El estudio de los profetas del Antiguo Testamento nos muestra que su forma de oración incluía
el uso regular de los ojos del corazón. Esta forma de visualización no debe confundirse con la
falsificación que el mundo está usando para hacer que las cosas ocurran por medio de la
visualización. Esta visualización no se consigue usando nuestra propia fuerza de voluntad
mental. Es una revelación que se nos hace del mundo espiritual, que se nos da cuando
admitimos que estamos ciegos y le pedimos a Jesús su bálsamo para poder ver (Apocalipsis
3:18). Si no puedes ver inmediatamente, no te desesperes. Estás en comunión con Dios por
medio de la fe. Después de algún tiempo, Él se hará más claro.
4. Reconoce a Jesús como tu Sumo Sacerdote. Cuando miras al Señor, es evidente que Él es
mucho más de lo que tú pensabas. Él es, como se le describe en el libro de Hebreos, capaz de
entender tus debilidades. "Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos,
Jesús el hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que
no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según
nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia,
para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro." (Hebreos 4:14-16)
5. Así que ve con valentía al trono y siéntate delante de Él - ¡o en su regazo! La Biblia dice
que al ser hijos de Dios, somos también herederos: "herederos de Dios y coherederos con
Cristo" (Romanos 8:17). ¡Por tanto, podemos ir delante de Dios con todos los derechos de hijos
e hijas del más alto Rey de Reyes! Esto nos da la seguridad de que nunca nos rechazará de Su
presencia. Él nos recibe con gusto, y le encanta ser nuestro Dios. Se complace en que seamos Su
pueblo. Es Su deseo para la eternidad. "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer
cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más... Y oí una gran voz del cielo que
decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán Su
pueblo, y Dios mismo estará con ellos como Su Dios." (Apocalipsis 21: 1,3)
6. Reconoce y libera la canción de alabanza y adoración que canta tu espíritu. Esto es
evidente en las escrituras. No tenemos que fabricar la alabanza. Está ya en nuestro espíritu,
incluso cuando estamos cansados o deprimidos. Es generada por el Espíritu Santo. "Cantad
alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría; venid ante su
presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros
mismos; pueblo Suyo somos, y ovejas de Su prado. Entrad por Sus puertas con acción de
gracias, por Sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno;
para siempre es Su misericordia, y Su verdad por todas las generaciones." (Salmo 100)
34
7.
Confiesa las actitudes de tu IMD al Señor y pídele dos cosas:
a) "¿Me perdonas?"
b) "¿Me limpias?"
El simple hecho de pedir es lo único que tenemos que hacer. No hay necesidad de castigo para
conseguir el perdón o la limpieza. (Ver Juan 1:9)
8. Escucha Su respuesta. Muchas personas piden y piden, pero nunca escuchan Su respuesta.
Él grabará Su respuesta en tu corazón. De la misma manera que Dios nos ha dado los ojos del
corazón, también nos da "oídos para oír" (Mateo 11:15). Su voz, según la Palabra de Dios, no
es fuerte y tempestuosa. Es apacible y delicada (1 Reyes 19:11,12).
9. Pídele que el Espíritu Santo se mueva en todos los aspectos de tu vida. Dale permiso para
vivir en ti hoy. La liberación del Espíritu Santo es un fenómeno sencillo, pero milagroso. La
liberación del Espíritu Santo es la llave para superar nuestros problemas de control. Por medio
del Espíritu Santo hacemos morir las obras de la carne (Romanos 8:13). El poder y la naturaleza
del Espíritu Santo liberado en nosotros es capaz de superar nuestra naturaleza carnal, si se lo
permitimos. Dios es un caballero, Él no entraría por la fuerza ni tomaría lo que no le damos.
LLEVAR UN DIARIO
Es importante anotar las impresiones que Dios nos da en nuestro tiempo de oración. En parte
debemos hacerlo porque puede significar más para nosotros en el futuro que ahora. Con
frecuencia Dios se dirige a nuestras verdaderas necesidades y no a las preguntas que nos
queman en la mente. Él mira más allá de nuestro deseo de entenderlo todo y se dirige a una
necesidad que no sabemos que tenemos. Las palabras que Él dirige a nuestro corazón empiezan
a trabajar en nuestra mente. Al poco tiempo nos damos cuenta de que Él estaba transmitiendo y
nos sentimos confortados.
Nuestro diario se convierte en un registro por escrito de nuestro viaje con Dios. Podemos acudir
a él cuando nos vemos luchando con nuestra fe. Podemos acudir a él cuando olvidamos lo que
Dios nos ha dicho. Podemos acudir a él para aprender más mirando hacia atrás de lo que
aprendimos cuando lo recibimos.
También podemos acudir a él cuando necesitemos ayuda del Cuerpo de Cristo y de la Biblia
comprobar que hemos recibido una palabra de parte de Dios. Esto nos ayudará a afinar nuestro
oído y nos enseñará a distinguir entre la voz del Señor, nuestros propios pensamientos y las
sugerencias de Satanás.
Empezamos nuestro diario poniendo la fecha en cada entrada. Esto es importante por muchas
razones. Cuando volvamos a mirar nuestro diario, nos alegrará saber cuándo se hizo cada
entrada. El poner en práctica este sistema nos ayudará a mantenernos fieles al diario cada día.
Usamos nuestro diario para registrar las impresiones que recibimos de parte de Dios. Esto
incluye la narración descriptiva de cualquier visión que Él pueda darnos. Debemos ser lo más
específicos posible al anotar estas impresiones. Intentamos diferenciar entre lo que hemos
recibido de Dios y lo que nosotros pensamos y sentimos.
También usamos nuestro diario para anotar cualquier cosa que hayamos llegado a comprender
en nuestro tiempo devocional. A Dios le importa nuestra recuperación. A Él le interesa más
revelarnos información referente al desarrollo de nuestro carácter personal que información
acerca de otras personas.
35
RESUMEN
Hemos examinado cada uno de los aspectos de nuestro tiempo devocional en detalle. Ahora
estamos listos para empezar nuestro viaje diario. Seguramente disfrutaremos tanto de estos
momentos que lo haremos parte de nuestro estilo de vida.
En las páginas que siguen al Ejercicio individual y en grupo hemos provisto explicaciones
detalladas, junto con versículos de la escritura, de cada una de las actitudes enumeradas en el
IMD.
Lección Seis . . . El Inventario Moral Diario
Ejercicio individual y en grupo (ver p. 68)
1.
Si llevamos un IMD con sinceridad, ¿qué beneficio podemos esperar obtener de él?
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2. ¿Por qué es bueno que todos los miembros de la familia lleven un Inventario Moral Diario?
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3. ¿Por qué es tan importante para nosotros tener un tiempo devocional?
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4. ¿Qué cosas concretas deberíamos buscar al hacer nuestro IMD?
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5. ¿Por qué es importante para nosotros dejar que el Espíritu Santo actúe en nuestras vidas?
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6. ¿Qué se consigue con un diario personal en nuestra vida?
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MI INVENTARIO MORAL DIARIO
NEGATIVO
POSITIVO
1
2
3
4
5
6
7
Auto-lastima
Controlar
Apoyo negativo
Resentimiento
Echar la culpa
Superioridad moral
Negación
Auto-condena
Mentira
Vergüenza
Falsa culpa
Tomar represalias
Ser falso
Temor al rechazo
Olvidar a Dios
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
Y ve si hay en mí camino de perversidad,
y guíame en el camino eterno.
Salmo 139:23,24
8
9
10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31
Serenidad
Confiar en el Señor
Separación
Perdón
Aceptar responsabilidad
Humildad
Aceptación
Auto-estima
Sinceridad
Sanidad
Sabiduría de Dios
Responder
Ser real
Aceptación de Dios
Comunión con Dios
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva un espíritu recto dentro de mí...
Vuélveme el gozo de tu salvación,
y espíritu noble me sustente.
Salmo 51:10,12
38
COMENTARIO SOBRE EL IMD
A continuación enumeramos las actitudes positivas y negativas tal y como aparecen en su
Inventario Moral Diario, junto con una breve descripción de cada una. Al final de la descripción
de cada actitud positiva se encuentra una referencia bíblica para reforzar esa actitud en concreto.
1. AUTO-LASTIMA
Enfurruñarse, estar de mal humor y callado, usar medios físicos para transmitir
sentimientos. Una fuerte sensación de no ser aceptado. Sentir pena de mí mismo. Me digo
cosas como éstas: "Todo el mundo me odia. Nadie me quiere ni me entiende. Estoy solo en
medio de esta terrible situación."
SERENIDAD
Estar seguro, por fe, de mi seguridad personal y de que soy importante. Vivo en la paz del
Espíritu Santo. La paz de Dios gobierna en mi corazón, en cualquier circunstancia. Soy
capaz de quitar el centro de mi interés de mí mismo y ponerlo en las necesidades de los que
me rodean. Puedo amar a los demás con el amor de Cristo.
"Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en
un solo cuerpo; y sed agradecidos." (Colosenses 3.15)
2. CONTROLAR
Siento la necesidad de controlar a las personas que me rodean y controlar las circunstancias
para que todo vaya bien. Me asusta pensar en lo que le podría pasar al adicto si no intento
arreglarle las cosas o cuidar de él. Aunque no sea mi intención, estoy jugando a ser Dios.
CONFIAR EN DIOS
Quito las situaciones de mi vida de mis manos y dejo que Dios se ocupe de las
circunstancias y de las personas involucradas. Dejo que Él lo dirija todo, sabiendo que Él es
soberano.
"Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en
todos tus caminos, y él enderezará tus caminos." (Proverbios 3.5,6)
3. APOYO NEGATIVO
Proteger al adicto/alcohólico de las consecuencias de sus acciones. Al intentar protegerle de
cualquier incomodidad, le estoy facilitando el uso de sustancias químicas.
SEPARACIÓN
Soltar al adicto/alcohólico, emocionalmente. Permitirle que se enfrente a las consecuencias
de sus acciones. No abandonarlo, sino ponerlo en las manos de Dios. Esto me permite quitar
el foco de atención del adicto y ponerlo en mí, donde puedo hacer el mayor bien.
"¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que
está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he
aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces
verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano." (Mateo 7.3-5)
39
4. RESENTIMIENTO
Tener un sentimiento de amargura que forma una cadena mental que me ata a la persona o a
la cosa que detesto. Siento que mi resentimiento está justificado por lo que me ha ocurrido.
PERDÓN
Perdonar, o abandonar el resentimiento cuando alguien me ha hecho algo malo. Renuncio al
derecho de vengarme.
"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro
Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os
perdonará vuestras ofensas." (Mateo 6,14,15)
5. ECHAR LA CULPA
Un mecanismo de defensa que me disculpa de cualquier responsabilidad ante un problema,
echándole la culpa a los demás por ser la causa del problema.
ACEPTAR LA RESPONSABILIDAD
Ser responsable de mis actitudes y de mis actos. No permitirme a mí mismo ser víctima de
las circunstancias, el ambiente o el comportamiento de otras personas.
"Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de
pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he
pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Hazme como a
uno de tus jornaleros." (Lucas 15.17-19)
6. SUPERIORIDAD MORAL
Me disculpo a mí mismo por cualquier actitud o comportamiento malo, a la vez que
condeno a otros por lo mismo. Mi capacidad para llevar la razón me hace hincharme de
orgullo. Llevar la razón se convierte para mí en un fetiche.
HUMILDAD
Acepto mis limitaciones y defectos personales sin intentar justificarlos.
"Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad estimad cada uno a
los demás como superiores a él mismo." (Filipenses 2.3)
7. NEGACIÓN
La opresión de la realidad. Muchos co-dependientes, como los adictos, están ciegos ante sus
propios problemas. La negación daña mi juicio y mi entendimiento. Como resultado, me
creo unas mentiras que me encierran en un esquema creciente de destrucción. El codependiente también puede negar el problema químico del adicto. Puede minimizar el uso
de las sustancias químicas del adicto.
ACEPTACIÓN
Confesar o reconocer la verdad de algo. Para curarse, el co-dependiente debe enfrentarse al
problema químico del adicto. Debo enfrentarme al problema que yo tengo por mis actos y
mis reacciones con respecto al adicto. Éste es el primer paso en mi proceso de recuperación.
"Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está
en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros
40
pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él
mentiroso, y Su palabra no está en nosotros." (1 Juan 1.8-10)
8. AUTO-CONDENA
Revelar una imagen baja de uno mismo sucumbiendo a una falsa culpa. Declararme no apto
o indigno de la gracia de Dios. Muchos co-dependientes sufren de auto-condena. Creen que
ellos son la causa, y aceptan la culpa por la adicción de la persona que aman.
AUTO-ESTIMA
Darme cuenta de quién soy, como hijo de Dios. A través de mi relación con Dios puedo
definir mis responsabilidades y mi valía como persona, según Dios, no según el adicto.
"Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros." (Romanos 5.8)
9. MENTIRA
No ser sincero, o digno de confianza. Éste es un defecto normal en el adicto y en el codependiente. El co-dependiente puede mentir para tapar los errores del adicto para no sentir
más vergüenza y humillación.
SINCERIDAD
Ser sincero, abierto y franco. La aceptación genuina de los problemas de la dependencia
química y de la co-dependencia es el primer paso hacia la curación.
"Por lo cual desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos
miembros los unos de los otros." (Efesios 4.25)
10. VERGÜENZA
El sentimiento de vergüenza, deshonra o humillación causado por el extraño y vergonzoso
comportamiento del adicto. Cuando siento esto, me entran ganas de esconderme del
problema de la adicción química y de aislarme. Intento evitar estos sentimientos porque me
hacen sentir fracasado e indigno. Me avergüenzo no sólo del adicto, sino de toda la familia.
SANIDAD
Darme cuenta y aceptar que soy un hijo de Dios, precioso y valioso. Me siento con libertad
para ser todo lo que puedo ser en Él por medio de Su amor. Y esto, a pesar de lo que los
demás me han dicho o hecho. He sido limpiado y sanado a través de Su justicia. Él me ama
y me acepta como soy, y ahora me veo como un milagro de Dios, único y sin réplica.
"Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo
sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo,
vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en
gloria." (Colosenses 3.1-4)
41
11. FALSA CULPA
Echarnos la culpa, a nosotros mismos o a los miembros de nuestra familia, de las
experiencias dolorosas que nos causa el adicto. De alguna manera me siento responsable de
la adicción. Me parece que si yo cambiara, todo iría bien. Esta auto-culpa genera más
sentimientos de vergüenza y culpa.
SABIDURÍA DE DIOS
Tengo que aprender a discernir qué cosas son responsabilidad mía. Tengo que pedirle a
Dios constantemente que me dé sabiduría para ver la diferencia entre lo que es culpa mía y
lo que es culpa del adicto. El tener esta sabiduría y ver la diferencia determinará si voy a
continuar con mi conducta co-dependiente disfuncional o a avanzar en el proceso de
recuperación.
"Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos
abundantemente y sin reproche, y le será dada." (Santiago 1.5)
12. TOMAR REPRESALIAS
Devolver mal por mal. Este tipo de comunicación es normal en la familia dependiente
química. Como la co-dependiente está llena de dolor, su relación con el adicto se convierte
en pura reacción. Su actitud y sus actos están llenos de enfado. Su motivación es lastimar al
adicto tanto como la han lastimado a ella.
RESPONDER
Dios me ama, y por eso le puedo responder al adicto, en vez de reaccionar. Mantengo el
control de mis emociones y de mis actos porque tengo Su serenidad dentro de mí. Esto me
ayuda a sostener un nivel equilibrado en vez de experimentar una continua montaña rusa
emocional. Así puedo permanecer emocionalmente estable y crecer hacia la madurez.
"Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la
redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda
malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros,
como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo." (Efesios 4.30-32)
13. SER FALSO
Intentar impresionar a los demás diciéndoles que todo va bien, que todo va estupendamente.
Los miembros de la familia químicodependiente muchas veces dan falsas impresiones
positivas de la situación familiar para evitar la vergüenza, el bochorno y la humillación.
SER REAL
No me importa lo que los otros piensen de mí. Soy sincero y abierto en cuanto a mis
sentimientos personales y a la situación de la familia. Soy transparente.
"Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres."
(Hechos 24.16)
14. MIEDO AL RECHAZO
Tener miedo de que los demás no me quieran o de no gustarles por lo que hago o lo que
soy. Como me da miedo no ser lo suficientemente bueno, o me esfuerzo demasiado para
gustarle a la gente, o los rechazo antes de que ellos tengan la oportunidad de rechazarme a
mí. Deseo tener intimidad y ser aceptado, pero me da miedo dejar que nadie se acerque lo
bastante como para conseguir ese objetivo.
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ACEPTACIÓN DE DIOS
Saber que Dios me acepta y me ama como soy, con todos mis defectos. Esto me da la
libertad de ser todo lo que puedo llegar a ser y de hacer todo lo que puedo llegar a hacer en
Cristo. También me capacita para amar a los demás y para que los demás me amen a mí.
"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni
potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa
creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro."
(Romanos 8.38,39)
15. OLVIDAR A DIOS
Pasar el día sin reconocer a Dios o sin entregarme a Él. No tener mi tiempo devocional. No
dejar que Dios tenga acceso a mis problemas, sino apoyarme en mi propio entendimiento.
Cuando hago esto me vuelvo egocéntrico, me creo que yo tengo la solución a los problemas
de la familia.
COMUNIÓN CON DIOS
Comprometerme a una relación diaria con Dios. Buscar Su orientación y Su sabiduría para
mi vida diaria. Ser consciente en todo momento de Su presencia en mí. Permitirle darme
dirección y entendimiento. Centrarme en Dios en vez de en mí mismo.
"He aquí yo estoy a lo puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y
cenaré con él, y él conmigo." (Apocalipsis 3.20)
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Lección Siete
Perdón
"Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como
Dios también os perdonó a vosotros en Cristo." (Efesios 4.32)
El proceso del perdón es necesario si queremos que la familia disfuncional experimente una
restauración a la sanidad. El adicto, con su extraño comportamiento, ha infligido profundas
heridas emocionales sobre todos los miembros de la familia. Estas heridas no sanarán solas,
con el paso del tiempo, ni desaparecerán si el adicto entra en un programa de tratamiento.
Si el adicto consigue superar su adicción química y comienza un nuevo estilo de vida,
seguro que pondrá fin al abuso emocional de la familia. Pero aún así, hay que enfrentarse a
las heridas del pasado y sanarlas.
Dios es el único que puede sanar las heridas emocionales de nuestro pasado, y Su método
para sanarnos de esas heridas y ese dolor es el perdón.
El perdón es el ungüento espiritual que Dios usa para calmar nuestras heridas emocionales.
Restaura todas nuestras relaciones. Empieza por Dios, se extiende a los demás y finalmente
nos llega a nosotros. En la Biblia encontramos claramente que el perdón es la clave para
resolver nuestros problemas interpersonales.
Entonces, se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que
peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No digo hasta siete, sino aun hasta setenta
veces siete.
Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus
siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil
talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo
lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba,
diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo,
movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.
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Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y
asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo,
postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.
Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.
Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su
señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado,
toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener
misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado,
le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.
Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno
a su hermano sus ofensas." (Mateo 18.21-35)
Podemos ver en la escritura, en las palabras dichas por Jesucristo, nuestro Señor, que el
perdón no es una opción si queremos seguir la fe cristiana.
"Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro
Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no
perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas."
(Marcos 11.25,26)
Dios nos ha puesto una condición. Para ser perdonados, debemos perdonar. Jesús nos dice
que Dios no puede perdonarnos si nosotros no perdonamos a los otros. Es un principio que
Él ha establecido. Esto quiere decir que la responsabilidad de recibir o no el perdón de Dios
es nuestra. Dios es un Dios amante, es un Dios santo, pero también es un Dios justo. Para
que Él nos perdone, tenemos que perdonar a los demás. Ésa es la condición que Él ha
establecido.
Posiblemente una de las razones por que no perdonamos es que no entendemos qué es el
perdón. Puede que tengamos un concepto equivocado del perdón. Con todo, una cosa es
segura: si no estamos dispuestos a perdonar a la gente, no avanzaremos espiritualmente, ni
experimentaremos la sanidad.
LO QUE NO ES EL PERDÓN:
1. Pasar por alto lo malo que nos han hecho. Nos gusta pensar que si pasamos por alto algo
malo que nos hayan hecho, desaparecerá. Pero no es así. Pasar por alto no es perdonar,
es una forma de represión o negación. Puede que a algunos de nosotros nos hayan
lastimado las palabras o los actos de personas con las que teníamos una relación, y
quizás hayamos intentado pasar por alto esos incidentes. Pero la verdad es que han
tenido un gran efecto en nuestra vida. Dentro de nosotros han causado problemas. Si
hay dolor dentro, hay un problema dentro.
2. Disculpar o encubrir lo malo que nos han hecho. Cuando intentamos justificar o
suavizar algo que nos han hecho, estamos intentando decirnos que no era tan malo
como parecía en aquel momento. Esto es justificación o racionalización, pero no
perdón.
3. Psicoanalizar la naturaleza de una persona para explicar por qué nos hizo algo malo. Es
importante que entendamos exactamente lo que ha pasado, pero entender y perdonar
son dos cosas distintas. Cuando Jesús estaba en la cruz, dijo: “Perdónalos porque no
saben lo que hacen.” Saber qué le ha llevado a una persona a comportarse de una
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manera determinada puede ayudarnos a perdonar a esa persona, pero saber no es lo
mismo que perdonar. Podemos saber cosas acerca de una persona y podemos incluso
saber por qué hizo lo que hizo, pero aún así, puede que no la perdonemos.
El hecho de que entendamos el comportamiento de una persona no significa que la
hayamos perdonado. El pecado es la estupidez moral. Es inexplicable. El apóstol Pablo
dijo: "Lo que hago, no lo entiendo." Así que no debemos basar el perdón en la
comprensión. Es decir, que no es necesario entender para perdonar.
Uno de los grandes problemas de los grupos de recuperación es que pasan mucho
tiempo valioso tratando de analizar lo que les pasó durante la infancia. Lo que necesitan
de verdad es estar dispuestos a perdonar. Algunas personas pasan años en esos grupos
intentando averiguar por qué hicieron sus padres las cosas que hicieron. Pero incluso si
llegan a ver claras sus motivaciones, no hay perdón.
La clave está en centrarnos en nuestra propia actitud. Es posible decir: "Entiendo por
qué mi marido hizo lo que hizo. Entiendo por lo que ha pasado, pero no puedo
perdonarlo." Si no estamos dispuestos a ir más allá de nuestros sentimientos y tomar la
decisión de perdonar, nunca nos pondremos en donde tenemos que estar para que
nuestras vidas reciban la restauración de parte de Dios. Puede que lleguemos a entender
las razones del comportamiento de una persona, pero si no tenemos la voluntad de
perdonarla, no habrá perdón para ninguno de los dos.
4.
Echarnos la culpa de lo malo que nos han hecho. Esto es frecuente en los casos de
abuso a los niños. Echarse la culpa no es lo mismo que perdonar. Está bien que nos
echemos la culpa por nuestra reacción a la experiencia, pero si abusaron de nosotros
física, mental o sexualmente cuando éramos niños, no fue culpa nuestra. Si nos echamos
la culpa, eso no es perdón. Muchas personas que han sufrido abusos sexuales cargan
con la culpa por imposición. A las jovencitas les dicen que fue culpa suya, que tuvieron
su parte en lo que pasó. Si se convencen de esto y cargan con la culpa, eso sigue sin ser
perdón.
Todas estas reacciones son actitudes impropias que reflejan problemas y malentendidos
internos. Impedimos lo que Dios quiere hacer en nosotros si intentamos sustituir el perdón
por cualquiera de estas actitudes.
LO QUE ES EL PERDÓN:
1. Hacer frente, específicamente, al mal que nos han hecho. No podemos ni disculparlo ni
racionalizarlo. Hay que ser sinceros. A continuación van a aparecer seis palabras.
Tomando cada una de ellas por separado, cierra los ojos y piensa en acontecimientos
específicos relacionados con ellas.
a) Rechazo. Piensa en momentos en que hayas sentido la necesidad de recibir amor y
aceptación, pero se te negó. Querías recibir atención, pero te ignoraron.
b) Falta de atención. Un ejemplo típico de falta de atención en una familia alcohólica
es cuando los padres gastan dinero en bebidas en vez de comprar comida u otras
cosas indispensables.
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c) Injusticia. Es cuando el castigo no se ajusta al crimen. Quizás nunca sabías si te iban
a dar un abrazo o una bofetada. O a lo mejor te resultaba difícil saber qué producía
las distintas reacciones.
d) Crueldad o brutalidad. Podría ser física o verbal. La crueldad verbal siempre te
identificaba a ti con las cosas que hacías. Por ejemplo, no te decían que lo que
habías hecho era una estupidez, sino que tú eras estúpido por lo que habías hecho.
e) Traición. El adulterio es un ejemplo de traición en una familia. El adulterio es la
traición del amor y la confianza de uno hacia el otro. El dolor de la traición no sólo
lo siente el cónyuge, sino que también lo sienten los niños.
f) Abandono. Cuando a un niño lo abandonan sus padres, el trauma produce profundas
raíces de doloroso rechazo. Cuando una persona amada se va de casa sin una buena
razón, el cónyuge y los niños abandonados sufren mucho. En la mente de los niños,
un hogar roto es como haber sido abandonados.
¿Has podido pensar en algún suceso específico? Éste es un ejercicio importante, porque lo
primero que tenemos que hacer es enfrentarnos con las cosas malas que nos han hecho.
Tenemos que pensar en estas cosas específicamente, no en general. El Espíritu Santo trabaja
sobre cosas específicas. Otro título que recibe el Espíritu Santo es el Espíritu de Verdad. Es muy
importante que nos enfrentemos a la verdad en las áreas de nuestra vida en que nos han
lastimado.
2.
Afrontar el dolor, etc., no desecharlo con clichés o frases hechas. No desechamos las
heridas con ninguna cita cristiana multi-uso. Podemos citar versículos que suenen a
victoria, pero eso no nos libra de nada. Hay que tener cuidado con intentar parecer
valientes y llenos de fe sólo porque es lo que pensamos que debemos hacer como
cristianos.
3.
Identificar nuestra reacción ante el mal que nos han hecho, y afrontarla. Nuestra reacción a
los malos tratos puede haber sido un estilo de vida violento. Nos podemos haber llenado de
enojo y odio. Incluso podemos haber cometido un asesinato, si no en la vida real, al menos
en nuestro corazón. Nuestras reacciones intensas pueden habernos alejado de Dios. Es
importante que veamos nuestras reacciones con sinceridad, que veamos qué le parecen a
Dios y qué deberíamos hacer al respecto.
4.
Enfrentarnos a la cruz. "Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos
unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo." (Efesios 4.32) La cruz
es el punto en el cual se hizo posible el perdón. Ningún ser humano tendría la capacidad de
perdonar a otro ser humano si no fuera por lo que pasó en la cruz. No podemos perdonar
sin la ayuda de Dios ni sin nuestro entendimiento de lo que ocurrió en la cruz. Pero la
elección es nuestra. No tenemos por qué perdonar a nadie, Dios no nos obliga a perdonar.
Aunque nos mandó perdonar, aún así el perdón es nuestra libre elección.
El perdón tiene dos lados, el lado humano y el lado Divino; nuestra parte y la parte de Dios.
Nosotros no podemos hacer la parte de Dios y Él no va a hacer nuestra parte. La parte humana
es la crisis de la voluntad. “¿Estoy dispuesto? ¿Deseo de verdad perdonar a esta persona?” Eso
es decisión nuestra. Si no deseamos perdonar, el perdón nunca tendrá lugar. Pero tenemos que
entender que, si no estamos dispuestos a perdonar, Dios no hará nuestra parte.
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La parte de Dios es cambiar nuestros sentimientos. Nosotros tenemos la responsabilidad de
someter nuestra voluntad a Dios, sin importar nuestros sentimientos. No debemos dejarnos
llevar por nuestros sentimientos. Dios los cambiará después de que tomemos la decisión de
perdonar. Cuando andamos en obediencia, Dios nos cambia. Si nos negamos a perdonar, eso
significa que nos estamos reservando el derecho de vengarnos; por tanto, estamos impidiendo el
perdón de Dios.
