Informe CSIC AHN - Vecinos por Torrelodones

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Informe ambiental sobre el Área Homogénea Norte de Torrelodones
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Informe ambiental sobre el Área Homogénea Norte de Torrelodones
INFORME Y DICTAMEN AMBIENTAL SOBRE EL
ÁREA HOMOGÉNEA NORTE DE TORRELODONES
El presente informe ha sido dirigido por
Dr. Mario García Paris
del Departamento de Biodiversidad y Biología Evolutiva, del Museo Nacional de Ciencias Naturales
(CSIC), y en él han participado también los siguientes miembros el mismo departamento:
Dr. Miguel A. Alonso Zarazaga
Dr. Ignacio De la Riva De la Viña
Dra. Annie Machordom Barbé
Dr. Jorge J. Miguel Lobo
Dr. José Luis Nieves Aldrey
Dr. José Luis Velasco Díaz
con la colaboración de
Dr. Pablo Vargas Gómez, del Real Jardín Botánico de Madrid (CSIC) y
Dr. Jaime Roset Álvarez, de Terranatur.es
Fotografias de Johan Berghs, Mª Jesús Celaya, Manuel Gómez
y Jaime Roset.
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INTRODUCCIÓN
l término municipal de Torrelodones se encuentra situado al noroeste de
la Comunidad de Madrid y al sureste de la sierra de Hoyo de Manzanares.
El río Guadarrama constituye el límite oeste y suroeste y el arroyo
Carboneros demarca parte del límite norte. Posee un relieve relativamente
suave, con altitudes medias entre 800 y 900 m. A pesar de la alta tasa de
asentamientos humanos, conserva todavía valiosas zonas verdes, que constituyen
un patrimonio ambiental de gran valor, añadido a su ubicación entre los espacios
protegidos del Monte del Pardo y de los Parques Regionales de la Cuenca Alta
del Manzanares y del Río Guadarrama.
E
Uno de los espacios verdes más singulares y de mayor valor dentro del
área urbana es la zona conocida como Área Homogénea Norte (en adelante
AHN), situada en el entorno de Los Peñascales, al sur del municipio. Abarca una
superficie cercana a las 130 Has y su altitud media se sitúa en torno a los 800 m
(altitud máxima de 869 m, próxima a la carretera de Torrelodones a El Pardo, y
mínima de 734 m, cerca del embalse de Los Peñascales en su vértice este). El área
se encuadra en la cuenca del río Manzanares, tributario a su vez del Tajo. La
zona se encuentra drenada por varios arroyos tributarios del Arroyo de La Trofa,
que desemboca en el río Manzanares, aguas abajo del embalse de El Pardo, ya en
el término municipal de Madrid.
El área se subdivide a su vez en dos zonas por la Avenida de los
Peñascales. La parte norte del ámbito comprende 41,6 Has, se extiende desde la
carretera de El Pardo hasta dicha Avenida y se conoce con el nombre de Prado de
las Minas. La zona sur del ámbito comprende 86,5 Has, queda delimitada entre
el campo de fútbol, el cementerio, la Avenida de los Peñascales y la autovía N-VI
y sus parajes se conocen como Prado de la Solana, las Caballerizas y el Enebral.
Monte amenazado de Torrelodones (AHN). Puede observarse que se trata de la continuidad natural del Monte de El Pardo.
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El conjunto del ámbito se encuentra comprendido entre las cota
altimétrica máxima de 869 m, en la zona colindante con la carretera de
Torrelodones a El Pardo, y la cota mínima de 734 m que coincide con en el
vértice sureste del mismo, vía de comunicación con la zona verde que da acceso
al embalse de Los Peñascales. En la parte norte del ámbito la topografía se mueve
entre las cotas 835-868 m, en tanto que en la parte sur las cotas altimétricas
quedan comprendidas entre 734 y 835 m. Por tanto, el área sur presenta
mayores desniveles en comparación con la parte norte.
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Imponente ejemplar de alcornoque
(Quercus suber).
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FIGURAS DE PROTECCIÓN
El AHN goza de las siguientes figuras de protección de nivel internacional,
autonómico y municipal:
- A nivel municipal:
El AHN está clasificado de como Suelo No Urbanizable Protegido / zona P
(Resolución del 29 de mayo de 2003 por la que se produce la aprobación
definitiva de las Normas Subsidiarias de Torrelodones sobre el AHN).
- A nivel autonómico:
Los terrenos del AHN pertenecen al Parque Regional de la Cuenca
Alta del Manzanares.
- A nivel europeo:
El AHN se encuentra situada dentro del LIC Cuenca del río Manzanares (Lugar
de Interés Comunitario ES31100004 de la Red Natura 2000, Directiva
92/43/CEE relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la flora y
fauna silvestres, conocida como Directiva Habitats). La lista de LICs
correspondientes a la región mediterránea fue definitivamente aprobada por
Decisión de la CEE el 19 de julio de 2006 (de conformidad con el artículo 4,
apartado 2, párrafo tercero de la Directiva mencionada).
- A nivel de la UNESCO:
Asimismo, el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, en el
que se encuadra el AHN, está declarado Reserva de la Biosfera por la
UNESCO.
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Encinar adehesado, jara pringosa y
pastizal mediterráneo en primavera.
Orquídea silvestre (Orchis mascula)
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OBJETIVOS
El presente informe persigue como objetivo hacer una valoración y
dictamen de tipo global del valor ambiental de la zona de estudio (AHN). A su
vez, se incluye un análisis crítico de la propuesta de revisión y adaptación de las
NNSS municipales en dicha zona y en especial del estudio de incidencia
ambiental que acompaña tal propuesta. Dada la especialización del equipo que
ha elaborado el presente informe en los temas relacionados con la biodiversidad y
la conservación, no se entra a valorar otros aspectos, como pudieran ser los de
planificación territorial o infraestructuras, así como los de tipo legal, que deben
ser abordados por los correspondientes profesionales en estos campos. De igual
modo, aunque son evidentes los enormes valores estéticos y sociales, la pérdida
de estos elementos de primer orden no será tampoco evaluada aquí. Por tanto,
este informe tiene como único objetivo evaluar el valor ambiental de la zona
objeto del trabajo y de los efectos que pudieran derivarse sobre el mismo por la
actuación planteada por el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de
Torrelodones.
GEOMORFOLOGÍA, GEOLOGÍA Y
CLIMA
El AHN se encuentra justo a la margen derecha de la N-VI a la altura de
lo que se denomina la Cuesta de Torrelodones, que da paso de la unidad
geomorfológica denominada Alta Campiña al paisaje granítico propio de la
Sierra de Guadarrama, por lo que el relieve aquí comienza a hacerse más acusado
y el terreno en cuestión es topográficamente bastante sinuoso.
Desde un punto de vista geológico, la mencionada cuesta de
Torrelodones se corresponde con lo que se denomina rampa arcósica de la Sierra
de Guadarama. En ella se superponen los efectos de las orogenias Hercínica y
Alpina. La primera, más antigua, se manifiesta en los fenómenos ígneos que
dieron lugar a la formación de los granitos y da lugar a la fractura del basamento
en bloques. La segunda es la responsable del levantamiento del Sistema Central
durante el Neógeno (Terciario superior). Destaca la presencia de la conocida falla
de Torrelodones, que es la que da lugar a la ya mencionada cuesta del mismo
nombre y que constituye el límite sur geológico del Sistema Central.
Desde el punto de vista litológico los materiales fundamentales son los
graníticos paleozoicos que constituyen la mayor parte de la Sierra del
Guadarrama y en menor medida depósitos de Era Terciaria que rellenan la
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cuenca sedimentaria del Tajo, también llamada cuenca de Madrid. Sobre estos
materiales se desarrollan formaciones superficiales de carácter aluvial, coluvial y
eluvial. Los grupos litológicos diferenciados son los siguientes:
- Granitos: Constituyen el sustrato básico de la zona de estudio. Pertenecen a la
categoría litológica de adamelitas y granitos biolíticos de grano medio a grueso.
Presentan un grado variable de alteración, dando lugar muchas veces a suelos
arenosos de alteración, de tipo eluvial, también conocidos como “jabres”, que
pueden aparecer atravesados por filones de cuarzo.
Bloques y cantos de granitos y gneises: Rodean el conjunto granítico en el borde
de cuenca de Madrid y van cambiando progresivamente a la unidad anterior.
- Aluviales y coluviales: Son formaciones superficiales con transporte y depósito
que presentan escaso desarrollo en la zona. Únicamente aparecen algunos
aluviales estrechos en el fondo de vaguada y coluviones de escaso espesor en
zonas de ladera, ambos de naturaleza arenosa con cantos.
- Eluviales: Estos materiales son abundantes en las zonas de sustrato granítico. Se
trata de suelos de alteración in situ del granito infrayaciente.
- Rellenos artificiales: existen antiguos rellenos artificiales y echadizos en el
margen de la autovía procedentes de las obras derivadas del trazado de la actual
vía de servicio y de las sucesivas obras de ampliación.
En cuanto a la geomorfología, la zona de estudio está constituida por
superficies tipo piedemonte (del tipo rampa), desarrolladas en las inmediaciones
de la Sierra de Guadarrama por erosión directa sobre los afloramientos
graníticos. Sobre esta rampa tiene lugar un modelado fluvial, dando lugar a la
formación de vertientes suaves, ocasionalmente cubiertas por coluviones.
En lo que se refiere a la hidrología, la zona se encuentra en la divisoria de
aguas entre las cuencas del Guadarrama y Manzanares, vertiendo a esta última y
con una pendiente constante que se corresponde con la cuesta de Torrelodones.
Existen en la zona pequeños arroyos de carácter temporal. El Arroyo de la Mina,
que entra en la zona desde la urbanización de las Rozuelas y atraviesa la parte
norte del ámbito, yendo a desembocar a al mismo lago de los Peñascales. El
principal arroyo de la zona sur es el de La Solana, que se forma en las
inmediaciones del cementerio y discurre hasta el extremo de la zona. En su
recorrido recibe la escorrentía del Arroyo del Pretil y del Vialejo y continúa hasta
desembocar en el Arroyo de la Trofa, tributario del Manzanares en el Monte de
El Pardo.
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El macroclima general de la zona presenta características típicas de un
clima mediterráneo continental, influenciado por la cercanía de las zonas
montanas de la Sierra del Guadarrama y por una cierta mediterraneidad, que se
produce como consecuencia de su situación altitudinal y latitudinal.
Bioclimáticamente son destacables las notorias oscilaciones térmicas
anuales y diarias, las bajas precipitaciones medias anuales, las suaves temperaturas
medias y el periodo relativamente largo de heladas nocturnas. Existen dos
máximos pluviométricos que tienen lugar durante el otoño-invierno y la
primavera, siendo algo más cuantiosas las precipitaciones otoño-invernales
(noviembre-enero). Entre los meses de julio y agosto se produce el periodo seco.
La precipitación media anual suele estar comprendida entre 500 y 750 mm.
A pesar que la temperatura media anual ronda los 13ºC, ésta suele variar
desde los –5ºC, en los meses más fríos, hasta los 33ºC, durante las máximas
estivales. El periodo de heladas nocturnas puede abarcar desde finales del mes de
noviembre hasta finales de marzo, siendo lo normal que existan entre 40 y 90
días con temperaturas que bajan por debajo de 0ºC.
A partir de estos datos climáticos, se puede señalar que la zona de estudio
se encuentra situada en una zona de transición entre los pisos bioclimáticos
Mesomediterráneo
y
Supramediterráneo,
siendo
dominante
el
Supramediterráneo Inferior de ombroclima subhúmedo. El régimen de
temperaturas de la zona permite encuadrar los inviernos del territorio en el tipo
Fresco (entre –1º y 2ºC).
Zona sur del monte de Torrelodones. En primer plano
retamar y zarzal. Área colindante con la autovía A6.
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DESCRIPCIÓN DE LA VEGETACIÓN
Desde el punto de vista botánico, la Comunidad de Madrid se encuentra
ubicada dentro de lo que se denomina región mediterránea, la cual se divide en
dos provincias corológicas, la Castellano-Maestrazgo-Manchega y la CarpetanoIbérico-Leonesa. Torrelodones se encuadra dentro de la segunda y, a su vez, en
el sector Guadarrámico (que engloba las sierras de Guadarrama, Somosierra y
Ayllón, con sus respectivos piedemontes) y subsector Guadarramense (que
corresponde al comienzo de los sustratos duros de la sierra, en contraposición al
subsector Matritense, caracterizado por sustratos arenosos procedentes de la
destrucción erosiva del granito).
En Torrelodones, en general, y
en el AHN en particular, pueden
distinguirse dos tipos de bosque que
caracterizan buena parte del paisaje de la
Comunidad Autónoma de Madrid y que
responden a distintos requerimientos
hídricos. Se trata del encinar, que ocupa
la mayor parte de la superficie, y la
fresneda, asociada a los pequeños cauces
de agua. No obstante, es preciso aclarar
que si bien el bosque constituye el tipo
de vegetación potencial en condiciones
ambientales óptimas, se trata, como
todos los ecosistemas naturales, de una
entidad dinámica sometida a variaciones
en el tiempo. Los factores ambientales
(climáticos y geológicos), históricos y
geográficos modulan el paisaje vegetal y, a todo ello, se une en la época actual la
presión humana como principal agente de alteración. Como consecuencia de esta
última, la vegetación natural o potencial queda relegada a una serie de zonas más
o menos reducidas y más o menos dispersas. Estas zonas son las que mantienen el
denominado bosque mediterráneo, que en la actualidad posiblemente presente
un aspecto distinto al de su potencial natural, pero en el que es posible todavía
observar todo un mosaico de comunidades vegetales, muchas de ellas en diverso
estado de regeneración. En zonas aledañas a la zona de estudio, la vegetación ha
sido sustituida en muchas áreas por comunidades ajenas a la potencialidad del
territorio y en otras ha sufrido un proceso de fraccionamiento progresivo, hasta
llegar a desaparecer totalmente. En la estructura y funcionalidad de la vegetación
potencial de la región mediterránea (con clima de tipo templado y seco)
predominan las “comunidades siempreverdes”, caracterizadas por la dominancia
de especies arbóreas y arbustivas de hoja esclerófila y persistente (encinas,
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Flor de la jara pringosa (Cistus ladanifer
subsp. ladanifer)
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alcornoques y coníferas), adaptadas a un clima donde el calor y la sequía estival
marcan una serie de adaptaciones eco-fisiológicas (tipos funcionales).
Como consecuencia de todo lo anterior podemos concluir que, en
función de los diferentes factores climáticos y edafológicos, se reconocen un
conjunto de comunidades vegetales que representan el óptimo estable en un
medio ecológicamente no alterado y que constituyen la vegetación potencial o
clímax (encinar, pinar, alcornocal, etc). Cada clímax tiene asociada una serie de
comunidades específicas que representan las diferentes etapas del fenómeno
denominado sucesión vegetal (retamar, jaral, romeral, pastizal, etc.) que aparecen
por sucesión natural, pero más bien hoy día por los distintos factores derivados
de la presión humana. De esta forma se define como serie de vegetación al
conjunto de comunidades vegetales que comprende desde la vegetación potencial
hasta las distintas etapas de sustitución. El proceso de la sucesión vegetal es
reversible y puede evolucionar hacia la degradación o hacia la regeneración.
La vegetación actual de la Comunidad de Madrid, lejos de ser un sistema
inalterado y con la vegetación potencial perfectamente conservada, aparece como
un mosaico de comunidades formado por fragmentos de vegetación potencial, de
sus etapas de sustitución (formaciones arbustivas, matorrales, pastizales), de
formaciones puntuales ligadas a factores locales no macroclimáticos y de grandes
extensiones humanizadas, mayoritariamente agrícolas y urbanas.
Enebro de la Miera (Juniperus
oxycedrus subsp. oxycedrus).
Floración primaveral.
El AHN alberga una excelente representación de un ecosistema maduro
de encinar carpetano (asociación vegetal Junipero oxycedri-Quercetum
rotundifoliaea), con más de 20.000 ejemplares reproductores de encina (Quercus
ilex subsp. ballota), más de 3.000 ejemplares de enebro de la miera (Juniperus
oxycedrus subsp. oxycedrus) y un elenco muy completo de especies acompañantes.
Un buen número de ejemplares de las dos especies arbóreas mencionadas
superan los 100 años de antigüedad. Dentro de este encinar se aprecian también
zonas que corresponden con distintas etapas de sucesión. Se trata de la serie
Madreselva mediterránea. (Lonicera implexa)
vegetal conocida técnicamente con la
denominación
de
Serie
mesosupramediterránea guadarrámico-ibérica
silicícola de la encina. En la zona de
estudio la serie se corresponde con los
encinares
silicícolas
del
piso
supramediterráneo
inferior
con
ombroclima subhúmedo (como se indicó
al hablar de la climatología). Dicha serie
está representada en la zona por las
siguientes formaciones vegetales: 1)
encinares7
carpetanos
(vegetación
potencial), 2) retamares, 3) jarales
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pringosos con romero y 4) comunidades ruderales y pastizales anuales.