También deberíamos entender que, cuando no estamos dispuestos a perdonar, nos atamos a la
persona que no queremos perdonar. El perdón nos libera. Si hay alguien a quien no estamos
dispuestos a perdonar, nuestra falta de perdón se convierte en un gancho que nos une a esa
persona. Si estamos dispuestos a perdonar, Dios quitará el gancho. Lo que Dios quiere de
nosotros es una voluntad sumisa.
PENSAMIENTO
ACCIONES
SENTIMIENTOS
MENTE = Nuestros pensamientos; VOLUNTAD = nuestras decisiones; EMOCIONES =
nuestros sentimientos
Nuestra tendencia natural es usar el siguiente proceso en nuestra vida: 1. Pensamos; 2.
Sentimos; 3. Obramos. Nuestros sentimientos emocionales casi nunca son correctos y, sin
embargo, nuestra tendencia es procesarlo todo a través de ese método. Primero, nos viene a la
mente algo negativo o dañino; segundo, reaccionamos con sentimientos de enojo, odio o
resentimiento; tercero, tomamos la decisión de obrar según nuestros sentimientos negativos.
Mucha gente se emborracha sólo porque está enfadada. Obran según sus sentimientos.
Pero no tenemos por qué seguir ese proceso. La crisis de la voluntad consiste en tomar la
decisión correcta, independientemente de cómo nos sintamos. Algunas mañanas, cuando suena
el despertador, nos gustaría quedarnos en la cama, pero tomamos la decisión de levantarnos.
Ignoramos lo que sentimos. Después de levantarnos y tomar un poco de café, cambian nuestros
sentimientos. Para conseguir esto, hemos tenido que decidir ir en contra de lo que sentimos.
PENSAMIENTO
ACCIONES
SENTIMIENTOS
A esto nos enfrentamos con respecto al perdón. Tenemos que cortar nuestras emociones y
dejarlas a un lado. Sabemos que la Palabra de Dios nos dice que tenemos que perdonar. Aunque
podamos estar heridos o enfadados, la Palabra no dice en ningún sitio que tengamos que
perdonar si nos apetece perdonar. El perdón no tiene nada que ver con nuestras emociones,
porque el perdón nos es algo emocional. Al Señor no le preocupan nuestras emociones, Él sólo
quiere que sometamos nuestra voluntad a Su voluntad. Él quiere que perdonemos,
independientemente de lo que sintamos.
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Nuestra actitud debería ser: “Señor, no quiero perdonar, pero someto mi voluntad a Tu Palabra.
Estoy dispuesto a perdonar.” Esa es la parte humana, es la crisis de nuestra voluntad. Cuando
tomamos la actitud de no avanzar más según lo que sentimos, ésa es nuestra decisión de
obedecer la Palabra de Dios. Entonces nuestras emociones empiezan a estar en armonía con
nuestras decisiones. Dios se hará cargo y cambiará nuestros sentimientos. Nosotros no tenemos
que esforzarnos por cambiar nuestros sentimientos. Nuestra única responsabilidad es someter
nuestra voluntad a la voluntad de dios. Entonces Dios cambiará nuestros sentimientos.
La sinceridad es vital en el proceso del perdón. Debemos ser sinceros al mirar las cosas malas
que nos han hecho, nuestras reacciones, y nuestra incapacidad de perdonar sin la ayuda de Dios.
Cuando hayamos hecho esto, seremos capaces de ver la necesidad que tenemos de perdonar a
los que nos han lastimado, fuera deliberadamente o no.
Al llegar a este punto nos encontramos en una encrucijada. Si morimos a nuestros sentimientos,
sometemos nuestra voluntad a Dios y Le permitimos trabajar el perdón en nuestra vida, estamos
en el camino hacia a una relación creciente más profunda con Él y con las personas que nos
rodean. Si no, nuestra amargura será aún mayor y estaremos más enfadados y encadenados al
pasado y a los que nos han hecho mal.
El perdón es una elección de la voluntad. Nos liberará para experimentar todo el gozo y la
plenitud que Dios desea para nuestras vidas y nos llevará a la sanidad.
Tema 7... Perdón
Ejercicio individual y en grupo (ver pág. 69)
1. ¿De que manera es responsabilidad nuestra si recibimos o no el perdón de Dios?
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2. ¿Por qué no es lo mismo perdonar a alguien que entender la razón por la que nos hirió con
sus actos?
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3. ¿Por qué es importante que nos fijemos específicamente en la cosas malas que nos han
hecho?
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4. ¿Cuál es la parte humana del perdón?
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5. ¿Cuál es la parte Divina del perdón?
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6. ¿Por qué es importante que cortemos nuestras emociones cuando se trata del perdón?
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Tema ocho
Sanidad
"Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo,
sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." (1 Tesalonicenses
5.23)
Una vez que la familia del adicto ha seguido el Proceso de Recuperación Familiar desde la
separación hasta el perdón, es el momento de que empiece a desarrollarse la sanidad. El término
inglés whole, traducido aquí como "sano", tiene muchos significados. Significa “en buena salud;
sanado de una herida; una organización completa de partes integradas en unidad, etc." En la
Biblia, la palabra salvación a veces sería mejor traducirla por sanidad. Para nuestros propósitos
wholeness (sanidad) significa no solo que nos estamos separando y realizando nuestro
programa, sino que además estamos aprendiendo a un nivel cada vez más profundo que Dios
nos ama de verdad y nos acepta en Cristo Jesús.
La sanidad es una parte vital de la recuperación. Sin ella la familia sigue funcionando como una
entidad herida. Permanece dividida, incapaz de operar como una familia sana. Solo en la medida
en que aprendemos a confiar en Dios de manera individual y a recibir Su amor por nosotros,
somos capaces de amar de verdad a las demás personas de nuestra familia.
¿Cómo puede cambiar de manera tan radical una familia que solía ser todo lo contrario de una
familia sana? Esto no sucede de la noche a la mañana y tampoco pasa porque intentemos poner
una tirita en una herida tan grande. Llegar a ser sano es un proceso que el Espíritu Santo
produce en nuestra vida en la medida en que nosotros cooperamos con Su trabajo desde lo más
profundo de nuestro corazón y de nuestra mente. Antes de empezar la recuperación estábamos
muy heridos. Algunas de nuestras heridas se debían a los efectos de la dependencia química
sobre nuestra familia. Otros se debían a fuerzas dañinas que tuvieron lugar en nuestra infancia.
Puede que nos hayamos avergonzado de nosotros mismos y de nuestra familia. Quizás nos
hayamos sentido indignos de ser amados o de ser aceptados de verdad. Algunos de nosotros nos
hemos sentido como si hubiéramos llegado demasiado lejos; como si hubiéramos hecho tanto
mal que fuera imposible que nos perdonaran. Puede que incluso hayamos creído que nuestra
vida no merecía la pena vivirse. No teníamos ningún propósito real aparte de sobrevivir.
Con estas actitudes negativas, se hacía difícil seguir funcionando. Nos sentíamos inadecuados
para satisfacer las demandas de la vida diaria. El resultado era que alcanzábamos un punto de
vacío. La soledad persistente y el sentido de falta de valía personal se hacían insoportables.
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Estos sentimientos, que solíamos guardar escondidos, hacían difícil que nos relacionásemos
íntimamente con los demás (o que los amásemos de verdad). Como nos sentíamos tan vacíos e
inadecuados por dentro, buscábamos la aprobación de los demás, que nos dijeran que éramos
dignos de aceptación y amor. Nuestro sentido de la auto-estima dependía de la opinión de los
demás. Llegamos a pensar que teníamos que actuar para ellos si deseábamos recibir su amor.
Pero por mucho que lo intentásemos y por muy bien que actuásemos, el sentimiento de
aprobación y de amor (nuestro concepto de valía) no duraba mucho. En seguida nos sentíamos
vacíos otra vez.
Algunos de nosotros dejábamos de actuar para los demás y nos hundíamos en un estado de
desesperanza. Por supuesto, esto era también un silencioso grito pidiendo amor y aceptación.
Queríamos que alguien viera nuestra necesidad desesperadamente. Esta dependencia de la
aprobación de los demás es una disfunción que nos hace incapaces de amarlos de verdad. Si le
decíamos a alguien que lo amábamos, lo que queríamos decir de verdad es que queríamos ser
amados por esa persona. Ese tipo de actos generaba un egocentrismo extremo. Habíamos
aprendido a usar y a manipular a los otros miembros de nuestra familia para sentirnos bien
nosotros.
La sanidad se dirige a esta disfunción. Sólo en Cristo encontramos amor incondicional, todo el
tiempo. Él nos acepta y nos perdona sin condena. Dios le da propósito y dirección a nuestra
vida. Él es nuestra fuerza para hacer todo lo que nos pide que hagamos. Descubrimos, a niveles
cada vez más profundos, que en Cristo somos amados, aceptados y perdonados por completo.
Vemos que tenemos valía, y que nuestra valía no se basa en nuestra capacidad de actuar bien.
Vemos que la redención que nos ofrece Dios en Jesucristo nos hace seres humanos valiosos.
Descubrimos que todo lo que hemos necesitado, que no podíamos conseguir por nuestro propio
esfuerzo, nos ha sido dado en Jesús.
Sólo en el Señor encontramos estas cosas incondicionalmente, siempre. No importa cuánto
pueda amar otra persona, esa persona sigue siendo humana. No puede amarnos perfectamente el
100% del tiempo. Sólo tendremos una base sólida sobre la que construir nuestras vidas si
recibimos nuestra valía y amor del Señor primero.