Además, en las zonas sometidas a una mayor humedad, como los bordes
de los arroyos y las vaguadas de encharcamiento, aparece otro tipo de vegetación
que se corresponde con la denominada serie riparia meso-supramediterránea con
fresnos (Fraxinus angustifolia) y sauces (Salíx spp.), zarzales, endrinales, rosaledas
y juncales.
A continuación se describen cada una de las formaciones vegetales
mencionadas para la zona:
•
Encinar carpetano.
Encinar carpetano con enebros, olivillos y majuelos.
La vegetación potencial de la zona,
constituida por el encinar carpetano, presenta por
lo general un buen estado de conservación en
amplias zonas dentro del ámbito de estudio.
Existen zonas del máximo interés con una gran
densidad de masa arbórea adulta bien conformada.
Las zonas de máxima densidad e interés cubren
aproximadamente el 60% de la parte norte del
AHN y en torno al 40% en la sur. Destaca sobre
todo, por su densidad, la mancha de encinas
situada entre el arroyo de La Mina y la avenida de
los Peñascales. Cuando el encinar está bien
constituido se compone de varios estratos; el
superior formado por las copas de las encinas y
enebros viejos, que se ponen en contacto unas con otras.
En el interior del bosque, y sobre todo en los claros o en los bordes, se
desarrolla un segundo estrato más bajo formado por encinas y enebros jóvenes y
por otros arbustos, como la cornicabra (Pistacia terebinthus), el trovisco (Daphne
gnidium), el majuelo (Crataegus monogina), las madreselvas
(Lonicera periclymenum, Lonicera etrusca y L. xylosteum), los
espárragos trigueros (Asparagus acutifolius), el rusco (Ruscus
aculeatus), la carrasquilla (Rubia peregrina), la lentisquilla
(Phyllarea angustifolia), el aladierno (Rhamnus alaternus), etc. El
interior del bosque queda umbrío y son pocas las hierbas que
viven en el estrato inferior, sin que lleguen a ser abundantes
pueden observarse dorónicos (Doronicum plantagineum), peonías
(Paeonia broteroi) y otras plantas de poca envergadura, como
Cardamine hirsuta, Geum sylvaticum, Brachypodium sylvaticum,
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Presencia de grandes encinas y quejigos.
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etc. Es de destacar la presencia en algunas zonas umbrías de varios madroños
(Arbutus unedo) de pequeño y mediano porte.
•
Retamares.
Retama de bolas en flor.
(Retama sphaerocarpa)
En diversas zonas se observan distintas etapas de sustitución del encinar. Una de
las más características en el retamar, que se pueden observar bien cuando
desaparecen los árboles, pero el suelo aún mantiene su carácter forestal; bien
lugares de suelos profundos donde existieron cultivos en tiempos pasados. La
especie dominante en la zona de estudio es la retama de bolas (Retama
sphaerocarpa), acompañada de la escoba negra (Cytisus scoparium). El nombre
científico de esta formación vegetal es Cytiso scoparii-Retametum sphaerocarpae.
Este retamar se desarrolla sobre todo en la zona sur del ámbito, al pie del
cementerio y en la ladera de la vía de servicio de la N-VI. También existe un
retamar en la zona norte, que ocupa un área colindante a la urbanización de El
Peñalar, por encima del arroyo de La Mina. En esta última zona destaca la
presencia de Genista hirsuta, especie que encuentra en la zona el límite
continental de distribución.
Retamar en primer término, encinar carpetano denso al fondo.
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•
Jarales de jara pringosa con romero.
En zonas de suelo más pobre y con cierto grado de erosión se desarrolla
un matorral de jara pringosa (Cistus ladanifer), en el que destacan como
principales especies acompañantes el romero (Rosmarinus officinalis), la aulaga
(Genista hirsuta) y el cantueso (Lavandula stoechas). Se trata de la asociación
vegetal conocida como Rosmarino-Cistetum ladaniferi. A veces esta formación
vegetal se enriquece con otras especies, como el torvisco (Daphne gnidium),
tomillos (Thymus mastichina y T. zygis, entre otros), escobones (Cytisus scoparius),
manzanilla amarga o abrótano hembra (Santolina rosmarinifolia) o la jarilla
Halimium umbellatum.
Estos jarales se desarrollan en la zona sur del ámbito, en los lugares donde
el suelo aparece más erosionado. Se encuentran mezclados con encinar
achaparrado o coscojar y se intercalan también en zonas donde son frecuentes los
enebros. En alguna zona, como en el vértice suroriental de la zona de estudio,
colindante con Las Matas, aparece también, junto a la jara, la aulaga peluda o
hiniesta (Genista hirsuta), dando lugar a la asociación vegetal Genisto hirsutiCistetum ladaniferi o jaral pringoso con aulaga.
•
Bolinares.
En algunas zonas próximas a la vía de servicio de la N-VI y en las
proximidades del cementerio aparecen comunidades vivaces, pioneras,
subnitrófilas propias de desmontes y terraplenes, dominadas por un bolinar de
Santolina rosmarinifolia y Artemisa campestris (abrótano macho), acompañadas de
otras especies nitrófilas, como Marrubium vulgare (menta de burro), Chondrilla
juncea, Scolymus hispanicus, Lactuca seriola, Cychorium intybus (achicoria),
Centaurea ornata y otras. Los bolinares surgen cuando se nitrifica el jaral y el
nombre científico de esta asociación es Artemisio-Santolinetum rosmarinifoliae.
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•
Comunidades ruderales y pastizales anuales.
La última etapa de la sucesión está constituida por pastizales ruderales
propios de senderos, taludes y desmontes. Son formaciones vegetales graminoides
caracterizadas por el dominio de la cebadilla loca (Hordeum murinum), y otras
gramíneas anuales, como Bromus hordeaceus, B. rubens, B. sterilis, diversos
jaramagos, Diplotaxis virgata, Sisymbrium irio, Hirschfeldia incana, etc. El
nombre científico que recibe esta asociación vegetal es Hordeetum murini y
aparece muy diseminada en diversos calveros del ámbito de estudio y en las zonas
más próximas a las urbanizaciones y al cementerio.
También existen pastizales anuales en claros del encinar, constituidos por
plantas anuales de desarrollo primaveral. Se encuentran de forma fragmentada
formando manchas con la presencia de diversos tréboles (Trifolium angustifolium,
T. arvense, T. campestre), Tuberaria guttata y otras pequeñas plantas, como
Herniaria cinerea o Rumex bucephalophorus.
En algunas zonas dispersas, se ha determinado la presencia de al menos dos
especies de orquídeas autóctonas, la orquídea silvestre (Orchis mascula), y la
serapia (Serapias lingua), ambas especies de interés botánico y no muy frecuentes
en la zona.
•
Saucedas de meseta.
A lo largo de los pequeños arroyos de carácter estacional se desarrolla un
cordón de vegetación de sotos y riberas. Entre éstos destaca el Arroyo de la Mina,
que entra en la zona desde la urbanización de las Rozuelas y atraviesa la parte
norte del ámbito. Dicho arroyo separa una zona de pastizal adehesado de otra
con un encinar muy denso y en excelente estado de conservación. Por otro lado,
el Arroyo del Vialejo se forma en las inmediaciones del cementerio y discurre por
la parte sur del ámbito de, oeste a este, hasta el extremo de la zona. Allí recibe la
escorrentía del Arroyo del Pretil y continúa hasta desembocar en el Arroyo de la
Trofa.
La vegetación a lo largo de estos pequeños cauces pueden observarse
algunos ejemplos de saucedas, formaciones arborescentes de hoja caduca. Están
constituidas por diversas especies de sauces, sobre todo Salix salviifolia, S.
purpurea y S. triandra. Junto a los sauces pueden encontrarse algunos chopos
(Populus nigra) y algún fresno (Fraxinus angustifolia). El nombre latino de estas
formaciones es Salicetum salvifolio-purpureae. Cabe destacar la presencia de un
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gran ejemplar de arce de Montpellier (Acer monspessulanum) acompañado de
otros pies más pequeños, en el seno de una sauceda del arroyo del Vialejo.
Por lo demás, estos cauces están ribeteados por sotos de orlas espinosas
(zarzales), formadas por rosas (Rosa corymbifera, R. canina, R. micrantha),
zarzamoras (Rubus ulmifolius), majuelos (Crataegus monogyna), madreselvas
(Lonicera etrusca), endrinos (Prunus spinosa), etc. Cabe señalar también la
presencia de algunos piruétanos o perales silvestres (Pyrus bourgaena), especie
protegida por la Comunidad de Madrid y clasificada como sensible a la
alteración de su hábitat, así como un buen número de saúcos (Sambucus nigra),
también especie protegida con la categoría de interés especial. Estas formaciones
vegetales se denominan con el nombre latino de Rubo ulmifolii-Rosetum
corymbiferae.