Conforme aprendemos a recibir el amor del Señor, vemos que no tenemos que ganar la
aprobación de los demás. Nos vemos libres de la trampa de actuar para los demás a medida que
aprendemos que somos aceptables en Cristo. En este punto, somos capaces de amar a los demás
con el amor incondicional de Dios, y de ministrar a sus necesidades. En vez de usar a los
miembros de nuestra familia para satisfacer nuestra necesidad de valía y seguridad, empezamos
a ministrar su necesidad de amor por el consuelo que el Señor nos ha dado. Podemos
relacionarnos con nuestro cónyuge y nuestros hijos sin egoísmo y darles amor.
Al hacernos menos egoístas, creyendo a niveles cada vez más profundos que nuestra necesidad
de amor y valía está satisfecha en Cristo, encontramos el gozo de poder ser llevados por Dios a
amar de verdad a nuestra familia. La familia siempre será el centro de la ministración del amor
de Cristo. La relación que tenemos con los miembros de nuestra familia será siempre nuestro
testimonio más importante. Y nuestra relación con esos familiares ya no se caracterizará por
motivaciones co-dependientes, controladoras. Estaremos caminando en la posición sana de una
relación profunda con Cristo, confiando en Él y buscando servirle de verdad, como Él hizo. En
esta posición de servidumbre podremos avanzar a la última fase del Proceso de Recuperación
Familiar.
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Lección ocho . . . Sanidad
Ejercicio individual y en grupo (ver página 70)
1. ¿Qué significa la sanidad para el co-dependiente?
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2. ¿Por qué nos resulta difícil amar a los demás cuando escondemos nuestros sentimientos?
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3. ¿Qué diferencia hay entre amar a los demás y querer que ellos nos amen?
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4. ¿Por qué es importante que aprendamos que nuestra valía no depende de nuestra capacidad
de actuar correctamente?
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5. ¿Qué nos posibilita el relacionarnos con nuestra familia sin egoísmo?
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6. ¿Por qué es nuestra relación con nuestra familia nuestro testimonio más importante?
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Tema nueve
Reconciliación
"Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho
más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida." (Romanos 5.10)
El Proceso de Recuperación Familiar también podría llamarse Proceso de Reconciliación
Familiar. La reconciliación es el resultado de haber pasado primero por los pasos de la
recuperación.
La palabra reconciliar significa hacerse amigos de nuevo, arreglarse, hacer coherente o hacer
feliz. La Biblia habla de la reconciliación de la siguiente manera: "que Dios estaba en Cristo
reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos
encargó a nosotros la palabra de la reconciliación." (2 Corintios 5.19)
En otras palabras, Cristo vino no sólo para ser un sacrifico expiatorio por nuestros pecados, sino
también como el medio por el cual pudiéramos reconciliarnos con Dios, nuestro Padre. A través
del sacrificio de Jesús y de Su resurrección ahora podemos ver a Dios como hijos Suyos, para
encontrar verdad y felicidad y para experimentarlo a Él de manera íntima.
Además de reconciliarnos con Dios, también tenemos la oportunidad de reconciliarnos con los
que nos rodean. A medida que aprendemos la verdad sobre Dios y nuestra relación personal con
Él, podemos dejar que esto se filtre y que influya en nuestra relación personal con los demás.
Esto contribuye a nuestro crecimiento espiritual.
"Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,
deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces
ven y presenta tu ofrenda." (Mateo 5.23,24)
Sería bueno revisar los pasos que hemos dado para llegar hasta este punto. Al repasar las cosas
que nos han pasado y empezar a examinar cómo nos hemos relacionado con los miembros de la
familia por esos asuntos, podemos reconocer cómo trabaja Dios dentro de nuestro sistema
familiar.
El Proceso de Recuperación Familiar se ha dirigido fundamentalmente a tratar tres asuntos:
nuestra relación con Dios, nuestra relación con nosotros mismos y nuestra relación con los
demás. Hemos llamado a esto "pensamiento tri-dimensional". No podemos tener una relación
sana sin incluir las otras dos.
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Cuando estas relaciones son sanas, nos proporcionan estabilidad y equilibrio. Esto se debe a que
están fundadas en Jesucristo, a quien la Biblia se refiere como Principal Piedra del Ángulo, la
parte más importante de unos cimientos. La verdadera reconciliación es imposible si no se
acepta a Jesús como Salvador y Señor. Jesús es el circuito o conector que une las tres relaciones.
Él mantiene nuestras relaciones en equilibrio e impide que se despedacen.
Cuando dejamos que Jesús sea el mediador de todas nuestras relaciones, empezamos a ver Su
importancia en nuestra vida. Empezamos a vivir según las escrituras, incluyendo el mandato de
amar a Dios con todo nuestro corazón y al prójimo como a nosotros mismos.
El pensamiento tri-dimensional
1. DIOS. Si la reconciliación es el resultado del Proceso de Recuperación Familiar, la Sanidad
es el objetivo. Cuando mirábamos nuestro hogar disfuncional, examinamos las heridas tan
profundas que habíamos experimentado. Aunque nos examináramos a nosotros mismos y
trabajáramos el perdón, nos dábamos cuenta de que no podíamos evitar sentir ansiedad.
Seguíamos sintiendo que no valíamos nada, que no encajábamos.
Vimos que actuábamos en presencia de los demás de maneras que no queríamos, pero no
podíamos evitarlo. Esto quiere decir que seguíamos buscando la aprobación y la aceptación de
los demás.
Si dejamos que el Señor nos vaya mostrando las áreas de nuestra vida en que intentamos
contentar a los demás, nuestras prioridades empiezan a cambiar. Tenemos que aprender a
descansar en el Señor, aceptando la verdad de que ya somos aceptables a sus ojos. Debemos
entregar el control de nuestras vidas al fiel cuidado de Dios. Al hacer esto, nos hemos
reconciliado con Dios a través de Jesucristo.
2. YO. Los tres primeros pasos del Proceso de Recuperación Familiar (Separación, Teoría del
Bombazo, Inventario Moral Diario) se centraban principalmente en nuestra necesidad de
abandonar nuestras reacciones emocionales ante el adicto y prestar atención a nuestro propio
comportamiento.
La mayor parte de la atención de una familia disfuncional se centra en la persona más enferma
de la casa, que suele ser el adicto.
El paso siguiente fue darse cuenta de que no podemos cambiar a los demás, sólo podemos
cambiarnos a nosotros mismos a través de la gracia de Dios. En algunos casos, ésta fue una
realidad dura. Sin embargo, nos ayudó a darnos cuenta de que tenemos que dejar de
responsabilizarnos de las acciones de los demás, y aceptar la responsabilidad de nuestros
propios actos y nuestras reacciones.
En el tercer paso aprendimos cómo llevar un Inventario Moral Diario. Por medio de la oración,
y con la ayuda de Jesús, nos fuimos haciendo sensibles a nuestras propias actitudes y respuestas
emocionales diariamente. Tomamos conciencia de las actitudes que estaban dictando nuestra
manera de vivir, o interfiriendo.
Esto hizo posible que empezáramos el proceso de dejar que Jesús trabajase dentro de nosotros.
Dicho de otra manera, empezamos a dejar que Jesús nos reconciliara con nosotros mismos.
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3. LOS OTROS. A medida que hacíamos nuestro inventario y dejábamos que el Señor trabajara
en nosotros, identificábamos las áreas en las que podíamos estar abrigando sentimientos como
la venganza, el enojo, la amargura, el dolor, etc. Descubrimos que en una familia disfuncional se
producen muchas heridas profundas. Estas heridas pueden ser tanto físicas como emocionales.
Las heridas físicas sanan con relativa facilidad, pero las heridas emocionales pasan
desapercibidas muchas veces, y por esa razón no se les presta atención.
Hemos aprendido lo que es y lo que no es el perdón. Hemos reconocido cosas que el Señor nos
ha revelado, y hemos tomado la decisión consciente de perdonar a los demás por sus actos y sus
reacciones para con nosotros.
"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro
Padre celestial." (Mateo 6.14)
El seguir perdonando nos libera de las cadenas que nos han impedido experimentar relaciones
en condiciones con los demás. El llevar esos pecados de falta de perdón a la cruz y dejarlos con
Jesús hizo posible nuestra reconciliación con los demás. Esto nos hizo libres para vivir una vida
sana y productiva.
CONCLUSIÓN. Es importante que entendamos que el proceso de recuperación familiar no es
algo de un momento determinado, sino más bien un estilo de vida. Y sólo puede ocurrir cuando
Jesucristo está en el centro de todas nuestras relaciones.
Tres componentes son necesarios para que este proceso se convierta en algo de todos los días.
El primer elemento es el sacrificio personal. Quiere esto decir que tenemos que sacar tiempo
para nuestra relación con Dios. Tenemos que sacar tiempo para reflexionar y examinarnos.
También tenemos que dejar a un lado nuestro derecho a vivir según nuestros deseos egoístas. Y
tenemos que sacar tiempo en nuestro horario para incluir a las personas que nos importan.
El segundo elemento es el valor. La Oración de la Serenidad dice: "Valor para cambiar las cosas
que puedo cambiar." Se necesita valor para cambiarse a uno mismo, porque esto supone salir de
nuestra zona cómoda. Hemos entrado en esa zona cómoda porque normalmente nos protege de
nuestro miedo al fracaso, o al rechazo, o a ser lastimado. Pero si no decidimos tener fe en que
Dios nos protegerá y nos cuidará, no creceremos espiritualmente, y para eso hace falta valor.
El tercer elemento es el compromiso, el más importante de los tres. Un deseo sincero de darlo
todo para tener una vida sana y productiva es fundamental en la recuperación del hogar
disfuncional. Esto requiere el compromiso de reconciliarnos con Dios, con nosotros mismos y
con las personas que nos rodean.
Estos tres elementos son dominantes en la persona de Jesucristo. Él mostró Su sacrificio
personal al dar Su vida en la cruz, al perdonar a los que le crucificaban, al hacer la voluntad de
Su padre y de otras muchas maneras.
Jesús tenía un valor tremendo, también. Sabía que tendría que enfrentarse a la cruz. Se daba
cuenta de que fue enviado para morir por la humanidad. Su compromiso estaba en el centro de
Su amor por nosotros; asimismo, está en el centro del amor de Dios por nosotros.
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Es importante que consideremos a Jesús como la base del Proceso de Recuperación Familiar. Y
debemos seguir Su ejemplo. Él es llamado Autor y Perfeccionador de nuestra fe. Según las
escrituras, Él es el medio por el cual nos reconciliamos con Dios y con los demás. Esto significa
que debemos mirar a Jesucristo para tener la esperanza de la reconciliación en nuestras vidas.
"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí
todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por
Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación." (2 Corintios 5.17,18)
Lección Nueve . . . Reconciliación
Ejercicio individual y en grupo (ver página 71)
1.
¿Por qué es importante que nos reconciliemos con Dios?
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2. ¿Por qué es el perdón un componente necesario en la reconciliación con los demás?
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3. ¿Qué implica la reconciliación con nosotros mismos?
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4. ¿Qué papel juega el sacrificio personal dentro de la reconciliación?
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5. ¿Por qué nos hace falta valor en el proceso de la reconciliación?
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6. ¿Por qué es el compromiso un ingrediente importante de la reconciliación?
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_____________________________________________________________________________
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P
U
N
T
O
S
PARA
D
E
B
A
T
E
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Tema Uno . . . Introducción
Puntos para debate (ver páginas 4, 5)
1.
Cuando los miembros de la familia se centran en el miembro más enfermo de la familia le ceden el
control de su vida a esa persona enferma. El resultado es obvio: todos los miembros acabarán
enfermos, también. Las emociones de los co-dependientes están ligadas al comportamiento del
adicto. Pasa lo mismo con el dinero. El adicto gasta todos los ingresos en sí mismo; el codependiente debe reaccionar pensando en la supervivencia. No hay dinero disponible para el
funcionamiento de una familia normal. En el área espiritual es donde más sufre la familia, porque
pierde contacto con Dios y Su bondad. Todo esto pasa cuando el control lo tiene la persona más
enferma de la familia.
2.
La fuerza de voluntad puede hacer muy poco para parar la necesidad compulsiva de beber y drogarse.
Las sustancias químicas que alteran el estado de ánimo producen adicción física, y la adicción se
convierte en una poderosa fuerza en la vida del adicto. Para el adicto el eslogan "NO" no significa
nada. Si fuera así de simple, no habría tantos adictos. Muchos quieren dejarlo, pero les resulta
físicamente imposible.
3.
La negación y la proyección son producto de la racionalización mental. Estas actitudes surgen de la
contaminación de la capacidad mental de pensar en condiciones. Negar que exista un problema le
permite al adicto racionalizar su siguiente bebida o droga. A él no le parece que haya ningún
problema, o le parece sólo un problemilla pequeño, nada que no pueda controlar. Cuando el adicto
está en la fase de proyección le echa la culpa de su problema a otras personas, lugares y cosas. Éstos
son mecanismos de defensa que el adicto usa para no tener que enfrentarse con la realidad.
4.
El adicto depende totalmente del alcohol y las drogas. No mira a Dios como una Fuente de fuerza o
refugio. Como ha perdido su contacto con Dios, pierde sus valores morales. Le ha dado la espalda a
la luz y se ha vuelto hacia la oscuridad del pecado. Esto le separa de Dios.
5.
En lo más profundo del adicto hay una persona que quiere vivir una vida buena y plena, pero ha ido
tan lejos que siente que no hay esperanza para alcanzar lo que de verdad quiere de la vida. Esto le
produce odio por sí mismo y una baja auto-estima. No quiere ver su verdadero yo; por tanto, vive con
una visión distorsionada de quien realmente es.
6.
El adicto se distancia de los demás de dos maneras. En primer lugar, su extraño comportamiento es
tan imprevisible que nadie quiere estar a su alrededor. En segundo lugar, coloca barreras entre sí
mismo y los demás para no ser vulnerable a las críticas. Se aísla de los demás y se vuelve solitario.
Al aislarse, siente que él no le afecta a los demás, ni los demás a él. Por supuesto, esto no es verdad.
64
Tema dos . . . Cómo afecta la dependencia química a la familia
Puntos para debate (ver páginas 9, 10)
1.
La familia del adicto se enfrenta a una constante lucha para adaptarse al amenazador comportamiento
del adicto. Renuncian a todos los derechos de vivir una vida normal. Cada día trae una nueva tensión
emocional que los co-dependientes intentan disminuir de todas las maneras posibles.
2.
Experimentan distintas formas de enojo, culpa y vergüenza, dependiendo de la situación en que les
meta el adicto. El rechazo produce un enorme dolor, porque muestra claramente que el adicto ha
elegido la sustancia química antes que a la familia. También están llenos de resentimiento porque,
aunque el adicto no sea capaz de controlar su propia vida, controla al resto de la familia.
3.
Cuando el adicto está sobrio, hace promesas que no puede cumplir mientras que está bajo la
influencia de las sustancias químicas. Cuando el adicto está bajo la influencia de las sustancias
químicas, hace promesas que no tiene la intención de cumplir. No se puede contar con él, ni se puede
confiar en él. Miente, engaña o roba para conseguir las sustancias químicas que controlan su vida. La
familia ha aprendido a no creer nada de lo que cuenta el adicto.
4.
Para la familia, la persona se ha convertido en el problema. Se ven obligados a vivir en un mundo
lleno de tensión y desesperanza. Si el adicto desapareciera, el problema desaparecería con él. Pierden
la capacidad de señalar con el dedo a la sustancia química. Detestan lo que el adicto le ha hecho a la
vida familiar. Para ellos, el adicto es, sin ninguna duda, el problema.
5.
El miedo al presente incluye el miedo a los abusos verbales y físicos y el temor por la vida misma del
adicto. El miedo al futuro incluye el miedo a lo desconocido. ¿Qué le va a pasar a la familia?
¿Perderán su casa? ¿Acabarán separándose unos de otros? La lista de miedos se hace interminable.
La familia está siempre pasando de un miedo a otro.
6.
La familia ha sido reducida a un lugar secundario en la mente del adicto. Su prioridad son las
sustancias químicas y abusa de la familia de cualquier manera para satisfacer sus necesidades. Si es
necesario, le roba incluso a su ser más querido. Éste comportamiento revela sus verdaderas
prioridades. Ya no honra y respeta a su familia, y esto produce un sentimiento de intenso rechazo.
65
Lección Tres . . . La Familia Botella
Puntos para debate (ver páginas 16, 17)
1.
Sabemos que Víctor se ha convertido en adicto por el efecto que la adicción química tiene sobre su
familia. Aunque puede que Víctor aún conserve un trabajo de tiempo completo, su familia es incapaz
de funcionar con normalidad. Todo el mundo gira alrededor de Víctor sin saber qué será lo próximo
que va a hacer, ni qué efecto tendrá sobre ellos.
2.
Victoria es la mejor amiga de Víctor en el sentido de que siempre lo saca de los apuros. Pero por esa
misma razón, es también su peor amiga. Cada vez que saca a Víctor de un apuro, le está permitiendo
que vuelva a repetirse. Victoria puede llegar incluso a aceptar dos trabajos para mantener a la familia
unida. Parece que esto es lo mejor que puede hacer, pero así le da libertad a Víctor para gastar todo
su dinero en la adicción. El mayor problema de Victoria es que no es capaz de dejar que Víctor sufra
las consecuencias de sus actos.
3.
Darío se centra en su trabajo para sentirse aceptado. Nunca ha recibido de Víctor la aprobación que
tanto quiere y necesita, así que se convierte en "hacedor de cosas". Su adicción al trabajo suele
llevarle a puestos de liderazgo que no satisfacen sus necesidades. Darío suele tener problemas para
establecer relaciones íntimas.
4.
La fuerza motora de Pepe es la rebelión, especialmente contra la autoridad. Cualquier tipo de
autoridad él lo asocia con Víctor. Esta distorsión le lleva de una situación problemática a otra. Con el
tiempo, se le echa la culpa a él de casi todos los problemas de la familia, y él tiene la tendencia de
aceptar esa culpa. Aunque se trata de una atención negativa, al menos así recibe atención de algún
tipo. Como cree que no sirve para nada, su vida estará llena de malas decisiones.
5.
Isa es una niña hambrienta de amor. No recibió ni amor ni atención cuando era pequeña. Ahora, hace
cualquier cosa con tal de que le presten atención. Isa no quiere crecer; por eso responde
emocionalmente de manera infantil. Esto la hace parecer frágil, papel del que disfruta.
6.
Curro tiene un depósito lleno de dolor y frustración que él cubre con su humor. La gente no puede
enfadarse con él cuando les hace reír. Curro usa el humor para escapar de la realidad. Otros
miembros de la familia responden a su táctica porque prefieren evitar la realidad tanto como él.
Lamentablemente, Curro está tan ocupado actuando que no saca tiempo para centrarse en asuntos
serios. Como consecuencia, su comportamiento de payaso sustituye a cualquier logro de verdadero
valor en su vida.
66
Lección Cuatro . . . Separación
Puntos para debate (ver páginas 22, 23)
1.