Este zarzal de rosas y zarzamoras, que es una etapa preforestal y
acompañante de zonas limítrofes del bosque donde llega la luz con mayor
facilidad, posee un alto valor estabilizador y regenerador de la vegetación y su
presencia es indicio del advenimiento del bosque. Además, son importantes para
el conjunto del ecosistema, pues en su intrincada maraña encuentran cobijo
micromamíferos y reptiles, sus frutos proporcionan alimento a numerosos
pájaros y son un hábitat adecuado donde nidifican diversas aves insectívoras.
•
Alcornoque (Quercus suber)
Juncales.
En las proximidades de esta vegetación de ribera, en en zonas donde se
acumula bastante humedad (rezumaderos, pequeñas vaguadas y veneros) existen
juncales de Scirpus holoschoenus, pastizales vivaces de Agrostis castellana y
majadales de Poa bulbosa. Otras plantas frecuentes en estos juncales son la grama
(Cynodon dactylon), la menta (Mentha suaveolens), algunos tréboles (Trifolium
fragiferum, T. resupinatum), o el llantén mayor (Plantago major). El nombre de
esta asociación es Trifolio resupinatum-Holoschoenetum.
Cuando la humedad aumenta, como en alguna zona de borde de los
arroyos (sobre todo en el de La Mina), esots juncales son sustituidos por otros en
los que la planta dominante es Juncus inflexus, y la menta se hace más abundante.
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Quejigo (Quercus faginea)
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•
Grupo de alcornoques y quejigos.
Cabe destacar que en una pequeña vaguada situada inmediatamente al
sur de la urbanización Bella Vista y orientada al oeste, se encuentran unos
núcleos de arbolado muy interesantes, compuestos por olmos (Ulmus minor),
quejigos (Quercus faginea) y algunos alcornoques (Quercus suber) relictos, debido
al microclima más húmedo del enclave. Es curioso señalar que, a pesar el gran
porte de estos árboles centenarios, no se ha encontrado mención a ellos en
informes anteriores sobre la vegetación de Torrelodones, ni en el estudio de
incidencia ambiental presentado por el Ayto. El alcornoque figura también en el
Catálogo Regional de Especies Amenazadas, con la categoría de interés especial, y
es una rareza en la Región, pues encuentra aquí su límite nororiental de
distribución.
Orquídeas (Orchis mascula y Serapias lingua)
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Mapa esquemático de la vegetación del monte de Torrelodones amenazado
(AHN).
Encinar carpetano denso
Encinar adehesado o arbolado disperso.
Vegetación arbustiva y ruderal
(cantuesares, retamares, bolinares, etc)
praderas anuales.
Vegetación de ribera, bosque de
galería, orla espinosa.
Encinar - enebral
Alcornoques, quejigos, encinas, enebros
Endrinal
Praderas húmedas, Juncales.
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Conclusiones sobre la
vegetación
La heterogeneidad de la vegetación de la zona, constituida esencialmente
por encinar carpetano con enebros, con toda su serie de vegetación, así como la
vegetación riparia y juncales, determina que la zona presente una enorme
diversidad florística. Hasta el momento se han herborizado más de 300 especies
de plantas vasculares de la zona.
Los bosques del AHN presentan una gran riqueza y biodiversidad
Destaca el amplio porcentaje
de cobertura de encinar en buen
estado de conservación (más del
50% del ámbito), con más de
20.000 encinas y más de 3.000
enebros, así como el conjunto de
alcornoques y quejigos presentes en
una pequeña vaguada de la zona sur.
Dentro de la zona de estudio
están presentes los siguientes hábitats
incluidos
por
la
Directiva
92/43/CEE dentro del anexo de los
Hábitats Naturales de Interés
Comunitario:
•
Bosques esclerófilos de Quercus ilex (32.11).
•
Zonas subestépicas de gramíneas y anuales (Thero-Brachypodietea) (34.5).
•
Prados ibéricos silíceos de Festuca indigesta (36.36).
Área de gran densidad arbórea en la zona norte del AHN.
Endrinales en primer plano (Prunus spinosa)
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Por otro lado, las siguientes especies están recogidas en el Catálogo
regional de Especies Amenazadas de la Comunidad de Madrid:
-
Piruétano, Pyrus bourgeana (sensible a la alteración de su hábitat).
-
Alcornoque, Quercus suber (de interés especial).
-
Saúco, Sambucus nigra (de interés especial).
-
Madroño, Arbutus unedo (de interés especial).
Estepa blanca (Cistus albidus).
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DESCRIPCIÓN DE LA FAUNA
La heterogeneidad de la vegetación, que como se ha descrito comprende
desde amplias zonas con encinar-enebral denso hasta sus distintas etapas de
sustitución, así como ribetes de vegetación de sotos y riberas, proporciona a la
zona una gran diversidad de hábitats y microhábitas. Ello posibilita la existencia
de un buen número de aves, sobre todo paseriformes de pequeño y mediano
tamaño, y la existencia en el lugar de diversas especies de mamíferos, reptiles y
anfibios. El estudio de los invertebrados queda fuera de las posibilidades de este
informe preliminar y sólo se mencionan algunos de los más conspicuos, como
son los lepidópteros (mariposas) recogidos en el Catálogo Regional de Especies
Amenazadas.
Aves.
Garza real (Ardea cinerea)
Según los datos proporcionados por
la Sociedad Española de Ornitología
(facilitados por el Dr. Luis M. Carrascal),
pueden encontrarse comúnmente en la
zona, de forma permanente o estacional,
más de medio centenar de especies de aves,
muchas de ellas incluidas tanto en el
Catálogo
Regional
de
Especies
Amenazadas, como en el Nacional. Por
mencionar a algunas de ellas, citaremos al picogordo (Coccothraustes
coccothraustes), la curruca mosquitera (Sylvia borin), la curruca zarcera (Sylvia
communis), la curruca mirlona (Sylvia hortensis), el papamoscas gris (Muscicapa
striata), la oropéndola (Oriolus oriolus), la collalba rubia (Oenanthe hispanica), el
chochín (Troglodytes troglodytes), el pito real (Picus viridis), el mochuelo (Athene
noctua), o el autillo (Otus scops), entre otras.
Son también muchas las pequeñas aves que se alimentan y buscan refugio
en los zarzales y vegetación de ribera que bordea los arroyos, como petirrojos
(Erithacus rubecula), ruiseñores (Luscinia megarhynchos), mirlos (Turdus merula),
verdecillos (Serinus serinus), verderones (Carduelis chloris), pardillos (Carduelis
cannabina) o zorzales (Turdus spp.).
Entre otras aves de interés que pueden verse en la zona destacan la perdiz
(Alectoris rufa), la codorniz (Coturnix coturnix), la tórtola (Streptopelia turtur), la
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abubilla (Upupa epops), el carbonero común (Parus major), el alcaudón real
(Lanius meridionalis), el alcaudón común (Lanius senator), el abejaruco (Merops
apiaster), o el estornino (Sturnus unicolor).
Son especialmente abundantes en la zona el rabilargo
(Cyanopica cyana) y la paloma torcaz (Columba palumbus).
Entre las aves rapaces diurnas, se ha observado el aguilucho
ratonero (Buteo buteo) y el elanio azul (Elanus caeruleus).
Además, las águilas imperiales (Aquila adalberi) que anidan en
el Monte de El Pardo o en el valle del Guadarrama incluyen el
AHN en su área de campeo y no es raro verlas sobrevolar la
zona.
Abejaruco (Merops apiaster)
Mamíferos.
Los micromamíferos encuentran también en este
enclave una serie de hábitats idóneos. Entre los observados en
la zona pueden mencionarse el ratón de campo (Apodemus
sylvaticus), el ratón casero (Mus domesticus), el lirón careto
(Eliomys quercinus), la musaraña gris (Crocidura russula), o el
topo ibérico (Talpa occidentalis). Pero entre todos ellos destaca
el topillo de Cabrera (Microtus cabrerae), especie incluida en el
Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Se trata de una
especie endémica del centro peninsular cuya distribución
actual se haya fragmentada en
varios núcleos. Precisa de una
cobertura herbácea que se
mantenga verde todo el año, por lo que se establece
en zonas con nivel freático elevado. En el AHN se
han detectado dos colonias, una en la parte norte
del ámbito, en el prado de La Mina (en la zona de
juncales y herbáceas que circundan el arroyo), y
otra en la zona sur, en una pequeña vaguada
cercana al arroyo del Vialejo, donde existen
carrizales y juncales.
Otros mamíferos de mayor tamaño presentes en la
zona son la ardilla roja (Sciurus vulgaris), el erizo
europeo (Erinaceus europaeus), el conejo
(Oryctolagus cuniculus), la liebre ibérica (Lepus
granatensis), la comadreja (Mustela nivalis), la
Jabalíes rallones (Sus scrofa)
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Conejo de monte (Oryctolagus cuniculus)
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gineta (Genetta genetta), el zorro (Vulpes vulpes) y el jabalí (Sus scrofa).
Los quirópteros (murciélagos) no han sido estudiados, pero existen al menos tres
especies en la zona.
Anfibios y reptiles
La herpetofauna, por otro lado, presenta una excelente representación de especies
en la zona, muchas de las cuales aparecen en el Catálogo Nacional de Especies
Amenazadas (se indican con un asterisco en la enumeración que sigue).
Los reptiles cuya presencia se ha constatado son la lagartija colirroja*
(Psammodromus algirus), lagartija cenicienta* (Psammodromus hispanicus),
lagartija ibérica* (Lacerta hispanica), lagartija colilarga (Acanthodactylus erytrurus),
lagarto ocelado* (Lacerta lepida), salamanquesa común* (Tarentola mauritanica),
culebrilla ciega* (Blanus cinereus), culebra de collar* (Natrix natrix), culebra
viperina* (Natrix maura), culebra bastarda (Malpodon monspesulanus), culebra
de escalera* (Elaphe scalaris) y la vívora hocicuda (Vipera latastei).
Los anfibios, grupo que en su conjunto tiende a la extinción en la época actual,
cuenta en la zona al menos con las siguientes especies: sapo común (Bufo bufo),
sapo corredor* (Bufo calamita), sapo de espuelas* (Pelobates cultipes), sapo partero
ibérico* (Alytes cisternasii), sapillo pintojo ibérico* (Discoglossus galganoi), rana
común (Rana perezi) y gallipato* (Pleurodeles
walti). Los anfibios permanecen por lo general
enterrados o refugiados debajo de piedras, o
migran hacia lugares más húmedos en épocas
de sequía. Durante la primavera se producen
concentraciones de muchos individuos de
distintas especies en las charcas y arroyos que
se forman con las lluvias de temporada.
Sapo común (Bufo bufo)
Invertebrados
Por último, como se ha dicho, los invertebrados no han
sido estudiados, por la complejidad que ello entraña y
que requiere del concurso de numerosos especialistas.
No obstante, se ha constatado la presencia en la zona de
al menos dos lepidópteros recogidos en el Catálogo
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Regional de Especies Amenazadas. Se trata del arlequín (Zeryntia rumina),
especie catalogada de “interés especial”, y la doncella de ondas (Euphydrias
aurinia), catalogada como “vulnerable”. Las orugas de la primera de estas
mariposas se alimentan de Aristolochia pistolochia, invernan como crisálida y sus
mariposas vuelan de marzo a junio, época donde es frecuente observarla en el
AHN. Las orugas de Euphydrias aurinia se alimentan de madreselvas, son
gregarias y anidan en un nido sedoso. Tiene dos generaciones que vuelan en
mayo-junio y en agosto.
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Conclusiones sobre la fauna
En el AHN existe una variada fauna, sobre todo de
micromamíferos, de aves paseriformes y de anfibios y reptiles.
Entre las especies que viven en la zona se encuentran al menos 27
especies incluidas o bien en el Catálogo Regional de Especies
Amenazadas de Fauna y Flora o en el Catálogo Nacional de
Especies Amenazadas. Son las siguientes:
Picogordo
(Coccothraustes coccothraustes)
Lagartija colilarga
(Acanthodactylus erytrurus)
Curruca mosquitera (Sylvia borin)
Lagarto ocelado (Lacerta lepida)
Curruca zarcera (Sylvia communis)
Salamanquesa común
(Tarentola mauritanica),
Curruca mirlona (Sylvia hortensis)
Culebrilla ciega (Blanus cinereus)
Papamoscas gris (Muscicapa striata)
Culebra de collar (Natrix natrix)
Oropéndola (Oriolus oriolus)
Culebra viperina (Natrix maura)
Collalba rubia (Oenanthe hispanica)
Culebra de escalera (Elaphe scalaris)
Chochín (Troglodytes troglodytes)
Sapo corredor (Bufo calamita)
Pito real (Picus viridis)
Sapo de espuelas (Pelobates cultripes)
Mochuelo (Athene noctua)
Autillo (Otus scops)
Águila imperial (Aquila adalberli)
Topillo de Cabrera (Microtus cabrerae)
Sapo partero ibérico
(Alytes cisternasii)
Sapillo pintojo ibérico
(Discoglossus galganoi)
Gallipato (Pleurodeles walti)
Lagartija colirroja
(Psammodromus algirus)
Arlequín (Zeryntia rumina)
Lagartija cenicienta
(Psammodromus hispanicus)
Doncella de ondas
(Euphydrias aurinia),
Lagartija ibérica (Lacerta hispanica)
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DICTAMEN AMBIENTAL SOBRE EL
AHN
1. Valor patrimonial y biológico
El área que nos ocupa constituye una
magnífica
representación
del
bosque
mediterráneo propio de esta región, en el que
se integra toda la serie de vegetación
correspondiente al encinar carpetano con
enebros, desde la vegetación potencial óptima,
con zonas de una densidad arbórea alta, hasta
las distintas etapas de sucesión (retamar, jaral,
bolinar y pastizales). En dicho ecosistema se
intercala vegetación de soto o de ribera a lo
largo de los arroyos de carácter temporal. Cabe
señalar que en el capítulo 3 del plan Rector de
Uso y Gestión del Parque Regional de la
Cuenca Alta del Manzanares (epígrafe
3.1.2.1.), al que pertenece el AHN, se consideran los encinares como una
formación vegetal-cultural de especial importancia.
La mayor superficie del AHN (más del 50%) corresponde a la vegetación
potencial (encinar-enebral) en buen estado de conservación, a la que las otras
etapas de la serie vegetal de este ecosistema añaden heterogeneidad biológica y
paisajística, lo que redunda en una mayor biodiversidad, al posibilitar la
presencia de una notable diversidad de hábitats.
Todo ello confiere un gran valor patrimonial y biológico a la zona, que
debiera ser conservada en su estado actual, sin perjuicio de que la zona tenga la
capacidad para el desarrollo de diversos usos sostenibles de carácter social y
educativo. Por ello, las correspondientes autoridades responsables deberían tomar
las medidas necesarias para evitar su degradación y los posibles riesgos de
incendio. Obviamente, en ningún caso estas medidas pueden ser la de sustituir
este ecosistema natural por otro artificial, como proyecta la actual propuesta del
Ayuntamiento. Si a los regidores de Torrelodones les preocupa “la degradación,
el abandono y el riesgo de incendios”, que según dicen sufre la zona, existen
sistemas más eficaces y baratos para impedir dichas amenazas, que no suponen
ningún impacto y que garantizarían la conservación de la zona.
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Por último, cabe señalar que
la Comunidad de Madrid, como el
resto del territorio español y otras
muchas zonas del mundo, está
sumida en la denominada “Crisis de
la Biodiversidad”. Uno de los
resultados más tangibles de esta
crisis es la pérdida rápida de
organismos (tanto a nivel de especies
como de poblaciones), de hábitats y
de ecosistemas naturales. Pero este
problema
general,
es
particularmente notorio y serio en la Comunidad de Madrid, pues es la
Comunidad Autónoma española que con diferencia cuenta con un mayor
porcentaje de superficie urbanizada, a lo que se une su importante desarrollo
industrial. Por ello, los montes con vegetación autóctona en buen estado de
conservación de nuestra Comunidad adquieren un valor añadido, máxime si se
encuentran cerca de la ciudad de Madrid, zona de mayor concentración urbana
de toda España.
2. Valor como unidad funcional
Como consecuencia de lo comentado en el
punto anterior, el ecosistema de encinar que
constituye el AHN, con toda su serie de vegetación
sucesional asociada, debe considerarse como una
unidad funcional en equilibrio dinámico (véase
Luceño y Vargas, 1991, “Guía botánica del Sistema
Central Español”, editorial Pirámide). Su principal
valor reside, por tanto, en el conjunto y no es
admisible su fragmentación para proteger sólo
determinados elementos o parcelas. Los planes de
conservación debieran estar orientados hacia
unidades ambientales completas y no sólo a
elementos determinados o fragmentos de las mismas.
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3. Importancia de lo que es normal
En consonancia también con lo anterior, las estrategias de conservación
centradas en especies o elementos concretos conducen a paradojas que desvían la
atención a problemas poco relevantes para la conservación de la biodiversidad,
entendida ésta como la diversidad biológica de todos los organismos y procesos
ecológicos y biogeográficos implicados.