En primer lugar, es necesario que nos demos cuenta de que nosotros no hemos causado la adicción y,
en consecuencia, tampoco podemos hacer que acabe. Aunque el adicto haya proyectado la culpa en
nosotros, ésa no es la realidad. La responsabilidad de la adicción la tiene el adicto,
independientemente de lo que diga o piense. En segundo lugar, no podemos curarlo. No tenemos
poderes curativos. Sólo podemos hacerle la vida más fácil y, en ese caso, le estaremos dando la
posibilidad de seguir como está. En tercer lugar, no podemos controlarlo. Podemos intentar tomar
decisiones por él, pero las decisiones finales son siempre de él. Por mucho que intentemos manipular
las circunstancias que lo rodean, la verdad es que no podemos ejercitar control sobre su vida.
2.
Es importante, antes que nada, reconocer que no somos los dueños del adicto. Puede que sea un
pariente de sangre o un cónyuge, pero eso no nos da derecho de posesión sobre él. Dios lo creó, le
dio la existencia y lo ama. Una vez que entendemos esto, lo que debemos hacer es ponerlo en manos
de Dios y confiar en que Él lo sanará. Cuando por fin reconocemos nuestra incapacidad, podemos ver
que es absurdo por nuestra parte intentar interferir en el camino de Dios.
3.
Todas nuestras expectativas con respecto a la adicción son falsas. Si nos empeñamos en esperar
grandes resultados de nuestros esfuerzos, nos veremos decepcionados una y otra vez. Esto nos
producirá frustración y enojo si no aceptamos lo inevitable. No podemos hacer nada para producir
cambios permanentes en la conducta del adicto. Sólo hay una Persona en el negocio del cambio
permanente, y esa persona es Dios.
4.
El adicto admitirá por fin que tiene un problema cuando tenga que enfrentarse con la realidad de las
consecuencias de sus acciones. Si no se ve forzado a pasar por esas consecuencias, nunca se
preocupará por reconocer su adicción. Debe aprender de sus errores. Si no le dan esa oportunidad, no
hay razón, en su mente, para dejar la adicción.
5.
La verdad fundamental que debe aceptar todo co-dependiente es que Dios puede ocuparse de la
situación del adicto mejor de lo que el co-dependiente podría hacerlo en su vida. El co-dependiente
tiene que decidir dar un paso de fe y confiar en Dios. Es asombroso lo rápido que empiezan a
cambiar las condiciones cuando el co-dependiente suelta las riendas.
6.
Cuando nos separamos del adicto, nos separamos de la falsa seguridad en la que hemos estado
confiando. Nuestra seguridad ha sido inestable, tambaleante o incluso inexistente. Cuando nos
separamos del adicto y nos pegamos a Dios, Su seguridad empieza a apoderarse de nuestras vidas. A
medida que empezamos a aceptar la seguridad de Dios, nos liberamos de la montaña rusa emocional
en que nos ha metido el adicto. Empezamos a construir una relación con Dios, lo cual nos hace libres
para disfrutar de relaciones normales con los demás y con nosotros mismos.
67
Lección Cinco . . . La Teoría del Bombazo y la Oración de la Serenidad
Puntos para debate (ver páginas 28, 29)
1.
Enferma. Agota toda su energía física y emocional. Con todos sus esfuerzos no logra prácticamente
nada en la modificación de la conducta del adicto. Lo único que hace es perder tiempo, energía y
dinero en el proceso.
2.
Cuando cambia su punto de referencia, empiezan las revelaciones. Llega a poder ver lo que se ha
estado haciendo a sí misma y al adicto. Puede identificar algunos de los defectos de su propio
carácter y algunos de sus propios problemas. A medida que éstos empiezan a salir a la superficie, ella
puede dejarlos en manos de Dios y permitir que Él sane esas áreas de su vida.
3.
Cuando la co-dependiente empieza a cambiar, el adicto empieza a cambiar también. La codependiente le ha estado dando al adicto la posibilidad de mantener su estilo de vida, aunque no fuera
ésa su intención. Ahora ya no puede permitírselo más, así que la única alternativa que le queda al
adicto es cambiar. De repente, tiene que ser responsable de sus actos; no tiene a nadie a quien echar
la culpa, ni a nadie que lo saque de los apuros. Esto representa una sacudida a su estilo de vida, pero
una sacudida necesaria para que salga de su estado.
4.
A menos que la co-dependiente aprenda a confiar en Dios, acabará cediendo a la presión. Necesita la
serenidad que sólo Dios puede proporcionar, la paz que sobrepasa todo entendimiento. Tiene que
llegar a reconocer que la situación no es demasiado difícil para Dios, aunque, a sus ojos, parezca que
no hay esperanza. Necesita aceptar las cosas que no puede cambiar y mirar hacia Dios para que se
produzca el cambio.
5.
Necesita valor y fortaleza porque se verá bombardeada por la idea de que está siendo egoísta y
desconsiderada hacia el adicto. Durante mucho tiempo ha funcionado centrándose en el cuidado del
adicto. Ahora, debe separase del adicto y cuidar de sí misma. Éste es un cambio extremadamente
difícil de hacer. Ella pensaba que estaba siendo una buena esposa. Probablemente pensaba que le
estaba salvando la vida al adicto. Ahora su vida debe tomar una dirección totalmente distinta de lo
que acostumbraba. Necesita fortaleza y valor para mantenerse firme.
6.
Necesita sabiduría para discernir lo que puede o no puede cambiar. Sin esta sabiduría, el proceso de
recuperación familiar se tambaleará. Si continúa intentando cambiar la cosas que no puede cambiar,
su familia seguirá siendo disfuncional. Pero si abandona esa táctica frustrante, empezará a estar sana
de nuevo, y será más probable que su familia se recupere con ella.
68
Lección Seis . . . El Inventario Moral Diario
Puntos para debate (ver páginas 36, 37)
1.
Nuestra conducta viene dictada por cómo nos sentimos; lo que creemos, por tanto, motiva la manera
en que actuamos. La mejor manera de controlar esto es llevar un Inventario Moral Diario de nuestra
conducta. Cuando analizamos nuestra conducta de manera sincera, obtenemos una idea clara de
nuestras actitudes. Esto resulta doloroso a veces, pero es necesario si deseamos mejorar nuestra
relación con nosotros mismos y con los demás.
2.
Los miembros de una familia en que hay una persona dependiente de las sustancias químicas acaba
adoptando algunas de las características de la persona dependiente. Empiezan a negar, a proyectar, a
racionalizar. Esto puede tener un efecto perjudicial en todos los miembros de la familia, porque
empiezan a no querer aceptar la realidad. Cuando esto ocurre sin que nadie se dé cuenta, no puede
haber sanidad dentro de la familia.
3.
Si no paramos un poco y separamos un tiempo devocional, nunca podremos oír la voz de Dios.
Podemos orar sin oír, igual que podemos hablar sin escuchar. Pero esa actitud no construye
relaciones. La comunicación consiste en un diálogo que fluye en dos direcciones. Si esperamos tener
una relación con Dios, debemos apartar el tiempo necesario para oír Su voz. Esto es algo que
tenemos que desarrollar y fortalecer progresivamente.
4.
Cuando hacemos nuestro IMD, debemos centrarnos en nuestras reacciones ante los acontecimientos
de nuestra vida. Debemos ser capaces de mirar más allá de las ofensas de los problemas "causados"
por los demás. Debemos ver, en cambio, cuál es nuestra reacción ante esas ofensas y el efecto que
nuestra reacción produce en nosotros mismos y en los demás. Nuestro IMD no es más que eso,
nuestro IMD. No debe usarse para anotar las reacciones de los demás.
5.
El Espíritu Santo es el Emisario de Dios en la tierra. El Espíritu Santo es la esencia de Dios. El
Espíritu Santo tiene poder para vencer los problemas que surgen de nuestros deseos de controlarlo
todo. Podemos luchar para siempre en nuestra carne, intentando conseguir la victoria sobre la carne,
pero la única herramienta que tenemos dentro de nosotros es nuestra propia fuerza de voluntad. Eso
significa que tenemos carne luchando contra carne. También significa que sólo la carne puede
vencer, porque la carne es la única presente en la batalla. Si no metemos la naturaleza eterna del
Espíritu Santo en la batalla, cualquier progreso que hagamos será temporal.
6.
Antes que nada, para poner algo en nuestro diario debemos centrarnos en algo concreto. Eso hace que
nos concentremos en ese punto hasta que tengamos claro lo que verdaderamente pensamos o
sentimos al respecto. Además, se convierte en un registro de nuestro viaje personal con Dios y en una
referencia que podemos usar para refrescar nuestra memoria. A medida que revisemos nuestro diario,
Dios seguirá hablándonos.
69
Lección Siete . . . Perdón
Puntos para debate (ver páginas 50, 51)
1.
Sólo recibimos el perdón de Dios si perdonamos a los demás. Éste es un principio establecido por
Dios. Es una ley espiritual, al igual que la gravedad es una ley física. Esto significa que, para el
creyente, el perdón no es una opción. También deberíamos entender que la sanidad está relacionada
con el perdón. Dios es un Dios amante, pero también es un Dios justo, y pone en práctica Sus
principios espirituales. Esto quiere decir que el perdón está en nuestras manos, no en las Suyas. Su
perdón es automático cuando perdonamos a los demás y nos arrepentimos de nuestra falta de perdón.
Él no le niega Su perdón a nadie.
2.
Saber no es lo mismo que perdonar. Podemos entender por qué una persona ha obrado de la manera
que lo ha hecho, pero aún así, podemos no perdonarle. De la misma manera, no es necesario entender
para perdonar. Podemos entender y seguir sintiéndonos mal por el modo en que nos han tratado. El
perdón y la comprensión no están necesariamente relacionados.