En la memoria presentada
por
el
Ayuntamiento
se
menosprecia también el valor de
la flora y de la fauna del lugar,
señalando que “la fauna es de tipo
generalista”, “la vegetación es la
típica del piedemonte madrileño
con una baja singularidad” o que
“no existen especies amenazadas”.
Sin ser esto último cierto, cabe
decir que el hecho de que una
zona no presente especies
amenazadas no significa que no deba ser objeto de protección. Los hábitats
normales de una zona (es decir los que le corresponden por sus características
geográficas, edafológicas y climáticas) bien conservados y que alberguen una
buena representación de su fauna y flora, aunque sean especies también
normales, merecen conservación. De lo contrario, lo normal se irá convirtiendo
progresivamente en raro. Asimismo, la presencia de lo normal posibilita, además,
la existencia de lo excepcional o raro. Las especies amenazadas, que sin duda
merecen una atención especial, no pueden existir sin el cortejo de toda otra serie
de especies que forman su hábitat y con las que interacciona.
Una gestión del medio ambiente centrada sólo en identificar especies
amenazadas puede conducir a estrategias de conservación de espacios en función
de la existencia prioritaria de dichas especies. Se da entonces la paradoja de que
las áreas que no tienen la “desgracia” de acoger especies amenazadas no son
susceptibles de ser primadas en su conservación, a pesar de que presenten otros
valores, como ser hábitats muy bien conservados y biodiversos, por posibilitar
importantes procesos ecológicos, por su complementariedad, valor paisajístico,
etc. Ello conduciría a una naturaleza formada por pequeños santuarios y áreas
dedicadas a la recuperación de especies. Se plantea aquí la pregunta de si es más
idóneo centrar las políticas de conservación en las especies amenazadas o, por el
contrario, dirigirlas a evitar que las que no lo están lleguen a estarlo. Como casi
siempre, la respuesta más correcta posiblemente se encuentre en el equilibrio
entre ambos extremos. En cualquier caso, es preciso conservar los ecosistemas
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para no alterar el equilibro y la interacción natural, en particular aquellos bien
consolidados y cuyo establecimiento ha costado cientos de años.
4. Importancia de los elementos singulares
No obstante lo anterior, hay que señalar que, aparte del valor patrimonial
de la zona en su conjunto, existen en la misma diversos elementos singulares que
merecen atención y que están recogidos en el Catálogo Regional de Especies
Amenazadas de Fauna y Flora y en el
Catálogo
Nacional
de
Especies
Amenazadas. En la memoria de la
incidencia ambiental presentada por el
Ayuntamiento sólo se menciona que no
existen ejemplares recogidos en el
Catálogo de Árboles Singulares, pero no
se da importancia a la existencia de
especies catalogadas en las listas antes
mencionadas.
Un caso llamativo es el de un
grupo de grandes alcornoques presentes
en la zona, que no hemos visto
mencionados en ningún informe previo,
a pesar de ser muy conspicuos.
Ciertamente, este grupo de alcornoques parece que quedarían dentro de una de
las manchas de arbolado que pretenden mantenerse, pero de esta forma
quedarían fuera de su contexto natural, pasando a ser un mero elemento
decorativo o testimonial en medio de un campo de golf.
Por otro lado, dentro de la avifauna y herpetofauna (anfibios y reptiles)
existe un notable elenco de especies recogidas en los catálogos antes
mencionados, que realzan la importancia biológica del lugar y obligan a prestar
una atención especial hacia ellas y a establecer las correspondientes medidas de
protección. Mención especial merece el topillo de Cabrera, especie endémica del
centro peninsular, y el águila imperial, catalogada como en peligro de extinción.
Todo ello se obvia totalmente en la memoria de la incidencia ambiental
presentada por el Ayuntamiento.
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5. Importancia como corredor biológico
Los corredores biológicos evitan la fragmentación de las poblaciones
silvestres y facilitan el intercambio genético entre ellas (véase la Estrategia
Española para la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica,
página 96). Este aspecto consideramos que es uno de los que confieren mayor
valor a este entorno, pues es el único que permite la conectividad biológica entre
los tres espacios naturales protegidos entre los que se haya enclavado (Monte del
Pardo, Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares y Parque Regional del
Río Guadarrama). La conectividad con este último espacio se consigue por un
paso subterráneo a través de la nacional VI (actual A6), al sur del entorno. La
existencia en la zona de vías pecuarias podría potenciar todavía más este valor a
través de una gestión adecuada. Por el contrario, la actuación prevista por la
corporación actual anula totalmente esta función, al sustituir este corredor
natural por un medio artificial fuertemente antropizado.
6. Importancia como zona de amortiguación
La proliferación de viviendas e infraestructuras variadas en torno a los
espacios naturales protegidos (que paradójicamente son utilizados como reclamos
para la inversión) tiene sobre éstos un impacto muy negativo. Las alteraciones de
hábitats y ecosistemas alrededor de los mismos son especialmente graves, ya que
se elimina de esta manera el necesario efecto de amortiguación de impactos que
deben ejercer las zonas periféricas de estos espacios para garantizar su
supervivencia (véase la Estrategia Española para la Conservación y el Uso
Sostenible de la Diversidad Biológica, página 123). La zona que nos ocupa
presenta un enorme valor en este sentido como zona de amortiguamiento o
tampón frente a los tres espacios protegidos entre los cuales se encuadra.
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VALORACIÓN DEL IMPACTO
AMBIENTAL DE LA ACTUACIÓN QUE
PROPONE EL AYUNTAMIENTO SOBRE
EL AHN
Tal y como se reconoce en el punto 7.1.1.1. del estudio de incidencia
ambiental presentado por el Ayuntamiento (página 155), el plan propuesto
supondría “movimientos de tierras necesarios para la ejecución de los proyectos de
urbanización y de los diferentes equipamientos previstos”. Los volúmenes de dichos
movimientos no se definen en la memoria, “al no encontrarse definidas las rasantes
de la urbanización”, según se reconoce en este mismo punto. Asimismo, se señala
que “este movimiento de tierras supone un riesgo de erosión potencial en las áreas
removidas que quedarán desprovistas de vegetación”.
Indudablemente, estos movimientos de tierra y desmontes serán muy
importantes y supondrán un enorme impacto, que se traduciría en la
desaparición del ecosistema existente. Aunque pretenden conservarse algunas
porciones del mismo, estas pequeñas parcelas resultantes sin duda sufrirían una
degradación, con motivo de las obras, primero, y, posteriormente, por el efecto
de borde que ejercerían las urbanizaciones y equipamientos previstos.
En la parte norte del AHN (que abarca unas 42 Has) se pretende
concentrar el área residencial, con unas 1.500 viviendas. Justo es en esta zona
donde se ubican las mayores densidades de encinar en muy buen estado de
conservación, que cubre en torno al 60% del ámbito. Este elevado número de
viviendas con sus infraestructuras anejas, que se unen a las ya existentes en las
proximidades (por ejemplo, la urbanización Las Rozuelas) supondría la práctica
desaparición del encinar allí presente. Las parcelas que pretenden conservarse en
su estado actual quedarían inmersas dentro de las zonas residenciales a nivel
testimonial y sufrirían un fuerte impacto, tanto en la fase de obras, como en la
posterior. El efecto de degradación que se produce en las zonas de borde de una
masa boscosa se multiplica al fraccionarse ésta y con la disminución del tamaño
de los fragmentos.
Por otro lado, la parte sur del ámbito (que comprende unas 88 Has)
proyecta dedicarse a lo que en la memoria del Ayuntamiento se denomina
“instalación municipal de carácter público para la práctica del deporte al aire libre”,
“equipamiento público para su uso deportivo extensivo al aire libre” o términos
similares, pero que en la propaganda institucional equivale a un campo de golf.
Quizás ello se omite en la memoria por señalarse en el informe de incidencia
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ambiental la necesidad de limitar en la medida de lo posible el uso de césped, lo
cual es totalmente contradictorio con un campo de golf.
Un campo de golf de entre 45 y 80 hectáreas requeriría un consumo de
agua de entre 360.000 y 500.000 metros cúbicos por año. Cuando el campo de
golf se asocia a una zona residencial, el consumo de agua para piscinas, riego de
jardines y otros usos se dispara. Este volumen de agua, aunque fuera reciclada
(futurible incierto), se detraería de otros usos que debieran ser prioritarios, como
limpieza de calles y riego de zonas verdes ya existentes. En el momento que se
crea una nueva demanda, se incrementa la presión sobre este recurso. A ello hay
que añadir el aumento del consumo de agua procedente de la red para las nuevas
viviendas e instalaciones complementarias.