3.
Si no reparamos en el mal específico que nos han hecho, no podemos perdonar de manera efectiva.
El perdón no es un ejercicio general, es enfrentarse a las heridas y al dolor específicos y tratarlos
como Dios nos dice que los tratemos. Puede que hayamos estado escondiéndonos de la verdad de
esos acontecimientos dolorosos, y puede que no queramos sacarlos a la luz, pero si no lo hacemos, no
puede haber sanidad.
4.
La parte humana es lo que se llama "la crisis de la voluntad." Es la batalla entre la voluntad y las
emociones. Emocionalmente, puede que no sintamos ganas de perdonar, pero el perdón es una
decisión, no una emoción. Tenemos que entrar en la condición de "crisis" y tomar una decisión
voluntaria de perdonar a las personas que nos han lastimado.
5.
Dios ejecutará la parte Divina después de que nosotros hayamos ejecutado nuestra parte. Hemos
tenido que ignorar nuestros sentimientos y obedecer el mandato de Dios de perdonar. Cuando lo
hayamos hecho, Dios empezará a sanar nuestras emociones. Esto es lo que se llama sanidad interna.
A medida que Dios empieza a obrar en nosotros en este sentido, poco a poco nos vamos liberando de
la carga de los recuerdos dolorosos. Podemos recordar los incidentes y las personas que los
protagonizaron, pero el dolor disminuye y, con el tiempo, desaparece.
6.
Mientras dejemos que nuestras emociones nos controlen, nunca seremos capaces de perdonar. Al
Señor no le preocupan nuestras emociones. Le preocupa nuestra obediencia a Sus directrices. Cuando
tomamos las decisiones apropiadas, nuestras emociones vuelven a su sitio. Cuando perdonamos, es
como si abriéramos una nueva puerta espiritual que nos llevará a una relación cada vez más profunda
con el Señor.
70
Lección Ocho . . . Sanidad
Puntos para debate (ver páginas 55, 56)
1.
Para la co-dependiente, la sanidad significa convertirse en un ser humano completo. Antes de esto, ha
estado fragmentada, incompleta como producto de su relación con el adicto. Pero ahora es libre de
descubrir quién es en Cristo, y que Dios la ama y la acepta a través de su relación con Cristo.
2.
Nuestros sentimientos negativos escondidos nos comen y destruyen nuestra capacidad de
relacionarnos adecuadamente con los demás. Cuando tenemos dificultades para relacionarnos, seguro
que tendremos dificultades para amar. Normalmente, nos ponemos a actuar y pasamos a depender de
nuestra actuación para hacernos aceptables ante la sociedad. Cuando estos sentimientos negativos se
acumulan dentro de nosotros, nos resulta difícil funcionar, especialmente en el área de ser capaces de
amar.
3.
La co-dependiente, por regla general, está necesitada de amor. En consecuencia, cuando la codependiente le dice a alguien que lo ama, en realidad lo que está diciendo es que necesita ser amada
por él. La co-dependiente está dispuesta a hacer lo que sea necesario para ser aceptada por el adicto o
por los demás miembros de la familia. Para el adicto, ésta es una herramienta muy útil. Los demás
miembros de la familia pierden el respeto por la co-dependiente, que cede en su sistema de valores
para ganar la aprobación de alguien importante para ella.
4.
Si no aprendemos esta lección, nuestra vida se convertirá en una actuación detrás de otra y
perderemos el contacto con la realidad. Nuestros valores se basan en nuestra relación con Cristo, no
en nuestra relación con el adicto o con cualquier otra persona. Cuando descubrimos que hemos sido
perdonados por nuestro Señor y que Él tiene propósito y dirección para nuestra vida, nos damos
cuenta de que tenemos valía. Esta valía no tiene nada que ver con nuestra actuación, sino que fluye
de la gracia de Dios. Ésta es probablemente la verdad más importante que tenemos que aprender.
5.
Cuando aprendemos que no necesitamos la aprobación de los demás, empezamos a aceptar el amor
de Dios en nuestros corazones. Esto, a su vez, nos capacita para amar a los demás sin egoísmo. Ya
no los miramos con la necesidad de recibir algo de ellos; ahora podemos empezar a atender su
necesidad de amor. Como Dios nos ha consolado y nos ha llenado con Su amor incondicional,
estamos en disposición de ser capaces de dejar que el amor de Dios fluya a través de nosotros hacia
los demás.
6.
Nuestra familia es la relación más importante que tenemos. Las semillas que plantamos en nuestros
hijos producirá fruto a medida que maduren. Si plantamos buenas semillas, producirán buen fruto.
Por desgracia, ese principio funciona con la misma fuerza en la dirección contraria. Sólo tenemos
unos años para establecer tierra fértil en nuestros hijos, así que éste es un campo muy importante para
nosotros. Lo mismo pasa con el resto de la familia. Todos somos modelos a seguir. La gente tiende a
imitar a las personas que admira y respeta. Esto supone una gran responsabilidad para nosotros, pero
si podemos dirigir a nuestra familia hacia Jesús, Él nos quitará esa responsabilidad y podremos
ampliar nuestro campo de acción.
71
Lección Nueve . . . Reconciliación
Puntos para debate (ver páginas 60, 61)
1.
A no ser que nos reconciliemos con Dios, no hay posibilidad de que nos reconciliemos ni con los
demás, ni con nosotros mismos. La reconciliación empieza con Dios porque sólo Dios puede
capacitarnos para perdonar y para amar sin condiciones. Cuando por fin conseguimos centrar nuestra
atención en Dios, la reconciliación será una consecuencia natural.
2.
Después de haber aceptado el perdón de Dios, de repente nos encontramos con que somos capaces de
perdonar a los demás. Esto se debe a que hemos recibido el Espíritu de Jesús en nuestro interior, y Su
naturaleza es perdonar. Cuando perdonamos a los demás, los liberamos a ellos y nos liberamos a
nosotros mismos de la esclavitud en la que hemos vivido por no haber querido perdonar. Al
desaparecer la esclavitud, puede ocurrir la reconciliación.
3.
Cuando descubrimos quiénes somos en Cristo, deja de darnos miedo ser sinceros con nosotros
mismos acerca de nuestras reacciones ante la vida y de el daño que éstas han causado. Mientras no
seamos sinceros, no hay posibilidad de sanar porque nos negamos a afrontar la verdad. Nuestro IMD
nos ayuda a sincerarnos y abre la puerta para que Jesús entre y se ocupe del odio que sentimos por
nosotros mismos. El resultado es que nos reconciliamos con nosotros mismos.
4.
El sacrificio personal significa que estamos dispuestos a dejar a un lado nuestras necesidades
personales y pasar deliberadamente un tiempo de calidad con Jesús. Sacamos tiempo para
examinarnos con el Inventario Moral Diario, y dejamos en manos de Jesús aquellas áreas de nuestra
vida que no sean aceptables a Sus ojos. También significa que sacamos tiempo para las personas que
nos importan y para responder a sus necesidades.
5.
Como a cualquier persona, no nos gustan los cambios. En particular, esto es así cuando el cambio
significa que debemos modificar nuestra conducta. Hemos establecido ciertos hábitos a los que nos
hemos acostumbrado, y no queremos abandonarlos y cambiarlos por comportamientos nuevos que
nos resultan extraños. El cambio más grande, para el que se necesita más valor, es la confianza en
Dios. Cuando confiamos en Dios, dejamos de tener el control en nuestras manos, y esto nos pone
nerviosos. Pero mientras no aprendamos a confiar en Dios, nunca construiremos una relación con Él.
6.
Sin compromiso, nunca podremos alcanzar la reconciliación. Volveremos a nuestros viejos patrones
de conducta tan pronto como nos encontremos frente a una crisis familiar. El compromiso debe
adoptarse antes de la crisis. No podemos esperar hasta la crisis y confiar en que tendremos la
fortaleza necesaria para comprometernos en ese momento. Pero si adoptamos nuestro compromiso
antes de la crisis, podemos tomarlo como punto de referencia y ganar la fuerza suficiente para salir de
la crisis. Por supuesto, el compromiso debe ser dejarlo todo en manos de Jesucristo antes de intentar
arreglarlo nosotros.
72
73
EL PROCESO DE RECUPERACIÓN FAMILIAR
Manual para familias
que se están recuperando
de la dependencia química
y de sus efectos
Copyright © 1991 por Dunklin Memorial Camp
3342 SW Hosannah Lane
Okeechobee, Florida 34974
Todos los derechos reservados
Publicado por
Dunklin Memorial Camp
3342 SW Hosannah Lane
Okeechobee, Florida 34974
Impreso en los Estados Unidos de América
74
ÍNDICE
Tema Uno
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Introducción
. . . . . . . . . . . . . Página 1
Tema Dos
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Cómo afecta la dependencia . . . Página 6
química a la familia
Tema Tres
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La Familia Botella . . . . . . . . . . . Página 11
Tema Cuatro
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Separación
Tema Cinco
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La Teoría del Bombazo . . . . . . . Página 25
y la Oración de la Serenidad
Tema Seis
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El Inventario Moral Diario . . . . Página 31
Comentario sobre el IMD . . . . . Página 39
Tema Siete
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Perdón . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Página 45
Tema Ocho
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Sanidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Página 54
Tema Nueve
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Reconciliación . . . . . . . . . . . . . . . Página 58
. . . . . . . . . . . . . Página 19
Puntos para debate . . . . . . . . . . . . . . . . . Para preguntas . . . . . . . . . . . . . . Página 63
75
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