Este problema es especialmente grave en la Comunidad de Madrid,
donde la falta de agua, lejos de ser un problema coyuntural, debido a las sequías,
en breve será un problema estructural. El agua que se recoge sigue siendo la
misma (con tendencia a disminuir si se acentúa el cambio climático), mientras
que su demanda crece de forma exponencial. El consumo de agua en la
Comunidad ha crecido un 20% en la última década, por encima del crecimiento
de la población (un 12% en el mismo periodo de tiempo). El riego de los más de
30 campos de golf que existen en la región consume cada día tanta agua como
una ciudad de 100.000 habitantes, con su industria y sus zonas verdes incluidas.
Además, el desarrollo urbanístico ha disparado el número de viviendas
unifamiliares, con sus respectivos jardines y piscinas, que se ha triplicado en los
últimos 15 años. Existen en la actualidad cerca de 375.000 viviendas de este tipo
en toda la Comunidad. Cabe señalar que, de momento, sólo se reutiliza el 0,5%
de agua que se depura.
Además, desde el punto de vista ambiental, aparte del elevadísimo
consumo de agua, es importante señalar que un campo de golf requiere el
empleo intensivo de fertilizantes químicos y herbicidas y plaguicidas tóxicos. Los
“greens” son monocultivos homogéneos cuyo mantenimiento requiere de
herbicidas e insecticidas, los cuales ocasionarían una importante contaminación,
la cual se exportaría hacia el Monte del Pardo a través del Arroyo de la Trofa.
Aparte de todo lo anterior, para instalar un campo de golf hay que talar
los árboles y matorrales, lo que conlleva una pérdida muy importante de la
diversidad biológica. Además, el suelo original debe sustituirse por una capa de
grava destinada a favorecer el drenaje, lo que incrementa las escorrentías y reduce
la capacidad de retención del subsuelo. Por otro lado, será preciso hacer
desmontes para atenuar algunas de las pendientes pronunciadas existentes en la
zona. Es precisamente la zona prevista para campo de golf la que presenta
mayores desniveles (en algunas zonas con pendientes de entre el 20% y el 30% y,
puntualmente, en pequeñas áreas donde superan el 30%).
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Por último, el conjunto de la actuación propuesta, que supondría la
fragmentación, en su máxima expresión, del encinar presente en la zona y la
modificación y destrucción de hábitats, ocasionará, asimismo, la pérdida de
efectivos poblacionales de muchas especies, fragmentación de sus poblaciones y
desaparición de otras tantas especies a escala local. En definitiva, la actuación
propuesta supondría una pérdida muy notable de la biodiversidad de la zona.
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DEFICIENCIAS DEL INFORME
AMBIENTAL CONTENIDO EN LA
MEMORIA DESCRIPTIVA Y
JUSTIFICATIVA DEL AYUNTAMIENTO
El informe ambiental contenido en la memoria descriptiva y justificativa
presentada por el Ayuntamiento contiene importantes deficiencias (algunas ya
comentadas en apartados anteriores), contradicciones y afirmaciones erróneas,
todo ello tendente a justificar las actuaciones propuestas.
En este sentido, resulta notoria la escasa valoración patrimonial que se da
a la zona en dicho informe ambiental. Se habla en la misma de “la baja o nula
rentabilidad del aprovechamiento”, “importante estado de abandono”, “riesgo de
incendio elevado”, “fauna de índole generalista a causa del alto nivel de
fragmentación y antropización del sector”. Se reconoce, por otro lado, que existen
zonas de alta densidad de arbolado, indicando que “se trata en definitiva de áreas
con masas arbóreas a proteger que por su posición específica en relación con las áreas
residenciales se considera presentan más un carácter local que general”. Así, como
resultado de lo especificado en el punto 4.5. (Descripción de la ordenación de la
propuesta) de la memoria, subapartado 4.5.1. (Estructura general: redes públicas)
en el punto referido a la red de zonas verdes y espacios libres, se indica “la especial
necesidad de proteger la naturaleza en su estado actual”. Para ello proponen como
medida de protección marcar sobre el mapa las manchas de mayor densidad de
arbolado y preservar sólo éstas en su estado actual.
Todo ello indica un claro menosprecio al valor real de la zona. Las
medidas de protección propuestas son minimalistas (en el sentido de que sólo
parecen perseguir el cumplimiento de unos mínimos) y dan la sensación, más
bien, de pretender reducir en la medida de lo posible las compensaciones a las
que se verían obligados por las leyes del arbolado de la Comunidad de Madrid.
No es admisible contemplar la naturaleza como pequeños pedacitos o elementos
aislados, pues todos los componentes singulares y procesos interaccionan entre sí
y de esta forma cumplen con su papel ecológico en el medio. Los elementos
aislados, por sí solos, pierden su funcionalidad y únicamente tendrán un carácter
testimonial y ornamental. Un ejemplo escolar de lo anterior lo constituye
cualquier organismo vivo. Sus distintas células, tejidos y órganos cumplen cada
uno su función, de tal forma que la interacción de todos ellos posibilita la vida,
pero por separado no son capaces de ello.
Sorprende, en definitiva, que tras haberse señalado en la memoria “el alto
nivel de fragmentación y antropización del sector” se proponga como única medida
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de protección del encinar de la zona la fragmentación del mismo llevada a su
máximo extremo: unas manchas del arbolado autóctono insertas en mitad de un
campo de golf. Esto es inadmisible desde el punto de vista de la protección de la
naturaleza.
Cabe recordar que en el capítulo 3 del Plan Rector de Uso y
gestión del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares (epígrafe 3.1.2.1.)
se consideran los encinares como una ”formación vegetal-cultural de especial
importancia”.
Al referirse a la vegetación de la zona se dice también en la memoria que:
“… A lo anterior se une su exclusión de cualquier figura que implique protección
legal de la cubierta vegetal, no pertenece a la categoría de Monte Preservado ni está
incluido en el Cátalogo de Hábitats Prioritarios del Anexo I de la Directiva
92/43/CEE”.
Lo anterior es falso, pues no es una cuestión opinable. En el AHN están
presentes los Hábitats Prioritarios de la Directiva 92/43/CEE “Bosques esclerófitos
de Quercus ilex (32.11)” y “Zonas subestépicas de gramíneas y anuales (TheroBrachypodietea)” (34.5). Asimismo, está representado también en la zona el
hábitat de interés comunitario “Prados ibéricos silíceos de Festuca indigesta”
(36.36).
Asimismo, en el apartado 3.1.10. referido a las zonas verdes y espacios
libres se dice que:
“En el ámbito del AHN no aparecen ejemplares recogidos en el Decreto
18/1992, de 26 de marzo, por el que se aprueba el Catálogo Regional de Fauna y
Flora Silvestre y se crea la categoría de Árboles Singulares”.
Esto nuevamente es falso. Efectivamente no existen árboles en la
categoría de Singulares, pero sí figuran cuatro especies de la zona en dicho
catálogo: el alcornoque (Quercus suber), el saúco (Sambucus nigra), el madroño
(Arbutus unedo) y el piruétano (Pyrus bourgeana), las tres primeras con la
categoría de Interés Especial y la última en la categoría de Sensible a la Alteración
de su Hábitat.
Por otro lado, se comenta en la memoria de incidencia ambiental que “la
morfología actual de los encinares-enebrales de la zona corresponde a un carrascal
ahuecado con un denso estrato arbustivo de jara pringosa”. Pues bien, esta etapa de
sustitución del encinar (carrascal con un denso estrato arbustivo de jara pringosa)
se concentra en el cuadrante suroccidental del ámbito, en las proximidades de la
N-VI, no suponiendo en su conjunto más del 20% de la superficie del AHN.
Por el contrario, los encinares en buen estado de conservación (Hábitat de
Interés Prioritario de la Directiva Hábitat) se extienden por una superficie que
supera el 50% de la zona.
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Por lo demás, la descripción de la vegetación contenida en el informe
ambiental es muy deficiente y pobre. Se refiere sólo a algunas de las formaciones
vegetales y omite mención alguna a los elementos arbóreos más conspicuos y de
porte monumental del área objeto de estudio, como son el notorio grupo de
alcornoques y quejigos. Eso sí, en la memoria se señala que:
“No obstante, debe destacarse la presencia de áreas en las que las formaciones
arbóreas presentan un alto interés … El interés de estas áreas establece la necesidad de
su preservación en el estado actual … Del mismo modo, en el AHN existen áreas,
que, sin llegar a estar constituidas por formaciones arbóreas del alto interés,
constituyen masas que exigen la adopción de medidas, y en cualquier caso la adopción
de usos no agresivos con el medio, y que requerirá de la adopción de medidas que
persigan compatibilizar los usos propuestos con la vegetación existente”
Obviamente, la instalación del monocultivo herbáceo, que supone el
campo de golf, con algunas masas arbóreas intercaladas, no es la forma más
adecuada de “compatibilizar los usos propuestos con la vegetación existente”.
Además, entre las medidas propuestas a considerar en el diseño del equipamiento
público para uso deportivo extensivo al aire libre, se señala la siguiente:
“No se introducirán especies exóticas ajenas a la serie de vegetación existente
en el AHN”.
Esto es muy llamativo y contradictorio con la propuesta de un campo de
golf, que supone la introducción de un monocultivo de una especie herbácea
ajena a la serie de vegetación de la zona.
En lo que se refiere a las conclusiones sobre el estudio sobre la fauna se
dice que:
“La fauna catalogada, con especial atención a la avifauna, es de índole
generalista, a causa del alto nivel de fragmentación y antropización del sector. Estos
factores impiden el trasiego de grandes rapaces o carroñeras que tienen, en la zona A1
del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares (básicamente en la sierra de
Hoyo de Manzanares) colindante con el extremo septentrional del ámbito, sus áreas
de campeo e inclusive nidificación”.
Nuevamente esta valoración es notoriamente peyorativa y sesgada, pues
hace más hincapié en las ausencias que en las presencias. No se destaca, sin
embargo, la existencia de numerosas especies (al menos 27) recogidas en los
Catálogos Regional o Nacional de Especies Amenazadas, a pesar de que muchas
de ellas se mencionan en la lista faunística que incluye la memoria ambiental.
Por otro lado, sorprende que en la introducción al estudio de la Fauna
que se incluye en la memoria de la incidencia ambiental presentada por el
Ayuntamiento, se mencione entre los objetivos que se persiguen en el mismo
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(página 109): “Estudiar la posible existencia de corredores biológicos que contacten
diferentes zonas tanto dentro del término como fuera de él”. A pesar de la
importancia de este aspecto, no se vuelve a mencionar ni en los resultados del
informe, ni en las conclusiones ni en lo relativo a las medidas a tomar.
Sencillamente, no se ha contemplado en el estudio, a pesar de figurar entre los
objetivos.
De lo anterior se concluye que el valor intrínseco de este espacio no se
tiene en cuenta en la actuación que se propone, la cual se apoya exclusivamente
en criterios cuantificables expresados en términos de rentabilidad económica y se
menosprecian los valores ambientales. Por el contrario, dentro del valor de uso
de la diversidad biológica debieran considerarse los valores patrimoniales, de uso
directo (valores paisajísticos, de esparcimiento, culturales) o indirecto (funciones
ecológicas y bio-geoquímicas) garantes del mantenimiento de los ciclos de la
naturaleza y de sus elementos básicos. En definitiva, la conservación y el uso
sostenible de los recursos naturales, responsabilidad de todos, pero cuyo mayor
peso recae en los gestores, debe contemplar el valor que tienen para la sociedad
los bienes sin mercado. Una excesiva glorificación de los mecanismos de mercado
en el tema que nos ocupa (valoración de los recursos naturales) no es
científicamente sostenible ni políticamente aconsejable.
Entre los objetivos que se enumeran para la nueva ordenación que se
propone para el AHN se señala como primero el siguiente:
“Garantizar la protección y conservación de las áreas de máxima calidad
ambiental existentes en el ámbito, en especial las masas arbóreas, de acuerdo con el
contenido y conclusiones del Estudio de Incidencia Ambiental”.
Asimismo, otro de los objetivos señalados consiste en:
“Minimizar el impacto de las nuevas vías de comunicación en relación con la
topografía y áreas de máxima calidad ambiental”.
Por otro lado, a la hora de justificar la “Posibilidad de clasificar en la
Revisión Parcial del Planeamiento General de Torrelodones el AHN como suelo
urbanizable” se indican las siguientes razones:
“En orden a la protección efectiva conviene poner de relieve que en nuestro
marco legislativo no existe mayor garantía de protección que la calificación de zona
verde de uso público. Como se verá más adelante esta es la calificación que, junto con
la de equipamiento público para uso deportivo extensivo al aire libre, se asigna a
todas las áreas que por sus valores intrínsecos corresponde proteger de acuerdo con el
Estudio de Incidencia Ambiental que se compaña y que alcanzan a más del 75% del
ámbito” … “Por otra parte debe señalarse que el objetivo de la protección de un suelo
se garantiza mucho más si este es de propiedad pública que si es de propiedad
privada. En el ámbito del AHN todo es suelo privado y adelantando lo que se
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especificará más adelante, más del 83% de aquel pasaría a ser suelo público, en el
que naturalmente quedaría incluido el 75% a proteger que acaba de señalarse” …
“Así pues, a juicio del Ayuntamiento de Torrelodones queda suficientemente
justificada la presente propuesta de clasificación como suelo urbanizable sectorizado
del Área Homogénea Norte de su término municipal en éste Avance de Revisión
Parcial y Adaptación de sus vigentes Normas Subsidiarias de Planeamiento, ya que
en la misma se garantiza dicha protección efectiva”.
En definitiva, parece concluirse que para garantizar la protección de una
zona de alto valor ecológico se propone sustituirla por un campo de golf
(denominado en el informe equipamiento público para uso deportivo extensivo
al aire libre) y por las urbanizaciones y equipamientos anejos. De esta forma se
evitaría también el riesgo de incendios y la degradación, que son los dos
principales argumentos esgrimidos para llevar a cabo la actuación. Todo ello
parece responder a la filosofía de aquel famoso mandatario que proponía talar los
bosques para evitar los incendios, lo cual, obviamente, es un auténtico dislate.
En lo que se refiere al Estudio Hidrológico, se señala que “No se proyectan
captaciones de aguas públicas ni tampoco se prevé la reutilización de aguas
depuradas” (p. 54 de la memoria descriptiva), mientras que en otro lugar (punto
6 del análisis ambiental y de sostenibilidad) se dice que: “Se recogerá la
conveniencia del riego de parques y jardines mediante aguas recicladas y la
obligatoriedad de su uso en el caso de instalaciones recreativas o deportivas con altos
requerimientos hídricos”.
Por tanto, la memoria contiene en este punto otra notoria contradicción.
Si no se prevé la reutilización de aguas depuradas, ¿cómo se regará con aguas
recicladas el campo de golf?
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CONCLUSIONES
No se aprecian cambios sustanciales en la zona desde que en 2003 el
Ayuntamiento aprobó las Normas Subsidiarias de Torrelodones sobre el AHN
(Resolución del 29 de mayo de 2003), con la clasificación de la misma como
Suelo No Urbanizable Protegido / zona P (dentro del Parque Regional de la
Cuenca Alta del Manzanares), en base a su alto valor ambiental. Por lo tanto, la
reclasificación que ahora se propone, no se justifica por razones
medioambientales, sino por otras, que no se analizan aquí.
Entre los valores destacables del área de estudio caben señalarse los
siguientes:
• Se trata de un encinar-enebral, con todas sus etapas de vegetación
asociadas, en buen estado de conservación y con un elevado valor
patrimonial y biológico, tanto en su conjunto, como por algunos de los
elementos singulares que contiene.
• Desempeña un papel fundamental como único corredor biológico entre
los espacios protegidos entre los que está enclavado.
• Tiene una gran importancia como zona de amortiguamiento del impacto
humano para los espacios protegidos entre los cuales se encuentra.
Por el contrario, el proyecto que se presenta resultaría altamente
impactante y agresivo con el medio. Entre los impactos negativos para la
conservación de los recursos naturales que se derivan de la actuación prevista por
el ayuntamiento destacamos los siguientes:
• Transformación de los usos del suelo.
• Transformación de la cubierta vegetal.
• Sobreexplotación de recursos (en este caso: agua)
• Implantación, en buena parte de la zona, de una especie de gramínea
ajena a ese medio y con unos requerimientos hídricos y edáficos
diferentes a los naturales del lugar.
• El mantenimiento de dicha especie como dominante en un lugar que no
le corresponde requiere de la alteración del suelo y del uso de pesticidas y
plaguicidas, productos que acaban incorporándose a los ciclos del agua y
del suelo.
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• Desaparición de especies a escala local, pérdida de efectivos poblacionales
de muchas de ellas, fragmentación de las poblaciones y, en definitiva,
pérdida de biodiversidad.
• Fragmentación, en su máxima expresión, del ecosistema de encinar
presente en la zona y modificación y destrucción de hábitats.
Como conclusión final, puede afirmarse que el actual proyecto de
reclasificación del AHN se encuadra dentro del modelo de desarrollo basado
exclusivamente en criterios productivistas, con falta de previsión, deficiente
conocimiento ambiental y una valoración inadecuada de los efectos sobre el
medio ambiente y la diversidad biológica. De dicho modelo emanan los
crecientes efectos negativos sobre la conservación de la naturaleza y del medio en
el cual vive el hombre.
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